sábado, julio 04, 2026

Julio M. Shiling: El 250.º aniversario de Estados Unidos: recuperar el alma de la República

 

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El 250.º aniversario de Estados Unidos: recuperar el alma de la República


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Por Julio M. Shiling

4 de julio, 2026

La celebración del 250.º aniversario de Estados Unidos es más que una conmemoración de la independencia nacional. Es una invitación a reconsiderar la arquitectura moral sobre la que se construyó la República estadounidense. Es preguntarse si el legado filosófico que ha sostenido a la nación durante dos siglos y medio permanece lo suficientemente intacto como para preservarla para las generaciones aún por nacer. En última instancia, toda civilización no vive solo de la economía o del poder militar, sino de las ideas en las que cree, las virtudes que cultiva y las verdades trascendentes que reconoce.

Estados Unidos era único entre las naciones porque se fundó sobre principios y no sobre el origen étnico, una dinastía o la conquista. La Declaración de Independencia proclamó que los derechos humanos no emanan del gobierno, sino que son otorgados por el Creador. El gobierno existe —argumentaba el texto— no para otorgar la libertad, sino para garantizar las libertades que ya pertenecen a la persona humana por naturaleza, como un acto de Dios. La Constitución plasmó esos principios en instituciones, creando un orden político diseñado no solo para gobernar, sino para limitar al propio gobierno.

Este logro notable se basó en una síntesis de tres tradiciones intelectuales que, juntas, formaron lo que a menudo se ha denominado el credo estadounidense. La primera fue el cristianismo bíblico. Los fundadores diferían en teología, pero compartían un mundo intelectual profundamente moldeado por la concepción judeocristiana de la persona humana. La creencia de que el hombre ha sido creado a imagen de Dios dotaba a cada individuo de una dignidad inherente, al tiempo que reconocía la realidad de la condición pecaminosa del ser humano. La libertad, por lo tanto, exigía virtud; los derechos, responsabilidades; y la libertad, moderación moral. Como observó acertadamente Alexis de Tocqueville, la religión en Estados Unidos no gobernaba políticamente, pero sí regía los hábitos morales sin los cuales la libertad política no podría perdurar.

El segundo pilar fue el republicanismo. Basándose en la filosofía política clásica de Platón y Aristóteles, en la tradición del gobierno mixto articulada por Polibio y Cicerón, en la herencia constitucional inglesa y en pensadores posteriores como Montesquieu, los fundadores no albergaban ilusiones románticas respecto a la naturaleza humana. Comprendían que la libertad política requería tanto virtud moral como moderación institucional, pues el poder sin control corrompe invariablemente y no se puede confiar con seguridad una autoridad ilimitada a la naturaleza humana caída. Comprendían que el poder concentrado invita inevitablemente a la corrupción, ya que la ambición es una característica perdurable de la humanidad. La arquitectura constitucional de la separación de poderes, el federalismo, los frenos y contrapesos, el control de constitucionalidad y el gobierno representativo reflejaba lo que James Madison describió como la necesidad de permitir que el gobierno controlara a los gobernados, al tiempo que se le obligaba a controlarse a sí mismo. El gobierno constitucional era, por lo tanto, menos una expresión de optimismo que de realismo político arraigado en la Ley Natural.

El tercer fundamento era el liberalismo clásico. La libertad individual, la igualdad ante la ley, la propiedad privada, la libre empresa, la libertad religiosa y el gobierno limitado establecieron el ámbito dentro del cual los ciudadanos podían perseguir el florecimiento humano. Sin embargo, el liberalismo estadounidense difería significativamente de sus homólogos europeos posteriores. No entendía la libertad como una autonomía radical separada de la obligación moral. Más bien, la libertad existía dentro de un orden moral objetivo heredado tanto de la revelación bíblica como de la filosofía de la ley natural. En este sentido, el liberalismo estadounidense se mantuvo moderado por el cristianismo y la virtud republicana.

Estas tres tradiciones juntas dieron lugar a lo que Russell Kirk describió como «las cosas permanentes»: una civilización sostenida no solo por instituciones, sino por verdades morales perdurables. La Fundación, sin embargo, encajaba en sí misma una profunda contradicción. Una república dedicada a la igualdad universal toleraba la esclavitud humana. El pecado original de Estados Unidos no fue simplemente una incoherencia política, sino un fracaso en la aplicación que dio lugar a una contradicción moral. La Guerra Civil constituyó la Segunda Fundación de la nación. Bajo el mandato de Abraham Lincoln, la victoria de la Unión preservó el autogobierno constitucional al tiempo que abolió la esclavitud y acercó a la República al cumplimiento de la promesa universal de la Declaración. Lincoln comprendió que la Declaración proporcionaba la brújula moral de la nación, mientras que la Constitución aportaba su marco institucional. Las Enmiendas de la Reconstrucción representaron, por lo tanto, no un rechazo de la Fundación, sino su cumplimiento.

