miércoles, mayo 01, 2024

Calixto Campos Corona: LA VERDAD SOBRE EL 1 DE MAYO COMO EL DÍA DE LOS TRABAJADORES. José Martí sobre los hechos sangrientos en Chicago y el proceso de los siete anarquistas condenados a muerte

 DE LOS ARCHIVOS DE BLOG BARACUTEY CUBANO


PRIMERO DE MAYO: ¿FESTIVIDAD MARXISTA O DÍA DEL TRABAJO?


Por Dr. Alberto Roteta Dorado.
1 de mayo de 2020

Santa Cruz de Tenerife. España.- Los partidistas cubanos – sin que sea necesario explicar de qué partidismo se trata, toda vez que solo se reconoce un partido único de manera oficial– han de sentirse frustrados ante la suspensión de los tradicionales actos por el día primero de mayo, algo de lo que han hecho una fiesta demasiado teatralizada como para poder creer que ese “mar de trabajadores” acude a la cita por su plena voluntad, al menos así debe ser para aquellos que no han perdido la capacidad de pensar y analizar dejando a un lado la maligna influencia de aquellos encargados de manipular el pensamiento de las “masas”. 

La presencia de una pandemia, cuyos males hacen estragos por doquier, sin distinción de razas y credos, culturas e ideologías, posición social y tenencias materiales, ha determinado que la mayoría de los países del mundo suspendieran las grandes concentraciones de personas por el elevado riesgo de contagiarse por un misterioso virus que en breve tiempo se ha expandido por todo el planeta. 

Hubiera sido el colmo que el régimen de La Habana, en su empeño por hacer perdurar lo que ya no tiene existencia, convocara masivamente a sus trabajadores – porque sin duda, son suyos ante la total ausencia de libertades que reina en la isla caribeña desde hace más de medio siglo–, aunque como todos conocen del comunismo puede esperarse cualquier cosa por muy incoherente y absurda que sea. En todo este tiempo han dado múltiples pruebas que demuestran lo que expongo.  

Como sustitución de la habitual concentración de cubanos en todas las plazas, avenidas y parques, desde la capital de la isla hasta el más remoto pueblo campestre, el régimen castrista se encargó de diseñar una serie de “acciones estratégicas” utilizando las llamadas redes sociales – la principal herramienta en estos tiempos de confinamiento–. De ahí que hoy han estado muy atareados sus “acólitos”, quienes obligados a obedecerlos hasta el fin de sus días, se encargan de publicar sus obsoletas consignas, de mostrar los barrios con banderas e himnos, de repetir una vez más los considerados “logros” de una revolución que dejó de serlo hace un buen tiempo, de recordar a quienes deben absoluta obediencia que han de estar eternamente agradecidos por unas “bondades” que solo ellos pueden creer – si es que en realidad dan sentido de credibilidad a su demoníaco discurso–.   
  
De cualquier modo, y de manera general en el mundo ya no se celebra con tanta intensidad el primero de mayo, por cuanto, muchos de los objetivos que se proponían los trabajadores en un pasado no tan distante, actualmente se suelen negociar y alcanzar sus logros y propósitos a través de acciones concretas de diálogos y legislaciones, por lo que la festividad va quedando un tanto en el olvido y su evocación resulta mucho más simbólica que práctica en muchos sitios del orbe en los que las pancartas, consignas y marchas han cedido su paso a nuevos métodos de reclamo y propuestas prácticas que puedan beneficiar no solo a proletarios obreros –como en el pasado–, sino a multitudes de hombres, incluyendo empresarios y directivos; y es justo en este punto que la teatralización de la festividad cubana no tiene límites toda vez que allí todo es “gloria y beneplácito”, sus trabajadores – unos de los más explotados, reprimidos y mal pagados del mundo– no tienen nada que reclamar; lejos de cualquier actitud de reclamo surgen consignas de alabanza a su mal llamada revolución, a las múltiples victorias, y como es de esperar, al viejo comandante, por suerte, ya no está presente en el reino de este mundo. 

Esto origina una reacción de rechazo por parte de las propias multitudes que acuden tras la apariencia de una voluntariedad, que como es sabido no es real. Al final unos lo hacen de modo mecánico arrastrados por los efectos devastadores del excesivo adoctrinamiento, otros por el que dirán, otros ante el temor que reina por doquier, y si acaso una exigua minoría que aun le sigue los pasos al castrismo.  

Sin embargo, el día de los trabajadores, o del trabajo, es una de las fechas más universales si consideramos que una gran cantidad de países del mundo, más allá de sus ideologías, creencias, posición política, desarrollo económico, etc., la conmemoran, reservándome el término celebración, que en realidad es correcto para una convocatoria de esta naturaleza, por lo polémico que pudiera resultar si consideramos que su origen está en relación con protestas que culminaron de manera sangrienta con la ejecución de varios líderes proletarios en 1886, en la ciudad de Chicago. 

Está de más detenerme a explicar que la utilización del término proletarios* –independientemente de que los lectores lo asocien inmediatamente a las tendencias marxistas, a Karl Marx, al izquierdismo socialista, a la Internacional Comunista, o a cualquier otro elemento de esta naturaleza– es correcta, y esto no me hace simpatizante del socialismo, sino conocedor de un significado que hemos olvidado, o mejor aún, hemos estigmatizado erróneamente a partir de la posesión que el socialista alemán Carlos Marx asumió del término al vincularlo al sistema capitalista, en el cual los obreros, esto es, los proletarios, según sus concepciones teóricas, al no disponer de los medios de producción se ven forzados a vender su fuerza de trabajo a la burguesía, la clase empleadora; con lo que acuñó la idea del proletariado y su verdadera definición a la oposición entre dos clases sociales antagónicas: la burguesía y el proletariado.  

Con la incursión de los preceptos marxistas la tenida del primero de mayo adquirió un matiz demasiado politizado y estigmatizado, con lo que se dejaba a un lado la evocación a  Albert Parsons, Adolph Fischer, August Spies, George Engels y Oscar Neebe, quienes fueron ejecutados tras los trágicos sucesos de aquel primero de mayo de 1886 en Chicago, donde los agentes policiales arremetieron contra una multitud de hombres que reclamaban derechos laborales y entre los que además de los líderes antes mencionados se encontraban Louis Ling, quien se suicidó en prisión, y Samuel Fielden y Michael Schwab, a quienes se les conmutó la pena de muerte por cadena perpetua; conocidos más tarde como los Mártires de Chicago – a los hechos del último de los días de protesta se le recuerda como la revuelta de Haymarket–, a los que en el presente apenas se les recuerda, no solo en Cuba, la nación donde únicamente se predican los “inmensos logros” de su “socialismo sostenible”, sino de manera general en un mundo demasiado inmerso en la superficialidad y el sensacionalismo como para estar recordando a aquellos que sentaron las bases para lo que hoy conocemos como el día de los trabajadores. 

