viernes, junio 21, 2024

Ex preso político de conciencia cubano Normando Hernández: 'Vi a presos acostados en el piso, aguantados por cuatro o cinco, para que otro les sacara un diente o una muela mala con un alambre, porque no les daban asistencia médica'

 Tomado de https://diariodecuba.com/

Normando Hernández: 'Me decían que Dios era Fidel. Para los guardias, los presos políticos éramos lo peor'

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'Vi a presos acostados en el piso, aguantados por cuatro o cinco, para que otro les sacara un diente o una muela mala con un alambre, porque no les daban asistencia médica', relata el exprisionero del Grupo de los 75.

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Por Javier Roque Martínez

Ciudad de México

20 de junio 2024

Han pasado 14 años desde que Normando Hernández González (54) fue desterrado de Cuba, en 2010. Entonces acababa de cumplir siete años y cuatro meses de prisión política. Hernández, fundador de la primera agencia de prensa independiente de Camagüey desde 1959, el Colegio de Periodistas Independientes, fue parte del Grupo de los 75 opositores, activistas de derechos humanos y periodistas que Fidel Castro encarceló durante la Primavera Negra de 2003.

Tras un breve exilio en España, Hernández se radicó junto a su familia en Miami, Estados Unidos, desde donde ha seguido trabajando por la causa cubana. En 2012 fundó el Instituto Cubano por la Libertad de Expresión y Prensa (ICLEP), una ONG sin ánimo de lucro que alberga cuatro medios comunitarios y de periodismo ciudadano activos dentro de Cuba. Desde 2016, además, el ICLEP documenta hechos violatorios de la libertad de expresión y prensa ocurridos al interior de la Isla.

En esta ocasión dialogamos con Normando Hernández sobre la condena que cumplió en cuatro prisiones distintas, muchas veces en condición de aislamiento y tortura, tanto física como psicológica. Este texto forma parte de una serie de entrevistas realizadas por el Centro de Documentación de Prisiones Cubanas para registrar la experiencia de personas que han sido privadas de su libertad, y contrarrestar la información oficial sobre la vida en las prisiones de la Isla.

(2011.Voices of Freedom: President Bush with Secretary General of the European People's Party, Antonio López-Istúriz White; Former President of the Government of Spain, His Excellency José María Aznar López; and former Cuban political prisoners Normando Hernández González, Regis Iglesias Ramírez, and Dr. José Luís García Paneque. Photo by Grant Miller. Estas y las fotos siguientes fueron añadidas por el Bloguista del blog  Baracutey Cubano)

¿Cómo lo apresaron a usted?

Yo había ido a La Habana a reportar la huelga que Orlando Zapata Tamayo, Marta Beatriz Roque y otras personas estaban haciendo para exigir la libertad de Óscar Elía Biscet y los demás presos políticos de aquel momento. Como a las dos o tres horas de salir de allí comenzó la redada del 18 de marzo de 2003, aunque yo no me enteré en ese momento, porque me fui para Camagüey. Viajé la noche entera y llegué a mi casa todavía de madrugada. Como a las 9:00 de la mañana del día siguiente me llamó un periodista de Radio Martí, que fue quien me comentó lo que estaba pasando.

Ese mismo día, a las 3:00 de la tarde, llegaron a mi casa. Ya yo me había ido, pero registraron todo hasta las 9:00 de la noche. Como no pudieron apresarme, pusieron fotos mías en distintos lugares y corrieron el rumor de que me estaban buscando porque yo quería poner una bomba o envenenar el agua en una escuela, algo que creó un estado de opinión muy desagradable para toda la familia y las personas que me conocían. Regresé a mi casa después y estuve escondido cuatro días, esperando que mi hija cumpliera un año de nacida. El 24 de marzo me entregué.

¿Qué pasó después?

Del día en que me entregué al que me hicieron la petición fiscal transcurrieron diez días nada más. Al onceno fue el juicio, que quedó concluso a sentencia de cadena perpetua como atenuante de la pena de muerte; y al duodécimo se hizo firme la sentencia de 25 años de privación de libertad, de los que cumplí siete años y cuatro meses, cuando me desterraron.

¿Por qué lo sancionaron?

Por el Artículo 91 del Código Penal de aquella época, referido a "Otros actos contra la seguridad del Estado". Pero en realidad yo fui preso por hacer periodismo independiente en Cuba.

¿Dónde cumplió su sentencia?

