lunes, agosto 29, 2022

Alberto Roteta Dorado: RUSIA Vs. UCRANIA, SIN POSIBLES SOLUCIONES AL GRAVE CONFLICTO

 RUSIA Vs. UCRANIA, SIN POSIBLES SOLUCIONES AL GRAVE CONFLICTO

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A Putin le van quedando dos opciones, la primera, aceptar de una vez su derrota y entregar las regiones ucranianas invadidas, la segunda, el uso de las armas nucleares, algo con lo que ha amenazado de manera reiterada.

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Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.

26 de agosto,2022

Santa Cruz de Tenerife. España.- Más de 180 días de guerra, medio año, miles de muertos y heridos  – incluyendo elevadas cifras de civiles y niños–, ciudades ucranianas destruidas, amén de un desplazamiento forzado hacia territorios cercanos como Polonia, y otros bien distantes como España y las Islas Canarias, y por desgracia, no resulta perceptible una posible solución al grave conflicto armado. 

Los recientes intentos de negociaciones, con mediación de Turquía, nación en aparente estado de neutralidad a pesar de haber condenado la invasión, lejos de traer el posible efecto benéfico esperado, ha desatado la furia de un Putin que, según algunos, se va mostrando agotado y enfermo  – más especulación y sensacionalismo amarillista que realidad–, mientras que el bravo Zelenski adquiere fuerzas para asumir una ofensiva en pos de la recuperación de Crimea, el territorio que Rusia les arrebató hace unos años a Ucrania y que ocupa de manera anexionada ilegalmente, amén de exigir la retirada total y definitiva de las tropas rusas sin mediación ni negociación alguna. 

Por el momento, y tras fracaso tras fracaso respecto a negociaciones pacifistas, no nos queda otra que esperar un desenlace que promete ser bastante trágico. La nueva perspectiva de Zelenski relacionada con la recuperación de la península de Crimea, con sobradas razones, toda vez que pertenece al territorio ucraniano y no al ruso, abre las puertas a un rumbo más agresivo para el régimen de Vladimir Putin, quien aún no consigue la totalidad del Donbás, un objetivo relativamente efímero de acuerdo a las ambiciones rusas, y está aún bien distante de poder alcanzarlo. 

Así las cosas, ninguno de los dos mandatarios tiene un incentivo concreto para sentarse a negociar, independientemente de las buenas intenciones de varias naciones que han intervenido a favor de poner fin de manera pacífica a este absurdo conflicto armado. 

Ante esta situación se va cerrando un círculo, que jamás fue muy amplio, a unas mínimas posibles salidas, entre las que sobresale la agudización de la guerra con la derrota definitiva de una de las partes, por un lado, y la tendencia a una cronicidad que llevaría inevitablemente al desgaste de ambas partes; aunque como es de suponer, siempre la balanza se inclinaría hacia el lado más débil, que no es precisamente Ucrania como muchos vaticinaron al comienzo de la guerra al subestimar la grandeza del ejército de esta nación frente al “consagrado” ejército ruso, amén de pensar, como también lo hizo el propio mandatario ruso, Vladimir Putin, que todo acabaría en menos de una semana.   

Lo que Vladimir Putin pensó que sería algo bien simple, a modo de una "maniobra militar ejemplarizante", le ha costado bien caro a uno de los ejércitos más "poderosos" del planeta, a su propia persona – por lo que desde el punto de vista ético y humano representa esa despiadada agresión injustificada–, al pueblo ruso que, lejos de estar a favor de la invasión, ha mostrado su desacuerdo mediante fuertes protestas y denuncias – todas reprimidas brutalmente por parte del régimen ruso–.

En cambio Volodimir Zelenski, el gran héroe de estos tiempos, de quien apenas se decía nada antes del inicio de los trágicos sucesos, ha ganado para sí y para su glorioso pueblo. Zelenski ha demostrado una firmeza inigualable desde el comienzo de la agresión rusa. Independientemente del apoyo internacional, cuasi generalizado, al menos por parte del mundo occidental, y de manera muy especial por parte del Gobierno de Estados Unidos – enviará en breve otros 775 millones en armas y equipamiento militar a Ucrania, incluyendo vehículos y material para desminar el terreno, 16 obuses estadounidenses M-777 y munición–, la actitud y capacidad defensiva del líder ucraniano ha sido determinante para la resistencia y enfrentamiento de Ucrania en esta contienda. Téngase presente que este país se enfrenta a las tropas rusas, las que cuentan con un extenso historial que se remonta a los comienzos del pasado siglo XX, esto es, no es una guerra con cualquier país, sino con Rusia. 

Pero las cosas pudieran tener un alcance mucho más trascendente. Recordemos que Putin entró en cólera ante los trámites de Finlandia y Suecia para integrar el bloque de la OTAN, así como de la aceptación de este poderoso organismo ante las solicitudes de dichas naciones. A esto se debe añadir la idea del supuesto aislamiento del mandatario ruso, aislamiento que no ha alcanzado la dimensión que merece, toda vez que varias naciones han permanecido estáticas, con actitudes aparentemente neutras ante el conflicto, mientras que otras se han pronunciado abiertamente a favor de la invasión rusa, entre las que vale citar a Corea del Norte, Bielorrusia, Siria, Eritrea, Tayikistán, Kazajistán y Armenia, amén de los regímenes terroristas de Cuba, Venezuela y Nicaragua, en América Latina. Las recientes maniobras militares internacionales realizadas en Venezuela en las que participaron militares venezolanos y destacamentos de Cuba, Bolivia y Nicaragua, demuestran que Rusia no está completamente aislada, como debería estar, independientemente de ser una verdadera provocación en el contexto político internacional actual.  

Ahora la principal preocupación para muchos, con sobradas razones dado el trascendente impacto que tendría desde el punto de vista nuclear, es la ocupación de la central ucraniana de Zaporiyia, la mayor central nuclear de Europa, actualmente ocupada por los rusos. Dicha planta de energía está siendo atacada desde hace varias semanas. Ambas partes se acusan mutuamente de los bombardeos, los que podrían causar una verdadera catástrofe nuclear, algo que ya ha alertado la agencia de la ONU para la energía nuclear, y que, independientemente del actual contexto en dicha central nuclear, desde los inicios de la guerra las principales naciones del mundo occidental se han mostrado preocupadas sobremanera ante el riesgo inminente de un desastre nuclear, algo en lo que he insistido con precisión en escritos anteriores dedicados al tema.  

Volodímir Zelenski aseguró este viernes que el restablecimiento de la seguridad en la central nuclear de Zaporiyia puede comenzar con la misión del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). "Diplomáticos ucranianos, nuestros socios, representantes de la ONU y del OIEA están trabajando en los detalles específicos de la misión que se enviará a la central nuclear de Zaporiyia", afirmó el presidente ucraniano. Por su parte Putin acepta una inspección urgente de la central nuclear ucraniana mediante una misión de inspección de la ONU. En una conversación telefónica con su par francés Emmanuel Macron, ambos abogaron por el envío de una misión del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) con la finalidad de evaluar la situación real in situ.

El reciente ataque al Estado Mayor de la Flota Rusa del Mar Negro con un dron, en Sebastopol, ciudad de la península de Crimea – el segundo de este tipo en menos de un mes–, es una muestra más de los planes tácticos del ejército ucraniano, cuyas bajas se estiman sean muy inferiores a las cifras aproximadas que se conocen de las tropas rusas. Según General SUR Telegran, canal de la oposición rusa, el número de muertos de las Fuerzas Armadas de Rusia, combatientes separatistas y los ejércitos privados pro-Putin, asciende ya a 65.000, cifra que parece increíble si se tiene en cuenta que solo han pasado seis meses desde el comienzo de la invasión armada a Ucrania.    

A Putin le van quedando dos opciones, la primera, aceptar de una vez su derrota y entregar las regiones ucranianas invadidas, la segunda, el uso de las armas nucleares, algo con lo que ha amenazado de manera reiterada. En fin, ojalá se llegue a ese acuerdo esperado y anhelado por los que nos interesamos en el asunto, y por los que estamos convencidos de las terribles consecuencias que puede tener para el mundo el uso de los arsenales nucleares ucranianos, hoy en manos de Rusia.

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FRANCE 24 Español

Agosto 25,2022

El 24 de agosto de 1991, Ucrania proclamó su independencia de la entonces Unión Soviética para ser un estado independiente y democrático. En 2022, Ucrania conmemora su independencia con discretos actos, justo cuando también se cumplen seis meses del inicio de la invasión rusa, una guerra que actualmente se muestra estancada y amenaza con extenderse. En esta edición de El Debate hacemos balance de la invasión de Rusia a Ucrania, un conflicto sin fecha de caducidad y que ya deja miles de muertes

El balance en Ucrania a seis meses de la invasión rusa: una guerra sin un final previsto




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lunes, julio 04, 2022

Una Declaración y su vigencia moral. Julio M. Shiling sobre el Día de la Independencia de los Estados Unidos de América al aprobarse la Delaración de Independencia de las Trece Colonias




Los principios de la independencia de Estados Unidos

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Las recientes decisiones del Tribunal Supremo que salvaguardan la integridad de las elecciones, los derechos de la Segunda Enmienda y la estricta adhesión constitucional son buenas señales
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Por Julio M. Shiling
07.03.22


AHORA QUE ESTADOS UNIDOS celebra su doscientos cuarenta y seis aniversario de independencia, es importante saber qué es lo que ha hecho grande a este país. Esto nos obliga a reflexionar sobre sus principios fundamentales. Deben ser comprendidos y servir de guía. El marxismo moderno, con sus rostros reconocibles de política de identidad, subversión del woke y dogmas de la teoría crítica, está socavando la república americana. Si Estados Unidos quiere seguir siendo grande, una brillante “Ciudad sobre una colina”, vale la pena tener en cuenta estos principios.

