Es un blog diario digital conformado con los artículos, opiniones, ensayos, etc. del Catedrático universitario Lic. Pedro Pablo Arencibia Cardoso sobre diferentes temáticas de la problemática cubana, actual e histórica, así como por noticias y artículos de otros autores que se consideran de gran interés para profundizar en la realidad cubana.
jueves, mayo 15, 2025
Esteban Fernández Roig: sobre costumbres cubanas: LAS VISITAS
En Cuba, en mi hogar, cuando llegaba de improviso una visita, se apagaba el televisor inmediatamente.
Si la visita había sido anunciada y se esperaba entonces ya era recibida con el televisor apagado.
Pero, aquí la movida es diferente: Hace años fui a visitar una buena amiga, que hacía 40 años no veía, y -durante la hora que estuve allí- ella no se perdió ni un segundo de ver “María la del barrio” con Thalía.
Allá en Güines -hasta cuando una tía nos visitaba- mi madre me hacía correr a la bodega de Márquez para que le trajera café Pilón y la contra de azúcar.
Durante un cumpleaños mío mi madre separó un trozo grande del “cake” y me dijo “Esto no lo toques, es para las visitas”…
Habían vasos, platos, utensilios y hasta toallas, que yo sabía no podía usar y que eran reservadas para las visitas.
Habían visitas que llegaban “a pegar la gorra” cerca de las doce del día, papi invariablemente se reía y le decía a mi madre: “Ana llegó un “paracaidista” échale más agua a la sopa”…
Había un dicho muy popular -que escuché 20 veces a la hora de almuerzo- que decía : “No te preocupes, Estebita, que donde come uno comen tres”…
Hasta cuando llegó el televisor a mi casa, y sala se llenaba de televidentes - algunos hasta desconocidos- mi madre los seguía considerando “visita” y se pasaba las tardes y hasta las once de la noche sirviéndoles limonadas, vasos de agua y café.
Todavía mi madre tenía la cortesía de decirme: “Estebita siéntate en el suelo con los demás niño, tú sabes que los sillones son para las visitas”…
Pero, es justo decir que las visitas reciprocaban siendo súper respetuosas, nadie pasaba de la sala y el comedor, nadie entraba en nuestros dormitorios, y jamás nadie abría el refrigerador y se servía un vaso de refresco.
Una vez llegó de visita el Primer Ministro Manuel Antonio de Varona y todo en mi casa era nuevo de paquete para recibir al distinguido visitante, hasta el papel higiénico me parecía que era mas bonito y de mejor calidad. El famoso político sólo estuvo media hora de visita y no entró al baño…
Mis padres, mi hermano y yo estábamos muy serios y apesadumbrados porque “Tony”nos hizo el desaire no utilizar nuestra inmaculada taza del inodoro.
Un pino gigante da luz a la oscuridad de #LaHabana y los cubanos se lo toman como su primer árbol de Navidad. El Gobierno de la capital se apresura a apagar el entusiasmo aclarando que se trata de un 'árbol de la amistad Cuba-Italia'.
El pino está ubicado en el parque de la calle Galiano, entre San Miguel y San Rafael, Centro Habana.
Fin de año en Cuba: ¿La primera decoración navideña pública en más de 60 años?
Cuba, de tener el árbol de Navidad más grande del mundo, a una mínima celebración
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En 1957 llegó, procedente de Canadá, un árbol de 20,73 metros de altura. Llamado por los cubanos "el árbol de siete pisos", fue instalado a la entrada del reparto capitalino Fontanar
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Cubanet
17 de diciembre,2022
MADRID, España.- El 17 de diciembre de 1957 fue instalado un gran árbol de Navidad procedente de Canadá en el reparto Fontanar, del municipio capitalino Boyeros; barrio inaugurado el año antes y que vivía un momento de esplendor.
Con una altura de 20,73 metros, y 22, 56 metros contando la estrella lumínica en su punta, fue considerado el árbol de Navidad más grande del mundo en ese momento.
El pino Spruce, conocido también como Canadian Red Wood, pesaba cuatro toneladas y su tronco era de 30 pulgadas. Había sido sembrado en la provincia canadiense de Nueva Escocia en 1740, por lo que tenía 220 años de antigüedad. Para su iluminación se utilizaron 4 000 esferas de luces conectadas por 9 000 metros de cablería eléctrica; y junto a él se colocaba la Fuente de los Angelitos Negros.
La llegada del árbol al puerto de La Habana acaparó los titulares de la prensa de la época y la atención de los cubanos, que comenzaron a llamarlo “el árbol de siete pisos”.
Este árbol fue instalado durante tres navidades seguidas, entre el 17 de diciembre y el 6 de enero, Día de Reyes, a la entrada de Fontanar. La tradición terminó en 1961, tras la llegada de Fidel Castro al poder.
