miércoles, octubre 02, 2024

José Ariel y la herencia de los Contreras. Michel Contreras desde Cuba sobre el ex pitcher de Grandes Ligas José Ariel Contreras

 Tomado de https://www.cubanet.org

José Ariel y la herencia de los Contreras

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Casi siempre con el ‘52’ en medio de la espalda, dondequiera que se presentó llevó consigo aquellas artes para inspirar respeto desde la sobriedad más espontánea.

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José Ariel Contreras con los Chicago White Sox. (Foto: MLB)

Por Michel Contreras

Septiembre 30, 2024

LA HABANA, Cuba.- Por allá por el año 2017, Contreras (el pitcher de Grandes Ligas) se encontró en Pinar del Río con Contreras (el que escribe este texto). Se fundieron en un abrazo donde intercambiaron tres o cuatro elogios. Entonces, entre risas, el lanzador hizo alusión a la famosa herencia que, supuestamente, le tocaba a todo el que llevara el apellido.

—Y entonces, pariente, ¿cuándo van a repartir el dinero de la herencia de los Contreras? —preguntó.

—Ya lo hicieron, compadre. Te la llevaste toda al firmar por 32 millones con los Yankees.

Desde sus casi dos metros de estatura, el estelar rompió en una estruendosa carcajada. Luego nos dimos unos tragos y hablamos largamente de pelota. Pedro Luis Lazo estaba con nosotros y también el hoy difunto Jesús Guerra, su mentor, quien descubrió el talento del moreno y lo salvó de envejecer a pie de surco en Las Martinas.

Los minutos que caben en dos horas me bastaron para quedar eternamente impresionado con la sencillez de aquel guajiro millonario. Vestía sin estridencias. Hablaba como si susurrara. Gesticulaba, dije un día, con lentitud de bandoneón.

Me contó que al llegar al club house de los Yankees llevaba una bolsita con su guante y unos spikes manchados de tierra colorada. Que le dieron una taquilla —wow!— entre la de Mariano Rivera y Roger Clemens. Que Derek Jeter era un increíble compañero de equipo. “El mejor que he tenido después de mi perro”, enfatizó apuntando a Lazo con el índice.

Lazo y Contreras son hermanos. Crecieron juntos en los terrenos nacionales, brillaron codo a codo, y se dicen “mi perro” con la naturalidad que otros se llaman “tanque”, “asere” o “bro”. En su momento devinieron las Torres Gemelas de Vegueros y el Team Cuba, se combinaron para obsequiar escones de ‘ponchaos’ y oxigenaron la leyenda de una pelota que, en ese entonces, era venerable.

Una década duró la dinastía de la yunta, y se hubiera extendido mucho más de no ser porque Contreras torció el rumbo. Lazo permaneció en la Isla y acabó convirtiéndose en el máximo ganador de juegos de los campeonatos domésticos; más atrevido, él desertó en México, brincó a los Estados Unidos, cobró la plata que le correspondía al apellido y coronó con un anillo de la Serie Mundial. Todo eso en un lapso de tres años.

Lástima que desembarcó en la MLB con más de treinta abriles. Sin embargo, le dio tiempo a lucir: total, tiraba noventa y tantas millas sostenidas, tenía una buena slider, un tenedor brutal, y podía lanzar cada uno de esos envíos en todos los conteos. Dicho radicalmente, un crack.

Así se hizo inmortal. Casi siempre con el ‘52’ en medio de la espalda, dondequiera que se presentó llevó consigo aquellas artes para inspirar respeto desde la sobriedad más espontánea. No gritaba, no asumía poses de perdonavidas ni ensayaba miradas de asesino en serie. Carecía del fuego interior de su “perro”, pero imponía disciplina con el látigo que Dios puso en su brazo de lanzar.

Cuando se dice José Ariel Contreras, hay quien piensa en un tipo sudoroso que dominaba uno tras otro a sus contrarios. Hay quien saca a relucir que no pudo triunfar en los Yankees, y quien ve el lado positivo apostillando que ganó tres juegos en la postemporada 2005, incluyendo el de la victoria sobre el mítico Clemens.

En mi caso, lo primero que atino es a acordarme de que una vez, en el número 268 de la calle Martí, me senté a disfrutar de una charla con el tipo más sencillo de este mundo. Ese día, como digo a cada rato, yo cobré (y con propina) la herencia de los Contreras.

