miércoles, septiembre 27, 2023

Cuba. El multitudinario retrato de los constructores del Capitolio.Nacional de Cuba. Fotos de su construcción

 Tomado de http://elcardenense.blogspot.com/

Domingo, 4 de octubre de 2015

El multitudinario retrato de los constructores del Capitolio.

Por: Jorge Oller Oller. Tomado de www.cubaperiodistas.cu

A principios de 1929 se dieron los toques finales a la majestuosa fachada del Capitolio Nacional. Carlos Miguel de Céspedes, cardenense que fue Secretario de Obras Públicas y máximo impulsor de las obras, quiso reunir en la escalinata a todos los constructores que día a día, con su esfuerzo creador y constructivo, levantaron esa obra faraónica y retratarlos a todos juntos como documento y recuerdo.

 Rafael Pegudo Gallardo, entonces reportero gráfico de la revista Carteles,recordaba que El Dinámico (así le llamaban a Carlos Miguel) le encomendó al director técnico y artístico de la obra, Eugenio Rayneri, la disposición ordenada de los trabajadores en la escalinata. Este y su equipo levantaron un plano, calcularon las áreas que cubriría cada especialidad o sector constructivo y reservaron en el centro un lugar de honor para Carlos Miguel y el presidente Gerardo Machado quienes presidirían la monumental fotografía. 

El estudio previo realizado por el equipo de Rayneri indicó que había unos cinco mil obreros cubanos, españoles y de otras nacionalidades trabajando a pie de obra como capataces, carpinteros, canteros, electricistas, albañiles, jardineros, mecánicos, escultores, cerrajeros, cocineros, peones y personal de apoyo. Se incluían a unos cientos de trabajadores que ya habían concluido sus tareas y a los especialistas de una veintena de empresas cubanas y extranjeras contratadas para el acabado. Sin embargo, otros tres mil trabajadores no podían retratarse porque trabajaban en talleres de Italia, Francia e Inglaterra creando las esculturas y cuadros o fabricando herrajes, cortinas y decorados que enviaban a La Habana. 

Dos de los fotógrafos se preparan para retratar a los obreros son ellos: Octavio de la Torre, a la izquierda, con una cámara de 8 x 10 pulgadas, a la derecha Arturo Martínez Illa con la cámara panorámica. Los dos obtuvieron el primer y segundo premio respectivamente. Rayneri y el jefe de fotografía de la Secretaría de Obras Públicas, Manuel Martínez Illa, estudiaron la posición del sol en los distintos horarios y determinaron que la mejor hora era entre las 10 y las 11 de la mañana. También acordaron la altura y ubicación de una plataforma que situarían frente a la escalinata para que los fotógrafos y camarógrafos tuvieran una mejor visualización. Los directores de la compañía Purdy& Henderson encargada de la construcción del Capitolio no sólo se entusiasmaron con la idea sino que ofrecieron un premio al fotógrafo que captara el mejor retrato del grandioso grupo. 

El sábado 9 de febrero de 1929 fue el día seleccionado para el retrato. Muy temprano, un enjambre de obreros, técnicos y dirigentes, con sombreros de pajilla y camisas blancas recién planchadas, fueron situándose ordenadamente en el lugar que tenían asignado en la escalinata. Frente a ellos,sobre una plataforma, los reporteros gráficos de la prensa capitalina y algunos fotógrafos profesionales iban colocando las enormes cámaras sobre los trípodes, preparándose para captar el acontecimiento. Rafael Pegudo recuerda que aquel día fue con su compañero de trabajo Fernando Lezcano Miranda al Capitolio y fueron recibidos al pie de la escalerilla de la plataforma por Manuel Martínez Illa, jefe de Fotografía de Obras Publicas que había sido designado por Carlos Miguel de Céspedes para atender y facilitar el trabajo de los fotógrafos. Arriba, en el tablado, estaban Enrique Figarola Gómez ”Kiko” y Generoso Funcasta Boizan del diario El Heraldo de Cuba; Fernando Fernández Prieto, de El Mundo; Federico Buendía Pérez del Diario de la Marina; José López López de La Prensa; José Luis López Gómez y Miguel Angel Díaz Barreto de Excélsior; Amador Vales González de Bohemia y Federico Gibert Valdés, jefe de fotografía de El País, con todo su equipo de fotógrafos integrado por Juan Manuel Guerrero Campanearía,Francisco Pérez Recio y Emilio Molina Cuervo. También José García Ruiz corresponsal de la United Press y Octavio de la Torre Mora, fotógrafo de la Secretaría de Obras. Pegudo saludo igualmente a Arturo Martínez Illa quien residía en Caibarién y se dedicaba a recorrer la Isla con su cámara panorámica, retratando centrales azucareros, industrias y grandes grupos de personas. Su hermano Manuel lo había invitado para hacer una panorámica de los obreros del Capitolio porque el departamento que dirigía no disponía de ese tipo de cámara. El Capitolio desde el aire tomado unos días después de la inauguración el 20 de mayo de 1929. 

A las 10 y 30 de la mañana un locutor anunciaba por unos altavoces colocados en los alrededores de la escalinata la llegada del Presidente Machado y Carlos Miguel de Céspedes. Después de los saludos y aclamaciones se situaron todos en sus posiciones. De nuevo se escuchó la voz del locutor indicando que los fotógrafos estaban listos para fotografiarlos y debían permanecer quietos y mirando a las cámaras. De inmediato los obturadores de unas treinta cámaras comenzaron a funcionar. Diez minutos después Machado alzó los brazos para saludar a los fotógrafos y después a los obreros que estaban a los lados y al fondo. En medio de aplausos y aclamaciones se marcharon y en unos veinte minutos la escalinata quedó vacía, en la plataforma algunos fotógrafos rezagados recogían sus cámaras y placas. Según cuenta Pegudo, el fallo del Jurado se dio a conocer el 24 de febrero. El premio correspondió a Octavio de la Torre con 150 pesos y un Diploma y también se otorgó un premio especial o segundo premio con 75 pesos y Diploma a la panorámica que hizo Arturo Martínez Illa. Los días siguientes fueron muy atareados para Manuel Martínez Illa y Octavio de la Torre por la cantidad de fotografías que continuamente pedía Carlos Miguel para regalar. Manuel Martínez Illa, Jefe del Departamento de Fotografía y Cine de la Secretaria de Obras públicas y Octavio de la Torre,quien obtuvo el primer premio del Concurso y fotógrafo también de dicho departamento. 

