jueves, enero 29, 2026

Roberto Álvarez Quiñones sobre la doctrina expansionista china del 'ombligo del mundo' o Nueva Ruta de la Seda, hasta la " Doctrina Donroe" , de Donald Trump

 Tomado de https://diariodecuba.com/

Del 'ombligo del mundo' a la Doctrina Donroe

Por Roberto  Álvarez Quiñones

Miami

30 enero 2026 

Napoleón Bonaparte en 1803 dijo que China era un "gigante dormido" que haría temblar al mundo cuando despertase. En efecto, 223 años después ese gigante está ya despierto y hará temblar al mundo si no lo paran, ¡y pronto!

Lo irónico es que el gigante asiático no se despertó por sí solo. Fue Occidente quien lo despertó, e "inventó" la China moderna, hoy ya la segunda economía más grande del planeta. Al invertir allí cientos de miles de millones de dólares las potencias occidentales (encabezadas por EEUU) para aprovechar la mano de obra barata. Eso hizo de China la fábrica del mundo. Como el doctor Frankestein, crearon un monstruo que ahora amenaza a su hacedor.

Pues bien, el mismísimo Partido Comunista que dirigido por Mao Tse Tung mató a 65 millones de chinos, de hambre, o ejecutados, lanzó en 2013 un proyecto expansionista a escala mundial llamado Nueva Ruta de la Seda de China (en alusión a la Ruta de la Seda del siglo I A.C) con el cual está expandiendo la influencia china antioccidental económica y política por el planeta. Y ya incluye a Venezuela, Panamá, Uruguay, Argentina, Ecuador, Chile, Cuba, Bolivia, Costa Rica, Perú, Jamaica y otras naciones del Caribe.

Son contratos y proyectos por más de 300.000 millones de dólares, de los cuales se han ejecutado o están en proceso unos 180.000 millones de dólares en el sector petrolero, minería, redes ferroviarias y trenes, carreteras, construcción de puertos, fábricas de cemento, redes eléctricas, infraestructura y sectores estratégicos.

Y no son subvenciones o créditos a bajo interés. La cultura pragmática china impide dar algo sin recibir una ganancia o ventaja a cambio. China no es "regalona". Son préstamos comunes y corrientes chinos. Y si no se amortizan a tiempo, los prestatarios están en serios problemas con una deuda impagable.

Se trata de un plan geopolítico de expansión del "ombligo del mundo". Recordemos que el nombre de China en mandarín es zhong guo, que significa "país del centro", o "el reino central". Durante milenios los chinos consideraron que su país era geográficamente el centro del mundo (el ombligo) y que eran ellos la única cultura civilizada. En los mapas de los emperadores chinos, hasta el siglo XIX, aparecía China en el centro del mundo. Millones de chinos nacían y morían sin saber que en el mundo había también seres humanos sin los ojos rasgados.

El "ombligo del mundo" está retoñando hacia afuera

Hoy están rebrotando retoños del "ombligo" ancestral. Y el mundo muchos ya se preguntan: ¿será el Partido Comunista Chino el que marcará las pautas geopolíticas y económicas globales en la segunda mitad o finales de este siglo?

Y aquí esto se conecta con el giro que ha dado la Administración Trump a la política exterior de EEUU y su relación con la Doctrina Monroe, establecida en 1823 por el presidente James Monroe, aunque fue redactada por su secretario de Estado John Quincy Adams (luego presidente de EEUU de 1825 a 1829).

Aquella fue la respuesta a las intenciones de potencias europeas de recuperar sus antiguas colonias en América Latina o reestablecer su otrora dominio económico y político en la región. Hoy, no son antiguos imperios coloniales europeos, sino potencias del Oriente autocrático antiliberal, encabezadas por China y Rusia, con la complicidad de gobiernos izquierdistas.

Ya el "ombligo del mundo" desplazó a EEUU como el principal socio comercial de varios países de América Latina. El intercambio comercial de China con la región desde el año 2000 se ha multiplicado por 40 veces. En 2025 alcanzó los 554.000 millones de dólares, cifra casi igual a los 559.949 millones de dólares del intercambio chino con la Unión Europea.

Pero China importa de América Latina básicamente materias primas de bajo valor agregado. Ello conforma un modelo extractivo de dependencia que limita, o impide, la diversificación económica y el desarrollo industrial.

Todo ha ocurrido por dos factores: 1) el auge hegemónico que ha tenido la izquierda radical en América Latina en los últimos 20 años; y 2) el abandono estadounidense de la región durante décadas.

