domingo, abril 20, 2025

Pascua de Resurrección. ¡El Señor ha resucitado! El hecho fundamental de la religión cristiana.

Kénosis Música

Abril 19, 2022

 Hoy el Señor resucitó !

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Tomado de http://es.catholic.net/


La resurrección de Jesús

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¡El Señor ha resucitado! El hecho fundamental de la religión cristiana.
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Por Apologetica.org

“¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado!” (Lc 24,34). Con esta fórmula resume Lucas la afirmación decisiva de nuestra fe. El movimiento de Jesús hubiera concluido con el fracaso de la cruz y la dispersión de sus seguidores si no hubiera sido por ese acontecimiento excepcional con el cual todo comenzó de nuevo. La proclamación de la resurrección de Jesús es absolutamente fundamental y sin ella no habría fe cristiana. Y es en la veracidad de esta afirmación donde nuestra fe se juega su ser o no ser. Porque, como señaló ya en los primeros tiempos el apóstol Pablo, si Jesús no hubiese resucitado la predicación sería vana y seríamos los hombres más dignos de compasión (1 Cor 15, 14.19).

El mensaje sobre la resurrección de Jesús contradice nuestra experiencia diaria sobre la muerte, que se nos presenta como algo definitivo, sin posibilidad de retorno. Es por eso  por lo que su aceptación no ha estado exenta de problemas. Ya en los relatos evangélicos podemos descubrir huellas de las dudas y de la incredulidad con la que algunos recibieron la noticia. Dos mil años después de aquellos hechos, ¿es posible sostener razonablemente nuestra fe sobre la resurrección de Jesús? ¿Fue la resurrección un acontecimiento real, o se trata de algo meramente simbólico, de un mito legendario? ¿Qué razones podemos ofrecer para que no se nos acuse de que nuestra fe en la resurrección de Jesús carece de todo fundamento?

La resurrección de Jesús es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas. Se trata, ciertamente, de un acontecimiento único, difícil de reducir a esquemas o conceptos conocidos. Pero, pese a todo, dejó huellas que aún podemos reconocer y que nos permiten afirmar que nuestra fe en la resurrección de Jesús no es irracional, sino que se puede fundamentar sólidamente de un modo racional. Vamos a reflexionar brevemente sobre algunas huellas, signos y testimonios que nos pueden servir para fundamentar racional y críticamente nuestra fe en la resurrección de Jesús.   
      
a.- El enigma del origen del movimiento cristiano.

Es un hecho incuestionable, incluso  para los historiadores no cristianos, que el movimiento de los seguidores de Jesús comenzó a tener importancia tras su muerte. Del mismo modo, es también indudable que la muerte de Jesús en la cruz (cuyo carácter histórico hoy nadie discute) significó, de modo inmediato, el fracaso de la causa de Jesús y el abandono y la fuga de sus seguidores. Sin embargo, es también un dato histórico indiscutible el que, poco tiempo después de la muerte de Jesús y de la fuga de sus seguidores, éstos regresaron y proclamaron con un entusiasmo que nada tenía que ver con su abandono anterior, que Jesús había resucitado. ¿Cómo explicar históricamente esta situación? ¿De dónde sacaron sus seguidores la fuerza para llevar la buena noticia hasta los confines del Imperio Romano? Un examen histórico del origen del cristianismo nos conduce inevitablemente a la conclusión de que algo excepcional, como una gran explosión, aconteció tras el fracaso absoluto de la muerte en la cruz. ¿Cuál fe la “chispa” que, tras la catástrofe, desencadenó el desarrollo del nuevo movimiento? La única explicación que da razón suficiente de este espectacular comienzo es la de que fue el convencimiento de los seguidores de Jesús de que éste realmente había resucitado lo que desencadenó el comienzo del nuevo movimiento. Tal y como sucedieron las cosas, no es razonable sostener que fue la fe de los discípulos en Jesús lo que originó su fe en la resurrección, sino que fue más bien la experiencia de éstos de que Jesús vivía lo que desencadenó la nueva fe en Jesús. La resurrección de Jesús sorprendió completamente a sus discípulos y, además, se situaba totalmente fuera de lo que éstos razonablemente podían esperar. En definitiva, sólo si la resurrección fue algo real para los discípulos es posible explicar razonablemente los orígenes del movimiento de Jesús, tras su muerte.

b.- Los primeros testimonios.  

Los exégetas coinciden en señalar que el texto escrito más antiguo que proclama la resurrección de Jesús se halla en la primera carta a los Corintios de Pablo, capítulo 15, versículo 3 y siguientes: “Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se  apareció a Cefás y luego a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez a la vez, de los cuales todavía la mayor parte viven y otros murieron. Luego se apareció a Santiago; más tarde a los apóstoles”. Es sabido que Pablo escribió la primera Carta a los Corintios hacia el año 56 o 57 a más tardar y, probablemente, hacia el año 54. En ella les recuerda lo que ya les había dicho en su estancia en esa ciudad, estancia que se produjo hacia el año 50. El tiempo en el que Pablo recibió esa catequesis (no olvidemos que dice que “os transmití (...) lo que a mi  vez recibí”) debió ser entre los años 35 y 37, cuando visitó en Jerusalén a Pedro y Santiago. Esto significa que la formula que se expresa en este texto se había ya fraguado tan sólo  de tres a seis años después de la muerte de Jesús. Ni que decir tiene la gran trascendencia de todo esto, pues ello supone que esta primitiva formulación de la resurrección de Jesús se remonta a muy pocos años después de la muerte de Jesús y se apoya en el testimonio de numerosas personas que todavía vivían y a las que se podía consultar. Difícilmente la buena noticia hubiera podido extenderse si la palabra de esos testigos no hubiera sido digna de crédito para quienes la escucharon, todo lo cual apunta a que esos testimonios expresaban un acontecimiento que, para ellos, era absolutamente real.

De otro lado, los relatos evangélicos sobre las apariciones constituyen también un testimonio sobre la resurrección de Jesús. Si bien su elaboración es seguramente mas tardía y en estos relatos son numerosos los datos contradictorios, lo cierto es que es posible la reconstrucción de estos acontecimientos pascuales, cuyo último núcleo histórico no es posible desconocer.

c.- El sepulcro vacío.

Es cierto que el sepulcro vacío ni es en sí mismo una prueba de la resurrección de Jesús ni fue interpretada, en el primer momento, en ese sentido por quienes lo descubrieron. Pero no es posible tampoco dudar de su carácter histórico. En su favor no sólo está el testimonio múltiple de los cuatro evangelistas, sino también un dato obvio: sin tumba vacía no se habría podido anunciar la resurrección de Jesús en el ámbito judío, sobre todo en Jerusalén; además, los judíos, en polémica con los cristianos, no negaron el hecho del sepulcro vacío, sino que lo interpretaron de otro modo. La historicidad del sepulcro vacío encuentra también un buen apoyo en los textos históricos sobre el redescubrimiento del sepulcro en el siglo IV, tras la conversión del emperador Constantino. En definitiva, el sepulcro vacío es también, a su manera, un “signo” o “huella” de la resurrección de Jesús.

d.- Otro testigo mudo de la resurrección: la Sábana Santa de Turín.