No es menos cierto que los movimientos socialistas han tenido a través de los años una participación muy activa en relación con esta festividad, a la que se le seguirá asociando, al parecer inevitablemente, con las corrientes de este tipo. El hecho de que la exigencia de una jornada de trabajo no superior a las ocho horas fuera propuesta veinte años antes de los hechos de Haymarket por el Congreso de la Internacional celebrado en Ginebra en 1866, y repetido en 1889 por el Congreso Obrero de París, ha sido el elemento que con mayor fuerza permite establecer los lazos entre el día del trabajo y las demandas de los socialistas que Federico Engels se encargó de ensalzar en el prefacio de 1890 a El Manifiesto Comunista, documento en el que menciona fuerzas del proletariado, ejército de proletarios, y retoma la célebre frase “proletarios de todos los países están unidos”, (así como la he escrito literalmente) que en realidad no le pertenece ni a él, ni a Marx como se cree, sino al también alemán Karl Shapper: “Proletarier aller Länder, vereinigt euch!” **

Y así las cosas, y aunque los llamados proletarios desconozcan estos elementos que antes he expuesto, el primero de mayo, tal y como se percibe en la actualidad en aquellas naciones donde se reúnen quienes trabajan de manera tradicional, y sin mucho entusiasmo, es una celebración que huele demasiado a socialismo, a marxismo, a izquierdismo, y por qué no, al oportunismo inherente a aquellos que se empeñan en defender el diabólico engendro marxista.  
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*El origen del término proletario se remonta a la antigua Roma, cuando no se habían establecido pautas socialistas, ni se había hecho referencia a esta tendencia, exceptuando la posibilidad de algunas ideas de Platón que se pudieran relacionar con esta modalidad de sistema, algo que no deja de ser una simple especulación. En Roma los proletarios, del latín proletarius, eran los integrantes de la clase social más baja, los carentes de propiedad, que solo eran vistos como gente generadora de proles, o sea, de hijos, quienes pasaban más tarde a formar el ejército imperial.
**Frase original en alemán que puede traducirse como “proletarios de todos los países uníos”, ahora como una exhortación y no como una referencia como la escribiera Engels en El Manifiesto Comunista.
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Nota del Bloguista de Baracutey Cubano


El filósofo  y ex comunista, Antonio Escohotado habla sobre la figura de Karl Marx

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LA VERDAD SOBRE EL 1 DE MAYO COMO EL DÍA DE LOS TRABAJADORES

Por Calixto Campos Corona
Director de la Revista LUX
28 DE MAYO DE 2016


Policías asesinados por bomba detonada por anarco-comunistas en Chicago


Uno de los fraudes más grandes del comunismo ha sido sobre la fecha del primero de mayo, el mal llamado Día de los Trabajadores.

En la ciudad de Chicago no hubo ningún trabajador muerto. El día 4 de mayo los trabajadores de una fábrica hicieron una manifestación en demanda justa de la jornada de 8 horas. La policía, al formarse disturbios –podemos pensar que un grupúsculo que pasaron a desór­denes– y la policía intervino violentamente después que un grupito lanzó una bomba por la cual murieron cuatro policía y alrededor de siete resultaron heridos. Fueron apresados por la fuerza pública cinco revoltosos, que no por casualidad eran anarquistas y comunistas. Fueron solo cinco los detenidos y semanas después condenados a la horca. Cuatro de los revoltosos eran alemanes, solo uno era norteame­ricano. Uno de ellos se ahorcó en la cárcel. Los restantes fueron ahorcados públicamente.

Como verán, la historia que hacen los comunistas del 1ro. de mayo es falsa, el 1ro. de mayo no pasó nada; no hubo trabajadores muertos; lo del 1ro. de mayo, como es costumbre, los comunistas falseando la verdad.

Llevamos años el Dr. Luis Conte Agüero y la Federación Eléctrica acabando con esa falsa fecha. Pero sí proponemos para la futura fecha de los trabajadores cubanos, el 18 de enero de 1961, cuando tres traba­jadores eléctricos fueron fusilados por el castrismo.

Estos sí son mártires, los del 18 de enero de 1961: Willam Le Santé. Orilio Méndez y Julio Casielles.

El desfile de la firma Chanel en el Prado de La Habana, con todas sus riquezas y sus bellas vestimentas, es una afrenta al pobre pueblo cubano con sus despojos y sus pobres vestimentas. O sea, un choteo ante la miseria del pueblo.

En opinión del Wall Street Journal, la reanudación de relaciones de la administración de Obama con el régimen de los Castro, solo favorece al gobierno cubano.

Halliburton, uno de los mayores contratistas del mundo de campos petrolíferos, fue sancionado por negociar con el gobierno cubano.

Nunca nos atrevemos a opinar sobre la política de Estados Unidos, pero en esta ocasión creemos que el fenómeno Trump se debe a que el pueblo americano está cansado de sus políticos. Por eso la gran acogida al Sr. Trump.

Al principio de la revolución cubana, el dictador Castro dijo que los futuros gobernantes cubanos no permitirían que los viejos se perpetúen en el poder. No lo ha cumplido. Solo los jóvenes pueden encaminar por senderos de progreso y grandeza un país. ¡Demos paso a los jóvenes!


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Video del año 2009: Cuba: Libertad y Sindicalismo

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La vida poco «comunista» de Karl Marx: criadas, deudas y despilfarro de dinero en alcohol y burdeles

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El comportamiento del pensador que clamó contra la opresión y defendió a las clases obreras más desprotegidas fue muy poco coherente con las ideas que desarrolló
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Por I. Viana
Madrid
29/09/2019

Karl Marx es el pensador que, posiblemente, más ha influido en la historia y la política de los dos últimos siglos, imprescindible para configurar el mundo tal y como lo conocemos hoy. Su obra es la responsable del surgimiento de ideologías tan importantes como el comunismo y el socialismo, que dio lugar a regímenes dominantes y longevos como la URSS de Lenin y Stalin, la China de Mao Tse Tung, la Cuba de Fidel Castro, la Camboya de Pol Pot, la Rumanía de Ceausescu o la Yugoslavia de Tito.

Desde su muerte, obviamente, se ha hablado y escrito mucho sobre sus ideas, pero no tanto sobre si estas han sido coherentes con la propia vida de su autor. Resulta chocante pensar que el hombre que se alzó contra los obreros esclavizados e introdujo conceptos como la lucha de clases, la dictadura del proletariado y la importancia del trabajo llevara una vida de burgués y fuera, durante su juventud, un estudiante aficionado a los burdeles, las borracheras y los suspensos. Esa otra parte de su vida la recogen Malcolm Otero y Santi Giménez en «El club de los execrables» (Penguin Random House, 2018), donde cuentan el lado oscuro de otros de los personajes más idolatrados de la humanidad, como Churchill, Chaplin, Picasso, Hitchcock o Einstein.

El de Marx tiene lo suyo. No hay más que ver dónde gastó su estancia en la Universidad de Bonn, muy lejos de las aulas. Se unió al Club de la Taberna de Tréveris, una asociación de bebedores de la que llegó a ser su presidente. Allí malgastó sus primeros meses con unos compañeros de batallas que, encima, le describían como un juerguista violento e infiel, muy poco preocupado por su formación. La situación tocó fondo cuando, en el primer semestre de 1836, las autoridades universitarias lo expulsaron por «desorden nocturno en la vía pública y embriaguez».

La solución de la familia Marx, una familia de clase media acomodada, fue matricularle en Derecho por la Universidad Humboldt de Berlín y tampoco le fue muy bien. Sus estudios en leyes no le interesaron mucho (o nada), pero allí por lo menos comenzó a desarrollar su querencia hacia las ideas filosóficas de los jóvenes hegelianos. Finalmente se doctoró en la Universidad de Jena —conocida en el ámbito académico como un centro donde se conseguían títulos con relativa facilidad— con una tesis sobre el materialismo de Demócrito y Epicuro.

«Más que los jóvenes millonarios»

Marx nunca llegó a sentar la cabeza del todo. Durante su estancia en la Universidad de Berlín, donde pasó cuatro años y medio, fue encarcelado por alboroto y embriaguez y, además, fue acusado de llevar armas no permitidas. Llegó incluso a batirse en duelo y en el diploma que se le extendió la institución constaba que había sido denunciado en varias ocasiones por no saldar debidamente sus deudas económicas. En aquella época fue frecuente que su padre le llamase la atención por el mal uso que hacía del dinero que la familia le enviaba para su manutención.

