domingo, marzo 29, 2026

Domingo de Ramos 2026. Inicio de la Semana Mayor para los Cristianos, pues sin la muerte y resurrección de Jesús nuestra Fe es vana

 



Domingo de Ramos 2026. Inicio de la Semana Mayor para los Cristianos, pues sin la muerte y resurrección de Jesús nuestra Fe es vana




Himno: Tú Reinarás


Tomado de http://es.catholic.net/

Domingo de Ramos

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Recibieron a Cristo mientras entraba a la ciudad con palmas y ramos en muestra de que era el Mesias

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Cuando llegaba a Jerusalén para celebrar la pascua, Jesús les pidió a sus discípulos traer un burrito y lo montó. Antes de entrar en Jerusalén, la gente tendía sus mantos por el camino y otros cortaban ramas de árboles alfombrando el paso, tal como acostumbraban saludar a los reyes.

Los que iban delante y detrás de Jesús gritaban:

"¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!"

Entró a la ciudad de Jerusalén, que era la ciudad más importante y la capital de su nación, y mucha gente, niños y adultos, lo acompañaron y recibieron como a un rey con palmas y ramos gritándole “hosanna” que significa “Viva”. La gente de la ciudad preguntaba ¿quién es éste? y les respondían: “Es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea”. Esta fue su entrada triunfal.

La muchedumbre que lo seguía estaba formada por hombres, mujeres y niños, cada uno con su nombre, su ocupación, sus cosas buenas y malas, y con el mismo interés de seguir a Jesús. Algunas de estas personas habían estado presentes en los milagros de Jesús y habían escuchado sus parábolas. Esto los llevó a alabarlo con palmas en las manos cuando entró en Jerusalén.

Fueron muchos los que siguieron a Cristo en este momento de triunfo, pero fueron pocos los que lo acompañaron en su pasión y muerte.

Mientras esto sucedía, los sacerdotes judíos buscaban pretextos para meterlo en la cárcel, pues les dio miedo al ver cómo la gente lo amaba cada vez más y como lo habían aclamado al entrar a Jerusalén.

¿Qué significado tiene esto en nuestras vidas?

Es una oportunidad para proclamar a Jesús como el rey y centro de nuestras vidas. Debemos parecernos a esa gente de Jerusalén que se entusiasmó por seguir a Cristo. Decir “que viva mi Cristo, que viva mi rey...” Es un día en el que le podemos decir a Cristo que nosotros también queremos seguirlo, aunque tengamos que sufrir o morir por Él. Que queremos que sea el rey de nuestra vida, de nuestra familia, de nuestra patria y del mundo entero. Queremos que sea nuestro amigo en todos los momentos de nuestra vida.

Explicación de la Misa del Domingo de Ramos

La Misa se inicia con la procesión de las palmas. Nosotros recibimos las palmas y decimos o cantamos “Bendito el que viene en el nombre del Señor”. El sacerdote bendice las palmas y dirige la procesión. Luego se comienza la Misa. Se lee el Evangelio de la Pasión de Cristo.

Al terminar la Misa, nos llevamos las palmas benditas a nuestro hogar. Se acostumbra colocarlas detrás de las puertas en forma de cruz. Esto nos debe recordar que Jesús es nuestro rey y que debemos siempre darle la bienvenida en nuestro hogar. Es importante no hacer de esta costumbre una superstición pensando que por tener nuestra palma, no van a entrar ladrones a nuestros hogares y que nos vamos a librar de la mala suerte.

Sugerencias para vivir la fiesta:

Oración para poner las palmas benditas en el hogar:

Bendice Señor nuestro hogar.

Que tu Hijo Jesús y la Virgen María reinen en él.

Por tu intercesión danos paz, amor y respeto,

para que respetándonos y amándonos

los sepamos honrar en nuestra vida familiar,

Sé tú, el Rey en nuestro hogar.

Amén.

Hacer nuestras propias palmas y llevarlas a bendecir a la Iglesia.

Cantar las canciones de “Tú reinarás” o “Que viva mi Cristo, queviva mi Rey”

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Tomado de https://patriademarti.com

Recordemos al Cristo combativo durante la Semana Santa

Por  Julio M. Shiling

01 Abril 2026

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Una distorsión peligrosa se ha infiltrado en la teología cristiana, tanto en la tradición católica como en la protestante y la ortodoxa. Se ha reinterpretado a Jesús como un conformista pasivo y no violento: de voz suave, infinitamente tolerante, un pastor bondadoso que nunca alzó la voz ni desafió el statu quo. Esta caricatura tiene un propósito: neutraliza el llamado del Evangelio a enfrentarse al mal y reconforta a quienes prefieren una fe que nunca ofende, nunca lucha, nunca traza una línea divisoria. Sin embargo, el relato histórico de la Semana Santa hace añicos esta ilusión. Jesucristo no fue ni pasivo ni conformista. Fue un guerrero de la verdad, intolerante con los malhechores y quienes los apoyaban, y mostró esa combatividad con claridad inequívoca desde el Domingo de Ramos hasta el Viernes Santo. Lejos de ser una figura dócil, encarnó el espíritu mismo de la confrontación justa que las Escrituras exigen de todo creyente.

Jesús era él mismo judío, nacido en la población mayoritariamente judía de la Judea del siglo I. También lo eran sus discípulos. Vivían y adoraban dentro del pacto que Dios hizo con Abraham, Isaac y Jacob. Su misión no era rechazar el judaísmo, sino cumplir sus profecías. Los sumos sacerdotes, escribas, fariseos y saduceos establecidos —que afirmaban hablar en nombre de la fe— se habían convertido en los mismos hipócritas que Jesús desenmascaró. No representaban al remanente fiel de Israel. Representaban a una élite religiosa corrupta que había cambiado la autoridad divina por el poder político y el beneficio económico. Jesús vino a llamar a su propio pueblo a volver a la auténtica fidelidad al pacto, al tiempo que extendía la salvación a las naciones. El cristianismo, nacido del judaísmo, no es, por lo tanto, antijudío. Es la culminación de la historia de Israel. Pero la culminación requería una confrontación. 

Lunes Santo: La purificación del templo – Ataque directo a los especuladores

Al día siguiente de su entrada triunfal, Jesús entró en el templo de Jerusalén y encontró el Patio de los Gentiles transformado en un mercado. Los comerciantes y cambistas explotaban a los peregrinos, convirtiendo el espacio sagrado en una cueva de ladrones. Las Escrituras registran la escena con una violencia inconfundible: Jesús «echó a todos los que compraban y vendían allí. Volcó las mesas de los cambistas y los bancos de los que vendían palomas» (Mateo 21:12). No fue una protesta cortés. Fue física, disruptiva e intransigente. Jesús no negoció con el mal; lo expulsó. Los especuladores que mercantilizaban el culto fueron los primeros objetivos de su campaña de la Semana Santa. El mismo Señor que más tarde enseñó el perdón nunca enseñó la tolerancia hacia la codicia institucionalizada que bloqueaba el camino hacia Dios.

Martes Santo: Enfrentamiento con la élite religiosa – «¡Hipócritas!»

Al día siguiente, Jesús regresó al Templo y desató una avalancha verbal que aún resuena a través de los siglos. Se enfrentó directamente a los fariseos, a los saduceos y a toda la jerarquía del establishment religioso judío predominante. En Mateo 23, pronuncia siete «ayes» contra ellos, llamándolos «hipócritas», «guías ciegos», «sepulcros blanqueados» y «raza de víboras». Los acusó de cerrar el reino de los cielos en las caras de la gente, de devorar las casas de las viudas y de recorrer tierra y mar para hacer un solo converso que se convertiría en el doble de hijo del infierno que ellos. No se trataba de una corrección amable, sino de una acusación profética. Jesús llamó al mal por su nombre y se negó a suavizar su lenguaje en aras de la «unidad». Los líderes religiosos que facilitaban la opresión espiritual quedaron al descubierto como los verdaderos enemigos del pueblo al que pretendían pastorear.

Miércoles Santo: Comienza la traición – Facilitando el mal por treinta piezas de plata

El Miércoles de Espías, la corrupción dentro del círculo íntimo salió a la luz. Judas Iscariote, uno de los Doce, se acercó a los sumos sacerdotes y se ofreció a traicionar a Jesús por treinta piezas de plata. El mismo hombre que había caminado con el Señor, presenciado milagros y escuchado los sermones, ahora optó por monetizar el mal. Judas no actuó solo; encontró cómplices dispuestos entre las autoridades religiosas, ansiosas por eliminar la amenaza que Jesús representaba para su poder. Esto no era teología abstracta. Fue el momento en que la codicia personal y la supervivencia institucional convergieron para facilitar el asesinato del Hijo de Dios. Jesús sabía que la traición se avecinaba y aun así partió el pan con Judas en la Última Cena, pero no excusó ni minimizó el acto. Identificó al traidor públicamente y declaró: «Más le valdría no haber nacido» (Mateo 26:24). Aquí no hay pasividad sentimental, solo una condena lúcida del cómplice.

Jueves Santo: Arresto, juicio y la maquinaria del mal

En la Última Cena, Jesús instituyó la Nueva Alianza y luego se dirigió a Getsemaní. Allí se manifestó la traición. Judas llegó con guardias armados enviados por los sumos sacerdotes y los ancianos. Jesús fue arrestado, arrastrado ante el Sanedrín y sometido a un juicio farsa. Los líderes religiosos, incapaces de conseguir una condena según su ley, lo entregaron a las autoridades romanas. Poncio Pilato no halló culpa en Él, pero los sumos sacerdotes y la multitud —incitada por esos mismos líderes— exigieron la crucifixión. El establishment religioso judío hegemónico de la época utilizó el poder imperial de Roma como su verdugo. Jesús no se resistió al arresto con violencia, pero tampoco se retractó. Cuando fue interrogado por el sumo sacerdote, afirmó su identidad y profetizó el regreso del Hijo del Hombre. Su silencio ante Pilato no fue sumisión; fue una negativa soberana a dignificar las mentiras con argumentos. Se mantuvo combativo en espíritu, fiel a su propósito divino, incluso cuando le pusieron las cadenas.