En Turín se conserva un lienzo, conocido como la Síndone o Sábana Santa, que, según resulta de los numerosos estudios científicos a los que ha sido sometido, fue el utilizado en la sepultura de Jesús de Nazaret. Este lienzo refleja con un realismo aterrador las torturas y tormentos a que fue sometido Jesús antes y durante la crucifixión. Pero, igualmente, en la Sábana Santa de Turín los científicos han encontrado huellas sorprendentes que indican que este lienzo es el testimonio silencioso pero  elocuente de la resurrección de Jesús.

Con la muerte de la primera generación de cristianos desaparecieron los testigos directos de la resurrección, lo que debió contribuir a que surgieran dudas entre los nuevos seguidores, a las que se dedica la conocida admonición  “dichosos los que no han visto y han creído” (Jn 20,29). Sin embargo, y pese a los dos mil años transcurridos, como hemos visto brevemente en estas líneas, todavía es posible hoy, sin que ello contravenga nuestra inteligencia, gritar con júbilo como aquellos primeros discípulos “¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado! “.

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domingo, abril 09, 2023

¡El Señor ha resucitado! El hecho fundamental de la religión cristiana. Video: "Si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe"

 Hoy el Señor resucitó (y de la Muerte nos Libró, alegría y Paz hermanos) con letra By Martín Calvo



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                            Video Taller: "Si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe"


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Tomado de http://es.catholic.net/

La resurrección de Jesús

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¡El Señor ha resucitado! El hecho fundamental de la religión cristiana.
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Por Apologetica.org

“¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado!” (Lc 24,34). Con esta fórmula resume Lucas la afirmación decisiva de nuestra fe. El movimiento de Jesús hubiera concluido con el fracaso de la cruz y la dispersión de sus seguidores si no hubiera sido por ese acontecimiento excepcional con el cual todo comenzó de nuevo. La proclamación de la resurrección de Jesús es absolutamente fundamental y sin ella no habría fe cristiana. Y es en la veracidad de esta afirmación donde nuestra fe se juega su ser o no ser. Porque, como señaló ya en los primeros tiempos el apóstol Pablo, si Jesús no hubiese resucitado la predicación sería vana y seríamos los hombres más dignos de compasión (1 Cor 15, 14.19).

El mensaje sobre la resurrección de Jesús contradice nuestra experiencia diaria sobre la muerte, que se nos presenta como algo definitivo, sin posibilidad de retorno. Es por eso  por lo que su aceptación no ha estado exenta de problemas. Ya en los relatos evangélicos podemos descubrir huellas de las dudas y de la incredulidad con la que algunos recibieron la noticia. Dos mil años después de aquellos hechos, ¿es posible sostener razonablemente nuestra fe sobre la resurrección de Jesús? ¿Fue la resurrección un acontecimiento real, o se trata de algo meramente simbólico, de un mito legendario? ¿Qué razones podemos ofrecer para que no se nos acuse de que nuestra fe en la resurrección de Jesús carece de todo fundamento?

La resurrección de Jesús es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas. Se trata, ciertamente, de un acontecimiento único, difícil de reducir a esquemas o conceptos conocidos. Pero, pese a todo, dejó huellas que aún podemos reconocer y que nos permiten afirmar que nuestra fe en la resurrección de Jesús no es irracional, sino que se puede fundamentar sólidamente de un modo racional. Vamos a reflexionar brevemente sobre algunas huellas, signos y testimonios que nos pueden servir para fundamentar racional y críticamente nuestra fe en la resurrección de Jesús.   
      
a.- El enigma del origen del movimiento cristiano.

Es un hecho incuestionable, incluso  para los historiadores no cristianos, que el movimiento de los seguidores de Jesús comenzó a tener importancia tras su muerte. Del mismo modo, es también indudable que la muerte de Jesús en la cruz (cuyo carácter histórico hoy nadie discute) significó, de modo inmediato, el fracaso de la causa de Jesús y el abandono y la fuga de sus seguidores. Sin embargo, es también un dato histórico indiscutible el que, poco tiempo después de la muerte de Jesús y de la fuga de sus seguidores, éstos regresaron y proclamaron con un entusiasmo que nada tenía que ver con su abandono anterior, que Jesús había resucitado. ¿Cómo explicar históricamente esta situación? ¿De dónde sacaron sus seguidores la fuerza para llevar la buena noticia hasta los confines del Imperio Romano? Un examen histórico del origen del cristianismo nos conduce inevitablemente a la conclusión de que algo excepcional, como una gran explosión, aconteció tras el fracaso absoluto de la muerte en la cruz. ¿Cuál fe la “chispa” que, tras la catástrofe, desencadenó el desarrollo del nuevo movimiento? La única explicación que da razón suficiente de este espectacular comienzo es la de que fue el convencimiento de los seguidores de Jesús de que éste realmente había resucitado lo que desencadenó el comienzo del nuevo movimiento. Tal y como sucedieron las cosas, no es razonable sostener que fue la fe de los discípulos en Jesús lo que originó su fe en la resurrección, sino que fue más bien la experiencia de éstos de que Jesús vivía lo que desencadenó la nueva fe en Jesús. La resurrección de Jesús sorprendió completamente a sus discípulos y, además, se situaba totalmente fuera de lo que éstos razonablemente podían esperar. En definitiva, sólo si la resurrección fue algo real para los discípulos es posible explicar razonablemente los orígenes del movimiento de Jesús, tras su muerte.

b.- Los primeros testimonios.  

Los exégetas coinciden en señalar que el texto escrito más antiguo que proclama la resurrección de Jesús se halla en la primera carta a los Corintios de Pablo, capítulo 15, versículo 3 y siguientes: “Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se  apareció a Cefás y luego a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez a la vez, de los cuales todavía la mayor parte viven y otros murieron. Luego se apareció a Santiago; más tarde a los apóstoles”. Es sabido que Pablo escribió la primera Carta a los Corintios hacia el año 56 o 57 a más tardar y, probablemente, hacia el año 54. En ella les recuerda lo que ya les había dicho en su estancia en esa ciudad, estancia que se produjo hacia el año 50. El tiempo en el que Pablo recibió esa catequesis (no olvidemos que dice que “os transmití (...) lo que a mi  vez recibí”) debió ser entre los años 35 y 37, cuando visitó en Jerusalén a Pedro y Santiago. Esto significa que la formula que se expresa en este texto se había ya fraguado tan sólo  de tres a seis años después de la muerte de Jesús. Ni que decir tiene la gran trascendencia de todo esto, pues ello supone que esta primitiva formulación de la resurrección de Jesús se remonta a muy pocos años después de la muerte de Jesús y se apoya en el testimonio de numerosas personas que todavía vivían y a las que se podía consultar. Difícilmente la buena noticia hubiera podido extenderse si la palabra de esos testigos no hubiera sido digna de crédito para quienes la escucharon, todo lo cual apunta a que esos testimonios expresaban un acontecimiento que, para ellos, era absolutamente real.