(Karl Marx, junto a su mujer, en 1869 - ABC)

Prueba de ello es la carta que este le manda preguntándole por cómo era posible que, durante el primer año en la capital alemana, se gastara 700 tárelos, tres o cuatro veces más que cualquier otro estudiante de su edad. «Más que los jóvenes millonarios», le decía este. Era casi lo que ganaba un concejal del ayuntamiento de Berlín. «A veces me hago a mí mismo amargos reproches por haberte aflojado demasiado la bolsa y he aquí el resultado: corre el cuarto mes del año judicial y tú ya has gastado 280 táleros. Yo no he ganado todavía esa cantidad durante todo el invierno», añadía su padre en otra carta recogida por Antonio Cruz en « Sociología: una desmitificación» (Clie, 2002).

Después de aquello, Marx se volcó en el periodismo. Se trasladó a la ciudad de Colonia en 1842 y comenzó a escribir para el periódico radical «Gaceta Renana». Allí expresó libremente unas opiniones cada vez más socialistas sobre la política, junto a unos compañeros de trabajo que le describían como un hombre dominante, impetuoso, apasionado y con una confianza sobredimensionada en sí mismo.

Matrimonio aristócrata

El pensador alemán ya se había casado con Jenny von Westphalen, una baronesa de la clase dirigente prusiana que rompió su compromiso con un joven alférez aristocrático para estar con él. Otra cosa es que Marx le correspondiera con es debido. Lo primero que hizo este fue pedirle que pagara las deudas que había contraído de sus de juergas y afición a las prostitutas. Y ni aún así detuvo sus excesos. La dote de su esposa se esfumó rápidamente. En la misma noche de bodas perdió una buena parte del dinero que le había regalado su suegra.

Obviamente, no se habló de estas cosas cuando, en mayo, un manuscrito del pensador alemán fue vendido por 523.000 dólares en una subasta celebrada en Pekín. Más de 1.250 páginas de notas que el filósofo de Tréveris produjo en Londres, entre septiembre de 1860 y agosto de 1863, como preparación para su obra cumbre, « El Capital», base de la ideología comunista. Fue precisamente durante su estancia en la capital británica, y mientras su propia familia sufría calamidades, cuando se pulió su propia herencia a base de borracheras.

Durante esos años, Marx y su familia tuvieron que sobrevivir de las pequeñas ayudas que les brindaba su suegra millonaria y sus amigos. El propio Friedrich Engel, con quien el filósofo alemán escribió su famoso « Manifiesto comunista» en 1848, tuvo que regalarles una casa. Y a pesar de ello, no consiguió que llegara a su hogar la estabilidad económica que tanto ansiaban su mujer y sus hijos. Él mismo lo confiesa en una carta a su amigo, en la que reconoce que, a pesar de no tener que pagar ningún alquiler, sus deudas no paran de crecer. Esto no impidió que Marx veraneara en los mejores balnearios ni que mandara a sus hijas a estudiar piano, idiomas, dibujo y clases de buenas maneras con los mejores profesores de Londres. Todo ello, claro, pagado por Engels.

Un yerno de «mala» familia

Resulta sorprendente igualmente que el famoso pensador socialista, promotor de la lucha de clases, llegara a escribir otra carta en la que expresaba sus dudas sobre el marido de una de estas hijas. La razón: no tenía claro que fuera de buena familia. Una actitud no muy propia de alguien que pregonaba contra la opresión y defendía a las clases obreras más desprotegidas y desfavorecidas.

Otra dato curioso es que, a pesar de las penurias económicas que arrastró, el autor del «Manifiesto comunista» tuvo una criada trabajando en su casa durante toda su vida. Su nombre era Helene Demuth y servía a familias ricas desde los diez años. Después de pasar por varias mansiones llegó a la de la baronesa Westphalen, la suegra de Marx. Cuando la hija de esta se casó con el pensador, les regaló a su sirvienta, que tuvo que seguir al matrimonio hasta París y Londres aunque solo hablaba alemán.

Por su trabajo, Karl Marx no la pagaba ni un solo céntimo, a pesar que se encargaba de las tareas domésticas, de cuidar a sus siete hijos y de administrar los pocos recursos de la familia. Y por si no fuera poco, el filósofo mantuvo con ella una relación extramatrimonial. En 1850 dejó embarazada a su mujer y, aprovechando un viaje de esta a Holanda para conseguir fondos para la causa marxista, también a su criada. Él no lo reconoció, hasta el mundo de que le dijo a  esposa que el padre era su amigo Engels. Hasta le puso el nombre de su colaborador.

(Marx, en 1875 - ABC)

A causa de esto, la mujer de Marx no podía ver a Engels. Marx mantuvo la mentira durante un tiempo, pidiéndole a su esposa que no le recriminara nada a su amigo, que no solo le regaló un piso, sino que asumió una paternidad que no le correspondíaY cuando la señora von Westphalen por fin conoció la verdad, aquello se convirtió en una especie de herida familiar silenciada para los restos. «No se hablaba del asunto, en parte porque el hecho les parecía escandaloso a la luz de la moral burguesa imperante en la época, y en parte porque no se ajustaba a los rasgos heroicos e idílicos propios de un ídolo de las masas. Se borraron, pues, todas las huellas de ese hijo y, sólo la casualidad, preservó de la destrucción una carta que aclaraba el asunto», escribió el filósofo alemán Hans Blumenberg, en «Karl Marx en documentos propios y testimonios gráficos» (Salvat 1984).

Pero ahí no acabaron las andanzas del fundador del comunismo. Además de su afición por los prostíbulos londinenses, cuentan Otero y Giménez que, mientras su mujer estaba convaleciente con varicela, intentó abusar de su sobrina. Todo ello mientras su familia sufría un revés tras otro. De sus siete hijos, solo consiguieron sobrevivir tres hijas. Y de estas, una murió de cáncer a los 38 años y las otras dos se suicidaron. Una de ellas, Laura, lo hizo junto con a su marido, Paul Lafargue, uno de los introductores del marxismo en España y autor del famoso «El derecho a la pereza». Habían pactado hace años ya que se quitarían la vida cuando su salud no les permitiera mantener su independencia vital y lo cumplieron pasados los 60 años. La otra, Eleanor, se envenenó a los 43 al descubrir que su compañero, el socialista Edward Aveling, se había casado en secreto con una amante.

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Nota  del Bloguista de Baracutey Cubano

José Martí  en esta carta al Director del diario argentino La Nación, para el cual en esa época  escribía frecuentemente y muy bien remunerado,  escribe sobre los hechos ocurridos en   Chicago,  pero un año  después, Noviembre 13, 1887,   escribe  también para La Nación  algo muy diferente y mucho más largo sobre la ejecución de los supuestos mártires de Chicago, el cual pueden leer  haciendo clicl AQUÍ. 

El proceso de los siete anarquistas de Chicago

Terroristas de Chicago

Nueva York, septiembre 2 de 1886
Señor Director de La Nación

Aquellos anarquistas que en la huelga de la primavera lanzaron sobre los policías de Chicago una bomba que mató a siete de ellos, y huyeron luego a las casas donde fabrican sus aparatos mortíferos, a los túneles donde enseñan a sus afiliados a manejar las armas, y a untar de ácido prúsico, para que maten más seguramente, los puñales de hoja acanalada; aquellos que construyeron la bomba, que convocaron a los trabajadores a las armas, que llevaron cargado el proyectil a la junta pública, que excitaron a la matanza y el saqueo, que acercaron el fósforo encendido a la mecha de la bomba, que la arrojaron con sus manos sobre los policías, y sacaron luego a la ventana de su imprenta una bandera roja; aquellos siete alemanes, meras bocas por donde ha venido a vaciarse sobre América el odio febril acumulado durante siglos europeos en la gente obrera; aquellos míseros, incapaces de llevar sobre su razón floja el peso peligroso y enorme de la justicia, que en sus horas de ira enciende siempre a la vez, según la fuerza de las almas en que arraiga, apóstoles y criminales; aquéllos han sido condenados, en Chicago, a muerte en la horca.

