miércoles, junio 26, 2024

«Influenciadores». Francisco Almagro Domínguez: La mayoría de los influencers son personas comunes con escasos estudios o méritos artísticos. Pero saben qué decir y cómo decirlo


 Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

Entre los influencers hay de todo y es  tarea de las personas que los ven, o que los siguen,  analizar y reflexionar lo que ellos de manera holística trasmiten  para así  separar aquellos que los  enriquecen culturalmente, de aquellos que los empobrecen; recordemos aquel aforismo de José Martí: ¨ser culto para ser libre¨  y entendamos que esa libertad no sólo se refiere a la libertad  política, más aún,  en esta época de postmodernidad con el supuesto relativismo de la verdad que ha revivido en estos tiempos los versos: «… todo es según el color del cristal con que se mira », del poeta Ramón de Campoamor. Un reflejo de lo anterior  es, por ejemplo, tener que aceptar que cada quién tiene su verdad, cuando realmente existe una verdad  y sí muchas opiniones o relatos; otro ejemplo  es que en estos tiempos de postmodernidad  muchas personas desean imponer  que eres lo que piensas que eres y no lo que eres biológicamente.


 Este bloguista de Baracutey Cubano comparte las palabras del poeta español Antonio Machado: «… La verdad es lo que es, y sigue siendo verdad aunque se piense al revés» así como  las palabras de François Jacob cuando critica el descrédito a la razón que hace la postmodernidad: 

«El siglo XVII tuvo la sabiduría de considerar la razón como una herramienta necesaria para tratar los asuntos humanos. El Siglo de las Luces y el siglo XIX tuvieron la locura de pensar que no sólo era necesaria, sino suficiente, para resolver todos los problemas. En la actualidad, todavía sería una mayor demostración de locura decidir, como quieren algunos, que con el pretexto de que la razón no es suficiente, tampoco es necesaria».

En otro orden de cosas: En estos días la dictadura castro-comunista que oprime a Cuba  está lanzando una campaña en contra de  influencers  que abordan la situación política cubana; de lo cual se infiere que sólo algunos de ellos, no todos,  están desarrollando una labor positiva  en contra de la dictadura en estos momentos, pues otros están desacreditando a la oposición anticastrista con sus formas. métodos y actuar personal; veamos algunos elementos de la campaña de la dictadura a la que me refería,  pero antes tengamos en cuenta que en casi toda  lista  ¨no están todos los que son, ni son todos los que están¨:



Más detalles de elementos de  esa campaña de la tiranía Castrista en este video:



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«Influenciadores»

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La mayoría de los influencers son personas comunes con escasos estudios o méritos artísticos. Pero saben qué decir y cómo decirlo

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(Todas las imágenes de este post  fueron añadidas al artículo por el Bloguista de Baracutey Cubano)

Por Francisco Almagro Domínguez

Miami

26/06/2024 

Un vecino me pregunta por la familia, y después de contestarle que muy bien, me permito saber de su hijo, quien hace buen rato está perdido del barrio. Muy orgulloso me dice que mejor me enseña una fotografía. Ni el mismo lo puede ver con frecuencia. Trabaja duro. Tan duro que se ha comprado hasta una casa. Es que gana mucho dinero, acota el buen vecino. ¿A qué se dedica el muchacho?, pregunto curioso. Mi hijo es influencer, responde. ¿Influencer?, repito con un deje escéptico. Y el padre parece atrapar mi suspicacia. Sí, es influencer, de esos que ganan dinero en las redes sociales, aclara el padre. Entonces pregunto si trata de algo específico, si el chico es especialista en un tema. Y el vecino, tan buen padre como es, responde que para ser influencer no hace falta ser nada… para ser influencer, afirma con aire profesoral, solo hay que generar “contenidos”.