La notable perdurabilidad de este orden constitucional no puede explicarse únicamente por el diseño institucional. Como reconoció Tocqueville hace casi dos siglos, el éxito constitucional de Estados Unidos dependía de una cultura moral vibrante alimentada por las iglesias, las familias, las comunidades locales y las asociaciones voluntarias. En el léxico moderno, esto se conoce hoy en día como «sociedad civil». La libertad política se asentaba en el autogobierno moral. La Constitución funcionó porque los estadounidenses se gobernaban a sí mismos en gran medida antes de que el Gobierno los gobernara.

La historia del socialismo en Estados Unidos ilustra este punto. A lo largo del siglo XIX, comunidades utópicas, sindicalistas radicales, anarquistas e inmigrantes socialistas europeos intentaron trasplantar doctrinas colectivistas al suelo estadounidense. Aunque intelectuales destacados —entre ellos Edward Bellamy, Henry George, Jack London, Helen Keller y King Camp Gillette— expresaron simpatía por diversas ideas socialistas, estos movimientos siguieron siendo políticamente marginales. La cultura constitucional, la vitalidad religiosa, el espíritu emprendedor y los hábitos cívicos de la mayoría de los estadounidenses resultaron inhóspitos para las ideologías revolucionarias. ¿Por qué ha cambiado la situación lentamente, pero de forma tan drástica, durante el último siglo?

Una explicación es que la ecología moral que sustenta la República se ha ido debilitando progresivamente. El liberalismo, hijo a su vez de la Ilustración, contenía en su seno un impulso hacia la secularización. Una vez separada de sus fundamentos cristianos, la libertad pasó a entenderse cada vez más como individualismo expresivo en lugar de como libertad ordenada. El consumismo, la prosperidad material y el progreso tecnológico satisfacían muchas necesidades prácticas, pero dejaban sin respuesta el eterno anhelo humano de trascendencia.

Precisamente en ese momento, los movimientos intelectuales derivados del marxismo experimentaron una profunda transformación. Tras los fracasos del socialismo revolucionario en Occidente, pensadores vinculados a Antonio Gramsci, la Escuela de Frankfurt y, más tarde, a las tradiciones posmodernas, desplazaron su atención de la economía hacia la cultura, la educación, el lenguaje, el derecho y las instituciones sociales Lo que puede diagnosticarse propiamente como marxismo cultural —una variación moderna de la ideología marxista— instrumentalizó estos enfoques y los interpretó cada vez más para la sociedad a través de la lente de las relaciones de poder, dominación e identidad, en lugar de hacerlo mediante el lenguaje constitucional de los derechos individuales y la ciudadanía igualitaria.

Aquí Eric Voegelin ofrece una visión profunda. Las ideologías totalitarias, argumentaba, funcionan como religiones políticas. Cuando se niega la trascendencia, los seres humanos no dejan de buscar el sentido último; más bien, trasladan la salvación a la propia historia. La política se convierte en soteriología. El Estado, la revolución, la lucha de clases, la justicia racial, la redención medioambiental o cualquier otra causa secular pueden adquirir un significado cuasireligioso. El siglo XX demostró trágicamente las consecuencias de tal absolutismo ideológico. Elementos del llamado movimiento «progresista» actual, incluidas organizaciones como los Socialistas Democráticos de América, reflejan aspectos de esta herencia intelectual que es antitética a los fundamentos sobre los que se construyó Estados Unidos.

El cuarto de milenio de Estados Unidos representa, por tanto, una oportunidad que va más allá de la celebración patriótica. Invita a una renovación nacional. Dicha renovación no puede lograrse únicamente mediante la legislación o las victorias electorales. Como nos recordó Edmund Burke, la sociedad es una alianza que se extiende a lo largo de generaciones, sostenida tanto por la sabiduría heredada como por la innovación política. Las instituciones no pueden preservarse a sí mismas si la civilización que las creó olvida por qué existen.

Recuperar los principios fundacionales de Estados Unidos requiere restaurar la cultura moral y cívica de la que depende, en última instancia, la libertad constitucional. Dicha renovación comienza por recuperar la confianza en la herencia judeocristiana de la nación, cuyas enseñanzas morales proporcionaron durante mucho tiempo el fundamento ético de la libertad ordenada. También requiere reforzar una educación cívica seria, arraigada en la historia constitucional, la Ley Natural y las tradiciones intelectuales de la civilización occidental, cultivando así ciudadanos que comprendan tanto los derechos como las responsabilidades del autogobierno. La libertad de conciencia y la libertad religiosa deben seguir estando enérgicamente protegidas, mientras que las familias, las comunidades religiosas y otras instituciones mediadoras deben volver a ser reconocidas como escuelas indispensables de virtud y carácter cívico. Por último, las instituciones financiadas con fondos públicos deben fomentar un auténtico pluralismo intelectual y el libre intercambio de ideas, en lugar de la conformidad ideológica o la ortodoxia política.