Tres de ellos ni entendían siquiera la lengua en que los condenaban. El que hizo la bomba, no llevaba más que unos nueve meses de pisar esta tierra que quería ver en ruinas.

Uno solo de los siete casado con una mulata que no llora, es norteamericano, y hermano de un general de ejército: los demás han traído de Alemania cargado el pecho de odio.


Desde que llegaron, se pusieron a preparar la manera mejor de destruir. Reunían pequeñas sumas de dinero; alquilaban casas para hacer experimentos; rellenaban de fulmicoton trozos pequeños de cañería de gas: iban de noche con sus novias y mujeres por los lugares abandonados de la costa a ver cómo volaban con esta bomba cómoda los cascos de barco: imprimían libros en que se enseña la manera fácil de hacer en la casa propia los proyectiles de matar: se atraían con sus discursos ardientes la voluntad de los miembros más malignos, adoloridos y obtusos de los gremios de trabajadores: “pudrían,–dice el abogado,–como el vómito del buitre, todo aquello a que alcanzaba su sombra”.

Aconsejaban los bárbaros remedios imaginados en los países donde los que padecen no tienen palabra ni voto, aquí, donde el más infeliz tiene en la boca la palabra libre que denuncia la maldad, y en la mano el voto que hace la ley que ha de volcarla: al favor de su lengua extranjera, y de las leyes mismas que desatendían ciegamente, llegaron a tener masas de afiliados en las ciudades que emplean mucha gente alemana: en Nueva York, en Milwaukee, en Chicago.
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martes, febrero 23, 2021

Video: Cómo el espectro del comunismo rige nuestro mundo. Episodio.1 Introducción

 



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The Epoch Times en español

 Febrero 21, 2021

Cómo el espectro del comunismo rige nuestro mundo | 

Ep.1 Introducción 


A pesar de que los regímenes comunistas de Europa del Este se desintegraron, el espectro perverso del comunismo no ha desaparecido. El colapso de los regímenes comunistas de la Unión Soviética y Europa del Este marcó el fin de medio siglo de Guerra Fría entre el ala capitalista y la comunista en Oriente y Occidente. En ese momento, muchos fueron optimistas, creyendo que el comunismo se había convertido en una reliquia del pasado.

No obstante, la triste verdad es que una ideología comunista metamorfoseada se arraigó y atrincheró por todo el mundo. Están los regímenes abiertamente comunistas como China, Corea del Norte, Cuba y Vietnam; está Europa del Este, donde la ideología y las costumbres comunistas aún ejercen una influencia significativa; están los países africanos y sudamericanos, que intentan el socialismo bajo la bandera de la democracia y el republicanismo. Luego están las naciones de Europa y Norteamérica, que se han convertido en anfitriones de influencias comunistas sin que la gente sea consciente de ello.

El comunismo engendra guerra, hambruna, matanza y tiranía. Estos en sí mismos son lo suficientemente aterradores, pero el daño infligido por el comunismo va mucho más allá. Es cada vez más claro para muchos que, a diferencia de cualquier otro sistema en la historia, el comunismo declara la guerra a la humanidad misma, incluidos los valores humanos y la dignidad humana. 

¿Cuál es la naturaleza del comunismo? ¿Cuál es su objetivo? ¿Por qué toma a la humanidad como su enemigo? ¿Cómo podemos escapar de él? 

#EspectroDelComunismo​ #Comunismo​ #PartidoComunistaChino​ #NueveComentarios​

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NTD ha producido una serie especial de televisión adaptada del libro "Cómo el espectro del comunismo rige nuestro mundo", del equipo editorial de "Nueve comentarios sobre el Partido Comunista" de The Epoch Times.

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miércoles, febrero 17, 2021

Alberto Roteta Dorado: MARXISMO-LENINISMO, EL VERDADERO OPIO DE LOS HOMBRES.

MARXISMO-LENINISMO, EL VERDADERO OPIO DE LOS HOMBRES. 


Por  Dr. Alberto Roteta Dorado. 

17 de febrero, 2021

Santa Cruz de Tenerife. España.- Los regímenes comunistas no solo han destruido las economías de las naciones donde se han impuesto; sino que han sido capaces de manipular el pensamiento individual creando así una modalidad colectiva, esto es, una uniformidad aplicable al pensamiento y a la expresión, lo que representa la extensión del totalitarismo sociopolítico a la esfera intelectual de los hombres. 

El atraso del grupo de naciones de Europa Oriental y Central, en las que se impuso el comunismo por los soviets, respecto al resto de los países de esta región en su parte occidental así lo demuestra. Si alguien pone en duda la afirmación generalizada de lo expongo le invito a que mencione un solo país de los otrora socialistas de esta región que se destacara desde el punto de vista económico durante los largos años en que fueron víctimas del peor engendro sociopolítico de estos tiempos: el comunismo.  

En Cuba, la isla caribeña en la que se proclamó por la fuerza esta modalidad de sistema social y modelo económico, una vez que Fidel Castro asumiera el poder en 1959, sucedió algo similar, esto es, el deterioro progresivo de su economía. Recordemos que Cuba estaba, antes de 1959, en la cabecera de los países del continente americano al mostrar uno de los mayores desarrollos económicos, algo que se fue revirtiendo de manera progresiva, aunque brusca al propio tiempo, desde los años iniciales de la llamada revolución cubana.  

Retomando la idea de la destrucción no limitada a la esfera económica y social es necesario precisar que el régimen castrista, cuyas primeras trastadas en este sentido se remontan a los inicios de la década del sesenta del pasado siglo XX – con la declaración forzada e impuesta del carácter socialista de su nuevo sistema político– se ocupó de establecer como forma oficial de filosofía  la modalidad conocida como filosofía marxista, a lo que, siguiendo el patrón de los cánones de la desaparecida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), añadieron el calificativo de leninista. De esta forma la filosofía marxista-leninista centralizó el poderío del pensamiento analítico, el cual, como era de esperar dejó de ser analítico y especulativo – como lo exige la reflexión filosófica de la verdadera filosofía– para convertirse en dogmático.

A partir de este momento se discriminó sobremanera a los exponentes de la verdadera filosofía, toda vez que no seguían los moldes rígidos del llamado enfoque marxista. Los textos, ensayos, investigaciones y recopilaciones que a través de la primeras décadas del siglo XX habían conformado la bibliografía filosófica de las universidades de Cuba fueron sustituidos por los ridículos manuales procedentes de la URSS con una fuerte dosis de absurdas hipótesis defensivas de un socialismo que se presentaba como la salvación de la humanidad, amén de la malvada imposición de un acérrimo materialismo, tal como se suponía fuera expuesto y defendido por Karl Marx en sus kilométricas obras. 

Y digo como se supone que Marx, por cuanto, lo que se presentaba a los estudiantes de la filosofía marxista eran los manuales soviéticos en los que se citaba a Marx y en menor medida a Engels, pero solo como citas referenciales, independientemente que las obras de estos pensadores estaban en las bibliotecas y se vendían por precios módicos en todas las librerías de Cuba, a falta de los textos clásicos de los investigadores del patio como Jorge Mañach, Medardo Vitier, Carlos González Palacios, Luis Rodríguez Embil, entre otros, cuyas obras desaparecieron inmediatamente para evitar que fueran consultadas, toda vez que carecían del exigido enfoque marxista, devenido en lo adelante como el paradigma exclusivo de la investigación.  

