Es un blog diario digital conformado con los artículos, opiniones, ensayos, etc. del Catedrático universitario Lic. Pedro Pablo Arencibia Cardoso sobre diferentes temáticas de la problemática cubana, actual e histórica, así como por noticias y artículos de otros autores que se consideran de gran interés para profundizar en la realidad cubana.
miércoles, junio 26, 2024
«Influenciadores». Francisco Almagro Domínguez: La mayoría de los influencers son personas comunes con escasos estudios o méritos artísticos. Pero saben qué decir y cómo decirlo
Entre los influencers hay de todo y es tarea de las personas que los ven, o que los siguen, analizar y reflexionar lo que ellos de manera holística trasmiten para así separar aquellos que los enriquecen culturalmente, de aquellos que los empobrecen; recordemos aquel aforismo de José Martí: ¨ser culto para ser libre¨ y entendamos que esa libertad no sólo se refiere a la libertad política, más aún, en esta época de postmodernidad con el supuesto relativismo de la verdad que ha revivido en estos tiempos los versos: «… todo es según el color del cristal con que se mira », del poeta Ramón de Campoamor. Un reflejo de lo anterior es, por ejemplo, tener que aceptar que cada quién tiene su verdad, cuando realmente existe una verdad y sí muchas opiniones o relatos; otro ejemplo es que en estos tiempos de postmodernidad muchas personas desean imponer que eres lo que piensas que eres y no lo que eres biológicamente.
Este bloguista de Baracutey Cubano comparte las palabras del poeta español Antonio Machado: «… La verdad es lo que es, y sigue siendo verdad aunque se piense al revés» así como las palabras de François Jacob cuando critica el descrédito a la razón que hace la postmodernidad:
«El siglo XVII tuvo la sabiduría de considerar la razón como una herramienta necesaria para tratar los asuntos humanos. El Siglo de las Luces y el siglo XIX tuvieron la locura de pensar que no sólo era necesaria, sino suficiente, para resolver todos los problemas. En la actualidad, todavía sería una mayor demostración de locura decidir, como quieren algunos, que con el pretexto de que la razón no es suficiente, tampoco es necesaria».
En otro orden de cosas: En estos días la dictadura castro-comunista que oprime a Cuba está lanzando una campaña en contra de influencers que abordan la situación política cubana; de lo cual se infiere que sóloalgunos de ellos, no todos, están desarrollando una labor positiva en contra de la dictadura en estos momentos, pues otros están desacreditando a la oposición anticastrista con sus formas. métodos y actuar personal; veamos algunos elementos de la campaña de la dictadura a la que me refería, pero antes tengamos en cuenta que en casi toda lista ¨no están todos los que son, ni son todos los que están¨:
Más detalles de elementos de esa campaña de la tiranía Castrista en este video:
La mayoría de los influencers son personas comunes con escasos estudios o méritos artísticos. Pero saben qué decir y cómo decirlo
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(Todas las imágenes de este post fueron añadidas al artículo por el Bloguista de Baracutey Cubano)
Por Francisco Almagro Domínguez
Miami
26/06/2024
Un vecino me pregunta por la familia, y después de contestarle que muy bien, me permito saber de su hijo, quien hace buen rato está perdido del barrio. Muy orgulloso me dice que mejor me enseña una fotografía. Ni el mismo lo puede ver con frecuencia. Trabaja duro. Tan duro que se ha comprado hasta una casa. Es que gana mucho dinero, acota el buen vecino. ¿A qué se dedica el muchacho?, pregunto curioso. Mi hijo es influencer, responde. ¿Influencer?, repito con un deje escéptico. Y el padre parece atrapar mi suspicacia. Sí, es influencer, de esos que ganan dinero en las redes sociales, aclara el padre. Entonces pregunto si trata de algo específico, si el chico es especialista en un tema. Y el vecino, tan buen padre como es, responde que para ser influencer no hace falta ser nada… para ser influencer, afirma con aire profesoral, solo hay que generar “contenidos”.
Imagino que estos son temas, los influencers y los contenidos, que puede ser tratado con mayor profundidad por expertos en comunicación social. Es, además, una cuestión generacional; el coto poco más o menos privado de los llamados milennials, o milénicos, como se diría en castellano; chicos de la generación X y Z —ciertos investigadores los ubican nacidos entre finales de los 80’, 1990, e inicios del siglo XXI. La generación milénica viene a este mundo con al menos dos sucesos, inéditos en la Historia: ha desaparecido la confrontación entre ideologías que podían exterminar la humanidad toda —perdón, esa alegría duró poco—, y la Internet es una realidad infinita e inexplorada que ha parido las llamadas redes sociales.