De otro lado, los relatos evangélicos sobre las apariciones constituyen también un testimonio sobre la resurrección de Jesús. Si bien su elaboración es seguramente mas tardía y en estos relatos son numerosos los datos contradictorios, lo cierto es que es posible la reconstrucción de estos acontecimientos pascuales, cuyo último núcleo histórico no es posible desconocer.

c.- El sepulcro vacío.

Es cierto que el sepulcro vacío ni es en sí mismo una prueba de la resurrección de Jesús ni fue interpretada, en el primer momento, en ese sentido por quienes lo descubrieron. Pero no es posible tampoco dudar de su carácter histórico. En su favor no sólo está el testimonio múltiple de los cuatro evangelistas, sino también un dato obvio: sin tumba vacía no se habría podido anunciar la resurrección de Jesús en el ámbito judío, sobre todo en Jerusalén; además, los judíos, en polémica con los cristianos, no negaron el hecho del sepulcro vacío, sino que lo interpretaron de otro modo. La historicidad del sepulcro vacío encuentra también un buen apoyo en los textos históricos sobre el redescubrimiento del sepulcro en el siglo IV, tras la conversión del emperador Constantino. En definitiva, el sepulcro vacío es también, a su manera, un “signo” o “huella” de la resurrección de Jesús.

d.- Otro testigo mudo de la resurrección: la Sábana Santa de Turín.

En Turín se conserva un lienzo, conocido como la Síndone o Sábana Santa, que, según resulta de los numerosos estudios científicos a los que ha sido sometido, fue el utilizado en la sepultura de Jesús de Nazaret. Este lienzo refleja con un realismo aterrador las torturas y tormentos a que fue sometido Jesús antes y durante la crucifixión. Pero, igualmente, en la Sábana Santa de Turín los científicos han encontrado huellas sorprendentes que indican que este lienzo es el testimonio silencioso pero  elocuente de la resurrección de Jesús.

Con la muerte de la primera generación de cristianos desaparecieron los testigos directos de la resurrección, lo que debió contribuir a que surgieran dudas entre los nuevos seguidores, a las que se dedica la conocida admonición  “dichosos los que no han visto y han creído” (Jn 20,29). Sin embargo, y pese a los dos mil años transcurridos, como hemos visto brevemente en estas líneas, todavía es posible hoy, sin que ello contravenga nuestra inteligencia, gritar con júbilo como aquellos primeros discípulos “¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado! “.
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Jorge Loring documental y fotos de la Sabana Santa


Más detallado y video con mejor calidad en:

LA SÁBANA SANTA: POR FIN TODO AL DESCUBIERTO (DOCUMENTAL ORIGINAL ADJEMA)





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Hoy el señor resucitó








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domingo, abril 01, 2018

Tres razones para creer en la resurrección. El genio matemático y físico Blaise Pascal (Blas Pascal en español) y su creencia en Dios


RESUCITÓ  ALELUYA




 Elvis Presley   Un Par de Manos subtitulada en Español





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Tomado de https://www.coalicionporelevangelio.org/

3 razones para creer en la resurrección



 

Por José Santiago
19 Enero, 2016

Poco tiempo después de mi conversión al cristianismo, casi abandono la fe. Aunque nunca lo admití en frente de mis amigos escépticos cuando me cuestionaban, me costaba creer en la resurrección de Cristo. La idea de un muerto que vuelve a vivir es simplemente difícil de creer. Vivimos en un mundo que parece ser muy naturalista, donde los milagros no suceden y los muertos no resucitan. ¿Y si todo resulta ser una fabricación? ¿Si todo era una mentira? Al final del día, no quiero abrazar el cristianismo porque me hace sentir bien, sino porque es verdad.

Durante mi crisis de fe, descubrí que el concepto de la resurrección no solo es uno difícil de creer para los occidentales del siglo XXI, sino que también lo era para los griegos del primer siglo, y que el apóstol Pablo se tomó muchas molestias argumentando a favor de la resurrección de Cristo a la iglesia en Corinto. De acuerdo al apóstol, la resurrección de Cristo es el fundamento bajo el cual la verdad del cristianismo se mantiene o cae: “y si Cristo no ha resucitado, vana es entonces nuestra predicación, y vana también la fe de ustedes… y si Cristo no ha resucitado, la fe de ustedes es falsa; todavía están en sus pecados. Entonces también los que han dormido en Cristo están perdidos. Si hemos esperado en Cristo para esta vida solamente, somos, de todos los hombres, los más dignos de lástima” (1 Co. 15:14, 17-19).  El punto del apóstol Pablo es tan sencillo como sobrecogedor. Si Cristo no resucitó, la fe cristiana es un fiasco. ¿Existen, pues, razones sólidas para creer en la resurrección? He aquí tres de ellas.

1. La confiabilidad de los Evangelios

Cuando los Evangelios son examinados de forma minuciosa, descubrimos que los mismos contienen información muy precisa acerca de los detalles socioculturales del contexto histórico donde la narrativa de Jesucristo toma lugar.[1] Una y otra vez, los evangelistas aciertan cuando se trata de detalles acerca de la antroponimia, geografía, topografía, climatología, agricultura, arquitectura, botánica, cultura, economía, religión y leyes de su nación en la época. Cuando comparamos los cuatro Evangelios canónicos con fabricaciones de evangelios en siglos posteriores, obviamente, todos estos detalles nunca surgen. Esto sugiere que los autores de los Evangelios eran testigos oculares y que, si acertaron los detalles más pequeños, ¿por qué no los más obvios y grandes?

Aparte, también los Evangelios narran en ocasiones detalles irrelevantes que no avanzan la historia (p. ej., Mr. 4:35-36; 14:51) e incluso reportan detalles embarazosos que no aparentan ayudar a avanzar la causa (p.ej., Mr. 3:21; 8:32-33; 10:35-37; 14:37-40, 50; Jn. 7:5) ¿Es este el tipo de elementos que esperaríamos de una fabricación? Difícilmente.

2. Mujeres como las principales testigos de la resurrección

Curiosamente, quizás el detalle más embarazoso desde una perspectiva sociocultural es que las principales testigos de la resurrección eran mujeres (Mt. 28:1-8; Lc. 24:1-12; Mr. 16:1-8; Jn. 20:1-10).[2] El caso es que la sociedad judía de aquel entonces era una sumamente misógina. Tenían una concepción tan rebajada de la mujer que ni siquiera las aceptaban en las cortes como testigos válidos (Antigüedades IV.8.15). Inclusive, varios de los dichos rabínicos de entonces también eran sumamente misóginos. “¡Que las palabras de la ley sean quemadas antes de que sean entregadas a mujeres!” (Sotah 19a). “Bendito eres, Señor, Dios nuestro, Señor del universo, que no me hiciste gentil, esclavo, o mujer” (Berachos 60b).

