lunes, agosto 24, 2026

La insuficiencia de las sanciones. Julio M. Shiling: Las sanciones por sí solas no provocarán la caída de la dictadura castrocomunista

 



La insuficiencia de las sanciones

Por Julio M. Shiling

23 de agosto, 2026 

Estados Unidos ha identificado acertadamente el castrocomunismo como una amenaza persistente para su seguridad nacional. El informe del Departamento de Estado del 20 de julio de 2026, Cuba: la capital del comunismo del siglo XXI, documenta la campaña de décadas de programación de subversión, guerra ideológica, espionaje y apoyo a movimientos radicales tanto en el extranjero como dentro del territorio estadounidense. Esta evaluación concuerda con los objetivos estratégicos más amplios establecidos en la Estrategia de Seguridad Nacional de noviembre de 2025, que da prioridad a recuperar la influencia en el hemisferio occidental y a impedir que potencias externas hostiles se afiancen cerca de las costas estadounidenses. Derrocar el sistema comunista cubano es, por lo tanto, esencial para esos objetivos a largo plazo. El castrismo debe acabar, y su eliminación total es tanto un bien moral como una necesidad estratégica.

Al servicio de ese objetivo, la Administración Trump ha llevado a cabo una campaña constante de sanciones selectivas. Estas medidas han afectado a empresas estatales propiedad del régimen, a organizaciones fachada del Partido Comunista de Cuba implicadas en la agitación nacional e internacional, y a miembros individuales de la élite dictatorial y sus familias. El último paquete de medidas, anunciado el 20 de agosto bajo el título «Ley de imposición de sanciones a actores del régimen cubano asociados con redes subversivas marxistas y transacciones económicas corruptas», continúa con esta presión calibrada. Dichas sanciones son moralmente sostenibles, éticamente loables y tácticamente necesarias. Privan al régimen de los recursos que utiliza para reprimir a su propia población, mantener un amplio aparato de vigilancia y proyectar su influencia hacia el exterior. Dejan claro que Estados Unidos ya no tolerará una dictadura marxista hostil a noventa millas de su costa.

Sin embargo, las sanciones por sí solas no provocarán la caída de la dictadura castrocomunista. El régimen lleva más de tres décadas perfeccionando métodos para eludir las restricciones estadounidenses y el embargo en general. A través de GAESA y de entidades comerciales menos conocidas, ha blanqueado los ingresos procedentes de sus operaciones mediante bancos e intermediarios en Panamá y otras jurisdicciones. Los emigrantes comunistas cubanos leales han establecido en el extranjero negocios aparentemente legítimos que mantienen una relación simbiótica con la dictadura, disfrutando de privilegios a cambio de los servicios prestados. Estos activos de «poder blando», valorados en miles de millones, forman un ecosistema externo que permite al régimen resistir la presión financiera. Centrarse en las participaciones de GAESA en bancos panameños y redes extraterritoriales similares sería el siguiente paso lógico, pero ni siquiera unas medidas económicas ampliadas serán decisivas por sí solas.

La indiferencia del régimen ante el sufrimiento de los cubanos de a pie limita aún más el poder coercitivo de las sanciones. La dictadura nunca ha considerado el bienestar del pueblo cubano como una limitación para su supervivencia. Una sociedad empujada al borde de la hambruna no obligaría a los dirigentes a renunciar al poder. La élite dictatorial ha demostrado en repetidas ocasiones que antepone sus privilegios y proyectos ideológicos a las necesidades básicas de la población a la que gobierna. Las penurias económicas siempre las sufre el pueblo, nunca quienes toman las decisiones en La Habana.

El momento político también parece condicionar el enfoque actual. Ante la proximidad de las elecciones de mitad de término, es posible que la Administración Trump esté actuando con cautela. El movimiento comunista estadounidense, que hoy opera principalmente bajo la bandera de los Socialistas Demócratas de América, está inmerso en un esfuerzo decidido por hacerse con el control del Partido Demócrata. Este esfuerzo representa una expresión contemporánea de la «marcha a través de las instituciones» defendida desde hace tiempo por los marxistas gramscianos. Dados los vínculos históricos documentados y actuales entre el comunismo cubano y elementos de la izquierda radical estadounidense, la persistencia de un régimen marxista en Cuba no es meramente un problema de política exterior. Se trata también de una cuestión interna estadounidense. La moderación antes de las elecciones de mitad de término podría reflejar un esfuerzo por evitar proporcionar munición política a estas fuerzas.

Sin embargo, tras las elecciones de mitad de legislatura, Estados Unidos debe adoptar una postura más resuelta. La guerra económica, por muy rigurosamente que se aplique, es insuficiente. El régimen de los Castro conserva activos y redes en el exterior capaces de mantenerlo durante un mandato presidencial de la nación norteamericana. Si el objetivo es la libertad auténtica para el pueblo cubano y la eliminación de un peligro hostil para la república estadounidense, los responsables políticos deben reconocer que solo una acción militar concreta logrará el cambio sistémico necesario. Una revolución de palacio que se limite a reorganizar el personal, dejando intactas las estructuras comunistas, sería meramente cosmética. Cualquier transición auténtica hacia un orden democrático tendría que tipificar criminalmente al castrocomunismo propiamente desde el principio y desmantelar sus cimientos institucionales.

Las sanciones siguen siendo un instrumento justificado y útil. Son moralmente defendibles y pueden debilitar la capacidad del régimen para reprimir y proyectar su poder. Pero, por sí solas, no pueden producir el resultado decisivo que se requiere. El ecosistema externo de empresas tapadera, finanzas extraterritoriales y aliados ideológicos proporciona a la dictadura una resiliencia que la mera presión económica no puede superar. Tan pronto como lo permita el calendario político nacional, Estados Unidos debería ir más allá de las medidas financieras calibradas y preparar las herramientas concretas necesarias para poner fin al comunismo cubano. Solo entonces se alcanzarán plenamente los objetivos estratégicos articulados en 2025 y el imperativo moral reconocido en el informe de julio de 2026.

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Washington revela décadas de espionaje y subversión del régimen cubano

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El Departamento de Estado sostiene que el régimen cubano no fue un simple aliado de la Unión Soviética, sino el arquitecto de una estrategia propia de expansión revolucionaria basada en espionaje, apoyo a guerrillas e infiltración política.

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Por Dianelis Hernández

 (Periodista )

20 de julio de 2026

Por primera vez en décadas, el gobierno de Estados Unidos elaboró un documento de amplio alcance dedicado exclusivamente a examinar el papel internacional del régimen cubano. Bajo el título Cuba: The Capital of 21st Century Communism, el Departamento de Estado presentó este lunes una interpretación que rompe con la narrativa tradicional sobre la Guerra Fría y sitúa a La Habana como el verdadero centro de irradiación del comunismo contemporáneo. 

ADN Cuba fue el primer medio en revelar varias de las conexiones que hoy recoge el informe de Washington. Entre ellas figuran los vínculos entre el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP) y Al-Tajammu —una red transnacional con sede en Líbano que funciona como plataforma internacional de coordinación política del denominado Eje de la Resistencia, integrado por Hezbolá, la Yihad Islámica Palestina (PIJ), el Frente Popular para la Liberación de Palestina (PFLP), milicias chiitas iraquíes, los hutíes y otras organizaciones afines—; la presencia del PFLP en Cuba; y las más de 117 resoluciones impulsadas por la National Network on Cuba (NNOC) y un conjunto de Ciudades Hermanas (Sister Cities).

Asimismo, ADN Cuba fue el primer medio en revelar, el 8 de julio, la existencia del plan de respuesta rápida de la NNOC —mencionado en el informe—, diseñado para coordinar movilizaciones nacionales en apoyo al régimen cubano y ejercer presión política en Estados Unidos. Estas revelaciones posteriormente fueron citadas o replicadas por otros medios.

