jueves, febrero 13, 2025

Cuba. Presa política Yoleisy Oviedo Rodríguez, presa por protestar contra los apagones , muere en la prisión


Tomado de https://www.cubanet.org//

Cubana presa por protestar contra los apagones muere en la cárcel

********

Oviedo fue detenida el 10 de octubre del 2022 por manifestarse contra los apagones en Güines, Mayabeque

********

CUBANET

Febrero 12, 2025

MIAMI.- La presa política Yoleisy Oviedo Rodríguez falleció este 11 de febrero en la Prisión de Mujeres de Occidente (La Habana), conocida como El Guatao donde cumplía una sentencia de cinco años. Oviedo fue detenida el 10 de octubre del 2022 por manifestarse contra los apagones en Güines, Mayabeque.

“Su hijo fue a buscarla rápido y alguien de la prisión le dijo que se la entregarían a las siete de la noche”, escribió en su muro de Facebook el activista Alejandro Garlobo . El opositor destacó que Yoleisy había estado enferma durante meses sin recibir tratamiento adecuado.

Oviedo Rodíguez, madre de dos hijos, tenía 42 años.

Este mes se han conocido las muertes de otros tres reclusos en cárceles cubanas. Cubalex denunció que el 10 de febrero falleció Hugo Sarmiento Socarrás en el destacamento No. 17 de la cárcel de Boniato. Su muerte fue reportada como suicidio por ahorcamiento.

Previamente los reclusos Giovanis Ortega e Irai Nieto fallecieron el 1 y 2 de febrero, respectivamente, en la prisión de Boniato, según denunció Cubalex en sus redes sociales

La organización de asesoría legal apuntó que ambos prisioneros integraban el destacamento No. 2 del penal, conocido como el “piso de los bajo peso”, y que la causa de la muerte sería “extrema desnutrición y abandono”.

“El Estado cubano es responsable de la vida y la integridad de las personas bajo su custodia. Estas muertes reflejan la negligencia sistemática del régimen y la precariedad extrema dentro del sistema penitenciario”, indicó la organización en su comunicado.Cuban fashion blog

 El 30 de enero, Yankiel Justiz Despaigne, un recluso de 36 años, falleció a causa de tuberculosis en la prisión de Melena del Sur, ubicada en la provincia de Mayabeque. Según información proporcionada por Cubalex, Justiz Despaigne murió en su celda sin recibir atención médica oportuna, evidenciando una preocupante negligencia en el sistema penitenciario cubano.

Estas denuncias no son casos aislados. Entre enero de 2022 y enero de 2024, Cubalex documentó 56 muertes bajo custodia estatal en  Cuba, de las cuales 34 correspondieron a reclusos. Estas muertes son atribuibles a prácticas sistemáticas de negligencia y desatención médica en las cárceles del país.

Las condiciones inhumanas de detención agravan aún más la salud de las personas privadas de libertad. Factores como el hacinamiento, la insalubridad, la desnutrición y la escasez de agua potable facilitan la propagación de enfermedades y deterioran la salud de los reclusos. La falta de higiene, ventilación adecuada y alimentación suficiente son problemas recurrentes en las prisiones cubanas.

Organizaciones como Justicia 11J también han denunciado la muerte de al menos cuatro reclusos condenados por las protestas del 11 de julio de 2021 mientras cumplían sus penas: Luis Barrios, Yosandri Mulet, Giraldo Díaz y Manuel de Jesús Guillén. Estas muertes son atribuibles al régimen cubano, ya sea por comisión directa o por negligencia y abandono en el cumplimiento de sus obligaciones de salvaguardar la vida de los reclusos

**************

Otra muerte relativamente reciente: 

Matan al golpes preso politico cubano Manuel de Jesús Guillén agentes de la dictadura

 (Nota del Bloguista: Se dice que era biznieto de Nicolás Guillén; fue preso  en las manifestaciones  pacíficas del 11 de julio de 2021)

 


NTN24

Diciembre, 2024

NTN24 conoció las últimas palabras de Manuel de Jesús Guillén, preso político fallecido en Cuba

 

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,


Para seguir leyendo hacer click aqui­ ...

viernes, junio 21, 2024

Ex preso político de conciencia cubano Normando Hernández: 'Vi a presos acostados en el piso, aguantados por cuatro o cinco, para que otro les sacara un diente o una muela mala con un alambre, porque no les daban asistencia médica'

 Tomado de https://diariodecuba.com/

Normando Hernández: 'Me decían que Dios era Fidel. Para los guardias, los presos políticos éramos lo peor'

*********

'Vi a presos acostados en el piso, aguantados por cuatro o cinco, para que otro les sacara un diente o una muela mala con un alambre, porque no les daban asistencia médica', relata el exprisionero del Grupo de los 75.