Viernes Santo: La crueldad del mal plenamente expuesta

El Viernes Santo se puso de manifiesto ante el público todo el horror del mal y de quienes lo propiciaban. Jesús fue azotado, burlado, coronado de espinas, obligado a llevar su cruz y clavado en ella entre dos criminales. Los líderes religiosos se pararon al pie de la cruz, lanzando insultos: «A otros salvó, pero a sí mismo no se puede salvar» (Mateo 27:42). Los soldados romanos se repartieron sus ropas. La oscuridad cubrió la tierra. Sin embargo, incluso en agonía, Jesús no vaciló. Perdonó a sus verdugos —«Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lucas 23:34)—, pero el perdón no es aprobación. No se disculpó por purificar el Templo, por denunciar a los hipócritas ni por reivindicar la autoridad divina. Siguió siendo el Mesías intransigente que había venido a destruir las obras del maligno. La cruz no fue una derrota para la combatividad; fue su máxima expresión. El mal hizo lo peor que pudo, y el amor lo venció sin transigir jamás con él.

Este es el Cristo que la Iglesia debe recuperar: el mismo Señor que declaró: «No penséis que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada» (Mateo 10:34). También dijo: «He venido a traer fuego a la tierra, ¡y cómo desearía que ya se hubiera encendido!» (Lucas 12:49). La Escritura ordena a los creyentes: «Estad alerta; manteneos firmes en la fe; sed valientes; sed fuertes» (1 Corintios 16:13) y nos recuerda que «el Espíritu que Dios nos ha dado no nos hace tímidos, sino que nos da poder, amor y autocontrol» (2 Timoteo 1:7). El salmista alaba al Señor, «que entrena mis manos para la guerra, mis dedos para la batalla» (Salmo 144:1). Y el profeta advierte: «¡Ay de los que llaman al mal bien y al bien mal!» (Isaías 5:20).

El cristianismo es, en efecto, indulgente, amoroso, caritativo y abierto a todas las personas de buena voluntad. Pero no es neutral hacia los malhechores ni hacia quienes les facilitan sus acciones. Es intolerante con el mal en todas sus formas, ya sea la especulación del antiguo Templo, la hipocresía religiosa del siglo I o manifestaciones modernas como el totalitarismo islamista y la tiranía comunista. Cuando Estados Unidos se enfrenta a los regímenes de Irán, Cuba y Venezuela, o desmantela los cárteles de la droga que trafican con muerte y desesperación, no está actuando en contra del Evangelio. Está actuando en el espíritu del Cristo combativo que se negó a coexistir con el mal. Quienes critican tales acciones mientras nos agitan ante las narices a un Jesús pacifista simplemente nunca han leído correctamente la Semana Santa.

El Jesús de las Escrituras no era un conformista. Era el León de la tribu de Judá, así como el Cordero. Durante esta Semana Santa, que la Iglesia, sus seguidores y las personas de buena voluntad redescubran el retrato completo: el Cristo que volcó mesas, denunció a los hipócritas, desenmascaró a los traidores, soportó la tortura sin rendirse y triunfó sobre la muerte. Solo este Jesús puede dotar a los creyentes de lo necesario para enfrentarse a los males de nuestra época con valentía, claridad y una fidelidad inquebrantable a la verdad. El Cristo pasivo es una invención moderna. El Cristo real —el Cristo combativo, intransigente y portador de espada de la Semana Santa— sigue siendo el mismo ayer, hoy y siempre.

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viernes, diciembre 12, 2025

LA CIENCIA Y EL MISTERIO DE LA IMAGEN DE LA VIRGEN DE GUADALUPE. LOS OJOS MISTERIOSOS de LA VIRGEN DE GUADALUPE

 Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

Tomado de https://www.facebook.com/

El 12 de diciembre el Papa León XIV elevó una oración a la Virgen de Guadalupe en el Vaticano. Su oración fue extensa, pero la parte final es de las cosas más bonitas que le haya escuchado decir a un sucesor de San Pedro: 

"Madre del VERDADERO DIOS, POR QUIEN SE VIVE, ven en auxilio del sucesor de Pedro PARA QUE CONFIRME en el ÚNICO camino que conduce al fruto bendito de tu vientre, a cuántos me fueron confiados. Recuerda este hijo tuyo, a quien Cristo confió las llaves del reino de los cielos para el bien de todos. Que esas llaves sirvan para atar y desatar y para redimir toda miseria humana y haz que confiando en tu protección avancemos cada vez más unidos con Jesús y entre nosotros hacia la morada eterna que Él nos ha preparado y en la que tú nos esperas. Amén"

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LA CIENCIA Y EL MISTERIO DE LA IMAGEN DE LA VIRGEN DE GUADALUPE EXPUESTOS POR ESTE MATEMATICO CREYENTE

Por Pedro Pablo Arencibia Cardoso


LOS OJOS MISTERIOSOS de LA VIRGEN DE GUADALUPE


En un día del mes de diciembre de 1531 y en el preciso instante en que el indio Juan Diego le mostraba al Obispo, Fray Juan de Zumárraga, las preciosas y fragantes rosas de Castilla que traía como prueba que él, Juan Diego, era verdaderamente portador de un mensaje de la Virgen María, Madre de Dios, se dibujó y apareció de repente en su poncho ( o larga ruana blanca ), la preciosa imagen de la Virgen María conocida como el Cuadro de la Virgen de Guadalupe. Esta imagen ha sido estudiada científicamente por varios expertos e investigadores y ese estudio ha presentado múltiples resultados inexplicables, de los cuales expondremos los más importantes:

1) La imagen ( 104 cms. por 170 cms. ) se encuentra en una tela hecha en una fibra de ayate mexicano, fibra que se descompone por putrefacción a los veinte años, como ha sucedido con varias reproducciones. La imagen original pese a que estuvo durante 116 años expuesta a la humedad, al humo, al polvo, al calor, al tacto de los creyentes, al toque metálico de las armas, al salitre del lago Texcoco, etc., se encuentra en perfecto estado de conservación. No se ha descompuesto, deshilachado o desteñido; es refractaria a la humedad y al polvo.

El experto Dr. Philip S. Callahan, biofísico y técnico en pinturas, perteneciente a un equipo investigador de la NASA de los Estados Unidos y el profesor Jody Brant Smith, Master y catedrático de Filosofía de la Ciencia, estudiaron con rayos infrarrojos la imagen y determinaron que la tela no tiene engomado ni preservantes, y que no se puede explicar cómo esas pinturas han resistido cuatro siglos en un lienzo tan ordinario. Los expertos Smith y Callahan comprobaron que en la pintura no existe la huella del paso de un pincel. No hallar en una pintura la huella de un pincel es algo casi imposible y mucho más en una tela tan burda sin ninguna preparación. La pintura es como una impresión, o sea, como si la hebra estuviera teñida o calada y presenta numerosos detalles finos.

2) Richard Kuhn, Premio Nobel de Química en 1938, analizó en 1936 una fibra amarilla y otra rosa de la tela y su criterio fue que ¨ estos colorantes no son minerales, ni vegetales, ni animales¨. Ha mediados del siglo XIX fue que empezaron a usarse los colorantes sintéticos. El doctor Kuhn desconocía la procedencia de esas fibras.

3) Desde la década de los años cuarenta del presente siglo XX, se han estudiado los ojos de la imagen. El doctor Enrique Graue, famoso oftalmólogo y director de un hospital de esa especialidad en México, afirma que examinó los ojos de la Virgen con un oftalmoscopio de alta potencia y pudo apreciar en ellos la profundidad de ojo, efecto que se observa en un ojo vivo. El doctor Rafael Torija también con un oftalmoscopio observó en los ojos de la imagen de la Virgen el efecto Purkinje-Sansom, efecto que sólo se produce en un ojo vivo. Este efecto consiste en triplicar la imagen en la córnea y en las dos caras del cristalino. Otros especialistas afirman lo mismo.

Los ojos de la Virgen han sido estudiados desde 1950 por aproximadamente veinte oftalmólogos. Un famoso oculista apellidado Lauvvoignet, examinó con un poderoso lente la pupila y observó que en el iris se veía reflejada la imagen de un hombre. Años más tarde, el Dr. José Aste Tonsmann, doctor en ingeniería, especialista en Computadora de la Universidad de Cornell y especialista en digitalización, fue a México para digitalizar imágenes enviadas por satélite. El Dr. Tonsmann se interesó en el estudio de los ojos de la Virgen y amplió miles de veces la pupila de la imagen y observó, que en la fotografía obtenida de esa digitalización se encontraron los siguientes detalles: un indio en el acto de desplegar su ruana ante un religioso, un fraile franciscano en cuyo rostro se ve correr una lagrima, un hombre con la mano sobre la barba, otro indio en actitud de rezar y otras personas más. En el medio de esas imágenes aparece un rostro muy parecido al del obispo Zumárraga, según un retrato del obispo pintado en 1548. Todos estos detalles aparecen en una córnea de siete milímetros.

Deseo puntualizar que la aparición de la Virgen a Juan Diego ocurrió en el monte Tepeyac, lugar donde se le rendía culto a Tonantzín, madre del dios serpiente Huitzilopoztli, dios azteca caníbal que exigía abundantes sacrificios humanos. El nombre de Guadalupe proviene de Tequatlasupe, que en lengua azteca significa: “ la que aplasta la serpiente”.

El cristianismo no es un sistema filosófico, ni tampoco se reduce a un sistema ético. El cristianismo no es una experiencia personal con Dios vivida solamente en un momento determinado. El cristianismo es una experiencia de vida con Jesús. El fundamento más sólido para una fe cristiana está en el encuentro con Jesús y no en los milagros. No obstante, en el continente americano esta bendita imagen de la Santísima Virgen ha sido el impulso para que millones de persona se hayan puesto en camino al encuentro con su divino hijo.

En esos momentos de nuestra vida donde nos hemos sentido como aves sin hogar y hemos tenido ante nosotros situaciones de inminentes peligros, la imagen de la virgen guadalupana ha sido muchas veces nuestro consuelo, la confianza y la fuerza para hacer frente al incierto futuro. El testimonio de la gracia obtenida del Señor por su intercesión como fue hacer que el impacto de una bala enemiga diera en el mango de la cuchara que estaba en el bolsillo de la camisa del ya fallecido Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque puede ser siempre explicado como una casualidad por aquellas personas que no tienen fe y puede hasta ser casi olvidado o públicamente silenciado por aquel que recibió ese milagro no mencionando su nombre y encriptándolo diciendo que la canción "Lupita" se la inspiró una mujer y señora muy especial ante la pregunta de un periodista cubano del diario cubano Juventud Rebelde aunque en la canción se le diga explícitamente virgen guadalupana; pero para otras personas, la casualidad es la manifestación anónima de Dios. Aunque en Cuba, cómo decía el ya fallecido Obispo Monseñor Adolfo: los ateos no son tan ateos, ni los cristianos son tan cristianos .

