viernes, septiembre 30, 2022

Video con entrevista al comediante Ulises Toirac: 'Tengo un miedo terrible por el futuro del pueblo cubano'

 Tomado de https://diariodecuba.com/

El comediante Ulises Toirac: 'Tengo un miedo terrible por el futuro del pueblo cubano'

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'Todos los cubanos, estemos donde estemos, somos cubanos. No hay nadie menos, no hay nadie más', dice el actor que dio vida a Chivichana y habla con DIARIO DE CUBA sobre su carrera y su infancia.

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Por Wendy Lazcano

Madrid

29 septiembre 2022


El comediante cubano Ulises Toirac. DDC TV

El comediante, director y guionista cubano Ulises Toirac dice sufrir los achaques justos de tener 59 años y vivir en Cuba. "La gente me ve y piensa que soy un muñequito sin edad, pero se sienten los años; llevo 45 trabajando para el público", afirma sobre su carrera que, no obstante, lo hace sentir afortunado. "Me siento muy orgulloso de las oportunidades que he tenido y de la paciencia del público", añade el hombre que le dio vida a Chivichana en entrevista con DIARIO DE CUBA.

Todo artista curtido recuerda puntos de inflexión que han marcado su carrera, para Toirac han sido varios. "Yo soy un tipo afortunado. Tuve a Sabadazo, Y tú de qué te ríes, y Jura decir la verdad; los tres fueron, en su momento, campeones gigantes de rating. Sabadazo logró en un fin de año el 97% de la audiencia. Y tú de qué te ríes tuvo la magia de presentar nuevas caras. Es el proyecto del que más orgulloso estoy, costó diez pesos literalmente, la escenografía y los actores eran gratis prácticamente. Con Jura decir la verdad aposté al formato de Tres Patines y La Tremenda Corte, en un momento en el que era un tema tabú, por la absurda política de menospreciar a los cubanos que se van". 

El comediante, que actualmente trabaja en su programa diario el El rapidín matutino, advierte que nadie se escapa de la censura cuando trabaja con el humor en la categoría de sátira social. 

"No me voy a erigir en una víctima, de hecho, creo que he tenido bastante suerte para las cosas que he dicho, quizá porque siempre pienso sosegadamente antes cómo me van a caer arriba las fieras y cómo tengo que responder. Me ha pasado de todo, desde que me intenten suspender una peña, hasta que me digan que no puedo hacer un espectáculo en teatro justo antes de empezar, programas que me engavetaron y no pudieron salir al aire... El humor va a la conciencia de la gente, va a destrozar tabúes, sociales, éticos, religiosos y sexuales".

Debido al reconocimiento público que ha logrado a lo largo de su carrera, Toirac se viste de "ropa y de ánimo" antes de salir de su casa. "Sé que no puedo salir a la calle y rascarme una nalga en una esquina o salir con mal carácter. No soy exactamente la persona que se para en el escenario, pero he aprendido a serlo, porque la gente se disgusta si no ve a ese que ellos conocen. Esa gente que está allá afuera paga todo lo que yo como y bebo en mi vida, así que se merecen que los trate con absoluto respeto".

El comediante dice sentir una gran responsabilidad por la influencia que tiene en la gente. "Me ha pasado de todo con el público. Recuerdo que una mujer, en enero de 1994, me paró cuando estaba caminando por Santo Suarez y me dijo que ese año se le había ido su hijo a EEUU y su esposo había fallecido. Me contó que pensó en quitarse la vida ese fin de año, pero 'gracias a ustedes no lo hice'", relata el Toirac emocionado.

Si alguna vez te encuentras con el comediante en la calle y no te devuelve el saludo no te lo tomes a mal. "Tengo un oído jodido, escucho por uno solo, hay gente que me saluda en la calle, yo no los oigo y se disgustan".