El experimento estadounidense nunca se ha basado en la ilusión de que los seres humanos sean perfectos. Más bien al contrario. Ha perdurado porque ha reconocido tanto la grandeza como la fragilidad de la persona humana. La libertad ordenada, el gobierno limitado, la moderación constitucional y la responsabilidad moral surgieron de esa antropología realista. Si Estados Unidos quiere prosperar más allá de sus primeros 250 años, debe recuperar la síntesis filosófica que animó tanto su fundación en 1776 como su renacimiento en 1865: una síntesis de Jerusalén, Atenas y Filadelfia, donde la fe bíblica, la prudencia republicana y la libertad ordenada formaron juntas el alma de la República estadounidense.

© Patria de Martí. Todos los derechos reservados.

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Sky Elements Drone Shows

Sky Elements flew a 2,500-drone show in North Richland Hills, Texas to kickoff the nation's Fourth of July celebrations. The show featured formations including George Washington, Uncle Sam, Artemis II, and a pyro drone bald eagle. Subscribe for more Fourth of July drone show content!

2,500 Drones! Fourth of July Drone Show for America's 250th



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El Mundo en VIVO

4 de julio, 2026

COMPLETO: Discurso del presidente Trump el 4 de julio celebrando el 250 aniversario Estados Unidos

USA EN VIVO

4 de julio, 2026

Show artístico, político y cultural  donde Trump pronuncia su discurso en el evento «Salute to America 250» en el National Mall | USA EN VIVO 🔴

( en el instante 10:24 comienza el sonido; en 24: 28  comienza el discurso del Presidente  Donald J. Trump)


USA EN VIVO

3 de julio, 2026

Trump conmemora el 250.º aniversario de EE. UU. en el Monte Rushmore | USA EN VIVO 


Noticias Telemundo

4 de julio, 2026

Discurso en español de Donald Trump por los 250 años de la independencia de EE.UU.

(en idioma Inglés hasta 5:35 y después  en idioma español)


EN VIVO: EE.UU. celebra sus 250 años con actos en varias ciudades del país



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lunes, julio 06, 2020

Video y subtítulos en español del discurso del Presidente Donald Trump en el Día de la Independencia, 4 julio 2020 - Monte Rushmore


Donald Trump - Discurso del Día de la Independencia, 4 julio 2020 - Monte Rushmore (en español)



Periódico LEAL
Jul 4, 2020

El discurso de Donald Trump que pasará a la historia como el mejor discurso de un Presidente.
Día de la Independencia celebrado el 4 de julio 2020, en el Monte Rushmore en Dakota, EEUU.
Transcripción en español del discurso: https://periodicoleal.com/discurso-do...
#DonaldTrump #MontRushmore #4July2020

Donald Trump: «No podría haber mejor lugar para celebrar la independencia de Estados Unidos que debajo de esta magnífica, increíble y majestuosa montaña y monumento a los más grandes estadounidenses que jamás hayan vivido. Hoy rendimos homenaje a las vidas excepcionales y los legados extraordinarios de George Washington, Thomas Jefferson, Abraham Lincoln y Teddy Roosevelt. Estoy aquí como su presidente para proclamar ante el país y ante el mundo, este monumento nunca será profanado, estos héroes nunca serán difamados, su legado nunca será destruido, sus logros nunca serán olvidados y el Monte Rushmore se mantendrá para siempre como un eterno homenaje a nuestros antepasados y a nuestra libertad.»

«Nos reunimos esta noche para anunciar el día más importante en la historia de las naciones, el 4 de julio de 1776. Ante esas palabras, cada corazón estadounidense debe hincharse de orgullo, cada familia estadounidense debe animar de alegría y cada patriota estadounidense debe estar lleno de alegría porque cada uno de ustedes vive en el país más magnífico de la historia del mundo y pronto será más grande que nunca.»

«Nuestros fundadores lanzaron no solo una revolución en el gobierno, sino una revolución en la búsqueda de la justicia, la igualdad, la libertad y la prosperidad. Ninguna nación ha hecho más para promover la condición humana que los Estados Unidos de América y ninguna gente ha hecho más para promover el progreso humano que los ciudadanos de nuestra gran nación. Todo fue posible gracias al coraje de 56 patriotas que se reunieron en Filadelfia hace 244 años y firmaron la Declaración de Independencia. Ellos consagraron una verdad divina que cambió el mundo para siempre cuando dijeron: "Todos los hombres son creados iguales". Estas palabras inmortales ponen en marcha la marcha imparable de la libertad. Nuestros fundadores declararon audazmente que todos estamos dotados de los mismos derechos divinos, que nos dio nuestro Creador en el Cielo, y lo que Dios nos ha dado, no permitiremos que nadie nos quite nunca.»

«1776 representó la culminación de miles de años de civilización occidental y el triunfo no solo del espíritu, sino de la sabiduría, la filosofía y la razón. Y, sin embargo, a medida que nos reunimos aquí esta noche, existe un peligro creciente que amenaza cada bendición por la que nuestros antepasados lucharon tanto, lucharon, que se desangraron para asegurarse. Nuestra nación está siendo testigo de una campaña despiadada para borrar nuestra historia, difamar a nuestros héroes, borrar nuestros valores y adoctrinar a nuestros hijos. Multitudes enojadas están tratando de derribar las estatuas de nuestros fundadores, desfigurar nuestros monumentos más sagrados y desatar una ola de crímenes violentos en nuestras ciudades. Muchas de estas personas no tienen idea de por qué están haciendo esto, pero algunos saben lo que están haciendo. Piensan que el pueblo estadounidense es débil, blando y sumiso, pero no, el pueblo estadounidense es fuerte y orgulloso y no permitirá que le quiten a nuestro país y todos sus valores, historia y cultura.»

