miércoles, febrero 19, 2020

Dr. Alberto Roteta Dorado: EL CORONAVIRUS Y LAS CALUMNIAS DEL CASTRISMO (II)


EL CORONAVIRUS Y LAS CALUMNIAS DEL CASTRISMO (II)


Por Dr. Alberto Roteta Dorado
18 de febrero de 2020

Santa Cruz de Tenerife. España.- El número de infectados por el coronavirus en China asciende a 70.550, solo en China; mientras que las muertes se han incrementado a 1.700 personas en el mundo, según los más recientes reportes de este lunes 17 de febrero. 

La neumonía de Wuhan, COVID-19 o 2019-nCoV, es la infección respiratoria originada por una clase de virus perteneciente a la familia Coronaviridae, algunos de los cuales pueden ser causa de diversas enfermedades en humanos, que van desde el resfriado común hasta el SRAS (síndrome respiratorio agudo severo). Los virus de esta familia también pueden causar varias enfermedades en los animales, incluyendo a domésticos como el gato

En la primera parte de este trabajo traté el tema de la manipulación que se hace desde el seno del castrismo respecto a esta enfermedad desde la postura política de un reportero del oficialista diario Granma, quien de manera inescrupulosa hizo un derroche de idolatría al ya desaparecido dictador cubano Fidel Castro, a la vez que ponía en tela de juicio al gobierno de Estados Unidos respecto a la posible creación de la nueva modalidad vírica en laboratorios estadounidenses. 

Nada más alejado de la realidad toda vez que se acaba de confirmar que un laboratorio de San Diego asegura estar ya muy cerca de la obtención de una vacuna contra el terrible virus; lo que pudiera aplicarse al inicio del verano, una  vez que se pase de la fase experimental con animales de laboratorio a su aplicación en humanos. 

En esta segunda parte veremos el controversial asunto acerca de un medicamento que la propaganda castrista presenta como un verdadero milagro. Dicho medicamento es el interferón alfa-2b, el cual se produce en Cuba y se utiliza en el tratamiento de algunas enfermedades de origen viral.

En primer lugar es necesario precisar que este fármaco no es una invención o descubrimiento cubano, algo que con frecuencia se deja entrever. El interferón alfa 2b se descubrió originalmente en el laboratorio de Charles Weissmann en la Universidad de Zúrich. Fue desarrollado en Biogen, y finalmente comercializado por Schering-Plough bajo el nombre comercial Intron-A; aunque ya desde 1957 se había comenzado las investigaciones del Interferón por Alick Isaacs y Jean Lindenmann, en el Instituto Nacional para la Investigación Médica en Londres. 

No fue hasta 1986 que los laboratorios cubanos desarrollaron en el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB) el interferón alfa 2b humano recombinante, es decir, cuando ya en el mundo desarrollado se había aplicado con relativo éxito en varias enfermedades de origen vírico y en diversos tipos de cáncer, aún cuando no se conoce con exactitud en muchos casos la esencia de su mecanismo de acción como agente antiviral e inmunomodulador.  

En esencia que este fármaco que ahora, en medio de la epidemia del coronavirus, el régimen de La Habana presenta como la panacea del momento porque China lo ha utilizado en algunos casos de infección por coronavirus, no es en modo alguno un descubrimiento cubano, sino una obtención en laboratorios de lo que ya hacía décadas se había logrado en el mundo.    

El asunto comenzó cuando el propio presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, hizo referencia desde las redes sociales, a las que es tan aficionado, a que China utilizaba el producto “cubano” en el tratamiento de la infección respiratoria por coronavirus; lo que resulta cierto dado que existe un convenio de colaboración y una transferencia de tecnología hecha por el CIGB a China cuando se creó en 2003 la empresa mixta chino-cubana ChangHeber, con sede en la ciudad de Changchun. Luego de diez años fue inaugurada una planta para la fabricación de productos biotecnológicos de creación cubana, incluyendo el citado interferón alfa 2b recombinante. 

Es cierto que el fármaco es empleado en China; aunque no se conoce con exactitud si está siendo empleado de modo protocolar en todos los casos o de manera aleatoria o según criterios médicos en algunos pacientes. Donde comienza la propaganda castrista – siempre con sus tendencias egocéntricas y megalomaníacas heredadas del viejo dictador cubano– es cuando presentan dicho fármaco como el milagro del momento

No es cierto que China salvara a miles de casos por el empleo de dicho fármaco. El interferón alfa 2b es solo una posibilidad más que puede ayudar a personas infectadas por virus, por cuanto, según la Información Española de la Droga, tiene propiedades antivíricas, antiproliferativas e inmunomoduladoras; aunque inespecíficas, esto es, no constituye un fármaco de elección frente al coronavirus, aunque si puede ser empleado frente a la presencia de enfermedades causadas por múltiples virus, dentro de los cuales se encuentran los coronavirus. 