Estados Unidos es una nación cristiana 

Estados Unidos se fundó fuertemente vinculado a Jerusalén. El cristianismo impregnó a Estados Unidos desde su etapa embrionaria. Esto es un hecho irrefutable. No se puede hablar de la fundación de la nación y de su sustento ideológico sin reconocer su base bíblica. Formada con valores judeocristianos y consagrada dentro de los parámetros del ejercicio de múltiples denominaciones de la fe cristiana, las diversas rutas para encontrar a Dios se realizaron todas dentro del templo mayor del cristianismo. Esta cosmovisión definía las formas de ordenar el gobierno y la sociedad de la manera más adecuada a las nociones de autogobierno.

El pacto nacional con Dios incluía ciertos preceptos básicos que se extendían a la estructura sociopolítica del naciente país. Los derechos naturales, ese conjunto de principios que reconocen una ley superior (la Ley Natural) que va más allá del alcance del diseño convencional humano, sostienen los valores americanos más apreciados. La libertad es el más destacado de estos derechos. Todo lo que se sancionó en la Declaración de Independencia, la Constitución y los anteriores pactos coloniales, surgió del prisma de los derechos naturales. En adelante, los Padres Fundadores trazaron un modelo que reconocía esta visión cristiana del mundo. 

La doctrina cristiana del pecado original predijo la estructura que construirían los arquitectos mundanos de Estados Unidos. La infalibilidad humana exigía que un gobierno tuviera límites. Después de todo, si los humanos son imperfectos y propensos al pecado, los gobernantes deben trabajar dentro de un sistema en el que su poder sea controlado. Así, los controles y equilibrios se configurarían naturalmente en el paradigma. El gobierno dividido, con poderes institucionalmente separados, fue el resultado directo. 

La propiedad privada se valoraba no tanto como una medida del valor de una persona, sino como un amortiguador para diluir el poder del Estado. Una nación de propietarios construiría una sociedad civil sólida. La autonomía de los instrumentos políticos sería fundamental para la vida republicana imaginada por los Fundadores. Las inclinaciones pecaminosas de la sociedad serían controladas por toda una serie de instituciones cívicas, así como por la base moral que fomenta la religiosidad.    

Estados Unidos se fundó sobre el sacrosanto derecho a la revolución 

El derecho a portar armas es la Segunda Enmienda de la Constitución. Hay una razón para ello. No fue para que los hombres puedan ir de caza. La razón primordial de la existencia del segundo punto más importante de la Carta de Derechos es la necesidad intrínseca de tener una ciudadanía armada. El pueblo debe poseer las herramientas beligerantes para organizarse y desafiar el gobierno tiránico, en caso de que el gobierno consensuado deje de existir. Tan primordial es la idea de los derechos naturales, que se espera que la sociedad se levante y se defienda si un régimen dictatorial viola su juramento y sobrepasa sus límites.

La Segunda Enmienda se construyó de forma coherente para que los soberanos, el pueblo, tuvieran las herramientas para contrarrestar cualquier posible desviación del pacto social por parte de aquellos delegados a través de elecciones justas y libres, para representarlos. El derecho a portar armas es un control del poder del gobierno. Por lo tanto, las concesiones envueltas en limitaciones legales de “bandera roja” deben ser vistas con sospecha. Los límites a la compra de armas se refieren exclusivamente a los ciudadanos respetuosos de la ley. Estos impedimentos de la Segunda Enmienda no se aplican a los delincuentes ni a los agentes estatales (militares, policías, etc.). El pueblo debe conservar plenamente el derecho a portar y tener armas.  

El liberalismo americano es conservador en su esencia

Estados Unidos fue uno de los hijos de la Ilustración. Su versión del liberalismo, sin embargo, estaba conectada a un marco conservador y religioso. El credo liberal, tal y como se ha aplicado en algunas otras partes del mundo, pretendía divorciar la doctrina de la religión, especialmente del cristianismo. Esto era ajeno a la experiencia americana. Sería un malentendido fatal de la base epistemológica de Estados Unidos si se concluyera que el credo liberal en Estados Unidos estaba separado de un ethos cristiano predominante. 

Estados Unidos adoptó la noción de autogobierno del liberalismo. Esquemas políticos como el gobierno republicano que ejerce la democracia dentro de un modelo federal era el plan. Pero el autogobierno americano nunca vio a la religión como un enemigo. El hecho de que los refugiados religiosos colonizaran Estados Unidos desempeñó, sin duda, un papel importante en la formación de la nación americana. El conservadurismo estuvo siempre presente. Hay tanto de John Locke como de Edmund Burke en la fibra de Estados Unidos.  

Las recientes decisiones del Tribunal Supremo que salvaguardan la integridad de las elecciones, los derechos de la Segunda Enmienda y la estricta adhesión constitucional son buenas señales. La misión de Biden de convertir a Estados Unidos en un país socialista está fracasando. La libertad está ganando. ¡Qué tengan un feliz Día de la Independencia!
 
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Una Declaración y su vigencia moral


Por Julio M. Shiling
3 de julio de 2017

Ya habían pasado dos meses y once días desde que los primeros disparos de la Guerra Revolucionaria Norteamericana retumbaron en los campos de batalla de varios pueblos ubicados en el Condado de Middlesex en el estado de Massachusetts. El Congreso Continental, esa asamblea que acoplaba los delegados que representaban las Trece Colonias estadounidenses, unánimemente aprobaron y firmaron, el cuatro de julio de 1776, la Declaración de Independencia Estadounidense. ¿Qué sustentaba ese documento emblemático de la nación norteamericana cuya fecha histórica marca, no el alcance material y territorial de la independencia que en si ocurrió siete años y dos meses más tarde después de una guerra dura, sino un pronunciamiento de intención y la racionalización para independizarse?

El Congreso Continental, esa especie de gobierno en armas norteamericano, le encomendó a un comité de cinco delegados la tarea de redactar en forma de un listado de agravios y justificativos, un pronunciamiento para accionar hacia la independencia. Entre los más destacados del grupo estaba Tomás Jefferson, considerado el autor material del texto, y Benjamín Franklin y John Adams, quienes aportaron la capacitación editorial. Fueron un total de 1,331 palabras las que la Declaración enumeraba. Lo seminal del pronunciamiento fue, no la elocuencia indiscutiblemente brillante de su narrativa, sino la priorización de dos de los fundamentos principales de cualquier sociedad libre: la Ley Natural y el derecho de rebelión.

Qué los EE UU sea el ensayo democrático continuo más exitoso en la historia, no ha sido por casualidad. Más bien, podemos concluir, esto ha ocurrido por causalidad integralmente. Es cierto que los derechos naturales y el principio de remover a un tirano por la fuerza si dicha acción es justa y necesaria, no es un invento de los norteamericanos. Los antiguos griegos y el cristianismo ya habían planteado estos valores preeminentes mucho antes. Platón, San Agustín y Santo Tomás de Aquino articularon formidablemente sobre los derechos naturales y su supremacía sobre nociones de leyes positivas o esquemas convencionales. De igual manera, el derecho de un pueblo levantarse y derrocar por cualquier vía disponible a un régimen tiránico, cuenta a la dinastía Zhou, (1050 a. C.) como el primer practicante del derecho de revolución y los mencionados Doctores de la Iglesia enarbolaron, respectivamente, los principios teóricos de la guerra justa y del tiranicidio, ramificaciones de dicho derecho. 

Lo distintivo del caso estadounidense fue la precisión que le dieron a estos componentes éticos sacrosantos en su documento político insigne y la fidelidad que en el ejercicio de la praxis han observado de los mismos. Éstos, al final del día, representan los mayores protectores conceptuales de la libertad dentro de un modelo político que cuenta con el consentimiento de los gobernados. Los que correctamente catalogan a la democracia como un sistema de auto gobierno que reposa sobre un Estado de derecho, entienden que la defensa de la libertad, es la tarea principal de cualquier gobierno democrático. Los fundadores de la nación estadounidense, no sólo los encargados de elaborar el texto independentista, entendieron estas verdades y más aún, se alinearon expresamente con la Divina Providencia, concretando a la nueva república dentro de un formulario que buscaba vivir en libertad bajo el amparo y las normas de Dios.

La Declaración contiene cinco secciones: el preámbulo; el pronunciamiento de los derechos naturales (o derechos humanos fundamentales); los agravios que violentaban esos derechos naturales; los agravios contra la monarquía y su régimen; y el pronunciamiento de la separación formal y las firmas. Las semillas para lanzar al mundo por primera vez una república constitucional que aspiraba vivir en democracia, contenía todo lo necesario. La libertad sería reconocida como regalo de Dios y consecuentemente era preeminente y que cualquier intento de suprimir ese derecho inalienable está fuera de la jurisdicción de cualquier gobierno. Esta nueva sociedad se forjaría como pueblo impregnado con la noción de que si los medios para reformar, cambiar o reformular, pacíficamente y por vía de un reformismo gradual no eran factibles o se hallaban cerradas, pues ese gobierno habría que abolirlo por la fuerza si fuese necesario y empezar nuevamente.

