miércoles, junio 11, 2025

Roberto Álvarez Quiñones: ¿Es absurdo decir que Cuba vive un medioevo castrista? Video de ErnestoMiami: ¿Y si la Revolución nunca triunfó? Cuba y su destino perdido

 Tomado de https://diariodecuba.com

¿Es absurdo decir que Cuba vive un medioevo castrista?

********

Aquí, el análisis de las señales y de por qué los cubanos no están preparados para sobrevivirlas.

********

Por Roberto Álvarez Quiñones

Miami 

08 Jun 2025

¿Es un disparate afirmar que en muchos aspectos la vida actual de los cubanos de a pie en la Isla se asemeja a la que llevaban los pueblos en el imperio de Carlomagno, o en los tiempos de Juana de Arco? No, no lo es, sobre todo si consideramos la psicología social y vivencial que genera cada época histórica.

Los humanos ya vienen al mundo con cierta protección genético-cultural para afrontar la vida que les ha tocado vivir. Por eso se adaptan mejor a las adversidades. Diríase que en buena medida reaccionan por reflejo incondicionado, es decir, con respuestas y actitud automáticas heredadas, no derivadas de aprendizaje previo, como cuando el bebé recién nacido succiona leche del pecho materno sin que nadie lo haya enseñado.

Y ahí está el detalle, los cubanos en la Isla no están "protegidos" genética y culturalmente para enfrentar la vida de tintes medievales que en buen grado les han impuesto a cientos de miles de familias, que hoy en muchos aspectos viven incluso peor que sus homólogas de la Edad Media, porque sufren más.

En el cuasi milenio medieval (476-1492) que en Estados Unidos llaman Dark Age (Edad Oscura) la gente venía al mundo ya con el ADN adecuado para alumbrarse con velas o lámparas de aceite, acostarse al anochecer, ir a buscar el agua al río, o sacarla de un pozo, transportarse en carretas, a caballo, o a pie, vivir en casas pequeñas muy rudimentarias de madera, barro, o piedra, sin la higiene adecuada.

Mayormente se alimentaban con lo que sembraban y los animales que criaban. La carne la salaban y ahumaban para que no se pudriera. Y con la leche hacían queso. No había antibióticos ni otros medicamentos y morían por enfermedades que hoy se curan en pocos

Era esa la única vida que ellos conocían y solo podían añorar la que se daban los señores feudales, nobles, regidores, comerciantes; pero no porque vivieran de forma muy diferente o dispusieran de antibióticos, sino porque los criados trabajaban muy duro y lo hacían todo. Aquel tipo de vida tan difícil durante tanto tiempo devino cultura y se enraizó en los genes de la gente (palabra esta derivada de gene).

El origen de aquel período histórico básicamente rural y atrasado, surgió con la caída del Imperio Romano (476) y el desmantelamiento de la más avanzada cultura conocida entonces, cuando las ciudades se volvieron inseguras por invasiones, saqueos y genocidios. Las poblaciones urbanas se trasladaron al campo en medio de la dispersión geográfica del poder político, militar y cultural que originó feudos, y de ahí el nombre de feudalismo que también tiene el medioevo.

Aquello, en mayor o menor grado, duró hasta el siglo XV, cuando con la toma de Constantinopla y la caída del imperio bizantino, en 1453, y con la llegada de Cristóbal Colón a "las Indias" en 1492, comenzó la Edad Moderna, que después dio paso a la Contemporánea con la Revolución Francesa, en 1789.

Los cubanos no nacen protegidos genética y culturalmente para el medioevo

Al grano, los cubanos vienen al mundo con una cultura y genes diferentes. Cuba ni siquiera tiene reminiscencias de rasgos medievales, como sí los tienen algunas naciones extremadamente pobres del África Subsahariana. Es más, la Revolución Industrial entró en el siglo XIX en Latinoamérica precisamente por Cuba. Y a mediados del siglo XX su economía ya ocupaba la posición 29 entre las mayores del planeta.

