miércoles, mayo 13, 2020

Dr. Alberto Roteta Dorado: CORONAVIRUS, SU COMPORTAMIENTO EN CUBA ¿REALIDAD O FALSEDAD?


CORONAVIRUS, SU COMPORTAMIENTO EN CUBA ¿REALIDAD O FALSEDAD?


Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.-
12 de mayo de 2020

Santa Cruz de Tenerife. España.- De un régimen comunista no puede esperarse nada bueno, noble, coherente y lógico. A través de la tenebrosa historia del comunismo no se ha podido demostrar lo contrario. Los múltiples ejemplos harían interminable este escrito que no pretende enfatizar en esto, sino en el comportamiento, desde mi apreciación, del fenómeno sanitario originado por la infección del coronavirus, específicamente en Cuba, nación donde según muchos, la realidad pudiera ser otra, un tanto diferente a lo que de manera oficial se publica.

Sabemos que ocultar la información forma parte del historial marxista-comunista de la historia. El desastre de Chernóbil tan tratado hace poco en series televisivas, desde una óptica investigativa muy seria, constituye un paradigma en este sentido; lo que aplicado al contexto de Cuba, cuyo régimen se ha especializado en mentir y ocultar la verdad durante décadas, puede ser fuente inagotable para las investigaciones de aquellos que preferimos el análisis serio y no la cotilla amarillista de la prensa, ni el sensacionalismo de las redes sociales

Desde mucho antes del primer reporte de casos de coronavirus en Cuba, hecho ocurrido el 11 de marzo, cuando se detectó en tres turistas de origen italiano, ya se especulaba acerca de lo que ocurriría en la nación caribeña. La prolongada espera del cierre de fronteras por garantizar la poca actividad turística, las pésimas condiciones higiénico-sanitarias, la escasez de todo, fundamentalmente de alimentos, entre otras cosas, preocupó sobremanera a todos aquellos que tenemos familiares, amigos y colegas en Cuba, no así en otros que dejando todo aspecto afectivo-humanitario prefirieron la ofensa, la burla y la especulación sin sentido. 

(Los tres pronósticos sobre la enfermedad Covid-19 ofrecidos por científicos cubanos en la mal llamada Mesa Redonda  de la televisión en Cuba. Imágenes y comentario del Bloguista de Baracutey Cubano)

En lo adelante, las autoridades sanitarias de la isla, siempre bajo la supervisión del gobierno, que a su vez es controlado por el único partido oficialista de la nación, comenzaron a informar cada día un escaso número de casos, y esto llamó demasiado la atención de los comentaristas de redes y de ciertas figuras que se destacan como promotores en estos medios, quienes en su mayoría carecen de la preparación científica y política para asumir ciertos roles de comunicadores; aunque lo hacen, ya sea por necesidad de un protagonismo del que carecen, o porque tengan las mejores intenciones, a pesar de la ausencia de herramientas capaces de ofrecer un mínimo de solidez a lo que hacen. 

Hasta el presente la mayoría de las opiniones que he revisado detenidamente coinciden en algunos puntos, de los que, el escaso número de confirmados como positivos resulta el más significativo, aunque no faltan los que afirman que el régimen de La Habana está ocultando los muertos por coronavirus bajo el ropaje de otras enfermedades como enfisema pulmonar, insuficiencia respiratoria aguda, etc.  