**********

Por Javier Roque Martínez

Ciudad de México

20 de junio 2024

Han pasado 14 años desde que Normando Hernández González (54) fue desterrado de Cuba, en 2010. Entonces acababa de cumplir siete años y cuatro meses de prisión política. Hernández, fundador de la primera agencia de prensa independiente de Camagüey desde 1959, el Colegio de Periodistas Independientes, fue parte del Grupo de los 75 opositores, activistas de derechos humanos y periodistas que Fidel Castro encarceló durante la Primavera Negra de 2003.

Tras un breve exilio en España, Hernández se radicó junto a su familia en Miami, Estados Unidos, desde donde ha seguido trabajando por la causa cubana. En 2012 fundó el Instituto Cubano por la Libertad de Expresión y Prensa (ICLEP), una ONG sin ánimo de lucro que alberga cuatro medios comunitarios y de periodismo ciudadano activos dentro de Cuba. Desde 2016, además, el ICLEP documenta hechos violatorios de la libertad de expresión y prensa ocurridos al interior de la Isla.

En esta ocasión dialogamos con Normando Hernández sobre la condena que cumplió en cuatro prisiones distintas, muchas veces en condición de aislamiento y tortura, tanto física como psicológica. Este texto forma parte de una serie de entrevistas realizadas por el Centro de Documentación de Prisiones Cubanas para registrar la experiencia de personas que han sido privadas de su libertad, y contrarrestar la información oficial sobre la vida en las prisiones de la Isla.

(2011.Voices of Freedom: President Bush with Secretary General of the European People's Party, Antonio López-Istúriz White; Former President of the Government of Spain, His Excellency José María Aznar López; and former Cuban political prisoners Normando Hernández González, Regis Iglesias Ramírez, and Dr. José Luís García Paneque. Photo by Grant Miller. Estas y las fotos siguientes fueron añadidas por el Bloguista del blog  Baracutey Cubano)

¿Cómo lo apresaron a usted?

Yo había ido a La Habana a reportar la huelga que Orlando Zapata Tamayo, Marta Beatriz Roque y otras personas estaban haciendo para exigir la libertad de Óscar Elía Biscet y los demás presos políticos de aquel momento. Como a las dos o tres horas de salir de allí comenzó la redada del 18 de marzo de 2003, aunque yo no me enteré en ese momento, porque me fui para Camagüey. Viajé la noche entera y llegué a mi casa todavía de madrugada. Como a las 9:00 de la mañana del día siguiente me llamó un periodista de Radio Martí, que fue quien me comentó lo que estaba pasando.

Ese mismo día, a las 3:00 de la tarde, llegaron a mi casa. Ya yo me había ido, pero registraron todo hasta las 9:00 de la noche. Como no pudieron apresarme, pusieron fotos mías en distintos lugares y corrieron el rumor de que me estaban buscando porque yo quería poner una bomba o envenenar el agua en una escuela, algo que creó un estado de opinión muy desagradable para toda la familia y las personas que me conocían. Regresé a mi casa después y estuve escondido cuatro días, esperando que mi hija cumpliera un año de nacida. El 24 de marzo me entregué.

¿Qué pasó después?

Del día en que me entregué al que me hicieron la petición fiscal transcurrieron diez días nada más. Al onceno fue el juicio, que quedó concluso a sentencia de cadena perpetua como atenuante de la pena de muerte; y al duodécimo se hizo firme la sentencia de 25 años de privación de libertad, de los que cumplí siete años y cuatro meses, cuando me desterraron.

¿Por qué lo sancionaron?

Por el Artículo 91 del Código Penal de aquella época, referido a "Otros actos contra la seguridad del Estado". Pero en realidad yo fui preso por hacer periodismo independiente en Cuba.

¿Dónde cumplió su sentencia?

Primero, en el régimen especial o Corredor de la Muerte de la prisión de Boniato, en Santiago de Cuba. Después, los presos del Grupo de los 75 que estábamos allí hicimos una huelga de hambre para exigir mejoras carcelarias y que se respetaran nuestros derechos, y nos dispersaron. A mí me trasladaron a la prisión Kilo 5 y Medio, en Pinar del Río, donde estuve alrededor de cinco años. De ahí, me llevaron para la prisión Kilo Siete, en Camagüey. Los últimos años los pasé hospitalizado cada cierto tiempo en el Hospital Nacional de Reclusos del Combinado del Este, en La Habana. Cuando mejoraba, me regresaban a Kilo 7.

¿Cómo fue el recibimiento en la prisión?

Cuando llegamos a Boniato, en Santiago de Cuba, la jefatura de la prisión se reunió con nosotros y nos informó el régimen que íbamos a tener. Lo curioso es que ese régimen no existía para ningún otro preso. Normalmente un preso tenía una visita mensual y un pabellón conyugal cada 45 días o dos meses. Nosotros tendríamos visitas cada tres meses y pabellón cada cinco meses. En las visitas, solo nos dejaban pasar 30 libras de alimentos y pertenencias, cuando el resto podía pasar más. Nos dijeron que teníamos derecho a una hora al sol de lunes a viernes, pero eso tampoco lo cumplían. Nos la daban una o dos veces a la semana, y a veces pasábamos semanas enteras sin ver el sol.


