martes, julio 14, 2026

EEUU-Cuba: la hora de la decisión. El relevante analista r Juan Antonio Blanco: Washington se encuentra ante una coyuntura en que la decisión de actuar o no actuar en Cuba redefinirá por décadas el equilibrio del hemisferio.

EEUU-Cuba: la hora de la decisión

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Washington se encuentra ante una coyuntura en que la decisión de actuar o no actuar en Cuba redefinirá por décadas el equilibrio del hemisferio.

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Por Juan Antonio Blanco

Miami

13 julio 2026

A cinco años de la rebelión nacional en Cuba del 11 de julio de 2021, un balance entre las fuerzas represivas y las de la población no deja espacio a duda: un pueblo hambreado, desarmado, sin conexión a internet como en aquella jornada, no puede enfrentar con éxito la brutal maquinaria represora del régimen castrista. Por esa razón esta vez las miradas desde Cuba se vuelven cada vez más hacia Washington.

El tiempo se acaba

La pregunta de si en los próximos meses podría estallar una guerra entre EEUU y Cuba parte de una premisa equivocada. Refleja una comprensión insuficiente de la estrategia y de los recursos que ambas partes llevan meses movilizando en preparación para una probable escalada del conflicto bilateral de más de seis décadas. 

La verdadera pregunta no es si EEUU y Cuba entrarán en "guerra" en los próximos meses, sino cuándo se reconocerá que ese conflicto existe hace décadas, que su escalada ya está en curso y que, de llegar a usarse alguna modalidad cinética, los recursos tecnológicos de EEUU son tan vastos que no lo amarran a una sola opción. No son los tiempos de Normandía, Corea y Vietnam. Cuba tampoco es Venezuela o Irán.

Desde hace varios meses ambos países movilizan instrumentos políticos, económicos, diplomáticos y de seguridad, en una renovada escalada estratégica de ese conflicto histórico. Tanto en esta fase como en la cinética (si se llega a ella) estaríamos en todo caso en presencia de lo que los expertos denominan un enfrentamiento de cuarta generación. Este tipo de conflicto privilegia las acciones psicológicas, presiones económicas y diplomáticas que pueden combinarse, selectivamente, con múltiples modalidades cinéticas, sean masivas o quirúrgicas. En el caso de Cuba estas últimas son las que pasan a primer plano.

El objetivo principal de Washington en esta primera etapa no cinética, es tratar de alcanzar sus propósitos por medio de un conjunto de acciones —económicas, políticas, diplomáticas— sin necesidad de tener que llegar a recurrir a operaciones militares (aunque estas últimas no solo no se han descartado, sino que están planificadas y listas a ser usadas). Las más espectaculares fueron las de poner fin a los subsidios petroleros gratuitos que llegaban desde Venezuela y el inicio de nuevas sanciones financieras contra el conglomerado GAESA.

En paralelo, Washington lleva meses construyendo la arquitectura institucional y jurídica necesaria para sustentar y legitimar una eventual acción cinética de hacerse ella imprescindible.

Entre otras vale citar las siguientes. Se ha reformulado la doctrina de seguridad nacional de forma que incluya el caso cubano como amenaza inminente y creíble. Se ha iniciado un proceso judicial contra Raúl Castro (máxima autoridad real en Cuba). Se ha construido un sistema interamericano paralelo a la OEA (Escudo de las Américas) con su propio tratado de asistencia militar recíproca en la lucha contra el terrorismo y el crimen regional organizado. Ambas instituciones nacen libres del régimen de consenso para adoptar decisiones que ha paralizado a la OEA desde hace décadas. También se han adoptado medidas que exponen y criminalizan las acciones subversivas que algunos grupos emprenden bajo el beatífico disfraz de la "solidaridad con los pueblos" o la "lucha por la paz".  

En el terreno de la diplomacia bilateral la Administración Trump ha enviado emisarios de alto nivel a la Isla y establecido conversaciones con contrapartes en Cuba en las que ha expresado sus expectativas de cambio y sus líneas rojas a la familia Castro. El reloj —sea digital o de arena— está en marcha.

La lección al parecer finalmente aprendida con el régimen cubano es que solo se disponen a retroceder haciendo concesiones cuando se esgrime la amenaza creíble del posible uso de la fuerza para desplazarlos del poder. Por esa razón todo lo antes dicho ha sido acompañado de movimientos militares que hagan creíble —y factible— el cambio hacia operaciones cinéticas en cualquier momento que se estime necesario. En ese campo, la aplastante superioridad militar estadounidense combinada con la extrema debilidad militar, pero también política y económica, del régimen de La Habana, es lo que hace factible seleccionar entre varias opciones quirúrgicas de corta y mediana duración sobre modalidades masivas y prolongadas.

En meses recientes el escenario militar se ha fortalecido para que se pueda desencadenar repentinamente cualquier acción cinética, bien sea aislada o sostenida, que pueda finalmente decidir el presidente de EEUU.

Las infraestructuras de las bases de Guantánamo en Cuba y Roosevelt Roads en Puerto Rico han sido reforzadas y se le han sumado ciertos equipos claves para operaciones de desembarco anfibio como los Boeing V-22 Osprey. Muy significativos son el reinicio de sistemáticos vuelos de reconocimiento de inteligencia electrónica (SIGINT) con drones de última generación MQ 4C Triton y otros, así como las visitas a Guantánamo del jefe del Comando Sur y del Departamento de Guerra.

Hay más de un portaviones cercano al escenario de operaciones, pero esto no es tan importante en el caso de Cuba como lo fue en Venezuela ya que la Isla está ubicada a corta distancia de todos los recursos del Comando Sur y el Comando Central localizados en Florida. Tampoco sería necesario movilizar durante días y semanas una fuerza naval hasta Suramérica como en el caso venezolano.

En la costa este de EEUU —formando un arco en torno a Cuba— existen numerosos enclaves aéreos y navales de envergadura. Entre ellos destacan las siguientes: Base Aérea Naval de Jacksonville y Base Naval de Mayport (Florida), la base submarina de Kings Bay (Georgia), la Base del Cuerpo de Marines Camp Lejeune (Carolina del Norte), la Base Expedicionaria Conjunta Little Creek-Fort Story (Virginia), Base Naval de Norfolk (Virginia), Base de Submarinos de New London (Connecticut) y por último la Base Naval de Norfolk (Virginia) que es la más grande del mundo y alberga a la mayor flota de la Armada.

Podría decirse que todas las piezas —diplomáticas, doctrinales y militares— están en su lugar y solo falta la decisión final del presidente de EEUU para ejecutar alguno de los diferentes juegos operativos y opciones que han sido diseñados para aplicarse según sea el alcance de los objetivos que se persigan con las acciones militares.

La estrategia cubana: ralentizar o cancelar la fase cinética estadounidense

Para el régimen cubano no existe posibilidad alguna de vencer militarmente a EEUU. Su única probabilidad de salir airoso en una escalada del viejo conflicto entre ambos países proviene de la capacidad que demuestre tener para paralizar y/o ralentizar los mecanismos de toma de decisión estadounidense. Para ello se siembran dudas sobre la necesidad, legitimidad, oportunidad y costos que puede suponer iniciar acciones militares en la Isla.

Si en un conflicto cinético cada bando mide su progreso por los blancos batidos con misiles, en esta guerra híbrida La Habana mide el éxito por el número de artículos o comentarios editoriales publicados en algunos medios estadounidenses de gran alcance (The New York Times, Washington Post, USA Today, CNN) que cuestionan la sabiduría de iniciar acciones cinéticas contra Cuba y recomiendan regresar a la fracasada política de contención diplomática de los últimos 67 años. Es sinceramente lamentable ver ocasionalmente a analistas internacionales de renombre (aunque ninguno experto en temas cubanos) dejarse también influir por las líneas de desinformación y medidas activas que exporta el servicio de Inteligencia cubano y repetirlas en sus columnas de opinión en medios liberales respetables.

Si la suma aritmética de esos artículos fuera indicadora de victoria —como lo fue en su momento la contabilidad de las bolsas de cadáveres enemigos en Vietnam— La Habana tendría razones para pensar que está comenzando a ganar esta primera fase. Así, calculan, podrían evitar que EEUU pase a la segunda (cinética) en la que no tiene posibilidad alguna de maniobrar o vencer.