Debido a estos prejuicios injustificados de la Palestina del primer siglo, ¿por qué habrían inventado los discípulos que las primeras y principales testigos de la tumba vacía eran mujeres? A menos que realmente haya sucedido. Si un autor incluye detalles que no ayudan mucho a su caso, que resulta vergonzoso para su causa, es muy probable que realmente haya sucedido. Esto es exactamente lo que no te inventarías en una fabricación si quisieras vender el punto más importante de tu historia. Es como si yo tratara de convencerte de que el gobierno oculta la existencia de vida extraterrestre porque Chencho el matapuercos me lo contó. Difícilmente convencería a alguien. De hecho, Celsus, un crítico del cristianismo del segundo siglo, se burló de la resurrección, precisamente porque María Magdalena (una mujer) es una de las alegadas testigos de la resurrección (Origen, C. Cels. 2.55). Si los evangelistas hubiesen estado interesados en vender una mentira no habrían presentado a mujeres como las testigos principales de la resurrección.

3. El origen de la fe de los discípulos

Virtualmente todos los eruditos del Nuevo Testamento —desde los más conservadores hasta los más escépticos— piensan que los discípulos originales creían sinceramente en la resurrección de Cristo. Sin embargo, la sinceridad de los discípulos originales no responde la pregunta millonaria: ¿qué motivó a los discípulos a creer en la resurrección? No pudo ser el prestigio, la fama o las riquezas, puesto que el cristianismo fue brutalmente perseguido tanto por las autoridades judías como las romanas por siglos. No pudo ser ninguna de estas cosas, porque la idea de un mesías crucificado erauna inconcebible para los judíos y una idea ridícula para los gentiles (1 Co. 1:23). ¿Qué puede motivar a un grupo de personas a entregarlo todo, a vivir una vida de dificultad, sufrimiento y finalmente la muerte?

Decir que muchas personas han muerto por su fe y que la muerte de los discípulos originales no es diferente es una afirmación ingenua porque la diferencia recae en que los discípulos sabían con certeza si estaban muriendo por una mentira o no a diferencia de otras personas. ¿Quién moriría por una mentira sabiendo que es mentira? O habían visto al Cristo resucitado o no. Los discípulos terminaron dándolo todo por esta afirmación, incluso sus vidas puesto que tenían la certeza de haber visto, tocado e interactuado con el Cristo resucitado (1 Co. 15;1-8). Como una vez dijo Blaise Pascal, el legendario filósofo y matemático del siglo XVII: “yo le creo a los  testigos que tienen las gargantas cortadas”.

[1] Peter J. Williams, Ph.D, resume el argumento aquí. Como nota aparte, contrario a lo que muchos promueven por internet (e.g., véase la película online Zeitgeist), virtualmente todos los eruditos del Nuevo Testamento rechazan la idea de que los evangelios tomaron ideas prestadas de otros mitos y leyendas. Esto, porque la evidencia sobre la cual dichas afirmaciones descansan son simplemente nulas, inexistentes o distorsiones groseras, tal como Mary Sharp argumenta en su ensayo: “Does the Story of Jesus Mimic Pagan Mystery Stories?” Come Let Us Reason: New Essays in Christian Apologetics.

[2] Una objeción común es que las narrativas de la resurrección y otros pasajes están llenas de contradicciones. Aparte del hecho de que muchas de las diferencias en las narrativas paralelas son suplementarias, no contradictorias, muchas de las aparentes contradicciones son fácilmente resueltas cuando comprendemos que de acuerdo a los estándares de las biografías antiguas, ciertos aspectos como el desorden cronológico de los eventos o la omisión de ciertos detalles no eran considerados como errores, sino aspectos pertinentes a énfasis, tiempo y espacio. Irónicamente, los mismos críticos que gritan “¡contradicción!” serían los mismos críticos que gritarían “¡conspiración!” si las narrativas de la resurrección no tuvieran diversidad. Véase el ensayo “Contradictions, Contradictions: Why Does My Bible Has All These Mistakes?” en Truth Matters: Confident Faith in a Confusing World.

José Santiago es un estudiante de teología (M.Div) en Southwestern Baptist Theological Seminary. Él y su esposa, Kaitlyn, sirven en la Iglesia Bautista La Vid en Grapevine, Texas. Puedes seguirlo en Twitter.

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Blaise Pascal fue un genio matemático francés quien murió en 1662. Después de huir de Dios hasta la edad de 31 años, el 23 de Noviembre de 1654, a las 10:30 pm, Pascal se encontró con Dios y fue convertido profunda e inconmoviblemente a Jesucristo. Él lo escribió en una pieza de pergamino y lo coció a su capa, donde fue encontrada después de su muerte, ocho años después. Decía:

    Año de gracia, 1654, lunes 23, Noviembre, Fiesta de San Clemente. . . desde casi las diez y treinta de la noche, y por casi media hora después de la media noche, FUEGO. Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob, no de filósofos y eruditos. Certeza, gozo de corazón, paz. Dios de Jesucristo. Dios de Jesucristo. "Mi Dios y tu Dios". . . . Gozo, gozo, gozo, lágrimas de gozo. . . Jesucristo. Jesucristo. Que nunca sea yo separado de Él.

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BLAS PASCAL Y SU CREENCIA EN DIOS


 Blaise Pascal

“El último paso de la razón está en reconocer que hay una infinidad de cosas que la superan; ella es muy débil si no llega a conocer esto. Pues si las cosas naturales la superan, qué no habrá que decir de las sobrenaturales. No hay nada tan conforme a la razón como esta orientación” (PASCAL, Pensamientos).

«No solamente no conocemos a Dios más que a través de Jesucristo, sino que sin Jesucristo no nos conocemos a nosotros mismos. Sólo en Jesucristo conocemos la vida, la muerte. Fuera de Jesucristo no sabemos lo que es nuestra vida ni nuestra muerte, ni lo que es Dios, ni lo que somos nosotros mismos» (Pensées, Édition Lafuma, n° 417; Edición Brunschvicg n° 548).

Pascal: un hombre de hace 300 años, también laico convertido, que razonaba como yo, que no quería renunciar a la razón y que, antes de rendirse a la fe, deseaba agotar todas las posibilidades.

Realiza y publica diversos estudios de Física, entre los que sobresalen sus experiencias sobre el vacío, y su descubrimiento de la presión (v.) atmosférica en paralelo con Torricelli (Abrégé du traité du vide, 1-651; De la pesanteur el de la masse de I’air, 1653; y otros). Después mantiene una correspondencia con Fermat (v.), importante porque constituye el comienzo de los estudios del cálculo (v.) de probabilidades, al que contribuyó también con sus trabajos sobre la ruleta

Como dice Pascal, «los hombres desprecian la religión; le tienen miedo, y miedo de que sea verdadera. Para curar esto es preciso comenzar por probar que la religión no es nada contraria a la razón; que es venerable, digna de respeto; volverla enseguida amable, hacer desear a los buenos que sea verdadera y después demostrar que es verdadera». Me parece un programa perfecto para un filósofo cristiano. Cuatro son los tareas que describe Pascal:
  • Probar que la religión cristiana –la verdad cristiana– es razonable, no contraria a la razón.
  • Mostrar que es venerable y digna de respeto, pues en ella el hombre se conoce en su justa realidad.
  • Mostrar, además, que es amable (digna de ser amada), ya que promete el único y definitivo bien, lo único que vale la pena amar: Dios.
  • Y finalmente, demostrar que es verdadera después de haber hecho desear que lo sea.
Pascal: “La grandeza del hombre está en reconocerse miserable. Un árbol no se reconoce miserable” (Pensées, n. 397).

