jueves, abril 13, 2023

Dos artículos sobre actuales descendientes de indígenas o indocubanos en Cuba. Una experiencia académica y personal sobre este asunto



Nota de Pedro Pablo Arencibia,  Bloguista de Baracutey Cubano

Formé parte  del equipo de Antropología Física y Social del Instituto Superior Pedagógico de Pinar del Río ( posteriormente Universidad Pedagógica ¨ Rafael María de Mendive¨)  que llevó a cabo una investigación conjunta (a finales de los años 80 y principios de los 90 del pasado siglo XX) con el Instituto Superior Pedagógico de Guantánamao  sobre la población de la localidad en Caridad de los Indios, situada en el municipio Manuel Támes en la provincia de Guantánamo; localidad donde se encuentran muchos de los llamados ¨indios¨. Esta investigación surgió por el estudio que había hecho la investigadora suiza Claudine Sauvain en poblaciones aisladas en los Alpes Suizos; investigadora que este bloguista conoció en los Talleres Internacionales  de Antropología Física ¨Luis Montan騠 de la Universidad de la Habana y con la que participó, junto a parte del equipo del Pedagógico de Pinar del Río, en diferentes actividades docentes, de trabajo investigativos y presentación de los resultados  en varios viajes que hizo la investigadora a Cuba, incluyendo al Pedagógico de Pinar del Río. 

En  Caridad de los Indios  hay una población bastante aislada y con evidentes  características físicas muy similares a la de los indocubanos. Yo fui  la persona que en el Pedagogíco de Pinar del Río hizo el análisis estadístico de los datos que se habían tomado en el trabajo de campo llevado a cabo.  Dado que en aquella época  los métodos y medios  para hacer estudios de  pruebas de ADN  no estaban tan avanzados como hoy  y que los que existían no estaban a nuestro alcance,  en la investigación se tomaron dos muestras representativas. Una de las muestras estaban compuestas por individuos (masculinos y femeninos)   que solamente tenían los apellidos Rojas y Ramírez en ellos y en las 3 generaciones de sus ancestros. Rojas y Ramírez eran los apellidos de los dos españoles a los que se les concedieron en la zona Encomiendas ( es decir grupos de : indocubanos para catequizar y civilizar, aunque realmente eran explotados como esclavos; eso ocurrió  varios siglos atrás cuando la colonización de Cuba por España, la cual se inició en los primeros años del siglo XVI). La otra muestra estaba compuesta por individuos que tenían al menos en ellos o en sus tres generaciones de ancestros  otro apellido difrente a Rojas y Ramírez. Se midieron 10 variales correspondientes a la antropología física de cada individuo; a los datos obtenidos se les aplicó técnicas de Estadística Multivariada ( Análisis de Clusters, Análisis de Discriminantes, Componentes Principales, Regresión Logística, etc). Se obtuvo, entre muchos resultados, que había diferencias significativas entre ambas muestras y que la muestra de los solamente Rojas y Ramírez en sus apellidos y en los de sus ancestros no tenían diferencias significativas con las medidas antropométricas  del tronco arauco de América del Sur; estos reultados  se obtuvieron tanto para el sexo masculino como paa el sexo femenino.

Desde el punto de vista cultural, los pobladores de Caridad de los Indios poseen costumbres bastante diferentes (en cuanto a organización social, religión, etc.) a los campesinos cubanos, aunque en la investigación se tuvo que negar pues  al discípulo del Dr. Manuel Rivero de la Calle  y antropólogo  Oscar C. Tejedor Álvarez,  jefe de la investigación por el ISP de Pinar del Río (actualmente en EE.UU.)  se le citó a una reunión con un funcionario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba porque  en nuestra  investigación  se usaba la palabra indios; el funcionario estaba fuertemente en contra de que se usara esa palabra pues eso implicaba que Cuba era un país multicultural, lo cual no se podía aceptar.  El jefe de la investigación no sufrió  graves consecuencias laborales, profesionales y políticas porque argumentó que el propio Apóstol José Martí escribió de los ¨indios de Yateras¨en su diario de campaña.

Recuerdo que en una investigación que hice  a finales de los años 70 del pasado siglo junto a un amigo mio, sicólogo de profesión,  con el objetivo de estudiar  el desarrollo psicológico de los niños portadores de desnutrición pacientes del Hospital Pediátrico de Pinar del Río  y el de confeccionar  una escala cubana para medir el desarrollo psicológico infantil en Cuba, pues la escala que se usaba en Cuba era la norteamericana y ella no se ajustaba a las características particulares de los niños cubanos. Fui citado por una funcionaría  del Centro Multisectorial de la Academia de Ciencias en Pinar del Río y por una  trabajadora graduada en la Licenciatura en Información Científica  porque en el trabajo usábamos  la palabra desnutición y distrófia y en Cuba los niños no podían   estar desnutridos ni distróficos y si los había,  había que explicar  el porqué lo estaban ... Los censores sabían que  no culparíamos al Estado ni a la Revolución por la falta de una alimentación adecuada y la  existencia de la Libreta de (des)Abastecimiento..

En 1996 en el último evento científico internacional que participé en Cuba (los talleres internacionales de Antropología Física Luis Montané, de la Universidad de La Habana) le hice preguntas  sobre el daño neurológico en los niños  en los primeros años de vida por  el escaso o nulo consumo de proteinas   y consecuentemente por  la no ingestión de ciertos  aminoácidos esenciales (daños que no son reversibles.)  a un equipo multidisciplinario del Ministerio de Salud Pública que en su investigación  hablaba de que la población cubana ya se estaba recuperando, pues había recuperado el peso que tenía antes de 1993 y 1994 según la muestra poblacional analizada en la investigación. La ¨respuesta ¨ , más motivada por razones políticas que académicas, a esas preguntas vino de Ñico (entonces director del Museo Montané  de la Universidad de La Habana), uno de los organizadores del evento en forma de diatriba política, más que de explicación científica. Solamente  dos norteamericanos (una mujer y un hombre de una universidad norteamericana que no eran del Estado de La Florida ¿quizás del Estado de  Colorado?)  al finalizar  la exposición de la susodicha investigación esperaron en la puerta y cuando salí mefelicitaron y me dijeron que mi observación era muy necesaria. Nunca más fui invitado a participar a esos eventos y solamente una pareja de profesores norteamericanos de una universidad de Colorado o Nuevo Méjico fueron los que se me acercaron y me felicitaron por las preguntas tan necesarias que había hecho. La investigación y sus resultados fueron  llevados a cabo en pleno Período Especial, la mayor crisis económica que ha tenido Cuba desde que es república.

A la doctora española Consuelo Prado , profesora entonces de la Universidad Autónoma de Madrid, a principios de los años 90s no la invitaron a una recepción que el entonces Rector de la Universidad de La Habana dió a todos los investigadores extranjero de renombre que asistían a un evento Luis Montané porque presentó una investigación (con una muestra de mujeres de La Habana) en el evento que predecía lo que luego sucedió con la polineuritis óptica en Cuba. Consuelo Prado, miembro en aquel entonces del Proyecto ERASMO de la ONU, había sido la persona que había invitado a participar en el evento a muchos de esos científicos extranjeros relevantes a  nivel mundial . Esa noche Consuelo Prado lloró esa humillación en la fiesta que el apartheid Castrista había organizado para los cubanos que participábamos  en ese Taller  Internacional de Antropología Física Luis Montané.

Pero volvamos, después de dar algunos ejemplos de cómo trabaja la  censura política en el campo académico, al  tema de los dos artículos que se encuentran en este post mostrando algunos de los resultados estadísticos obtenidos:

En el trabajo se analizaron cuatro muestras: "indios", "indias", mestizos y mestizas, los tamaños de muestras fueron respectivamente 77, 75, 33 y 39. A todos los individuos se les midieron las variables: longitud máxima de la cabeza (G), ancho máximo de la cabeza (EU), ancho máximo de la cara (ZG), altura morfológica de la cara (AM), talla (T), Índice Córmico (IC), anchura de los hombros/talla (AA), anchura bicrestal/talla (AB),Índice Cefálico (IC1) e Índice Morfológico (IM). Las medidas de las variables G,EU,ZG y AM están dadas en milímetros, la variable T en centímetros y el resto de las variables no poseen  dimensiones y se obtienen de dividir en cada caso las variables que intervienen expresadas en centímetros.