El régimen cubano ha movilizado casi todos los recursos de su maquinaria híbrida. Por un lado, los espías que siempre han sembrado a niveles altos y medios de la burocracia estadounidense. Por otro, sus agentes de influencia que movilizan potenciales consumidores de sus mensajes en medios de prensa, instituciones religiosas, culturales y otras organizaciones de la sociedad civil, así como en partidos políticos y sus representantes en el Congreso.

Sabiendo que la decisión final de ejecutar una acción militar recae sobre el presidente (ya intentaron y hasta ahora fracasaron varias veces tratando de que fuese el Congreso quien la aprobase) y conociendo las diferentes corrientes de pensamiento e intereses que se mueven en su entorno, han desplegado una actividad frenética de cabildeo: desde congresistas demócratas y republicanos hasta influencers socialistas y ultraconservadores. La Habana es pragmática. No apuesta su seguridad a la gestión exclusiva de Bernie Sanders, Alexandra Ocasio-Cortes o Zohran Mamdani.  

En días recientes se han filtrado documentos cubanos que bajo el título general de "Plan de Respuesta Rápida Internacional" se detallan las acciones que deberán asumir los asociados a ese engranaje de organizaciones que se movilizan en su favor. No es arriesgado presumir que planes similares deben estar en marcha en algunos países latinoamericanos donde desestabilizar la gobernabilidad les resulte más viable, bien sea por los recursos humanos y materiales a su disposición (entre ellos los que aporta el crimen transnacional organizado regional), o por vivir un momento de transición institucional (Colombia, Perú) o de inestabilidad en su gobernabilidad interna (México).

En esos países y en otros más no solo cuentan con bases ciudadanas de simpatizantes, sino con células clandestinas entrenadas en infiltrarse en manifestaciones pacíficas legítimas, y así desatar confrontaciones violentas con las fuerzas del orden que generen muertes y atraigan titulares de la prensa internacional. Los fallecidos por su causa son entonces esgrimidos como mártires de la brutal represión capitalista. En 2019 lo hicieron en Chile, Colombia y Ecuador. Pero el ascenso de gobiernos aliados de Washington no favorece esos planes en esta coyuntura.  No es descartable incluso que en el futuro cercano veamos a la amorfa y descentralizada Antifa jugando ese papel violento dentro de EEUU como contribución al "Plan de Respuesta Rápida Internacional" de La Habana.

Las consecuencias de no actuar

Una vez traspasado un cierto umbral de expectativas, el costo de la inacción de EEUU es, mucho más alto y potencialmente impagable que los riesgos de actuar. La parálisis política histórica ha permitido la consolidación en Cuba de un peligro permanente para la seguridad regional.

El abandono de la Brigada 2506 en Bahía de Cochinos en abril de 1961 generó una percepción de debilidad estadounidense a los ojos de la URSS que precipitó la Crisis de los Misiles del año siguiente. La inacción tiene a menudo considerables e imprevisibles costos.

De no actuar en Cuba antes de que expire la ventana actual de oportunidad, son de prever las siguientes consecuencias:

  • Erosión de la credibilidad: EEUU perdería su capacidad de ejercer amenazas creíbles en otros escenarios estratégicos si se muestra indeciso ante un enemigo pequeño en su mayor debilidad histórica. También la perdería a los ojos de los cubanos en la Isla y de la comunidad establecida en Florida que —desde Bahia de Cochinos— representa un sólido bloque electoral del partido republicano. 
  • Supervivencia y radicalización del régimen: El régimen podría consolidar por varias décadas su nuevo estatus de oligarquía autoritaria, prefiriendo siempre alianzas con otros regímenes semejantes y adoptando conductas internacionales más agresivas e irresponsables al sentirse fortalecido por haber resistido ahora la presión externa.
  • Impacto político doméstico: La abstención de actuar tras haber generado expectativas de cambio afectaría los resultados electorales, especialmente en Florida y mantendría latente el peligro de futuros éxodos migratorios desde la Isla.

Conclusión

El tema cubano tendrá un impacto en EEUU, bien sea si se cancela la acción para cambiar su régimen o si se llegara a ejecutar exitosamente.

En ocasiones, la historia concede una breve ventana para corregir errores acumulados durante generaciones. Sin embargo, la historia rara vez ofrece segundas oportunidades.

EEUU se encuentra ante una de esas coyunturas excepcionales en las que la decisión de actuar —o de no hacerlo— redefinirá durante décadas el equilibrio estratégico del hemisferio y puede abrir o cerrar el espacio a una escalada internacional de desafíos basada en una renovada percepción de su debilidad. También puede decidir el equilibrio electoral futuro en Florida y quizás más allá.

Esta presidencia tendrá que escoger en 2026 cuál de los dos legados prefiere dejar a sus sucesores. Después de las expectativas creadas esa encrucijada es ahora ineludible.

El tiempo de los diagnósticos está llegando a su fin. Ha llegado la hora de las decisiones. El reloj ya comenzó la cuenta regresiva.

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Rolando Napoles

13 de julio, 2026

Cuba y EE UU.: El peligro de no actuar ya.


Martí Noticias

13 de julio, 2026

Trump lanza el mayor golpe al régimen de Cuba: castiga al turismo y a Brigadas de Respuesta Rápida


Wenceslao Cruz

13 de julio, 2026

Oscar Casanella - "El pueblo cubano perdió el miedo": La dictadura intentó ocultar el 11 de Julio





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sábado, julio 11, 2026

Sobre Cuba. Relevante analista Juan Antonio Blanco: SE ACABAN LAS OPCIONES: INTERVENCIÓN MILITAR EN CUBA ES IMPRESCINDIBLE.. General Rafael del Pino: COMUNICADO DEL MOVIMIENTO CUBANO DE MILITARES OBJETORES DE CONCIENCIA

COMUNICADO DEL MOVIMIENTO CUBANO DE MILITARES OBJETORES DE CONCIENCIA

Generales y coroneles cubanos, cuando conmemoramos el quinto aniversario de la rebelión nacional del 11 J ¿van ahora a defender la “Primera Monarquía de América Latina”?

Las reiteradas declaraciones públicas del nieto del supuestamente retirado Raul Castro han expuesto la realidad del poder y el sistema que ustedes protegen, no frente a enemigos externos, sino frente al pueblo cubano.

Las pretensiones y actitudes del frívolo e ignorante “Cangrejo”, elevado por encima de las instituciones a estadista por obra y gracia de su pertenencia a la familia real, serían risibles si no fuesen tan irritantes en las actuales circunstancias.

Se lo hemos dicho antes y lo reiteramos ahora: Cuba no es un país socialista gobernado por el partido comunista. Es un estado mafioso controlado por una oligarquía cleptocrática que roba los recursos al pueblo y se sirve de ustedes como un ejército mercenario privado. La familia real cuenta con ustedes para que los protejan de la furia popular por la crisis humanitaria que han desatado con su codicia e incompetencia.

Si lo que hasta ahora los ha paralizado para asumir el papel que les corresponde es la posibilidad de una intervención internacional, entonces cumplan su deber y asuman directamente el poder junto al pueblo que es el único y legitimo soberano. Saquen a esa familia del trono al que pretenden atornillar a sus descendientes. Pasen a la historia como dignos mambises, no como gánsteres al servicio de una cuadrilla de mafiosos. ¡Ya es hora!

¡Patria y Vida!

General Rafael del Pino

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Cuba en Miami

11 de julio, 2026

A 5 Años del 11J: El Fuerte Mensaje de Marco Rubio Sobre Cuba


Cubanos por el Mundo

11 de julio, 2026

11 de julio: cubanos se movilizan en Miami y ciudades del mundo


America Noticias USA

10 de julio, 2026

SE ACABAN LAS OPCIONES: INTERVENCIÓN MILITAR EN CUBA ES IMPRESCINDIBLE

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Tomado de https://www.infobae.com/

El movimiento de militares objetores exige a los mandos cubanos que rompan con la familia Castro

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La organización que encabeza el general Rafael del Pino difundió un pronunciamiento por el quinto aniversario del 11J en el que insta a generales y coroneles a ponerse del lado de la ciudadanía

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Infobae

10  de julio, 2026

El Movimiento Cubano de Militares Objetores de Conciencia, encabezado por el general Rafael del Pino, lanzó un comunicado en el que interpela directamente a generales y coroneles de las Fuerzas Armadas cubanas en el quinto aniversario del 11 de julio de 2021, exigiéndoles que retiren su apoyo a la familia Castro y asuman el poder junto al pueblo.