Por no hacer nada, la izquierda "revolucionaria" tomó el poder

Con EEUU mirando hacia otro lado se produjo la llamada "marea rosa" y surgió el Socialismo del Siglo XXI. Con el izquierdismo gobernando se crearon o fortalecieron organizaciones antiestadounidenses procastristas como el Foro de Sao Paulo, el Grupo de Puebla, el ALBA, la CELAC, el SELA, UNASUR y otras.

Cuba se afianzó como el cerebro antiestadounidense continental; penetró y sigue controlando partidos políticos, organizaciones sociales, sindicatos, etc. Y Venezuela, hija putativa del castrismo, devino base de operaciones de Rusia, China e Irán y sus brazos terroristas, Hamas y Hezbolá, con pasaportes venezolanos para moverse por América y todo el planeta, y para inundar a EEUU con drogas.

Washington no movió un dedo para impedirlo. En 2005 el 75% de los 350 millones de habitantes de Sudamérica eran gobernados por gobiernos de izquierda. En 2022 había en América Latina 12 gobiernos "antimperialistas" (Brasil, México, Argentina Colombia, Chile, Bolivia, Perú, casi toda Centroamérica, y las dictaduras de Cuba, Venezuela, y Nicaragua).

Mientras Hugo Chávez y la izquierda regional leían Las venas abiertas de América Latina, Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica inventaban en 2010 los BRICS (por las siglas de esos cuatro países citados) una asociación global antiestadounidense y anti-Occidente. Los 21 países BRICS tienen el 46% de la población mundial, 40 millones de kilómetros cuadrados de superficie y generan el 37% del PIB mundial.

Su objetivo oficial es "reducir la dependencia del dólar, promover la cooperación Sur-Sur, desafiar la hegemonía occidental y crear un orden mundial más justo" (encabezado por China y Rusia). Pekín quiere que el dólar sea sustituido por el yuan. Los BRICS son mangoneados por el Partido Comunista Chino y por Rusia. Favorece la expansión china vía Nueva Ruta de Seda.

América Latina no tiene su OTAN y el TIAR es un cadáver

La OTAN intervino en Serbia y Kosovo en 1999 para detener la crisis humanitaria y los crímenes contra la población que cometían las fuerzas serbias del dictador Milosevic. América Latina no tiene su OTAN. La OEA no sirve para eso, y el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) está más muerto que vivo. 

La ONU, anulada con el derecho de veto de los cinco países miembros permanentes del Consejo de Seguridad (única instancia cuyas resoluciones son de obligatorio cumplimiento) no puede intervenir para solucionar nada. El mundo no cuenta con organismos globales capaces de intervenir y derrocar los regímenes tiránicos, o impedir que las autocracias cercenen los valores en que se sustenta la modernidad.

Pero ocurre que este continente cuenta con la mayor potencia militar mundial y las fuerzas especiales mejor entrenadas y capaces del mundo. Y esto nos lleva de la mano a la Doctrina Monroe, en 2026, pues hoy dar prioridad a la seguridad nacional de EEUU y sus intereses beneficia a América Latina.

Y pongo un ejemplo de lo que ocurre cuando EEUU no interviene. En 1961 John F. Kennedy traicionó a la brigada de cubanos que desembarcó en Playa Girón.  A última hora canceló los ataques aéreos con bombarderos de la Fuerza Aerea de EEUU para destruir la aviación castrista. Eso era imprescindible para poder crear en la Isla una cabeza de playa, formar un Gobierno y solicitar la intervención militar de EEUU.

Por tanto, fue Kennedy quien abrió el camino al comunismo y a la  influencia del imperio soviético en Cuba.  Y a la de Fidel Castro, quien con la "revolución cubana" convirtió a América Latina en enemiga de EEUU y de sí —la propia América Latina—, pues con la ideología populista estatista castrista la región fue dejada atrás en lo económico-social por naciones asiáticas que antes de 1959 eran más pobres que las latinoamericanas.

En la tercera década del siglo XXI ya no encajan pruritos convencionales del siglo XX como el de la "no intervención en los asuntos internos". Eso en la práctica devino muro protector de las dictaduras en el mundo.

Y a falta de organismos internacionales que lo hagan, no importa si se le llama Doctrina Monroe o Donroe (por Donald), lo cierto es que EEUU ahora sí debe intervenir en América Latina donde sea necesario.

El 90% de los venezolanos apoyó la captura de Maduro. Y si los Delta Force capturasen mañana a Raúl Castro, Díaz-Canel y generales de GAESA, habría un estallido tan grande de alegría desde Maisí al cabo de San Antonio que sería registrado en el Libro Guinness de Récords Mundiales.

Eso es lo cuenta, que sea el pueblo soberano el que desee y apruebe, o no, una intervención necesaria. Que les pregunten a los cubanos qué opinan.

