jueves, noviembre 27, 2025

Primer ¨Día de dar Gracias en Cuba¨: 26 de noviembre de 1898. Julio M. Shiling: Dios, EEUU y un Día de Acción de Gracias

 Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

En Cuba  republicana no era tradición celebrar el Día de Acción de Gracias,  pues lo tradicional era celebrar la cena familiar de  Nochebuena  en casa  y `posteriormente para muchas personas (pero no para otras muchas) ir a la Misa del Gallo.

En la segunda  imagen se  ve al gran Theodore Roosevelt INDICÁNDOLE al Tío Sam (que representa al pueblo estadounidense (al igual que Liborio representa al pueblo cubano)  que sea generoso (GENEROUS) con Cuba, la menor de edad, mediante  la reciprocidad (RECIPROCITY) para que Cuba sea próspera (PROSPERITY). 


Theodore  Roosevelt y su tropa de los Rough Riders (sobrenombre del 1st United States Volunteer Cavalry) uno   de los tres regimientos  que se   enviaron en  1898    a combatir en la Guerra Hispano Cubano Norteamericana. La foto es recien concluida la batalla de la Loma de San Juan, cerca de la ciudad de Santiago de Cuba.


Breves palabras que aportan gran luz sobre las relaciones entre EEUU y la anterior República de Cuba, que fueron pronunciadas en 1913 por ese arquetipo de integridad que fue Manuel Sanguily, quien fuera Coronel del Ejército Libertador, Senador de la República y Ministro de Estado [Relaciones Exteriores] del gobierno de José Miguel Gómez, en un memorable discurso en el teatro Politeama (habían dos teatros Politeama encima de de la Manzana de Gómez, los cuales  desaparecieron al agregarle dos pisos al mencionado edificio que hoy es el hotel  Kampiski) ante el cuerpo diplomático acreditado en Cuba:

Mantendrá el Gobierno las relaciones más cordiales en el orden diplomático y de los negocios, con las naciones amigas entre nosotros dignamente representadas, y sobre todo cultivará los grandes y vitales intereses que en franca y afectuosa correspondencia nos ligan a los Estados Unidos, no ya solo en consideración a las ventajas que deriva de ellos nuestra economía, sino por los incomparables servicios que el pueblo y el Gobierno americano han prestado a la causa de la justicia, de la civilización y de nuestra nacional soberanía.

Y no os sorprenda esta sincera manifestación de quien siempre ha vivido inquieto y receloso en el temor de los grandes y los fuertes. Dos veces -una, por la ceguedad de nuestra vieja y orgullosa Metrópoli; otra por enconos fratricidas-, vinieron aquí los americanos traídos por su fortuna o llamados por nuestras discordias, y siempre se retiraron de nuestro territorio, haciéndonos el doble beneficio de construir dos veces la república, y dejándonos en el corazón atribulado, desengaños y escarmientos; más en ambas ocasiones, motivos superiores de admiración y de gratitud por esa magnánima conducta que jamás en la historia habían observado los pueblos fuertes y triunfantes con los débiles, conturbados y decaídos”.

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Dios, EEUU y un Día de Acción de Gracias.

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Es una fecha nacional sacrosanta que reúne patriotismo y devoción divina y define, mejor que ningún otra, los valores inherentes de los EE.UU.

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Por Julio M. Shiling

Noviembre 25, 2020 

Los EE.UU. no son una teocracia. No obstante, la presencia de Dios y el entendimiento de que existe un orden transcendental superior que está conectado con la existencia temporal en la tierra, ha sido parte del tejido nacional estadounidense. Los acontecimientos más relevantes en su historia han estado conectados con una fundamentación relacional con la Divina Providencia. Cuando cada cuarto jueves del mes de noviembre se celebra en EE.UU. el “Día de Acción de Gracias”, probablemente la celebración nacional más autóctona del país.

Podemos citar 3 instantes primordiales en la historia estadounidense que moldearon a esta gran nación. Estas fueron: la llegada de los colonizadores, quiénes eran y a qué vinieron (1607, 1620); la Guerra de Independencia (1775-1783) y la nación nueva; y la Guerra Civil (1861-1865). Estos acontecimientos dictaminaron el armazón moral y filosófico de EE.UU. En cada momento, Dios, el cristianismo y el orden moral que de ahí partió mantuvo una presencia constante.

Los colonizadores

El Acto de la Uniformidad (1559) reglamentó en Inglaterra el ejercicio del culto religioso. La Iglesia de Inglaterra (Iglesia anglicana), con dicho acto, exigía la primacía en el ejercicio de la fe. En otras palabras, la libertad religiosa claudicó y se formalizó la persecución a diferentes denominaciones del cristianismo. Esto llevó a que los miembros de la Iglesia Separatista (puritanos) salieron como exiliados religiosos hacía Holanda en 1607. Los puritanos, parte de la teología calvinista, después de tener choques culturales en Holanda por el ámbito liberal del país, decidieron lanzarse al “Nuevo Mundo” en 1620. De manera particular, fueron hacia Nueva Inglaterra (hoy en Massachusetts) y llegaron el 11 de noviembre (1620). En el curso del viaje, redactaron el “Pacto del Mayflower” (nombre del barco). Este convenio, pese a no constituirse como una declaración de independencia, formuló las normas para un modelo de autogobierno civil.

Los puritanos eran refugiados religiosos. La persecución del culto de religión los llevó a abandonar su país natal. No vinieron buscando oro, ni oportunidades económicas. Querían ejercitar la fe sin intromisión estatal. Este es un punto de apreciación fundamental para entender la idiosincrasia mayoritaria de los colonizadores anglosajonas que irían brotando a través de la nación por nacer. En el otoño siguiente los peregrinos celebraron el primer Día de Acción de Gracias, una celebración que duró tres días.

Lo cierto es que 13 años antes, en Virginia se había establecido el primer asentamiento de Inglaterra. En este caso, en Jamestown, los colonizadores eran feligreses anglicanos. A pesar de las diferencias generadas por la política oficial en la madre patria, los puritanos y los anglicanos se respetaron y no se ejercitó en el nuevo territorio, la monopolización de una secta sobre la otra. Lo que sí se manifestó fue un sentido unísono en cuanto a la idea de soberanía popular, dentro de un esquema de autogobierno pidiendo siempre el favor del Todopoderoso y manteniendo la tolerancia religiosa. La Primera Carta de Virginia (1606), documento que precedió el Pacto del Mayflower (1620) seguía la más línea de priorizar la intelección de la primacía del orden transcendental, incluso sobre el de la monarquía.

Las subsiguientes colonias que se fueron poblando veían a colonos de diferentes sectas cristianas. Las “Órdenes Fundamentales de Connecticut” (1639) y los “Artículos de la Confederación de Nueva Inglaterra”(1643), fueron otros ejemplos de cómo quedó establecido, como primer derecho, la libertad de culto concebido como un derecho natural. Tomando en cuenta la diversidad entre las denominaciones que abrazaban los colonos a través del nuevo territorio, existía una insistencia de separar el Estado de la iglesia y que esto sería saludable. La idea de separar el Estado de la religión, hay que estar claro, era para proteger a la religión de la manipulación política. No era por un frenesí de secularismo.

 La Guerra de Independencia estadounidense

Los descendientes de los colonizadores originales, pese de haber venido desde diferentes trasfondos denominacionales cristianos, brotaban todos del mismo árbol del cristianismo con un aferramiento profundo a la idea de que la libertad no era una dádiva convencional, sino un obsequio divino y que el arquetipo político ideal era de un gobierno limitado con una ciudadanía piadosa. Los primeros brotes de separatismo eran movimientos que clamaban derechos negados por las autoridades en Inglaterra y que dichos atropellos infligían en sus derechos como hombres libres. En otras palabras, se estaba violando la Ley Natural.