No obstante, el rechazo generalizado a la nueva forma impuesta como única posibilidad se expresa en la indiferencia de la mayoría de los estudiantes, quienes saturados de las leyes del desarrollo, las unidades y luchas de contrarios, la negación de la negación o cualquier otro absurdo marxista se limitaban a aprender de memoria lo que se decía que decía Marx en los sintetizados manuales soviéticos.  

Todo lo que les estaba permitido se limitaba a lo que Marx y Engels dijeron de los grandes filósofos – que bajo el lente justiciero del primero dejaron de ser grandes– y analizaron de sus obras – siempre llenas de errores, inconsistencias y limitaciones al no dar solución, según Marx, a los males de la sociedad por la división clasista, la acumulación del capital, etc.–, con lo que se limitaba o impedía el estudio directo de la enseñanza de los grandes filósofos clásicos de todos los tiempos, los que se estudian en el mundo entero, excepto en naciones cuyos regímenes totalitarios se encargan de decidir lo que se debe y lo que no se debe estudiar y aprender. 

Pero los comunistas cubanos fueron más lejos y establecieron no solo la filosofía marxista-leninista como forma oficial de filosofía en la enseñanza cubana, sino que exigieron que todas las investigaciones científicas, históricas, culturales, antropológicas, etc. tuvieran el denominado enfoque marxista, lo que, sin duda, pasó de ser un absurdo a una aberración: no hay idea más disparatada que la exigencia de un enfoque marxista en una investigación de física, de química, o de medicina. El materialismo, devenido en estandarte, cual experimental engendro monstruoso, se fue adueñando del pensamiento de los hombres, los que, luego de un sofisticado adoctrinamiento, estaban listos para negar a Dios, para exponer los trabalenguas de las leyes de la dialéctica y de las categorías filosóficas, y sobre todas las cosas, a no pensar por sí mismos. 

El gran vacío de los profesionales cubanos, independientemente a la pérdida del rigor y a la decadencia de la enseñanza, está dado por el total desconocimiento de la filosofía. No hubo opciones, no tuvieron derecho a elegir. Era la filosofía marxista si o si. Esto los llevó a tener una percepción limitada y hasta tergiversada de lo que en realidad es la filosofía, y por lo tanto de la percepción de la realidad y de la grandeza del mundo. De ahí el rechazo generalizado y hasta la burla hacia lo que ellos creen que puede ser la filosofía, aunque en realidad solo se les adoctrinó en el materialismo excesivo, el ateísmo acérrimo y en la crítica a todo lo que no hubiera sido proclamado por Marx.

Lamentablemente perdieron la oportunidad de conocer a los grandes de la filosofía clásica alemana, al verdadero mérito – y no las limitaciones señaladas por Marx– de los socialistas utópicos, el rigor analítico de los representantes del racionalismo, amén de la grandeza de aquellos que, como Platón, Sócrates, Aristóteles, Heráclito, etc., labraron el camino desde lejanos tiempos para que la verdadera filosofía se mantenga como algo viviente y capaz de llenar los grandes vacíos existenciales de nuestras vidas.

La incapacidad analítica, al menos con profundidad, que tiene lugar como resultante del vacío de la filosofía, vista esta última en su verdadero sentido fundamental y esencial, así como bajo la óptica de una aplicabilidad y un sentido de su praxis, ha conducido a las multitudes adoctrinadas bajo los hipnóticos efectos del marxismo-leninismo a un estado de aceptación y de resignación no propias de los hombres que han podido y querido adentrarse en las concepciones acerca de la libertad, la democracia, la política, la sociedad civil, la ética, y hasta el arte, aspectos y materias que analizadas desde una perspectiva antidogmática – como puede hacerse con un sentido analítico desde los preceptos de la filosofía– tendrían una propuesta y un significado diferente al que se les ha impuesto.

Los vínculos entre la política y la filosofía son innegables. La política es parte de la filosofía, de ahí la existencia de la filosofía política contemporánea como disciplina.Téngase presente que desde los lejanos tiempos de Sócrates, Platón y Aristóteles, y luego, muchos siglos después, en los brillantes años de la Ilustración, cuyos representantes más prominentes fueron: Montesquieu, Voltaire y Rousseau, la política estuvo presente como elemento inseparable de sus sendas especulaciones filosóficas. 

Para Platón lo más importante en la ciudad y en el hombre era la justicia, no como elemento teórico decorativo, sino como modo y modelo de vida. Para el considerado padre de la filosofía, al menos en el occidente, el Estado estaría basado en una necesidad ética de justicia; igualmente insistió en que los gobernantes y reyes deberían filosofar hasta tanto se concordara el poder político con el poder filosófico, sin lo cual las ciudades y los hombres no tendrían paz. Montesquieu, quien además de filósofo se desempeñó como jurista, se refirió a la necesidad de la división de los poderes del Estado, en legislativo, ejecutivo y judicial. Voltaire en sus Cartas Inglesas o Filosóficas, en las que aborda el álgido tema de la religión, la política y el comercio, precisó que la ciencia, el conocimiento de la verdad, es la base del espíritu libre y tolerante que debía imponerse a través de toda la sociedad, para lo que estableció superar todas las discusiones metafísicas para avanzar desde las ideas más simples, esto es, tratando de darle a la reflexión filosófica un sentido más práctico. Rousseau con su teoría de El Contrato Social pretendió fundamentar gran parte de la filosofía liberal, en especial el liberalismo clásico por su visión filosófica del individuo como elemento fundamental, que luego decide vivir en sociedad por lo que necesita del Estado de Derecho que asegure las libertades para poder convivir, con lo que fomentó una nueva política basada en la voluntad general y en el pueblo como depositario de la soberanía. 

De conocimientos como estos fueron privados aquellos que estudiaron y que aún estudian en centros docentes en los que se rigen por los esquemáticos y dogmáticos preceptos marxistas. No es conveniente para los encargados de dirigir (manipular y controlar) el pensamiento de los hombres que se conozcan las ideas acerca de la necesaria separación de los poderes del estado, de la libertad de pensamiento y expresión, del papel de la sociedad civil en las democracias participativas. 

En su lugar se impone la verborrea marxista de la plusvalía, los males del capitalismo, la desaparición de la lucha de clases, y lo peor, la estrafalaria utopía de que el comunismo será la fase superior del socialismo, esto es, el equivalente de un paraíso –con lo que se contradicen toda vez que niegan el desarrollo al proclamar un clímax de avance social insuperable y no sujeto a poder trascenderse por nuevas formas–, algo que visto en la teoría puede resultar atractivo como hipótesis para algunos principiantes; pero que, como todos sabemos, en el orden práctico ha sido un fracaso total en todas partes y en todos sus intentos, desde la casi olvidada Icaria cristiana de Cabet hasta el Socialismo Latinoamericano del siglo XXI.

Al final el resultado del experimento marxista no es otro que la formación de un ser que repite mecánicamente lo que otros dicen que dijeron; un ser carente del juicio valorativo y crítico para distinguir entre lo real y lo aparente, entre lo verdadero y lo falso, entre lo positivo y lo negativo; un ser fanatizado en “ideales” que nunca tuvieron razón de ser y que hoy se han perdido para siempre. 

Una dosis de filosofía, en el verdadero sentido y significado de esta gran rama del saber, es necesaria para estimular el pensamiento especulativo y analítico del hombre. Solo así saldrá del estatismo mental inducido por el engendro del marxismo leninismo, el verdadero opio de los hombres. 