Pero en 1959 asaltó el poder un megalómano y misántropo llamado Fidel Castro que hizo trizas la floreciente economía de mercado cubana. En poco tiempo se desplomó, y si no hubo hambruna fue por los subsidios multimillonarios de la Unión Soviética.

Al fallecer el mecenas soviético y acabarse también el dinero que por un tiempo estuvo regalando a Cuba la dictadura de Venezuela, el país se hundió en la mayor crisis económico-social de su historia. Y los cubanos fueron como subidos a la Máquina del Tiempo y trasladados a la Edad Media profunda.

Hoy, en la tercera década del siglo XXI cientos de miles las familias cubanas cocinan con leña. La mayor parte del día y la noche no tienen electricidad. No disponen de un servicio regular y estable de agua potable y no hay ríos ni pozos para obtenerla.

Y, ojo, muchos cubanos mueren o se agravan de sus enfermedades por falta de antibióticos y otros medicamentos, que no hay ni en los hospitales. Cientos de miles viven en casuchas improvisadas con pedazos de cartón, madera y latas, en barrios con peores condiciones higiénicas que las que podían tener las familias medievales en Brujas, Venecia, Constantinopla o Córdoba.

En La Habana, otrora una de las más bellas y limpias urbes del mundo, hay en las calles enormes basureros nauseabundos, infectados de roedores, moscas, mosquitos; y pestilentes aguas negras de las que emanan bacterias y microbios. Esos focos públicos de enfermedades hoy en las ciudades cubanas superan a los de cualquier aldea medieval.

Eso explica por qué hay en la Isla enfermedades que no debe haber en las ciudades modernas, como cólera, malaria, lepra, tuberculosis, dengue, zika, ataques a mortales de gastroenteritis, y otras más. Y no nos sorprendamos si se producen brotes de viruela o resucita la peste bubónica de los tiempos de Boccaccio.

Detengámonos ahora en las noches cubanas, oscuras cual "boca de lobo" como las de la Dark Age. Hace 1.200 años, en tiempos del emperador Carlomagno, las familias se alumbraban con lámparas de aceite y velas. Acostarse a dormir poco después de ponerse el sol era lo normal.

Se pudren los alimentos, no se puede dormir bien, no hay agua

Hoy en Cuba las noches son igualmente oscuras, pero no hay aceite ni otros combustibles para faroles, y velas mucho menos. Con el colapso del sistema electroenergético los apagones en Cuba son diarios, de más de 19 y 20 horas, y a veces de 52 horas seguidas en todo el país.

A las familias se les pudren en el refrigerador los escasos alimentos que han podido conseguir. No pueden conservar la carne, si la logran adquirir a precios cósmicos, pues carecen de sal. No pueden hacer queso con la leche, porque no la hay.

Tampoco forma parte de la cultura cubana "acostarse con las gallinas", como lo hacían los francos, lombardos, sajones, bávaros, frisones, bávaros, y otros pueblos carolingios. Los cubanos están genéticamente aptos para irse a dormir varias horas más tarde, luego de aprovechar la noche de mil maneras.

Con un clima tropical húmedo y caluroso, los cubanos tampoco pueden dormir bien pues no pueden utilizar ventiladores, y quienes están "dolarizados" gracias a la diáspora, no pueden encender sus equipos de aire acondicionado. Sin ventilador, no pueden poner el mosquitero y el calor no deja conciliar el sueño. Los mosquitos que llegan desde el hediondo basurero callejero inoculan enfermedades y las moscas y ratones se encargan de contaminar todo lo demás en el hogar.

Y para constatar en vivo rasgos medievales de la vida actual en la Isla, veamos dos testimonios recientes captados en el terreno mismo.