(En la entrega del Premio Asopazco de Derechos Humanos y Libertad  en febrero de 2017. De izquierda a derecha el  Master en Ciencias Políticas y politólogo Julio Shiling, Premio Asopazco 2015;  el periodista y ex prisionero político Normando Hernández;  Pedro Pablo Arencibia Bloguista del blog Baracutey Cubano y Premio Asopazco 2016;  el  Embajador poeta, escritor  y ex prisionero político Armando Valladares y el galardonado escritor y periodista Armando de Armas)

Fuera de eso, ¿cómo era la vida en prisión?

En Santiago de Cuba estuve en el "corredor de la muerte", donde cada preso tenía su propia celda, porque estaban esperando la pena de muerte por fusilamiento, o sancionados a cadena perpetua. Pero no había espacio para nada. Entrabas y a menos de 30 centímetros estaba la punta de la litera, el turco a la misma altura, simplemente separado por una pulgada, y un pasillito que medía 75 cm de ancho y un metro y pico de largo. Mi celda era tapiada y no tenía agua. El turco se filtraba y tenía siempre un charco de orina al frente. No podía respirar por el olor nauseabundo que salía de allí, además de las ratas.

¿Y en las otras prisiones?

En Pinar de Río conviví un tiempo con reclusos comunes, y en Camagüey estuve en un destacamento lleno de presos políticos, con unas pésimas condiciones higiénicas, hacinados, torturados, sin ningún tipo de calidad de vida. Eran barracas largas, llenas de literas dobles, una al lado de la otra; un jolonguero, que es donde los reclusos guardan sus pertenencias; y unos baños al final, con los turcos y unos tanques donde guardábamos el agua cuando venía. Pero la mayor parte del tiempo viví aislado totalmente. Una vez estuve ocho meses en una celda tapiada de alrededor de 3x4 metros, oscura, sin agua, sin luz eléctrica, sin colchón para la cama, durmiendo sobre el concreto, rodeado de mosquitos, roedores, cucarachas, solo con un baño turco.

¿Cómo funcionaba la disciplina en estas prisiones?

Yo nunca respeté ninguna disciplina penitenciaria mientras estuve preso. No me paraba en firme durante el recuento, no respetaba las visitas de oficiales ni nada. Me comportaba decentemente, pero no respetaba sus imposiciones. Es más, en siete años y cuatro meses que estuve preso nunca me llevaron a un comedor. Me llevaban la comida a la celda o al destacamento.

Además de todo lo anterior, ¿sufrió otros tipos de discriminación?

Política y religiosa. Muy pocas veces me dieron asistencia religiosa. Y cuando me veían leyendo la Biblia se reían y se burlaban. Me decían que Dios era Fidel. Para la guarnición, los presos políticos éramos lo peor. Nos reprimían y vigilaban para que no sacáramos ningún texto ni conversáramos de política con otros presos. Cuando lo hacíamos, venían a interrumpirnos. Cuando decíamos alguna opinión política, nos llevaban a una celda de castigo, nos golpeaban y nos torturaban. La discriminación era total.

¿Cómo era la relación entre los presos comunes y los presos políticos?

Había presos comunes que se solidarizaban con los políticos. Había otros que no querían relacionarse con nosotros. Y había una gran mayoría que era influenciada por la Seguridad del Estado y la guarnición del penal para provocarnos cualquier tipo de daño. En Pinar del Río, por ejemplo, identifiqué a un preso común al que Jesús Ramón Morel Meune, en aquel entonces mayor de la Seguridad del Estado que atendía la prisión Kilo 5 y Medio, le dijo que si me daba una golpiza recibía un pabellón conyugal. Cuando llegué a Kilo 7 (Camagüey) quisieron condicionar al preso común que era "el disciplina" para que me vigilara y hostigara, pero él no aceptó. Allí mismo identifiqué a ocho personas aleccionadas por la Seguridad del Estado para dañarme. A lo mejor eran más, pero pude navegar bastante bien la situación.

¿Fue interrogado en prisión por agentes de la Seguridad del Estado?

Siempre. En el proceso de instrucción penal los interrogatorios fueron largos y a cualquier hora. Estaba en una celda tapiada en la sede de Camagüey de la Seguridad del Estado, con una luz permanente, con las paredes salpicadas de cemento y camas también de cemento. Los alimentos los traían a cualquier hora para que uno perdiera la noción del tiempo. Me interrogaban un rato y después me llevaban a otra habitación con mucho aire acondicionado, que es otra forma de tortura.