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Contreras: "Si me hubieran arreglado mi casa a lo mejor NUNCA pisaba un terreno de Grandes Ligas"



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viernes, junio 04, 2021

Video. ¡Se quedó el pitcher cubano Lázaro Blanco! El Vikingo & Ebro LIVE

 
Tomado de https://cubanosporelmundo.com/

Tercer strike: Lázaro Blanco abandona la selección de Cuba y se queda en Miami (VIDEO)

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El pitcher cubano no se presentó al checking de su vuelo y dijo que no regresaría a Cuba ni jugaría para el equipo de los Saraperos del Saltillo, en México

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Por  María Carolina Urdaneta

4 de junio, 2021

El lanzador Lázaro Blanco, considerado el mejor pitcher de Cuba, decidió quedarse en Miami, Florida, tras el primer encuentro del certamen preolímpico de béisbol de las Américas.

Aunque el pitcher de 35 años tenía previsto marcharse a la ciudad de Saltillo, México, para incorporarse al equipo de los Saraperos junto con Carlos Juan Viera, decidió irse del aeropuerto.

En declaraciones al periodista cubano Yusnaby Pérez, de Telemundo 51, Lázaro  Blanco manifestó su agradecimiento por poder quedarse en la Florida aunque ello signifique que no continué en el béisbol. “Lo importante es que me siento bien por la decisión que he tomado, le doy las gracias a Dios y estoy contento por estar aquí”, expresó el jugador gramense.

“Yo he tomado la decisión de no regresar a Cuba, dándole gracias a Dios por este paso que he dado de estar aquí en este país y jugar en cualquier liga. No solamente en Grandes Ligas. Vengo a probarme en cualquier liga que me da la oportunidad que es lo fundamental. El béisbol lo llevo en la sangre”

Lázaro Blanco, el mejor pitcher cubano en la actualidad

El granmense constituía la principal figura del pitcheo cubano desde hace varios años. De hecho, Lázaro Blanco fue elegido el mejor lanzador de la Serie del Caribe de Béisbol 2019. La mayor promesa del pitcheo nacional jugó con anterioridad en la Liga Can-Am, de Canadá, y con el Club Chiriquí, de Panamá.

“El derecho de Yara” o “el Caballo de Hierro” era mostrado por las autoridades como un ejemplo de atleta que no había renunciado a jugar para la Isla.

Ahora, Lázaro Blanco se convierte en el tercer miembro de la delegación que abandona la selección durante el preolímpico de béisbol.

La primera deserción fue protagonizada por César Prieto, quien se fugó apenas pisó el aeropuerto de Miami la semana pasada. Este  miércoles, justo antes de que los peloteros abordaran su vuelo de regreso a la isla, el psicólogo del equipo, Jorge Sile Figueroa, también decidió quedarse en Florida.

Se conoció que el motivo por el cual Lázaro Blanco no había regresado con el resto de sus compañeros a La Habana, es que tenía un contrato para esta temporada con los Saraperos del Saltillo, de la Liga Mexicana de Béisbol, por lo que debía tomar el vuelo este viernes.

Redacción Cubanos por el Mundo

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AmericaTeVeCanal41

Junio 4, 2021

Pitcher cubano Lázaro Blanco confiesa por que decidió quedarse en Miami


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Francys Romero

Junio 4, 2021

Entrevista realizada por Yordano Carmona de Pelota Cubana USA al pitcher cubano Lázaro Blanco luego de que publicara en mi cuenta de Twitter a las 3.30 sobre la decisión de no regresar a Cuba y tampoco ejercer la opción de incorporarse con los Saraperos de Saltillo en México. 

Gracias a Carmona, por concedernos la posibilidad de reproducir intégramente esta conversación en nuestro canal.

 Primera entrevista del pitcher cubano Lázaro Blanco (35) tras decidir quedarse en EE.UU.


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UniVista TV

Junio 4, 2021

 Habla Lázaro Blanco tras quedarse en Miami. Entrevista exclusiva en #UniVistaTV

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UniVista TV

4 de junio, 2021

#ElVikingoYEbroLive #Cuba #LazaroBlanco

Programa completo: ¡Se quedó el pitcher cubano Lázaro Blanco! El Vikingo & Ebro LIVE



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martes, septiembre 27, 2016

¨ fue de la pesadilla comunista a vivir el sueño americano¨. Palabras del Senador Marco Rubio ante el Senado por la muerte de José Fernández


Rubio sobre José Fernández: fue de la pesadilla comunista a vivir el sueño americano

Palabras del Senador Marco Rubio ante el Senado por la muerte de José Fernández.

Señor Presidente,

Desperté temprano en la mañana del domingo para enterarme de una noticia común en la Florida: dos navegantes habían perdido la vida en un accidente. En ese momento sus nombres no eran conocidos.