Raimundo, un jubilado de 70 años que vive en Santiago de Cuba, dijo a la periodista independiente Laura Sarmiento: "Antes, en la mañana, me iba a la panadería para esperar el pan. Ya no hay pan; ahora me voy para el camino viejo de El Cobre a buscar leña (dice que la corta él mismo); en la casa ya no queda ningún mueble viejo que romper; no hay luz brillante, ni aserrín para hacer un fogón (…) la leña sale gratis; el carbón está caro y es un dinero que te quitas para comprar comida".

Mercedes, una habanera de 82 años, expresó a 14YMedio: "Mi'jo, la gente está cocinando con leña o carbón, pues la balita de gas cuesta en la calle 20.000 pesos. Mi pensión como maestra de primaria jubilada es de 2.600 pesos al mes y no puedo comprarla. El Gobierno está matando al pueblo de hambre".

Hay otras analogías entre el vivir carolingio y el medioevo castrista. Pero este breve bosquejo da una idea de , sin el componente genético-cultural necela vida que hoy da la "revolución" a los cubanossario, y que se da la mano con la de muchos siglos atrás, cuando nadie podía imaginarse que descendientes suyos caminarían por la Luna, mientras otros vivirían tan mal como ellos.

**********

¿Y si la Revolución nunca triunfó? Cuba y su destino perdido




Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , ,


Para seguir leyendo hacer click aqui­ ...

jueves, abril 03, 2025

Miguel Sales Figueroa: La (re)vuelta del sentido común

 La (re)vuelta del sentido común

Por Miguel Sales

31.03.2025

Hubo una época, no muy lejana, cuando una persona que estuviera convencida de que era mujer por la mañana, hombre por la tarde y -digamos- jirafa (o jirafo) por la noche, hubiera recibido un diagnóstico de autismo o de esquizofrenia y un tratamiento psiquiátrico acorde a su condición.

Pero de pronto, hacia principios de este siglo, algunos médicos y psicólogos tuvieron la brillante idea de que la persona en cuestión solo estaba aquejada de un padecimiento nuevo, algo que denominaron “disforia de género”. Vamos, que “había nacido en el cuerpo equivocado” y que eso podía solucionarse mediante dosis masivas de hormonas y “cirugía de reasignación”. Los hombres podrían transformarse en mujeres y viceversa. Había llegado la moda de la transexualidad. Y el término moda no está usado aquí en sentido peyorativo, sino todo lo contrario, con el mayor respeto hacia la potencia gregaria del fenómeno. 

Ocurrió entonces que, en vez de proporcionar a esos nuevos pacientes el tratamiento adecuado, se les aupó a la categoría de modelos de conducta, se les paseó por los platós de televisión y se les invitó a que fueran a las escuelas secundarias, para contar sus experiencias a los adolescentes que tal vez tuvieran dudas sobre su sexualidad y promocionar así la “solución” quirúrgica y hormonal. 

Cualquiera que tenga dos dedos de frente se preguntará cómo hemos llegado a esta situación. Porque esta faceta de la política identitaria no es otra cosa que el aspecto más absurdo y llamativo de un conjunto de síntomas, -un síndrome- que padece nuestra civilización y que está íntimamente vinculado a ideas y creencias que aspiran a conformar una nueva metafísica, es decir, una ideología global que explique el sentido de la vida y el futuro que nos aguarda.  

El naufragio del socialismo real

Como han señalado varios autores, el punto de partida de este fenómeno puede situarse hacia 1990, a medio camino entre la caída del Muro de Berlín y el hundimiento del socialismo soviético.

La mitad del imperio comunista había desaparecido bruscamente y la otra mitad emprendía una rápida evolución hacia un modelo mixto, que terminaría siendo un capitalismo de Estado más próximo a las ideas de Mussolini que a las de Mao Tsé Tung. Ni siquiera las reservas espirituales de Oriente y Occidente -Cuba y Corea del Norte- saldrían completamente indemnes de la catástrofe.  

