lunes, noviembre 27, 2023

Roberto Álvarez Quiñones: ¿Café cubano? Sí, platanillo acabadito de colar. El "Programa de Desarrollo Cafetalero" consiste en lograr 30.000 toneladas de café en 2030. O sea, 70 años después, producir ¡la mitad! que en 1960.


¿Café cubano? Sí, platanillo acabadito de colar

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'Esto podría estar ocurriendo ahora mismo en algún lugar de Cuba, donde a falta de café la gente prepara infusiones calientes de platanillo para hacerse la idea.'

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Fotos de cafeterias en Cuba antes de 1959

Por Roberto Álvarez Quiñones

Miami

23 noviembre 2023 

Un buchito de café tempranito en la mañana, o a cualquier hora, se enraizó hace siglos en la cultura cubana. Una humeante y aromática tacita del "néctar negro" era ya expresión de cubanía. Y lo sigue siendo donde quiera haya cubanos, lo mismo en Finlandia, que en las Islas Maldivas.

El más grande cubano de todos, José Martí, con su bellísima prosa poética así definió al café, que tanto le gustaba: "Jugo rico, fuego suave, sin llama y sin ardor, aviva y acelera toda la ágil sangre de mis venas. El café tiene un misterioso comercio con el alma; dispone los miembros a la batalla y a la carrera; limpia de humanidad el espíritu; aguza y adereza las potencias; ilumina las profundidades interiores y las envía a fogosos y preciosos conceptos a los labios".

Pero regresemos en el tiempo a la Cuba de hoy y veamos un hipotético diálogo, que puede tener lugar en verdad en cualquier parte de la Isla:

"Ah, Felipe, que oportuno llegaste, te voy a traer una tacita de platanillo que acabo de colar", le dice Teresa a su tío, que la ha venido a visitar. ¿Platanillo? pregunta él. "Bueno, mira, en la bodega hace tiempo que no dan café, y hay que inventar, tú sabes, para engañar al estómago y hacernos la idea de que tomamos café", responde la resignada sobrina anfitriona.

Esto podría estar ocurriendo ahora mismo en algún lugar de Cuba, sobre todo en Holguín, donde a falta de café la gente prepara infusiones calientes de platanillo para hacerse la idea, como dice la ficticia Teresa.

¿Qué es el platanillo? Un arbusto silvestre de color verde amarillento abundante en toda la Isla, que huele a pimienta y da unas vainas con unas frutillas pequeñitas. Su nombre científico es Piper ossanum. En la Isla abunda desde Pinar del Río hasta Camagüey. En Oriente hay otra variedad llamada Piper aduncum.

Se da en casi toda Latinoamérica y lo mismo se aplica para aliviar las hemorroides, como ocurre en Brasil, Perú, Colombia, México, Jamaica, o Guatemala, que para teñir ropa. Y ahora en Cuba socialista también es "café".

Periodistas holguineros independientes narran que para obtener ese singular café se abre la vaina, se sacan los granos y se ponen a secar al sol. Luego se ponen al fogón, se tuestan, se muelen, y a hacerse ideas se ha dicho.

Desayuno de platanillo "a los niños para puedan ir a la escuela"

Luisa Martínez Silva, residente en el municipio holguinero de Antilla, destacó indignada: "Eso es lo que le estamos dando de desayuno a los niños para que puedan ir a la escuela". Ah, el platanillo se da silvestre, pero Luisa para ir al seguro lo cultiva en el patio de su casa.

Leamos ahora este párrafo de una crónica desde Sancti Spíritus publicada por el diario 14yMedio después de conversar con Lismary, una espirituana de 32 años.

"Una vecina me avisó —explicó la joven— y fui corriendo para la bodega, pero nada más ver el color del polvo me dio ya mala espina (…) se veía muy negro, como si estuviera requemado, cuando abrí el paquete (…) no olía a nada, si acaso cierto tufo a corteza quemada (…) mi abuela estaba loca por tomarse un buchito y cuando se lo di enseguida soltó que eso 'no sabe a café, ni huele a café'".