Estas mediciones se realizaron con un compás de espesor y un andropómetro de tipo Martin con error (mas,menos) 1mm,siguiendo la metodología propuesta por Martin-Saller y aprobada por la convención de Mónaco de 1932. A los datos obtenidos se les aplicó la Prueba de Hotelling para la igualdad de dos vectores de media utilizando para ello un software creado por los propios autores, también se les aplicó las técnicas  Análisis de Discriminantes y Componentes Principales utilizando para ello el sistema estadístico  NCSS versión 5.1 del Dr. Jerry L. Hintze.

Para investigar  (tanto entre los individuos de sexo masculino como entre los individuos de sexo femenino) si existen diferencias significativas entre los vectores 10-dimensionales  de las medias  (media aritmética  o promedio)  de los "indios" y los mestizos,  aplicamos una de las primeras  pruebas creadas en la Estadística Multivariada, la cual en ocasiones es llamada  Reconocimiento de Patrones,  que es  la Prueba de Hotelling, para la cual creamos un software dado que no estaba  en el paquete estadístico que teníamos y usamos para las demás pruebas: NCSS versión 5.1 del Dr. Jerry L. Hintze.

Al aplicarle la Prueba de Hotelling a los datos se obtuvieron los resultados siguientes: existen diferencias significativas entre los vectores de medias  de los "indios" y los mestizos, tanto entre los individuos de sexo masculino como entre los individuos de sexo femenino.

Para investigar hasta qué punto son compatibles la clasificación inicial realizada sobre la base de los apellidos Rojas y Ramírez, y la clasificación mediante los valores de las 10 variables investigadas, realizamos un Análisis de Discriminantes. . El Análisis de Discriminantes se realizó utilizando la variante de los coeficientes de regresión, pues esta variante no requiere de  condiciones especiales como son la multinormalidad de la distribución de los vectores compuestos por los valores de las 10 variables para cada individuo y la igualdad de las matrices de varianza y covarianza para las muestras que se van a comparar. Es muy frecuente obviar estas condiciones, pues la variante  de las funciones discriminantes lineales es en la práctica válida en muchos casos  aunque no se cumplan estas condiciones,  pero no quisimos tomar  ese riesgo y utilizamos la variante dada por los coeficientes de regresión;  se obtuvo:  que 17 mujeres y 2 hombres cambiaron su clasificación inicial (mediante los apellidos Rojas y Ramirez)  respecto a la clasificación que obtuvimos utilizando el Análisis de Discriminantes teniendo en cuenta las 10  variables antropométricas que se midieron.

Para  determinar si eran significativos o no esos cambios  hice uso, para el sexo femenino, de  la prueba de McNemar para la significación de los cambios,la cual  determinó que los cambios no fueron significativos dentro del sexo femenino. Debemos hacer la observación que utilizamos la prueba de Mc Nemar con la corrección por continuidad de Yates. En el sexo masculino la frecuencia esperada fue muy pequeña, por lo cual aplicamos la Prueba no Paramétrica de la Binomial, arrojando esta que los cambios no fueron tampoco significativos dentro del sexo masculino. Luego podemos afirmar que existe compatibilidad entre las dos clasificaciones.   

La clasificación de poblaciones humanas, es de naturaleza multifactorial, o sea, ella depende de muchos factores que además de afectarla interactúan entre sí, por lo que fue necesario encontrar un método que nos explicara  el papel de cada una de las variables y su relación con las restantes de tal manera que la pérdida de información sea mínima. Es por ello que realizamos un Análisis de Componentes Principales con el objetivo de esclarecer las contribuciones de cada variable en cada una de las cuatro muestras. Estas contribuciones se tomaron para los tres primeros factores considerados ya que absorbían entre ellos un porciento elevado de variabilidad como pude observar en la  tabla de Valores propios y los porcientos de varianza absorbidas.

Los resultados de la aplicación de la técnica de  Análisis de Componentes Principales arrojó:

1.- En todas las muestras el primer factor está caracterizado por las contribuciones de las variables correspondientes a la cabeza y la cara, no existiendo para las mestizas y los "indios" bipolaridad en este primer factor. En las "indias" y mestizos, EU y ZG se oponen al índice morfológico (IM).
 
2.- El segundo factor está caracterizado por las contribuciones de las variables correspondientes a los índices: "indias" (IC1),mestizas (IC1),"indios" (IC) y mestizos (IM) oponiendose respectivamente a IM,AA,IM y IC1 en cada muestra.

3.- El tercer factor esta caracterizado por las contribuciones de las variables IC,IM,IC1 y T en las muestras : "indias",mestizas,"indios" y mestizos respectivamente ,oponiedose tambi'en respectivamente a las variables G,AB,G,G.  

Las conclusiones generales de uno de los trabajos de mi autoría  fueron:

Conclusiones

La Estad'istica Multivariada es una herramienta eficiente en la clasificación de poblaciones y es compatible con otros métodos usados en Antropología como es,por ejemplo,  el isonímico. En nuestro trabajo nos permite decir que:

1) Existen 2 tipos f'ísicos en la población tanto en un sexo como en el otro ,los cuales están perfectamente diferenciados  y se ajustan a la clasificación sobre la base de los apellidos Rojas y  Ramirez en sus cuatro combinaciones posibles .

2) Variables correspondientes a la cara y al cráneo son las mas importantes en cuanto a la contribución en cada una de las muestras.


Referencias

1.- Linares    Fleites   Gladys .Acosta Ramirez Lilliam y otros. 1986. Estadística multivariada.U.H.La Habana

2.- Pospisil, M. 1976. Indians Remnants from the Oriente Province. Cuba. Universita Komenskeho, Bratislava.

3.- Rivero de la Calle, M. 1966. Los aborígenes de Cuba. Ed.   Universitaria. La Habana.

4.-_________________. 1973. Los indios cubanos de Yateras. Rev. Santiago. 10:151-54.
 
5.-________________. 1978. Supervivencia de descendientes de Indoamericanos en la zona de Yateras. Oriente. Cuba Arqueológica:151-176.

6.- Salzano, M.F. 1980. Estructura populacional e genetica de indios sul-americanos. Actas IV Congr. Latin. Genética. Vol.2        pp 349-56.

7.- Sauvain-Dugerdil, C. 1988. Diversidad biológica de las poblaciones humanas de Centro América: elementos de discusión. (En impresión).

8.- Sieguel,Sidney. 1972. Diseño experimental no paramétrico aplicado a las ciencias de la conducta. Ediciones Revolucionarias. La Habana.

9.- Tejedor, O. y S. Gutiérrez. 1989. La población aborigen cubana. Aproximación al conocimiento de sus características      actuales.Estudios de Antropología Biológica. México D.F. : 297-305.

10.- Yasuda, N. y N. E. Morton. 1967. Studies on Human Populations  structure. Proc. 3rd. Int. Cong. Human Genetics. John Hopkins Press. 244-66. 

(Este resumen continuará aquí mismo cuando encuentre mis artículos  donde 1) Demuestro que no hay diferencias significativas (tanto en el sexo masculino como en el femenino) respecto a las 10 variables de  la muestra que solamente tenían los apellidos Rojas y Ramírez en ellos y en las 3 generaciones de sus ancestros y esas 10 variables en el tronco arauco. 2)  Obtengo la expresión de  la función que me permite obtener la probabilidad que un  individuo cualquiera de la población  pueda ser clasificado como indio sobre la base  de esas 10 variables;  dicha expresión la obtuve utilizando la Regresión Logística)


****************
Tomado de https://www.cubaencuentro.com/

De la india cubana Luisa Gainsa, hace un siglo, al ADN recién probado en sus descendientes de hoy

********

Después de leer algunos comentarios sobre el libro Cuba indígena hoy, sus rostros y ADN

********

Por Vicente Morín Aguado

La Habana

11/04/2023

El universo mediático Cuba está reproduciendo la noticia de que, mediante pruebas de ADN, se ha confirmado, ¡al fin!, la supervivencia hasta el presente de los aborígenes cubanos existentes cuando Cristóbal Colón encontró la tierra que le hiciera exclamar nunca tan hermosa cosa vido. Se trata del libro Cuba indígena hoy, sus rostros y ADN, firmado por cinco autores, de los cuales cuatro son científicos cubanos y el quinto un fotógrafo profesional español.

Parafraseando un decir popular, vamos a comentar “sin perder la ternura”, porque el libro amerita leerse, más allá de las escasas páginas necesarias para dar a conocer una prueba de ADN. La controversia asalta cuando constatamos que algunos reportes sobre el suceso hacen borrón a la historia anterior o la sitúan en un estatus neblinoso, “que no es lo mismo, pero es igual”, repitiendo el estribillo de una conocida canción, también parte del fraseo cubano.