Hay algo más que añadir que es obvio para cualquiera que se haya leído la Declaración de Independencia. Las columnas éticas de los derechos naturales y el principio del derecho de rebelión, estaban ligadas intrínsecamente a un precepto de entrega a un Ser Superior que imparte justicia y un código moral. “Una nación bajo Dios…”, es el criterio expreso predominante en todos los documentos fundacionales de la nación estadounidense. La Declaración que los norteamericanos y otros amantes de la libertad honran el Cuatro de Julio, ha expuesto esa realidad en un contexto grandilocuente. Hoy, en esta recesión democrática global y la ofensiva amoral en que vivimos, la transmisión de su contenido transcendental, tiene una vigencia universal que urge su aplicación.

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Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

La esclavitud no se aceptó de manera natural; fue un punto escabroso. Se aceptó por algunas de las Trece Colonias para preservar la unión en la lucha, la cual era necesaria para alcanzar la victoria y no ser derrotados y colgados. Benjamín Franklyn expresó lo siguiente  con relación a la necesidad de  mantener la unión: «Sí, tenemos que, de hecho, todos permanecer juntos, o casi con total certeza, todos vamos a colgar por separado». Cada una de las Treces Colonias  se autogobernaban en muchos asuntos y existían grandes diferencias entre el desarrollo alcanzado y las características de cada una de ella. El Bill of Rights es otro documento que nos permite evaluar mejor como pensaban muchos de los padres fundadores. La Guerra de 1812, mediante la cual la Metrópoli inglesa estuvo muy cerca de recuperar a sus antiguas Trece Colonias,  mostró también la necesidad de mantener la unión entre ellas.

 Al hacer un análisis de un documento debemos de situarnos en  el contexto histórico en que se redactó; ni en Francia, patria del Iluminismo, se aprobó el voto de la mujer. El Iluminismo fue la corriente filosófica que más influyó en los independentistas de las Trece Colonias; a su vez la práctica política llevada a cabo por las liberadas Trece Colonias influyó grandemente en la Revolución Francesa contra la monarquía de Luis XVI. Por otra parte, EE.UU. es una República y no una Democracia en el sentido clásico, pues siguiendo las ideas del liberalismo europeo, el voto universal permite, por ejemplo,  que el voto de la persona más instruida, inteligente, conocedora del tema, menos manipulable  y mejor intencionada,sea  equiparado al de una persona que carece de todas esas característica.

Sobre las masacres de indios, ese es un tema muy complicado donde hubo excesos, salvajismos y todo tipo de racismo de ambas partes. El hecho de que los indios se pusieron al lado de la Metrópoli inglesa para luchar contra la independencia de las Trece Colonias fue un mál comienzo para esas relaciones.

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(El cuadro de John Trumbull La Declaración de Independencia recoge el momento de la presentación del trabajo del Comité de los Cinco al Congreso.)
En CONGRESO, 4 de julio de 1776.

La Declaración unánime de los trece Estados Unidos de América,

Cuando en el curso de los acontecimientos humanos se hace necesario para un pueblo disolver los vínculos políticos que lo han ligado a otro, y tomar entre las naciones de la Tierra el puesto separado e igual al que las leyes de la naturaleza y del Dios de esa naturaleza le dan derecho, un justo respeto al juicio de la humanidad exige que declare las causas que lo impulsan a la separación.

Sostenemos como evidentes por sí mismas dichas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuando quiera que una forma de gobierno se vuelva destructora de estos principios,el pueblo tiene derecho a reformarla o abolirla, e instituir un nuevo gobierno que base sus cimientos en dichos principios, y que organice sus poderes en forma tal que a ellos les parezca más probable que genere su seguridad y felicidad. La prudencia, claro está, aconsejará que los gobiernos establecidos hace mucho tiempo no se cambien por motivos leves y transitorios; y, de acuerdo con esto, toda la experiencia ha demostrado que la humanidad está más dispuesta a sufrir, mientras los males sean tolerables, que a hacerse justicia mediante la abolición de las formas a las que está acostumbrada. Pero cuando una larga serie de abusos y usurpaciones, que persigue invariablemente el mismo objetivo, evidencia el designio de someterlos bajo un despotismo absoluto, es el derecho de ellos, es el deber de ellos, derrocar ese gobierno y proveer nuevas salvaguardas para su futura seguridad.

Tal ha sido el paciente sufrimiento de estas colonias; y tal es ahora la necesidad que las compele a alterar su antiguo sistema. La historia del presente rey de la Gran Bretaña es una historia de repetidas injurias y usurpaciones, cuyo objeto principal es y ha sido el establecimiento de una absoluta tiranía sobre estos estados. Para probar esto, sometemos los hechos al juicio de un mundo imparcial.

Ha rehusado asentir a las leyes más convenientes y necesarias al bien público de estas colonias, prohibiendo a sus gobernadores sancionar aun aquellas que eran de inmediata y urgente necesidad a menos que se suspendiese su ejecución hasta obtener su consentimiento, y estando así suspensas las ha desatendido enteramente.

Ha reprobado las providencias dictadas para la repartición de distritos de los pueblos, exigiendo violentamente que estos renunciasen el derecho de representación en sus legislaturas, derecho inestimable para ellos, y formidable sólo para los tiranos. Ha convocado cuerpos legislativos fuera de los lugares acostumbrados, y en sitos distantes del depósito de sus registros públicos con el único fin de molestarlos hasta obligarlos a convenir con sus medidas, y cuando estas violencias no han tenido el efecto que se esperaba, se han disuelto las salas de representantes por oponerse firme y valerosamente a las invocaciones proyectadas contra los derechos del pueblo, rehusando por largo tiempo después de desolación semejante a que se eligiesen otros, por lo que los poderes legislativos, incapaces de aniquilación, han recaído sobre el pueblo para su ejercicio, quedando el estado, entre tanto, expuesto a todo el peligro de una invasión exterior y de convulsiones internas.

Se ha esforzado en estorbar los progresos de la población en estos estados, obstruyendo a este fin las leyes para la naturalización de los extranjeros, rehusando sancionar otras para promover su establecimiento en ellos, y prohibiéndoles adquirir nuevas propiedades en estos países.

En el orden judicial, ha obstruido la administración de justicia, oponiéndose a las leyes necesarias para consolidar la autoridad de los tribunales, creando jueces que dependen solamente de su voluntad, por recibir de él el nombramiento de sus empleos y pagamento de sus sueldos, y mandando un enjambre de oficiales para oprimir a nuestro pueblo y empobrecerlo con sus estafas y rapiñas.

Ha atentado a la libertad civil de los ciudadanos, manteniendo en tiempo de paz entre nosotros tropas armadas, sin el consentimiento de nuestra legislatura: procurando hacer al militar independiente y superior al poder civil: combinando con nuestros vecinos, con plan despótico para sujetarnos a una jurisdicción extraña a nuestras leyes y no reconocida por nuestra constitución: destruyendo nuestro tráfico en todas las partes del mundo y poniendo contribuciones sin nuestro consentimiento: privándonos en muchos casos de las defensas que proporciona el juicio por jurados: transportándonos mas allá de los mares para ser juzgados por delitos supuestos: aboliendo el libre sistema de la ley inglesa en una provincia confinante: alterando fundamentalmente las formas de nuestros gobiernos y nuestras propias legislaturas y declarándose el mismo investido con el poder de dictar leyes para nosotros en todos los casos, cualesquiera que fuesen.

Ha abdicado el derecho que tenía para gobernarnos, declarándonos la guerra y poniéndonos fuera de su protección: haciendo el pillaje en nuestros mares; asolando nuestras costas; quitando la vida a nuestros conciudadanos y poniéndonos a merced de numerosos ejércitos extranjeros para completar la obra de muerte, desolación y tiranía comenzada y continuada con circunstancias de crueldad y perfidia totalmente indignas del jefe de una nación civilizada.

Ha compelido a nuestros conciudadanos hechos prisioneros en alta mar a llevar armas contra su patria, constituyéndose en verdugos de sus hermanos y amigos: excitando insurrecciones domésticas y procurando igualmente irritar contra nosotros a los habitantes de las fronteras, los indios bárbaros y feroces cuyo método conocido de hacer la guerra es la destrucción de todas las edades, sexos y condiciones.

A cada grado de estas opresiones hemos suplicado por la reforma en los términos más humildes; nuestras súplicas han sido contestadas con repetidas injurias. Un príncipe cuyo carácter está marcado por todos los actos que definen a un tirano, no es apto para ser el gobernador de un pueblo libre.

Tampoco hemos faltado a la consideración debida hacia nuestros hermanos los habitantes de la Gran Bretaña; les hemos advertido de tiempo en tiempo del atentado cometido por su legislatura en extender una ilegítima jurisdicción sobre las nuestras. Les hemos recordado las circunstancias de nuestra emigración y establecimiento en estos países; hemos apelado a su natural justicia y magnanimidad, conjurándolos por los vínculos de nuestro origen común a renunciar a esas usurpaciones que inevitablemente acabarían por interrumpir nuestra correspondencia y conexiones. También se han mostrado sordos a la voz de la justicia y consanguinidad. Debemos, por tanto, someternos a la necesidad que anuncia nuestra separación, y tratarlos como al resto del género humano: enemigos en la guerra y amigos en la paz.

Por tanto, nosotros, los Representantes de los Estados Unidos, reunidos en Congreso General, apelando al Juez supremo del Universo, por la rectitud de nuestras intenciones, y en el nombre y con la autoridad del pueblo de estas colonias, publicamos y declaramos lo presente: que estas colonias son, y por derecho deben ser, estados libres e independientes; que están absueltas de toda obligación de fidelidad a la corona británica: que toda conexión política entre ellas y el estado de la Gran Bretaña, es y debe ser totalmente disuelta, y que como estados libres e independientes, tienen pleno poder para hacer la guerra, concluir la paz, contraer alianzas, establecer comercio y hacer todos los otros actos que los estados independientes pueden por derecho efectuar. Así que, para sostener esta declaración con una firme confianza en la protección divina, nosotros empeñamos mutuamente nuestras vidas, nuestras fortunas y nuestro sagrado honor.

