Es un blog diario digital conformado con los artículos, opiniones, ensayos, etc. del Catedrático universitario Lic. Pedro Pablo Arencibia Cardoso sobre diferentes temáticas de la problemática cubana, actual e histórica, así como por noticias y artículos de otros autores que se consideran de gran interés para profundizar en la realidad cubana.
miércoles, junio 24, 2020
Entrevista a la multifacética y relevante intelectual cubana Zoé Valdés: No se puede escribir sin libertad
Zoé Valdés Martínez (La Habana, 1959) Nació cuando el castrismo llegaba al poder, todo el poder. Fue en mayo, mes de aguaceros; que ella ha convertido en literatura hasta convertirse en la voz femenina más irreverente de la cultura y la política de Cuba.
La culpa fue de su abuela y su mamá que la quisieron con una sola condición, que fuera inteligente y así lo hizo, primero como redactora jefe y vicedirectora de la revista Cine Cubano, contratada para sustituir a Antonio El Niño Conte, de viaje en el extranjero; hasta que dio el salto a La nada cotidiana, que es un libro insoslayable en la literatura del siglo XX.
París, donde vivió antes, como esposa del escritor y diplomático Manuel Pereira; es su abrigo, donde ha creado y ha criado a su hija Attys Luna, una joven con la mirada creativa de mamá, pero ya a salvo de pañoletas y consignas.
Zoé es boquidura y polémica, quizá porque convive con dos maridos desiguales y litúrgicos, Rilke y Arenas, que no le perdonan una; cuando la hieren, se refugia en sus siguarayas predilectas que comparten la letra G, de ganadores: Gastón Baquero y Guillermo Cabrera Infante.
Con los dineros de Planeta por Te di la vida entera (Finalista del premio en 1996) pudo acogerse al buen vivir e instalarse en esa zona templada que Europa ha sostenido frente al castrismo, conocida como una política de diálogo crítico con la dictadura.
Zoé eligió ser látigo y cascabel, y paga un precio por ello. No siempre acierta, no siempre es justa con todos; se sumerge en refriegas de la que no siempre sale bien parada, pero es coherente hasta la saciedad y en su prosa y poesía se leen desgarros, pero también unas ganas locas de vivir y amar porque nació un Sábado de gloria, que es víspera de resurrección.
Tu voz cultural y política es de las más desgarradas e irreverentes de las mujeres de Cuba. ¿Cómo la construiste y cómo consigues esa estridencia inteligente?
No sabría explicar eso que has visto, aunque sé, intuyo a lo que te refieres… Yo nunca quise ser la niña más hermosa de la escuela, anhelaba ser la más inteligente, y así ha sido toda mi vida. Mi madre y mi abuela -las que me dieron toda la libertad del mundo-, al mismo tiempo me impusieron una disciplina de lecturas y de estudio; a partir de ahí y respetando siempre esas imposiciones suyas yo podía hacer lo que me diera la gana, vagabundear si así lo deseaba. He aprendido de los libros y de la vida, y también de la muerte, del dolor de la enfermedad, del amor y del desamor.
No hay un segundo en el que no aprenda algo.
No pretendo más que aprender, que es mi verbo favorito. Sin embargo, no me considero estridente. En cualquier caso, si la inteligencia lo es, entonces sí, pero sólo en esa dirección. Creo mucho en el don y las obligaciones y sacerdocio con ese don.
Truman Capote decía que cuando Dios te da un don, también te da un látigo. He aprendido a perfeccionar el don a auto-flagelaciones limpias, sin contemplaciones.
Tu último libro de narrativa es un intento de reconstrucción de una zona dolorida y dolorosa de la memoria cubana, el batistato. ¿Por qué lo escribiste y cómo ha influido en tu percepción del siglo XX cubano, escribir Pájaro lindo de la madrugá?
Esa ha sido la razón, tal como lo dices en la pregunta. El objetivo principal era tocar con la verdad un fragmento de esa zona perjudicada y olvidada, zona de dolor y vergüenza de la memoria cubana. Para ser sincera, la escribí por una deuda con mi abuela, que era muy batistiana, y además orgullosa de serlo.
Mi abuela de origen irlandés, batistiana y muy cristiana y también santera. La deuda se fue convirtiendo en promesa conmigo misma, me propuse culminar la investigación, y después escribir la novela. Nunca fue una biografía novelada, desde el inicio fue una ficción histórica lo que me propuse. La diferencia radica en el tratamiento de la historia en dependencia de los personajes, y no al revés.
La historia de Cuba es apasionante hasta 1959. Cuba se convirtió en un país muy próspero durante la República, sin obviar los montones conflictos que cualquier país de la región poseía a montones, aunque sin los logros de nuestra isla.
Cuba sería el futuro, ya lo era en 1957. Fulgencio Batista y Zaldívar, con sus defectos incluidos, situó a Cuba en lo máximo a nivel internacional, y a nivel nacional el crecimiento era indudable, todavía hoy ese crecimiento es incuestionable, al comprobar que las mismas construcciones de cualquier tipo continúan siendo los pilares de todo, hasta del micro-éxito social-ideológico, pese al horror advenido con el castrismo.