Quien escribe este comentario no duda de que el castrismo no solo puede ocular cifras de muertes, datos exactos, y aún más, puede manipularlo todo, incluidos datos estadísticos de otros países como Venezuela, y de Bolivia cuando los tiempos de Morales; pero al mismo tiempo quiero ofrecer mi opinión basada en la observación de un fenómeno epidemiológico, y no fundamentada en opiniones y comentarios sin elementos que puedan  demostrar posibles hipótesis

Téngase presente que no se puede hacer comparaciones de unas naciones con otras de manera descontextualizada. Comprendo que quienes alegan o escriben, sobre todo en las llamadas redes sociales, carecen de conocimientos de algo que se llama Metodología de la Investigación, rama sin la cual los estudios y análisis de tipo científico, dejarían de tener cabida en el gran campo de la ciencia.
Por ejemplo, es absurdo que comparemos a Cuba con sus pocos casos confirmados y su insignificante número de muertos por COVID-19, con España, un país del llamado primer mundo, que cuenta ya con casi 27. 000 muertes y 227.436 casos confirmados, lo que representa la mayor tasa del mundo si de número de contagiados confirmados se trata (482.87 por cada 100.000 habitantes), o con Estados Unidos, la nación considerada de mayor poderío y desarrollo económico, donde se mantuvo de manera muy sutil en parte del proceso de la pandemia, hasta que se desató un oleada imparable de casos que ha llevado a la muerte a casi 80.000 personas (242.94 por millón de habitantes). 

A Cuba se le debe comparar con las naciones del área del Caribe, de la cual forma parte. Si analizamos el comportamiento del coronavirus en África veremos que no tiene nada que ver con las características de la pandemia en Europa, como también existe una diferencia significativa  –me refiero por significativo a contrastante desde el punto de vista observacional y no porque tenga estudios con significación estadística que respalden mi observación– entre los países de Europa occidental y los de Europa oriental, tanto en cuanto a número de casos como a totalidad de muertes (Consúltese el Mapa del Coronavirus en el mundo de RTVE y comparen los datos de varias naciones del continente europeo).

El 10 de abril, a solo un mes de los primeros casos diagnosticados en Cuba, se publicó mi escrito: “CUBA, EXCELENTE “CALDO DE CULTIVO” PARA LA EXPANSIÓN DEL CORONAVIRUS”, en el que insistí en este aspecto, es decir, en las características particulares de la región del Caribe, de la que Cuba es parte, explicando desde entonces que de manera hipotética en Cuba se podían dar dos escenarios diferentes: 
1. Que siguiera un patrón similar al resto de las naciones de esta región, lo que presuponía que no se desatara la propagación del virus de un modo tan agresivo como se ha visto en muchos países de Europa. 
2. Que, lamentablemente, dadas las circunstancias sociopolíticas de Cuba (consúltese el escrito antes citado en su totalidad) se apartara un tanto del patrón caribeño y tuviera lugar una verdadera explosión de casos contagiados.


A continuación cito un fragmento de mi análisis correspondiente al 10 de abril: 
“El 28 de marzo se había diagnosticado un total de 119 casos con coronavirus y solo había 3 fallecidos. En solo doce días se ha cuadruplicado el total de casos hasta alcanzar la cifra de 515, y de 15 fallecidos, lo que representa que, de continuar con este ritmo de crecimiento, hacia el final de abril la cifra de contagiados podrá superar los 1.000 casos y los de fallecidos aproximarse a los 50 (…) el 29 de marzo, la cifra llegó a 139 contagiados, lo que representa un incremento de 110 casos en solo una semana. Hasta ese momento Cuba siguió el patrón general de su contexto geográfico al ser comparado con el resto de las pequeñas islas caribeñas, independientemente de ser mayor territorio el archipiélago cubano”. 

Hacia el final de abril se había diagnosticado cerca de 1.400 casos positivos, o sea, 400 más de que predije en el artículo publicado, y el total de fallecidos fue de 56 (día 26 de abril), esto es, solo 6 casos más de lo que describí de manera anticipada. 

De modo que se cumplió mi primera hipótesis – suponiendo que las cifras informadas de manera oficial sean, al menos, cercanas a la realidad, lo que siempre resultará dudoso dado el accionar sigiloso y el secretismo acostumbrado–, es decir, que Cuba siguiera un patrón similar al resto de las naciones de la región caribeña; lo que no significa que quien redacta este escrito tenga poderes mediumnísticos o consulte a los astros, sino que tiene profesión de médico y se ha dedicado a observar el fenómeno expansivo del coronavirus en todas partes del mundo. Esto me ha permitido la formulación de varias hipótesis de este tipo, no solo para el caso de Cuba, sino además para países de Europa como España e Italia. 