Primero, en el régimen especial o Corredor de la Muerte de la prisión de Boniato, en Santiago de Cuba. Después, los presos del Grupo de los 75 que estábamos allí hicimos una huelga de hambre para exigir mejoras carcelarias y que se respetaran nuestros derechos, y nos dispersaron. A mí me trasladaron a la prisión Kilo 5 y Medio, en Pinar del Río, donde estuve alrededor de cinco años. De ahí, me llevaron para la prisión Kilo Siete, en Camagüey. Los últimos años los pasé hospitalizado cada cierto tiempo en el Hospital Nacional de Reclusos del Combinado del Este, en La Habana. Cuando mejoraba, me regresaban a Kilo 7.

¿Cómo fue el recibimiento en la prisión?

Cuando llegamos a Boniato, en Santiago de Cuba, la jefatura de la prisión se reunió con nosotros y nos informó el régimen que íbamos a tener. Lo curioso es que ese régimen no existía para ningún otro preso. Normalmente un preso tenía una visita mensual y un pabellón conyugal cada 45 días o dos meses. Nosotros tendríamos visitas cada tres meses y pabellón cada cinco meses. En las visitas, solo nos dejaban pasar 30 libras de alimentos y pertenencias, cuando el resto podía pasar más. Nos dijeron que teníamos derecho a una hora al sol de lunes a viernes, pero eso tampoco lo cumplían. Nos la daban una o dos veces a la semana, y a veces pasábamos semanas enteras sin ver el sol.


(En la entrega del Premio Asopazco de Derechos Humanos y Libertad  en febrero de 2017. De izquierda a derecha el  Master en Ciencias Políticas y politólogo Julio Shiling, Premio Asopazco 2015;  el periodista y ex prisionero político Normando Hernández;  Pedro Pablo Arencibia Bloguista del blog Baracutey Cubano y Premio Asopazco 2016;  el  Embajador poeta, escritor  y ex prisionero político Armando Valladares y el galardonado escritor y periodista Armando de Armas)

Fuera de eso, ¿cómo era la vida en prisión?

En Santiago de Cuba estuve en el "corredor de la muerte", donde cada preso tenía su propia celda, porque estaban esperando la pena de muerte por fusilamiento, o sancionados a cadena perpetua. Pero no había espacio para nada. Entrabas y a menos de 30 centímetros estaba la punta de la litera, el turco a la misma altura, simplemente separado por una pulgada, y un pasillito que medía 75 cm de ancho y un metro y pico de largo. Mi celda era tapiada y no tenía agua. El turco se filtraba y tenía siempre un charco de orina al frente. No podía respirar por el olor nauseabundo que salía de allí, además de las ratas.

¿Y en las otras prisiones?

En Pinar de Río conviví un tiempo con reclusos comunes, y en Camagüey estuve en un destacamento lleno de presos políticos, con unas pésimas condiciones higiénicas, hacinados, torturados, sin ningún tipo de calidad de vida. Eran barracas largas, llenas de literas dobles, una al lado de la otra; un jolonguero, que es donde los reclusos guardan sus pertenencias; y unos baños al final, con los turcos y unos tanques donde guardábamos el agua cuando venía. Pero la mayor parte del tiempo viví aislado totalmente. Una vez estuve ocho meses en una celda tapiada de alrededor de 3x4 metros, oscura, sin agua, sin luz eléctrica, sin colchón para la cama, durmiendo sobre el concreto, rodeado de mosquitos, roedores, cucarachas, solo con un baño turco.

¿Cómo funcionaba la disciplina en estas prisiones?

Yo nunca respeté ninguna disciplina penitenciaria mientras estuve preso. No me paraba en firme durante el recuento, no respetaba las visitas de oficiales ni nada. Me comportaba decentemente, pero no respetaba sus imposiciones. Es más, en siete años y cuatro meses que estuve preso nunca me llevaron a un comedor. Me llevaban la comida a la celda o al destacamento.

Además de todo lo anterior, ¿sufrió otros tipos de discriminación?

Política y religiosa. Muy pocas veces me dieron asistencia religiosa. Y cuando me veían leyendo la Biblia se reían y se burlaban. Me decían que Dios era Fidel. Para la guarnición, los presos políticos éramos lo peor. Nos reprimían y vigilaban para que no sacáramos ningún texto ni conversáramos de política con otros presos. Cuando lo hacíamos, venían a interrumpirnos. Cuando decíamos alguna opinión política, nos llevaban a una celda de castigo, nos golpeaban y nos torturaban. La discriminación era total.

¿Cómo era la relación entre los presos comunes y los presos políticos?