El comunicado del Movimiento describe a Cuba no como un Estado socialista sino como “un estado mafioso controlado por una oligarquía cleptocrática que roba los recursos al pueblo”. El texto apunta directamente a las recientes declaraciones públicas del nieto de Raúl Castro —al que califica de “Cangrejo”— como prueba de que el poder real descansa en la familia gobernante y no en las instituciones del partido.

Del Pino y los firmantes acusan a los mandos militares de actuar como “ejército mercenario privado” al servicio de esa estructura familiar. El llamado es explícito: “Saquen a esa familia del trono al que pretenden atornillar a sus descendientes. Pasen a la historia como dignos mambises, no como gánsteres al servicio de una cuadrilla de mafiosos”.

El texto coincide con un análisis de la socióloga Cecilia Bobes —investigadora de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) en México— que documenta una escalada sin precedentes de protestas en la isla durante 2026

Bobes registró al menos 342 protestas en Cuba en lo que va de este año, una cifra superior a la acumulada en los tres años anteriores en conjunto, según declaró en una entrevista a EFE. La investigadora, autora de Protestas en Cuba. Más allá del 11 de Julio, señaló que “el aumento es más que exponencial” y que la protesta dejó de ser un fenómeno excepcional para convertirse en parte del repertorio habitual de acción colectiva cubana.

La “crisis multidimensional” que describe Bobes combina las deficiencias estructurales del modelo cubano con la presión ejercida por Estados Unidos en los últimos meses. Según la investigadora, “la combinación entre precarización social, erosión de derechos sociales, debilitamiento del consenso y cierre político genera tensiones crecientes de gobernabilidad”.

Entre los episodios más notorios de 2026, Bobes destaca dos. El primero fue la movilización universitaria contra la subida de tarifas del monopolio de telecomunicaciones ETECSA, que resultó inusual por producirse dentro de las aulas y en el seno de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU), organización de órbita oficial. El segundo fue la protesta de Morón, calificada como la más violenta hasta la fecha: los vecinos marcharon hasta una sede del partido, la saquearon parcialmente y quemaron su mobiliario.

Personas se congregan antes de una manifestación progubernamental convocada por las autoridades cubanas para protestar contra las políticas estadounidenses hacia la isla, incluyendo el procesamiento del exdictador cubano Raúl Castro, en La Habana, Cuba, el 22 de mayo de 2026. REUTERS/Norlys Pérez

Un cambio cualitativo que la socióloga subraya es la incorporación progresiva de consignas políticas en manifestaciones que históricamente se limitaban a quejas por servicios deficientes: electricidad, agua y alimentos. Las acusaciones directas al gobierno y los insultos a dirigentes aparecen “cada vez con mayor frecuencia”, según Bobes. El acceso a internet móvil —disponible en Cuba desde hace menos de siete años— opera como catalizador al facilitar la coordinación y reducir los costos de participación.

A pesar de la escalada, Bobes advierte que prever un nuevo estallido del calibre del 11J resulta difícil. Entre los factores que lo inhiben menciona la “represión a priori” ante cualquier convocatoria, la “criminalización del disenso” y la “ausencia de estructuras de organización en la sociedad civil”.

La emigración masiva y predominantemente joven de los últimos años también debilita la capacidad de movilización, al igual que la precarización cotidiana, que —según la investigadora— “reduce la capacidad de agencia de los individuos y debilita los vínculos de solidaridad y organización colectiva”. Bobes advierte que una crisis no conduce necesariamente a la democratización ni al colapso del régimen, y que puede derivar en “equilibrios inestables en los que coexisten deterioro social, resiliencia cotidiana, control estatal y formas fragmentarias de disenso”.


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lunes, junio 29, 2026

Sobre Cuba el historiador y relevante analista político Juan Antonio Blanco: Autonomistas vs. independentistas: ¿regresa el debate?

Autonomistas vs. independentistas: ¿regresa el debate?

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'Algunos reformistas actuales confían en que la liberalización económica pueda producirse sin una transformación sustancial del sistema político en Cuba'.

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Por Juan Antonio Blanco

Miami

24  de junio, 2029

Mientras Cuba atraviesa la peor crisis económica de su historia, crece el debate sobre cuál debe ser el camino hacia la recuperación nacional. Para algunos, la prioridad consiste en reformar el modelo económico: ampliar los espacios para la empresa privada, liberalizar mercados, atraer inversiones y reducir el peso del Estado sobre la actividad productiva. Para otros, ninguna reforma económica podrá desplegar plenamente sus beneficios mientras permanezcan intactas las estructuras políticas que concentran el poder y limitan la capacidad de los ciudadanos para influir sobre las decisiones fundamentales del país.

Aunque las circunstancias son diferentes, este debate recuerda una de las grandes discusiones de la historia cubana. La historia no se repite exactamente, pero con frecuencia rima.

La lección de 1897

A finales del siglo XIX, los cubanos se dividían entre dos grandes corrientes políticas. Por un lado, estaban los autonomistas, quienes aspiraban a obtener mayores libertades económicas y políticas dentro de la soberanía española. Por otro, los independentistas, convencidos de que ninguna reforma sería suficiente mientras la soberanía última permaneciera en Madrid.

La Carta Autonómica, promulgada el 25 de noviembre de 1897, constituyó el mayor paquete de reformas jamás concedido por España a Cuba. Otorgó Parlamento propio, amplias facultades administrativas, mayor control presupuestario y una participación significativa en los asuntos económicos de la Isla. Sin embargo, la soberanía continuó residiendo en España. La defensa, la política exterior y la autoridad suprema permanecieron fuera del alcance de los cubanos.

Para los autonomistas, aquello representaba un avance histórico. Sin duda lo era. Para los independentistas, era insuficiente después de tantos años de lucha y sacrificios. Su argumento era sencillo: mientras el poder último permaneciera en manos de otro centro de decisión que no fuese el pueblo soberano de Cuba, cualquier concesión podía ser limitada, modificada o revertida.

El nuevo reformismo

Más de un siglo después, el debate cubano ante la actual crisis humanitaria —igual o peor que la de 1898— presenta ciertas similitudes.

Hoy existen quienes consideran que la solución a la crisis nacional pasa fundamentalmente por reformas económicas. Su aspiración es ampliar los espacios para la iniciativa privada, reconocer plenamente la pequeña y mediana empresa, liberalizar mercados, atraer inversiones y reducir la intervención estatal en la economía. En esencia, buscan en primera instancia un cambio del modelo económico que pudiera ser tolerado por el poder de la oligarquía y su Estado mafioso.

Sin embargo, otros sostienen que esas reformas nunca podrán alcanzar su potencial mientras subsista el sistema político actual. Según esta visión, el problema no es únicamente económico, sino esencialmente político e institucional. La ausencia de pluralismo político, la inexistencia de contrapesos al poder, la falta de independencia judicial y la concentración de todas las decisiones fundamentales en una sola estructura partidista constituyen obstáculos insalvables para cualquier transformación económica profunda. A ello se suma el peso económico de GAESA —verdadera "fuerza superior" de la sociedad cubana actual— que controla el 70% de los recursos y el 95% de las transacciones en moneda convertible.

La economía necesita instituciones políticas y jurídicas

La experiencia internacional ha demostrado que la prosperidad sostenible no suele descansar únicamente sobre mercados más libres, sino también sobre instituciones capaces de proteger derechos, garantizar reglas estables y limitar el poder arbitrario.

Los inversionistas buscan seguridad jurídica. Los emprendedores necesitan protección de la propiedad privada. Los ciudadanos requieren mecanismos para fiscalizar a quienes gobiernan. Ninguno de esos elementos depende exclusivamente de medidas económicas.