La virgen guadalupana, como las demás advocaciones de María Santísima, puede no haber obtenido del Señor lo que nosotros pedimos en nuestra oración pidiendo su intercesión, pues Él solamente sabe lo que es mejor para nosotros, pero ella nunca nos olvida y siempre se acuerda de todos sus hijos. No la olvidemos a ella: nuestra Madre celestial. María, madre que cumple fielmente el mandato y pedido mesiánico de su hijo (Juan 19,25-27), pedido y mandato dados en un contexto de cumplimiento de profecías de carácter mesiánicos, y que fue bien entendido por ella al no confundirlo como un pedido de carácter solamente doméstico dado a última hora, que rompía con toda una serie de costumbres judías de la época al ser encargada al menor de los hijos de su pariente y que nos muestra, en su significado doméstico, que María no tuvo más hijos después de Jesús.

Finalmente una observación cristocéntrica: dentro de la abundancia de símbolos que están presentes en la imagen de La Virgen de Guadalupe debemos tener en cuenta, que ella aunque está revestida con el color verde de la realeza (para la cultura de los indios mexicanos ) y que su manto está lleno de estrellas, indicando que el universo está bajo su autoridad, su actitud orante con la mirada dirigida hacia su vientre nos señala que el verdadero Rey es aquél que lleva en sus entrañas.
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Guadalupe: Una Imagen Viva (Programa Competo



Maite Perroni y más le cantan 'Las Mañanitas' a la Virgen


Mañanitas VIRGEN DE GUADALUPE Y MISA Basílica de Guadalupe México 2025



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jueves, diciembre 04, 2025

4 de diciembre: festividad de Santa Bárbara. Historia de Bárbara de Nicomedia, conocida como Santa Bárbara, una virgen y mártir cristiana del siglo III

 Santa Bárbara


Bárbara de Nicomedia, conocida como Santa Bárbara fue una virgen y mártir cristiana del siglo III, que forma parte de la lista oficial del martirologio de la Iglesia Católica. Su fiesta se celebra el 4 de diciembre.1

Historia

Nació en Nicomedia, cerca del mar de Mármara, a principios del siglo III.2 Fue hija de un sátrapa de nombre Dióscoro, quien la encerró en un castillo para evitar que se casara tan joven y para evitar el proselitismo cristiano. Durante su encarcelamiento ella tenía a maestros quienes le enseñaban poesía y filosofía, entre otros temas. Por esto mismo, y porque su padre estaba ausente, Bárbara se convirtió al cristianismo y mando un mensaje a Orígenes, considerado un erudito de la iglesia Cristiana, para que fuera a educarla en esta fe. Después de su bautizo ordenó construir una tercera ventana en su pieza, simbolizando la Santísima Trinidad. Al llegar su padre ella se declaró cristiana y se opuso al matrimonio que le propuso su padre diciendo que elegía a Cristo como su esposo. En respuesta su padre se enfadó, queriendo matarla en honor a sus dioses paganos. Por eso, Bárbara huyó y se refugió
 en una peña milagrosamente abierta para ella. Atrapada pese al milagro, fue capturada.

Su martirio fue el mismo que el de San Vicente: fue atada a un potro, flagelada, desgarrada con rastrillos de hierro, colocada en un lecho de trozos de cerámica cortantes y quemada con hierros candentes. Finalmente, el mismo rey Dióscoro la envió al tribunal, donde el juez dictó la pena capital por decapitación. Su mismo padre fue quien la decapitó en la cima de una montaña, tras lo cual un rayo lo alcanzó, dándole muerte también.

El padre carmelita Claudio de San José narra en un manuscrito de la Orden Carmelita que el sepulcro de Santa Bárbara fue venerado por fieles quienes reportaban curaciones milagrosas. Su fama era muy reconocida en el siglo VIII y varios empezaron a llevarse las reliquias hasta que fueron trasladadas a Constantinopla y después a Venecia.2

Su culto fue confirmado por San Pio V en 1568 y se convirtió en uno de los catorce santos auxiliadores del Santoral.2

Su festividad se celebra el 4 de diciembre.

Las Reliquias

Sus reliquias fueron trasladadas a Venecia en tiempos del dogo Pedro II Orseolo (991 – 1009), por María Argyropoula, una princesa bizantina posiblemente hermana de Romano III, que se había casado con el hijo del dogo, Juan. Las reliquias de la santa quedaron en la iglesia griega y en 1108 una princesa griega de nombre Bárbara se casó con el príncipe de Kiev, Sviatopolk Iziaslavovich. Ella trajo consigo las reliquias que fueron colocados en el monasterio Michailovsky-Zlatoverj en Kiev. En la época de los desastres napoleónicos, las sagradas reliquias fueron llevadas al templo de San Martín de la isla de Burano, donde se custodian aún hoy. Los restos están en una capilla dedicada exclusivamente a Santa Bárbara. Una parte de las reliquias de la mártir Santa Bárbara que se hallaban en la iglesia de San Marcos, en Venecia, fueron depositadas en el santuario de santa Bárbara, 
perteneciente a la diaconía apostólica y ubicado en el municipio del Ática del mismo nombre, por el arzobispo de Atenas, y toda Grecia, Christódoulos.

En la iglesia de San Juan del Hospital, en Valencia, se encuentra la columna donde fue martirizada, en una capilla bajo la advocación de la santa. Esta reliquia fue traída a la Ciudad de Valencia por la Emperatriz Constanza Augusta de Grecia.

En la iglesia de San Jaime de Moncada (Valencia), se encuentra una falange de un dedo de Santa Bárbara la cuál fue traída desde Roma a Moncada.

El medallón que uso durante su martirio se encuentra perdido, dicha reliquia fue encontrada el la penúltima década del siglo XVIII (1780-1790), mes de octubre, en una pequeña parroquia llamada Riochico de Portoviejo, en la provincia de Manabí, Ecuador, según historiadores, se encontró enterrado entre matorrales donde actualmente se levanta el templo parroquial, que lleva su nombre. La leyenda dice que el templo se iba a construir en otro sitio, pero que el medallón misteriosamente volvió a aparecer donde había sido encontrado, desapareció por primera vez de la vitrina del templo, a causa de un robo, pero apareció nuevamente un tiempo después, y la segunda vez, después que dicha parroquia mando a esculpir una imagen de la santa y fue colocado en ella. Ahora su paradero es desconocido, las personas piensan que alguien lo robó y que aún se encuentra en la parroquia; pero la leyenda apunta que por voluntad divina aparece y reaparece en otro lugar desconocido para si propagar la fe de Santa Bárbara.
Simbología e iconografía

Se la suele representar joven, bien con la palma del martirio, bien con plumas de pavo real,3 pues este 
animal es símbolo de la resurrección o la inmortalidad, y aparece ya en la más antigua representación conocida, que data del siglo VIII (Santa María la Antigua, de Roma).

También suele aparecer con su atributo, una torre con tres ventanas, apareciendo unas veces encerrada en la misma y en otras la torre aparece a su lado o en miniatura sobre una de sus manos. El significado de esta torre con tres ventanas es el refugio de la fe en la Santísima Trinidad. Y suele llevar corona, que admite variaciones: en algunas es la de una princesa y en otras es una corona completa formada de varias torres.

La imagen de santa Bárbara también aparece a veces asociada:
  •     Con la espada con la cual fue decapitada, lo que ha contribuido a que sea asociada con la guerra, pero dicha espada representa un símbolo de fe inquebrantable.
  •     Con un cáliz, que significa su conversión al catolicismo.
  •     El rayo que cayó en su martirio ha hecho que sea relacionada con los explosivos y así es patrona del arma de artillería, cuyo escudo son cañones cruzados y la torre es la heráldica de los ingenieros y zapadores. El depósito de explosivos en los buques recibe el nombre de santabárbara.
  •     Con una rama de olivo entre sus manos, representando el martirio.
  •     Con un manto rojo, cáliz de la sangre de Cristo.
  •     Junto a bloques de piedra por su patronazgo de la cantería.
Su patronato fue introducido en España, al parecer, por Juan de Terramonda, natural de Lille, que llegó a España como asentador de Felipe I el Hermoso.
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«A Santa Bárbara» Celina y Reutilio

Por Angie Rojas


Celina González y su hijo Reutilio quien hoy reside en Estados Unidos (foto y comentario añadidos por el bloguista de Baracutey Cubano)

«Yo soy Santa Bárbara Bendita, tú vas a caminar el mundo por mí». Estas fueron las palabras que Celina González, la legendaria cantante cubana, escuchó a los 20 años. La aparición de Santa Bárbara, la virgen católica sincretizada con Changó, marcó un punto de inflexión en su vida.

Aquella joven campesina, reconocida por su voz evocadora,  aseguró experimentar una aparición divina que impulsó su carrera musical al encontrar éxito y protección a cambio de su devoción hacia Santa Bárbara. Según la cantora, esta relación marcó el inicio de un camino hacia la fama y el reconocimiento mundial. Desde entonces, Celina González dedicó sus canciones a la santa, expresando su profunda entrega con un estilo rico y exuberante lleno de sabor. Su música se caracteriza por una ornamentación sonora y una intensa expresión grandilocuente, casi barroca, pero, simultáneamente festiva, como se puede apreciar en el álbum A Santa Bárbara (1956).

Cada canción, desde la homónima hasta «Antonia Gervasio», refleja su profundo respeto y devoción ritual. Además, el disco incluye canciones como «San Lázaro» —y, honestamente, quien no se levante a bailar con esta canción, es porque está muerto—, así como joyas dedicadas a deidades de gran influencia en la cultura latinoamericana como la «Virgen del Carmen» y «A la Caridad del Cobre». A Santa Bárbara no solo ilustra la conexión íntima de Celina con la espiritualidad y la tradición afrocubana, sino que también hace vibrar en épocas decembrinas a varios zonas obreras y burgueses de Latinoamérica con su llamado irresistible al baile, atrayendo tanto a devotos, a escépticos  y a quienes descubren la magia de su música por primera vez.

Este disco no hubiera sido posible sin Reutilio Domínguez. Junto a él, su compañero artístico y sentimental, Celina González formó un dúo musical que contribuyó a la dinámica y rica historia musical cubana. Reutilio, además de ser guitarrista y cantante (segunda voz del dúo), destacaba como compositor y poseía una técnica impresionante que le permitía tocar la prima y bordonear simultáneamente, creando un sonido que daba la impresión de ser producido por un trío. Su colaboración debut en La Habana, y el pegajoso coro: «¡Que viva Changó!», de la canción homónima del álbum, fue un éxito instantáneo, que sigue haciendo vibrar hasta hoy a generaciones enteras con su ritmo contagioso.