No obstante, las indicaciones principales de este medicamento, de acuerdo a MedlinePlus e Institutos Nacionales de la Salud/Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos, están limitadas a: infección crónica de hepatitis C, infección crónica de hepatitis B, leucemia de células pilosas, verrugas genitales, sarcoma de Kaposi, melanoma maligno y linfoma no Hodgkin folicular, entre otras pocas enfermedades.  

Dichos estudios advierten que el interferón no puede curar las formas de hepatitis citadas antes, ni se conoce con exactitud cómo funciona para curar las verrugas genitales y el cáncer; aunque precisan que puede utilizarse en el tratamiento de la hepatitis D, cáncer de células basales de la piel, y cáncer renal.    

Luego de revisar detenidamente un grupo de publicaciones científicas médicas comprobé que en ninguna se hace mención al “milagro cubano” conocido como interferón alfa 2b, y si pude precisar que se insiste en que, hasta el presente no hay ningún tratamiento médico efectivo o vacuna contra el virus actual del coronavirus; excepto la vacuna que acaban de obtener científicos estadounidenses, y no chinos, ni cubanos, en laboratorios de San Diego, aunque como ya precisé antes, aun no se encuentra en fase de disposición para ser empleada en humanos

La tergiversación de la información y la presencia de mensajes subliminales resultan extremadamente nocivas. Esto lo conocen los defensores del decadente régimen castrista, quienes son verdaderos expertos en el arte de engañar con la creación de falsas noticias, o al menos, con titulares sugerentes que luego no terminan por definirse con exactitud. En este sentido el medio oficialista Cubadebate publicó con el título: “Antiviral cubano es utilizado en China para contrarrestar el coronavirus”, lo que, sin duda, da la imagen ideal para que los lectores se crean que el fármaco cubano está haciendo milagros por el mundo, cuando en realidad solo se ha empleado de manera paliativa y experimental sin que se puedan demostrar los resultados de la “panacea” cubana.  
     
En dicho espacio digital se afirma que el Interferón alfa 2b es uno de los fármacos usados por China en los tratamientos aplicados a enfermos de la epidemia, siendo uno de los 30 medicamentos escogidos por la Comisión Nacional de Salud de este país “por su potencial para curar la afección respiratoria”, citando las palabras del embajador Carlos Miguel Pereira; aunque en su más reciente entrevista, de este 17 de enero, decidió hacer un derroche de palabrería comunista: altruismo, abnegación, esfuerzos mancomunados, vencimientos de batallas, combates de epidemias, etc. y dejar a un lado al interferón – tal vez a modo de corregir sus desatinadas afirmaciones anteriores respecto al empleo de dicho fármaco–. 

De cualquier modo, todo parece indicar que el interferón cubano usado en China no está dando los resultados tan poderosos que resaltan los medios de la isla, esto es, “contrarrestar el coronavirus” como se dijo en Cubadebate, por cuanto, el número de muertos se incrementa cada día, excediendo en China (según reportes del 17 de febrero) los 1.770, al propio tiempo que el número de casos infectados asciende a los 70. 548 (solo en China). En Hubei han extendido a 24 millones las personas con restricción de movilidad y se prevé el cierre de unas 200.000 comunidades rurales.

Y así las cosas, una vez más el régimen castrista haciendo de las suyas en medio de una epidemia que pone en riesgo la estabilidad mundial según lo dispuesto por la Organización Mundial de la Salud ante la amenaza que representa la infección por el coronavirus COVID-19 o neumonía de Wuhan. Primero difamando del gobierno de los Estados Unidos respecto a una posible creación in vitro de la nueva variante vírica (consúltese la primera parte de este escrito), luego a través de la difusión del empleo de un fármaco de producción cubana que no cura, ni “contrarresta” dicha infección como aseveraron autoridades del régimen y replicaron los medios oficialistas de prensa. 

A un sistema que ha conducido a su pueblo a la miseria más espantosa poco puede interesar la propagación de una enfermedad que promete seguir expandiéndose en el mundo. 

El único fin del castrismo es vender su “producto mágico” para que sigan en ascenso las arcas del régimen a partir de lo que se han empeñado en llamar “logros” de la medicina cubana. 