Las redes sociales son organizaciones en el espacio digital que permiten la interacción entre sus miembros basados, sobre todo, en el intercambio de información sin barreras geográficas, de tiempo, políticas, y culturales. La primera red social surgió en 1994, en el conocido Valle de Silicona —Silicon Valley— de California. Las redes son operadas por administradores, quienes garantizan el libre tránsito de información, y están habitadas por los citados influencers y sus seguidores; los primeros, como indica el nombre, “influyen” en quienes consumen la información, que son los seguidores o followers.
El influencer, ¿es un líder de opinión? ¿Un individuo bien informado? ¿El rostro y el cuerpo cautivan más que la palabra? La mayoría de los influencers que conozco son personas comunes con escasos estudios o méritos artísticos. Pero tienen el don de saber el qué, y saben cómo decirlo. Algunos en otra época hubieran tenido micrófonos y patrocinadores en la radio y la televisión comercial sin necesidad de “me gusta” con pulgar hacia arriba. El problema es que casi todos se anuncian poseedores de la “última”, que no de la verdad. Tienen fuentes confiables que no revelan; “gente adentro” que nadie conoce. El discurso carece de complejidades gramaticales, de la sutileza de la palabra culta, porque como dijera Ludwig Wittgenstein, los límites del lenguaje son los límites de la mente.
Ciertos influenciadores carecen de pudor ético
Hijos pródigos de la llamada civilización del espectáculo, ciertos influenciadores —es bueno castellanizar el anglicismo— carecen de pudor ético. Tal vez por eso el tono suele ser tremendista, efectismo de feria: ¡Pasen, señores, pasen! Las supuestas verdades, dichas con certeza mal fingida, carecen de ironía y humor. No puede haberla donde hay burla, escarnio, choteo. “Somos lo que hay”, pudiera ser el grito de guerra contra la inteligencia arrinconada, vencida por la sordidez del todo vale.
Pero como el versículo bíblico del Eclesiastés (1:9) proclama, “no hay nada nuevo bajo el Sol”. Los influenciadores y los contenidos son tan viejos como la Humanidad misma. El primer “operador de red”, quien puso al alcance del hombre de a pie el Contenido Mayor, fue Johannes Gutenberg al crear la imprenta con tipos móviles; el “influencer” Martin Lutero, y la Biblia de 42 líneas, dieron impulso a la gran Reforma Protestante en el siglo XVI. Así, desde el inicio de la modernidad, masificar la información, propagarla libremente, compartirla y confrontarla, ha dado lugar a los grandes giros de la Historia.
Por su naturaleza opresiva, lo primero que hace cualquier poder omnímodo es bloquear la función democrática y liberadora de la información. Es difícil imaginar un influenciador suelto y vacunado contra la indignidad en un régimen totalitario. Paradójicamente, la excesiva libertad sin responsabilidad en las redes de los países democráticos lleva también a la coaptación de las voluntades humanas a través de personajes que han hecho del espectáculo virtual una nueva, adictiva y acaudalada tiranía.
Lo más preocupante no es solo la relativización de lo que hasta ahora conocemos como verdades inapelables: la vida y la muerte, la guerra y la paz, el hombre y la mujer. La verdad pudiera ser relativa si solo la entendemos desde la perspectiva individual; para cada ser humano existe “su” verdad. Y aunque esto es discutible, lo alarmante de las redes y los influenciadores es la capacidad desmedida de idiotizar generaciones para quienes toda la literatura, el arte, la oratoria, y la música acumulada en la cultura occidental por tres milenios es innecesaria, estorba. Solo el influenciador es digno de escucha.
El hombre postmoderno es altamente susceptible a la “influencia” de otros pues carga con un vacío intelectual y espiritual que se ha hecho común. No le apena no leer. No oculta su “sordera musical”. Cree en todo, y en nada al mismo tiempo. “Saber tanto” es un pecado y es ser pesao. Con leer unos pocos caracteres con chismes de famosos, oír y ver el ¿discurso? de cierta influenciadora semi-desnuda, comparar el reguetón con una sinfonía mozartiana basta al ignorante postmoderno.
Es una peligrosa tendencia, sobre todo para el futuro de un país como Cuba, que necesitará muchos hombres y mujeres con cultura, con información verídica, no de almanaque ni de redes sociales mendaces. No seguir a Fulano o a Ciclano, sino a instituciones. No dar “likes” anónimos, sino levantar la mano bien alto para que todos sepan quién y por qué. La Isla tiene sed de una sociedad capaz de separar la paja del grano, de no dejar que otro Influenciador en jefe logre maniatar voluntades, tergiversar la verdad, mal gobernar por otro medio siglo.