Imagino que estos son temas, los influencers y los contenidos, que puede ser tratado con mayor profundidad por expertos en comunicación social. Es, además, una cuestión generacional; el coto poco más o menos privado de los llamados milennials, o milénicos, como se diría en castellano; chicos de la generación X y Z —ciertos investigadores los ubican nacidos entre finales de los 80’, 1990, e inicios del siglo XXI. La generación milénica viene a este mundo con al menos dos sucesos, inéditos en la Historia: ha desaparecido la confrontación entre ideologías que podían exterminar la humanidad toda —perdón, esa alegría duró poco—, y la Internet es una realidad infinita e inexplorada que ha parido las llamadas redes sociales.

Las redes sociales son organizaciones en el espacio digital que permiten la interacción entre sus miembros basados, sobre todo, en el intercambio de información sin barreras geográficas, de tiempo, políticas, y culturales. La primera red social surgió en 1994, en el conocido Valle de Silicona —Silicon Valley— de California. Las redes son operadas por administradores, quienes garantizan el libre tránsito de información, y están habitadas por los citados influencers y sus seguidores; los primeros, como indica el nombre, “influyen” en quienes consumen la información, que son los seguidores o followers.

El influencer, ¿es un líder de opinión? ¿Un individuo bien informado? ¿El rostro y el cuerpo cautivan más que la palabra? La mayoría de los influencers que conozco son personas comunes con escasos estudios o méritos artísticos. Pero tienen el don de saber el qué, y saben cómo decirlo. Algunos en otra época hubieran tenido micrófonos y patrocinadores en la radio y la televisión comercial sin necesidad de “me gusta” con pulgar hacia arriba. El problema es que casi todos se anuncian poseedores de la “última”, que no de la verdad. Tienen fuentes confiables que no revelan; “gente adentro” que nadie conoce. El discurso carece de complejidades gramaticales, de la sutileza de la palabra culta, porque como dijera Ludwig Wittgenstein, los límites del lenguaje son los límites de la mente.

Ciertos influenciadores carecen de pudor ético

Hijos pródigos de la llamada civilización del espectáculo, ciertos influenciadores —es bueno castellanizar el anglicismo— carecen de pudor ético. Tal vez por eso el tono suele ser tremendista, efectismo de feria: ¡Pasen, señores, pasen! Las supuestas verdades, dichas con certeza mal fingida, carecen de ironía y humor. No puede haberla donde hay burla, escarnio, choteo. “Somos lo que hay”, pudiera ser el grito de guerra contra la inteligencia arrinconada, vencida por la sordidez del todo vale.

Pero como el versículo bíblico del Eclesiastés (1:9) proclama, “no hay nada nuevo bajo el Sol”. Los influenciadores y los contenidos son tan viejos como la Humanidad misma. El primer “operador de red”, quien puso al alcance del hombre de a pie el Contenido Mayor, fue Johannes Gutenberg al crear la imprenta con tipos móviles; el “influencer” Martin Lutero, y la Biblia de 42 líneas, dieron impulso a la gran Reforma Protestante en el siglo XVI. Así, desde el inicio de la modernidad, masificar la información, propagarla libremente, compartirla y confrontarla, ha dado lugar a los grandes giros de la Historia.

Por su naturaleza opresiva, lo primero que hace cualquier poder omnímodo es bloquear la función democrática y liberadora de la información. Es difícil imaginar un influenciador suelto y vacunado contra la indignidad en un régimen totalitario. Paradójicamente, la excesiva libertad sin responsabilidad en las redes de los países democráticos lleva también a la coaptación de las voluntades humanas a través de personajes que han hecho del espectáculo virtual una nueva, adictiva y acaudalada tiranía.

Lo más preocupante no es solo la relativización de lo que hasta ahora conocemos como verdades inapelables: la vida y la muerte, la guerra y la paz, el hombre y la mujer. La verdad pudiera ser relativa si solo la entendemos desde la perspectiva individual; para cada ser humano existe “su” verdad. Y aunque esto es discutible, lo alarmante de las redes y los influenciadores es la capacidad desmedida de idiotizar generaciones para quienes toda la literatura, el arte, la oratoria, y la música acumulada en la cultura occidental por tres milenios es innecesaria, estorba. Solo el influenciador es digno de escucha.