Había presos comunes que se solidarizaban con los políticos. Había otros que no querían relacionarse con nosotros. Y había una gran mayoría que era influenciada por la Seguridad del Estado y la guarnición del penal para provocarnos cualquier tipo de daño. En Pinar del Río, por ejemplo, identifiqué a un preso común al que Jesús Ramón Morel Meune, en aquel entonces mayor de la Seguridad del Estado que atendía la prisión Kilo 5 y Medio, le dijo que si me daba una golpiza recibía un pabellón conyugal. Cuando llegué a Kilo 7 (Camagüey) quisieron condicionar al preso común que era "el disciplina" para que me vigilara y hostigara, pero él no aceptó. Allí mismo identifiqué a ocho personas aleccionadas por la Seguridad del Estado para dañarme. A lo mejor eran más, pero pude navegar bastante bien la situación.

¿Fue interrogado en prisión por agentes de la Seguridad del Estado?

Siempre. En el proceso de instrucción penal los interrogatorios fueron largos y a cualquier hora. Estaba en una celda tapiada en la sede de Camagüey de la Seguridad del Estado, con una luz permanente, con las paredes salpicadas de cemento y camas también de cemento. Los alimentos los traían a cualquier hora para que uno perdiera la noción del tiempo. Me interrogaban un rato y después me llevaban a otra habitación con mucho aire acondicionado, que es otra forma de tortura.

Luego, cuando estuve preso en celdas de aislamiento, se paraban a provocarme, a interrogarme, a tratar de condicionarme. Como yo no vestía de preso, en los días de visita me decían: "Normando, si no te vistes de preso no tienes visita". Trataban de que uno faltara a su palabra, a sus convicciones, a sus principios. Yo sencillamente les decía que no había mandado a buscar a mi esposa y a mi hija, no porque no quisiera verlas, era lo que más quería, pero yo sabía que ninguna de ellas iba a estar de acuerdo con que yo adoptara una actitud cínica o cobarde ante ellos. Nuestras familias lo sufrían, pero lo entendían y vivían orgullosas de que nosotros tomáramos esa posición.

Antes ha mencionado varias veces la palabra "tortura". Hablemos de eso.

Entrar a una prisión ya es una tortura psíquica. Celdas de aislamiento por tres, cinco, ocho meses, sin ver a nadie, pasando frío, en calzoncillos, conviviendo con ratas, cucarachas, mosquitos, jejenes. Me dieron con tonfas, me tiraron escaleras abajo, me arrastraron pasillos enteros entre cuatro y cinco guardias. En Santiago de Cuba me pusieron "shakiras" y me escoltaron con pastores alemanes para ir a una consulta médica dentro de la misma prisión, como si fuera un terrorista o un delincuente de alta peligrosidad.

Además, recibí otras torturas psicológicas durante años. Me dijeron que tenía tumores en los riñones, lo cual luego comprobé que era falso. También me dijeron que tenía pólipos pediculados en la vesícula biliar, incluso médicos especialistas. Después de tantas presiones familiares, decidí operarme. Me sacaron la vesícula en el Hospital Militar de La Habana, pero no querían darme la biopsia. Hasta que mi familia hizo un escándalo internacional. Entonces vino el jefe de Servicios Médicos de las prisiones de Camagüey y me dijo, riéndose: "Normando, verdad que tú eres bobo. Tú nunca tuviste pólipos. Lo que tenías eran unas bolitas de grasa en la vesícula". O sea, que me extirparon la vesícula biliar sin necesidad.

(Prisión de Boniato en la provincia de Santiago de Cuba)

Sí estoy seguro de que mi salud cambió totalmente en la prisión. Todavía hoy, después de varios años de haber salido, padezco de problemas gastrointestinales contraídos allí. Yo entré siendo una persona saludable y cada vez que me veía un médico me salía una enfermedad distinta. Pienso que muchas fueron falsas, aunque otras fueron reales. Por ejemplo: en Santiago de Cuba y Pinar del Río contraje un cuadro parasitario crónico, giardiasis, por la mala calidad del agua. Llegué a pesar 100 libras. También tuve cuadros diarreicos crónicos alternados con cuadros crónicos de estreñimiento.

¿Presentó quejas de estas cosas mientras estuvo en prisión?

Sí. En Camagüey también hice un informe a la Fiscalía Militar para denunciar al teniente Didier Fundora Pérez y al primer teniente Zayas Vento, jefe y segundo jefe de Orden Interior de la prisión de Kilo 7, respectivamente, por las torturas y los golpes que daban a los reclusos. Y logré que sacaran a Didier de jefe de esa prisión, aunque lo pusieron en otra. Pero sí, denunciaba y trataba de documentar siempre que podía, por eso solían quitarme las llamadas telefónicas.