La analogía histórica resulta entonces evidente. Así como los autonomistas de finales del siglo XIX aspiraban a mayores libertades dentro de un marco político que permanecía esencialmente intacto, algunos reformistas actuales confían en que la liberalización económica pueda producirse sin una transformación sustancial del sistema político. Y así como los independentistas consideraban que la soberanía era la cuestión fundamental, muchos opositores contemporáneos creen que la clave reside en quién ejerce realmente el poder y bajo qué límites institucionales. 

En el siglo XIX la Carta Autonómica fue jugada en el último momento por España para evitar la intervención de EEUU —usada incluso por el papa León XIII para mediar con Washington y evitarla—, mientras que hoy el "reformismo autonómico" persigue un objetivo similar. Para colmo de ironías se dice que el presidente Donald Trump es un admirador del presidente William McKinley.  

La cuestión del poder

La diferencia, por supuesto, es que hoy no se debate la soberanía frente a una potencia colonial extranjera. El debate gira alrededor de la soberanía efectiva de los ciudadanos frente a un sistema político que concentra el poder en un único partido y carece de mecanismos competitivos para la alternancia, la soberanía ciudadana, esa que hoy el poder despótico de GAESA niega.

La pregunta de fondo sigue siendo la misma que dividió a los cubanos hace más de un siglo: ¿es posible alcanzar una transformación económica profunda sin modificar previamente la estructura política que determina las reglas del juego?

La historia de 1897 ofrece una advertencia. Las reformas pueden aliviar tensiones y abrir oportunidades. Sin embargo, cuando el problema según lo percibe una parte significativa de la sociedad es la concentración del poder mismo, las reformas económicas terminan siendo vistas como insuficientes.

Quizás esa sea la principal lección que nos deja el viejo debate entre autonomistas e independentistas: los modelos económicos importan, pero detrás de cada modelo económico siempre existe una pregunta política fundamental: ¿quién decide, bajo qué límites y en nombre de quién?

La soberanía del siglo XXI

La comparación entre autonomistas e independentistas no es ni puede ser perfecta, porque las circunstancias históricas son siempre distintas. Sin embargo, sí existe una semejanza fundamental: ambos debates giran alrededor de una misma pregunta: ¿Basta con reformar la administración y la economía, o es necesario transformar también la estructura política donde reside el poder?

Los autonomistas cubanos del siglo XIX creían que era posible alcanzar prosperidad, libertades y desarrollo dentro del marco político existente. Los independentistas respondían que mientras la soberanía permaneciera en manos ajenas, cualquier avance sería limitado, condicionado y potencialmente reversible. La historia terminó dándoles la razón a quienes consideraban que el problema fundamental era político antes que administrativo.

En la Cuba actual, el debate reaparece bajo nuevas formas. Unos apuestan por reformas económicas graduales dentro del sistema vigente. Otros sostienen que ningún cambio económico podrá consolidarse mientras persistan el monopolio político, la ausencia de contrapesos institucionales y la concentración del poder en un único partido, institución (GAESA) o grupo oligárquico. Para estos últimos, el verdadero problema no es quién administra la economía (por lo que Miguel Díaz-Canel aparece como un ser descartable e intrascendente), sino quién tiene la facultad exclusiva de decidir las reglas del juego.

Estos nuevos autonomistas-reformistas suponen que la ciudadanía no tiene fuerzas para imponerse al poder y que sería inmoral que acudiera a un actor externo para forjar una alianza con la cual derrotarlo (como tuvieron que hacer al final nuestros independentistas del siglo XIX). También están convencidos de que la nación —que dicen querer preservar frente a la posibilidad de una intervención extranjera— olvidará sus aspiraciones de libertad cuando, apremiada por el hambre, vea un camino más corto para salir de la crisis.

La "pacificación" de la población, suponen, no será tan amarga a los ciudadanos de a pie si se logra a cambio de nuevas alianzas entre los déspotas cubanos con inversionistas extranjeros. Aunque estos sean alérgicos a la democracia y a los derechos de los trabajadores, nuestros oligarcas apuestan a que una población desesperada y sumisa aceptará cualquier cosa siempre que a corto plazo se creen nuevas fuentes de trabajo y se arregle la crisis de la infraestructura de los servicios públicos. Al igual que nuestros autonomistas del siglo XIX, menosprecian al pueblo cubano y sus aspiraciones libertarias. Quizás esa lectura tenga su raíz en un marxismo economicista y dogmático mal aprendido.    

Las experiencias internacionales demuestran que la prosperidad duradera no depende únicamente de mercados más abiertos, sino también de instituciones que protejan derechos, garanticen seguridad jurídica, permitan la fiscalización ciudadana y limiten el poder arbitrario. Sin esos elementos, las reformas económicas suelen quedar a merced de decisiones políticas que pueden modificarlas o revertirlas en cualquier momento.

Por eso, la discusión esencial no es entre estatismo y mercado. La cuestión de fondo es si los ciudadanos poseen mecanismos efectivos para controlar a quienes gobiernan y para decidir pacíficamente el rumbo de su nación. En otras palabras, si la soberanía reside realmente en el pueblo o en una elite que ejerce el poder sin competencia ni rendición de cuentas.

Tal vez la lección vigente que nos deja el enfrentamiento entre autonomistas e independentistas sea precisamente esa: ningún modelo económico puede sustituir indefinidamente la necesidad de instituciones libres. Porque, al final, detrás de toda prosperidad sostenible existe siempre una condición previa: que el poder responda a los ciudadanos y no los ciudadanos al poder.

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HIGH BEAM / LUZ LARGA

Junio 23, 2026

Los cambios fraude en Cuba. Juan Antonio Blanco


America Noticias USA

🚨EXCLUSIVA: "EL CANGREJO” UNA VIDA LLENA DE ADICCIONES Y PROBLEMAS MENTALES.





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sábado, mayo 30, 2026

El analista cubano Juan Antonio Blanco: sostiene en un nuevo dossier de Cuba Siglo 21 que una intervención de EEUU en Cuba podría ser 'imprescindible'

 


Juan Antonio Blanco: una intervención de EEUU en Cuba podría ser 'imprescindible'

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El analista sostiene en un nuevo dossier de Cuba Siglo 21 que una salida 'puramente cubana' a la crisis dejó de ser viable ante el control del régimen.

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DDC

Madrid

29 Mayo 2026

El analista y exdiplomático cubano Juan Antonio Blanco defendió en un nuevo dossier publicado por Cuba Siglo 21 que una intervención o respaldo decisivo de Estados Unidos podría convertirse en una condición "imprescindible" para lograr un cambio político en Cuba, ante lo que describe como el agotamiento de las vías internas de transformación.

En el texto, titulado "Intervención en Cuba: ¿indeseable, preferible o imprescindible?", Blanco establece paralelos entre la crisis actual de la Isla y la situación vivida a finales del siglo XIX, antes de la intervención estadounidense en la guerra contra España en 1898.

Según el autor, Cuba atraviesa hoy una crisis "existencial" incluso más profunda que la de aquella época, marcada por el colapso económico, el deterioro de los servicios básicos y la incapacidad de la sociedad para desplazar por sí sola al aparato de poder.

Blanco sostiene que el régimen surgido en 1959 evolucionó hacia un "estado mafioso" controlado por una élite "cleptocrática" articulada alrededor del conglomerado militar GAESA.

"La población cubana, desarmada, fragmentada, empobrecida y enfrentando crisis de alimentos, energía, salud y conectividad, carece de capacidad organizativa suficiente para desplazar al poder establecido por sí sola", afirma el ensayo.

El autor argumenta que insistir únicamente en fórmulas opositoras tradicionales, como las protestas cívicas o los llamados al diálogo, difícilmente conduciría a una transición en un plazo compatible con la actual crisis humanitaria.

Como parte de su razonamiento, Blanco reivindica el papel de dirigentes independentistas cubanos que favorecieron la implicación de Estados Unidos en la guerra contra España. Según el texto, figuras como Máximo Gómez, Antonio Maceo y Tomás Estrada Palma promovieron activamente gestiones para involucrar a Washington en el conflicto.

El ensayo plantea que, bajo la narrativa oficial del castrismo, esos líderes serían considerados hoy "traidores" o "anexionistas".

"Maceo transmitió expectativas favorables a sus tropas en caso de intervención norteamericana", recuerda el documento.

