martes, noviembre 19, 2024

Dos videos del relevante analista Juan Antonio Blanco sobre 10 medidas de "máxima presión" que Donald Trump podría tomar contra la dictadura sexagenaria que hay en Cuba

 Mario J. Pentón

17 de noviembre

Diez medidas de "máxima presión" que Trump podría tomar con Cuba


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AmericaTeVe Miami

Noviembre, 2024

ANALISIS | ¿Por qué Fidel Castro nunca quizo que se LEVANTARA EL EMBARGO?


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Tomado de https://diariodecuba.com/

Caerá el 'muro de La Habana' o no habrá 'cambios sustanciales': opiniones sobre cómo afectará a Cuba la victoria de Trump

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Los analistas Emilio Morales, Juan Antonio Blanco, Roberto Veiga y Omar López Montenegro valoran en DIARIO DE CUBA lo que puede significar para la Isla el regreso a la Casa Blanca del magnate estadounidense.

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DDC

Madrid

06 Nov 2024 -

El republicano Donald Trump es el ganador de las elecciones celebradas este 5 de noviembre en Estados Unidos. El magnate se impuso a la demócrata y actual vicepresidenta, Kamala Harris, en los estados clave e incluso en el condado de Miami-Dade, considerado un bastión demócrata y lugar de residencia de muchos inmigrantes latinos, entre ellos cubanos. Sobre lo que puede significar para la Isla el retorno de Trump a la Casa Blanca, opinan en DIARIO DE CUBA el economista Emilio Morales, el politólogo Juan Antonio Blanco, el abogado Roberto Veiga y el activista Omar López Montenegro.

"Una esperanza para los cubanos"

Emilio Morales, presidente y CEO de la firma Havana Consulting Group, con sede en Miami, es categórico al expresar lo que, en su opinión, será la vuelta de Trump: "el fin de las dictaduras de Cuba y Venezuela".

"Esto ha sido aplastante, como la victoria de Reagan en los 80. Si Reagan tumbó el Muro de Berlín, Trump va a tumbar el muro de La Habana", pronostica el economista.

"Se abre una esperanza para los cubanos", considera. "La victoria de Trump demuestra que sí se puede; no importarán los obstáculos, se puede".

"Hoy están de luto en La Habana"

Para Juan Antonio Blanco, presidente de Cuba Siglo XXI, el virtual triunfo del candidato republicano es la confirmación de que "el establishment de comunicaciones, políticos, académicos norteamericanos ha perdido contacto con la realidad y no sabe leer las señales de para dónde van las voluntades de los distintos sectores norteamericanos".

"El Partido Demócrata se extravió hace bastante tiempo, cuando una entonces minoría de izquierda radical empezó a rediseñarlo para construirlo como un partido sumatorio de minorías. Y ha descubierto que hay grandes mayorías, incluyendo la de los jóvenes, que pensaban que eran de ellos, que simplemente no comulgan con su filosofía, con su credo y con su visión del país y del mundo", opina el politólogo cubano.

"En lo que a Cuba respecta, estoy seguro de que hoy están de luto en La Habana, están de luto en Teherán, están de luto en Caracas y están de luto en Managua. Estarán tratando de ver qué es lo que van a hacer, sobre todo en el caso de La Habana, cuando están enfrentando una crisis terminal, una crisis de colapso completo del sistema; cuando los rusos no pueden venir en su ayuda; cuando los chinos están más preocupados ahora con el nuevo presidente que con salvar a un Gobierno que no paga sus deudas, y todo eso es bueno para la causa de la democracia en Cuba y bueno para la causa de los derechos humanos y de la libertad", sostiene Blanco.

"Queda por ver qué hará La Habana"

Para Roberto Veiga, director de Cuba Próxima, centro de estudios sobre el Estado de derecho, que Trump asuma una actitud de confrontación o negociación con respecto a La Habana podría estar en manos de las autoridades de la Isla.

El abogado destaca que Trump ganó las elecciones "con un respaldo significativo" y considera que comenzará "un mandato con lógicas políticas que impactarán el modus vivendi del orbe, no solo de Estados Unidos".

"Con Cuba —con su Gobierno— quizá mantenga la posición de siempre, es decir, una praxis de confrontación, incluso extrema, y a la vez dispuesto a negociar", señala el director de Cuba Próxima.

"En 2017, luego de anunciar en Miami la confrontación con el Gobierno cubano, Trump envió a La Habana el mensaje de que podía variar esa posición suya si el Gobierno cubano permitía plenamente la empresa privada, extendía el servicio de internet a la sociedad e incorporaba la elección real de los diputados a partir de algún modo de nominación que el poder cubano pudiera aceptar. La Habana, por su parte, no atendió la solicitud", recuerda el abogado. 

"Ahora, según declaraciones públicas de su equipo, Trump volvería a ofrecer algo similar, si bien en esta ocasión con los reclamos siguientes: liberación sin condiciones de los presos políticos, realización de elecciones democráticas y abandono de la pretensión de influir en la política de los países latinoamericanos. O sea, tal vez esté en manos del Gobierno cubano favorecer que la Casa Blanca decida o la confrontación o la negociación. Queda por ver qué hará La Habana", dice Veiga.

"La problemática cubana es producto de la relación entre el régimen y la ciudadanía"

A diferencia de sus compatriotas, el activista Omar López Montenegro no cree que habrá "cambios sustanciales en la relación con el régimen" con el retorno de Trump a la Presidencia de EEUU.

"Ya Trump estuvo cuatro años en el poder y, más allá de ciertas medidas con relación a la migración, los viajes y las remesas, no hubo cambios significativos en la relación entre la dictadura y los gobiernos electos en Estados Unidos", apunta Montenegro.

Para el activista, "creer que la posibilidad de un cambio a la democracia en Cuba está directamente asociado con la elección de uno u otro partido en Estados Unidos, es suscribirse a la narrativa del régimen de que los problemas en la Isla son consecuencia del mal llamado diferendo Cuba-Estados Unidos".

"La problemática cubana es producto de la relación entre el régimen y la ciudadanía y solo podrá ser esencialmente cambiada a partir de acciones de los cubanos, no de ningún gobierno extranjero, como demuestra la evidencia histórica", considera.

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martes, abril 23, 2024

Alberto Roteta Dorado: SILVIO RODRÍGUEZ, LA DECADENCIA DE UN TROVADOR "COMPROMETIDO" (Segunda parte)

Amaury Gutierrez - No Toques Esa Guitarra 



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SILVIO RODRÍGUEZ, LA DECADENCIA DE UN TROVADOR "COMPROMETIDO" (Segunda parte)

(Los cantautores: Pablo Milanés, Vicente Feliú, Silvio Rodríguez y el tirano Fidel Castro. Fotos de archivo y comentarios del Bloguista de Baracutey Cubano)

Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.-

16 de abril, 2024

Santa Cruz de Tenerife. España.- Retomemos la respuesta de Silvio Rodríguez en la que se refiere a los supuestos “logros” de la política de la enseñanza artística de Cuba:

"Promociones nuevas de egresados de las escuelas de arte forman orquestas, grupos de cámara, tocando y asombrando a cuantos pasan por aquí, ganando becas que otorgan instituciones y gentes solidarias. Piedras preciosas que relucen en nuestra pobreza, gracias a la política de enseñanza artística que inauguró la Revolución hace 60 años”.

¿A qué política de enseñanza artística promocionada por la revolución cubana hace mención Silvio Rodríguez? ¿Acaso desconoce de la existencia de múltiples academias de música, conservatorios y profesores de música, danza, actuación, pintura y escultura antes de 1959? No lo creo. Rodríguez podrá ser dogmático y simpatizante del castrismo – suponiendo que sea cierto y no por conveniencia–; pero no es un ignorante. Recordemos que en La Habana, en la década del veinte del pasado siglo, había dos orquestas sinfónicas, la Orquesta Sinfónica y la Orquesta Filarmónica, cuyos integrantes tenían la formación necesaria para asumir las más exigentes partituras de un repertorio que abarcaba desde los grandes clásicos hasta las obras contemporáneas. ¿Dónde se formaron? 

La historia del ballet cubano con la emblemática bailarina Alicia Alonso no comienza con la revolución castrista del 59; sino mucho antes. La Alonso ya era una celebridad antes de que Castro tomara el poder. Téngase presente la labor de la Sociedad Pro-Arte Musical, institución que después de 1959 fue catalogada de manera despectiva por los sensores de la cultura cubana como una sociedad para la élite burguesa. 