La Declaración de Independencia (“Declaración”) (1776), firmemente anclada en la noción de los derechos preminentes otorgados, no por gobiernos sino por Dios, articuló elocuentemente el derecho de rebelión. Dicha Declaración, curiosamente, fue redactada más de un año posterior al inicio de la contienda bélica. Gran Bretaña inmediatamente lanzó una ofensiva brutal tratando de sofocar lo que entendía era una mera sublevación. Todavía no se había secado la tinta de la Declaración cuando los británicos tomaron control de Nueva York. Un año después, Filadelfia, la capital de la nación incipiente, también lo estaba. El general Washington y el Ejército Continental (el nombre de los FF.AA. independentistas) habían sufrido derrotas terribles.

Los pronunciamientos y las cartas de Washington atestiguan la de un hombre aferrado a la fe, mientras contemplaba el derrumbe de su ejército. Todo cambió en Saratoga, un lugar 189 millas al norte de la ciudad de Nueva York. Comenzando el 19 de septiembre y concluyendo casi un mes después, en la “Batalla de Saratoga” las fuerzas estadounidenses lograron una victoria impresionante capturando más de 5,800 soldados británicos. Esta victoria del general Horatio Gates, alteró favorablemente el curso de la guerra a favor del Ejército Continental. Francia, a raíz de esta conquista por los independentistas, decidió entrar en el conflicto del lado de EE.UU.

A raíz de este triunfo, el Congreso Continental, -una especie de gobierno en armas-, proclamó el 18 de diciembre de 1777, como resultado de este gran acontecimiento que reformuló el giro de la guerra por esa batalla insigne, un día para dar acción de gracias por lo ocurrido. Dicha institución representativa de la nación estadounidense, sostuvo esta proclamación anual de manera continua hasta 1784. Al consumarse favorablemente la Guerra de la Independencia, el ya presidente Washington, oficialmente proclamó el 3 de octubre de 1789 un día de oración nacional y de dar gracias al Ser Supremo en forma colectiva como nación.

 El presidente Washington proclamó, en 1795, una segunda celebración de un Día de Acción de Gracias. En esta ocasión, lo hizo en gratitud por la resolución de lo que fue el primer reto al gobierno federal, una insurrección local llamada la “Rebelión del Whisky”.  Presidentes sucesivos como John Adams y James Madison (ambos miembros del Partido Federalista) siguieron la tradición de hacer fiestas nacionales ese día. Algunos presidentes anti federalistas, hay que destacar, se opusieron. Sin embargo, ya para mediados del siglo XIX más de 16 estados, ejerciendo su propia autoridad territorial, celebraban esta fecha en el mes de noviembre.

La Guerra Civil

Lincoln, nuevamente, desde el primer año de la Guerra Civil puso en práctica la costumbre de establecer un día nacional para rendirle agradecimiento a Dios. (Flickr)

La Guerra Civil estadounidense (o la Guerra entre los Estados) fue el acontecimiento más dramático de los EE.UU. Problemas irresueltos desde la fundación del país, como fue la cuestión de la esclavitud, era una mancha moral, nacional y una inconsistencia con la premisa de los derechos naturales y el enaltecimiento de la libertad como enfoque principal contenido en la propia Declaración.

Estos problemas, hay que insistir, no escaparon la mente de Washington, Adams, Hamilton, Jefferson y otros próceres. La fragilidad de preservar la cohesión nacional en una república recién estrenada y que estaba compuesta por trece colonias autónomas, resultó un reto difícil para solucionar en ese momento. Le tocaría a Abraham Lincoln esa intrincada tarea.

Para Lincoln, la fe en Dios y el apego a una cimentación bíblica, lo llevó a elevar el tema de la esclavitud y su desconexión con los principios fundacionales del país, a una cruzada intransigente de no claudicar y de pagar cualquier precio con tal de abolirla, de alinear a la nación con los ideales patrios y de preservar la unión. La sucesión de los estados del Sur, la proclamación de la Confederación (gobierno de los estados del Sur) y el ataque a una fortaleza federal formalizó la contienda sangrienta. Lincoln, desde el principio de la guerra, celebró un día nacional para darle gracias a Dios y nunca lo dejó de hacer.

En la fase inicial de la guerra, los sureños demostraron saber pelear mejor. Los ejércitos del Norte, comandados por generales ineptos como el general George B. McClellan, le dificultaron seriamente la tarea presidencial a Lincoln. Después de que el “Gran Emancipador” limpió casa y reconstituyó el mando militar colocando a estrellas como George G. Meade, William Tecumseh Sherman y Ulysses S. Grant en puestos militares claves, el curso de la guerra cambio a favor del Norte. Hubo un enfrentamiento sanguinarios en Pensilvania, que alteraron el curso de la guerra decisivamente para los federales como la “Batalla de Gettysburg” (1863).

Lincoln, nuevamente, desde el primer año de la Guerra Civil puso en práctica la costumbre de establecer un día nacional para rendirle agradecimiento a Dios. En 1863, 4 meses después de la victoria decisiva en Gettysburg, Lincoln convirtió el Día de Acción de Gracias en una fecha nacional para celebrarse en el último jueves del mes de noviembre. Posteriormente, esta celebración quedó marcada en el calendario marcado para siempre, enmendándose en 1941, para ajustarla al cuarto jueves de noviembre.

El Día de Acción de Gracias encapsula una celebración ligada, directamente, a la fundación de la nación, a las guerras para alcanzar la libertad, la independencia, rescatar sus valores inherentes y salvar la república. De igual forma, es una ocasión que se estableció para que todo un pueblo tome conciencia de la importancia del papel de Dios en nuestras vidas y de expresar esa gratitud colectivamente, como nación bendecida.

No es una ocasión para encontrar ofertas al día siguiente en las tiendas, o tomar en cuenta otras consideraciones seculares que desvirtúan la esencia de la celebración. Es una fecha nacional sacrosanta que reúne patriotismo y devoción divina y define, mejor que ningún otra, los valores inherentes de los EE.UU.

Haciendo referencia a la virtud que es la gratitud, Marco Tulio Cicerón dijo, “… esta virtud no sólo es la más grande de las virtudes, sino también la madre de todas las demás.”. El Día de Acción de Gracias se inició y se estableció en EE.UU. para darle gracias a Dios Todopoderoso, sin excusas, sin timidez, y de forma pública como una sociedad virtuosa y libre.

Es ahí donde encontraremos siempre la verdadera excepcionalidad de esta nación. Cualquier desviación de o reto a esta base fundacional, es una agresión hacia la república. En estos días de tanta oscuridad, demos gracias a Dios y roguemos para que nos de la fuerza para enfrentar los desafíos de este momento, igual que hicieron Washington y Lincoln en sus tiempos ¡Qué así sea!

