sábado, julio 04, 2026

Julio M. Shiling: El 250.º aniversario de Estados Unidos: recuperar el alma de la República

 

***********

El 250.º aniversario de Estados Unidos: recuperar el alma de la República


Read in English


Por Julio M. Shiling

4 de julio, 2026

La celebración del 250.º aniversario de Estados Unidos es más que una conmemoración de la independencia nacional. Es una invitación a reconsiderar la arquitectura moral sobre la que se construyó la República estadounidense. Es preguntarse si el legado filosófico que ha sostenido a la nación durante dos siglos y medio permanece lo suficientemente intacto como para preservarla para las generaciones aún por nacer. En última instancia, toda civilización no vive solo de la economía o del poder militar, sino de las ideas en las que cree, las virtudes que cultiva y las verdades trascendentes que reconoce.

Estados Unidos era único entre las naciones porque se fundó sobre principios y no sobre el origen étnico, una dinastía o la conquista. La Declaración de Independencia proclamó que los derechos humanos no emanan del gobierno, sino que son otorgados por el Creador. El gobierno existe —argumentaba el texto— no para otorgar la libertad, sino para garantizar las libertades que ya pertenecen a la persona humana por naturaleza, como un acto de Dios. La Constitución plasmó esos principios en instituciones, creando un orden político diseñado no solo para gobernar, sino para limitar al propio gobierno.

Este logro notable se basó en una síntesis de tres tradiciones intelectuales que, juntas, formaron lo que a menudo se ha denominado el credo estadounidense. La primera fue el cristianismo bíblico. Los fundadores diferían en teología, pero compartían un mundo intelectual profundamente moldeado por la concepción judeocristiana de la persona humana. La creencia de que el hombre ha sido creado a imagen de Dios dotaba a cada individuo de una dignidad inherente, al tiempo que reconocía la realidad de la condición pecaminosa del ser humano. La libertad, por lo tanto, exigía virtud; los derechos, responsabilidades; y la libertad, moderación moral. Como observó acertadamente Alexis de Tocqueville, la religión en Estados Unidos no gobernaba políticamente, pero sí regía los hábitos morales sin los cuales la libertad política no podría perdurar.

El segundo pilar fue el republicanismo. Basándose en la filosofía política clásica de Platón y Aristóteles, en la tradición del gobierno mixto articulada por Polibio y Cicerón, en la herencia constitucional inglesa y en pensadores posteriores como Montesquieu, los fundadores no albergaban ilusiones románticas respecto a la naturaleza humana. Comprendían que la libertad política requería tanto virtud moral como moderación institucional, pues el poder sin control corrompe invariablemente y no se puede confiar con seguridad una autoridad ilimitada a la naturaleza humana caída. Comprendían que el poder concentrado invita inevitablemente a la corrupción, ya que la ambición es una característica perdurable de la humanidad. La arquitectura constitucional de la separación de poderes, el federalismo, los frenos y contrapesos, el control de constitucionalidad y el gobierno representativo reflejaba lo que James Madison describió como la necesidad de permitir que el gobierno controlara a los gobernados, al tiempo que se le obligaba a controlarse a sí mismo. El gobierno constitucional era, por lo tanto, menos una expresión de optimismo que de realismo político arraigado en la Ley Natural.

El tercer fundamento era el liberalismo clásico. La libertad individual, la igualdad ante la ley, la propiedad privada, la libre empresa, la libertad religiosa y el gobierno limitado establecieron el ámbito dentro del cual los ciudadanos podían perseguir el florecimiento humano. Sin embargo, el liberalismo estadounidense difería significativamente de sus homólogos europeos posteriores. No entendía la libertad como una autonomía radical separada de la obligación moral. Más bien, la libertad existía dentro de un orden moral objetivo heredado tanto de la revelación bíblica como de la filosofía de la ley natural. En este sentido, el liberalismo estadounidense se mantuvo moderado por el cristianismo y la virtud republicana.

Estas tres tradiciones juntas dieron lugar a lo que Russell Kirk describió como «las cosas permanentes»: una civilización sostenida no solo por instituciones, sino por verdades morales perdurables. La Fundación, sin embargo, encajaba en sí misma una profunda contradicción. Una república dedicada a la igualdad universal toleraba la esclavitud humana. El pecado original de Estados Unidos no fue simplemente una incoherencia política, sino un fracaso en la aplicación que dio lugar a una contradicción moral. La Guerra Civil constituyó la Segunda Fundación de la nación. Bajo el mandato de Abraham Lincoln, la victoria de la Unión preservó el autogobierno constitucional al tiempo que abolió la esclavitud y acercó a la República al cumplimiento de la promesa universal de la Declaración. Lincoln comprendió que la Declaración proporcionaba la brújula moral de la nación, mientras que la Constitución aportaba su marco institucional. Las Enmiendas de la Reconstrucción representaron, por lo tanto, no un rechazo de la Fundación, sino su cumplimiento.

La notable perdurabilidad de este orden constitucional no puede explicarse únicamente por el diseño institucional. Como reconoció Tocqueville hace casi dos siglos, el éxito constitucional de Estados Unidos dependía de una cultura moral vibrante alimentada por las iglesias, las familias, las comunidades locales y las asociaciones voluntarias. En el léxico moderno, esto se conoce hoy en día como «sociedad civil». La libertad política se asentaba en el autogobierno moral. La Constitución funcionó porque los estadounidenses se gobernaban a sí mismos en gran medida antes de que el Gobierno los gobernara.

La historia del socialismo en Estados Unidos ilustra este punto. A lo largo del siglo XIX, comunidades utópicas, sindicalistas radicales, anarquistas e inmigrantes socialistas europeos intentaron trasplantar doctrinas colectivistas al suelo estadounidense. Aunque intelectuales destacados —entre ellos Edward Bellamy, Henry George, Jack London, Helen Keller y King Camp Gillette— expresaron simpatía por diversas ideas socialistas, estos movimientos siguieron siendo políticamente marginales. La cultura constitucional, la vitalidad religiosa, el espíritu emprendedor y los hábitos cívicos de la mayoría de los estadounidenses resultaron inhóspitos para las ideologías revolucionarias. ¿Por qué ha cambiado la situación lentamente, pero de forma tan drástica, durante el último siglo?

Una explicación es que la ecología moral que sustenta la República se ha ido debilitando progresivamente. El liberalismo, hijo a su vez de la Ilustración, contenía en su seno un impulso hacia la secularización. Una vez separada de sus fundamentos cristianos, la libertad pasó a entenderse cada vez más como individualismo expresivo en lugar de como libertad ordenada. El consumismo, la prosperidad material y el progreso tecnológico satisfacían muchas necesidades prácticas, pero dejaban sin respuesta el eterno anhelo humano de trascendencia.

Precisamente en ese momento, los movimientos intelectuales derivados del marxismo experimentaron una profunda transformación. Tras los fracasos del socialismo revolucionario en Occidente, pensadores vinculados a Antonio Gramsci, la Escuela de Frankfurt y, más tarde, a las tradiciones posmodernas, desplazaron su atención de la economía hacia la cultura, la educación, el lenguaje, el derecho y las instituciones sociales Lo que puede diagnosticarse propiamente como marxismo cultural —una variación moderna de la ideología marxista— instrumentalizó estos enfoques y los interpretó cada vez más para la sociedad a través de la lente de las relaciones de poder, dominación e identidad, en lugar de hacerlo mediante el lenguaje constitucional de los derechos individuales y la ciudadanía igualitaria.

Aquí Eric Voegelin ofrece una visión profunda. Las ideologías totalitarias, argumentaba, funcionan como religiones políticas. Cuando se niega la trascendencia, los seres humanos no dejan de buscar el sentido último; más bien, trasladan la salvación a la propia historia. La política se convierte en soteriología. El Estado, la revolución, la lucha de clases, la justicia racial, la redención medioambiental o cualquier otra causa secular pueden adquirir un significado cuasireligioso. El siglo XX demostró trágicamente las consecuencias de tal absolutismo ideológico. Elementos del llamado movimiento «progresista» actual, incluidas organizaciones como los Socialistas Democráticos de América, reflejan aspectos de esta herencia intelectual que es antitética a los fundamentos sobre los que se construyó Estados Unidos.

El cuarto de milenio de Estados Unidos representa, por tanto, una oportunidad que va más allá de la celebración patriótica. Invita a una renovación nacional. Dicha renovación no puede lograrse únicamente mediante la legislación o las victorias electorales. Como nos recordó Edmund Burke, la sociedad es una alianza que se extiende a lo largo de generaciones, sostenida tanto por la sabiduría heredada como por la innovación política. Las instituciones no pueden preservarse a sí mismas si la civilización que las creó olvida por qué existen.

Recuperar los principios fundacionales de Estados Unidos requiere restaurar la cultura moral y cívica de la que depende, en última instancia, la libertad constitucional. Dicha renovación comienza por recuperar la confianza en la herencia judeocristiana de la nación, cuyas enseñanzas morales proporcionaron durante mucho tiempo el fundamento ético de la libertad ordenada. También requiere reforzar una educación cívica seria, arraigada en la historia constitucional, la Ley Natural y las tradiciones intelectuales de la civilización occidental, cultivando así ciudadanos que comprendan tanto los derechos como las responsabilidades del autogobierno. La libertad de conciencia y la libertad religiosa deben seguir estando enérgicamente protegidas, mientras que las familias, las comunidades religiosas y otras instituciones mediadoras deben volver a ser reconocidas como escuelas indispensables de virtud y carácter cívico. Por último, las instituciones financiadas con fondos públicos deben fomentar un auténtico pluralismo intelectual y el libre intercambio de ideas, en lugar de la conformidad ideológica o la ortodoxia política.

