viernes, septiembre 18, 2026

Miguel Sales Figueroa escribe La Estafeta del Güikén (III): El Informe Harvard sobre Cuba y el fentanilo de los intelectuales

El Informe Harvard sobre Cuba y el fentanilo de los intelectuales

La religión es el opio del pueblo.

Karl Marx

 El marxismo es toda una religión, en el más impuro sentido de la palabra.

Simone Weil

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En 1955, Raymond Aron publicó El opio de los intelectuales, a juicio de muchos críticos uno de los libros de política y sociología más importantes del siglo XX. El título de este nada modesto artículo mío rinde tributo a la enorme contribución aroniana a la búsqueda de la verdad y trata de arrimar la brasa de su clarividencia a nuestra maltrecha sardina caribeña.

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 Por Miguel Sales

Málaga, España

16 de septiembre de 2026

El Informe del Grupo de Trabajo de Harvard sobre el futuro de Cuba acaba de ver la luz esta semana. Aunque no he tenido acceso al texto íntegro, he leído atentamente el resumen publicado por la institución. Son unas 20 páginas, 15 de las cuales se consagran a una minuciosa descripción de la realidad actual del país, lo que podría considerarse la parte expositiva, y las cinco finales están dedicadas a las soluciones propuestas, que vienen a conformar la parte ejecutiva del documento.

Debo señalar que los autores del Informe Harvard integran una impresionante nómina de intelectuales y activistas, mayoritariamente cubanos de la Isla y la diáspora. Profesores universitarios, dirigentes de oenegés y especialistas de diversas ramas, que durante seis meses han trabajado “para examinar la crisis que enfrenta [sic] Cuba y elaborar recomendaciones para abordarla”. Es de lamentar que la mala calidad de la traducción española no haga justicia a tanto esfuerzo de cogitación.

Tras glosar las características de la crisis multisectorial que padece la población cubana en todos los ámbitos -escasez de servicios sociales, educativos y sanitarios; deterioro de infraestructuras, colapso del sistema energético, el transporte y la distribución de agua, falta de alimentos y combustibles y un largo etcétera de penurias harto conocidas por cualquiera que se mantenga al tanto de lo que ocurre en la Isla- , los autores emiten un juicio categórico sobre el origen de la situación, lo que un epígrafe denomina “El problema fundamental”:  “La crisis cubana afecta a múltiples áreas de la vida nacional, pero al centro de la misma hay un problema político: la existencia de un gobierno cuya legitimidad se ha erosionado profundamente, fruto de su propia ineptitud, de su incapacidad de dar respuesta a los problemas fundamentales del país, de prácticas represivas en la gestión del disenso ciudadano y de estructuras autoritarias e inmovilistas que obstaculizan el emprendimiento, la creación artística y cultural, la actividad científica y educacional, y el debate sobre cualquier tema importante o sensible”. [Los subrayados son míos].

Hasta aquí, la claridad es meridiana. Aunque previamente se ha mencionado la repercusión de medidas adoptadas por el gobierno estadounidense como factores agravantes de la crisis, el párrafo citado no deja dudas acerca de la responsabilidad del régimen cubano en la génesis del problema: un sistema anacrónico de partido único y economía ineficiente, que se mantiene en el poder mediante la represión y el encarcelamiento de quienes discrepan y el vaciamiento demográfico de la Isla.

El Informe analiza luego algunos de los mecanismos mediante los cuales el régimen cubano tergiversa los preceptos constitucionales. Según los autores, “la Constitución vigente, aprobada en el 2019, supuestamente consagra un estado de derecho, pero funciona en la práctica como sostén de un estado autoritario […] El sistema político está dominado por un partido único que, según afirma el artículo 5, ‘es la fuerza política dirigente superior de la sociedad y del Estado’” . Todo lo anterior configura un ordenamiento político “irrevocable”.  Esa estructura típica del Estado totalitario hace que “numerosos derechos (pensamiento y expresión, prensa, asociación, libertad de movimiento) sean sistemáticamente violados por las autoridades”.

Es importante este reconocimiento explícito de que la Constitución vigente es, en el mejor de los casos, un documento inane, incapaz de garantizar a la ciudadanía los derechos al uso en cualquier régimen democrático. Porque, como veremos más adelante, el recurso al andamiaje institucional constituye una de las muchas contradicciones entre la parte expositiva y las propuestas concretas que se formulan en la última sección. Como bien saben los cubanos, todos los artículos de la Constitución contienen, de manera explícita o implícita, una coda o coletilla en la que se aclara que su aplicación queda supeditada al interés superior del Estado socialista. Los derechos y las libertades que supuestamente se consagran en el ordenamiento jurídico están sujetos siempre a la conveniencia del Partido Comunista.