La lucha contra la banalización de la información y la subjetividad como control social es una tarea universal. Pero será también una batalla por la verdadera libertad de Cuba. Hemos vivido una suerte de idiotización política y cultural. Los que queremos una patria tan libre en lo político como en lo geográfico, no debemos olvidar que el único antídoto para salvarnos de otro Influenciador en jefe y de la red social totalitaria es la cultura. La incultura hace al hombre presa fácil de lo que los abuelitos llamaban “malas influencias”. José Martí, con su inmensa capacidad para otear el futuro, paradigma del Influenciador por la independencia de la Isla, lo dijo bien claro: ser culto es el único modo de ser libre.
En busca del maestro perdido. Francisco Almagro Domínguez: El desastre de Cuba ha tenido, entre otras causas, la deformación cívica e instruccional, desde los primeros años de escuela hasta la universidad
El desastre de Cuba ha tenido, entre otras causas, la deformación cívica e instruccional, desde los primeros años de escuela hasta la universidad
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Por Francisco Almagro Domínguez
Miami
31/01/2024
Desde Cuba la hija de una amiga me cuenta que no tiene casi profesores. Le quedan, dice, dos para tres y cuatro asignaturas. ¿No hay ni siquiera de los llamados emergentes?, pregunto. Quién se acuerda de eso, responde. Los pocos que quedan salen de las aulas corriendo para hacer otros trabajos y llevar algo de comer a sus casas, concluye. El régimen ha anunciado un aumento salarial en el sector. Uno más. Está muy bien. Merecido. Pero como suele suceder, los mejores productos y acaso aquellos ausentes, estarán a mano con las nuevas tarjetas de depósito, habilitadas con dólares norteamericanos, la moneda del Imperio que bloquea criminalmente a Cuba (sic).
Es contradictorio que siendo la educación pública una de las perlas exhibidas por el régimen cubano, haya tenido tantos problemas por falta de personal, recursos materiales y actualizaciones de los contenidos. La primera explicación es que se trata de un sistema masivo, generalizado, y gratuito que comprende millones de personas desde los primeros grados hasta los estudios universitarios y de postgrado. Una empresa como esa necesita inversiones a la medida, sobre todo las relacionadas con el factor humano, el más importante: cientos de miles de maestros necesitan cubrir necesidades materiales y actualizaciones pedagógicas, científicas-técnicas, culturales, políticas.
El Proceso comenzó con la llamada Campaña de Alfabetización. Se dio por terminada el 22 de diciembre de 1961, y proclamó alfabetos a más de 700.000 personas en apenas unos meses. Tal heroicidad ha sido cuestionada por su efectividad real, pues no hubo manera de comprobar la veracidad de manera independiente; los textos usados, además, tenían una clara intención doctrinal, enaltecedora la Epopeya y sus nuevos lideres. Decenas de miles de brigadistas, la mayoría niños y adolescentes de las capitales provinciales se internaron en las montañas y los llanos cubanos con el peligro de ser secuestrados y asesinados en medio de una verdadera guerra civil. Mas allá de los resultados y las críticas, la Campaña de Alfabetización rompió con el marasmo de la educación pública en las zonas rurales, y permitió que millones de personas siguieran estudiando hasta hacerse profesionales cuando unos meses antes apenas podían leer una simple oración.
Es difícil valorar hoy en día la intención de nacionalizar la enseñanza, y prohibir a las iglesias y otras instituciones regentar sus propias escuelas y universidades. Lo que ahora nos puede parecer un error, un suicido pedagógico, en aquella época tuvo muchos defensores. Creían que al estandarizar los métodos y contenidos para todo el país se garantizaba un nivel de instrucción medio para todos los estudiantes; no habría unos mejor preparados que otros. Quizás el régimen tenía otra idea: formar al Hombre Nuevo. Un sujeto materialista, leal, dispuesto a cumplir cualquier tarea encomendada sin preguntarse por qué y cómo.
Muy pronto el régimen se percató de que debía ajustarse la camisa de once varas. No había suficientes maestros ni aulas para una población emergente llamada baby boomers —nacidos entre 1946 y 1964—. El éxodo de maestros, unos negados a enseñar conceptos marxistas y otros cesantes de escuelas privadas, dejó a las aulas cubanas con un déficit de profesores de casi un tercio del total. Entonces, y una vez más, se convertiría el revés en victoria.