Blanco también rechaza que una eventual intervención estadounidense implique necesariamente anexión o pérdida de soberanía. Para ello, compara la Enmienda Teller de 1898 con el Capítulo II de la Ley Helms-Burton, que prevé una fase transitoria seguida de elecciones libres.

Según el autor, la Helms-Burton debe interpretarse como "un mecanismo para la protección de la soberanía cubana" y no como un instrumento anexionista.

El ensayo dedica además un apartado a lo que denomina "la manipulación del temor" por parte del régimen cubano y sus defensores frente a cualquier debate sobre una posible intervención extranjera.

Entre esos temores menciona el riesgo de anexión, bombardeos indiscriminados o pérdida de soberanía. Blanco sostiene que esos argumentos ignoran tanto la evolución tecnológica militar como el desgaste político del régimen.

"No se puede violar lo que no existe", afirma el texto sobre la soberanía cubana, al sostener que esta desapareció cuando el Estado eliminó las elecciones libres tras 1959.

El documento asegura además que la idea de una participación decisiva de EEUU en una transición cubana ha dejado de ser marginal y se ha ido "normalizando" dentro y fuera de la Isla.

"Esto ha ampliado la llamada 'Ventana de Overton', haciendo que el debate sobre la intervención deje de ser un tabú", señala.

Pese a defender la necesidad de apoyo externo, Blanco sostiene que una futura recuperación de Cuba no dependería de subsidios extranjeros, sino de factores como la diáspora cubana, el espíritu emprendedor y la cercanía geográfica con Estados Unidos.

En las conclusiones, el ensayo afirma que lo "preferible" sería una salida "no violenta y puramente cubana", pero considera que esa posibilidad se volvió inviable debido a la "intransigencia" de la elite gobernante.

"El mantenimiento del statu quo es inviable y la crisis humanitaria exige respuestas urgentes", concluye el documento, que plantea como escenario con mayores probabilidades de éxito el de "protestas masivas protegidas por apoyo coercitivo estadounidense".

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Tomado de https://cubasiglo21.com

INTERVENCIÓN EN CUBA: ¿INDESEABLE, PREFERIBLE O IMPRESCINDIBLE?

POR JUAN ANTONIO BLANCO

05/26/26

RESUMEN

INTRODUCCIÓN: PERSPECTIVA HISTÓRICA DE LA INTERVENCIÓN

El debate sobre la posible intervención de Estados Unidos en un proceso de cambio sistémico en Cuba se sitúa en un marco histórico que vincula la coyuntura actual con la crisis vivida a finales del siglo XIX. El eje central de esta reflexión es la comparación de la crisis existencial que enfrenta Cuba hoy en día, considerada por algunos incluso más aguda que la de 1898. Bajo esta perspectiva, se argumenta que el decisivo apoyo y/o intervención decisiva por parte de Estados Unidos es la única variable con probabilidades reales de conducir a una Cuba libre y próspera.

PARALELISMO HISTÓRICO: EL PRECEDENTE DE 1898

El análisis parte de un paralelismo con la situación cubana de finales del siglo XIX. En aquel entonces, Cuba atravesaba una fase de devastación económica, hambruna, epidemias y un conflicto militar cuyo desenlace era todavía incierto si bien no para todos, para muchos de sus protagonistas. El movimiento independentista, debilitado y falto de apoyo internacional, debía enfrentarse a una potencia colonial mucho más fuerte en términos militares.

En ese contexto, varios líderes independentistas comprendieron que la victoria solo con recursos propios era cuando menos incierta y comenzaron a buscar activamente la implicación estadounidense. La intervención norteamericana no fue un hecho espontáneo ni impuesto, sino el resultado de una estrategia política deliberada, diseñada por el Partido Revolucionario Cubano y figuras mambisas que buscaban salvar la causa independentista y evitar el total colapso nacional.

CUBA CONTEMPORÁNEA: UN RÉGIMEN TRANSFORMADO Y UNA SOCIEDAD EN CRISIS

El documento sostiene que la Cuba actual vive una situación similar a la de entonces. El régimen surgido en 1959 ha evolucionado de un sistema comunista totalitario a lo que se califica como un “estado mafioso”, controlado por una élite cleptocrática que, a través del conglomerado GAESA, domina los recursos económicos y financieros del país, reprimiendo cualquier disidencia u oposición. La población cubana, desarmada, fragmentada, empobrecida y enfrentando crisis de alimentos, energía, salud y conectividad, carece de capacidad organizativa suficiente para desplazar al poder establecido por sí sola. Se concluye que insistir únicamente en fórmulas tradicionales de oposición –como protestas cívicas, denuncias internacionales o llamamientos al diálogo– difícilmente generaría un cambio real en un plazo compatible con la gravedad de la crisis humanitaria actual.

¿INDESEABLE, PREFERIBLE O IMPRESCINDIBLE?

Uno de los argumentos fundamentales del texto es que la intervención o respaldo decisivo de Estados Unidos es la única variable con probabilidades significativas de éxito. El autor distingue entre lo “preferible” y lo “imprescindible”: lo preferible sería una solución interna, pacífica y exclusivamente cubana, pero la historia y las condiciones actuales demuestran que esto no siempre es viable. Así como los mambises hubieran querido derrotar a España solos, terminaron concluyendo que necesitaban ayuda exterior para evitar el fracaso y acortar el sufrimiento de la población. Del mismo modo, se argumenta que la Cuba actual ha llegado al punto en el que la ayuda externa deja de ser una opción para convertirse en una necesidad estratégica.

LÍDERES INDEPENDENTISTAS: ¿HÉROES DE AYER, “TRAIDORES” DE HOY?

El texto presta especial atención a los líderes independentistas, planteando una analogía provocadora: según la lógica del discurso oficial del gobierno cubano actual, figuras históricas como Máximo Gómez y Antonio Maceo serían considerados “traidores” o “anexionistas”. Ambos, especialmente desde finales de 1896, consideraron imprescindible la intervención estadounidense para asegurar el triunfo sobre España. Se recuerda que Maceo transmitió expectativas favorables a sus tropas en caso de intervención norteamericana y que Gómez y Estrada Palma promovieron gestiones diplomáticas encaminadas a involucrar de manera activa a Washington. El discurso oficial contemporáneo suele ocultar o minimizar estos hechos porque contradicen la narrativa que presenta cualquier colaboración con Estados Unidos como antipatriótica.

LA PROTECCIÓN DE LA SOBERANÍA: DE LA ENMIENDA TELLER A LA LEY HELMS-BURTON

Otro argumento clave es que la Ley Helms-Burton no debe interpretarse como una amenaza a la soberanía cubana, sino como un mecanismo para su protección. Se establece un paralelismo entre la Enmienda Teller de 1898 y el Capítulo II de la Ley Helms-Burton: así como la Enmienda Teller condicionó la intervención estadounidense al compromiso de no anexar Cuba y transferir el poder a un gobierno elegido por los cubanos, la Helms-Burton prevé una fase transitoria seguida de elecciones libres y la restauración del control soberano por parte del pueblo cubano. Según esta lectura, la ley actuaría como una hoja de ruta hacia la democratización y no como un instrumento anexionista.

LA MANIPULACIÓN DEL TEMOR

El documento dedica un apartado a desmontar lo que denomina “la manipulación del temor” ejercida por el gobierno cubano y sus defensores ante la posibilidad de una intervención estadounidense. Según el ensayo, la propaganda oficial ha construido una serie de miedos para desalentar cualquier respaldo popular a esa opción: pérdida de soberanía, anexión, masacres indiscriminadas, saqueo económico o resistencia nacional generalizada. El autor argumenta que estos temores ignoran tanto la evolución tecnológica de los conflictos actuales como el desgaste político y moral del régimen. Además, el uso del calificativo “anexionista” funciona como herramienta propagandística para deslegitimar a quienes reclaman cambios democráticos y alianzas externas.

  • Soberanía: El régimen alega que se violaría la soberanía, pero el documento sostiene que dicha soberanía fue eliminada por el propio Estado en 1959 al suprimir las elecciones libres; no se puede violar lo que no existe.
  • Masacres: Ante el temor a bombardeos indiscriminados, se argumenta que la tecnología actual permite ataques quirúrgicos y precisos contra las fuerzas represivas, evitando así masacres de civiles.
  • Anexión: Se fundamenta que anexar a 11 millones de personas empobrecidas sería una carga fiscal inasumible para Estados Unidos y no contaría con el apoyo de la clase política estadounidense actual.
  • Hipocresía histórica: Se recuerda que quienes hoy denuncian el “anexionismo” yanqui fueron en el pasado “anexionistas prosoviéticos”, cediendo territorio para bases militares de la URSS e incluyendo una cláusula constitucional que ataba la isla al país soviético.

