Es un blog diario digital conformado con los artículos, opiniones, ensayos, etc. del Catedrático universitario Lic. Pedro Pablo Arencibia Cardoso sobre diferentes temáticas de la problemática cubana, actual e histórica, así como por noticias y artículos de otros autores que se consideran de gran interés para profundizar en la realidad cubana.
martes, septiembre 15, 2026
Andrés Reynaldo: Los comunistas son proclives a coreografías de Ave Fénix, pero a sus 95 años, el dictador Raúl Castro Ruz no podrá seguir muriéndose de mentiritas
Los comunistas son proclives a coreografías de Ave Fénix, pero a sus 95 años, el dictador no podrá seguir muriéndose de mentiritas. En todo caso, el más reciente rumor, espontáneo o diseñado, ratifica su perpetuo papel secundario.
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Por Andrés Reynaldo
Miami 14 Sep 2026
Esperemos que Raúl no se nos muera tantas veces como Fidel. Pues lo malo es que reaparece otras tantas. Cada reaparición devolviéndole el control de la narrativa, aunque sea por unos días. Un efecto de invulnerabilidad que causa una inconveniente distracción.
Tras el rumor de que se había marchado al verdadero Punto Cero, Raúl se mostró el sábado 5 de septiembre para la celebración del sexagésimo quinto aniversario de la Dirección de Seguridad Personal. Era pertinente que la fecha, hasta ahora despachada sin fanfarria, cobrara un mayor relieve. Este es el cuerpo que garantiza la supervivencia de la elite. Los primeros en poner el muerto en caso de ruptura interna, asalto popular o extracción trumpista.
También era adecuado elevar la moral de unos hombres que son testigos mudos pero no indolentes de las corrupciones, relaciones íntimas, terrores y, ¿por qué no?, virtudes de los principales líderes. En su mayoría de origen humilde, sus moderados privilegios y el vicario prestigio que les concede el uniforme y la cercanía al poder deben oscilar constantemente en la balanza contra la degradante experiencia diaria de sus familiares y conocidos. Cuando la cohesión ya no depende tanto de la fidelidad ideológica como de la fidelidad transaccional, ¿quién puede asegurar que el fiel guardián de ayer no sea el tiranicida de mañana?
El reconocimiento a los 32 militares fulminantemente abatidos durante la operación para extraer a Nicolás Maduro el pasado 3 de enero, con la presencia de sus seres queridos, moderó de alguna manera la bravucona, anticipatoria convicción de vencer al invasor. Me pregunto si a los jefes del MININT no les habrá pasado por la cabeza que la pretensión de toda exaltación heroica de esa jornada caraqueña favorece la fama de la capacidad de fuego norteamericana.
Imposible ignorar la parte cultural de la celebración. Silvio anda de gira por España, con la oportuna kufiya palestina sobre sus hombros, en su función de viuda de Fidel, aunque un tanto mosqueado porque le dieron, como a los niños, un AKM de palo. Sabemos, de igual modo, que la disposición combativa ha mermado entre la clase artística. Hace décadas que el oficialismo perdió el fervor utópico. Entre la frivolidad y la propaganda, solo produce repetición, ruido, vulgaridad, vacío. Sin embargo, la oferta de esa noche nos hizo extrañar a Sara González, Amaury Pérez, Vicente Feliú, Noel Nicola, aquellos tiempos en que la profesionalización de la adulación aspiraba (con irregular éxito) a una apariencia de lo profesional. Lo que vimos fue la expresión de la decrepitud en el esperpento, el tipo de espectáculo que en los años 80, por ejemplo, solo podía encontrarse en los grupos artísticos de Mazorra.
Por lo demás, a sus 95 años, quizás Raúl no se nos pueda seguir muriendo de mentiritas. Los comunistas son proclives a estas coreografías de Ave Fénix. Stalin es el gran maestro del género que, en efecto, transpira una perfidia caucasiana. Su más famoso numerito fue la Ausencia de Otoño de 1945, cuando llegó a faltar a la sacrosanta parada por la Revolución de Octubre. Ya lo creían cadáver cuando salió asoleado y purgativo de su dacha de Sochi. De Mao dijeron que se había suicidado (no hay ñángara que se suicide en el poder) tras el fracaso del Gran Salto Adelante en 1966. Reapareció nadando el Yangtze por una hora para lanzar la Revolución Cultural. Jiang Zemin nos metió sendos cuentos chinos en 2011 y 2017. Desde 1956, los tres Kim de Corea del Norte han vuelto sucesivamente del más allá a lomos del mítico corcel Chollima, que vuela 400 kilómetros por día, el rango aproximado de una cigüeña.
A Fidel lo dieron por muerto, a su pesar, luego del asalto al Moncada en 1953 y del desembarco del Granma en 1956: dos fracasos que la Providencia regaló a los cubanos sin que supiéramos aprovecharlos. Entre los muchos rumores de las décadas de 1960 y 1970 se dijo que había sido asesinado por el propio Raúl en unos términos evocadores (entonces Cuba era más culta) del desenlace de la leyenda de Rómulo y Remo. Fecha indeterminada entre los 80 y los 90 apuntaba a un disparo, sin duda mal apuntado, de un escolta del Comandante de la Revolución Juan Almeida. En 1994 se le atribuyó deceso por un accidente cerebro vascular. Al regreso de su visita a Argentina en 2006, le dieron temporalmente de baja por una cirugía intestinal de emergencia que muchos atribuyeron a una incómoda pregunta del periodista Juan Manuel Cao. A partir de entonces, convertido en su más hilarante caricatura, se sucedería un caudal de especulaciones que las circunstancias hicieron creíble, al punto de que por tres veces decenas de miles de gusanos llegamos a celebrar su partida en el Versailles.
La rumorología ha descuidado a Raúl. En octubre de 1959, durante la búsqueda de Camilo Cienfuegos se le dio por desaparecido durante unas horas. Curiosamente, coincidió con el fake news de que Camilo había sido hallado. Algo que Fidel salió a desmentir, como enfatizaba Hubert Matos, con la contundencia propia de quien supiera que Camilo no iba a aparecer jamás.
Siempre me ha extrañado que a Raúl no le hubiera tocado ni un solo atentado de la mitología castrista. La crónica de la superación de los grandes peligros parece estar reservada al máximo líder. Las bolas sobre la salud del segundón tienen un cariz mundano. Se dice que ha sacrificado más de un hígado en el altar del alcohol. En estos días le han achacado sordera y unas baladíes piedras de riñón. Nada que suscite un frenesí mediático sobre secretas visitas de especialistas extranjeros, cirugías experimentales, nocturnos desplazamientos de tropas ni el clásico "e'tate quieto" a los opositores.
Con un mórbido giro, este rumor espontáneo o diseñado viene a ratificar la tardía y terminal preeminencia de un hombre apagado bajo una monstruosa sombra. Suya es la biografía de un perpetuo papel secundario. Por no compartirle la trascendencia simbólica de Fidel hasta se le ha escatimado su extraordinaria dimensión como asesino. El indiscutible protagonismo le llegará en el acto final, cuando su muerte abra paso (si no desperdiciamos también esa oportunidad) a la resurrección de Cuba.
EL PRIMER RELATO DE LA TUMBA VACÍA O ASOMÁNDONOS AL GRAN MISTERIO
Por Rvdo. Juan María Tellería Larrañaga
Decano Académico y estudiante perpetuo
Si es cierto, como indican hoy la mayoría de los especialistas[i], que el Evangelio según San Marcos es el primero de los cuatro evangelios canónicos en ver la luz, y en una fecha tan temprana como los años 40 del siglo I d. C.[ii], el relato de la tumba vacía[iii] que hallamos en su cap. 16, vv. 1-8 ha de ser considerado el primer testimonio de la resurrección de Cristo puesto por escrito, contemporáneo sin lugar a dudas de las tradiciones (orales) más antiguas recogidas por San Pablo Apóstol en 1 Co. 15:3-8. Bien merece, pues, que le dediquemos nuestra atención en estas fechas en las que nos encontramos. El texto sagrado reza así:
“Cuando pasó el día de reposo, María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirle[iv]. Y muy de mañana, el primer día de la semana, vinieron al sepulcro, ya salido el sol. Pero decían entre sí: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro? Pero cuando miraron, vieron removida la piedra, que era muy grande. Y cuando entraron en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho, cubierto de una larga ropa blanca; y se espantaron. Mas él les dijo: No os asustéis; buscáis a Jesús nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar en donde le pusieron. Pero id, decid a sus discípulos, y a Pedro, que él va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como os dijo. Y ellas se fueron huyendo del sepulcro, porque les había tomado temblor y espanto; ni decían nada a nadie, porque tenían miedo”[v].