Toirac, quien en su vida personal dice ser sosegado, estudioso, y amar la computación y a su familia, siempre quiso hacer reír a la gente. "Siempre fui rarito físicamente, ahora es cuando menos raro soy, de chama era un portento de rareza y lo disfrutaba mucho, me daba muchas posibilidades para hacer reír. Siempre disfruté sorprender a la gente con ideas nuevas, lo que llaman ahora pensamiento lateral. Me acuerdo una vez de niño, en un acto, hice del séptimo enanito de Blanca Nieves. Solo tenía un texto en toda la representación y aquello fue un desastre. Se suponía que era un momento dramático y cuando hablé la escuela se cayó abajo, a partir de ahí siempre tuve la inclinación de ser comediante".

Su camino profesional fue aclarándose cuando se involucró con el movimiento de aficionados estudiando en la CUJAE. Al graduarse formó su propio grupo, que participó en el festival universitario del humor en 1984. "Luego entablé relación con Virulo y el Conjunto Nacional de Espectáculos de aquella época, y ya todo se encaminó". 

Sobre los cambios necesarios en Cuba, Toirac dice que, en este momento, los ve imposible de suceder. "Cada vez más polarización. La radicalización cada vez toma más fuerza, el odio y la intransigencia de ambos extremos".

"Hay mucha gente empujando, atrasando y permitiendo con ello que se extremen más las cosas. Tengo un miedo terrible por el futuro de este pueblo, la cosa está muy jodida, sí pienso que tiene que cambiar". 

"A veces me tildan de 20 cosas, porque me estás obligando a decir lo que tú quieres que yo diga y no lo que digo yo, y eso es lo que te molesta. Estoy viendo cada vez menos posibilidades de una solución pacífica, y cuando digo pacífica no digo que no sea una solución grande". 

Preguntado sobre las protestas del 11J, Toirac dice que fue "una prueba de fuerza, tanto es así que después con la que hizo Yunior García no se llegó a ningún sitio. El 11J demostró que la gente puede salir a las calles y que puede tener consecuencias. Nadie te va a entregar el poder de gratis. Me sorprendió que la gente tuviera el coraje de salir. Vi mucha gente en buena onda, diciendo las cosas que pensaba; vi otros no tan así, para los que resultaba una especie de diversión. Estuve muy nervioso porque sabia que se podía ir de las manos".

"El Gobierno tiene todas las herramientas para perpetuarse. No lo vi, como en otros países del mundo, en donde se desata una violencia vertical, pero vi los signos de que esta puede ser aplicada.  Ese día y el siguiente no los vi con alegría". 

Como mensaje final el comediante agradece la paciencia de sus seguidores y los buenos momentos que ha vivido por su carrera, y hace un llamado de unión. "Todos los cubanos, estemos donde estemos, somos cubanos. No hay nadie menos, no hay nadie más".

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domingo, agosto 11, 2019

El comediante cubano Ulises Toirac le respondió al periódico oficialista Granma: ‘primero han de cambiar los dirigentes que las necesidades del humor’





Toirac al Granma: ‘primero han de cambiar los dirigentes que las necesidades del humor’


Por Hervin Salinas
Agosto 10, 2019

El comediante cubano Ulises Toirac le respondió al periódico oficialista Granma y a su artículo publicado recientemente sobre el papel que juegan el humor en la isla, sobre todo el que se realiza a modo de crítica para los directivos.

“Hay un error conceptual en este artículo de Miguel Cruz Suárez y es creer que es el arte quien forma el criterio. El humor específicamente. El humorismo logra cuerdas de empatía con el público en la medida que sintetice su pensamiento, su espiritualidad”, dijo el humorista.

“Vayamos a un punto aparentemente lejano pero que luego enlazaré con éste: mucha gente critica el trabajo de los reguetoneros. Yo igual opino que no es arte propiamente hablando (aunque esto es discutible), que generalmente (mucho, casi absoluto) usan letras no solo desprovistas de poesía o lírica siquiera… de sensibilidad… vaya del más mínimo sentimiento humano positivo”, agregó en su muro de Facebook.

“Pero el reguetón, como expresión de la parte “intelectual” y “cognitiva” y hasta “cultural” de la sociedad, es un resultado de la realidad concreta. Filosofía, compañeros. Marxismo, por favor, que muchos suspensos me gané estudiándolo: el arte es otra forma de expresión social y no viceversa”, explicó.