Puede afirmarse sin lugar a dudas, y vamos a demostrarlo, que la supervivencia hasta el presente de los agroalfareros cubanos, tainos y siboneyes, es algo conocido y probado más allá de toda duda razonable, antes de la conquista científica sintetizada en las letras ADN. Estos aborígenes pertenecen a la etnia arahuaca, igual es lícito escribir Arawak, aún viva en la amazonía. Sus ancestros emigraron a las Antillas unos mil años antes que nos visitara el Gran Almirante de la Mar Océana, y Cuba fue el final obligado de esta emigración sucesiva, al cerrar el gran arco de islas que conforman un mediterráneo tropical.

Sin ir tan atrás en el tiempo, que nos obligaría a entrar en archivos propios de especialistas, es mundialmente conocida la foto de la India Gainsa, tomada por el arqueólogo estadounidense Mark Reymond Harrington en 1919, durante su extenso periplo del oriente al occidente de la mayor insularidad caribeña, auspiciado por la Smithsonian Institution.

No es una foto aislada, Harrington tomó otras igual de elocuentes, pero la mirada desafiante de esta mujer, auténtica sobreviviente del holocausto indígena, es impactante. Otras imágenes captadas por el arqueólogo nos muestran una familia, mujer indígena, esposo de origen ibérico, otros niños y no falta una canoa hecha con un tronco de palma real, anclada en la rivera del Toa, el río de mayor caudal en Cuba, columna vertebral de la única selva tropical clasificada como tal en nuestro país, convertida en el parque natural Alejandro de Humboldt. El pie de foto escrito por Harrington es argumento y reto desde hace un siglo: The canoe did not disappear (La canoa no ha desaparecido).

Durante el pasado 2018, el Centro Latino asociado al Smithsonian, abrió una exposición dedicada a este pasado que se niega a desaparecer no solo en nuestro gran archipiélago tropical y, las fotos antes comentadas se exhibieron durante largo tiempo.

( la india cubana Luisa Gainsa)

Los estudios del mencionado arqueólogo norteamericano fueron publicados inicialmente en un libro de obligada lectura para quiénes se interesan por el tema que nos ocupa, bajo el título de Cuba Before Columbus (1921). Cuba antes de Colón, fue traducida al español bajo el cuidado del ilustre etnólogo cubano Fernando Ortiz, de prolífica labor, a quien paradójicamente, le debemos buena parte de la controversia que estamos tratando.

El portal web CUBAENCUENTRO, dándole justa bienvenida a Cuba indígena hoy, sus rostros y ADN, reproduce una entrevista telefónica del reportero Carlos Olivares al novelista y considerado etnólogo Miguel Barnet, conocido por el multi editado testimonio Biografía de un cimarrón, traducido al inglés como Biography of a runaway slave.

Luego de una larga carrera matizada por cargos políticos designados por el gobierno cubano y su partido comunista, a los 82 años Barnet preside la Fundación Fernando Ortiz, creada bajo su iniciativa y con el aval de haber sido discípulo directo del sabio que le da nombre.

Tal vez sea la edad, pero asombra esta declaración suya, tomada del portal web CUBAENCUENTRO, sobre el nuevo texto de antropología que nos motiva:

“Este libro explora en la pervivencia y herencia legada por los habitantes originarios del archipiélago cubano: tierras de los indios taínos, siboneyes y guanajatabeyes, de quienes sólo se refiere que dejaron alimentos como la malanga y la yuca. El más respetado etnógrafo cubano, Fernando Ortiz, afirmaba que los indios se extinguieron con la llegada española a principio del siglo XVI: este libro rompe con ese mito que ha imperado durante más de 500 años.”

Una deducción simple acorta la pervivencia de tal mito a menos de un siglo de historiografía. Aunque figuras de tanto prestigio intelectual como Ortiz, ejercieron influencia para mantener la aseveración absolutista de la “desaparición de los indios”, antes de escribir su prolífica obra, en su tiempo y ya en su ocaso existencial, la tesis de Don Fernando fue rebatida con argumentos convincentes.

La negativa a una conclusión derivada de los testimonios del Harrington traducido y publicado en Cuba por Don Fernando, pretendía preservar la pasión predominante en sus estudios, el indudable y por entonces soslayado aporte africano a la cultura cubana.

Sin embargo, en pleno apogeo de su vida intelectual, el gran etnólogo debió leer en Bohemia, la revista número uno de Cuba, de gran difusión en Latinoamérica, un reportaje firmado por el entonces joven espeleólogo, recién graduado Dr. en filosofía por la Universidad de La Habana, Antonio Núñez Jiménez, quien tituló su noticia “Con los últimos indios de Cuba” —año 1949—, relatando la presencia de descendientes aborígenes claramente identificados en Yateras, La Caridad de los indios y Punta de Maisí, actual provincia de Guantánamo, así como en Ocujal del Turquino y Bella Pluma, Sierra Maestra, provincia de Santiago de Cuba.

En 1962 Núñez Jiménez, capitán del ejército rebelde de Fidel Castro, fue nombrado por su Comandante en Jefe Presidente de la recién creada Academia de Ciencias de Cuba, una de cuyas oficinas ocupó Fernando Ortiz.

En este lugar, debió confrontar, ya anciano, con el Antropólogo Dr. Manuel Rivero de la Calle, profesor de la Universidad de La Habana, quien llegara a presidir la cátedra correspondiente. Rivero de la Calle estudió al fondo una muestra de población aborigen superviviente en Yateras, municipio de la provincia de Guantánamo, demostrando con apoyo de las técnicas entonces existentes, el indudable ancestro indígena arahuaco de estos cubanos.

Los resultados de su investigación, además de publicarse en revistas científicas, aparecen sintetizados para el lector general en la obra Las Culturas aborígenes de Cuba (1966), de cuyo contenido cito:

“El grupo que conserva más puras sus características aborígenes y, a la vez el más numeroso, se encuentra viviendo en el municipio de Yateras, provincia de Guantánamo. Se ha calculado que más de 1000 personas de esta región presentan esas características, y en algunas son tan evidentes los rasgos de nuestros primitivos aborígenes que se les conoce con el nombre de “indios” y nadie tiene dudas de quiénes son estas personas.”

Sobre la valoración de esta investigación, escribió posteriormente otro especialista en la materia, José Barreiro, Smithsonian Scholar Emeritus, quien ha dirigido numerosos proyectos de esta institución centenaria, siendo fundador además de la Red de Pueblos Indígenas. Su pasión le llevó a Cuba, al extremo por donde primero sale el sol en el país, lugar que recorrió con un guía excepcional, el antropólogo Alejandro Hartman, historiador de la Ciudad de Baracoa y, uno de los 5 autores del libro que es noticia.

Primero leemos la apreciación de este destacado miembro del exilio cubano sobre las investigaciones del Dr. Rivero de la Calle:

“El estudio biológico de Rivero, realizado en dos etapas —1964 y 1972-1973— se centró exclusivamente en certificar la composición racial en una muestra de 300 personas de origen indígena del municipio Yateras. Su metodología incluyó mediciones antropométricas y observaciones somastópicas (siguiendo el Programa Biológico Internacional), características serológicas y genealogías familiares.” (Sitio Web: Cultural & Survival. Indios en Cuba, 2 de marzo de 2010).

Se trata de un conjunto de técnicas antropométricas evaluativas del cuerpo humano en toda su manifestación visible que excede en detalles al presente artículo: Estatura, hombros y caderas, mandíbulas, narices, pilosidad de la piel, cabellera, epicanto, oblicuidad de los ojos, iris, arcos superciliares, regiones glúteas, pelvis, pies y piernas, y coloración de la piel. Los resultados fueron comparados con la numerosa colección de restos humanos correspondiente a nuestros aborígenes, otros testimonios y estudios conocidos de la población arahuaca actual.

Las conclusiones que hemos citado, se reproducen actualizadas en una segunda obra de tan importante autor, esta vez firmada junto al profesor de la Universidad de La Habana y arqueólogo, Ramón Dacal Moure. Hablo de Arqueología aborigen de Cuba, de la editorial dedicada a la juventud Gente Nueva, La Habana, 1984.

Volviendo a Barnet, resulta inexplicable, por lo obvio, su errado comentario en torno al legado indígena cuando dice “de quienes sólo se refiere que dejaron alimentos como la malanga y la yuca.” Dejaron muchísimo más, es penoso que siendo este señor el asiento número dos de la Academia cubana de la Lengua, desconozca el aporte de más de 200 vocablos claramente tainos al idioma que hoy se habla en Cuba.