«Una de sus armas políticas es cancelar la cultura, expulsar a las personas de sus trabajos, avergonzar a los disidentes y exigir la sumisión total de cualquiera que no esté de acuerdo. Esta es la definición misma de totalitarismo, y es completamente ajena a nuestra cultura y nuestros valores y no tiene absolutamente ningún lugar en los Estados Unidos de América.»

«Este ataque a nuestra libertad, nuestra magnífica libertad debe ser detenida y se detendrá muy rápidamente. Expondremos este movimiento peligroso, protegeremos a los niños de nuestra nación de este asalto radical y preservaremos nuestro querido estilo de vida estadounidense. En nuestras escuelas, nuestras salas de redacción, incluso nuestras salas de juntas corporativas, existe un nuevo fascismo de extrema izquierda que exige lealtad absoluta. Si no habla su idioma, realiza sus rituales, recita sus mantras y sigue sus mandamientos, entonces será censurado, desterrado, incluido en la lista negra, perseguido y castigado. No nos va a pasar.»

«No cometer errores. Esta revolución cultural de izquierda está diseñada para derrocar a la Revolución Americana. Al hacerlo, destruirían la civilización que rescató a miles de millones de la pobreza, la enfermedad, la violencia y el hambre, y que llevó a la humanidad a nuevas alturas de logros, descubrimientos y progreso. Para hacer esto posible, están decididos a derribar cada estatua, símbolo y memoria de nuestro patrimonio nacional.»

Trascripción completa: https://periodicoleal.com/discurso-do...

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sábado, julio 04, 2020

Esteban Fernández: 4 DE JULIO 2020............... ¡ VIVA USA !



4 DE JULIO 2020............... ¡ VIVA USA !


Por Esteban Fernandez
4 de julio, 2020

En mi opinión, este es el país más hermoso, poderoso, libre y altruista del mundo. Sin los Estados Unidos y sin sus fuerzas armadas este mundo ya sería esclavo.

Nunca imaginé al llegar aquí que viniera el momento en que tendría que defender a esta gran nación contra muchísimos nativos y extranjeros que, tal parece, la consideran como el origen de todos los males que aquejan a la humanidad.

Hace mucho rato que aquí hay una campaña abrumadora para destruir completamente a los Estados Unidos y desmoralizarlo, con el siniestro objetivo de que los enemigos internos y externos se apoderen de esta nación.

Desde la escuela primaria ya comienzan a confundir a los niños con mentiras y medias verdades contra instituciones, políticos conservadores, soldados en medio del combate, la religión y contra todo lo que represente moralidad, decencia y victoria.

Leí hace poco que le preguntaron a un muchachito: ¿Sabes quien fue Cristóbal Colón? Y sin pensarlo dos veces contestó: “Sí, fue un criminal que trajo a América un ejército de bandidos”. Le preguntaron: “¿Dé donde sacaste eso?” La respuesta me dejó perplejo: “De los libros de texto y me lo dijo mi maestro”.

También les inculcan que el pasado histórico de EE.UU. fue una calamidad, una barbarie, resaltando que “los blancos” abusaron y esclavizaron a los negros. Tal parece que todos los blancos eran miembros distinguidos del K.K.K.

Les inculcan a los niños que los cowboys (esos que a nosotros nos encantaba ver en las películas) arrasaron sin misericordia con los indios. Ni una sola mención de cuando los indios les arrancaban salvajemente -con la ayuda de afilados cuchillos- los cueros cabelludos a los vaqueros.

Nadie les aclara a los muchachos que a unas bandas de imbéciles blancos les hubiera sido imposible traer miles de esclavos de África sin la ayuda de los propios negros africanos. Simplemente se trata de una violenta y gigantesca diatriba dedicada a acomplejar a los blancos por supuestos crímenes y errores cometidos por sus tatarabuelos.

Las Universidades son peores. Están llenas de profesores comunistas, rojos, rosados y escarlatas. Mis hijas me dicen: “Papi, gracias a Dios por tí y tus experiencias en Cuba, porque de lo contrario hubiéramos salidos del College más socialistas que Marx y Engel”.

Nosotros sabemos perfectamente que cuando los SOCIALISTAS cogen el poder se defecan en los negros, en los indios, en todas las clases oprimidas que ellos hipócritamente dicen defender y convierten a todos en una masa amorfa al servicio del estado omnipotente.