La fotografía de los trabajadores del Capitolio ha sido el retrato donde mayor número de personas han posado en Cuba. Cada uno de los retratados recibió una copia de recuerdo por haber dedicado más de tres años de su vida en construirlo, cinco de ellos encontraron la muerte mientras trabajaban. El talento de todos estos hombres se recuerda en una sencilla y honrosa placa situada en una de sus paredes: Una plegaria para los que dieron su vida. Un recuerdo para todos los que pusieron en estas piedras brazos, ciencia y espíritu. Fuentes: Conversación con Rafael Pegudo Gallardo, reportero gráfico de Carteles y El Mundo,profesor de fotografía de la Escuela de Periodismo “Manuel MarquezSterling” y autor de varios libros de la especialidad, el día 14 de agosto de 1980 en su casa. Rotograbado del Diario de la Marina del 17 de febrero de 1929. Agradecimientos: Maité Hernández Alfonso, gestora cultural de la Casa de las Tejas Verdes, Oficina del Historiador de la Ciudad. Patricia Zornoza Suárez, Jefa del departamento de colecciones raras,Biblioteca Central de la Universidad de La Habana. Idania Esther Rodríguez Ortega, historiadora.

Publicado por Ernesto Aramis Alvarez Blanco 

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TRANSPORTACIÓN DE LAS ESTATUAS



UNO DE LOS DOS HEMICICLOS


SALÓN DE LOS PASOS PERDIDOS


ESTATUA DE LA REPÚBLICA


TUMBA DEL MAMBÍ DESCONOCIDO

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jueves, marzo 23, 2023

El bar cubano. Alejandro Armengol: Fines de semana en La Habana, viajes de ida y vuelta en un mismo día

 
Nota del Bloguista: de Baracutey Cubano

 Creo recordar que ese fragmento que toma Armengol como la mejor definición del daiquirí, es de la novela de Ernest Heminway (quien fuera el agente ¨Argos¨ de la Inteligencia soviética según se dice  a partir  del instante 1: 07:48 de  este  video)  titulada Islas en el Golfo, la cual fue  publicada póstumamente.  

(En la foto la perona que está entre Spencer Tracy (el actor principal en el film El Viejo y el Mar) y la mujer no se me parece al actor Errol Flynn ni en la cara ni en el tipo de bigote)

Por cierto: en una  carta a su hijo Patrick (al que llamaba ¨Mouse¨) fechada el 24 de diciembre de 1958 escribió sobre la entonces  situación cubana

"Cuba está ahora mala de verdad, muchacho. Yo no soy de los que se acoquinan ante el peligro, pero estoy harto de vivir en un país donde nadie sabe con certeza --las dos partes son atroces-- las dificultades y muertes violentas que vendrán cuando entren los nuevos, viendo los abusos de los que están en el poder ahora. Aquí somos siempre tratados bien, como en todos los países, y tenemos muy buenos amigos. Pero las cosas no andan bien y lo que nos viene encima es el crimen. Esto es totalmente confidencial. Más vale tomar precauciones. El futuro se vislumbra muy malo y no ha habido pesquería en el Golfo...".

En el original:

uba is really bad now, Mouse. I am not a big fear danger pussy but living in a country where no one is right --both sides atrocious-- knowing what sort of stuff and murder will go on when the new ones come in --seeing the abuses of those in now-- I am fed on it. We are always treated OK as in all countries and have fine good friends. But things aren't good and the overhead is murder. This is confidential completely. Might pull out of there. Future looks very bad and there has been no fishing in Gulf....¨ 

Ernest Hemingway con sus hijos Patrick y Gregory

Más  sobre Ernest Hemingway  AQUÍ.. 

El nombre de daiquirí para el trago  y su relación con la Guerra Hispamo Cubana Norteamericana  es por el nombre de  la playa  del Oriente de Cuba por donde desembarcó gran parte de las tropas norteamericanas en un casi caótico desembarco, pero ese es un tema aparte...

El daiquirí tradicionalmente se presentaba en un tipo de  copa específica (las del brindis de los recién casados  en su boda) y no en un vaso. No soy bebedor, pero sí lo tomé varias veces  en Cuba en mi juventud, que era  en los mismos tiempos de la juventud de Armengol.

 Armengol  escribe: ¨... Nadie se responsabiliza de una invención que fue el medio ideal —explosivo y seguro— de llevar una mujer a la cama en La Habana durante las décadas de los años cincuenta y sesenta...¨ No se las experiencias de Armengol en esos años pero de la bebida que se hablaba entonces  que tenía ese efecto era la llamada menta ... Tampoco nos olvidemos que  en  un gran numero de ocasiones, ellas son las que nos llevan a la cama haciéndonos creer  lo contrario  :-)

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Tomado de https://www.cubaencuentro.com/

El bar cubano

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Fines de semana en La Habana, viajes de ida y vuelta en un mismo día

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(Los tres tragos cubanos más famosos en que se utiliza ron: Cuba libre, mojito y daiquirí.)

Por Alejandro Armengol

Miami

17/03/2023

Al menos dos cócteles del limitado bar cubano deben su origen —o su nombre— a la Guerra Hispano-Americana. Nada mal récord cuando se suma un tercero.

Uno adquiere su definición mejor con Hemingway: “Hudson estaba bebiendo otro daiquirí helado sin azúcar y al levantarlo, pesado y con la copa bordeada de escarcha, miró la parte clara debajo del tope frappé y le recordó el mar. La parte frappé era como la estela del barco y la parte clara como se veía el agua cuando la cortaba la proa, navegando en aguas poco profundas, sobre fondo de greda. Era casi el color exacto”.

El segundo es tan simple de preparar que no ha merecido descripción literaria. Tiene también una apariencia ingenua y un nombre exaltado.

Por lo general se define como una mezcla de ron y Coca-Cola. En su elaboración a veces se omite el medio limón, indispensable para personalizar el trago. También se pasa por alto su carácter engañoso —hasta traicionero—, que lo convierte en arma de conquista. Recurso clásico es adulterar la mezcla para debilitar al contrario —pareja, acompañante, alguien conocido en la esquina—, desde un exceso de alcohol hasta cualquier droga. Nada es más peligroso que un cuba libre —salvo una Cuba libre. Suele citarse con énfasis fuera del país, pero en éste se limita a una bebida de adolescentes y mujeres.

Los dos tragos han soportado el desdén de quienes nacen hombres en la Isla: uno porque se le considera propio de turistas, el otro por su tendencia femenina. Nacionalismo y machismo conspiran a la par en este caso.

Ambos fueron creados por visitantes. El daiquirí por el ingeniero de minas Jennings S. Cox y el cuba libre por un capitán del Cuerpo de Señales de Estados Unidos estacionado en La Habana.

El nombre del capitán se limita a un “Mr. X”. Nadie se responsabiliza de una invención que fue el medio ideal —explosivo y seguro— de llevar una mujer a la cama en La Habana durante las décadas de los años cincuenta y sesenta. Los dos surgen de la necesidad de evadir el calor que impera casi todo el año en la isla caribeña. El que le recuerda el mar al escritor norteamericano no es más que una añoranza de la nieve y el frío. El segundo pretende aludir a una reafirmación patriótica y es tan engañoso como la política. Necesita de un producto extranjero (el refresco en la isla, la soda en Miami) para existir. Una Cuba que no es libre sin la presencia del Norte.

El más cubano de los tres es el tercero. El único que depende de la cultura y de la naturaleza del país.

Aunque la publicidad ahora lo asocia con Hemingway, no se encuentra en su literatura. Sí en la de un cubano.