El experimento estadounidense nunca se ha basado en la ilusión de que los seres humanos sean perfectos. Más bien al contrario. Ha perdurado porque ha reconocido tanto la grandeza como la fragilidad de la persona humana. La libertad ordenada, el gobierno limitado, la moderación constitucional y la responsabilidad moral surgieron de esa antropología realista. Si Estados Unidos quiere prosperar más allá de sus primeros 250 años, debe recuperar la síntesis filosófica que animó tanto su fundación en 1776 como su renacimiento en 1865: una síntesis de Jerusalén, Atenas y Filadelfia, donde la fe bíblica, la prudencia republicana y la libertad ordenada formaron juntas el alma de la República estadounidense.

© Patria de Martí. Todos los derechos reservados.

**************

Sky Elements Drone Shows

Sky Elements flew a 2,500-drone show in North Richland Hills, Texas to kickoff the nation's Fourth of July celebrations. The show featured formations including George Washington, Uncle Sam, Artemis II, and a pyro drone bald eagle. Subscribe for more Fourth of July drone show content!

2,500 Drones! Fourth of July Drone Show for America's 250th



*************

El Mundo en VIVO

4 de julio, 2026

COMPLETO: Discurso del presidente Trump el 4 de julio celebrando el 250 aniversario Estados Unidos

USA EN VIVO

4 de julio, 2026

Show artístico, político y cultural  donde Trump pronuncia su discurso en el evento «Salute to America 250» en el National Mall | USA EN VIVO 🔴

( en el instante 10:24 comienza el sonido; en 24: 28  comienza el discurso del Presidente  Donald J. Trump)


USA EN VIVO

3 de julio, 2026

Trump conmemora el 250.º aniversario de EE. UU. en el Monte Rushmore | USA EN VIVO 


Noticias Telemundo

4 de julio, 2026

Discurso en español de Donald Trump por los 250 años de la independencia de EE.UU.

(en idioma Inglés hasta 5:35 y después  en idioma español)


EN VIVO: EE.UU. celebra sus 250 años con actos en varias ciudades del país



Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , ,


Para seguir leyendo hacer click aqui­ ...

jueves, noviembre 27, 2025

Primer ¨Día de dar Gracias en Cuba¨: 26 de noviembre de 1898. Julio M. Shiling: Dios, EEUU y un Día de Acción de Gracias

 Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

En Cuba  republicana no era tradición celebrar el Día de Acción de Gracias,  pues lo tradicional era celebrar la cena familiar de  Nochebuena  en casa  y `posteriormente para muchas personas (pero no para otras muchas) ir a la Misa del Gallo.

En la segunda  imagen se  ve al gran Theodore Roosevelt INDICÁNDOLE al Tío Sam (que representa al pueblo estadounidense (al igual que Liborio representa al pueblo cubano)  que sea generoso (GENEROUS) con Cuba, la menor de edad, mediante  la reciprocidad (RECIPROCITY) para que Cuba sea próspera (PROSPERITY). 


Theodore  Roosevelt y su tropa de los Rough Riders (sobrenombre del 1st United States Volunteer Cavalry) uno   de los tres regimientos  que se   enviaron en  1898    a combatir en la Guerra Hispano Cubano Norteamericana. La foto es recien concluida la batalla de la Loma de San Juan, cerca de la ciudad de Santiago de Cuba.


Breves palabras que aportan gran luz sobre las relaciones entre EEUU y la anterior República de Cuba, que fueron pronunciadas en 1913 por ese arquetipo de integridad que fue Manuel Sanguily, quien fuera Coronel del Ejército Libertador, Senador de la República y Ministro de Estado [Relaciones Exteriores] del gobierno de José Miguel Gómez, en un memorable discurso en el teatro Politeama (habían dos teatros Politeama encima de de la Manzana de Gómez, los cuales  desaparecieron al agregarle dos pisos al mencionado edificio que hoy es el hotel  Kampiski) ante el cuerpo diplomático acreditado en Cuba:

Mantendrá el Gobierno las relaciones más cordiales en el orden diplomático y de los negocios, con las naciones amigas entre nosotros dignamente representadas, y sobre todo cultivará los grandes y vitales intereses que en franca y afectuosa correspondencia nos ligan a los Estados Unidos, no ya solo en consideración a las ventajas que deriva de ellos nuestra economía, sino por los incomparables servicios que el pueblo y el Gobierno americano han prestado a la causa de la justicia, de la civilización y de nuestra nacional soberanía.

Y no os sorprenda esta sincera manifestación de quien siempre ha vivido inquieto y receloso en el temor de los grandes y los fuertes. Dos veces -una, por la ceguedad de nuestra vieja y orgullosa Metrópoli; otra por enconos fratricidas-, vinieron aquí los americanos traídos por su fortuna o llamados por nuestras discordias, y siempre se retiraron de nuestro territorio, haciéndonos el doble beneficio de construir dos veces la república, y dejándonos en el corazón atribulado, desengaños y escarmientos; más en ambas ocasiones, motivos superiores de admiración y de gratitud por esa magnánima conducta que jamás en la historia habían observado los pueblos fuertes y triunfantes con los débiles, conturbados y decaídos”.

************

Dios, EEUU y un Día de Acción de Gracias.

*******

Es una fecha nacional sacrosanta que reúne patriotismo y devoción divina y define, mejor que ningún otra, los valores inherentes de los EE.UU.

*******

Por Julio M. Shiling

Noviembre 25, 2020 

Los EE.UU. no son una teocracia. No obstante, la presencia de Dios y el entendimiento de que existe un orden transcendental superior que está conectado con la existencia temporal en la tierra, ha sido parte del tejido nacional estadounidense. Los acontecimientos más relevantes en su historia han estado conectados con una fundamentación relacional con la Divina Providencia. Cuando cada cuarto jueves del mes de noviembre se celebra en EE.UU. el “Día de Acción de Gracias”, probablemente la celebración nacional más autóctona del país.

Podemos citar 3 instantes primordiales en la historia estadounidense que moldearon a esta gran nación. Estas fueron: la llegada de los colonizadores, quiénes eran y a qué vinieron (1607, 1620); la Guerra de Independencia (1775-1783) y la nación nueva; y la Guerra Civil (1861-1865). Estos acontecimientos dictaminaron el armazón moral y filosófico de EE.UU. En cada momento, Dios, el cristianismo y el orden moral que de ahí partió mantuvo una presencia constante.

Los colonizadores

El Acto de la Uniformidad (1559) reglamentó en Inglaterra el ejercicio del culto religioso. La Iglesia de Inglaterra (Iglesia anglicana), con dicho acto, exigía la primacía en el ejercicio de la fe. En otras palabras, la libertad religiosa claudicó y se formalizó la persecución a diferentes denominaciones del cristianismo. Esto llevó a que los miembros de la Iglesia Separatista (puritanos) salieron como exiliados religiosos hacía Holanda en 1607. Los puritanos, parte de la teología calvinista, después de tener choques culturales en Holanda por el ámbito liberal del país, decidieron lanzarse al “Nuevo Mundo” en 1620. De manera particular, fueron hacia Nueva Inglaterra (hoy en Massachusetts) y llegaron el 11 de noviembre (1620). En el curso del viaje, redactaron el “Pacto del Mayflower” (nombre del barco). Este convenio, pese a no constituirse como una declaración de independencia, formuló las normas para un modelo de autogobierno civil.

Los puritanos eran refugiados religiosos. La persecución del culto de religión los llevó a abandonar su país natal. No vinieron buscando oro, ni oportunidades económicas. Querían ejercitar la fe sin intromisión estatal. Este es un punto de apreciación fundamental para entender la idiosincrasia mayoritaria de los colonizadores anglosajonas que irían brotando a través de la nación por nacer. En el otoño siguiente los peregrinos celebraron el primer Día de Acción de Gracias, una celebración que duró tres días.

Lo cierto es que 13 años antes, en Virginia se había establecido el primer asentamiento de Inglaterra. En este caso, en Jamestown, los colonizadores eran feligreses anglicanos. A pesar de las diferencias generadas por la política oficial en la madre patria, los puritanos y los anglicanos se respetaron y no se ejercitó en el nuevo territorio, la monopolización de una secta sobre la otra. Lo que sí se manifestó fue un sentido unísono en cuanto a la idea de soberanía popular, dentro de un esquema de autogobierno pidiendo siempre el favor del Todopoderoso y manteniendo la tolerancia religiosa. La Primera Carta de Virginia (1606), documento que precedió el Pacto del Mayflower (1620) seguía la más línea de priorizar la intelección de la primacía del orden transcendental, incluso sobre el de la monarquía.

Las subsiguientes colonias que se fueron poblando veían a colonos de diferentes sectas cristianas. Las “Órdenes Fundamentales de Connecticut” (1639) y los “Artículos de la Confederación de Nueva Inglaterra”(1643), fueron otros ejemplos de cómo quedó establecido, como primer derecho, la libertad de culto concebido como un derecho natural. Tomando en cuenta la diversidad entre las denominaciones que abrazaban los colonos a través del nuevo territorio, existía una insistencia de separar el Estado de la iglesia y que esto sería saludable. La idea de separar el Estado de la religión, hay que estar claro, era para proteger a la religión de la manipulación política. No era por un frenesí de secularismo.