Además de la lírica mencionada, Celina y Reutilio fusionaron la música guajira con influencias afrocubanas, manteniendo la métrica, es decir, la décima hispánica y el estilo del punto guajiro pero abordando temas del patrimonio musical africano. Su devoción por Santa Bárbara y otros santos orishas como Ochún, Babalú Ayé, Changó y Yemayá se manifestaba en letras que invocaban colectivamente protección, éxito y bendiciones divinas, bajo una atmósfera de son y guaracha.

Su música no solo conquistó las ondas radiales más prestigiosas, sino que también los llevó a escenarios exclusivos como el icónico cabaré Tropicana. El dúo incluso tuvo el honor de compartir el escenario con leyendas como Nat King Cole y Pedro Vargas. A través de sus letras, Celina y Reutilio entrelazaron narrativas intensas de la esencia de la vida rural y la santería cubana, tejiendo con sensibilidad única las costumbres y tradiciones del campesinado. Su música, enraizada en la cotidianidad, perdura como un vestigio de la riqueza cultural de Cuba, impactando profundamente en el tapiz musical latinoamericano.

Angie Rojas

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Santa Barbara - CELINA GONZALEZ




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Celina González, una historia de amor

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Cuando Celina escribe y graba A Santa Bárbara, en 1948, está haciendo historia: está fusionando las culturas campesina o guajira de Cuba con la afrocubana
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Cristóbal Díaz-Ayala
San Juan
26/09/2011

Así titula la escritora cubana Mireya R. Fanjul, su biografía de Celina que es también la de su compañero por muchos años, Reutilio. Y estaba haciendo falta un ensayo como este. Celia Cruz, posiblemente la cubana más importante del siglo XX, tiene varias, de las cuales la mejor es la escrita por el colombiano Dr. Héctor Ramírez Bedoya. También tiene más de una Benny Moré. Indudablemente Celia y Benny son mucho más conocidos dentro y fuera de Cuba que Celina, quien comenzó su carrera artística cultivando el género musical cubano más antiguo, —el origen del punto cubano se produce en el siglo XVIII—; pero es también el género que menos importancia tenía, y desgraciadamente tiene, en Cuba y fuera de ella. El mérito grande de Celina fue que desde los fines de la década de los 40 rescató del olvido, con sus composiciones y su voz junto con Reutilio, ese género musical, y además, empezó a incursionar en la música afrocubana, fusionándola con la guajira.

Y eso es más importante para la historia de la música cubana, y hasta la social, que los grandes éxitos universales de Celia y Benny. Eso no se había hecho antes en Cuba; eran dos géneros completamente aparte, que además reflejaban una situación social real: el campesino o guajiro cubano, por regla general cultivador de la tierra propia o alquilada, discriminaba al afrocubano, la mayoría de los cuales trabajaban como asalariados en la industria azucarera —trabajo que solo cubría algunos meses del año—, o en otras labores parecidas. Y esto se reflejaba en la música, a duras penas el guajiro había aceptado el son como forma bailable, género de origen afrocubano. Cuando Celina escribe y graba A Santa Bárbara en 1948, está haciendo historia: está fusionando las culturas campesina o guajira de Cuba, con la afrocubana.

La historia de esta mujer es la que narra la autora, en un estilo que bien califica el autor del prólogo, Miguel Barnet, como “bosquejo biográfico-lírico”. O sea, en estilo sencillo pero muy ameno nos va contando los pormenores de esta larga e interesante vida, apelando al interés del lector pero sin perder el rigor de conceptualizar los sucesos más importantes de ella.

Sorprende un poco que el libro comience con una oración en yoruba, parte de la liturgia de la religión de los orichas o santería, y en esa misma línea una alabanza a los ancestros, al parecer reflejo del sentir de la autora y su biografiada. Una especie de homenaje a esa religión tan arraigada en la población cubana, dentro y fuera de la Isla. Y ya cronológicamente situados en 1928, año del nacimiento de Celina, Mireya comienza su relato en el que siempre describe el entorno de manera que el lector, cubano o de otros países, entienda mejor el transcurso de esa vida campesina: su encuentro con Reutilio, hábil guitarrista a quien se une en 1943 en matrimonio y en dueto musical, ya situados en la región oriental de Cuba; sus luchas y primeros éxitos, en un campo tan competitivo como siempre lo ha sido el de la música en Cuba —máxime desenvolviéndose básicamente en el área de la música guajira—; sus encuentros con figuras como el recitador Luis Carbonell y el compositor Ñico Saquito, ambos ayudando a la pareja, especialmente el segundo, del que la autora atinadamente incluye en el texto una minibiografía, y quien es la persona que los puso en contacto con “Suaritos”, dueño de la emisora habanera del mismo nombre, por muchos años la tercera más importante del país, de quién también nos trae una sintetizada biografía.

Será este personaje quien los contrate para una breve temporada en la Habana. La descripción que hace la autora de esa ciudad que en 1948 ven los ojos de la pareja de artistas, está muy bien lograda. La pareja debuta por Radio Cadena Suaritos, y el éxito es instantáneo. Pocos meses después pasan a trabajar a la emisora RHC Cadena Azul, de mayor importancia pues se escuchaba en toda Cuba. Ya en los comienzos de los años 50 hacen sus primeros discos, graban también jingles o anuncios cantados, actúan en teatros, cabarets, fiestas; llegan a tener programas radiales en varias emisoras al mismo tiempo. Parece increíble que solo dos voces y una guitarra, con algún acompañamiento rítmico pudieran tener más éxito que una orquesta. Todo el mundo quiere escuchar estas canciones que son al mismo tiempo un himno a una deidad religiosa católica y un orisha de la religión de los yorubas: Santa Bárbara y Shangó. Con Celina y Reutilio sale del closet el sincretismo religioso cubano, escondido por siglos. Harán lo mismo con San Lázaro y Babalú Allé o la Virgen de Regla y Yemayá. Pero Celina no abandona su veta guajira; brotan deliciosas creaciones como Soy guajiro del monte, Yo soy el punto cubano, entre otras. Al mismo tiempo interviene en varias películas.

Mireya nos va narrando en detalle todo este proceso fabuloso que continúa hasta el triunfo de la revolución cubana en 1959. En la siguiente década los cambios de política del nuevo gobierno en cuanto a las religiones afrocubanas reduce su repertorio solamente a lo guajiro. Celina se divorcia de Reutilio en 1964 pero sigue cantando y grabando con otros grupos. Aunque ya había hecho alguna gira antes fuera de Cuba con Reutilio, en 1984 viaja a cantar en Rusia y Bulgaria, y ese mismo año hace su primer viaje a Colombia, a Cali. Ya para entonces está cantando con ella su hijo Lázaro. Aquí comienza esa relación tan hermosa e intensa de Celina con el pueblo colombiano, con innumerables giras a lo largo y ancho del país, que va narrando Mireya con lujo de detalles. Colombia, decididamente, la adopta.

Pero no es solo Colombia; increíblemente Inglaterra la reclama, y allí va en 1984; en 1989, será México el país que queda cautivado con esta voz que sale de la tierra misma. También visitará Mozambique, Zambia y Angola, y las Islas Canarias en 1992; en 1994, Argentina, y Suecia en 1998. Anécdotas, grabaciones con sellos disqueros internacionales como Odeón, Emi y Tumi, todo esto va describiendo el libro.

Estando en Miami en enero del año 2000, visitando a su hija y nietos que residen allí, sufrió un infarto cerebral, fue atendida en el Jackson Memorial Hospital de la Florida, donde estuvo once meses. Después fue trasladada a Cuba, donde siguió varios meses más bajo tratamiento médico. Con las limitaciones que una enfermedad de este tipo dejan, Celina viajó en 2001 a Venezuela a recibir un homenaje en Caracas. Y sigue viva en Cuba, recordando su hermosa carrera, el cariño de pueblos como el colombiano, que la hicieron suya. Ha recibido un sinnúmero de premios que el libro detalla. Y recoge también fotos de los objetos religiosos de Celina, que pueden ser imágenes de las vírgenes católicas u objetos de la liturgia de los orishas. Hay, además de una gran cantidad de fotos, una discografía de la artista.

Por el papel que desempeñaron no solo en su música, sino en la historia social de Cuba, este libro es muy importante para cubanos y también para los colombianos, por el cariño que este pueblo siempre le ha tenido
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Celina y Reutilio - Que Viva Chango (Video Oficial) 1949



© cubaencuentro.com

Celina y Reutilio (hijo)- San Lazaro y Que Viva El Chango.



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sábado, diciembre 21, 2024

Armando López: ¡NAVIDAD! ¡Cuando Cuba era Libre! y el gigantesco árbol de Navidad en la nueva urbanización de Fontanar en La Habana

 

Y DESPUÉS DE 60 AÑOS:

DDC

Dec 22, 2022

Un pino gigante da luz a la oscuridad de #LaHabana y los cubanos se lo toman como su primer árbol de Navidad. El Gobierno de la capital se apresura a apagar el entusiasmo aclarando que se trata de un 'árbol de la amistad Cuba-Italia'.

El pino está ubicado en el parque de la calle Galiano, entre San Miguel y San Rafael, Centro Habana.


Fin de año en Cuba: ¿La primera decoración navideña pública en más de 60 años?




Tomado de https://www.cubanet.org/

Cuba, de tener el árbol de Navidad más grande del mundo, a una mínima celebración

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En 1957 llegó, procedente de Canadá, un árbol de 20,73 metros de altura. Llamado por los cubanos "el árbol de siete pisos", fue instalado a la entrada del reparto capitalino Fontanar

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Cubanet

17 de diciembre,2022


MADRID, España.- El 17 de diciembre de 1957 fue instalado un gran árbol de Navidad procedente de Canadá en el reparto Fontanar, del municipio capitalino Boyeros; barrio inaugurado el año antes y que vivía un momento de esplendor.


Con una altura de 20,73 metros, y 22, 56 metros contando la estrella lumínica en su punta, fue considerado el árbol de Navidad más grande del mundo en ese momento.


El pino Spruce, conocido también como Canadian Red Wood, pesaba cuatro toneladas y su tronco era de 30 pulgadas. Había sido sembrado en la provincia canadiense de Nueva Escocia en 1740, por lo que tenía 220 años de antigüedad. Para su iluminación se utilizaron 4 000 esferas de luces conectadas por 9 000 metros de cablería eléctrica; y junto a él se colocaba la Fuente de los Angelitos Negros.