Mientras no tengamos elementos suficientes a nuestro favor de que los reportes estadísticos sean falsos no nos queda otra opción que guiarnos por las consideradas declaraciones “oficiales”, las que, sin dejar de parecernos dudosas no se apartan del patrón de los países del Caribe; excepto República Dominicana que muestra cifras de 10.347 contagiados con 388 muertos (tasa de 100.79), la única nación caribeña con una tasa tan elevada, aunque no comparable con las de algunas naciones de Europa. 

De manera general el comportamiento de algunos países del área del Caribe es el siguiente: Jamaica, 502 casos confirmados, 9 fallecidos (tasa de 17.10), Haití, 182 casos confirmados, 15 fallecidos (tasa de 1.64), Puerto Rico,116 casos confirmados, 8 fallecidos (tasa de 8.35), San Vicente y las Granadinas, 17 casos confirmados, 0 fallecidos (tasa 15.43), Antigua y Barbuda, 25 casos confirmados, 3 fallecidos (tasa de 25.96), Barbados, 84 casos confirmados, 7 fallecidos (tasa de 29.37), Bahamas, 92 casos confirmados, 11 fallecidos (tasa 24.40), Granada, 21 casos confirmados, 0 fallecidos (tasa de 18.84), San Cristóbal y Nieves, 15 casos confirmados, 0 fallecidos (tasa de 28.60), Trinidad y Tobago, 116 casos confirmados, 8 fallecidos (tasa de 8.35), lo que comparado con Cuba no resulta muy diferente al patrón general del contexto regional. Recordemos que hasta el presente Cuba reportó 1.804 casos confirmados, 78 fallecidos y una tasa de 15.59 por cada 100.000 habitantes. 

De cualquier modo, cuando todo esto termine siempre nos quedará el beneficio de la duda. ¿Acaso resultan confiables los test realizados? ¿Será representativa la muestra estudiada, esto es, a quienes se les realiza el test, del universo poblacional cubano? ¿Será necesaria la reclusión mantenida a una cantidad enorme de casos considerados como sospechosos? ¿Cómo no se propagó el coronavirus en un país cuyos habitantes permanecen en la calle buscando que comer sin respetar normas de distanciamiento y sin utilización de medios de protección?  

Y así las cosas, por ahora demos gracias a Dios porque nuestros hermanos de Cuba no han sido golpeados de manera tan enérgica por el coronavirus. De lo contrario, las consecuencias serían terribles para una nación, cuyos habitantes, en su gran mayoría, llevan una vida de supervivencia, inmersos en la inseguridad, la desesperanza, la indiferencia y la indecisión
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Naciones como Hungría, República Checa, Bulgaria, Azerbaiyán, Eslovaquia, Polonia y Ucrania, presentan tasas que oscilan entre 25 y 38 por cada 100.000 habitantes, no así Rumanía y Estonia, cuyos valores ascienden, aunque sin acercarse a los países de Europa occidental. 
También se aprecian diferencias notables cuando se analizan los países de Suramérica. Sobresalen Brasil, Perú, Ecuador y Chile, todos con elevados índices de casos diagnosticados y de muertes por coronavirus, lo que contrasta con las cifras reportadas por Uruguay, Paraguay, Bolivia, Venezuela, Colombia, Surinam y Guyana, cuyas tasas no van más allá de 25 por cada 100.000.  