Los gurús del socialismo real, desconcertados por el cataclismo, llegaron entonces a la conclusión de que “los grandes relatos”, que habían servido para explicar el sentido de la vida humana y el lugar del individuo en la sociedad, se habían venido abajo por sus propias contradicciones. Y que al hundimiento del comunismo seguiría inexorablemente el naufragio de las sociedades liberales.  En un movimiento especular, el fracaso de la democracia popular preludiaba la muerte de la democracia capitalista.

Era urgente, pues, elaborar una nueva cosmovisión que ofreciera a las masas decepcionadas por el fin del comunismo y, sobre todo, a los jóvenes que buscaban respuestas a sus inquietudes, una metafísica de amplio espectro, capaz de explicar la realidad de lo ocurrido y, sobre todo, de postular la creación de otra sociedad, mediante una praxis revolucionaria novedosa. Nada de internacionalismo proletario ni de guerrillas guevaristas. Se trataba ahora de identificar a los nuevos sujetos portadores del fuego sagrado: las minorías oprimidas -mujeres, grupos raciales no blancos, comunidades indígenas, miembros de colectivos definidos por sus preferencias sexuales (lo que la prensa llama a veces ‘el pueblo del alfabeto’ o LGTBIQ+), discapacitados y otros- que en nombre de la “justicia social” y la “interseccionalidad” iban a cambiar el mundo.

Para que las nuevas cohortes revolucionarias pudieran operar con eficacia, había que inocular en las masas la idea de que las sociedades occidentales eran un compendio sin precedentes de racismo, misoginia, opresión e injusticia. Era el orden blanco heteropatriarcal basado en el colonialismo, la explotación de los obreros y los pueblos menos desarrollados.

Era obvio que esta imagen no se correspondía con la realidad histórica, pero a los activistas de la justicia social la verdad no les preocupaba demasiado. Lo importante era movilizar a las víctimas e incorporarlas a la renovada lucha por el socialismo.

La difusión de esta versión distorsionada de la civilización occidental se logró con relativa rapidez, gracias al efecto multiplicador de las nuevas tecnologías. Internet y las redes sociales transformaron en pocos años los modos de comunicación y la capacidad de influir sobre las opiniones de los demás. Las grandes cadenas de difusión de radio, televisión y prensa plana, hicieron el resto. 

La menospreciada herencia de 1968

Pero lo que comenzó en torno a 1990 tiene a su vez antecedentes claros y paradójicos. Ese esfuerzo orientado a componer una nueva versión del profetismo marxista, combinándolo con elementos que antes la ortodoxia izquierdista había desdeñado, se basó sobre todo en un conjunto heterogéneo de ideas que prosperaron en las universidades francesas entre 1950 y 1968 y que luego cayeron en desuso, si no en el más negro olvido.

En mayor o menor grado, los pensadores estelares de la época, casi todos izquierdistas o neo-marxistas, aportaron conceptos que 20 años después serían recuperados por los ideólogos estadounidenses que confeccionaron el ideario woke. 

Así, de Michel Foucault tomaron la idea de que el poder, en todas sus manifestaciones, constituye el dato fundamental de la estructura política y social. En las páginas de Jacques Derrida comprendieron la necesidad de “deconstruir” o destejer la urdimbre de las relaciones humanas hasta tomar “conciencia del privilegio blanco y heterosexual” (woke) -siguiendo el ideario de Gilles Deleuze- que permite comprender la injusticia congénita del sistema patriarcal. Otros pensadores algo más antiguos, como Antonio Gramsci, ya habían subrayado la función hegemónica de la cultura y los mecanismos de control que las clases dominantes ejercen a través del sistema educativo, la religión y los medios de comunicación de masas.

Estas ideas navegaron con más o menos fortuna durante esas dos décadas pero luego se marchitaron súbitamente a finales del segundo decenio, cuando la insurrección estudiantil de mayo de 1968 demostró las limitaciones del utopismo neomarxista y muchos de los activistas radicales de entonces derivaron hacia movimientos anarquistas o terroristas como la banda alemana Baader-Meinhof, las Brigadas Rojas italianas o la Acción Directa francesa. 