Firmantes

    Nueva Hampshire: Josiah Bartlett, William Whipple, Matthew Thornton
    Massachusetts: Samuel Adams, John Adams, John Hancock, Robert Treat Paine, Elbridge Gerry
    Rhode Island: Stephen Hopkins, William Ellery
    Connecticut: Roger Sherman, Samuel Huntington, William Williams, Oliver Wolcott
    Nueva York: William Floyd, Philip Livingston, Francis Lewis, Lewis Morris
    Nueva Jersey: Richard Stockton, John Witherspoon, Francis Hopkinson, John Hart, Abraham Clark
    Pensilvania: Robert Morris, Benjamin Rush, Benjamin Franklin, John Morton, George Clymer, James Smith, George Taylor, James Wilson, George Ross
    Delaware: George Read, Caesar Rodney, Thomas McKean
    Maryland: Samuel Chase, William Paca, Thomas Stone, Charles Carroll of Carrollton
    Virginia: George Wythe, Richard Henry Lee, Thomas Jefferson, Benjamin Harrison, Thomas Nelson, Jr., Francis Lightfoot Lee, Carter Braxton
    Carolina del Norte: William Hooper, Joseph Hewes, John Penn
    Carolina del Sur: Edward Rutledge, Thomas Heyward, Jr., Thomas Lynch, Jr., Arthur Middleton
    Georgia: Button Gwinnett, Lyman Hall, George Walton
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domingo, julio 04, 2021

Una Declaración y su vigencia moral. Julio M. Shiling sobre la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América el 4 de julio de 1776

 



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Una Declaración y su vigencia moral

Por Julio M. Shiling
3 de julio de 2017

Ya habían pasado dos meses y once días desde que los primeros disparos de la Guerra Revolucionaria Norteamericana retumbaron en los campos de batalla de varios pueblos ubicados en el Condado de Middlesex en el estado de Massachusetts. El Congreso Continental, esa asamblea que acoplaba los delegados que representaban las Trece Colonias estadounidenses, unánimemente aprobaron y firmaron, el cuatro de julio de 1776, la Declaración de Independencia Estadounidense. ¿Qué sustentaba ese documento emblemático de la nación norteamericana cuya fecha histórica marca, no el alcance material y territorial de la independencia que en si ocurrió siete años y dos meses más tarde después de una guerra dura, sino un pronunciamiento de intención y la racionalización para independizarse?

El Congreso Continental, esa especie de gobierno en armas norteamericano, le encomendó a un comité de cinco delegados la tarea de redactar en forma de un listado de agravios y justificativos, un pronunciamiento para accionar hacia la independencia. Entre los más destacados del grupo estaba Tomás Jefferson, considerado el autor material del texto, y Benjamín Franklin y John Adams, quienes aportaron la capacitación editorial. Fueron un total de 1,331 palabras las que la Declaración enumeraba. Lo seminal del pronunciamiento fue, no la elocuencia indiscutiblemente brillante de su narrativa, sino la priorización de dos de los fundamentos principales de cualquier sociedad libre: la Ley Natural y el derecho de rebelión.

Qué los EE UU sea el ensayo democrático continuo más exitoso en la historia, no ha sido por casualidad. Más bien, podemos concluir, esto ha ocurrido por causalidad integralmente. Es cierto que los derechos naturales y el principio de remover a un tirano por la fuerza si dicha acción es justa y necesaria, no es un invento de los norteamericanos. Los antiguos griegos y el cristianismo ya habían planteado estos valores preeminentes mucho antes. Platón, San Agustín y Santo Tomás de Aquino articularon formidablemente sobre los derechos naturales y su supremacía sobre nociones de leyes positivas o esquemas convencionales. De igual manera, el derecho de un pueblo levantarse y derrocar por cualquier vía disponible a un régimen tiránico, cuenta a la dinastía Zhou, (1050 a. C.) como el primer practicante del derecho de revolución y los mencionados Doctores de la Iglesia enarbolaron, respectivamente, los principios teóricos de la guerra justa y del tiranicidio, ramificaciones de dicho derecho. 

Lo distintivo del caso estadounidense fue la precisión que le dieron a estos componentes éticos sacrosantos en su documento político insigne y la fidelidad que en el ejercicio de la praxis han observado de los mismos. Éstos, al final del día, representan los mayores protectores conceptuales de la libertad dentro de un modelo político que cuenta con el consentimiento de los gobernados. Los que correctamente catalogan a la democracia como un sistema de auto gobierno que reposa sobre un Estado de derecho, entienden que la defensa de la libertad, es la tarea principal de cualquier gobierno democrático. Los fundadores de la nación estadounidense, no sólo los encargados de elaborar el texto independentista, entendieron estas verdades y más aún, se alinearon expresamente con la Divina Providencia, concretando a la nueva república dentro de un formulario que buscaba vivir en libertad bajo el amparo y las normas de Dios.

La Declaración contiene cinco secciones: el preámbulo; el pronunciamiento de los derechos naturales (o derechos humanos fundamentales); los agravios que violentaban esos derechos naturales; los agravios contra la monarquía y su régimen; y el pronunciamiento de la separación formal y las firmas. Las semillas para lanzar al mundo por primera vez una república constitucional que aspiraba vivir en democracia, contenía todo lo necesario. La libertad sería reconocida como regalo de Dios y consecuentemente era preeminente y que cualquier intento de suprimir ese derecho inalienable está fuera de la jurisdicción de cualquier gobierno. Esta nueva sociedad se forjaría como pueblo impregnado con la noción de que si los medios para reformar, cambiar o reformular, pacíficamente y por vía de un reformismo gradual no eran factibles o se hallaban cerradas, pues ese gobierno habría que abolirlo por la fuerza si fuese necesario y empezar nuevamente.

Hay algo más que añadir que es obvio para cualquiera que se haya leído la Declaración de Independencia. Las columnas éticas de los derechos naturales y el principio del derecho de rebelión, estaban ligadas intrínsecamente a un precepto de entrega a un Ser Superior que imparte justicia y un código moral. “Una nación bajo Dios…”, es el criterio expreso predominante en todos los documentos fundacionales de la nación estadounidense. La Declaración que los norteamericanos y otros amantes de la libertad honran el Cuatro de Julio, ha expuesto esa realidad en un contexto grandilocuente. Hoy, en esta recesión democrática global y la ofensiva amoral en que vivimos, la transmisión de su contenido transcendental, tiene una vigencia universal que urge su aplicación.
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Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

La esclavitud no se aceptó de manera natural; fue un punto escabroso. Se aceptó por algunas de las Trece Colonias para preservar la unión en la lucha, la cual era necesaria para alcanzar la victoria y no ser derrotados y colgados. Benjamín Franklyn expresó lo siguiente  con relación a la necesidad de  mantener la unión: «Sí, tenemos que, de hecho, todos permanecer juntos, o casi con total certeza, todos vamos a colgar por separado». Cada una de las Treces Colonias  se autogobernaban en muchos asuntos y existían grandes diferencias entre el desarrollo alcanzado y las características de cada una de ella. El Bill of Rights es otro documento que nos permite evaluar mejor como pensaban muchos de los padres fundadores. La Guerra de 1812, mediante la cual la Metrópoli inglesa estuvo muy cerca de recuperar a sus antiguas Trece Colonias,  mostró también la necesidad de mantener la unión entre ellas.

 Al hacer un análisis de un documento debemos de situarnos en  el contexto histórico en que se redactó; ni en Francia, patria del Iluminismo, se aprobó el voto de la mujer. El Iluminismo fue la corriente filosófica que más influyó en los independentistas de las Trece Colonias; a su vez la práctica política llevada a cabo por las liberadas Trece Colonias influyó grandemente en la Revolución Francesa contra la monarquía de Luis XVI. Por otra parte, EE.UU. es una República y no una Democracia en el sentido clásico, pues siguiendo las ideas del liberalismo europeo, el voto universal permite, por ejemplo,  que el voto de la persona más instruida, inteligente, conocedora del tema, menos manipulable  y mejor intencionada,sea  equiparado al de una persona que carece de todas esas característica.

Sobre las masacres de indios, ese es un tema muy complicado donde hubo excesos, salvajismos y todo tipo de racismo de ambas partes. El hecho de que los indios se pusieron al lado de la Metrópoli inglesa para luchar contra la independencia de las Trece Colonias fue un mál comienzo para esas relaciones.

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lunes, julio 06, 2020

Video y subtítulos en español del discurso del Presidente Donald Trump en el Día de la Independencia, 4 julio 2020 - Monte Rushmore


Donald Trump - Discurso del Día de la Independencia, 4 julio 2020 - Monte Rushmore (en español)



Periódico LEAL
Jul 4, 2020

El discurso de Donald Trump que pasará a la historia como el mejor discurso de un Presidente.
Día de la Independencia celebrado el 4 de julio 2020, en el Monte Rushmore en Dakota, EEUU.
Transcripción en español del discurso: https://periodicoleal.com/discurso-do...
#DonaldTrump #MontRushmore #4July2020

Donald Trump: «No podría haber mejor lugar para celebrar la independencia de Estados Unidos que debajo de esta magnífica, increíble y majestuosa montaña y monumento a los más grandes estadounidenses que jamás hayan vivido. Hoy rendimos homenaje a las vidas excepcionales y los legados extraordinarios de George Washington, Thomas Jefferson, Abraham Lincoln y Teddy Roosevelt. Estoy aquí como su presidente para proclamar ante el país y ante el mundo, este monumento nunca será profanado, estos héroes nunca serán difamados, su legado nunca será destruido, sus logros nunca serán olvidados y el Monte Rushmore se mantendrá para siempre como un eterno homenaje a nuestros antepasados y a nuestra libertad.»