La parte más polémica del Informe Harvard llega en la última sección del documento, con las conclusiones y recomendaciones que pretenden contribuir a la acción futura en pro de la transición democrática. Porque los autores del Informe plantean la necesidad de que las autoridades cubanas no solo participen en ese tránsito sino que dirijan su evolución, fijen su calendario y orienten sus resultados.

Eso se llevaría a cabo mediante un sistema de toma y daca, en el que el régimen adoptaría paulatinamente normas liberalizadoras a las que Estados Unidos y la comunidad cubana en el exterior responderían con medidas que aliviarían las graves carencias de todo orden que padece hoy la población de la Isla. Así, el gobierno cubano aceptaría amnistiar a unos 1.300 presos políticos (de los comunes nada se dice, aunque hay miles de reclusos de derecho común condenados por delitos como el sacrificio de ganado, la tenencia de moneda extranjera o el ‘acaparamiento’ de bienes de consumo) y a cambio de esa medida de clemencia habría “una respuesta inmediata, positiva y contundente de la administración americana [sic] para frenar los peores efectos de la crisis humanitaria que vive el país, empezando por la eliminación de sanciones contra los suministros de combustibles”. Nótese la acumulación de adjetivos en torno a la presunta respuesta estadounidense.

La serie de cambios que empezaría con la amnistía conduciría, según el Informe, al restablecimiento “del estado de derecho inscrito en la Constitución vigente, a pesar de sus limitaciones” y propiciaría la instalación de un gobierno de transición que la ciudadanía consideraría legítimo.

En esta fórmula de avenencia –“estamos hablando de soluciones por vías pacíficas”, recuerda el texto – “las autoridades cubanas deben tomar la iniciativa y convertirse en facilitadoras”.

Este método se basa en la idea de que el gobierno cubano, autor, como el propio Informe reconoce, del desastre que aqueja al país desde hace décadas, estaría ahora en disposición de aplicar medidas que vulnerarían su sistema de control y represión, a cambio de ayuda exterior. Lo que los jerarcas del castrismo se han negado a hacer durante 67 años, lo harían de buen grado para acceder a suministros de combustible y comida. Y no solo eso, sino que además emprenderían un proceso de democratización que culminaría en el desmantelamiento del aparato represivo del régimen, la redacción de una nueva Constitución y la celebración de elecciones libres y pluralistas.

La premisa inicial ya resulta bastante inverosímil. Si el régimen comunista ha regido el país con mano de hierro, indiferente al sufrimiento de la población, por más de seis decenios, ¿por qué desmontaría ahora la cadena de mando y control a cambio de gasolina y pollo congelado? Porque la amnistía de 1.300 presos políticos no sería otra cosa que la renuncia a una pieza esencial del aparato represivo, una larga cadena que empieza en los comités de delatores del barrio (CDR) y pasando por la policía política, las brigadas de respuesta rápida y las tropas de Ministerio del Interior, termina en el goulag isleño, compuesto por cientos de cárceles, granjas de reeducación y campos de trabajo forzado.

La otra pregunta que viene al espíritu al leer esta propuesta es ¿por qué el gobierno de Cuba no promulgó ya motu proprio esa amnistía hace 15, 10 o 5 años, cuando no estaba sometido a la misma presión? La respuesta más lógica es: porque los presos siempre han sido y son una moneda de cambio, de la que es posible sacar algún rédito, mediante indultos parciales o ‘regalándolos’ a los mandatarios o figuras famosas que visitan la Isla y se interesan por ellos. Durante años, cada uno de los ‘amigos de Cuba’ que quiso solicitarlo, -Mitterrand, Cousteau, Ted Kennedy- recibió su cuota de presos excarcelados, como prueba de la clemencia del gobierno revolucionario… que tres días después ordenaba una nueva redada para rellenar las existencias. Resulta difícil no asociar esta pauta de comercio de rehenes con la sugerencia que el documento plantea como medida inicial del proceso negociador.

A la amnistía seguirían otras medidas de ambos gobiernos para escalonar los cambios. Todo eso se llevaría a cabo en un periodo indeterminado cuya duración el documento no especifica y que “en el mediano y largo plazo” desembocaría en la ya citada nueva Constitución y la celebración de elecciones. La Constitución vigente, a pesar de sus evidentes deficiencias y su carácter fraudulento, (“funciona en la práctica como sostén de un estado autoritario”) serviría como hoja de ruta de un proceso cuyo calendario y modo de ejecución quedarían al arbitrio de las autoridades cubanas.