En este contexto, el ensayo plantea que, a pesar de las campañas de miedo, la intervención estadounidense ya no es una idea marginal entre los cubanos, sino una posibilidad cada vez más “normalizada”. Encuestas recientes, tanto dentro como fuera de Cuba, indican que amplios sectores sociales contemplan de forma favorable alguna participación decisiva de Estados Unidos en la resolución de la crisis cubana. Esto ha ampliado la llamada “Ventana de Overton”, haciendo que el debate sobre la intervención deje de ser un tabú.

UNA CUBA PRÓSPERA Y REINVENTADA

El documento ofrece una visión esperanzadora sobre la recuperación de Cuba tras un cambio de régimen. A diferencia de los más de sesenta años de dependencia de la URSS o Venezuela, se sostiene que Cuba no requeriría un “Plan Marshall” ni una economía subsidiada por potencias extranjeras. La prosperidad futura del país descansaría sobre tres pilares:

  • Población transnacional: Una diáspora con capital financiero y humano lista para  nvertir en el país.
  • Cultura emprendedora: Un espíritu empresarial que ha sobrevivido a pesar de décadas de represión.
  • Proximidad geográfica: La cercanía al mayor mercado mundial, permitiendo la integración en cadenas productivas modernas.

CONCLUSIÓN

En conclusión, el documento sostiene que lo que sería preferible –una solución no violenta y puramente cubana– se ha vuelto imposible ante la intransigencia de la élite en el poder, convirtiendo la intervención externa en algo imprescindible para evitar la desaparición física de la nación. Se argumenta que el mantenimiento del statu quo es inviable y que la crisis humanitaria exige respuestas urgentes. Entre los escenarios posibles, el de protestas masivas protegidas por apoyo coercitivo estadounidense aparece como el más legítimo y con mayores probabilidades de éxito. Aunque Estados Unidos tiene intereses propios, se sugiere que estos pueden coincidir con los del pueblo cubano, como ocurrió a finales del siglo XIX. El mensaje final es que la disyuntiva cubana no está entre soberanía y ayuda externa, sino entre prolongar la crisis o asumir riesgos calculados para rescatar la libertad y reconstruir la nación.

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Mario J. Pentón
28 mayo, 2026

¿Puede Cuba liberarse sola? el historiador Juan Antonio Blanco desmonta los mitos



NTM24
30 de mayo, 2016

Encuentro entre militares de EEUU y Cuba: cuál fue el mensaje que Washington quiso enviar al régimen



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ErnestoMiami
30 de mayo, 2026

La Trampa de Trump en Cuba: ¿Intervención Real o Espejismo Político?




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DOS CARTAS 

Reproducimos a continuación dos cartas intercambiadas entre el Capitán General español Ramón Blanco y el Mayor General Máximo Gómez. En la primera, fechada el 5 de Marzo 1898 el español le propone al jefe del Ejército Libertador cubano una alianza con sus tropas para enfrentar la inminente invasión norteamericana.

Señor:

Con la sinceridad que siempre ha caracterizado todos mis actos, me dirijo a usted, no dudando por un momento que su clara inteligencia y nobles sentimientos, los que como enemigo honrado reconózcole, harán acoger mi carta favorablemente.

No puede ocultarse a usted que el problema cubano ha cambiado radicalmente. Españoles y cubanos nos encontramos ahora frente a un extranjero de distinta raza, de tendencia naturalmente absorbente, y cuyas intenciones no son solamente privar a España de su bandera sobre el suelo cubano, por razón de su sangre española. El bloqueo de los puertos de la Isla no tiene otro objeto. No sólo es dañoso a los españoles, sino que afecta también a los cubanos, completando la obra de exterminio que comenzó con nuestra guerra civil.

Ha llegado, por tanto, el momento supremo en que olvidemos nuestra pasadas diferencias y en que, unidos cubanos y españoles para nuestra propia defensa, rechacemos al invasor. España no olvidará la noble ayuda de sus hijos de Cuba, y una vez rechazado de la Isla el enemigo extranjero, ella, como madre cariñosa, abrigará en sus brazos a otra nueva hija de las naciones del Nuevo Mundo, que habla en su lengua, profesa su religión y siente correr en sus venas la noble sangre española. Por todas estas razones, General, propongo a usted hacer una alianza ambos ejércitos en la ciudad de Santa Clara. Los cubanos recibirán las armas del Ejército español y, al grito de ¡viva España! Y ¡viva Cuba!, rechazaremos al invasor y liberaremos de un yugo extranjero a los descendientes de un mismo pueblo".
Su afectísimo servidor,

Ramón Blanco Erenas
Capitán General

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Respuesta de Máximo Gomez a Ramon Blanco.

Sr. General Don Ramón Blanco
Señor:

Me asombra su atrevimiento al proponerme otra vez términos de paz, cuando sabe que españoles y cubanos jamás podrán vivir en paz en el suelo de Cuba. Usted representa en esta Cuba una monarquía vieja, desacreditada, y nosotros combatimos por un principio americano, el mismo de Bolívar y de Washington.

Usted dice que pertenecemos a la misma raza y me invita a luchar contra un extranjero; pero usted se equivoca otra vez, porque no hay diferencias de sangre y raza. Yo solo creo en una raza, la Humanidad, y para mí no hay sino naciones buenas o malas. España ha sido, hasta aquí, mala, cumpliendo en estos momentos los Estados Unidos hacia Cuba un deber de humanidad y civilización. Desde el atezado indio salvaje hasta el refinado inglés un hombre es para mí digno de respeto, según su honradez y sentimientos, cualquiera que sea el país o raza a que pertenezca o la religión que profese.

Así son para mí las naciones, y hasta el presente sólo he tenido motivos de admiración para los Estados Unidos. He escrito al presidente McKinley y al general Miles. No veo el peligro de exterminio por los Estados Unidos a que usted se refiere en su carta. Si así fuere, la Historia los juzgará. Por el presente sólo tengo que repetirle que es muy tarde para inteligencias entre su ejército y el mío.

Su afectísimo servidor, Máximo Gómez Báez

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POSICION DEL MANDO MAMBI Y DEL PUEBLO CUBANO ANTE LA INTERVENCION NORTEAMERICANA

Para conocer cual era la disposición del mando cubano con respecto a la intervención norteamericana en la guerra, es importante conocer que después del hundimiento del acorazado Maine ( el 15 de febrero de 1898) y conociendo el fuerte deseo de sectores del gobierno y del pueblo norteamericano de intervenir en la situación cubana, ocurrieron estos dos hechos:

1) Máximo Gómez, General en Jefe del Ejército Libertador, se negó rotundamente, llamándole atrevimiento a la proposición del Gobernador español Ramón Blanco de que se alíe al Ejército español para combatir a Estados Unidos. La carta de Blanco es del 20 de marzo de 1898139 , pero según otros historiadores, ambas cartas son de principios del mes de mayo de ese año. Bernabé Boza en su segundo tomo de Mi diario de la guerra incluye la carta de Gómez, de la cual extraemos el siguiente fragmento:

Usted dice que pertenecemos a la misma raza y me invita a luchar contra un invasor extranjero; pero usted se equivoca otra vez, porque no hay diferencia de sangre ni de razas.Yo sólo creo en una raza: la humanidad, y para mí no hay sino naciones buenas y malas. España habiendo sido hasta aquí mala y cumpliendo en estos momentos los Estados Unidos hacia Cuba un deber de humanidad y civilización. Desde el atezado indio salvaje, hasta el rubio inglés refinado, un hombre para mí es digno de respeto, según su honradez y sentimiento cualquiera que sea el país o raza a que pertenezca o la religión que profese.