La victoria reforzaría la originalidad del sistema: convertir los cuarteles en escuelas y traer a las ciudades las campesinas recién alfabetizadas como maestras de nuevo tipo para hombres nuevos. Se les conoció como maestras Makarenko, en honor al pedagogo estalinista que introdujo el valor del trabajo y el colectivismo en la educación. Quienes debemos las primeras letras —y los primeros pellizcos, tizas y borradores por la cabeza, y castigos crueles— a las maestras Makarenko nunca podremos olvidar su corta edad y aquellos albergues en las mansiones “abandonadas” por sus dueños en Miramar, donde también revoloteaban reclutas del Servicio Militar en busca de las mieles del olvido.
Los discípulos de los Makarenko, sin saber muy bien de tildes y esdrújulas, de haches que no suenan o no van ahí, llegaron a la adolescencia, una edad peligrosa para cualquier sociedad desde los tiempos de Código Hammurabi. Esta vez los cuarteles comenzaban a deteriorarse y no ofrecían todas las garantías de la reclusión y el amansamiento de los hormonales adolescentes. Tampoco todas las jóvenes Makarenko quisieron ir a los campos de donde habían salido unos años antes. Así que la solución volvió a ser convertir la derrota en ciernes en un triunfo demoledor: edificar cientos de escuelas en las afueras de los pueblos, en medio de la campiña. Surgieron las escuelas secundarias y los preuniversitarios en el campo. Y para maestros… ¡los mismos estudiantes! Los alumnos de grados superiores fueron “convencidos” con futuras carreras universitarias y estipendios magros para integrar el Destacamento Pedagógico Manuel Ascunce. Inolvidables aquellas maratónicas reuniones “de captación”; obtener el porciento de candidatos a educadores requeridos para satisfacer las metas del municipio y la provincia de educación.
Estos nuevos estudiantes-profesores no tiraban borradores por la cabeza ni pellizcaban por debajo de los pupitres. Dada su edad y cierta preparación sociopática, sus castigos en las becas podrían pasar a la historia de la educación en Cuba como de original marginalidad y malignidad. No participaban directamente en el escarnio. Usaban a los instructores, otros estudiantes, como mano sicaria. Estar en atención por horas, o limpiar los albergues hasta bien entrada la madrugada eran escarmientos menores por ser habituales. Lo peor no era el ensañamiento sino una falta generalizada de empatía, creerse superiores por decreto al usar un uniforme azul un poco más oscuro. Cualquier pregunta de un estudiante era un desafío, debido al nivel de impericia y la falta de conocimientos. Aun así, siempre hubo, como las maestras Makarenko, profesores-estudiantes cuya vocación de enseñar con el ejemplo los hizo hasta hoy —se acercan ya a los setenta años— dignos herederos de Luz y Caballero, y salvaron millones de almas para el bien y la verdad.
Al desaparecer el llamado campo socialista el grifo de recursos para la educación se fue secando. Por enésima ocasión, y ante la estampida de los maestros a otras áreas en busca de mejores salarios y condiciones, surge el siempre y socorrido reencuadre: los maestros emergentes. Debido a la escasez de recursos, no había borradores ni tizas. Tampoco sicarios disponibles. Se bastaban ellos mismos para imponer la disciplina por los métodos que en cuarenta años de Involución habían aprendido en las madrazas del Hombre Nuevo: la violencia física y las palabras obscenas.
Y así hemos llegado al punto de partida. Tenemos un país repleto de analfabetos funcionales, no que no sepan dónde va o no la hache, si no que al hablar parece que han aprendido otro idioma, ininteligible. Sus conocimientos de historia y geografía son catequesis aprendidas donde lo único valioso ha sido la Involución, y los detalles geográficos son aquellos renombrados con la Epopeya —Granma siempre será un barco que quiere decir abuela en inglés.
Pues me cuentan que en Cuba no alcanzan los maestros, ni Makarenko, del Destacamento, o emergentes. Por supuesto, tampoco recursos como libretas suficientes, lápices, útiles de laboratorio, computadoras. Los estudiantes de hoy están obligados a contratar tutores, quizás ex Makarenkos o veteranos ex profesores del Destacamento. Mientras, los contenidos de las materias siguen estando desfasados, para no decir teñidos de una gruesa capa ideológica. No pueden educar porque una cosa dice el libro de texto y el maestro —esconde la risa y el bochorno de sus alumnos— y otra la calle, tan pronto cruza el portón de la escuela. No formaran hombres y mujeres capaces de lidiar con la complejidad del mundo actual, 98 % compuesto por sociedades de mercado, de economía capitalista. Cuba “es todo lo que hay”. Cuba y el sociolismo tropical son el Alfa y el Omega del Universo.
