viernes, julio 11, 2025

Una Investigación de Casa Palanca en Cuba. La Privatización Silenciosa. Prácticas de corrupción en el actual Sistema Nacional de Salud Cubano. Dr. Antonio Guedes: La Sanidad Silenciada; artículo sobre la Salud en Cuba antes de 1959.

Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

Para leer de manera íntegra la extensa y profunda investigación de Casa Palanca sobre La Privatización Silenciosa. Prácticas de corrupción en el Sistema Nacional de Salud Cubano, haga click encima del título de la investigación

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Tomado de https://www.casapalanca.org/

Salarios mensuales  mínimos y promedio en Cuba 2025

Informes de la ONEI señalan que el salario mínimo en Cuba está fijado en 2.100 CUP (5,45 USD), mientras que el salario promedio mensual de 2024 fue de 5.839 CUP  (15,16 USD). Las jubilaciones, por su parte, no superan los 2.000 CUP (5,19 USD) en promedio.

Se estima que dos personas de un núcleo familiar necesitan casi ocho salarios promedios y más de 29 jubilaciones mínimas para cubrir los gastos básicos de manutención.





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La sanidad y los hospitales cubanos en la República

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Datos que echan por tierra el intento castrista de borrar la historia de la salud y la medicina cubanas antes de 1959.

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El hoy desaparecido Hospital Pediátrico de La Habana fue el mayor hospital infantil de toda América Latina; fue construido por el gobierno de Gerardo Machado y Morales. Fotos y comentarios añadidos por el bloguista de Baracutey Cubano

Por Dimas Castellano

La Habana

11 de junio  2025 

En 1902, al término de la ocupación norteamericana, el estado de la Salud Pública en Cuba era muy superior al que existía al concluir la Guerra de Independencia en 1898.

De la etapa de ocupación, la República heredó una eficiente estructura organizacional: una red de hospitales públicos, privados, mutualistas y casas de socorro, programas para el tratamiento de enfermedades infecciosas, instituciones investigativas, escuelas de enfermería y de cirugía dental, un cuerpo de médicos de altísimo nivel y un estado de higienización avanzado. Sobre esa base se erigieron nuevas asociaciones e instituciones, gracias a las cuales Cuba se ubicó entre los países más avanzados de América Latina.

Asociaciones cívicas e instituciones

Una reducida muestra de las nuevas asociaciones e instituciones surgidas basta para desmontar la narrativa totalitarista en su intento de borrar la obra precedente en materia de salud: la Secretaría de Sanidad y Beneficencia (primer ministerio de Salud Pública de Cuba y en el mundo, 1909); el servicio oncológico del Hospital Reina de las Mercedes (1920); la Federación Médica de Cuba, la Liga Contra el Cáncer y el Instituto del Cáncer, primero de su tipo en Cuba (1925); el Servicio de Oftalmología del Hospital Calixto García (1926); la Sociedad Cubana de Cancerología (1934); los seguros sociales como derechos de los trabajadores (1940); un Servicio Técnico de Salubridad encargado de las estadísticas, los productos biológicos, la investigación, y la sanidad (1936); la Corporación Nacional de Asistencia Pública, el Consejo Nacional de Tuberculosis, el Instituto Técnico de Salubridad Rural, el Centro de Orientación Infantil, y el Patronato para la Protección de la Sífilis y otras enfermedades (1936); la sociedad de Tisiología, para divulgar los avances de la especialidad (1940); la celebración del IV Congreso Panamericano de Tuberculosis con la participación de 750 médicos cubanos y 150 extranjeros (1945); la Sociedad de Neumología (1950); la Liga Contra la Ceguera (1951), y el hospital (1958), actual Pando Ferrer.

Centros asistenciales

Entre 1906 y 1954 se inauguraron: la Asociación Canaria de Beneficencia, Instrucción y Recreo de la Habana (Quinta Canaria); el Sanatorio Antituberculoso La Esperanza; el Centro Castellano; el Hospital de Emergencia en Centro Habana; el Hospital General Calixto García (antiguo Alfonso XIII); el Hospital Hijas de Galicia (actual Hospital Miguel Enríquez); el Leprosorio de San Lázaro; el Preventorio de salud José Martí para niños tuberculosos; el Hospital de Emergencias (1909), trasladado en 1920 al moderno edificio de Carlos III (primer hospital monumental de La Habana); la Casa de Salud, Quinta Santa Teresa de Jesús; el Hospital Militar de Columbia; el Hospital de Maternidad América Arias; el Pediátrico en el reparto Lugardita y el Hospital General Conill, ambos en Boyeros; el Hospital de Homicultura, de higiene infantil, embarazos, partos, curaciones, en Matanzas; el Hospital Nacional del Cáncer (Curie); Maternidad Obrera de Marianao; el Sanatorio Ambrosio Grillo, con capacidad para 400 pacientes; los hospitales infantiles Pedro Borrás, Sagrado Corazón (actual González Coro), y Ángel Arturo Aballí; el Hospital de las Ánimas, reconvertido para tratar enfermos infecciosos; y el Sanatorio Topes de Collantes, equipado con la más alta tecnología de la época.