En 1959 se inició un proceso de retraso y amodorramiento que no ha cesado hasta hoy. El batistato construyó sin parar, el castrismo no se ha detenido ni un segundo en destrozar y desmoronar lo que el batistato construyó. Lo peor, lo que con mayor encono ha destruido, es la moral de los ciudadanos.
No quiero irme de la historia pasada, sin pedirte que cuentes cómo te llevas con Baquero. ¿Qué buscaste en Gastón y que has hallado?
Gastón Baquero es uno de mis santos. Para mí Dios es la Poesía, que es Diosa, la Diosa Blanca de los celtas. Gastón es uno de esos santos. Lo descubrí desde Cuba, muy joven, y debo decir que fue gracias a Fina García Marruz. Fue ella la primera que mencionó a Gastón Baquero delante de mí, y yo me despetronqué a buscar su poesía.
El librero de la calle Reina hizo el resto, y me ayudó en eso. Yo, cada noche le rezo a mis santos magnos de la poesía, a mis maestros literarios, antes de irme a dormir.
Mi relación con Gastón Baquero, como con José Martí, Dulce María Loynaz y con Guillermo Cabrera Infante es muy mística, dependiente, leal y por qué no, a veces irreverente. A Reinaldo Arenas no le agradaría que yo tuviera una relación mística con él, pero la tengo, es místico-demoníaca, porque como escribió Rilke: Todo ángel es un demonio. Lo que lo define a la perfección.
¿Cómo recuerdas a ese otro grande de Cuba que fue Guillermo Cabrera Infante?
Guillermo Cabrera Infante fue el escritor cubano que me abrió los ojos al lenguaje habanero, o "hablanero" -como le llamaba el- y a su libertad, la libertad de los rejuegos y dobles sentidos. Fue un gran amigo y consejero, como lo sigue siendo su viuda Miriam Gómez. Además, también fue un escritor muy generoso conmigo, y un exiliado valiente.
Esto último de una inmensa y envidiable verticalidad por la que sufrió, pero de la que estaba muy orgulloso, y a la que fue fiel hasta el final. Cada una de sus novelas compendia la música, el cine, la pintura, la cubanía o "habanía", las luces y las sombras de aquella isla.
Cuba semeja un descampado. ¿Cuál es tu evaluación de su literatura, y quiero que poses tu mirada en lo que se escribe dentro y fuera del tardocastrismo.
No, no soy nadie para evaluar nada, no es de mi cuidado e incumbencia. Aunque sí pienso que la verdadera literatura cubana desde el siglo XIX se escribe en el exilio.
Poseo y nutro una admiración y amor inmensos por algunos escritores cubanos exiliados, los que leo y sigo desde hace años. Su obra los ha convertido en mis amigos. Son seres enteramente libres. No se puede escribir sin libertad.
Con hambre, con carencias materiales, se puede escribir, pero no sin libertad. Hay excepciones: Los que alcanzan un nivel de alienación máxima para crear pese al daño que supone vivir bajo totalitarismos y tiranías ideológicas. Esos casos son contados y, contados con los dedos de una mano, sobrarían dedos.
Hace 40 años de la estampida de Mariel, acontecimiento al que has dedicado tiempo y espacio reflexivo. Cuéntales a los lectores de la edad de tu hija y menores, qué pasó en Cuba en 1980.
En 1980 en Cuba aconteció una de las mayores explosiones de dolor y desesperación que ha ocurrido en el siglo XX. Fue profunda y masivo-definitiva. Profunda porque la gente buscaba escapar hacia la libertad de manera frontal, perdieron el miedo, perdieron todo, mucho, pero al final ganaron la libertad.
Masivo-definitiva porque la cantidad hizo temblar a la tiranía y a Castro mismo. No tengo otra frase para calificar Mariel: Acto de valentía admirable.
Ese suceso produjo una narrativa única en la sociedad cubana, una literatura excepcional, y un arte incomparable. No ha habido creadores más lúcidos que los que fueron convocados y surgidos por y de los sucesos de Mariel.
Fue una explosión social que suscitó una transformación cultural. Sólo ha sucedido en Cuba, que yo sepa, de esa forma tan peculiar. Y otra vez el mar, por medio, para citar a Reinaldo Arenas.
El mundo está sufriendo la pandemia de coronavirus, ¿cuál es tu visión de la emergencia sanitaria; cómo lo está afrontando Occidente y cómo se ha vivido en Francia?
Más que pandemia a mi juicio se trata de una plaga. El concepto plaga incluye la arista política, que desde luego no hay que eludirlo de ninguna manera.
La emergencia sanitaria ordenada por parte de los líderes políticos ha sido incierta, mal informada, pues ha habido muy poca información real, sólo alarmas; nefasta, en una palabra.