Casi todo el desastre económico y social de la Isla ha tenido, entre otras causas eficientes, la deformación cívica e instruccional desde los primeros años de escuela hasta la universidad. La educación es un asunto muy serio para encargárselo a una ideología política. Una ideología como la comunista, cerrada, excluyente, y fracasada en los cuatro puntos cardinales, solo puede engendrar seres humanos elitistas, soberbios, y, sobre todo, ineficaces.
Ciertos profesores han perdido la motivación para enseñar. No poseen, siquiera, la estima de sus educandos pues los perciben como parte del sistema doctrinario, no como lo que deberían ser, educadores para la libertad de pensar y hacer con responsabilidad. Al perder el amor por el aula y los pupitres, algunos han hecho de la escuela y los estudiantes un medio, no el fin de sus vidas. Marcel Proust diría que “los días pueden ser iguales para un reloj, pero no para un hombre”. Por suerte, y suelo ser muy optimista en esto, todavía quedan muchos maestros que no miran la hora cuando están en un aula frente a sus alumnos.
Cuba en 1958 tenía uno de los índices de analfabetismo más bajos del continente americano; diferentes autores los sitúan entre el 18% y el 23%. Una frase de Fidel Castro fue ¨yo no te digo cree, yo te digo lee¨. Lo que no dijo el Manipulador en Jefe es que se iba a apropiar de todos los medios masivos de comunicación de Cuba, en particular de la prensa escrita y de todas las imprentas, y que sólo se publicaría lo que la tiranía quería que el pueblo cubano leyera, a la vez que prohibía la entrada al país de diarios, libros, revistas, etc. que tuvieran un mensaje en contradicción con el adoctrinamiento que le imponía el naciente Castrismo al pueblo cubano con su bloqueo cultural e informativo.
Muchos brigadistas fueron enviados zonas de conflicto armado con una cartilla Castrista para adoctrinar y cantando el himno de la alfabetización cuya letra muestro a continuación. La perversidad del Castrismo buscando mártires de vidas ajenas es inigualable en la historia cubana.
Himno de la Alfabetización. Eduardo Saborit
Somos la Brigada Conrado Benítez, somos la vanguardia de la Revolución, con el libro en alto cumplimos una meta: llevar a toda Cuba la alfabetización. Por llanos y montañas el brigadista va, cumpliendo con la Patria, luchando por la paz. ¡Abajo imperialismo!, ¡Arriba libertad! Llevamos con las letras la luz de la verdad. Cuba, Cuba, estudio, trabajo, fusil, lápiz, cartilla, manual, alfabetizar, aalfabetizar.
Ah!, El adolescente de 16 años Manuel Ascunce Domenech fue situado en un momento álgido de la lucha en casa de Pedro Lantigua, un campesino de la zona que era guía (práctico) de las tropas Castristas que combatían a los alzados antiCastristas y que les mostraba a la tropa los lugares donde los alzados podían refugiarse, según testimonió (a principios de los años 90s del pasado siglo XX en unos supuestos juicios sobre el daño del Imperialismo norteamericano al pueblo de Cuba) el General Anibal Velaz quién era un alto jefe del MINFAR en toda la provincia de Las Villas en esos años.. Los alzados ya le habían enviado amenazas a Pedro Lantigua. El jefe de la tenientura que llevó a cabo el asesinato de Manuel Ascunce Domenech y la muerte de Pedro Lantigua fue Braulio Amador sin que se tenga conocimiento, hasta ahora, que alguna capitanía o comandancia de los alzados tuviera conocimiento o hubiera dado la orden de asesinar al adolescente brigadista.
Guillermo Fariñas, quién, según él, tuvo un tío en el selecto grupo El Molino de la Seguridad del Estado, en la provincia de Las Villas y su padre combatió en El Congo junto a Che Guevara, escribió en su artículo TOTAL FALTA DE CONSIDERACIÓN :
Luís Felipe Denis Díaz, un difunto general, en una conferencia en los Camilitos de la desaparecida provincia de Las Villas expresó: “Nosotros como Seguridad del Estado contábamos con la colaboración de los maestros voluntarios en las zonas de guerra”. Así que serán los historiadores quienes dirán si Ascunce era agente o no.
Luís Felipe Denis Díaz fue el jefe de la Seguridad del Estado en todo El Escambray cuando la lucha contra las guerrillas antiCastristas y anticomunistas.