(Silvio Rodríguez como integrante de una ¨brigada cultural¨  cuando la guerra en Angola) 

Figuras trascendentes del arte en Cuba alcanzaron su esplendor antes de esa política cultural de la revolución, a la que hace mención Silvio Rodríguez. Rosita Fornés, Esther Borja, Rita Montaner, Margarita Díaz, Martha Pérez, dentro del canto lírico, Ernesto Lecuona, Rodrigo Prats, Gonzalo Roig, Jorge Ankerman, Amadeo Roldán, Alejandro García Caturla, Eduardo Sánchez de Fuentes, Eliseo Grenet, entre otros, dentro de la composición y dirección musical, por solo citar algunos ejemplos concretos que demuestran la grandeza del arte cubano antes de 1959.

Luego la entrevista alcanza su clímax cuando el periodista le precisa: ¿Qué piensa de la ola de derecha reaccionaria que triunfa actualmente en América? Es una corriente mundial, pero tenemos los fenómenos de masas de Bukele, Milei, puede que Trump en unos meses…

¿”En América? ¿Y qué me dice de Europa"? Responde Silvio utilizando como recurso la mayéutica socrática. De nuevo el trovador se escuda en la idea de la pandemia (Covid-19, declaración de estado de emergencia en enero de 2020, declaración de pandemia en marzo del propio año, fin de la pandemia en mayo de 2023) y de las dos guerras (Rusia-Ucrania e Israel-Palestina), lo que, según su opinión, provocó un retroceso económico en todas partes, y que ahora, se agrava por las dos guerras. No obstante, carga contra la derecha – ya el periodista le había dado el "pie forzado" al referirse a la derecha como una ola reaccionaria– al responsabilizarla de culpar a los gobiernos “progresistas” ante la debacle económica. "Por eso levanta cabeza un neofascismo", afirma Rodríguez para estar a tono con el disparate periodístico de la ola de derecha reaccionaria en América Latina. 

La situación sociopolítica en América Latina se comporta de una manera oscilante, como si siguiera ciertas leyes divinas relacionadas con los grandes ciclos de alternancia que tienen lugar en el universo. En una misma nación sale victorioso un candidato de derecha y para el siguiente mandato se posesiona uno de izquierda. La persistencia de regímenes totalitarios de extrema izquierda como los que se mantienen en Cuba, Nicaragua y Venezuela, o como los que existieron en Argentina, Ecuador, Brasil, Bolivia y Chile han dañado sobremanera la imagen de la región. 

(Silvio Rodríguez con, el posteriormente General, Nelson Domínguez)

No es que la pandemia y las guerras desaten la pobreza y la extrema pobreza en estas naciones. La pobreza ha estado presente per se y los latinoamericanos inmersos en su ignorancia, fanatismo e incultura política eligen mal. El reciente caso del retroceso de Brasil al socialismo con la toma del poder por Lula da Silva, un expresidiario y acérrimo defensor de las ideas socialistas, es un ejemplo en este sentido, sin olvidar la mala elección de los colombianos para entregar el país a un ser como Gustavo Petro con un amplio historial criminal en sus espaldas.   

Este eterno fracaso latinoamericano no es nada nuevo. Desde los lejanos tiempos de Simón Bolívar ya se hace referencia, con un pesimismo sinigual, a esta imposibilidad de progreso en la región. En carta a Juan José Flores, el famoso político venezolano que llegó a ser primer presidente de la República del Ecuador, Simón Bolívar expresó: 

"Usted sabe que yo he mandado veinte años y de ellos no he sacado más que pocos resultados ciertos: 1º) La América es ingobernable para nosotros. 2º) El que sirve una revolución ara en el mar. 3º) La única cosa que se puede hacer en América es emigrar. 4º) Este país caerá infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada, para después pasar a tiranuelos casi imperceptibles, de todos colores y razas. 5º) devorados por todos los crímenes y extinguidos por la ferocidad, los europeos no se dignarán conquistarnos. 6º) Si fuera posible que una parte del mundo volviera al caos primitivo, éste sería el último periodo de la América… (Latina)”.

Ya muchas de las naciones eran extremadamente pobres antes de la pandemia y de las guerras. No se trata de culpar los grandes sucesos de relieve mundial, sino de ahondar en la verdadera causa de los males del continente. En este sentido merecen ser citadas las palabras del Nobel de literatura Mario Vargas Llosa, para quien “los problemas de América Latina tienen solución”, aunque sea difícil ante las malas elecciones de los latinoamericanos:

"Creo que todos ellos tienen una solución siempre y cuando la mayoría de los latinoamericanos acepte una realidad, una realidad que en el campo político significa que hay un sólo modelo de desarrollo, que no hay varios modelos como ocurría cuando yo era niño, hay uno sólo que es el que tiene éxito, que es el de los países que han prosperado y todos los otros han fallado tanto que han sido enterrados, salvo quizás en América Latina” (...) “todavía hablamos de una revolución socialista, todavía hay la idea de que una revolución puede resolver problemas en América Latina, como si los ejemplos en Cuba, en Venezuela, en Nicaragua no fueran lo suficientemente claros”.

Sin embargo, para Rodríguez, fiel al castrismo con sus continuidades y creatividades, la idea es bien diferente. Prefiere, como los mandatarios de la isla, ver en el fantasma del enemigo imperial la causa de todos los males del mundo, y de manera particular, los de la región, y como es lógico, los de una nación destruida, no por pandemias ni guerras, sino por la ineficacia de un modelo económico que jamás ha funcionado en ninguna parte del mundo, lo que lamentablemente, no es percibido por muchas naciones, incluidas algunas de Europa, que se empeñan en revivir el socialismo, independientemente de que resulte demostrable su condición de sistema fallido para el desarrollo de cualquier país. 

El autor de Canción del elegido sigue divagando sin reconocer la causa real del desastre de la economía cubana. Para esto retoma la idea de la dominación imperial: "Pero es obvio que hay una guerra mundial por la dominación económica. Los viejos imperios sienten su decadencia y se están batiendo con todo lo que tienen: la industria armamentística y la propaganda a todo trapo. Cero espacio para China y para Rusia; el mercado y la mente del mundo seguirán siendo nuestros o no serán de nadie. Es decir, la primitiva lucha por la supremacía: la ley del más fuerte”.

Y cuando crees que ya has visto, leído o escuchado todo, afirma que admira a Pablo Iglesias por su "lucidez radical". Para aquellos que no están familiarizados con la política española, es conveniente precisar que Pablo Iglesias, fue, por desgracia, vicepresidente durante la mayor parte del mandato anterior de Pedro Sánchez, quien se mantiene aún en el poder. Pablo Iglesias procede de un movimiento político llamado Unidas Podemos, conocido de manera más simplificada como Podemos, partido de extrema izquierda con el que tuvo que pactar Pedro Sánchez, del Partido Socialista Obrero Español, PSOE, para formar gobierno durante el mandato anterior. 

Actualmente la formación morada, como también se le conoce ha quedado reducido a la nada: "se fue prácticamente al carajo" según afirmó el periodista – los españoles como siempre tan "refinados" en su expresión–. Los planes ambiciosos de la Ministra de Trabajo, la comunista Yolanda Díaz, contribuyeron, con la presencia de SUMAR, donde se reúne lo más "ejemplar" de la escoria de la izquierda española, al debilitamiento y desmembramiento de Podemos.

Así las cosas, entre comunistas criminales se entienden y se desentienden. Tal vez por esto, y por otras cosas, Silvio Rodríguez es capaz de admirar esa "lucidez radical" de Pablo Iglesias, cuya lucidez lo ha llevado a administrar un bar en Madrid después de dar unas cuantas vueltas, una vez que renunciara a la vicepresidencia del Gobierno. 

Silvio Rodríguez es la personificación de una decadencia que experimenta la otrora próspera nación cubana, decadencia que se manifiesta no solo por su terrible situación económica – de las peores del continente americano y del mundo–; sino en lo ético, lo moral y lo social. 

Debe ser triste tener que presentarse guitarra en mano ante los pobladores pobres e ignorantes de los barrios marginales de algunos suburbios habaneros, o cantar para prisioneros de las cárceles cubanas después de haber tenido una exitosa etapa en la que llenaba los grandes escenarios de países como Chile, Argentina, México o Brasil. Esta es la realidad de este personaje por el que aún algún periodista de España aún se interesa. 

Atrás quedaron los coros de las multitudes que entonaron "ojalá que las hojas no te toquen el cuerpo cuando caigan, para que no las puedas convertir en cristal, Ojalá que la lluvia deje de ser milagro que baja por tu cuerpo". También quedaron atrás esos "ideales" de una época en la que algunos sintieron admiración por supuestos líderes del mal llamado progresismo y que el viejo trovador, ahora en el olvido, pretende despertar para una generación que sabe con certeza que no quiere nada que se parezca al comunismo. 