“Ser social y conciencia social…¿recuerdan la relación? La realidad es la que genera formas de pensamiento y entre éstas, la cultura con o sin comillas. Y aquí viene “el enlace”: el humor es igualmente forma de expresión espiritual del individuo. No solo del que produce humor. El público orienta su sentido del humor (tipo, nivel intelectual, agudeza) según la realidad histórico-concreta que vive el individuo”, añadió.

Por otro lado, Toirac señaló que, “el humor, entendido por el producto que hacen los humoristas, busca claves de entendimiento con el público porque su objetivo final es hacer reír. Y la gente ríe cuando esas claves tienen éxito y se logra entonces la comunicación”.

“¿Que el 100% del auditorio no ríe del mismo chiste y que a un porciento incluso le resulta insultante? Eso se llama PLURALIDAD. Universo de personas. Pero si la mayor parte del auditorio se ríe y aplaude y hasta se desternilla de la risa, no importa la calidad del chiste, su nivel intelectual y otros aderezos de lo que llamamos ARTE, el objetivo del humor se cumple gústenos o no”, sentenció.

“Igual que el periodista defiende a los dirigentes (no digo que no haya alguno realmente sacrificado, exitoso y honesto), yo defiendo el humor (y no digo que no haya alguno de mal gusto, incoherente y procaz). Porque el humor, en sus búsquedas, practica una importantísima labor para toda la sociedad y que no queda sólo en la complacencia risueña del público y su “destape valvular”. El humorismo señala, resalta y satiriza todo lo que frena el desarrollo y está en contra del sentido común: tanto en lo ético, lo moral, lo costumbrista y hasta en las tradiciones, sino en lo económico, lo político y lo ideológico”, argumentó, en defensa de lo que él hace, de lo que él cree.

“Y no estoy hablando solo del humor cubano realizado en Cuba. Hablo del HUMOR. Y primero han de cambiar los dirigentes que las necesidades del humor. Créeme”, concluyó.
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 Toirac
el viernes
Hay un error conceptual en este artículo de Miguel Cruz Suárez y es creer que es el arte quien forma el criterio. El humor específicamente. El humorismo logra cuerdas de empatía con el público en la medida que sintetice su pensamiento, su espiritualidad.
Vayamos a un punto aparentemente lejano pero que luego enlazaré con éste: mucha gente critica el trabajo de los reguetoneros. Yo igual opino que no es arte propiamente hablando (aunque esto es dicutible), que generalmente (mucho, casi absoluto) usan letras no solo desprovistas de poesía o lírica siquiera... de sensiblidad... vaya del más mínimo sentimiento humano positivo. Y de la misma forma opino que en la casi totalidad, lo que acompaña a esa letra no es música. Y en muchos casos (incluyendo a los más desafortunados artísticamente hablando) la mezcla no es buena, aunque reconozco que utilizan los más novedosos sistemas de grabación, masterización y edición entre los que se encuentran los más insólitos afinadores de voz, por cierto). Pero el reguetón, como expresión de la parte "intelectual" y "cognitiva" y hasta "cultural" de la sociedad, es un resultado de la realidad concreta. Filosofía, compañeros. Marxismo, por favor, que muchos suspensos me gané estudiándolo: el arte es otra forma de expresión social y no viceversa. Ser social y conciencia social...¿recuerdan la relación? La realidad es la que genera formas de pensamiento y entre éstas, la cultura con o sin comillas.
Y aquí viene "el enlace": el humor es igualmente forma de expresión espiritual del individuo. No solo del que produce humor. El público orienta su sentido del humor (tipo, nivel intelectual, agudeza) según la realidad histórico-concreta que vive el individuo. Un francés de Paris no ríe de la misma forma (en cuanto al chiste y a la exteriorización incluso de ese impacto intelectual en su cerebro) que un campesino hindú.
El humor, entendido por el producto que hacen los humoristas, busca claves de entendimiento con el público porque su objetivo final es hacer reir. Y la gente ríe cuando esas claves tienen éxito y se logra entonces la comunicación.
¿Que el 100% del auditorio no ríe del mismo chiste y que a un porciento incluso le resulta insultante? Eso se llama PLURALIDAD. Universo de personas. Pero si la mayor parte del auditorio se ríe y aplaude y hasta se desternilla de la risa, no importa la calidad del chiste, su nivel intelectual y otros aderezos de lo que llamamos ARTE, el objetivo del humor se cumple gústenos o no.
Igual que el periodista defiende a los dirigentes (no digo que no haya alguno realmente sacrificado, exitoso y honesto), yo defiendo el humor (y no digo que no haya alguno de mal gusto, incoherente y procaz). Porque el humor, en sus búsquedas, practica una importantísima labor para toda la sociedad y que no queda sólo en la complacencia risueña del público y su "destape valvular". El humorismo señala, resalta y satiriza todo lo que frena el desarrollo y está en contra del sentido común: tanto en lo ético, lo moral, lo costumbrista y hasta en las tradiciones, sino en lo económico, lo político y lo ideológico.
Y no estoy hablando solo del humor cubano realizado en Cuba. Hablo del HUMOR.
Y primero han de cambiar los dirigentes que las necesidades del humor. Créeme.