El American © 2020

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Tomado  de http://www.ellugareno.com/

Presencia hispana en los Estados Unidos: Quinto Centenario 

(Fragmento publicado 10 de mayo de 2013 en el blog El Lugareño)

Por Frank de Varona *

Menéndez (Pedro Menéndez de Avilés)  zarpó de Cádiz el 28 de junio de 1565 con una flota de 19 naves y más de 1000 hombres, entre ellos cuatro sacerdotes. El capellán de la flota era Francisco López de Mendoza Grajales. El 8 de septiembre de 1565 el Adelantado desembarcó con mucha pompa y ceremonia en la aldea que los indios llamaban Seloy en La Florida y se acercó a una cruz que le presentó el padre Francisco López de Mendoza Grajales y la besó. El capellán había bajado a tierra el día antes. Se cantó el himno Te Deum Laudamus (de gracias a Dios) y se celebró la Santa Misa. Allí se fundó la primera ciudad europea permanente en los Estados Unidos, la cual recibió el nombre de San Agustín. Los indios timuacanos del área imitaron lo que vieron y junto con los españoles intercambiaron comidas. Éste fue el primer Día de Acción de Gracias celebrado en esta nación, más de medio siglo antes del celebrado por los peregrinos ingleses en Plymouth, Massachussets. En San Agustín se creó la primera parroquia católica en lo que es hoy los Estados Unidos y la llamaron Nombre de Dios, el mismo nombre con que se conoce en la actualidad. Fray Alonso de Escobedo, el sacerdote asignado a la misión de Nombre de Dios escribió el primer poema épico que llamó, La Florida, describiendo sus experiencias en el Nuevo Mundo.

Menéndez marchó desde San Agustín bajo una severa tormenta hacia el norte y sorpresivamente capturó el fuerte de Carolina. Después marchó hacia el sur y derrotó a otro grupo de franceses. Menéndez pasó a cuchillo a los franceses hugonotes o protestantes que rehusaron convertirse al catolicismo. Por esto ha sido muy criticado, pero historiadores objetivos han escrito que Menéndez no tenía suficiente comida para estos prisioneros ni suficientes soldados para custodiarlos. Fue necesario para sobrevivir la matanza que ocurrió.

Menéndez fundó ciudades y fuertes y estableció las primeras misiones jesuitas en los estados actuales de La Florida, Georgia, las Carolinas y una en Virginia. Gobernó La Florida y Cuba durante 10 años y protegió todos los asentamientos españoles en el mar Caribe construyendo fuertes y murallas para su defensa contras piratas, corsarios y bucaneros.

En febrero de 1566 Pedro Menéndez de Avilés llegó frente al área actual de Miami. Para su sorpresa el adelantado vio una canoa donde venía una persona media desnuda con un crucifijo. No era un indio, sino un español, que había naufragado hacía 17 años. Se llamaba Escalante d´Fontanela y había nacido en Colombia. Cuando tenía 13 años se hundió su barco y vivió entre los indios Tequestas que tenían una aldea en la parte sur de la desembocadura del río Miami a la bahía de Vizcaya (Biscayne). Recientemente se encontró esta aldea cuando se iba a construir un gran edificio frente al mar. Fontanela sirvió a Menéndez de guía y de intérprete y posteriormente publicó sus memorias en 1575 describiendo su vida con los indios del área de Miami y sus visitas a los cayos de la Florida y a otras áreas.

Al año siguiente Menéndez fundó una misión en el área actual de Miami que se llamó Tequesta, como los indios de este lugar. Un hermano jesuita, Francisco Villarreal, trató sin éxito de evangelizar a los indios. El principal problema fue los soldados que lo acompañaron comenzaron a molestar a las indias tequestas. Después que un soldado mató a un indio, los tequestas se rebelaron y mataron a cuatro soldados. La misión fue abandonada. En el área de Charlotte Bay, en un cayo que actualmente se llama Mound Key, Menéndez estableció otra misión que llamó San Antonio a cargo del padre jesuita Juan Rogel, que era el superior del hermano Villarreal. Esta misión entre los indios calusas tampoco tuvo éxito y fue abandonada.

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* Frank de Varona is an educator, historian, journalist, and internationally known expert on politics, economics, foreign affairs and national security issues. He was born in Cuba and, at the age of 17, he participated on the Bay of Pigs invasion in an effort to eradicate communism in Cuba. After spending two years in prison, he returned to the United States, where he earned three college degrees. He is married and has a daughter and a grandson.





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miércoles, marzo 12, 2025

Julio M. Shiling: Recordando a Lincoln Díaz-Balart. Video: Juan Manuel Cao y Ninoska Pérez Castellón recuerdan el legado de Lincoln Díaz-Balart

 Tomado de https://patriademarti.com/

Recordando a Lincoln Díaz-Balart

Por Julio M. Shiling

03 Marzo 2025

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Cuba está de luto. Esta se ha convertido en una realidad demasiado familiar, ya que muchos de sus hijos e hijas fallecen sin ver una Cuba libre. En esta ocasión, el motivo del duelo es la muerte del excongresista de Florida Lincoln Díaz-Balart. A los 70 años de edad y en plena capacidad intelectual, el fallecimiento de esta figura emblemática dejará un vacío para siempre en la política cubana. Sus 24 años en el servicio público electo, en particular 18 de esos años representando a los distritos de Miami en la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, dejaron un legado fundamental.

Conocido por su brillante pensamiento y elocuencia, Lincoln, como se le conocía más comúnmente en Miami, se inspiró en su padre, Rafael Díaz-Balart, posiblemente uno de los miembros más elocuentes y cultos de la República de Cuba. La búsqueda de Cuba de la libertad y la democracia y la forma en que Estados Unidos ha respondido posiblemente no pueden señalar a una sola persona que haya tenido mayor influencia en trazar su curso. Convencido, con razón, de que privar de fondos al régimen castrocomunista es significativo para reprimir su capacidad de represión y mantenerse en el poder, ideó la codificación en ley del embargo estadounidense contra la dictadura marxista-leninista de la isla. 

La Ley de Libertad y Solidaridad Democrática Cubana, también conocida como Ley Helms-Burton, rescató el embargo estadounidense contra la tiranía comunista de los caprichos y la ambivalencia del poder ejecutivo. Gracias al diseño calculado de Lincoln de la Ley Helms-Burton, la capacidad del castrismo para disfrazar su «tráfico» (un componente clave de la brillante construcción jurídica de la ley de Díaz-Balart) de propiedad robada se topó con un cortafuegos. La ley que finalmente firmó Bill Clinton el 12 de marzo de 1996 fue una elaboración de Lincoln. Los inversores extranjeros siguen siendo cautelosos a la hora de asociarse con el comunismo cubano e invertir en activos que fueron saqueados por la dictadura marxista de Cuba gracias a esa ley.

La defensa de los derechos humanos por parte de Lincoln no era solo cosa de cubanos. No había un lugar en el mundo donde el gobierno no democrático no encontrara un adversario. Los regímenes y movimientos socialistas de América Latina fueron especialmente atacados y desafiados por Lincoln. Los aliados demócratas encontraron en el experimentado e influyente congresista un amigo incondicional. Las personas que huyen de la opresión nunca olvidarán a este emblemático legislador cubano americano que hizo suya su causa.

En una Cuba libre, la voz de Lincoln habría tenido mucho peso. Quizás este sea el lado más triste de su partida. Lincoln, como es el caso de toda la familia Díaz-Balart, vivió y respiró constantemente Cuba y su lucha por ser libre. La democracia llegará a Cuba algún día. Con suerte, más temprano que tarde. Cuando llegue ese momento, el nombre de Lincoln Díaz-Balart será esbozado en la pared de los patriotas que hicieron todo lo que estaba a su alcance para ayudar a lograr esa libertad. En el caso de Lincoln, su previsión ayudó a dar forma a ese rumbo.

© Patria de Martí. Todos los derechos reservados.

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Juan Manuel Cao y Ninoska Pérez Castellón recuerdan el legado de Lincoln Díaz-Balart



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jueves, noviembre 23, 2023

El Primer ¨Día de dar Gracias en Cuba¨ fue el 26 de noviembre de 1898. Julio M. Shiling: Dios, EEUU y un Día de Acción de Gracias.