«Nos reunimos esta noche para anunciar el día más importante en la historia de las naciones, el 4 de julio de 1776. Ante esas palabras, cada corazón estadounidense debe hincharse de orgullo, cada familia estadounidense debe animar de alegría y cada patriota estadounidense debe estar lleno de alegría porque cada uno de ustedes vive en el país más magnífico de la historia del mundo y pronto será más grande que nunca.»

«Nuestros fundadores lanzaron no solo una revolución en el gobierno, sino una revolución en la búsqueda de la justicia, la igualdad, la libertad y la prosperidad. Ninguna nación ha hecho más para promover la condición humana que los Estados Unidos de América y ninguna gente ha hecho más para promover el progreso humano que los ciudadanos de nuestra gran nación. Todo fue posible gracias al coraje de 56 patriotas que se reunieron en Filadelfia hace 244 años y firmaron la Declaración de Independencia. Ellos consagraron una verdad divina que cambió el mundo para siempre cuando dijeron: "Todos los hombres son creados iguales". Estas palabras inmortales ponen en marcha la marcha imparable de la libertad. Nuestros fundadores declararon audazmente que todos estamos dotados de los mismos derechos divinos, que nos dio nuestro Creador en el Cielo, y lo que Dios nos ha dado, no permitiremos que nadie nos quite nunca.»

«1776 representó la culminación de miles de años de civilización occidental y el triunfo no solo del espíritu, sino de la sabiduría, la filosofía y la razón. Y, sin embargo, a medida que nos reunimos aquí esta noche, existe un peligro creciente que amenaza cada bendición por la que nuestros antepasados lucharon tanto, lucharon, que se desangraron para asegurarse. Nuestra nación está siendo testigo de una campaña despiadada para borrar nuestra historia, difamar a nuestros héroes, borrar nuestros valores y adoctrinar a nuestros hijos. Multitudes enojadas están tratando de derribar las estatuas de nuestros fundadores, desfigurar nuestros monumentos más sagrados y desatar una ola de crímenes violentos en nuestras ciudades. Muchas de estas personas no tienen idea de por qué están haciendo esto, pero algunos saben lo que están haciendo. Piensan que el pueblo estadounidense es débil, blando y sumiso, pero no, el pueblo estadounidense es fuerte y orgulloso y no permitirá que le quiten a nuestro país y todos sus valores, historia y cultura.»

«Una de sus armas políticas es cancelar la cultura, expulsar a las personas de sus trabajos, avergonzar a los disidentes y exigir la sumisión total de cualquiera que no esté de acuerdo. Esta es la definición misma de totalitarismo, y es completamente ajena a nuestra cultura y nuestros valores y no tiene absolutamente ningún lugar en los Estados Unidos de América.»

«Este ataque a nuestra libertad, nuestra magnífica libertad debe ser detenida y se detendrá muy rápidamente. Expondremos este movimiento peligroso, protegeremos a los niños de nuestra nación de este asalto radical y preservaremos nuestro querido estilo de vida estadounidense. En nuestras escuelas, nuestras salas de redacción, incluso nuestras salas de juntas corporativas, existe un nuevo fascismo de extrema izquierda que exige lealtad absoluta. Si no habla su idioma, realiza sus rituales, recita sus mantras y sigue sus mandamientos, entonces será censurado, desterrado, incluido en la lista negra, perseguido y castigado. No nos va a pasar.»

«No cometer errores. Esta revolución cultural de izquierda está diseñada para derrocar a la Revolución Americana. Al hacerlo, destruirían la civilización que rescató a miles de millones de la pobreza, la enfermedad, la violencia y el hambre, y que llevó a la humanidad a nuevas alturas de logros, descubrimientos y progreso. Para hacer esto posible, están decididos a derribar cada estatua, símbolo y memoria de nuestro patrimonio nacional.»

Trascripción completa: https://periodicoleal.com/discurso-do...

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sábado, julio 04, 2020

Esteban Fernández: 4 DE JULIO 2020............... ¡ VIVA USA !



4 DE JULIO 2020............... ¡ VIVA USA !


Por Esteban Fernandez
4 de julio, 2020

En mi opinión, este es el país más hermoso, poderoso, libre y altruista del mundo. Sin los Estados Unidos y sin sus fuerzas armadas este mundo ya sería esclavo.

Nunca imaginé al llegar aquí que viniera el momento en que tendría que defender a esta gran nación contra muchísimos nativos y extranjeros que, tal parece, la consideran como el origen de todos los males que aquejan a la humanidad.

Hace mucho rato que aquí hay una campaña abrumadora para destruir completamente a los Estados Unidos y desmoralizarlo, con el siniestro objetivo de que los enemigos internos y externos se apoderen de esta nación.

Desde la escuela primaria ya comienzan a confundir a los niños con mentiras y medias verdades contra instituciones, políticos conservadores, soldados en medio del combate, la religión y contra todo lo que represente moralidad, decencia y victoria.

Leí hace poco que le preguntaron a un muchachito: ¿Sabes quien fue Cristóbal Colón? Y sin pensarlo dos veces contestó: “Sí, fue un criminal que trajo a América un ejército de bandidos”. Le preguntaron: “¿Dé donde sacaste eso?” La respuesta me dejó perplejo: “De los libros de texto y me lo dijo mi maestro”.

También les inculcan que el pasado histórico de EE.UU. fue una calamidad, una barbarie, resaltando que “los blancos” abusaron y esclavizaron a los negros. Tal parece que todos los blancos eran miembros distinguidos del K.K.K.

Les inculcan a los niños que los cowboys (esos que a nosotros nos encantaba ver en las películas) arrasaron sin misericordia con los indios. Ni una sola mención de cuando los indios les arrancaban salvajemente -con la ayuda de afilados cuchillos- los cueros cabelludos a los vaqueros.

Nadie les aclara a los muchachos que a unas bandas de imbéciles blancos les hubiera sido imposible traer miles de esclavos de África sin la ayuda de los propios negros africanos. Simplemente se trata de una violenta y gigantesca diatriba dedicada a acomplejar a los blancos por supuestos crímenes y errores cometidos por sus tatarabuelos.

Las Universidades son peores. Están llenas de profesores comunistas, rojos, rosados y escarlatas. Mis hijas me dicen: “Papi, gracias a Dios por tí y tus experiencias en Cuba, porque de lo contrario hubiéramos salidos del College más socialistas que Marx y Engel”.

Nosotros sabemos perfectamente que cuando los SOCIALISTAS cogen el poder se defecan en los negros, en los indios, en todas las clases oprimidas que ellos hipócritamente dicen defender y convierten a todos en una masa amorfa al servicio del estado omnipotente.

Y yo que soy cubano, que me siento cubano, que en realidad no tengo vela en este entierro, me tengo que pasar la vida saliendo en defensa del presente y del pasado de la nación que me brindó refugio. Y lo hago por tres motivos: Uno porque soy agradecido, dos porque tengo hijas y nietos nacidos aquí, y no quiero que sufran lo que yo sufrí, y en tercer lugar porque si se pierde esto NO HAY PARA DONDE IR. Éste es el reducto, el último baluarte de la democracia.

Y recientemente la cosa está peor que nunca porque los críticos acérrimos de este país están envalentonados y el peligro es inminente. Gracias a Dios muchísimos americanos están en la misma orbita nuestra, y luce que no van a dejarse meter el comunismo aquí.

Yo quería estar equivocado porque desde el primer momento estuve en contra de Obama, desde que era senador en Chicago, pero siempre con fervientes deseos que fuera incierto lo que imaginaba y que estaba viendo visiones. Ahora le pido a Dios que Donald Trump nos lleve por el buen camino y haga de nuevo a America Grande.

¿Recuerdan ustedes aquello de "Se Salva Cuba o se pierde América"? Bueno, ahora vamos a tener que echar el resto. ¡Vamos a luchar por salvar a los EE.UU. salvar a Cuba y al resto de América! En momentos de pandemias y revueltas los cubanos anticomunistas más que nunca debemos demostrar nuestro solidario apoyo a la tierra que nos brinda refugio... 
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Una Declaración y su vigencia moral

Por Julio M. Shiling
3 de julio de 2017

Ya habían pasado dos meses y once días desde que los primeros disparos de la Guerra Revolucionaria Norteamericana retumbaron en los campos de batalla de varios pueblos ubicados en el Condado de Middlesex en el estado de Massachusetts. El Congreso Continental, esa asamblea que acoplaba los delegados que representaban las Trece Colonias estadounidenses, unánimemente aprobaron y firmaron, el cuatro de julio de 1776, la Declaración de Independencia Estadounidense. ¿Qué sustentaba ese documento emblemático de la nación norteamericana cuya fecha histórica marca, no el alcance material y territorial de la independencia que en si ocurrió siete años y dos meses más tarde después de una guerra dura, sino un pronunciamiento de intención y la racionalización para independizarse?

El Congreso Continental, esa especie de gobierno en armas norteamericano, le encomendó a un comité de cinco delegados la tarea de redactar en forma de un listado de agravios y justificativos, un pronunciamiento para accionar hacia la independencia. Entre los más destacados del grupo estaba Tomás Jefferson, considerado el autor material del texto, y Benjamín Franklin y John Adams, quienes aportaron la capacitación editorial. Fueron un total de 1,331 palabras las que la Declaración enumeraba. Lo seminal del pronunciamiento fue, no la elocuencia indiscutiblemente brillante de su narrativa, sino la priorización de dos de los fundamentos principales de cualquier sociedad libre: la Ley Natural y el derecho de rebelión.