(eliminé el enlace al artículo en cuestión porque se me han quejado algunos amigos de que no sale mi texto en el enlace compartido, les ruego ir al Granma de hoy viernes 9 de agosto y busquen el artículo titulado "Humor de un solo sentido")
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Humor de un solo sentido

El personaje oficial, el cuadro político, el simple dirigente del barrio, el que alguna vez dirigió y ya no lo hace, e incluso los miembros de las instituciones del orden o la legalidad, se han convertido en blanco predilecto a la hora de armar los personajes más ridículos o los que asumen roles negativos en no pocas producciones audiovisuales (humorísticas o no) de los últimos tiempos

Autor: Miguel Cruz Suárez
internet@granma.cu

8 de agosto de 2019

El humor criollo, el costumbrismo y el teatro vernáculo, siempre se han nutrido de todas las facetas de la vida política y social cubana, pero de esto a convertir en comodín humorístico (a veces no tan humorístico) todo cuanto «huela» a institucionalidad creo que es demasiado hiriente para miles de personas que asumen con mucho sacrificio aquellas tareas que, por lo general, nunca quieren ser tomadas por los más críticos.

El personaje oficial, el cuadro político, el simple dirigente del barrio, el que alguna vez dirigió y ya no lo hace, e incluso los miembros de las instituciones del orden o la legalidad, se han convertido en blanco predilecto a la hora de armar los personajes más ridículos o los que asumen roles negativos en no pocas producciones audiovisuales (humorísticas o no) de los últimos tiempos.

De solo pasar la mirada por decenas de películas, puestas televisivas o teatrales de los años recientes, se hace perceptible la asignación a estos personajes de guiones sin muchos matices, que los reducen a personas torpes, incultas, desfasadas o tontas, que de inmediato ganan para sí los sentimientos de repulsa y burla en los espectadores, justamente lo que se busca cuando son diseñados.

Entonces me pregunto: ¿por qué no reírse un poco más del maceta, del que roba, del contrarrevolucionario, del que nos agrede y bloquea, del que hace de la sociedad un espacio carente de disciplina, del simulador, del vago y hasta de los seudoartistas o seudointelectuales?

No hago una defensa a ultranza de los cuadros de dirección o las autoridades, en los que subsisten muchos problemas y a veces no emplean los métodos más correctos para enfrentar determinadas situaciones, pero no concuerdo con la superficialidad que se le otorga al tema y creo que la vida y la cotidianidad de estas personas da para mucho más en materia de estructura de los personajes; lo cual permitiría, sin detrimentos al humor inteligente, un equilibrio más constructivo.

No me parece adecuado encasillar siempre en los llamados roles negativos a la figura de la autoridad oficial, porque el arte traslada y entroniza estereotipos y a la larga la gente terminará por asociar dichas autoridades, sin excepciones, con la chapucería e incluso con el fracaso. Más valdría, creo yo, diversificar y enriquecer la crítica sin que lo grotesco sea la norma.






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