Hablemos de la atención médica en la prisión.

No recuerdo que me hayan efectuado ningún tratamiento. Sí llevaban un registro del historial médico, pero era más como una forma de tortura, como expliqué antes. Pero en general es un problema acceder a un médico en una prisión. Yo vi a presos acostados en el piso, aguantados por otros cuatro o cinco reclusos, para que otro le sacara un diente o una muela mala con un alambre. Preferían pasar ese trance de dolor a continuar con aquello día y noche, porque no les daban asistencia médica. Para que un preso fuera atendido en un momento de crisis, los demás tenían que golpear las rejas, hacer bulla. Y muchas veces no había médico o carro para llevarlo a un hospital.

¿Cómo era el acceso a los medicamentos?

Pésimo. El doctor Pozo, jefe de Servicios Médicos en la prisión de Kilo 5 y Medio, en Pinar de Río, me robó los medicamentos que mi esposa me llevaba. Eso es muy común en las prisiones cubanas: que los guardias y los médicos no les pasen los medicamentos a los presos cuando los familiares se los traen. La escasez de medicinas es terrible. Yo pude estar medicado muchas veces porque mi esposa y la comunidad internacional me mandaban los medicamentos que necesitaba.

¿Convivió con alguien que tuviera alguna discapacidad o necesidad especial?

Sí, conviví con enfermos crónicos, personas con aneurismas cerebrales, ciegas, en sillas de ruedas. Estas personas son las que más sufren dentro de una prisión. Los servicios especializados son muy escasos y el sadismo de los guardias les impide tener una asistencia primaria adecuada. El sistema penitenciario cubano es incompatible con las condiciones de salud de los reclusos.

Estas personas en muchas ocasiones tenían que autoagredirse, inyectarse excrementos con orina en sus miembros inferiores, introducirse un alambre por la uretra, coserse la boca, hacerse cortadas en los brazos o enterrarse alambres en la cavidad abdominal para ser atendidos. Se creaban un problema extra para ver si después de ser llevados a una enfermería tenían la suerte de que los viera un especialista o de que les dieran los medicamentos que necesitaban. Daba grima verlos llorar, sufrir.

¿Cómo era la alimentación?

Nos despertaban sobre las 5:00 de la mañana para desayunar. El almuerzo empezaba como a las 10:00 y la comida entre las 4:00 y las 5:00 de la tarde. En Santiago de Cuba nos daban de desayuno un pedacito de pan y "chorote", una harina de maíz hervida con un poco de azúcar y agua. Tenías que tomártelo caliente porque si se enfriaba no había quien se lo tragara. El alimento más asqueroso era la "burundanga", una pasta blanca, amorfa, decían que de las vísceras de las reses. La peste llegaba 20 o 30 minutos antes a nuestras celdas. Los guardias se quitaban los pullovers y se los ponían como nasobuco para despacharla. Y con el mismo cucharón servían el arroz y la sopa, por lo que todo cogía la misma peste.

Como plato fuerte también daban tenca, en muchas ocasiones putrefacta. Parecía un imán lleno de alfileres, porque era más espina que hebras de carne. La sopa era una ofensa al agua, si acaso con un fideo. Para mí, lo mejor era cuando daban pasta, coditos, porque los daban blancos, incluso sin sal, pero eso era lo que mejor me caía en el estómago.

Llegó un momento en que tuve que dejar de comer la comida de la prisión por todas mis enfermedades gástricas. No había una comida que no me provocara crisis gástricas, diarreicas o vómitos. Ellos me mejoraron la comida en un momento, debo ser honesto, pero mi organismo rechazaba hasta esa comida. Vivía prácticamente de refrigerios que me traía mi esposa, porque la comida de la prisión no tenía calidad, cantidad ni mucho menos balance nutricional.

¿Pudo trabajar en prisión?

No. Tengo hermanos de causa que hicieron algún tipo de actividad dentro de la prisión, pero a mí nunca me lo ofrecieron. Ni trabajar ni estudiar. Todo lo contrario, me quitaban la Biblia y los libros que me llevaba mi esposa. No me dejaban pasar ni periódicos viejos. Pero mi esposa forraba los pomos de refresco que me llevaba en las visitas con páginas del Nuevo Herald, El País o El Mundo que conseguía y así era como yo podía leer lo que había pasado meses atrás. En cuanto a los libros, tenían que pasar por un censor que no permitía nada relacionado con política, filosofía o escrito por alguien en contra del régimen cubano.