El profesor José Juan Arrom, cubano de Mayarí con cátedra en Yale, escribió durante sus 97 años de vida enjundiosos ensayos sobre la cultura taina, de los cuales señalo Mitología y artes prehispánicas de las Antillas (1975), Estudios de lexicología antillana (1980) y El murciélago y la lechuza en la cultura taína, editado con Manuel A. García Arévalo (1988).

Por si fuera poco, el entrevistado para CUBAENCUENTRO no puede desconocer a un colega suyo que también tiene asiento en la Academia Cubana de la Lengua, Sergio Valdés Bernal, autor de un texto en dos volúmenes titulado Las lenguas indígenas de América y el español de Cuba (1991-1993).

Inclusive, sin repasar los libros enumerados, bastaría andar por los campos del país, apreciando herencias indias tales como el bohío, humilde casa campesina, los caneyes, construcción mayor, muy difundida en las instalaciones turísticas, los recipientes elaborados con la Yagua, el pan de yuca llamado casabe por los tainos y, una larga lista donde ocupa lugar especial toda una tradición asociada a la Palma Real, árbol símbolo nacional.

¿Habló a la ligera el autor de Biografía de un cimarrón? ¿Descuido del entrevistador, igual de ausente a conocimientos tan populares?

A sus 82 años, Miguel Barnet ha causado vergüenza ajena cuando, por ejemplo, justificó y minimizó la responsabilidad de Fidel Castro en la represión sistemática de los homosexuales durante la década del sesenta.

En cuanto al mito de la desaparición de los aborígenes cubanos a mediados del siglo XVI, interpretando el hecho en la calidad de conclusión general, puede darse por válido si consideramos que de una población estimada por expertos en tal vez 200 mil individuos, sobrevivieron quizás 5 mil. El genocidio del 97 % de una población es un acto de exterminio, aunque lo extraordinario está en quienes sobrevivieron para con su presencia denunciarlo. La mirada de Luisa Gainsa condena para siempre lo que jamás debiera repetirse.

Por tanto, es altamente pernicioso y totalmente anti educativo conocer que el libro de texto básico para enseñar historia de Cuba, contiene el este párrafo:

“Una cultura que llevaba diez siglos de evolución en Cuba —su llegada el tiempo coincide con la invasión bárbara visigoda de España y el fin del imperio romano occidental— desapareció pocos años después de la llegada a América, a fines del siglo XV, de los descendientes de los visigodos, los españoles.” (Eduardo Torres Cuevas, Doctor en Ciencias Históricas, autor de Historia de Cuba en 3 tomos.)

Tal cultura y sus habitantes, definitivamente no desaparecieron, inspiran a otros novelistas de dignidad manifiesta, en especial menciono a Daína Chaviano, cuya última obra se titula Los hijos de la diosa Huracán. Precisamente el Catedrático emérito de Yale, José Juan Arrom, ha afirmado que fue huracán la primera palabra india incorporada regularmente a la lengua española.

Un doctor en ciencias históricas cubano, conoce de seguro la existencia de los llamados “pueblos de indios”, resultado del decreto real que en 1542 puso fin a las encomiendas, declarando a los nativos americanos súbditos del monarca español. Esta ley demoró una década en hacerse efectiva, cuando según estimaciones de expertos, tal vez quedaban en Cuba unos 5 mil indígenas.

Entonces fueron creadas varias comunidades bajo los derechos dados por el Rey, de ellas, un ejemplo fue recordado por el periodista Osviel Castro Medel en el segundo diario de mayor circulación del país, Juventud Rebelde, 24 de enero de 2011. Se trata de Jiguaní, fundado el 25 de enero de 1701 por el indio Miguel Rodríguez, con el apoyo de un cura llamado Andrés Jerez, según confirma el historiador de la localidad, Hugo Armas.

Otro capítulo de especial interés es el testimonio del Lugarteniente General del Ejército Libertador, de hecho su segundo Jefe, Antonio Maceo Grajales, citado por José Barreiro:

“Antonio Maceo ordena, utilizando la actividad de una india yerbera/médium, conocida como Cristina, lograr poner a los indios al lado de la causa mambisa e incluso se formará una unidad de combatientes indígenas en la zona de Maisí que ha pasado a la historia como Regimiento Hatuey, el cual participó en numerosas acciones hasta el fin de la Guerra de Independencia en 1898 y entre ellas los historiadores resaltan la importancia de la batalla de Sao del Indio.” (Sitio Web Cultural & Survival )

Volviendo al libro de reciente publicación, Cuba indígena hoy, sus rostros y ADN, el portal web No. 1 del rating en internet si de nuestro país se trata, CiberCuba, incluye una nota con la siguiente aseveración:

“En 2019 el fotógrafo español Héctor Garrido, uno de los impulsores del proyecto, comentó a la cadena SER que existían pruebas científicas de la existencia de descendientes directos de los taínos y causó revuelo al afirmar que no se extinguieron, tal y como han planteado los historiadores cubanos.”

Es perdonable en términos de historiar, esta imprecisa opinión de un fotógrafo español a quien hemos de agradecer su indudable protagonismo en el proyecto que dio a la luz el libro, junto a otros materiales audiovisuales de indudable valor. Sin embargo, ni Fernando Ortiz, ni el Dr. Torres Cuevas, menos aún el novelista Miguel Barnet, componen juntos a “los historiadores cubanos.”

Hay una pléyade de cronistas del pasado nacional de imperecedera memoria, cuyas obras ocupan un espacio imposible de borrar con algunas simples declaraciones mediáticas.

Quien escribe habla con pleno conocimiento de causa, conocí al catedrático Arrom durante su visita a Cuba en 1980, participando de un productivo almuerzo cargado de enseñanzas, en Trinidad, durante la IV jornada de la Cultura Aborigen, bajo la dirección personal del Dr. Antonio Núñez Jiménez. Con este último participé en varias expediciones por las cavernas de nuestro hermoso cocodrilo verde.

Desde entonces colaboré con Rivero de la calle y Ramón Dacal, de quiénes fui alumno de postgrado. Ejerciendo la responsabilidad de Director del Museo Municipal de Historia de Isla de Pinos, mal llamada Isla de la Juventud, realizamos una excavación arqueológica dirigida por el propio Rivero, en Punta del este, litoral sur pinero, conocido por la existencia en sus cavernas marinas de la más notable muestra de arte rupestre de las Antillas.

Años después conocí en Baracoa a Alejandro Hartman, historiador de la ciudad primada de Cuba, durante la siguiente jornada arqueológica nacional (1985).

Entonces volví a mi niñez en aquellos parajes selváticos, únicos de su clase en nuestra patria, porque mis padres enseñaron allí durante un lustro de sus vidas a los niños montunos, abundaban entre ellos los de clara identidad india, junto al Duaba, cuya desembocadura sirvió de rada al Titán Maceo, al desembarcar el 1ro de abril del glorioso año 1895.

Está de moda en las redes sociales la expresión cambiar el mundo, asociada a hechos y personas que supuesta o realmente, en algo o mucho han ejercido influencia en la globalizada vida actual. La frase, de tanto usarla, ha degenerado y deben reprobarse los excesos que oscurecen con sus olvidos la continuidad de los procesos históricos, además, porque “honrar honra”, bien lo dijo el Maestro de la ética política e intelectual, José Martí.

Cuenta José Barreiro, destacado activista por los derechos de los pueblos indígenas de nuestro planeta, que durante su visita a La punta de Maisí, mientras discutía con su colega, el historiador Hartman, sobre el grado de autenticidad de aquella cultura aún viva, desde el asiento trasero del auto, el indio Pedro Hernández, habitante de una comunidad allí radicada, cuyo padre y abuelo guiaron a Núñez Jiménez y Mark Harrington respectivamente, les interrumpió diciéndoles:

“Pero estoy aquí, Indios o descendientes, es lo mismo. Ellos, los viejos taínos, estaban aquí. Ahora, nosotros, mi generación, estamos aquí. No vivimos exactamente como ellos, pero todavía estamos aquí”.

Desde hace al menos un siglo, Luisa Gainsa viene diciendo lo mismo.