Según los autores del Informe, “pasos [sic] iniciales como una amnistía señalarían claramente que los cubanos, todos, cualquiera que sea su ideología, trayectoria, raza, género, religión u orientación sexual, hacen parte [sic] de la comunidad nacional. La Cuba ‘con todos y para todos’ de Martí. Diversa, plural, múltiple, transnacional”. Aparte de la mutilación del apotegma martiano, las afirmaciones precedentes hacen hincapié en el sesgo de inclusión, igualdad y diversidad (DEI) que el Informe desearía imprimir al futuro de Cuba, bajo los auspicios del Partido Comunista. La estrategia basada en la lucha de clases y el dominio de la vanguardia del proletariado ha quedado obsoleta. Ahora urge implantar las políticas identitarias, la ecología anticapitalista y la barra libre a las migraciones.

No se olvide de que “estamos hablando de soluciones por vías pacíficas”. Buenismo, angelismo y pacifismo gozan de buena prensa en los medios de izquierda de América y Europa occidental. Constituyen casi siempre una postura loable, salvo cuando sirven para prolongar la esclavitud y el sufrimiento. Como señaló a principios del siglo XX el poeta Patrick Pearse, mientras los irlandeses luchaban para independizarse del Imperio Británico, “hay cosas más horribles en la vida que la violencia y la esclavitud es una de ellas.”

En las escuelas de la República, a los niños cubanos nos hicieron aprender una canción que dice lo mismo: “en cadenas vivir es vivir en afrenta y oprobio sumido”.

La fórmula de avenencia propuesta en el Informe Harvard promete la prolongación sine die de la afrenta y el oprobio implantados en Cuba hace 67 años por un régimen totalitario. Sin mencionar ni en una sola línea la justicia real y la reparación debida a las víctimas, que deberán aceptar mansamente la convivencia con sus antiguos verdugos. De ahí que las soluciones propuestas hagan hincapié en la justicia social y otros conceptos etéreos, como inclusión, igualdad y diversidad, característicos del wokismo, pero soslayen asuntos medulares como las vulneraciones a la vida, la libertad, el derecho a la propiedad privada y otras prerrogativas humanas esenciales, perpetradas por el régimen castrista a lo largo de varias décadas.

El final previsible de un proyecto así sería un poscastrismo a la rusa, con un partido hegemónico que controle la falsa pluralidad democrática y una nueva clase de hijos y nietos del régimen que dominen la economía y la política, en connivencia con elementos afines del exilio. El marxismo sacralizado o neocomunismo que predomina en Harvard -el de la DEI, las políticas de género y la ecología anticapitalista- tiene más probabilidades de prosperar en un contexto como ese, que en un país donde el Partido Comunista haya sido barrido del poder por medios más expeditivos. 

Dejar la recuperación de las libertades y los derechos de los cubanos al arbitrio del PCC, la familia Castro y sus subalternos no es precisamente una idea muy luminosa. Resulta desconcertante que, para llegar a esa conclusión, la Universidad de Harvard haya necesitado el trabajo de una docena de expertos durante medio año. El Departamento Ideológico del PCC podría haberles servido un resultado idéntico, en menos tiempo y a un costo netamente inferior.

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 Post scriptum- Hace 20 años, en 2006, terminé un libro que la editorial Verbum publicó al año siguiente con el título El poscastrismo y otros ensayos contrarrevolucionarios, firmado con el pseudónimo Julián B. Sorel. Por entonces yo era funcionario de la UNESCO y no podía usar mi nombre real en una publicación de este tipo.

En el volumen figura un ensayo titulado Rectificación de la República, que contiene un largo comentario sobre los programas de los grupos de oposición que operaban en la Isla. En la página 128 escribí lo siguiente:

  “Si yo tuviera la suerte de tener 20 años -que por desgracia no tengo- y tuviera la desgracia de vivir en Cuba -que por suerte tampoco tengo- creo que me agradaría leer un documento programático o de consenso de una sola página, que propusiera con palabras sencillas más o menos lo siguiente:

 Amnistía inmediata de todos los presos políticos

Abolición de la pena de muerte

Reforma de la Constitución y el Código Penal, para suprimir todas las cláusulas que violan, por la letra o por el espíritu, los preceptos de la Declaración Universal de Derechos Humanos

Convocatoria, en un plazo máximo de seis meses, de elecciones generales, abiertas a todos los partidos y bajo supervisión internacional

Formación de un parlamento y un gobierno que reflejen las preferencias de la ciudadanía, expresadas en las urnas

Redacción de una nueva Constitución, que el gobierno someterá a referendo, y elaboración posterior de los nuevos códigos legislativos

Reforma del poder judicial.