Los actuales hospitales provinciales y la mayoría de los municipales se construyeron antes de 1959. Los ingenios azucareros, alejados de las ciudades, tenían sus propios hospitales para los trabajadores. Además, se inauguraron innumerables clínicas privadas a lo largo y ancho del país, y las instituciones mutualistas de la salud brindaban amplios servicios médicos, realizaban visitas a las casas, suministraban medicinas, y crearon delegaciones en los pueblos importantes. Si el paciente necesitaba hospitalización, se trasladaba a algunas de sus sedes en las capitales de provincia, o en La Habana.

Resultados

El sistema de salud cubano en la República estaba integrado por una combinación de servicios gratuitos de salud pública financiados por el Gobierno, y de servicios privados que abarcaban todas las ciudades importantes de la Isla. Existían hospitales especializados en el cuidado de la lepra, enfermedades mentales, cáncer, poliomielitis, oftalmología, ortopedia, tuberculosis, pediatría, enfermedades contagiosas y cardiología, con consultas externas en otras provincias para quienes no necesitaban hospitalización; además estaban los llamados dispensarios, centrados en el diagnóstico y la prevención, que aplicaban tratamientos especializados en enfermedades como lepra, tuberculosis o la pediatría.

(Los hospitales públicos, dispensarios  y casas  de socorrro eran GRATUITOS.  Las 242 clínicas mutualista en su inmensa  mayoría costaban mensualmente entre 2 y 3 pesos mensuales. Ecistían las consultas médicas privadas y clínicas privadas como la Clínica Miramar; que es la ¨Cira García¨ de hoy para extranjeros . Comentario e imagen añadidos por el Bloguista de Baracutey Cubano)

En 1958 Cuba contaba con más de 108 hospitales públicos, 250 privados y 200 casas de socorro. Las compañías de seguro y clínicas a bajo precio competían con los centros mutualistas. La mortalidad por tétanos infantil disminuyó, se erradicó la fiebre amarilla, se estableció la vacunación permanente de la viruela, y se elaboró una avanzada legislación sanitaria.

Entre los indicadores de salud basta citar los siguientes: la esperanza de vida, que en 1931 era de aproximadamente 42 años, en 1958 se elevó a 64 años, superada solamente por Argentina y Uruguay; la mortalidad infantil (33,4 por cada mil nacidos), solo era superada por Estados Unidos y Canadá; más de un médico por cada mil habitantes (según la OMS, en el período 50-54, Cuba ocupaba el puesto once en el mundo y el primero en América Latina); los hospitales públicos contaban con 21.141 camas y los privados otras 15.000, para un total de 36.141, mejor que la mayoría de los países latinoamericanos. Estos índices de salud eran equiparables a los más avanzados de su época en la región y en el mundo.

Conclusiones

Pese a los avances señalados, el sistema de salud de la República tenía lagunas. Sus servicios, mayoritariamente concentrados en la capital, el mayor núcleo urbano del país, no alcanzaban a las zonas montañosas y remotas de la Isla, aunque se contaba con un eficiente transporte por aire, mar y tierra, que permitía trasladar a La Habana con facilidad a los pacientes necesitados de atención especializada.

Los datos brindados echan por tierra el intento de borrar la historia de la salud y la medicina cubanas antes de 1959, como parte de un proyecto que, sobre un falso "estado calamitoso" previo, vendió la idea de considerar a Cuba, con posterioridad a esa fecha, como potencia médica, obviando que los avances obtenidos en las primeras décadas de totalitarismo fueron resultado de la base creada anteriormente, sustentada en el progreso económico, en la labor de destacados médicos, y en la libertad de que gozaban las asociaciones de profesionales en los gobiernos republicanos de 1902 a 1958, sin necesidad de subvenciones foráneas.

Por tanto, lo que correspondía al Partido-Estado-Gobierno era mejorar la salud en las zonas agrarias y perfeccionar la obra que le antecedió, no negar los avances anteriores, para finalmente arribar al desastre actual.

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Las siguientes imágenes fueron tomadas de la página de facebook llamada Habana Cimarrona, del recién fallecido Ivo Basterrechea; donde encontrará muchas  otras similares. .


Video en español sobre el hospital antituberculoso de Topes de Collantes

HERE THEY TORTURED THE ESCAMBRAY REVOLTERS: History of the Topes de Collantes hospital


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La Sanidad Silenciada. Relevante artículo del Dr. Antonio Guedes sobre la Salud en Cuba antes de 1959. Artículo publicado en el No. 24 de la Revista Encuentro de la Cultura Cubana. Número homenaje a la República de Cuba. El Dr. Antonio Guedes ha publicado recientemente  el libro  Del dicho al hecho. La leyenda de la sanidad en Cuba 1902-2024, el cual puede ser adquirido  en Amazon en formatos Kindle y en papel a muy bajos precios.