 La Guerra de Independencia estadounidense

Los descendientes de los colonizadores originales, pese de haber venido desde diferentes trasfondos denominacionales cristianos, brotaban todos del mismo árbol del cristianismo con un aferramiento profundo a la idea de que la libertad no era una dádiva convencional, sino un obsequio divino y que el arquetipo político ideal era de un gobierno limitado con una ciudadanía piadosa. Los primeros brotes de separatismo eran movimientos que clamaban derechos negados por las autoridades en Inglaterra y que dichos atropellos infligían en sus derechos como hombres libres. En otras palabras, se estaba violando la Ley Natural.

La Declaración de Independencia (“Declaración”) (1776), firmemente anclada en la noción de los derechos preminentes otorgados, no por gobiernos sino por Dios, articuló elocuentemente el derecho de rebelión. Dicha Declaración, curiosamente, fue redactada más de un año posterior al inicio de la contienda bélica. Gran Bretaña inmediatamente lanzó una ofensiva brutal tratando de sofocar lo que entendía era una mera sublevación. Todavía no se había secado la tinta de la Declaración cuando los británicos tomaron control de Nueva York. Un año después, Filadelfia, la capital de la nación incipiente, también lo estaba. El general Washington y el Ejército Continental (el nombre de los FF.AA. independentistas) habían sufrido derrotas terribles.

Los pronunciamientos y las cartas de Washington atestiguan la de un hombre aferrado a la fe, mientras contemplaba el derrumbe de su ejército. Todo cambió en Saratoga, un lugar 189 millas al norte de la ciudad de Nueva York. Comenzando el 19 de septiembre y concluyendo casi un mes después, en la “Batalla de Saratoga” las fuerzas estadounidenses lograron una victoria impresionante capturando más de 5,800 soldados británicos. Esta victoria del general Horatio Gates, alteró favorablemente el curso de la guerra a favor del Ejército Continental. Francia, a raíz de esta conquista por los independentistas, decidió entrar en el conflicto del lado de EE.UU.

A raíz de este triunfo, el Congreso Continental, -una especie de gobierno en armas-, proclamó el 18 de diciembre de 1777, como resultado de este gran acontecimiento que reformuló el giro de la guerra por esa batalla insigne, un día para dar acción de gracias por lo ocurrido. Dicha institución representativa de la nación estadounidense, sostuvo esta proclamación anual de manera continua hasta 1784. Al consumarse favorablemente la Guerra de la Independencia, el ya presidente Washington, oficialmente proclamó el 3 de octubre de 1789 un día de oración nacional y de dar gracias al Ser Supremo en forma colectiva como nación.

 El presidente Washington proclamó, en 1795, una segunda celebración de un Día de Acción de Gracias. En esta ocasión, lo hizo en gratitud por la resolución de lo que fue el primer reto al gobierno federal, una insurrección local llamada la “Rebelión del Whisky”.  Presidentes sucesivos como John Adams y James Madison (ambos miembros del Partido Federalista) siguieron la tradición de hacer fiestas nacionales ese día. Algunos presidentes anti federalistas, hay que destacar, se opusieron. Sin embargo, ya para mediados del siglo XIX más de 16 estados, ejerciendo su propia autoridad territorial, celebraban esta fecha en el mes de noviembre.

La Guerra Civil

Lincoln, nuevamente, desde el primer año de la Guerra Civil puso en práctica la costumbre de establecer un día nacional para rendirle agradecimiento a Dios. (Flickr)

La Guerra Civil estadounidense (o la Guerra entre los Estados) fue el acontecimiento más dramático de los EE.UU. Problemas irresueltos desde la fundación del país, como fue la cuestión de la esclavitud, era una mancha moral, nacional y una inconsistencia con la premisa de los derechos naturales y el enaltecimiento de la libertad como enfoque principal contenido en la propia Declaración.

Estos problemas, hay que insistir, no escaparon la mente de Washington, Adams, Hamilton, Jefferson y otros próceres. La fragilidad de preservar la cohesión nacional en una república recién estrenada y que estaba compuesta por trece colonias autónomas, resultó un reto difícil para solucionar en ese momento. Le tocaría a Abraham Lincoln esa intrincada tarea.

Para Lincoln, la fe en Dios y el apego a una cimentación bíblica, lo llevó a elevar el tema de la esclavitud y su desconexión con los principios fundacionales del país, a una cruzada intransigente de no claudicar y de pagar cualquier precio con tal de abolirla, de alinear a la nación con los ideales patrios y de preservar la unión. La sucesión de los estados del Sur, la proclamación de la Confederación (gobierno de los estados del Sur) y el ataque a una fortaleza federal formalizó la contienda sangrienta. Lincoln, desde el principio de la guerra, celebró un día nacional para darle gracias a Dios y nunca lo dejó de hacer.

En la fase inicial de la guerra, los sureños demostraron saber pelear mejor. Los ejércitos del Norte, comandados por generales ineptos como el general George B. McClellan, le dificultaron seriamente la tarea presidencial a Lincoln. Después de que el “Gran Emancipador” limpió casa y reconstituyó el mando militar colocando a estrellas como George G. Meade, William Tecumseh Sherman y Ulysses S. Grant en puestos militares claves, el curso de la guerra cambio a favor del Norte. Hubo un enfrentamiento sanguinarios en Pensilvania, que alteraron el curso de la guerra decisivamente para los federales como la “Batalla de Gettysburg” (1863).

Lincoln, nuevamente, desde el primer año de la Guerra Civil puso en práctica la costumbre de establecer un día nacional para rendirle agradecimiento a Dios. En 1863, 4 meses después de la victoria decisiva en Gettysburg, Lincoln convirtió el Día de Acción de Gracias en una fecha nacional para celebrarse en el último jueves del mes de noviembre. Posteriormente, esta celebración quedó marcada en el calendario marcado para siempre, enmendándose en 1941, para ajustarla al cuarto jueves de noviembre.

El Día de Acción de Gracias encapsula una celebración ligada, directamente, a la fundación de la nación, a las guerras para alcanzar la libertad, la independencia, rescatar sus valores inherentes y salvar la república. De igual forma, es una ocasión que se estableció para que todo un pueblo tome conciencia de la importancia del papel de Dios en nuestras vidas y de expresar esa gratitud colectivamente, como nación bendecida.

No es una ocasión para encontrar ofertas al día siguiente en las tiendas, o tomar en cuenta otras consideraciones seculares que desvirtúan la esencia de la celebración. Es una fecha nacional sacrosanta que reúne patriotismo y devoción divina y define, mejor que ningún otra, los valores inherentes de los EE.UU.

Haciendo referencia a la virtud que es la gratitud, Marco Tulio Cicerón dijo, “… esta virtud no sólo es la más grande de las virtudes, sino también la madre de todas las demás.”. El Día de Acción de Gracias se inició y se estableció en EE.UU. para darle gracias a Dios Todopoderoso, sin excusas, sin timidez, y de forma pública como una sociedad virtuosa y libre.

Es ahí donde encontraremos siempre la verdadera excepcionalidad de esta nación. Cualquier desviación de o reto a esta base fundacional, es una agresión hacia la república. En estos días de tanta oscuridad, demos gracias a Dios y roguemos para que nos de la fuerza para enfrentar los desafíos de este momento, igual que hicieron Washington y Lincoln en sus tiempos ¡Qué así sea!

El American © 2020

**************

Tomado  de http://www.ellugareno.com/

Presencia hispana en los Estados Unidos: Quinto Centenario 

(Fragmento publicado 10 de mayo de 2013 en el blog El Lugareño)

Por Frank de Varona *

Menéndez (Pedro Menéndez de Avilés)  zarpó de Cádiz el 28 de junio de 1565 con una flota de 19 naves y más de 1000 hombres, entre ellos cuatro sacerdotes. El capellán de la flota era Francisco López de Mendoza Grajales. El 8 de septiembre de 1565 el Adelantado desembarcó con mucha pompa y ceremonia en la aldea que los indios llamaban Seloy en La Florida y se acercó a una cruz que le presentó el padre Francisco López de Mendoza Grajales y la besó. El capellán había bajado a tierra el día antes. Se cantó el himno Te Deum Laudamus (de gracias a Dios) y se celebró la Santa Misa. Allí se fundó la primera ciudad europea permanente en los Estados Unidos, la cual recibió el nombre de San Agustín. Los indios timuacanos del área imitaron lo que vieron y junto con los españoles intercambiaron comidas. Éste fue el primer Día de Acción de Gracias celebrado en esta nación, más de medio siglo antes del celebrado por los peregrinos ingleses en Plymouth, Massachussets. En San Agustín se creó la primera parroquia católica en lo que es hoy los Estados Unidos y la llamaron Nombre de Dios, el mismo nombre con que se conoce en la actualidad. Fray Alonso de Escobedo, el sacerdote asignado a la misión de Nombre de Dios escribió el primer poema épico que llamó, La Florida, describiendo sus experiencias en el Nuevo Mundo.

Menéndez marchó desde San Agustín bajo una severa tormenta hacia el norte y sorpresivamente capturó el fuerte de Carolina. Después marchó hacia el sur y derrotó a otro grupo de franceses. Menéndez pasó a cuchillo a los franceses hugonotes o protestantes que rehusaron convertirse al catolicismo. Por esto ha sido muy criticado, pero historiadores objetivos han escrito que Menéndez no tenía suficiente comida para estos prisioneros ni suficientes soldados para custodiarlos. Fue necesario para sobrevivir la matanza que ocurrió.