Su última presentación en España, en WiZink Center, en octubre de 2021, "con el pabellón lleno y las entradas agotadas", fue organizada por movimientos de izquierda de este país. Lo de las entradas agotadas no debe sorprendernos si tenemos en cuenta que en España la izquierda se propaga, cual maléfica plaga, independientemente que dichas organizaciones se encargaran de asumir el pago de centenares de entradas al famoso Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid, en el barrio de Goya (distrito Salamanca) de la ciudad española de Madrid. 

De ahí que la prensa por aquellos días afirmara que "los asistentes participaron desde el inicio con gritos de Viva Cuba o Abajo el bloqueo, algo muy sui generis entre los aberrados simpatizantes del comunismo. En la calle se reunieron otros cientos de personas con pancartas que decían "Cuba pide democracia y libertad" y con consignas de: "Madrid, en Cuba el arte se censura", “Viva Cuba Libre” o "Patria y Vida". 

Así las cosas, y como ya dijo el propio autor de Unicornio: "yo no podría vivir de otra forma". De modo que seguirá aferrado a esos "ideales" que ya muchos perdieron, cantando entre prisioneros y marginados. Se lo merece.

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 DE LOS ARCHIVOS DEL BLOG BARACUTEY CUBANO

Tomado de https://www.elmundo.es


Pablo Milanés: "El reggaeton no es música: es recitar cosas groseras"

Por Iñako Díaz-Guerra
Madrid
24 ene. 2019

Pablo Milanés. Bayamo, Cuba, 1943. Cantautor. Hoy toca en el Inverfest 2019 de Madrid, patrocinado por Hyundai. En los 60 lideró, junto a Silvio Rodríguez, la Nueva trova cubana y 50 años después aún tiene energía para sacar cuatro discos en un año. Eso sí, la música y la política actuales le ponen malo.

¿Qué relación mantiene un artista con canciones con las que lleva conviviendo décadas? ¿Aún las quiere? ¿Le aburren? ¿Se convierten en rutina?

    Las quiero, las quiero. A unas más y a otras menos, pero a todas. Antes de dar a conocer una canción, tú ya has hecho una selección. Has escrito y roto papeles una y otra vez, hasta que das con lo 
que querías. Esa selección previa ya significa que la canción te complace. Todas las canciones publicadas, en definitiva, son preferidas tuyas.

(Fotografía de Ángel Navarrete)

¿Suele coincidir con el gusto del público a la hora de valorar sus canciones?

    Desgraciadamente, siempre hay una o dos canciones en cada disco que son las que gustan al público y otras 10 que quedan en el anonimato y a mí me encantan. Al final esas canciones las escribes para ti mismo.

Hay artistas que acaban odiando cantar sus grandes éxitos. ¿Es su caso?

    No, no. Mis canciones más conocidas me gustan mucho. Es increíble, porque no sé los miles de veces que la habré tocado, pero aún disfruto al cantar Yolanda. Disfruto de verdad. Lo que pasa es que uno siente también dolor por aquellas que son desconocidas y sigo intentando cantarlas en mis recitales, aunque sea correr cierto riesgo. El público merece conocer cosas que no ha oído nunca y yo no quiero acomodarme, que es un posibilidad a estas alturas de carrera.

Vivimos un 'boom' de la música latina a nivel mundial, pero, obviamente, son estilos que nada tienen que ver con lo que ustedes popularizaron hace 40 años. ¿Le interesa el fenómeno del reggaeton y derivados?

    No. Si acaso, me interesa en el sentido de analizarlo y criticarlo. La música de hoy se ha comercializado tan absolutamente que ya no es música. Diría que el reggaeton es un recitativo de cosas, a menudo, groseras. Ya no tiene nada que ver con la música. Lo que están haciendo son monólogos. Cabe más dentro del teatro que dentro de la música... si es que el teatro los admite.

Para quien, principalmente, cantó al amor y a la revolución, ¿resulta frustrante cómo se tratan ahora estos temas en la música?

    No se tratan, los evitan. La vida es la misma y la situación social y cultural del mundo es la misma. Sigue habiendo cosas para expresar que generen un sentimiento de amor y de lealtad al ser humano. Todo eso se está traicionando. Ahora hablan de cosas que nada tienen que ver con eso, que son superficiales y groseras. Evaden todas las razones de la existencia del ser humano. Me parece lamentable y me parece más lamentable aún que haya compañías internacionales que estén apoyando eso, que estén inventando a diario pseudoestrellas que se desinflan rápido, pero da igual porque inventan otra, otra y otra. Así el mercado no se agota, porque hay una cadena de artistas, emisoras, televisiones y compañías que no cesan de especular. 

Cuatro de sus hijas se han dedicado a la música...

    Más, más. Tengo otro mayor y otro pequeño que también. Ha sido espontáneo, porque ninguno tomo consciencia de quién yo era y lo que hacía hasta los 12 años.

¿Y ninguno ha elegido estos estilos que no le gustan?

    ¡Cómo que no! Un hijo mío hace rap. Antonio, de 18 años. Tiene una formación clásica, pero le dio por el rap. Y yo no me opongo a eso, siempre que sus textos sean admisibles. Está creando una serie de melodías alrededor del rap que, para mí, son algo innovador. En fin, yo hubiese querido otra cosa, pero ¿qué le voy a hacer? Son los tiempos y las influencias y contra eso no se puede hacer nada.

Usted fue durante muchísimo tiempo un gran defensor de la Revolución cubana y del castrismo, aunque tuvo sus más y sus menos en los últimos años. ¿En qué punto está su relación con Cuba?

    Yo soy residente y ciudadano cubano. Vivo allí con mi familia, aunque como mi mujer es española venimos a menudo. Amo a mi país y, por favor, no caigamos en una conversación política porque no quiero hablar de eso.

¿Por qué alguien que siempre ha hablado abiertamente de política ya no quiere tratar el tema?

    Me he cansado. Actualmente considero a los políticos lo contrario de lo que es un revolucionario. No me cuesta hablar de Pepe Mujica, de Nelson Mandela... Pero, fuera de ellos, no encuentro nadie al que se le pueda incluir en lo que debería ser un político y es un revolucionario.

¿Tampoco a Fidel Castro?

    Él fue un hombre, nada más.

¿Y usted?

    Yo soy un revolucionario. No soy otra cosa. Un hombre de izquierdas revolucionario y creo que ya me muero así. Los revolucionarios no cambian. Esa es la esencia. Y cuando un revolucionario se convierte en un político y hace concesiones, se traiciona a sí mismo. Ya no es revolucionario. 

Dijo en una ocasión que desconfía de los dirigentes que superan los 75 años. Usted va a cumplir 76. ¿Nos podemos fiar de los músicos de esa edad?

    Sí, claro. Al menos mientras tenga facultades, que es el problema. Yo considero que aún las tengo y cantaré hasta que, por lealtad a mí mismo, vea que ya no puedo más. 

¿Se vuelve uno perezoso con los años? ¿Alguna vez piensa que para qué se va a poner a trabajar y componer, si cantando Yolanda ya lo tiene hecho?

     ¡Qué va, qué va! En 2018 hice cuatro discos: uno de salsa, otro de canciones tradicionales cubanas, otro con un pianista con el que trabajo hace años y otro en inglés. Imagina tú si me quedan fuerzas y voluntad para seguir trabajando. Todo eso aparte de los conciertos, que voy a cualquier pueblo del mundo donde me inviten. Aún me queda energía 

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Tomado de https://elpais.com/

“La apertura cubana es un maquillaje”

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El fundador de la Nueva Trova habla de sus años en los campos de trabajo El artista comienza la próxima semana una gira por España para presentar 'Renacimiento'

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Por Mauricio Vicent

Madrid - 14 FEB 2015 

En esta entrevista concedida a EL PAÍS, mitad por vía telefónica, mitad de forma presencial, Pablo Milanés (Bayamo, 1943) habla  en profundidad de los años que pasó en las UMAP, los campos de trabajo tristemente célebres donde en los sesenta fueron recluidos homosexuales, religiosos y todos aquellos que en Cuba no se adecuaban a los “parámetros revolucionarios”.

Sobre el anuncio del restablecimiento de relaciones entre Cuba y EE UU, el cantante y compositor dice que no ve verdadera disposición a “ceder” en ninguna de las dos partes y considera “un maquillaje” las reformas realizadas hasta ahora en su país. Sin embargo, sigue sintiéndose revolucionario y pone como ejemplo a seguir al expresidente de Uruguay, José Mujica.

Este viernes por la noche acompañó a Víctor Manuel en su concierto 50 años no es nada y la semana próxima comenzará una gira por España para presentar Renacimiento, trabajo que llega siete años después de su último álbum y en el que Milanés rescata ritmos tradicionales de Cuba como el guaguancó, el son o el changüí, poco habituales en su repertorio. El año pasado el cantautor se sometió en España a un trasplante de riñón donado por su esposa, Nancy, y ahora parece rejuvenecido. Acaba de terminar un disco con José María Vitier y trabaja en dos nuevos proyectos, uno de ellos con su hija Haydee.