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viernes, junio 12, 2020

El presidente chino y la plaga. Francisco Almagro Domínguez: El presidente chino hizo lo que saben hacer desde tiempos de Marco Polo: enviar la plaga mortal por la Ruta de la Seda

Jesús Angulo
Junio 11, 2020

Frank de Varona informa detalladamente cómo se está desarrollando éste plan diabólico llevado a cabo por la extrema izquierda del partido demócrata, la cual se ha adueñado del mismo.

Frank de Varona - El Diabólico Plan de los Demócratas

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El presidente y la plaga

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El presidente chino hizo lo que saben hacer desde tiempos de Marco Polo: enviar la plaga mortal por la Ruta de la Seda
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Presidente Xi Ping

Por Francisco Almagro Domínguez
Miami
11/06/2020
Antes de empezar un viaje de venganza cava dos tumbas.
Confucio

El primero en hacer un cuento chino fue el presidente Xi Ping. Es muy difícil creer que en un sistema comunista no haya información sobre lo que sucede en la quincalla de la esquina. O tal vez no. Son varias las paradas para llegar a las alturas. El que mucho reprime, poco aprieta. Los gritos de los primeros médicos en alertar de la epidemia fueron apagados con cartas auto inculpatorias, mordazas familiares y la oportuna desaparición —¡oh coincidencia!— de quien alertaba sobre el mismo virus que lo mataría.

El presidente chino hizo lo que saben hacer desde tiempos de Marco Polo: enviar la plaga mortal por la Ruta de la Seda. Xi, de sobra informado de la misteriosa neumonía, encerró la ciudad de Wuhan en la provincia de Hubei. Después invitó al hombre que sin el apoyo asiático seguiría una gris carrera política. Para el etíope líder de la OMS (Organización Mundial de la Salud) Tedros Adhanom Ghebreyesus, su mérito mayor en el campo de la salud fue ocultar brotes de cólera cuando era ministro de sanidad. Además, iba bien calzado con una rancia filiación marxista. Por supuesto, bastaron pocos días para que el señor Tedros, como todo un experto, declarara in situ que la epidemia estaba controlada por el régimen de Pekín. De ese modo, había Ping ganado.

Sin embargo, para los primeros días de enero de 2020 hubo suficiente evidencia clínica de la infestación y su letalidad. Europa seguía embriagada con las festividades de Año Nuevo. Dos de los países con más turistas en el Viejo Continente se creían ajenos al “virus chino”. Los presidentes de España e Italia, y sobre todo el primero, había entrado por la puerta de atrás a la Moncloa, y conformado un gobierno Frankenstein —cabeza socialista, corazón comunista, brazos separatistas. Tal vez la culpa no le hizo calcular la magnitud de la tragedia. Pedro Sánchez no es responsable de la insensatez de las marchas y convivios partidistas donde se contaminaron miles de personas. Pedro Sánchez, como Tedros, se saben peones, piezas intercambiables. Ese es su pecado: estarán allí hasta que otros decidan por ellos.

En Latinoamérica la pandemia se ha parecido a sus presidentes. En los sitios donde impera el autoritarismo populista o las dictablandas como México y Nicaragua, los lideres se han balanceado en la tela de una araña hasta que los muertos y los infestados han terminado por romperles el discurso de los estrujones y besuqueos; han estimulado la bobería —palabra absolutamente intencional— de que abrazarse y quererse basta para derrotar al temible enemigo. En el caso de México, la sandez se repite cada mañana: si usted no puede convencer, confunda; y así lo hace AMLO, al mejor estilo cantinflesco, pero sin gracia y en cámara lenta. Andrés Manuel debería saber que todo pueblo tiene su paciencia, no la misma que él tuvo para esperar una tercera oportunidad.

La dictadura de Nicolas Maduro al fin ha tenido días de reposo. La oposición, a la desbandada, sin camino cierto y acosada por habituales desencuentros y la ausencia de liderazgo unificado, acata el confinamiento político. Tras la maniobra de contrainteligencia, finamente elaborada y ejecutada por agentes venezolanos y cubanos para frustrar la invasión mercenaria, el chavismo madurista ha encontrado su mejor aliado en la covid-19. Puede que haya llegado la hora de hacerse con el control de la inoperante Asamblea Nacional. Nicolás puede dormir tranquilo mientras haya epidemia: el coronavirus es su mejor, eficaz y barato policía.

En Cuba el Designado no la ha tenido fácil. Pero de ahora en adelante todo puede ser peor. Su problema no es la covid-19. La data muestra una disminución de casos y la ausencia de fallecidos. Ya había sido escrito en estas páginas: el sistema de salud cubano, con todos sus defectos y sus muchas carencias, cuenta con recursos humanos bien calificados, lo más importante a la hora de enfrentar una epidemia de esa magnitud. A quienes lo duden, deberían verificar cuántos médicos y enfermeros formados en Cuba han revalidado sus títulos en el muy competente sistema norteamericano de salud.