(Máximo Gómez Báez)

Así son para mí, las naciones y hasta el presente, sólo he tenido motivos de admiración hacia los Estados Unidos. He escrito al Presidente Mc Kinley y al general Miles dándoles gracias por la intervención americana en Cuba. No veo el peligro de nuestro exterminio por los Estados Unidos a que usted se refiere en su carta. Si así fuese, la historia los juzgará.140

2) Los insurrectos rechazaron la disposición española del 10 de abril de 1898 de suspender las hostilidades en Cuba con objeto de preparar y facilitar la paz .141. En esa disposición

Posteriormente el Consejo de Gobierno, presidido por Bartolomé Masó, aprobó el 10 de mayo de 1898 supeditar las fuerzas cubanas al mando militar norteamericano142. Esta aprobación fue anterior a que tropas norteamericanas desembarcaran en Cuba; aunque, la guerra entre España y Estados Unidos oficialmente había comenzado el sábado 23 de abril, cuando España le declaró la guerra a Estados Unidos ante la publicación de la Resolución Conjunta, el 19 de abril de 1898, y los preparativos bélicos que se estaban haciendo por la parte norteamericana, pero básicamente, para evitar un golpe de estado militar que derribara a la monarquía y con él salir de la crítica situación militar, política y socioeconómica que presentaba la España de ese fin de siglo. Estados Unidos le declaró oficialmente la guerra a España el lunes 25 de abril.143

Debo añadir que la decisión del Consejo de Gobierno del día 10 de mayo de 1898 fue tomada sobre la base que los insurgentes cubanos debían hacer causa común con Estados Unidos, país valorado como ... nación justa, poderosa y fuerte, dispuesta a coadyuvar con nosotros144.

Para conocer cual era la disposición del pueblo cubano ante la intervención norteamericana en la guerra, me voy a referir a una entrevista realizada el día 16 de diciembre de 1969 por María Poumier al destacado historiador cubano José Luciano Franco, fallecido en Cuba, donde éste planteó:

El ejército americano fue bien recibido, contra todo lo que diga todo el mundo; porque el odio concentrado de Cuba desde años era contra los españoles; se tomó en ese momento por el pueblo la llegada norteamericana como una cosa libertadora. Había, en comparación con España, un idealismo cubano, considerando al norteamericano el mejor del mundo.145

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NTN24
29 de mayo, 2026
Imagen satelital y reveladora muestra expansión de las que serían bases de espionaje en Cuba



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lunes, enero 19, 2026

Video sobre el reciente mensaje a los militares del MINFAR y del MININT por parte del movimiento cubano de Militares Objetores de Conciencia de Conciencia (MOC)

Envían mensaje a militares cubanos en medio de tensiones con EEUU



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Tomado de https://cubasiglo21.com/

Enero12, 2026. El movimiento cubano de Militares Objetores de Conciencia (MOC), encabezado por el general Rafael del Pino, solicitó a Cuba Siglo 21 hacer público un comunicado dirigido a las Fuerzas Armadas y al Ministerio del Interior de Cuba, en el que denuncia la usurpación de la soberanía nacional por la GAESA y llama a los militares a no reprimir al pueblo en medio de la grave crisis humanitaria que atraviesa el país. El pronunciamiento exhorta a los uniformados a definirse del lado de la nación y advierte que serán considerados traidores quienes agredan a la población civil en defensa de intereses oligárquicos.

Cumplimos con honor y satisfacción ese encargo.

Juan Antonio Blanco

Presidente de Cuba Siglo21

 A LAS FUERZAS ARMADAS Y EL MINISTERIO DEL INTERIOR DE CUBA

Enero 12, 2026 – Ante la grave crisis humanitaria que vive nuestra patria, la cual inevitablemente se agravará después de los recientes acontecimientos en Venezuela, declaramos lo siguiente:

Ustedes han jurado defender la soberanía de Cuba, no han jurado lealtad a la oligarquía de GAESA. La soberanía descansa en el pueblo.

La oligarquía de GAESA se apropió de la soberanía de Cuba. El pueblo la reclama para transformar finalmente este sistema de opresión en una sociedad abierta, democrática, basada en leyes y economía de libre mercado “con todos y para el bien de todos”.

Cuando el pueblo salga de nuevo a las calles y se les ordene masacrar ciudadanos indefensos, viren sus armas contra aquellos que den esas órdenes y quienes se presten a obedecerlas. Son ellos quienes no nos representan y han usurpado la soberanía nacional.

Si en estas circunstancias Estados Unidos y otros países deciden proteger con su fuerza militar las protestas populares de la fuerza bruta del estado mafioso, desde ahora les tendemos la mano, tal y como hicieron nuestros mambises a los Rough Ridersde Theodore Roosevelt en 1898 cuando los ayudaron a poner fin a la crisis humanitaria creada por el General Valeriano Weyler.

Consideraremos traidores a la patria, su soberanía e independencia, a aquellos militares que deshonren su uniforme agrediendo al pueblo como vulgares mercenarios al servicio de la oligarquía de GAESA. Es hora de definiciones.

General Rafael del Pino, En nombre del movimiento cubano de Militares Objetores de Conciencia (MOC)

TO THE ARMED FORCES AND THE MINISTRY OF THE INTERIOR OF CUBA

January 12, 2026 – Considering the grave humanitarian crisis facing our country, which will inevitably worsen after the recent events in Venezuela, we declare the following:

You have sworn to defend the sovereignty of Cuba; you have not sworn allegiance to the GAESA oligarchy. Sovereignty rests with the people.

The enemy of Cuba’s sovereignty is the oligarchy that has violated it, not the people who are demanding it in order to transform this system of oppression into an open, democratic society, based on the rule of law and a free market economy, “with all and for the good of all.”

When the Cuban people take the streets again and you are ordered to massacre defenseless citizens, turn your weapons against those who give those orders and those who comply with them. They are the ones who do not represent us and have usurped national sovereignty.

If, under these circumstances, the United States and other countries decide to protect the popular protests from the brute force of the mafia state with their military power, we extend our hand to them right now, just as our Mambí fighters did to Theodore Roosevelt’s Rough Riders in 1898 when they helped them put an end to the humanitarian crisis created by General Valeriano Weyler.

We will consider those military personnel who dishonor their uniform by attacking the people like common mercenaries in the service of the GAESA oligarchy to be traitors to the homeland, its sovereignty, and its independence. The time for making a stand has arrived.

General Rafael del Pino, on behalf of the Cuban Movement of Military Conscientious Objectors (MOC)

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jueves, octubre 09, 2025

Roberto Álvarez Quiñones: Cuba comparte ya con Haití el título de países más pobres del continente y emula con el África subsahariana.

 Tomado de https://diariodecuba.com

¿Terminará Cuba pareciéndose a Haití?

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Cuba comparte ya con Haití el título de países más pobres del continente y emula con el África subsahariana.

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Por Roberto Álvarez Quiñones

Miami 

05 octubre 2025

A principio de los años 90, en pleno "Periodo Especial", conversando en La Habana con un buen amigo mío le comenté en privado que en Cuba se estaba iniciando un proceso de "africanización" en cuanto al nivel de pobreza y retroceso socioeconómico.

Estuvo de acuerdo. Y convinimos en que teniendo en cuenta la ubicación geográfica de la Isla, más bien estábamos en el inicio de una especie de "haitianización" de Cuba, considerando el hambre, el malvivir y la escasez insólita de todo que estaba azotando al pueblo cubano luego del destete de la economía cubana de su rolliza nodriza soviética.

Al desintegrarse la URSS, el Producto Interno Bruto (PIB) de Cuba se desplomó en un 35%. La economía se hundió en la peor crisis conocida desde su independencia. En los 31 años de "hermandad cubano-soviética" Moscú entregó a los Castro unos 115.000 millones de dólares, incluyendo todo el petróleo que se consumía, y armamentos en gran escala. Aquello superó financieramente al Plan Marshall de EEUU para reconstruir toda Europa después de la Segunda Guerra Mundial.

Pocos años después de la debacle por el fallecimiento del tío soviético Volodia, y como salido del sombrero de un mago, en Caracas apareció en escena el populista procastrista Hugo Chávez, quien después de atornillarse en el poder comenzó a subsidiar con sus petrodólares al régimen de La Habana, y a regalar el 66% del petróleo que consumía Cuba, mientras también los Castro enviaban a Venezuela miles de médicos para confiscarles hasta el 90% sus salarios en divisas. Encima, el régimen castrista reexportaba gasolina venezolana regalada y ganaba con ello unos 700 millones de dólares de ganancia anuales.