Por un giro irónico de la evolución del pensamiento, esas mismas ideas que habían caído en el descrédito en la academia europea, arraigaron luego en algunas universidades estadounidenses y adquirieron una segunda vida, especialmente en facultades del Este del país, donde florecieron en el marco de los estudios feministas, la teoría crítica de la raza, los cursos sobre descolonización y otros por el estilo.

El aporte ecologista

El siguiente elemento clave en la constitución de la nueva metafísica fue la ecología anticapitalista. El movimiento ambientalista existía ya desde mucho antes de 1990 y abarcaba un conjunto variopinto de tendencias y organizaciones que tenían en común la preocupación por el planeta y la preservación del medio natural.

Pero, tras la publicación del estudio del Club de Roma Los límites del crecimiento (1972) y la creación, en 1988, del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) los ecologistas radicales se adhirieron en número creciente a los principios que iban a integrarse en la médula del ideario woke. 

La cultura consumista occidental había destrozado los ecosistemas, causado la extinción de numerosas especies, contaminado el aire y el agua, y explotado sin escrúpulos los recursos mineros y energéticos del mundo. Y ahora, al propiciar el cambio climático de origen antropogénico, amenazaba con arrasar el planeta y acabar con la vida animal y humana. El capitalismo era un sistema depredador cuya destrucción era indispensable para salvar a la Tierra y la Humanidad.

Había que frenar o suprimir el crecimiento económico, ilegalizar los combustibles fósiles, cerrar las centrales nucleares y estigmatizar el consumo de carne, entre otras medidas urgentes para evitar la hecatombe. 

Coincidiendo con el derrumbe del sistema soviético, el catastrofismo de la ecología política cobró nuevo impulso. En cada conferencia sucesiva de las Partes en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático aumentaba el grado de alarmismo y parecía aproximarse la fecha del apocalipsis del clima. 

Desde entonces, el “cambio climático” se convertió en la nueva religión laica y los gobiernos y medios progresistas sometieron a la población de Occidente a un lavado de cerebro permanente para justificar las medidas más disparatadas, desde la protección integral de depredadores como el lobo y el oso, hasta la aplicación de políticas “verdes” que la Unión Europea tomó por banderas (erradicación de las plantas nucleares, sobreabundancia de normativas en materia de caza y pesca, hiperregulación de la actividad agrícola, etc.).

Después de todo, los ambientalistas radicales encajaban bien en la definición de “víctimas del sistema capitalista” o “aliados naturales del movimiento socialista”, según los criterios elaborados, entre otros, por los teóricos marxistas Ernesto Laclau y Chantal Mouffe en su libro Hegemonía y estrategia socialista de 1987. Al igual que otras minorías oprimidas -las mujeres, los negros y mestizos, los homosexuales, los grupos indígenas- los ecologistas radicales aportarían su esfuerzo a la revolución socialista que iba a derrocar al heteropatriarcado.  

  La estrategia migratoria

La promulgación, en 1948, de la Declaración Universal de Derechos Humanos, fue saludada de manera casi unánime en el mundo entero como un logro del derecho y un importante paso de avance de la civilización. Compendiar los derechos permitiría, entre otras cosas, establecer normativas que obligarían a los diversos agentes -Estados, gobiernos, parlamentos- a respetar las prerrogativas de cada ciudadano y garantizaría la paz y la armonía social.  

El artículo 14 de la DUDH estipula que “toda persona tiene derecho a buscar y disfrutar de asilo en cualquier país en caso de persecución”. Posteriormente, en 1951 este derecho se amplió a los refugiados y, algo más tarde, empezó a considerarse además como derechoabiente la figura jurídica del “migrante”. Un aspecto que se menciona menos en los documentos internacionales es que todos ellos deben respetar las leyes nacionales del país anfitrión que es, en última instancia, el que se reserva el derecho a acoger o no a quienes solicitan asilo o protección.   