A pesar de eso, la Isla es un país detenido en el tiempo, social y económico. Una pausa infinita para un pequeño grupo de octogenarios, quienes impiden a todo un pueblo vivir decentemente. Sus esperanzas siguen estando en el Norte, revuelto pero triunfal; que el turismo y la exportación de médicos les permita unos días más, y morir tranquilos en sus mansiones de Kholy, Nuevo Vedado y en el santiaguero barrio de Vista Alegre.

En tanto, quien hace el papel de presidente debe parecerlo: seguir arengando contra el “bloqueo yanqui” a la malanga, la cebolla, la yuca y el vasito de leche… si la vida le ha dado este limón, pues que se haga una limonada. En caso de que el Designado se la jugase, y dejara entrar el turismo, y un solo extranjero contrajera el virus en la Isla, se le podrá ver deambulando sin rumbo fijo, harapiento y hablando solo por el Parque Vidal de Santa Clara.

El presidente de Estados Unidos ha hecho lo que sabe: ser Donald Trump. Como casi todos los líderes del mundo, subestimó el coronavirus. En su mente Wuhan está muy lejos de New York. Enemigos y amigos deberían admitir que Trump es lo que se llama un peleador a la riposta. Sus mejores golpes son cuando el contrario inicia el ataque. Mas allá de su personalidad inflamada, poco critica, y narcisista, rasgos comunes en casi todos los que han ocupado la Oficina Oval, Donald es, hasta ahora, un campeón.

Hasta ahora, porque el asesinato de George Floyd y las masivas protestas en todo el territorio nacional han sido, de todas, la mayor amenaza a su casi segura reelección. Aparentemente los ciudadanos se manifiestan contra el racismo —existe, innegable— y el exceso de fuerza policial. Pero oculto en la movilización de jóvenes y afroamericanos hay censura al actual gobierno, e ira tras meses de encierro y desempleo. Pudiera ser que también la izquierda liberal y un sector neo-anarquista se hubieran robado el show; incluso que algunas de las más violentas manifestaciones fueron infiltradas por agentes pagados. De todo, una cosa es cierta: ha sido la movilización nacional —e internacional— más grande y variopinta de los últimos diez o quince años.

Después de estos días, pueden suceder varias cosas. Una ya ha sido anunciada: el presidente reiniciará pronto su campaña política —¿o tal vez nunca la abandonó? Con un discurso enrojecido, repetitivo, histrionismo bien estudiado, Trump debe recuperar la confianza de su base y convencer al electorado indeciso de que no se cambia de comandante en el medio de la batalla. Otra cosa es que el Partido Demócrata deje atrás el espejismo de las encuestas, las triquiñuelas y chimes de alcoba, y escojan otro contrincante a última hora —el propuesto esta, cuando menos, puchindrum—, y a un(a) vice que, estratégicamente, pudiera salir de la esquina azul en sustitución del candidato a nocaut en el primer asalto.

Por último, y quien lo dude emociones más que razones tendrá, la economía norteamericana va en camino de una rápida recuperación tras haber estado en coma inducido. Quiere decir que algunas partes podrán demorarse en volver a funcionar, pero los centros vitales están arrancando como la primavera, explosivos. El mundo, en cambio, demorará para llegar a los niveles de consumo y productividad anteriores a la pandemia, similar a lo sucedido después de la Segunda Guerra Mundial.

Esa es la carta de triunfo eleccionario de Donald Trump, y la jugará con toda la fuerza y el talento que sus enemigos le niegan, subestimándolo. ¿Quién se lo podría impedir? No será la segunda ola de covid-19, probablemente mayor que la primera. Serán las masas enardecidas en las calles. La movilización de calle. Y en eso, la izquierda y los agentes extranjeros son duchos.

Para desgracia de la hueste antitrompista, la impronta George Floyd habrá desaparecido en un par de semanas. Los antitrompistas buscarán darle otro golpe a Trump antes de noviembre. Tiene que ser un recto al mentón. Es difícil imaginar cual sería el contragolpe del inquilino de la Casa Blanca. Hay dos o tres contrincantes fuera de Estados Unidos que se pintan solos en el ring internacional. Pero el más peligroso, sin duda, está aquí adentro. Donald debe orar para que no aparezca otro George Floyd cuya pegada, como la de otro George, Foreman, lo tiraría de cabeza en la lona.

Publicado en Habaneciendo.com, Blog del autor.

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