El hombre postmoderno es altamente susceptible a la “influencia” de otros pues carga con un vacío intelectual y espiritual que se ha hecho común. No le apena no leer. No oculta su “sordera musical”. Cree en todo, y en nada al mismo tiempo. “Saber tanto” es un pecado y es ser pesao. Con leer unos pocos caracteres con chismes de famosos, oír y ver el ¿discurso? de cierta influenciadora semi-desnuda, comparar el reguetón con una sinfonía mozartiana basta al ignorante postmoderno.

Es una peligrosa tendencia, sobre todo para el futuro de un país como Cuba, que necesitará muchos hombres y mujeres con cultura, con información verídica, no de almanaque ni de redes sociales mendaces. No seguir a Fulano o a Ciclano, sino a instituciones. No dar “likes” anónimos, sino levantar la mano bien alto para que todos sepan quién y por qué. La Isla tiene sed de una sociedad capaz de separar la paja del grano, de no dejar que otro Influenciador en jefe logre maniatar voluntades, tergiversar la verdad, mal gobernar por otro medio siglo.

La lucha contra la banalización de la información y la subjetividad como control social es una tarea universal. Pero será también una batalla por la verdadera libertad de Cuba. Hemos vivido una suerte de idiotización política y cultural. Los que queremos una patria tan libre en lo político como en lo geográfico, no debemos olvidar que el único antídoto para salvarnos de otro Influenciador en jefe y de la red social totalitaria es la cultura. La incultura hace al hombre presa fácil de lo que los abuelitos llamaban “malas influencias”. José Martí, con su inmensa capacidad para otear el futuro, paradigma del Influenciador por la independencia de la Isla, lo dijo bien claro: ser culto es el único modo de ser libre.

© cubaencuentro.com

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Una definición de Influencers desacertada ya  que sólo se ajusta a  algunos y no a todos los Influencers:

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martes, julio 25, 2023

Gladys Linares desde Cuba: Ley de Comunicación Social: proscripción formal de derechos fundamentales. Para mantenerse en el poder, al régimen de La Habana le resulta imperioso el control absoluto sobre los medios de comunicación masiva

 
Tomado de https://www.cubanet.org/

Ley de Comunicación Social: proscripción formal de derechos fundamentales

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Para mantenerse en el poder, al régimen de La Habana le resulta imperioso el control absoluto sobre los medios de comunicación masiva

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Por Gladys Linares

24 de, 2023

LA HABANA, Cuba. – La flamante Asamblea Nacional del Poder Popular abrió el telón con la aprobación, en el mes de mayo de este 2023, de la Ley de Comunicación Social. Su contenido, distribuido en 19 capítulos, 107 artículos y dos títulos fundamentales, no vino más que a redundar en la ostensible falta de libertades que ha caracterizado desde sus inicios al castrismo, como si este alguna vez hubiera necesitado del respaldo de un papel para disponer sobre la vida y la muerte de sus ciudadanos, mucho menos para determinar qué género de información consumen, pues el Estado cubano, supuesto dueño de los únicos medios informativos legales del país, está de hecho secuestrado por un grupo mafioso. 

Con todo, la presente legislación supone un ataque definitivo a nuestros derechos individuales, si bien estos no han dejado de ser ignorados y pisoteados desde el 1º de enero de 1959. Ya la propiedad privada sobre los medios de comunicación había quedado proscrita en la Constitución cubana de ese año, y en la de 2019 quedó sentenciado que estos “son de propiedad socialista” y “no pueden ser objeto de otro tipo de propiedad”. Así lo replica ahora el artículo 28 de la nueva ley, que además incluye a las organizaciones políticas, sociales y de masas (todas supeditadas al régimen). El artículo 13, por su parte, prohíbe el empleo de los contenidos para “subvertir el orden constitucional y desestabilizar el Estado socialista”, mientras que el artículo 51, además de vedar “contenidos que justifiquen y reproduzcan el ciberacoso”, impide usar “contenidos elaborados a partir de imágenes, textos, audios y videos ya existentes, para crear realidades falseadas con cualquier fin o propósito”. Esto último, por cierto, tiene muy preocupados a algunos conocidos que en los últimos tiempos se habían aficionado a hacer memes por diversión. 