La llegada del árbol al puerto de La Habana acaparó los titulares de la prensa de la época y la atención de los cubanos, que comenzaron a llamarlo “el árbol de siete pisos”.


Este árbol fue instalado durante tres navidades seguidas, entre el 17 de diciembre y el 6 de enero, Día de Reyes, a la entrada de Fontanar. La tradición terminó en 1961, tras la llegada de Fidel Castro al poder.


La Navidad en la Isla fue suspendida oficialmente en el año 1969, y no volvió a ser permitida hasta 1997. No obstante, la Navidad que celebran los cubanos actualmente nada tiene que ver con la celebrada en gran parte del mundo. A duras penas los cubanos logran conseguir los alimentos para la cena de esa noche; nada de soñar con árboles gigantes, y muchos menos con luces.

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¡NAVIDAD! ¡Cuando Cuba era Libre!

Por Armando López

23 diciembre 2020

¡NAVIDAD!  ¡En Cuba Libre! En La Habana, cinéticas campanas lumínicas, de acera a acera, hacían la noche día, y dejaban escuchar tiernas melodías navideñas. Las vidrieras exhibían el pesebre con el niño Jesús y los Reyes Magos, mientras la radio entremezclaba villancicos guarachas y sones. La capital de Cuba, siempre llena de turistas, en la gran fiesta se desbordaba. Conseguir un cuarto de hotel: era suerte. Los mercados  hervían, los pregones tomaban las calles. 

En víspera de Nochebuena, las mujeres adobaban el puerco que los hombres asaban en la noche a fuego lento. Las abuelas cocinaban guineos y guanajos en fricasé con aceitunas y alcaparras, herencia de antepasados moros. En el campo, el puerco se asaba en puya, haciéndolo girar sobre la candela, sazonándolo con hojas de guayaba. No faltaban en la comelancia los dátiles y turrones heredados de España, ni los frijoles negros bautizados con miel, herencia de África, o los buñuelos de yuca que nos legaron los taínos. La Nochebuena sincretizaba los sabores de una nación crecida a golpes de látigo, tambores y bandurria.

, solares y bohíos vestían sus mejores galas: el arbolito brillaba sobre el niño Jesús en el pesebre, y a su alrededor, enmarcándolo, María, José, los Reyes Magos, y las carticas de los niños, donde pedían juguetes, que algunos no recibirían.

Los mayores se sentaban en una larga mesa. Los muchachos aparte, para que mortificaran menos. “En mi casa nos reunimos 12”. “Pues en la mía éramos 40”. Cada cubano alardeaba del tamaño de su familia, de los que vinieron de lejos.

El fiestón comenzaba el 23 de diciembre, seguía en La Nochebuena del 24, en el almuerzo montería del 25 (con lo que sobraba de la cena), continuaba en la espera del Año Nuevo, donde creyentes y ateos (por si acaso), arrojaban el cubo de agua a la calle para que se llevara lo malo, y culminaba el 6 de enero, con Gaspar, Melchor y Baltazar.

La Nochebuena era la zafra de los vendedores de vinos españoles, de las rojas manzanas venidas del norte (que muchos ofrecerían a Santa Bárbara), de los curas que pasaban el cepillo en las iglesias, de la bullanguera vitrola en la bodega de cada esquina.

Era la fiesta en que regresaba el hijo pródigo, la tía fea, los primos lejanos, donde el abuelo dejaba que los nietos hiciéramos lo que nos diera la gana, y las mujeres, por beatas que fueran, tomaban hasta hacer chistes verdes y sonrojar a sus maridos…

Algunos iban a la Misa del Gallo, a medianoche del 24, para celebrar el nacimiento de Cristo. Pero la noche siguiente, cuando ya el niño Jesús sonreía, los cubanos salían a bailar a las sociedades (Tennis y Liceos, los blancos), al Gran Maceo (los mulatos), a La Bella Unión (los negros), a los cabarés los faranduleros, a los bateyes de los centrales los campesinos.

En la Navidad de 1959, la mayoría de los cubanos celebraron la tradición y la esperanza de un futuro mejor. La Nochebuena, Fidel la pasó con los carboneros de la Ciénaga de Zapata y en la Plaza de la Revolución hubo una cena gigante para los fidelistas, que entonces eran la gran mayoría de los cubanos. Ya Santa Claus comenzaba a ser popular. La televisión lo usaba en sus comerciales y, almohada por barriga, barba truco, gorrita con pompón, tocaba campanitas en los portales de 23 y L, en el Vedado, la esquina que la sensual del cine italiano Silvana Pampanini, llamó “la más caliente del mundo”, después de dormirse al Comandante.

Pero Fidel, empeñado en eliminar al anglosajón Santa, pretendió sustituirlo por Feliciano, un personaje de guayabera, sombrero de guano y barba, que la gente no tragó… Ya el Comandante comenzaba a transgredir nuestras tradiciones, o peor, a creerse nacido en el pesebre. En las Navidades de 1960, con el título de Jesús del bohío, en la marquesina de CMQ Televisión, instalaron tres insólitos reyes magos, Fidel, El Che y Juan Almeida, que traían como regalos la Reforma Agraria y la Reforma Urbana.

En 1962, la libreta de abastecimientos no contempló arbolitos de Navidad, ni guirnaldas de colores, ni estrellas de Belén, ni niño Jesús de yeso, ni turrones. Las sociedades donde los cubanos bailaban fueron nacionalizadas. La religión fue considerada contrarrevolución. 

Las fiestas navideñas fueron prohibidas por decreto oficial en 1969, con la excusa de ser un estorbo a la zafra de los 10 millones que no fueron. Los cubanos debían tener las manos libres, no para asar el puerco, sino para cortar caña. Por décadas, con las ventanas cerradas, algunas familias, con lo que forrajeaban en el mercado negro, pretendieron continuar la tradición navideña, pero con una Nochebuena apagada por los temores al CDR, por el éxodo de padres, hijos, tíos, primos, entristecida por las lágrimas de ausencia.

En la Isla, el niño Jesús y los magos Gaspar, Melchor y Baltazar, serían expulsados de la iconografía de la Revolución. El Día de Reyes se sustituiría por El Día de los niños (1974), cada tercer domingo de Julio. Los niños cubanos crecerían con un juguete básico al año, y los harían jurar: “Seremos como el Che”. El Año Nuevo dejó de celebrarse para festejar el triunfo de la Revolución.

La caída de la Unión Soviética obligó al régimen a hacer concesiones (1991). 

Con la visita del Papa Juan Pablo II a la Isla (1998), el gobierno colgó un enorme corazón de Jesús en la Plaza de la Revolución y autorizó a celebrar la Navidad. En hoteles y cines volvieron los arbolitos para turistas; en iglesias, como la catedral de La Habana, sacaron el pesebre con el niño Jesús a la calle.

Hoy, los cubanos retoman a medias la gran fiesta, a medias, porque Nochebuena, Navidad y Año Nuevo son alegría de la familia reunida, y la nación cubana está dividida: los de la Isla y los errantes por el mundo. Sólo en libertad, en democracia, en el reencuentro, habrá verdadera Navidad


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martes, diciembre 17, 2024

Alberto Roteta Dorado.: ¿CUÁL ES EL SAN LÁZARO DE LOS CUBANOS?. Pedro Pablo Arencibia Cardoso: EL OTRO SAN LÁZARO

 

Dr. Eugenio Yáñez (+)
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¿CUÁL ES EL SAN LÁZARO DE LOS CUBANOS?


Por el Doctor: Alberto Roteta Dorado.- 
17 de diciembre de 2019

Santa Cruz de Tenerife. España.- A la memoria del Dr. Eugenio Yáñez, escritor, analista político y mi maestro en estas andanzas de la escritura. A Yáñez, que era muy ocurrente, a la vez que exigente en todos los detalles, le dio la idea de que yo escribiera sobre San Lázaro para Cubanálisis, y aunque no llegaba a interiorizar la idea del pedido, y mucho menos el porqué era yo el elegido, cumplí mi misión y salió este ensayo que fuera publicado el pasado año en Cubanálisis, la página que desde Estados Unidos dirigió con dedicación este hombre ejemplar que ya no está entre nosotros, pero que seguimos recordando.  

La enseñanza primigenia de las Sagradas Escrituras del Cristianismo. Un Lázaro resucitado de entre los muertos y un Lázaro que alcanzó el reino de los cielos siendo pobre y enfermo.

En el Evangelio de San Juan se expresa la siguiente idea en relación a Lázaro, devenido mas tarde en Obispo y Santo:

“Entonces Martha dijo a Jesús: Señor si hubieses estado aquí mi hermano no habría muerto. Más también sé ahora que todo lo que pidieres de Dios, te dará Dios. Dícele Jesús: Resucitará tu hermano. Martha le dice: Yo se que resucitará en la resurrección en el día postrero. Dícele Jesús: Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mi, aunque esté muerto vivirá y todo aquel que vive y cree en mi no morirá jamás. ¿Crees esto? Sí  señor, yo creo que tu eres el Cristo, el hijo de Dios que has venido al mundo”.

Este pequeño fragmento le confiriere a Lázaro, el hermano muerto de Martha y María, su universalidad a partir del milagro que el Cristo Redentor hizo, con lo cual, no solo lo sacó de las profundidades de la muerte, sino que le ofreció su resurrección más allá del tiempo, por cuanto la perdurabilidad de Lázaro, devenido más tarde -de acuerdo con las tradiciones del Cristianismo-  como primer obispo de Marsella (algunas fuentes lo señalan como obispo de Provenza, lo que sugiere que su episcopado se pudo haber extendido más allá de Marsella y abarcar Provenza y otros sitios del sur de Francia), y muerto como mártir en Francia, está determinada por este milagro narrado por el místico evangelista, quien supo como ninguno de los que contaron acerca de la vida del Cristo, y de la contextualidad en torno a su figura, expresar el sentido trascendente de la personificación de la Divinidad en la figura del Cristo-Jesús.
 