Luego, cuando estuve preso en celdas de aislamiento, se paraban a provocarme, a interrogarme, a tratar de condicionarme. Como yo no vestía de preso, en los días de visita me decían: "Normando, si no te vistes de preso no tienes visita". Trataban de que uno faltara a su palabra, a sus convicciones, a sus principios. Yo sencillamente les decía que no había mandado a buscar a mi esposa y a mi hija, no porque no quisiera verlas, era lo que más quería, pero yo sabía que ninguna de ellas iba a estar de acuerdo con que yo adoptara una actitud cínica o cobarde ante ellos. Nuestras familias lo sufrían, pero lo entendían y vivían orgullosas de que nosotros tomáramos esa posición.

Antes ha mencionado varias veces la palabra "tortura". Hablemos de eso.

Entrar a una prisión ya es una tortura psíquica. Celdas de aislamiento por tres, cinco, ocho meses, sin ver a nadie, pasando frío, en calzoncillos, conviviendo con ratas, cucarachas, mosquitos, jejenes. Me dieron con tonfas, me tiraron escaleras abajo, me arrastraron pasillos enteros entre cuatro y cinco guardias. En Santiago de Cuba me pusieron "shakiras" y me escoltaron con pastores alemanes para ir a una consulta médica dentro de la misma prisión, como si fuera un terrorista o un delincuente de alta peligrosidad.

Además, recibí otras torturas psicológicas durante años. Me dijeron que tenía tumores en los riñones, lo cual luego comprobé que era falso. También me dijeron que tenía pólipos pediculados en la vesícula biliar, incluso médicos especialistas. Después de tantas presiones familiares, decidí operarme. Me sacaron la vesícula en el Hospital Militar de La Habana, pero no querían darme la biopsia. Hasta que mi familia hizo un escándalo internacional. Entonces vino el jefe de Servicios Médicos de las prisiones de Camagüey y me dijo, riéndose: "Normando, verdad que tú eres bobo. Tú nunca tuviste pólipos. Lo que tenías eran unas bolitas de grasa en la vesícula". O sea, que me extirparon la vesícula biliar sin necesidad.

(Prisión de Boniato en la provincia de Santiago de Cuba)

Sí estoy seguro de que mi salud cambió totalmente en la prisión. Todavía hoy, después de varios años de haber salido, padezco de problemas gastrointestinales contraídos allí. Yo entré siendo una persona saludable y cada vez que me veía un médico me salía una enfermedad distinta. Pienso que muchas fueron falsas, aunque otras fueron reales. Por ejemplo: en Santiago de Cuba y Pinar del Río contraje un cuadro parasitario crónico, giardiasis, por la mala calidad del agua. Llegué a pesar 100 libras. También tuve cuadros diarreicos crónicos alternados con cuadros crónicos de estreñimiento.

¿Presentó quejas de estas cosas mientras estuvo en prisión?

Sí. En Camagüey también hice un informe a la Fiscalía Militar para denunciar al teniente Didier Fundora Pérez y al primer teniente Zayas Vento, jefe y segundo jefe de Orden Interior de la prisión de Kilo 7, respectivamente, por las torturas y los golpes que daban a los reclusos. Y logré que sacaran a Didier de jefe de esa prisión, aunque lo pusieron en otra. Pero sí, denunciaba y trataba de documentar siempre que podía, por eso solían quitarme las llamadas telefónicas.

Hablemos de la atención médica en la prisión.

No recuerdo que me hayan efectuado ningún tratamiento. Sí llevaban un registro del historial médico, pero era más como una forma de tortura, como expliqué antes. Pero en general es un problema acceder a un médico en una prisión. Yo vi a presos acostados en el piso, aguantados por otros cuatro o cinco reclusos, para que otro le sacara un diente o una muela mala con un alambre. Preferían pasar ese trance de dolor a continuar con aquello día y noche, porque no les daban asistencia médica. Para que un preso fuera atendido en un momento de crisis, los demás tenían que golpear las rejas, hacer bulla. Y muchas veces no había médico o carro para llevarlo a un hospital.

¿Cómo era el acceso a los medicamentos?

Pésimo. El doctor Pozo, jefe de Servicios Médicos en la prisión de Kilo 5 y Medio, en Pinar de Río, me robó los medicamentos que mi esposa me llevaba. Eso es muy común en las prisiones cubanas: que los guardias y los médicos no les pasen los medicamentos a los presos cuando los familiares se los traen. La escasez de medicinas es terrible. Yo pude estar medicado muchas veces porque mi esposa y la comunidad internacional me mandaban los medicamentos que necesitaba.

¿Convivió con alguien que tuviera alguna discapacidad o necesidad especial?