Menéndez fundó ciudades y fuertes y estableció las primeras misiones jesuitas en los estados actuales de La Florida, Georgia, las Carolinas y una en Virginia. Gobernó La Florida y Cuba durante 10 años y protegió todos los asentamientos españoles en el mar Caribe construyendo fuertes y murallas para su defensa contras piratas, corsarios y bucaneros.

En febrero de 1566 Pedro Menéndez de Avilés llegó frente al área actual de Miami. Para su sorpresa el adelantado vio una canoa donde venía una persona media desnuda con un crucifijo. No era un indio, sino un español, que había naufragado hacía 17 años. Se llamaba Escalante d´Fontanela y había nacido en Colombia. Cuando tenía 13 años se hundió su barco y vivió entre los indios Tequestas que tenían una aldea en la parte sur de la desembocadura del río Miami a la bahía de Vizcaya (Biscayne). Recientemente se encontró esta aldea cuando se iba a construir un gran edificio frente al mar. Fontanela sirvió a Menéndez de guía y de intérprete y posteriormente publicó sus memorias en 1575 describiendo su vida con los indios del área de Miami y sus visitas a los cayos de la Florida y a otras áreas.

Al año siguiente Menéndez fundó una misión en el área actual de Miami que se llamó Tequesta, como los indios de este lugar. Un hermano jesuita, Francisco Villarreal, trató sin éxito de evangelizar a los indios. El principal problema fue los soldados que lo acompañaron comenzaron a molestar a las indias tequestas. Después que un soldado mató a un indio, los tequestas se rebelaron y mataron a cuatro soldados. La misión fue abandonada. En el área de Charlotte Bay, en un cayo que actualmente se llama Mound Key, Menéndez estableció otra misión que llamó San Antonio a cargo del padre jesuita Juan Rogel, que era el superior del hermano Villarreal. Esta misión entre los indios calusas tampoco tuvo éxito y fue abandonada.

******

* Frank de Varona is an educator, historian, journalist, and internationally known expert on politics, economics, foreign affairs and national security issues. He was born in Cuba and, at the age of 17, he participated on the Bay of Pigs invasion in an effort to eradicate communism in Cuba. After spending two years in prison, he returned to the United States, where he earned three college degrees. He is married and has a daughter and a grandson.





Etiquetas: , , , , , , , , , , , , ,


Para seguir leyendo hacer click aqui­ ...

jueves, noviembre 23, 2023

El Primer ¨Día de dar Gracias en Cuba¨ fue el 26 de noviembre de 1898. Julio M. Shiling: Dios, EEUU y un Día de Acción de Gracias.

 
Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

En Cuba  republicana no era tradición celebrar el Día de Acción de Gracias,  pues lo tradicional era celebrar la cena familiar de  Nochebuena  en casa  y `posteriormente para muchas personas (pero no para otras muchas) ir a la Misa del Gallo.

En la segunda  imagen se  ve al gran Theodore Roosevelt INDICÁNDOLE al Tío Sam (que representa al pueblo estadounidense (al igual que Liborio representa al pueblo cubano)  que sea generoso (GENEROUS) con Cuba, la menor de edad, mediante  la reciprocidad (RECIPROCITY) para que Cuba sea próspera (PROSPERITY). 


Theodore  Roosevelt y su tropa de los Rough Riders (sobrenombre del 1st United States Volunteer Cavalry) uno   de los tres regimientos  que se   enviaron en  1898    a combatir en la Guerra Hispano Cubano Norteamericana. La foto es recien concluida la batalla de la Loma de San Juan, cerca de la ciudad de Santiago de Cuba.


Breves palabras que aportan gran luz sobre las relaciones entre EEUU y la anterior República de Cuba, que fueron pronunciadas en 1913 por ese arquetipo de integridad que fue Manuel Sanguily, quien fuera Coronel del Ejército Libertador, Senador de la República y Ministro de Estado [Relaciones Exteriores] del gobierno de José Miguel Gómez, en un memorable discurso en el teatro Politeama (habían dos teatros Politeama encima de de la Manzana de Gómez, los cuales  desaparecieron al agregarle dos pisos al mencionado edificio que hoy es el hotel  Kampiski) ante el cuerpo diplomático acreditado en Cuba:

Mantendrá el Gobierno las relaciones más cordiales en el orden diplomático y de los negocios, con las naciones amigas entre nosotros dignamente representadas, y sobre todo cultivará los grandes y vitales intereses que en franca y afectuosa correspondencia nos ligan a los Estados Unidos, no ya solo en consideración a las ventajas que deriva de ellos nuestra economía, sino por los incomparables servicios que el pueblo y el Gobierno americano han prestado a la causa de la justicia, de la civilización y de nuestra nacional soberanía.

Y no os sorprenda esta sincera manifestación de quien siempre ha vivido inquieto y receloso en el temor de los grandes y los fuertes. Dos veces -una, por la ceguedad de nuestra vieja y orgullosa Metrópoli; otra por enconos fratricidas-, vinieron aquí los americanos traídos por su fortuna o llamados por nuestras discordias, y siempre se retiraron de nuestro territorio, haciéndonos el doble beneficio de construir dos veces la república, y dejándonos en el corazón atribulado, desengaños y escarmientos; más en ambas ocasiones, motivos superiores de admiración y de gratitud por esa magnánima conducta que jamás en la historia habían observado los pueblos fuertes y triunfantes con los débiles, conturbados y decaídos”.

************

Dios, EEUU y un Día de Acción de Gracias.

*******

Es una fecha nacional sacrosanta que reúne patriotismo y devoción divina y define, mejor que ningún otra, los valores inherentes de los EE.UU.

*******

Por Julio M. Shiling

Noviembre 25, 2020 

Los EE.UU. no son una teocracia. No obstante, la presencia de Dios y el entendimiento de que existe un orden transcendental superior que está conectado con la existencia temporal en la tierra, ha sido parte del tejido nacional estadounidense. Los acontecimientos más relevantes en su historia han estado conectados con una fundamentación relacional con la Divina Providencia. Cuando cada cuarto jueves del mes de noviembre se celebra en EE.UU. el “Día de Acción de Gracias”, probablemente la celebración nacional más autóctona del país.

Podemos citar 3 instantes primordiales en la historia estadounidense que moldearon a esta gran nación. Estas fueron: la llegada de los colonizadores, quiénes eran y a qué vinieron (1607, 1620); la Guerra de Independencia (1775-1783) y la nación nueva; y la Guerra Civil (1861-1865). Estos acontecimientos dictaminaron el armazón moral y filosófico de EE.UU. En cada momento, Dios, el cristianismo y el orden moral que de ahí partió mantuvo una presencia constante.

Los colonizadores

El Acto de la Uniformidad (1559) reglamentó en Inglaterra el ejercicio del culto religioso. La Iglesia de Inglaterra (Iglesia anglicana), con dicho acto, exigía la primacía en el ejercicio de la fe. En otras palabras, la libertad religiosa claudicó y se formalizó la persecución a diferentes denominaciones del cristianismo. Esto llevó a que los miembros de la Iglesia Separatista (puritanos) salieron como exiliados religiosos hacía Holanda en 1607. Los puritanos, parte de la teología calvinista, después de tener choques culturales en Holanda por el ámbito liberal del país, decidieron lanzarse al “Nuevo Mundo” en 1620. De manera particular, fueron hacia Nueva Inglaterra (hoy en Massachusetts) y llegaron el 11 de noviembre (1620). En el curso del viaje, redactaron el “Pacto del Mayflower” (nombre del barco). Este convenio, pese a no constituirse como una declaración de independencia, formuló las normas para un modelo de autogobierno civil.

Los puritanos eran refugiados religiosos. La persecución del culto de religión los llevó a abandonar su país natal. No vinieron buscando oro, ni oportunidades económicas. Querían ejercitar la fe sin intromisión estatal. Este es un punto de apreciación fundamental para entender la idiosincrasia mayoritaria de los colonizadores anglosajonas que irían brotando a través de la nación por nacer. En el otoño siguiente los peregrinos celebraron el primer Día de Acción de Gracias, una celebración que duró tres días.

Lo cierto es que 13 años antes, en Virginia se había establecido el primer asentamiento de Inglaterra. En este caso, en Jamestown, los colonizadores eran feligreses anglicanos. A pesar de las diferencias generadas por la política oficial en la madre patria, los puritanos y los anglicanos se respetaron y no se ejercitó en el nuevo territorio, la monopolización de una secta sobre la otra. Lo que sí se manifestó fue un sentido unísono en cuanto a la idea de soberanía popular, dentro de un esquema de autogobierno pidiendo siempre el favor del Todopoderoso y manteniendo la tolerancia religiosa. La Primera Carta de Virginia (1606), documento que precedió el Pacto del Mayflower (1620) seguía la más línea de priorizar la intelección de la primacía del orden transcendental, incluso sobre el de la monarquía.

Las subsiguientes colonias que se fueron poblando veían a colonos de diferentes sectas cristianas. Las “Órdenes Fundamentales de Connecticut” (1639) y los “Artículos de la Confederación de Nueva Inglaterra”(1643), fueron otros ejemplos de cómo quedó establecido, como primer derecho, la libertad de culto concebido como un derecho natural. Tomando en cuenta la diversidad entre las denominaciones que abrazaban los colonos a través del nuevo territorio, existía una insistencia de separar el Estado de la iglesia y que esto sería saludable. La idea de separar el Estado de la religión, hay que estar claro, era para proteger a la religión de la manipulación política. No era por un frenesí de secularismo.