¿Presenció o supo de alguna muerte o intento de suicidio mientras estuvo preso?

Sí. Hubo una muerte [en 2009] que me chocó mucho, la de Geovany Castellano la O, un joven de veintitantos años, enajenado mental, muy noble, al que llevaron a una celda de aislamiento. Allá le daban medicamentos para su epilepsia, pero como la enfermera no lo vigilaba correctamente, él no se los tomaba y, en cambio, los fue acumulando hasta que un día se los tomó todos. Cuando avisaron al reeducador, un teniente de nombre Yordi, no hizo caso y no le dio asistencia médica a tiempo.

¿Cómo fue el proceso que terminó con su destierro?

Un día recibí una llamada, la única en siete años y cuatro meses preso. Era el cardenal Jaime Ortega. Me dijo que había negociaciones entre los gobiernos de Cuba y España para que los de la Primavera Negra saliéramos hacia España. Le pregunté si era con mi familia y me dijo que sí. Cuando terminé de hablar con él, un teniente coronel que se hacía llamar Boris, pero cuyo nombre verdadero es Ernesto [según Hernández, uno de los responsables de la muerte del preso político Orlando Zapata Tamayo], que era quien atendía por la Seguridad del Estado las cárceles y prisiones de Camagüey, me preguntó si había aceptado. Le dije que sí. Entonces llamé a mi esposa y le comenté todo. 

A las 24 o 48 horas me llevaron para La Habana. A mi esposa y mi hija las fueron a buscar a la casa, les dieron media hora para recoger toda una vida y las trasladaron también a La Habana, a una escuela del Ministerio del Interior donde les hicieron toda la documentación de forma exprés. A mí me la hicieron en el Hospital Nacional de Reclusos. Me dieron una muda de ropa, me tiraron una foto, me hicieron el pasaporte. Me pusieron "salida definitiva", y no solo a mí, también a mi esposa y mi hija. Las vi en el aeropuerto, momentos antes de abordar. Poco después, me montaron por la parte de atrás de un avión de Iberia junto a mi hermano de causa Omar Rodríguez y salimos hacia Madrid con nuestras familias.

¿Cómo fue para su familia todo ese tiempo que usted estuvo preso?

Mi hija creció bajo el hostigamiento psicológico de la Seguridad del Estado. Los compañeros de aula y sus padres eran aleccionados por la policía política para que la agredieran o se metieran con ella. A mi esposa no la dejaban entrar a la escuela. Mi hija tenía que viajar cientos de kilómetros desde pequeñita para poder verme. La primera vez, cuando tenía un añito y había pasado uno o dos meses sin verme, no me reconoció hasta pasados 15 o 20 minutos, cuando se lanzó a mis brazos.

El día que nos fuimos a España se abrazó a mí como una bufanda y se puso cianótica de los llantos. Mi esposa, fundadora de las Damas de Blanco, era citada constantemente, amenazada, no la dejaban salir de la casa. Fue mucha la represión que sufrió mi familia, e incluso algunas amistades.

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jueves, marzo 30, 2023

Cuba. Después de 28 años y cinco meses de prisión sale excarcelado el preso político cubano Humberto Eladio Real Suárez

 
Tomado de https://diariodecuba.com/

Sale en libertad el preso político cubano Humberto Eladio Real Suárez

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Pasó 28 años y cinco meses encarcelado tras desembarcar en 1994 en la Isla como parte de una expedición armada para combatir al régimen cubano.

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DDC

Matanzas

30 marzo 2023 

El régimen cubano excarceló tras el cumplimiento de una condena de 30 años al prisionero político Humberto Eladio Real Suárez, informó su familia en redes sociales.

"Libre mi papá. Te amo. Qué felicidad siento en mi alma", escribió su hija, que se identifica como Lisy Real en Facebook, quien compartió fotos de Real Suárez al salir de la prisión de Agüica, en Matanzas, donde estaba recluido. 

"Hoy, al filo de las 11:30 de la mañana, conocimos la emocionante noticia", dijo por su lado el opositor cubano Jorge Luis García Pérez, Antúnez, a través de una directa en su propio perfil en la red social. Antúnez celebró que el prisionero político no se dejó quebrar por las torturas y vejaciones que sufrió en prisión.

Los familiares de Real Suárez, quien tiene 54 años y entró a prisión con 26, habían anunciado que este iba a ser liberado después de 28 años y cinco meses de cárcel, de los 30 a los que fue condenado, sanción esta última que le fue impuesta después que se le conmutara la pena de muerte.