Qué los EE UU sea el ensayo democrático continuo más exitoso en la historia, no ha sido por casualidad. Más bien, podemos concluir, esto ha ocurrido por causalidad integralmente. Es cierto que los derechos naturales y el principio de remover a un tirano por la fuerza si dicha acción es justa y necesaria, no es un invento de los norteamericanos. Los antiguos griegos y el cristianismo ya habían planteado estos valores preeminentes mucho antes. Platón, San Agustín y Santo Tomás de Aquino articularon formidablemente sobre los derechos naturales y su supremacía sobre nociones de leyes positivas o esquemas convencionales. De igual manera, el derecho de un pueblo levantarse y derrocar por cualquier vía disponible a un régimen tiránico, cuenta a la dinastía Zhou, (1050 a. C.) como el primer practicante del derecho de revolución y los mencionados Doctores de la Iglesia enarbolaron, respectivamente, los principios teóricos de la guerra justa y del tiranicidio, ramificaciones de dicho derecho.

Lo distintivo del caso estadounidense fue la precisión que le dieron a estos componentes éticos sacrosantos en su documento político insigne y la fidelidad que en el ejercicio de la praxis han observado de los mismos. Éstos, al final del día, representan los mayores protectores conceptuales de la libertad dentro de un modelo político que cuenta con el consentimiento de los gobernados. Los que correctamente catalogan a la democracia como un sistema de auto gobierno que reposa sobre un Estado de derecho, entienden que la defensa de la libertad, es la tarea principal de cualquier gobierno democrático. Los fundadores de la nación estadounidense, no sólo los encargados de elaborar el texto independentista, entendieron estas verdades y más aún, se alinearon expresamente con la Divina Providencia, concretando a la nueva república dentro de un formulario que buscaba vivir en libertad bajo el amparo y las normas de Dios.

La Declaración contiene cinco secciones: el preámbulo; el pronunciamiento de los derechos naturales (o derechos humanos fundamentales); los agravios que violentaban esos derechos naturales; los agravios contra la monarquía y su régimen; y el pronunciamiento de la separación formal y las firmas. Las semillas para lanzar al mundo por primera vez una república constitucional que aspiraba vivir en democracia, contenía todo lo necesario. La libertad sería reconocida como regalo de Dios y consecuentemente era preeminente y que cualquier intento de suprimir ese derecho inalienable está fuera de la jurisdicción de cualquier gobierno. Esta nueva sociedad se forjaría como pueblo impregnado con la noción de que si los medios para reformar, cambiar o reformular, pacíficamente y por vía de un reformismo gradual no eran factibles o se hallaban cerradas, pues ese gobierno habría que abolirlo por la fuerza si fuese necesario y empezar nuevamente.

Hay algo más que añadir que es obvio para cualquiera que se haya leído la Declaración de Independencia. Las columnas éticas de los derechos naturales y el principio del derecho de rebelión, estaban ligadas intrínsecamente a un precepto de entrega a un Ser Superior que imparte justicia y un código moral. “Una nación bajo Dios…”, es el criterio expreso predominante en todos los documentos fundacionales de la nación estadounidense. La Declaración que los norteamericanos y otros amantes de la libertad honran el Cuatro de Julio, ha expuesto esa realidad en un contexto grandilocuente. Hoy, en esta recesión democrática global y la ofensiva amoral en que vivimos, la transmisión de su contenido transcendental, tiene una vigencia universal que urge su aplicación.


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Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

La esclavitud no se aceptó de manera natural; fue un punto escabroso. Se aceptó por algunas de las Trece Colonias para preservar la unión en la lucha, la cual era necesaria para alcanzar la victoria y no ser derrotados y colgados. Benjamín Franklyn expresó lo siguiente  con relación a la necesidad de  mantener la unión: «Sí, tenemos que, de hecho, todos permanecer juntos, o casi con total certeza, todos vamos a colgar por separado». Cada una de las Treces Colonias  se autogobernaban en muchos asuntos y existían grandes diferencias entre el desarrollo alcanzado y las características de cada una de ella. El Bill of Rights es otro documento que nos permite evaluar mejor como pensaban muchos de los padres fundadores. La Guerra de 1812, mediante la cual la Metrópoli inglesa estuvo muy cerca de recuperar a sus antiguas Trece Colonias,  mostró también la necesidad de mantener la unión entre ellas.

 Al hacer un análisis de un documento debemos de situarnos en  el contexto histórico en que se redactó; ni en Francia, patria del Iluminismo, se aprobó el voto de la mujer. El Iluminismo fue la corriente filosófica que más influyó en los independentistas de las Trece Colonias; a su vez la práctica política llevada a cabo por las liberadas Trece Colonias influyó grandemente en la Revolución Francesa contra la monarquía de Luis XVI. Por otra parte, EE.UU. es una República y no una Democracia en el sentido clásico, pues siguiendo las ideas del liberalismo europeo, el voto universal permite, por ejemplo,  que el voto de la persona más instruida, inteligente, conocedora del tema, menos manipulable  y mejor intencionada,sea  equiparado al de una persona que carece de todas esas característica.

Sobre las masacres de indios, ese es un tema muy complicado donde hubo excesos, salvajismos y todo tipo de racismo de ambas partes. El hecho de que los indios se pusieron al lado de la Metrópoli inglesa para luchar contra la independencia de las Trece Colonias fue un mál comienzo para esas relaciones.
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(El cuadro de John Trumbull La Declaración de Independencia recoge el momento de la presentación del trabajo del Comité de los Cinco al Congreso.)
En CONGRESO, 4 de julio de 1776.

La Declaración unánime de los trece Estados Unidos de América,

Cuando en el curso de los acontecimientos humanos se hace necesario para un pueblo disolver los vínculos políticos que lo han ligado a otro, y tomar entre las naciones de la Tierra el puesto separado e igual al que las leyes de la naturaleza y del Dios de esa naturaleza le dan derecho, un justo respeto al juicio de la humanidad exige que declare las causas que lo impulsan a la separación.

Sostenemos como evidentes por sí mismas dichas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuando quiera que una forma de gobierno se vuelva destructora de estos principios,el pueblo tiene derecho a reformarla o abolirla, e instituir un nuevo gobierno que base sus cimientos en dichos principios, y que organice sus poderes en forma tal que a ellos les parezca más probable que genere su seguridad y felicidad. La prudencia, claro está, aconsejará que los gobiernos establecidos hace mucho tiempo no se cambien por motivos leves y transitorios; y, de acuerdo con esto, toda la experiencia ha demostrado que la humanidad está más dispuesta a sufrir, mientras los males sean tolerables, que a hacerse justicia mediante la abolición de las formas a las que está acostumbrada. Pero cuando una larga serie de abusos y usurpaciones, que persigue invariablemente el mismo objetivo, evidencia el designio de someterlos bajo un despotismo absoluto, es el derecho de ellos, es el deber de ellos, derrocar ese gobierno y proveer nuevas salvaguardas para su futura seguridad.

Tal ha sido el paciente sufrimiento de estas colonias; y tal es ahora la necesidad que las compele a alterar su antiguo sistema. La historia del presente rey de la Gran Bretaña es una historia de repetidas injurias y usurpaciones, cuyo objeto principal es y ha sido el establecimiento de una absoluta tiranía sobre estos estados. Para probar esto, sometemos los hechos al juicio de un mundo imparcial.

Ha rehusado asentir a las leyes más convenientes y necesarias al bien público de estas colonias, prohibiendo a sus gobernadores sancionar aun aquellas que eran de inmediata y urgente necesidad a menos que se suspendiese su ejecución hasta obtener su consentimiento, y estando así suspensas las ha desatendido enteramente.

Ha reprobado las providencias dictadas para la repartición de distritos de los pueblos, exigiendo violentamente que estos renunciasen el derecho de representación en sus legislaturas, derecho inestimable para ellos, y formidable sólo para los tiranos. Ha convocado cuerpos legislativos fuera de los lugares acostumbrados, y en sitos distantes del depósito de sus registros públicos con el único fin de molestarlos hasta obligarlos a convenir con sus medidas, y cuando estas violencias no han tenido el efecto que se esperaba, se han disuelto las salas de representantes por oponerse firme y valerosamente a las invocaciones proyectadas contra los derechos del pueblo, rehusando por largo tiempo después de desolación semejante a que se eligiesen otros, por lo que los poderes legislativos, incapaces de aniquilación, han recaído sobre el pueblo para su ejercicio, quedando el estado, entre tanto, expuesto a todo el peligro de una invasión exterior y de convulsiones internas.

Se ha esforzado en estorbar los progresos de la población en estos estados, obstruyendo a este fin las leyes para la naturalización de los extranjeros, rehusando sancionar otras para promover su establecimiento en ellos, y prohibiéndoles adquirir nuevas propiedades en estos países.

En el orden judicial, ha obstruido la administración de justicia, oponiéndose a las leyes necesarias para consolidar la autoridad de los tribunales, creando jueces que dependen solamente de su voluntad, por recibir de él el nombramiento de sus empleos y pagamento de sus sueldos, y mandando un enjambre de oficiales para oprimir a nuestro pueblo y empobrecerlo con sus estafas y rapiñas.