 La Guerra de Independencia estadounidense

Los descendientes de los colonizadores originales, pese de haber venido desde diferentes trasfondos denominacionales cristianos, brotaban todos del mismo árbol del cristianismo con un aferramiento profundo a la idea de que la libertad no era una dádiva convencional, sino un obsequio divino y que el arquetipo político ideal era de un gobierno limitado con una ciudadanía piadosa. Los primeros brotes de separatismo eran movimientos que clamaban derechos negados por las autoridades en Inglaterra y que dichos atropellos infligían en sus derechos como hombres libres. En otras palabras, se estaba violando la Ley Natural.

La Declaración de Independencia (“Declaración”) (1776), firmemente anclada en la noción de los derechos preminentes otorgados, no por gobiernos sino por Dios, articuló elocuentemente el derecho de rebelión. Dicha Declaración, curiosamente, fue redactada más de un año posterior al inicio de la contienda bélica. Gran Bretaña inmediatamente lanzó una ofensiva brutal tratando de sofocar lo que entendía era una mera sublevación. Todavía no se había secado la tinta de la Declaración cuando los británicos tomaron control de Nueva York. Un año después, Filadelfia, la capital de la nación incipiente, también lo estaba. El general Washington y el Ejército Continental (el nombre de los FF.AA. independentistas) habían sufrido derrotas terribles.

Los pronunciamientos y las cartas de Washington atestiguan la de un hombre aferrado a la fe, mientras contemplaba el derrumbe de su ejército. Todo cambió en Saratoga, un lugar 189 millas al norte de la ciudad de Nueva York. Comenzando el 19 de septiembre y concluyendo casi un mes después, en la “Batalla de Saratoga” las fuerzas estadounidenses lograron una victoria impresionante capturando más de 5,800 soldados británicos. Esta victoria del general Horatio Gates, alteró favorablemente el curso de la guerra a favor del Ejército Continental. Francia, a raíz de esta conquista por los independentistas, decidió entrar en el conflicto del lado de EE.UU.

A raíz de este triunfo, el Congreso Continental, -una especie de gobierno en armas-, proclamó el 18 de diciembre de 1777, como resultado de este gran acontecimiento que reformuló el giro de la guerra por esa batalla insigne, un día para dar acción de gracias por lo ocurrido. Dicha institución representativa de la nación estadounidense, sostuvo esta proclamación anual de manera continua hasta 1784. Al consumarse favorablemente la Guerra de la Independencia, el ya presidente Washington, oficialmente proclamó el 3 de octubre de 1789 un día de oración nacional y de dar gracias al Ser Supremo en forma colectiva como nación.

 El presidente Washington proclamó, en 1795, una segunda celebración de un Día de Acción de Gracias. En esta ocasión, lo hizo en gratitud por la resolución de lo que fue el primer reto al gobierno federal, una insurrección local llamada la “Rebelión del Whisky”.  Presidentes sucesivos como John Adams y James Madison (ambos miembros del Partido Federalista) siguieron la tradición de hacer fiestas nacionales ese día. Algunos presidentes anti federalistas, hay que destacar, se opusieron. Sin embargo, ya para mediados del siglo XIX más de 16 estados, ejerciendo su propia autoridad territorial, celebraban esta fecha en el mes de noviembre.

La Guerra Civil

Lincoln, nuevamente, desde el primer año de la Guerra Civil puso en práctica la costumbre de establecer un día nacional para rendirle agradecimiento a Dios. (Flickr)

La Guerra Civil estadounidense (o la Guerra entre los Estados) fue el acontecimiento más dramático de los EE.UU. Problemas irresueltos desde la fundación del país, como fue la cuestión de la esclavitud, era una mancha moral, nacional y una inconsistencia con la premisa de los derechos naturales y el enaltecimiento de la libertad como enfoque principal contenido en la propia Declaración.

Estos problemas, hay que insistir, no escaparon la mente de Washington, Adams, Hamilton, Jefferson y otros próceres. La fragilidad de preservar la cohesión nacional en una república recién estrenada y que estaba compuesta por trece colonias autónomas, resultó un reto difícil para solucionar en ese momento. Le tocaría a Abraham Lincoln esa intrincada tarea.

Para Lincoln, la fe en Dios y el apego a una cimentación bíblica, lo llevó a elevar el tema de la esclavitud y su desconexión con los principios fundacionales del país, a una cruzada intransigente de no claudicar y de pagar cualquier precio con tal de abolirla, de alinear a la nación con los ideales patrios y de preservar la unión. La sucesión de los estados del Sur, la proclamación de la Confederación (gobierno de los estados del Sur) y el ataque a una fortaleza federal formalizó la contienda sangrienta. Lincoln, desde el principio de la guerra, celebró un día nacional para darle gracias a Dios y nunca lo dejó de hacer.

En la fase inicial de la guerra, los sureños demostraron saber pelear mejor. Los ejércitos del Norte, comandados por generales ineptos como el general George B. McClellan, le dificultaron seriamente la tarea presidencial a Lincoln. Después de que el “Gran Emancipador” limpió casa y reconstituyó el mando militar colocando a estrellas como George G. Meade, William Tecumseh Sherman y Ulysses S. Grant en puestos militares claves, el curso de la guerra cambio a favor del Norte. Hubo un enfrentamiento sanguinarios en Pensilvania, que alteraron el curso de la guerra decisivamente para los federales como la “Batalla de Gettysburg” (1863).

Lincoln, nuevamente, desde el primer año de la Guerra Civil puso en práctica la costumbre de establecer un día nacional para rendirle agradecimiento a Dios. En 1863, 4 meses después de la victoria decisiva en Gettysburg, Lincoln convirtió el Día de Acción de Gracias en una fecha nacional para celebrarse en el último jueves del mes de noviembre. Posteriormente, esta celebración quedó marcada en el calendario marcado para siempre, enmendándose en 1941, para ajustarla al cuarto jueves de noviembre.

El Día de Acción de Gracias encapsula una celebración ligada, directamente, a la fundación de la nación, a las guerras para alcanzar la libertad, la independencia, rescatar sus valores inherentes y salvar la república. De igual forma, es una ocasión que se estableció para que todo un pueblo tome conciencia de la importancia del papel de Dios en nuestras vidas y de expresar esa gratitud colectivamente, como nación bendecida.

No es una ocasión para encontrar ofertas al día siguiente en las tiendas, o tomar en cuenta otras consideraciones seculares que desvirtúan la esencia de la celebración. Es una fecha nacional sacrosanta que reúne patriotismo y devoción divina y define, mejor que ningún otra, los valores inherentes de los EE.UU.

Haciendo referencia a la virtud que es la gratitud, Marco Tulio Cicerón dijo, “… esta virtud no sólo es la más grande de las virtudes, sino también la madre de todas las demás.”. El Día de Acción de Gracias se inició y se estableció en EE.UU. para darle gracias a Dios Todopoderoso, sin excusas, sin timidez, y de forma pública como una sociedad virtuosa y libre.

Es ahí donde encontraremos siempre la verdadera excepcionalidad de esta nación. Cualquier desviación de o reto a esta base fundacional, es una agresión hacia la república. En estos días de tanta oscuridad, demos gracias a Dios y roguemos para que nos de la fuerza para enfrentar los desafíos de este momento, igual que hicieron Washington y Lincoln en sus tiempos ¡Qué así sea!

El American © 2020

**************

Tomado  de http://www.ellugareno.com/

Presencia hispana en los Estados Unidos: Quinto Centenario 

(Fragmento publicado 10 de mayo de 2013 en el blog El Lugareño)

Por Frank de Varona *

Menéndez (Pedro Menéndez de Avilés)  zarpó de Cádiz el 28 de junio de 1565 con una flota de 19 naves y más de 1000 hombres, entre ellos cuatro sacerdotes. El capellán de la flota era Francisco López de Mendoza Grajales. El 8 de septiembre de 1565 el Adelantado desembarcó con mucha pompa y ceremonia en la aldea que los indios llamaban Seloy en La Florida y se acercó a una cruz que le presentó el padre Francisco López de Mendoza Grajales y la besó. El capellán había bajado a tierra el día antes. Se cantó el himno Te Deum Laudamus (de gracias a Dios) y se celebró la Santa Misa. Allí se fundó la primera ciudad europea permanente en los Estados Unidos, la cual recibió el nombre de San Agustín. Los indios timuacanos del área imitaron lo que vieron y junto con los españoles intercambiaron comidas. Éste fue el primer Día de Acción de Gracias celebrado en esta nación, más de medio siglo antes del celebrado por los peregrinos ingleses en Plymouth, Massachussets. En San Agustín se creó la primera parroquia católica en lo que es hoy los Estados Unidos y la llamaron Nombre de Dios, el mismo nombre con que se conoce en la actualidad. Fray Alonso de Escobedo, el sacerdote asignado a la misión de Nombre de Dios escribió el primer poema épico que llamó, La Florida, describiendo sus experiencias en el Nuevo Mundo.

Menéndez marchó desde San Agustín bajo una severa tormenta hacia el norte y sorpresivamente capturó el fuerte de Carolina. Después marchó hacia el sur y derrotó a otro grupo de franceses. Menéndez pasó a cuchillo a los franceses hugonotes o protestantes que rehusaron convertirse al catolicismo. Por esto ha sido muy criticado, pero historiadores objetivos han escrito que Menéndez no tenía suficiente comida para estos prisioneros ni suficientes soldados para custodiarlos. Fue necesario para sobrevivir la matanza que ocurrió.