Los Estados Miembros de las Naciones Unidas, reunidos en Marrakch en diciembre de 2018, aprobaron el Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular. Como explica el sitio web de las NN.UU., “se trata de un documento no vinculante que respeta el derecho soberano de los Estados a determinar quién entra y permanece en su territorio y demuestra el compromiso con la cooperación internacional en materia de migración”.

Es este principio del derecho soberano de la sociedad anfitriona a decidir quién entra o no en su país el que a partir de 1990 la metafísica woke se propuso erradicar. Había que borrar las fronteras y propiciar la entrada masiva de extranjeros indocumentados en las naciones más ricas y estables del planeta. Ese era un elemento decisivo en la lucha por la “justicia social” y la construcción del nuevo socialismo, contra las democracias liberales de Occidente y el heteropatriarcado capitalista.

Así, entre 1990 y 2025, el número de migrantes internacionales se duplicó, pasando de 150 a 300 millones, lo que supone aproximadamente el 4% de la población mundial. En ese periodo aumentó de manera exponencial el número de personas que emigraban rumbo a Europa o Estados Unidos, por diversos motivos. La persecución política o religiosa, la necesidad de huir de la guerra, el hambre o la represión; o la simple búsqueda de mayor seguridad y bienestar, así como de mejores oportunidades económicas, impulsaron una corriente migratoria que alcanzó sus máximos con el millón largo de refugiados de Oriente Medio que llegaron a Alemania en 2015-2016 y las “caravanas” procedentes de América Central que entraron en Estados Unidos durante el gobierno de Joe Biden.  

 La inflación de derechos

 Como señala Douglas Murray en La masa enfurecida (2019) “lo que todas estas estrategias tienen en común es que empezaron como campañas legítimas en defensa de los derechos humanos”. Quizá fuera así, pero es evidente que luego se pasaron de rosca –“se pasaron tres pueblos”, dirían en España- y contribuyeron al descrédito en el que ha caído la doctrina humanitarista. Porque, tras la adopción de la DUDH en 1948 y la controvertida oleada de “derechos colectivos” de 1966, la atomización de los derechos en virtud de la ideología identitaria ha logrado que cada capricho o cada fantasía individual se convierta en una prerrogativa de idéntico rango. Por esa vía, se termina defendiendo el “derecho humano” al aborto y la autodeterminación de género (¿y por qué no de especie? ¿quién puede impedir que alguien se sienta leopardo u ornitorrinco, como ese asesor del gobierno de Oregón, J. D. Holt, que se “autodefine” como tortuga?) y a reconocer la identidad subjetiva como el elemento decisivo de la persona. 

Pero el pegamento que permitió aglutinar estas ideas a menudo contradictorias no fue el principio de los derechos humanos sino más bien la teleología hegeliana, reinterpretada por Marx. El pensador renano “descubrió” que, a diferencia de lo que afirmaba Macbeth sobre la existencia individual, la vida social no era “un cuento / contado por un idiota, lleno de ruido y de furia”, sino un proceso racional, en el que las comunidades humanas se relevaban unas a otras en función de su modo de producción y sus fuerzas productivas. Así, el esclavismo del mundo antiguo fue sustituido por el feudalismo, éste por el capitalismo e, inexorablemente, al capitalismo sucedería el comunismo y la sociedad sin clases. 