El prisionero político cubano fue condenado por el desembarco en 1994 en la Isla de una expedición armada procedente de EEUU para combatir al régimen de La Habana.

La madre del preso, Graciela Suárez Díaz, explicó esta semana a EFE que las autoridades cubanas instaron a Real Suárez a personarse tras su excarcelación en las oficinas locales de Migración para regularizar su situación en el país.

El objetivo de Real y de su madre, dijo la mujer, es emigrar en cuanto sea posible a EEUU, donde residen gran parte de sus familiares.

Real Suárez fue condenado a muerte por "delitos contra la seguridad del Estado" y asesinato, pena que fue conmutada en 2010 por el Tribunal Supremo de Cuba por 30 años de prisión.

El prisionero fue detenido en octubre de 1994 tras desembarcar en una expedición armada en la que murió un militar del régimen, según la versión oficial. Su objetivo habría sido crear un frente guerrillero en las lomas del Escambray.

Junto a Real Suárez también fueron condenados Armando Sosa Fortuny, fallecido en prisión, y Miguel Díaz Bauza, condenado a 30 años.

En diciembre de 2020 fue condecorado con el ''Premio Libertad Pedro Luis Boitel'', que otorga el Directorio Democrático Cubano en la ciudad de Miami. La condecoración ese año fue compartida junto a Bauzá.

La agrupación del exilio Asamblea de la Resistencia Cubana (ARC), con sede en Miami, celebró la liberación del "valeroso cubano" y enfatizó que "Humberto fue víctima de un sinnúmero de maltratos y torturas en las prisiones, como crueles simulacros de fusilamiento durante más de diez años".

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De los archivos del blog Baracutey Cubano 


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jueves, julio 26, 2018

LA VERDADERA HISTORIA DE LA CAPTURA DE RAÚL CASTRO DESPUÉS DEL ASALTO AL CUARTEL MONCADA EL 26 DE JULIO DE 1953


 Dr. Antonio de la Cova habla del asalto al cuartel Moncada con Ninoska Perez, Julio 25, 2007

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Publicado  en  Baracutey Cubano  lunes, agosto 07, 2006

LA VERDADERA HISTORIA DE LA CAPTURA DE RAÚL CASTRO


Granma, el periódico oficial del Partido Comunista cubano, publicó una versión distorsionada de la captura de Raúl Castro, el 27 de julio de 1953, el día después del ataque al Moncada.



Por el Dr. Antonio de la Cova
La Nueva Cuba
Agosto 6, 2006

La verdad es más cercana a la versión que estoy citando aquí de mi libro "The Moncada Attack: Birth of the Cuban Revolution" (El Ataque al Moncada: Nacimiento de la Revolución Cubana), que será publicado por la Prensa de la Universidad de South Carolina, el 30 de junio de 2007.

Después que el ataque al Moncada fue sofocado, se envió aviso de radiocomunicación rapidamente a los puestos militares en la provincia de Oriente. El teniente Vicente Camps Ruiz, de 42 años de edad, había sido asignado dos días antes a la guarnición de San Luis, 17 millas al norte de Santiago de Cuba, que contaba con 15 hombres. Él respondió a la alerta. situando un bloqueo en la carretera y vigilancia sobre las línea ferroviaria entre San Luis y el poblado de Dos Caminos. El lunes, temprano en la mañana, Raúl Castro, entonces con 21 años de edad, caminaba rumbo a San Luis, siguiendo las líneas del ferrocarril, habiendo dormido la noche antes en un cañaveral en El Cristo. Había comprado pan y agua en Dos Caminos antes de caer en la emboscada tendida por el sargento de la policía Emilio Bóveda González, el cabo Canet y el policía Victoriano Pellecier. Bóveda condujo al detenido al puesto de San Luis, porque no tenía identificación, mientras dejó a los otros dos policías en el puesto de vigilancia.

Cuando el teniente Campos interrogó a Raúl Castro, alrededor de las 8 de la mañana, éste dijo llamarse Ramón González, y ser hermano del lider del PAP (partido de Fulgencio Batista) en Marcané. Declaró que había asistido a los carnavales de Santiago e iba de regreso a su casa en Cueto, cerca de Marcané. Camps recuerda: "Raúl no tenía documentación y sólo traía 50 centavos en los bolsillos. Se me hizo sospechoso cuando no pudo explicar satisfactoriamente por qué no había comprado pasaje de ida y vuelta para los carnavales. Entonces él dijo que había ido a Santiago en un carro con dos amigos que nombró." Camps hizo desvestir al prisionero para ver si tenía alguna herida y examinar su hombro para ver si tenía marcas de haber disparado con un rifle. "No obstante su declaración de que era un campesino, yo noté que usaba canzoncillos atléticos, una ropa interior no usada por los campesinos por su similitud con la ropa interior femenina." El teniente recuerda que las manos de Raúl Castro temblaban cuando lo dejó en la celda mientras verificaba su identidad.