 
Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

En Cuba  republicana no era tradición celebrar el Día de Acción de Gracias,  pues lo tradicional era celebrar la cena familiar de  Nochebuena  en casa  y `posteriormente para muchas personas (pero no para otras muchas) ir a la Misa del Gallo.

En la segunda  imagen se  ve al gran Theodore Roosevelt INDICÁNDOLE al Tío Sam (que representa al pueblo estadounidense (al igual que Liborio representa al pueblo cubano)  que sea generoso (GENEROUS) con Cuba, la menor de edad, mediante  la reciprocidad (RECIPROCITY) para que Cuba sea próspera (PROSPERITY). 


Theodore  Roosevelt y su tropa de los Rough Riders (sobrenombre del 1st United States Volunteer Cavalry) uno   de los tres regimientos  que se   enviaron en  1898    a combatir en la Guerra Hispano Cubano Norteamericana. La foto es recien concluida la batalla de la Loma de San Juan, cerca de la ciudad de Santiago de Cuba.


Breves palabras que aportan gran luz sobre las relaciones entre EEUU y la anterior República de Cuba, que fueron pronunciadas en 1913 por ese arquetipo de integridad que fue Manuel Sanguily, quien fuera Coronel del Ejército Libertador, Senador de la República y Ministro de Estado [Relaciones Exteriores] del gobierno de José Miguel Gómez, en un memorable discurso en el teatro Politeama (habían dos teatros Politeama encima de de la Manzana de Gómez, los cuales  desaparecieron al agregarle dos pisos al mencionado edificio que hoy es el hotel  Kampiski) ante el cuerpo diplomático acreditado en Cuba:

Mantendrá el Gobierno las relaciones más cordiales en el orden diplomático y de los negocios, con las naciones amigas entre nosotros dignamente representadas, y sobre todo cultivará los grandes y vitales intereses que en franca y afectuosa correspondencia nos ligan a los Estados Unidos, no ya solo en consideración a las ventajas que deriva de ellos nuestra economía, sino por los incomparables servicios que el pueblo y el Gobierno americano han prestado a la causa de la justicia, de la civilización y de nuestra nacional soberanía.

Y no os sorprenda esta sincera manifestación de quien siempre ha vivido inquieto y receloso en el temor de los grandes y los fuertes. Dos veces -una, por la ceguedad de nuestra vieja y orgullosa Metrópoli; otra por enconos fratricidas-, vinieron aquí los americanos traídos por su fortuna o llamados por nuestras discordias, y siempre se retiraron de nuestro territorio, haciéndonos el doble beneficio de construir dos veces la república, y dejándonos en el corazón atribulado, desengaños y escarmientos; más en ambas ocasiones, motivos superiores de admiración y de gratitud por esa magnánima conducta que jamás en la historia habían observado los pueblos fuertes y triunfantes con los débiles, conturbados y decaídos”.

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Dios, EEUU y un Día de Acción de Gracias.

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Es una fecha nacional sacrosanta que reúne patriotismo y devoción divina y define, mejor que ningún otra, los valores inherentes de los EE.UU.

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Por Julio M. Shiling

Noviembre 25, 2020 

Los EE.UU. no son una teocracia. No obstante, la presencia de Dios y el entendimiento de que existe un orden transcendental superior que está conectado con la existencia temporal en la tierra, ha sido parte del tejido nacional estadounidense. Los acontecimientos más relevantes en su historia han estado conectados con una fundamentación relacional con la Divina Providencia. Cuando cada cuarto jueves del mes de noviembre se celebra en EE.UU. el “Día de Acción de Gracias”, probablemente la celebración nacional más autóctona del país.

Podemos citar 3 instantes primordiales en la historia estadounidense que moldearon a esta gran nación. Estas fueron: la llegada de los colonizadores, quiénes eran y a qué vinieron (1607, 1620); la Guerra de Independencia (1775-1783) y la nación nueva; y la Guerra Civil (1861-1865). Estos acontecimientos dictaminaron el armazón moral y filosófico de EE.UU. En cada momento, Dios, el cristianismo y el orden moral que de ahí partió mantuvo una presencia constante.

Los colonizadores

El Acto de la Uniformidad (1559) reglamentó en Inglaterra el ejercicio del culto religioso. La Iglesia de Inglaterra (Iglesia anglicana), con dicho acto, exigía la primacía en el ejercicio de la fe. En otras palabras, la libertad religiosa claudicó y se formalizó la persecución a diferentes denominaciones del cristianismo. Esto llevó a que los miembros de la Iglesia Separatista (puritanos) salieron como exiliados religiosos hacía Holanda en 1607. Los puritanos, parte de la teología calvinista, después de tener choques culturales en Holanda por el ámbito liberal del país, decidieron lanzarse al “Nuevo Mundo” en 1620. De manera particular, fueron hacia Nueva Inglaterra (hoy en Massachusetts) y llegaron el 11 de noviembre (1620). En el curso del viaje, redactaron el “Pacto del Mayflower” (nombre del barco). Este convenio, pese a no constituirse como una declaración de independencia, formuló las normas para un modelo de autogobierno civil.

Los puritanos eran refugiados religiosos. La persecución del culto de religión los llevó a abandonar su país natal. No vinieron buscando oro, ni oportunidades económicas. Querían ejercitar la fe sin intromisión estatal. Este es un punto de apreciación fundamental para entender la idiosincrasia mayoritaria de los colonizadores anglosajonas que irían brotando a través de la nación por nacer. En el otoño siguiente los peregrinos celebraron el primer Día de Acción de Gracias, una celebración que duró tres días.

Lo cierto es que 13 años antes, en Virginia se había establecido el primer asentamiento de Inglaterra. En este caso, en Jamestown, los colonizadores eran feligreses anglicanos. A pesar de las diferencias generadas por la política oficial en la madre patria, los puritanos y los anglicanos se respetaron y no se ejercitó en el nuevo territorio, la monopolización de una secta sobre la otra. Lo que sí se manifestó fue un sentido unísono en cuanto a la idea de soberanía popular, dentro de un esquema de autogobierno pidiendo siempre el favor del Todopoderoso y manteniendo la tolerancia religiosa. La Primera Carta de Virginia (1606), documento que precedió el Pacto del Mayflower (1620) seguía la más línea de priorizar la intelección de la primacía del orden transcendental, incluso sobre el de la monarquía.

Las subsiguientes colonias que se fueron poblando veían a colonos de diferentes sectas cristianas. Las “Órdenes Fundamentales de Connecticut” (1639) y los “Artículos de la Confederación de Nueva Inglaterra”(1643), fueron otros ejemplos de cómo quedó establecido, como primer derecho, la libertad de culto concebido como un derecho natural. Tomando en cuenta la diversidad entre las denominaciones que abrazaban los colonos a través del nuevo territorio, existía una insistencia de separar el Estado de la iglesia y que esto sería saludable. La idea de separar el Estado de la religión, hay que estar claro, era para proteger a la religión de la manipulación política. No era por un frenesí de secularismo.

 La Guerra de Independencia estadounidense

Los descendientes de los colonizadores originales, pese de haber venido desde diferentes trasfondos denominacionales cristianos, brotaban todos del mismo árbol del cristianismo con un aferramiento profundo a la idea de que la libertad no era una dádiva convencional, sino un obsequio divino y que el arquetipo político ideal era de un gobierno limitado con una ciudadanía piadosa. Los primeros brotes de separatismo eran movimientos que clamaban derechos negados por las autoridades en Inglaterra y que dichos atropellos infligían en sus derechos como hombres libres. En otras palabras, se estaba violando la Ley Natural.