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lunes, marzo 16, 2020

Mario Vargas Llosa: ¿Regreso al Medioevo?. El coronavirus será una pandemia pasajera. Lo que no pasará es el miedo a la muerte, que nos acompaña como una sombra


San Pablo. Segunda Carta a los Corintios, Capítulo 5

La morada incorruptible
51 Nosotros sabemos, en efecto, que si esta tienda de campaña –nuestra morada terrenal– es destruida, tenemos una casa permanente en el cielo, no construida por el hombre, sino por Dios. 2 Por eso, ahora gemimos deseando ardientemente revestirnos de aquella morada celestial; 3 porque una vez que nos hayamos revestido de ella, ya no nos encontraremos desnudos. 4 Mientras estamos en esta tienda de campaña, gemimos angustiosamente, porque no queremos ser desvestidos, sino revestirnos, a fin de que lo que es mortal sea absorbido por la vida. 5 Y aquel que nos destinó para esto es el mismo Dios que nos dio las primicias del Espíritu.
6 Por eso, nos sentimos plenamente seguros, sabiendo que habitar en este cuerpo es vivir en el exilio, lejos del Señor; 7 porque nosotros caminamos en la fe y todavía no vemos claramente. 8 Sí, nos sentimos plenamente seguros, y por eso, preferimos dejar este cuerpo para estar junto al Señor; 9 en definitiva, sea que vivamos en este cuerpo o fuera de él, nuestro único deseo es agradarlo. 10 Porque todos debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba, de acuerdo con sus obras buenas o malas, lo que mereció durante su vida mortal.

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¿Regreso al Medioevo?

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La peste ha sido a lo largo de la historia una de las peores pesadillas de la humanidad. El coronavirus será una pandemia pasajera. Lo que no pasará es el miedo a la muerte, que nos acompaña como una sombra
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Por Mario Vargas Llosa
15 marzo 2020

El coronavirus comienza a hacer estragos en España. O, mejor dicho, el espanto que causa ese virus proveniente de China ocupa todos los noticiarios y radios y periódicos, se cierran colegios y universidades, bibliotecas y teatros, se paralizan las Fallas de Valencia, se cancelan los plenos de las Cortes, los eventos deportivos se celebrarán sin público, pese a que los distribuidores dicen que habrá provisiones se ven semivacías las estanterías de los supermercados, lo que indica que la gente se carga de productos de primera necesidad para lo que entiende será un largo encierro, y, por supuesto, en las conversaciones privadas no se habla de otra cosa.

Todo esto, en términos prácticos, es muy exagerado, pero no hay nada que hacer: España tiene miedo y los Gobiernos, el nacional y los de las autonomías, salen al frente de la pavorosa enfermedad con medidas cada vez más estrictas que, de una manera general, los españoles aprueban e, incluso, exigen que sean más extensas e intensas. Es por gusto que las estadísticas oficiales digan que, hasta el 11 de marzo, hay apenas 47 muertes por culpa de la pandemia y que, por ejemplo, la simple gripe es más asesina que ella, pues causa por lo menos seiscientas muertes anuales, y que son muchos más los que se recuperan del coronavirus que los que perecen por culpa de él, que España tiene uno de los sistemas de salud mejores en el mundo —por encima de la media europea— y que el trabajo que vienen realizando los médicos y sanitarios en todo el país es eficiente y está a la altura del desafío, etcétera.

Jamás las estadísticas han sido capaces de tranquilizar a una sociedad roída por el pánico y ésta es una buena ocasión de comprobarlo. En medio de la civilización ha reaparecido la Edad Media, lo que significa que muchas cosas han cambiado desde entonces, pero muchas otras no. Por ejemplo: el miedo a la peste. Y, a propósito, la literatura tiene un renacer inevitable en esos períodos de miedo colectivo: cuando no entiende lo que pasa, una sociedad va a los libros a ver si ellos se lo explican. La peor novela de Albert Camus, La peste, tiene un súbito renacimiento y tanto en Francia como en España se hacen reediciones y ese libro mediocre se ha convertido en un best seller.