El teniente Camps llamó al jefe militar del puesto de Alto Cedro, quien le contestó que la persona que supuestamente había llevado a Raúl hasta Santiago, había vendido su carro un mes antes y que el otro alegado acompañante estaba convaleciendo de una fractura en una pierna. La descripción dada de Ramón González, no coincidía con la del detenido. Cuando el sospechoso fue confrontado con los hechos, enseguida confesó su participación en el asalto al Moncada y su verdadera identidad. La pruebade la parafina demostró que el detenido no había disparado ningún arma de fuego. Al día siguiente Camps y dos cabos escoltaron al prisionero hasta el cuartel de Palma Soriano, donde permaneció por tres días hasta que fue trasladado al vivac de la Cárcel Municipal de Santiago, un edificio colonial construído en 1845. Camps le dijo a Raúl: " mira, a tu hermano lo mataron," y le entregó un ejemplar del periódico gubernamental Ataja con una titular que decía "Muerto Fidel Castro." Camps dijo que el jóven exclamó: "Murió como él quería, fue un gran cabrón." A la pregunta de Camps de "¿Por qué dices eso?", Raúl le contestó: "porque nos traicionó. Dijo que nos íbamos a unir a algunos soldados del Moncada que iban a dar un golpe de estado. Yo no maté a nadie".

Al llegar a Santiago Raúl Castro declaró a los reporteros de Cadena Oriental de Radio y del Havana Post lo siguiente:

"Yo arribé a Santiago el sábado por la noche con el propósito de tomar parte en el asalto al Moncada. Me marché de La Habana, donde vivía en la calle Neptuno # 214, el viernes, invitado por mi hermano Fidel, quien no me explicó los planes hasta que arribamos a la granja Siboney. Allí nos dijo que íbamos a asaltar el Moncada y como íbamos a hacerlo, pero todo resultó diferente (ellos fueron engañados y les dijeron que los soldados y los oficiales estaban contra el gobierno y que los iban a apoyar). Mi hermano me aseguró que no iba a haber asesinatos, pero cuando llegamos al hospital civil, ocurrieron algunos. Yo entré al edificio del Palacio de Justicia, con cinco compañeros, para evitar que los soldados lo tomaran y desde allí dispararan contra los atacantes."

"En la granja Siboney nos entregaron uniformes del ejército y armas. No teníamos planes de que hacer en Cuba, yo era ortodoxo, y dije "era" porque el ortodoxismo no existe ya. Al fallar el plan me deshice del uniforme del ejército y bajé, por la colina detrás del Palacio de Justicia y abandoné la ciudad y me dirigí a Dos Caminos, cuando fui arrestado y llevado a San Luis y al Moncada, donde fui bien tratado en ambos lugares."

(Citado del artículo "Brother of Fidel Castro Admits Hospital Murders," Havana Post, July 31, 1953, página 1).


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 Dr. Antonio de la Cova habla del asalto al cuartel Moncada con Maria Elvira Salazar, Julio 26, 2004



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Tomado de http://www.granma.cubaweb.cu/

Los días del Moncada (VIII)



 (Raúl Castro detenido en el VIVAC junto a Jesús Montané y otros.  Fotos añadidas a este post por el  bloguista de Baracutey Cubano)

Por Marta Rojas

VII: 30 DE JULIO.

LA DETENCION DE RAUL CASTRO Y SUS PRIMERAS DECLARACIONES

La noticia más importante que se produjo en toda la prensa el día 30 de julio en Santiago de Cuba fue la detención del joven Raúl Castro, quien dirigió la toma del Palacio de Justicia el 26 de julio de 1953, hermano del jefe del movimiento, Fidel Castro.

El cintillo del periódico Oriente decía: CAPTURADO EN SAN LUIS RAUL CASTRO, HERMANO DEL DOCTOR FIDEL CASTRO. La noticia se publicó en la primera plana del periódico con una foto de siete pulgadas de alto por tres columnas de ancho, donde aparecía Raúl de pie. La cabeza de la fotografía decía: "El jefe del ataque al Moncada -se refería a Raúl que había asumido la responsabilidad de aquella acción al saber a Abel muerto y estimar que Fidel se encontraba en las montañas donde proseguiría la lucha-. El pie de grabado decía: "Este jovencito, que no aparenta tener más de dieciocho años de edad, hermano del que se acusa como jefe del movimiento insurreccional, doctor Fidel Castro, se nombra Raúl Castro Ruiz (es Ruz), fue detenido ayer, cerca del poblado de San Luis".