Pregunta. En el reciente Festival de Cine de La Habana se hizo un homenaje a García Márquez. Allí usted cantó Días de Gloria (1999), una de las canciones que más gustaban al escritor y que en su estrofa final lamenta: “Qué es lo que me queda/ de aquella mañana/ de esos dulces años/ si en ira y desengaño/ los días de gloria/ los dejamos ir”. ¿Era un desengaño compartido? ¿Por qué tanta gente arrepentida?

Respuesta. Nunca hablé con Gabo de por qué le gustaba esa canción, pero la escuchó, le gustó y la elogió muchísimo… debió comprenderla perfectamente. Arrepentido no es precisamente la palabra. Estoy más bien, y creo que los que piensan como yo también, defraudado por unos dirigentes que prometieron un mañana mejor, con felicidad, con libertades y con una prosperidad que nunca llegó en 50 años.

P. ¿Por qué Renacimiento?

R. Este trabajo se llamó así por dos motivos: porque es un renacer en mi obra después de varios años sin publicar un disco, y porque la base fundamental de casi todos los temas es la música renacentista y barroca, esencial en mi obra. A partir de esos pilares exploro distintos géneros cubanos menos conocidos e incluso algunos más olvidados como el changüí, que es una variante específica del oriente cubano y con raíces más profundas en Europa y África. En muchos de los temas se combinan dos estilos musicales, transitando desde una primera parte clásica a un género más contemporáneo o esencialmente cubano en la segunda parte de la composición.

P. En las letras también hay cargas de profundidad. En Canto a La Habana dice: “La Habana siempre es mi guía/ Limpia y bonita como fue ayer/ mustia y marchita como está hoy”.

R. La Habana es una de las ciudades más mágicas del mundo aun cuando se está cayendo. Es una canción de alabanza, pero al mismo tiempo contiene la tristeza por el hecho de cómo la han dejado caer en la “miseria y la soledad”, como digo en la canción.

P. En Dulces recuerdos se recrea el día en que se legalizó el Partido Comunista de España. “El recuerdo no marchita tu belleza de esa noche,/ pero el tiempo se ha encargado de matar otros anhelos/ y me lleva hasta París 68, cuando juntos contemplábamos un cartel que nos decía: ‘Marx ha muerto, Dios no existe...”. ¿Vale también para Cuba?

R. Aquel día estaba en Madrid y sentí la euforia de aquella cantidad de gente que corría hacia la Cibeles a celebrarlo. Yo también lo celebré hasta la madrugada. Por mucha universalidad que tengan mis canciones, es raro que no incluya a Cuba, y naturalmente Cuba también está ahí y forma parte del fracaso del socialismo real, del que hablo en ese tema.

P. Recientemente recibió un trasplante de riñón, que donó tu esposa Nancy. ¿Cómo le ha cambiado la vida?

R. Me siento extraordinariamente bien, me hago exámenes mensuales desde el trasplante y todos los parámetros están cerca de la perfección. Naturalmente me ha cambiado la vida, y eso implica el sacrificio de un cambio radical de costumbres.

P. Ese acto de amor de Nancy…

R. Efectivamente, fue un acto de amor inconmensurable. Cuando Nancy decidió donarme su riñón lo expresó ante mis hijos, mis amigos y los que me querían, con una convicción que no tuvo reproches de parte de nadie; demostró a todos que ese acto de amor era intocable.

P. ¿Cómo valora el anuncio del restablecimiento de relaciones entre Cuba y EE UU?

R. En primer lugar, me llenó de regocijo el regreso de los presos cubanos, porque aquí siempre existió la convicción de que el juicio en EE UU estuvo amañado. Luego viene el restablecimiento de las relaciones, que para los cubanos del interior y del exterior, sin duda, es conveniente por la unificación definitiva de muchas familias. Ahora, tras 18 meses de conversaciones secretas, donde se supone que llegaron a acuerdos, las declaraciones de los gobiernos de ambos países me dejan desconcertado. Cuba no cederá un ápice en su posición y EE UU penetrará en todos los ámbitos que pueda para el supuesto desarrollo de la nación cubana. Siguen enrocados. ¿A qué acuerdos llegaron los dos si ahora se contradicen? Esa es mi duda: que ninguno ceda y que otra vez el pueblo cubano siga en su agonía sin salida, como está hace 50 años.

P.¿Las medidas aperturistas en Cuba han tenido efectos positivos, o sólo han incrementado las desigualdades?

R. Ni una cosa ni la otra. Siempre he dicho que esas aparentes aperturas han sido un simple maquillaje. Hay que ir al fondo, al pueblo de a pie para ver que nada ha cambiado.

P. En recientes entrevistas se ha referido a su paso por los “campos estalinistas” de la UMAP y a cómo este hecho interrumpió su carrera. Hasta ahora nunca ha ahondado en lo que pasó. Puede contarlo hoy..

R. Nunca me han preguntado tan directamente sobre las UMAP (irónicamente Unidades Militares de Ayuda a la Producción). La prensa cubana no se atreve y la extranjera desconoce la nefasta trascendencia que tuvo aquella medida represora de corte puramente estalinista. Allí estuvimos, entre 1965 y finales de 1967, más de 40.000 personas en campos de concentración aislados en la provincia de Camagüey, con trabajos forzados desde las cinco de la madrugada hasta el anochecer sin ninguna justificación ni explicaciones, y mucho menos el perdón que estoy esperando que pida el Gobierno cubano. Yo tenía 23 años, me fugué de mi campamento —me siguieron 280 compañeros presos más de mi territorio— y fui a La Habana a denunciar la injusticia que estaban cometiendo. El resultado fue que me enviaron preso durante dos meses a la fortaleza de La Cabaña, y luego estuve en un campamento de castigo peor que las UMAP, donde permanecí hasta que se disolvieron por lo escandaloso que resultó ante la opinión internacional.

De allí, después de leerme Un día en la vida de Ivan Denisovich, de Aleksander Solzhenitsyn, que me envió un amigo, me di cuenta de que las ideas de un revolucionario no se desvían por los errores que cometen los dirigentes. De allí salí más revolucionario. La UMAP no fue un hecho aislado. Antes de 1966, Cuba se alineó definitivamente a la política soviética, incluyendo procedimientos estalinistas que perjudicaron a intelectuales, artistas, músicos. Según la historia, en 1970 comenzó lo que se llamó el quinquenio gris, y yo digo que realmente comenzó en 1965 y fueron varios quinquenios.

P. ¿Y por qué después de todo esto siguió considerándose revolucionario y defendiendo la revolución?

R. El origen está en lo que significó Cuba en el año 59 para el mundo. Yo tenía entonces 15 años, y cuando profundicé en la realidad social de América Latina me convertí en un revolucionario. Esas ideas no solo cuajaron en mí, sino en todos los países latinoamericanos. Los ideales que profesábamos eran los más puros que se podían tener en aquella época. Otra cosa hubiera sido traicionar mi pensamiento, así que, aunque se cometieran errores, vi que había que defender la idea original... y todavía la defiendo. Yo asumo el pasado, y tengo claro lo que pienso. Apoyo la revolución ciudadana de Correa en Ecuador y la de Evo Morales. Y para mí el ejemplo más grande de revolucionario en América es José Mujica, encarcelado durante 14 años y después un hombre sin rencor, capaz de crear un Estado libre, soberano, no dependiente y próspero.


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lunes, abril 22, 2024

Alberto Roteta Dorado.: SILVIO RODRÍGUEZ, LA DECADENCIA DE UN TROVADOR "COMPROMETIDO" (Primera parte)

 SILVIO RODRÍGUEZ, LA DECADENCIA DE UN TROVADOR "COMPROMETIDO"

(Primera parte)

(Silvio Rodríguez, Noel Nicola y Pablo Milanés, 18 de febrero de 1968)

Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.-

16 de abril, 2024

Santa Cruz de Tenerife. España.- Recientemente se le ocurrió a un periodista madrileño entrevistar al compositor cubano Silvio Rodríguez, un personaje que en su momento  – que ya pasó y no creo que lo recuperará jamás–  gozó de una inmensa popularidad en varios países de América Latina. Autor de canciones inolvidables como Ojalá, La era está pariendo un corazón, Por quien merece amor, Unicornio y Canción del elegido, entre otras tantas, las que, independientemente que nos simpatice o no dicho personaje, son de una calidad extraordinaria, ya sea desde el punto de vista musical o por la belleza y profundidad de sus letras: un verdadero poeta, algo muy poco común dentro de la llamada música popular. 