“la grandeza del hombre —escribía el mismo Pascal— consiste en que él se trasciende infinitamente a sí mismo” (Pensées, n. 434).

Hay más de Dios que de agua en cada gota de agua. ·PASCAL-B

«Qué quimera es, pues, el hombre? ¡Qué novedad, qué monstruo, qué caos, qué sujeto de contradicciones, qué prodigio! Juez de todas las cosas, imbécil gusano de la tierra; depositario de la verdad, cloaca de incertidumbre y de error, gloria y excrecencia del universo. ¿Quién desenredará este embrollo?… Conoced, pues, soberbios, qué paradoja sois para vosotros mismos. Humillaos, razón impotente; callaos, naturaleza imbécil, aprended que el hombre supera infinitamente al hombre y escuchad de vuestro maestro vuestra condición verdadera que vosotros ignoráis. Escuchad a Dios» (·PASCAL-BLAS: Pensamientos, 433).

Prefiero equivocarme creyendo en un Dios que no existe, que equivocarme no creyendo en un Dios que existe. Porque si después no hay nada, evidentemente nunca lo sabré, cuando me hunda en la nada eterna; pero si hay algo, si hay Alguien, tendré que dar cuenta de mi actitud de rechazo.  Blaise Pascal

Pascal hubiera respondido que sólo concibe dos tipos de personas inteligentes: las que aman a Dios de todo corazón porque le conocen, y las que le buscan de todo corazón porque no le conocen.

Otro curioso argumento de Pascal es el conocido como el del apostador. Dios existe o no existe, y si debemos necesariamente apostar a favor o en contra de Él:

Si apuesto a favor y Dios es — ganancia infinita;
Si apuesto a favor y Dios no es — ninguna pérdida.
Si apuesto en contra y Dios es – pérdida infinita;
Si apuesto en contra y Dios no es – ni pérdida ni ganancia.

En el segundo caso existe una hipótesis en que me expongo a perderlo todo. En consecuencia, el sentido común me aconseja apostar por la que me asegura ganarlo todo o no perder nada, en el peor caso.

 www.yeshuahamashiaj.org (Inglés y Español)
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ANTIGÜEDAD DE LOS ESCRITOS DEL NUEVO TESTAMENTO. SU HISTORICIDAD

En la actualidad se conocen no menos de 5 000 manuscritos antiguos de los escritos que conforman el Nuevo Testamento ( NT) de nuestra Biblia cristiana. Esta abundancia de fuentes y la antigüedad de las mismas es algo insólita cuando la comparamos con las de otras fuentes antiguas notables. Veamos el siguiente cuadro donde aparecen los siguientes campos en este orden: AUTOR* OBRA *ÉPOCA DE ESCRITURA DE LA OBRA *NUMERO DE MANUSCRITOS EXISTENTES* ÉPOCA DE LA COPIA MAS TEMPRANA EXISTENTE*LAPSO DE TIEMPO ENTRE LA EPOCA EN QUE SE ESCRIBIO Y LA EPOCA DE LA COPIA MAS TEMPRANA EXISTENTE

TUCIDIDES* HISTORIA *( 460 -400 a.C. )* 8 *900 d.C. *1 300 años
HEREDOTO *HISTORIA *( 488- 428 a.C. ) *escasos *900 d.C. *1 300 años
ARISTÓTELES *POÉTICA *( siglo IV ó III a.C. ) *5 *1100 d.C. *1 400 años
JULIO CÉSAR* LAS GUERRAS DE LAS GALIAS* ( 58-50 a.C. )* 10 *850 d.C.* 900 años
PLATON* TETRALOGIAS*(427-347 AC)* 7 *900 d.C.* 1200 año
PLINIO el Menor* HISTORIA*(61-113 d.C)* 7 * 850 d.C.* 750 años
SOFOCLES* *(496-406 a.C.)*100* 1000 d.C.*1400 años
EURIPIDES* *(480-406 a.C.)*9*1100dC* 1500 años
ARISTOFANES* *(450-385 a.C.)*10*900 d.C.* 1200 años
LIVIO* HISTORIA ROMANA* ( 59 a.C.- 17 d.C. ) *20* siglo IV d.C. *350
SUETONIO* DE VITA CAESARUN*(75-160 d.C.)*8* 950 d.C.*800 años
TÁCITO *HISTORIAS* 100 d.C.* 2 *siglo IX d.C. *700 años
TÁCITO* ANALES *100 d.C. *2 *siglo XI d.C. *900 años
VARIOS *NUEVO TESTAMENTO* siglo I d.C. *5 000 *siglo II d.C.

Nota: Para muchos especialistas existe un pequeño fragmento del evangelio de Marcos
de mediados del siglo I. Sobre este fragmento y otros dos hablaremos más adelante.

Dos de los grupos de manuscritos del NT más importantes son los papiros Bodmer ( a la derecha, hallados entre 1955 y 1956), uno de ellos está fechado de finales del siglo II, y los papiros Chester Beatty ( a la izquierda, hallado en 1930) , cuyo fechado probable es de principios del siglo III. Es justo decir que ambos grupos no contienen totalmente al Nuevo Testamento.

Los primeros escritos cristianos se escribieron en rollos de papiros, pero ya en el siglo II d.C. (según otros autores a partir del año 70 d.C. ) estos se empezaron a redactar en la forma de codex o códice, que es en forma de libro. El Codex Sinaiticus del 350 d.C. y descubierto en 1844 contiene el Nuevo Testamento casi completo ( faltan Marcos 16, 9-20; Juan 7, 53-8:11) y más de la mitad del Antiguo Testamento. El Codex Vaticanus ( 325-380 d.C.) contiene la Biblia casi completa; llega hasta Hebreos 9,13. En la Biblioteca Ambrosiana de Milán fue descubierto por L.A. Muratori (1672-1750) un fragmento que fue publicado en 1740 y que contiene la hasta ahora más antigua relación de escritos cristianos. Este fragmento procede de la segunda mitad del siglo II d.C. e informa sobre el estado del canon del NT en la iglesia de Roma a mediados del siglo II. En él ya aparecen muchos de los libros que conformarían posteriormente el Nuevo Testamento, aunque en él faltan algunos que actualmente están incluidos: Hebreos, Santiago, Primera de Pedro, Segunda de Pedro y Tercera de juan; se incluyen otros ( Ejemplo: Apocalípsis de Pedro ) que no fueron incluidos por la Iglesia Católica en el canon oficial y definitivo que se estableció como resultado de los concilios y sínodos de: Laodicea ( 363 d.C. ), Hipona (393) y Cartago (395 d.C.). Ese canon o relación oficial de libros del NT es el que está presente en todas las Biblias cristianas, aunque en Hebreos, existen una pequeña diferencia, ya que las iglesias evangélicas incluyen, entre varios fragmentos antiguos, a uno que no es el que había seleccionado la Iglesia Católica muchos siglos antes. Atanasio de Alejandría (367 d.C.) escribió en una carta la hasta ahora más antigua lista de textos del NT que coincide con la que finalmente se probó por la Iglesia. 