"Este individuo", continuaba el pie de grabado -según informes- "fue el que dirigió personalmente a los atacantes del cuartel Moncada el pasado domingo y estaba parapetado en el edificio del Palacio de Justicia, logrando huir en la confusión que se formó al ser repelida la agresión por la guarnición del Moncada".

En el periódico Prensa Universal, también de Santiago de Cuba, además de la información de la detención de Raúl aparecieron sus primeras declaraciones, hechas en el Vivac de Santiago de Cuba, donde fue presentado. Decía Raúl en las declaraciones:

"Vivo en Neptuno 914, en La Habana, soy estudiante de Ciencias Sociales en la Universidad; mis padres viven en Birán, cerca de Marcané, en Mayarí, y me pasan una mesada; llegué a Oriente el sábado por la tarde para participar en el asalto al cuartel Moncada; salí el viernes por la noche invitado por mi hermano Fidel. Los planes no los supimos hasta que no estuvimos en la finca de Siboney, donde nos dijeron que íbamos a tomar el cuartel Moncada, explicándonos cómo se harían las cosas -dijo, y en otra parte agregó: las órdenes eran hacer prisioneros y no matar a nadie, también se nos dijo de las proclamas que se publicarían al terminar el movimiento en que se dirían de la repartición de tierra a los aparceros con una verdadera Reforma Agraria; el 25 por ciento de la producción a los obreros de todas las fábricas y una serie de leyes progresistas.

"Penetramos con cinco compañeros a la Audiencia de Santiago, con el objeto de tomarla y evitar que los soldados hicieran fuego sobre los compañeros, guardando la retirada a los encargados de tomar el cuartel Moncada. En los momentos que llegamos, cruzaba un soldado, le dimos el alto y lo llevamos para adentro. Personalmente toqué a la puerta, salió el sereno y lo amenacé con mi escopeta, a la vez que deteníamos a dos soldados que dormían en la Audiencia en el tercer piso, subimos a la azotea, desde donde no era posible tirar para el cuartel porque teníamos que sacar mucho el cuerpo por la altura del muro, optando por bajar. Al poco rato llegaron tres o cuatro policías y un paisano con una pistola, abrimos la puerta, entraron y los desarmamos, deteniéndolos. Estuvimos un rato más y al percatarnos que había fallado el golpe, abandonamos el lugar. No sé si el plan era nacional y no sabía nada tampoco de lo de Bayamo.

"Apenas llegaron aquí los revolucionarios fueron trasladados para un finca cerca de Siboney. Una vez allí les repartieron uniformes y armas para el asalto. No nos habían explicado ningún plan sobre cuestiones sociales, únicamente las pequeñas explicaciones hechas por Fidel en breves palabras, lo que ya he dicho.

"Mi afiliación política era ortodoxa, pero la ortodoxia ya no existe.

"A todos los individuos que vinieron, sólo de vista conocía a algunos. Cuando salí del Palacio de Justicia, me despojé de la ropa militar y me quedé con un pantalón de civil que tenía. Arrojé las armas y corriendo a toda velocidad atravesé la calle Garzón, ahí seguí por todas esas calles hasta que fui a dar a la Terminal y por toda la línea fui caminando hasta El Cristo, durmiendo en un campo de caña, al día siguiente salí caminando por la línea hasta Dos Caminos, subí al pueblo, compré pan y tomé agua y al continuar caminando me detuvieron, me dieron el alto, me pidieron identificación y dije que era de Marcané, que había venido a los carnavales y al quedarme sin dinero, me tuve que ir a pie para la casa. Al no poder identificarme me llevaron para el cuartel de San Luis, desde el martes por la mañana hasta el miércoles por la tarde; mientras investigaban mi verdadero nombre. Una vez conocido, me remitieron para Palma y luego para el Moncada." Hasta aquí las declaraciones formuladas por Raúl Castro, que fueron facilitadas a los periodistas previa censura del texto.

Ese mismo día fueron presentados también los combatientes Jesús Montané, Israel Tápanes, Reynaldo Benítez Nápoles, Julio Díaz González y Rosendo Menéndez García, detenidos en la zona de Sevilla, en una finca cercana a Siboney, al presentarse a la patrulla, amparados en las gestiones de paz que se habían iniciado.

Fueron remitidos al Moncada y luego al Vivac.

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