Yerbabuena machacada, una media cucharada de azúcar y el zumo de medio limón. Agregue dos onzas de ron Carta Blanca, el hielo suficiente, y tiene en un vaso la combinación nacional perfecta.

“Pedí un mojito y me entretuve contemplando, jugando, teniendo en las manos aquella metáfora de Cuba. Agua, vegetación, azúcar (prieta), ron y frío artificial”, escribe Guillermo Cabrera Infante en Tres Tristes Tigres.

El ron es el ingrediente indispensable de los tres —además del hielo, que es el disfraz necesario para adaptarlos al clima— y no se define con un nombre sino por el apellido: Bacardí.

Ningún producto ejemplifica mejor las esperanzas y frustraciones de una nación que comienza con un siglo. No hay familia más representativa. Un español que en 1862 adquiere una destilería en Santiago de Cuba, que sobrevive a la Guerra de los Diez Años y crea una bebida que gana la principal medalla en la Feria de Madrid de 1877. Un primogénito que se destaca como historiador y cronista. Otro heredero que lleva el negocio a la capital, logra que la firma gane fama mundial después de la intervención norteamericana y funda un establecimiento que sirve bebidas gratis a turistas y empresarios norteamericanos.

Fines de semana en La Habana, viajes de ida y vuelta en un mismo día, mañanas dedicadas a reuniones de negocios, recorridos de compra, tardes de tragos en el edificio Bacardí, noches de Tropicana si hay tiempo para un día más.

El regreso en el ferri rumbo a Cayo Hueso o en el último vuelo hacia Miami, al concluir la visita a la ciudad que para ellos era una feria y cuyo encanto los perseguirá durante los días siguientes e incluso por meses y años si son afortunados. Viajeros que vuelven a sus hogares cargados de botellas, con la ilusión de apresar en ellas el recuerdo del fin de la aventura.

(Publicado originalmente el 23 de diciembre de 2006 en Cuaderno de Cuba.)

© cubaencuentro.com

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VIDEO. Ferry de La Florida a La Habana "Antes de 1959


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CABARET TROPICANA

Pequeño show en el avión. La pareja de baile eran Ana Gloria y Rolando

PARA QUE NO LES HAGAN CUENTOS: OBSERVEN  EL BAJO PRECIO DEL CABARET  TROPICANA. EN LA SALA DE JUEGO DEL CASINO ERA DONDE ESTABA LA GANANCIA

EL TENOR PEDRO VARGAS CON  AGUSTÍN LARA EN LA MESA DE MARTÍN FOX, DUEÑO DE TROPICANA JUNTO CON SU HERMANO ¿PEDRO?

EL CANTANTE TONY MARTIN


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domingo, marzo 05, 2023

Cuba 1939. Sobre los trágicos hechos de los judios del buque MS Saint Louis. Nota donde se aclaran supuestas culpas sobre esos hechos del General Manuel Benítez Valdés, del Presidente Federico Laredo Brú y de Fulgencio Batista, Jefe del Ejército

Jewish refugees from Germany arrive on the ship Saint Louis in Havana, Cuba. HD Stock Footage



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Enlace Judío
Feb 16, 2022

El 13 de mayo de 1939 un barco con 937 pasajeros salió de Alemania buscando refugio en alguna parte del mundo. La gran mayoría a bordo eran judíos y su intención era llegar a América y poder así, escapar lo suficientemente lejos de las garras del nazismo.

Algunos pasajeros tenían previa autorización para desembarcar en Cuba, ya que el Director General de la oficina de migración de Cuba, había vendido de manera ilegal certificados de desembarco, el acto de corrupción desató el enojo en la población cubana, que se recibían a recibir inmigrantes, pues estos competirían por los pocos trabajos disponibles que existían, ¿Qué sucedió después? ¿Pudieron desembarcar en Cuba? ¿Cuál fue el destino de estos pasajeros? No te pierdas este video.

Barco St. Louis, la indignación en la historia judía; por Nadia Cattan



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 Importante NOTA ACLARATORIA  del Bloguista de Baracutey Cubano donde se aclaran supuestas culpas del General Manuel Benítez Valdés, del Presidente Federico Laredo Brú, ex Coronel del Ejército Libertador,  así como del Jefe del Ejército Fulgencio Batista y Zaldivar 

El St. Louis en el puerto de Hamburgo en junio de 1939

Si les interesa profundizar en el tema del buque MS St. Louis pueden leer el libro titulado Voyage of the Damned, el cual también fue editado en español con el de El viaje de los condenados, de Gordon Thomas y Max Morgan-Witts. Hay varias películas o films sobre ese tema; una de ellas tiene el mismo título de ese libro y fue filmada en 1976. El mencionado libro ofrece una lista de fuentes consultadas pero es importante conocer lo siguiente:


En los trágicos hechos del MS St. Louis es muy frecuente confundir al Coronel Manuel Benitez González con el General Manuel Benitez Valdés; en Cuba, hace ya unos años, una de esas personas que los confundió  fue un experimentado crítico cinematográfico cuando hizo la presentación de la película un domingo por la TV nacional.

El Coronel Manuel Benítez González no era un hombre de Batista, sino del General Rafael Montalvo Morales; Benítez González era cuando los hechos del buque Saint Louis el Director General de Inmigración. El General Montalvo fue el único individuo del Gabinete del destituido Presidente Miguel Mariano Gómez que pasó a integrar el Ejecutivo de Federico Laredo Brú; Montalvo pasó de la Secretaría de Defensa Nacional a la de Secretario de Estado. El General Montalvo era cuñado de Julio Lobo, ¨El Zar del Azúcar¨, el cual era judío. El General Montalvo es el personaje misterioso del mencionado libro. El Coronel Manuel Benitez González es una persona y el General Manuel Benitez Valdés es otra persona  fallecido en Miami hace ya algunos años, y que sí fue un hombre de Batista. Es probable que  Manuel Benitez Valdés sea hijo de  Manuel Benítez González  según se pudiera inferir del escrito de Ciro Bianchi; este último murió a mediados de los años 40 del pasado siglo. Leí que después  del escándalo de corrupción  con lo ocurrido con los pasajeros del buque Saint Louis tuvo que renunciar a su carfo de Director General de Inmigración de la República de Cuba..

Sobre la responsabilidad del Presidente Federico Laredo Brú, leemos en


Decree 937
Decree 55 was adopted in Cuba in early 1939. It distinguished between refugees and tourists. The decree stated that each refugee needed a visa and was required to pay a $500 bond to guarantee that they would not become wards of Cuba. But the decree also said that tourists were still welcome and did not need visas. The director of immigration in Cuba, Manuel Benitez, realized that Decree 55 did not define a tourist or a refugee. He decided that he would take advantage of this loophole and make money by selling landing permits that would allow refugees to land in Cuba by calling them tourists. He sold these permits to anyone who would pay $150. Though only allowing someone to land as a tourist, these permits looked authentic, even were individually signed by Benitez, and generally were made to look like visas. Some people bought a large group of these for $150 each and then resold them to desperate refugees for much more. Benitez himself had made a small fortune in selling these permits as well as receiving money from the cruise line. Hapag had realized the advantage of offering a package deal to their passengers – a permit and passage on their ship.