Sí, conviví con enfermos crónicos, personas con aneurismas cerebrales, ciegas, en sillas de ruedas. Estas personas son las que más sufren dentro de una prisión. Los servicios especializados son muy escasos y el sadismo de los guardias les impide tener una asistencia primaria adecuada. El sistema penitenciario cubano es incompatible con las condiciones de salud de los reclusos.

Estas personas en muchas ocasiones tenían que autoagredirse, inyectarse excrementos con orina en sus miembros inferiores, introducirse un alambre por la uretra, coserse la boca, hacerse cortadas en los brazos o enterrarse alambres en la cavidad abdominal para ser atendidos. Se creaban un problema extra para ver si después de ser llevados a una enfermería tenían la suerte de que los viera un especialista o de que les dieran los medicamentos que necesitaban. Daba grima verlos llorar, sufrir.

¿Cómo era la alimentación?

Nos despertaban sobre las 5:00 de la mañana para desayunar. El almuerzo empezaba como a las 10:00 y la comida entre las 4:00 y las 5:00 de la tarde. En Santiago de Cuba nos daban de desayuno un pedacito de pan y "chorote", una harina de maíz hervida con un poco de azúcar y agua. Tenías que tomártelo caliente porque si se enfriaba no había quien se lo tragara. El alimento más asqueroso era la "burundanga", una pasta blanca, amorfa, decían que de las vísceras de las reses. La peste llegaba 20 o 30 minutos antes a nuestras celdas. Los guardias se quitaban los pullovers y se los ponían como nasobuco para despacharla. Y con el mismo cucharón servían el arroz y la sopa, por lo que todo cogía la misma peste.

Como plato fuerte también daban tenca, en muchas ocasiones putrefacta. Parecía un imán lleno de alfileres, porque era más espina que hebras de carne. La sopa era una ofensa al agua, si acaso con un fideo. Para mí, lo mejor era cuando daban pasta, coditos, porque los daban blancos, incluso sin sal, pero eso era lo que mejor me caía en el estómago.

Llegó un momento en que tuve que dejar de comer la comida de la prisión por todas mis enfermedades gástricas. No había una comida que no me provocara crisis gástricas, diarreicas o vómitos. Ellos me mejoraron la comida en un momento, debo ser honesto, pero mi organismo rechazaba hasta esa comida. Vivía prácticamente de refrigerios que me traía mi esposa, porque la comida de la prisión no tenía calidad, cantidad ni mucho menos balance nutricional.

¿Pudo trabajar en prisión?

No. Tengo hermanos de causa que hicieron algún tipo de actividad dentro de la prisión, pero a mí nunca me lo ofrecieron. Ni trabajar ni estudiar. Todo lo contrario, me quitaban la Biblia y los libros que me llevaba mi esposa. No me dejaban pasar ni periódicos viejos. Pero mi esposa forraba los pomos de refresco que me llevaba en las visitas con páginas del Nuevo Herald, El País o El Mundo que conseguía y así era como yo podía leer lo que había pasado meses atrás. En cuanto a los libros, tenían que pasar por un censor que no permitía nada relacionado con política, filosofía o escrito por alguien en contra del régimen cubano.

¿Presenció o supo de alguna muerte o intento de suicidio mientras estuvo preso?

Sí. Hubo una muerte [en 2009] que me chocó mucho, la de Geovany Castellano la O, un joven de veintitantos años, enajenado mental, muy noble, al que llevaron a una celda de aislamiento. Allá le daban medicamentos para su epilepsia, pero como la enfermera no lo vigilaba correctamente, él no se los tomaba y, en cambio, los fue acumulando hasta que un día se los tomó todos. Cuando avisaron al reeducador, un teniente de nombre Yordi, no hizo caso y no le dio asistencia médica a tiempo.

¿Cómo fue el proceso que terminó con su destierro?

Un día recibí una llamada, la única en siete años y cuatro meses preso. Era el cardenal Jaime Ortega. Me dijo que había negociaciones entre los gobiernos de Cuba y España para que los de la Primavera Negra saliéramos hacia España. Le pregunté si era con mi familia y me dijo que sí. Cuando terminé de hablar con él, un teniente coronel que se hacía llamar Boris, pero cuyo nombre verdadero es Ernesto [según Hernández, uno de los responsables de la muerte del preso político Orlando Zapata Tamayo], que era quien atendía por la Seguridad del Estado las cárceles y prisiones de Camagüey, me preguntó si había aceptado. Le dije que sí. Entonces llamé a mi esposa y le comenté todo. 

A las 24 o 48 horas me llevaron para La Habana. A mi esposa y mi hija las fueron a buscar a la casa, les dieron media hora para recoger toda una vida y las trasladaron también a La Habana, a una escuela del Ministerio del Interior donde les hicieron toda la documentación de forma exprés. A mí me la hicieron en el Hospital Nacional de Reclusos. Me dieron una muda de ropa, me tiraron una foto, me hicieron el pasaporte. Me pusieron "salida definitiva", y no solo a mí, también a mi esposa y mi hija. Las vi en el aeropuerto, momentos antes de abordar. Poco después, me montaron por la parte de atrás de un avión de Iberia junto a mi hermano de causa Omar Rodríguez y salimos hacia Madrid con nuestras familias.