La Declaración de Independencia (“Declaración”) (1776), firmemente anclada en la noción de los derechos preminentes otorgados, no por gobiernos sino por Dios, articuló elocuentemente el derecho de rebelión. Dicha Declaración, curiosamente, fue redactada más de un año posterior al inicio de la contienda bélica. Gran Bretaña inmediatamente lanzó una ofensiva brutal tratando de sofocar lo que entendía era una mera sublevación. Todavía no se había secado la tinta de la Declaración cuando los británicos tomaron control de Nueva York. Un año después, Filadelfia, la capital de la nación incipiente, también lo estaba. El general Washington y el Ejército Continental (el nombre de los FF.AA. independentistas) habían sufrido derrotas terribles.

Los pronunciamientos y las cartas de Washington atestiguan la de un hombre aferrado a la fe, mientras contemplaba el derrumbe de su ejército. Todo cambió en Saratoga, un lugar 189 millas al norte de la ciudad de Nueva York. Comenzando el 19 de septiembre y concluyendo casi un mes después, en la “Batalla de Saratoga” las fuerzas estadounidenses lograron una victoria impresionante capturando más de 5,800 soldados británicos. Esta victoria del general Horatio Gates, alteró favorablemente el curso de la guerra a favor del Ejército Continental. Francia, a raíz de esta conquista por los independentistas, decidió entrar en el conflicto del lado de EE.UU.

A raíz de este triunfo, el Congreso Continental, -una especie de gobierno en armas-, proclamó el 18 de diciembre de 1777, como resultado de este gran acontecimiento que reformuló el giro de la guerra por esa batalla insigne, un día para dar acción de gracias por lo ocurrido. Dicha institución representativa de la nación estadounidense, sostuvo esta proclamación anual de manera continua hasta 1784. Al consumarse favorablemente la Guerra de la Independencia, el ya presidente Washington, oficialmente proclamó el 3 de octubre de 1789 un día de oración nacional y de dar gracias al Ser Supremo en forma colectiva como nación.

 El presidente Washington proclamó, en 1795, una segunda celebración de un Día de Acción de Gracias. En esta ocasión, lo hizo en gratitud por la resolución de lo que fue el primer reto al gobierno federal, una insurrección local llamada la “Rebelión del Whisky”.  Presidentes sucesivos como John Adams y James Madison (ambos miembros del Partido Federalista) siguieron la tradición de hacer fiestas nacionales ese día. Algunos presidentes anti federalistas, hay que destacar, se opusieron. Sin embargo, ya para mediados del siglo XIX más de 16 estados, ejerciendo su propia autoridad territorial, celebraban esta fecha en el mes de noviembre.

La Guerra Civil

Lincoln, nuevamente, desde el primer año de la Guerra Civil puso en práctica la costumbre de establecer un día nacional para rendirle agradecimiento a Dios. (Flickr)

La Guerra Civil estadounidense (o la Guerra entre los Estados) fue el acontecimiento más dramático de los EE.UU. Problemas irresueltos desde la fundación del país, como fue la cuestión de la esclavitud, era una mancha moral, nacional y una inconsistencia con la premisa de los derechos naturales y el enaltecimiento de la libertad como enfoque principal contenido en la propia Declaración.

Estos problemas, hay que insistir, no escaparon la mente de Washington, Adams, Hamilton, Jefferson y otros próceres. La fragilidad de preservar la cohesión nacional en una república recién estrenada y que estaba compuesta por trece colonias autónomas, resultó un reto difícil para solucionar en ese momento. Le tocaría a Abraham Lincoln esa intrincada tarea.

Para Lincoln, la fe en Dios y el apego a una cimentación bíblica, lo llevó a elevar el tema de la esclavitud y su desconexión con los principios fundacionales del país, a una cruzada intransigente de no claudicar y de pagar cualquier precio con tal de abolirla, de alinear a la nación con los ideales patrios y de preservar la unión. La sucesión de los estados del Sur, la proclamación de la Confederación (gobierno de los estados del Sur) y el ataque a una fortaleza federal formalizó la contienda sangrienta. Lincoln, desde el principio de la guerra, celebró un día nacional para darle gracias a Dios y nunca lo dejó de hacer.

En la fase inicial de la guerra, los sureños demostraron saber pelear mejor. Los ejércitos del Norte, comandados por generales ineptos como el general George B. McClellan, le dificultaron seriamente la tarea presidencial a Lincoln. Después de que el “Gran Emancipador” limpió casa y reconstituyó el mando militar colocando a estrellas como George G. Meade, William Tecumseh Sherman y Ulysses S. Grant en puestos militares claves, el curso de la guerra cambio a favor del Norte. Hubo un enfrentamiento sanguinarios en Pensilvania, que alteraron el curso de la guerra decisivamente para los federales como la “Batalla de Gettysburg” (1863).

Lincoln, nuevamente, desde el primer año de la Guerra Civil puso en práctica la costumbre de establecer un día nacional para rendirle agradecimiento a Dios. En 1863, 4 meses después de la victoria decisiva en Gettysburg, Lincoln convirtió el Día de Acción de Gracias en una fecha nacional para celebrarse en el último jueves del mes de noviembre. Posteriormente, esta celebración quedó marcada en el calendario marcado para siempre, enmendándose en 1941, para ajustarla al cuarto jueves de noviembre.

El Día de Acción de Gracias encapsula una celebración ligada, directamente, a la fundación de la nación, a las guerras para alcanzar la libertad, la independencia, rescatar sus valores inherentes y salvar la república. De igual forma, es una ocasión que se estableció para que todo un pueblo tome conciencia de la importancia del papel de Dios en nuestras vidas y de expresar esa gratitud colectivamente, como nación bendecida.

No es una ocasión para encontrar ofertas al día siguiente en las tiendas, o tomar en cuenta otras consideraciones seculares que desvirtúan la esencia de la celebración. Es una fecha nacional sacrosanta que reúne patriotismo y devoción divina y define, mejor que ningún otra, los valores inherentes de los EE.UU.

Haciendo referencia a la virtud que es la gratitud, Marco Tulio Cicerón dijo, “… esta virtud no sólo es la más grande de las virtudes, sino también la madre de todas las demás.”. El Día de Acción de Gracias se inició y se estableció en EE.UU. para darle gracias a Dios Todopoderoso, sin excusas, sin timidez, y de forma pública como una sociedad virtuosa y libre.

Es ahí donde encontraremos siempre la verdadera excepcionalidad de esta nación. Cualquier desviación de o reto a esta base fundacional, es una agresión hacia la república. En estos días de tanta oscuridad, demos gracias a Dios y roguemos para que nos de la fuerza para enfrentar los desafíos de este momento, igual que hicieron Washington y Lincoln en sus tiempos ¡Qué así sea!