The President of Cuba, Frederico Laredo Bru, and his cabinet did not like Benitez making a great deal of money – that he was unwilling to share – on the loophole in Decree 55. Also, Cuba’s economy had begun to stagnate and many blamed the incoming refugees for taking jobs that Cubans would have otherwise held.

On May 5, Decree 937 closed the loophole. Without knowing it, almost every passenger on the S.S. St. Louis had purchased a landing permit for an inflated rate which, by the time of sailing, had already been nullified by Decree 937.
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Decreto 937
El Decreto 55 fue adoptado en Cuba a principios de 1939. Distinguía entre refugiados y turistas. El decreto establecía que cada refugiado necesitaba una visa y debía pagar una fianza de 500 dólares para garantizar que no quedarían bajo la tutela de Cuba. Pero el decreto también decía que los turistas seguían siendo bienvenidos y no necesitaban visas. El director de inmigración en Cuba, Manuel Benítez, se dio cuenta de que el Decreto 55 no definía a un turista ni a un refugiado. Decidió que aprovecharía este vacío legal y ganaría dinero vendiendo permisos de aterrizaje que permitirían a los refugiados aterrizar en Cuba llamándolos turistas. Vendió estos permisos a cualquiera que pagara $150. Aunque solo permitían que alguien aterrizara como turista, estos permisos parecían auténticos, incluso Benítez los firmaba individualmente y, en general, se hacían para que parecieran visas. Algunas personas compraron un gran grupo de estos por $ 150 cada uno y luego los revendieron a refugiados desesperados por mucho más. El propio Benítez había hecho una pequeña fortuna vendiendo estos permisos y recibiendo dinero de la línea de cruceros. Hapag se dio cuenta de la ventaja de ofrecer un paquete a sus pasajeros: un permiso y pasaje en su barco.

Al presidente de Cuba, Frederico Laredo Bru, y a su gabinete no les gustó que Benítez ganara una gran cantidad de dinero, que él no estaba dispuesto a compartir, con la laguna del Decreto 55. Además, la economía de Cuba había comenzado a estancarse y muchos culparon a la economía entrante. refugiados por tomar trabajos que los cubanos habrían ocupado de otro modo.

El 5 de mayo, el Decreto 937 cerró el vacío legal. Sin saberlo, casi todos los pasajeros del S.S. St. Louis habían comprado un permiso de desembarco por una tarifa inflada que, al momento de zarpar, ya había sido anulada por el Decreto 937.
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Nota del Bloguista del blog Baracutey Cubano

Alerta: Ciro Bianchi es un periodista oficialista de la dictadura castro comunista de Cuba.
El ataque al Hotel Nacional de Cuba  lo ordenó Antonio Guiteras como Secretario (Ministro) de Guerra y Marina (del mal llamado ¨Gobierno de los 100 días¨ y  eso de mal gobierno no lo digo por la cantidad de días, que realmente fueron entre 126 y 127 días). Batista era Jefe del Ejército y no tenía mando sobre la Marina y, sin embargo, a dicho hotel barcos de  la Marina de Guerra lo cañonearon.

Max Lesnik  ha sido condecorado por  Fidel Castro en Cuba, ya que fue otorgada por el Consejo de Estado, a propuesta de la Unión de Periodistas de Cuba.

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Trabajo terminado. Un exmilitar cubano, el General Manuel Benítez Valdés

Por: Ciro Bianchi
febrero 21, 2017

Un exmilitar cubano, el General Manuel Benítez Valdés, jefe de la Policía Nacional en el primer Gobierno de Fulgencio Batista, fue reclutado en los años 60 por el presidente haitiano François Duvalier  —Papa Doc— para que eliminara físicamente a una importante figura del Gobierno de Paul E. Magloire, expresidente de Haití. Se trata de una historia muy poco conocida que el propio Benítez contó en Miami al periodista Max Lesnik, entonces director de la revista Réplica, de esa ciudad. No hay en ella revelaciones impactantes y más que el relato de un asesinato lo es de un hecho de la picaresca. El sujeto murió de muerte natural, pero Benítez hizo creer al dictador que había sido víctima del lento envenenamiento a que él le había sometido a través de un sirviente.

El bonito

A Benítez Valdés le llamaban «el Bonito». Antes de su entrada al Ejército fue artista de reparto en Hollywood, donde logró meterse en la cama de no pocas luminarias de la cinematografía norteamericana. Tenía una suerte loca con las mujeres.

Su padre, Manuel Benítez González, nacido en Regla, tenía 14 años de edad cuando se sumó a la invasión del Ejército Libertador a occidente. Sirvió a las órdenes de diferentes jefes, pero nunca se pudo precisar el grado que llegó a alcanzar en las fuerzas mambisas. Al cese de la soberanía española, fue periodista del diario habanero La Discusión y en 1903 entró en la Guardia Rural con grados de segundo teniente. A la caída de Machado, cuando era ya Coronel jefe del Regimiento 8, Rius Rivera, de Pinar del Río, fue destituido de su mando y, sujeto a investigación, internado en la prisión militar de La Cabaña. Puesto en libertad poco tiempo después —no hubo sanciones para los machadistas— se afilió al Partido Liberal y como miembro de esa organización política resultó electo delegado a la Asamblea Constituyente de 1940. Con posterioridad llegó al Senado de la República en el cual, en los días de la II Guerra Mundial, ocupó la presidencia de la Comisión de Asuntos Militares. Murió en enero de 1946.

Varias veces lo ha repetido el escribidor: el exGeneral Manuel Benítez es uno de los hombres más nefastos de la historia de Cuba. Para su suerte, son pocos los que se recuerdan de su existencia.

Refería él mismo que el 4 de septiembre de 1933 —era entonces teniente del Ejército— mientras transcurría el golpe de Estado, fue detenido cuando  dormía  en el campamento de Columbia y llevado a presencia del sargento Fulgencio Batista. Lo escuchó dirigirse a una asamblea de clases y soldados y cuando el jefe golpista terminó su perorata, ni lento ni perezoso, en un alarde sin límite de oportunismo,  Benítez se puso de pie sobre su asiento y luego de arrancarse los grados proclamó que ya no quería ser el teniente Benítez, sino el sargento Benítez, lo que, junto con Tabernilla, Ferrer y Querejeta, lo convertía en uno de los pocos oficiales que se sumaba al golpe de los sargentos. Batista lo acogió con los brazos abiertos.

Ayudante de Batista

De oficial del ejército machadista a oficial del ejército batistiano y ayudante de Batista. Instigó para que Batista ordenara, en octubre de 1933, el bombardeo del Hotel Nacional, sin importarle que allí se hallaran refugiados los oficiales que fueron hasta poco antes sus compañeros de cuerpo, y se le acusó de haber ametrallado al ya teniente coronel Mario Alfonso Hernández por orden de Batista.