Las quejas van contra la estatal Torrefactora de Cabaiguán."¿Qué le están añadiendo al café en la tierra del Yayabo? ¿Carbón, leña seca, cáscara de coco quemada?", escribió Luis Ernesto en internet, otro espirituano. Nadie sabe qué rayos le están echando, pero sabe a rayo. ¿No será platanillo?

El café cubano lo compra Lavazza y GAESA gana millones

Mientras Luisa cultiva platanillo para hacerse la idea de que toma café, Lavazza, la marca italiana de café que como Starbucks, o Folgers es una de las principales del mundo, acaba de presentar en Madrid La Reserva de ¡Tierra! Cuba, "un café premium orgánico cubano de calidad sostenible (…) que será distribuido exclusivamente por Espressa Coffee & More (…) contiene granos cultivados por 170 agricultores de las provincias de Santiago de Cuba y Granma".

Así lo informó la prensa desde la capital española. Es decir, los cubanos no pueden tomar el delicioso café cubano, pero GAESA exporta lo poco que se produce y engrosa sus cuentas bancarias millonarias en ultramar.

Eso ocurre en un país que en 1830 era el mayor exportador de café del mundo, y en el que desde entonces el café devino casi un ritual, como lo es el té para los ingleses, solo que en la Isla se toma varias veces al día y sin mucha ceremonia.

Ah, y lo toman, o lo tomaban, todos los cubanos sin excepción, no importaba si ricos o pobres. Ya lo dice la sabrosa tango-conga de Eliseo Grenet que cantaba como nadie Rita Montaner: "Ay Mamá Inés, todos los negros tomamos café". Quién lo diría, los cubanos en su país ya no lo toman.

El café fue descubierto por casualidad hace unos 1.200 años en Etiopía. Unos monjes observaron que las cabras se alborotaban y saltaban cuando comían unas pequeñitas frutillas parecidas a las cerezas, y por eso la llamaron "frutilla del Diablo".

Cuba, después de ser introducido el café en 1748 por el francés José A. Gelabert en la zona habanera del Wajay, y hasta los primeros años del castrismo, exportó un café de alta calidad muy codiciado en el mercado mundial. Sobre todo, el "arábigo suave Bourbon", de aroma y sabor incomparables, cosechado en la Sierra Cristal, donde un microclima especial favorece la producción de un grano de exclusivísima calidad.

A propósito, la UNESCO en el año 2000 clasificó como Patrimonio de la Humanidad al "paisaje arqueológico de las primeras plantaciones de café de Cuba".  

Desde mayo hasta octubre no hubo chícharo-café en las bodegas

Volviendo a la Cuba de hoy, desde mayo de 2023, hasta mediados de octubre, no se entregó el chícharo tostado con café de la canasta familiar por la libreta. Por cierto, la Organización Internacional del Café (OIC) establece que no es café el que tenga más de un 5% de mezcla con otros granos. En Cuba se mezcla con 50% de chícharos, y nadie sabe si con un porcentaje mayor.

El colmo es que ya ni ese mejunje pueden tomar los cubanos de a pie. Porque no "viene" a la bodega, o en las shopping una bolsita de 115 gramos de café Cubita cuesta demasiado, y en el mercado negro una libra engulle medio salario mínimo.

Qué contraste. En 1958 los padres y abuelos de los cubanos de hoy tomaban, como promedio, 828 gramos de café mensuales, según el Ministerio de Agricultura. O sea, casi dos libras. Y una tacita de aquel aromático y delicioso café en cualquier esquina de barrio (recuerdo la marca Oquendo), costaba ¡tres centavos!

Hoy por la libreta cada consumidor "tiene derecho" a consumir la octava parte de una libra, pues son 57 gramos de café y lo que resta de los 115 gramos son chícharo, o vaya usted a saber qué otra cosa.