Menéndez fundó ciudades y fuertes y estableció las primeras misiones jesuitas en los estados actuales de La Florida, Georgia, las Carolinas y una en Virginia. Gobernó La Florida y Cuba durante 10 años y protegió todos los asentamientos españoles en el mar Caribe construyendo fuertes y murallas para su defensa contras piratas, corsarios y bucaneros.

En febrero de 1566 Pedro Menéndez de Avilés llegó frente al área actual de Miami. Para su sorpresa el adelantado vio una canoa donde venía una persona media desnuda con un crucifijo. No era un indio, sino un español, que había naufragado hacía 17 años. Se llamaba Escalante d´Fontanela y había nacido en Colombia. Cuando tenía 13 años se hundió su barco y vivió entre los indios Tequestas que tenían una aldea en la parte sur de la desembocadura del río Miami a la bahía de Vizcaya (Biscayne). Recientemente se encontró esta aldea cuando se iba a construir un gran edificio frente al mar. Fontanela sirvió a Menéndez de guía y de intérprete y posteriormente publicó sus memorias en 1575 describiendo su vida con los indios del área de Miami y sus visitas a los cayos de la Florida y a otras áreas.

Al año siguiente Menéndez fundó una misión en el área actual de Miami que se llamó Tequesta, como los indios de este lugar. Un hermano jesuita, Francisco Villarreal, trató sin éxito de evangelizar a los indios. El principal problema fue los soldados que lo acompañaron comenzaron a molestar a las indias tequestas. Después que un soldado mató a un indio, los tequestas se rebelaron y mataron a cuatro soldados. La misión fue abandonada. En el área de Charlotte Bay, en un cayo que actualmente se llama Mound Key, Menéndez estableció otra misión que llamó San Antonio a cargo del padre jesuita Juan Rogel, que era el superior del hermano Villarreal. Esta misión entre los indios calusas tampoco tuvo éxito y fue abandonada.

******

* Frank de Varona is an educator, historian, journalist, and internationally known expert on politics, economics, foreign affairs and national security issues. He was born in Cuba and, at the age of 17, he participated on the Bay of Pigs invasion in an effort to eradicate communism in Cuba. After spending two years in prison, he returned to the United States, where he earned three college degrees. He is married and has a daughter and a grandson.

Mr. de Varona had a 36-year career in the Miami-Dade County Public Schools as a social studies teacher, principal, region superintendent, and associate superintendent of instruction. He also was an associate professor of social studies in the College of Education at Florida International Education for seven years. Currently, he is a part-time Adult Education Coordinator in the Miami-Dade County Public Schools.

He has written 20 books and many articles in newspapers and magazines. Among his books are Hispanics in U.S. History Volume 1 and Volume 2 (1989), Hispanic Presence in the United States (1993), Latino Literacy: The Complete Guide to Our Hispanic History and Culture (1996) and Presencia hispana en los Estados Unidos: Quinto Centenario (2013). Mr. de Varona is the only Hispanic in the nation who has written three books in Spanish about Barack Obama: ¿Obama o McCain? (2008), El verdadero Obama (2010) and ¿Obama o Romney? (2012).  




Etiquetas: , , , , , , , , , , ,


Para seguir leyendo hacer click aqui­ ...

martes, julio 04, 2023

Una Declaración y su vigencia moral. Julio M. Shiling sobre el Día de la Independencia de los Estados Unidos de América. Eugenio Yáñez: Las 1.325 palabras que cambiaron el mundo para siempre

  



***********
Una Declaración y su vigencia moral

Por Julio M. Shiling
3 de julio de 2017

Ya habían pasado dos meses y once días desde que los primeros disparos de la Guerra Revolucionaria Norteamericana retumbaron en los campos de batalla de varios pueblos ubicados en el Condado de Middlesex en el estado de Massachusetts. El Congreso Continental, esa asamblea que acoplaba los delegados que representaban las Trece Colonias estadounidenses, unánimemente aprobaron y firmaron, el cuatro de julio de 1776, la Declaración de Independencia Estadounidense. ¿Qué sustentaba ese documento emblemático de la nación norteamericana cuya fecha histórica marca, no el alcance material y territorial de la independencia que en si ocurrió siete años y dos meses más tarde después de una guerra dura, sino un pronunciamiento de intención y la racionalización para independizarse?

El Congreso Continental, esa especie de gobierno en armas norteamericano, le encomendó a un comité de cinco delegados la tarea de redactar en forma de un listado de agravios y justificativos, un pronunciamiento para accionar hacia la independencia. Entre los más destacados del grupo estaba Tomás Jefferson, considerado el autor material del texto, y Benjamín Franklin y John Adams, quienes aportaron la capacitación editorial. Fueron un total de 1,331 palabras las que la Declaración enumeraba. Lo seminal del pronunciamiento fue, no la elocuencia indiscutiblemente brillante de su narrativa, sino la priorización de dos de los fundamentos principales de cualquier sociedad libre: la Ley Natural y el derecho de rebelión.

Qué los EE UU sea el ensayo democrático continuo más exitoso en la historia, no ha sido por casualidad. Más bien, podemos concluir, esto ha ocurrido por causalidad integralmente. Es cierto que los derechos naturales y el principio de remover a un tirano por la fuerza si dicha acción es justa y necesaria, no es un invento de los norteamericanos. Los antiguos griegos y el cristianismo ya habían planteado estos valores preeminentes mucho antes. Platón, San Agustín y Santo Tomás de Aquino articularon formidablemente sobre los derechos naturales y su supremacía sobre nociones de leyes positivas o esquemas convencionales. De igual manera, el derecho de un pueblo levantarse y derrocar por cualquier vía disponible a un régimen tiránico, cuenta a la dinastía Zhou, (1050 a. C.) como el primer practicante del derecho de revolución y los mencionados Doctores de la Iglesia enarbolaron, respectivamente, los principios teóricos de la guerra justa y del tiranicidio, ramificaciones de dicho derecho. 

Lo distintivo del caso estadounidense fue la precisión que le dieron a estos componentes éticos sacrosantos en su documento político insigne y la fidelidad que en el ejercicio de la praxis han observado de los mismos. Éstos, al final del día, representan los mayores protectores conceptuales de la libertad dentro de un modelo político que cuenta con el consentimiento de los gobernados. Los que correctamente catalogan a la democracia como un sistema de auto gobierno que reposa sobre un Estado de derecho, entienden que la defensa de la libertad, es la tarea principal de cualquier gobierno democrático. Los fundadores de la nación estadounidense, no sólo los encargados de elaborar el texto independentista, entendieron estas verdades y más aún, se alinearon expresamente con la Divina Providencia, concretando a la nueva república dentro de un formulario que buscaba vivir en libertad bajo el amparo y las normas de Dios.

La Declaración contiene cinco secciones: el preámbulo; el pronunciamiento de los derechos naturales (o derechos humanos fundamentales); los agravios que violentaban esos derechos naturales; los agravios contra la monarquía y su régimen; y el pronunciamiento de la separación formal y las firmas. Las semillas para lanzar al mundo por primera vez una república constitucional que aspiraba vivir en democracia, contenía todo lo necesario. La libertad sería reconocida como regalo de Dios y consecuentemente era preeminente y que cualquier intento de suprimir ese derecho inalienable está fuera de la jurisdicción de cualquier gobierno. Esta nueva sociedad se forjaría como pueblo impregnado con la noción de que si los medios para reformar, cambiar o reformular, pacíficamente y por vía de un reformismo gradual no eran factibles o se hallaban cerradas, pues ese gobierno habría que abolirlo por la fuerza si fuese necesario y empezar nuevamente.

Hay algo más que añadir que es obvio para cualquiera que se haya leído la Declaración de Independencia. Las columnas éticas de los derechos naturales y el principio del derecho de rebelión, estaban ligadas intrínsecamente a un precepto de entrega a un Ser Superior que imparte justicia y un código moral. “Una nación bajo Dios…”, es el criterio expreso predominante en todos los documentos fundacionales de la nación estadounidense. La Declaración que los norteamericanos y otros amantes de la libertad honran el Cuatro de Julio, ha expuesto esa realidad en un contexto grandilocuente. Hoy, en esta recesión democrática global y la ofensiva amoral en que vivimos, la transmisión de su contenido transcendental, tiene una vigencia universal que urge su aplicación.
**************
Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

La esclavitud no se aceptó de manera natural; fue un punto escabroso. Se aceptó por algunas de las Trece Colonias para preservar la unión en la lucha, la cual era necesaria para alcanzar la victoria y no ser derrotados y colgados. Benjamín Franklyn expresó lo siguiente  con relación a la necesidad de  mantener la unión: «Sí, tenemos que, de hecho, todos permanecer juntos, o casi con total certeza, todos vamos a colgar por separado». Cada una de las Treces Colonias  se autogobernaban en muchos asuntos y existían grandes diferencias entre el desarrollo alcanzado y las características de cada una de ella. El Bill of Rights es otro documento que nos permite evaluar mejor como pensaban muchos de los padres fundadores. La Guerra de 1812, mediante la cual la Metrópoli inglesa estuvo muy cerca de recuperar a sus antiguas Trece Colonias,  mostró también la necesidad de mantener la unión entre ellas.