Sucede muy a menudo en la noche y en esta época del año. Un par de horas después, mientras conducía hacia la iglesia, me pasaron un mensaje de texto que no pude leer hasta que nos estacionamos. Decía que el pitcher Todos Estrellas de los Marlins de Miami había perdido la vida en un accidente marítimo, y de inmediato lo relacioné con el (anterior) accidente. Comprendí que los tres navegantes habían perdido la vida.

Su muerte, con tan sólo 24 años de edad, no sólo ha devastado a su familia, sino que también ha tenido un extraordinario impacto en nuestra comunidad. Ha estremecido a los Miami Marlins, tanto a la organización como a sus aficionados. Ha conmocionado a Tampa, Florida, donde jugó al nivel de secundaria, y a las comunidades del sur de la Florida donde vivió y dejó su huella.

Ha tenido un profundo efecto de profundidad en las comunidades de inmigrantes y, por supuesto, en todo el mundo del béisbol. Su talento era incuestionable, aunque sólo tuvo una breve, pero brillante carrera en las Grandes Ligas.

Había jugado apenas un año. Los últimos dos años él se había lesionado, había regresado y había tenido un año mejor que el 2013 cuando fue el Novato del Año. Era un joven destinado a una distinguida carrera que yo creo lo habría llevado al Salón de la Fama y quizás a lo largo del camino a un par de campeonatos.

Pero es interesante cómo su impacto ha ido mucho más allá de lo que se podría pensar de un jugador de béisbol.

¿Por qué la muerte de este joven ha llevado a tal desbordamiento de muestras de dolor por una comunidad? Es de lo único que se habla. Para entenderlo usted tendría que entender su historia.

No conocí a José Fernández, y sin embargo me siento como si lo conociera. Así es como se sienten millones de personas. Nunca lo conocieron, pero sienten que lo conocían. Y sienten que lo conocían porque su historia, su familia, su pasión, es a fin de cuentas nuestra historia. Como cubano-americanos, como estadounidenses.

En estos momentos la mayor parte de la Nación ya ha visto los tributos y las conmemoraciones a José, las imágenes de lo que logró en el terreno de juego y la manera en que le conocieron la mayoría de los aficionados al béisbol, como José Fernández, el beisbolista con dominio, el fenómeno, el Novato del Año, el dos veces Todos Estrellas.

Como beisbolista, había pocos mejores que José. Pero fuera del terreno, como ser humano, hijo, nieto, compañero, vecino, yo creo que él era incluso mejor que todo lo que sabemos.

Nació en Santa Clara, Cuba, en un lugar donde se juega a la pelota con ramas y piedrecitas. Pasaba incontables horas bateando piedrecitas con ramas de árbol. Su madre lo llevó a un estadio de pelota, y a una temprana edad empezó a mostrar un talento especial.

Cuando ya era un adolescente, del mismo modo que más de un millón de cubanos en los últimos 50 años, José se enfrentó a una difícil alternativa. Después de 13 intentos su padrastro había desertado y se había labrado una vida en Tampa. Ahora José podía quedarse en Cuba, un lugar que, hasta hoy, sigue siendo gobernado por un régimen despótico, dónde tu talento y tu trabajo sólo te pueden llevar tan lejos como lo decidan dictadores no electos.

O podía arriesgarlo todo por una oportunidad de tener libertad. Y corrió el riesgo. No en una, sino en cuatro ocasiones. Tan desesperado estaba por dejar aquella isla que se arriesgó a cruzar el Estrecho de la Florida en embarcaciones que apenas navegaron a unas millas de la costa. El gobierno cubano lo encarceló por tres meses.

Tenía 14 años de edad en aquel momento. Fue encerrado en una celda con delincuentes habituales. Un niño, entre los peores. Luego vino un cuarto intento. Pero en lugar de un breve y traicionero trayecto a Miami, escogieron un viaje más largo y peligroso a México.

En un momento, en el bote remecido por fuertes olas, escuchó como si algo cayera al agua. Vio a alguien agitando las manos a unos 60 pies. No sabía quién era, pero saló al agua para salvar a aquella persona. Fue sólo cuando pudo acercarse que se dio cuenta de que la persona que había caído por la borda era su madre.

Recordaba que había nadado hacia ella. Finalmente llegó a su lado. La calmó y le dijo: "Agárrate de mi espalda pero no me empujes hacia abajo. Vamos despacio y llegaremos".

Ella se aguantó de su hombro izquierdo. Con el brazo derecho, por cierto, el de lanzar, él braceó. Nadó 15 minutos de regreso al bote en medio de olas que luego describió como 'estúpidamente grandes" y consiguió salvarse a sí mismo y a su madre. José tenía 15 años.