© cubaencuentro.com

************

Tomado de https://www.cubaencuentro.com/ 

«Cuba Indígena Hoy»

********

Un estudio que subraya la presencia de raíces nativas en la población cubana y rompe con la creencia de que los primeros pobladores de la isla desaparecieron tras la llegada de los españoles

********

Por Carlos Olivares Baró

 Ciudad de México

07/04/2023 

Un equipo multidisciplinario (antropología, genética clínica, historia, sociología…) publica Cuba Indígena Hoy. Sus Rostros y ADN (Ediciones Polymita, 2022) en colaboración con la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo donde se contradice que la población nativa de la Isla haya sido extinguida después de la llegada de los españoles. Resultado de una investigación que demuestra con pruebas de ADN que la herencia india sigue latente en la población cubana.

Volumen que recoge las conclusiones de un estudio in situ (área de la provincia de Guantánamo, municipio de Baracoa) conformado por los ensayos: “Cuba Indígena: Genesis de un proyecto”, del etnógrafo español Héctor Garrido; “Aquí estamos”, del antropólogo cubano Alejandro Hartmann; “Herencia aborigen en el siglo XXI cubano”, del sociólogo cubano Enrique J. Gómez; “Cuba indígena: huellas en el ADN”, de la cubana, especialista en Genética, Beatriz Marcheco; y “Los rostros del ADN”, de Beatriz Marcheco y Héctor Garrido.

“Este libro explora en la pervivencia y herencia legada por los habitantes originarios del archipiélago cubano: tierras de los indios taínos, siboneyes y guanajatabeyes, de quienes sólo se refiere que dejaron alimentos como la malanga y la yuca. El más respetado etnógrafo cubano, Fernando Ortiz, afirmaba que los indios se extinguieron con la llegada española a principio del siglo XVI: este libro rompe con ese mito que ha imperado durante más de 500 años”, explica en entrevista telefónica con CUBAENCUENTRO el etnógrafo, poeta y escritor cubano Miguel Barnet, autor del clásico Biografía de un Cimarrón.

¿En qué consiste el proyecto Cuba Indígena Hoy?

Aporta una nueva visión sobre esta polémica histórica a través de un estudio que empalma los rasgos físicos individuales de pobladores de la región oriental de Cuba, sobre todo de Baracoa, con los análisis genéticos. La edición se enriquece con un catálogo fotográfico que ilustra el genotipo indígena de estas poblaciones.

¿Investigación concluyente sobre el tema?

Se decía hace poco que aún quedaban algunos indígenas cubanos ‘mestizados’ por las serranías de Santiago de Cuba y de Pinar del Río; pero nada científicamente se podía asegurar, ahora con estas conclusiones avaladas por estudios de ADN se puede afirmar que la huella indígena en Cuba nunca desapareció. Lo más sorprendente y emocionante de Cuba Indígena Hoy se sustenta en sus irrebatibles resultados científicos.

¿Leyenda que perduró durante más de cinco centurias?

(foto del libro) 

Según estudios arqueológicos, puede especularse que en 1510, el número total de indígenas cubanos era de unos 112 mil, se cree que el 50 por ciento se asentaba en la geografía oriental (Santiago, Guantánamo, Baracoa…); pero, las enfermedades contagiosas de los europeos, las carnicerías humanas, la mala alimentación, los brutales trabajos y los suicidios, entre otras procedencias, hicieron que en 1570 quedaran sólo 3 mil: la mayoría del sexo femenino, quienes se convirtieron en esclavas sexuales de los españoles. De esos datos parte la creencia de la extinción nativa en la Isla.

¿Pruebas de ADN echan abajo lo que se decía?

Así es. Estudios realizados en las localidades de Baracoa donde se refugiaron pequeños grupos de indios cubanos, sobrevivientes de la crueldad de la colonización con resultados científicos que exigen reinterpretar los hechos. El ADN reveló que mientras a nivel nacional el porcentaje de genes de origen amerindio era del 8 por ciento; en Baracoa, llegaba al 20 por ciento. Es interesante, recordar que le ponemos al apodo de ‘indio’ a las personas nacidas en esa región de piel morena y pelo lacio.

© cubaencuentro.co

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , ,


Para seguir leyendo hacer click aqui­ ...

domingo, agosto 28, 2022

Descolonizar Cuba. José Gabriel Barrenechea desde Cuba: La única descolonización realista pasa por admitirnos como lo que somos: pueblo europeo trasplantado a un archipiélago en la cara atlántica de Las Américas

 Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

Buen artículo de José Gabriel Barrenechea pero no debe reducir todo a lo propiamente genético; no se debe obviar lo cultural. Por ejemplo: el sabio Fernando Ortiz  en su conferencia, posteriormente convertida en el artículo titulado Los factores humanos de la cubanidad, habla  de la impronta que la cultura anglosajona y los EE.UU.  han tenido  en la cubanidad: ...La vecindad de esta poderosa cultura es uno de los más activos factores de la cultura nuestra; positivos o negativos, pero innegables..

 La cual, en mi opinión ha aumentado aún más significativamente  tras el fatídico 1 de enero de 1959.

Mucho más  en el  punto o item 3.28 El factor norteamericano en la cubanidad. El consejo de un sabio, el cual comienza en la página 135 de mi libro  titulado La Historia de Cuba que te ocultaron y otros temas, el cual se puede adquirir en Amazon.

Por otra parte:  a  finales del siglo XIX y principios del siglo XX estuvo el boga el Panhispanismo. Fernando Ortiz también  escribió   desechando  esa corriente en su libro La Reconquista de América: Reflexiones Sobre el Panhispanismo, publicado en 1911. Pueden también bajar a pdf el artículo  Fernando Ortiz y la polémica del panhispanismo y el panamericanismo en los albores del siglo XX en Cuba / Mely del Rosario González Aróstegui.

********************

Descolonizar Cuba

*******

La única descolonización realista pasa por admitirnos como lo que somos: pueblo europeo trasplantado a un archipiélago en la cara atlántica de Las Américas

*******

Por José Gabriel Barrenechea

Santa Clara

26/08/2022

Aquí no entiendo descolonización en el sentido original de independencia política de las antiguas metrópolis, europeas en lo fundamental, ocurrido tras la Segunda Guerra Mundial en África, Asia, y el Caribe. En este trabajo me refiero al proceso propuesto por los críticos de Occidente, mediante el cual las nuevas naciones independientes, u otras ya independizadas de mucho antes, pero de modo incompleto, a criterio de los mencionados críticos, deben buscar en su pasado anterior a la colonización, o en todo caso en los grupos que en propiedad no cabe identificar como colonizadores, los elementos para crearse, o recrearse, una cultura autónoma. Proceso cuya meta es proporcionarles a esas naciones independizadas el marco cultural suficiente para liberarse del eurocentrismo, y alcanzar una “verdadera independencia” del Centro europeo y norteamericano del Sistema Mundo actual.

Esta visión de la descolonización, presentada en un inicio por las escuelas poscoloniales y decoloniales, alimentadas en o por la academia europea o norteamericana, ha tenido un gran incremento en los últimos años con la multiplicación por todo el mundo de movimientos autoritarios regionalistas, enfrentados al proceso de globalización y a los valores liberales. En el caso cubano puede incluso afirmarse que la Revolución de 1959 fue una de las grandes inspiradoras de esta visión radicalizada del concepto, a nivel global. En Cuba el poder político revolucionario, heredero del nacionalismo romántico decimonónico, hizo suya esta visión de la descolonización casi desde el mismo 1959, y aquí ha encontrado su expresión teórica máxima en obras como Calibán, de Roberto Fernández Retamar.

Sin embargo, la realidad es que en Cuba la idea de descolonizarla, desde este enfoque cultural en su versión más radical, aquella que apuesta a buscar las bases de una cultura autónoma, des-europeizada, en el pasado pre-colonial, solo podría significar despoblar al Archipiélago Cubano, ya que es evidente que a diferencia de otros pueblos, en el nuestro los habitantes y la cultura “originaria”, anterior a los colonizadores y quienes con ellos vinieron, no existen desde hace mucho. No en balde en verdad Cuba se despuebla al presente, a un ritmo de retroceso poblacional que nos sitúa entre los diez casos más graves del mundo actual, gracias a un régimen político que ha hecho de esa descolonización cultural, de esa “des-europeización”, un punto esencial de su propuesta a la Nación.

Partamos de que es problemático intentar definir cuál fue esa población y cultura “originaria”, ya que a los habitantes que encontró Colón en su primer viaje, los taínos, los había precedido al menos otras gentes y otra cultura, paleolítica, la cual subsistía al oeste de la isla mayor, y probablemente tan al levante como en algunos de los cayos adyacentes a la actual provincia de Camagüey.