Mario Alfonso era miembro de la Junta Revolucionaria de Columbia o Junta de los Ocho, que protagonizó el golpe de Estado aludido, y de soldado raso ascendió a teniente coronel, pero un día se atrevió a preguntar al coronel Fulgencio Batista, jefe del Ejército, sobre la fecha en que empezaría a hacerse realidad el acuerdo de la Junta que establecía la jefatura rotativa de las Fuerzas Armadas. Batista no le contestó de momento, pero quedó en enviarle la respuesta. Se la envió con Benítez. Una noche tocó este a la puerta del domicilio de Mario Alfonso, que confiado le franqueó la entrada al identificar la voz de su compañero. Benítez lo ametralló en la propia sala de estar de la casa y en presencia de su esposa. De inmediato, Batista dirigió al Ejército una proclama que se leyó en la diana y en la retreta en  todos los campamentos en que decía que a Mario Alfonso Hernández, a quien quería no como a un compañero de armas, sino como a un  familiar,  hubo que aplicarle la «ley de fuga» en su traslado al campamento de Columbia, en  Marianao, para frustrar su intento de evasión luego de haber sido detenido por traficante y consumidor de drogas, lo que era enteramente falso. Antonio Guiteras afirmaba que Mario Alfonso era el único revolucionario en la Junta de los Ocho.


(El entonces Teniente Coronel Manuel Benítez VALDÉS  dando un discurso en la inauguración de la Ciudad Militar de Pinar del Río en 1936. Fotos y comentario añadidos  por el Bloguista de Baracutey Cubano)

La estrella del General

Cuba entra en la II Guerra Mundial y el presidente Batista, con el decreto ley número 7 de 1942, también conocido como ley orgánica de las Fuerzas Armadas, restablece el grado de General en el Ejército de la República. Hasta entonces, y desde 1933, el grado máximo era el de Comandante, aunque la jefatura recaía en un Coronel que se hacía auxiliar por oficiales que ostentaban el grado transitorio de Teniente Coronel. Benítez fue entonces  uno de los cuatro generales del Ejército. Como jefe de la Policía Nacional, entre otros negocios turbios, se benefició con las tajadas que sacaba de casinos de juego, garitos y vidrieras de apuntaciones, sin contar otras ganancias ilícitas.

No duró mucho tiempo en su jefatura. Batista debía abandonar la presidencia de la República el 10 de octubre de 1944. Como la Constitución no le permitía reelegirse, pensó que el doctor Carlos Saladrigas, de resultar electo en los comicios del 1ro. de junio, lo nombraría Jefe del Ejército y de cualquier manera  garantizaría el batistato sin Batista. Pero Saladrigas perdió las elecciones frente al candidato opositor Ramón Grau San Martín. Batista —dicen que presionado por Washington—  se resignó a entregar el poder a su antiguo rival. Benítez, sin embargo, no era de la misma opinión. Trató de convencer a Saladrigas de que se sumara a un plan encaminado a frustrar el ascenso de Grau. Saladrigas, que era un político astuto, se negó, y Benítez pensó entonces en sacar a Batista del juego, esto es, de la presidencia. Hasta ahí duró como jefe de la Policía. Se le formularon acusaciones por varios delitos, entre ellos, uno tan ramplón como el de sustraer del cuartel maestre general de la Policía 50 camas, que vendió después a 20 pesos cada una.

Salió Benítez de la Isla para evadir la acción de la justicia, pero Grau ya presidente le permitió regresar con todas las garantías para que viera a su padre, agotado por una insuficiencia renal crónica terminal que se complicó con trastornos del hígado y el corazón.

Libre matanza

Más tarde, en octubre de 1946,  fue uno de los responsables de la Conspiración de la Capa Negra, una de las que se orquestaron para derrocar a Grau. Las otras fueron la del Cepillo de Dientes y la del Mulo Muerto. Pese al nombre despectivo con que las identificó la revista Bohemia, que las ridiculizó y tiró a choteo, existieron realmente y no llegaron a descartar el magnicidio.

Los organizadores de la Capa Negra pensaban apoderarse del campamento de Columbia luego de pasar a cuchillo a todas sus postas, y también de la sede del regimiento Rius Rivera en la capital pinareña, donde procedente de Miami habría desembarcado ya el exgeneral Benítez, que se trasladaría a La Habana a fin de asumir las riendas del Gobierno de la nación.

El plan contemplaba el asesinato de las principales figuras del Gobierno grausista y de los líderes más connotados de la Alianza Auténtico-Republicana en el poder, e incluía asimismo lo que los conjurados llamaban «Setenta y dos horas de libre matanza», encaminada a sacar del juego a todos los que se opusieran a la vuelta del pasado batistiano. Los golpistas estaban equipados con armas de fabricación norteamericana tan modernas que no habían llegado todavía a manos el Ejército cubano.

En 1954 Manuel Benítez Valdés accedía al Senado. Lo hacía por el Partido Auténtico que presidía Grau San Martín, a quien tanto había combatido.

Marchó al exterior tras el triunfo de la Revolución y se radicó en Miami. Fue allí que, fuera de récord, refirió al periodista Max Lesnik su relación con «Papá» Duvalier.

El hombre sigue vivo

Un golpe de Estado acabó con la débil democracia haitiana. Unas elecciones amañadas, convocadas al amparo del Ejército y de una junta duvalierista impuesta por el cuartelazo, dieron el triunfo electoral a François Duvalier, quien inaugura un régimen autocrático y dictatorial, y también populista, que se asegura en el poder mediante el terror y la superstición. Depura al Ejército y con su propia fuerza paramilitar, los Tonton–Macoutes, mezcla de policía particular y guardia pretoriana, acomete, con métodos terroristas, una represión sistemática que barre a sus opositores. Washington apoya al «Brujo» Duvalier, maestro del vudú, y lo apoya asimismo la oligarquía  negra y mulata. Su mandato debió finalizar en 1963, pero se reelige por seis años más y en 1964 se inviste como presidente vitalicio. En enero de 1971 proclama sucesor a su hijo Jean Claude. Y cuando fallece es ciertamente Babe Doc, de 19 años de edad,  quien asume el mando del país, en medio de una tupida red de conjuras palaciegas. Tendrá el apoyo irrestricto de un cuerpo paramilitar, Los Leopardos. El 7 de febrero de 1986 una revuelta popular provoca el derrocamiento de Babe Doc, que huye al exterior.

El viejo Duvalier busca la manera de eliminar a sus opositores y se vale de cualquier medio para conseguirlo. Por lo general sus hombres actúan abiertamente, a cara descubierta, en otras conviene al dictador encubrir sus crímenes, moverse sin dejar huellas, cortar cualquier rastro que lo vincule con el crimen. Un enviado del presidente Duvalier hizo contacto con el exgeneral Manuel Benítez en el casino de juego del hotel donde se alojaba en la capital dominicana. El Brujo quería verlo y el cubano se trasladó a Puerto Príncipe. Como es habitual en tales casos, ya en los jardines de Palacio, donde lo recibió el mandatario, no se mencionó el nombre del sujeto a eliminar, pero Benítez lo leyó en el aire. Recibió 50 000 dólares de anticipo por la encomienda.