El rendimiento cafetalero en Cuba es tal vez el más bajo del mundo

Antes del castrismo Cuba producía cerca de 60.000 toneladas de café. Al imponerse el comunismo se derrumbó la producción. Hoy el país produce, entre 7.000 y 10.000 toneladas anuales y el consumo nacional racionado es de 24.000 toneladas. No hay divisas para importar y cubrir ese déficit, ni siquiera la mitad.

Una de las causas primarias de esto es netamente "revolucionaria". El rendimiento en las plantaciones cafetaleras de la Isla es ridículo: 0,18 toneladas de café por hectárea, cuando el promedio mundial no baja de una tonelada por hectárea.

Es decir, Cuba, otrora potencia cafetalera hoy produce por hectárea menos de la quinta parte de lo que obtienen los países cafeteros del orbe. No creo que pueda haber en el planeta un peor rendimiento cafetalero que el castrista.

Ah, para evaluar mejor este desastre vale este detalle: el propagandizado "Programa de Desarrollo Cafetalero" del régimen castrista consiste en lograr 30.000 toneladas de café en 2030. O sea, 70 años después, producir ¡la mitad! que en 1960. ¡Por favor!

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 LLENANDO PLANILLAS CON PEDRO GAVIÑA

Por Esteban Fernández
Julio 1 de 2016


Ya les dije hace unos días que primero quise buscar unos campamentos donde entrenarme para ir a pelear a Cuba, después me fui para New York a trabajar en una fábrica de ventanas de aluminio junto a Máximo Gómez Valdivia en New Jersey, de ahí nos fuimos para el U.S. Army y acto seguido llegamos a Los Ángeles. De nuevo para Miami e integrarme al JURE junto a Vicente Méndez, Edel Montiel y Jorge Riopedre. Y el próximo paso fue volver para California. Y a llenar planillas de trabajo se ha dicho.

Al llegar aquí fue en realidad donde me di cuenta de que había que morder el cordobán y trabajar. Fue mi novia Rina -quien después se convirtió en esposa y ex esposa- la que me dijo que todos debíamos presentar los taxes en abril. Y de paso me explicó el tedioso proceso de buscar empleo. Me informó que había que decir: “I am looking for a job” y acto seguido llenar un cuestionario.

¡Qué pesado me cayó eso! Habían sectores de la ciudad que eran considerados “comerciales”, llenos de oficinas y fábricas, y ahí había que ir de puerta en puerta donde nos recibían individuos sentados en unos escritorios que daban la sensación de ser “muy importantes” porque tenían el trabajo de darnos a llenar UNA PLANILLA o decirnos que “En este momento no estamos agarrando a nadie”.  Por unos segundos tenían nuestros futuros en sus manos y actuaban acorde.

Al principio llenaba la planilla en forma honesta-como siempre he acostumbrado a hacer las cosas- y desde luego cuando ponía que jamás había trabajado con anterioridad no me daban empleo. Después los pícaros a mí alrededor me enseñaron a mentir y a exagerar. Me decían “Pon que trabajaste en La Antillana de Acero en Cuba por un montón de años”. Y tampoco me daban el empleo porque yo solamente tenía 18 años de vida y era imposible que hubiera trabajado en mi país por  toda la década de los 50’s.

Lo cómico era que si nos daban el empleo al poco tiempo de estar trabajando nos dábamos cuenta que “ese ser importante y superior” que estaba en la puerta recibiéndonos era un pobre diablo que llevaba sólo unos meses trabajando ahí. Y segundo: nos enterábamos que el motivo por el cual decía que “No estamos “agarrando” personal” era porque para el resto de los latinos en California “coger” es una mala palabra.

(Pedro Gaviña)

Uno de los primeros lugares donde apliqué para trabajo fue en la Packard Bell y ahí en el lobby de la empresa llenando una planilla había un joven llamado Pedro Gaviña. No nos dieron empleo pero meses después comencé a trabajar en la Essick Manufacturing Company -una fabrica de aires acondicionados- y ahí de nuevo me encontré con Pedro Gaviña.