Puede hablarse de descolonizar Perú, México, Congo o la India, porque el grupo étnico sino originario, por lo menos en control en el instante inmediato anterior a la llegada de los europeos, aún existe allí, y sin duda buena parte de su cultura ancestral pre-moderna. En esos casos se puede incluso fantasear con refundar una sociedad bastante parecida a la azteca, maya, inca, hindú o congoleña, por más que de seguro ello no ayudaría a que las dichas sociedades superarán las dificultades que han encontrado tras las independencias. En el caso de Cuba, cuando de los taínos, “siboneyes” y “guanajatabeyes” que encontraron las huestes de Don Diego Velázquez solo quedan rastros de ADN mitocondrial, definitivamente no.

La doctora Beatriz Marcheco Teruelo, directora entonces del Centro de Genética Médica, al presentar la hasta ahora más completa investigación sobre la composición genética de la población cubana, la cual incluyó personas de ambos sexos, mayores de 18 años, de todas las provincias del país y del 81 % de los municipios, declaró: “un 70 % de la información genética proviene de ancestros europeos, alrededor de un 20% proviene de esclavos africanos que fueron traídos a Cuba, o sea, de nuestros ancestros africanos, un 8% viene de nuestros aborígenes, de nuestros primeros habitantes de la Isla, y cerca de un 2% de los chinos, de los asiáticos que fueron traídos a Cuba ya fundamentalmente en el siglo XIX…” (https://www.cubaahora.cu/ciencia-y-tecnología/de-donde-venimos-los-cubanos-segun-estudios-de-adn).

De lo dicho queda claro que tampoco en el balance poblacional, el cual cabe suponer proporcional al genético, hay mucho fundamento para buscarnos una identidad autónoma, des-europeizada, en el principal grupo llegado en el periodo colonial, pero no como colonizador propiamente dicho: los africanos transportados a la fuerza a este lado del Atlántico, para ser usados como mano de obra esclava. Ello con más razón si nos damos cuenta del considerable peso genético africano que heredamos directamente desde España, de los norafricanos sobre todo en el sur ibérico, de dónde procedía en lo esencial el núcleo colonizador, e incluso de los subsaharianos llevados a Al-Ándalus por el primer comercio esclavista, controlado por el mundo musulmán. Porque en un final el asunto aquí no es genético, sino cultural, y sin duda esos genes africanos que llegaron a nuestro balance genético desde España, representan a una población culturalmente más europea propiamente dicha que africana. Lo cual nos permite afirmar que el aporte poblacional europeo a Cuba es varias veces superior al africano, y que ese 20% mencionado en el estudio no pertenece solo a la herencia dejada por los esclavos traídos desde África a América, como afirma la doctora Marcheco, sino que incluye también a una parte de individuos propiamente europeos, no africanos.

La sociedad transnacional cubana es por tanto hoy, incluso en la Isla, donde la presencia europea ha disminuido con las sucesivas oleadas emigratorias posteriores a la Revolución, mayoritariamente compuestas por “blancos”, una nación genéticamente descendiente de individuos procedentes de Europa, caucásicos o no. Por lo tanto, poblacional y culturalmente somos también en esencia descendientes de Europa, lo cual queda claro si nos damos cuenta de que nos expresamos todos en una lengua europea —somos la única nación hispanohablante en que todos nos usamos el español como lengua principal—, o que en lo esencial las imágenes usadas por nosotros en la comunicación son las mismas que utiliza cualquier europeo contemporáneo —se da el caso que por nuestra influencia cultural rusa, somos los latinoamericanos que mejor nos entendemos con un europeo oriental, su literatura o su cine.

El predominio de la influencia europea en la formación de nuestra cultura puede apreciarse mejor si tenemos en cuenta que, por ejemplo, en el devenir colonizador los que llegaban no tuvieron la necesidad de adoptar las experiencias de los que ya vivían acá. Tomemos el caso de las diferencias climáticas a enfrentar por el núcleo colonizador principal, en lo fundamental andaluz: nunca fueron tan grandes como para que se viesen obligados a preferir las costumbres y experiencias de los aborígenes ante el calor, a las propias. Ello explica, por ejemplo, por qué las técnicas constructivas, y los materiales de los habitantes anteriores a la colonización, no trascendieron más allá de la etapa inicial o de las construcciones precarias, ya que para enfrentar el calor excesivo los recién llegados habían creado en su región mediterránea de procedencia, con sus propios materiales, también presentes acá, una arquitectura ideal. El que ciudades separadas por todo un océano, como Cádiz y La Habana, resultaran casi la misma ciudad a fines del siglo XVIII, se explica en el pronto abandono del bohío circular por los colonizadores –en propiedad, el bohío del guajiro cubano de 1830, descrito por Anselmo Romero Suarez, le debe más a las técnicas del Viejo Mundo, que a las de los taínos.

Y es que los pueblos como el cubano son en esencia sociedades europeas trasplantadas a otro clima, otra latitud y longitud, con una importantísima influencia china, en nuestro caso particular, pero por sobre todo africana. Influencia cultural esta última que sin embargo no cabe magnificar, hasta el punto de pretender igualarla, o hasta suponerla más importante que la europea. Partamos de que algo así no encuentra justificación en el aporte biológico africano, significativamente menor al europeo, como hemos visto más arriba, y mucho menos dada la situación de subordinación y exclusión a que eran sometidos los negros llegados desde África, en la sociedad colonial cubana.

Tengamos en cuenta que los africanos, incluso antes de llegar a Cuba, eran sometidos por la Trata a un salvaje proceso de aculturación, en el cual se los separaba de la gente de su tribu, y se los encerraba con multitud de africanos de otras procedencias en las bodegas de los barcos negreros. Este proceso de mezcla se repetía luego a conciencia en la plantación cubana, para hacer más manejables a las dotaciones. En consecuencia, ello daba lugar al surgimiento casi inmediato de un ajiaco cultural “africano”, el cual, sin embargo, no podría haberse formado sin la intermediación de la cultura de las clases bajas europeas. Clases con las cuales los cautivos entraban en contacto a veces desde antes de su captura, y con las cuales convivía durante los largos meses del viaje oceánico, antes de llegar a Cuba. Clases cuyo idioma, e imágenes, estaba obligado a dominar, ya no solo para comunicarse con los blancos pobres a su alrededor, sino incluso para conseguirlo con los cautivos africanos de otras tribus o naciones que conformaban la dotación del ingenio, o del cafetal.

En el caso cubano, además de esa presencia constante de los blancos pobres europeos durante toda su vida, desde que eran capturados en África, o nacían de este lado del Atlántico, hasta su muerte, tanto en el caso de los esclavos de las explotaciones agrícolas, como en el de los negros, libres o no, de ciudad, se daba también la significativa presencia de los negros transculturados ya en España. Entre los cuales cabe destacar a los llamados negros curros. Un grupo muy influyente en la particular subcultura del negro cubano urbano, a los cuales en esencia no cabe calificar de africanos propiamente dichos, sino de déclassés de las ciudades andaluzas. Gente a la que no se encuentra cómo incluir en una historia típica del folclore africano pre-colonial, pero que sin embargo encaja de maravillas en un relato picaresco del Siglo de Oro, o mejor, en una noveleta de Cervantes.

No en balde estudiosos americanos del jazz, para nada supremacistas blancos, señalan al presente la presencia en este de una mayor influencia de las músicas gitanas, hebreas, y en general de las clases bajas europeas, que de las de la Costa de Marfil, o Costa de Oro. No sorprende tampoco que para quienes han estudiado las respectivas religiosidades, y sobre todo para los mismos religiosos cubanos que han tenido ocasión de viajar a aquellas regiones, resulte evidente que en la afrocubana hay más elementos procedentes de las religiosidades mediterránea, del Próximo Oriente, o de las incontables “brujerías” europeas, que de la de las más arriba señaladas regiones africanas.

El hecho es que en la mayor parte de Las Américas, y sobre todo en Cuba, la influencia africana ya de por sí tuvo que reinterpretarse a través del prisma transculturador de la cultura popular europea, para alcanzar a influir. Sin haber usado ese medio cultural para condensarse, en Cuba hablaríamos hoy de dos culturas separadas: una cultura de los “blancos”, y una caótica y mal amalgamada cultura de los negros. Lo cual, de manera evidente, no es nuestro caso, por más diferencias que puedan identificarse todavía entre ambos grupos: en Cuba, por ejemplo, es raro el negro cubano actual que recuerda su nación de origen en África, considerándose todos simplemente cubanos, o en todo caso, afrocubanos.