Pasado un tiempo, Duvalier volvió a reclamar su presencia.

—Van dos meses y el hombre sigue vivo —dijo el mandatario haitiano eludiendo otra vez mencionar el nombre de su adversario.

Entonces Benítez repitió a Max Lesnik el cuento chino que le contó a Duvalier. Dijo que había logrado penetrar el círculo íntimo del político y uno  de sus criados, por orden suya, le administraba un veneno de efecto lento, pero que no dejaba huellas, de manera que resultaría imposible relacionar su muerte con un asesinato. Duvalier se lo creyó. Proseguía Benítez:

«Para suerte mía, el hombre tenía cáncer y murió. Murió de muerte natural. En cuanto me enteré corrí a encontrarme con Duvalier. Le dije: “Trabajo terminado”, y recibí los 50 000 dólares restantes.

«Con todo, cometí un fallo. En el propio casino de juego del hotel, a mi regreso de Puerto Príncipe, referí la historia a Santiaguito Rey, senador y ministro de Gobernación (Interior) en el Gobierno de Batista. Ese desliz me costó 10 000 dólares que me exigió Santiaguito por su silencio y que se jugó allí mismo».
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Constitución de 1940


Después de un proceso político contradictorio y turbulento, se lanzó la convocatoria de otra asamblea constituyente, que finalmente aprobó la Constitución de 1940, firmada en Guáimaro, Camagüey, el 1 de julio. La misma consta 286 artículos, y por su contenido se consideraba que era una de las más avanzadas de su época en América Latina. Esta constitución fue abolida por la dictadura batistiana el 10 de marzo de 1952.

Sus firmantes fueron 71 delegados, electos entre la membresía de los partidos políticos de entonces. Resulta notorio que por primera vez participaron 2 mujeres. Los delegados fueron: Carlos Márquez Sterling y Guiral, Alberto Boada Miguel, Emilio Núñez Portuondo, Salvador Acosta Cáceres, Francisco Alomá y Álvarez de la Campa, Rafael Álvarez González, José R. Andreu Martínez, Manuel Benítez González, Antonio Bravo Acosta, Antonio Bravo Correoso, Femando del Busto Martínez, Juan Cabrera Hernández, Miguel Calvo Tarafa, Ramiro Capablanca Graupera, José Manuel Casanova Diviño, César Casas Rodríguez, Romárico Cordero Gaecés, Ramón Corona García, Felipe Correoso y del Risco, José Manuel Cortina García, Miguel Coyula Llaguno, Pelayo Cuervo Navarro, Eduardo R. Chibás Rivas, Francisco Dellundé Mustelier, Mario E. Digo, Arturo Don Rodríguez, Manuel Dorta Duque, Nicolás Duarte Cajides, Mariano Esteva Lora, José A. Fernández de Castro, Orestes Ferrara Marino, Simeón Ferro Martínez, Manuel Fueyo Suárez, Adriano Galano Sánchez, Salvador García Agüero, Félix García Rodríguez, Quintin George Vemot, Ramón Granda Fernández, Ramón Grau San Martín, Rafael Guas Inclán, Alicia Hernández de la Bara, Alfredo Homedo Suárez, Francisco Ichaso Macias, Felipe Jay Raoulx, Emilio A. Laurent Dubet, Amaranto López Negrón, Jorge Mañach Robato, Juan Marinello Vidaurreta, Antonio Martínez Fraga, Joaquín Martínez Sáenz, Jorge A. Mendigutía Silveira, Manuel Mesa Medina, Joaquín Meso Quesada, Gustavo Moreno Lastres, Eusebio Mujal Bamiol, Delio Núñez Mesa, Emilio Ochoa Ochoa, Manuel A. Orizondo Caraballé, Manuel Parrado Rodés, Juan B. Pons Jane, Francisco José prieto Llera, Carlos Prío Socarrás, Santiago Rey Pernas, Mario Robau Cartaza, Blas Rora Calderío, Primitivo Rodríguez Rodríguez, Esperanza Sánchez Mastrapa, Alberto Silva Quiñones, César Vilar Agular, Fernando del Villar de los Ríos, María Esther Villoch Leyva.





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miércoles, marzo 01, 2023

Video de Pepe Forte: El Secuestro de FANGIO en La Habana durante rl Grand Prix Havana Cuba de 1958, Entrevista a Manuel Uziel, delincuente y terrorista secuestrador del multi campeón Juan Manuel Fangio, piloto de Fórmula - 1


El Secuestro de FANGIO en La Habana durante rl Grand Prix Havana Cuba de 1958, Entrevista a  Manuel Uziel, delincuente y terrorista secuestrador del multi campeón Juan Manuel Fangio, piloto de Fórmula - 1


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Nota del Blogguista de Baracutey Cubano 


Los revolucionarios en su lucha contra Fulgencio Batista y su régimen usaron terrorismo indiscriminado; ahí están las bombas en los cines, en los establecimientos comerciales, en los cabarets, en los hoteles, en las gasolineras, etc.., así como los tiroteos en plena calle y los incendios a cañaverales y establecimientos comerciales si no comprabas bonos del 26 de Julio.

Esta persona parece que ¨sabía del palo que se rascaba ¨ y salió de Cuba y hasta ahí llego su vida de guapo, pistolero y ¨revolucionario ¨.
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«No implantábamos el terror indiscriminado»

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Entrevista a Manuel Uziel, el hombre que sacó a Fangio a punta de pistola del Hotel Lincoln.
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Juan Manuel Fangio al lado de su cuña de carrera Maseratti. Detrás el Hotel Nacional de Cuba


Por Armando López
Nueva York 
25/02/2009

En la puerta del Hotel Lincoln, de La Habana, una placa de bronce recuerda: "En la noche del 23 de febrero de 1958, fue secuestrado por un comando del Movimiento 26 de Julio, dirigido por Oscar Lucero, el cinco veces campeón mundial de automovilismo Juan Manuel Fangio. La habitación 810, donde se hospedó el campeón, es un museo para turistas".

Arnold Rodríguez, el conductor del auto que trasladó al secuestrado, fue invitado a Buenos Aires a un aniversario de la inauguración del museo en honor del corredor.

Pero a Manuel Uziel, el hombre que sacó al campeón del Hotel Lincoln a punta de pistola, Argentina nunca lo invitó. Cuba no lo menciona. Vive frente al mar en una fría playa de Nueva Jersey.

( Manuel Uziel. (AL) )

A los 16 años, Manuel Uziel tuvo su bautismo de fuego. Eran tiempos de Ramón Grau San Martín. Los problemas se resolvían a balazos. Su primera pistola la compró con los fondos de la Asociación de Alumnos del Instituto de la Víbora. Militaba ya en las filas de la juventud auténtica.