Sin embargo, el trabajo del personal sanitario y médico ha sido insuperable, han trabajado con muy pocos recursos y con menos información. Se han crecido en función exclusivamente de la vida, sin el apoyo necesario de los políticos e inclusive a contracorriente de ellos y de su ideología y ambición de poder de a tres por quilo.
Por otra parte, Occidente siempre llega tarde a todo, desde hace décadas. Occidente beneficia siempre a los otros por encima de nosotros. Lo que me pareció más descriptivo relacionado con el tema es que en un momento de máxima emergencia Occidente no podía ni siquiera ofrecerse lo mínimo: Mascarillas, gel desinfectante, soluciones mínimas... Debieron comprar nuevamente la pacotilla al Partido Comunista de China, que es el proveedor máximo de la plaga, y el iniciador de esta guerra.
Comprarle al sistema político que ha provocado la derrota por adelantado de Occidente es como mínimo ilustrativo de la derrota. Porque esto ha sido una inmensa derrota, y la estaremos padeciendo mucho más allá de la plaga, mediante la crisis económica que se nos avecina, y de la que nadie más es culpable que el Partido Comunista chino.
Cuentan que París bien vale una misa. Si un lector de Cuba, tuviera la posibilidad de viajar a la Ciudad Luz, ¿que no debía perderse?
No debiera perderse la ciudad misma, su vida diurna y nocturna, sus numerosos fantasmas; aunque también aconsejaría que buscase un espacio en su agenda para un momento de recogimiento en el Cementerio de Père Lachaise donde descansan restos de personalidades históricas cubanas, como los de María de las Mercedes Santa Cruz y Montalvo, la Condesa de Merlín, que es la autora, entre otras joyas de la literatura franco-cubana, de Viaje a La Habana.
Cuba: 40 aniversario de los casi desconocidos sucesos y asesinatos del Castrismo por intento entrar al Embajada de Venezuela y Carlos Alberto Montaner sobre los sucesos en las embajada del Perú y el Éxodo del Mariel en 1980.
Hace 40 años que ocurrió el “éxodo del Mariel”. Ciento veinticinco mil cubanos arribaron a Estados Unidos entre el 15 de abril y el 31 de octubre de 1980. Jimmy Carter no fue reelecto como presidente del país en las elecciones de noviembre de ese año como consecuencia, al menos en parte, de su manejo de la crisis. Se negó a seguir los consejos de un almirante implacable: “Yo no he sido elegido presidente de Estados Unidos para matar refugiados”. Tampoco el gobernador de Arkansas, Bill Clinton, pudo repetir su mandato. Lo acusaron de “blando” por acoger a unos centenares de cubanos en Fort Chaffee. Menos del 10% eran locos o criminales, pero el estigma les afectó a todos los “marielitos”, e incluso a los cubanos en general. Cuarenta años después los “marielitos” tienen un desempeño económico y social semejante al de la media blanca norteamericana, pero han servido, además, para revitalizar el mundo artístico hispano en Estados Unidos.
Todo comenzó cuando llegó a Cuba un joven diplomático peruano llamado Ernesto Pinto-Bazurco Rittler. Sería el nuevo Encargado de Negocios de la legación de su país en La Habana. Afortunadamente para los cubanos, el embajador en propiedad estaba fuera de la Isla. De lo contrario, probablemente todo hubiera sido diferente.
El 1 de abril a bordo de un autobús conducido por Héctor Sanyustiz viajaba media docena de cubanos desesperados por salir del país. Estrellaron el vehículo contra la entrada y lograron franquear el portón. Los guardias dispararon, hiriendo a Sanyustiz, pero le costó la vida a uno de los policías. Murió víctima del “fuego amigo”.
Como consecuencia del incidente, Fidel Castro solicitó a los diplomáticos peruanos que entregaran a los nuevos asilados. Pinto-Bazurco se negó, y el “Máximo Líder” de la revolución decidió darles un escarmiento: levantaría la custodia de la Embajada para que los peruanos sufrieran la presencia incómoda de unas docenas de disidentes legítimos entre los que camuflaría a unos cuantos de sus agentes de seguridad.
Craso error. En tres días entraron en la Embajada 10,856 personas: 5 personas por metro cuadrado de jardín. Fue un caso único en la historia de las relaciones entre países. Eran una muestra absoluta de la sociedad: había médicos, ingenieros, agricultores, abogados, gente muy educada, menos educada y nada educada. Había personas vinculadas a la revolución, incluso miembros del Partido Comunista, y desafectos. Había niños llevados por sus padres, adolescentes estimulados por la aventura y ancianos. No eran solo habaneros. Se corrió la voz por toda la isla.
Continuaron las presiones sobre el diplomático Pinto-Bazurco. Una noche lo recogieron en la embajada. El Comandante quería verlo. Se proponía intimidarlo personalmente. Fidel primero fue amable. Pinto-Bazurco se mantuvo en sus trece. Era abogado y diplomático. Se aferraba a la defensa de ley y de los Derechos Humanos. Se atrevió decirle a Fidel que el responsable de que se hubieran asilado casi once mil personas en tres frenéticos días era quien eliminó la guardia que custodiaba el recinto diplomático, violando las leyes internacionales. Pero cuando, para salvar vidas, el peruano rechazó la propuesta de que solicitara el allanamiento de la embajada por parte del ejército, Fidel se indignó. “Yo –le dijo- soy el que decide en este país las personas que vivirán o morirán”.