Y yo que soy cubano, que me siento cubano, que en realidad no tengo vela en este entierro, me tengo que pasar la vida saliendo en defensa del presente y del pasado de la nación que me brindó refugio. Y lo hago por tres motivos: Uno porque soy agradecido, dos porque tengo hijas y nietos nacidos aquí, y no quiero que sufran lo que yo sufrí, y en tercer lugar porque si se pierde esto NO HAY PARA DONDE IR. Éste es el reducto, el último baluarte de la democracia.

Y recientemente la cosa está peor que nunca porque los críticos acérrimos de este país están envalentonados y el peligro es inminente. Gracias a Dios muchísimos americanos están en la misma orbita nuestra, y luce que no van a dejarse meter el comunismo aquí.

Yo quería estar equivocado porque desde el primer momento estuve en contra de Obama, desde que era senador en Chicago, pero siempre con fervientes deseos que fuera incierto lo que imaginaba y que estaba viendo visiones. Ahora le pido a Dios que Donald Trump nos lleve por el buen camino y haga de nuevo a America Grande.

¿Recuerdan ustedes aquello de "Se Salva Cuba o se pierde América"? Bueno, ahora vamos a tener que echar el resto. ¡Vamos a luchar por salvar a los EE.UU. salvar a Cuba y al resto de América! En momentos de pandemias y revueltas los cubanos anticomunistas más que nunca debemos demostrar nuestro solidario apoyo a la tierra que nos brinda refugio... 
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Una Declaración y su vigencia moral

Por Julio M. Shiling
3 de julio de 2017

Ya habían pasado dos meses y once días desde que los primeros disparos de la Guerra Revolucionaria Norteamericana retumbaron en los campos de batalla de varios pueblos ubicados en el Condado de Middlesex en el estado de Massachusetts. El Congreso Continental, esa asamblea que acoplaba los delegados que representaban las Trece Colonias estadounidenses, unánimemente aprobaron y firmaron, el cuatro de julio de 1776, la Declaración de Independencia Estadounidense. ¿Qué sustentaba ese documento emblemático de la nación norteamericana cuya fecha histórica marca, no el alcance material y territorial de la independencia que en si ocurrió siete años y dos meses más tarde después de una guerra dura, sino un pronunciamiento de intención y la racionalización para independizarse?

El Congreso Continental, esa especie de gobierno en armas norteamericano, le encomendó a un comité de cinco delegados la tarea de redactar en forma de un listado de agravios y justificativos, un pronunciamiento para accionar hacia la independencia. Entre los más destacados del grupo estaba Tomás Jefferson, considerado el autor material del texto, y Benjamín Franklin y John Adams, quienes aportaron la capacitación editorial. Fueron un total de 1,331 palabras las que la Declaración enumeraba. Lo seminal del pronunciamiento fue, no la elocuencia indiscutiblemente brillante de su narrativa, sino la priorización de dos de los fundamentos principales de cualquier sociedad libre: la Ley Natural y el derecho de rebelión.

Qué los EE UU sea el ensayo democrático continuo más exitoso en la historia, no ha sido por casualidad. Más bien, podemos concluir, esto ha ocurrido por causalidad integralmente. Es cierto que los derechos naturales y el principio de remover a un tirano por la fuerza si dicha acción es justa y necesaria, no es un invento de los norteamericanos. Los antiguos griegos y el cristianismo ya habían planteado estos valores preeminentes mucho antes. Platón, San Agustín y Santo Tomás de Aquino articularon formidablemente sobre los derechos naturales y su supremacía sobre nociones de leyes positivas o esquemas convencionales. De igual manera, el derecho de un pueblo levantarse y derrocar por cualquier vía disponible a un régimen tiránico, cuenta a la dinastía Zhou, (1050 a. C.) como el primer practicante del derecho de revolución y los mencionados Doctores de la Iglesia enarbolaron, respectivamente, los principios teóricos de la guerra justa y del tiranicidio, ramificaciones de dicho derecho.

Lo distintivo del caso estadounidense fue la precisión que le dieron a estos componentes éticos sacrosantos en su documento político insigne y la fidelidad que en el ejercicio de la praxis han observado de los mismos. Éstos, al final del día, representan los mayores protectores conceptuales de la libertad dentro de un modelo político que cuenta con el consentimiento de los gobernados. Los que correctamente catalogan a la democracia como un sistema de auto gobierno que reposa sobre un Estado de derecho, entienden que la defensa de la libertad, es la tarea principal de cualquier gobierno democrático. Los fundadores de la nación estadounidense, no sólo los encargados de elaborar el texto independentista, entendieron estas verdades y más aún, se alinearon expresamente con la Divina Providencia, concretando a la nueva república dentro de un formulario que buscaba vivir en libertad bajo el amparo y las normas de Dios.