El American © 2020

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Tomado  de http://www.ellugareno.com/

Presencia hispana en los Estados Unidos: Quinto Centenario 

(Fragmento publicado 10 de mayo de 2013 en el blog El Lugareño)

Por Frank de Varona *

Menéndez (Pedro Menéndez de Avilés)  zarpó de Cádiz el 28 de junio de 1565 con una flota de 19 naves y más de 1000 hombres, entre ellos cuatro sacerdotes. El capellán de la flota era Francisco López de Mendoza Grajales. El 8 de septiembre de 1565 el Adelantado desembarcó con mucha pompa y ceremonia en la aldea que los indios llamaban Seloy en La Florida y se acercó a una cruz que le presentó el padre Francisco López de Mendoza Grajales y la besó. El capellán había bajado a tierra el día antes. Se cantó el himno Te Deum Laudamus (de gracias a Dios) y se celebró la Santa Misa. Allí se fundó la primera ciudad europea permanente en los Estados Unidos, la cual recibió el nombre de San Agustín. Los indios timuacanos del área imitaron lo que vieron y junto con los españoles intercambiaron comidas. Éste fue el primer Día de Acción de Gracias celebrado en esta nación, más de medio siglo antes del celebrado por los peregrinos ingleses en Plymouth, Massachussets. En San Agustín se creó la primera parroquia católica en lo que es hoy los Estados Unidos y la llamaron Nombre de Dios, el mismo nombre con que se conoce en la actualidad. Fray Alonso de Escobedo, el sacerdote asignado a la misión de Nombre de Dios escribió el primer poema épico que llamó, La Florida, describiendo sus experiencias en el Nuevo Mundo.

Menéndez marchó desde San Agustín bajo una severa tormenta hacia el norte y sorpresivamente capturó el fuerte de Carolina. Después marchó hacia el sur y derrotó a otro grupo de franceses. Menéndez pasó a cuchillo a los franceses hugonotes o protestantes que rehusaron convertirse al catolicismo. Por esto ha sido muy criticado, pero historiadores objetivos han escrito que Menéndez no tenía suficiente comida para estos prisioneros ni suficientes soldados para custodiarlos. Fue necesario para sobrevivir la matanza que ocurrió.

Menéndez fundó ciudades y fuertes y estableció las primeras misiones jesuitas en los estados actuales de La Florida, Georgia, las Carolinas y una en Virginia. Gobernó La Florida y Cuba durante 10 años y protegió todos los asentamientos españoles en el mar Caribe construyendo fuertes y murallas para su defensa contras piratas, corsarios y bucaneros.

En febrero de 1566 Pedro Menéndez de Avilés llegó frente al área actual de Miami. Para su sorpresa el adelantado vio una canoa donde venía una persona media desnuda con un crucifijo. No era un indio, sino un español, que había naufragado hacía 17 años. Se llamaba Escalante d´Fontanela y había nacido en Colombia. Cuando tenía 13 años se hundió su barco y vivió entre los indios Tequestas que tenían una aldea en la parte sur de la desembocadura del río Miami a la bahía de Vizcaya (Biscayne). Recientemente se encontró esta aldea cuando se iba a construir un gran edificio frente al mar. Fontanela sirvió a Menéndez de guía y de intérprete y posteriormente publicó sus memorias en 1575 describiendo su vida con los indios del área de Miami y sus visitas a los cayos de la Florida y a otras áreas.

Al año siguiente Menéndez fundó una misión en el área actual de Miami que se llamó Tequesta, como los indios de este lugar. Un hermano jesuita, Francisco Villarreal, trató sin éxito de evangelizar a los indios. El principal problema fue los soldados que lo acompañaron comenzaron a molestar a las indias tequestas. Después que un soldado mató a un indio, los tequestas se rebelaron y mataron a cuatro soldados. La misión fue abandonada. En el área de Charlotte Bay, en un cayo que actualmente se llama Mound Key, Menéndez estableció otra misión que llamó San Antonio a cargo del padre jesuita Juan Rogel, que era el superior del hermano Villarreal. Esta misión entre los indios calusas tampoco tuvo éxito y fue abandonada.

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* Frank de Varona is an educator, historian, journalist, and internationally known expert on politics, economics, foreign affairs and national security issues. He was born in Cuba and, at the age of 17, he participated on the Bay of Pigs invasion in an effort to eradicate communism in Cuba. After spending two years in prison, he returned to the United States, where he earned three college degrees. He is married and has a daughter and a grandson.

Mr. de Varona had a 36-year career in the Miami-Dade County Public Schools as a social studies teacher, principal, region superintendent, and associate superintendent of instruction. He also was an associate professor of social studies in the College of Education at Florida International Education for seven years. Currently, he is a part-time Adult Education Coordinator in the Miami-Dade County Public Schools.

He has written 20 books and many articles in newspapers and magazines. Among his books are Hispanics in U.S. History Volume 1 and Volume 2 (1989), Hispanic Presence in the United States (1993), Latino Literacy: The Complete Guide to Our Hispanic History and Culture (1996) and Presencia hispana en los Estados Unidos: Quinto Centenario (2013). Mr. de Varona is the only Hispanic in the nation who has written three books in Spanish about Barack Obama: ¿Obama o McCain? (2008), El verdadero Obama (2010) and ¿Obama o Romney? (2012).  




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jueves, marzo 31, 2022

EL CHURCHILL DE UCRANIA. Alfredo M. Cepero sobre el Presidente de Ucrania Volodymyr Zelenski

 
Tomado de http://www.lanuevanacion.com/

EL CHURCHILL DE UCRANIA

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A todos los efectos prácticos Volodymyr Zelenski se ha convertido en una especie de “padre de la nueva ucrania”.

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Volodymyr Zelenski

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

Sígame en: http://twitter.com/@AlfredoCepero

3-29-22

 La guerra es algo horrible. Nadie en su sano juicio puede desearla. Únicamente los locos recurren a ella para calmar sus alucinaciones. Es el último recurso en la preservación de la democracia y en la defensa de la libertad. Pero cuando el hambre aprieta, la teoría es relegada a un segundo plano. Cuando el empleo cae y la inflación sube, todos nos volvemos pragmáticos. Por otra parte, nadie puede hacer la guerra sometido a los caprichos de un parlamento. Y eso es lo que sucede con la democracia en la heroica y abandonada Ucrania.

Como Inglaterra frente a Hitler a principios de la Segunda Guerra Mundial Ucrania se enfrenta hoy a un loco con un poderoso aparato militar. Nunca había sufrido una crisis de tales proporciones. Pero es precisamente en las grandes crisis en que surgen los grandes hombres. Inglaterra tuvo entonces a su Winston Churchill y Ucrania tiene hoy a su Volodymyr Zelenski. Un hombre que ha personificado la improbable transformación de cómico a político, de político a guerrero y de guerrero a líder de proporciones mundiales.

El mismo Zelenski que se ha visto obligado a cerrar, al menos en forma temporal, los medios de información ucranianos. El mandatario declaró que esas medidas eran necesarias para combatir la “desinformación rusa’ y decir la verdad sobre la guerra. Al mismo tiempo, Zelenski congeló las actividades de los 11 partidos políticos del país. Acto seguido, las naciones occidentales que hasta ahora le han dado una sólida y firme ayuda se preguntan si Zelenski está siguiendo un camino que conduce a la dictadura.

La realidad es que las medidas de emergencia fueron adoptadas dentro del contexto de la Ley Marcial de Ucrania. El objetivo fue poner en vigor una política de “información unificada”. Y quede bien claro que Ucrania no es la primera nación que ha suspendido las normas democráticas en tiempos de guerra. Recordemos a algunos de esos tiempos.