La Navidad en la Isla fue suspendida oficialmente en el año 1969, y no volvió a ser permitida hasta 1997. No obstante, la Navidad que celebran los cubanos actualmente nada tiene que ver con la celebrada en gran parte del mundo. A duras penas los cubanos logran conseguir los alimentos para la cena de esa noche; nada de soñar con árboles gigantes, y muchos menos con luces.
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¡NAVIDAD! ¡Cuando Cuba era Libre!
Por Armando López
23 diciembre 2020
¡NAVIDAD! ¡En Cuba Libre! En La Habana, cinéticas campanas lumínicas, de acera a acera, hacían la noche día, y dejaban escuchar tiernas melodías navideñas. Las vidrieras exhibían el pesebre con el niño Jesús y los Reyes Magos, mientras la radio entremezclaba villancicos guarachas y sones. La capital de Cuba, siempre llena de turistas, en la gran fiesta se desbordaba. Conseguir un cuarto de hotel: era suerte. Los mercados hervían, los pregones tomaban las calles.
En víspera de Nochebuena, las mujeres adobaban el puerco que los hombres asaban en la noche a fuego lento. Las abuelas cocinaban guineos y guanajos en fricasé con aceitunas y alcaparras, herencia de antepasados moros. En el campo, el puerco se asaba en puya, haciéndolo girar sobre la candela, sazonándolo con hojas de guayaba. No faltaban en la comelancia los dátiles y turrones heredados de España, ni los frijoles negros bautizados con miel, herencia de África, o los buñuelos de yuca que nos legaron los taínos. La Nochebuena sincretizaba los sabores de una nación crecida a golpes de látigo, tambores y bandurria.
, solares y bohíos vestían sus mejores galas: el arbolito brillaba sobre el niño Jesús en el pesebre, y a su alrededor, enmarcándolo, María, José, los Reyes Magos, y las carticas de los niños, donde pedían juguetes, que algunos no recibirían.
Los mayores se sentaban en una larga mesa. Los muchachos aparte, para que mortificaran menos. “En mi casa nos reunimos 12”. “Pues en la mía éramos 40”. Cada cubano alardeaba del tamaño de su familia, de los que vinieron de lejos.
El fiestón comenzaba el 23 de diciembre, seguía en La Nochebuena del 24, en el almuerzo montería del 25 (con lo que sobraba de la cena), continuaba en la espera del Año Nuevo, donde creyentes y ateos (por si acaso), arrojaban el cubo de agua a la calle para que se llevara lo malo, y culminaba el 6 de enero, con Gaspar, Melchor y Baltazar.
La Nochebuena era la zafra de los vendedores de vinos españoles, de las rojas manzanas venidas del norte (que muchos ofrecerían a Santa Bárbara), de los curas que pasaban el cepillo en las iglesias, de la bullanguera vitrola en la bodega de cada esquina.
Era la fiesta en que regresaba el hijo pródigo, la tía fea, los primos lejanos, donde el abuelo dejaba que los nietos hiciéramos lo que nos diera la gana, y las mujeres, por beatas que fueran, tomaban hasta hacer chistes verdes y sonrojar a sus maridos…
Algunos iban a la Misa del Gallo, a medianoche del 24, para celebrar el nacimiento de Cristo. Pero la noche siguiente, cuando ya el niño Jesús sonreía, los cubanos salían a bailar a las sociedades (Tennis y Liceos, los blancos), al Gran Maceo (los mulatos), a La Bella Unión (los negros), a los cabarés los faranduleros, a los bateyes de los centrales los campesinos.
En la Navidad de 1959, la mayoría de los cubanos celebraron la tradición y la esperanza de un futuro mejor. La Nochebuena, Fidel la pasó con los carboneros de la Ciénaga de Zapata y en la Plaza de la Revolución hubo una cena gigante para los fidelistas, que entonces eran la gran mayoría de los cubanos. Ya Santa Claus comenzaba a ser popular. La televisión lo usaba en sus comerciales y, almohada por barriga, barba truco, gorrita con pompón, tocaba campanitas en los portales de 23 y L, en el Vedado, la esquina que la sensual del cine italiano Silvana Pampanini, llamó “la más caliente del mundo”, después de dormirse al Comandante.
Pero Fidel, empeñado en eliminar al anglosajón Santa, pretendió sustituirlo por Feliciano, un personaje de guayabera, sombrero de guano y barba, que la gente no tragó… Ya el Comandante comenzaba a transgredir nuestras tradiciones, o peor, a creerse nacido en el pesebre. En las Navidades de 1960, con el título de Jesús del bohío, en la marquesina de CMQ Televisión, instalaron tres insólitos reyes magos, Fidel, El Che y Juan Almeida, que traían como regalos la Reforma Agraria y la Reforma Urbana.