Nadie parece advertir que nada de esto podría estar ocurriendo en el mundo si China Popular fuera un país libre y democrático y no la dictadura que es. Por lo menos un médico prestigioso, y acaso fueran varios, detectó este virus con mucha anticipación y, en vez de tomar las medidas correspondientes, el Gobierno intentó ocultar la noticia, y silenció esa voz o esas voces sensatas y trató de impedir que la noticia se difundiera, como hacen todas las dictaduras. Así, como en Chernóbil, se perdió mucho tiempo en encontrar una vacuna. Sólo se reconoció la aparición de la plaga cuando ésta ya se expandía. Es bueno que ocurra esto ahora y el mundo se entere de que el verdadero progreso está lisiado siempre que no vaya acompañado de la libertad. ¿Lo entenderán de una vez esos insensatos que creen que el ejemplo de China, es decir, el mercado libre con una dictadura política, es un buen modelo para el tercer mundo? No hay tal cosa: lo ocurrido con el coronavirus debería abrir los ojos de los ciegos.

La peste ha sido a lo largo de la historia una de las peores pesadillas de la humanidad. Sobre todo en la Edad Media. Era lo que desesperaba y enloquecía a nuestros viejos ancestros. Encerrados detrás de las recias murallas que habían erigido para sus ciudades, defendidos por fosos llenos de aguas envenenadas y puentes levadizos, no temían tanto a esos enemigos tangibles contra los que podían defenderse de igual a igual, enfrentarlos con espadas, cuchillos y lanzas. Pero la peste no era humana, era obra de los demonios, un castigo de Dios que caía sobre la masa ciudadana y golpeaba por igual a pecadores e inocentes, contra la que no había nada que hacer, salvo rezar y arrepentirse de los pecados cometidos. La muerte estaba allí, todopoderosa, y después de ella las llamas eternas del infierno. La irracionalidad estallaba por doquier y había ciudades que trataban de aplacar a la plaga infernal ofreciéndole sacrificios humanos, de brujas, brujos, incrédulos, pecadores sin arrepentir, insumisos y rebeldes. Cuando Flaubert viajó a Egipto, todavía vio leprosos que recorrían las calles tocando campanas para advertir a la gente que se apartara si no quería ver (y contagiarse) de sus llagas purulentas.

Por eso casi no aparece la peste en las novelas de caballerías que son otro aspecto, más positivo, del Medioevo: en ellas hay proezas físicas extraordinarias, el Tirant lo Blanc derrota él solo a gigantescos ejércitos. Pero los adversarios de los caballeros andantes son seres humanos, no diablos, y lo que el hombre medieval teme son los diablos, esos demonios que escondidos en el corazón de las epidemias golpean y matan sin discriminar a culpables e inocentes.

Ese viejo terror no ha desaparecido del todo, pese a los extraordinarios progresos de la civilización. Todo el mundo sabe que, como ocurrió con el SIDA o con el Ébola, el coronavirus será una pandemia pasajera, que los científicos de los países más avanzados encontrarán pronto una vacuna para defendernos contra ella y que todo esto terminará y será, dentro de algún tiempo, una noticia mustia que apenas recordarán las gentes.