En tiempos tan remotos como los de la República Romana—uno de los primeros ejemplos de democracia en el mundo—la dictadura era utilizada únicamente en crisis militares o crisis internas. Eso sí, el poder absoluto del dictador estaba limitado a seis meses. Y siguiendo con Roma, la noche del 11 al 12 de enero de 49 a. C., Julio César se detuvo un instante ante el Río Rubicón atormentado por las dudas. Cruzarlo significaba cometer una ilegalidad: convertirse en enemigo de la República e iniciar la guerra civil. Julio César dio la orden a sus tropas de cruzar el río, pronunciando en latín la frase «alea iacta est» 

Diecisiete siglos más tarde, en los Estados Unidos, George Washington y sus soldados se enfrentaban al despiadado invierno de Valley Forge. Esos hombres estaban enfermos, hambrientos y casi desnudos, pero Washington no se dio por vencido. Después del cruce del Río Delaware en la famosa noche de navidad Washington sorprendió a las tropas hessianas acampadas en Trenton, estado de New Jersey. El triunfo de la batalla de Trenton en 1776 cambió el rumbo de la Guerra de Independencia de los Estados Unidos.

Y durante la Guerra Civil americana el compasivo Abraham Lincoln se vio obligado a tomar medidas drásticas para mantener la integridad de la Unión. El 27 de abril de 1861 Lincoln suspendió el recurso de Habeas Corpus para dar a las autoridades militares el poder necesario con el cual silenciar a los disidentes y simpatizantes del sur que minaban la retaguardia. Y no hay que ser estratega militar para saber que no hay ejército que triunfe con una retaguardia comprometida.

En ese mismo período, hubo dos generales que no esperaron órdenes superiores para imponer sus criterios y lograr victorias militares. La captura del Fuerte Donalson, en Tennessee, por el General Ulises S. Grant fue la victoria de la Unión que abrió el camino hacia la derrota de la Confederación. Ante la solicitud de negociación por los sureños en Donalson, la repuesta de Grant fue lapidaria: “No acepto otra cosa que rendición incondicional.”

William Tecumseh Sherman fue otro general que hizo campañas de tierra calcinada para obligar a los sureños a rendirse y, con ello, poner fin a la terrible masacre. Al final de la campaña, conocida como la Marcha de Sherman hacia el mar, sus tropas capturaron Savannah el 22 de diciembre de 1864. Sherman telegrafió a Lincoln, ofreciéndole la ciudad como regalo de Navidad. Abraham Lincoln—quién confrontaba la posibilidad de perder las elecciones—fue reelecto en 1865.

Sherman fue además un hombre agradecido. Cuando un enemigo de Grant comenzó a atacarlo en su presencia Sherman le ripostó: “El general Grant es un gran general. Lo conozco bien. Él estaba a mi lado cuando yo estaba loco y yo estaba a su lado mientras él estaba borracho, y ahora, señor, estamos uno al lado del otro para siempre."

Al sur del continente, Simón Bolívar—padre de cinco repúblicas americanas—emitió un Decreto de Guerra a Muerte contra los españoles el 15 de junio de 1813 en la ciudad de Trujillo, al oeste de Venezuela. Fue tanta su vocación por la libertad que llegó a enfrentarse a la misma naturaleza. Cuando Caracas fue sacudida por un terremoto el 26 de marzo de 1812, y ante la frustración de los generales de su ejército, Bolívar exclamó a “todo pulmón”: «Si se opone la naturaleza, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca»

Con la misma intensidad luchó por la libertad de mi Cuba añorada y flagelada el General Antonio Maceo y Grajales. En solo 90 días, Maceo y una abigarrada tropa que se limitaba a 1,400 hombres cuando salió de Baraguá, en el oriente de Cuba, muchos de ellos descalzos y mal armados, recorrieron  2,056 kilómetros en setenta y ocho jornadas, sostuvieron 27 combates, ocuparon 22 pueblos y despojaron al enemigo de 2,000 fusiles y 80,000 cartuchos. El 22 de enero de 1896 Maceo llegó a Mantua, el pueblo más occidental de Cuba, en la Provincia de Pinar del Río. Los 200,000 efectivos con que contaba en la Isla en ese momento el Ejército Español no fueron capaces de detener el coraje y el patriotismo del “Titán de Bronce” y su legión de centauros.

Otro general que no se detuvo en convencionalismos y que fue quizás el más vilipendiado durante la Segunda Guerra Mundial fue George S. Patton. Este hombre creía en la reencarnación y decía comunicarse con el “más allá”. Quizás por eso advirtió sobre el peligro del expansionismo soviético. En 1945, al concluir la Segunda Guerra Mundial, dijo: “Quizás nosotros hemos combatido contra el enemigo equivocado (los alemanes). Ahora que estamos en la frontera soviética deberíamos de atacar a estos bastardos. Porque, tarde o temprano, vamos a tener que pelear contra ellos.” La “Guerra Fría” del Siglo XX demostró que las palabras de Patton fueron proféticas. Su advertencia probablemente le costó la vida en un “accidente” automovilístico que todavía no ha sido totalmente aclarado.

Asimismo, en la isla que creo un imperio, Winston Churchill sembró la esperanza y fortaleció la voluntad de sus conciudadanos para repeler la agresión de Hitler. En un discurso ante la Cámara de los Comunes, el 4 de junio de 1940, Churchill hizo despliegue de su vibrante y contagioso optimismo.

En aquel momento de desesperación y terror dijo: “Nosotros no descansaremos ni fracasaremos. Nosotros iremos hasta el final. Nosotros pelearemos en Francia y en los mares y en los océanos; nosotros pelearemos con creciente confianza en los aires. Nosotros defenderemos nuestra Isla al precio que sea necesario; nosotros pelearemos en las playas, en los desembarcos, en los campos, en las calles y en las colinas. Nosotros jamás nos rendiremos”.

Por su parte, Harry Truman ha sido probablemente el Presidente de menos carisma pero con más pantalones de todos los presidentes americanos. Eso le permitió tomar la agonizante decisión de dejar caer la bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki. Esta decisión, controvertida hasta el día de hoy, causó la muerte inmediata de 70,000 japoneses pero, según estimados confiables, salvó la vida de 2 millones de americanos. Proteger a su pueblo es la primera responsabilidad de cualquier presidente. Harry Truman la cumplió a cabalidad.

Volodymyr Zelenski está haciendo lo mismo y en condiciones mucho más difíciles. Ahora, se encuentra en compañía de todos esos hombres de leyenda que he mencionado en este trabajo. Pero Zelesnki no es un guerrerista por vocación sino por necesidad. Antes de la invasión trato de negociar con Putin y éste lo rechazó. No buscaba el peligro pero tampoco lo temía. El oso genocida lo obligó a pelear y él se paró en firme como los valientes, sin alardes ni bravuconerías como el esperpento que tenemos en la Casa Blanca. A todos los efectos prácticos Volodymyr Zelenski se ha convertido en una especie de “padre de la nueva ucrania”. Que Dios lo bendiga y lo cuide, para bien de su patria y símbolo de la libertad en el mundo.

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miércoles, mayo 05, 2021

Es totalmente falso que el Partido Republicano de los EE.UU. dejó de ser el partido de Lincoln para convertirse en el de Jim Crow. ¿Un ejemplo? Votaciones sobre la Ley de los Derechos Civiles de 1964

PragerU
May 22, 2017

Did you know that the Democratic Party defended slavery, started the Civil War, founded the KKK, and fought against every major civil rights act in U.S. history? Watch as Carol Swain, professor of political science at Vanderbilt University, shares the inconvenient history of the Democratic Party.  

The Inconvenient Truth About the Democratic Party



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Apuntes  del Bloguista de Baracutey Cubano  sobre  la Ley de los Derechos Civiles de 1964 o H.R. 7152. CIVIL RIGHTS ACT OF 1964.

El Presidente Abraham Lincoln  era republicano y fue el que abolió la esclavitud en los EE.UU..

