lunes, marzo 08, 2021

Julio M. Shiling sobre la guerra de la izquierda contra Dios, la ciencia y la razón: La H. R. 5, también conocida como la inexacta “Ley de Igualdad de 2021”, es una de las píldoras suicidas que la izquierda ha dosificado para la República Americana

 
Tomado de https://elamerican.com/

La guerra de la izquierda contra Dios, la ciencia y la razón

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La H. R. 5, también conocida como la inexacta “Ley de Igualdad de 2021”, es una de las píldoras suicidas que la izquierda ha dosificado para la República Americana

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Por Julio M. Shiling

03.06.21

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 un margen de 224 votos a favor y 206 en oposición, delineados según las demarcaciones de los partidos, la Cámara baja de Estados Unidos aprobó el jueves 25 de febrero, la H. R. 5, también conocida como la inexacta “Ley de Igualdad de 2021”. La apariencia retórica de esta propuesta de ley es la de extender el estatus de protección de los “derechos civiles” a los grupos que reclaman la legitimidad legal de la identificación de género convencional y autopercibida, y una descomposición integral y la subsiguiente reinvención del significado del sexo biológico.

La verdad es que la sustancia que subyace en la fachada periférica de este nuevo frente para deconstruir Estados Unidos no tiene nada que ver con la protección de los derechos civiles de la población transgénero y todo que ver con el avance de la Teoría Crítica del neo-marxismo (o marxismo cultural) que expone la Ideología de Género y la Teoría Crítica Queer. 

La metodología para consagrar este intento de hazaña es mediante la modificación de la Ley de Derechos Civiles de 1964 (CRA). Al abolir las comprensiones y clasificaciones antropológicas, científicas, históricas, religiosas, biológicas y naturales del “sexo” y sustituirlo fundamentalmente por una fabricación ideológicamente artificiosa y espuria que se postula cultural y psicoanalíticamente a partir de la readaptación del marxismo, cortesía de la Escuela de Frankfurt y de los filósofos postmodernos, una de las armas más eficaces del socialismo del siglo XXI en su intento de destruir la familia, la religión, la libertad de expresión y la igualdad ante la ley, ha realizado un asalto de cabeza de playa a la democracia americana con la H. R. 5.

La amplia autoridad concedida en los Títulos III, IV, VII y IX de la CRA, si se reinventa la definición de “sexo” y se inserta la “identidad de género” de la manera que les gustaría a sus promotores, con su categorización de primacía y elevada, una cosmovisión de un estilo de vida particular sería introducida en la vida americana y aplicada con rigor autoritario. Esto desnaturalizaría totalmente el propósito de la CRA. En lugar de salvaguardar la igualdad bajo la ley, lo que haría es ordenar legalmente y coser en el tejido legal de la nación, la imposición de los preceptos de la Teoría Crítica.

En otras palabras, la CRA, que en su día fue un baluarte de la protección de los derechos civiles en consonancia con los valores fundacionales de Estados Unidos, sería desmontada y subvertida para incluir la Ideología de Género y la Teoría Crítica Queer del marxismo cultural.

La propuesta de ley errónea o “Ley de Igualdad”, reconstruiría el “sexo” para incluir el “estereotipo sexual”, las “características sexuales”, la “orientación sexual” y la “identidad de género”. En efecto, esto circunscribe la naturaleza, la ciencia, la religión, la ética y la biología, y las reinventa en el molde del neo-marxismo. Esto es coherente con la percepción delirante del posmodernismo de que el conocimiento objetivo no existe y que todo es social y culturalmente construido.

“Identidad de género” significaría, según la H. R. 5, “la identidad relacionada con el género, la apariencia, los manierismos u otras características relacionadas con el género de un individuo, independientemente del sexo designado del individuo al nacer”.

El conjunto de la legislación propuesta pretende imponer a la mayoría de la sociedad, que resulta compartir una cosmovisión común y que es coherente con los valores fundacionales de la nación, un apuntalamiento ideológico que pretende explicar el comportamiento, las preferencias y las visiones convencionales de sí mismos de una minúscula fracción de la población. La Constitución y la CRA ofrecen libertades y protección de los derechos civiles a todos los americanos. No hay necesidad de esta enmienda de interés especial.