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viernes, febrero 14, 2020

Dr. Alberto Roteta Dorado: EL CORONAVIRUS Y LAS CALUMNIAS DEL CASTRISMO ( I )


EL CORONAVIRUS Y LAS CALUMNIAS DEL CASTRISMO ( I )



Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.-
13 de  febrero, 2019

Santa Cruz de Tenerife. España.- Las enfermedades infecciosas están descritas desde tiempos muy remotos. Tal vez las condiciones higiénico-sanitarias en el pasado no eran las mejores – como lo siguen siendo, lamentablemente, hoy día en muchos países del llamado tercer mundo–, lo que facilitaba la aparición cíclica de epidemias por doquier. Recordemos en este sentido la peste bubónica, la terrible epidemia que azotó al continente europeo ocasionando la pérdida de un tercio de su población durante el siglo XIV, y más recientemente, en el siglo XIX las miles de muertes ocasionadas por la tuberculosis infecciosa. 

El mejoramiento de las condiciones higiénicas a partir del conocimiento de las diversas vías de transmisión de las enfermedades infecciosas, así como el descubrimiento y la puesta en marcha de los antibióticos, determinaron un radical viraje en el curso de la historia de la humanidad en este aspecto. No obstante, no todos los procesos de esta naturaleza han podido ser controlados, y mucho menos erradicados toda vez que contra las enfermedades causadas por virus se ha podido avanzar relativamente poco, al menos si se le compara con el vertiginoso éxito logrado con las infecciones originadas por bacterias, hongos y parásitos.

Por estos días llegan continuamente a nosotros noticias y reportes acerca de lo que promete convertirse en el suceso médico más trascendental en lo que va de siglo. Me refiero a la infección por Orthocoronavirinae, más conocido por su forma abreviada y más popular de Coronavirus – por el hecho de que su estructura recuerda a una corona real–, enfermedad infecciosa respiratoria, altamente contagiosa, que hasta el presente ha costado la vida a más de 700 personas en el mundo. 

En toda China continental se han registrado 3.399 nuevas infecciones confirmadas, lo que eleva el número total a 31.774, según reporte del 7 de febrero; aunque en las últimas 24 horas (reporte del día 13 de febrero) el coronavirus se ha cobrado en China otras 254 muertes; mientras que 15.152 personas han sido confirmadas como infectadas, elevando el total de muertes por la epidemia a 1.621 y el de casos a 67.678, según la Comisión Nacional de Salud de este país asiático. 

Pero no es un análisis estadístico o una disertación científica de la enfermedad causada por el terrible virus lo que trataré en este escrito. Para estos asuntos hay ya muchos expertos del área de la ciencia médica encargados de mantenernos al tanto del progreso de la epidemia, así como de las posibles medidas a tener en cuenta desde el punto de vista preventivo. 

Mi análisis va encaminado a abordar, al menos, dos aspectos en relación con la infección por coronavirus y las implicaciones políticas del régimen cubano, cuyos principales líderes y sus serviles lacayos ya empiezan a hacer de las suyas. 

Un maligno titular del medio oficialista Granma reza así: Coronavirus, ¿otra acción de terrorismo biológico? El escrito va firmado por Orfilio Peláez Mendoza, premio nacional de Periodismo Científico 2015 por la obra de toda la vida, y presidente del Círculo de Periodismo Científico de la Unión de periodistas de Cuba (UPEC). Dicho escrito ha sido replicado en varios medios oficialistas provinciales y muchos de los seguidores del régimen se han encargado de colocarlo en las redes sociales. 

Destaqué lo del periodismo científico porque a pesar del perfil de este tipo que decidió asumir el reportero de Granma, quien es hijo del oftalmólogo y científico cubano Orfilio Peláez Molina, su escrito es la antítesis de lo que podemos considerar como ciencia, aunque si un ejemplo de servilismo y sumisión al castrismo, de idolatría y adoración al dictador Fidel Castro, y una excusa politizada para atacar, una vez más, al mal llamado imperialismo yanqui. 

Veamos pues, el porqué de mi afirmación. Orfilio Peláez utiliza como referencia una cita del periodista español Patricio Montesinos, quien maneja de una manera demasiado antiética y anticientífica la idea de que el gobierno estadounidense pudo haber creado en sus laboratorios el germen causante de la enfermedad, amén de haberla utilizado como arma biológica de la llamada guerra comercial de Washington contra China. Cito a continuación las palabras de Montesinos: 
“¿No es muy sospechoso que haya aparecido el coronavirus en China y que Washington lo haya introducido para debilitar a lo que muchos ya consideran la primera potencia económica mundial, por encima del hasta ahora imperio del mal liderado por Trump?”