Su veneración es muy antigua. La Iglesia Ortodoxa aun realiza una procesión el sábado precedente al Domingo de Ramos al Lazarium o sepulcro de San Lázaro, lo que fue descrito desde el siglo III de la era Cristiana. Hacia el 890 el emperador León VI construyó una iglesia y un monasterio en Constantinopla, los que estaban dedicados a hacer perdurar la memoria de Lázaro, hermano de María y Martha, en cuyos interiores se depositaron las supuestas reliquias de sus restos que se cree se hallaban en Chipre. La veneración a San Lázaro más conocido por su imagen de hombre con muletas existió y existe aún en algunas iglesias como la de San Nicolás de Bilbao. En La Laguna, Tenerife, perteneciente al Archipiélago Canario, existe un templo edificado en el siglo XVI que lleva el nombre de San Lázaro, aunque en honor al Lázaro de Betania de la Iglesia Católica Romana u Occidental y hasta un pequeño poblado con su nombre, también en recordación al Lázaro de Betania.

 Este personaje, que pudo o no haber sido histórico, se aproxima al San Lázaro, el santo sanador, cuyo culto es tan popular entre los cubanos; aunque también tiene que ver con el otro Lázaro bíblico, esto es, el mendigo que aparece en una parábola del Evangelio de San Lucas. De cualquier modo, independientemente de que en la tradición popular sincrética se entremezclan elementos de uno y del otro Lázaro, el San Lázaro que veneran los cubanos es en sí una entidad perteneciente a los cultos de santería popular -y con esto no quiero ser malinterpretado por parecer que esté subestimando lo que de manera tan arraigada está presente en los corazones de miles de fieles y seguidores- y no alguien que alcanzara estados de conciencia más allá del promedio humano, esto es, estados de beatitud suprema que lo eleven a donde tiene lugar la unificación de la conciencia individual con la universal, o que fuera canonizado según los procedimientos convencionales de la Iglesia Católica, institución que no admite al San Lázaro de la tradición cubana entre sus venerados santos oficiales a pesar de las concesiones que tuvo que hacer en relación al desenfrenado culto a la Deidad afrocubana en Cuba.

 Lo cierto es que en la mayor de Las Antillas San Lázaro es adorado como Babalú-Ayé, y que las multitudes que lo hacen no están muy interesadas en desentrañar el misterio acerca del hermano de Martha y María, a quien Jesús le devolvió la vida, o acerca del hombre pobre de la parábola de Lucas. Las multitudes henchidas de una fe que resulta admirable -independientemente de que se comparta o no el culto a San Lázaro, el sincretismo religioso de ascendencia africana, la adoración a imágenes, la creencia en promesas y milagros, etc.-, aunque desconociendo en su mayoría el posible origen de la veneración a Babalú, cada 17 de diciembre le rinden culto a su entidad providencial, la que, según el testimonio de sus miles de devotos, les concede sus peticiones y les devuelve la salud.

Para los miles de fieles que cada año se aproximan a su sitio más emblemático en la capital cubana lo más importante es cumplir las promesas que le han hecho y pedir nuevos deseos que con convicción creen que el santo les concederá tarde o temprano, de una u otra manera, pero se los concederá, de modo muy especial todo lo que está en relación con la salud y el progreso de los hombres. 

Entre estas tradiciones sobrevivientes en Cuba después de 1959 ocupa un lugar cimero el culto a San Lázaro, festividad religiosa que nos ocupa hoy, justamente cuando estamos recordando la fecha escogida para su celebración, la cual coincide con el día en que fue martirizado el Lázaro de Betania inmortalizado en el Evangelio de San Juan; algo que reafirma la idea de que la celebración de carácter sincrético en sí está en relación directa con el personaje bíblico de posible existencia histórica. 

Surge entonces una interrogante. ¿Si el San Lázaro de los cubanos es recordado el 17 de diciembre, en correspondencia con la fecha del martirio del Lázaro bíblico, por qué en su personificación popular, esto es, el del culto sincrético, se le representa con perros, muletas y lesiones en su piel?

 (San Lázaro de Betania o San Lázaro Obispo, hermano de Martha y María, quien fuera Obispo de Chipre y de Marsella, Francia. Imágenes y comentarios añadidos por el Bloguista de Baracutey Cubano)

Es precisamente en este detalle que se fundamenta la hipótesis acerca de que en el culto de santería cubana se entrelazan las dos figuras bíblicas, es decir, el Lázaro de Betania, hermano de María y de Martha, y el pobre Lázaro leproso que se conformaba con recoger las migajas de comida que caían de la cena del epulón rico, según se narra en el capítulo XVI, entre los versículos 19 y 31 del Evangelio de San Lucas.

En esta parábola de Jesús se cuenta el destino final de dos hombres, uno rico y otro pobre; este último se encontraba leproso, de ahí la asociación de San Lázaro con la sanación de los enfermos, así como con la edificación de leprosorios y otras instituciones médicas a las que se les puso el nombre de San Lázaro, entre las que merece citarse un hospital fundado por Fernando III en Sevilla, cuyo nombre es San Lázaro, y que data del siglo XIII, estando  dedicado desde sus inicios a los enfermos de lepra.   

Al morir el Lázaro humilde y enfermo de la parábola cristiana, éste alcanza la gloria celestial, mientras que el hombre rico fue condenado al infierno. La presencia de los perros en su representación está determinada porque en la narración de Lucas se hace referencia a perros que se acercan al hombre pobre para lamerle sus llagas, lo que quedó para la posteridad a través de la inmortalización de la figura de este Lázaro que se ha hecho tan popular en Cuba mediante el culto sincrético.

En este sentido, todo parece indicar que de los dos Lázaros el de mayor peso para el culto a la entidad conocida como Babalú-Ayé es este último, al menos por su representación como imagen de hombre pobre y enfermo al que los perros no dejan jamás -la representación de perros lamiéndole las llagas le hacen similar a San Roque, santo patrón de la peste, con el que no tiene nada que ver-; sin embargo, la fecha escogida para su sonada recordación es la que corresponde al martirio de Lázaro de Betania, el personaje del Nuevo Testamento que tal vez fuera histórico a pesar de las contradicciones en las investigaciones acerca de su existencia y de los hallazgos que, en última instancia, lo pudieran demostrar. 

De cualquier modo esto no es lo más importante, y si tuviera que decidir cuál de las dos figuras bíblicas es la que mayor influencia tiene en el culto a Babalú-Ayé no soy capaz de pronunciarme categóricamente de manera afirmativa por ninguno de los dos, sino que prefiero admitir la posibilidad de que en Babalú-Ayé o San Lázaro se entremezclan elementos de uno y otro Lázaros bíblicos, adquiriendo una mayor relevancia la representación icónica del hombre pobre y leproso en su figura; aunque sin olvidar la idea del martirio del Lázaro al que Jesús le devolvió la vida, algo que la Iglesia Ortodoxa y los católicos de Rito Oriental conmemoran el sábado anterior al Domingo de Ramos, en tanto que la Iglesia Católica lo celebra el 17 de diciembre, lo que los cubanos asumieron para venerar a su Babalú-Ayé, quien, al igual que el Lázaro bíblico de San Juan, le fue devuelta la vida al ser resucitado de entre los muertos.  

Del Lázaro de las tradiciones católicas y las narraciones bíblicas al San Lázaro de las ancestrales costumbres africanas tan venerado por los cubanos
  
Todo parece indicar que los africanos que fueron traídos a Cuba para ser convertidos en esclavos tuvieron que ocultar sus creencias religiosas bajo apariencias católicas, con lo que siguieron adorando a sus dioses, pero ahora con los nombres católicos que la colonización española había impuesto, no solo en la isla, sino de manera general en todos los territorios que fueron convertidos en colonias de España, los que no solo sufrieron el  proceso de la colonización en su sentido puramente económico, político y social, sino que de manera paralela se llevó a cabo la llamada evangelización, lo que suponía la asimilación forzada de una forma de religión bien distante de sus identidades.  


 El hecho de que Babalú-Ayé, ahora devenido en San Lázaro, sufriera el dolor a través de la enfermedad, el rechazo y el aislamiento, según lo aportado por las tradiciones africanas, amén de sus atributos curativos y sus sanaciones milagrosas, lo convirtieron en el estandarte ideal para que el pueblo cubano se apropiara del santo africano hasta hacerlo tan popular como la mismísima virgen de La Caridad. 

Según Fernando Ortiz, una autoridad si de estudios etnográficos y antropológicos cubanos se trata, los negros esclavos, a falta de familia y bienes, trajeron consigo sus creencias religiosas, su cultura, sus cantos y sus lenguas; por lo que la memoria del esclavo fue su mayor tesoro para la aportación a la isla de un caudal de conocimientos ancestrales procedentes de varias regiones del continente africano.

Desde el siglo XVI hasta nuestros días, la oralidad ha conservado en su esencia las tradiciones religiosas africanas. En la tradición muy bien guardada por los babalochas y santeros cubanos predomina el criterio de que Babalú-Ayé es un orisha de origen arará, subgrupo de los yorubas procedentes de las zonas que comprenden las márgenes del río Odi hasta el curso de agua denominado por los traficantes como Nuevo Calabar. Otras teorías dan a los ijava, también del tronco lucumí, como posibles instructores del culto de Babalú-Ayé.

 El Babalú-Ayé, según la regla de Ocha de la santería afrocubana, al igual que Lázaro, el hombre pobre de la parábola cristiana, tenía llagas y andaba harapiento, llevaba muletas y se hacía acompañar por perros, algo que también le aproxima al pobre hombre leproso que los perros le lamían sus llagas; de ahí que a San Lázaro se le asocie de manera general con las enfermedades, y específicamente con las afecciones de la piel (lepra y viruelas), con las enfermedades contagiosas (especialmente las venéreas, llamadas actualmente de transmisión sexual) y con las grandes epidemias.

En realidad Babalú-Ayé es un título que significa Padre del mundo, el cual se le daba a Chopono o Chakpata, el terrible orisha de la viruela, cuyo nombre no podía pronunciarse. En los territorios Arará, donde resulta ser el santo más venerado, tiene el aspecto de un inválido, minado por un mal deformante, de piernas retorcidas y espinazo doblado, y es justamente esto lo que hace que en Cuba los paralíticos, los que sufren por deformaciones podálicas, los que tienen daños ortopédicos, o todo aquel que presenta lesiones de los sistemas óseo y muscular le pidan para que los sane de sus dolencias. Esto último justifica la idea tan arraigada de arrastrarse por el suelo hasta hacer sangrar sus piernas y sus pies descalzos durante la peregrinación hacia el templo dedicado a la entidad afrocubana en el santuario conocido como El Rincón, en La Habana.  