Con estas palabras concluye de forma abrupta, conforme al parecer de los eruditos más destacados de nuestra época, el Evangelio según San Marcos[vi], dejando un gran interrogante, una gran puerta abierta a la conclusión de la historia, asunto que lleva tiempo haciendo correr ríos de tinta y en el que nosotros no vamos a entrar. Lo que nos interesa destacar de este pasaje son tres ideas fundamentales, que ya desde el principio supusieron un desafío de enormes proporciones para la comunidad de discípulos de Cristo, y así lo son hasta el día de hoy. Helas aquí:
La primera de todas ellas es LA RESURRECCIÓN DE CRISTO ENTENDIDA COMO UN MISTERIO TRASCENDENTAL PARA LA FE CRISTIANA. No se entiendan estas palabras como una exageración retórica. San Pablo Apóstol lo afirma con rotundidad:
“Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe”. (1 Co. 15:16)
Dicho de otro modo, si no hay Resurrección de Cristo, no hay fe cristiana, no hay Iglesia, no hay razón de ser para nada de cuanto hemos creído y profesado. Pero ello no implica que seamos capaces de dar una razón o una prueba “científica”, histórica o arqueológica de este evento portentoso. De hecho, no lo somos. Más aún, no podemos serlo. La Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo de entre los muertos es un hecho metahistórico, sin testigos presenciales humanos, y por tanto imposible de computar o medir. Puede parangonarse, en este sentido, con la Encarnación del Verbo de Dios en la Virgen María o incluso con la propia Creación del universo y de la tierra y sus seres vivientes. Son asuntos sobre los cuales la mente humana puede especular cuanto quiera, pero que jamás se podrán probar con evidencias irrefutables[vii]. Tal como presenta su escena final, el Evangelio según San Marcos, al plantear el hecho de la Resurrección del Señor como una realidad acaecida fuera de toda medición humana, pone ante los ojos de sus oyentes/lectores un gran misterio, bien simbolizado en el sepulcro vacío abierto por una fuerza ajena a este mundo, un misterio que convida al recogimiento, a la introspección, y que, como sucede en el Evangelio marcano, podría generar temor (¡miedo!) por sus implicaciones. La pregunta viene de por sí: entonces, ¿cómo puede el hombre intuir la realidad de la Resurrección?
La respuesta la tenemos en la segunda idea que nos sugiere el sagrado texto: EL HECHO DE LA RESURRECCIÓN DE CRISTO SOLO NOS ES ACCESIBLE POR UNA ESPECIALÍSIMA REVELACIÓN DIVINA. La fe en la Resurrección de Jesús, según afirman los especialistas[viii], se generó en el círculo de sus seguidores a partir de las apariciones del Señor Resucitado. No se trata, por tanto, de una deducción “lógica” de los primeros discípulos, ni siquiera de una derivación exegética extraída por ellos de las Sagradas Escrituras veterotestamentarias tras arduo estudio. La constatación que los cuatro evangelios nos permiten comprender en relación con este asunto es que los discípulos del Nazareno no comprendieron nunca lo que él les predijo acerca de su Resurrección. No la esperaban porque no la creían posible, porque no formaba parte de su horizonte de expectativas en relación con él. El relato marcano tampoco infiere la idea de que Jesús hubiera resucitado a partir del hecho del sepulcro vacío. En realidad, son muchos los sepulcros vacíos que han existido y existen en el mundo, pero ninguno de ellos permite deducir que los cadáveres que contuvieron hayan resucitado. Quienes hallaron el sepulcro vacío recibieron la noticia de la Resurrección del Salvador de la extraña figura del joven[ix] sentado en el interior del sepulcro. Algo similar sucede en los otros evangelios, donde, a renglón seguido, se narra alguna aparición del mismo Resucitado. Es decir, que se precisa de una intervención sobrenatural para poder aceptar un suceso como este, que queda más allá de los límites de nuestras concepciones espacio-temporales. Se llegó a decir en las comunidades cristianas primitivas que Cristo había resucitado porque aquel ángel lo proclamó, porque su palabra era de autoridad, porque venía comisionado de lo Alto para compartir aquella buena nueva. Cuando hoy proclamamos como Iglesia que Cristo ha resucitado, lo hacemos fundamentándonos en la autoridad del testimonio escriturario, de la antigua tradición de los Apóstoles enseñada en las primitivas comunidades cristianas, no por otras razones. El misterio no apela a la razón, sino a la fe.
La tercera y última idea que nos sugiere este pasaje marcano es la gran paradoja de que LA RESURRECCIÓN DE CRISTO SE PRESENTA COMO UN MISTERIO REVELADO A LOS SOCIALMENTE MENOS FAVORECIDOS. En efecto, las dos Marías del relato (la Magdalena y la de Jacobo) y la Salomé mencionada junto a ellas eran mujeres. Todos entendemos, sin duda, lo que ello implicaba en una sociedad como la judía del siglo I, una buena evidencia de lo cual es que la tradición arriba mencionada transmitida por San Pablo en 1 Co. 15 ni siquiera las menciona: el testimonio de una mujer carecía de valor legal entre los judíos[x]. Resulta, pues, estremecedor que el Señor Resucitado quisiera que sus primeros testigos fueran precisamente mujeres, aun a riesgo de que pudieran ser tenidas en nada o incluso rechazadas como locas, lo que en principio pareciera que sucedió (ver Lc. 24:11). Tan solo cuando el Señor Resucitado se hizo presente entre sus discípulos, estos creyeron. Sin embargo, persiste el hecho, y así será hasta el fin de los tiempos, de que los primeros heraldos de la Resurrección enviados por el Señor fueron mujeres, un elemento social débil y desprestigiado que además mostró temor, no se atrevía a cumplir con su misión. Este hecho comporta una buena invitación a que reflexionemos sobre ello, pues la tónica del evangelio de Cristo ha sido y es una clara preferencia por aquellos a quienes los hombres desprecian. No podemos afirmar que aquellas pobres mujeres estuvieran predispuestas a aceptar la Resurrección de Jesús más que los discípulos, o que creyeran en ella de antemano. Todo da a entender que no era así. Más aún, la reacción de ellas, como indicábamos más arriba, fue de auténtico temor, un temor con el que concluye el texto marcano y que, como decíamos, deja abiertas las puertas a múltiples conjeturas. Pero el temor ante una revelación sorprendente no implica que aquellas mujeres no cumplieran finalmente con la misión encomendada. Al contrario, la cumplieron con creces, aunque en principio no las creyeran. De hecho, si la Iglesia universal hoy proclama la Resurrección de Cristo es porque ellas recibieron en primer lugar la buena noticia de boca de un ángel.
En nuestros días la Resurrección de Cristo sigue constituyendo el gran misterio sobre el cual se cimenta nuestra fe, que requiere del auxilio celestial para ser creído y para ser proclamado por quienes, aun con temor y temblor, estamos llamados a transmitirlo al mundo.
Y decimos, para concluir, la antigua letanía:
¡CRISTO HA RESUCITADO!
¡SÍ, VERDADERAMENTE HA RESUCITADO!
¡ALELUYA, ALELUYA!
[i] Cf. a guisa de muestra los artículos introductorios del vol III del conocido Comentario Bíblico San Jerónimo, publicado por Ediciones Cristiandad. Asimismo, FRANCE, R. T., The Gospel of Mark. A Commentary on the Greek Text. Grand Rapids, Michigan/Cambridga, U.K.: William B. Eerdmans Publishing Company, 2002, pp. 35-45. También nuestra disertación doctoral (inédita), Los semitismos en el Evangelio según San Marcos. La lengua en que vio la luz la Buena Nueva, aprobada por la Theological University of America (TUA, Iowa, EE.UU) el 7 de agosto de 2013.
[ii] Ver O’CALLAGHAN, J. “Los descubrimiento del Qumrán” in PUIGVERT, P. (Comp.). ¿Cómo llegó la Biblia hasta nosotros? Terrassa (Barcelona): CLIE y Unión Bíblica, 1999, pp. 111-127.
[iii] Preferimos hablar de un “relato de la tumba vacía” antes que de un “relato de la Resurrección de Cristo”, pese a los encabezamientos que llevan las biblias al uso en los epígrafes correspondientes. En realidad, ningún evangelista narra la Resurrección porque es un hecho del cual nadie fue realmente testigo presencial. De ahí que, ya en fecha temprana, la literatura apócrifa cristiana (de manera especial el llamado “Evangelio de San Pedro”, del siglo II, y los que le siguieron) intentó llenar este vacío informativo forjando una serie de historias piadosas a cual más fantástica que han dejado su huella en la iconografía cristiana tradicional.
[iv] El cuerpo del Señor, evidentemente.
[v] RVR60, como todos los textos bíblicos citados literalmente en esta reflexión.
[vi] Así lo indican, además de los comentarios y obras eruditas que se hallan en el mercado, las mejores ediciones que hoy se publican de la Santa Biblia. Una de ellas, la llamada Biblia Textual (BTX) incluso omite los versículos siguientes (9-20), el llamado “final largo” o “final canónico” de San Marcos, a todas luces una interpolación muy posterior, probablemente de comienzos del siglo II.
[vii] Recordemos las geniales aportaciones del recientemente fallecido Stephen Hawking sobre el origen del universo, que constituyen interesantes teorías pero que no pueden pasar de ese estadio. En relación con la Encarnación del Verbo en el seno de la Virgen María, recordamos las absurdas discusiones habidas entre docentes y discentes de un seminario español en una clase bíblica acerca de la posibilidad de que el nacimiento de Jesús hubiera sido un caso de partenogénesis.
[viii] Ver VON ALLMEN, D. L’Évangile de Jésus-Christ. Yaoundé (Cameroun): Éditions Clé, 1972. Un pequeño clásico de la literatura teológica en lengua francesa del cual, desgraciadamente, no tenemos constancia de que haya una edición en castellano.
[ix] “Neaniskos” en griego. Para la representación de seres angélicos como jóvenes, cf. el deuterocanónico 2 Mac. 3:26ss.
[x] No por prescripción directa emanada de la Ley o las disposiciones del Antiguo Testamento, sino debido al desarrollo de la casuística posterior materializada en la Mishnah.
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RESUCITÓ ALELUYA
Los católicos decimos que nuestra Fe está basada en la Fe de los Apóstoles. En este fragmento del artículo 3 razones para creer en la resurrección, de la autoría de José Santiago, están los argumentos de ese basamento, pues los apóstoles de cobardes que huyeron y se escondieron al ver a Cristo ser apresado y crucificado, posteriormente al ver a Cristo resucitados dieron su vida defendiendo su Fe:
CÓMO MURIERON LOS APÓSTOLES.