Confieso que es uno de los más grandes disparates que he leído en los últimos tiempos. Al parecer el académico español, quien llamó a su Blog personal “Antiimperialista y luchador de la Patria Grande” – refiriéndose a Latinoamérica–, así como el periodista cubano antes citado, desconocen, o prefieren desconocer, que el Gobierno de Estados Unidos destinará más de 100 millones de dólares a China y a otras naciones afectadas por la enfermedad, amén de colaborar con el país asiático en acciones conjuntas encaminadas a detener el avance de la epidemia, algo que acaba de afirmar el Secretario de Estado, Mike Pompeo. Además el propio presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, se refirió a los esfuerzos del gobierno chino en la dura campaña para enfrentar al coronavirus. 

También han preferido ignorar que científicos del Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos (NIAID) consideran que una vacuna contra el nuevo coronavirus (2019-nCoV) podría estar lista para la etapa inicial de pruebas en humanos en tan solo tres meses (dato del 24 de enero), lo cual, contradice la absurda idea de que el gobierno estadounidense esté detrás del inicio de la actual epidemia a partir de una creación in vitro del coronavirus. 

No existe ningún escrito científico publicado hasta el presente (13 de febrero de 2020), al menos de los tantos consultados por quien redacta este escrito, que haga referencia a semejante disparate, y por el contrario, si hay múltiples reportes acerca de la colaboración conjunta entre los gobiernos de ambos países, esto es, Estados Unidos y China, en relación a acciones para poner fin a la neumonía de Wuhan, COVID-19 o 2019-nCoV.  

Resulta anticientífico, además, por el hecho de que lo afirmado por el español Montesinos es asumido literalmente por el cubano Peláez como una teoría. En este sentido cito a Peláez: “Un artículo publicado en su blog personal por el periodista español Patricio Montesinos maneja la teoría de que el coronavirus pueda ser un germen creado en laboratorios de Estados Unidos, como arma bacteriológica de la guerra comercial desatada por Washington contra China”.

Le recuerdo a Orfilio Peláez que desde el punto de vista científico hay dos categorías parecidas, pero diferentes. Una cosa es la hipótesis, esto es, la posibilidad, la suposición de la que debe partir cualquier investigación, y otra es la teoría, esto es, cuando lo asumido de manera hipotética se ha podido comprobar mediante evidencias científicas irrefutables y demostradas mediante la investigación sistemática. 

De modo que esta estúpida idea solo podrá tener cabida en las desequilibradas mentes de los fanáticos de la izquierda que ven por doquier al fantasma “imperial” haciéndoles sombra. 

Nada de hipótesis, y mucho menos teorías, respecto a la creación in vitro del virus del coronavirus por parte del gobierno estadounidense, que, lejos de crear y difundir al agente causal de la epidemia actual, está contribuyendo mediante la ciencia y la investigación a detener la propagación de lo que hasta el presente constituye una grave amenaza para la humanidad.  

Sucede que, ni los españoles – que lamentablemente simpatizan demasiado con la izquierda–, ni los cubanos,* han hecho nada en pos de poder erradicar, o al menos atenuar, lo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró este 30 de enero como un riesgo de salud pública de interés internacional. 

Finalmente Peláez se contradice – lo que hace aun más anticientífico su escrito– cuando afirma que no hay demostración alguna respecto a la participación del gobierno de Estados Unidos en lo que han llamado una acción terrorista: 
“No existen evidencias en este momento de que el coronavirus forme parte de una acción terrorista biológica de Estados Unidos, pero la práctica de ese país y las declaraciones de algunos de sus más altos funcionarios lleva al periodista Patricio Montesinos en su enjundioso artículo a preguntarse: «¿No es muy sospechoso que haya aparecido el coronavirus en China y que Washington lo haya introducido para debilitar a lo que muchos ya consideran la primera potencia económica mundial, por encima del hasta ahora imperio del mal liderado por Trump?»”.

De la propaganda del régimen comunista de Cuba respecto a la utilización del Interferón Alfa-2b en China, como tratamiento contra la infección por coronavirus trataremos en una segunda parte de este trabajo.   
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*Como es lógico me refiero a los gobiernos de ambos países, a las comunidades científicas y a las autoridades sanitarias, que son, quienes en última instancia pudieran contribuir a la detención de la infección por el coronavirus. 

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