Todos en California saben que Pedro Gaviña y su familia han levantado una tremenda empresa y un sólido capital vendiendo café. Pero bajo ningún concepto eso es lo que me hace estimarlo ni considerarlo un buen amigo, ni mencionarlo hoy aquí, sino que al llegar a la Essick Manufacturing le conté que no iba a quedarme trabajando ahí porque no tenía transportación para llegar al lugar y entonces él –diariamente- se despertaba más temprano, hacía un desvío, y me recogía en un hotelucho de mala muerte en la Western y la Santa Mónica llamado “El Palomar” y después me llevaba de regreso. Los  millones de dólares acumulados después me son antiflogitínicos, lo que vale son los gestos cuando nos estábamos comiendo un cable.

La última planilla llenada fue en la Pacific Bell. Había mil aplicantes. Y una dama mexicana -encargada de escoger el nuevo personal- llamada Carmen Olguín (así sin H.) cuando se enteró que ni mi esposa ni yo teníamos trabajos y que nos había nacido una niña hacía varios meses me pasó por encima de 999 interesados en el trabajo. Fallecida desde hace muchos años todavía le agradezco mucho el gesto de haberme tirado un cabo cuando me estaba ahogando.

En el mismo instante en que puso mi planilla encima de todas las demás traté de darle las gracias y me dijo: “Olvídalo, solamente ten presente que todos los niños vienen con un pan debajo del brazo”.

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Tomado de http://www.gavina.com


Coffee Is a Family Tradition

 

 Francisco Gaviña en Cuba

 
 Familia Gaviña

The history of our coffee company is a story about family. Brothers José María and Ramón Gaviña began this quest well over a century ago in 1870 when they left their native Basque region of Spain in search of a better life. They settled in the fertile mountains of southern Cuba and planted the seeds of what would become Gaviña Gourmet Coffee.

Our father, Francisco, was born on the family coffee estate, Hacienda Buenos Aires. As a boy, he worked in the fields with his own father, watching and learning the secrets of growing quality coffee. He spent hours upon hours helping sow the seeds and urging the little plants to grow.

Ever since, there have been Gaviñas running our coffee business - from our coffee growing roots in 1870 to our coffee roasting business in Los Angeles founded in 1967. Today, we carry on the dream in our state-of-the-art coffee roasting facility just a few blocks from our original building.

We are Francisco’s sons, Paco, Pedro and José, and his daughter, Leonor Gaviña-Valls. Like our father, we grew up on the plantation and learned about coffee in the fields. Along with our own children, we still personally select beans, cup samples as they arrive and oversee the specialty coffee roasting and production every day. We do all of this so that your customers and guests can be ensured a wonderful cup of coffee every time, from first sip to final drop.

Continuing the Dream of José María & Ramón
It’s rare to find a company today that’s managed by people born and raised in an artful profession, who remain as passionate as ever about their product. We are fortunate that our family and our brand have stood the test of time, but the story is far from over. We look forward to our children and future generations of Gaviñas making us just as proud by continuing the tradition begun by Don Francisco many decades ago—the simple pleasure of a delicious, finely roasted cup of coffee.

The Gaviña Family Includes You
Why does our family legacy matter? Because we see our customers as extended family—and that relationship is built on trust. We believe you deserve the full benefit of our family’s expertise and passion for quality. The immense knowledge and wisdom passed down from our father, Francisco, are at the core of our business to this day.
  •     We offer the highest grade of coffee at the best value
  •     We purchase only the finest quality coffee beans from around the world
  •     We personally cup each sample to ensure that it meets our standards
  •     We provide an unmatched commitment to personal service
  •     We use modern coffee roasting technology and packaging to guarantee outstanding quality
Our name is our brand, and you’ll find it on every product we sell. We put our love of coffee into everything we do.
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martes, junio 20, 2023

Esteban Fernandez. Esteban Fernandez sobre la comida en Cuba antes de 1959. Tania Quintero: En La Habana precastrista se saciaba el hambre con unos centavos. Lo más difícil era escoger dónde.