No nos engañemos, la única descolonización posible en Cuba pasa por el abandono de esa idea de nosotros mismos que nos han impuesto las academias occidentales, y sobre todo académicos e intelectuales cubanos “descolonizados”, quienes a la brava han querido meternos en una horma que no es exactamente la nuestra.

La única descolonización realista pasa por admitirnos como lo que somos: pueblo europeo trasplantado a un archipiélago en la cara atlántica de Las Américas. En el cual, como en cualquier dependencia colonial secundaria, o incluso unidad política alejada del centro en la propia metrópoli, la herencia dejada por las clases altas europeas, y sobre todo por la alta cultura europea, ha sido mínima, hasta muy tarde en nuestro proceso formativo. Téngase en cuenta que todo parece indicar que en Cuba no tuvimos imprenta hasta el siglo XVIII, siglos después que las hubiera en Nueva España, o el Virreinato del Perú; o que la calidad de todo lo escrito en Cuba, previo a la generación de Francisco de Arango y Parreño y José Agustín Caballero, es muy menor, solo apreciable por la información que brindan sobre el devenir colonial.

En Cuba, en resumen, cabe hablar de un ajiaco de culturas europeas de clase baja (lo cual incluye a lo andaluz, o sea, a lo islámico: porque lo islámico no es ajeno a Europa), como elemento central y núcleo de lo que somos, al cual se le ha agregado mucho quimbombó y algo de salsa china. Caldo de diversidad global el cual comenzamos a cocinar, a partir de cierto momento a mediados del siglo XIX, en una olla de presión hecha en los suburbios de Boston o Connecticut. Ya que de ninguna manera debe menoscabarse la influencia americana en lo que somos, y sobre todo en lo que hemos sido a partir del momento en el cual nos propusimos independizarnos de España.

Somos, en fin, descendientes genéticos de españoles y africanos, en ese orden; culturales y caracterológicos de españoles de los del montón, pero muy influidos en lo material por la mentalidad de nuestros vecinos del Norte. Porque como hemos intentado exponer aquí, lo que nos ha dejado el África Subsahariana ha sido reinterpretado, desde un inicio, a través del prisma transculturador del núcleo cultural ibérico; y en cuanto a la herencia de los pueblos originarios, neolíticos, ya hace mucho ha desaparecido.

Entender esto en un mundo que ha entrado de a lleno en una crisis climática, y en una nueva Guerra Fría, en que la racionalidad económica y las necesidades de defensa obligan al abandono de los pequeños nacionalismos de municipio con manías de grandeza, para en su lugar sustituirlos por federaciones o confederaciones regionales, de dimensiones incluso supra-continentales, es vital para saber hacia dónde debemos mirar los cubanos en lo que nos queda de siglo, y más allá…

© cubaencuentro.com

***********





Fernando Ortiz en dos etapas de su vida

Leamos a Fernando Ortiz en un fragmento de su conferencia Los factores humanos de la cubanidad a los estudiantes de la fraternidad “Iota-Eta,” en la Universidad de La Habana, el día 28 de noviembre de 1939  la cual posteriormente publicó como artículo en la Revista Bimestre Cubana, vol. V, XLV, no. 2, 1940: 161-86.


Pocos lustros después de la conquista y poblamiento de Cuba por los mediterráneos, ya la visitan y sacuden las franceses y luego los ingleses y los holandeses, con sus corsos y saqueos y sus tráficos comerciales. Ya es la cultura blanca de la Europa ultrapirenaica. A aquéllos se debió el régimen internacional del comercio intérlope sostenido por una sorprendente estructura de bucaneros, filibusteros y pechelingues, superpuesta a la armazón oficial española; y todos aquí hicieron contrabando, los gobernadores, los obispos, los hacendados, los mercaderes, los letrados y los plebeyos; contrabando de corambres, de azúcares, de tabacos, de tejidos, de joyas, de lujos, de esclavos, de armas y de libros. Sin el régimen comercial filibustero, más organizado y poderoso que el gubernativo, no puede ser explicada la historia de Cuba, toda ella contrabandeada. Los ingleses en 1762 conquistan La Habana, abren el puerto y muestran las ventajas del comercio libre, que tendrá que ir concediendo España. Muchos oficiales de los que tomaron la Habana pronto lo fueron también de las tropas separatistas de Jorge Washington. Las colonias angloamericanas fueron Estados Unidos de América y desde entonces el mundo anglosajón ha venido influyendo extaordinariamente en nosotros por razón de su proximidad, por sus instituciones democráticas, por su libertad religiosa, por su maravilloso progresismo técnico y por el peso grave de su imperial economía. A esa cultura angloamericana debemos a lo largo del siglo XIX la máquina de vapor, que transformó la producción azucarera. En Cuba tuvimos ferrocarriles antes que España y otras naciones de Europa. La máquina de vapor nos trajo el gran capitalismo industrial, cuando todavía el régimen del trabajo era la esclavitud. ¡Esclavos, máquinas, tierra virgen y capitales! ¡Todo en grande y a una, todo actuando en conjunto! Fue la opulencia más sibarítica, unida a la miseria más abyecta.

 A la misma civilización anglosajona debemos la pronta e intensa movilización de nuestras riquezas naturales, el consiguiente incremento  rapidísimo de la población, que en treinta años se triplica, y la afortunada mundialización de muchas costumbres nuestras que una generación atrás eran míseramente provincianas. La vecindad de esta poderosa cultura es uno de los más activos factores de la cultura nuestra; positivos o negativos, pero innegables. No nos ciegue el resquemor que en nosotros ha sido latente por sus invariables egoísmos, por sus frecuentes torpezas, a veces por sus maldades y a menudo por sus desprecios. No es un problema de gratitud, sino de objetividad. Según el péndulo de nuestra historia, el cubano se aleja o se acerca emotivamente al gran foco vecino. Ahora está otra vez candente el contacto con el norteamericano. Hay quien por la mañana es anexionista y por la tarde abomina del Tío, según suba o baje la cotización del azúcar, que es termómetro del patriotismo para los espíritus en almíbar. Sabemos del vecindaje su historia, sus hábitos, sus petulancias, sus prepotencias, mi sequedad fría y desdeñosa, su absorbente imperialismo... Sabemos que esa poderosísima industria sacarífera, que nos domina y es dominada por el anónimo extranjero, a pesar de haber ganado en una sola zafra unas utilidades mayores que el valor de todo el capital invertido en ella, no ha regalado a Cuba ni una modesta fundación benéfica o educativa que testimoniase al pueblo cubano la realidad de algún don espiritual del industrial forastero que se llevó nuestra dulzura. Pese a todo, de ese poderosísimo Niágara de fuerzas que es la civilización norteamericana nos llegan corrientes que nos arrastran pero que nos elevan a la espuma, corrientes que nos llevan lejos, en zozobras, pero sin hundirnos. ¿Será verdad que Cuba es una isla de corcho? ¿Acaso lo que en nosotros perdura de los antepasados desnudos nos capacita para sortear los oleajes, saltos, remolinos, escollos, recodos, rápidos y fangales de nuestra historia? El porvenir estará en aprovechar la corriente pero sin sumergirse en ella.
***************

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , ,


Para seguir leyendo hacer click aqui­ ...

miércoles, julio 29, 2020

Dimas Castellanos desde Cuba: Rumbo a la hambruna: el equivocado orden de las medidas económicas en Cuba. Fernando Ortiz: Cuba y sus hermanas



Rumbo a la hambruna: el equivocado orden de las medidas económicas en Cuba

*********
El Gobierno se debate en una insalvable contradicción: superar la crisis y sostener el modelo que la generó.
*********


Por Dimas Castellanos
La Habana
29 julio, 2020

El Gobierno se debate en una insalvable contradicción: superar la crisis en que está sumido el país y sostener el modelo que la generó; hundido en la insolvencia financiera, sin suficiente inversión extranjera, sin acceso a los mercados de capital y en medio de la reducción de ingresos por turismo, remesas y alquiler de profesionales.

En marzo de 2020, Miguel-Díaz-Canel dijo: "Los problemas financieros del país se agravan, los problemas de disponibilidad de divisas se agravan y nosotros estamos enfrentando esta situación con las enormes limitaciones que nos impone el bloqueo... Van a existir colas porque no tenemos el aseguramiento para resolver los problemas de desabastecimiento".

Por su parte, el ministro de Economía, Alejandro Gil, planteó: "se requiere más planificación, más control de las medidas, más rigor en su cumplimiento y más disciplina en los actores económicos". Y en la reunión del Consejo de Ministros del mes de mayo, reconoció: "no se puede distribuir una riqueza que no se ha creado".