La Declaración contiene cinco secciones: el preámbulo; el pronunciamiento de los derechos naturales (o derechos humanos fundamentales); los agravios que violentaban esos derechos naturales; los agravios contra la monarquía y su régimen; y el pronunciamiento de la separación formal y las firmas. Las semillas para lanzar al mundo por primera vez una república constitucional que aspiraba vivir en democracia, contenía todo lo necesario. La libertad sería reconocida como regalo de Dios y consecuentemente era preeminente y que cualquier intento de suprimir ese derecho inalienable está fuera de la jurisdicción de cualquier gobierno. Esta nueva sociedad se forjaría como pueblo impregnado con la noción de que si los medios para reformar, cambiar o reformular, pacíficamente y por vía de un reformismo gradual no eran factibles o se hallaban cerradas, pues ese gobierno habría que abolirlo por la fuerza si fuese necesario y empezar nuevamente.

Hay algo más que añadir que es obvio para cualquiera que se haya leído la Declaración de Independencia. Las columnas éticas de los derechos naturales y el principio del derecho de rebelión, estaban ligadas intrínsecamente a un precepto de entrega a un Ser Superior que imparte justicia y un código moral. “Una nación bajo Dios…”, es el criterio expreso predominante en todos los documentos fundacionales de la nación estadounidense. La Declaración que los norteamericanos y otros amantes de la libertad honran el Cuatro de Julio, ha expuesto esa realidad en un contexto grandilocuente. Hoy, en esta recesión democrática global y la ofensiva amoral en que vivimos, la transmisión de su contenido transcendental, tiene una vigencia universal que urge su aplicación.


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Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

La esclavitud no se aceptó de manera natural; fue un punto escabroso. Se aceptó por algunas de las Trece Colonias para preservar la unión en la lucha, la cual era necesaria para alcanzar la victoria y no ser derrotados y colgados. Benjamín Franklyn expresó lo siguiente  con relación a la necesidad de  mantener la unión: «Sí, tenemos que, de hecho, todos permanecer juntos, o casi con total certeza, todos vamos a colgar por separado». Cada una de las Treces Colonias  se autogobernaban en muchos asuntos y existían grandes diferencias entre el desarrollo alcanzado y las características de cada una de ella. El Bill of Rights es otro documento que nos permite evaluar mejor como pensaban muchos de los padres fundadores. La Guerra de 1812, mediante la cual la Metrópoli inglesa estuvo muy cerca de recuperar a sus antiguas Trece Colonias,  mostró también la necesidad de mantener la unión entre ellas.

 Al hacer un análisis de un documento debemos de situarnos en  el contexto histórico en que se redactó; ni en Francia, patria del Iluminismo, se aprobó el voto de la mujer. El Iluminismo fue la corriente filosófica que más influyó en los independentistas de las Trece Colonias; a su vez la práctica política llevada a cabo por las liberadas Trece Colonias influyó grandemente en la Revolución Francesa contra la monarquía de Luis XVI. Por otra parte, EE.UU. es una República y no una Democracia en el sentido clásico, pues siguiendo las ideas del liberalismo europeo, el voto universal permite, por ejemplo,  que el voto de la persona más instruida, inteligente, conocedora del tema, menos manipulable  y mejor intencionada,sea  equiparado al de una persona que carece de todas esas característica.

Sobre las masacres de indios, ese es un tema muy complicado donde hubo excesos, salvajismos y todo tipo de racismo de ambas partes. El hecho de que los indios se pusieron al lado de la Metrópoli inglesa para luchar contra la independencia de las Trece Colonias fue un mál comienzo para esas relaciones.
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(El cuadro de John Trumbull La Declaración de Independencia recoge el momento de la presentación del trabajo del Comité de los Cinco al Congreso.)
En CONGRESO, 4 de julio de 1776.

La Declaración unánime de los trece Estados Unidos de América,

Cuando en el curso de los acontecimientos humanos se hace necesario para un pueblo disolver los vínculos políticos que lo han ligado a otro, y tomar entre las naciones de la Tierra el puesto separado e igual al que las leyes de la naturaleza y del Dios de esa naturaleza le dan derecho, un justo respeto al juicio de la humanidad exige que declare las causas que lo impulsan a la separación.

Sostenemos como evidentes por sí mismas dichas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuando quiera que una forma de gobierno se vuelva destructora de estos principios,el pueblo tiene derecho a reformarla o abolirla, e instituir un nuevo gobierno que base sus cimientos en dichos principios, y que organice sus poderes en forma tal que a ellos les parezca más probable que genere su seguridad y felicidad. La prudencia, claro está, aconsejará que los gobiernos establecidos hace mucho tiempo no se cambien por motivos leves y transitorios; y, de acuerdo con esto, toda la experiencia ha demostrado que la humanidad está más dispuesta a sufrir, mientras los males sean tolerables, que a hacerse justicia mediante la abolición de las formas a las que está acostumbrada. Pero cuando una larga serie de abusos y usurpaciones, que persigue invariablemente el mismo objetivo, evidencia el designio de someterlos bajo un despotismo absoluto, es el derecho de ellos, es el deber de ellos, derrocar ese gobierno y proveer nuevas salvaguardas para su futura seguridad.

Tal ha sido el paciente sufrimiento de estas colonias; y tal es ahora la necesidad que las compele a alterar su antiguo sistema. La historia del presente rey de la Gran Bretaña es una historia de repetidas injurias y usurpaciones, cuyo objeto principal es y ha sido el establecimiento de una absoluta tiranía sobre estos estados. Para probar esto, sometemos los hechos al juicio de un mundo imparcial.