Este estudio de la sanidad en Cuba está basado principalmente en los informes de organismos internacionales, como los emitidos por la Organización Mundial de la Salud y los Anuarios Estadísticos de América Latina, Anuarios Estadísticos de Cuba (del Comité Estatal de Estadísticas, ONEI). Para el período a partir de 1959, fundamentalmente en los datos oficiales proporcionados por el gobierno cubano. Es importante tener una visión completa de la sanidad cubana durante sus 122 años (1902-2024) como país independiente para poder entender y conocer su realidad. Después de hacer ese recorrido, se puede afirmar que Cuba no es hoy una “potencia médica” tal como intenta trasmitir el gobierno instaurado en 1959. Por mucho que se repita esa idea y que la avalen algunos organismos internacionales, sin verificación objetiva, la realidad es muy tozuda. Si se está informado y bien intencionado, se comprueba que la sanidad cubana es una debacle –cada vez mayor y más grave con el paso de los años.

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Las imágenes  pueden verse más grande si se hace click encima de ella una vez y  si hace nuevamente click encima de ellas,  aumentan aún más el tamaño.












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DROGUERIA SARRÁ

Publicado por Derubín Jácome4 de marzo de 2016

Los catalanes José Sarrá y su tío Valentín Catalá, boticarios, llegaron a Cuba a mediados del siglo XIX para hacer carrera y probar fortuna en los negocios. Pero lograron mucho más, porque los Sarrá conquistaron La Habana y aunque en 1885 existían más de 65 farmacias que vendían tanto patentes nacionales como extranjeras, poco después, la fundada por ellos será la más importante.

Estos catalanes crean la “Sociedad Catalá, Sarrá y Co.”, y fundan en 1853, en una pequeña casa de la calle de Teniente Rey, la farmacia “La Reunión”, con la estrategia de proveer no solo productos farmacéuticos de alta calidad, sino hacerlo a precios razonables. Para ello invierten 50.000 pesos en la fundación de esta farmacia y droguería, en La Habana Vieja, junto a un pozo de agua pura, que resultaba idónea para la elaboración de sus medicamentos.

El establecimiento, orientado a la venta al por mayor, se llamó “La Reunión” ya que unificaba las farmacias tradicional y homeopática. La primera quedaría a cargo de José y la segunda por su tío, quien también asumiría la contabilidad. Montaron un laboratorio que poco tiempo después ya surtía de ungüentos, sales, jarabes, extractos y otros productos a farmacéuticos y hospitales de toda Cuba.

En 1858 se incorpora a la empresa otro familiar, el también científico y negociante José Sarrá y Valldejulí, sobrino del cofundador. Siete años después, Valentín les venderá su parte para establecerse por su cuenta en Barcelona. La antigua Sociedad es disuelta y se constituye la “Sarrá y Co.”

Sarrá Valldejulí, el nuevo socio, realizaría grandes cambios en la empresa, comprando algunas propiedades en la manzana donde se encontraba la farmacia y mejorando la botica, a la que le agregó oficinas, almacén y un laboratorio aún mayor, adquiriendo nuevos equipos, como una máquina de vapor para hacer pulverizaciones o presas para extraer aceite de ricino. Sacaría al mercado nuevos productos propios de gran éxito, como la “Magnesia Sarrá”. También destaca la formación de más de cien farmacéuticos en estos laboratorios.

Fue tal la importancia de esta droguería, que en el año 1881 su Majestad Alfonso XII de España le concedió al Dr. José Sarrá el título honorífico de “Farmacéutico y Droguero de la Real Casa” y otorgándole el uso del Escudo de Armas Reales en las muestras, facturas y etiquetas de sus productos. Para 1883 se instalará la Droguería y Farmacia “La Reunión” en su edificio de Teniente Rey y Compostela.

(José Sarrá, fundador de la que fue muy relevante drogueria o farmaceútica Sarrá, Junto a su esposa Celia Hernández Buchó y su hijos, María Teresa, Celia y Ernesto José)

En el nuevo edificio, la importancia del negocio crecerá en proporción a su amplitud, manteniendo el primer lugar entre las de su clase. En 1898 muere su dueño fundador y la dirección de la casa pasa a ser propiedad de la firma “Viuda de José Sarrá e Hijo”, conformada por la señora Doña Celia Hernández y Buchó, viuda de Sarrá y su hijo Ernesto, que aunque solo contaba con 19 años, ya se distinguía en sus estudios de la carrera de Farmacia. En manos de ambos la casa mantuvo siempre su lugar prominente, hasta quedar finalmente como único propietario su hijo.

Es precisamente esta tercera generación de propietarios, con Ernesto Sarrá Hernández a la cabeza, la que en las primeras décadas del siglo XX transforma el prestigioso negocio en uno de los emporios más importantes de Cuba.

En 1912 será Ernesto quien adquiere varias casas en la esquina de Teniente Rey, Habana y Compostela, que unido a los anteriores edificios forma un conjunto de 18 nuevos inmuebles con una superficie de 13,000 m2. El prestigioso negocio se transforma en uno de los emporios más importantes de Cuba, con 46 edificios, 600 empleados y más de 500 productos, llegando a ocupar más de 45 edificios con 40,000 metros cuadrados de área.

Para tener una idea del crecimiento del negocio, se adquieren las casas de la calle Compostela nº 87, 89, 91, 93, 95, 97, 99, 101, 103 y 105; en Teniente Rey la nº 35, 39, 52, 54, 56, 58 y 60 y en la calle Habana las nº 126, 128, 130, 132, 134 y 136. Ocupando casi completamente los tres frentes de una manzana, lo que le permitía tener 33 vidrieras de exposición hacia la calle. En la calle Buenos Aires nº 21 se encontraban los garajes para guardar los camiones que hacían el servicio de la casa.