Con motivo de esta nueva ley un amigo me comenta: “Ya estamos prácticamente como en Corea del Norte. Yo mismo, cada vez que me mandan algo de política, lo miro y enseguida lo borro, por si acaso. No vaya a ser que un día me cojan el móvil y cuando venga a ver me metan preso”. Lamentablemente, mi amigo no anda muy desacertado. De hecho, en el tema libertad de prensa la mayor de las Antillas se ubica en último lugar en la región, y en el puesto 172 de las 180 naciones evaluadas en la Clasificación Mundial de Reporteros Sin Fronteras. Además, a diferencia del uso en países democráticos, donde cualquier ciudadano puede criticar sin miedo a represalias tanto a políticos como al propio sistema, la presente ley soslaya no solo los debidos mecanismos que protegen el derecho a la libre expresión de los ciudadanos, sino también la creación de instancias independientes que garanticen el respeto a los demás derechos a ella asociados. 

Y es que para mantenerse en el poder, al régimen de La Habana le resulta imperioso el control absoluto sobre los medios de comunicación masiva, especialmente ahora que el hambre y la escasez de todo tipo van anulando en la población el miedo a tomar las calles. Por suerte para el totalitarismo, la especialidad de periodistas y comunicadores a su servicio no es descubrir y dar a conocer la verdad, sino tergiversar los hechos para servir a sus propósitos. 

Los cubanos estamos presenciando ahora mismo una crisis económica, social y sanitaria inverosímil y sin precedentes. La carestía de artículos de aseo y demás productos de primera necesidad no cede. La falta de combustible impide servicios imprescindibles como el abasto de agua o el suministro eléctrico –durante varios días seguidos al interior del país–, paraliza el transporte público, deprime el transporte comercial, e incluso imposibilita labores primordiales como trasladar los alimentos a su destino final. Alimentos que, por consiguiente, están “cada día más caros y más perdidos”, al decir de una amiga jubilada que más de una vez ha regresado a su casa con los pies adoloridos y las manos vacías después de un día de colas y agromercados. El impotente sistema de salud pública pierde la batalla contra el coronavirus, el grueso del personal sanitario ha sido exportado hacia otros países, los centros hospitalarios se desmoronan ante nuestros ojos y los medicamentos solo aparecen, si acaso, en el mercado 

De esta manera, el panorama que dio lugar a las protestas del 11 de julio de 2021 no solo no luce mejor, sino que ha empeorado. La nomenclatura es consciente de que está en juego su permanencia en el poder. En este trance, mantener al pueblo desinformado es decisivo. De ahí que el régimen de partido único haya decidido blindarse tras un panfleto al mejor estilo de la dialéctica artificial estalinista, rebosante de enunciados sesgados y alarmistas del tipo “preservar la seguridad nacional”, “guerra política, ideológica, económica y cultural que enfrenta la Revolución cubana”, “continuidad del proyecto socialista”, entre otros claros indicadores de que su objetivo es justamente suprimir cualquier vestigio de libertad de prensa, de expresión y de acceso a la información pública, pues el totalitarismo no puede sobrevivir en presencia de la verdad.