De modo que la amalgama de ideas, creencias y supersticiones procedentes de horizontes diversos -feminismo, antirracismo, derechos LGTBQI+, ecología anticapitalista, fomento de la inmigración ilegal- se fundió en una cosmovisión o metafísica que no solo comportaba una crítica feroz a la sociedad actual, sino que también prefiguraba el mundo del porvenir: una comunidad radicalmente igualitaria, compuesta por seres veganos, austeros y desinteresados, que militarían en ONG ecologistas y no tendrían que preocuparse por poseer una casa o conducir un automóvil. Como prometía el lema de la Agenda 2030, aunque no tuvieran nada, el Estado neosocialista les proporcionaría todo lo necesario para ser felices. Allí donde los marxistas-leninistas del siglo XX habían fracasado miserablemente, los ideólogos del wokismo lograrían reconciliar la justicia, las libertades, la tecnología y el bienestar económico. Como en Brave new world, la novela de Aldous Huxley de 1932, que casualmente se tradujo al español con el título de ‘Un mundo feliz’.

La vuelta del sentido común

No es preciso ser conspiranoico ni terraplanista para creer que todo este esfuerzo se orienta a la destrucción de la civilización occidental. Basta con leer los programas de agrupaciones ecologistas como la de Greta Thunberg o de partidos políticos como Podemos en España. La sociedad liberal capitalista -el mundo del heteropatriarcado, el sexismo, el racismo, la homofobia, la transfobia y la aniquilación del planeta- debe desaparecer para “avanzar hacia sociedades más libres, democráticas e igualitarias”, como proclamaba Laclau.

Frente a esta ofensiva, lo ocurrido el 4 de noviembre de 2024 en Estados Unidos marcó la (re)vuelta del sentido común. A lo largo de ese año, ya habían aparecido signos precursores en las elecciones de Francia, Alemania, los Países Bajos y algunos países escandinavos. 

Esta rebelión era la consecuencia lógica de la decisión de Angela Merkel de abrir las fronteras en 2015 y permitir la entrada masiva de inmigrantes ilegales, gesto que Biden y Harris imitaron a partir de 2020. Era la insurgencia de campesinos, pescadores y transportistas ante las políticas “verdes” que pretenden salvar al planeta arruinando a sectores enteros de la sociedad y rebajando el nivel de vida de la mayoría de la población. Era la respuesta a la imposición de normas que promueven los delirios queer en las escuelas y una larga lista de medidas sociales.

Mientras tanto, la izquierda estadounidense sigue sin entender qué pasó el 4 de noviembre. Hace poco, el candidato a la vicepresidencia derrotado en los comicios, Tim Walz, insistía en que los resultados adversos de las elecciones generales se debieron a que los demócratas no habían hecho suficiente hincapié en las políticas woke, la transición ecológica y los beneficios de la inmigración ilimitada.

La reforma radical encabezada por Donald Trump y su equipo someterá la política de la diversidad, la equidad y la integración (DEI) a la prueba de la verdad. Los estadounidenses -y con ellos el resto del mundo- podrán comprobar qué grado de realidad tienen las creencias que componen la nueva metafísica progresista cuando pierden el sustento de los fondos públicos, los subsidios de los multimillonarios izquierdistas y la propaganda constante de los medios de comunicación cómplices.

Por ahora, la vuelta del sentido común parece una auténtica rebelión. 


Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , ,


Para seguir leyendo hacer click aqui­ ...

sábado, enero 25, 2025

Para INMIGRANTES con CBP ONE Y PAROLE: Marti Noticias y videos de Enero 24 del 2025 sobre Memorándum real y verídico del Departamento de Seguridad Nacional (DHS). Mensaje URGENTE para INMIGRANTES cubanos, venezolanos, nicas y beneficiarios de CBP ONE y PAROLE

 Tomado de https://www.martinoticias.com/

Los cubanos serían el grupo con menos riesgo, dicen abogados sobre deportaciones a casos de parole y CBP One

Por Mayle González Mirabal

Enero 24, 2025

Expertos consultados por Martí Noticias aseguran que los cubanos no serían los más afectados con esta medida. En cambio, los nicaragüenses, los venezolanos y haitianos que no calificaron para un TPS si podrían enfrentar un proceso de deportación acelerado.

Los migrantes que ingresaron a Estados Unidos durante la administración de Joe Biden y recibieron un parole podrían ser deportados de manera acelerada, según un documento del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas que se hizo público este viernes.