 
Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

El ingreso nacional per cápita de los cubanos era el tercero de Iberoamérica. En cuanto a las estructuras sociales,  Juan Francisco Noyola Vásquez, economista marxista mexicano,  afirmó en conferencias pronunciadas en el Banco Nacional de Cuba (llegó a Cuba por invitación  que el actual régimen le hizo  al poco tiempo éste arribar de facto al poder en 1959) que Cuba era uno de los países (en los años cincuentas del siglo XX) con excepción, tal vez, de Costa Rica y Uruguay, donde  en América Latina estaba menos mal distribuido el ingreso. Recordemos que Noyola  al ser marxista no alabaría el sistema capitalista que en esos años 50s había en Cuba.  

Más en mi libro:

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Tomado de https://www.facebook.com/

LA COMPLETA

Por Esteban Fernandez

19 de junio,2023

Muchísimos cubanos no conocieron, o no se acuerdan, o nunca vieron “la completa”. Sin embargo, “la completa” es una de las muchas cosas que yo me enorgullezco de la época gloriosa que nos tocó vivir a muchos. 

La “completa” simplemente garantizaba en mi pueblo (y quizás en todas partes) que nadie se acostara a dormir con el estómago vacío.

Les explico: En restaurantes y fondas de mi terruño servían al anochecer un tremendo plato de comida por 20 o 25 centavos. No era langosta ni caviar, pero traía una porción enorme de arroz, frijoles negros, diferentes tipos de potajes por encima, yuca, malanga, plátanos, aguacate, boniato, y muchas veces hasta un trozo de carne de res o de puerco. 

El 99 por ciento de los restaurantes y las fondas güineras servían “completas”, principalmente en El Globo, Bencito y La Pescadora. 

Para ponerle la tapa al pomo en el parque a un joven al que le decíamos "Bebo Mc Gregor" se le ocurrió quejoso decir: “Bueno, pero no todo el mundo tiene la peseta para pagar por una completa”. 

Un amigo llamado Angelito Budete  que trabajaba en “El Anon del  parque”  estuvo de acuerdo diciendo que “A muchos quizás  no les alcanzaba para conseguir una completa”. 

Como siempre en estas cosas surge un líder y un muchacho que le decían “Pelencho” dijo: “Bueno, caballero, vamos todos los domingos- que es cuando más gente va al parque- a realizar colectas para que nadie pase hambre aquí”. 

No sé cuánto se recogió en esas poninas, lo único que recuerdo es que a mí me entregaron cuatro pesos y pico para llevarlos al Globo y entregárselos a un empleado de apellido Miñauri con la encomienda que si alguien llegaba a pedir comida sin tener la peseta le sirvieran un plato. 

Como es conocido, tras asumir los vándalos  el poder en Cuba, al cundir la escasez total en la isla, la “completa” pasó a ser uno de los “fantasmas del oprobioso pasado”.

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En Cuba  antes de 1959 era muy fácil, y para todos los bolsillos, desayunar, merendar, almorzar y comer o cenar. 

Y si había una economía  un poco más holgada, o una ocasión especial, existían restaurantes para el  bolsillo de la clase media cubana que era, proporcionalmente, la más extensa  de toda Iberoamérica:

Restaurant ¨El Carmelo¨ de la calle Calzada, El Vedado, en el año 1957

Restaurant ¨El Floridita¨ en la Calle Obispo

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Una completa en una fonda china, por 15 centavos, podía incluir carne estilo "ropa vieja", "moros y cristianos" y plátanos maduros fritos.


Tomado de http://www.martinoticias.com

¿Salimos a comer algo?