La Droguería llegó a ser más que una farmacia y un laboratorio de especialidades farmacéutica, biológicas y opoterápicas, sino también una Tienda por departamentos, una fábrica de jabón, de perfumes, insecticidas y desinfectantes, locería, cristalería, juguetería y un almacén de suministros para lecherías de materias primas para dulcerías y panaderías.

También introdujo técnicas de marketing moderno, como regalar perfumes e invitar a merendar a los mejores compradores en la tienda de la droguería, sección “Atracciones Sarrá”. La “Droguería Sarrá” no solo llegó a ser la droguería más grande de Cuba y de Latinoamérica, sino incluso la segunda del mundo tras la norteamericana “Johnson”.

Por su excelencia y méritos alcanzados, en 1934 el “Congreso de la República de Cuba” le concede a la “Droguería Sarrá” el uso del Escudo de la República para que apareciera también en las muestras, facturas y etiquetas. En la Universidad de la Habana y la Universidad de Villanueva se establece el “Premio Sarrá”, que se otorgaba anualmente a los mejores estudiantes de farmacia.

El imperio Sarrá tuvo un largo siglo de vida en Cuba y además del prestigio alcanzado en sus negocios, como evidencia del esplendor alcanzado por esta familia, puedo citarles las residencias de dos miembros de esta familia:

La de su fundador, ocupada actualmente por el Ministerio de Cultura, es la espectacular mansión enclavada en la calle 2 esquina a 13 en el Vedado y la de una de sus hermanas es el llamado “Palacete Velasco Sarrá”, erigido en 1912 en el destacado emplazamiento de La Habana Vieja, que actualmente ocupa la sede de la “Embajada de España” en Cuba, que recibe el edificio en 1984, después de muchos años de abandono tras su expropiación a la familia a comienzos de la década del 60.

En 1999, un grupo de nietos y de bisnietos del Dr. Ernesto José Sarrá establecieron en el Estado de la Florida la corporación “Sarra Natural Products”, para ofrecerle al público la misma calidad, confianza y excelencia que prestigia el nombre Sarrá. Los Productos Naturales Sarrá se venden en farmacias y droguerías en la Florida, New York y New Jersey.

El edificio principal de la “Droguería Sarrá” está considerado como Patrimonio Mundial de la Humanidad. Actualmente es Museo de Farmacia.
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Tomado de https://www.elnuevoherald.com/

Cuba antes de 1959: prosperidad y frustraciones de una república

Por Jaime Suchlicki
19 de diciembre de 2008
(fragmento)

Para 1959, los indicadores económicos apuntaban a una economía moderna en pleno desarrollo. El per cápita de los cubanos era de $431 similar al de España e Italia. Cuba tenía una de las tasas de mortalidad infantil más baja del mundo (37 por cada 1,000); un alfabetismo del 80 por ciento, tercero en América Latina, después de Argentina y Costa Rica; y el tercer número más alto mundialmente per capita de médicos y dentistas. Cuba tenia más de 40 laboratorios farmacéuticos que producían el 50 por ciento de las medicinas que se consumían en la isla. En 1959 Cuba era el tercer país en América Latina en número de radios y televisores.
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Tomado de http://scielo.sld.cu/pdf/far/v50n1/far16116.pdf

(publicado en Revista Cubana de Farmacia. 2016;50(1) )

Preparaciones farmacéuticas de los siglos XIX y XX en la región oriental de Cuba

Por Clara Aurora Zúñiga Moro
Universidad de Oriente Santiago de Cuba.
 Cuba.

(Fragmento, página 8)
Ya en la segunda mitad del siglo XX, con el incremento en el país de laboratorios de firmas nacionales y extranjeras y la avalancha de productos farmacéuticos en el mercado, se impusieron medidas restrictivas en este sentido. En la XLI Asamblea Médica Nacional celebrada en La Habana, los días 12 y 13 de enero de 1957, se acordó recomendar a la clase médica que en toda oportunidad en que se realizara propaganda de algunas especialidades farmacéuticas se debía solicitar la identificación para corroborar que el producto estuviera elaborado por una industria aprobada por el Consejo de Medicamentos, Alimentos y Cosméticos del Colegio Médico Nacional. En 1959 se produce la primera edición de la Guía Farmacoterapéutica cubana, con amplia información en relación con las especialidades medicamentosas que se elaboraban, distribuían o envasaban en las industrias nacionales y extranjeras que habían recibido el Certificado de Industria Aprobada del Consejo de Medicamentos. Los laboratorios que recibían este certificado eran sometidos a la inspección y vigilancia de ese consejo y sus productos eran analizados periódicamente en el Laboratorio de Investigaciones Científicas de esa institución. Aparecían con esta categoría unos 70 laboratorios, la gran mayoría de ellos representantes de firmas internacionales como los laboratorios Selles S.A., Linner, Hoffman La Roche y otras firmas de sociedades nacionales como Labrapia de Cuba S.A., Instituto biológico cubano y Laboratorios Planas de la Cuba industrial farmacéutica S.A. (31)

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sábado, junio 14, 2025

Dimas Castellano desde Cuba: La sanidad y los hospitales cubanos en la República. Antonio Guedes: La Sanidad Silenciada

 

La sanidad y los hospitales cubanos en la República

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Datos que echan por tierra el intento castrista de borrar la historia de la salud y la medicina cubanas antes de 1959.