Más tarde, el 16 de julio, Miguel Díaz-Canel planteó que la situación era desafiante, que no se podía seguir haciendo lo mismo, y anunció un paquete de medidas postergadas durante años, sin explicar por qué se postergaron. En consecuencia, anunció una "estrategia". Si con ese término se designa un conjunto de acciones encaminadas hacia un fin, y ese fin es sacar al país de la crisis, las medidas anunciadas no califican como tales, pues parten de un postulado falso.

Cualquier estrategia dirigida a superar la crisis cubana tiene que partir del punto donde se torció el rumbo anunciado en 1959, cuando en lugar de lo prometido —elecciones inmediatas, restitución de la Constitución de 1940 y un programa que aumentaría notablemente la producción agrícola, que duplicaría la capacidad de consumo de la población campesina y que borraría su pavorosa cifra de desempleo crónico, logrando para el pueblo "un nivel de vida superior al de cualquier otra nación"—, se tomó el rumbo del totalitarismo.

La ineficiencia productiva, el desabastecimiento progresivo y la importación de alimentos y artículos producibles en el país, son efectos de ese modelo totalitario, caracterizado por la falta de libertad de los productores, los precios topados, la represión contra la iniciativa privada y los intermediarios; en definitiva, de una economía prisionera de la política y la ideología.

Camuflar la crisis cubana con la generada por la pandemia del covid-19 a nivel mundial, significa eludir el origen de la verdadera causa: la estatización de la propiedad sobre los medios de producción, la eliminación de la institucionalidad existente, el secuestro de las libertades ciudadanas y la concentración del poder en un Partido y en una persona. Por tanto, la salida de ese estado tiene que comenzar por precisar, al margen de la ideología y de intereses partidistas, cuál es la verdadera causa.

Cuba necesita de un crecimiento rápido en la esfera productiva

Durante décadas, desde la sociedad civil hemos venido clamando por una reforma de la propiedad, por la creación de pequeñas y medianas empresas, porque los cubanos puedan ser empresarios, por dotar a los productores de personalidad jurídica, etc.; es decir, por la esfera de la producción. Sin embargo, las medidas han comenzado por la esfera de la circulación: eliminar el absurdo gravamen del 10% al dólar para facilitar la venta a los cubanos "ricos", con lo que se repite un camino fracasado y se institucionalizan las diferencias sociales; y por la venta mediante tarjetas magnéticas, que constituyen un paso atrás en relación a medidas similares implantadas hace casi 30 años, con la diferencia de que son más limitadas aún, pues ahora no basta con poseer dólares para comprar en efectivo. Es decir, un orden contrario a los objetivos declarados.

Aunque tardías, limitadas e insuficientes, el valor de las medidas anunciadas radica en el reconocimiento de una crisis que se aproxima inexorablemente a la hambruna.

Al comenzar por la circulación (comercialización de aseo, alimentos y ferretería), una buena parte de lo que se recaude irá a manos de los proveedores. Algo similar a lo que le ocurrió a España con el oro y la plata que sacó de las Américas, que por falta de una infraestructura interna, siguió camino hacia otros países europeos de mayor desarrollo.

A fines de 2019, ante la insolvencia financiera y habituado al parasitismo, el Gobierno puso el ojo en las remesas familiares. Comenzó a vender equipos electrodomésticos en moneda libremente convertible, mediante tarjetas magnéticas, para controlar las divisas que enviaban los familiares desde el exterior, sin que el resultado mejorara la deprimida producción nacional.

Cuba necesita de un crecimiento rápido en la esfera productiva, comenzando por la agricultura, para aliviar el desabastecimiento, satisfacer la demanda nacional, sustituir importaciones y ahorrar parte de los casi 800 millones de dólares que se invierten anualmente en la compra de alimentos y otros artículos producibles en el país.

Hacer, no solo decir

En 2007, Raúl Castro reconoció que las deficiencias, errores y actitudes burocráticas se reflejaban en los campos infectados de marabú. Para revertir esa situación se dictaron varios decretos-leyes sin obtener los resultados esperados. El común denominador de esas legislaciones es la ausencia de una reforma de la propiedad, de pequeñas y medianas empresas, de personalidad jurídica de los productores y de trabas como el monopolio de Acopio, una institución burocrática que impone al productor lo que debe producir, la cantidad, el precio, y obliga a entregar la mayor parte al Estado. Seis años después, en mayo de 2013, Marino Murillo Jorge, entonces vicepresidente del Consejo de Estado, dijo: "las medidas que durante décadas se han puesto en práctica en la forma de gestionar la tierra no han conducido al necesario aumento de la producción".

Hay que añadir que las medidas puestas en práctica entre 2013 y 2020 tampoco dieron resultados. Se impone pues, hacer las cosas de otra manera, no solo enunciarlo.

La recuperación tras la Guerra de Independencia, un ejemplo

El éxito o el fracaso de las transformaciones sociales guarda relación con la existencia o no de libertades. Antes de 1959 la economía cubana, aunque con marcadas diferencias sociales, era una de las más fuertes de la región. Hoy decrece, las diferencias sociales aumentan, los valores se pierden, y el Estado se hunde en la incapacidad y la insolvencia financiera. Por tanto, se alza como necesidad ineludible la restitución de los derechos y libertades refrendados en la Constitución de 1940, adaptados a la época de las novísimas tecnologías de la información y las comunicaciones.

Solo así, tanto en la política como en la economía o la cultura, los cubanos podrán devenir agentes activos.

Se necesita la promulgación de una nueva ley de inversiones que contemple a los cubanos; la formación de pequeñas y medianas empresas en todos los sectores productivos y de servicios; la entrega o venta de la tierra en usufructo a propiedad de los productores; el fomento de cooperativas y no de asociaciones de usufructuarios dependientes del Estado; la erradicación del listado de actividades permitidas a los trabajadores por cuenta propia; la eliminación de los monopolios estatales de acopio, y de exportación e importación, viva expresión de la naturaleza totalitaria del Estado cubano.

La superación de las ruinas provocadas a fines del siglo XIX por la Guerra de Independencia, muestra que la actual situación de desastre se puede superar. Aquella guerra destruyó entre el 80 y el 90 % de la agricultura y la industria, se perdieron más de 300.000 habitantes (uno de cada cinco personas), y una parte considerable de la clase empresarial cubana desapareció. Para aquilatar la recuperación basta el ejemplo del ganado vacuno, que de las 120.000 cabezas que sobrevivieron, ya en 1903 había 1.223.613.
*******************
  El sabio Don Fernando Ortiz y su artículo Cuba y sus hermanas


Por Pedro Pablo Arencibia Cardoso
 Miami
16 de septiembre de 2013

Don Fernando Ortiz, llamado ¨el tercer descubridor de Cuba¨, escribió en 1913 el artículo Cuba y sus hermanas donde mostraba comparativamente la posición privilegiada que ya en ese año tenía Cuba económicamente en comparación con el resto de las repúblicas latinoamericanas. Esta posición privilegiada se alcanzó después de una devastadora guerra de independencia en la que hubo, pese al pequeño tamaño de Cuba, más del doble de tropas de la Metrópoli que las que hubo en toda Sur América en el siglo XIX en las diferentes guerras de independencia. La guerra terminó en agosto de 1898 y Cuba se convirtió en una república libre e independiente en 1902.

Esta capacidad de recuperación de Cuba probablemente preocupan mucho a gobiernos de otros países del continente americano que verían afectadas las economías de sus países si Cuba se libera y en ella se instala la democracia con un sistema de economía de mercado y un sistema de gobierno que vele por el bien y la prosperidad de todos sus ciudadanos. Quizás esa preocupación explique la ¨indiferencia¨ que en muchos países hermanos ha existido con respecto a la tragedia cubana y la complicidad que han tenido muchos de sus gobiernos con la dictadura totalitaria de los hermanos Fidel y Raúl Castro.

En Miami ese milagro cubano volvió a repetirse a partir de 1959 con la llegada de exilados cubanos al sur de la Florida.

Si salva en su computadora u ordenador la fotocopia que está en pequeño y la amplian tendrán más datos interesantes.

Disculpen los garabatos en las fotocopias, pero muy probablemente fue uno de mis hijos cuando niño que trató de imitarme señalando en el texto lo más interesante por otra parte: no tengo tiempo para borrar los garabato con el Paint.  :-)











Etiquetas: , , , , , , , , , , ,


Para seguir leyendo hacer click aqui­ ...