Al cabo, Fidel aceptó, de hecho, que se había equivocado. Organizó un puesto de mando cerca de la Embajada. Le preguntó a Víctor Bordón, uno de sus comandantes, cuántas personas estaban contra la revolución. Bordón le dijo que había oído que la mitad del país. Fidel lo insultó y lo echó del recinto. Era asombroso que cuanto él más brillaba era mayor el rechazo. Había triunfado en Angola, en el Ogaden y en Nicaragua, se había convertido en la cabeza de los No-Alineados, pese a ser un prosoviético consumado, y en Cuba crecía la protesta. Fidel no entendía que el costo de su liderazgo y de la presencia de la Isla en los asuntos internacionales era inmenso. Los cubanos querían ser razonablemente felices, no héroes forzados al sacrificio de sus vidas por un personaje sediento de gloria.
Fidel enseguida pensó en trasladar el problema a los odiados gringos. Lo había hecho en 1965. Provocó una crisis, admitió que los cubanos del exilio recogieran a sus parientes, lo que se convirtió en un dolor de cabeza para el gobierno de Lyndon Johnson, y les dio salida por el puerto de Camarioca. Washington entró por el aro. Estableció una válvula de escape legal y le llamó “Vuelos de la Libertad”. Entre 1965 y 1973 salieron 300,000 cubanos ordenadamente. Otros dos millones se quedaron almidonados y compuestos, listos para partir.
En 1980 insistió en el mismo esquema. Primero creó el conflicto. De nuevo autorizó la flotilla de exiliados que recogieran a su parentela, pero para evitar vacilaciones utilizó y “quemó” a Napoleón Vilaboa para iniciar los viajes. Se trataba de un teniente coronel de la inteligencia infiltrado entre los exiliados que le fue muy útil a La Habana. Sólo cambió el puerto de salida. En esta oportunidad no sería Camarioca sino Mariel.
Fidel aprovechó para insultar a todos los presuntos emigrantes. Los llamó “escoria”, “gusanos” y sacó a los niños y jóvenes de las escuelas para los “mítines o actos de repudio”. Los estudiantes mataron a algún maestro que descubrieron “fugándose”.
Granma, el diario del Comité Central, compiló una lista de cien insultos para gritarles a los “malnacidos” que habían decidido emigrar. Fue una época terrible. Fidel desde la tribuna hablaba de un “gen” revolucionario. Era una especie de nazi desatado. Un camarógrafo apellidado Muiñas –eso me lo contó llorando en Madrid-, cuando dijo que se iba del país, lo obligaron a caminar de rodillas entre compañeros de trabajo que lo escupían, insultaban y golpeaban. Perdió un ojo en la golpiza.
Todos debían embarrarse las manos de sangre. El cantautor Silvio Rodríguez participó en un acto de repudio que duró varios días contra Mike Porcel, su talentoso compañero de la Nueva Trova. Nunca pidió perdón por su miserable proceder. Porcel ni siquiera pudo largarse de Cuba. Debió permanecer en la Isla, como “no-persona”, durante nueve años. Al académico Armando Álvarez Bravo no lo dejaron embarcar junto a su mujer y sus hijas. A la esposa la mandaron a Perú. A Armando, unos años más tarde, le permitieron emigrar a España. El régimen cubano, impulsado por Fidel, se dedicaba a dividir y disgregar a las familias.
El castrismo odiaba a los homosexuales, al extremo de encerrarlos en campos de concentración en los años sesenta para “curarles” la perversidad por medio del intenso trabajo agrícola. El régimen tuvo que aplazar esa monstruosidad y cerrar los campos por la presión internacional que, en este caso, provenía de la izquierda. Pero Fidel Castro vio en el éxodo de Mariel la oportunidad de librarse de miles de homosexuales acusados de ser “contrarrevolucionarios por naturaleza”. ¿No había, según Aristóteles, “esclavos por naturaleza”? Pues había, también, personas genéticamente incompatibles con un proceso político inspirado por el marxismo-leninismo: los homosexuales.
Vale la pena subrayar que no hubo propósito real de enmienda cuando cerró los campos de concentración de la UMAP en los que aglomeró homosexuales y creyentes. La homofobia de los años sesenta seguía intacta en los ochenta. Los homosexuales fueron maltratados durante el éxodo de Mariel y después. Las asambleas laborales y estudiantiles, en las que públicamente se les acusaba de esta “conducta impropia”, fueron frecuentes en la década de los ochenta.