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El hoy desaparecido Hospital Pediátrico de La Habana fue el mayor hospital infantil de toda América Latina; fue construido por el gobierno de Gerardo Machado y Morales. Fotos y comentarios añadidos por el bloguista de Baracutey Cubano

Por Dimas Castellano

La Habana

11 de junio  2025 

En 1902, al término de la ocupación norteamericana, el estado de la Salud Pública en Cuba era muy superior al que existía al concluir la Guerra de Independencia en 1898.

De la etapa de ocupación, la República heredó una eficiente estructura organizacional: una red de hospitales públicos, privados, mutualistas y casas de socorro, programas para el tratamiento de enfermedades infecciosas, instituciones investigativas, escuelas de enfermería y de cirugía dental, un cuerpo de médicos de altísimo nivel y un estado de higienización avanzado. Sobre esa base se erigieron nuevas asociaciones e instituciones, gracias a las cuales Cuba se ubicó entre los países más avanzados de América Latina.

Asociaciones cívicas e instituciones

Una reducida muestra de las nuevas asociaciones e instituciones surgidas basta para desmontar la narrativa totalitarista en su intento de borrar la obra precedente en materia de salud: la Secretaría de Sanidad y Beneficencia (primer ministerio de Salud Pública de Cuba y en el mundo, 1909); el servicio oncológico del Hospital Reina de las Mercedes (1920); la Federación Médica de Cuba, la Liga Contra el Cáncer y el Instituto del Cáncer, primero de su tipo en Cuba (1925); el Servicio de Oftalmología del Hospital Calixto García (1926); la Sociedad Cubana de Cancerología (1934); los seguros sociales como derechos de los trabajadores (1940); un Servicio Técnico de Salubridad encargado de las estadísticas, los productos biológicos, la investigación, y la sanidad (1936); la Corporación Nacional de Asistencia Pública, el Consejo Nacional de Tuberculosis, el Instituto Técnico de Salubridad Rural, el Centro de Orientación Infantil, y el Patronato para la Protección de la Sífilis y otras enfermedades (1936); la sociedad de Tisiología, para divulgar los avances de la especialidad (1940); la celebración del IV Congreso Panamericano de Tuberculosis con la participación de 750 médicos cubanos y 150 extranjeros (1945); la Sociedad de Neumología (1950); la Liga Contra la Ceguera (1951), y el hospital (1958), actual Pando Ferrer.

Centros asistenciales

Entre 1906 y 1954 se inauguraron: la Asociación Canaria de Beneficencia, Instrucción y Recreo de la Habana (Quinta Canaria); el Sanatorio Antituberculoso La Esperanza; el Centro Castellano; el Hospital de Emergencia en Centro Habana; el Hospital General Calixto García (antiguo Alfonso XIII); el Hospital Hijas de Galicia (actual Hospital Miguel Enríquez); el Leprosorio de San Lázaro; el Preventorio de salud José Martí para niños tuberculosos; el Hospital de Emergencias (1909), trasladado en 1920 al moderno edificio de Carlos III (primer hospital monumental de La Habana); la Casa de Salud, Quinta Santa Teresa de Jesús; el Hospital Militar de Columbia; el Hospital de Maternidad América Arias; el Pediátrico en el reparto Lugardita y el Hospital General Conill, ambos en Boyeros; el Hospital de Homicultura, de higiene infantil, embarazos, partos, curaciones, en Matanzas; el Hospital Nacional del Cáncer (Curie); Maternidad Obrera de Marianao; el Sanatorio Ambrosio Grillo, con capacidad para 400 pacientes; los hospitales infantiles Pedro Borrás, Sagrado Corazón (actual González Coro), y Ángel Arturo Aballí; el Hospital de las Ánimas, reconvertido para tratar enfermos infecciosos; y el Sanatorio Topes de Collantes, equipado con la más alta tecnología de la época.

Los actuales hospitales provinciales y la mayoría de los municipales se construyeron antes de 1959. Los ingenios azucareros, alejados de las ciudades, tenían sus propios hospitales para los trabajadores. Además, se inauguraron innumerables clínicas privadas a lo largo y ancho del país, y las instituciones mutualistas de la salud brindaban amplios servicios médicos, realizaban visitas a las casas, suministraban medicinas, y crearon delegaciones en los pueblos importantes. Si el paciente necesitaba hospitalización, se trasladaba a algunas de sus sedes en las capitales de provincia, o en La Habana.

Resultados

El sistema de salud cubano en la República estaba integrado por una combinación de servicios gratuitos de salud pública financiados por el Gobierno, y de servicios privados que abarcaban todas las ciudades importantes de la Isla. Existían hospitales especializados en el cuidado de la lepra, enfermedades mentales, cáncer, poliomielitis, oftalmología, ortopedia, tuberculosis, pediatría, enfermedades contagiosas y cardiología, con consultas externas en otras provincias para quienes no necesitaban hospitalización; además estaban los llamados dispensarios, centrados en el diagnóstico y la prevención, que aplicaban tratamientos especializados en enfermedades como lepra, tuberculosis o la pediatría.