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En La Habana precastrista se saciaba el hambre con unos centavos. Lo más difícil era escoger dónde.
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Por Tania Quintero
octubre 02, 2015

El 1 de octubre se celebró el día internacional del adulto mayor, las personas de edad o los ancianos, como prefieran decirles. Ese día, Cubanet publicó un video y un texto de Rosa M. Avilés sobre Domitila Blanco, una cubana de 95 años que acaba de fallecer, desamparada y en miserables condiciones de vida, como tantos y tantos viejos cubanos.

Y yo, casualmente, estaba preparando un post para mi blog sobre Ricardo Simón Antonio, sonero de Holguín que acaba de cumplir 97 años. Buscando en YouTube a ver si encontraba un video con el holguinero, encontré el documental Los viejos y sabios músicos de Cuba, donde el protagonista es Laíto Sureda.

Estanislao Sureda Hernández, "Laíto", nació en Cienfuegos en 1914 y falleció en La Habana en 1999. Blanco, alto y flaco, fue una de las grandes voces de nuestra música popular y uno de los mejores intérpretes que tuvo la Sonora Matancera. Su resurgimiento en la isla se produjo a mediados de los 90, cuando hizo una versión de "Idilio", del puertorriqueño Alberto Amadeo Rivera (1903-1968).

En el documental, entre otras anécdotas –imperdible la del Benny– Laíto recuerda cuando por 15 centavos en una fonda china te comías una "completa" (arroz blanco, potaje, carne y plátanos maduros fritos).

Me recordó que en mi infancia, a cada rato me mandaban a comprar una "completa" para los cuatro de la casa: mis padres, mi tío Luis, recientemente fallecido a los 98 años, y yo.

Con un peso te llenaban la cantina


Me daban un peso y una cantina, para que me echaran las cuatro raciones por separado. Siempre iba a una fonda china que quedaba a dos cuadras de la casa, en Monte casi esquina a Castillo, al lado de una ferretería que colindaba con el edificio de la COA (Cooperativa de Ómnibus Aliados) que, a su vez, quedaba pegada a mi escuela, la "Ramón Saínz".

(Cuando no se quería cocinar se encargaba una "cantina".)

En mi barrio, El Pilar, en El Cerro, quien quería comida de cantina la encargaba en San Joaquín entre Monte y Omoa, pero a mi padre le gustaba más cómo cocinaban los chinos la comida cubana, sobre todo la carne con papas.

Si queríamos comida china, íbamos a "La Estrella de Oro", en Monte, antes de llegar a los Cuatro Caminos. Por lo regular comprábamos arroz frito, chop suey y maripositas chinas.

Las fritas preferidas eran las de René y costaban 10 quilos (centavos). En su timbiriche, en Monte y Fernandina, también podías pedir pan con bistec (0.20); perros calientes (0.15); minuta de pargo (0.15) o pan con tortilla (0.10). René te echaba lo que le pidieras: catsup, mostaza, cebolla fresca bien picadita o papitas fritas a la juliana. O aliño, de un pomo con ajicitos picantes macerados en vinagre.

(Una fonda cubana de los años 50.)

Cerca del puesto de René estaba la cafetería donde solo vendían batidos. Quedaba al lado del cine Roosevelt (después le pusieron Guisa; ya no existe, como tantos cines habaneros). Había de mamey, anón, platanito, fruta bomba, mango, trigo y leche malteada, el vaso pequeño costaba 0.10 centavos y el grande 0.20.

Al lado, una panadería y dulcería. Las torrejas que hacían eran muy sabrosas y por un medio (5 centavos) te daban dos, enchumbadas en almíbar. Pan, palitroques y galletas grandes de sal se compraban en la panadería que había en Monte y San Joaquín, que todavía en 2003 existía, ya en pésimas condiciones. 