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viernes, octubre 30, 2020

Videos donde se dice lo que no se enseña sobre el Socialismo . el Comunismo y de sus fundadores

 

LibertadDigital

Octubre 29, 2020

Monumental repaso de Toni Cantó en las Cortes Valencianas sobre el comunismo que defiende Podemos



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LDcultura

Septiembre 3, 2018

El filósofo ex comunista Antonio Escohotado habla sobre la figura de Karl Marx.

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Álvaro Rodríguez

Enero 31, 2017

Antonio Escohotado - Marx y Lenin señoritos, comunismo 30:: muertos hambre y frio.


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LIBERTY TV

Abril 10, 2018

YO FUI COMUNISTA | Antonio Escohotado

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Ceremonia Devolución de los Nombres frente a la que fuera sede de la KGB en Moscú


María Elena Cruz-Varela
Octubre 29, 2020

Como cada año desde 2006, velas, fotografías, silencio y un dolor antiguo que se renueva cada 29 de octubre toma la plaza en la que se erige el monumento conocido como La Piedra de Solovki, en un Moscú que, aunque no crea en lágrimas, continúa su llanto silencioso manifiesto en una ceremonia que los moscovitas bautizaron como “Devolución de los Nombres”, con la que el pueblo, obligado a callar durante décadas, rinde homenaje a las incontables víctimas de Josef Vissarionovich, alias Stalin, uno de los más grandes asesinos en serie de la historia moderna.

En el memorial de la Piedra de Solovki, ubicada justo en la Plaza Lubyanka, sede de la dolorosamente célebre KGB, entiéndase policía política del régimen y desde donde, relatan vecinos del lugar durante la era del terror estalinista, se escuchaban durante las frías noches moscovitas los gritos de los torturados y los disparos de las ejecuciones sumarias, miles de ciudadanos dedican doce horas de sus vidas a desgranar, como un largo rosario en contra del olvido, los nombres, edades, oficios, profesiones y fechas de los asesinatos de más de un millón de seres humanos.

Este ritual casi sagrado se repite en otras muchas ciudades de la vasta, hermosa y aún herida extensión de lo que fuera la Unión de Repúblicas Socialistas Soviética, la antigua URSS, pero es ahí, en Moscú, frente al edificio de la KGB, emblemático símbolo del inútil martirologio humano a causa de una ideología fallida, donde la emoción de un dolor que demorará muchísimo en que pueda ser llamado antiguo por los moscovitas, donde se patentiza a través de las voces y el llanto lento de parientes y amigos, el dolor y la vergüenza de un mundo que, a pesar de todo el horror, se niega a aprender sus lecciones.


https://youtu.be/jX2IW4aqQzM

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Lenin: números, datos e imágenes de los crímenes del primer dictador comunista

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Uno de los mitos históricos más aberrantes del siglo XX es presentar a Lenin como el dictador “bueno” de la URSS, y a Stalin como el “malo”, en un intento de salvar el mandato del primero.
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@ElentirVigo
Mar 8·11·2016

AVISO: este artículo contiene imágenes que pueden herir tu sensibilidad

Las cifras de víctimas del leninismo, de noviembre 1917 a enero 1924
  •     Más de un millón de personas asesinadas por motivos políticos o religiosos.
  •     Entre 300.000 y 500.000 cosacos asesinados.
  •     Cientos de miles de trabajadores y campesinos asesinados por hacer huelgas.
  •     240.000 muertos en la represión de la rebelión de Tambov.
  •     Más de 50.000 prisioneros de guerra blancos ejecutados.
  •     Entre 3,9 millones y 7,75 millones de muertos por hambrunas entre rusos, kazajos y tártaros.
Lenin en un mitin el 18 de marzo de 1918.

Una revolución comunista que abortó la democracia en Rusia

Para desmitificar a Lenin hay primero que romper otros mitos. El más básico es que cuando estalló la Revolución bolchevique el 7 de noviembre de 1917, los comunistas no derrocaron al Zar -que ya no reinaba- sino que abortaron la incipiente democracia en Rusia, aprovechando la crisis surgida entre conservadores y socialistas. Tras el asalto violento al poder por parte de los comunistas, estalló una guerra civil que duró cinco años, y en la que -ya desde el poder- se enfrentaron los bolcheviques -que resultaron vencedores- contra todos sus rivales. Era el comienzo de una sanguinaria dictadura que duraría más de 70 años, hasta la desaparición de la URSS en 1991.

Chekistas bolcheviques asesinando a un detenido, en una obra del pintor lituano Ivan Vladimirov (1869-1947).

Lenin ya había adelantado sus planes: dictadura y represión violenta

Poco antes de esa revolución comunista, en el verano de 1917 Lenin escribió un libro, “El Estado y la Revolución”, trazando cómo sería su dictadura. Entre otras consideraciones, el futuro déspota tiraba de la demagogia más burda y arremetía contra la democracia parlamentaria:

    “Decidir una vez cada cierto número de años qué miembros de la clase dominante han de oprimir y aplastar al pueblo en el Parlamento: he aquí la verdadera esencia del parlamentarismo burgués, no sólo en las monarquías constitucionales parlamentarias, sino en las repúblicas más democráticas.”

Lenin abogaba “por la destrucción del parlamentarismo burgués” y “por una República de los Soviets de diputados obreros y soldados, por la dictadura revolucionaria del proletariado“. Esa dictadura implicaría “una serie de restricciones impuestas a la libertad de los opresores, de los explotadores, de los capitalistas” (al final las aplicaría a todo el mundo), y añadía: “es evidente que allí donde hay represión hay violencia, no hay libertad ni democracia”. En el libro, además, ya adelantaba con absoluta franqueza y antes de llegar al poder que la violencia la usaría “tanto para aplastar la resistencia de los explotadores como para dirigir a la enorme masa de la población, a los campesinos, a la pequeña burguesía, a los semiproletarios, en la obra de “poner en marcha” la economía socialista.” Uno de los más estrechos colaboradores del dictador comunista, León Trotsky, escribiría años después las palabras de Lenin a quienes se mostraban reticentes al uso del terrorismo: “¿Creéis realmente que podemos salir victoriosos sin utilizar el terror más despiadado?”

Funcionarios de la Cheka de Uman en 1920.

En tres años Lenin multiplicó por 18 el aparato represor del zarismo

Nada más tomar el poder los comunistas, empezaron a organizar su aparato represor. Una de las primeras medidas de la dictadura bolchevique fue instaurar la Chrezvycháinaya Komíssiya (más conocida como Cheka), un cuerpo de policía política fundado el 20 de diciembre de 1917, cuando Lenin llevaba algo más de un mes ejerciendo como dictador en concepto de “Presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo”. La policía secreta zarista, la temible Ojrana, había llegado a tener a unos 15.000 miembros, encargados de detener a enemigos políticos, encarcelarles, torturarles e incluso ejecutarles sin ninguna orden judicial. A finales de 1918 la Cheka ya tenía 40.000 agentes, y dos años más tarde ya eran 280.000 chekistas. En tres años los bolcheviques había multiplicado por 18 el volumen del aparato represivo del zarismo.


Mujeres asesinadas por la Cheka de Járkov, Ucrania. Aún vivas, los chekistas les cortaron los pechos y les quemaron los genitales, introduciéndoles carbones dentro.