Manuel Ascunce Domenech no fue el único brigadista asesinado. El Castrismo obtuvo sus mártires para sostener su régimen ¨de difuntos y flores¨.
Alfabetizadoras cubanas en el antiguo Cinódromoal cual se le llamó posteriormente Estadium Eduardo Saborit, el autor de la canción Cuba, qué linda es Cuba y del himno de la alfabetización; foto de archivo.
La otra cara de la enseñanza en Cuba: alfabetización letrada y analfabetismo cívico
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La Campaña de Alfabetización de 1961, ambicioso proyecto de instrucción, fue el primer gran ensayo para el adoctrinamiento y la militarización en Cuba.
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Por Dimas Castellanos
La Habana
24 mayo 2022
La Campaña de Alfabetización, además de un ambicioso proyecto de instrucción, fue el primer gran ensayo para el adoctrinamiento y la militarización de la sociedad en Cuba. En ella participaron unos 330.000 cubanos (121.000 alfabetizadores populares, 100.000 brigadistas "Conrado Benítez", 15.000 brigadistas "Patria o Muerte", 35.000 maestros y miles de cuadros políticos y trabajadores administrativos).
Comenzó en 1959 por el Ejército Rebelde —integrado básicamente por campesinos con poca o ninguna instrucción—, continuó en 1960 por algunas provincias y en 1961 se extendió a todo el país. El 22 de diciembre de ese año se declaró que, de 979.207 analfabetos adultos, se alfabetizaron 707.000, lo que ubicó a Cuba entre los países de menor índice de analfabetismo en el mundo.
Los antecedentes
Entre 1900 y 1953 el analfabetismo en la población mayor de diez años se redujo del 57% al 23,6%, uno de los índices más bajos de este hemisferio. Es decir, la mayoría de los cubanos aprendieron a leer y escribir antes de 1959; sin lo cual no hubiera sido posible movilizar de una sola vez unos 300.000 alfabetizadores en 1961.
Los mandatarios que ocuparon la presidencia entre 1902 y 1958 —cuya mayor preocupación fue la economía— no desatendieron el tema. Tomás Estrada Palma dedicó el 25% del presupuesto nacional a la instrucción pública y aumentó el número de aulas de 3.000 a 5.000. Mario García Menocal abrió nuevas aulas y creó el servicio de maestros ambulantes en las zonas de montañas. Gerardo Machado también aumentó el número de escuelas primarias, de escuelas normales de kindergarten y creó las escuelas superiores. Fulgencio Batista, jefe de las fuerzas armadas durante la presidencia de Miguel Mariano Gómez, designó militares para enseñar en lugares apartados y abrió 2.300 escuelas rurales.
En 1956, Ana Echegoyen de Cañizares encabezó un proyecto de alfabetización. Maestra normalista, doctora en Pedagogía e investigadora, Echegoyen fue la primera mujer negra que ocupó la Cátedra de Metodología Pedagógica en la Facultad de Educación de la Universidad de La Habana. En 1941 visitó EEUU para conocer cómo se eliminaba el analfabetismo en ese país, realizó una investigación acerca de la alfabetización de adolescentes y adultos en América Latina y, junto al pedagogo mexicano Jesús Isaías Reyes, elaboró las cartillas de alfabetización del Centro de Cooperación Regional para la Educación de Adultos en América Latina y el Caribe, la cual antecedió y sirvió de base a la empleada en 1961.
Apoyada por diversos organismos públicos y de la sociedad civil, como la Universidad de La Habana, la Federación de Escuelas Privadas de Cuba y el Bloque Cubano de Prensa, Echegoyen reclutó maestros, profesores, estudiantes universitarios y trabajadores sociales como alfabetizadores. Aunque del plan piloto, que consistía en alfabetizar 10.000 adultos, por razones económicas solo se pudieron incluir 5.000, trazó un camino para un proceso gradual de alfabetización sin necesidad de paralizar el resto de las actividades docentes, como ocurrió entre abril y diciembre de 1961.
En febrero de 1957, al concluir su proyecto alfabetizador, Echegoyen escribió un informe para la UNESCO, titulado "Métodos de alfabetización de adultos en Cuba". Fidel Castro y Vilma Espín le ofrecieron el cargo de ministra de Educación, que ella rechazó. Su labor académica desapareció de las páginas de la pedagogía cubana.
La Campaña de Alfabetización de 1961
Más allá los esfuerzos y sacrificios de cientos de miles de cubanos para enseñar a leer y escribir, y de su valor para el desarrollo económico y cultural de la nación, la Campaña de Alfabetización de 1961 fue el primer paso para fomentar el analfabetismo cívico: la cartilla y el manual empleados conformaron dos instrumentos perfectos de adoctrinamiento ideológico.