(Los hospitales públicos, dispensarios  y casas  de socorrro eran GRATUITOS.  Las 242 clínicas mutualista en su inmensa  mayoría costaban mensualmente entre 2 y 3 pesos mensuales. Ecistían las consultas médicas privadas y clínicas privadas como la Clínica Miramar; que es la ¨Cira García¨ de hoy para extranjeros . Comentario e imagen añadidos por el Bloguista de Baracutey Cubano)

En 1958 Cuba contaba con más de 108 hospitales públicos, 250 privados y 200 casas de socorro. Las compañías de seguro y clínicas a bajo precio competían con los centros mutualistas. La mortalidad por tétanos infantil disminuyó, se erradicó la fiebre amarilla, se estableció la vacunación permanente de la viruela, y se elaboró una avanzada legislación sanitaria.

Entre los indicadores de salud basta citar los siguientes: la esperanza de vida, que en 1931 era de aproximadamente 42 años, en 1958 se elevó a 64 años, superada solamente por Argentina y Uruguay; la mortalidad infantil (33,4 por cada mil nacidos), solo era superada por Estados Unidos y Canadá; más de un médico por cada mil habitantes (según la OMS, en el período 50-54, Cuba ocupaba el puesto once en el mundo y el primero en América Latina); los hospitales públicos contaban con 21.141 camas y los privados otras 15.000, para un total de 36.141, mejor que la mayoría de los países latinoamericanos. Estos índices de salud eran equiparables a los más avanzados de su época en la región y en el mundo.

Conclusiones

Pese a los avances señalados, el sistema de salud de la República tenía lagunas. Sus servicios, mayoritariamente concentrados en la capital, el mayor núcleo urbano del país, no alcanzaban a las zonas montañosas y remotas de la Isla, aunque se contaba con un eficiente transporte por aire, mar y tierra, que permitía trasladar a La Habana con facilidad a los pacientes necesitados de atención especializada.

Los datos brindados echan por tierra el intento de borrar la historia de la salud y la medicina cubanas antes de 1959, como parte de un proyecto que, sobre un falso "estado calamitoso" previo, vendió la idea de considerar a Cuba, con posterioridad a esa fecha, como potencia médica, obviando que los avances obtenidos en las primeras décadas de totalitarismo fueron resultado de la base creada anteriormente, sustentada en el progreso económico, en la labor de destacados médicos, y en la libertad de que gozaban las asociaciones de profesionales en los gobiernos republicanos de 1902 a 1958, sin necesidad de subvenciones foráneas.

Por tanto, lo que correspondía al Partido-Estado-Gobierno era mejorar la salud en las zonas agrarias y perfeccionar la obra que le antecedió, no negar los avances anteriores, para finalmente arribar al desastre actual.

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Las siguientes imágenes fueron tomadas de la página de facebook llamada Habana Cimarrona, del recién fallecido Ivo Basterrechea; donde encontrará muchas  otras similares. .


Sobre el hospital antituberculoso de Topes de Collantes

HERE THEY TORTURED THE ESCAMBRAY REVOLTERS: History of the Topes de Collantes hospital


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La Sanidad Silenciada. Relevante artículo del Dr. Antonio Guedes sobre la Salud en Cuba antes de 1959. Artículo publicado en el No. 24 de la Revista Encuentro de la Cultura Cubana. Número homenaje a la República de Cuba
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miércoles, noviembre 08, 2023

Dimas Castellanos desde Cuba: Las alfabetización, las escuelas rurales y la creación del Día de los Padres estuvieron entre las preocupaciones sociales de esta brillante pedagoga silenciada. La pedagogía de Dulce María Borrero: 'el único remedio a nuestros males'

 Tomado de https://diariodecuba.com/

La pedagogía de Dulce María Borrero: 'el único remedio a nuestros males'

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Las alfabetización, las escuelas rurales y la creación del Día de los Padres estuvieron entre las preocupaciones sociales de esta brillante pedagoga silenciada.

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Por Dimas Castellanos

La Habana

08 noviembre 2023 

La relación entre educación y desarrollo social —objeto de preocupación y ocupación de destacados pensadores desde la Antigüedad—, asumió mayor importancia en Europa y EEUU durante la segunda mitad del siglo XIX, y generó en Cuba una vertiente teórica que revolucionó la enseñanza en la Isla. Personalidades como José Agustín Caballero, Félix Varela y José de la Luz y Caballero —pioneros de las reformas educacionales en Cuba—, tuvieron un magnífico relevo en el siglo XX.

Una de las figuras más destacadas de ese siglo fue Dulce María Borrero (1883-1945), escritora, poetisa, bibliógrafa y pedagoga, hija del ilustre educador, poeta y ensayista, Esteban Borrero. Su inclinación al magisterio se incubó en una familia de cuyo seno  brotaron personalidades que colmaron a la cultura cubana de excelencias pedagógicas, científicas y artísticas. Ello fue resumido en una frase por el poeta nicaragüense Rubén Darío: "Aquella era una familia de artistas".