1. Mateo. Sufrió el martirio en Etiopía, asesinado por una herida de espada.
2. Marcos. Murió en Alejandría, Egipto, después de ser arrastrado por caballos por las calles hasta morir.
3. Lucas. Fue ahorcado en Grecia como resultado de su tremenda predicación a los perdidos.
4. Juan. Enfrentó el martirio cuando fue hervido en una enorme palangana de aceite hirviendo durante una ola de persecución en Roma. Sin embargo, fue librado milagrosamente de la muerte.
Juan fue luego condenado a las minas en la prisión de la isla de Patmos. Escribió su profético Libro del Apocalipsis en Patmos. Más tarde, el apóstol Juan fue liberado y regresó para servir como obispo de Edesa en la Turquía moderna. Murió anciano, el único apóstol que murió en paz
5. Pedro. Fue crucificado boca abajo en una cruz en forma de X. Según la tradición de la iglesia, fue porque les dijo a sus torturadores que se sentía indigno de morir de la misma manera que Jesucristo había muerto.
6. Santiago ( llamado El Justo) El líder de la iglesia en Jerusalén fue arrojado a más de cien pies hacia abajo desde el pináculo sureste del Templo cuando se negó a negar su fe en Cristo. Cuando descubrieron que sobrevivió a la caída, sus enemigos lo mataron a golpes con un garrote.
Este era el mismo pináculo donde Satanás se había llevado a Jesús durante la tentación.
7. Santiago, el hijo de Zebedeo, era pescador de oficio cuando Jesús lo llamó a una vida de ministerio.
Como líder fuerte de la iglesia, Santiago fue decapitado en Jerusalén. El oficial romano que lo custodiaba observó asombrado cómo defendía su fe en el juicio.
Más tarde, el oficial caminó junto a él hasta el lugar de ejecución. Vencido por la convicción, declaró su nueva fe al juez y se arrodilló junto a Santiago para aceptar la decapitación como cristiano.
8. Bartolomé. También conocido como Nathaniel. Fue misionero en Asia. Dio testimonio de nuestro Señor en la actual Turquía. Bartolomé fue martirizado por su predicación en Armenia, donde fue desollado hasta morir con un látigo.
9. Andres. Fue crucificado en una cruz en forma de X en Patras, Grecia. Después de ser azotado severamente por siete soldados, ataron su cuerpo a la cruz con cuerdas para prolongar su agonía.
Sus seguidores informaron que, cuando fue conducido hacia la cruz, Andrés les saludó con estas palabras: "Hace mucho que deseaba y esperaba esta hora feliz. La cruz ha sido consagrada por el cuerpo de Cristo colgado de ella". Continuó predicando a sus verdugos durante dos días hasta que expiró.
10. Tomas. Fue apuñalado con una lanza en la India durante uno de sus viajes misioneros para establecer la iglesia en ese continente.
11. Judas Tadeo Fue asesinado con flechas cuando se negó a negar su fe en Cristo.
12. Matias. El apóstol elegido para reemplazar al traidor Judas Iscariote. Fue apedreado y luego decapitado.
13. Pablo . Fue torturado y luego decapitado por el malvado emperador Nerón en Roma en el año 67 d.C. Pablo soportó un largo encarcelamiento, lo que le permitió escribir sus muchas epístolas a las iglesias que había formado en todo el Imperio Romano. Estas cartas, que enseñaron muchas de las doctrinas fundamentales del cristianismo, forman una gran parte del Nuevo Testamento.
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3. El origen de la fe de los discípulos
Virtualmente todos los eruditos del Nuevo Testamento —desde los más conservadores hasta los más escépticos— piensan que los discípulos originales creían sinceramente en la resurrección de Cristo. Sin embargo, la sinceridad de los discípulos originales no responde la pregunta millonaria: ¿qué motivó a los discípulos a creer en la resurrección? No pudo ser el prestigio, la fama o las riquezas, puesto que el cristianismo fue brutalmente perseguido tanto por las autoridades judías como las romanas por siglos. No pudo ser ninguna de estas cosas, porque la idea de un mesías crucificado erauna inconcebible para los judíos y una idea ridícula para los gentiles (1 Co. 1:23). ¿Qué puede motivar a un grupo de personas a entregarlo todo, a vivir una vida de dificultad, sufrimiento y finalmente la muerte?
Decir que muchas personas han muerto por su fe y que la muerte de los discípulos originales no es diferente es una afirmación ingenua porque la diferencia recae en que los discípulos sabían con certeza si estaban muriendo por una mentira o no a diferencia de otras personas. ¿Quién moriría por una mentira sabiendo que es mentira? O habían visto al Cristo resucitado o no. Los discípulos terminaron dándolo todo por esta afirmación, incluso sus vidas puesto que tenían la certeza de haber visto, tocado e interactuado con el Cristo resucitado (1 Co. 15;1-8). Como una vez dijo Blaise Pascal, el legendario filósofo y matemático del siglo XVII: “yo le creo a los testigos que tienen las gargantas cortadas”.
[1] Peter J. Williams, Ph.D, resume el argumento aquí. Como nota aparte, contrario a lo que muchos promueven por internet (e.g., véase la película online Zeitgeist), virtualmente todos los eruditos del Nuevo Testamento rechazan la idea de que los evangelios tomaron ideas prestadas de otros mitos y leyendas. Esto, porque la evidencia sobre la cual dichas afirmaciones descansan son simplemente nulas, inexistentes o distorsiones groseras, tal como Mary Sharp argumenta en su ensayo: “Does the Story of Jesus Mimic Pagan Mystery Stories?” Come Let Us Reason: New Essays in Christian Apologetics.
[2] Una objeción común es que las narrativas de la resurrección y otros pasajes están llenas de contradicciones. Aparte del hecho de que muchas de las diferencias en las narrativas paralelas son suplementarias, no contradictorias, muchas de las aparentes contradicciones son fácilmente resueltas cuando comprendemos que de acuerdo a los estándares de las biografías antiguas, ciertos aspectos como el desorden cronológico de los eventos o la omisión de ciertos detalles no eran considerados como errores, sino aspectos pertinentes a énfasis, tiempo y espacio. Irónicamente, los mismos críticos que gritan “¡contradicción!” serían los mismos críticos que gritarían “¡conspiración!” si las narrativas de la resurrección no tuvieran diversidad. Véase el ensayo “Contradictions, Contradictions: Why Does My Bible Has All These Mistakes?” en Truth Matters: Confident Faith in a Confusing World.
José Santiago es un estudiante de teología (M.Div) en Southwestern Baptist Theological Seminary. Él y su esposa, Kaitlyn, sirven en la Iglesia Bautista La Vid en Grapevine, Texas. Puedes seguirlo en Twitter.
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MENSAJE URBI ET ORBI DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI - PASCUA 2011
In resurrectione tua, Christe, coeli et terra laetentur. En tu resurrección, Señor, se alegren los cielos y la tierra (Lit. Hor.)
Queridos hermanos y hermanas de Roma y de todo el mundo:
La mañana de Pascua nos ha traído el anuncio antiguo y siempre nuevo: ¡Cristo ha resucitado! El eco de este acontecimiento, que surgió en Jerusalén hace veinte siglos, continúa resonando en la Iglesia, que lleva en el corazón la fe vibrante de María, la Madre de Jesús, la fe de la Magdalena y las otras mujeres que fueron las primeras en ver el sepulcro vacío, la fe de Pedro y de los otros Apóstoles.
Hasta hoy —incluso en nuestra era de comunicaciones supertecnológicas— la fe de los cristianos se basa en aquel anuncio, en el testimonio de aquellas hermanas y hermanos que vieron primero la losa removida y el sepulcro vacío, después a los mensajeros misteriosos que atestiguaban que Jesús, el Crucificado, había resucitado; y luego, a Él mismo, el Maestro y Señor, vivo y tangible, que se aparece a María Magdalena, a los dos discípulos de Emaús y, finalmente, a los once reunidos en el Cenáculo (cf. Mc 16,9-14).
La resurrección de Cristo no es fruto de una especulación, de una experiencia mística. Es un acontecimiento que sobrepasa ciertamente la historia, pero que sucede en un momento preciso de la historia dejando en ella una huella indeleble. La luz que deslumbró a los guardias encargados de vigilar el sepulcro de Jesús ha atravesado el tiempo y el espacio. Es una luz diferente, divina, que ha roto las tinieblas de la muerte y ha traído al mundo el esplendor de Dios, el esplendor de la Verdad y del Bien.
Así como en primavera los rayos del sol hacen brotar y abrir las yemas en las ramas de los árboles, así también la irradiación que surge de la resurrección de Cristo da fuerza y significado a toda esperanza humana, a toda expectativa, deseo, proyecto. Por eso, todo el universo se alegra hoy, al estar incluido en la primavera de la humanidad, que se hace intérprete del callado himno de alabanza de la creación. El aleluya pascual, que resuena en la Iglesia peregrina en el mundo, expresa la exultación silenciosa del universo y, sobre todo, el anhelo de toda alma humana sinceramente abierta a Dios, más aún, agradecida por su infinita bondad, belleza y verdad.
«En tu resurrección, Señor, se alegren los cielos y la tierra». A esta invitación de alabanza que sube hoy del corazón de la Iglesia, los «cielos» responden al completo: La multitud de los ángeles, de los santos y beatos se suman unánimes a nuestro júbilo. En el cielo, todo es paz y regocijo. Pero en la tierra, lamentablemente, no es así. Aquí, en nuestro mundo, el aleluya pascual contrasta todavía con los lamentos y el clamor que provienen de tantas situaciones dolorosas: miseria, hambre, enfermedades, guerras, violencias. Y, sin embargo, Cristo ha muerto y resucitado precisamente por esto. Ha muerto a causa de nuestros pecados de hoy, y ha resucitado también para redimir nuestra historia de hoy. Por eso, mi mensaje quiere llegar a todos y, como anuncio profético, especialmente a los pueblos y las comunidades que están sufriendo un tiempo de pasión, para que Cristo resucitado les abra el camino de la libertad, la justicia y la paz.