La Cartilla de alfabetización se estructuró en 14 temas. El primero era la Organización de Estados Americanos (OEA), y su primer ejercicio consistía en buscar las vocales O, E y A en las palabras Cuba, Camilo, Fidel y Raúl.
Los 13 temas restantes eran: "La reforma agraria nació en la Sierra"; "La reforma agraria da tierra a los campesinos"; "Ya los campesinos son dueños de la tierra"; "La cooperativa pesquera ayuda al pescador"; "Los pescadores ahora viven mejor"; "El campesino compra bueno y barato en la tienda del pueblo"; "No habrá bohíos ni solares en años venideros"; "Unidos jóvenes y viejos, juramos con Fidel: juntos defender a Cuba"; "Ganamos todas las batallas guiados por Fidel", "Somos dueños de nuestra riqueza"; "Los obreros tienen tres deberes: producir, ahorrar y organizarse"; "Queremos enseñar al que no sabe"; "¿Qué podemos leer? ¡Patria o Muerte! Venceremos".
En la Cartilla de alfabetización la única mención a José Martí, principal figura política de nuestra historia, aparece en sus páginas finales: una foto suya y un poema de Nicolás Guillén que cierra con el verso "Vino Fidel y cumplió, lo que prometió Martí".
Por su parte, el Manual del alfabetizador —una guía técnica y política—, contenía 24 temas. Entre ellos los siguientes: "La Revolución"; "Fidel es nuestro líder"; "La tierra es nuestra"; "El derecho a la vivienda"; "Cuba tenía riqueza y ahora es pobre"; "La nacionalización"; "La revolución convierte cuarteles en escuelas"; "El imperialismo"; "La guerra y la paz"; "El pueblo unido y alerta"; "La alfabetización"; "La revolución gana todas las batallas"; y "La Declaración de La Habana".
El Manual del alfabetizador contenía un vocabulario de 336 palabras, cargado de significados ideológicos, útiles para instruir, no para educar, que es una función de mayor complejidad.
La Campaña de Alfabetización fue concebida como punto de partida de otros objetivos no declarados en el programa inicial de la revolución. Por ello, las cifras de alfabetizados conforman una cara de la moneda; la otra cara fue el adoctrinamiento.
La sustitución de la educación por la instrucción ideologizada condujo a la pérdida de la condición de ciudadano y su conversión en súbdito del Estado totalitario. Un siglo antes de la Campaña de Alfabetización, José de la Luz y Caballero, en uno de sus valiosos aforismos, había sentenciado: "Instruir puede cualquiera, educar solo quien sea un evangelio vivo".
Conclusiones
Si la alfabetización fue un paso importante para la instrucción de una parte del pueblo cubano, la restricción de las libertades —condición insoslayable de la cultura– malogró sus objetivos.
Junto al adoctrinamiento, las "Palabras a los intelectuales" de Fidel Castro en junio de 1961, el desmantelamiento de la sociedad civil y la pérdida de los derechos y libertades, desapareció el concepto de ciudadano en Cuba.
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A L F A B E T I Z A D O R E S
Por Luis Cino
Todo cambió en mi casa. Bastó que hablara el Comandante. La próxima tarea de la revolución era alfabetizar.
Ante la nueva misión, mi hermana dejó de recoger dinero por las calles para tanques y aviones de guerra. Antes había dejado de ir a misa y de escuchar los discos de Paul Anka y Neil Sedaka. Ya no le interesaba la natación ni suspiraba por Gregory Peck o el difunto James Dean.
Su enamorado y algunas de sus amiguitas estaban muertos para ella. Se habían marchado al Norte revuelto y brutal. Hicieron bien en no despedirse. No quería que la confundieran con una bitonga burguesita. Ella era revolucionaria: pa'lante y pa'lante y al que no le guste que tome purgante.
Mi hermano olvidó a Tarzán y Superman. Aplazó su preocupación por los pelos que le brotaban en las axilas. Guardó la escopeta de pellets. Se cortó el tupé para lucir un porte marcial. Apagó Radio Kramer y parado frente al espejo, en vez de remedar el meneo de Elvis, ensayó como le quedaban la boina y la camisa de miliciano del uniforme de papá.