¿Cómo fue para su familia todo ese tiempo que usted estuvo preso?

Mi hija creció bajo el hostigamiento psicológico de la Seguridad del Estado. Los compañeros de aula y sus padres eran aleccionados por la policía política para que la agredieran o se metieran con ella. A mi esposa no la dejaban entrar a la escuela. Mi hija tenía que viajar cientos de kilómetros desde pequeñita para poder verme. La primera vez, cuando tenía un añito y había pasado uno o dos meses sin verme, no me reconoció hasta pasados 15 o 20 minutos, cuando se lanzó a mis brazos.

El día que nos fuimos a España se abrazó a mí como una bufanda y se puso cianótica de los llantos. Mi esposa, fundadora de las Damas de Blanco, era citada constantemente, amenazada, no la dejaban salir de la casa. Fue mucha la represión que sufrió mi familia, e incluso algunas amistades.

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,


Para seguir leyendo hacer click aqui­ ...

jueves, noviembre 29, 2018

Texto íntegro de la Carta Abierta de una doctora cubana al presidente de Brasil Jair Bolsonaro (en idioma español y en portugués)



 Médicos cubanos | Foto © Facebook / Unidad Central de Cooperación Médica

Tomado de https://www.cibercuba.com

Carta abierta de una doctora cubana al presidente de Brasil Jair Bolsonaro

El pasado 14 de noviembre el gobierno de Cuba anunció que retiraba a sus médicos de Brasil, donde prestaban servicios como parte del Programa Mais Médicos.

Tras la decisión cubana, Bolsonaro ofreció asilo para quienes quisieran permanecer en su país.

En este contexto han visto la luz testimonios de médicos que ya han regresado a Cuba y los de otros tantos que han decidido quedarse en Brasil. Tal es el caso de una doctora cubana que ha enviado a nuestra redacción una Carta Abierta a Bolsonaro, donde relata el calvario que está viviendo y sus dudas sobre cómo hacer tras haber decidido, junto a otros de sus compañeros, no regresar a la Isla.

A continuación copiamos íntegramente la carta, en español y en portugués.


Estimado presidente electo Jair Bolsonaro:

Le confieso algo, de entrada: no pensaba comenzar esta carta así, de esta manera. Había pensado algo más emocional, más elaborado. Pero no me queda más remedio, presidente, yo soy una cubana de pura cepa, tengo azúcar y sazón en la sangre, así que debo decirle lo primero que me viene a la mente: ¡qué maravilla poder decirle a alguien presidente y sentirlo de verdad, sin fingir ni aparentar!

Quizás usted no entienda. O sí. Quizás esté muy informado de lo que hemos vivido los cubanos durante todo este tiempo, poco más de la mitad de un siglo, ¡mire qué barbaridad de tiempo! Un solo hombre gobernando hasta hace un puñado de años. Otro, su hermano, gobernando otro puñado de años. Y ahora un títere mal puesto y peor entrenado, gobernando como si fuera un presidente.

Si usted leyera esta carta que escribo a medianoche, agotada, estresada, con un dolor de cabeza inmenso y los nervios a flor de piel, pero feliz de ser libre, me gustaría que supiera algo: es la primera vez que me dirijo a un presidente con orgullo y con honor. Y eso se lo ha ganado usted antes incluso de tomar el mando de este bello y hospitalario país en el que llevo tres años viviendo, cooperando en mis posibilidades, y aprendiendo a amar, respetar y curar las heridas físicas y espirituales de su gente.

Mi carta es un pedido de auxilio, presidente Bolsonaro. Y en mi carta van las voces de una veintena de mis colegas, todos del municipio Ponta Grossa, todos los que nos conocemos y hemos decidido no emprender el camino de vuelta atrás. Así se lo digo: no vamos a regresar a Cuba. No queremos volver a la esclavitud real, aunque hayamos pasado algunos años en esta esclavitud virtual que es trabajar para que otro se enriquezca con nuestro sacrificio.

(Esta imagen y las viñetas fueron añadidas por el Bloguista de Baracutey Cubano)

Pero le pedimos auxilio, le decía. Con humildad y agradecimiento. Con bondad. Con el sentimiento tan hermoso que genera saber que usted, un presidente electo democráticamente, ha pensado en nuestros salarios y en nuestras familias cien veces más que los coterráneos nuestros que, supuestamente, deberían velar por nosotros.