Que pueda alegrarse la Tierra que fue la primera a quedar inundada por la luz del Resucitado. Que el fulgor de Cristo llegue también a los pueblos de Oriente Medio, para que la luz de la paz y de la dignidad humana venza a las tinieblas de la división, del odio y la violencia. Que, en Libia, la diplomacia y el diálogo ocupen el lugar de las armas y, en la actual situación de conflicto, se favorezca el acceso a las ayudas humanitarias a cuantos sufren las consecuencias de la contienda. Que, en los Países de África septentrional y de Oriente Medio, todos los ciudadanos, y particularmente los jóvenes, se esfuercen en promover el bien común y construir una sociedad en la que la pobreza sea derrotada y toda decisión política se inspire en el respeto a la persona humana. Que llegue la solidaridad de todos a los numerosos prófugos y refugiados que provienen de diversos países africanos y se han viso obligados a dejar sus afectos más entrañables; que los hombres de buena voluntad se vean iluminados y abran el corazón a la acogida, para que, de manera solidaria y concertada se puedan aliviar las necesidades urgentes de tantos hermanos; y que a todos los que prodigan sus esfuerzos generosos y dan testimonio en este sentido, llegue nuestro aliento y gratitud.
Que se recomponga la convivencia civil entre las poblaciones de Costa de Marfil, donde urge emprender un camino de reconciliación y perdón para curar las profundas heridas provocadas por las recientes violencias. Y que Japón, en estos momentos en que afronta las dramáticas consecuencias del reciente terremoto, encuentre alivio y esperanza, y lo encuentren también aquellos países que en los últimos meses han sido probados por calamidades naturales que han sembrado dolor y angustia.
Se alegren los cielos y la tierra por el testimonio de quienes sufren contrariedades, e incluso persecuciones a causa de la propia fe en el Señor Jesús. Que el anuncio de su resurrección victoriosa les infunda valor y confianza. Queridos hermanos y hermanas. Cristo resucitado camina delante de nosotros hacia los cielos nuevos y la tierra nueva (cf. Ap 21,1), en la que finalmente viviremos como una sola familia, hijos del mismo Padre. Él está con nosotros hasta el fin de los tiempos. Vayamos tras Él en este mundo lacerado, cantando el Aleluya. En nuestro corazón hay alegría y dolor; en nuestro rostro, sonrisas y lágrimas. Así es nuestra realidad terrena. Pero Cristo ha resucitado, está vivo y camina con nosotros. Por eso cantamos y caminamos, con la mirada puesta en el Cielo, fieles a nuestro compromiso en este mundo. Feliz Pascua a todos.
Papa Francisco Misa Domingo Resurrección y Bendición Urbi et Orbi ⛪ Semana Santa 2020 Tele VID
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MENSAJE URBI ET ORBI DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI - PASCUA 2011
In resurrectione tua, Christe, coeli et terra laetentur. En tu resurrección, Señor, se alegren los cielos y la tierra (Lit. Hor.)
Queridos hermanos y hermanas de Roma y de todo el mundo:
La mañana de Pascua nos ha traído el anuncio antiguo y siempre nuevo: ¡Cristo ha resucitado! El eco de este acontecimiento, que surgió en Jerusalén hace veinte siglos, continúa resonando en la Iglesia, que lleva en el corazón la fe vibrante de María, la Madre de Jesús, la fe de la Magdalena y las otras mujeres que fueron las primeras en ver el sepulcro vacío, la fe de Pedro y de los otros Apóstoles.
Hasta hoy —incluso en nuestra era de comunicaciones supertecnológicas— la fe de los cristianos se basa en aquel anuncio, en el testimonio de aquellas hermanas y hermanos que vieron primero la losa removida y el sepulcro vacío, después a los mensajeros misteriosos que atestiguaban que Jesús, el Crucificado, había resucitado; y luego, a Él mismo, el Maestro y Señor, vivo y tangible, que se aparece a María Magdalena, a los dos discípulos de Emaús y, finalmente, a los once reunidos en el Cenáculo (cf. Mc 16,9-14).
La resurrección de Cristo no es fruto de una especulación, de una experiencia mística. Es un acontecimiento que sobrepasa ciertamente la historia, pero que sucede en un momento preciso de la historia dejando en ella una huella indeleble. La luz que deslumbró a los guardias encargados de vigilar el sepulcro de Jesús ha atravesado el tiempo y el espacio. Es una luz diferente, divina, que ha roto las tinieblas de la muerte y ha traído al mundo el esplendor de Dios, el esplendor de la Verdad y del Bien.
Así como en primavera los rayos del sol hacen brotar y abrir las yemas en las ramas de los árboles, así también la irradiación que surge de la resurrección de Cristo da fuerza y significado a toda esperanza humana, a toda expectativa, deseo, proyecto. Por eso, todo el universo se alegra hoy, al estar incluido en la primavera de la humanidad, que se hace intérprete del callado himno de alabanza de la creación. El aleluya pascual, que resuena en la Iglesia peregrina en el mundo, expresa la exultación silenciosa del universo y, sobre todo, el anhelo de toda alma humana sinceramente abierta a Dios, más aún, agradecida por su infinita bondad, belleza y verdad.
«En tu resurrección, Señor, se alegren los cielos y la tierra». A esta invitación de alabanza que sube hoy del corazón de la Iglesia, los «cielos» responden al completo: La multitud de los ángeles, de los santos y beatos se suman unánimes a nuestro júbilo. En el cielo, todo es paz y regocijo. Pero en la tierra, lamentablemente, no es así. Aquí, en nuestro mundo, el aleluya pascual contrasta todavía con los lamentos y el clamor que provienen de tantas situaciones dolorosas: miseria, hambre, enfermedades, guerras, violencias. Y, sin embargo, Cristo ha muerto y resucitado precisamente por esto. Ha muerto a causa de nuestros pecados de hoy, y ha resucitado también para redimir nuestra historia de hoy. Por eso, mi mensaje quiere llegar a todos y, como anuncio profético, especialmente a los pueblos y las comunidades que están sufriendo un tiempo de pasión, para que Cristo resucitado les abra el camino de la libertad, la justicia y la paz.
Que pueda alegrarse la Tierra que fue la primera a quedar inundada por la luz del Resucitado. Que el fulgor de Cristo llegue también a los pueblos de Oriente Medio, para que la luz de la paz y de la dignidad humana venza a las tinieblas de la división, del odio y la violencia. Que, en Libia, la diplomacia y el diálogo ocupen el lugar de las armas y, en la actual situación de conflicto, se favorezca el acceso a las ayudas humanitarias a cuantos sufren las consecuencias de la contienda. Que, en los Países de África septentrional y de Oriente Medio, todos los ciudadanos, y particularmente los jóvenes, se esfuercen en promover el bien común y construir una sociedad en la que la pobreza sea derrotada y toda decisión política se inspire en el respeto a la persona humana. Que llegue la solidaridad de todos a los numerosos prófugos y refugiados que provienen de diversos países africanos y se han viso obligados a dejar sus afectos más entrañables; que los hombres de buena voluntad se vean iluminados y abran el corazón a la acogida, para que, de manera solidaria y concertada se puedan aliviar las necesidades urgentes de tantos hermanos; y que a todos los que prodigan sus esfuerzos generosos y dan testimonio en este sentido, llegue nuestro aliento y gratitud.
Que se recomponga la convivencia civil entre las poblaciones de Costa de Marfil, donde urge emprender un camino de reconciliación y perdón para curar las profundas heridas provocadas por las recientes violencias. Y que Japón, en estos momentos en que afronta las dramáticas consecuencias del reciente terremoto, encuentre alivio y esperanza, y lo encuentren también aquellos países que en los últimos meses han sido probados por calamidades naturales que han sembrado dolor y angustia.
Se alegren los cielos y la tierra por el testimonio de quienes sufren contrariedades, e incluso persecuciones a causa de la propia fe en el Señor Jesús. Que el anuncio de su resurrección victoriosa les infunda valor y confianza.
Queridos hermanos y hermanas. Cristo resucitado camina delante de nosotros hacia los cielos nuevos y la tierra nueva (cf. Ap 21,1), en la que finalmente viviremos como una sola familia, hijos del mismo Padre. Él está con nosotros hasta el fin de los tiempos. Vayamos tras Él en este mundo lacerado, cantando el Aleluya. En nuestro corazón hay alegría y dolor; en nuestro rostro, sonrisas y lágrimas. Así es nuestra realidad terrena. Pero Cristo ha resucitado, está vivo y camina con nosotros. Por eso cantamos y caminamos, con la mirada puesta en el Cielo, fieles a nuestro compromiso en este mundo.
Feliz Pascua a todos.
Poco tiempo después de mi conversión al cristianismo, casi abandono la fe. Aunque nunca lo admití en frente de mis amigos escépticos cuando me cuestionaban, me costaba creer en la resurrección de Cristo. La idea de un muerto que vuelve a vivir es simplemente difícil de creer. Vivimos en un mundo que parece ser muy naturalista, donde los milagros no suceden y los muertos no resucitan. ¿Y si todo resulta ser una fabricación? ¿Si todo era una mentira? Al final del día, no quiero abrazar el cristianismo porque me hace sentir bien, sino porque es verdad.