Ha rehusado asentir a las leyes más convenientes y necesarias al bien público de estas colonias, prohibiendo a sus gobernadores sancionar aun aquellas que eran de inmediata y urgente necesidad a menos que se suspendiese su ejecución hasta obtener su consentimiento, y estando así suspensas las ha desatendido enteramente.

Ha reprobado las providencias dictadas para la repartición de distritos de los pueblos, exigiendo violentamente que estos renunciasen el derecho de representación en sus legislaturas, derecho inestimable para ellos, y formidable sólo para los tiranos. Ha convocado cuerpos legislativos fuera de los lugares acostumbrados, y en sitos distantes del depósito de sus registros públicos con el único fin de molestarlos hasta obligarlos a convenir con sus medidas, y cuando estas violencias no han tenido el efecto que se esperaba, se han disuelto las salas de representantes por oponerse firme y valerosamente a las invocaciones proyectadas contra los derechos del pueblo, rehusando por largo tiempo después de desolación semejante a que se eligiesen otros, por lo que los poderes legislativos, incapaces de aniquilación, han recaído sobre el pueblo para su ejercicio, quedando el estado, entre tanto, expuesto a todo el peligro de una invasión exterior y de convulsiones internas.

Se ha esforzado en estorbar los progresos de la población en estos estados, obstruyendo a este fin las leyes para la naturalización de los extranjeros, rehusando sancionar otras para promover su establecimiento en ellos, y prohibiéndoles adquirir nuevas propiedades en estos países.

En el orden judicial, ha obstruido la administración de justicia, oponiéndose a las leyes necesarias para consolidar la autoridad de los tribunales, creando jueces que dependen solamente de su voluntad, por recibir de él el nombramiento de sus empleos y pagamento de sus sueldos, y mandando un enjambre de oficiales para oprimir a nuestro pueblo y empobrecerlo con sus estafas y rapiñas.

Ha atentado a la libertad civil de los ciudadanos, manteniendo en tiempo de paz entre nosotros tropas armadas, sin el consentimiento de nuestra legislatura: procurando hacer al militar independiente y superior al poder civil: combinando con nuestros vecinos, con plan despótico para sujetarnos a una jurisdicción extraña a nuestras leyes y no reconocida por nuestra constitución: destruyendo nuestro tráfico en todas las partes del mundo y poniendo contribuciones sin nuestro consentimiento: privándonos en muchos casos de las defensas que proporciona el juicio por jurados: transportándonos mas allá de los mares para ser juzgados por delitos supuestos: aboliendo el libre sistema de la ley inglesa en una provincia confinante: alterando fundamentalmente las formas de nuestros gobiernos y nuestras propias legislaturas y declarándose el mismo investido con el poder de dictar leyes para nosotros en todos los casos, cualesquiera que fuesen.

Ha abdicado el derecho que tenía para gobernarnos, declarándonos la guerra y poniéndonos fuera de su protección: haciendo el pillaje en nuestros mares; asolando nuestras costas; quitando la vida a nuestros conciudadanos y poniéndonos a merced de numerosos ejércitos extranjeros para completar la obra de muerte, desolación y tiranía comenzada y continuada con circunstancias de crueldad y perfidia totalmente indignas del jefe de una nación civilizada.

Ha compelido a nuestros conciudadanos hechos prisioneros en alta mar a llevar armas contra su patria, constituyéndose en verdugos de sus hermanos y amigos: excitando insurrecciones domésticas y procurando igualmente irritar contra nosotros a los habitantes de las fronteras, los indios bárbaros y feroces cuyo método conocido de hacer la guerra es la destrucción de todas las edades, sexos y condiciones.

A cada grado de estas opresiones hemos suplicado por la reforma en los términos más humildes; nuestras súplicas han sido contestadas con repetidas injurias. Un príncipe cuyo carácter está marcado por todos los actos que definen a un tirano, no es apto para ser el gobernador de un pueblo libre.

Tampoco hemos faltado a la consideración debida hacia nuestros hermanos los habitantes de la Gran Bretaña; les hemos advertido de tiempo en tiempo del atentado cometido por su legislatura en extender una ilegítima jurisdicción sobre las nuestras. Les hemos recordado las circunstancias de nuestra emigración y establecimiento en estos países; hemos apelado a su natural justicia y magnanimidad, conjurándolos por los vínculos de nuestro origen común a renunciar a esas usurpaciones que inevitablemente acabarían por interrumpir nuestra correspondencia y conexiones. También se han mostrado sordos a la voz de la justicia y consanguinidad. Debemos, por tanto, someternos a la necesidad que anuncia nuestra separación, y tratarlos como al resto del género humano: enemigos en la guerra y amigos en la paz.