Los males relacionados con las enfermedades de transmisión sexual, específicamente aquellas como la sífilis, que siguen un patrón común de daños en la piel, así como la lepra y la viruela, actualmente son infrecuentes en la isla y en numerosos países del mundo a partir de la existencia de programas de salud que han contribuido a su disminución; no obstante, es posible encontrar en la peregrinación hacia El Rincón a algunas personas que, ocultando su verdadero motivo de devoción al santo, le pidan para recuperarse de algún chancro sifilítico o de las terribles secuelas neurológicas de esta enfermedad, así como de alguna deformidad de su rostro originada por la lepra.    

A este santo se le representa vestido de color morado obispo, en tanto que en Umbanda y Candomblé se suele caracterizar a Babalú-Ayé cubierto de unos vestidos de paja, lo que los cubanos transmutaron en saco, y que forma parte de los símbolos que se utilizan como vestimenta en el día de su celebración en Cuba. 

Detengámonos ahora en algunos aspectos relacionados con Babalú-Ayé, nombre que en Yoruba es Obalúayé, cuyo significado es Padre, Señor de la tierra, de ahí su poderío  inconmensurable que lo hace temible en algunas naciones africanas como Nigeria. De manera general en África se lo conocía bajo la denominación de Samponá o Sakpatá, por ser la viruela y la lepra enfermedades mortales. Recordemos su representación bajo el aspecto de un ser enfermo con llagas en su cuerpo.

Se le considera hijo de Naná Burukú, pero en Abomey (África) sus padres son Kehsson y Nyohwe Ananou; aunque otras fuentes atribuyen su nacimiento directamente de Obatalá. Además de las muletas y los perros, sus otros atributos son una campanilla o matraca, instrumentos medievales que tenían que portar los leprosos para anunciar su presencia y la gente se alejara, lo que también demuestra cómo se mezclan elementos procedentes de la tradición cristiana y de las religiones africanas. 

Su culto viene de Dahomey (Benin), donde recibe el nombre de Azojuano (Azowano), Rey de Nupe, territorio de los Tapa. Según la tradición Babalú-Ayé era muy mujeriego y siempre estaba de fiestas hasta que todo el mundo le perdió el respeto, incluida la propia Ochún, que era su mujer, quien lo abandonó. Un Jueves Santo, Orula le advirtió: “Hoy domínate y no andes con mujeres”. Desobedeciendo el consejo de Orúmbila, esa noche se acostó con una de sus amantes y al siguiente día amaneció con el cuerpo todo cubierto de llagas purulentas, lo que sugiere que pudo haberse contagiado con sífilis; aunque la tradición sincrética no lo especifica, quedando las llagas como elemento que lo hace ver como enfermo de la piel sin saberse en realidad con exactitud la patología propiamente dicha.  

 Esto hizo que la gente se apartara de él por temor al contagio y sólo lo seguían algunos perros, a los que les gustaba lamerle las llagas, elemento que pasó al simbolismo actual del venerado santo. Por mucho que suplicó, Olofi se negó a perdonarlo y, al fin, Babalú-Ayé murió. Pero a Ochún le dio lástima y gracias a sus plegarias consiguió que Olofi le devolviera la vida, en lo que se aproxima al relato bíblico narrado por el místico evangelista San Juan, toda vez que Jesús con sus poderes sobrenaturales le devolvió la vida a Lázaro. 

Ahora Babalú-Ayé había pasado por la experiencia del sufrimiento del enfermo, con lo que aprendió la lección y por eso regresó tan caritativo y misericordioso, aspectos que son elementos claves en la adoración al santo que los cubanos idolatran casi como a la virgen en su advocación como la Caridad del Cobre.

De cualquier modo, e independientemente de que se comparta o no la adoración a santos, el sincretismo, la práctica de formas ancestrales de cultos o cualquier otra modalidad en relación con el instinto de religiosidad en los hombres, la festividad de San Lázaro en Cuba constituye un verdadero fenómeno social capaz de movilizar cada año a casi 15,000 hombres que en actitud de sumisión y guiados por su profunda fe acuden a la obligada cita con su santo sanador, y al parecer nada podrá extinguir esa manera tan peculiar de recordar a un Lázaro que adquirió matices peculiares en una nación profundamente religiosa que ha sobrevivido en medio de la adversidad.
  
Lo cierto es que el culto a San Lázaro llegó desde lejanas tierras para quedarse por siempre entre los cubanos. El más grande de los seres que anduvo por nuestra tierra patria afirmó:

“Todo pueblo necesita ser religioso. No sólo lo es esencialmente, sino que por su propia utilidad debe serlo. Es innata la reflexión del espíritu en un ser superior; aunque no hubiera ninguna religión todo hombre sería capaz de inventar una, porque todo hombre la siente. Es útil concebir un GRAN SER ALTO; porque así procuramos llegar, por natural ambición, a su perfección, y para los pueblos es imprescindible afirmar la creencia natural en los premios y castigos y en la existencia de otra vida, porque esto sirve de estímulo a nuestras buenas obras, y de freno a las malas. La moral es la base de una buena religión. La religión es la forma de la creencia natural en Dios y la tendencia natural a investigarlo y reverenciarlo. El ser religioso está entrañado en el ser humano. Un pueblo irreligioso morirá, porque nada en él alimenta la virtud. Las injusticias humanas disgustan de ella; es necesario que la justicia celeste la garantice”. 

Tal vez las sabias palabras de José Martí nos permitan llegar a comprender el porqué de ese fenómeno sociocultural tan sui generis que es la festividad de San Lázaro, la que miles de cubanos celebran cada 17 de diciembre como muestra de su devoción, pero sobre todas las cosas, por esa necesidad de religiosidad que precisa el Apóstol de Cuba.  
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EL OTRO SAN LÁZARO

Por Pedro Pablo Arencibia Cardoso

En el número nueve de la revista «Vitral», correspondiente a los meses de septiembre y octubre de 1995, el Padre Mariano Ruiz responde la pregunta de que si existió un santo mendigo llamado Lázaro. La respuesta, para aquellos que no han podido leer el artículo, es que no consta históricamente la existencia de tal mendigo, pero tampoco se puede afirmar que este nunca existió. A lo anterior el Padre Mariano añade, después de una breve y acertada argumentación, que en el cielo se encuentran infinitos Lázaros similares al mendigo que aparece en el relato de ficcíón, conocido como la parábola del pobre Lázaro y el rico; el cual a arece escrito en Lucas 16,19-31. El sacerdote plantea, al final de su artículo, que el primero de esos Lázaros que brillan en el cielo, es el mismo Cristo Jesús, el cual pasó hambre y sed, cansancio y agonía en su transitar junto a nosotros.

(Parábola: Lázaro y el rico epulón)

El san Lázaro mendigo, es uno de los santos más venerado por nuestro pueblo. Su imagen, extraída muy probablemente del mencionado relato de ficción, está presente en numerosos hogares cubanos; recibiendo su imagen, en algunos casos, un inapropiado culto de adoración que solo debe ser ofrecido a Dios.

En este artículo deseo hablar de otro santo llamado Lázaro, cuya existencia histórica está comprobada y que sin embargo, es ignorado por muchos de los cubanos. Este santo es la única persona, en los escritos bíblicos, por la cual Jesús lloró (Juan 11,35). Jesús lloró por Jerusalén, lloró en el Monte de los Olivos por su suerte y lloró por este amigo amado, el difunto y posteriormente resucitado Lázaro de Betania.

(San Lázaro cuando fue resucitado por Jesús)

Lázaro vivió junto a sus hermanas Marta y María en la aldea de Betania (de ahí su apelativo), hoy llamada El-Azarié, la cual está situada cercana al Monte de los Olivos y de Jerusalén. Su casa fue un lugar frecuentado por Jesús para el descanso y la enseñanza (Lucas 10,38-42). A Jesús lo unía una especial amistad hacia esas tres personas (Juan 11, 3-5), tal es así, que al ver el dolor que había causado la muerte de Lázaro, Jesús se estremecio en espíritu, se conmovió y lloró (Juan 11, 33-36). En el Evangelio de San Juan, en su capítulo 11 se puede leer en detalles todo lo concerniente al pasaje en el cual Lázaro es resucitado.

Después de resucitado, según la Tradición de la Iglesia, Lázaro se convirtió en obispo de Betania y posteriormente de la Isla de Chipre, hasta que finalmente dirigió, por espacio de 30 años, la Diócesis de Marsella. Predicó el Evangelio e hizo sucumbir la idolatría ante la Cruz de Jesucristo. Obró muchos milagros, incluyendo el resucitar muertos, para el bien de su prójimo. Fue torturado y finalmente decapitado por orden de un procónsul romano, convirtiéndose así en un mártir cristiano. Actualmente en Marsella existe una Basílica que lleva su nombre. La devoción hacia San Lázaro en esa gran ciudad es notable.

(San Lázaro con sus hermanas María y Marta)

La iglesia primitiva consideró, desde sus primeros momentos, que los mártires cristianos, al morir, se unían indefectiblemente a Cristo, pues ellos habían dado muestra de una gran fe y del mayor amor que alguien podía tener hacia Cristo. Jesús había dicho que nadie tiene mayor amor que aquel que pone su vida por sus amigos (Juan 15,13). En el Libro del Apocalipsis, escrito alrededor del año 95 d.C., podemos leer versículos que atestiguan la presencia de esta convicción en la iglesia primitiva:

«Cuando el Cordero rompió el quinto sello, vi debajo del altar con vida a los degollados a causa de la palabra de Dios y por haber dado testimonio debido. Y gritaban con voz potente diciendo:

-Señor santo y veraz, ¿cuándo nos harás justicia y vengarás la muerte sangrienta que nos dieron los habitantes de la tierra?.

Se les entregó entonces un vestido blanco a cada uno y se les dijo:

-Aguardad un poco todavía. Aguardad hasta que se complete el número de vuestros compañeros y de vuestros hermanos que, como vosotros, van a ser martirizados.»

Apocalipsis 6, 9-11

Observemos que el lugar donde están los mártires no es el polvoriento y oscuro Seol, del cual se habla en el Antiguo Testamento, sino un lugar muy cerca de Dios. En ese lugar ya ellos participan de la vida inmortal y esperan el final de todos los tiempos para recibir su segunda, completa y definitiva retribución: la resurrección al final de todos los tiempos (resurrección escatológica).