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Vagón-204

Publicado por Mirta Suquet (1975)

El 4 de enero de 1959 Castro hablaba sobre la libertad de prensa y la libertad de reunión y elección. Subrayo un fragmento que cae horizontalmente como la famosa saliva encima de la cara: "solo cuando los gobernantes se han granjeado la enemistad de su pueblo, pueden concebir la estupidez, la injusticia, de negarles a los ciudadanos el derecho a reunirse"

¨ Es para nosotros y para ustedes, un motivo de orgullo —a pesar de los pequeños inconvenientes— tener delante un camión lleno de periodistas cubanos y extranjeros. Bien merecen los periodistas la oportunidad de trabajar; el periodista trabaja para el pueblo, el periodista informa al pueblo. El pueblo solo necesita que le informen los hechos, las conclusiones las saca él, porque para eso es lo suficientemente inteligente nuestro pueblo cubano. Por algo las dictaduras no quieren libertad de prensa, por algo nos tuvieron censurados y amordazados durante tantos meses (EXCLAMACIONES). Durante tantos meses seguidos, que sumados —como bien dicen ustedes— eran años.

( Fidel Castro en Camaguey en los primeros días de enero de 1959 )

Pero, además, cuando no había censura no podía decirse, sin embargo, que había libertad de prensa. [...] Libertad de prensa hay ahora, porque sabe todo el mundo que mientras quede un revolucionario en pie habrá libertad de prensa en Cuba (APLAUSOS). Quien dice libertad de prensa, dice libertad de reunión; quien dice libertad de reunión, dice libertad de elegir sus propios gobernantes libremente (APLAUSOS). Cuando se habla del derecho de elegir libremente, no se refiere solo al presidente o a los demás funcionarios, sino también a los dirigentes; el derecho de los trabajadores a elegir sus propios dirigentes (APLAUSOS). Cuando se habla de un derecho después de la Revolución triunfante, se habla de todos los derechos; derechos que son derechos porque no se pueden arrebatar, porque el pueblo los tiene asegurados de antemano.

Cuando un gobernante actúa honradamente, cuando un gobernante está inspirado en buenas intenciones, no tiene por qué temer a ninguna libertad (APLAUSOS). Si un gobierno no roba, si un gobierno no asesina, si un gobierno no traiciona a su pueblo, no tiene por qué temer a la libertad de prensa, por ejemplo (APLAUSOS), porque nadie podrá llamarlo ladrón, porque nadie podrá llamarlo asesino, porque nadie podrá llamarlo traidor. Cuando se roba, cuando se mata, cuando se asesina, entonces el gobernante tiene mucho interés en que no se le diga la verdad. Cuando un gobierno es bueno, no tiene por qué temer a la libertad de reunión, porque los pueblos no se reúnen para combatirlo, sino para apoyarlo. Quienes, como nosotros, tienen hoy el privilegio de ver a la masa del pueblo reunirse para brindarnos su respaldo, pueden comprender perfectamente, que solo cuando los gobernantes se han granjeado la enemistad de su pueblo, pueden concebir la estupidez, la injusticia, de negarles a los ciudadanos el derecho a reunirse (APLAUSOS).

Cuando un gobierno ha sido incapaz e inmoral, entonces es solamente cuando se le ocurre negarles a los ciudadanos el derecho de votar, porque, si es bueno, la ciudadanía le brinda su respaldo; si es malo, se lo niega.¨


Publicado por Mirta Suquet (1975)

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La periodista Barnardette Pardo entrevista al cínico y mentiroso Fidel Castro en la cumbre de Iberoamericana de Salvador de Bahía, 1993. Bernardette es hija del  ya difunto periodista Jose Pardo LLada, el cual era muy amigo de Fidel Castro  y hasta en ocasiones ante las penurias que estaban pasado Mirtha Díaz Balart, la entonces esposa de Fidel antes del asalto al Cuartel Moncada,  y el hijo  Fidelito por la mala administración que hacia Fidel con el dinero que le enviaba su padre Ángel Castro,  le compraba alimentos para esa familia, pues Fidel apenas trabajó como abogado y como nada. José Pardo LLada era una persona destacada del Partido Ortodoxo y Fidel era sólo ¨un comparsa¨más.
Cuando Bernaddete Pardo en 1991  les dijo  las Verdades a Fidel Castro en su Cara