 La entrevista se publicó en Diario de Avisos, un medio de prensa de la isla de Tenerife, Islas Canarias. Se precisa en la introducción que en realidad lo que tuvo lugar fue un encuentro desde la distancia, toda vez que desde Madrid se le hicieron una serie de preguntas que Silvio Rodríguez respondió desde La Habana por correo electrónico. Durante el "encuentro" se abordó el tema de la política de Cuba y las concepciones que en este sentido tiene el autor de Unicornio, más que la propia obra del legendario compositor.

Cuando se le preguntó acerca de los difíciles momentos por los que pasan los cubanos desde el punto de vista económico, amén de la secuencia de manifestaciones pacíficas asumidas por la población cubana en los últimos tiempos, Rodríguez respondió con el habitual discurso pleno del dogmatismo acérrimo de los comunistas de su generación, la de los años setenta y ochenta del pasado siglo.

Para Silvio Rodríguez la situación económica de la isla, la peor de la historia desde 1959 hasta el presente, es producto de "la recesión de la pandemia, agravada por dos guerras"; y enfatizó en la idea de lo que definió como "sanciones imperiales muy injustas". Sería conveniente que una figura como el entrevistado modificara su aberrante oratoria carente de sentido. Recordemos que el mal llamado bloqueo tuvo su origen a partir de las expropiaciones masivas que el régimen castrista ejecutó contra aquellos dueños de pequeñas y medianas empresas a partir de 1960, o sea, desde los mismos comienzos del nuevo régimen impulsado por Fidel Castro que asumió la nacionalización como estandarte de su política totalitaria. 

Cuando se tiene una visión parcializada de la realidad de un contexto histórico se ofrece opiniones que distorsionan el verdadero motivo de las sanciones aplicadas por parte del gobierno estadounidense. No se trata de una "inducción del descontento a través de la asfixia económica”, como se atreve afirmar el trovador cubano. El pueblo cubano está descontento de manera cuasi generalizada ante la hambruna, la carencia de medicinas, de insumos, de ropa, de calzado, entre otras tantas cosas; pero también están muy descontentos por la prolongación de una agonía que parece prolongarse por la eternidad. Existe un despertar de conciencias, no como un hecho aislado, como pretende presentar la dictadura cubana en sus medios oficialistas, siempre serviles al régimen; sino como un despertar de carácter nacional. 

Es cierto que las más recientes protestas no fueron masivas como las del 2021, fenómeno que tiene su comportamiento sui generis producto de las acciones represivas de la policía y de los miles de agentes encubiertos del gobierno encargados de golpear e impedir las marchas, las que en realidad pudieran ser multitudinarias en otro contexto sociopolítico. 

Luego de algunas preguntas relacionadas con la estancia del entonces joven Silvio, etapa junto a pescadores y marineros de donde surgieron temas como Playa Girón, Sueño con serpientes, En el claro de la luna, entre otras, incluidas en su primer trabajo discográfico en solitario, el periodista español le da el motivo para que intervenga en relación con el fenómeno migratorio cubano, siendo preciso con la siguiente sentencia: "Parece que a los jóvenes no les concierne tanto la Revolución". 

A lo que responde Rodríguez: “Yo comprendo a los jóvenes que se van. La vida es una sola y la situación en Cuba es bastante difícil". No obstante, retomó la arcaica retórica de los "logros" de la revolución cubana a través de dos de sus variantes más polémicas en la actualidad: la educación y la salud, aspectos de los que el régimen se mostraba orgulloso en otros tiempos; aunque en el presente se le vino todo abajo, toda vez que nadie cree en los supuestos "logros" de una nación destruida. 

Según Silvio, las escuelas y los hospitales funcionan aunque con menos personal y recursos. En esto miente sobremanera. Dicho de otro modo, oculta una parte de la verdad al ofrecer una respuesta sesgada y parcializada de la real situación de devastación generalizada que sufre el país. Se sabe que la calidad de la educación es pésima, algo que no se limita a la instrucción primaria y secundaria, sino a la enseñanza media y superior. Los profesores y maestros han asumido el éxodo casi generalizado, entre tanto, otros se han ido de este tipo de profesión en busca de poder sobrevivir en medio de las carencias materiales. 


Por otra parte, la salud cubana, esa de la que el régimen se sintió orgulloso, y al propio tiempo, utilizó el slogan castrista de la potencia médica mundial para obtener ganancias a través de la explotación de los médicos y otros profesionales de la salud en distintos países del mundo, está en un estado de deterioro total debido a la carencia de personal, medicinas e insumos, independientemente del terrible estado en que se encuentran todas sus infraestructuras, exceptuando las que pertenecen a los militares de la alta jerarquía. 

(En la foto: ntegrantes de una  brigada cultural en Angola dos de los cuales son ya fallecidos: un mago de cuyo nombre no me acuerdo, el pésimo cantautor  Vicente Feliú,  hermano mayor del buen cantautor, tempranamente fallecido, Santiago Feliú; y Silvio Rodríguez. ¿ Qué hubiera dicho la tiranía Castrista si los alzados de la UNITA hubieran matado  a estos miembros de la ¨brigada cultural¨. Fotos y comentarios añadidos al artículo  por el bloguista de Baracutey Cubano.)

El fenómeno migratorio no solo afecta áreas como la salud y la educación. También la cultura ha experimentado un retroceso determinado, en gran medida, por el éxodo de muchos artistas de la plástica, de la literatura, del teatro, la radio y la televisión, el cine, etc., independientemente del freno a la libertad de expresión, lo que se reafirma en cada consejo de la directiva de instituciones como la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, UNEAC, la Asociación Hermanos Saíz, AHS, entre otras, todas al servicio de la dictadura. 

Recordemos la terrorífica frase del dictador Fidel Castro: "Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada", esa que le provocó el espanto al poeta y narrador cubano Virgilio Piñera, y que el maníaco y delirante comandante pronunciara en los inicios de la llamada revolución cubana. Sin embargo el viejo trovador es capaz de atenuar la realidad con su obsoleta palabra:

"Promociones nuevas de egresados de las escuelas de arte forman orquestas, grupos de cámara, tocando y asombrando a cuantos pasan por aquí, ganando becas que otorgan instituciones y gentes solidarias. Piedras preciosas que relucen en nuestra pobreza, gracias a la política de enseñanza artística que inauguró la Revolución hace 60 años”.

También se sabe que muchos de los que salen por asuntos de trabajo artístico no regresan jamás a Cuba. Basta hacer mención, en este sentido, a la cantidad de cantantes del Coro EntreVoces y otros tantos bailarines de la compañía de Ballet de Camagüey que no regresaron al país durante recientes presentaciones por España. 

Continuará.

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martes, noviembre 08, 2022

Abel Sierra Madero: ¿Cuándo fue la última vez que los cubanos pudieron opinar pública y libremente de política? ¿Cuándo fue la última vez que pudieron decidir y evaluar el desempeño del gobierno, más allá de las cocinas y los pasillos?

 
Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

Tengo la opinión que la última vez que los cubanos pudieron opinar pública y libremente de política fue ANTES que el terrorismo revolucionario  entrara en la escena de la sociedad cubana en su lucha contra el gobierno de Fulgencio Batista, gobierno elegido en las elecciones del 1 de noviembre de 1954,  e instaurado el 24 de febrero de 1955. El miedo a que durante esa lucha el terrorismo conociera y tomara acciones contra las personas que simpatizaban con el gobierno de Batista  limitaba a que muchos cubanos dieran libremente su opinión.  Ese miedo bien fundado  también lo tuvieron  personas que no simpatizaban con el gobierno de Batista pues conocían de hechos  como les pasó a algunos opositores políticos de Batista como fue, por ejemplo, el intento de apuñalamiento de Carlos Márquez Sterling  durante la irrupción en los salones de la Artística Gallega de miembros del 26 de Julio cuando se celebraba la Asamblea del Partido de Pueblo Libre y la proclamación de su candidatura a los comicios; a un miembro de dicho partido lo asesinaron en su casa en Camaguey miembros del 26 de Julio.  Por la Ley 2 de la Sierra Maestra y el Manifiesto de la Sierra Maestra del 12 de marzo de 1958 se  advertía de lo que les podía pasar  a aquellos que   participaran en las elecciones tanto ya fuera como candidatos políticos, electores o miembros de las mesas electorales, lo cual motivó que muchos electores dieran sus cédulas electorales a sargentos políticos para que buscaran personas que votaran por ellos.  Después de  1959, y durante varias décadas, aquellas personas que votaron en las elecciones del 2 de noviembre de 1958 quedaban automaticamente excluidas de ser militantes del Partido Comunista de Cuba si en el proceso se comprobaba que había votado..