Los perversos métodos de tortura y asesinato de la Cheka

Si la Ojrana se había caracterizado por sus métodos brutales, la Cheka comunista superó en todos los sentidos el grado de crueldad de su predecesora zarista. Entre sus métodos de tortura y de asesinato contra disidentes políticos, clérigos ortodoxos y otras personas consideradas enemigas por los bolcheviques hay que citar salvajadas como las siguientes, documentadas por el historiador ruso Alexander Nikolaevich Yakovlev y por los Archivos Estatales de la Federación Rusa, entre otras fuentes:
  •     Lapidaciones, es decir, apedrear al reo hasta quitarle la vida.
  •     Crucifixiones, un método usado contra muchos sacerdotes y religiosos.
  •     Estrangulamientos.
  •     Arrojar a los reos a calderos de brea hirviente.
  •     Ahogamiento de reos en aguas heladas.
  •     Arrancarles el cuero cabelludo a los reos. Una práctica que se hacía, por ejemplo, en la Cheka de Járkov, en Ucrania.
  •     Ahorcamiento.
  •     Obligar a los reos a ingerir plomo fundido.
  •     Empalamiento.
  •     Matar a los reos arrojándolos a altos hornos.
  •     Castraciones.
  •     Enterrar a reos vivos, práctica perpetrada en la Cheka de Kremenchuk.
  •     Desollamientos, es decir, arrancarle la piel a tiras a los reos. La Cheka de Járkov usaba la piel arrancada a los presos para elaborar guantes.
Piel arracada de las manos de detenidos en el sótano de la Cheka de Járkov, Ucrania. Los chekistas utilizaban peines metálicos y tenazas para aplicar esta horrenda tortura.
  •     Escalfar al reo, es decir, arrojarle agua hirviendo hasta matarlo.
  •     Decapitaciones.
  •     Desnudar a reos, atarles y arrojarles agua fría en pleno invierno hasta congelarles, una práctica de la Cheka de Orel, a 360 Km de Moscú.
  •     Matar a los reos tirándolos al mar o a un río maniatados (es lo que hacía periódicamente con sus prisioneros la Cheka de Kholmogory en el río Dvina).
  •     Atar a víctimas desnudas en torno a barriles rodeados de clavos, y hacerlos rodar hasta que los reos morían, una práctica de la Cheka de Voronezh.
  •     Atar jaulas con ratas a los cuerpos de los presos y atizar a los roedores con hierros candentes hasta que se abrían paso entre los intestinos de los reos, una práctica usada por la Cheka de Kiev y que años después incluiría George Orwell en su famosa novela “1984”.
Más de un millón de personas fueron asesinadas por motivos políticos o religiosos durante lo que se conoce como el Terror Rojo, entre 1918 y 1922, la época más dura de la dictadura de Lenin. Para que nos hagamos una idea, según el historiador británico Hugh Thomas, las víctimas de la represión franquista suman unas 100.000 personas, entre los asesinados durante la Guerra Civil y la represión de la postguerra. Es decir, que en poco más de seis años de dictadura Lenin asesinó a diez veces más gente de la que se atribuye a la dictadura franquista en casi 40 años. Sin embargo, muchos ultraizquierdistas españoles que llaman “genocida” a Franco no tienen reparos en proclamar su admiración por Lenin, como por ejemplo el diputado de Izquierda Unida Alberto Garzón.

Monjes ortodoxos asesinados por la Cheka en 1919.

La salvaje persecución contra los cristianos y otras religiones

Con la Revolución bolchevique de 1917 se inició una persecución religiosa sistemática que supondría, a lo largo de la historia de la URSS, el asesinato de entre 12 y 20 millones de cristianos. En 1914 la Iglesia ortodoxa rusa tenía 55.173 iglesias, 29.593 capillas, 550 monasterios y 475 conventos: los comunistas clausuraron y destruyeron la amplia mayoría de ellos. Algo parecido ocurrió con las 5.000 sinagogas judías y las 25.000 mezquitas musulmanas que había en territorio ruso en 1917. Antes de la Revolución también había 112.629 sacerdotes y diáconos y 95.259 monjes y monjas de la Iglesia ortodoxa. Los comunistas desataron contra ellos una brutal persecución. Según Yakovlev, unos 3.000 sacerdotes, religiosos y monjas fueron asesinados ya sólo en 1918 con métodos tan brutales como los antes citados. Muchos laicos fueron acosados, torturados, detenidos y asesinados. El historiador Dimitry V. Pospielovsky dio cuenta de la brutalidad de los rojos contra los sacerdotes con casos como los siguientes:
  •     Un sacerdote de 80 años llamado Amvrosi fue brutalmente golpeado a culatazos antes de ser asesinado.
  •     Otro sacerdote llamado Dimitri fue llevado a un cementerio y desnudado, y cuando trataba de santiguarse antes de ser asesinado, un bolchevique le cortó el brazo derecho.
  •     Otro viejo sacerdote que intentaba detener la ejecución de un campesino fue golpeado, asesinado y desmembrado a sablazos por los bolcheviques. Esta forma de deshacerse de los cadáveres no fue un caso aislado entre los crímenes bolcheviques contra el clero ortodoxo.
  •     En el Monasterio de San Salvador los rojos mataron al abad, de 75 años, escalfándole y decapitándole.
  •     A Hermógenes, Arzobispo de Tobolsk y Siberia, le ataron piedras a la cabeza y le arrojaron al río Tura, donde murió ahogado.
  •     En Voronezh a siete monjas las mataron hirviéndolas en un caldero de alquitrán.
  •     En Pechora, un anciano sacerdote llamado Rasputin fue atado a un poste de telégrafo, tiroteado y su cadáver entregado a los perros para que lo devorasen.
  • En mayo de 1920 Lenin ordenó la ejecución masiva de todos los sacerdotes que fuesen contrarios al comunismo: fueron asesinados entre 14.000 y 20.000.
Los granjeros I. Afanasyuk y S. Prokopovich, maniatados y desollados vivos en una Cheka en Ucrania.

La represión de los granjeros kulaks


En el verano de 1918 los bolcheviques tuvieron que hacer frente a una rebelión de los kulaks, campesinos de Ucrania y del Cáucaso que eran propietarios de sus propias tierras y que se oponían a las políticas de colectivización comunistas y a la confiscación masiva de sus producciones de grano. Lenin envió una orden escrita a los bolcheviques de Penza para que ahorcasen públicamente a por lo menos 100 renombrados kulaks, a fin de usarlos como escarmiento contra los demás, y para que tomasen rehenes para forzar a los demás a someterse a los comunistas. En otra orden Lenin fue aún más claro: “Hay que formar inmediatamente una troika dictatorial (usted mismo, Markin y otro) implantar el terror de masas, fusilar o deportar a los centenares de prostitutas que hacen beber a los soldados, a todos los antiguos oficiales, etc. No hay un minuto que perder.”

El asesinato de miles de desertores del Ejército Rojo y de sus familias

El Ejército Rojo sufrió 3 millones de deserciones en 1919 y 1920. El primer año fueron arrestados por la Cheka 500.000 desertores, y casi 800.000 el segundo. Miles de ellos fueron asesinados, y sus familias fueron tomadas a menudo como rehenes y asesinadas para chantajear a los desertores. Un reporte típico de la Cheka afirmaba lo siguiente:

    “Provincia de Yaroslavl, el 23 de junio de 1919. La sublevación de desertores en el volost de Petropavlovskaya ha sido sofocada. Las familias de los desertores han sido tomadas como rehenes. Cuando empezamos a disparar a una persona de cada familia, los Verdes comenzaron a salir de los bosques y se rindieron. Treinta y cuatro desertores fueron fusilados como ejemplo.”

Entre agosto de 1920 y junio de 1921 se produjo en Tambov una gran rebelión antibolchevique con apoyo de desertores del Ejército Rojo, provocada por las masivas requisas ordenadas por los comunistas. Los rebeldes reunieron a un ejército de unos 40.000 hombres. Los bolcheviques aplastaron la rebelión. Entre las ejecuciones masivas y los internamientos en el Gulag murieron 240.000 civiles.