Ha atentado a la libertad civil de los ciudadanos, manteniendo en tiempo de paz entre nosotros tropas armadas, sin el consentimiento de nuestra legislatura: procurando hacer al militar independiente y superior al poder civil: combinando con nuestros vecinos, con plan despótico para sujetarnos a una jurisdicción extraña a nuestras leyes y no reconocida por nuestra constitución: destruyendo nuestro tráfico en todas las partes del mundo y poniendo contribuciones sin nuestro consentimiento: privándonos en muchos casos de las defensas que proporciona el juicio por jurados: transportándonos mas allá de los mares para ser juzgados por delitos supuestos: aboliendo el libre sistema de la ley inglesa en una provincia confinante: alterando fundamentalmente las formas de nuestros gobiernos y nuestras propias legislaturas y declarándose el mismo investido con el poder de dictar leyes para nosotros en todos los casos, cualesquiera que fuesen.

Ha abdicado el derecho que tenía para gobernarnos, declarándonos la guerra y poniéndonos fuera de su protección: haciendo el pillaje en nuestros mares; asolando nuestras costas; quitando la vida a nuestros conciudadanos y poniéndonos a merced de numerosos ejércitos extranjeros para completar la obra de muerte, desolación y tiranía comenzada y continuada con circunstancias de crueldad y perfidia totalmente indignas del jefe de una nación civilizada.

Ha compelido a nuestros conciudadanos hechos prisioneros en alta mar a llevar armas contra su patria, constituyéndose en verdugos de sus hermanos y amigos: excitando insurrecciones domésticas y procurando igualmente irritar contra nosotros a los habitantes de las fronteras, los indios bárbaros y feroces cuyo método conocido de hacer la guerra es la destrucción de todas las edades, sexos y condiciones.

A cada grado de estas opresiones hemos suplicado por la reforma en los términos más humildes; nuestras súplicas han sido contestadas con repetidas injurias. Un príncipe cuyo carácter está marcado por todos los actos que definen a un tirano, no es apto para ser el gobernador de un pueblo libre.

Tampoco hemos faltado a la consideración debida hacia nuestros hermanos los habitantes de la Gran Bretaña; les hemos advertido de tiempo en tiempo del atentado cometido por su legislatura en extender una ilegítima jurisdicción sobre las nuestras. Les hemos recordado las circunstancias de nuestra emigración y establecimiento en estos países; hemos apelado a su natural justicia y magnanimidad, conjurándolos por los vínculos de nuestro origen común a renunciar a esas usurpaciones que inevitablemente acabarían por interrumpir nuestra correspondencia y conexiones. También se han mostrado sordos a la voz de la justicia y consanguinidad. Debemos, por tanto, someternos a la necesidad que anuncia nuestra separación, y tratarlos como al resto del género humano: enemigos en la guerra y amigos en la paz.

Por tanto, nosotros, los Representantes de los Estados Unidos, reunidos en Congreso General, apelando al Juez supremo del Universo, por la rectitud de nuestras intenciones, y en el nombre y con la autoridad del pueblo de estas colonias, publicamos y declaramos lo presente: que estas colonias son, y por derecho deben ser, estados libres e independientes; que están absueltas de toda obligación de fidelidad a la corona británica: que toda conexión política entre ellas y el estado de la Gran Bretaña, es y debe ser totalmente disuelta, y que como estados libres e independientes, tienen pleno poder para hacer la guerra, concluir la paz, contraer alianzas, establecer comercio y hacer todos los otros actos que los estados independientes pueden por derecho efectuar. Así que, para sostener esta declaración con una firme confianza en la protección divina, nosotros empeñamos mutuamente nuestras vidas, nuestras fortunas y nuestro sagrado honor.

Firmantes

    Nueva Hampshire: Josiah Bartlett, William Whipple, Matthew Thornton
    Massachusetts: Samuel Adams, John Adams, John Hancock, Robert Treat Paine, Elbridge Gerry
    Rhode Island: Stephen Hopkins, William Ellery
    Connecticut: Roger Sherman, Samuel Huntington, William Williams, Oliver Wolcott
    Nueva York: William Floyd, Philip Livingston, Francis Lewis, Lewis Morris
    Nueva Jersey: Richard Stockton, John Witherspoon, Francis Hopkinson, John Hart, Abraham Clark
    Pensilvania: Robert Morris, Benjamin Rush, Benjamin Franklin, John Morton, George Clymer, James Smith, George Taylor, James Wilson, George Ross
    Delaware: George Read, Caesar Rodney, Thomas McKean
    Maryland: Samuel Chase, William Paca, Thomas Stone, Charles Carroll of Carrollton
    Virginia: George Wythe, Richard Henry Lee, Thomas Jefferson, Benjamin Harrison, Thomas Nelson, Jr., Francis Lightfoot Lee, Carter Braxton
    Carolina del Norte: William Hooper, Joseph Hewes, John Penn
    Carolina del Sur: Edward Rutledge, Thomas Heyward, Jr., Thomas Lynch, Jr., Arthur Middleton
    Georgia: Button Gwinnett, Lyman Hall, George Walton
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Elaboración y aprobación de la Declaración

El 11 de junio de 1776, el Congreso nombró un "Comité de los Cinco", formado por John Adams de Massachusetts, Benjamin Franklin de Pennsylvania, Thomas Jefferson de Virginia, Robert R. Livingston de Nueva York y Roger Sherman de Connecticut, para redactar una declaración. La comisión, después de debatir las líneas generales que el documento debería seguir, decidió que Jefferson escribiría el primer borrador.

Teniendo en cuenta la apretada agenda del Congreso, Jefferson contó con tan solo 17 días para su redacción.7 Una vez elaborado el borrador por Jefferson y consultados los demás miembros, se hicieron algunos cambios y se presentó otra copia incorporando estas alteraciones. El comité presentó esta copia al Congreso el 28 de junio de 1776. El título del documento era "A Declaration by the Representatives of the United States of America, in General Congress assembled. ("Una declaración de los representantes de los Estados Unidos de América reunido en Congreso General").Mientras se producía el trabajo del comité del proyecto el Congreso reanudaba el debate sobre la resolución de Lee sobre la independencia. John Dickinson hizo un último esfuerzo para retrasar la decisión, pero tras un discurso de John Adams, el Congreso aprobó la misma el 2 de julio. Doce de las trece delegaciones votaron a favor; la delegación de Nueva York se abstuvo, ya que no habían sido autorizados a votar por la independencia, aunque serían autorizados por el Congreso Provincial de Nueva York una semana después.9 Con la aprobación de la resolución de la independencia, las colonias habían roto oficialmente los vínculos políticos con Gran Bretaña.

Después de votar a favor de la resolución de independencia, el Congreso centró su atención en la comisión del proyecto de la declaración. Durante varios días de debate, el Congreso hizo algunas modificaciones en la redacción y suprimió casi una cuarta parte del texto remitido, en concreto se eliminó todo un pasaje crítico al comercio de esclavos. El 4 de julio de 1776 se aprobó la redacción de la Declaración de Independencia y se envió a la imprenta para su publicación.

En la firma, Benjamín Franklin es citado como habiendo respondido a un comentario de John Hancock que deben permanecer todos unidos: «Sí, tenemos que, de hecho, todos permanecer juntos, o casi con total certeza, todos vamos a colgar por separado», un juego de palabras que indica el hecho que de no permanecer unidos y tener éxito, serían juzgados y ejecutados, de manera individual, por traición.

Fundamento filosófico

El Preámbulo de la Declaración está influido por el espíritu de republicanismo, que fue usado como el marco de libertad.11 Además refleja la filosofía de la Ilustración, incluyendo el concepto de la ley natural, y el derecho de libre determinación. Las ideas y frases están extraídas de las obras de John Locke.
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INDEPENDENCIA DE LOS ESTADOS UNIDOS (Documental)



LA GUERRA QUE CREO LOS ESTADOS UNIDOS (Documental)


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jueves, julio 04, 2019

4 de julio: Día de la Independencia de los EE.UU.. Julio M. Shiling sobre la Declaración de Independencia de los EE.UU. y su vigencia moral




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Una Declaración y su vigencia moral

Por Julio M. Shiling
3 de julio de 2017

Ya habían pasado dos meses y once días desde que los primeros disparos de la Guerra Revolucionaria Norteamericana retumbaron en los campos de batalla de varios pueblos ubicados en el Condado de Middlesex en el estado de Massachusetts. El Congreso Continental, esa asamblea que acoplaba los delegados que representaban las Trece Colonias estadounidenses, unánimemente aprobaron y firmaron, el cuatro de julio de 1776, la Declaración de Independencia Estadounidense. ¿Qué sustentaba ese documento emblemático de la nación norteamericana cuya fecha histórica marca, no el alcance material y territorial de la independencia que en si ocurrió siete años y dos meses más tarde después de una guerra dura, sino un pronunciamiento de intención y la racionalización para independizarse?

El Congreso Continental, esa especie de gobierno en armas norteamericano, le encomendó a un comité de cinco delegados la tarea de redactar en forma de un listado de agravios y justificativos, un pronunciamiento para accionar hacia la independencia. Entre los más destacados del grupo estaba Tomás Jefferson, considerado el autor material del texto, y Benjamín Franklin y John Adams, quienes aportaron la capacitación editorial. Fueron un total de 1,331 palabras las que la Declaración enumeraba. Lo seminal del pronunciamiento fue, no la elocuencia indiscutiblemente brillante de su narrativa, sino la priorización de dos de los fundamentos principales de cualquier sociedad libre: la Ley Natural y el derecho de rebelión.