El reporte también menciona a Paul Larudee, representante de Al-Tajammu en Estados Unidos, quien registró en California un nombre comercial ficticio (DBA) utilizado para iniciativas vinculadas a Cuba y al sitio de noticias Resumen Latinoamericano. ADN Cuba informó sobre ese registro el 1 de julio, ampliando una investigación publicada previamente por Jeffrey Scott Shapiro y Gelet Martínez Fragela, directora de ADN Cuba, en The Washington Times. Resumen Latinoamericano ha contado entre sus colaboradores con la esposa de Alejandro Castro Espín, hijo del exgobernante Raúl Castro.

Pero lejos de describir a Cuba como un actor subordinado a Moscú, el informe sostiene que el castrismo desarrolló una doctrina propia, más duradera que el modelo soviético, que sustituyó la lucha de clases por un discurso centrado en el antiimperialismo, el tercermundismo, la raza y la confrontación con Occidente. Según el documento, esa transformación permitió que el proyecto de manipulación política impulsado por el dictador Fidel Castro sobreviviera al derrumbe de la Unión Soviética y conservara influencia en organizaciones, movimientos y espacios académicos de distintos países.

¿Qué dice la publicación del Departamento de Estado?

La publicación, de cien páginas, está organizada en nueve capítulos y aborda desde la consolidación del Estado revolucionario hasta las operaciones de inteligencia cubanas, el respaldo a movimientos insurgentes en América Latina, África y Oriente Medio, la construcción de redes internacionales de solidaridad política y la influencia del régimen sobre lo que denomina la "Nueva Izquierda".

Desde sus primeras páginas el documento es categórico. Afirma que durante casi siete décadas La Habana desarrolló una "campaña sostenida de subversión" contra Estados Unidos mediante operaciones de espionaje, infiltración institucional, reclutamiento de activistas, apoyo a organizaciones armadas y refugio para personas buscadas por la justicia estadounidense. El texto sostiene incluso que agentes cubanos lograron penetrar durante años organismos como el Departamento de Estado, el Consejo de Seguridad Nacional y el Pentágono.

Pero el informe va más allá del terreno de la inteligencia. Su tesis central es que la principal victoria estratégica del castrismo no fue militar, sino ideológica. A juicio del Departamento de Estado, mientras el comunismo soviético perdió capacidad de atracción tras la Guerra Fría, el modelo construido desde La Habana consiguió reinventarse alrededor de nuevas causas políticas y culturales. "Para el cambio de siglo, La Habana había consolidado su lugar como la capital ideológica de la izquierda radical moderna", concluye el documento.

Documentos olvidados y un nuevo eje de articulación regional

Uno de los apartados más extensos reconstruye el nacimiento de esa corriente ideológica que hoy ha extendido sus tentáculos en miles de organizaciones mundiales. Según el informe, el triunfo de Fidel Castro en 1959 representó para numerosos movimientos de izquierda occidentales una alternativa al agotamiento del modelo soviético. La Habana, sostiene el texto, reemplazó el énfasis clásico en el proletariado por una narrativa centrada en la liberación de los pueblos del llamado Tercer Mundo, convirtiendo la lucha contra Estados Unidos y el "imperialismo occidental" en el eje articulador de un nuevo proyecto político internacional.

El Departamento de Estado identifica la Conferencia Tricontinental celebrada en La Habana en 1966 como uno de los momentos decisivos de esa estrategia. Más de quinientos delegados de 82 países participaron en un encuentro que, según el informe, sirvió para articular una red internacional de movimientos revolucionarios de África, Asia y América Latina bajo una misma "bandera antiimperialista". El documento reproduce incluso el listado de organizaciones asistentes y sostiene que muchas de ellas integraron posteriormente estructuras políticas y armadas coordinadas desde Cuba.

A partir de ese momento, asegura Washington, La Habana pasó de ser el símbolo de una revolución exitosa a convertirse en el principal centro de entrenamiento, coordinación y respaldo de movimientos insurgentes en el continente. El informe atribuye al régimen cubano apoyo político, militar o logístico a organizaciones guerrilleras en países como Venezuela, Colombia, Nicaragua, Chile, Argentina, Uruguay, Perú y El Salvador, entre otros.

EE.UU., un terreno fértil en la década del 60 para las ideas de Castro

Según el documento, la inteligencia cubana identificó desde comienzos de la década de 1960 a los movimientos sociales estadounidenses como un terreno fértil para expandir su proyecto político. La creación del Fair Play for Cuba Committee, financiado por el gobierno revolucionario, aparece como el primer paso de una estrategia destinada a construir una base de apoyo al castrismo dentro de Estados Unidos. El informe sostiene que la organización promovió campañas de propaganda, organizó viajes de activistas a La Habana y creó capítulos en distintas ciudades para difundir la imagen de la llamada "Nueva Cuba".

El Departamento de Estado afirma además que Cuba buscó deliberadamente estrechar vínculos con sectores del movimiento afroamericano. Cita el caso de Robert F. Williams, exdirigente de la NAACP, quien se exilió en La Habana y comenzó a transmitir el programa Radio Free Dixie desde un potente transmisor facilitado por el régimen. Según el informe, esas emisiones llamaban a la lucha armada y ejercieron influencia sobre el posterior surgimiento del Partido Pantera Negra.

El informe avanza en el tiempo y también dedica un tramo amplio a CodePink y a otras organizaciones estadounidenses contemporáneas que, según el Departamento de Estado, forman parte de un ecosistema de solidaridad política vinculado a La Habana.

CodePink aparece primero como integrante de la National Network on Cuba (NNOC), una coalición de más de 60 grupos estadounidenses. El informe menciona también dentro de esa red a Democratic Socialists of America (DSA), el National Lawyers Guild (NLG) y el Communist Party USA. Según el texto, la NNOC coordina delegaciones a Cuba y conferencias con el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, ICAP, organismo al que atribuye funciones dentro de la estructura de influencia exterior del régimen y recientemente sancionada por Washington. El reporte cita una definición del propio ICAP que presenta a la coalición como “la voz de Cuba en Estados Unidos”.

En el caso específico de CodePink: Women for Peace, el documento recuerda que fue fundada en 2002 por Medea Benjamin, Jodie Evans, Diane Wilson y otras activistas durante la campaña contra la guerra de Irak. Sostiene que, desde sus inicios, la organización mantuvo una posición cercana a Cuba: sus miembros viajaron regularmente a La Habana y respaldaron la campaña por la liberación de los cinco agentes cubanos de la Red Avispa condenados en Estados Unidos.

El informe además se detiene en Medea Benjamin, quien residió en Cuba entre 1979 y 1983, y en Global Exchange, organización que cofundó en San Francisco. El documento describe los viajes de su programa Reality Tours a Cuba, Venezuela, Irán, Nicaragua y Bolivia como recorridos ideológicos organizados en coordinación con gobiernos extranjeros.

El Caso Neville Roy Singham, una red de millones

Otro eje de las acusaciones es la relación de Jodie Evans con el empresario y activista Neville Roy Singham. El informe afirma que, después del matrimonio de ambos en 2017 y de una fuerte entrada de recursos procedentes de entidades relacionadas con Singham, CodePink modificó su perfil y se convirtió en una defensora más sistemática de China y de otros gobiernos enfrentados a Washington. Según el reporte, cerca del 25 % de los fondos de CodePink desde 2017 procedió de grupos conectados con Singham.

El Departamento de Estado asegura además que CodePink mantuvo una participación constante en campañas de respaldo a La Habana después de las protestas del 11 de julio de 2021. Como ejemplo cita un texto de la organización que atribuyó las manifestaciones principalmente al embargo estadounidense y cuestionó la magnitud difundida por medios occidentales. También señala que CodePink organizó vuelos para trasladar a más de cien participantes y miles de libras de suministros durante una caravana a Cuba en marzo de 2026.