Estamos desesperados, presidente. Usted asume el cargo de Brasil en enero, y llega en un momento de alta tensión nacional. Usted tendrá que ocuparse de su país primero y de nosotros después. Y nosotros no sabemos qué hacer ahora mismo, más allá de confiar en su palabra de que nos protegerá con el asilo político a todos los que decidamos, como yo, no volver atrás.

El gobierno de Raúl  Castro/Díaz-Canel nos quiere regresar antes del 5 de diciembre. Un mes antes, casi, de que usted pueda hacer algo por nosotros. Si optamos ahora mismo por huir, por no montarnos en esos aviones, si les decimos a los nuestros por teléfono que no nos esperen, al menos no ahora, estamos firmando como mínimo ocho años de agonía de distancia… y no sabemos qué hacer ahora mismo en Brasil.

A quién dirigirnos. Cómo pedir ayuda. Cómo seguir trabajando. Quién nos va a pagar. Quién responderá por nosotros, los que desde ese momento seremos parias sin país ni respaldo, casi desterrados.

Yo tengo una niña de doce años en Cuba. Mejor no le cuento lo que terrible que es saberla lejos de mí. Hasta la última gota de sudor, el último centavo, mi última fuerza serán, desde este instante, dedicados al momento en que pueda reunirme con ella acá. En nuestra nueva tierra de libertad. En un Brasil que me ha enseñado la maravilla de la libertad, aun cuando su gobierno anterior se haya complotado con el de mi país para robarnos las tres cuartas partes de lo que ganamos salvando vidas en estas tierras sudamericanas.

Cuando decidimos aceptar esta esclavitud moderna, firmando contratos que nos trataban como becarios, como profesionales a medias, maltratados y mal pagados, fue por desesperación: queríamos salir adelante. Como millones de otros cubanos, maestros, dentistas, deportistas, ingenieros.

Queríamos darles a nuestros hijos un futuro mejor que el que nosotros vivimos en un país secuestrado por una familia, imagínese usted: ¡una sola familia, un solo apellido que ha mandado en esa isla durante sesenta años enteros! No somos hipócritas. No somos oportunistas. Somos víctimas buscando oxígeno fuera de la cárcel que nos tocó vivir.

Nosotros no solo nos queremos quedar: nosotros queremos que usted se sienta orgulloso de nosotros. De nuestra valentía y nuestro esfuerzo. Queremos seguir curando a sus enfermos, sanando a sus ancianos, dando a luz a los niños de esta tierra hermosa donde la mandioca, la feijoada, la samba, el fútbol y el amor por Dios han pasado a ser tan nuestros, tan parte de nuestros corazones, como el arroz con frijoles, el café, la salsa y la pelota.

Para eso, para cumplirle a un mandatario que ha exigido tratarnos con decoro cuando los mandamases de nuestro país nos han tratado como esclavos, necesitamos una última ayuda. El camino legal para ahora mismo, no para enero. Cómo estabilizarnos ahora mismo, mientras llega su concesión de asilo.

Yo no puedo decirle mi nombre, presidente. No por mí, que a mí nada me pueden hacer porque ya soy libre. Ya decidí ser libre. Por mi familia. Por mi niña. Por mis viejos, achacosos y agotados de visitas y amenazas de la policía política cubana. Por lo que puedan hacerles a ellos allá, donde no tienen defensa ni embajadas solidarias ni diplomacia ni prensa libre.

Por eso me quedo en el anonimato, y le mando un beso sin protocolos ni rebuscamientos, solo sonreída, quizás con algunas lágrimas en los ojos, con la nobleza de quien pide limosnas, pero sin escopeta: nuestra manera de entender que en lo adelante, también será usted el presidente por el que rezaremos para que haga lo mejor posible por esta hermosa nación, y por nosotros: estos médicos que ya le debemos tanto.

************
Carta en idioma Portugués

Caro Presidente eleito Jair Bolsonaro,

Confesso-lhe, desde já, uma coisa: não pensei começar esta carta assim, desta maneira. Tinha pensado em algo mais emocional, mais elaborado. Mas não tenho outra escolha, Sr. Presidente, sou uma cubana de pura cepa, tenho açúcar e tempero no sangue, pelo que devo contar-lhe a primeira coisa que me vem à mente: Que maravilha poder chamar a alguém presidente, e realmente sentir isso, sem fingir ou aparentar!

Talvez não entenda. Ou sim. Talvez esteja muito bem informado sobre o que nós, cubanos, vivemos durante todo este tempo, pouco mais de meio século, veja só quanto tempo! Um só homem a governar até há poucos anos. Outro, irmão dele, a governar por outro punhado de anos. E agora um fantoche mal nomeado e pior formado, a governar como se fosse um presidente.

Se ler esta carta que escrevo à meia-noite, esgotada, tensa, com uma enorme dor de cabeça e nervos à flor da pele, mas feliz por ser livre, gostaria que soubesse uma coisa: esta é a primeira vez que me dirijo a um presidente com orgulho e honra. E esse ganhou-o antes mesmo de assumir o comando deste belo e hospitaleiro país em que vivo há três anos, colaborando dentro das minhas possibilidades e aprendendo a amar, respeitar e curar as feridas físicas e espirituais do seu povo.