 Ese documento ideal dejaría todas las demás medidas a cargo del gobierno y el parlamento legítimos que saldrían de los comicios. Esta sería la manera más simple de devolver a cada ciudadano su soberanía personal, que desde hace medio siglo ve sacrificada en aras de la soberanía nacional”.

 Por supuesto, en ningún punto de mi ensayo se planteaba la posibilidad de que esas medidas corriesen a cargo del gobierno o del Partido Comunista de Cuba, y mucho menos que “las autoridades cubanas deban tomar la iniciativa y convertirse en facilitadoras”, como postula el Informe Harvard. Las ideas adelantadas en mi libro estaban dirigidas explícitamente a la oposición porque, “si los cubanos que afronten la era poscastrista carecen de ideas nítidas acerca de los efectos que el revolucionarismo ha ejercido sobre la historia del país, si no están conscientes de cuáles han de ser las competencias y los límites del Estado en una sociedad moderna, si no han puesto en claro sus creencias acerca Estados Unidos e ignoran la función que ese país ha desempeñado en Cuba desde el siglo XVIII, nunca llegarán a elaborar y adoptar un nuevo proyecto de nación que sea, como planteaba Renan, un plebiscito cotidiano y que les permita superar definitivamente la resaca de la era castrista”. (p.131)

Las 150 páginas de mi libro El poscastrismo… las escribí en dos meses, recluido en la antigua casona de mi amigo Dennis Rousseau, en un pueblito encantador del centro de Francia. No contaba con una docena de colaboradores, aunque me habría gustado tenerlos.  

Cualquier parecido con trabajos o informes posteriores sobre el futuro de Cuba es pura coincidencia. O no

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Opinión  breve, clara y alta de Bismary Bacallao sobre el Informe del Grupo de Trabajo de Harvard

 

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ErnestoMiami

15 de septiembre, 2026

El Informe de Harvard sobre Cuba: Lo bueno, lo malo y lo feo

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martes, agosto 06, 2024

Roberto Álvarez Quiñones: El madurismo-castrismo no cederá por las buenas. Nicolás Maduro y sus mafiosos cuentan con la maquinaria represiva, logística, política y de contrainteligencia de la tiranía castrista.

El madurismo-castrismo no cederá por las buenas

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El pueblo venezolano, para restablecer la democracia, no solo choca contra Maduro y sus mafiosos, sino también contra la maquinaria represiva, logística, política y de contrainteligencia de la tiranía castrista.

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Por Roberto Álvarez Quiñones

Miami

04 Ago 2024

El fraude electoral colosal del dictador Nicolás Maduro y sus apandillados fue bien preparado mucho antes del 28 de julio. La propia convocación a elecciones fue un gran embuste, como lo fueron las "negociaciones" en México y los acuerdos de Barbados.

Fueron maniobras para, aprovechando la debilidad del presidente Biden, conseguir que EEUU quitase o aliviase las sanciones y liberase a su testaferro Alex Saab, oxigenar la economía venezolana, y aflojar la presión internacional sobre Venezuela.

Lo que pasó fue que el plan sorpresivamente falló y la trampa quedó al descubierto. Falló porque militares con la orden de no dejar que opositores entraran como testigos en los centros de votación no obedecieron. Y María Corina Machado recibió más del 80% de las actas de los centros de votación, que muestran el alucinante fraude.

Ya descubierto el fraude, Maduro se atrinchera en el poder porque se siente blindado ante cualquier intento de golpe de Estado. Porque su dictadura no es "normal", no es igual a las tantísimas habidas en América Latina en su larga historia de autocracias desde los albores de la independencia hace 200 años.

El madurismo ensamblado con el castrismo da Cubazuela

Y ahí está el detalle. El madurismo está ensamblado con el castrismo, la única tiranía totalitaria-comunista en la historia continental. Ella es su tutora, guía y protectora, con miles de cubanos en suelo venezolano como agentes de inteligencia, esbirros "segurosos", funcionarios políticos expertos en conspiraciones, altos oficiales militares y represores, incluyendo generales y coroneles.

También hay francotiradores y hasta batallones de combate cubanos. Hasta hace poco se sabía que uno de ellos estaba acantonado en Fuerte Tiuna, el corazón militar del país, según la periodista Sebastiana Barráez, especialista en temas militares de Venezuela.