Afortunadamente, el crimen y las barbaridades que les hicieron a los “marielitos” fueron documentados por medio de la prensa, libros y películas. Karen Caballero, periodista de TV Martí, ha filmado entrevistas muy valiosas para explicarlo. Uno de los libros que más impacto causó fue Mañana de la periodista Mirta Ojito. Tenía 15 años cuando abordó el barco que le dio su nombre a la obra. Hay una descripción minuciosa de lo que sucedió en ese episodio terrible de la historia del castrismo. Otro libro valioso fue Al borde de la cerca de Nicolás Abreu, escritor de lo que llaman “Generación de Mariel”, a la que se adscriben, entre otros, sus hermanos Juan y José, el poeta y narrador Vicente Echerri o Luis de la Paz, aunque no necesariamente pasaron por el trauma de “cayo Mosquito” (el lugar inhóspito y desolado en el que esperaban la embarcación que les llevaría a la libertad).
Entre las películas filmadas sobre aquellos hechos, elijo En sus propias palabras del cineasta Jorge Ulla. Dejo que sea él quien le ponga fin a este doloroso recuento:
“La película En sus propias palabras fue una encomienda de la administración Carter. La idea era documentar cómo las diferentes agencias gubernamentales prestaban sus servicios en medio de la crisis. Cuando se escuchó lo que decían los recién llegados se reveló ante todos otra película: la de un testimonio coral que desmontaba una serie de mitos ambiguos sobre Cuba — se hacían visibles muchas grietas sociales a través de las cuales muchos de los enamorados del “proyecto cubano” podrían, de repente, cuestionar o revalorizar aquel proyecto de una manera crítica. En el documental de 29 minutos hablaban con desazón desde el trabajador, un ciudadano de a pie, hasta un novelista de la talla de Reinaldo Arenas. Sería la primera vez que Arenas hablaba ante una cámara. Se trataba de un fenómeno insólito que hallaría su mejor repercusión entre la intelectualidad y las izquierdas más entusiastas. De pronto, el paraíso era una fuente de desencanto.
El presidente Carter le agarró cariño a esa película y estuvo mostrándola en la Casa Blanca a varios invitados. La USIA la pasó en más de 50 países. Jack Anderson escribió en The Washington Post algo exagerado: “bastaron 29 minutos para revelar lo que pasa en Cuba”. Como era un material de la USIA no se podía exhibir en Estado Unidos. Una resolución del Congreso permitió que se pasara aquí y, además, que quedará archivada en la Biblioteca del Congreso. A partir de eso, la vieron en cientos de universidades y bibliotecas públicas”.
Ahí, en menos de media hora, Ulla cuenta la infamia de Mariel. Cuarenta años después el documental conserva toda su vitalidad.
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Radio Televisión Martí
Mayo 31, 2019
Programa Pantalla Indiscreta | En sus propias palabras
Quizás el hecho de que una canción de Mike Porcel fue la canción ganadora para el XI Festival Mundial de las Juventudes y los Estudiantes (que se había celebrado entonces recientemente en Cuba en el verano de 1978) haya tenido que ver en el freno a que Mike Porcel saliera de Cuba cuando el éxodo por el puerto de El Mariel.
Sueños al Pairo (Documental Cubano)
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AmericaTeVeCanal41
Marzo 3, 2020
El cantautor cubano Mike Porcel habla sobre documental sobre su vida censurado en Cuba
Tony Pinelli habla de su participación en el acto de repudio a Mike Porcel
Tony Pinelli admite haber participado en acto de repudio al músico Mike Porcel
¿Por qué no han invitado al Concierto Anticomunista de Miami al gran trovador?
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Por Zoé Valdés
2020-03-03
Alguien, un hermano martiano, tuvo la gentileza de enviarme el último documental prohibido en Cuba, titulado Sueños al pairo; también otra amiga me lo reenvió, y finalmente asistí a una proyección privada. Después de haberlo visto tres veces, debo reconocer que llevo noches sin dormir debido a diversos sentimientos encontrados, y no sólo porque conozco a Mike Porcel, el sujeto, el tema del documental, y sé de su dolorosa historia personal, y aprecio su extraordinaria obra de compositor, poeta, trovador, su inmensa cultura musical, y su genuina sensibilidad, rayana en lo druida sacerdotal; además, porque, pese a las buenas intenciones del documental, no he podido contener la ira frente a los testimonios de los que son entrevistados en este documento fílmico, producido y dirigido en Cuba por los jóvenes realizadores José Luis Aparicio y Fernando Fraguela, quienes se han convertido en los más recientes perseguidos del Icaic (Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos), institución absolutamente controlada y dirigida por el régimen.
Con Mike Porcel se ensañó la tiranía castrista desde que apareció en la escena artística cubana como miembro del célebre Grupo Los Dada, aunque al inicio todo sucedió poco a poco. Luego pasó a ser el creador conceptual y musical del grupo Síntesis, había compuesto anteriormente dos discos para Amaury Pérez Vidal (quien testimonia en el documental); de Síntesis se tuvo que marchar –él lo explica sucintamente en el documental, debido a contradicciones estéticas, quién sabe si a más, Mike es un hombre íntegro y no dirá nada que ofenda ni siquiera a los que lo ofendieron a él–, para emprender una carrera en solitario, que fue igual de exitosa que pesarosa.