En 1962, la libreta de abastecimientos no contempló arbolitos de Navidad, ni guirnaldas de colores, ni estrellas de Belén, ni niño Jesús de yeso, ni turrones. Las sociedades donde los cubanos bailaban fueron nacionalizadas. La religión fue considerada contrarrevolución.
Las fiestas navideñas fueron prohibidas por decreto oficial en 1969, con la excusa de ser un estorbo a la zafra de los 10 millones que no fueron. Los cubanos debían tener las manos libres, no para asar el puerco, sino para cortar caña. Por décadas, con las ventanas cerradas, algunas familias, con lo que forrajeaban en el mercado negro, pretendieron continuar la tradición navideña, pero con una Nochebuena apagada por los temores al CDR, por el éxodo de padres, hijos, tíos, primos, entristecida por las lágrimas de ausencia.
En la Isla, el niño Jesús y los magos Gaspar, Melchor y Baltazar, serían expulsados de la iconografía de la Revolución. El Día de Reyes se sustituiría por El Día de los niños (1974), cada tercer domingo de Julio. Los niños cubanos crecerían con un juguete básico al año, y los harían jurar: “Seremos como el Che”. El Año Nuevo dejó de celebrarse para festejar el triunfo de la Revolución.
La caída de la Unión Soviética obligó al régimen a hacer concesiones (1991).
Con la visita del Papa Juan Pablo II a la Isla (1998), el gobierno colgó un enorme corazón de Jesús en la Plaza de la Revolución y autorizó a celebrar la Navidad. En hoteles y cines volvieron los arbolitos para turistas; en iglesias, como la catedral de La Habana, sacaron el pesebre con el niño Jesús a la calle.
Hoy, los cubanos retoman a medias la gran fiesta, a medias, porque Nochebuena, Navidad y Año Nuevo son alegría de la familia reunida, y la nación cubana está dividida: los de la Isla y los errantes por el mundo. Sólo en libertad, en democracia, en el reencuentro, habrá verdadera Navidad
¡La NAVIDAD cuando Cuba era Libre!. Cuba, tuvo en 1957 en el Reparto Fontanar el árbol de Navidad más grande del mundo. Video Las Mejores Canciones De Navidad
Cuba, de tener el árbol de Navidad más grande del mundo, a una mínima celebración
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En 1957 llegó, procedente de Canadá, un árbol de 20,73 metros de altura. Llamado por los cubanos "el árbol de siete pisos", fue instalado a la entrada del reparto capitalino Fontanar
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Cubanet
17 de diciembre,2022
MADRID, España.- El 17 de diciembre de 1957 fue instalado un gran árbol de Navidad procedente de Canadá en el reparto Fontanar, del municipio capitalino Boyeros; barrio inaugurado el año antes y que vivía un momento de esplendor.
Con una altura de 20,73 metros, y 22, 56 metros contando la estrella lumínica en su punta, fue considerado el árbol de Navidad más grande del mundo en ese momento.
El pino Spruce, conocido también como Canadian Red Wood, pesaba cuatro toneladas y su tronco era de 30 pulgadas. Había sido sembrado en la provincia canadiense de Nueva Escocia en 1740, por lo que tenía 220 años de antigüedad. Para su iluminación se utilizaron 4 000 esferas de luces conectadas por 9 000 metros de cablería eléctrica; y junto a él se colocaba la Fuente de los Angelitos Negros.
La llegada del árbol al puerto de La Habana acaparó los titulares de la prensa de la época y la atención de los cubanos, que comenzaron a llamarlo “el árbol de siete pisos”.
Este árbol fue instalado durante tres navidades seguidas, entre el 17 de diciembre y el 6 de enero, Día de Reyes, a la entrada de Fontanar. La tradición terminó en 1961, tras la llegada de Fidel Castro al poder.
La Navidad en la Isla fue suspendida oficialmente en el año 1969, y no volvió a ser permitida hasta 1997. No obstante, la Navidad que celebran los cubanos actualmente nada tiene que ver con la celebrada en gran parte del mundo. A duras penas los cubanos logran conseguir los alimentos para la cena de esa noche; nada de soñar con árboles gigantes, y muchos menos con luces.
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¡NAVIDAD! ¡Cuando Cuba era Libre!
Por Armando López
23 diciembre 2020
¡NAVIDAD! ¡En Cuba Libre! En La Habana, cinéticas campanas lumínicas, de acera a acera, hacían la noche día, y dejaban escuchar tiernas melodías navideñas. Las vidrieras exhibían el pesebre con el niño Jesús y los Reyes Magos, mientras la radio entremezclaba villancicos guarachas y sones. La capital de Cuba, siempre llena de turistas, en la gran fiesta se desbordaba. Conseguir un cuarto de hotel: era suerte. Los mercados hervían, los pregones tomaban las calles.