En la frontera que separa los siglos XIX y XX, Cuba transitó de la Colonia a la República. En este contexto se puso a la orden del día el debate acerca de las potencialidades axiológicas y transformativas de la enseñanza en la Isla. En junio de 1901, el Gobierno de Ocupación, con la Orden 267, estableció la enseñanza cívica: primer paso para la puesta en práctica de la asignatura Moral y Cívica, encaminada al desarrollo del sentido ético del deber para la vida.

Al unísono con las libertades refrendadas en la Constitución de 1901, el asociacionismo cívico creó el escenario propicio para la participación de la intelectualidad cubana en los debates acerca de los problemas teóricos de la enseñanza. En 1916, los integrantes de la Sociedad Cubana de Estudios Pedagogos, imbuidos en el perfeccionamiento del sistema escolar cubano, desempeñaron un meritorio papel en el estudio de las corrientes pedagógicas internacionales y su adaptación a la realidad cubana. Entre ellos destacó Dulce María Borrero.

Estudiosos de la educación como Pestalozzi, Dewey y Jean Piaget, entre otros muchos, devinieron fuentes de inspiración para el debate sobre las deficiencias de la enseñanza en Cuba. Un ejemplo de ello fue la Escuela Nueva, que en la concepción de Dewey enfatizaba la libertad y autonomía del niño, y afirmaba que solo se podría alcanzar la plena democracia a través de la educación y la sociedad civil. Esta idea influyó en Dulce María Borrero, quien llegó a proponer en Cuba el trato al niño como sujeto del aprendizaje y de la educación al servicio de la vida. En una conferencia dictada en 1938, titulada "Nuevo sentido de la misión del maestro en la escuela renovada", consideró a la Escuela Nueva como una reacción positiva contra el "rutinarismo" de la metodología pedagógica tradicional, y se pronunció por la reforma de las Escuelas Normales cubanas creada en 1916.

La prensa especializada, en la que Dulce María participó, manifestó la admiración por las ideas de Pestalozzi acerca de que los niños deben aprender a través de la actividad, ser libres de perseguir sus propios intereses y deducir sus propias conclusiones. En la Revista de Instrucción Pública, de la cual fue redactora entre 1926 y 1928, publicó textos como: "Misión suprema y supremo deber del maestro", "Las Escuelas Normales de verano", "La vida del niño campesino de Cuba", "Viajes de instrucción a los maestros", "La ornamentación de la escuela", "Instrucción complementaria del maestro", "La cooperación de los maestros y los padres de familia", y "La vocación y la escuela". Todos conforman un compendio de observaciones, criterios y propuestas para elevar el nivel de la pedagogía cubana.

En las primeras dos décadas del siglo XX —además de su labor docente, de la dirección de escuelas en la comunidad de Puentes Grandes (La Habana) y de la Revista de Instrucción Pública—, Dulce María fue auxiliar de grandes maestros como Carlos de la Torre, cofundadora de la Academia Nacional de Artes y Letras, y participante activa en los congresos nacionales de mujeres, celebrados en 1923 y 1925, donde desempeñó un papel destacado como divulgadora de los intereses pedagógicos a favor de la escuela pública. Fue, además, autora de la iniciativa de celebrar en Cuba, a partir del 19 de junio de 1938, el Día de los Padres, tradición que se mantiene hasta hoy el tercer domingo de junio de cada año.

Un tema de sumo interés fueron las escuelas rurales. Dulce María se pronunció a favor de su generalización debido a su necesidad en Cuba, país agrícola, como única fuente por la que los campesinos podían tener acceso a la educación y a la cultura. De esa preocupación de la sociedad civil, en 1935 se creó el movimiento "proescuelas rurales", y al año siguiente, bajo la presidencia provisional de José Agripino Barnet, bajo el Decreto No. 620 se autorizó al jefe del Ejército (Nota del Bloguista de Baracutey Cubano: el jefe del Ejército era entonces Fulgencio Batista y Zaldivar; se crearon más de 700 Escuelas Cívico Rurales y 6 Institutos) a designar militares para enseñar en esos lugares. Fue el primer gran esfuerzo de alfabetización rural en Cuba. Y en 1941, como consecuencia de los debates acerca de la teoría de la enseñanza, con el propósito de incorporar los métodos pedagógicos más modernos, se inauguró la Escuela Normal Rural "José Martí" para el perfeccionamiento de los maestros rurales.

Los criterios de Dulce María con respecto a la proyección social de la educación se pueden resumir en: 1) la importancia vital del papel del maestro y de la educación dentro de la sociedad, y 2) el carácter formador de la escuela, en correspondencia con los requerimientos socioculturales del contexto histórico de que se trate. El primero entronca con José de la Luz y Caballero, quien había expresado: "Tengamos el magisterio y Cuba será nuestra". A lo que ella añadió: "El único remedio a nuestros males está en la elevación progresiva de la mentalidad de las masas, en el pulimento del espíritu y la afirmación singular del carácter del cubano".

En su prolífico quehacer, Dulce María fue presidenta de honor de la Asociación Nacional Femenina de Prensa, disertó varias veces en la Academia Nacional de Artes y Letras, impulsó la creación de Bibliotecas Populares, y fundó en 1937 la Asociación Bibliográfica Cultural Cubana.