Lo que busca la “Ley de Igualdad” es la desigualdad ante la ley, imponiendo un tratamiento especial para las opciones de estilo de vida de unos pocos. De este modo, la legislación propuesta intenta infligir estas ideologías izquierdistas al grueso de los americanos que no se adhieren de forma innata a la transexualidad. Además, la CRA haría que cualquier objeción moral, médica o religiosa a estas postulaciones marxistas culturales fuera castigada penalmente. 

El amplio alcance de la CRA en los ámbitos de las instalaciones públicas (Título III), la educación pública (Título IV) y la educación privada que recibe dinero federal (Título IX), los programas asistidos por el gobierno federal (Título VI), el empleo (privado y público), así como la vivienda (Ley de Vivienda Justa), y el crédito (Ley de Igualdad de Oportunidades de Crédito) (Título VII) aseguraría que la Ideología de Género y la Teoría Crítica Queer se perpetre en todos los aspectos de la vida americana.

Esto es muy peligroso. Ambas premisas ideológicas salen del laboratorio marxista de la Teoría Crítica de la Escuela de Frankfurt, que inyectó extrañas simplificaciones “represivas” freudianas en su hipótesis de conflicto comunista. El resultado es un claro entendimiento, sin ninguna duda, de que destruir el sistema “opresivo” existente es fundamental para sus posibilidades de “liberación”. En términos más claros, la inclusión de los paradigmas del pensamiento marxista subversivos en las leyes de derechos civiles americanas existentes, tendría consecuencias horribles.

La “Ley de Igualdad”, un oxímoron por excelencia, es un frente agresivo y beligerante contra la familia, Dios, la ciencia y todas las cosas positivas que surgieron de la Ilustración, como la democracia. La H. R. 5 es una de las píldoras suicidas que la izquierda ha dosificado para la República Americana. Esperemos que el Senado rechace este intento marxista absurdo y peligroso de fulminar la sociedad.

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sábado, enero 30, 2021

Un régimen postmoderno. Julio M. Shiling: La Presidencia de Biden es el caballo de Troya en el intento del izquierdismo de transformar Estados Unidos


 Un régimen postmoderno.

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La Presidencia de Biden es el caballo de Troya en el intento del izquierdismo de transformar Estados Unidos.

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Por Julio M. Shiling

28 de enero, 2021

Joe Biden es el 46º presidente de Estados Unidos. A diferencia de otros jefes de Gobierno de la nación anteriores, su Administración funcionará más como un régimen que como un Gobierno.

En una democracia, los gobiernos y la sociedad civil desempeñan papeles diferentes. En este momento, instituciones fundamentales como la prensa y sus equivalentes del siglo XXI, las redes sociales, son brazos políticos extendidos del Partido Demócrata en el poder.

Las empresas privadas reflejan en su conducta la regimentación corporativista fascista. Un régimen incluye un Gobierno, pero además, trae consigo un conjunto de instituciones, leyes, rituales, sistemas de creencias y una estructura de poder. Identificar a la Administración Biden como un gobierno simplemente, sería erróneo. Se trata de una presidencia postmoderna.

Para entender y apreciar todas las políticas que emanarán de la Casa Blanca de Biden, la racionalización que hay detrás de ellas y la visión del mundo sobre la que se construye, es primordial tener un poco de información sobre lo que es exactamente el postmodernismo. Básicamente, el postmodernismo es el marco intelectual en el que vivimos actualmente.

Comenzó a extenderse en la década de 1960. Esta visión integral del mundo fue importada de Francia y llegó de lleno con el marxismo alemán de la Escuela de Frankfurt. En esencia, lo que afirma es que la verdad y el conocimiento se construyen principalmente de forma social y no pueden descubrirse de forma objetiva. El postmodernismo afirma que lo que uno cree que es “verdadero”, es estrictamente una función del acuerdo de poder social existente.