No ha habido jamás autocracia alguna en el Nuevo Mundo con la abrumadora vigilancia y control sobre las fuerzas armadas como la que se ejerce hoy en Cuba y en Venezuela. Es por esa imbricación mutua que muchos hablan de Cubazuela.

La Habana, con su labor de vigilancia y delación dentro de las fuerzas armadas venezolanas, impide que prospere una conspiración militar. Ah, y la seguridad personal del capo Maduro está a cargo del MININT castrista.

O sea, el pueblo venezolano, para restablecer la democracia, no solo choca contra Maduro y sus mafiosos, sino también contra la maquinaria represiva, logística, política y de contrainteligencia de la tiranía castrista, la peor en la historia de América. Sin esa injerencia fidelista-raulista militar Maduro habría caído hace rato, como han caído los dictadores típicos latinoamericanos.

Las autocracias militares se arraigaron en Latinoamérica inicialmente como hijas legítimas del caudillismo heredado de España, en hibridación con el caciquismo precolombino, y después en el siglo XX inspiradas con los vientos nacionalistas fascistoides que llegaban de Alemania, Italia, España y Portugal (el "Estado Novo").

Han sido tantos los dictadores, que hay en la literatura latinoamericana un género llamado "Novela del Dictador", con decenas de obras de grandes escritores, incluyendo tres Premios Nobel (Gabriel García Márquez, Miguel Ángel Asturias y Mario Vargas Llosa) y un Premio Cervantes (Alejo Carpentier).

Los peores dictadores no entregan el poder por las buenas

Podría decirse que con las dictadura "normales", tradicionales, se cumple la frase bíblica de "qui in gladio occiderit, gladio peribit" (quien a hierro mata, a hierro muere).

Desde el más célebre tirano del siglo XIX, Napoleón Bonaparte (fue hecho prisionero en Santa Elena), pasando por el también célebre Juan Manuel de Rosas, de Argentina (1829-1832, y 1835-1852), hasta hoy, los más connotados y sanguinarios "hombres fuertes" latinoamericanos han sido derrocados militarmente, salvo excepciones muy singulares como la de Augusto Pinochet, quien en 1988 convocó un plebiscito para continuar en el poder, convencido de que iba a ganarlo, y lo perdió. Reconoció su derrota y meses después fue electo Patricio Aylwin como presidente de Chile.

La propia Venezuela recibió el siglo XX bajo la dictadura del general Cipriano Castro, quien asaltó el poder en 1899 tras derrocar al general Ignacio Andrade, quien a su vez había derrocado al general José Manuel Hernández.

Cipriano gobernó hasta 1908, cuando fue derrocado por el general Juan Vicente Gómez, quien gobernó hasta su muerte en 1935. En 1952 otro general, Marcos Pérez Jiménez, dio un golpe de Estado y gobernó hasta enero de 1958, cuando fue derrocado por militares.

En el resto de Latinoamérica también han sido sacados a la fuerza los dictadores más letales, como Rafael Leónidas Trujillo (República Dominicana), Anastasio Somoza (Nicaragua), Jorge Videla (Argentina), Gerardo Machado y Fulgencio Batista (Cuba), Manuel Antonio Noriega (Panamá), Jean-Claude Duvalier (Haití), Humberto Castelo Branco (Brasil), Alfredo Stroessner (Paraguay), Marcos Pérez Jiménez (Venezuela), Juan Velasco Alvarado (Perú), Gustavo Rojas Pinilla (Colombia) Jorge Ubico y Carlos Castillo Armas (Guatemala), Juan María Bordaberry (Uruguay), José María Velasco Ibarra y Guillermo Rodríguez Lara (Ecuador), Porfirio Díaz y Victoriano Huerta (México).

El "Socialismo del siglo XXI", engendro del dueto Chávez-Fidel

Sin embargo, la dictadura chavista, incluso por su origen mismo, no es tradicional en el contexto histórico latinoamericano. Hugo Chávez llegó legítimamente al poder en elecciones, luego de fracasar en su intento de golpe de Estado contra el presidente Carlos Andrés Pérez en febrero de 1992.

Precisamente yo estuve en Caracas como periodista en octubre de 1992 y escuché una grabación de Chávez desde la cárcel en la residencia de un rico empresario de apellido Godínez, o al menos así me lo presentaron.

Para mi sorpresa, luego de finalizar la grabación repleta de populismo, demagogia y melifluas promesas para el "futuro de la patria", varios de los venezolanos allí presentes, incluyendo a Godínez, muy emocionados me dijeron: "ese es el hombre que necesita Venezuela". Y se referían a Chávez como presidente electo y no a otro golpe de Estado. Y así mismo ocurrió seis años después.