La organización no aparece aislada. El informe identifica a The People’s Forum como una pieza importante de la red financiada o relacionada con Singham. Señala que, desde 2024, ese grupo ha actuado como patrocinador fiscal de la Venceremos Brigade, una estructura histórica de viajes y activismo político alrededor de Cuba. El documento atribuye a esa red un papel relevante en protestas nacionales dentro de Estados Unidos y afirma que varios de sus nodos se han integrado a la infraestructura de influencia favorable al régimen cubano.

También desarrolla un apartado propio sobre los Democratic Socialists of America. Sin afirmar que la organización haya sido creada o controlada por la inteligencia cubana, el reporte sostiene que su respaldo a La Habana demuestra hasta qué punto las posiciones favorables al régimen se han convertido, según sus autores, en una ortodoxia dentro de una parte de la izquierda estadounidense.

El National Lawyers Guild es presentado como otro vínculo institucional duradero. El informe recuerda sus delegaciones a Cuba desde la década de 1970, sus programas jurídicos y de viajes relacionados con la isla y su cooperación con la NNOC. Así mismo afirma que la organización ha defendido el levantamiento del embargo, la normalización de relaciones y la devolución de la base naval de Guantánamo.

El reporte incluye además referencias a organizaciones asociadas al movimiento Black Lives Matter. Vincula la influencia cultural de Assata Shakur desde su exilio en Cuba con el lenguaje y los símbolos empleados posteriormente por sectores de BLM. Menciona expresamente a Black Lives Matter Grassroots, Black Lives Matter at School, Assata’s Daughters y la Black Alliance for Peace, y sostiene que varias de ellas han reivindicado la figura de Shakur y el refugio que recibió del régimen cubano.

En otra sección aparecen grupos más pequeños y recientes, entre ellos Equality for Flatbush, descrito como una organización abolicionista relacionada con BLM, y la Claudia Jones School, un colectivo de formación política de Washington que, según el informe, participa en actividades de solidaridad con Cuba y en protestas contra las autoridades migratorias estadounidenses.

No sólo suministraba armas, también creaba plataformas de expansión

El documento -que ya había sido anunciado días atrás- presta especial atención al triunfo sandinista de 1979 en Nicaragua, reconociéndolo como el ejemplo más acabado de la estrategia diseñada por Fidel Castro. Según el documento, Cuba no solo suministró armas y entrenamiento al Frente Sandinista de Liberación Nacional, sino que convirtió posteriormente a Nicaragua en una plataforma para extender las ideas izquierdistas hacia otros países centroamericanos.

El informe también dedica amplios apartados a Puerto Rico y Venezuela. En el primer caso, afirma que la inteligencia cubana participó en el entrenamiento y organización de grupos armados como las FALN y Los Macheteros. En el segundo, sostiene que la llegada de Hugo Chávez al poder permitió a La Habana sustituir la exportación clásica de guerrillas por un modelo de influencia institucional basado en asesoramiento político, inteligencia, cooperación militar y presencia masiva de personal cubano dentro del aparato estatal venezolano.

Cuba como plataforma regional para la influencia de Irán y sus aliados

La alianza entre Cuba e Irán trasciende las relaciones diplomáticas y constituye una asociación estratégica basada en intereses políticos, militares y de inteligencia compartidos, asegura el documento. El Departamento de Estado recuerda que ambos países figuran en la lista estadounidense de Estados patrocinadores del terrorismo y afirma que, durante años, han fortalecido su cooperación en áreas como comercio, telecomunicaciones, tecnología, servicios portuarios y seguridad. Según la revisión de ADN Cuba del material, Teherán también ha otorgado líneas de crédito y alivio financiero a La Habana para profundizar esa relación.

Una de las acusaciones del reporte es que Cuba habría servido como plataforma para ampliar la presencia regional de grupos respaldados por Irán. El texto afirma que el régimen cubano ha apoyado políticamente al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) y a organizaciones como Hamás, Hezbolá y el Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP), no solo mediante respaldo diplomático, sino facilitando un punto de apoyo para que esas organizaciones incrementen su presencia en América Latina.

El documento respalda estas afirmaciones con referencias a memorandos de inteligencia estadounidenses de los años setenta, informes de la CIA, publicaciones del RAND Corporation, investigaciones periodísticas de The New York Times y Los Angeles Times, además de testimonios de exfuncionarios de inteligencia cubanos y comparecencias ante el Congreso de Estados Unidos. En varios capítulos reproduce fragmentos de documentos oficiales desclasificados para reconstruir la dimensión internacional de las operaciones atribuidas al régimen cubano.

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20 de julio, 2026

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ErnestoMiami

25 julio, 2026

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Mario J. Pentón

20 de julio, 2026

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NTN24

21 de julio, 2026

Informe del Departamento de Estado revela que régimen cubano se infiltró en altas esferas de EE. UU



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16 de julio, 2026

Marco Rubio reunión ministerial sobre el resurgimiento del terrorismo político 


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sábado, agosto 08, 2026

Marco Rubio, Secretario de Estado de los EE.UU., afirma que, cuando la Administración Trump termine, 'Cuba estará en una senda irreversible hacia un futuro diferente'.

 Tomado de https://diariodecuba.com

'No hay escapatoria', advierte Rubio al régimen cubano e insiste en tener 'paciencia'

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El secretario de Estado afirma que, cuando la Administración Trump termine, 'Cuba estará en una senda irreversible hacia un futuro diferente'.

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DDC

Washington

08 Ago 2026

"Lo que intentamos enseñarles es que no hay escapatoria", dijo este viernes el secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, en declaraciones a Axios relacionadas con el aumento de las tensiones entre Washington y La Habana. "No pueden esperar a que nos rindamos", enfatizó el político cubanoamericano, y llamó la atención sobre la estrategia del régimen de ganar tiempo "simulando reformas mientras busca maneras de evadir las sanciones".

No obstante, "cada vez que crean un nuevo mecanismo para intentar escapar de la soga, simplemente se lo cerramos", destacó Rubio. Sus palabras tienen fácil reflejo en la realidad, toda vez que los reiterados paquetes de sanciones de Washington contra La Habana en los últimos meses apuntan en esa dirección.

Asimismo, el secretario de Estado alertó que "esto no va a desaparecer en los próximos dos años y medio", demostrando que la estrategia de la Administración Trump respecto al régimen cubano es la de la "paciencia y perseverancia".

"Mi nivel de confianza es que, cuando esta Administración termine, como mínimo, Cuba estará en una senda irreversible hacia un futuro diferente", dijo.

El actual contexto geopolítico rema a favor de la intención de Rubio, toda vez que, "por primera vez en la historia de Cuba, el país carece de dos cosas en las que siempre ha confiado: un patrocinador externo y la falta de atención de EEUU hacia el país como una prioridad absoluta", dijo.

"No van a conseguir un patrocinador en los próximos dos años y medio, así que esa es la dinámica que ha cambiado", sostuvo, y agregó: "Eso los ha puesto en una situación muy difícil".

No obstante, Rubio no dejó claro si Washington mantiene aún sobre la mesa las opciones militares respecto a la Isla o si mantendrá la política de sanciones y rejuegos de inteligencia para esperar una implosión del régimen.

"Si hiciéramos algo con Cuba, verán a las mismas personas que sostienen carteles a favor de Hamás y carteles de 'Liberen a Maduro', pero estarán allí con carteles de 'Manos fuera de Cuba'", dijo.

En este contexto, respecto a la estrategia de Washington, un alto funcionario de la Administración Trump dijo a Axios: "EEUU está intentando cultivar relaciones con otros funcionarios cubanos y encontrar la manera de crear una coalición para la reforma. Pero es difícil llegar a una conclusión definitiva porque ese sistema es muy paranoico".

Al hilo de lo anterior, ponderó las conversaciones con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro, conocido como "El Cangrejo", pero apuntó: "Cuando Raúl ya no esté, ¿cuál será su estatus? ¿Quién lo protegerá?".