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jueves, diciembre 15, 2022

No son prensa, solo son los rostros del miedo. Ernesto Pérez Chang desde Cuba: No puede haber represión ni dictadura sin la complicidad de “periodistas” que acepten desvirtuar la profesión hasta confundirla con la “tarea” del recadero de una facción política y hasta con la del propio represor

 
Tomado de https://www.cubanet.org/

No son prensa, solo son los rostros del miedo

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No puede haber represión ni dictadura sin la complicidad de “periodistas” que acepten desvirtuar la profesión hasta confundirla con la “tarea” del recadero de una facción política y hasta con la del propio represor

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Por Ernesto Pérez Chang

14 de diciembre, 2022 

LA HABANA, Cuba. – No son periodistas ni presentadores ni comunicadores, son voceros y, por estar bien conscientes de su condición, del papel que desempeñan, son la cara visible de los represores, es más, son simplemente represores, y como tal deberían ser tratados donde quiera que vayan, donde quiera que intenten esconderse o “despojarse” del pasado que, en los mejores casos, les provoca insomnio, arrepentimiento, bochorno.

Y no estoy hablando solo de los chicos y chicas que hacen esa infamia de “Con Filo”, de quienes narran con demasiado entusiasmo el desfile del Primero de Mayo o de Humberto López —paradigma universal de lo que jamás debería ser un periodista—; estoy señalando a todo el que se aparezca bajo la estampa de “reportero” o “comunicador” en la televisión oficialista, o que ponga su firma en una de esas páginas de “prensa plana” que dejaron de serlo cuando se transformaron en “órganos oficiales”.

Todos, sin excepción, saben lo que hacen y para qué perversos propósitos los están “usando”, y si decir “basta” y apartarse siempre será una decisión digna, que les gana o devuelve el respeto, hacerlo aquí en Cuba (y no “afuera”) y asumir las consecuencias lo es mucho más, porque en principio hace creíble la ruptura, el hartazgo, la náusea.

No vale decir que hacían su trabajo, en tanto la labor de un periodista nunca debería ser desinformar, manipular, mentir, amenazar, esperar por el permiso, plegarse incondicionalmente a las reglas de un gobernante y su cuerpo represivo, aceptar como “verdad” lo que obtiene sin esfuerzo de esas “fuentes oficiales” aprobadas por el Partido Comunista y su policía política. De esas obediencias estamos desbordados por acá, y habrá mucho más con un nuevo Código Penal y una ley de prensa que en esencia criminalizan no solo el disentimiento y la independencia sino el deber ético-moral.

Ahora que casi toda la Isla huye en estampida aparecen los que desean hacerlo con ventajas por haber sido los fantoches que fueron, y porque están seguros de que eso les servirá cuando el juez decida medirles la credibilidad de sus miedos. 

Pero, más allá de a quienes convengan esas “deserciones” y “arrepentimientos” —y por las razones que sean— no hay que olvidar que ninguno de ellos siente verdadero temor, a no ser por la posibilidad de que les nieguen el asilo o salgan a la luz las oscuridades de un pasado de complicidad. 

Ninguno puede decir que siente miedo —sin excepciones—, en tanto ellos mismos han sido los canales y hasta las fuentes de todos los miedos que nos rodean, e incluso si a estos les hemos dado rostros y voces en nuestras mentes (y en nuestras pesadillas) es porque esos voceros se han puesto al servicio del terror, son su encarnación. 

Porque no son solo la “corporización” de nuestros miedos al escuchar de sus bocas la mala noticia (que por acá siempre lo son), al leer la “nota oficial”, sino además son sus miradas vacías y las entonaciones amenazantes, las risillas de gozo, sus conformismos, sus “juicios” políticos cargados de prejuicios ideológicos los que permanecen, como crueles resonancias, en nuestras cabezas. 