Por eso pienso que Fidel Castro hizo a Chávez una "sugerencia", convencido de que "el modelo cubano ya no funciona ni siquiera para nosotros". Le recomendó no acabar con toda la propiedad privada en Venezuela —como hizo él (Castro) el 13 de marzo de 1968—, enmendar la Constitución y, con los ingresos del petróleo y la propiedad privada fuertemente controlada por el Estado, la población venezolana no sufriría las penurias de los cubanos, podría reelegirse por las buenas o por las malas y, "de paso", seguir regalando petróleo a Cuba.

Si Fidel Castro no le hizo esa "recomendación" a su ahijado Hugo, al menos eso es lo que más se parece al "Socialismo del Siglo XXI" impulsado por Chávez, consciente de que la lucha armada era un disparate y la cosa era llegar al poder en elecciones democráticas.

Maduro, un oficial de la inteligencia cubana desde los años 80

Otro detalle importante: cuando Chávez estaba en La Habana a punto de morir su intención era dejar como sustituto a Diosdado Cabello. Pero su jefe político, Fidel Castro, le "aconsejó" que designara a Nicolás Maduro, por la sencilla razón de que el exchofer de ómnibus urbanos era desde los años 80 un activo de la inteligencia cubana.

Maduro fue reclutado en La Habana cuando se nutría de comunismo y subversión en la Escuela Superior del Partico Comunista de Cuba Ñico López. O sea, Maduro era el hombre de Cuba en Venezuela, como oficial del Departamento América del Partido Comunista de Cuba, el brazo principal de la red castrista de subversión contra las democracias latinoamericanas.

En cuanto a la dramática crisis en Venezuela, se habla de que las negociaciones secretas que sostienen Lula, Petro y López Obrador con la cúpula madurista y con Washington podrían terminar con un acuerdo "Ganar-Ganar", que reconozca la victoria electoral opositora a cambio de no perseguir ni enjuiciar a los principales jerarcas de la dictadura.

Una huelga general podría causar la necesaria fractura militar

No confío mucho en esos mediadores aliados hasta ayer de Maduro, ni tampoco mucho en una clara y fuerte posición de la Administración Biden. Pero ojalá ese acuerdo se lograse.

Ahora bien, si la oposición política venezolana, hoy más unida que nunca, sigue presionando a fondo y todo deriva en una huelga general indefinida que paralice al país, nadie podría ya impedir la necesaria fractura en las fuerzas armadas. Los militares con mando directos de tropas y no vinculados al narcotráfico podrían obligar a Maduro aceptar la derrota.

Claro, puede que todo se desarrolle de forma muy diferente, como casi siempre ocurre. Lo que sí es ya un hecho es que luego del 28 de julio de 2024 la dictadura en Venezuela está en su fase terminal, como lo está su nodriza castrista.

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MARÍA CORINA MACHADO  AHORA Y ANTES CONTRA LA TIRANÍA

 CHAVISTA-MADURISTA

 6 de agosto, 2024

Maria Corina Machado en entrevista con Chente Ydrac

(La entrevista sólo dura 26 minutos y 25 segundos, pero se repite en el video)


ENCONTRONAZO ENTRE MARÍA CORINA MACHADO Y HUGO CHáVEZ


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Tomado de https://www.infobae.com/

María Corina Machado publicó  en la noche del día después de las elecciones la página web para verificar las actas de votación de la elección presidencial en Venezuela. La dictadura venezolana aún no ha publicado las actas.

Machado publicó en su cuenta de X el enlace que lleva a la página web https://resultadospresidencialesvenezuela2024.com/ que fue abarrotada en forma inmediata de solicitudes y perdió su capacidad de respuesta. “Son millones de ciudadanos en Venezuela y en el mundo que quieren ver que su voto cuenta… Los equipos técnicos pronto restablecerán el acceso


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Nota del bloguista de Baracutey Cubano

Este artículo  es anterior al fraude electoral del 14 de abril de 2013 donde Nicolás  Maduro  ¨ganó ¨  las elecciones.
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Tomado de http://www.urgente24.com

Fidel/Maduro: En Cuba hasta '87, con Chávez desde '92
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Nicolás Maduro Moros fue entrenado en la isla de Cuba: su compromiso con los Castro Ruz es anterior a Hugo Chávez Frías, a quien conoció en 1992, regresado de su permanencia en La Habana. No es un dato menor considerando la especial relación que hay entre Venezuela y Cuba..
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Grupo de estudiantes en una tabacalera en La Habana (Cuba), en el año 1987. Israel Silva (segundo izq.) y Nicolás Maduro (derecha).