Poco antes de estas declaraciones, Rubio advirtió el jueves que Washington "no tolerará un Estado renegado" al anunciar el nuevo paquete de sanciones contra cinco entidades cubanas y ocho personas vinculadas con la obtención de armamento para el régimen, al tiempo que advirtió que cualquier empresa o institución financiera extranjera que mantenga relaciones con los sancionados podría exponerse también a medidas punitivas.

"El régimen comunista cubano es un patrocinador estatal del terrorismo que espía a EEUU, arma a radicales de izquierda violentos, difunde una ideología marxista venenosa y sirve como base de operaciones para Rusia, China e Irán a solo 90 millas de nuestras costas", afirmó Rubio en un mensaje publicado en su cuenta de X.

El jefe de la diplomacia estadounidense sostuvo que la Administración Trump "no tolerará un Estado renegado que albergue operaciones militares, de inteligencia y terroristas hostiles" cerca del territorio estadounidense.

En las últimas semanas, las relaciones entre Washington y La Habana se han deteriorado todavía más a partir de la publicación, el pasado 20 de julio, del informe Cuba: La capital del comunismo del siglo XXI, en el que el Departamento de Estado describió al régimen de Cuba como una amenaza para su seguridad nacional y la estabilidad hemisférica.

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Mario J. Pentón

7 de agosto, 2026

Marco Rubio revela la estrategia contra Cuba: “No pueden esperarnos”


NTN24

7 de agosto, 2026

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miércoles, julio 29, 2026

Sobre Cuba: GAESA cambia de piel: la estrategia para intentar sobrevivir a las sanciones del Presidente Donald Trump

GAESA cambia de piel: la estrategia para intentar sobrevivir a las sanciones de Trump

Por Equipo de Investigación CubaNet

Julio 27, 2026

El pasado jueves, 23 de julio, el Departamento de Estado de Estados Unidos sancionó al fondo de  inversión CEIBA  Investments Limited por sus negocios con el régimen cubano. Junto con la designación, la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC, por sus siglas en inglés) emitió varias licencias generales que autorizan temporalmente el cierre ordenado de transacciones con CEIBA y con las empresas en las que posea, directa o indirectamente, al menos el 50% de participación.

La decisión supone un duro golpe para uno de los principales  inversionistas extranjeros en el mercado inmobiliario cubano y estrecha aún más el cerco financiero sobre La Habana. En momentos en que el régimen busca desesperadamente atraer capital extranjero para aliviar su crisis económica, Washington acaba de poner en la mira a uno de sus socios más valiosos y a una de las vías con las que aspiraba a seguir captando inversión. Inversión

La relevancia de CEIBA para el régimen va mucho más allá de un simple fondo de inversión. Mientras el Gobierno cubano anunciaba en junio un paquete de 176 medidas para intentar rescatar una economía al borde del colapso —entre ellas la autorización para vender activos y propiedades estatales—, una operación de mucho mayor calado ya se había prácticamente consumado.

Más de un mes antes, el 22 de abril, habían concluido las negociaciones con la Inmobiliaria Monte Barreto S.A. (IMB), una de las empresas más importantes de la Corporación CIMEX S.A. y propietaria del emblemático Miramar Trade Center, el complejo de negocios más grande de la Isla. Finalmente, la transferencia accionaria se completó el 4 de junio, cuando IMB dejó de pertenecer al Grupo de Administración Empresarial de las Fuerzas Armadas (GAESA) y pasó a manos de CEIBA, un fondo registrado en Guernsey, sancionado por Washington apenas el 23 de julio pasado.

Hasta el 4 de junio, CEIBA poseía el 49% de las acciones de IMB. Ese día GAESA le cedió oficialmente el resto.

Así se concretó el primer traspaso total de un activo estratégico de CIMEX, una empresa integrada al entramado económico de GAESA.

A simple vista, podría parecer una operación más de inversión extranjera, pero testimonios obtenidos por CubaNet apuntan en otras direcciones.

La venta de Monte Barreto no sería un caso aislado. Según dos fuentes de alto nivel dentro de CIMEX y un funcionario del Ministerio de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera (MINCEX), consultados bajo condición de anonimato por temor a represalias, la operación forma parte del inicio de una profunda reorganización de GAESA.

El objetivo sería desprenderse, al menos formalmente, de parte de sus activos para protegerlos del creciente impacto de las sanciones impuestas por la Administración de Donald Trump y de un eventual endurecimiento de las medidas financieras contra el conglomerado militar.

Sin embargo, lo que aseguran las fuentes consultadas es que no se están deshaciendo de las empresas; las están moviendo de lugar para no perder el control sobre los negocios más rentables de la Isla.

Una de las piezas centrales de esa estrategia sería CEIBA, una compañía que mantiene vínculos de décadas con el Estado cubano.

Hasta ahora, el conglomerado militar había privilegiado empresas mixtas o contratos de administración con inversionistas extranjeros. La cesión completa de una compañía de esta magnitud marca un precedente inédito. Y podría ser apenas el comienzo. Dirección

Tres fuentes consultadas por CubaNet aseguran que otros activos administrados por GAESA podrían seguir el mismo camino en los próximos meses. Entre ellos figuran empresas inmobiliarias, instalaciones vinculadas a la Zona Especial de Desarrollo Mariel e incluso decenas de hoteles gestionados por la cadena española Meliá Hotels International.

Esta estrategia apunta a que GAESA no estaría vendiendo su patrimonio para retirarse realmente de la economía cubana, como intenta aparentar.

CEIBA, una empresa con muchos intereses en Cuba

Si la adquisición de Monte Barreto, propietaria y operadora del Miramar Trade Center, fuera una operación ordinaria entre una empresa cubana y un inversionista extranjero, probablemente no habría mucho más que contar. Pero el nuevo dueño no es un actor cualquiera y su relación con Cuba es de larga data.

CEIBA aparece registrada en Guernsey, una isla y dependencia de la Corona británica ubicada en el Canal de la Mancha, frente a la costa de Francia, con un régimen tributario favorable que la ha convertido en centro financiero offshore.

Desde su creación, se ha presentado como un fondo internacional especializado en  inversiones en la Isla, específicamente en bienes raíces comerciales y en el sector turístico. De ahí que no resulta extraño que GAESA, con la que CEIBA ha trabajado durante años, le haya cedido la propiedad. Sin embargo, varias fuentes consultadas por este medio apuntan que la elección de CEIBA se explica también en la relación de cercanía y confianza con el régimen cubano.

Para un exfuncionario de la Embajada de Cuba en el Reino Unido, que trabajó en los años en los que fue creada la empresa, el objetivo con este traspaso podría ser “mantener el control en favor del Gobierno cubano”.

Según su testimonio, el proyecto comenzó a tomar forma entre finales de los años 90 y principios de los 2000, cuando La Habana buscaba nuevas fórmulas para captar inversiones internacionales tras el colapso del bloque soviético. La idea, explica el exfuncionario, era crear un vehículo capaz de atraer capital extranjero, pero administrado por personas de confianza para el régimen.

El nombre inicial de la empresa fue Beta Gran Caribe Fund Limited. Desde 2001 su principal gestor ha sido el abogado neerlandés Sebastiaan Berger, quien se mantiene dirigiendo el fondo en la actualidad y es un personaje recurrente en esta historia.

Un año después, la corporación fue rebautizada como CEIBA, el árbol de profundo arraigo en la cultura cubana, venerado por muchos y símbolo de la fundación de La Habana.

Asimismo, es un árbol conocido por su amplia y profunda maraña de raíces, lo que casualmente describe la estructura oculta, subterránea, con la que operan los militares cubanos para evadir el escrutinio público y el embargo. GAESA ha operado por décadas sin transparentar ninguna de sus acciones y, justo ahora, con las circunstancias adversas que ha traído la Administración Trump, necesita camuflarse mejor. Militar

Según el exdiplomático consultado, desde sus inicios las operaciones de CEIBA, al igual que las del Havin Bank, eran seguidas desde cerca por la representación cubana en Londres.