El memorándum del Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por su siglas en inglés), firmado por el secretario interino Benjamine C. Huffman, se aplica a quienes entraron a través de la frontera entre Estados Unidos y México utilizando la aplicación CBP One y quienes llegaron a través del proceso de libertad condicional, conocido como parole humanitario, por el que se beneficiaron cientos de miles de ciudadanos de Nicaragua, Venezuela, Haití y Cuba.

Expertos consultados por Martí Noticias aseguran que los cubanos serían el grupo que corre menor riesgo. En cambio, los nicaragüenses, venezolanos y haitianos que no calificaron para un Estatus de Protección Temporal (TPS) si podrían enfrentar un proceso de deportación acelerado.

"Cualquier cubano que haya entrado al país y que no haya cometido un fraude en su aplicación es elegible a la Ley del Ajuste después de estar un año en los EEUU", dijo el abogado constitucionalista, Rafael Peñalver.

"Esto es un intento de la administración de decir: el hecho de que la administración anterior les haya dado a ustedes un parole no quiere decir que puedan quedarse. Mi consejo a cualquier persona que esté aquí es que aplique a un asilo político antes de que pase un año", apuntó.

La nueva normativa llega pocos días después de que el presidente Donald Trump emitiera una orden ejecutiva que suspendió el programa CBP One, que permitía a los migrantes agendar citas en la frontera, y pusiera fin al programa que ofrecía la libertad condicional a ciudadanos de Cuba, Nicaragua, Venezuela y Haití a través del parole humanitario.

El abogado de inmigración Wilfredo Allen dijo que no le preocupan los cubanos que entraron con parole humanitario porque "tienen la protección de la Ley de Ajuste, a la que pueden aplicar al año y un día".

"El ajuste cubano requiere una entrada y una inspección, no requiere que el parole dure el resto del tiempo. Cualquier cubano que entró con un parole, aunque sea revocado, no está impedido de obtener su residencia por el ajuste cubano", agregó.

Para el experto, "la única preocupación son los que tienen una orden de deportación, no se presentaron en corte y tampoco presentaron el asilo. Esos casos pueden estar en peligro. Aparte de eso, ningún cubano que entró con un parole humanitario o por CBP One tiene que preocuparse", dijo.

Durante la administración Biden el proceso de "deportación acelerada" se había aplicado a personas detenidas en los 14 días siguientes a su entrada al país y en un radio de 160 kilómetros de la frontera. Ahora se amplió a todo el territorio de Estados Unidos y se extendió a un plazo de dos años, según la orden.

No obstante, la abogada de inmigración Cindy Blandon comentó a nuestra redacción que todas las personas que llevan menos de dos años en Estados Unidos y tienen un parole corren riesgo de entrar a un procedimiento de deportación acelerada. "Pero para que haya un procedimiento de deportación acelerada te tienen que detener", dijo.

"Las personas tienen hasta un año desde su entrada a EEUU para aplicar a un asilo político", indicó.

Más de un millón de migrantes entraron a Estados Unidos durante la administración Biden a través de CBP One y el programa de parole humanitario. El pasado miércoles el grupo de derechos de los inmigrantes Make the Road New York presentó una demanda para intentar bloquear la expansión del proceso de deportación acelerada.

************

Mario J. Pentón

24 de enero, 2025

Mensaje urgente para cubanos, venezolanos, nicas y beneficiarios de cbp y parole 


AmericaTeVe Miami

24 de enero, 2025

ABOGADO DE INMIGRACIÓN A INMIGRANTES CON PAROLE Y CBP ONE: ESTO ES SERIO PODRÍAN SER DEPORTADOS

(en este video  otro  abogado, que no es Willy Alen,  tamiza  las diferentes posibilidades según las diferentes nacionalidades, fechas, etc. . Nota del Bloguista de Baracutey Cubano) 




Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , ,


Para seguir leyendo hacer click aqui­ ...