La brutal represión de los cosacos

Otro grupo que sufrió la brutal represión comunista fueron los cosacos, una etnia de origen turco. Muchos de sus miembros lucharon en el Ejército blanco, junto a los zaristas, en la Guerra Civil rusa. Entre 1918 y 1919 llegaron a formar una República independiente, de carácter democrático. Los bolcheviques dirigieron contra ellos una durísima represión. El historiador Michael Kort ha estimado que entre 300.000 y 500.000 cosacos fueron asesinados en 1919 y 1920, de una población de 1,5 millones.
En primer plano, el cadáver del telegrafista Ponomarenko en la Cheka de Járkov, Ucrania. Le cortaron la mano derecha y muestra cortes profundos en la cabeza. Al fondo se ven los cadáveres de otras dos víctimas de los chekistas.

La creación por Lenin de una red de campos de concentración: el Gulag

En abril de 1919 Lenin firmó un decreto para crear un sistema de campos de concentración que copiaba la Katorga zarista, que en 1916 contada con casi 20.000 reclusos, según cifras publicadas por Stephen G. Wheatcroft. La nueva red de campos de concentración recibió el nombre de Glávnoie upravlenie ispravítelno-trudovyj lagueréi i koloni (Dirección general de campos de trabajo). Era el nacimiento del Gulag, el mayor sistema de represión soviético. El primero de esos campos se había establecido en 1918 en Solovki, en las islas Solovetsky del Mar Negro. Nuevamente las cifras de la dictadura comunista acabaron superando con creces a las del zarismo en poco tiempo: a finales de 1920 ya había 84 campos con unos 50.000 prisioneros políticos. En octubre de 1923 ya eran 315 campos con 70.000 prisioneros. Los allí detenidos eran utilizados en trabajos forzados como mano de obra esclava. Entre la población reclusa había muy altos índices de mortalidad, debido a las durísimas condiciones de estos brutales centros de reclusión, en los que a menudo los presos morían de hambre o asesinados por sus guardianes.

Lenin animó a ejecutar en masa a huelguistas

Las huelgas también fueron sofocadas de forma sanguinaria. El 16 de marzo de 1919 la Cheka asaltó la factoría de Putilov, en la que sus trabajadores se habían declarado en huelga seis días antes, acusando al gobierno bolchevique de haberse convertido en una dictadura: 900 trabajadores fueron arrestados, y 200 ejecutados sin juicio alguno. La represión violenta, los encarcelamientos, la toma de rehenes y los asesinatos en masa fueron los métodos más usados por los bolcheviques para sofocar estas huelgas, tanto en las fábricas como en el campo. El 29 de enero de 1920, ante las huelgas de los trabajadores de la región de los Urales, Lenin envió un telegrama a Vladimir Smirnov animando a utilizar el asesinato en masa contra los huelguistas: “Me sorprende que usted tome el asunto con tanta ligereza y no ejecute inmediatamente un gran número de huelguistas por el delito de sabotaje.” Incluso se recurrió a estos métodos para sofocar las protestas de trabajadores al ser obligados a trabajar en domingo, como ocurrió en Tula, un malestar que los bolcheviques atribuían, sin más, a una “conspiración contrarrevolucionaria forjada por espías polacos”. Se estima que cientos de miles de trabajadores y campesinos rebeldes fueron ejecutados entre 1918 y 1922.
Asesinados por la Cheka de Kiev, Ucrania, en 1919.

La ejecución en masa de prisioneros de guerra

A finales de 1920 el propio Lenin dio su aprobación para el asesinato en masa de 50.000 prisioneros “blancos” y civiles en Crimea, a tiros o por ahorcamiento, en una de las mayores masacres de la Guerra Civil Rusa. Las víctimas de este crimen se habían entregado, según relata Robert Gellately, tras la promesa bolchevique de que habría una amnistía para ellos si se rendían.
Los cadáveres apilados de víctimas de la hambruna rusa en Buzuluk, en la región del Volga, invierno de 1921 a 1922.

Lenin usó el hambre con fines políticos: de 3,9 millones a 7,75 millones de muertos

Uno de los episodios más dramáticos de la dictadura de Lenin fue la hambruna rusa de 1921 y 1922, que afectó a unos 27 millones de personas y mató a entre 3 y 5 millones y que fue provocada, en gran medida, por las requisas masivas de grano ordenadas por los bolcheviques, la denominada Prodrazvyorstka (copiada y ampliada por los comunistas, como otras cosas, de la Razvyorstka, la requisa de grano zarista en la Primera Guerra Mundial). El grano requisado se usaba a menudo para exportación. Este exterminio mediante el hambre no fue algo accidental o que la dictadura bolchevique tratase de evitar: se hizo de forma intencionada e incluso se buscó con ella un fin antirreligioso, como escribía Lenin en una carta de Lenin al Politburó el 19 de marzo de 1922:

    “Ahora y solo ahora, cuando las personas se consumen en áreas afectadas por la hambruna y cientos, si no miles, de cadáveres yacen en las carreteras, podemos (y por lo tanto debemos) perseguir la eliminación de propiedades de la iglesia con la energía más frenética y despiadada y no dudéis en sofocar la menor oposición. (…) Debemos perseguir la eliminación de los bienes de la iglesia por cualquier medio necesario para asegurarnos un fondo de varios cientos de millones de rublos de oro (no olvidéis la inmensa riqueza de algunos monasterios y lauras). (…) Todas las consideraciones indican que más adelante no lo haremos, porque en ningún otro momento, además del hambre desesperada, nos dará ese estado de ánimo entre la masa general de campesinos que nos garantizaría la simpatía de este grupo, o, al menos, nos aseguraría la neutralización de este grupo en el sentido de que la victoria en la lucha por la eliminación de la propiedad de la iglesia, de manera incuestionable y completa, estará de nuestro lado”.

Este uso de las hambrunas como método para conseguir objetivos políticos ya lo había adelantado Lenin en 1891, cuando se negó a colaborar con una campaña de ayuda a los hambrientos de la ciudad de Samara. Según Lenin el hambre tiene “numerosas consecuencias positivas”, pues “destruye no solamente la fe en el Zar, también en Dios” (citado por Stéphane Courtois, Nicolas Werth, Jean-Louis Panné, Andrzej Paczkowski, Karel Bartosek y Jean-Louis Margolin en “Le livre noir du communisme”, 1997).

Bolcheviques requisando grano a campesinos, en una obra del pintor lituano Ivan Vladimirov (1869-1947). Estas requisas provocaban un gran descontento y fueron, en gran medida, causantes de la letal hambruna de 1921 y 1922.

La hambruna rusa no fue la única en el territorio de la URSS durante la dictadura de Lenin. Hambrunas similares las sufrieron los kazajos (1919–1922, entre 400.000 y 750.000 muertos) y los tártaros (1921-1922, entre 500.000 y 2 millones muertos), todos ellos bajo dominio soviético. Sumando estas cifras a las de la hambruna rusa, tenemos entre 3,9 millones y 7,75 millones de muertos a causa del hambre, una situación provocada -insisto- por el propio régimen comunista.

Las hambrunas y las pésimas condiciones de vida dieron lugar a rebeliones en la URSS, hoy poco recordadas por la mayor parte del mundo. Una de las más significativas, además de la ya citada de Tambov, fue la de Kronstadt en marzo de 1921, cuando civiles, soldados y marinos de la flota soviética de Báltico se alzaron contra los bolcheviques. El Ejército Rojo sofocó la rebelión ejecutando a miles de personas. Y a día de hoy, tipos como el diputado comunista Alberto Garzón aún se atreven a ensalzar a esa dictadura criminal diciendo que representaba “Paz, Pan y Tierra”…




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