En víspera de Nochebuena, las mujeres adobaban el puerco que los hombres asaban en la noche a fuego lento. Las abuelas cocinaban guineos y guanajos en fricasé con aceitunas y alcaparras, herencia de antepasados moros. En el campo, el puerco se asaba en puya, haciéndolo girar sobre la candela, sazonándolo con hojas de guayaba. No faltaban en la comelancia los dátiles y turrones heredados de España, ni los frijoles negros bautizados con miel, herencia de África, o los buñuelos de yuca que nos legaron los taínos. La Nochebuena sincretizaba los sabores de una nación crecida a golpes de látigo, tambores y bandurria.
, solares y bohíos vestían sus mejores galas: el arbolito brillaba sobre el niño Jesús en el pesebre, y a su alrededor, enmarcándolo, María, José, los Reyes Magos, y las carticas de los niños, donde pedían juguetes, que algunos no recibirían.
Los mayores se sentaban en una larga mesa. Los muchachos aparte, para que mortificaran menos. “En mi casa nos reunimos 12”. “Pues en la mía éramos 40”. Cada cubano alardeaba del tamaño de su familia, de los que vinieron de lejos.
El fiestón comenzaba el 23 de diciembre, seguía en La Nochebuena del 24, en el almuerzo montería del 25 (con lo que sobraba de la cena), continuaba en la espera del Año Nuevo, donde creyentes y ateos (por si acaso), arrojaban el cubo de agua a la calle para que se llevara lo malo, y culminaba el 6 de enero, con Gaspar, Melchor y Baltazar.
La Nochebuena era la zafra de los vendedores de vinos españoles, de las rojas manzanas venidas del norte (que muchos ofrecerían a Santa Bárbara), de los curas que pasaban el cepillo en las iglesias, de la bullanguera vitrola en la bodega de cada esquina.
Era la fiesta en que regresaba el hijo pródigo, la tía fea, los primos lejanos, donde el abuelo dejaba que los nietos hiciéramos lo que nos diera la gana, y las mujeres, por beatas que fueran, tomaban hasta hacer chistes verdes y sonrojar a sus maridos…
Algunos iban a la Misa del Gallo, a medianoche del 24, para celebrar el nacimiento de Cristo. Pero la noche siguiente, cuando ya el niño Jesús sonreía, los cubanos salían a bailar a las sociedades (Tennis y Liceos, los blancos), al Gran Maceo (los mulatos), a La Bella Unión (los negros), a los cabarés los faranduleros, a los bateyes de los centrales los campesinos.
En la Navidad de 1959, la mayoría de los cubanos celebraron la tradición y la esperanza de un futuro mejor. La Nochebuena, Fidel la pasó con los carboneros de la Ciénaga de Zapata y en la Plaza de la Revolución hubo una cena gigante para los fidelistas, que entonces eran la gran mayoría de los cubanos. Ya Santa Claus comenzaba a ser popular. La televisión lo usaba en sus comerciales y, almohada por barriga, barba truco, gorrita con pompón, tocaba campanitas en los portales de 23 y L, en el Vedado, la esquina que la sensual del cine italiano Silvana Pampanini, llamó “la más caliente del mundo”, después de dormirse al Comandante.
Pero Fidel, empeñado en eliminar al anglosajón Santa, pretendió sustituirlo por Feliciano, un personaje de guayabera, sombrero de guano y barba, que la gente no tragó… Ya el Comandante comenzaba a transgredir nuestras tradiciones, o peor, a creerse nacido en el pesebre. En las Navidades de 1960, con el título de Jesús del bohío, en la marquesina de CMQ Televisión, instalaron tres insólitos reyes magos, Fidel, El Che y Juan Almeida, que traían como regalos la Reforma Agraria y la Reforma Urbana.
En 1962, la libreta de abastecimientos no contempló arbolitos de Navidad, ni guirnaldas de colores, ni estrellas de Belén, ni niño Jesús de yeso, ni turrones. Las sociedades donde los cubanos bailaban fueron nacionalizadas. La religión fue considerada contrarrevolución.
Las fiestas navideñas fueron prohibidas por decreto oficial en 1969, con la excusa de ser un estorbo a la zafra de los 10 millones que no fueron. Los cubanos debían tener las manos libres, no para asar el puerco, sino para cortar caña. Por décadas, con las ventanas cerradas, algunas familias, con lo que forrajeaban en el mercado negro, pretendieron continuar la tradición navideña, pero con una Nochebuena apagada por los temores al CDR, por el éxodo de padres, hijos, tíos, primos, entristecida por las lágrimas de ausencia.