Tanto CEIBA y el Havin Bank como CIMEX (GAESA) serían, tal como lo describe un funcionario del Ministerio de Comercio Exterior y la  Inversión Extranjera, “un mismo sistema endogámico donde cada elemento está en función de un objetivo”. Ese objetivo es, para la fuente, asegurar el control del régimen, aunque “parezcan, con toda intención, entidades independientes”.

Según las fuentes consultadas, la operación con Monte Barreto no supondría entregar el control a un actor externo e inexplorado, sino trasladarlo hacia una estructura conocida por los propios militares cubanos.

Este argumento lo refuta Berger, quien asegura que la empresa extranjera posee el control completo sobre todas las operaciones y no consulta al Estado cubano ni a ninguna otra entidad. “No hay consejeros cubanos en su consejo de administración (todos dimitieron el 4 de junio de 2026) e IMB goza de plena autonomía, incluso en lo relativo a la contratación y remuneración de sus empleados”, dijo el abogado a CubaNet.

De hecho, el gestor de inversiones argumentó que esta transacción sería una muestra de cómo las cosas ahora sí están cambiando en Cuba, una opinión que evidentemente no comparte el Gobierno de Estados Unidos, que acaba de sancionar a la compañía.

Tras la designación, Ceiba rechazó públicamente la interpretación de Washington. En un comunicado difundido el pasado viernes, 24 de julio, la compañía sostuvo que la adquisición del 51% restante de Monte Barreto fue negociada en condiciones de mercado, se financió con fondos de la propia inmobiliaria y se completó dentro del plazo establecido para poner fin a sus relaciones comerciales con GAESA. CEIBA calificó la sanción como un error y negó que la transacción tuviera como propósito proteger activos o flujos de ingresos del conglomerado militar. Además, anunció que solicitará a la Oficina de Control de Activos Extranjeros y al Departamento de Estado su exclusión de la lista de personas bloqueadas.

¿Una venta en la que el dinero nunca salió del sistema?

Hasta aquí, la operación de venta podía interpretarse como una maniobra del Estado cubano para obtener liquidez en medio de la crisis  económica. Sin embargo, un reporte revela un detalle curioso que fue confirmado a CubaNet por el propio Berger. Economía

La operación no requirió aportaciones de efectivo por parte de CEIBA. Para la adquisición total de las acciones, la empresa utilizó los propios recursos generados por Monte Barreto: reservas acumuladas, dividendos no distribuidos y otros fondos que ya pertenecían a la inmobiliaria.

En otras palabras, la empresa fue comprada utilizando su propio dinero.

Para un funcionario de CIMEX entrevistado por CubaNet bajo condición de anonimato, ese detalle demostraría que el objetivo de la operación no era principalmente obtener recursos frescos para el Estado o atraer nuevos inversores. “No era necesario”, advierte. “El acuerdo fue una pantalla”.

Berger respondió que tales afirmaciones sobre la adquisición de IMB son “rotundamente falsas”.

Sin embargo, múltiples fuentes al interior de ministerios cubanos insisten en que el traspaso forma parte de una estrategia mucho más amplia, que apenas comienza.

La hipótesis coincide con la información aportada por otros dos expertos consultados para esta investigación, que describen el mismo fenómeno utilizando palabras distintas: reorganización, mutación, reestructuración. Pero el objetivo sería el mismo: una puerta giratoria que permita reducir la exposición directa de GAESA ante futuras sanciones internacionales.

Desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, el conglomerado militar se ha convertido nuevamente en uno de los principales objetivos de la política estadounidense hacia Cuba. Las sanciones financieras, las restricciones a empresas vinculadas con los militares y la posibilidad de nuevas medidas han incrementado los riesgos para quienes mantienen negocios con compañías controladas por las Fuerzas Armadas.

En ese contexto, desprenderse formalmente de determinados activos podría ofrecer una ventaja.

Si las propiedades aparecen registradas a nombre de empresas extranjeras aparentemente independientes, el costo político y jurídico de nuevas sanciones baja. Al menos, esa es la lógica que describen las fuentes consultadas por CubaNet, las cuales apuntan a que más empresas seguirán el mismo camino.

Monte Barreto sería solo el primer paso

Lo ocurrido con el Miramar Trade Center y la inmobiliaria no es un caso aislado. Fuentes vinculadas a distintos niveles de la estructura empresarial del régimen aseguran que otros activos estratégicos de GAESA podrían seguir el mismo camino en los próximos meses. Entre ellos mencionan otras empresas inmobiliarias, proyectos asociados a la Zona Especial de Desarrollo Mariel y una parte importante de la infraestructura hotelera administrada por cadenas extranjeras. Militar

Uno de los casos más avanzados sería el de Meliá Hotels International.

Dentro de la cadena española hay fuentes que advierten que varios de sus principales directivos han viajado recientemente a Cuba para acelerar negociaciones relacionadas con la adquisición de activos que hasta ahora la compañía solo administraba en nombre del Estado cubano.

Aunque este mes la compañía anunció oficialmente el cese de sus operaciones en Cuba, las conversaciones incluirían alrededor de una treintena de hoteles e inmuebles, cuya propiedad continúa en manos del Estado. Los funcionarios consultados sostienen que Meliá podría replicar la fórmula de CEIBA y adquirir el control y la propiedad total de varios de sus negocios en Cuba.

Precisamente, cuando se habla de Meliá, el camino también conduce al fondo de  inversión inglés.

Ya en 2018 ambas compañías habían anunciado un ambicioso programa conjunto de  inversiones durante la Feria Internacional de Turismo (FITCuba).

Cinco meses después, la Bolsa de Valores de Londres (London Stock Exchange) dio la bienvenida a CEIBA, convirtiéndola en el primer fondo enfocado en Cuba que cotizaba en ese mercado. A la ceremonia, por cierto, estuvo presente el personal diplomático cubano en Londres.

Ceiba recaudó 30 millones de libras (39 millones de dólares) mediante la emisión inicial de nuevas acciones. Tras este éxito, su empresa mixta TosCuba inició la construcción del hotel Meliá Trinidad Península, operado por Meliá Hotels International. Dirección

Un exdirectivo cubano de Meliá, que aceptó hablar con CubaNet, asegura que la presencia de una marca internacional en la Isla fue determinante para atraer inversionistas a CEIBA. Meliá dejó de ser simplemente un operador hotelero y se convirtió en una pieza esencial de la estructura de negocios de CEIBA, “una parte inseparable de su núcleo de proyección y estrategias de negocios”, afirma.

A través de la empresa conjunta HOMASI, ambos participan en un portafolio integrado por cinco hoteles: Meliá Habana, Meliá Las Américas, Meliá Varadero, Sol Palmeras y Meliá Trinidad.

El hombre que conecta muchas de las piezas

Si CEIBA fue concebida como una pieza esencial para este nuevo camino que ha tomado la inmobiliaria Monte Barreto, hay un nombre que aparece una y otra vez: Sebastiaan Berger.

El abogado neerlandés llegó a Cuba en 1996 como parte del equipo jurídico Trenité Van Doorne. Poco después fundó en La Habana el despacho Berger, Young and Associates, que con el paso de los años se convirtió en uno de los principales asesores legales de las  inversiones extranjeras en la Isla, donde residió hasta 2013.

Pero su papel va mucho más allá del de un abogado.

Berger figura como directivo o miembro de la junta en una extensa red de compañías relacionadas con CEIBA y, por tanto, con la Isla. Su nombre aparece asociado a sociedades registradas en Panamá, los Países Bajos, España y el Reino Unido vinculadas con la administración de propiedades inmobiliarias y complejos turísticos de gran envergadura en Cuba.

Berger también desempeñó un papel relevante en procesos que marcaron la relación financiera entre Cuba y el exterior. Por ejemplo, en 2008 publicó un exhaustivo libro con el marco legal para las empresas y personas interesadas en hacer negocios en Cuba.

Su presencia e influencia ―cuando de inversión extranjera en Cuba se trata― se mantienen hasta hoy y lo confirma la adquisición total de Monte Barreto.