Lo que no pasará es el miedo a la muerte, al más allá, que es lo que anida en el corazón de estos terrores colectivos que son el temor a las pestes. La religión aplaca ese miedo, pero nunca lo extingue, siempre queda, en el fondo de los creyentes, ese malestar que se agiganta a veces y se convierte en miedo pánico, de qué habrá una vez que se cruce aquel umbral que separa la vida de lo que hay más allá de ella: ¿la extinción total y para siempre?, ¿esa fabulosa división entre el cielo para los buenos y el infierno para los malvados de un dios juguetón que pronostican las religiones?, ¿alguna otra forma de supervivencia que no han sido capaces de advertir los sabios, los filósofos, los teólogos, los científicos? La peste saca de pronto a estas preguntas, que en la vida cotidiana normal están confinadas en las profundidades de la personalidad humana, al momento presente, y hombres y mujeres deben responder a ellas, asumiendo su condición de seres pasajeros. Para todos nosotros es difícil aceptar que todo lo hermoso que tiene la vida, la aventura permanente que ella es o podría ser, es obra exclusiva de la muerte, de saber que en algún momento esta vida tendrá punto final. Que si la muerte no existiera la vida sería infinitamente aburrida, sin aventura ni misterio, una repetición cacofónica de experiencias hasta la saciedad más truculenta y estúpida. Que es gracias a la muerte que existen el amor, el deseo, la fantasía, las artes, la ciencia, los libros, la cultura, es decir, todas aquellas cosas que hacen la vida llevadera, impredecible y excitante. La razón nos lo explica, pero la sinrazón que también nos habita nos impide aceptarlo. El terror a la peste es, simplemente, el miedo a la muerte que nos acompañará siempre como una sombra.

Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Ediciones EL PAÍS, SL, 2020.

© Mario Vargas Llosa, 2020

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lunes, septiembre 30, 2019

Cuba, paraíso del caracol gigante africano. Las autoridades reaccionaron tarde y mal, critica el biólogo Isbel Díaz.

... el contacto con este molusco puede originar graves enfermedades. Senasa informó que tocar al caracol gigante africano puede ocasionar enfermedades como meningitis, bronquitis, trastornos intestinalesy encefalitis.May 16, 2017

CÓMO COMBATIR EL CARACOL AFRICANO


Sin embargo: 
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Cuba, paraíso del caracol gigante africano

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Las autoridades reaccionaron tarde y mal, critica el biólogo Isbel Díaz.
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AGENCIAS

Silenciosamente y sin pausa el caracol gigante africano ha invadido Cuba. Con sus conchas brillantes de vetas blancas y marrones y hasta 20 centímetros de largo, los moluscos son actualmente el enemigo público número uno de los epidemiólogos de la Isla, reporta la AP.

En los últimos meses, las autoridades cubanas movilizaron a la Defensa Civil para enfrentar a la plaga que tiene asustada a la población por su capacidad para transmitir enfermedades y dañar cultivos, al tiempo que muchos lamentan la falta de recursos y la demora en reaccionar.

"Nunca antes había sabido de ellos, pero ya están en todos lados", dijo a la AP Yusmila Marín, una enfermera de 29 años y madre de dos niños que vive en una de las manzanas más afectadas por el caracol gigante africano (Achatina fulica) en la Villa Panamericana. "De hoy para mañana comenzaron a salir y los vecinos nos preguntábamos de dónde vienen. Nos pasaban por el lado paseando, grandes, medianos, chiquitos".

Marín y unas 400 familias que habitan en una docena de edificios multifamiliares de la villa tuvieron que restringir el juego de sus hijos en los patios comunes y las pequeñas parcelas llenas de árboles de plátanos, aguacates y guanábanas de los cuales ya no obtienen frutos.

En el medio del parque, alrededor del cual se elevan las construcciones multifamiliares, hay dos enormes cisternas de agua. Allí también se metieron los moluscos, cuyas conchas quemadas o partidas por los habitantes se ven por todos lados.

 Detectado por primera vez en Cuba en 2014 en el municipio de Arroyo Naranjo, actualmente este caracol se reporta en los 15 municipios de La Habana y en casi todas las provincias del país.

(El caracol gigante africano en Cuba. AP=

Su baba y su concha albergan organismos que provocan meningoencefalitis. Aunque las autoridades niegan que se hayan registrado víctimas, han reconocido que varios de los especímenes recolectados tenían una "alta carga de parásito", informó la doctora Caridad Peña, del Ministerio de Salud, durante un programa especial en la televisión cubana para llamar la atención de la población.

También pueden provocar angiostrongiliasis, una zoonosis capaz de alojarse en el abdomen —causando daños en los intestinos y el hígado—, en el cerebro y en los pulmones, ocasionando neumonía.