En la Isla, el niño Jesús y los magos Gaspar, Melchor y Baltazar, serían expulsados de la iconografía de la Revolución. El Día de Reyes se sustituiría por El Día de los niños (1974), cada tercer domingo de Julio. Los niños cubanos crecerían con un juguete básico al año, y los harían jurar: “Seremos como el Che”. El Año Nuevo dejó de celebrarse para festejar el triunfo de la Revolución.
La caída de la Unión Soviética obligó al régimen a hacer concesiones (1991).
Con la visita del Papa Juan Pablo II a la Isla (1998), el gobierno colgó un enorme corazón de Jesús en la Plaza de la Revolución y autorizó a celebrar la Navidad. En hoteles y cines volvieron los arbolitos para turistas; en iglesias, como la catedral de La Habana, sacaron el pesebre con el niño Jesús a la calle.
Hoy, los cubanos retoman a medias la gran fiesta, a medias, porque Nochebuena, Navidad y Año Nuevo son alegría de la familia reunida, y la nación cubana está dividida: los de la Isla y los errantes por el mundo. Sólo en libertad, en democracia, en el reencuentro, habrá verdadera Navidad
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#helenefischer
Helene Fischer | Feliz Navidad (Live aus der Hofburg Wien)
Un pino gigante da luz a la oscuridad de #LaHabana y los cubanos se lo toman como su primer árbol de Navidad. El Gobierno de la capital se apresura a apagar el entusiasmo aclarando que se trata de un 'árbol de la amistad Cuba-Italia'.
El pino está ubicado en el parque de la calle Galiano, entre San Miguel y San Rafael, Centro Habana.
Fin de año en Cuba: ¿La primera decoración navideña pública en más de 60 años?
Cuba, de tener el árbol de Navidad más grande del mundo, a una mínima celebración
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En 1957 llegó, procedente de Canadá, un árbol de 20,73 metros de altura. Llamado por los cubanos "el árbol de siete pisos", fue instalado a la entrada del reparto capitalino Fontanar
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Cubanet
17 de diciembre,2022
MADRID, España.- El 17 de diciembre de 1957 fue instalado un gran árbol de Navidad procedente de Canadá en el reparto Fontanar, del municipio capitalino Boyeros; barrio inaugurado el año antes y que vivía un momento de esplendor.
Con una altura de 20,73 metros, y 22, 56 metros contando la estrella lumínica en su punta, fue considerado el árbol de Navidad más grande del mundo en ese momento.
El pino Spruce, conocido también como Canadian Red Wood, pesaba cuatro toneladas y su tronco era de 30 pulgadas. Había sido sembrado en la provincia canadiense de Nueva Escocia en 1740, por lo que tenía 220 años de antigüedad. Para su iluminación se utilizaron 4 000 esferas de luces conectadas por 9 000 metros de cablería eléctrica; y junto a él se colocaba la Fuente de los Angelitos Negros.
La llegada del árbol al puerto de La Habana acaparó los titulares de la prensa de la época y la atención de los cubanos, que comenzaron a llamarlo “el árbol de siete pisos”.
Este árbol fue instalado durante tres navidades seguidas, entre el 17 de diciembre y el 6 de enero, Día de Reyes, a la entrada de Fontanar. La tradición terminó en 1961, tras la llegada de Fidel Castro al poder.
La Navidad en la Isla fue suspendida oficialmente en el año 1969, y no volvió a ser permitida hasta 1997. No obstante, la Navidad que celebran los cubanos actualmente nada tiene que ver con la celebrada en gran parte del mundo. A duras penas los cubanos logran conseguir los alimentos para la cena de esa noche; nada de soñar con árboles gigantes, y muchos menos con luces.
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¡NAVIDAD! ¡Cuando Cuba era Libre!
Por Armando López
23 diciembre 2020
¡NAVIDAD! ¡En Cuba Libre! En La Habana, cinéticas campanas lumínicas, de acera a acera, hacían la noche día, y dejaban escuchar tiernas melodías navideñas. Las vidrieras exhibían el pesebre con el niño Jesús y los Reyes Magos, mientras la radio entremezclaba villancicos guarachas y sones. La capital de Cuba, siempre llena de turistas, en la gran fiesta se desbordaba. Conseguir un cuarto de hotel: era suerte. Los mercados hervían, los pregones tomaban las calles.
En víspera de Nochebuena, las mujeres adobaban el puerco que los hombres asaban en la noche a fuego lento. Las abuelas cocinaban guineos y guanajos en fricasé con aceitunas y alcaparras, herencia de antepasados moros. En el campo, el puerco se asaba en puya, haciéndolo girar sobre la candela, sazonándolo con hojas de guayaba. No faltaban en la comelancia los dátiles y turrones heredados de España, ni los frijoles negros bautizados con miel, herencia de África, o los buñuelos de yuca que nos legaron los taínos. La Nochebuena sincretizaba los sabores de una nación crecida a golpes de látigo, tambores y bandurria.