Fue Berger quien presentó la propuesta de inversión para su aprobación al Consejo de Administración de CEIBA y quien lideró el equipo que implementó la transacción.

Todos los consultados creen que esa continuidad no es casual. Cuando uno sigue el rastro de Berger termina llegando siempre al mismo sitio: negocios estratégicos del Estado cubano.

Y es precisamente esa trayectoria la que ayuda a entender por qué, cuando GAESA decidió desprenderse de uno de sus activos más valiosos, la operación terminó en manos de una empresa dirigida por alguien que lleva casi 30 años trabajando junto al propio sistema. Militar

La lealtad que ha mostrado el abogado neerlandés sería un requisito indispensable porque, según sostienen los entrevistados, el objetivo nunca habría sido perder el control total de esos activos, sino mantenerlos bajo la administración de personas confiables.

La venta de Monte Barreto y otras transacciones en proceso marcan el inicio de una nueva etapa para GAESA. Más que una retirada, pareciera una transformación. Es la vieja nomenklatura cubana buscando la manera de blindar a sus descendientes, la nueva oligarquía. Sin embargo, la Administración Trump, con Marco Rubio como secretario de Estado, parece ir un paso adelante.

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Mario J. Pentón

27 julio, 2026

¡EXCLUSIVA! Así intenta GAESA esconder sus negocios para evadir las sanciones de Trump


Juan Manuel Cao Live

24 de julio, 2026

El periodista Mario Pentón invitado en CaoLive discute las últimas decisiones de Washington.


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martes, julio 14, 2026

EEUU-Cuba: la hora de la decisión. El relevante analista r Juan Antonio Blanco: Washington se encuentra ante una coyuntura en que la decisión de actuar o no actuar en Cuba redefinirá por décadas el equilibrio del hemisferio.

EEUU-Cuba: la hora de la decisión

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Washington se encuentra ante una coyuntura en que la decisión de actuar o no actuar en Cuba redefinirá por décadas el equilibrio del hemisferio.

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Por Juan Antonio Blanco

Miami

13 julio 2026

A cinco años de la rebelión nacional en Cuba del 11 de julio de 2021, un balance entre las fuerzas represivas y las de la población no deja espacio a duda: un pueblo hambreado, desarmado, sin conexión a internet como en aquella jornada, no puede enfrentar con éxito la brutal maquinaria represora del régimen castrista. Por esa razón esta vez las miradas desde Cuba se vuelven cada vez más hacia Washington.

El tiempo se acaba

La pregunta de si en los próximos meses podría estallar una guerra entre EEUU y Cuba parte de una premisa equivocada. Refleja una comprensión insuficiente de la estrategia y de los recursos que ambas partes llevan meses movilizando en preparación para una probable escalada del conflicto bilateral de más de seis décadas. 

La verdadera pregunta no es si EEUU y Cuba entrarán en "guerra" en los próximos meses, sino cuándo se reconocerá que ese conflicto existe hace décadas, que su escalada ya está en curso y que, de llegar a usarse alguna modalidad cinética, los recursos tecnológicos de EEUU son tan vastos que no lo amarran a una sola opción. No son los tiempos de Normandía, Corea y Vietnam. Cuba tampoco es Venezuela o Irán.

Desde hace varios meses ambos países movilizan instrumentos políticos, económicos, diplomáticos y de seguridad, en una renovada escalada estratégica de ese conflicto histórico. Tanto en esta fase como en la cinética (si se llega a ella) estaríamos en todo caso en presencia de lo que los expertos denominan un enfrentamiento de cuarta generación. Este tipo de conflicto privilegia las acciones psicológicas, presiones económicas y diplomáticas que pueden combinarse, selectivamente, con múltiples modalidades cinéticas, sean masivas o quirúrgicas. En el caso de Cuba estas últimas son las que pasan a primer plano.

El objetivo principal de Washington en esta primera etapa no cinética, es tratar de alcanzar sus propósitos por medio de un conjunto de acciones —económicas, políticas, diplomáticas— sin necesidad de tener que llegar a recurrir a operaciones militares (aunque estas últimas no solo no se han descartado, sino que están planificadas y listas a ser usadas). Las más espectaculares fueron las de poner fin a los subsidios petroleros gratuitos que llegaban desde Venezuela y el inicio de nuevas sanciones financieras contra el conglomerado GAESA.

En paralelo, Washington lleva meses construyendo la arquitectura institucional y jurídica necesaria para sustentar y legitimar una eventual acción cinética de hacerse ella imprescindible.

Entre otras vale citar las siguientes. Se ha reformulado la doctrina de seguridad nacional de forma que incluya el caso cubano como amenaza inminente y creíble. Se ha iniciado un proceso judicial contra Raúl Castro (máxima autoridad real en Cuba). Se ha construido un sistema interamericano paralelo a la OEA (Escudo de las Américas) con su propio tratado de asistencia militar recíproca en la lucha contra el terrorismo y el crimen regional organizado. Ambas instituciones nacen libres del régimen de consenso para adoptar decisiones que ha paralizado a la OEA desde hace décadas. También se han adoptado medidas que exponen y criminalizan las acciones subversivas que algunos grupos emprenden bajo el beatífico disfraz de la "solidaridad con los pueblos" o la "lucha por la paz".  

En el terreno de la diplomacia bilateral la Administración Trump ha enviado emisarios de alto nivel a la Isla y establecido conversaciones con contrapartes en Cuba en las que ha expresado sus expectativas de cambio y sus líneas rojas a la familia Castro. El reloj —sea digital o de arena— está en marcha.

La lección al parecer finalmente aprendida con el régimen cubano es que solo se disponen a retroceder haciendo concesiones cuando se esgrime la amenaza creíble del posible uso de la fuerza para desplazarlos del poder. Por esa razón todo lo antes dicho ha sido acompañado de movimientos militares que hagan creíble —y factible— el cambio hacia operaciones cinéticas en cualquier momento que se estime necesario. En ese campo, la aplastante superioridad militar estadounidense combinada con la extrema debilidad militar, pero también política y económica, del régimen de La Habana, es lo que hace factible seleccionar entre varias opciones quirúrgicas de corta y mediana duración sobre modalidades masivas y prolongadas.

En meses recientes el escenario militar se ha fortalecido para que se pueda desencadenar repentinamente cualquier acción cinética, bien sea aislada o sostenida, que pueda finalmente decidir el presidente de EEUU.

Las infraestructuras de las bases de Guantánamo en Cuba y Roosevelt Roads en Puerto Rico han sido reforzadas y se le han sumado ciertos equipos claves para operaciones de desembarco anfibio como los Boeing V-22 Osprey. Muy significativos son el reinicio de sistemáticos vuelos de reconocimiento de inteligencia electrónica (SIGINT) con drones de última generación MQ 4C Triton y otros, así como las visitas a Guantánamo del jefe del Comando Sur y del Departamento de Guerra.

Hay más de un portaviones cercano al escenario de operaciones, pero esto no es tan importante en el caso de Cuba como lo fue en Venezuela ya que la Isla está ubicada a corta distancia de todos los recursos del Comando Sur y el Comando Central localizados en Florida. Tampoco sería necesario movilizar durante días y semanas una fuerza naval hasta Suramérica como en el caso venezolano.

En la costa este de EEUU —formando un arco en torno a Cuba— existen numerosos enclaves aéreos y navales de envergadura. Entre ellos destacan las siguientes: Base Aérea Naval de Jacksonville y Base Naval de Mayport (Florida), la base submarina de Kings Bay (Georgia), la Base del Cuerpo de Marines Camp Lejeune (Carolina del Norte), la Base Expedicionaria Conjunta Little Creek-Fort Story (Virginia), Base Naval de Norfolk (Virginia), Base de Submarinos de New London (Connecticut) y por último la Base Naval de Norfolk (Virginia) que es la más grande del mundo y alberga a la mayor flota de la Armada.