Qué los EE UU sea el ensayo democrático continuo más exitoso en la historia, no ha sido por casualidad. Más bien, podemos concluir, esto ha ocurrido por causalidad integralmente. Es cierto que los derechos naturales y el principio de remover a un tirano por la fuerza si dicha acción es justa y necesaria, no es un invento de los norteamericanos. Los antiguos griegos y el cristianismo ya habían planteado estos valores preeminentes mucho antes. Platón, San Agustín y Santo Tomás de Aquino articularon formidablemente sobre los derechos naturales y su supremacía sobre nociones de leyes positivas o esquemas convencionales. De igual manera, el derecho de un pueblo levantarse y derrocar por cualquier vía disponible a un régimen tiránico, cuenta a la dinastía Zhou, (1050 a. C.) como el primer practicante del derecho de revolución y los mencionados Doctores de la Iglesia enarbolaron, respectivamente, los principios teóricos de la guerra justa y del tiranicidio, ramificaciones de dicho derecho. 

Lo distintivo del caso estadounidense fue la precisión que le dieron a estos componentes éticos sacrosantos en su documento político insigne y la fidelidad que en el ejercicio de la praxis han observado de los mismos. Éstos, al final del día, representan los mayores protectores conceptuales de la libertad dentro de un modelo político que cuenta con el consentimiento de los gobernados. Los que correctamente catalogan a la democracia como un sistema de auto gobierno que reposa sobre un Estado de derecho, entienden que la defensa de la libertad, es la tarea principal de cualquier gobierno democrático. Los fundadores de la nación estadounidense, no sólo los encargados de elaborar el texto independentista, entendieron estas verdades y más aún, se alinearon expresamente con la Divina Providencia, concretando a la nueva república dentro de un formulario que buscaba vivir en libertad bajo el amparo y las normas de Dios.

La Declaración contiene cinco secciones: el preámbulo; el pronunciamiento de los derechos naturales (o derechos humanos fundamentales); los agravios que violentaban esos derechos naturales; los agravios contra la monarquía y su régimen; y el pronunciamiento de la separación formal y las firmas. Las semillas para lanzar al mundo por primera vez una república constitucional que aspiraba vivir en democracia, contenía todo lo necesario. La libertad sería reconocida como regalo de Dios y consecuentemente era preeminente y que cualquier intento de suprimir ese derecho inalienable está fuera de la jurisdicción de cualquier gobierno. Esta nueva sociedad se forjaría como pueblo impregnado con la noción de que si los medios para reformar, cambiar o reformular, pacíficamente y por vía de un reformismo gradual no eran factibles o se hallaban cerradas, pues ese gobierno habría que abolirlo por la fuerza si fuese necesario y empezar nuevamente.

Hay algo más que añadir que es obvio para cualquiera que se haya leído la Declaración de Independencia. Las columnas éticas de los derechos naturales y el principio del derecho de rebelión, estaban ligadas intrínsecamente a un precepto de entrega a un Ser Superior que imparte justicia y un código moral. “Una nación bajo Dios…”, es el criterio expreso predominante en todos los documentos fundacionales de la nación estadounidense. La Declaración que los norteamericanos y otros amantes de la libertad honran el Cuatro de Julio, ha expuesto esa realidad en un contexto grandilocuente. Hoy, en esta recesión democrática global y la ofensiva amoral en que vivimos, la transmisión de su contenido transcendental, tiene una vigencia universal que urge su aplicación.
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Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

La esclavitud no se aceptó de manera natural; fue un punto escabroso. Se aceptó por algunas de las Trece Colonias para preservar la unión en la lucha, la cual era necesaria para alcanzar la victoria y no ser derrotados y colgados. Benjamín Franklyn expresó lo siguiente  con relación a la necesidad de  mantener la unión: «Sí, tenemos que, de hecho, todos permanecer juntos, o casi con total certeza, todos vamos a colgar por separado». Cada una de las Treces Colonias  se autogobernaban en muchos asuntos y existían grandes diferencias entre el desarrollo alcanzado y las características de cada una de ella. El Bill of Rights es otro documento que nos permite evaluar mejor como pensaban muchos de los padres fundadores. La Guerra de 1812, mediante la cual la Metrópoli inglesa estuvo muy cerca de recuperar a sus antiguas Trece Colonias,  mostró también la necesidad de mantener la unión entre ellas.

 Al hacer un análisis de un documento debemos de situarnos en  el contexto histórico en que se redactó; ni en Francia, patria del Iluminismo, se aprobó el voto de la mujer. El Iluminismo fue la corriente filosófica que más influyó en los independentistas de las Trece Colonias; a su vez la práctica política llevada a cabo por las liberadas Trece Colonias influyó grandemente en la Revolución Francesa contra la monarquía de Luis XVI. Por otra parte, EE.UU. es una República y no una Democracia en el sentido clásico, pues siguiendo las ideas del liberalismo europeo, el voto universal permite, por ejemplo,  que el voto de la persona más instruida, inteligente, conocedora del tema, menos manipulable  y mejor intencionada,sea  equiparado al de una persona que carece de todas esas característica.

Sobre las masacres de indios, ese es un tema muy complicado donde hubo excesos, salvajismos y todo tipo de racismo de ambas partes. El hecho de que los indios se pusieron al lado de la Metrópoli inglesa para luchar contra la independencia de las Trece Colonias fue un mál comienzo para esas relaciones.
Published on Mar 31, 2011
Escena de la serie de TV "John Adams" en la que se recrea la votación de independencia de los Estados Unidos de América. -- Scene from TV serie "John Adams", European Spanish dub, which recreates the voting of the independence of the United States of Ameri

John Adams - Declaración de Independencia de los Estados Unidos (español europeo) 
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Elaboración y aprobación de la Declaración

El 11 de junio de 1776, el Congreso nombró un "Comité de los Cinco", formado por John Adams de Massachusetts, Benjamin Franklin de Pennsylvania, Thomas Jefferson de Virginia, Robert R. Livingston de Nueva York y Roger Sherman de Connecticut, para redactar una declaración. La comisión, después de debatir las líneas generales que el documento debería seguir, decidió que Jefferson escribiría el primer borrador.

Teniendo en cuenta la apretada agenda del Congreso, Jefferson contó con tan solo 17 días para su redacción.7 Una vez elaborado el borrador por Jefferson y consultados los demás miembros, se hicieron algunos cambios y se presentó otra copia incorporando estas alteraciones. El comité presentó esta copia al Congreso el 28 de junio de 1776. El título del documento era "A Declaration by the Representatives of the United States of America, in General Congress assembled. ("Una declaración de los representantes de los Estados Unidos de América reunido en Congreso General").Mientras se producía el trabajo del comité del proyecto el Congreso reanudaba el debate sobre la resolución de Lee sobre la independencia. John Dickinson hizo un último esfuerzo para retrasar la decisión, pero tras un discurso de John Adams, el Congreso aprobó la misma el 2 de julio. Doce de las trece delegaciones votaron a favor; la delegación de Nueva York se abstuvo, ya que no habían sido autorizados a votar por la independencia, aunque serían autorizados por el Congreso Provincial de Nueva York una semana después.9 Con la aprobación de la resolución de la independencia, las colonias habían roto oficialmente los vínculos políticos con Gran Bretaña.

Después de votar a favor de la resolución de independencia, el Congreso centró su atención en la comisión del proyecto de la declaración. Durante varios días de debate, el Congreso hizo algunas modificaciones en la redacción y suprimió casi una cuarta parte del texto remitido, en concreto se eliminó todo un pasaje crítico al comercio de esclavos. El 4 de julio de 1776 se aprobó la redacción de la Declaración de Independencia y se envió a la imprenta para su publicación.

En la firma, Benjamín Franklin es citado como habiendo respondido a un comentario de John Hancock que deben permanecer todos unidos: «Sí, tenemos que, de hecho, todos permanecer juntos, o casi con total certeza, todos vamos a colgar por separado», un juego de palabras que indica el hecho que de no permanecer unidos y tener éxito, serían juzgados y ejecutados, de manera individual, por traición.

Fundamento filosófico

El Preámbulo de la Declaración está influido por el espíritu de republicanismo, que fue usado como el marco de libertad.11 Además refleja la filosofía de la Ilustración, incluyendo el concepto de la ley natural, y el derecho de libre determinación. Las ideas y frases están extraídas de las obras de John Locke.

Firmantes

    Nueva Hampshire: Josiah Bartlett, William Whipple, Matthew Thornton
    Massachusetts: Samuel Adams, John Adams, John Hancock, Robert Treat Paine, Elbridge Gerry
    Rhode Island: Stephen Hopkins, William Ellery
    Connecticut: Roger Sherman, Samuel Huntington, William Williams, Oliver Wolcott
    Nueva York: William Floyd, Philip Livingston, Francis Lewis, Lewis Morris
    Nueva Jersey: Richard Stockton, John Witherspoon, Francis Hopkinson, John Hart, Abraham Clark
    Pensilvania: Robert Morris, Benjamin Rush, Benjamin Franklin, John Morton, George Clymer, James Smith, George Taylor, James Wilson, George Ross
    Delaware: George Read, Caesar Rodney, Thomas McKean
    Maryland: Samuel Chase, William Paca, Thomas Stone, Charles Carroll of Carrollton
    Virginia: George Wythe, Richard Henry Lee, Thomas Jefferson, Benjamin Harrison, Thomas Nelson, Jr., Francis Lightfoot Lee, Carter Braxton
    Carolina del Norte: William Hooper, Joseph Hewes, John Penn
    Carolina del Sur: Edward Rutledge, Thomas Heyward, Jr., Thomas Lynch, Jr., Arthur Middleton
    Georgia: Button Gwinnett, Lyman Hall, George Walton

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