Así la narcodictadura chavista evitó el colapso de la economía cubana. Pero con la tutoría castrista la bonanza económica venezolana se acabó en 2016, y esa nación se sumergió en la peor crisis económica de su historia republicana.

Cuba regresó entonces a los años 90, y en peores condiciones, pues ahora la infraestructura y la planta industrial del país estaban más destartaladas, había menos fuerza de trabajo calificada, y la agricultura producía menos.

Haití y Cuba hermanadas: los países más pobres de Occidente

Por eso hoy la Isla comparte con Haití el título de países más pobres del continente, y emula con el África subsahariana. Ese es un rasgo de la "haitianización" de Cuba, que es un proceso en marcha. O sea, no se trata de comparar ya hoy cómo se vive hoy en Haití y en Cuba.

Los cubanos, al menos en estos momentos, no viven como los haitianos. Además, por ahora hay otra diferencia entre ambos países. En Haití el Estado hoy está al borde del colapso. Reina el caos con pandillas armadas que siembran el terror en las calles y controlan cada vez más al país.

En lo que va de 2025 esas hordas bárbaras han asesinado a 4.000 personas, incluidas 465 mujeres y niños. Más de un millón de haitianos han abandonado sus hogares para escapar de la muerte y las atrocidades de esas pandillas que evocan a los hunos de Atila en el siglo V.

En Cuba, el Estado-Nación formal ya no existe, pero fue sustituido por un Estado mafioso, que el experto cubano Juan Antonio Blanco define como "una elite cleptocrática y autocrática" que "ejerce el poder real de forma exclusiva y promueve sus intereses particulares por encima de todo interés nacional, después de haber sometido a la obediencia incondicional a las instituciones armadas y judiciales".

Estado mafioso que controla, pero es incapaz de gobernar

En efecto, el Estado cubano de la llamada "revolución" y su sistema de gobernanza fidelista fue engullido por la mafia militar raulista que erigió un Estado paralelo, privado y corporativo, por encima del Estado formal, del Gobierno, y del mismísimo Partido Comunista, que según la Constitución es la máxima instancia de poder. Mangonea a la Asamblea Nacional, y a las Fuerzas Armadas, cuyo jefe supremo, también constitucionalmente, es Miguel Díaz-Canel, un "presidente" de la República pelele, sin poder real alguno.

Ese Estado paralelo reprime enfermizamente, como nunca antes, a quienes osan criticar a ese régimen delincuencial, que ya amasa una fortuna privada de 18.000 millones de dólares mientras los cubanos pasan hambre y viven en la miseria.

Sin embargo, si bien es cierto que esa claque dictatorial mafiosa controla el país a sangre y fuego, también es cierto que en materia de gobernanza es lo peor que ha tenido Cuba nunca.  En el Gobierno castrista actual se imbrican la mala entraña, la ambición desmedida, el divorcio del pueblo, el anticubanismo, la falta de talento y de sentido común, y la falta de cohesión en el liderazgo político para siquiera enfrentar la crisis devastadora que está acabando con Cuba.

Es por eso que lo que hoy aún puede considerarse una metáfora literaria, se empieza a perfilar como una posibilidad real: Cuba pudiera convertirse en una especie de Haití light. Por lo pronto, ya ese país vecino es el que más se parece a Cuba. Ambos conforman el dueto de naciones más pobres y atrasados del hemisferio occidental.

Descomposición social y la mayor violencia en la historia cubana

Hay en Cuba un incremento asombroso de la violencia y la criminalidad, algo nunca antes visto en la Isla. Por robar un teléfono móvil, una bicicleta o cualquier objeto de valor, asesinan a cualquiera en plena calle. Se están erosionando los cimientos de la convivencia social, la decencia, los pilares de la modernidad y la cultura occidental.

Hay un resquebrajamiento de lo que fue Cuba antes del diluvio castrocomunista, una gradual descomposición de soportes en los que se afincan el Estado moderno y la sociedad, ya en el siglo XXI.

Con esa descomposición paulatina de la Cuba occidental no es descabellado hablar de un proceso de "haitianización" en Cuba. Pero para precisar mejor por qué hablo de un posible Haití light echemos un vistazo a la historia haitiana.

Con el nombre de Saint-Domingue fue el primer país de América Latina en liberarse del colonialismo europeo (de Francia). Inspirado en la Revolución Francesa, el general Toussaint Louverture, un haitiano exesclavo se alzó en armas, liberó a los esclavos, y encabezó la lucha por la independencia, que se logró el 1 de enero de 1804, tres meses antes de Napoleón coronarse como emperador (18 de mayo de 1804). Se adoptó el nombre de Haití, que significaba "tierra de montañas" en lengua arahuaca, la que hablaban sus primitivos pobladores.

Durante las sangrientas rebeliones independentistas murieron más de 200.000 personas. Los esclavos liberados destruyeron 200 ingenios azucareros y 1.200 cafetales. Y Haití pasó de mayor productor y exportador mundial de azúcar y de café a fines del siglo XVIII a ser un país en ruinas. Y ya sabemos que, con el derrumbe azucarero y cafetalero en Haití, Cuba se convirtió en el mayor productor y exportador mundial de azúcar y café. De muy alta calidad, por cierto.

Luego Haití fue martirizado por autocracias y dictaduras, en medio de un clima violencia atroz. Entre 1845 y 1915 hubo 22 presidentes y 21 de ellos fueron asesinados o derrocados. Y entre 1886 y 2024 hubo 12 presidentes, cuatro fueron asesinados y los otros seis desalojados del poder.

Pero la peor desgracia fue la tiranía dinástica de Francois Duvalier (Papá Doc) y de su hijo Jean-Claude. En 13 años (1958-1971) Duvalier padre y sus milicias Tonton Macoutes ("El Hombre del Saco") asesinaron o hicieron desaparecer a unas 150.000 personas. Su hijo Jean-Claude Duvalier, al convertirse en dictador con solo 19 años de edad, continuó asfixiando a los haitianos, hasta su derrocamiento en 1986. Malversó más de 600 millones de dólares del paupérrimo Tesoro Público.

Como se observa, el haitiano es el pueblo que más ha sufrido en América Latina, y merece la solidaridad y el apoyo de toda la comunidad internacional.

Pero, ojo, en la isla "más fermosa que ojos humanos vieron…" de seguir las cosas cómo van puede que ambas naciones se parezcan más. Y así será si la cofradía militar que ostenta el poder no mueve fichas en lo económico, social y político. Aunque, a decir verdad, la única solución justa y edificante es echarla del poder.

Mientras tanto, esa claque dictatorial aglutinada en torno a GAESA sigue agravando la crisis humanitaria que azota a los cubanos. Continúa desbrozando el camino hacia la "haitinización", o más exactamente hacia un Haití light.

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Juan Antonio Blanco: ¿Es Cuba un estado mafioso?

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El "Estado mafioso" de Cuba, con el académico Juan Antonio Blanco.


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ErnestoMiami

Octubre 11, 2025

La Tragedia de Cuba: El País Rico que el Socialismo Arruinó en 6 Décadas



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Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

En Cuba en   los años finales de la década de los años 60  del pasado siglo Humberto Pérez fue  ¨tronado¨  y su libro sobre economía  marginado; después en  determinados años de la década 70s resurgió  con su Cálculo Económico, SDPE, etx;  a mediado de los años 80s  fue nueva y más fuertemente tronado  y  la tiranía retomó las ideas económicas  del Che Guevara que eran y son un disparate  pero que eran las que leconvenía al inmovilismo Castrista- En los años 90s   el  Centro de Estudios sobre América ( CEA) con los economistas Pedro Monreal, y Julio Carranza al frente y otros sociólogos  intentaron mover la economía,  pero eso no gustó  y Raúl Castro Ruz fue el que publicamente (centro de estudios del l Comité Central del PCC, fue disuelto.

No sabía que Humberto Pérez González aún estaba vivo y activo !!


Secretos de Cuba

 8 de octubre de 2025

La TRAICIÓN de Fidel a Humberto Pérez González, el GENIO que pudo EVITAR el Período Especial



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