El famoso arqueólogo Sir Frederic Kenyon en su libro ¨Nuestra Biblia y los manuscritos antiguos ¨ escribió: ¨ Tan grande es la cantidad de manuscritos del Nuevo Testamento, de sus traducciones desde los primeros tiempos y de citas de él por los escritos más antiguos de la Iglesia, que es casi seguro que la verdadera lectura de todo pasaje dudoso está en alguna de esas autoridades antiguas. No se puede decir eso de ningún otro libro antiguo del mundo ¨ En lo relativo a fragmentos del NT diré, que en la Biblioteca John Ryland de Manchester se encuentra un pedazo de papiro cuyo fechado es de aproximadamente del año 125 d.C. y contiene los versículos 31, 32 y 33 así como el 37 y el 38 del capítulo 18 del Evangelio según San Juan. Este fragmento se considera, para muchos, como el fragmento más antiguo del NT. Otro fragmento sobre el cual son cada vez más los expertos que lo consideran como el fragmento más antiguo del NT es el fragmento 7Q5 ( quinto documento de la séptima cueva de Qumrán) encontrado en la localidad de Qumrân, lugar en el que en 1947 se encontraron los famosos rollos del Mar Muerto. Estos rollos, el fragmento aludido pertenece a uno de ellos, fueron escritos que los miembros de la secta que habitaba en ese lugar depositaron en vasijas que a su vez fueron enterradas en cuevas tapiadas en el año 68 d.C. para esconderlos de la devastadora invasión romana que se produjo como resultado de la sublevación judía, sublevación que terminaría en el año 70 d. C. con la ocupación e incendio de Jerusalén por parte de los ejércitos romanos de Tito. Los mencionados rollos están compuestos de unos 40 000 fragmentos, se han reconstruido más de 500 libros de todo tipo.El fragmento 7Q5 es fechado alrededor del año 50 d.C. por diferentes paleógrafos sobre la base, entre otros argumentos, de la utilización de la llamada caligrafía ¨ ornamental ¨ , típica de la época entre el año 50 a.C. y 50 d.C. y la comparación con otros papiros del mismo estilo y fechados en esa época; luego este fragmento estudiado fue escrito aproximadamente 20 años después de la muerte de Cristo y 10 años después del fechado en que la Tradición de la Iglesia ubica la escritura del Evangelio de Marcos. El que este fragmento pertenece al evangelio de Marcos (capítulo 6, versículos 52 y 53 ) fue expuesto en 1972 por el papirólogo y paleógrafo José O´Callaghan sobre la base de conocimientos de crítica textual.

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domingo, abril 16, 2017

Video. La resurrección de Cristo. La resurrección de Jesus: evidencias e implicaciones. Tres razones para creer en la resurrección


La resurrección de Cristo



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Tres razones para creer en la resurrección

Por José Santiago
19 de enero de 2016

Poco tiempo después de mi conversión al cristianismo, casi abandono la fe. Aunque nunca lo admití en frente de mis amigos escépticos cuando me cuestionaban, me costaba creer en la resurrección de Cristo. La idea de un muerto que vuelve a vivir es simplemente difícil de creer. Vivimos en un mundo que parece ser muy naturalista, donde los milagros no suceden y los muertos no resucitan. ¿Y si todo resulta ser una fabricación? ¿Si todo era una mentira? Al final del día, no quiero abrazar el cristianismo porque me hace sentir bien, sino porque es verdad.

Durante mi crisis de fe, descubrí que el concepto de la resurrección no solo es uno difícil de creer para los occidentales del siglo XXI, sino que también lo era para los griegos del primer siglo, y que el apóstol Pablo se tomó muchas molestias argumentando a favor de la resurrección de Cristo a la iglesia en Corinto. De acuerdo al apóstol, la resurrección de Cristo es el fundamento bajo el cual la verdad del cristianismo se mantiene o cae: “y si Cristo no ha resucitado, vana es entonces nuestra predicación, y vana también la fe de ustedes… y si Cristo no ha resucitado, la fe de ustedes es falsa; todavía están en sus pecados. Entonces también los que han dormido en Cristo están perdidos. Si hemos esperado en Cristo para esta vida solamente, somos, de todos los hombres, los más dignos de lástima” (1 Co. 15:14, 17-19).  El punto del apóstol Pablo es tan sencillo como sobrecogedor. Si Cristo no resucitó, la fe cristiana es un fiasco. ¿Existen, pues, razones sólidas para creer en la resurrección? He aquí tres de ellas.

1. La confiabilidad de los Evangelios

Cuando los Evangelios son examinados de forma minuciosa, descubrimos que los mismos contienen información muy precisa acerca de los detalles socioculturales del contexto histórico donde la narrativa de Jesucristo toma lugar.[1] Una y otra vez, los evangelistas aciertan cuando se trata de detalles acerca de la antroponimia, geografía, topografía, climatología, agricultura, arquitectura, botánica, cultura, economía, religión y leyes de su nación en la época. Cuando comparamos los cuatro Evangelios canónicos con fabricaciones de evangelios en siglos posteriores, obviamente, todos estos detalles nunca surgen. Esto sugiere que los autores de los Evangelios eran testigos oculares y que, si acertaron los detalles más pequeños, ¿por qué no los más obvios y grandes?

Aparte, también los Evangelios narran en ocasiones detalles irrelevantes que no avanzan la historia (p. ej., Mr. 4:35-36; 14:51) e incluso reportan detalles embarazosos que no aparentan ayudar a avanzar la causa (p.ej., Mr. 3:21; 8:32-33; 10:35-37; 14:37-40, 50; Jn. 7:5) ¿Es este el tipo de elementos que esperaríamos de una fabricación? Difícilmente.
2. Mujeres como las principales testigos de la resurrección

Curiosamente, quizás el detalle más embarazoso desde una perspectiva sociocultural es que las principales testigos de la resurrección eran mujeres (Mt. 28:1-8; Lc. 24:1-12; Mr. 16:1-8; Jn. 20:1-10).[2] El caso es que la sociedad judía de aquel entonces era una sumamente misógina. Tenían una concepción tan rebajada de la mujer que ni siquiera las aceptaban en las cortes como testigos válidos (Antigüedades IV.8.15). Inclusive, varios de los dichos rabínicos de entonces también eran sumamente misóginos. “¡Que las palabras de la ley sean quemadas antes de que sean entregadas a mujeres!” (Sotah 19a). “Bendito eres, Señor, Dios nuestro, Señor del universo, que no me hiciste gentil, esclavo, o mujer” (Berachos 60b).