A Manuel Uziel le decían el Moro por su color moreno. Sus padres eran judíos turcos. Se crió en Luyanó. Iba a la sinagoga. Con 19 años era guaguero de la ruta 19. Era difícil entrar de cobrador de guaguas porque el sindicato era muy fuerte. Entró porque era el guardaespaldas del jefe del sindicato.

En las guaguas, enviaban a Uziel a cada problema. En un enfrentamiento en los muelles, le clavaron un gancho en la espalda. De ahí se lo llevaron preso para la Segunda estación de policía. Lo sacó una supuesta llamada del senador Eusebio Mujal. Cuando lo soltaron, supo que el que había llamado era Samuel Powell, un ex troskista.

Fue Powell el que lo conectó con Mujal. El recién electo secretario general de los trabajadores lo haría su guardaespaldas, y lo sumaría al asalto de la sede de la Juventud Comunista, bajo las órdenes de Chico el Loco (Narciso Rodríguez). La acción desató profundos odios entre auténticos y comunistas. Narciso sería asesinado pocos meses después.

Mujal apoyó el golpe de Estado de Batista. Los comunistas ex aliados de Mulato Lindo, cuando el 4 de septiembre, callaron. Pero Uziel, fiel a los auténticos, por coraje, volvió a cobrar pasajes en las guaguas. Y se hizo amigo de Luis Miguel Hernández, ex jefe del Buró que operaba contra las bandas. Trabajaron juntos. Y en el proceso fue aprendiendo.

¿Aprendiendo a qué?

A ser revolucionario. Los grupos de acción y sabotaje no nacen del acaso. Si tú pones bombas, alguien tiene que enseñarte a ponerlas, a utilizar la dinamita. Había aprendido a preparar bombas en el Instituto de la Víbora, con Pepe Azeña, mi profesor de Educación Física. Con Mujal aprendí lo que era politiquear. Con Luis Miguel aprendí tácticas de sabotaje, aprendí a colocar una bomba.

¿Qué hacías cuando el asalto al Cuartel Moncada?

Eso fue cosa del 26 de Julio. Yo por entonces pertenecía a la Triple A de Aureliano Sánchez Arango. Y enseñaba a los novicios en la Escuela de Medicina de la Universidad de La Habana, en el manejo de armas.

¿Tuviste que ver con la balacera de la Escuela de Medicina?

Luis Miguel había estado medio asociado con Masferrer, pero al sumarse éste a Batista, querían matarse uno al otro. Nunca supe por qué Luis Miguel invitó a los Tigres a la Escuela de Medicina. Fue una provocación. El caso es que cuando los hombres de Masferrer llegaron al aula, nos tirotearon. Hirieron a Luis Miguel en el hígado. Yo escapé de milagro.

¿No era de locos todo esto?

El ambiente en Cuba era de violencia, de revolución. Me asocié con un grupo de resistencia cívica que dirigía Manolo Ray. Se cumplía un año del asesinato de Frank y Josué País y, para recordarlos, me ordenaron volar el túnel del río Almendares.

Pero ese atentado no ocurrió. ¿Qué pasó?

Ray era ingeniero. Me enseñó cómo se volaba un túnel. Pero mis gentes estaban empezando en la lucha… Lo único que hicimos fue poner un petardo de cuatro libras en el centro del túnel, que ni se enteró.

La Triple A fue de las organizadoras del ataque al palacio presidencial. ¿Participaste en este?

Ni por asomo. Los que participaron los metieron en una nave y no podían salir de ahí, por eso no se filtró a la Policía. Yo pasé el ataque a Palacio bañándome en el mar en el club Cubanaleco.

¿Complicó a la resistencia contra Batista el fallido ataque a Palacio?

La policía se apareció a registrar la casa de mis padres. Yo no estaba ahí. Pero no pude ir más a trabajar a las guaguas. No podía comprometer a mi familia. Tuve que pasar a la clandestinidad.

¿Cuándo ingresas en el 26 de Julio?

Cuando me encuentro en la Clínica Marfán (convertida en casa de huéspedes) con Oscar Lucero. Fue cómico. El grupo de la Triple A desconfió de la gente del 26. Y ellos de nosotros. Ambos grupos cargamos nuestras armas. Lucero y yo nos reímos mucho. Luego me llevó con Faustino Pérez. Así comencé con el 26 de Julio.

¿Con qué tiempo antes te avisaron que debías secuestrar a Fangio?

Unos minutos. William, el jefe de mi capitanía, se apareció y nos dijo: "Prepárense, vamos a secuestrar al corredor argentino que se hospeda en el Hotel Lincoln".

¿Ocurrió algo inesperado durante la acción?

Cuando llego a eso de las 8:00 de la noche a la puerta del Lincoln, con una granada y una ametralladora bajo el saco, alguien me llama: "Manolo". ¡Tremendo susto! Era un muchacho joven. Me lo había presentado un compañero del Instituto. Quería pertenecer al 26. Pero no le tenía confianza, parecía muy alocado.

¿Cómo saliste del atolladero?

El muchacho conocía a medio hotel porque los dueños eran de Camagüey, de donde era su familia. Y le dije: "Vamos adentro". Pasamos al bar Los Tres Monitos. En la cantina oigo que le dicen a una mujer: "Prepárate, tu hombre va a bajar". Y ahí le pregunté al muchacho: "¿Todavía quieres pertenecer al 26 de Julio?". Pues cuida la puerta. En la acera de enfrente estaban Oscar Lucero con su mujer, Blanca Muir. Me entregaron una pistola.

¿No te sentías como en una película?

Fangio caminaba hacia la mujer, cuando lo agarré por un brazo y pegándole el cañón de la pistola en las costillas, le dije: "Esto es un secuestro, usted se viene conmigo ahora". Casi me derrumbo cuando los que lo rodeaban se echaron a reír. El único que no se reía era yo. Tuve que darle un empujón al mulato que protegía a Fangio para que me tomaran en serio.

¿Por dónde andaba Arnold Rodríguez?

Arrimó el auto. El chico de Camagüey (Primitivo Aguilera) montó a mi lado. Primero llevamos a Fangio a mi cuarto. Un pasajito en la avenida Ayestarán, donde estaban mi mujer y mi hijita. Después a casa de las americanitas, donde apareció Faustino Pérez y otros mandones del 26 de Julio. Me pasé la noche en un balconcito con una ametralladora vigilando al corredor. Al otro día, Faustino, Edma Montenegro (la hija de Carlos Montenegro, el novelista) y Arnold Rodríguez se ocuparon de entregar a Fangio al embajador argentino.

¿Qué hiciste después del secuestro?

Me escondí. Habían metido presos a mis padres y mis hermanos. Cuando los soltaron, me asilé en la Embajada de Paraguay y me fui para Venezuela. Al triunfo de la revolución regresé a Cuba. Fidel me nombró al frente de la Caja del Retiro del Transporte. Estuve ahí un año. Pero cuando la invasión de Bahía de Cochinos me metieron preso. Nunca confiaron en mí. Me sacaron para llevarme ante el comandante Manuel Piñeiro, alías Barbarroja, que me propuso que ingresara en el G2.