Después del 1 de enero de 1959  los fusilamientos y ahorcamientos (los cuales ya se llevaban a cabo desde antes del 1 de enero de 1959 en la Sierra Maestra y la Sierra Cristal)  y las condenas a prisión por supuestos motivos políticos  limitaron aún más que  muchas personas (yo diría que la inmensa mayoría) se manifestaran libremente  en contra de las medidas y discursos  de los mandamases verdeolivos y , muy en particular, de Fidel y de Raúl Castro.

Batista no orquestó el mal llamado Golpe del 10 de Marzo de 1952; para conocer quienes fueron  vea el siguiente video a partir del instante : 1:37:03

BATISTA: A 70 años del Golpe de Estado


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Enrique Del Risco
30 de octubre a las 09:00
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Encuesta de Bohemia del 28 de junio de 1959. Le preguntan al pueblo sobre si quiere elecciones y un 57.54% dice que no y un 38.49% dice que sí. Entrados en detalles un 29.82% de los que decían no querer elecciones aclara que su negativa es para siempre. El resto prefiere postergarlas para dentro de cuatro años, tres, dos o uno. O sea, que mirada la letra chiquita los incondicionales al castrismo a apenas de seis meses de instaurado son apenas el 16% de la población total. Es la última encuesta sobre cualquier tema político que le permititirían publicar a Bohemia. Aunque un 60% de aprobación no está nada mal para un gobierno democrático para un régimen que aspiraba a contar con la aprobación de la totalidad del pueblo cubano era un dato demasiado incómodo. 

La discusión de si Fidel Castro era o no comunista en 1959 es bastante menos importante que la de determinar desde cuando era totalitario y por estas evidencias parece que fue desde el principio. Y para los que afirman que el pueblo cubano en masa renunció a la democracia a favor del castrismo  estas encuestas demuestran que el apoyo era menos abrumador de lo que luego se dijo.
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LA HORA DE LA UNANIMIDAD

 
Por Luis Aguilar León
La Habana,Cuba
13 de mayo de 1960

La libertad de expresión, si quiere ser verdadera, tiene que desplegarse sobre todos y no ser prerrogativa ni dádiva de nadie. Tal es el caso. No se trata de defender las ideas del Diario de la Marina; se trata de defender el derecho del Diario de la Marina a expresar sus ideas. Y el derecho de miles de cubanos a leer lo que consideren digno de ser leído. Por esa plena libertad de expresión y de opción se luchó tenazmente en Cuba. Y se dijo que si se comenzaba por perseguir a un periódico por mantener una idea, se terminaría persiguiendo todas las ideas. Y se dijo que se anhelaba un régimen donde tuvieran cabida el periódico Hoy, de los comunistas, y el Diario de la Marina, de matiz conservador. A pesar de ello, el Diario de la Marina ha desaparecido como expresión de un pensamiento. Y el periódico Hoy queda más libre y más firme que nunca.

Evidentemente el régimen ha perdido su voluntad de equilibrio.

Para los que anhelamos que cristalice en Cuba, de una vez por todas, la libertad de expresión. Para los que estamos convencidos de que en esta patria nuestra la unión y la tolerancia son esenciales para llevar adelante los más limpios y fecundos ideales, la desaparición ideológica de otro periódico tiene una triste y sombría resonancia. Porque, preséntesele como se le presente, el silenciamiento de un órgano de expresión pública, o su incondicional abanderamiento en la línea del gobierno, no implica otra cosa que el sojuzgamiento de una tenaz postura crítica. Allí estaba la voz y allí estaba el argumento. Y como no se quiere, o no se puede, discutir el argumento, se hizo imprescindible ahogar la voz. Viejo es el método, bien conocido son sus resultados.

He aquí que va llegando a Cuba la hora de la unanimidad: la sólida e impenetrable unanimidad totalitaria. La misma consigna será repetida por todos los órganos publicitarios. No habrá voces discrepantes, ni posibilidad de crítica, ni refutaciones públicas. El control de todos los medios de expresión facilitará la labor persuasiva: el miedo se encargará del resto. Y, bajo la vociferante propaganda, quedará el silencio. El silencio de los que no pueden hablar. El silencio cómplice de los que, pudiendo, no se atrevieron a hablar.

Pero, se vocifera siempre, la patria está en peligro. Pues si lo está, vamos a defenderla haciéndola inatacable en la teoría y en la práctica. Vamos a esgrimir las armas, pero también los derechos. Vamos a comenzar por demostrarle al mundo que aquí hay un pueblo libre, libre de verdad, donde pueden convivir todas las ideas y todas las posturas. ¿O es que para defender la justicia de nuestra causa hay que hacer causa común con la injusticia de los métodos totalitarios? ¿No sería mucho más hermoso y más digno ofrecer a toda la América el ejemplo de un pueblo que se apresta a defender su libertad sin menoscabar la libertad de nadie, sin ofrecer ni la sombra de un pretexto a los que aducen que aquí estamos cayendo en un gobierno de fuerza?

Lamentablemente, tal no parece ser el camino escogido. Frente a la sana multiplicidad de opiniones se prefiere la fórmula de un solo guía y una sola consigna, y una total obediencia. Así se llega a la unanimidad totalitaria. Y entonces ni los que han callado hallarán cobijo en su silencio. Porque la unanimidad totalitaria es peor que la censura. La censura nos obliga a callar nuestra verdad; la unanimidad nos fuerza a repetir la mentira de otros. Así se nos disuelve la personalidad en un coro colectivo y monótono.

Y nada hay peor que eso para quienes no tienen vocación de obedientes rebaños.
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Tomado de https://www.hypermediamagazine.com/

¿Elecciones para qué? Las encuestas de Bohemia

Por Abel Sierra Madero

Julio 10, 2020

En Cuba la inmensa mayoría habla mal del gobierno, de modo clandestino, claro, bajito, porque las paredes tienen oídos. La gente está tan paranoica que cree que la Seguridad del Estado es como un big brother, con escuchas e informantes en todos lados. Tal vez sea así, aunque siempre he creído que se trata de una idea disciplinaria asentada por los aparatos represivos, para que todo el mundo se convierta en su propio policía. Es un modo eficiente y económico de gestionar el poder a través del miedo. No hay un sentimiento más paralizador que el miedo, hasta un día.

La cocina es uno de los lugares más comunes para descargar la frustración y la rabia. También lo era para los soviéticos, dice Svetlana Aleksiévich. En las cocinas se conspira, ahora también en las redes sociales, aunque muchos no quieren marcarse. Pero… ¿cuándo fue la última vez que los cubanos pudieron opinar pública y libremente de política? ¿Cuándo fue la última vez que pudieron decidir y evaluar el desempeño del gobierno, más allá de las cocinas y los pasillos?

En 1959 se produjo la única consulta popular durante los últimos sesenta años. Se hizo desde las páginas de la revista Bohemia. A través de un survey (encuesta) la gente pudo evaluar la gestión del gobierno revolucionario. Los surveys de Bohemia habían sido una suerte de termómetro político de la nación. Se dice que el golpe de Estado de Fulgencio Batista, en marzo de 1952, se produjo, precisamente, por los resultados de una encuesta que daban como ganador de las elecciones a Roberto Agramonte, candidato del Partido Ortodoxo. Batista decidió tomar un atajo e impuso una dictadura que trajo, entre otros resultados, el triunfo de la Revolución y la instauración de un régimen que lleva enquistado en el tiempo más de medio siglo. 

Los surveys de Bohemia eran diseñados por Raúl Gutiérrez Serrano, un profesor de Psicología Social que había estudiado en Columbia University y era miembro de la WAPOR (World Association for Public Opinion Research). Junto al pintor Luis Martínez Pedro, fundó una agencia de publicidad, y en 1951 fue nombrado por el Diario de la Marina como una de las diez personas más influyentes de la Isla. Durante el gobierno revolucionario, ocupó cargos en el Ministerio de Educación y fue profesor de la Universidad de La Habana. 

Después del golpe de Estado orquestado por Batista en 1952, Bohemia decidió no realizar más encuestas políticas hasta que en Cuba no se restituyera la democracia. Con el triunfo de la Revolución, la revista se animó a realizar un nuevo sondeo. Los resultados se publicaron el 22 de febrero de 1959. A través de un cuestionario, la ciudadanía evaluó el desempeño del gobierno revolucionario y del Ejército Rebelde. “Nunca se había visto antes una opinión tan favorable. Ni en nuestros surveys del 1946 al 1952; ni en nuestros estudios de surveys de otros países” escribió Gutiérrez Serrano.[1] Más del 90 % de los consultados creía que el gobierno lo estaba “haciendo todo perfectamente bien”. Las opiniones que diferían de ese criterio tan entusiasta, explicó, provenían fundamentalmente de centros urbanos. Dijo, además, que la encuesta se había realizado con métodos científicos, pero no ofreció detalles metodológicos, tampoco expuso las técnicas empleadas. Era una investigación muy básica que dividía la muestra por provincias, clase, sexo, raza y edad. 