La explosión de La Coubre ya había rajado los cristales de las ventanas de la vieja casa de mis abuelos. Su familia, que lo había resistido todo, también se resquebrajaba. Mi tía, que al principio hacía promesas a los santos para que Fidel recuperara la voz, había convencido a su marido para empezar a hacer los papeles para irse a Miami. El resto de los parientes, con mayor o menor intensidad, proclamaban su intención de morirse por lo que todos empezaban a denominar "esto".
El primer combate familiar estalló un Día de las Madres. La discusión opacó la voz de Benny o de Daniel Santos (¿o sería Rolando Laserie?) en el tocadiscos Philco. Fui el único que no intervino en la bronca. Debajo de la mesa, estaba entretenido halando la cola al perro.
La segunda discusión fue por lo de la alfabetización.
Mi abuela, grausista a rabiar desde la lucha contra Machado (que era para ella la única revolución habida y por haber) no acababa de tragarse lo del comunismo. No entendía bien que era pero no perdonaba a los comunistas su pacto con Batista. Y ahora, Cuba se llenaba de rusos y los comunistas estaban hasta en su familia. Hasta su marido, que hablaba mal el español, descuidaba la cocción de los macarrones para declarar su conversión total a la fe de la hoz y el martillo.
Lo de que sus nietos fueran a alfabetizar a las lomas fue demasiado para ella. En vano lloró y protestó. No hubo quien convenciera a mi padre de que sus hijos no fueran a alfabetizar.
Uniformados de gris, con enormes mochilas verde oliva y provistos de las cartillas con el catecismo fidelista, partieron a alfabetizar a Oriente. Mi padre los despidió orgullosos. Mi abuela lloraba. Yo me limpiaba los mocos.
Mi hermana tenía 16 años. Mi hermano no había cumplido los 14. A ella la dejaron en Manzanillo. A él lo enviaron a la Sierra Maestra. Hizo la ascensión a lomo de mulo y con diarreas.
Regresaron en tren, como héroes, una tarde fría de noviembre. Flacos y mugrientos, abrazaron a la familia con la satisfacción de haber cumplido con el Comandante.
Mi hermana volvió más flaca, con el pelo quebradizo y la piel manchada por el sol. Volvió hablando como un carretonero y fumando como una condenada. Dejó su virginidad en un bosque de yagrumas poblado de hormigas y santanillas. La cambió por una colonia de monilias y una promesa incumplida de reanudar el noviazgo en La Habana.
Mi hermano regresó más alto, más prieto, y con piojos. Las picadas de pulgas y mosquitos infestadas le dejaron marcas oscuras en la piel. Contaba sus sustos de guijes y alzados y sus baños en los ríos helados de la Sierra. Aún guarda un collar de polimitas y una foto amarillenta en que con poco más de cinco pies de estatura, cara de guerrero comanche y revolver al cinto, posa junto a un bigotudo miliciano a caballo.
La familia serrana alfabetizada visitó nuestra casa dos veces. Luego no volvieron a la capital. Mi familia se alegró. Eran buenas personas, pero la comida racionada ya no alcanzaba para tanta gente.
Transcurridos 45 años, esos son mis recuerdos, nublados por el tiempo, de la Campaña de Alfabetización.
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Noticiero ICAIC: Fin de la Campaña de Alfabetización y llegada a La Habana
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Libro de Pedro Pablo Arencibia: Paradigmas Psicopedagogicos y caminos de la Investigacion Matematica en la Ensenanza de la Matematica Universitaria y Media
OPINIÓN SOBRE EL LIBRO:
Lo he ojeado, aqui y alla; es conmovedor. humano. Tardare en leerlo de tapa a tapa. Comprendo que es holistico, lo que me parece admirable, meritorio, politica, experiencia humana, Matematicas, Ciencias, y tambien ¨very scholar. Una combinacion unica. Gracias. B.M.
“Marco Rubio a Donald Trump: Te diré lo que es un buen acuerdo: que Cuba sea libre
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Licenciado en Matemática Pura en la Universidad de La Habana (UH) y Catedrático universitario con 24 años de experiencia en la docencia universitaria cubana; posee la Categoría Docente Principal de Profesor Titular universitario. Fue expulsado el 29 de enero de 1997 del Instituto Superior Pedagógico de Pinar del Río ( universidad de perfil formativo o pedagógico) por motivos políticos. Activo colaborador desde su fundación de la revista VITRAL y del Centro Católico de Formación Cívica y Religiosa (CFCR) de la Diócesis de Pinar del Río. Colaboró en Cuba con las organizaciones opositoras: Todos Unidos, Asamblea para Promover la Sociedad Civil en Cuba y con el Consejo Unitario de Trabajadores Cubanos (CUTC).
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COLABORADORES:
Paul Echániz