Antes de que Estados Unidos conociera a José Fernández, antes de que sus lanzamientos le ganaran millones de dólares, contra todo pronóstico, con tan sólo 15 años de edad, este joven que iba a ser José se estaba revelando.

La parte más difícil de su vida estaba aún por llegar. Porque como tantos inmigrantes sus primeros años aquí fueron difíciles. Pasó trabajos, se sintió abrumado. Estaba desamparado y solo y extrañando a su familia, especialmente a su abuela, a quien una vez llamó "el amor de mi vida".

Dijo que fue el período más difícil de su corta vida, más duro que el tiempo que pasó durante el período en Cuba en que intentaba abandonar el país. Pero lo pudo superar y eventualmente abrió sus propias avenidas como estrella del diamante en su escuela secundaria en Tampa. Los cazatalentos tomaron nota.

Antes del reclutamiento de las Grandes Ligas en 2011 los “scouts” publicaron un informe sobre él. Obtuvo una alta calificación por sus proezas deportivas. Lo que lo distinguía era la valoración sobre su aplomo y agresividad. "Exuda confianza." Nada de miedos. Y no era alarde o arrogancia. Era el tipo de serena seguridad en sí mismo que proviene de un muchachito que había conocido la vida, y que sabía de la libertad y del cautiverio, y que había vivido más intensamente la vida a sus 19 años de lo que un niño debería.

Finalmente llegó a las Grandes Ligas con los Marlins y se pudo ver enseguida a un hombre bendecido con un talento digno del Salón de la Fama, y la ética de trabajo de la gente humilde, un niño que entendía y agradecía cuán bendecido era.

Uno de los logros que más enorgullecían a José ─de hecho decía que era su mayor orgullo─ no provenía del diamante de béisbol. Lo sabemos porque él nos lo dijo. El año pasado José se convirtió en ciudadano de los Estados Unidos. Después de eso declaró: "Este es el más importante de mis logros. Ahora soy ciudadano estadounidense. Uno de ellos. Desde ahora me considero libre. Agradezco a este maravilloso país por darme la oportunidad de ir a la escuela aquí y aprender el idioma y lanzar en las Grandes Ligas. Es un honor ser parte de este país, al que respeto tanto".

José sabía. Él sabía cuán especial y afortunado y bendecido había sido él y somos nosotros. Él sabía cuán improbable había sido su viaje desde las ramas y piedrecitas en Santa Clara a las más brillantes luces del espectáculo, desde estar preso en Cuba hasta un equipo de las Grandes Ligas, de vivir una pesadilla comunista a vivir el sueño americano.

Es por eso que su muerte ha afectado a tantos, y tan duro. Porque la historia de José era nuestra historia. Porque recuerda a muchos en mi comunidad a alguien que conocen, un hermano, o un hijo, o un sobrino.

José no sólo nos representaba a todos nosotros los que tuvimos la suerte de vivir nuestro sueño americano, representa muchos otros que nunca lo lograron, los que yacen en tumbas sin nombre a lo largo del Estrecho de la Florida, los que enviaron a sus hijos a Estados Unidos esperando reunirse con ellos más tarde y nunca volvieron a verlos, los que perdieron la esperanza que la vida en Cuba pudiera volver a ser lo que era.

Lo quisimos y nos enorgullecimos de él un poco más que la mayoría, pero José no pertenecía solamente a los cubano-americanos. Este joven de Santa Clara, Cuba, jugando al béisbol en el mismo equipo con peloteros de la República Dominicana, de Mobile, Alabama, de Panorama, California, José, era el orgullo de Miami.

Pertenecía a cada aficionado que adoraba verlo lanzar. Cuando Miami veía a José en el montículo veía algo más que un gran triunfo. Veíamos sus esperanzas, sueños y aspiraciones. Todo lo que somos y lo que podríamos ser, y nos decíamos: así debe ser el sueño americano. Y sí que era el sueño americano, vivo y saludable.

Por razones diferentes y en diferentes maneras este joven significó mucho para muchos de nosotros. Ahora, con la misma rapidez con que llegó a nuestras vidas, justo cuando empezaba a madurar y a desarrollar todo su potencial deportivo, justo cuando empezábamos a conocerlo, ha desaparecido.

En su momento de inimaginable dolor, quiero dar las gracias a su familia por haberlo traído a este mundo, por darle la crianza que lo convirtió en el hombre que era, y por alentarle a que, en su búsqueda, nunca se diera por vencido.

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