Jean-François Lyotard, Michel Foucault y Jacques Derrida son considerados los “padres fundadores” emblemáticos del postmodernismo. Todos ellos eran plenos marxistas. El lenguaje y los conceptos, entendidos en el ámbito de una democracia liberal, carecen de sentido en términos postmodernos. Escribiendo en La condición postmoderna (1979), Lyotard expresó el sentimiento postmodernista del conocimiento y la legitimidad, dos señas de identidad de cualquier configuración de pacto social, con una observación inquietante e incómoda de “una erosión interna del principio de legitimidad del conocimiento”.

Para el postmodernista, la verdad, el conocimiento y los hechos, están determinados estrictamente por los esquemas de poder. En consecuencia, Foucault se expresó así en “Sobre el comienzo de la hermenéutica del yo: dos conferencias en Dartmouth“: “El individuo, con su identidad y sus características, es el producto de una relación de poder ejercida sobre cuerpos, multiplicidades, movimientos, deseos, fuerzas”.

En Posiciones (1981), libro que recoge tres entrevistas de Derrida, el innovador del precepto de la “deconstrucción”, decía que: “No se trata de la coexistencia pacífica de un “vis-a-vis”, sino de una jerarquía violenta. Uno de los dos términos gobierna al otro (axiológicamente, lógicamente, etc.), o tiene la ventaja. Deconstruir la oposición, en primer lugar, es anular la jerarquía en un momento dado”.

El régimen postmodernista emana de la Casa Blanca

Todo lo que Biden ha hecho desde el 20 de enero y lo que hará en adelante, seguirá los estrictos confines de la noción de legitimación del postmodernismo y su creencia definitiva de que Estados Unidos es sistémicamente defectuoso y opresivo, junto con su remedio para la reivindicación de la “justicia social”. La gran conexión entre el postmodernismo y el marxismo es el predominio de este último en la base intelectual del primero

“Joe Biden es el 46º presidente de Estados Unidos. A diferencia de otros jefes de Gobierno de la nación anteriores, su Administración funcionará más como un régimen que como un Gobierno”. (EFE)

La hegemonía cultural, la reificación, la Teoría Crítica y la tolerancia represiva son las postulaciones que guiarán las acciones de esta administración. Las cuatro máximas mencionadas previamente son las que constituyen, lo que se denomina popularmente como, marxismo cultural. El postmodernismo fue el difusor.

A pesar de la falta de pruebas que el racismo, el sexismo, la homofobia, la transfobia y la xenofobia son problemas graves en los Estados Unidos hoy en día, la izquierda ha secuestrado la narrativa, ha alterado los hechos y ha presentado “soluciones” radicales que están en consonancia con las configuraciones del binomio neomarxista (marxismo cultural) opresor/oprimido. El postmodernismo, al relativizar la verdad y relegar el conocimiento a las constricciones sociales percibidas y determinadas por los acuerdos de poder, ha dado a la izquierda la munición para la utilización de la presidencia de Biden para iniciar la “deconstrucción” de Estados Unidos.

Algunos ejemplos de estas medidas dirigidas a los síntomas “identitarios” de la visión del postmodernismo son la disolución por parte de Biden de la Comisión 1776, una junta consultiva de educación concebida con el propósito de promover la historia americana, la conciencia cívica y los valores patrióticos.

En su lugar, la reinserción de la Teoría Crítica de Raza marxista como plan de estudios básico junto con la promoción del Proyecto 1619, una interpretación fraudulenta de la historia americana para adaptarse a la insignia necesaria de la victimización, tan requerida por el dictado marxista. Es importante señalar que la preocupación ya no es de la “igualdad”. Este desenfreno de la “justicia social” se presenta ahora como una batalla por la “equidad”.

La revisión liberalizadora pretendida de la política de inmigración de Estados Unidos, unida a la petición de impulsar las leyes de alzar el salario mínimo, en una época de escasez de mano de obra dada la paralización en una pandemia, es ilógico completamente según las leyes económicas sólidas. Sin embargo, el postmodernismo establece su propia lógica paralela. O como Lyotard lo llamó la “legitimación por paralogía”. La política de la acción empleada por un régimen postmodernista lleva su propia lógica que no tiene nada que ver con la verdad objetiva, el conocimiento o los hechos. 