Debido a estos prejuicios injustificados de la Palestina del primer siglo, ¿por qué habrían inventado los discípulos que las primeras y principales testigos de la tumba vacía eran mujeres? A menos que realmente haya sucedido. Si un autor incluye detalles que no ayudan mucho a su caso, que resulta vergonzoso para su causa, es muy probable que realmente haya sucedido. Esto es exactamente lo que no te inventarías en una fabricación si quisieras vender el punto más importante de tu historia. Es como si yo tratara de convencerte de que el gobierno oculta la existencia de vida extraterrestre porque Chencho el matapuercos me lo contó. Difícilmente convencería a alguien. De hecho, Celsus, un crítico del cristianismo del segundo siglo, se burló de la resurrección, precisamente porque María Magdalena (una mujer) es una de las alegadas testigos de la resurrección (Origen, C. Cels. 2.55). Si los evangelistas hubiesen estado interesados en vender una mentira no habrían presentado a mujeres como las testigos principales de la resurrección.
3. El origen de la fe de los discípulos

Virtualmente todos los eruditos del Nuevo Testamento —desde los más conservadores hasta los más escépticos— piensan que los discípulos originales creían sinceramente en la resurrección de Cristo. Sin embargo, la sinceridad de los discípulos originales no responde la pregunta millonaria: ¿qué motivó a los discípulos a creer en la resurrección? No pudo ser el prestigio, la fama o las riquezas, puesto que el cristianismo fue brutalmente perseguido tanto por las autoridades judías como las romanas por siglos. No pudo ser ninguna de estas cosas, porque la idea de un mesías crucificado era una inconcebible para los judíos y una idea ridícula para los gentiles (1 Co. 1:23). ¿Qué puede motivar a un grupo de personas a entregarlo todo, a vivir una vida de dificultad, sufrimiento y finalmente la muerte?

Decir que muchas personas han muerto por su fe y que la muerte de los discípulos originales no es diferente es una afirmación ingenua porque la diferencia recae en que los discípulos sabían con certeza si estaban muriendo por una mentira o no a diferencia de otras personas. ¿Quién moriría por una mentira sabiendo que es mentira? O habían visto al Cristo resucitado o no. Los discípulos terminaron dándolo todo por esta afirmación, incluso sus vidas puesto que tenían la certeza de haber visto, tocado e interactuado con el Cristo resucitado (1 Co. 15;1-8). Como una vez dijo Blaise Pascal, el legendario filósofo y matemático del siglo XVII: “yo le creo a los  testigos que tienen las gargantas cortadas”.

[1] Peter J. Williams, Ph.D, resume el argumento aquí. Como nota aparte, contrario a lo que muchos promueven por internet (e.g., véase la película online Zeitgeist), virtualmente todos los eruditos del Nuevo Testamento rechazan la idea de que los evangelios tomaron ideas prestadas de otros mitos y leyendas. Esto, porque la evidencia sobre la cual dichas afirmaciones descansan son simplemente nulas, inexistentes o distorsiones groseras, tal como Mary Sharp argumenta en su ensayo: “Does the Story of Jesus Mimic Pagan Mystery Stories?” Come Let Us Reason: New Essays in Christian Apologetics.

[2] Una objeción común es que las narrativas de la resurrección y otros pasajes están llenas de contradicciones. Aparte del hecho de que muchas de las diferencias en las narrativas paralelas son suplementarias, no contradictorias, muchas de las aparentes contradicciones son fácilmente resueltas cuando comprendemos que de acuerdo a los estándares de las biografías antiguas, ciertos aspectos como el desorden cronológico de los eventos o la omisión de ciertos detalles no eran considerados como errores, sino aspectos pertinentes a énfasis, tiempo y espacio. Irónicamente, los mismos críticos que gritan “¡contradicción!” serían los mismos críticos que gritarían “¡conspiración!” si las narrativas de la resurrección no tuvieran diversidad. Véase el ensayo “Contradictions, Contradictions: Why Does My Bible Has All These Mistakes?” en Truth Matters: Confident Faith in a Confusing World.

José Santiago es un estudiante de teología (M.Div) en Southwestern Baptist Theological Seminary. Él y su esposa, Kaitlyn, sirven en la Iglesia Bautista La Vid en Grapevine, Texas. Puedes seguirlo en Twitter.

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La resurrección de Jesus: evidencias e implicaciones

Por Luis David
Marzo 26, 2016   

¨Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación,
 vana es también vuestra fe.”
1 Cor 15:14.

Creo que esta contundente afirmación es la mejor manera de iniciar mis palabras al respecto de uno de los asuntos más relevantes de toda la Biblia.

El apóstol Pablo en estos pasajes [1 Cor 15: 1-25]  está exponiendo el tema de la resurrección de los muertos y la  de Jesús al mismo tiempo; al  parecer, probablemente para refutar  lo que sería más adelante una corriente gnóstica,  o tal vez buscaba confrontar una facción judía en la  ciudad de Corinto que se oponía a la resurrección corporal.

El Apóstol presenta un cuadro lúgubre al poner sobre la mesa cuales serían las implicaciones de que Cristo no resucitara en realidad. Las premisas  son las siguientes:

    La predicacion de los apostoles y la nuestra no tiene sentido. Vs 14.
    Nuestra Fe es vana. Vs 14.
    Somos testigos de un hecho falso. Vs 15.
    Aún estamos en pecado. Vs 17.
    Aquellos que han muerto en Cristo, murieron en ignorancia y sin esperanza. Vs 18.
    Somos dignos de la lástima de todo ser humano, desdichados somos vs 19.

No hay que ser un genio para caer en cuenta que lo expresado por el Apóstol en estas ideas es que si la resurrección es un hecho falso, todo el cristianismo indefectiblemente cae. Es decir;  la certeza de la resurrección de Jesus viene a ser el pilar que sustenta la veracidad del cristianismo histórico y la posterior esperanza cristiana de resucitar.

Por lo que vemos en la Biblia, la discusión armada acerca de este tópico es tan antigua como el cristianismo mismo. El ataque a la resurrección de Jesús proviene de tres líneas de pensamiento:

(1)La ortodoxia judía del primer siglo que se mantiene vigente aun hoy, (2) el insipiente gnosticismo con la creencia dualista y (3) el  naturalismo filosófico que intenta socavar la parte sobrenatural de los hechos bíblicos.

Es cierto que un hecho tan transcendental como la resurrección de Jesús es increíble y cuestionable, más aun tomando en cuenta lo distante en el tiempo que estamos del hecho mismo; pero ¿habrá evidencia alguna que sustente de manera coherente y clara el hecho histórico de la resurrección de Jesús?

Quiero presentar tres evidencias que sustentan el caso y luego considerar las implicaciones. Debemos dejar en claro de antemano que los evangelios son considerados como fuentes históricas confiables para establecer la historicidad de la vida de Jesus. En esto están de acuerdo la mayoría de estudiosos del Nuevo Testamento y críticos.

Evidencia 1 -El entierro de Jesus y la tumba vacía.

Tenemos en el testimonio de los evangelios que el cuerpo de Jesus fue reclamado por José de Arimatea para ser enterrado, dicho sea de paso, este hombre era un miembro del Sanedrín y como magistratura judía opositora del cristianismo en sus inicios, por tanto, ningún escritor bíblico tendría motivo alguno para armar un episodio de bondad alrededor del entierro de Jesus.