¿Por qué no aceptaste?

No quería nada con esa gente. Le dije que quería volver a Venezuela y me propuso que me integrara a las brigadas para derribar a Rómulo Betancourt. "¡Ni muerto!", le dije. Dejé para siempre Cuba, rumbo a Venezuela, en 1961. De ahí pasé a Puerto Rico, a Miami, a las Islas vírgenes, a Nueva York.

¿Crees que Fidel en sus inicios era comunista?

Ni lo fue ni lo es. Es un pandillero enamorado del poder al que le salieron bien las cosas.

¿Valió la pena que secuestraras a Fangio?


En aquel momento era lo que había que hacer. Además, eso no es lo peor que yo he hecho.

Los grupos de acción y sabotaje del 26 de Julio, ¿eran terroristas?

No implantábamos el terror indiscriminado. Apuntábamos a un objetivo específico. No para implantar el terror en la población.

La pregunta que no le hice a Uziel: ¿No es terrorismo el secuestro del vuelo 495 de Cubana de Aviación, Miami-Varadero, el 3 de noviembre de 1958, por un comando del 26 de Julio, que provocó que el Viscount cayera en picada en la Bahía de Nipe, donde hallaron la muerte 17 personas, entre ellas mujeres embarazadas y niños?

© cubaencuentro.com
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COMENTARIOS DEJADOS
( en Cubaencuentro.com )

por Elfrido (Usuario no autenticado) 25/02/2009 11:40

?A que viene la historia de este delincuente? Yo puedo contar aqui la historia de mi padre, que vivio durante la misma epoca que el Uziel este en Cuba. En ese supuesto ambiente de violencia y revolucion que dice este delincuente existia en la isla, mi padre forjo una familia, trabajo de sol a sol, construyo un hogar, jamas disparo contra nadie, jamas se paseo por La Habana con pistola al cinto, ni se jacto de amistades de mierda como Masferrer, ese vil asesino.

!Cuan importante es la vide de Manuel Uziel! !Cuan representativa de la vida de un cubano antes del 59! Merecido tiene vivir congelandose en esa playa de tres por kilo.

El anticomunista (Usuario no autenticado) 25/02/2009 12:40

Ah,ah, ah, seria gracioso que él nos contara como lo sacaron a él de cuba????....
De una patada en el culo yo espero, y si eso que hizo no esterrorismo , yo no sé qué cono es terrorismo!!!!!!!!!!

6 por leoncio badia (Usuario no autenticado) 25/02/2009 12:40

..esta entrevista me hace recordar el caso de la famosa bomba de la calle Suarez en la Vibora......hay mas de cincuenta personas que aseguran que la pusieron.....Si fue asi, tremendo tamano tendria que hizo falta 50 personas para trasladarla al lugar......

5 por Maleconazo (Usuario no autenticado) 25/02/2009 12:40

Por culpa de estos (con perdón Dios mío!) desgraciados estamos aquí, a 90 millas y a 50 años de lo que fue una Cuba tan libre y democrática que permitió la proliferación de sujetos de su calaña. La generación entera del Centenario estaba podrida, maleada. Una mezcla explosiva de sinverguenzas, matones, chucheros, degenerados, malideas, no tienen perdón de Dios. La Historia los ha ido desnudando poco a poco, mostrándolos en toda su bajeza y maldad, en toda su irresponsabilidad, como los responsables del embarque. Miren esa cara, es la jeta de uno que nos metió en esta tragedia.

4 por Cubita la Bella (Usuario no autenticado) 25/02/2009 12:40

Al lado de este señor, Meyer Lanski era una persona honorable!!!!! Contra estos héroes tuvo que luchar Batista!!!!

3 por Papito (Usuario no autenticado) 25/02/2009 12:40

Elfrido tiene razon, este hombre no es ejemplo para nadie, de esto no se deberia ni hablar, no se que diferencia hey entre el terror dirido hacia un objetivo en especifico y el dirijido a la poblacion, para mi es lo mismo solo una manera de justificarse ahora, mientras este pandillero andaba haciendo de las suyas en la Habana otros se empenaban por trabajar y construir un futuro mejor para sus hijos. Los cubanops debemos desterrar para siempre esos modelos de comportamientos violentos y no creo que sea positivo sacar a la Luz personajes como este, que se siga congelando en esa Playita.

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Tomado https://www.facebook.com/

Entre secuestros y sabotajes se inaugura la Ciudad Deportiva. Parte I

Por Ivo Basterrechea

Para la época el coliseo de la Ciudad Deportiva era uno de los estadios más bellos del mundo, pocos se les podían comparar, por eso inaugurar aquella obra monumental para el servicio de la juventud, la pandilla de facinerosos de la Sierra Maestra comandada por Fidel Castro no podía permitir que el presidente Fulgencio Batista se saliera con las suyas.

Nada en los marxistas Castrista es espontáneo, faltando tres días para la inauguración de la Ciudad Deportiva, el día 23 de febrero de 1958, un comando del movimiento revolucionario 26 de Julio, secuestró al corredor de autos Juan Manuel Fangio, un argentino “ranqueado” que al otro día debía correr en el Segundo Gran Premio de Cuba (Carrera de autos de velocidad), en el malecón habanero, pero no solo fue el secuestro para llamar la atención de la opinión pública mundial, también uno de los más horrendos y espectaculares crímenes cometido por los saboteadores del 26 de julio, al regar aceite en la pista provocando, que uno de los autos perdiera el control y se precipitara contra el público dejando en su trayectoria unos seis muertos y alrededor de cincuenta heridos, en un amasijo de sangre, huesos y tendones sobre la vía.

A pesar de ello, tres días después del secuestro y a dos del sabotaje, a las diez y media de la mañana del 26 de febrero de 1958, el presidente de la república Fulgencio Batista y Zaldívar, acompañado del vicepresidente Rafael Guas Inclán, el Monseñor Alfredo Llaguno, y el Director de Deporte, general de brigada Roberto Fernández Miranda, así como otras personalidades, cortó la cinta que permitió la entrada al bellísimo coliseo, legítimo orgullo de Cuba y de su obra de gobierno.

Una ciudad deportiva digna de la ingeniería civil cubana. Un gran complejo deportivo polivalente que además del recinto techado conocido como coliseo, poseía varios terrenos de béisbol, softbol, fútbol, y atletismo.

El complejo deportivo se comenzó a construir en el mes de noviembre de 1952, en unas veintiséis hectáreas limitadas por la Vía Blanca, la avenida de Rancho Boyeros, Santa Catalina y Primelles. Continuará…/

Fuentes.

1. Revista Bohemia. Año 50. Año 9. La Habana, 2 de marzo de 1958.

2. Respuesta. Fulgencio Batista. México. Año 1960. Pág. 70.

3. Diario de la Marina. Año CXXVI. No. 48. La Habana, 25 de febrero de 1958.

4. Diario de la Marina. Año CXXVI. No. 50. La Habana, jueves 27 de febrero de 1958. Pág. 2B.



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