Durante mi crisis de fe, descubrí que el concepto de la resurrección no solo es uno difícil de creer para los occidentales del siglo XXI, sino que también lo era para los griegos del primer siglo, y que el apóstol Pablo se tomó muchas molestias argumentando a favor de la resurrección de Cristo a la iglesia en Corinto. De acuerdo al apóstol, la resurrección de Cristo es el fundamento bajo el cual la verdad del cristianismo se mantiene o cae: “y si Cristo no ha resucitado, vana es entonces nuestra predicación, y vana también la fe de ustedes… y si Cristo no ha resucitado, la fe de ustedes es falsa; todavía están en sus pecados. Entonces también los que han dormido en Cristo están perdidos. Si hemos esperado en Cristo para esta vida solamente, somos, de todos los hombres, los más dignos de lástima” (1 Co. 15:14, 17-19). El punto del apóstol Pablo es tan sencillo como sobrecogedor. Si Cristo no resucitó, la fe cristiana es un fiasco. ¿Existen, pues, razones sólidas para creer en la resurrección? He aquí tres de ellas.
1. La confiabilidad de los Evangelios
Cuando los Evangelios son examinados de forma minuciosa, descubrimos que los mismos contienen información muy precisa acerca de los detalles socioculturales del contexto histórico donde la narrativa de Jesucristo toma lugar.[1] Una y otra vez, los evangelistas aciertan cuando se trata de detalles acerca de la antroponimia, geografía, topografía, climatología, agricultura, arquitectura, botánica, cultura, economía, religión y leyes de su nación en la época. Cuando comparamos los cuatro Evangelios canónicos con fabricaciones de evangelios en siglos posteriores, obviamente, todos estos detalles nunca surgen. Esto sugiere que los autores de los Evangelios eran testigos oculares y que, si acertaron los detalles más pequeños, ¿por qué no los más obvios y grandes?
Aparte, también los Evangelios narran en ocasiones detalles irrelevantes que no avanzan la historia (p. ej., Mr. 4:35-36; 14:51) e incluso reportan detalles embarazosos que no aparentan ayudar a avanzar la causa (p.ej., Mr. 3:21; 8:32-33; 10:35-37; 14:37-40, 50; Jn. 7:5) ¿Es este el tipo de elementos que esperaríamos de una fabricación? Difícilmente.
2. Mujeres como las principales testigos de la resurrección
Curiosamente, quizás el detalle más embarazoso desde una perspectiva sociocultural es que las principales testigos de la resurrección eran mujeres (Mt. 28:1-8; Lc. 24:1-12; Mr. 16:1-8; Jn. 20:1-10).[2] El caso es que la sociedad judía de aquel entonces era una sumamente misógina. Tenían una concepción tan rebajada de la mujer que ni siquiera las aceptaban en las cortes como testigos válidos (Antigüedades IV.8.15). Inclusive, varios de los dichos rabínicos de entonces también eran sumamente misóginos. “¡Que las palabras de la ley sean quemadas antes de que sean entregadas a mujeres!” (Sotah 19a). “Bendito eres, Señor, Dios nuestro, Señor del universo, que no me hiciste gentil, esclavo, o mujer” (Berachos 60b).
Debido a estos prejuicios injustificados de la Palestina del primer siglo, ¿por qué habrían inventado los discípulos que las primeras y principales testigos de la tumba vacía eran mujeres? A menos que realmente haya sucedido. Si un autor incluye detalles que no ayudan mucho a su caso, que resulta vergonzoso para su causa, es muy probable que realmente haya sucedido. Esto es exactamente lo que no te inventarías en una fabricación si quisieras vender el punto más importante de tu historia. Es como si yo tratara de convencerte de que el gobierno oculta la existencia de vida extraterrestre porque Chencho el matapuercos me lo contó. Difícilmente convencería a alguien. De hecho, Celsus, un crítico del cristianismo del segundo siglo, se burló de la resurrección, precisamente porque María Magdalena (una mujer) es una de las alegadas testigos de la resurrección (Origen, C. Cels. 2.55). Si los evangelistas hubiesen estado interesados en vender una mentira no habrían presentado a mujeres como las testigos principales de la resurrección.
3. El origen de la fe de los discípulos
Virtualmente todos los eruditos del Nuevo Testamento —desde los más conservadores hasta los más escépticos— piensan que los discípulos originales creían sinceramente en la resurrección de Cristo. Sin embargo, la sinceridad de los discípulos originales no responde la pregunta millonaria: ¿qué motivó a los discípulos a creer en la resurrección? No pudo ser el prestigio, la fama o las riquezas, puesto que el cristianismo fue brutalmente perseguido tanto por las autoridades judías como las romanas por siglos. No pudo ser ninguna de estas cosas, porque la idea de un mesías crucificado erauna inconcebible para los judíos y una idea ridícula para los gentiles (1 Co. 1:23). ¿Qué puede motivar a un grupo de personas a entregarlo todo, a vivir una vida de dificultad, sufrimiento y finalmente la muerte?
Decir que muchas personas han muerto por su fe y que la muerte de los discípulos originales no es diferente es una afirmación ingenua porque la diferencia recae en que los discípulos sabían con certeza si estaban muriendo por una mentira o no a diferencia de otras personas. ¿Quién moriría por una mentira sabiendo que es mentira? O habían visto al Cristo resucitado o no. Los discípulos terminaron dándolo todo por esta afirmación, incluso sus vidas puesto que tenían la certeza de haber visto, tocado e interactuado con el Cristo resucitado (1 Co. 15;1-8). Como una vez dijo Blaise Pascal, el legendario filósofo y matemático del siglo XVII: “yo le creo a los testigos que tienen las gargantas cortadas”.
[1] Peter J. Williams, Ph.D, resume el argumento aquí. Como nota aparte, contrario a lo que muchos promueven por internet (e.g., véase la película online Zeitgeist), virtualmente todos los eruditos del Nuevo Testamento rechazan la idea de que los evangelios tomaron ideas prestadas de otros mitos y leyendas. Esto, porque la evidencia sobre la cual dichas afirmaciones descansan son simplemente nulas, inexistentes o distorsiones groseras, tal como Mary Sharp argumenta en su ensayo: “Does the Story of Jesus Mimic Pagan Mystery Stories?” Come Let Us Reason: New Essays in Christian Apologetics.
[2] Una objeción común es que las narrativas de la resurrección y otros pasajes están llenas de contradicciones. Aparte del hecho de que muchas de las diferencias en las narrativas paralelas son suplementarias, no contradictorias, muchas de las aparentes contradicciones son fácilmente resueltas cuando comprendemos que de acuerdo a los estándares de las biografías antiguas, ciertos aspectos como el desorden cronológico de los eventos o la omisión de ciertos detalles no eran considerados como errores, sino aspectos pertinentes a énfasis, tiempo y espacio. Irónicamente, los mismos críticos que gritan “¡contradicción!” serían los mismos críticos que gritarían “¡conspiración!” si las narrativas de la resurrección no tuvieran diversidad. Véase el ensayo “Contradictions, Contradictions: Why Does My Bible Has All These Mistakes?” en Truth Matters: Confident Faith in a Confusing World.
José Santiago es un estudiante de teología (M.Div) en Southwestern Baptist Theological Seminary. Él y su esposa, Kaitlyn, sirven en la Iglesia Bautista La Vid en Grapevine, Texas. Puedes seguirlo en Twitter.
Blaise Pascal fue un genio matemático francés quien murió en 1662. Después de huir de Dios hasta la edad de 31 años, el 23 de Noviembre de 1654, a las 10:30 pm, Pascal se encontró con Dios y fue convertido profunda e inconmoviblemente a Jesucristo. Él lo escribió en una pieza de pergamino y lo coció a su capa, donde fue encontrada después de su muerte, ocho años después. Decía:
Año de gracia, 1654, lunes 23, Noviembre, Fiesta de San Clemente. . . desde casi las diez y treinta de la noche, y por casi media hora después de la media noche, FUEGO. Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob, no de filósofos y eruditos. Certeza, gozo de corazón, paz. Dios de Jesucristo. Dios de Jesucristo. "Mi Dios y tu Dios". . . . Gozo, gozo, gozo, lágrimas de gozo. . . Jesucristo. Jesucristo. Que nunca sea yo separado de Él.
“El último paso de la razón está en reconocer que hay una infinidad de cosas que la superan; ella es muy débil si no llega a conocer esto. Pues si las cosas naturales la superan, qué no habrá que decir de las sobrenaturales. No hay nada tan conforme a la razón como esta orientación” (PASCAL, Pensamientos).
«No solamente no conocemos a Dios más que a través de Jesucristo, sino que sin Jesucristo no nos conocemos a nosotros mismos. Sólo en Jesucristo conocemos la vida, la muerte. Fuera de Jesucristo no sabemos lo que es nuestra vida ni nuestra muerte, ni lo que es Dios, ni lo que somos nosotros mismos» (Pensées, Édition Lafuma, n° 417; Edición Brunschvicg n° 548).
Pascal: un hombre de hace 300 años, también laico convertido, que razonaba como yo, que no quería renunciar a la razón y que, antes de rendirse a la fe, deseaba agotar todas las posibilidades.
Realiza y publica diversos estudios de Física, entre los que sobresalen sus experiencias sobre el vacío, y su descubrimiento de la presión (v.) atmosférica en paralelo con Torricelli (Abrégé du traité du vide, 1-651; De la pesanteur el de la masse de I’air, 1653; y otros). Después mantiene una correspondencia con Fermat (v.), importante porque constituye el comienzo de los estudios del cálculo (v.) de probabilidades, al que contribuyó también con sus trabajos sobre la ruleta
Como dice Pascal, «los hombres desprecian la religión; le tienen miedo, y miedo de que sea verdadera. Para curar esto es preciso comenzar por probar que la religión no es nada contraria a la razón; que es venerable, digna de respeto; volverla enseguida amable, hacer desear a los buenos que sea verdadera y después demostrar que es verdadera». Me parece un programa perfecto para un filósofo cristiano. Cuatro son los tareas que describe Pascal:
Probar que la religión cristiana –la verdad cristiana– es razonable, no contraria a la razón.