La Presidencia de Biden es el caballo de Troya en el intento del izquierdismo de transformar Estados Unidos. El postmodernismo explica la lógica general empleada, mientras que el marxismo cultural nos dice cómo van a hacerlo. Los cimientos básicos de una sociedad democrática, como una prensa vibrante y libre, y un sector privado independiente, han capitulado y ahora son operativos orgánicos del nuevo régimen.

Las vías de libertad de expresión y asociación vastas que necesita la democracia se están reduciendo cada día más. El autoritarismo del poder suave se está introduciendo. 

El American © 2021

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El comunista Bernie Sanders le dice al Escuadrón que la elección de Biden es sólo el comienzo

Bernie on What He and the Squad Have in Common



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sábado, marzo 14, 2020

Democracia y la necesidad de fe. Julio M. Shiling aobre las religiones políticas como son el comunismo/socialismo y el fascismo : Sistemas económicos no son suficientes para edificar sociedades virtuosas. Ignoraron la necesidad humana de la fe




Democracia y la necesidad de fe

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  • Sistemas económicos no son suficientes para edificar sociedades virtuosas. Ignoraron la necesidad humana de la fe
  • El comunismo/socialismo, lamentablemente, llenó el vacío social con religiones políticas. Si queremos sociedades libres, hay que rescatar la religión.
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 (Iglesia incendiada. Foto Departamento de Prensa de la Policía del Chubut)

Por Julio M. Shiling
Marzo 11, 2020

Emilio Gentile abundó sobre el concepto de las religiones políticas. El historiador antropológico italiano consideró este fenómeno maligno como el encarnamiento tangible, no de la politización de la religión, sino de la sacralización de un sistema político. El comunismo/socialismo y el fascismo son ejemplos de este mal. Pese a la insistencia de algunos en que las ideologías no tienen ya cabida en estos tiempos, la realidad contradice esa suposición.

Entre las observaciones de Gentile, estaba la identificación de la necesidad innata de los humanos de abrazar una fe. Un repaso histórico, nos confirma la veracidad de este planteamiento. Todos los asentamientos prehistóricos, las civilizaciones, las dinastías, las sociedades tribales y los imperios que recorrieron la panorámica del tiempo desde Egipto faraónico atravesando por Mesopotamia, Asia Menor, China dinástica, la antigua Grecia, el helenismo hasta llegar el ascenso del Imperio romano, sin excluir a América precolombina o África protohistórica, dan evidencia de la existencia de religiones paganas, animistas y sistemas de creencias post terrenales. Los prototipos de gobernanza durante este trecho histórico, podemos catalogar como regímenes no-democráticos.

Sin entrar en profundidades teológicas, el cristianismo y su predecesor genético, el judaísmo, codificaron una serie de valores y principios, que resultaron complementarios con nociones políticas novedosas que se iban gestando intelectualmente y que hoy entendemos como un régimen democrático. La idea de un autogobierno popular, con la maqueta precoz que fue la Carta Magna (1215) formuló las bases: límites al poder político y la defensa de la libertad dentro de un compendio político.

Los preceptos que el cristianismo elevó, como la noción del Pecado Original (falibilidad humana), la existencia de leyes y derechos preminentes (Ley/Derecho Natural), el principio de rendición de cuentas y la primacía de un orden transcendental, culturizó al ciudadano con las herramientas morales y cívicas para poner en función un gobierno democrático. La Ilustración alentó las revoluciones en EE. UU. y Francia en el siglo XVIII. El caso francés tuvo la desgracia del jacobinismo, el primer ensayo político socialista. En EE UU, sin embargo, el ejemplo de una república ejerciendo la democracia, ha probado su durabilidad. ¿Por qué ha funcionado?