De acuerdo con el sondeo, la mayoría de la población pensaba que la Revolución había restablecido la libertad a los cubanos. “¿Cuáles son las mejores cosas que ha hecho el gobierno?”, se preguntó. La gente aplaudió la creación del Ministerio de Recuperación de Bienes Malversados, una instancia diseñada para decomisar y expropiar a miles de cubanos de sus bienes y sus empresas. Las políticas laborales y la de reforma agraria gozaron también de gran aceptación.

Una de las opciones tenía que ver con la justicia. “Castigar a los culpables de la dictadura, fusilar a los criminales, castigar a los asesinos, fusilar a los malos, justicia rápida, vengar a los muertos”. Este tipo de ejercicios producía un sesgo porque inducía las respuestas. El 22,27 % de los consultados la marcó. Sin embargo, un mes antes Fidel Castro compartió los resultados del survey de una “prestigiosa firma”, no dijo cuál. Aseguró que más del 90 % de la población aprobaba el paredón.[2] Como se sabe, la justicia de esos años se impartió a golpe de juicios sumarios y fusilamientos, no solo a esbirros del antiguo régimen, sino también a muchos otros como una señal de escarmiento e intimidación; el terror jacobino terminó por imponerse. 

A pesar de los problemas metodológicos y de los márgenes de errores, el survey de Bohemia es una buena herramienta para analizar la opinión pública en ese momento. En junio de 1959 la publicación lo volvió a hacer. Aunque los resultados del nuevo survey indicaron que la mayoría de la población seguía apoyando las políticas del gobierno, los porcentajes de aprobación comenzaron a bajar. Si en la encuesta de febrero más del 90 % de la gente consideraba que el gobierno lo estaba haciendo “todo perfectamente bien”, en la de junio esa opinión la compartía el 78,31 % de los encuestados. En La Habana los números cayeron considerablemente con respecto al survey anterior, cuando esta pregunta había alcanzado el 84,64 %. En junio, el 65,59 % de la población de la capital pensaba que con los Rebeldes todo marchaba a las mil maravillas. También resulta llamativo que solo el 2,62 % de los encuestados opinó que el gobierno revolucionario respetaba la libertad de prensa, de expresión y de reunión. 

El 29 % consideró que los rebeldes lo estaban haciendo “pésimamente mal”. Gutiérrez Serrano explicó que “en todos los sectores y áreas se produce esa tendencia crítica de un 12 %”, y que el descenso se debía a las clases y sectores que estaban siendo afectadas por las medidas revolucionarias. Tales indicadores, en democracia, no constituyen un problema. Los gobiernos responden a este tipo de investigaciones con cambios de política y ajustan su gestión para cambiar las estadísticas en posteriores encuestas, pero en los regímenes autoritarios el ideal es la unanimidad, a eso aspiran, por eso los surveys de Bohemia comenzaron a levantar las alarmas entre los líderes revolucionarios. 

Unos meses antes de la encuesta de junio, Fidel Castro se lamentaba del resultado de los surveys, pero trató de restarles importancia. “Ya no tendremos el 95 %, ni el 85 %, ni el 80 %, ni el 75 %, es posible que hasta menos; pero siempre tendremos una mayoría, eso sí (…). Así que en elecciones no nos ganarán, porque siempre tendremos una mayoría, porque aquí… (DEL PÚBLICO LE DICEN: “¿Elecciones para qué?”) ¡Cuándo quieran las hacemos!”, alardeó.[3]

El 21 de junio de 1959, los editores de Bohemia escribieron una nota en la que dijeron que en esa ocasión el survey había incluido preguntas sobre las elecciones. Buscaban “las razones a favor y en contra de su celebración y del tiempo para efectuarlas”.[4] Los resultados los prometieron para el próximo número. Entonces, ya Fidel Castro había logrado convencer a la gente de que las elecciones no eran una buena idea. Aseguró que las celebrarían cuando estuvieran dadas las condiciones. En una entrevista con Edward Murrow, dijo que se cortaría la barba cuando hubiera cumplido su promesa del “buen gobierno”; nunca sucedió. El comandante hacía sus propias encuestas. “Vamos a hacer un survey aquí, vamos a hacer un survey. Los que quieren que inmediatamente convoquemos a elecciones que levanten la mano. Los que antes que nada quieren leyes revolucionarias”, indicó el 12 de abril de 1959 en un acto político.[5]

El número de Bohemia del 28 de junio de 1959 dio a conocer los resultados sobre el deseo de los comicios. “Usted quiere elecciones o no quiere”, se preguntó. El 57,34 % de la muestra dijo que no quería sufragios. A estos encuestados, explicó Raúl Gutiérrez Serrano, se les hizo una pregunta de control para saber si se oponían a las elecciones de modo rotundo y definitivo o si la respuesta estaba condiciona por la variable tiempo. Solo la tercera parte dijo que nunca querría elecciones. “Es decir que el ‘no quiero elecciones’ es un ‘no quiero’ condicional que significa no las quiero por ahora”, agregó el investigador.[6]

El 38,49 % de la muestra respondió que sí quería elecciones. También se le preguntó acerca de los tiempos. El 16,26 % dijo que las quería en menos de un año, el 78,77 % consideró aplazarlas después de esa fecha, mientras que el 58,23 % indicó que lo más sensato era que las elecciones se postergaran dos años. 

Las respuestas no sorprenden si tomamos en cuenta toda la propaganda que se hizo desde el gobierno para paralizar nuevos comicios. Raúl Gutiérrez Serrano aclaró que la opinión sobre este tema se explicaba por la experiencia de las elecciones republicanas caracterizadas por la politiquería y el engaño. La otra razón de que “el Pueblo no quiera elecciones por ahora”, dijo, “es la satisfacción que tiene con el gobierno revolucionario y la necesidad de consolidar y llevar a cabo las medidas que está implantando, principalmente la Reforma Agraria”.[7]

Bohemia desempeñó un papel fundamental en la legitimación de la Revolución y la construcción de una narrativa afectiva sobre los Rebeldes. Los editores permitieron, entre otras cosas, que Enrique de la Osa se inventara que el régimen batistiano le había costado a Cuba veinte mil muertos. Apoyaron cuanto fusilamiento e intervención se realizó en el nombre sagrado de la Revolución. Pero el cerco sobre la libertad de expresión y la prensa se fue estrechando; la revista fue intervenida después de que a su director, Miguel Ángel Quevedo, no le quedó más remedio que asilarse en la embajada de Venezuela en julio de 1960 e irse al exilio. Terminó por suicidarse en 1969, ya lo había intentado antes. La culpa, dicen, acabó con él. Antes de quitarse la vida escribió una carta de despedida (para algunos, apócrifa) a su amigo Ernesto Montaner. “Fidel no es más que el resultado del estallido de la demagogia y de la insensatez. Todos contribuimos a crearlo. Y todos, por resentidos, por demagogos, por estúpidos o por malvados, somos culpables de que llegara al poder”, se lee en la misiva.[8]

El control de la opinión y el ejercicio del criterio

El survey de Bohemia en junio de 1959 fue el último con criterios políticos que se publicó en Cuba. El nuevo régimen se dio cuenta de que preguntarle a la gente y anunciar los resultados en la prensa no era buena idea. Querían impedir, precisamente, lo que sucedió en 2015, cuando los resultados de una encuesta realizada por Bendixen & Amandi —para Univisión en colaboración con The Washington Post—, demostraron que Barack Obama y el Papa Francisco gozaban de más aceptación que Raúl y Fidel Castro.

Sin embargo, el gobierno siguió haciendo encuestas e investigaciones como las que hacía Bohemia, pero no se publican. Para saber lo que en realidad piensa la gente, se crearon algunas instancias controladas por la sección ideológica del Partido Comunista. Una de ellas es el Departamento de Opinión del Pueblo. El PCC también controla varias instituciones de investigación. Una de ellas es el Centro de Estudios de la Juventud, que es gestionado por la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC). El Partido también supervisa el Centro de Investigaciones Sociológicas y Psicológicas (CIPS) y el Instituto Cubano de Antropología. Aunque estas entidades formalmente las maneja el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente de Cuba (CITMA), en la práctica responden al Departamento Ideológico del PCC. Desde allí se comisionan las investigaciones, algunas de ellas son consideradas como secretos de Estado y los resultados no se pueden publicar. Trabajé en el CIPS por dos años, conozco muy bien el asunto. 