Lázaro de Betania dio su vida por amor a Cristo y a sus hermanos en la fe, Al morir un mártir cristiano, su tumba era visitada por los otros cristianos, los cuales celebraban vigilias y actos litúrgicos en dicho lugar; estas celebraciones se efectuaban también en los aniversarios de su muerte y se hacían, entre otras razones, para conmemorar el paso del mártir hacia la verdadera Vida o sea su verdadero nacimiento, pues ese fue el momento, en que de manera definitiva, se unió a Cristo. El día de celebración de este santo obispo es el 17 de Diciembre.

Algunas personas no entienden el por qué los santos están en altares y se les celebran sus días. Los altares y los días de sus celebraciones no debemos verlos desde un punto de vista estrecho, o sea, erigidos y conmemorados para el santo en sí; debemos verlos erigidos y conme-morados para ese Dios, por el cual y para el cual ese santo vivió y murió.

Con respecto a las potencialidades y posibilidades que tienen los santos que están gozando de la presencia del Señor, y en particular san Lázaro, debo aclarar que lo único que pueden hacer ellos por nosotros es orar ante Dios, al igual que lo hacen en vida muchos de nuestros hermanos a los que les pedimos esa acción. Es cierto que la oración eficaz, o sea insistente, del justo puede mucho, como se puede leer en Santiago 5,16, pero debemos entender que nadie nos puede dar algo que Dios no nos quiera dar. Es frecuente ver personas, que en la práctica, su religiosidad está centrada en los santos. El cristiano verdadero coloca a Cristo como su centro o sea profesa una religión cristocéntrica. La religión en la que en la práctica las figuras centrales son los santos, no es una religión cristiana sino santera como en más de una ocasión han expuesto en sus homilías el señor obispo y nuestro cura párroco. En el artículo «Dioses e ídolos», publicado en el número diez de «Vitral», expongo otros elementos relacionados con lo planteado anteriormente.

(Basílica de San Lázaro, Marsella, Francia)

Deseo mostrar una oración en la cual se muestran correctamente varios de los elementos esenciales, que debemos conocer y tener en consideración en nuestra relación con los santos. La oración se copió de un material correspondiente a una novena al obispo san Lázaro, la cual se efectuó en diciembre de 1926. El material nos fue gentilmente brindado por la Sra. Gloria Álamo la cual ha sido una celosa depositaria que ha cuidado con mucho amor, y durante muchos años, documentos religiosos que un día pertenecieron a familiares ya fallecidos. La oración posee la correspondiente Licencia Eclesiástica.

«Omnipotente y sempiterno Dios, que con un solo Fíat creasteis el mundo de la nada, cuya mirada diste de hermosura al universo, cuyo contacto conmueve los ejes del globo terrestre, cuyo poder da vista a los ciegos, habla a los mudos, oído a los sordos, salud a los enfermos y vida a los muertos, mostrad, Señor mostrad la grandeza de vuestro infinito dominio sobre cuanto existe, honrando a vuestro Siervo San Lázaro con milagros que confirmen siempre su gran fama de santidad con que vivió y murió en el mundo.

Esta gracia os pido por los méritos de Jesucristo que con vos vive y reina por los siglos de los siglos. Amén. »

En la oración se destaca la preeminencia de Dios, y en particular, muestra quién es el verdadero autor de los milagros: Dios; así como el por qué Dios concede milagros en nombre de un determinado santo: confirmarnos la santidad del santo y con esto demostrarnos que nosotros, simples mortales, podemos llegar a la santidad. También muestra que esas gracias o regalos se piden no por los méritos del santo en cuestión, sino por los méritos acumulados por Jesucristo hombre (también verdadero Dios), único Mediador entre Dios y los hombres según se lee en 1-Timoteo 2, 5.

Deseo plantear, antes de pasar a otro ángulo del presente trabajo, que la celebración de novenas en nuestra Iglesia Católica tiene su origen en los nueve días que estuvieron orando en el aposento alto los apóstoles, la Virgen María y otros después de la Ascensión de Cristo y hasta la llegada del Espíritu Santo en el día de Pentecostés. Los nueve días se pueden inferir de: Hechos 1, 3-9; 1, 12-14; 2, 1-4 y de las características de la Fiesta de las Siete Semanas (o Fiesta de la Primera Gavilla) que aparecen en los libros Levítico y Deuteronomio.

Continuando con nuestro tema central diré que en Cuba, al igual que en otros países, algunos de los santos católicos han sido utilizados para esconder deidades (o sea divinidades o dioses) de otras religiones como por ejemplo la religión Yoruba-Lucumí. La razón de esto y en general del mimetismo coyuntural (más que sincretismo religioso) que tomaron esas religiones fueron las condiciones sociales y religiosas a las que fueron sometidos en América los esclavos negros procedentes del continente africano. Entre esas condiciones estaban la prohibición de la práctica de sus religiones paganas y la imposición del catolicismo. Una de las divinidades africanas que se escondieron bajo el ropaje de un santo católico fue Babalú-Ayé al que asociaron con san Lázaro. Para conocer a cuál san Lázaro lo asociaron debemos tener en cuenta, que el criterio utilizado para asociar el santo cristiano correspondiente, era su apariencia externa con la divinidad pagana y no su vida o personalidad. El antecedente de Babalú-Ayé era una divinidad africana que era temida de tal manera, que su nombre prácticamente no se pronunciaba. Esa divinidad había padecido viruelas, otras fuentes plantean que sífilis por la vida de jolgorio y mujeres que llevó cuando eran joven, y llevaba las huellas de esa enfermedad en su cuerpo; de esto último podemos inferir que el san Lázaro asociado a Babalú-Ayé es el san Lázaro mendigo.

(San Lázaro, el de las muletas)

Muchas personas del pueblo cubano atribuyen curaciones milagrosas a este ambiguo san Lázaro-Babalú-Ayé, que es capaz, según la creencia popular, de enviar desgracias a todo aquel que incumple sus promesas hacia él, algo inconcebible en un santo cristiano, pues el Amor es el lazo más íntimo que lo une con Dios y le hace partícipe de la vida divina. En el artículo «Inmortalidad y Salvación» que se publicará próximamente, profundizo en el papel fundamental que juega el Amor en nuestra salvación.

Muchos cristianos plantean que es satánico el origen de las sanaciones que se producen de vez en cuando, pero muchas menos veces que las esperadas, en personas que han visitado determinados lugares donde se práctica el paganismo o la idolatría. En la Biblia se condena la idolatría y la visita a los lugares donde ella se practica, así como las consultas a muertos:

« Que no haya en medio de ti nadie que haga pasar a su hijo por el fuego que no haya adivinos, ni nadie que consulte a los astros, ni hechiceros, que no se halle a nadie que practique encantamientos o consulte los espíritus, que no se halle ningún adivino o quien pregunte a los muertos.»

Deuteronomio 18, 10-12

«¿No saben, que los injustos no heredarán el Reino de Dios?

No se engañen: no heredarán el Reino de Dios los que tienen relaciones sexuales prohibidas, ni los que adoran a los ídolos, ni los adúlteros, ni los homosexuales de toda clase, ni los ladrones, ni los explotadores, ni los borrachos, ni los chismosos, ni los estafadores. »

1 Corintios 6, 9-1 0

Sin embargo, podemos caer en el pecado imperdonable que se plantea en Mateo 12, 22-32 al evaluar de satánicas la totalidad de esas curaciones, pues en algunas de ellas puede estar presente la obra del Espíritu Santo. Un pasaje bíblico que nos ayudará a comprender lo anteriormente planteado es el pasaje del paralítico de la piscina de Betesdá (Juan 5, 1-15).

La piscina de Betesdá, según datos históricos hallados en recientes excavaciones, era un lugar pagano donde se decía que el dios Esculapio curaba de cuando en cuando a enfermos que iban buscando su curación. Los judíos desde su fe explicaban esas curaciones mediante la intervención de un ángel. Cristo visitó ese lugar pagano y curó allí a un paralítico sin temer que lo tildaran de pagano o que dijeran que esa curación en un lugar pagano favorecía al paganismo; la misericordia de Dios se impuso.

Cristo en el momento de hacer el milagro no se dio a conocer al paralítico (Juan 5, 12-13), por lo cual el paralítico y el resto de los ahí presentes podían pensar, entre otras cosas, que fue la intervención del dios Esculapio o del ángel la que produjo el milagro. Cristo, como siempre, no le exigió nada al paralítico para hacer el milagro ni por haberlo realizado, solamente le dijo toma tu lecho y anda; dejó a la decisión del paralítico el escoger quién había sido el hacedor del milagro. El hombre escogió acertadamente y se dirigió al templo a darle gracias a Dios, el único autor del milagro, no le dio gracias al ángel ni al dios Esculapio. Fue precisamente en ese momento que ocurre el segundo encuentro del paralítico, ya sanado, con Jesús; en esa oportunidad Jesús le dio el mandato que no volviera a pecar, refiriéndose muy probablemente al hecho de que quizás en el futuro el antiguo paralítico quisiera, por alguna otra razón, visitara nuevamente ese lugar pagano y «milagrero»; Jesús le explicó la razón de ese mandato: «no sea que te suceda algo peor». Todos los cristianos sabemos que lo peor que nos puede suceder es que nos apartemos de la gracia de Dios, el cual se nos dio a conocer plenamente en la persona de su hijo Cristo Jesús. En ese segundo encuentro hubo algo más importante que la curación de un enfermo; estuvo presente el problema concerniente a la salvación de su alma.

Muchas de las personas que visitan lugares paganos argumentan que ellas no se apartan de Dios, porque ellas siguen creyendo en Dios y saben que sin Él, no se puede hacer nada. El apartarse de Dios no es solamente desconocer o ignorar a Dios y su poder, es también no sentirlo como lo más cercano a nosotros y a nuestras vidas (Mateo 22, 37-38).

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Bibliografía
La Biblia (Latinoamérica), Edición Pastoral, Editorial Verbo Divino, Navarra, España, 1972.
Novena al Glorioso San Lázaro, Imp. Avisador Comercial, La Habana, Cuba, 1926.
Álvarez A. y Porbén P.P., Sincretismo Popular... Mimetismo Coyuntural, Revista Vitral No. 7, Centro Católico para la Formación Cívica y Religiosa, Diócesis de P. del Río. Cuba, 1995
Arencibia Pedro P., Dioses e ídolos, Revista Vitral No. 10, Centro Católico para la Formación Cívica y Religiosa, Diócesis de P. del Río. Cuba, 1995
Nuevo Diccionario de Espiritualidad, De Fiores S., Goffi T., Guerra A., Ediciones Paulinas, Madrid, España, 1985


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Un Café con Pinelli (Celebrando a San Lázaro) [Martes Diciembre 17, 2019]

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