, solares y bohíos vestían sus mejores galas: el arbolito brillaba sobre el niño Jesús en el pesebre, y a su alrededor, enmarcándolo, María, José, los Reyes Magos, y las carticas de los niños, donde pedían juguetes, que algunos no recibirían.
Los mayores se sentaban en una larga mesa. Los muchachos aparte, para que mortificaran menos. “En mi casa nos reunimos 12”. “Pues en la mía éramos 40”. Cada cubano alardeaba del tamaño de su familia, de los que vinieron de lejos.
El fiestón comenzaba el 23 de diciembre, seguía en La Nochebuena del 24, en el almuerzo montería del 25 (con lo que sobraba de la cena), continuaba en la espera del Año Nuevo, donde creyentes y ateos (por si acaso), arrojaban el cubo de agua a la calle para que se llevara lo malo, y culminaba el 6 de enero, con Gaspar, Melchor y Baltazar.
La Nochebuena era la zafra de los vendedores de vinos españoles, de las rojas manzanas venidas del norte (que muchos ofrecerían a Santa Bárbara), de los curas que pasaban el cepillo en las iglesias, de la bullanguera vitrola en la bodega de cada esquina.
Era la fiesta en que regresaba el hijo pródigo, la tía fea, los primos lejanos, donde el abuelo dejaba que los nietos hiciéramos lo que nos diera la gana, y las mujeres, por beatas que fueran, tomaban hasta hacer chistes verdes y sonrojar a sus maridos…
Algunos iban a la Misa del Gallo, a medianoche del 24, para celebrar el nacimiento de Cristo. Pero la noche siguiente, cuando ya el niño Jesús sonreía, los cubanos salían a bailar a las sociedades (Tennis y Liceos, los blancos), al Gran Maceo (los mulatos), a La Bella Unión (los negros), a los cabarés los faranduleros, a los bateyes de los centrales los campesinos.
En la Navidad de 1959, la mayoría de los cubanos celebraron la tradición y la esperanza de un futuro mejor. La Nochebuena, Fidel la pasó con los carboneros de la Ciénaga de Zapata y en la Plaza de la Revolución hubo una cena gigante para los fidelistas, que entonces eran la gran mayoría de los cubanos. Ya Santa Claus comenzaba a ser popular. La televisión lo usaba en sus comerciales y, almohada por barriga, barba truco, gorrita con pompón, tocaba campanitas en los portales de 23 y L, en el Vedado, la esquina que la sensual del cine italiano Silvana Pampanini, llamó “la más caliente del mundo”, después de dormirse al Comandante.
Pero Fidel, empeñado en eliminar al anglosajón Santa, pretendió sustituirlo por Feliciano, un personaje de guayabera, sombrero de guano y barba, que la gente no tragó… Ya el Comandante comenzaba a transgredir nuestras tradiciones, o peor, a creerse nacido en el pesebre. En las Navidades de 1960, con el título de Jesús del bohío, en la marquesina de CMQ Televisión, instalaron tres insólitos reyes magos, Fidel, El Che y Juan Almeida, que traían como regalos la Reforma Agraria y la Reforma Urbana.
En 1962, la libreta de abastecimientos no contempló arbolitos de Navidad, ni guirnaldas de colores, ni estrellas de Belén, ni niño Jesús de yeso, ni turrones. Las sociedades donde los cubanos bailaban fueron nacionalizadas. La religión fue considerada contrarrevolución.
Las fiestas navideñas fueron prohibidas por decreto oficial en 1969, con la excusa de ser un estorbo a la zafra de los 10 millones que no fueron. Los cubanos debían tener las manos libres, no para asar el puerco, sino para cortar caña. Por décadas, con las ventanas cerradas, algunas familias, con lo que forrajeaban en el mercado negro, pretendieron continuar la tradición navideña, pero con una Nochebuena apagada por los temores al CDR, por el éxodo de padres, hijos, tíos, primos, entristecida por las lágrimas de ausencia.
En la Isla, el niño Jesús y los magos Gaspar, Melchor y Baltazar, serían expulsados de la iconografía de la Revolución. El Día de Reyes se sustituiría por El Día de los niños (1974), cada tercer domingo de Julio. Los niños cubanos crecerían con un juguete básico al año, y los harían jurar: “Seremos como el Che”. El Año Nuevo dejó de celebrarse para festejar el triunfo de la Revolución.
La caída de la Unión Soviética obligó al régimen a hacer concesiones (1991).