La opinión de los cubanos ha sido históricamente supervisada. A su llegada al poder en 2006 —debido a la enfermedad del máximo líder—, Raúl Castro convocó a la ciudadanía y al Partido Comunista a romper el secretismo de los medios de comunicación, que había caracterizado el periodo de su hermano. De este modo, el general presidente incitó a un “debate” nacional para restaurar la credibilidad de los medios oficiales y del propio Partido, y aseguró que el Estado debía garantizar espacios para la discusión y la diferencia de opiniones.

Sin embargo, lejos de promover la libre circulación de las ideas y un universal principio de libertad de expresión, acotó que las diferencias debían ser “expresadas preferiblemente en lugar, tiempo y forma, o sea, en el lugar adecuado, en el momento oportuno y de forma correcta, siempre serán más deseables a la falsa unanimidad basada en la simulación y el oportunismo. Es por demás un derecho del que no se debe privar a nadie”.[9]

Pero una cosa es el discurso político y otra la praxis. ¿Quién o quiénes deciden la pertinencia o la inoportunidad de un criterio y qué cuestionamientos son lícitos o no? Para controlar la libre circulación de las ideas, el gobierno cubano ha creado espacios “autorizados”. Uno de ellos es la sección en el periódico Granma, órgano oficial del Partido Comunista, para que las personas escriban y comenten acerca de los problemas que las aquejan. Para evitar “espontaneidades”, los programas de opinión en la televisión cubana se redujeron considerablemente y se graban y editan bajo estrictos conceptos ideológicos. 

¿Normalización o garrote?

De acuerdo con la encuesta realizada en 2015 por Bendixen & Amandi, el 64 % de los entrevistados consideraba que la “normalización” de relaciones con Estados Unidos traería a Cuba reformas en el sistema económico, pero el 30 % pensó que nada iba a cambiar. Han pasado varios años de aquel experimento y pienso más o menos igual: la “normalización” de Obama o la política de línea “dura” de Donald Trump no devolverán a los cubanos la libertad ni la democracia. 

En Estados Unidos, a los que están a favor del engagement con el régimen poco les importa la memoria, los crímenes del castrismo o el desastre social y económico que ha dejado a su paso. Solo quieren seguir en la cumbancha y que la crisis se mantenga en el tiempo. Se las dan de buenitos y preocupados por la suerte de un pueblo al que solo ven como mercado y oportunidades de negocitos. Algunos son dueños de charters, compañías de mensajería o turoperadoras que facturan millones de dólares al año, que van a parar muchas veces a las arcas de los militares cubanos. Tratan de vaciar de contenido la Historia para producir una amnesia colectiva que mantenga todo exactamente igual. Otros están a favor de la “normalización” por pura ideología.

Muchos en el exilio, hay que decirlo, tampoco quieren que la cosa cambie para poder seguir viviendo de los grants y los fondos destinados a la “democracia” en Cuba. Por otra parte, los que apoyan la política del garrote de Trump no entienden que el aislamiento y el recrudecimiento del embargo constituyen el escenario ideal para el régimen. El embargo es la base de la ideología castrista, lo provee de los argumentos para reproducir el sistema y alimenta el nacionalismo populista que tanto calado tiene aún fuera y dentro de la Isla. Las dos políticas están atrapadas en un círculo vicioso, conducen al mismo callejón sin salida, a un dead end. 

La democracia en Cuba debería pasar por las urnas, por un sufragio transparente y supervisado por organizaciones internacionales, y no por el presidente estadounidense de turno. Cuba tiene que decidir, de una vez y por todas. Ahí deben estar concentrados todos los esfuerzos, se trata de hacer una presión tal, dentro y fuera, que al régimen no le quede más remedio que convocar a elecciones. Desde hace décadas, los cubanos votan con los pies, nos largamos adonde sea. Eso tiene que cambiar, pero mientras llega ese momento hay que tener listo un proyecto de país.  

¿Elecciones para qué? 

 De este modo incitaba Fidel Castro a las multitudes a inicios de 1959; sabía la respuesta de antemano. Ese era su modo de consulta. Lanzaba una pregunta y tomaba como representativa la respuesta de los asistentes en una plaza. Así gobernó toda la vida, vaciando de contenido la democracia que prometió restaurar. Nunca compitió en unas elecciones libres, tampoco se sometió al escrutinio de la ciudadanía, ni rindió cuentas sobre su desastrosa gestión. Diseñó todo de modo que fuera “elegido” constantemente por unos cuantos militantes. Gobernó a punta de pistola, traje de verde olivo y peroratas interminables. A esa fórmula autoritaria el marxismo de manual le llamaba “centralismo democrático.” 

Cuando en 2002 Oswaldo Payá logró recaudar más de diez mil firmas para solicitar al parlamento cambios a la legislación y un referendo nacional, la respuesta del comandante no se hizo esperar. Violó la propia Constitución y la blindó con el Artículo 137, que aseguraba que el socialismo era “irreversible.” Por tal irreverencia, en 2003, setenta y cinco disidentes fueron encarcelados y condenados a más de veinte años de cárcel. A este proceso se lo conoció como la “primavera negra”. Payá, por su parte, recibió la presión constante de la Seguridad del Estado. En uno de los muros aledaños a su casa en un barrio del Cerro, pintaron una frase que lo representaba como un traidor: “En una plaza sitiada la disidencia es traición.” Así lo marcaban. 

Oswaldo Payá murió en 2012 a causa de un accidente automovilístico, provocado, dicen algunas fuentes, por la Seguridad del Estado. Su hija, Rosa María, ha solicitado una investigación internacional para esclarecer el asunto. Además, ha seguido la tesis del cambio de su padre, que se basa, fundamentalmente, en la realización de un plebiscito, de una consulta popular. Con ese objetivo creó Cuba Decide, una plataforma “no partidista” que ha recogido miles de firmas de apoyo a su visión. De acuerdo con su sitio web, Cuba Decide “es una iniciativa ciudadana para cambiar el sistema político y económico en Cuba provocando un proceso pacífico de transición hacia la democracia”.[10] Se trata, se explica, de crear las condiciones para un referendo que fuerce al régimen “a someterse a la voluntad del pueblo”. Las ideas que esta plataforma maneja acerca de la consulta popular deberían ser asumidas por la mayoría de las organizaciones opositoras en la Isla y por toda la ciudadanía. Desafortunadamente, no ha sido así. 

Siempre he creído en las micropolíticas para el cambio social. Que se pida al Estado que respete a los emprendedores, al periodismo independiente, que baje los precios del Internet, me parece genial. Que se exija una ley de cine o una de protección animal, sería muy oportuno. Una ley de género serviría para evitar los altos índices de feminicidio; otra, que criminalice la homofobia y permita el matrimonio igualitario, es importante. Sin embargo, considero que un referendo con un proyecto de país en la gaveta es el único modo de que esa nación que todos queremos, sea posible.

Si en 1959, cuando Bohemia preguntó en un survey, la gente hubiera votado por unas elecciones y no por consolidar la Revolución, es muy posible que el destino de Cuba hubiera sido otro. ¿Quién sabe?

Notas

[1] Raúl Gutiérrez Serrano: “Survey nacional: El pueblo opina sobre el gobierno de la Revolución”, Bohemia, Vol. 51, No. 8, 22 de febrero de 1959, p. 76. 

[2] Fidel Castro: “Discurso en Artemisa”, 17 de enero de 1959. http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1959/esp/c170159e.html

[3] Fidel Castro: “Discurso en el Palacio Presidencial”, 22 de marzo de 1959. http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1959/esp/f220359e.html

[4] Raúl Gutiérrez Serrano. “El pueblo opina sobre el gobierno revolucionario y la reforma agraria”, Bohemia, Año 51, No. 25, 21 de junio de 1959, p. 8.  

[5] Fidel Castro: “Discurso en una concentración campesina en Camagüey, 12 de abril de 1959.  http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1959/esp/f120459e.html

[6] Raúl Gutiérrez Serrano: “Survey de Bohemia. El pueblo opina sobre las elecciones”, Bohemia, Año 51, No. 26, 28 de junio de 1959, p. 71. El subrayado es del original.

[7] Ibid., p.70.

[8] La carta se publicó mayo de 2002 en Contacto Magazine. 

[9] Raúl Castro Ruz: “Discurso pronunciado por el General de Ejército Raúl Castro Ruz, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en la clausura del Sexto Período Ordinario de Sesiones de la Séptima Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular”, República de Cuba, 18 de diciembre de 2010. http://www.cuba.cu/gobierno/rauldiscursos/2010/esp/r181210e.html

[10] “¿Qué es Cuba Decide?” https://cubadecide.org/que-es-cuba-decide/ .


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