Podría decirse que todas las piezas —diplomáticas, doctrinales y militares— están en su lugar y solo falta la decisión final del presidente de EEUU para ejecutar alguno de los diferentes juegos operativos y opciones que han sido diseñados para aplicarse según sea el alcance de los objetivos que se persigan con las acciones militares.

La estrategia cubana: ralentizar o cancelar la fase cinética estadounidense

Para el régimen cubano no existe posibilidad alguna de vencer militarmente a EEUU. Su única probabilidad de salir airoso en una escalada del viejo conflicto entre ambos países proviene de la capacidad que demuestre tener para paralizar y/o ralentizar los mecanismos de toma de decisión estadounidense. Para ello se siembran dudas sobre la necesidad, legitimidad, oportunidad y costos que puede suponer iniciar acciones militares en la Isla.

Si en un conflicto cinético cada bando mide su progreso por los blancos batidos con misiles, en esta guerra híbrida La Habana mide el éxito por el número de artículos o comentarios editoriales publicados en algunos medios estadounidenses de gran alcance (The New York Times, Washington Post, USA Today, CNN) que cuestionan la sabiduría de iniciar acciones cinéticas contra Cuba y recomiendan regresar a la fracasada política de contención diplomática de los últimos 67 años. Es sinceramente lamentable ver ocasionalmente a analistas internacionales de renombre (aunque ninguno experto en temas cubanos) dejarse también influir por las líneas de desinformación y medidas activas que exporta el servicio de Inteligencia cubano y repetirlas en sus columnas de opinión en medios liberales respetables.

Si la suma aritmética de esos artículos fuera indicadora de victoria —como lo fue en su momento la contabilidad de las bolsas de cadáveres enemigos en Vietnam— La Habana tendría razones para pensar que está comenzando a ganar esta primera fase. Así, calculan, podrían evitar que EEUU pase a la segunda (cinética) en la que no tiene posibilidad alguna de maniobrar o vencer.

El régimen cubano ha movilizado casi todos los recursos de su maquinaria híbrida. Por un lado, los espías que siempre han sembrado a niveles altos y medios de la burocracia estadounidense. Por otro, sus agentes de influencia que movilizan potenciales consumidores de sus mensajes en medios de prensa, instituciones religiosas, culturales y otras organizaciones de la sociedad civil, así como en partidos políticos y sus representantes en el Congreso.

Sabiendo que la decisión final de ejecutar una acción militar recae sobre el presidente (ya intentaron y hasta ahora fracasaron varias veces tratando de que fuese el Congreso quien la aprobase) y conociendo las diferentes corrientes de pensamiento e intereses que se mueven en su entorno, han desplegado una actividad frenética de cabildeo: desde congresistas demócratas y republicanos hasta influencers socialistas y ultraconservadores. La Habana es pragmática. No apuesta su seguridad a la gestión exclusiva de Bernie Sanders, Alexandra Ocasio-Cortes o Zohran Mamdani.  

En días recientes se han filtrado documentos cubanos que bajo el título general de "Plan de Respuesta Rápida Internacional" se detallan las acciones que deberán asumir los asociados a ese engranaje de organizaciones que se movilizan en su favor. No es arriesgado presumir que planes similares deben estar en marcha en algunos países latinoamericanos donde desestabilizar la gobernabilidad les resulte más viable, bien sea por los recursos humanos y materiales a su disposición (entre ellos los que aporta el crimen transnacional organizado regional), o por vivir un momento de transición institucional (Colombia, Perú) o de inestabilidad en su gobernabilidad interna (México).

En esos países y en otros más no solo cuentan con bases ciudadanas de simpatizantes, sino con células clandestinas entrenadas en infiltrarse en manifestaciones pacíficas legítimas, y así desatar confrontaciones violentas con las fuerzas del orden que generen muertes y atraigan titulares de la prensa internacional. Los fallecidos por su causa son entonces esgrimidos como mártires de la brutal represión capitalista. En 2019 lo hicieron en Chile, Colombia y Ecuador. Pero el ascenso de gobiernos aliados de Washington no favorece esos planes en esta coyuntura.  No es descartable incluso que en el futuro cercano veamos a la amorfa y descentralizada Antifa jugando ese papel violento dentro de EEUU como contribución al "Plan de Respuesta Rápida Internacional" de La Habana.

Las consecuencias de no actuar

Una vez traspasado un cierto umbral de expectativas, el costo de la inacción de EEUU es, mucho más alto y potencialmente impagable que los riesgos de actuar. La parálisis política histórica ha permitido la consolidación en Cuba de un peligro permanente para la seguridad regional.

El abandono de la Brigada 2506 en Bahía de Cochinos en abril de 1961 generó una percepción de debilidad estadounidense a los ojos de la URSS que precipitó la Crisis de los Misiles del año siguiente. La inacción tiene a menudo considerables e imprevisibles costos.

De no actuar en Cuba antes de que expire la ventana actual de oportunidad, son de prever las siguientes consecuencias:

  • Erosión de la credibilidad: EEUU perdería su capacidad de ejercer amenazas creíbles en otros escenarios estratégicos si se muestra indeciso ante un enemigo pequeño en su mayor debilidad histórica. También la perdería a los ojos de los cubanos en la Isla y de la comunidad establecida en Florida que —desde Bahia de Cochinos— representa un sólido bloque electoral del partido republicano. 
  • Supervivencia y radicalización del régimen: El régimen podría consolidar por varias décadas su nuevo estatus de oligarquía autoritaria, prefiriendo siempre alianzas con otros regímenes semejantes y adoptando conductas internacionales más agresivas e irresponsables al sentirse fortalecido por haber resistido ahora la presión externa.
  • Impacto político doméstico: La abstención de actuar tras haber generado expectativas de cambio afectaría los resultados electorales, especialmente en Florida y mantendría latente el peligro de futuros éxodos migratorios desde la Isla.

Conclusión

El tema cubano tendrá un impacto en EEUU, bien sea si se cancela la acción para cambiar su régimen o si se llegara a ejecutar exitosamente.

En ocasiones, la historia concede una breve ventana para corregir errores acumulados durante generaciones. Sin embargo, la historia rara vez ofrece segundas oportunidades.

EEUU se encuentra ante una de esas coyunturas excepcionales en las que la decisión de actuar —o de no hacerlo— redefinirá durante décadas el equilibrio estratégico del hemisferio y puede abrir o cerrar el espacio a una escalada internacional de desafíos basada en una renovada percepción de su debilidad. También puede decidir el equilibrio electoral futuro en Florida y quizás más allá.

Esta presidencia tendrá que escoger en 2026 cuál de los dos legados prefiere dejar a sus sucesores. Después de las expectativas creadas esa encrucijada es ahora ineludible.

El tiempo de los diagnósticos está llegando a su fin. Ha llegado la hora de las decisiones. El reloj ya comenzó la cuenta regresiva.

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Rolando Napoles

13 de julio, 2026

Cuba y EE UU.: El peligro de no actuar ya.


Martí Noticias

13 de julio, 2026

Trump lanza el mayor golpe al régimen de Cuba: castiga al turismo y a Brigadas de Respuesta Rápida


Wenceslao Cruz

13 de julio, 2026

Oscar Casanella - "El pueblo cubano perdió el miedo": La dictadura intentó ocultar el 11 de Julio





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jueves, abril 10, 2025

Julio M. Shiling: Por qué los aranceles de Trump no son una guerra, sino una estrategia

Por qué los aranceles de Trump no son una guerra, sino una estrategia

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Los aranceles de Trump marcan el comienzo de un cambio de paradigma desafiante en el que el capitalismo puede volver a servir a las clases bajas y medias.

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Por Julio M. Shiling

Abril 7, 2025

MIAMI, Estados Unidos. – El mundo está en una guerra comercial, según la izquierda y la derecha libertaria. Además, esta extraña pareja nos dice que esto será perjudicial para la sociedad estadounidense. Añaden que conducirá a la inflación. Estos argumentos son profundamente erróneos. Estas premisas presentadas contra la implementación de aranceles de Donald J. Trump reflejan un análisis estático, interpretaciones erróneas idealizadas y una postura política.