N. de la R.: Diario del Huila, en Neiva, Colombia, es un matutino muy interesante por varios motivos. Uno de ellos es que lo comandan 3 mujeres (María Pía Duque Rengifo, la directora), Luisa María Duque (la gerente general) y Liliana Chávarro Cabrera (gerente comercial). La presencia masculina es Germán Hernández Vera (editor general). En el matutino participa con frecuencia el lingüista Israel Silva Guarnizo, director ejecutivo de la dinámica Asociación de Cooperativas y Empresas Solidarias del Huila (Asocoph), quien desempolvó el archivo y expuso su historia en Cuba, estudiando en la Escuela de Formación Política junto al venezolano Nicolás Maduro Moros. Curiosidad: Asocoph fue fundada en 1992, el año en que Maduro, regresado de Cuba, se conoció con Hugo Chávez Frías. Detrás del recuerdo social que refleja la nota, hay varios interrogantes para hacerse acerca del vínculo real entre Maduro Moros y los hermanos Castro Ruz.


por FAUSTO MANRIQUE

NEIVA, Colombia (Diario del Huila). Desde 1992, cuando se convirtió en un activista a favor de la liberación del entonces militar golpista Hugo Rafael Chávez Frías, el revolucionario Nicolás Maduro Moros forjó una estrecha amistad con el fallecido mandatario venezolano que, al parecer, se ha mantenido más allá de la tumba.

En esa época también conoció a su actual esposa, la abogada y política Cilia Flores, que en ese tiempo ejercía la defensa de Chávez y que recientemente renunció a su cargo como Procuradora General de la Nación.

Sin embargo, seis años antes de esos sucesos que lo acercaron al poder y a formar su familia, tuvo la oportunidad de hacer parte de la Escuela de Formación Política cubana y en su capital estudió durante un año con otros jóvenes dirigentes de América del Sur, Centroamérica, el Caribe y África.

En ese espacio tuvo la oportunidad de relacionarse con Israel Silva Guarnizo, que por esos tiempos militaba en la Juventud Comunista (Juco) y fue escogido para hacer parte de ese selecto grupo que recibió formación en filosofía marxista, economía política, historia de América Latina, historia de la Revolución Mexicana, entre otras cátedras.

“Era una selección que se hacía a los distintos miembros de la organización con el fin de ir a estudiar de manera dedicada entre los años 1986 y 1987, cuando pudimos compartir con distintos jóvenes de las organizaciones políticas de izquierda en América Latina”, recuerda Silva Guarnizo, director ejecutivo de la Asociación de Cooperativas y Empresas Solidarias del Huila (Asocoph).

En el grupo donde estaba este huilense y el ahora Presidente encargado de Venezuela, que era el de América del Sur, también habían representantes de Colombia, Venezuela, Ecuador, Argentina, Chile, Uruguay, Brasil y Paraguay.

(Nicolás Maduro en  Varadero)

Para el dirigente del sector solidario fue una experiencia muy importante desde el punto de vista de tener allí a distintas personas de variadas ideologías que “confluíamos a estudiar de manera académica y de enriquecimiento intelectual porque éramos distintas tendencias de pensamiento las que estábamos representadas en esa oportunidad, en una época en donde la discusión, el debate y la lucha ideológica en el mundo estaba relacionada con dos grandes bloques, el socialista, liderado por la Unión Soviética y Cuba, y el capitalismo en cabeza de Estados Unidos”.


La Liga Socialista

Nicolás Maduro, de Venezuela e integrante del grupo de América del Sur, pertenecía a la Liga Socialista, una organización juvenil del Movimiento al Socialismo. Más adelante, entre 1991 y 1998 se desempeñaría como conductor en el Metro de Caracas, donde llegó a dirigir su sindicato y como tal, fue miembro de la junta directiva de esa empresa pública.

Su pensamiento se refleja en una de las fotos que conserva Israel Silva en su álbum de recuerdos de esa amplia jornada de estudio latinoamericano. El 23 de octubre de 1986, escribió en el anverso de la imagen: “Una foto para el recuerdo de un espacio de la vida, en que los caminos se cruzaron, en el primer territorio donde la libertad le cagó la cara al imperialismo”. Se refería a su amada Cuba y a la Escuela de Formación Política.