Por tanto, nosotros, los Representantes de los Estados Unidos, reunidos en Congreso General, apelando al Juez supremo del Universo, por la rectitud de nuestras intenciones, y en el nombre y con la autoridad del pueblo de estas colonias, publicamos y declaramos lo presente: que estas colonias son, y por derecho deben ser, estados libres e independientes; que están absueltas de toda obligación de fidelidad a la corona británica: que toda conexión política entre ellas y el estado de la Gran Bretaña, es y debe ser totalmente disuelta, y que como estados libres e independientes, tienen pleno poder para hacer la guerra, concluir la paz, contraer alianzas, establecer comercio y hacer todos los otros actos que los estados independientes pueden por derecho efectuar. Así que, para sostener esta declaración con una firme confianza en la protección divina, nosotros empeñamos mutuamente nuestras vidas, nuestras fortunas y nuestro sagrado honor.

Firmantes

    Nueva Hampshire: Josiah Bartlett, William Whipple, Matthew Thornton
    Massachusetts: Samuel Adams, John Adams, John Hancock, Robert Treat Paine, Elbridge Gerry
    Rhode Island: Stephen Hopkins, William Ellery
    Connecticut: Roger Sherman, Samuel Huntington, William Williams, Oliver Wolcott
    Nueva York: William Floyd, Philip Livingston, Francis Lewis, Lewis Morris
    Nueva Jersey: Richard Stockton, John Witherspoon, Francis Hopkinson, John Hart, Abraham Clark
    Pensilvania: Robert Morris, Benjamin Rush, Benjamin Franklin, John Morton, George Clymer, James Smith, George Taylor, James Wilson, George Ross
    Delaware: George Read, Caesar Rodney, Thomas McKean
    Maryland: Samuel Chase, William Paca, Thomas Stone, Charles Carroll of Carrollton
    Virginia: George Wythe, Richard Henry Lee, Thomas Jefferson, Benjamin Harrison, Thomas Nelson, Jr., Francis Lightfoot Lee, Carter Braxton
    Carolina del Norte: William Hooper, Joseph Hewes, John Penn
    Carolina del Sur: Edward Rutledge, Thomas Heyward, Jr., Thomas Lynch, Jr., Arthur Middleton
    Georgia: Button Gwinnett, Lyman Hall, George Walton
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Elaboración y aprobación de la Declaración

El 11 de junio de 1776, el Congreso nombró un "Comité de los Cinco", formado por John Adams de Massachusetts, Benjamin Franklin de Pennsylvania, Thomas Jefferson de Virginia, Robert R. Livingston de Nueva York y Roger Sherman de Connecticut, para redactar una declaración. La comisión, después de debatir las líneas generales que el documento debería seguir, decidió que Jefferson escribiría el primer borrador.

Teniendo en cuenta la apretada agenda del Congreso, Jefferson contó con tan solo 17 días para su redacción.7 Una vez elaborado el borrador por Jefferson y consultados los demás miembros, se hicieron algunos cambios y se presentó otra copia incorporando estas alteraciones. El comité presentó esta copia al Congreso el 28 de junio de 1776. El título del documento era "A Declaration by the Representatives of the United States of America, in General Congress assembled. ("Una declaración de los representantes de los Estados Unidos de América reunido en Congreso General").Mientras se producía el trabajo del comité del proyecto el Congreso reanudaba el debate sobre la resolución de Lee sobre la independencia. John Dickinson hizo un último esfuerzo para retrasar la decisión, pero tras un discurso de John Adams, el Congreso aprobó la misma el 2 de julio. Doce de las trece delegaciones votaron a favor; la delegación de Nueva York se abstuvo, ya que no habían sido autorizados a votar por la independencia, aunque serían autorizados por el Congreso Provincial de Nueva York una semana después.9 Con la aprobación de la resolución de la independencia, las colonias habían roto oficialmente los vínculos políticos con Gran Bretaña.

Después de votar a favor de la resolución de independencia, el Congreso centró su atención en la comisión del proyecto de la declaración. Durante varios días de debate, el Congreso hizo algunas modificaciones en la redacción y suprimió casi una cuarta parte del texto remitido, en concreto se eliminó todo un pasaje crítico al comercio de esclavos. El 4 de julio de 1776 se aprobó la redacción de la Declaración de Independencia y se envió a la imprenta para su publicación.

En la firma, Benjamín Franklin es citado como habiendo respondido a un comentario de John Hancock que deben permanecer todos unidos: «Sí, tenemos que, de hecho, todos permanecer juntos, o casi con total certeza, todos vamos a colgar por separado», un juego de palabras que indica el hecho que de no permanecer unidos y tener éxito, serían juzgados y ejecutados, de manera individual, por traición.

Fundamento filosófico

El Preámbulo de la Declaración está influido por el espíritu de republicanismo, que fue usado como el marco de libertad.11 Además refleja la filosofía de la Ilustración, incluyendo el concepto de la ley natural, y el derecho de libre determinación. Las ideas y frases están extraídas de las obras de John Locke.
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INDEPENDENCIA DE LOS ESTADOS UNIDOS (Documental)



LA GUERRA QUE CREO LOS ESTADOS UNIDOS (Documental)


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