A minha carta é um pedido de ajuda, Presidente Bolsonaro. E na minha carta estão as vozes de cerca de vinte colegas meus, todos do município de Ponta Grossa, todos nós que nos conhecemos e decidimos não fazer o caminho de regresso. Por isso digo: não vamos voltar para Cuba. Não queremos voltar à escravidão real, apesar de termos passado alguns anos nesta escravidão virtual que é trabalhar para que outros enriqueçam com o nosso sacrifício.

Mas pedimos-lhe ajuda, dizia eu. Com humildade e gratidão. Com bondade. Com o sentimento tão bonito que é gerado por saber que o senhor, presidente democraticamente eleito, pensou nos nossos salários e nas nossas famílias cem vezes mais do que os nossos concidadãos que, supostamente, deveriam velar por nós.

Estamos desesperados, Sr. Presidente. Assume a seu cargo o Brasil em janeiro e isso ocorre num momento de alta tensão nacional. Terá de se ocupar primeiro do seu país e depois de nós. E não sabemos o que fazer agora, a não ser confiar na sua palavra de que nos protegerá com o asilo político para todos os que decidirem, como eu, não voltar.

O governo de Raúl  Castro/Díaz-Canel quer que regressemos antes de 5 de dezembro. Quase um mês antes de que possa fazer algo por nós. Se escolhermos agora fugir, não entrar nesses aviões, se dissermos aos nossos entes queridos por telefone para não esperarem por nós, pelo menos por agora, estaremos a assinar pelo menos oito anos da agonia da distância... E não sabemos o que fazer agora no Brasil.

A quem nos dirigirmos. Como pedir ajuda. Como continuar a trabalhar. Quem nos vai pagar. Quem vai responder por nós, que a partir desse momento seremos párias sem país ou apoio, quase desterrados.

Tenho uma menina de doze anos em Cuba. É melhor não lhe dizer como é terrível sabê-la longe de mim. Até à última gota de suor, até ao último centavo, as minhas últimas forças serão, a partir deste momento, dedicadas ao momento em que possa reunir-me com ela aqui. Na nossa nova terra da liberdade. Num Brasil que me ensinou a maravilha da liberdade, mesmo quando o seu governo anterior conspirou com o do meu país para nos roubar três quartos do que ganhamos a salvar vidas nestas terras sul-americanas.

Quando decidimos aceitar esta escravidão moderna, assinando contratos que nos tratavam como bolseiros, como semiprofissionais, maltratados e mal remunerados, foi por desespero: queríamos progredir. Como milhões de outros cubanos, professores, dentistas, atletas, engenheiros.

Queríamos dar aos nossos filhos um futuro melhor do que o que vivíamos num país sequestrado por uma família, imagine: uma única família, um único apelido que vem mandando naquela ilha há sessenta anos! Não somos hipócritas. Não somos oportunistas. Somos vítimas em busca de oxigénio fora da prisão em que nos calhou viver.

Não queremos apenas ficar: queremos que se sinta orgulhoso de nós. Da nossa coragem e do nosso esforço. Queremos continuar a tratar dos vossos pacientes, a curar os mais velhos, a dar à luz os filhos dessa terra linda onde a mandioca, a feijoada, o samba, o futebol e o amor a Deus se tornaram tão nossos, muito dos nosso corações, como o arroz com feijão, café, a salsa e a bola.

Para isso, para cumprir um mandato que lhe exigiu tratar-nos com decoro quando os mandantes do nosso país nos trataram como escravos, precisamos de uma última ajuda. O caminho legal para agora mesmo, e não para janeiro. Como estabilizar-nos agora mesmo, enquanto não chega a sua concessão de asilo.

Eu não posso dizer-lhe o meu nome, Sr. Presidente. Não por mim, que nada podem fazer contra mim, porque já sou livre. Já decidi ser livre. Pela minha família. Pela minha filha. Pelos meus pais, adoentados e exaustos pelas visitas e ameaças da polícia política cubana. Pelo que possam fazer-lhes a eles lá, onde não têm defesa nem embaixadas solidárias, diplomacia, nem imprensa livre.

É por isso que permaneço no anonimato e lhe envio um beijo sem protocolos ou artifícios, apenas com um sorriso, talvez com algumas lágrimas nos olhos, com a nobreza de quem pede esmola, mas sem espingardas: a nossa maneira de entender que no está por diante, também será o presidente por quem rezaremos para que faça o melhor que puder por esta bela nação e por nós: estes médicos que já tanto lhe devemos.

Etiquetas: , , , , , , ,


Para seguir leyendo hacer click aqui­ ...