Los domingos no cocino

Los domingos por la tarde mi madre no cocinaba. Comíamos sandwich (0.50) con pan de flauta, jamón, queso, pierna asada y pepinillo encurtido; medianoche (0.35) con pan suave (alargado y dulzón), jamón, queso, mortadella y pepinillo encurtido; o galleticas preparadas (0.25), cuatro galletas de soda pegadas, con jamón, queso y pierna asada.

(La medianoche, versión "light" del sandwich cubano.)

Casi siempre era yo la encargada de adquirir la "cena" dominguera, en la Casa Presno, en Monte y Fernandina, o en cualquiera de las dos cafeterías que había en la Esquina de Tejas, las dos frente al cine Valentino y la valla de gallos.

Para tomar, malta: sola o con leche condensada.

Helados, en el puesto de chinos, en Romay y Zequeira (3 quilos una bola y 5 quilos dos bolas, de coco, mamey u orejones, como antes le decían al helado de tutti fruti). O esperar a que por la tarde o por la noche pasaran los carritos de Guarina, Hatuey o El Gallito.
 
(Los chinos de La Habana eran expertos en freír majúas. Se muestran en el tazón manjúas sin cocinar pues cuando se cocinaban quedaban doraditas y crujientes; no se les eviseraba por lo pequeñas que eran y eran especiales para acompañar las cervezas según afirmaban los adultos, pues yo era un niño y  las comía sin tomar bebidas alcoholicas. Son la carnada viva con la que se pesca el bonito. Comentario  ampliado del bloguista de BC)

Mariquitas, boniatos fritos, frituras de bacalao y chicharrones de viento o tripitas, también en el puesto de chinos. Y majúa frita, por un medio o un "nickel" el cartuchito (Antes de 1959 en Cuba circulaban monedas americanas de 5, 10 y 25 centavos. Y el peso cubano tenía el mismo valor del dólar estadounidense). En mi época, gustaban mucho las majúas, unos pececitos que los chinos eran expertos en freír.

¿Quién dijo que la manteca es mala?

Empellitas, las que hacía mi mamá. El aceite de oliva –Carbonell, en lata– ella solo lo usaba en ensaladas y potajes. Como buena campesina, a todo lo demás le echaba manteca de cerdo. Y nunca tuvo problemas de colesterol ni con el peso: siempre fue delgada, vivió 86 años, y si no duró más como el resto de sus hermanos, casi todos centenarios, fue porque desde niña fumaba cigarros fuertes.

Papitas fritas de paquete, en el Estadio del Cerro, al cual yo iba solo cuando jugaba el Habana o para acompañar a mi padre, que era del Cienfuegos.

Refrescos, maltas y cervezas, en la bodega de los "gallegos" de la esquina, en Monte y Romay. También en la bodega comprábamos chiclets, Adams de cajita o de bola (o balón); galleticas de sal, de soda o dulces; africanas, peters y besitos de chocolate; y rompequijás, entre otras chucherías, de Siré, La Estrella o La Ambrosía. O boniatillos, que había de dos tipos, no sé dónde los hacían, pero eran sabrosos y cada uno costaba 2 quilos. 

(Delicia cubana: coquitos acaramelados.)

La especialidad de los vendedores callejeros eran los coquitos acaramelados, el maní tostado, salado o garapiñado, las naranjas peladas, los durofríos y, sobre todo, los tamales, con o sin picante, calienticos, riquísimos, por solo 10 centavos.

Hoy, muchos viejos cubanos recuerdan aquellos tiempos, cuando con muy poco dinero podías comer bastante y sabroso. Tiempos que nunca más volverán. Como tampoco Domitila, Laíto, mis abuelos, mis padres, mis tíos, y los abuelos, padres y tíos de ustedes.

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Documental "Los Viejos y Sabios Musicos de Cuba" - Son Cubano. En 14:55 se empieza hablar de ¨la Completa¨ a 15 centavos ,  lo que esa comida resolvía y como en esa época se salía adelante


Laito Sureda, su hijo  y Rolo Martínez con la Sonora   cantan  Idilio -1997



 

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