Así, no puede ser recompensado con clemencia, en base a sus “miedos”, quien ha servido para sembrar el miedo en los demás. Ni siquiera les vale decir que obedecieron por amor a una vocación, o a una profesión que en buena lid jamás ejercieron.  

¿Cómo alguien puede decir que ama el periodismo cuando con su ejercicio es consciente de que lo aniquila? Entiendo que muchos jóvenes, en su ignorancia de lo que será su verdadero destino, deseen estudiar Periodismo en Cuba alguna vez, incluso ejercerlo al graduarse, pero me niego a aceptar que, cuando se descubran en su lamentable papel, no se avergüencen de continuar representándolo una y otra vez, conscientes del daño que hacen a quienes no tienen demasiadas opciones para elegir dónde informarse.

No solo a los comunistas debemos la aniquilación del periodismo en los “medios oficiales” sino a quienes fingen ejercerlo. Y por ser ellos quienes dicen ser, entonces el crimen es mayor, más cuando aceptan la criminalización del ejercicio si este se practica de verdad.

Si no fuera por los valientes excepcionales que no miden consecuencias cuando de buscar la verdad y compartirla se trata, hoy tendríamos que decir que el periodismo dentro de Cuba está muerto, pero afortunadamente no es así. Aunque el régimen y sus voceros han hecho todo cuanto han podido por exterminarlo. 

Lo que fuera la sede del periódico El País, en el número 158 de la calle Reina, es quizás una de las mejores representaciones visuales de lo sucedido con la prensa cubana a partir de 1959. El edificio desolado, como todo su entorno, e incluso más allá de él, es una ruina total donde aún se pueden ver algunos destrozos de viejas imprentas en medio de un basural. 

La imagen de abandono, unida a un cartel que se puede leer en una casilla de venta de periódicos y revistas de la misma avenida  —tan cercanos en múltiples aspectos—, no necesitan de una sola palabra que describa en qué se convierte el ejercicio periodístico cuando un régimen totalitario lo secuestra para colocarlo a su servicio.   

El panorama se torna aun peor cuando los que, llamándose “profesionales”, se conforman con “hacer el trabajo” por el cual les pagan y les premian (las dos cosas de manera ridícula) para con eso justificar (y negar) cuánta responsabilidad cargan con ellos cuando se habla de represión, violación de los derechos humanos y falta de libertades en Cuba.

Porque no puede haber represión ni dictadura sin la complicidad de “periodistas” que acepten desvirtuar la profesión hasta confundirla con la “tarea” del recadero de una facción política y hasta con la del propio represor, en tanto le presta cuando mínimo el rostro (y hasta en algunos casos el “talento”) para que aquel continúe oculto en las sombras de sus mediocridades. Parafraseando el cartel que mencioné líneas atrás: esos voceros no son prensa, ni nueva ni vieja, solo son los rostros del miedo.

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martes, marzo 23, 2021

Julio M. Shiling: El control de los medios de comunicación por parte de la izquierda. Una de las características clave de un régimen totalitario es su control monopólico de los medios de comunicación

 
Tomado de https://elamerican.com/

El control de los medios de comunicación por parte de la izquierda

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Una de las características clave de un régimen totalitario es su control monopólico de los medios de comunicación

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Por Julio M. Shiling

03.22.21

[Read in English]

Cualquier persona que no esté bajo el efecto tóxico del izquierdismo o sea un ignorante sin paliativos, sabe que los medios de comunicación están al servicio del Partido Demócrata y son un auxiliar político funcional de la izquierda. Cuando un jurista experimentado del tribunal más destacado de Estados Unidos, después de la Corte Suprema, lo dice, es una llamada de atención clara a los defensores de la libertad.

El juez federal Laurence Hirsch Silberman, de la Corte de Apelaciones de los Estados Unidos para el Circuito del Distrito de Columbia, señaló recientemente que “el aumento del poder de la prensa es tan peligroso hoy en día porque estamos muy cerca del control de estas instituciones por parte de un solo partido“, según lo citaron muchos medios, incluido Politico.  