EL Ku Klux Klan  tiene sus orígenes en el Partido Demócrata. Pocas personas conocen  la votación para aprobar la Ley de los Derechos Civiles (la igualdad de derecho para negros y otras minorias) en  1964 en los EE.UU.  el 79.53 % de los del Partido Republicano votó afirmativamente mientras que aproximadamente sólo  el 62.70 % de los congresistas  del Partido Demócrata de la Casa de Representantes (House of Representatives)  la aprobó.   Algo interesante es que años antes el Senador demócrata  John F. Kennedy se había opuesto  a una ley similar y años después fue el que la promovió, aunque al ser asesinado John F. Kennedy el que la firmó fue el Presidente demócrata Lyndon . B. Johnson

En los links o enlaces  también  pueden ver las votaciones individuales en la Casa de Representantes y en el Senado  para aprobar la Ley de los Derechos Civiles. En esas votaciones

YEA  significa ,  es decir: voto a favor de la aprobación

NAY  significa NO, es decir: voto en contra de la aprobación del proyecto de ley.

CASA DE REPRESENTANTES

Por el SÍ: 

Repúblicanos:136  DE 289 = 47.06 %

Demócratas:  153 DE 289 = 52.94 %

Por el NO:

Repúblicanos: 35 DE 126 =  27.78 %

Demócratas:   91 DE 126 =  72.22 %


Republicanos que votaron: 136 + 35 =  171

 % de republicanos que votaron por el NO:  20.47 %

 % de republicanos que votaron por el :  79.53 %

Demócratas que votaron: 91 + 153 =  244

% de demócratas  que votaron por el NO:  37.30 %

% de demócratas  que votaron por el SÍ:    62.70 %

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SENADO

Por el SÍ

Repúblicanos: 27 DE 73 =

Demócratas:  46 DE 73 =

Por el NO:

Repúblicanos: 6 DE 27 = 

Demócratas:   21 DE 27 =  

Republicanos que votaron: 27 + 6 = 33

 % de republicanos que votaron por el NO:  18.18 %

 % de republicanos que votaron por el  :   81.82 %

Demócratas que votaron: 46 + 21 =  67

% de demócratas  que votaron por el NO:  31.34 %

% de demócratas  que votaron por el :    68.66 %

CONCLUSIÓN: LOS CONGRESISTAS Y SENADORES DEL PARTIDO REPUBLICANO VOTARÓN PROPORCIONALMENTE MÁS A FAVOR DE LA LEY DE LOS DERECHOS CIVILES DE LOS NEGROS Y OTRAS MINORIAS EN LOS EE.UU. QUE LOS CONGRESISTAS Y SENADORES DEL PARTIDO DEMÓCRATA.

BASTA YA DE MANIPULACIONES Y ENGAÑOS !!

Votación del  Senador Robert  Byrd en contra de la Ley de Los Derechos Civiles:


Hillary Clinton y Joe Biden  con el entonces relevante  miembro del Ku Klux Klan  Senador demócrata Robert Byrd, ya fallecido, quién tenía el alto cargo de Gran Dragón.

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Tomado de https://www.govtrack.us/congress/votes/88-1964/h182
 
VOTACIÓN EN LA CASA DE REPRESENTANTES 
(HOUSE OF REPRESENTATIVES)
H.R. 7152. CIVIL RIGHTS ACT OF 1964. ADOPTION OF A RESOLUTION (H. RES. 789) PROVIDING FOR HOUSE APPROVAL OF THE BILL AS AMENDED BY THE SENATE.

This was the final House vote on the Civil Rights Act of 1964. There was an earlier House vote on the original House bill, prior to a Senate amendment. See also the Senate vote on the Civil Rights Act of 1964.

This vote was related to H.R. 7152 (88th): An Act to enforce the constitutional right to vote, to confer jurisdiction upon the district courts of the United States to provide injunctive relief against discrimination in public accommodations, to authorize the Attorney General to i.



VOTACIÓN EN EL SENADO
(SENATE)
HR. 7152. PASSAGE.

This was the Senate vote on the Civil Rights Act of 1964. See also the final House vote.

This vote was related to H.R. 7152 (88th): An Act to enforce the constitutional right to vote, to confer jurisdiction upon the district courts of the United States to provide injunctive relief against discrimination in public accommodations, to authorize the Attorney General to i.


En el diagrama siguiente los votos demócratas  están en color AZUL (en oscuro los votos a favor; en azul claro los votos en contra). Los votos repúblicanos están en color ROJO (en oscuro los votos a favor; en rojo claro los votos en contra)



Por cierto,  John F. Kennedy había votado en contra cuando no era Presidente  pero  cuando  ya era Presidente  cambió su punto de vista   como se puede verificar en su discurso de  junio  11 de 1963,    después de haberse produccido  una serie de protestas de la comunidad afroamericana, al pedirle a la legislatura que aprobaran esa ley.


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Tomado de http://www.capitalgainsandgames.com

Who Opposed the Civil Rights Act of 1964?


I see that Senate Majority Leader Harry Reid took a swipe at Republicans this morning, comparing them to those who opposed the Civil Rights Act of 1964 for filibustering health reform legislation. It’s worth remembering that the longest filibuster of the 1964 act was conducted by a still-sitting senator, Robert C. Byrd, who personally spoke against the legislation for 14 hours and 13 minutes on June 9 & 10, 1964. Here’s an extract from my book, Wrong on Race: The Democratic Party’s Buried Past, which was published last year.

                 The enormous desire to memorialize the senseless murder of John F. Kennedy, plus Johnson’s determination to demonstrate his power and purge his own racist past by getting a substantive civil rights bill through the Senate, proved a formidable combination. The long filibuster of 1964 was only delaying the inevitable. That all the participants knew this only goes to show how deep their racism was. It’s one thing to engage in a filibuster if there is even a glimmer of hope that something might be salvaged as a result. But serious commitment is required to take such action when one knows that ultimate failure is the only conceivable outcome. This fact should be kept in mind when thinking about people like Senator Robert C. Byrd, Democrat of West Virginia, whose individual filibuster of the 1964 civil rights bill is the second longest in history, taking up eighty-six pages of fine print in the Congressional Record. Only a true believer would ever undertake such a futile effort.

                Even so, one final element was essential to passage of the civil rights bill—the strong support of Republicans. Although Democrats had a historically large majority in the House of Representatives with 259 members to 176 Republicans, almost as many Republicans voted for the civil rights bill as Democrats. The final vote was 290 for the bill and 130 against. Of the “yea” votes, 152 were Democrats and 138 were Republicans. Of the “nay” votes, three-fourths were Democrats. In short, the bill could not have passed without Republican support. As Time Magazine observed, “In one of the most lopsidedly Democratic Houses since the days of F.D.R., Republicans were vital to the passage of a bill for which the Democratic administration means to take full political credit this year.”
    
                A similar story is told in the Senate. On the critical vote to end the filibuster by Southern Democrats, 71 senators voted to invoke cloture. With 67 votes needed, 44 Democrats and 27 Republicans joined together to bring the bill to a final vote. Of those voting “nay,” 80 percent were Democrats, including Robert C. Byrd and former Vice President Al Gore’s father, who was then a senator from Tennessee. Again, it is clear that the civil rights bill would have failed without Republican votes. Close observers of the Senate deliberations recognized that the Republican leader, Senator Everett McKinley Dirksen of Illinois, had done yeoman work in responding to the objections of individual Republicans and holding almost all of them together in support of the bill. “More than any other single individual,” the New York Times acknowledged, “he was responsible for getting the civil rights bill through the Senate.”





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