“Obviamente se destacaba mucho, tenía una posición bastante crítica, muy analítico, pero además, también era muy eufórico, como son en buena medida los venezolanos y caribeños. Tengo una buena imagen y una muy buena referencia de sus posiciones ideológicas. Su forma de pensar, a mi manera de ver, era muy radical desde el punto de vista de defender sus ideas”, anota.

Durante ese año no solo compartieron amplias jornadas de estudio, también se encontraron en muchos espacios fuera del aula: las playas en Varadero, conciertos en La Habana y visitas a villas como Sancti Spíritus.

“Esas son anécdotas importantes en la vida de las personas. Yo tuve la fortuna de haber estudiado con él, de haber compartido. Hoy en día él es el Presidente de Venezuela, seguramente aspira a ser reelegido y es satisfactorio haber conocido personas como Nicolás Maduro y hoy encontrarlo en la Presidencia de su país”, dice Silva Guarnizo.

El dirigente huilense se siente orgulloso de haber estudiado con Maduro y de que esté defendiendo sus ideas en un país como Venezuela, que busca cambios sociales y políticos en América Latina.

“Toda esa formación y esa ideología que tuvimos la oportunidad de compartir entre los años 1986 y 1987 creo que todavía no se ha perdido y los que no estamos en esas posiciones tan altas como él, pero que estamos haciendo grandes esfuerzos, también somos motivados a seguir planteando nuevas realidades, formas de pensar que cambien la sociedad”, reflexiona.

Una persona alegre

Maduro Moros es recordado por sus compañeros de estudio en Cuba y en el mundo, no solo por su espeso bigote y su aparente calma, sino porque es una persona muy alegre, pero además, muy solidaria. “Yo debo decir que su alegría era permanente, del típico costeño que se reía, que jugaba y charlábamos. Con nosotros estuvo un venezolano que llegó mucho después que habíamos empezado las clases. Arribó tarde y en unas condiciones económicas difíciles que traía de Venezuela”, asevera.

El dirigente del sector solidario huilense recuerda que tan pronto conocieron las complicadas condiciones económicas del estudiante venezolano, hicieron el ejercicio de apoyarlo y Nicolás Maduro fue muy solidario con él.

“Aunque era joven, notábamos que Maduro tenía ciertas condiciones económicas mejores y le prestó mucha ayuda y colaboración a su compatriota venezolano”, expresa.

Conformaron un grupo con Maduro Moros, Silva Guarnizo, otro venezolano, con ecuatorianos y brasileños, con los que compartían de manera frecuente. Con el paso del tiempo llegaron a conocer y aprender las palabras autóctonas de cada país.

Una de las remembranzas de Silva Guarnizo es un concierto en La Habana en donde escucharon a Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, Mercedes Sosa y Fito Páez. En esos años había un auge de la música latinoamericana y de la trova cubana.

Desde el término de estudios en Cuba, en 1987, han pasado casi 26 años y nunca tuvieron la oportunidad de hablar nuevamente con ninguno de los integrantes del grupo de América del Sur, de la Escuela de Formación Política. La verdad, considera que por su condición actual será más complicado reunirse.

“Lo que puedo decirle a Nicolás Maduro es que ojalá le vaya muy bien. Que logre seguir encausando toda esa lucha de defensa, de trabajar en función de los sectores más excluidos. Lo que puedo desearle es muchos éxitos, que continúe mejorando las condiciones de los venezolanos”, dice Israel Silva.

Y por último, critica que algunos medios y políticos solo han salido a decir que fue un conductor de bus y que seguramente no será capaz de dirigir el país. “Pero siento que él, política e ideológicamente, tiene muy claro su propósito en el Gobierno de Venezuela. Creo que el haber estado como canciller, luego como vicepresidente y ahora como Presidente encargado, le da todo el bagaje para que pueda gobernar el vecino país”

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Published on Mar 27, 2013

Los Ortega de Nicaragua, Morales en Bolivia, Mujica en Uruguay, y hasta el propio Lula da Silva han recibido apoyo o han mantenido una estrecha relación con el Departamento América del Comité Central de Cuba, aseguró Hernando, ex analista de información de la Inteligencia cubana.

Según el ex oficial, el Dpto analiza las características de cada líder latinoamericano para entonces comenzar a relacionarse, darle apoyo y prepararlo en su futuro político, como en el caso de Nicolás Maduro, quien recibió entrenamiento en Cuba.

Otros han recibido refugio y apoyo logístico en La Habana por parte de las autoridades cubanas.

A continuación el cuarto segmento de las declaraciones de Hernando, ex analista de información de la Inteligencia Cubana.

La Inteligencia cubana conoció primero a Maduro que a Chávez

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(Video 4)

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