El papel fundamental que desempeña la prensa libre en una democracia, como componente esencial de la sociedad civil, es un hecho indiscutible. Cuando los medios de comunicación abandonan sus fundamentos éticos básicos y dan prioridad al proselitismo político, la democracia está en peligro. Este punto también fue abordado por Silberman: “El control unipartidista de la prensa y los medios de comunicación es una amenaza para una democracia viable”.

Aunque este tipo de expresiones han sido poco frecuentes por parte de los juristas en el contexto histórico americano, se está convirtiendo en algo demasiado común y necesario, ya que la izquierda ha capitalizado la preferencia ideológica de los medios de comunicación en su marcha hacia el control autoritario y su pacto táctico con las Big Tech. 

El juez de la Corte Suprema, Samuel Alito, expresó en noviembre del año pasado, preocupaciones similares para la democracia americana en un discurso ante la Sociedad Federalista. En este caso, se centró en el patrón de invasión que pretende sofocar la libertad de expresión. El pasado mes de febrero, otro magistrado del Tribunal Supremo, Clarence Thomas, planteó sus objeciones y manifestó su preocupación por el hecho de que el máximo tribunal se negara a atender el caso legal de Pensilvania, que elevaba claramente las cuestiones de la actividad inconstitucional de instituciones no autorizadas en la redacción de leyes electorales. La defensa de Thomas del papel exclusivo de las legislaturas estatales en la elaboración de las normas electorales se hizo de forma contundente en un disenso abrasador. 

En la gráfica de 2005, el juez Lawrence Silberman junto al exsenador Charles Robb. (EFE)

Desde distintos ángulos, destacados juristas americanos han ido expresando cada vez más su inquietud en los foros públicos por la crisis que padece el modelo democrático de Estados Unidos. Esta situación es totalmente el resultado de la lucha asimétrica de la izquierda por deconstruir la República americana.

Silberman recomendó urgentemente la revisión del caso histórico de la SCOTUS de 1964, New York Times v. Sullivan, que elevó la carga para ganar las demandas por calumnia y difamación contra los medios de comunicación al tener que demostrar la intención de “malicia”. El juez designado por Reagan en el segundo tribunal más importante del país durante más de 35 años (Silberman), cree que el papel partidista que la prensa desempeña ahora, la descalifica para disfrutar de esa amplia protección de la Primera Enmienda. El caso del The New York Times contra Sullivan es para los medios de comunicación, lo que la Sección 230 es para las Big Tech.

En su disenso en el caso Christiana Tah, et al v. Global Witness Publishing, In, et al que se decidió recientemente, Silberman dio un vuelco a la conciencia tocando directamente las amenazas graves que suponen los medios de comunicación prácticamente monopolísticos, clasificados por una cosmovisión compartida. Abordando el problema de frente con afirmaciones como: “Dos de los tres periódicos más influyentes (al menos históricamente), The New York Times y The Washington Post, son prácticamente periódicos del Partido Demócrata”. También se abordó la difícil realidad a la que se enfrentan las plataformas conservadoras, dado el control que las Big Tech ejercen sobre la distribución del mercado.

Silberman añadió: “… aunque en los últimos años han surgido redes conservadoras advenedizas (principalmente en línea), su visibilidad se ha visto decididamente limitada por los medios sociales, ya sea mediante prohibiciones directas o censura basada en el contenido”. Este punto es fundamental. El argumento de que los conservadores y otros antisocialistas deberían simplemente crear sus propios canales de libre expresión debe enfrentarse al hecho de que las Big Tech siguen siendo, por desgracia, los guardianes de la visibilidad. Son dueñas del mecanismo de distribución.

Es reconfortante ver a juristas tan destacados unirse a la buena lucha por la libertad. La consolidación ideológica de la izquierda y su dominio de los medios de comunicación y las Big Tech tiene que ser confrontados. No hay que olvidar que una de las características clave de un régimen totalitario es su control monopólico de los medios de comunicación.  

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