Con la visita del Papa Juan Pablo II a la Isla (1998), el gobierno colgó un enorme corazón de Jesús en la Plaza de la Revolución y autorizó a celebrar la Navidad. En hoteles y cines volvieron los arbolitos para turistas; en iglesias, como la catedral de La Habana, sacaron el pesebre con el niño Jesús a la calle.
Hoy, los cubanos retoman a medias la gran fiesta, a medias, porque Nochebuena, Navidad y Año Nuevo son alegría de la familia reunida, y la nación cubana está dividida: los de la Isla y los errantes por el mundo. Sólo en libertad, en democracia, en el reencuentro, habrá verdadera Navidad
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Grabación (probablemente de la década de 1950) de villancicos españoles, cubanos e internacionales por un coro de madrigalistas de Cuba y el entonces famoso cantante Fernando Albuerne.
Uso de esta música sin fines de lucro y con pleno reconocimiento de los correspondientes derechos de autor.
Navidad: villancicos cubanos (década de los años 1950)
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#helenefischer
Helene Fischer | Feliz Navidad (Live aus der Hofburg Wien)
Me gusta escuchar el trinar de un sinsonte en la baranda de un balcón lleno de orquídeas , me gusta un aguacero sin truenos ni rayos y acto seguido cuando sale el sol y veo un precioso arcoíris. Adoro mi bandera, mi escudo y mi himno nacional.
Me gusta ver Fox News, la risa de la mujer que cuando ríe parece como que la humanidad en pleno estuviera riendo con ella, me gusta el Cañon del Colorado y aquel río en Bayamo.
Me gustan las aguas cristalinas de Varadero y hasta el fango de mi Playa del Rosario, me gusta el pan cubano con aceite y ajo, me gusta recordar el pasado glorioso e imaginar el futuro luminoso.
Me gustan los mangos, la guayaba verde con sal, los aguacates, la cantante Blanca Rosa Gil , las fritas, el sonido que hacían los dados del cubilete al caer en el mostrador de La Viña Aragonesa de Güines, me gustan la rumba, la guaracha, el son montuno y hasta el guaguancó…
Me gusta el guarapo, el batido de trigo y de leche malteada, los capuchinos, las croquetas del restaurante Islas Canarias, un trozo de dulce guayaba con queso, los sandwiches cubanos y las medias noches del Palacio de los Jugos, las papas rellenas, me gusta el chocolate, el río Mayabeque y Miami Beach, me agrada dormir cuando me dé la gana, escribir, leer, tratar siempre de ser lo mejor posible…
Me gusta ser conservador y republicano, me gusta tener buenos amigos y que mis enemigos sean solamente los castristas y comunistas.
Me encantan las películas de comedias románticas, detesto al diábolico muñeco Chocky, solo me gustan y acepto los artistas que tengan las mismas ideas políticas que yo. Hablo Inglés, pero no me gusta hablarlo, solamente cuando es estrictamente necesario.
Me gusta el cielo azul de mi país, el tasajo con congrí y boniato, el lechón asado y la palomilla con papas
Me gustan los gallos finos porque los considero los animales más guapos del planeta, pero ya no me gusta verlos pelear, me encantan los perros que no sean mordedores, y me gusta una gatica en un condominio del SW de Miami .
Me gusta la historia y no me gustan los números ni la matemática, me gusta oler las flores y detesto los olores desagradables. Me gustan el Cadillac nuevo y el Chevrolet del año 56…
Me gustan los Panques de Jamaica, Celia Cruz cuando gritaba “Azúucaaaa”, los boleros de Orlando Contreras, Orlando “Chicho” Vallejo, José Tejedor y Ñico Membiela.
¡Y no olvido la paz y tranquilidad que un día sentí en la Ermita de la Caridad del Cobre!
Post plaga. Zoé Valdés: ¿Advierten que cuanto más padecemos más nos controlan, como si inocular e incentivar sufrimientos formara parte de algún plan macabro para mermar la humanidad y limitar sus movimientos?
¿Advierten que cuanto más padecemos más nos controlan, como si inocular e incentivar sufrimientos formara parte de algún plan macabro para mermar la humanidad y limitar sus movimientos?
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Por Zoé Valdés
2020-04-16
Han pensado en el miedo de los niños a salir de nuevo a las calles, como leí ya en alguna parte? ¿Han reflexionado en los abuelos sobrevivientes, paralizados, indecisos, resguardados hasta el final de sus días? ¿En las depresiones y suicidios, como ha sucedido con el joven actor venezolano Miguel Ángel Sánchez en Nueva York? ¿En los afectados por los daños colaterales de la plaga?