 Al hacer un análisis de un documento debemos de situarnos en  el contexto histórico en que se redactó; ni en Francia, patria del Iluminismo, se aprobó el voto de la mujer. El Iluminismo fue la corriente filosófica que más influyó en los independentistas de las Trece Colonias; a su vez la práctica política llevada a cabo por las liberadas Trece Colonias influyó grandemente en la Revolución Francesa contra la monarquía de Luis XVI. Por otra parte, EE.UU. es una República y no una Democracia en el sentido clásico, pues siguiendo las ideas del liberalismo europeo, el voto universal permite, por ejemplo,  que el voto de la persona más instruida, inteligente, conocedora del tema, menos manipulable  y mejor intencionada,sea  equiparado al de una persona que carece de todas esas característica.

Sobre las masacres de indios, ese es un tema muy complicado donde hubo excesos, salvajismos y todo tipo de racismo de ambas partes. El hecho de que los indios se pusieron al lado de la Metrópoli inglesa para luchar contra la independencia de las Trece Colonias fue un mál comienzo para esas relaciones.
****************


Las 1.325 palabras que cambiaron el mundo para siempre

************
Se cumplen 236 años de la Declaración de Independencia de Estados Unidos, un documento que nunca ha sido superado
************

Por Eugenio Yáñez
 Miami 
04/07/2012

Tema no apto para “intelectuales” de izquierda, “antiimperialistas”, resentidos, marionetas, inútiles, y quienes sinceramente piensan que el futuro conduce al socialismo y que “el Imperio” vive retrocediendo de crisis en crisis.

Se cumplen 236 años de la Declaración de Independencia de Estados Unidos de América.

Documento que NUNCA, EN NINGÚN LUGAR, ha sido superado. Que no creó una nación perfecta, pero abrió las puertas hacia el mejor de los mundos posibles.

Nación que —bochornosamente— vio la luz aceptando como natural la esclavitud y negando el derecho a escoger a sus gobernantes —la base de sus fundamentos— a negros y mujeres, y logró su expansión territorial masacrando a sus indígenas, pero que fue capaz de crear mecanismos para superar sus propias insuficiencias y limitaciones, sin “perfeccionamientos”, “actualizaciones” ni “revoluciones”, y sin tener que renunciar, en ninguna circunstancia, a sus bases seminales: la libertad y la búsqueda de la felicidad.

Nación gobernada por una persona electa que se convierte en la más poderosa del mundo, pero que tiene que someter sus decisiones fundamentales a un poder legislativo libérrimamente electo y la interpretación de un poder judicial independiente, y, en última instancia, a nueve respetables jueces en la Corte Suprema, que deciden, sin aceptar presiones de nadie, si las leyes y acciones responden a lo que se entiende como Estado de Derecho, o si son o no son constitucionales y, por lo tanto, derogadas o no.

Corte Suprema que, cuando decide, ¡ay! no importa si afecta a quien tenga autoridad sobre miles de municiones nucleares o miles de millones de dólares, o favorece a una sencilla “negrita” que no ve razón para sentarse en el asiento trasero de un ómnibus vacío o cedérselo a un blanco soberbio para quien la cortesía natural hacia una mujer importa menos que un color de piel que él mismo porta sin haber hecho nada.

¿País perfecto? ¡Claro que no! ¿País que se supera continuamente? ¡Claro que sí! Aunque a veces demore un siglo o más arreglar lo que nunca debió haber comenzado tan mal, o nunca debió haber existido. ¿Cómo? Aboliendo la esclavitud con una desgarradora guerra civil de 600.000 muertes y 400.000 heridos; asegurando el futuro de sus ciudadanos con un sistema de seguridad social “impuesto” por un líder carismático y poliomielítico; participando en dos guerras mundiales que no fue a buscar, pero se pelearon y ganaron; garantizando atención médica a sus ciudadanos en la vejez gracias a un consenso “imposible” de lograr; enviando la Guardia Nacional a centros de estudio para garantizar que cada ser humano tenga acceso a los estudios, independientemente de su color o de sus ideas; asegurando no que todos vivan igual, sino que todos tengan las mismas oportunidades.

Nación que no temió a monarquías ni dictadores, ni a nazis, fascistas, comunistas o terroristas; que en 236 años de historia NUNCA ha dejado de celebrar elecciones abiertas, limpias y justas; que en más de dos siglos le han bastado algunas Enmiendas a su Constitución para “perfeccionar” su sistema; que lanza dos bombas nucleares contra un enemigo que le atacó a traición, y después le ayuda a reconstruirse; que alaba y premia la innovación y la prosperidad, y no persigue el “enriquecimiento”; que no permite que su presidente gobierne más de ocho años; que estimula el disenso y las opiniones diferentes; que enfrenta a sus votantes en los procesos electorales y se une monolíticamente cuando se pretende amenazar su seguridad nacional; que se enorgullece de recibir —legalmente— exiliados e inmigrantes de todo el mundo y mezclarlos en un inmenso crisol para crear “hombres nuevos” que día a día hacen al país más libre y, por ser más libre, más fuerte, más poderoso y más rico. ¡La nación más revolucionaria del mundo!

¿Cuántos “antiimperialistas” han leído esas 1.325 palabras, esa Declaración de Independencia? ¡Resentidos del mundo, uníos; atacad siempre a Estados Unidos! No resolverán nada con eso, pero al menos se entretienen.

¿Nada que criticar a Estados Unidos en este aniversario? ¡Claro que sí! ¿Por qué creer que existían “verdades evidentes” sobre la igualdad y la libertad de los seres humanos, pero “for white only”? ¿Por qué apoyar “hijos de puta” en todo el mundo, simplemente porque fueran “nuestros hijos de puta”? ¿Por qué no garantizar cobertura de salud pública a cada persona en este país, y no solamente en emergencias? ¿Por qué tener más premios Nobel que ningún otro país, y estudiantes que cada vez se retrasan más en ciencias y humanidades? ¿Por qué preocuparse más de ballenas o caribúes en peligro de extinción que de las enfermedades y la miseria en el mundo, de seres humanos en peligro de extinción? Y específicamente con relación a los cubanos y el último medio siglo, ¿por qué preocuparse más por la “estabilidad” en Cuba y Florida que por las libertades y los derechos de los pueblos?

Como personas libres no tenemos nada que esconder. La lista de lo criticable a Estados Unidos no es secreta. La verdadera y sincera. No interesan las críticas de Granma o las que repiten los papagayos “antiimperialistas”, sino las que de verdad agradece esta gran nación que se le hagan, para ser mejor cada vez.

Entonces, ¿por qué tanto orgullo por esta celebración? Porque podemos criticar y analizar todo lo que queramos sobre esta nación, sus decisiones, sus gobernantes —desde el presidente al comisionado municipal—, sus políticas y sus acuerdos, que mientras se haga sin violar las leyes lo podemos hacer donde queramos, como queramos, cuando queramos, y por los medios que queramos, sin temor a ser reprimidos por expresar abierta y libremente nuestras opiniones.

En otras palabras, porque somos verdaderamente libres en un país verdaderamente libre. ¿Le parece poco a algunos? Piensen si todos los cubanos, o todos los seres humanos, pueden decir lo mismo en los países en que viven.

© cubaencuentro.com

*************

(El cuadro de John Trumbull La Declaración de Independencia recoge el momento de la presentación del trabajo del Comité de los Cinco al Congreso.)

En CONGRESO, 4 de julio de 1776.

La Declaración unánime de los trece Estados Unidos de América,

Cuando en el curso de los acontecimientos humanos se hace necesario para un pueblo disolver los vínculos políticos que lo han ligado a otro, y tomar entre las naciones de la Tierra el puesto separado e igual al que las leyes de la naturaleza y del Dios de esa naturaleza le dan derecho, un justo respeto al juicio de la humanidad exige que declare las causas que lo impulsan a la separación.

Sostenemos como evidentes por sí mismas dichas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuando quiera que una forma de gobierno se vuelva destructora de estos principios,el pueblo tiene derecho a reformarla o abolirla, e instituir un nuevo gobierno que base sus cimientos en dichos principios, y que organice sus poderes en forma tal que a ellos les parezca más probable que genere su seguridad y felicidad. La prudencia, claro está, aconsejará que los gobiernos establecidos hace mucho tiempo no se cambien por motivos leves y transitorios; y, de acuerdo con esto, toda la experiencia ha demostrado que la humanidad está más dispuesta a sufrir, mientras los males sean tolerables, que a hacerse justicia mediante la abolición de las formas a las que está acostumbrada. Pero cuando una larga serie de abusos y usurpaciones, que persigue invariablemente el mismo objetivo, evidencia el designio de someterlos bajo un despotismo absoluto, es el derecho de ellos, es el deber de ellos, derrocar ese gobierno y proveer nuevas salvaguardas para su futura seguridad.

Tal ha sido el paciente sufrimiento de estas colonias; y tal es ahora la necesidad que las compele a alterar su antiguo sistema. La historia del presente rey de la Gran Bretaña es una historia de repetidas injurias y usurpaciones, cuyo objeto principal es y ha sido el establecimiento de una absoluta tiranía sobre estos estados. Para probar esto, sometemos los hechos al juicio de un mundo imparcial.

Ha rehusado asentir a las leyes más convenientes y necesarias al bien público de estas colonias, prohibiendo a sus gobernadores sancionar aun aquellas que eran de inmediata y urgente necesidad a menos que se suspendiese su ejecución hasta obtener su consentimiento, y estando así suspensas las ha desatendido enteramente.