Creador de la tan oída y tarareada canción "En busca de una nueva flor" en aquel año del Festival Internacional de la Juventud y los Estudiantes, cuyo evento se celebró en La Habana, pronto la envidia de otros trovadores, notablemente la de Silvio Rodríguez, convirtió a Mike en un personaje orwelliano, de la tan leída novela (realidad ficcionada) 1984; perseguido por el Ministerio de la Verdad, que no era y no es más que el Ministerio de la Mentira.
(Mike Porcel)
Mike decidió entonces marcharse de Cuba, en el momento en el que por fin se pudo, cuando se abrió el puerto de Mariel y familias que vivían en el exilio debieron invertir sus ahorros en alquilar embarcaciones para viajar a buscar a sus familiares en Cuba. El resto es archiconocido. El régimen aprovechó, llenó los barcos de escoria y de locos, aunque mucha gente buena y de gran talento pudo escapar, como fueron los casos de Reinaldo Arenas, Juan Abreu y algunos otros. A mí me consta que escaparon en tablitas, a Reinaldo Arenas le iban a impedir la partida, lo que aparece muy claro y explicado en sus memorias, Antes que anochezca, como también en la película basada en ellas. Eso fue precisamente lo que le ocurrió a Mike Porcel, no le permitieron salir. Quedó varado en la isla durante nueve largos y aterradores años, en los que no dejaron ni un solo instante de acorralarlo, a él y a su familia, incluyendo a su hijo pequeño, al que expulsaron del conservatorio. El horror, sin más.
Sí, el horror de las hordas que intentaban destrozar las dos entradas de su casa durante aquellos días fatídicos, mientras ellos debieron acuartelarse, porque los querían linchar literalmente, a él, a su familia, a su madre enferma, a su hijo. Como se puede ver en las imágenes del filme que hicieron las hordas castristas en las calles de aquel vergonzoso año ochenta, que apedrearon, golpearon e insultaron a familias enteras de cubanos cuya única falta era ansiar partir hacia tierras de libertad.
El Icaic argumenta hoy que justamente la censura se debe a esas imágenes del pueblo combatiente y a las palabras áridas del discurso de Fidel Castro, con su –al parecer– olvidado (no por mí, yo no olvido) "que se vayan, no los queremos, no los necesitamos". O sea, una vez más, para ellos, no se debe dañar la imagen de lo que fue y es todavía; y sin embargo, ningún reparo en continuar deliberadamente destrozando destinos, en este caso no sólo el del músico, además el de los realizadores.
Para mí no han sido en exclusiva esas imágenes lo que constituye objeto de censura, el hecho es que Mike Porcel todavía molesta, su música la tienen clavada en el hipotálamo, no lo tragan ni lo tragarán nunca, su honestidad los perturba profundamente. Aunque quién quita que si un día, después de muerto, les diera dinero en abundancia, ahí estarían como los primeros ladrones y carroñeros que siempre han sido…
A mí, sin embargo, lo que más me altera, lo que me encoleriza, son los testimonios presentes y los ausentes, por igual. No se puede ser más cobarde que Frank Fernández esquinado a su maldad, como una tripa suelta y amargada del régimen. No se puede ser más astuto y doblelenguaje que Pedro Luis Ferrer, quien hasta exige que le apaguen la cámara para él poder continuar abiertamente en su decir a medias. El peor es Amaury Pérez Vidal, porque éste habla supuestamente desde la amistad. No dudo que haya querido ser amigo de Mike, e incluso no sospecho que lo haya sido: el genio despierta tanto odios y celos como alabanzas y guataquerías por parte de quienes más encelan sus valores. Pero eso de contar que cuando hicieron uno de sus discos de música barroca les exigieron añadir maracas y tumbadora, de lo contrario no saldría el disco, y que por esa razón los castigaron a alimentar leones dentro de las jaulas del zoológico, y que todavía, años más tarde, en el avión en el que acompañó al niño Elián González, afirmara orondo que Fidel Castro era su papá y el papá de todos los cubanos, no es que yo lo vea incoherente, es por encima de todo muy malvado de su parte, y demasiado hipócrita en la actualidad.
La ausencia de Silvio Rodríguez, de Argelia Fragoso y de otros más no me extraña. Silvio es un resentido de mucho cuidado, y Fragoso, en fin, puedo imaginar que "el miedo le devora el alma", como en aquella película que vi en el cine Rialto.