Las fuentes que atestiguan el hecho del entierro de Jesus inician con el evangelio de Marcos que es una fuente temprana de historicidad. Para el caso de la tumba vacía los evangelios de Marcos y Lucas son unas fuentes históricas importantes. Debido que estos dos autores no fueron testigos oculares de los hechos sino que recogieron evidencia de quienes si fueron testigos presenciales, su trabajo se convierte en una importante labor de investigación histórica.

Así que encontramos en los evangelios los elementos indicados para armar lo que pudiera ser un caso judicial y presentar una buena evidencia: dos testigos oculares [Mateo y Juan] y dos colectores de datos [Marcos y Lucas].

El mismo apóstol Pablo también es una fuente temprana importante, gracias a que  la mayoría de sus escritos son anteriores a los evangelios  lo cual los convierte en documentos dignos de considerar.

Hay ciertas teorías que intentan refutar la evidencia de la tumba vacía y quisiera considerar unas cuantas y refutarlas de manera breve:

    El cuerpo robado por los discípulos

Los escribas y fariseos pidieron que se guardara la tumba para que no ocurriera precisamente este hecho.

En la tumba fue puesto el sello del Cesar y violar este sello convertía en reo de muerte a cualquiera. Seamos lógicos, ¿ser reo de Roma en aquel tiempo? Esa no sería una buena idea y menos por causa de un cadáver.

Si hubo una guardia alrededor de la tumba, para robar el cuerpo los discípulos tuvieron que vencer la guardia romana puesta y de aquí parten dos ideas más: (1) Matar a un soldado romano te convertía en reo de muerte y (2) once hombres emocional y físicamente débiles no habrían podido hacer tal cosa

    ¿los enemigos de Cristo tomaron el cuerpo?

Ellos no tenían razones para hacerlo puesto que  ellos mandaron a asegurar la tumba.

En caso de haber ocurrido esto, debieron presentar el cuerpo real de Jesus al tercer día para demostrar que realmente no había resucitado.

Evidencia 2- la teoría del desmayo, Jesus el escapista y los lienzos en la tumba.

El capítulo 20 del Evangelio de Juan narra que al entrar en la tumba se pudieron observar los lienzos con los cuales Jesús fue envuelto; en la narrativa evangélica luego de su resurrección, Juan y Pedro vieron los lienzos en la tumba y más adelante el sudario con el cual había sido enrollada su cabeza, en este pasaje hay dos detalles a considerar:

    Si fue Jesús quien escapó, tuvo que desenrollarse a sí mismo lo cual es poco probable por el tipo de envoltura de la costumbre judía empleada para la sepultura. Además de eso, el cuerpo de Jesús había sido golpeado salvajemente por los soldados romanos y por el castigo de la crucifixión.

Si realmente fue Jesús mismo quien escapó nos deja impresionados por sus habilidades supra-humanas ya que tuvo que desenrollarse, mover la piedra y vencer a los soldados.

El evangelio de Juan narra que fueron llevadas 100 libras de ungüento para embalsamar el cuerpo de Jesus, este ungüento estaba preparado a base de resinas que se endurecían al contacto con el aire y emanaban de ella vapores que podían ser tóxicos en grandes cantidades y en lugares cerrados, si Jesús no murió por causa de la golpiza definitivamente los vapores de los ungüentos lo habrían matado.

Juan también precisa  que el sudario de la cabeza estaba enrollado cuando fueron a ver la tumba; quiere decir que estamos ante una de las personas más detallistas de la historia que aún en su día de escape no escatima esfuerzos en dejar todo bien arreglado antes de huir, ¿les suena eso coherente?
Evidencia 3-El cambio después del tercer día.

Hemos visto y oído de muchas personas que han cambiado sus vidas drásticamente de un momento a otro. Eso no es de sorprender; sin embargo,  el detalle que quisiera que consideremos ahora es un caso aún más complejo, el cambio de los discípulos luego de la resurrección: ¿qué evento tan grande haría que un grupo de hombres del vulgo pasen de ser simples y miedosos a extraordinarios y valientes? ¿Cuál sería el detonante de que éste grupo removiera los cimientos de un imperio con un mismo mensaje?

La Biblia nos dice que los discípulos no tenían la suficiente agudeza espiritual para entender la naturaleza del reino de Dios y como consecuencia:

    En su mayoría teológicamente eran nacionalistas.
    Había división entre ellos.
    Había rivalidad por quién sería el mayor de todos.
    Su condición emocional después de la muerte Jesús fue de temor y depresión.
    Si vamos entonces al libro de los Hechos, luego de la resurrección vemos un cambio que es inusual desde el punto de vista conductual.
    De ser nacionalistas pasaron a ser proclamadores del evangelio.
    El libro de los Hechos narra que tenían un corazón y un alma.
    Lucas narra en Hechos que buscaban el bien del otro y no el suyo propio.
    Pasaron del temor a ser hombres que no podían callar lo que habían visto y oído.

¡Que impresionante el giro de 180 grados de estos hombres! Lo más interesante es que en la narrativa bíblica este cambio es observado en ellos luego de la resurrección del Mesías esperado.

Un cambio tan radical en este grupo demandaría educación y tiempo. Josh McDowell hace una pregunta en uno de sus libros: — ¿Quién moriría por una mentira?[i] Y es cierto. Hasta qué punto estaríamos dispuestos a entregar nuestras vidas por una causa falsa o fallida. Así que únicamente hay una respuesta razonable a todas las preguntas que surgen al considerar la vida de los discípulos, lograron ver cumplida la profecía cuando exclamó: … Y al tercer día me levantaré.

Tomando en cuenta que nuestra evidencia acerca de la resurrección de Jesús es clara, coherente y precisa tendríamos que concluir retomando las implicaciones declaradas a los corintios qué:

Nuestra predicación tiene un fundamento vivo.
Nuestra Fe esta cimentada en el poder verídico de Dios.
Somos testigos del hecho más impresionante que jamás se ha visto en la historia.
No estamos más en pecado, el pecado fue echado al fondo del mar.
Los que murieron en Cristo están descansando en la seguridad de volver a vivir eternamente.
No somos dignos de lastima sino embajadores que hablamos en nombre de Dios.

Conclusión:

Si Cristo resucitó, su venida también es ciertísima, la redención nuestra está asegurada juntamente con Él y nuestra vida asegurada en la vida de Él.

Tenemos evidencia histórica y lógica para proclamar sin miedo que Jesús fue levantado de entre los muertos para venir a ser primicia de los que resucitan.

Ese mismo Jesús que los discípulos vieron resucitar y vieron ascender al cielo es el que esperamos y que regresara inminentemente por nosotros para llevarnos a la patria del alma, al Cielo, donde no habrá dolor, donde todo lagrima será enjuagada, y donde mora la justicia.

Así que, en la eternidad se escuchará nuestro canto de victoria, cantaremos del excelso Dios y de la certeza de su promesas, cantaremos de su santidad y amor, cantaremos la victoria del cordero, el cual es bendito por los siglos ¡amén!

[i] Más que un carpintero – Cap 5; Pg 56

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