Mostrar que es venerable y digna de respeto, pues en ella el hombre se conoce en su justa realidad.
Mostrar, además, que es amable (digna de ser amada), ya que promete el único y definitivo bien, lo único que vale la pena amar: Dios.
Y finalmente, demostrar que es verdadera después de haber hecho desear que lo sea.
Pascal: “La grandeza del hombre está en reconocerse miserable. Un árbol no se reconoce miserable” (Pensées, n. 397).
“la grandeza del hombre —escribía el mismo Pascal— consiste en que él se trasciende infinitamente a sí mismo” (Pensées, n. 434).
Hay más de Dios que de agua en cada gota de agua. ·PASCAL-B
«Qué quimera es, pues, el hombre? ¡Qué novedad, qué monstruo, qué caos, qué sujeto de contradicciones, qué prodigio! Juez de todas las cosas, imbécil gusano de la tierra; depositario de la verdad, cloaca de incertidumbre y de error, gloria y excrecencia del universo. ¿Quién desenredará este embrollo?… Conoced, pues, soberbios, qué paradoja sois para vosotros mismos. Humillaos, razón impotente; callaos, naturaleza imbécil, aprended que el hombre supera infinitamente al hombre y escuchad de vuestro maestro vuestra condición verdadera que vosotros ignoráis. Escuchad a Dios» (·PASCAL-BLAS: Pensamientos, 433).
Prefiero equivocarme creyendo en un Dios que no existe, que equivocarme no creyendo en un Dios que existe. Porque si después no hay nada, evidentemente nunca lo sabré, cuando me hunda en la nada eterna; pero si hay algo, si hay Alguien, tendré que dar cuenta de mi actitud de rechazo. Blaise Pascal
Pascal hubiera respondido que sólo concibe dos tipos de personas inteligentes: las que aman a Dios de todo corazón porque le conocen, y las que le buscan de todo corazón porque no le conocen.
Otro curioso argumento de Pascal es el conocido como el del apostador. Dios existe o no existe, y si debemos necesariamente apostar a favor o en contra de Él:
Si apuesto a favor y Dios es — ganancia infinita;
Si apuesto a favor y Dios no es — ninguna pérdida.
Si apuesto en contra y Dios es – pérdida infinita;
Si apuesto en contra y Dios no es – ni pérdida ni ganancia.
En el segundo caso existe una hipótesis en que me expongo a perderlo todo. En consecuencia, el sentido común me aconseja apostar por la que me asegura ganarlo todo o no perder nada, en el peor caso.
www.yeshuahamashiaj.org (Inglés y Español)
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ANTIGÜEDAD DE LOS ESCRITOS DEL NUEVO TESTAMENTO. SU HISTORICIDAD
En
la actualidad se conocen no menos de 5 000 manuscritos antiguos de los
escritos que conforman el Nuevo Testamento ( NT) de nuestra Biblia
cristiana. Esta abundancia de fuentes y la antigüedad de las mismas es
algo insólita cuando la comparamos con las de otras fuentes antiguas
notables. Veamos el siguiente cuadro donde aparecen los siguientes
campos en este orden: AUTOR* OBRA *ÉPOCA DE ESCRITURA DE LA OBRA *NUMERO
DE MANUSCRITOS EXISTENTES* ÉPOCA DE LA COPIA MAS TEMPRANA
EXISTENTE*LAPSO DE TIEMPO ENTRE LA EPOCA EN QUE SE ESCRIBIO Y LA EPOCA
DE LA COPIA MAS TEMPRANA EXISTENTE
TUCIDIDES* HISTORIA *( 460 -400 a.C. )* 8 *900 d.C. *1 300 años
HEREDOTO *HISTORIA *( 488- 428 a.C. ) *escasos *900 d.C. *1 300 años
ARISTÓTELES *POÉTICA *( siglo IV ó III a.C. ) *5 *1100 d.C. *1 400 años
JULIO CÉSAR* LAS GUERRAS DE LAS GALIAS* ( 58-50 a.C. )* 10 *850 d.C.* 900 años
PLATON* TETRALOGIAS*(427-347 AC)* 7 *900 d.C.* 1200 año
PLINIO el Menor* HISTORIA*(61-113 d.C)* 7 * 850 d.C.* 750 años
SOFOCLES* *(496-406 a.C.)*100* 1000 d.C.*1400 años
EURIPIDES* *(480-406 a.C.)*9*1100dC* 1500 años
ARISTOFANES* *(450-385 a.C.)*10*900 d.C.* 1200 años
LIVIO* HISTORIA ROMANA* ( 59 a.C.- 17 d.C. ) *20* siglo IV d.C. *350
SUETONIO* DE VITA CAESARUN*(75-160 d.C.)*8* 950 d.C.*800 años
TÁCITO *HISTORIAS* 100 d.C.* 2 *siglo IX d.C. *700 años
TÁCITO* ANALES *100 d.C. *2 *siglo XI d.C. *900 años
VARIOS *NUEVO TESTAMENTO* siglo I d.C. *5 000 *siglo II d.C.
Nota: Para muchos especialistas existe un pequeño fragmento del evangelio de Marcos
de mediados del siglo I. Sobre este fragmento y otros dos hablaremos más adelante.
Dos
de los grupos de manuscritos del NT más importantes son los papiros
Bodmer ( a la derecha, hallados entre 1955 y 1956), uno de ellos está
fechado de finales del siglo II, y los papiros Chester Beatty ( a la
izquierda, hallado en 1930) , cuyo
fechado probable es de principios del siglo III. Es justo decir que
ambos grupos no contienen totalmente al Nuevo Testamento.
Los
primeros escritos cristianos se escribieron en rollos de papiros, pero
ya en el siglo II d.C. (según otros autores a partir del año 70 d.C. )
estos se empezaron a redactar en la forma de codex o códice, que es en
forma de libro. El Codex Sinaiticus del 350 d.C. y descubierto en 1844
contiene el Nuevo Testamento casi completo ( faltan Marcos 16, 9-20;
Juan 7, 53-8:11) y más de la mitad del Antiguo Testamento. El Codex
Vaticanus ( 325-380 d.C.) contiene la Biblia casi completa; llega hasta
Hebreos 9,13. En la Biblioteca Ambrosiana de Milán fue descubierto por
L.A. Muratori (1672-1750) un fragmento que fue publicado en 1740 y que
contiene la hasta ahora más antigua relación de escritos cristianos.
Este fragmento procede de la segunda mitad del siglo II d.C. e informa
sobre el estado del canon del NT en la iglesia de Roma a mediados del
siglo II. En él ya aparecen muchos de los libros que conformarían
posteriormente el Nuevo Testamento, aunque en él faltan algunos que
actualmente están incluidos: Hebreos, Santiago, Primera de Pedro,
Segunda de Pedro y Tercera de juan; se incluyen otros ( Ejemplo:
Apocalípsis de Pedro ) que no fueron incluidos por la Iglesia Católica
en el canon oficial y definitivo que se estableció como resultado de los
concilios y sínodos de: Laodicea ( 363 d.C. ), Hipona (393) y Cartago
(395 d.C.). Ese canon o relación oficial de libros del NT es el que está
presente en todas las Biblias cristianas, aunque en Hebreos, existen
una pequeña diferencia, ya que las iglesias evangélicas incluyen, entre
varios fragmentos antiguos, a uno que no es el que había seleccionado la
Iglesia Católica muchos siglos antes. Atanasio de Alejandría (367 d.C.)
escribió en una carta la hasta ahora más antigua lista de textos del NT
que coincide con la que finalmente se probó por la Iglesia.
El famoso
arqueólogo Sir Frederic Kenyon en su libro ¨Nuestra Biblia y los
manuscritos antiguos ¨ escribió: ¨ Tan grande es la cantidad de
manuscritos del Nuevo Testamento, de sus traducciones desde los primeros
tiempos y de citas de él por los escritos más antiguos de la Iglesia,
que es casi seguro que la verdadera lectura de todo pasaje dudoso está
en alguna de esas autoridades antiguas. No se puede decir eso de ningún
otro libro antiguo del mundo ¨ En lo relativo a fragmentos del NT diré,
que en la Biblioteca John Ryland de Manchester se encuentra un pedazo de
papiro cuyo fechado es de aproximadamente del año 125 d.C. y contiene
los versículos 31, 32 y 33 así como el 37 y el 38 del capítulo 18 del
Evangelio según San Juan. Este fragmento se considera, para muchos, como
el fragmento más antiguo del NT. Otro fragmento sobre el cual son cada
vez más los expertos que lo consideran como el fragmento
más antiguo del NT es el fragmento 7Q5 ( quinto documento de la séptima
cueva de Qumrán) encontrado en la localidad de Qumrân, lugar en el que
en 1947 se encontraron los famosos rollos del Mar Muerto. Estos rollos,
el fragmento aludido pertenece a uno de ellos, fueron escritos que los
miembros de la secta que habitaba en ese lugar depositaron en vasijas
que a su vez fueron enterradas en cuevas tapiadas en el año 68 d.C. para
esconderlos de la devastadora invasión romana que se produjo como
resultado de la sublevación judía, sublevación que terminaría en el año
70 d. C. con la ocupación e incendio de Jerusalén por parte de los
ejércitos romanos de Tito. Los mencionados rollos están compuestos de
unos 40 000 fragmentos, se han reconstruido más de 500 libros de todo
tipo.El fragmento 7Q5 es fechado alrededor del año 50 d.C. por
diferentes paleógrafos sobre la base, entre otros argumentos, de la
utilización de la llamada caligrafía ¨ ornamental ¨ , típica de la época
entre el año 50 a.C. y 50 d.C. y la comparación con otros papiros del
mismo estilo y fechados en esa época; luego este fragmento estudiado fue
escrito aproximadamente 20 años después de la muerte de Cristo y 10
años después del fechado en que la Tradición de la Iglesia ubica la
escritura del Evangelio de Marcos. El que este fragmento pertenece
al evangelio de Marcos (capítulo 6, versículos 52 y 53 ) fue expuesto
en 1972 por el papirólogo y paleógrafo José O´Callaghan sobre la base de
conocimientos de crítica textual.