Considerada una de las 100 especies exóticas invasoras más dañinas por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, el Achatina fulica es capaz de poner hasta 1.800 huevos en 12 meses con una tasa de nacimiento de hasta el 90%. Alcanza su madurez sexual prontamente y vive unos cuatro años. Por no tener predadores naturales en Cuba, y comer desde cultivos de frutas hasta basura y excrementos, crece rápidamente.

"Las condiciones en Cuba son muy favorables para el desarrollo de esta especie. La humedad, la temperatura y las lluvias son fundamentales", comentó Michel Matamoros, especialista en moluscos del Instituto de Investigaciones de Sanidad Vegetal, quien participó con Peña en el programa televisivo. "Esto hace que nuestro país sea un paraíso para el caracol africano".

Nadie tiene muy claro cómo llegaron a la Isla, pero algunos expertos especulan que fueron traídos para ser usados como ornamentos o para prácticas religiosas de origen africano.

"Es un problema de salud para los seres humanos... es un problema económico puesto que ataca a muchísimos cultivos y es un problema ecológico porque no tiene enemigos naturales y desplaza a los moluscos locales", explicó a AP Isbel Díaz, un biólogo que dirige la organización ambientalista no gubernamental Guardabosques.

Falta de voluntad y de plan

Díaz, como varios de los vecinos en la Villa Panamericana, destacaron la tardanza en reaccionar de las autoridades, las instrucciones contradictorias y la falta de recursos para combatir una plaga tan agresiva.

"Durante cinco años hubo falta de voluntad gubernamental y mal trabajo de las instituciones responsables", explicó Díaz. "Aún es insuficiente y parece obvio que no hay un plan de manejo de esta plaga a nivel institucional más que los conocidos llamados a la población a que controle los caracoles adultos como mejor pueda".

Los expertos han indicado a los ciudadanos que recolecten los moluscos, los destruyan o quemen y que luego los entierren en envases herméticos. Muchas personas entendieron que estos recipientes debían ser de plástico, lo que ocasionó más problemas por la carga contaminante de ese material.

También se recomendó sumergirlos en agua con sal, pero la población se queja de no contar más que con lo que les da el Estado para la cocción de alimentos. Y la cal, que podría usarse como alternativa, es difícil de conseguir.

Una publicación oficial informó recientemente que el caracol gigante africano es comestible si se cocina bien, preferiblemente en olla de presión, pero en la Isla no hay costumbre de consumir este tipo de especies.

Ante la gravedad de la situación, desde mediados de año las autoridades organizaron una comisión de trabajo multidisciplinaria integrada por los ministerios de Salud Pública, Educación, y Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, así como el Instituto de Investigaciones de Sanidad Vegetal que está dirigida por la Defensa Civil.

El equipo comenzó un trabajo de concientización con cortos y programas especiales en televisión y carteles en las escuelas, al tiempo que convocó a voluntarios para erradicar a los caracoles.

Marín y sus vecinos ya se juntaban desde hace más de un año cada 15 días y recogían por lo menos dos tanques repletos de caracoles. Aunque la labor ha dado resultado, pues se observan menos moluscos y de menor tamaño, el problema está lejos de resolverse.

El ambientalista Díaz sostuvo que esas acciones deberían estar controladas por personas capacitadas —ya que algunas recogen los ejemplares sin siquiera colocarse guantes— y tendrían que ser los organismos estatales especializados los encargados de eliminar a los caracoles.

"Es un reto muy difícil. Ningún país ha logrado controlar la plaga y Cuba no la erradicará tampoco ni a corto ni a mediano plazo", lamentó Díaz. "Pero es imperativo que a nivel nacional se diseñe una estrategia para detener su expansión, impedir que acceda a los cultivos, a las áreas protegidas de alto valor ecológico y a las comunidades humanas".


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