Tras la conclusión de la Segunda Guerra Mundial, EE.UU. comenzó a subvencionar las economías de Europa y Asia devastadas por la guerra. El apoyo a la importación de bienes de estos países afectados se consideró una forma de construir democracias fuertes y estabilizar el mundo. Así, comenzó un camino lento, pero seguro, de transferencia de riqueza desde EE.UU. a estas regiones. Se estableció una división internacional del trabajo, y parecía ir de la mano con la idea de que el capitalismo globalizado beneficiaría a todos. Los estadounidenses obtendrían productos más baratos, y los europeos occidentales y asiáticos de Japón, Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong (entonces vinculado al Reino Unido) y Singapur construirían una base industrial.

El mal del comunismo proliferó después de la Segunda Guerra Mundial. Estados Unidos, que carecía de la previsión necesaria y creía que el capitalismo era una panacea, decidió financiar la transición de una economía socialista de planificación centralizada a una economía socialista conforme al mercado y controlada políticamente en China. Durante la tercera sesión plenaria del 11.º Comité Central del Partido Comunista Chino en 1978, Deng Xiaoping defendió el marxismo-leninismo, evocó el énfasis de Karl Marx en la “práctica revolucionaria” y la Nueva Política Económica de Lenin, y lanzó la estructura del “socialismo con características chinas”. Estados Unidos creía que lo que había funcionado en Europa Occidental y en Asia no comunista podía aplicarse al comunismo chino, y que la democracia surgiría.

La apertura a la China comunista tuvo dos efectos seguros. Representó de manera irrefutable la mayor transferencia de capital y producción presenciada en el mundo moderno. Los 1,1 billones de dólares de China en acciones de inversión extranjera total en 2023 (según la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo) son indicativos de la política de Occidente desde 1978. Estados Unidos ha sido el actor principal, directa o indirectamente. Esto ha ocurrido a cambio de grandes concesiones. Los consumidores estadounidenses han tenido acceso a productos muy baratos (y fabricados a bajo coste). Wall Street se ha beneficiado enormemente de los menores costes de producción y las mayores ventas. Los perdedores han sido la clase media, las pequeñas empresas, los trabajadores sin título universitario y las ciudades tradicionales, así como los entornos rurales.

La economía no se trata solo de números. Los modelos socioeconómicos generan sistemas éticos y afectan antropológicamente a las normas sociales, la cultura y el comportamiento de la sociedad (entre otras cosas). Dos de los principales problemas de Occidente son el consumismo y el secularismo radical. Si el nivel de vida se mide por la capacidad de los trabajadores con salario mínimo para poder comprar un televisor de 80 pulgadas en Walmart mientras viven en viviendas hacinadas, pero no pueden permitirse una casa propia, se ha producido un gran declive. El nivel de vida merece mejores parámetros. El aumento del consumo de drogas en comunidades donde las industrias principales se han ido a otros países tiene una relación causal con la división global de la economía laboral.

La política arancelaria que está aplicando la Administración Trump forma parte de una revisión masiva del orden socioeconómico existente en Estados Unidos. El objetivo es transformar el actual modelo capitalista globalista y clientelista en un paradigma de capitalismo popular y competitivo. Con ello se pretende lograr la elevación de los salarios de la base trabajadora. Aunque esto puede conllevar una disminución temporal del consumismo, dignificará la vida de muchos que se han quedado atrás con este sistema globalizado. Aumentar la producción nacional estadounidense es vital para seguir siendo libres. Estados Unidos simplemente no puede depender de China para el equipo médico, los antibióticos o los bienes cruciales de la cadena de suministro; de Taiwán para los semiconductores; o de Canadá para el acero. Recuperar la fabricación no se trata solo de mejorar el estilo de vida de los pobres y de la clase media. Es una cuestión de seguridad nacional.

Parte de lo que argumentan muchos de los críticos de los aranceles se basa en mentiras. En realidad, nunca ha existido el libre comercio. Los beneficiarios del sistema actual han hecho que su gobierno intervenga en los mercados, manipule las divisas y utilice sus poderes reguladores para mantener fuera la competencia estadounidense. Otra falsedad es que la guerra de aranceles acaba de comenzar y Estados Unidos es el instigador. Si se considera que la imposición de aranceles es una agresión contra otro país que justifica una “represalia”, entonces Estados Unidos ha sido víctima de una brutal guerra de aranceles contra él durante mucho tiempo.

India, un aliado de Estados Unidos, tiene un arancel del 75% sobre los automóviles estadounidenses y uno del 200% sobre el bourbon de Kentucky. Japón, un socio cercano que se ha beneficiado enormemente del sistema actual, aplica un arancel del 38,5% a la carne de vacuno estadounidense. Algunos países enmascaran sus aranceles utilizando otros instrumentos reglamentarios. Corea del Sur, por ejemplo, tiene un impuesto sobre el valor añadido del 10% para todas las importaciones; además, se aplica un impuesto especial del 10-20% a la importación de ciertos artículos. Con ello se pretende evitar la palabra “aranceles”, que es un pararrayos político en algunos círculos.

El déficit comercial global para 2024 fue de aproximadamente 1,2 billones de dólares, un récord histórico. Los aranceles de Trump son recíprocos. Dependiendo de los aranceles impuestos a los productores estadounidenses, EE.UU. gravará a los competidores extranjeros. La idea de los aranceles recíprocos es obtener un comercio justo, algo que muchos olvidan que fue una piedra angular de los principios comerciales de Ronald Reagan. Un beneficio colateral de esta política es servir como un imán para que los inversores extranjeros vengan a EE.UU. Es oportuno señalar que se han anunciado aproximadamente 1,4 billones de dólares en inversiones extranjeras para 2025. ¡Esto es básicamente para un asombroso período de tres meses!

Castigar a enemigos, como China, por su participación en la producción de fentanilo, es otro de los propósitos de los aranceles. Conseguir que gobiernos supuestamente amigos tomen un papel más proactivo en la lucha contra el tráfico de drogas y personas, así como contra la inmigración ilegal, como es el caso de México y Canadá, es otro propósito de los aranceles. Aquí se utiliza de forma punitiva para ayudar a corregir políticas o su falta, que pueden estar en contradicción con los intereses estadounidenses.

Existe otro concepto erróneo sobre el impacto de los aranceles. Algunos creen, por ejemplo, que un arancel del 30% sobre un artículo significa que el consumidor se verá automáticamente afectado por un aumento de precio del 30%. Este es un análisis estático que ignora la interacción económica del mundo real. Muchas empresas que podrían verse afectadas por los aranceles preferirían mucho más una disminución de las ganancias que verse excluidas del mercado por los precios. Esto equivale a muchos trabajadores que han tenido que aceptar una reducción salarial para seguir siendo empleables en determinadas industrias o empresas, teniendo en cuenta la competencia a la que se enfrenta la externalización de puestos de trabajo.

Los aranceles de Trump marcan el comienzo de un cambio de paradigma desafiante en el que el capitalismo puede volver a servir a las clases bajas y medias, en lugar de priorizar a Wall Street y a los proyectos globalistas. Estados Unidos y Occidente estarían más seguros si la producción industrial se realizara mayoritariamente dentro de las fronteras estadounidenses. Esto contribuirá en gran medida a sacar a China, Irán, Rusia y Corea del Norte de América Latina y África. Aunque algunos no lo vean, los aranceles y el fortalecimiento de la producción nacional debilitarán el socialismo cultural, que depende del globalismo para avanzar. Ver más gente en las iglesias y menos en los centros comerciales es una buena señal. Este nuevo modelo socioeconómico producirá dividendos que el materialismo no puede medir.

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NTN24

9 de abril, 2025

Donald Trump suspende por 90 días los aranceles recíprocos a países que se han acercado a negociar





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