También he visto otro testimonio, que no aparece en el documental, de Eduardo Ramos. El hombre se arrepiente de haber sido de los primeros en acosar a Mike Porcel en aquellos constantes y abusadores mítines de repudio a pie de casa. Y termina con una de esas excusas que ya no se pueden aguantar más: "Todos participaron de aquello". No, siento recordarle que no todos participamos de "aquello", y que inclusive los que nos negamos a participar también fuimos golpeados y severamente calumniados. Yo misma, al salir de la casa de una amiga que vivía en la calle Lealtad, tuve la mala idea de recurvar por el Malecón, en sentido contrario a la manifestación de repudio por el Pueblo Combatiente contra los que se iban del país. Lo hice porque sentí la curiosidad de ver qué era aquello, y pensé de manera ingenua que podía hacerlo desde la no participación, caminando en sentido inverso al rebaño. De pronto, alguien me señaló, como a una fugada, como a esa que no iba con ellos, sino contra ellos, y de inmediato una turba me cayó encima, más pronto de lo que yo pudiera reaccionar. No sólo me ripiaron la ropa encima del cuerpo, me arrancaron hasta mechones de pelo, la golpiza fue bestial. Tampoco lo olvidaré, nunca.
Tras la censura de este documental, Mike Porcel ha vuelto al candelero, el revuelo ha sido y es impresionante, todos escriben sobre el caso, incluidos los que hasta ahora lo habían ignorado y olvidado desde el exilio, y los que ganan premios Casa de las Américas residiendo en Miami, los recogen, los cobran y Santas Pascuas…
Me alegra que Mike vuelva a la palestra pública, lo merece como persona y como músico. Aunque debiera recordar que cuando hice aquella antología titulada Censuré à Cuba, que editó la FNAC (Francia y España) con Reporteros sin Fronteras, algunos músicos participantes del exilio me pidieron que Mike no estuviera. El argumento era el mismo del de las maracas y los timbales. Mike era un trovador, y esa música ya no le decía nada a nadie, según ellos. Había que poner mucha timba, que en aquel momento era la moda. Tuvo que venir un español, el que portaba el proyecto desde la dirección de la FNAC, Miguel Barroso, para aprobar mi criterio. De más está decir que no sólo puse a Mike Porcel entre los principales, como él lo merece, además escribí un texto sobre él, en el que recalcaba la importancia musical de su obra en el ámbito de la cultura universal (no sólo de la cubana), así como la de su testimonio como víctima del comunismo que ha sabido siempre alzarse y caminar con su arte como escudo y con la frente muy alta. Lo hizo en España y lo ha hecho en Miami, donde reside.
Por esa razón me ha extrañado mucho que ahora, en este Concierto Anticomunista que sucederá en Miami por primera vez, al que he sido invitada, y cuya invitación es para mí un honor, no se haya pensado en Mike Porcel. Cuando lo propuse, el día 20 de enero, me dijeron que ya había un cupo demasiado grande. Sin embargo, no entiendo cómo reguetoneros (los timbaleros actuales) que hasta ayer estuvieron moviéndole el fambeco (trasero) a los castro-comunistas sean figuras preponderantes en ese concierto. No digo que no deban estar, sólo subrayo que Mike Porcel debiera no sólo estar, sino además ser invitado por la Casa Blanca a cantar allí y ser condecorado con la Medalla de la Libertad. No es normal que yo siga insistiendo en que Mike Porcel, con su extraordinaria obra, esté presente.
Hará unos meses el escritor Luis de la Paz presentó a Mike en Miami, nadie de los que hoy se suman a la lista de los yonosabíaporquesoymujoven estuvo presente. Tampoco en el microconcierto que le organizaron Joaquín Gálvez y también Luis de la Paz. Eso de "yo no sabía por que soy muy joven" me revienta tanto... ¿Tampoco sabes lo que fue la persecución de los judíos y la masacre comunista durante, antes y después de la Segunda Guerra Mundial, o tu nivel de conocimiento es selectivo?
La grandeza de un hombre se mide, como bien saben, no sólo por la gran cantidad de amigos que lo aman (entre los que me encuentro) y seguidores que abejean a su alrededor, sino por la tasa de mediocridad y cretinismo de los que lo han perseguido, y de los que lo han ignorado.
Mike Porcel ha tenido lo principal: el amor de su familia. El respeto y el amor de muchos que jamás lo olvidamos por su entereza, que lo admiramos por ser el inmenso artista que será hasta que esos ojos, que nos contemplan vibrantes y tan sinceros desde el final del documental, se cierren y entonces pasen a ser parte de mayores y mejores ecos.
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TRAILER Sueños al pairo
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CARTA DE REPUDIO DEL MOVIMIENTO DE LA NUEVA TROVA A MIKE PORCEL
El documental sobre Mikel Porcel censurado y los archivos del ICAIC
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'No es tanto sobre Mike Porcel, como acerca de la miseria humana de los entrevistados, así como de esos seres terribles que desfilan por los noticieros de la época del Mariel, tirando huevos y pidiendo la muerte de la escoria.'
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Un acto de repudio posterior a 1980 en La Habana. RTV MARTÍ
Por Néstor Díaz de Villegas
Hollywood
03 Mar 2020
Acabo de ver el documental Sueños al pairo, de José Luis Aparicio y Fernando Fraguela, sobre el trovador Mike Porcel, una obra censurada en la Muestra Joven ICAIC 2020. Es un trabajo que permite conocer, a los que no lo conocen, o revisitar, a los que le perdieron el rastro, la vida y la carrera de un músico cubano borrado de la historia.