Poco tiempo después de mi conversión al cristianismo, casi abandono la fe. Aunque nunca lo admití en frente de mis amigos escépticos cuando me cuestionaban, me costaba creer en la resurrección de Cristo. La idea de un muerto que vuelve a vivir es simplemente difícil de creer. Vivimos en un mundo que parece ser muy naturalista, donde los milagros no suceden y los muertos no resucitan. ¿Y si todo resulta ser una fabricación? ¿Si todo era una mentira? Al final del día, no quiero abrazar el cristianismo porque me hace sentir bien, sino porque es verdad.
Durante mi crisis de fe, descubrí que el concepto de la resurrección no solo es uno difícil de creer para los occidentales del siglo XXI, sino que también lo era para los griegos del primer siglo, y que el apóstol Pablo se tomó muchas molestias argumentando a favor de la resurrección de Cristo a la iglesia en Corinto. De acuerdo al apóstol, la resurrección de Cristo es el fundamento bajo el cual la verdad del cristianismo se mantiene o cae: “y si Cristo no ha resucitado, vana es entonces nuestra predicación, y vana también la fe de ustedes… y si Cristo no ha resucitado, la fe de ustedes es falsa; todavía están en sus pecados. Entonces también los que han dormido en Cristo están perdidos. Si hemos esperado en Cristo para esta vida solamente, somos, de todos los hombres, los más dignos de lástima” (1 Co. 15:14, 17-19). El punto del apóstol Pablo es tan sencillo como sobrecogedor. Si Cristo no resucitó, la fe cristiana es un fiasco. ¿Existen, pues, razones sólidas para creer en la resurrección? He aquí tres de ellas.
1. La confiabilidad de los Evangelios
Cuando los Evangelios son examinados de forma minuciosa, descubrimos que los mismos contienen información muy precisa acerca de los detalles socioculturales del contexto histórico donde la narrativa de Jesucristo toma lugar.[1] Una y otra vez, los evangelistas aciertan cuando se trata de detalles acerca de la antroponimia, geografía, topografía, climatología, agricultura, arquitectura, botánica, cultura, economía, religión y leyes de su nación en la época. Cuando comparamos los cuatro Evangelios canónicos con fabricaciones de evangelios en siglos posteriores, obviamente, todos estos detalles nunca surgen. Esto sugiere que los autores de los Evangelios eran testigos oculares y que, si acertaron los detalles más pequeños, ¿por qué no los más obvios y grandes?
Aparte, también los Evangelios narran en ocasiones detalles irrelevantes que no avanzan la historia (p. ej., Mr. 4:35-36; 14:51) e incluso reportan detalles embarazosos que no aparentan ayudar a avanzar la causa (p.ej., Mr. 3:21; 8:32-33; 10:35-37; 14:37-40, 50; Jn. 7:5) ¿Es este el tipo de elementos que esperaríamos de una fabricación? Difícilmente.
2. Mujeres como las principales testigos de la resurrección
Curiosamente, quizás el detalle más embarazoso desde una perspectiva sociocultural es que las principales testigos de la resurrección eran mujeres (Mt. 28:1-8; Lc. 24:1-12; Mr. 16:1-8; Jn. 20:1-10).[2] El caso es que la sociedad judía de aquel entonces era una sumamente misógina. Tenían una concepción tan rebajada de la mujer que ni siquiera las aceptaban en las cortes como testigos válidos (Antigüedades IV.8.15). Inclusive, varios de los dichos rabínicos de entonces también eran sumamente misóginos. “¡Que las palabras de la ley sean quemadas antes de que sean entregadas a mujeres!” (Sotah 19a). “Bendito eres, Señor, Dios nuestro, Señor del universo, que no me hiciste gentil, esclavo, o mujer” (Berachos 60b).
Debido a estos prejuicios injustificados de la Palestina del primer siglo, ¿por qué habrían inventado los discípulos que las primeras y principales testigos de la tumba vacía eran mujeres? A menos que realmente haya sucedido. Si un autor incluye detalles que no ayudan mucho a su caso, que resulta vergonzoso para su causa, es muy probable que realmente haya sucedido. Esto es exactamente lo que no te inventarías en una fabricación si quisieras vender el punto más importante de tu historia. Es como si yo tratara de convencerte de que el gobierno oculta la existencia de vida extraterrestre porque Chencho el matapuercos me lo contó. Difícilmente convencería a alguien. De hecho, Celsus, un crítico del cristianismo del segundo siglo, se burló de la resurrección, precisamente porque María Magdalena (una mujer) es una de las alegadas testigos de la resurrección (Origen, C. Cels. 2.55). Si los evangelistas hubiesen estado interesados en vender una mentira no habrían presentado a mujeres como las testigos principales de la resurrección.
3. El origen de la fe de los discípulos
Virtualmente todos los eruditos del Nuevo Testamento —desde los más conservadores hasta los más escépticos— piensan que los discípulos originales creían sinceramente en la resurrección de Cristo. Sin embargo, la sinceridad de los discípulos originales no responde la pregunta millonaria: ¿qué motivó a los discípulos a creer en la resurrección? No pudo ser el prestigio, la fama o las riquezas, puesto que el cristianismo fue brutalmente perseguido tanto por las autoridades judías como las romanas por siglos. No pudo ser ninguna de estas cosas, porque la idea de un mesías crucificado era una inconcebible para los judíos y una idea ridícula para los gentiles (1 Co. 1:23). ¿Qué puede motivar a un grupo de personas a entregarlo todo, a vivir una vida de dificultad, sufrimiento y finalmente la muerte?
Decir que muchas personas han muerto por su fe y que la muerte de los discípulos originales no es diferente es una afirmación ingenua porque la diferencia recae en que los discípulos sabían con certeza si estaban muriendo por una mentira o no a diferencia de otras personas. ¿Quién moriría por una mentira sabiendo que es mentira? O habían visto al Cristo resucitado o no. Los discípulos terminaron dándolo todo por esta afirmación, incluso sus vidas puesto que tenían la certeza de haber visto, tocado e interactuado con el Cristo resucitado (1 Co. 15;1-8). Como una vez dijo Blaise Pascal, el legendario filósofo y matemático del siglo XVII: “yo le creo a los testigos que tienen las gargantas cortadas”.
[1] Peter J. Williams, Ph.D, resume el argumento aquí. Como nota aparte, contrario a lo que muchos promueven por internet (e.g., véase la película online Zeitgeist), virtualmente todos los eruditos del Nuevo Testamento rechazan la idea de que los evangelios tomaron ideas prestadas de otros mitos y leyendas. Esto, porque la evidencia sobre la cual dichas afirmaciones descansan son simplemente nulas, inexistentes o distorsiones groseras, tal como Mary Sharp argumenta en su ensayo: “Does the Story of Jesus Mimic Pagan Mystery Stories?” Come Let Us Reason: New Essays in Christian Apologetics.
[2] Una objeción común es que las narrativas de la resurrección y otros pasajes están llenas de contradicciones. Aparte del hecho de que muchas de las diferencias en las narrativas paralelas son suplementarias, no contradictorias, muchas de las aparentes contradicciones son fácilmente resueltas cuando comprendemos que de acuerdo a los estándares de las biografías antiguas, ciertos aspectos como el desorden cronológico de los eventos o la omisión de ciertos detalles no eran considerados como errores, sino aspectos pertinentes a énfasis, tiempo y espacio. Irónicamente, los mismos críticos que gritan “¡contradicción!” serían los mismos críticos que gritarían “¡conspiración!” si las narrativas de la resurrección no tuvieran diversidad. Véase el ensayo “Contradictions, Contradictions: Why Does My Bible Has All These Mistakes?” en Truth Matters: Confident Faith in a Confusing World.
José Santiago es un estudiante de teología (M.Div) en Southwestern Baptist Theological Seminary. Él y su esposa, Kaitlyn, sirven en la Iglesia Bautista La Vid en Grapevine, Texas. Puedes seguirlo en Twitter.
La resurrección de Jesus: evidencias e implicaciones
Por Luis David
Marzo 26, 2016
¨Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación,
vana es también vuestra fe.”
1 Cor 15:14.
Creo que esta contundente afirmación es la mejor manera de iniciar mis palabras al respecto de uno de los asuntos más relevantes de toda la Biblia.
El apóstol Pablo en estos pasajes [1 Cor 15: 1-25] está exponiendo el tema de la resurrección de los muertos y la de Jesús al mismo tiempo; al parecer, probablemente para refutar lo que sería más adelante una corriente gnóstica, o tal vez buscaba confrontar una facción judía en la ciudad de Corinto que se oponía a la resurrección corporal.
El Apóstol presenta un cuadro lúgubre al poner sobre la mesa cuales serían las implicaciones de que Cristo no resucitara en realidad. Las premisas son las siguientes:
La predicacion de los apostoles y la nuestra no tiene sentido. Vs 14.
Nuestra Fe es vana. Vs 14.
Somos testigos de un hecho falso. Vs 15.
Aún estamos en pecado. Vs 17.