Ha reprobado las providencias dictadas para la repartición de distritos de los pueblos, exigiendo violentamente que estos renunciasen el derecho de representación en sus legislaturas, derecho inestimable para ellos, y formidable sólo para los tiranos. Ha convocado cuerpos legislativos fuera de los lugares acostumbrados, y en sitos distantes del depósito de sus registros públicos con el único fin de molestarlos hasta obligarlos a convenir con sus medidas, y cuando estas violencias no han tenido el efecto que se esperaba, se han disuelto las salas de representantes por oponerse firme y valerosamente a las invocaciones proyectadas contra los derechos del pueblo, rehusando por largo tiempo después de desolación semejante a que se eligiesen otros, por lo que los poderes legislativos, incapaces de aniquilación, han recaído sobre el pueblo para su ejercicio, quedando el estado, entre tanto, expuesto a todo el peligro de una invasión exterior y de convulsiones internas.

Se ha esforzado en estorbar los progresos de la población en estos estados, obstruyendo a este fin las leyes para la naturalización de los extranjeros, rehusando sancionar otras para promover su establecimiento en ellos, y prohibiéndoles adquirir nuevas propiedades en estos países.

En el orden judicial, ha obstruido la administración de justicia, oponiéndose a las leyes necesarias para consolidar la autoridad de los tribunales, creando jueces que dependen solamente de su voluntad, por recibir de él el nombramiento de sus empleos y pagamento de sus sueldos, y mandando un enjambre de oficiales para oprimir a nuestro pueblo y empobrecerlo con sus estafas y rapiñas.

Ha atentado a la libertad civil de los ciudadanos, manteniendo en tiempo de paz entre nosotros tropas armadas, sin el consentimiento de nuestra legislatura: procurando hacer al militar independiente y superior al poder civil: combinando con nuestros vecinos, con plan despótico para sujetarnos a una jurisdicción extraña a nuestras leyes y no reconocida por nuestra constitución: destruyendo nuestro tráfico en todas las partes del mundo y poniendo contribuciones sin nuestro consentimiento: privándonos en muchos casos de las defensas que proporciona el juicio por jurados: transportándonos mas allá de los mares para ser juzgados por delitos supuestos: aboliendo el libre sistema de la ley inglesa en una provincia confinante: alterando fundamentalmente las formas de nuestros gobiernos y nuestras propias legislaturas y declarándose el mismo investido con el poder de dictar leyes para nosotros en todos los casos, cualesquiera que fuesen.

Ha abdicado el derecho que tenía para gobernarnos, declarándonos la guerra y poniéndonos fuera de su protección: haciendo el pillaje en nuestros mares; asolando nuestras costas; quitando la vida a nuestros conciudadanos y poniéndonos a merced de numerosos ejércitos extranjeros para completar la obra de muerte, desolación y tiranía comenzada y continuada con circunstancias de crueldad y perfidia totalmente indignas del jefe de una nación civilizada.

Ha compelido a nuestros conciudadanos hechos prisioneros en alta mar a llevar armas contra su patria, constituyéndose en verdugos de sus hermanos y amigos: excitando insurrecciones domésticas y procurando igualmente irritar contra nosotros a los habitantes de las fronteras, los indios bárbaros y feroces cuyo método conocido de hacer la guerra es la destrucción de todas las edades, sexos y condiciones.

A cada grado de estas opresiones hemos suplicado por la reforma en los términos más humildes; nuestras súplicas han sido contestadas con repetidas injurias. Un príncipe cuyo carácter está marcado por todos los actos que definen a un tirano, no es apto para ser el gobernador de un pueblo libre.

Tampoco hemos faltado a la consideración debida hacia nuestros hermanos los habitantes de la Gran Bretaña; les hemos advertido de tiempo en tiempo del atentado cometido por su legislatura en extender una ilegítima jurisdicción sobre las nuestras. Les hemos recordado las circunstancias de nuestra emigración y establecimiento en estos países; hemos apelado a su natural justicia y magnanimidad, conjurándolos por los vínculos de nuestro origen común a renunciar a esas usurpaciones que inevitablemente acabarían por interrumpir nuestra correspondencia y conexiones. También se han mostrado sordos a la voz de la justicia y consanguinidad. Debemos, por tanto, someternos a la necesidad que anuncia nuestra separación, y tratarlos como al resto del género humano: enemigos en la guerra y amigos en la paz.

Por tanto, nosotros, los Representantes de los Estados Unidos, reunidos en Congreso General, apelando al Juez supremo del Universo, por la rectitud de nuestras intenciones, y en el nombre y con la autoridad del pueblo de estas colonias, publicamos y declaramos lo presente: que estas colonias son, y por derecho deben ser, estados libres e independientes; que están absueltas de toda obligación de fidelidad a la corona británica: que toda conexión política entre ellas y el estado de la Gran Bretaña, es y debe ser totalmente disuelta, y que como estados libres e independientes, tienen pleno poder para hacer la guerra, concluir la paz, contraer alianzas, establecer comercio y hacer todos los otros actos que los estados independientes pueden por derecho efectuar. Así que, para sostener esta declaración con una firme confianza en la protección divina, nosotros empeñamos mutuamente nuestras vidas, nuestras fortunas y nuestro sagrado honor.

Firmantes

    Nueva Hampshire: Josiah Bartlett, William Whipple, Matthew Thornton
    Massachusetts: Samuel Adams, John Adams, John Hancock, Robert Treat Paine, Elbridge Gerry
    Rhode Island: Stephen Hopkins, William Ellery
    Connecticut: Roger Sherman, Samuel Huntington, William Williams, Oliver Wolcott
    Nueva York: William Floyd, Philip Livingston, Francis Lewis, Lewis Morris
    Nueva Jersey: Richard Stockton, John Witherspoon, Francis Hopkinson, John Hart, Abraham Clark
    Pensilvania: Robert Morris, Benjamin Rush, Benjamin Franklin, John Morton, George Clymer, James Smith, George Taylor, James Wilson, George Ross
    Delaware: George Read, Caesar Rodney, Thomas McKean
    Maryland: Samuel Chase, William Paca, Thomas Stone, Charles Carroll of Carrollton
    Virginia: George Wythe, Richard Henry Lee, Thomas Jefferson, Benjamin Harrison, Thomas Nelson, Jr., Francis Lightfoot Lee, Carter Braxton
    Carolina del Norte: William Hooper, Joseph Hewes, John Penn
    Carolina del Sur: Edward Rutledge, Thomas Heyward, Jr., Thomas Lynch, Jr., Arthur Middleton
    Georgia: Button Gwinnett, Lyman Hall, George Walton
******************
Elaboración y aprobación de la Declaración

El 11 de junio de 1776, el Congreso nombró un "Comité de los Cinco", formado por John Adams de Massachusetts, Benjamin Franklin de Pennsylvania, Thomas Jefferson de Virginia, Robert R. Livingston de Nueva York y Roger Sherman de Connecticut, para redactar una declaración. La comisión, después de debatir las líneas generales que el documento debería seguir, decidió que Jefferson escribiría el primer borrador.

Teniendo en cuenta la apretada agenda del Congreso, Jefferson contó con tan solo 17 días para su redacción.7 Una vez elaborado el borrador por Jefferson y consultados los demás miembros, se hicieron algunos cambios y se presentó otra copia incorporando estas alteraciones. El comité presentó esta copia al Congreso el 28 de junio de 1776. El título del documento era "A Declaration by the Representatives of the United States of America, in General Congress assembled. ("Una declaración de los representantes de los Estados Unidos de América reunido en Congreso General").Mientras se producía el trabajo del comité del proyecto el Congreso reanudaba el debate sobre la resolución de Lee sobre la independencia. John Dickinson hizo un último esfuerzo para retrasar la decisión, pero tras un discurso de John Adams, el Congreso aprobó la misma el 2 de julio. Doce de las trece delegaciones votaron a favor; la delegación de Nueva York se abstuvo, ya que no habían sido autorizados a votar por la independencia, aunque serían autorizados por el Congreso Provincial de Nueva York una semana después.9 Con la aprobación de la resolución de la independencia, las colonias habían roto oficialmente los vínculos políticos con Gran Bretaña.

Después de votar a favor de la resolución de independencia, el Congreso centró su atención en la comisión del proyecto de la declaración. Durante varios días de debate, el Congreso hizo algunas modificaciones en la redacción y suprimió casi una cuarta parte del texto remitido, en concreto se eliminó todo un pasaje crítico al comercio de esclavos. El 4 de julio de 1776 se aprobó la redacción de la Declaración de Independencia y se envió a la imprenta para su publicación.

En la firma, Benjamín Franklin es citado como habiendo respondido a un comentario de John Hancock que deben permanecer todos unidos: «Sí, tenemos que, de hecho, todos permanecer juntos, o casi con total certeza, todos vamos a colgar por separado», un juego de palabras que indica el hecho que de no permanecer unidos y tener éxito, serían juzgados y ejecutados, de manera individual, por traición.

Fundamento filosófico

El Preámbulo de la Declaración está influido por el espíritu de republicanismo, que fue usado como el marco de libertad.11 Además refleja la filosofía de la Ilustración, incluyendo el concepto de la ley natural, y el derecho de libre determinación. Las ideas y frases están extraídas de las obras de John Locke.


Etiquetas: 

Etiquetas: , , , , , , , , , , ,


Para seguir leyendo hacer click aqui­ ...