De estos tristes casos debería haber un canal permanente, con fondos y recursos que permitieran explorar los archivos y contar las tragedias de tantos desaparecidos. Una comisión fílmica de la memoria histórica con un equipo de realizadores encargados de la tarea.
Sueños al pairo no es tanto sobre Mike Porcel, aunque hable de él, como acerca de la miseria humana de los entrevistados —de algunos de ellos, al menos, los de adentro—así como de esos seres terribles que desfilan por los noticieros de la época del Mariel, tirando huevos y pidiendo la muerte de la escoria.
(Refugiados en la Embajada del Perú, 1980)
Es decir: se trata, más que todo, de un documento sobre la degradación del cubano. Porque, si los edificios y las calles se han deteriorado hasta el punto de caerse en pedazos encima de sus moradores, el alma del cubano es una loma de huesos parecida a las que vemos en imágenes de Auschwitz y Treblinka.
En Sueños al pairo vemos al castrismo sin careta, al fidelismo como el crimen de lesa humanidad que siempre fue, y a Fidel Castro, como a un dictador enloquecido que reincide, a la vista del mundo y sin el menor asomo de autocrítica, en los mismos atropellos de sus predecesores, un genocida que a finales del siglo XX, y a la altura de sus 54 años de edad, manda a las jaurías a entrarle a cabillazos a los que se le opongan, uno que azuza a la canalla apelotonada delante de una embajada con 10.000 personas hacinadas adentro, haciéndose caca y pipi unas encimas de las otras, para que las golpee y apedree.
Un führer que acumuló todo el poder del mundo, y que todavía no le bastó, y quiso doblegar también al soñador de la guitarrita y al pepillo de los pantaloncitos apretados. Ahí lo vemos en toda su vileza, y el documento de José Luis Aparicio y Fernando Fraguela de alguna manera nos responsabiliza también a nosotros por haberlo dejado vivir, por el crimen histórico de haberle permitido expirar en su cama. Todos somos culpables.
Allí lo vemos, sirviéndose, para sus sucios propósitos genocidas, de los barquitos camaroneros que alquilaron o compraron a precio de oro los exiliados, esas lanchas donde vació sus cárceles y despachó a sus delincuentes, confundidos entre los poetas y los trovadores, entre nuestras abuelas y hermanos. "¡Que se vayan, no los queremos, no los necesitamos!", dice La Bestia, que ahora reposa en los bien guardados archivos del ICAIC.
El terror les impide a los entrevistados expresar indignación. Son sofistas, paqueteros, culpables por omisión y tergiversación. Amaury Pérez es el descarado mayor, haciendo los cuentos de cómo fue reprimido, y contándose entre los gusanos: "¡No hagamos de Mike un mártir!". Pedro Luis Ferrer le exige al camarógrafo que deje de filmar para poder decir la verdad, a medias. José María Vitier calcula y sopesa cada una de sus palabras, no vaya a ser. El pianista Frank Fernández es un asco, un saco de basura recostado a un piano.
Toda esa vileza, que contrasta escandalosamente con la imagen limpia y honesta de Mike Porcel, es lo que el ICAIC quiere censurar, es lo que no quiere que vea la población penal. Las vacas sagradas de la cultura como perfectos degenerados. Esta es la razón por la que Silvio Rodríguez, Pablito Milanés y Argelia Fragoso, declinaron participar en el filme. ¿Y qué iban a decir ellos?
Sin embargo, cuando ruedan los créditos, aparece una larga lista de agradecimientos que incluye a casi todos los que cuentan en el mundo del cine cubano, desde Miguel Coyula y Jorge Dalton hasta Carlos Lechuga, Lynn Cruz, Fernando Pérez y Claudia Calviño, personas que han perdido el miedo y están situadas en el bando opuesto a los Frank Fernández de este mundo.
Les corresponde a ellos exigir la custodia de los archivos del ICAIC, ese repositorio gráfico de los crímenes de la dictadura. La memoria histórica de la nación es la legítima dueña de todas nuestras imágenes, tanto las hermosas como las horribles.
Este artículo apareció originalmente en el blog N.D.D.V. bajo otro título. Se publica con autorización del autor.
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Licenciado en Matemática Pura en la Universidad de La Habana (UH) y Catedrático universitario con 24 años de experiencia en la docencia universitaria cubana; posee la Categoría Docente Principal de Profesor Titular universitario. Fue expulsado el 29 de enero de 1997 del Instituto Superior Pedagógico de Pinar del Río ( universidad de perfil formativo o pedagógico) por motivos políticos. Activo colaborador desde su fundación de la revista VITRAL y del Centro Católico de Formación Cívica y Religiosa (CFCR) de la Diócesis de Pinar del Río. Colaboró en Cuba con las organizaciones opositoras: Todos Unidos, Asamblea para Promover la Sociedad Civil en Cuba y con el Consejo Unitario de Trabajadores Cubanos (CUTC).
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COLABORADORES:
Paul Echániz