Aquellos que han muerto en Cristo, murieron en ignorancia y sin esperanza. Vs 18.
Somos dignos de la lástima de todo ser humano, desdichados somos vs 19.
No hay que ser un genio para caer en cuenta que lo expresado por el Apóstol en estas ideas es que si la resurrección es un hecho falso, todo el cristianismo indefectiblemente cae. Es decir; la certeza de la resurrección de Jesus viene a ser el pilar que sustenta la veracidad del cristianismo histórico y la posterior esperanza cristiana de resucitar.
Por lo que vemos en la Biblia, la discusión armada acerca de este tópico es tan antigua como el cristianismo mismo. El ataque a la resurrección de Jesús proviene de tres líneas de pensamiento:
(1)La ortodoxia judía del primer siglo que se mantiene vigente aun hoy, (2) el insipiente gnosticismo con la creencia dualista y (3) el naturalismo filosófico que intenta socavar la parte sobrenatural de los hechos bíblicos.
Es cierto que un hecho tan transcendental como la resurrección de Jesús es increíble y cuestionable, más aun tomando en cuenta lo distante en el tiempo que estamos del hecho mismo; pero ¿habrá evidencia alguna que sustente de manera coherente y clara el hecho histórico de la resurrección de Jesús?
Quiero presentar tres evidencias que sustentan el caso y luego considerar las implicaciones. Debemos dejar en claro de antemano que los evangelios son considerados como fuentes históricas confiables para establecer la historicidad de la vida de Jesus. En esto están de acuerdo la mayoría de estudiosos del Nuevo Testamento y críticos.
Evidencia 1 -El entierro de Jesus y la tumba vacía.
Tenemos en el testimonio de los evangelios que el cuerpo de Jesus fue reclamado por José de Arimatea para ser enterrado, dicho sea de paso, este hombre era un miembro del Sanedrín y como magistratura judía opositora del cristianismo en sus inicios, por tanto, ningún escritor bíblico tendría motivo alguno para armar un episodio de bondad alrededor del entierro de Jesus.
Las fuentes que atestiguan el hecho del entierro de Jesus inician con el evangelio de Marcos que es una fuente temprana de historicidad. Para el caso de la tumba vacía los evangelios de Marcos y Lucas son unas fuentes históricas importantes. Debido que estos dos autores no fueron testigos oculares de los hechos sino que recogieron evidencia de quienes si fueron testigos presenciales, su trabajo se convierte en una importante labor de investigación histórica.
Así que encontramos en los evangelios los elementos indicados para armar lo que pudiera ser un caso judicial y presentar una buena evidencia: dos testigos oculares [Mateo y Juan] y dos colectores de datos [Marcos y Lucas].
El mismo apóstol Pablo también es una fuente temprana importante, gracias a que la mayoría de sus escritos son anteriores a los evangelios lo cual los convierte en documentos dignos de considerar.
Hay ciertas teorías que intentan refutar la evidencia de la tumba vacía y quisiera considerar unas cuantas y refutarlas de manera breve:
El cuerpo robado por los discípulos
Los escribas y fariseos pidieron que se guardara la tumba para que no ocurriera precisamente este hecho.
En la tumba fue puesto el sello del Cesar y violar este sello convertía en reo de muerte a cualquiera. Seamos lógicos, ¿ser reo de Roma en aquel tiempo? Esa no sería una buena idea y menos por causa de un cadáver.
Si hubo una guardia alrededor de la tumba, para robar el cuerpo los discípulos tuvieron que vencer la guardia romana puesta y de aquí parten dos ideas más: (1) Matar a un soldado romano te convertía en reo de muerte y (2) once hombres emocional y físicamente débiles no habrían podido hacer tal cosa
¿los enemigos de Cristo tomaron el cuerpo?
Ellos no tenían razones para hacerlo puesto que ellos mandaron a asegurar la tumba.
En caso de haber ocurrido esto, debieron presentar el cuerpo real de Jesus al tercer día para demostrar que realmente no había resucitado.
Evidencia 2- la teoría del desmayo, Jesus el escapista y los lienzos en la tumba.
El capítulo 20 del Evangelio de Juan narra que al entrar en la tumba se pudieron observar los lienzos con los cuales Jesús fue envuelto; en la narrativa evangélica luego de su resurrección, Juan y Pedro vieron los lienzos en la tumba y más adelante el sudario con el cual había sido enrollada su cabeza, en este pasaje hay dos detalles a considerar:
Si fue Jesús quien escapó, tuvo que desenrollarse a sí mismo lo cual es poco probable por el tipo de envoltura de la costumbre judía empleada para la sepultura. Además de eso, el cuerpo de Jesús había sido golpeado salvajemente por los soldados romanos y por el castigo de la crucifixión.
Si realmente fue Jesús mismo quien escapó nos deja impresionados por sus habilidades supra-humanas ya que tuvo que desenrollarse, mover la piedra y vencer a los soldados.
El evangelio de Juan narra que fueron llevadas 100 libras de ungüento para embalsamar el cuerpo de Jesus, este ungüento estaba preparado a base de resinas que se endurecían al contacto con el aire y emanaban de ella vapores que podían ser tóxicos en grandes cantidades y en lugares cerrados, si Jesús no murió por causa de la golpiza definitivamente los vapores de los ungüentos lo habrían matado.
Juan también precisa que el sudario de la cabeza estaba enrollado cuando fueron a ver la tumba; quiere decir que estamos ante una de las personas más detallistas de la historia que aún en su día de escape no escatima esfuerzos en dejar todo bien arreglado antes de huir, ¿les suena eso coherente?
Evidencia 3-El cambio después del tercer día.
Hemos visto y oído de muchas personas que han cambiado sus vidas drásticamente de un momento a otro. Eso no es de sorprender; sin embargo, el detalle que quisiera que consideremos ahora es un caso aún más complejo, el cambio de los discípulos luego de la resurrección: ¿qué evento tan grande haría que un grupo de hombres del vulgo pasen de ser simples y miedosos a extraordinarios y valientes? ¿Cuál sería el detonante de que éste grupo removiera los cimientos de un imperio con un mismo mensaje?
La Biblia nos dice que los discípulos no tenían la suficiente agudeza espiritual para entender la naturaleza del reino de Dios y como consecuencia:
En su mayoría teológicamente eran nacionalistas.
Había división entre ellos.
Había rivalidad por quién sería el mayor de todos.
Su condición emocional después de la muerte Jesús fue de temor y depresión.
Si vamos entonces al libro de los Hechos, luego de la resurrección vemos un cambio que es inusual desde el punto de vista conductual.
De ser nacionalistas pasaron a ser proclamadores del evangelio.
El libro de los Hechos narra que tenían un corazón y un alma.
Lucas narra en Hechos que buscaban el bien del otro y no el suyo propio.
Pasaron del temor a ser hombres que no podían callar lo que habían visto y oído.
¡Que impresionante el giro de 180 grados de estos hombres! Lo más interesante es que en la narrativa bíblica este cambio es observado en ellos luego de la resurrección del Mesías esperado.
Un cambio tan radical en este grupo demandaría educación y tiempo. Josh McDowell hace una pregunta en uno de sus libros: — ¿Quién moriría por una mentira?[i] Y es cierto. Hasta qué punto estaríamos dispuestos a entregar nuestras vidas por una causa falsa o fallida. Así que únicamente hay una respuesta razonable a todas las preguntas que surgen al considerar la vida de los discípulos, lograron ver cumplida la profecía cuando exclamó: … Y al tercer día me levantaré.
Tomando en cuenta que nuestra evidencia acerca de la resurrección de Jesús es clara, coherente y precisa tendríamos que concluir retomando las implicaciones declaradas a los corintios qué:
Nuestra predicación tiene un fundamento vivo.
Nuestra Fe esta cimentada en el poder verídico de Dios.
Somos testigos del hecho más impresionante que jamás se ha visto en la historia.
No estamos más en pecado, el pecado fue echado al fondo del mar.
Los que murieron en Cristo están descansando en la seguridad de volver a vivir eternamente.
No somos dignos de lastima sino embajadores que hablamos en nombre de Dios.
Conclusión:
Si Cristo resucitó, su venida también es ciertísima, la redención nuestra está asegurada juntamente con Él y nuestra vida asegurada en la vida de Él.
Tenemos evidencia histórica y lógica para proclamar sin miedo que Jesús fue levantado de entre los muertos para venir a ser primicia de los que resucitan.
Ese mismo Jesús que los discípulos vieron resucitar y vieron ascender al cielo es el que esperamos y que regresara inminentemente por nosotros para llevarnos a la patria del alma, al Cielo, donde no habrá dolor, donde todo lagrima será enjuagada, y donde mora la justicia.
Así que, en la eternidad se escuchará nuestro canto de victoria, cantaremos del excelso Dios y de la certeza de su promesas, cantaremos de su santidad y amor, cantaremos la victoria del cordero, el cual es bendito por los siglos ¡amén!
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Licenciado en Matemática Pura en la Universidad de La Habana (UH) y Catedrático universitario con 24 años de experiencia en la docencia universitaria cubana; posee la Categoría Docente Principal de Profesor Titular universitario. Fue expulsado el 29 de enero de 1997 del Instituto Superior Pedagógico de Pinar del Río ( universidad de perfil formativo o pedagógico) por motivos políticos. Activo colaborador desde su fundación de la revista VITRAL y del Centro Católico de Formación Cívica y Religiosa (CFCR) de la Diócesis de Pinar del Río. Colaboró en Cuba con las organizaciones opositoras: Todos Unidos, Asamblea para Promover la Sociedad Civil en Cuba y con el Consejo Unitario de Trabajadores Cubanos (CUTC).
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COLABORADORES:
Paul Echániz