¿Se han detenido a analizar que, como ocurrió tras los dramáticos ataques terroristas en Estados Unidos el 11-S de 2001, nada traerá de vuelta las costumbres anteriores, salvo el hombre mismo, que es el único ser que tropieza mil veces con la misma piedra sin consecuencias en su memoria? ¿Advierten como yo y unos pocos que cuanto más padecemos más nos controlan, como si inocular e incentivar sufrimientos formara parte de algún plan macabro para mermar la humanidad y limitar sus movimientos? Seguramente no. Es muy temprano, y con mayor frecuencia los ciudadanos de este extraño mundo se inquietan más de lo que sucederá en las pantallas de sus ordenadores que en sus propias vidas.
Aquello que leíamos en las novelas –lo digo para los sesudos que se niegan todavía a leer novelas– nos está finalmente invadiendo, poseyéndonos, destruyéndonos. Ningún influencer hasta ahora ha preconizado nada como esto. Sólo los novelistas, únicamente los escritores han sido visionarios, aunque no todos. Pero el individuo, esta raza cada día menos conectada con su mente y absolutamente desligada del pensamiento, lee menos y manotea más.
Por otra parte, veo a actores que otrora admiré pidiendo, exigiendo, amenazando y reclamando recompensas, ayudas, contribuciones, subvenciones; piensan sólo en ellos y en sus carreras como actores, muy poco en sus vidas, o viditas. Y, por supuesto, nada en las vidas de los demás, no ya de los músicos, ni siquiera, mucho menos de los autores, cuyos textos fomentan, nutren sus actuaciones; ¿y de la gente que no tiene ni donde caerse muerta, literalmente hablando? Nada. Cero.
¿Qué hay que pedir, además de un mínimo de vergüenza, para que esa gente no pierda? Ellos, que son los que inundan los teatros, los cines, pagan por verlos actuar, y que hoy en día quedan desvalidos, despedidos de sus trabajos por razones obvias, hundidos en el espanto de no saber qué hacer cuando tengan que enfrentar otra crisis, la mayor de todas, que nos tocará invariablemente.
Me entristece y avergüenza esa necesidad de convertir la tragedia en un espectáculo en el que importa más la fama que la verdadera tragedia. Ahora todos cantan al son de una promesa que no cumplirán: que si serán buenos, mejores, que si abrazarán al primero que se tropiecen, blablablá… Nada de eso ocurrirá si no les ponen el billete delante. Porque de verdad lo que buscan estos personajillos deprimentes mediante esos lamentables vídeos es asegurar contratos en un futuro, más que ser de verdad solidarios con el dolor ajeno.
La post plaga será tan o más dura que la plaga misma. No nos observarán igual, estaremos más encarcelados que ahora: con el chip encajado en el brazo, o en la oreja (el lugar es lo de menos), el teléfono pinchado a un robot rastreador o perseguidor… Espiados y aplaudiendo.
Muertos en vida y aplaudiendo, que es lo que mejor se les da a los que van por ahí creyéndose todavía vivos y pseudo libres. Porque, ¿qué "reclamo burgués" sería ese de ser libres enteramente?
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DISTRITOTV
18 abril, 2020
ESCÁNDALO,el paciente 0 salió del laboratorio de Wuhan. ¿Se escapó el virus o China lo propagó?
El Toro TV
Abril 17, 2020
España: El demoledor mensaje de Julio Ariza al comunista Pablo Iglesias
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Libro de Pedro Pablo Arencibia: Paradigmas Psicopedagogicos y caminos de la Investigacion Matematica en la Ensenanza de la Matematica Universitaria y Media
OPINIÓN SOBRE EL LIBRO:
Lo he ojeado, aqui y alla; es conmovedor. humano. Tardare en leerlo de tapa a tapa. Comprendo que es holistico, lo que me parece admirable, meritorio, politica, experiencia humana, Matematicas, Ciencias, y tambien ¨very scholar. Una combinacion unica. Gracias. B.M.
“Marco Rubio a Donald Trump: Te diré lo que es un buen acuerdo: que Cuba sea libre
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Licenciado en Matemática Pura en la Universidad de La Habana (UH) y Catedrático universitario con 24 años de experiencia en la docencia universitaria cubana; posee la Categoría Docente Principal de Profesor Titular universitario. Fue expulsado el 29 de enero de 1997 del Instituto Superior Pedagógico de Pinar del Río ( universidad de perfil formativo o pedagógico) por motivos políticos. Activo colaborador desde su fundación de la revista VITRAL y del Centro Católico de Formación Cívica y Religiosa (CFCR) de la Diócesis de Pinar del Río. Colaboró en Cuba con las organizaciones opositoras: Todos Unidos, Asamblea para Promover la Sociedad Civil en Cuba y con el Consejo Unitario de Trabajadores Cubanos (CUTC).
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COLABORADORES:
Paul Echániz