No es posible desasociar a EE UU de su fundamentación bíblica. Los colonizadores que llegaron a las costas norteamericanas llegaron buscando a Dios. Las normas mencionadas inherentes en el cristianismo sobre la pecaminosidad del humano, la libertad como un derecho natural, la omnipotencia de Dios y el respeto y temor que esto imparte, condicionó a la sociedad con unos parámetros éticos, de los cuales se pudiera argumentar persuasivamente que Platón consideraría de ser virtuosos.

La Ilustración contenía semillas destructivas también. El papel supremacista que ésta le asignó a la razón, inició un curso largo, lento y lamentable de distanciamiento de la religión, lo espiritual y de una moralidad que estaba formulada mejor para equipar ciudadanos a vivir en una sociedad abierta. Esta corriente racionalista y empirista se concentraría en lo material, la experiencia sensorial, el cientificismo e interpretaciones inmanentes de la vida. El armazón intelectual que salió de la Ilustración, al querer descalificar el orden clásico y medievo, no se percató del impacto que esto tendría. ¿Quién llenó el vació del divorcio pretendido con la religión?

El socialismo fue una de las proles que brotó. Jean-Jacques Rousseau, el precursor intelectual de la cosmovisión socialista, no sólo pregonó que la religión, la familia, la propiedad privada, la cultura existente y sus instituciones eran las barreras que impedían a los humanos alcanzar su estado natural de “perfección”, sino consideraba que una religión secular/atea, sería fundamental para alcanzar la “democracia” rousseauniana. El filósofo suizo pavimentó el camino para que Karl Marx y Friedrich Engels elaboraran una racionalización que resultó engatusadora para generaciones de intelectuales.

Henri de Saint-Simon y Robert Owen, socialistas que precedieron al dúo Marx/Engels, enunciaban al socialismo como una especie de “religión nueva”. Auguste Comte, uno de los discípulos de Saint-Simon, inventó la “religión de la humanidad”, un ofuscamiento abarcando en su estructura, un simulacro material/ateo de la Iglesia católica conteniendo un dogma con adherencia al positivismo, la ciencia y formulada con sus rituales, “sacramentos”, “cleros”, “pontífices” y una veneración a un “ser supremo” que sería la humanidad. Thomas Huxley, el biólogo y antropólogo inglés, se refirió a eso como “catolicismo sin cristianismo”. Marx en el desarrollo cíclico de su materialismo histórico, desplegó una similitud a los episodios que encontramos en el “Libro de Daniel” del Antiguo Testamento.

En la obra Les systèmes socialistes (1901), Vilfredo Pareto se refirió al socialismo como “la gran religión de los tiempos modernos”. El economista y sociólogo italiano, recogía en su entendimiento una visión intelectual y emocional que, en la praxis, persiste hasta el día de hoy. Esto se debe a que la idea del comunismo/socialismo siempre fue un sistema de creencias que cacareaba un inmanentismo fundamentalista. Esto ha sido el caso, antes y después del reemplazo de la cultura, como el motor determinante del cambio. Los fundamentos de Antonio Gramsci y el Colegio de Frankfurt salieron victoriosos en esa batalla.

Hoy la contracultura, ese producto de la obra gramsciana y la aplicación de los comunistas alemanes (Colegio de Frankfurt) lo llamamos marxismo cultural. La reformulación conceptual de las relaciones de producción y la alienación (piezas claves del canon marxista) ha facilitado la dispersión del marxismo cultural por frentes de pantalla como son la ideología de género, la ecología política, el feminismo radical, el abortismo, la inmigración en masa y el multiculturalismo, entre otros. Estos tentáculos operativos existen como religiones políticas y no como movimientos de protesta.

El liberalismo, la otra ideología predominante de la Ilustración, también se divorció de la religión. La priorización liberal en el método científico, la noción de la tabula rasa y la negación de todo entendimiento fuera de lo sensorial y la experiencia humana, exilió el orden transcendental. Sí, produjo el capitalismo, pero sistemas económicos no son suficientes para edificar sociedades virtuosas. Ignoraron la necesidad humana de la fe. El comunismo/socialismo, lamentablemente, llenó ese vacío social con religiones políticas. Si queremos sociedades libres, hay que rescatar la religión.


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