Cuando rescatamos estos hechos y figuras de nuestra pedagogía, cae de su peso una pregunta: ¿por qué no se divulgan esos ejemplos no solo en las carreras pedagógicas, sino en las escuelas y a través de los medios de información? Una de las respuestas: de divulgarlo, no hubiera sido posible presentar una historia donde todos los avances educativos fueron implementados después de 1959; ni ocultar el papel de la libertad de cátedra y de creación del profesorado cubano.

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Cuba - Batista Puts The Accent On Youth Aka Cuban Dictator At Home Lner (1938)



Testimonio de Diego Suárez, quien fuera uno de los niños beneficiados con esas escuelas e institutos rurales


Fulgencio Batista llega en ferrocarril. Cuba (1943)


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El día de los padres nació en Cuba de la poesía de una mujer

Por Lydia Esther Ochoa Peña

La primera vez que se celebró en Cuba el Día de los Padres fue en el año 1938. Por la sensibilidad con que debía estar enmarcado, tenía que ser una poetisa quien diera vida al homenaje a nuestros progenitores, que desde entonces tendría lugar el tercer domingo de junio, y precisamente esa primera vez resultó el día 19 del sexto mes del año, como en este 2011.

La poetisa Dulce María Borrero de Luján fue la pionera de la conmmeoración, teniendo en cuenta que ya las madres tenían su día el segundo domingo de mayo, mes de las flores, resultó una idea excelente escoger al tercer domingo de junio, mes de inicio del verano, para congratular a los padres.

(Dulce María Borrero con sus hermanos y hermanas, entre ellas Juana Borrero. Su padre fue el poeta, médico y maestro Esteban Borrero, quien junto a Enrique José Varona y otros intelectuales fundaron los sólidos cimientos de la educación cubana en la República. Dulce maría también fue una alta funcionaria de la Educación de la república tan vilipendeada por la tiranía. Este artículo fue escrito en Cuba, quizás eso explique la ausencia de esos datos .... Foto y comentario añadidos al artículo por el bloguista de BC)

La iniciativa fue de la norteamericana Sonora Dood en 1909, pero la idea de dedicar un dia del año a los padres fue recibida en Cuba con entusiasmo y se escogió al tercer domingo de junio, al igual que en otros países de la América Latina y el Caribe, Estados Unidos, Canadá, y en naciones de Europa como Francia; Asia, incluyendo a la Republica Popular China, y Africa, a Etiopía.

Independientemente del significado sentimental, y al igual que ocurrió con el Día de las Madres, los comerciantes acogieron también con beneplácito la celebración que podría reportarles, y de hecho así fue, buenos dividendos, y cada año mejoraban la gestión de venta para obtener más ganancias con la venta de regalos para los padres.

Al margen de ese tono comercial, el Día de los Padres no ha perdido en Cuba la génesis de su concepción y las muestras de cariño y admiración hacia nuestros progenitores se suceden en todo el país cada tercer domingo de junio, un día sagrado dedicado a enaltecer a los hombres que escuchan de los hijos el tierno apelativo de papá o papi, y sienten emocionados que han cumplido bien la obra de la vida junto a su compañera.

Hija y hermana de poetas, Esteban y Juana; Dulce María Borrero nació en 1883 y falleció en 1945. Solo publicó un libro de poesía "Horas de mi vida", que le valió el primer premio y medalla de oro de la Academia Nacional de Artes y Letras, institución de la que llegó a ser uno de sus miembros.

Fue una sobresaliente luchadora de los derechos de las cubanas y en los artículos "La fiesta intelectual de la mujer, su actual significado, su misión ulterior" y "La mujer como factor de paz" defendió el excelente criterio de que sus contemporáneas tuvieran acceso a la educación y la cultura.

Iniciadora de la celebración en Cuba del Día de los Padres el tercer domingo de junio, la poetisa Dulce María Borrero de Lujan fue también una gran pedagoga, bibliógrafa, publicista, conferencista, dibujante y pintora de flores y naturalezas muertas.
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Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

Muy buen artículo  de  Carlos M. Estefanía, publicado en el año 2010
Los interesados en este tema pueden leer las dos primeras partes haciendo click en los siguientes enlaces:

Parte I

Parte 2





Las  Escuelas Cívico Militares fueron  parte del trabajo de  una comisión nacional, creada en los años 30s del pasado siglo,  que impulsaba en el país la educación, la salud y el deporte, así como el desarrollo social  de las áreas rurales del país; esa comisión tenía como principal promotor e  impulsor de sus acciones y tareas  al General Fulgencio Batista. En la Cuba Castrista es tabú hablar de esas instituciones creadas por Batista;  cuando se habla de la destitución del Presidente  Miguel Mariano Gómez por parte del Congreso de la República, no se dice que el muy pequeño gravamen o impuesto que pedía Batista, al que se oponia Miguel Mariano,    para cada saca de azúcar producida en Cuba,  fuera para financiar esas instituciones educativas. También es cierto que Miguel Mariano se oponía, en general,  a la injerencia de las instituciones militares en instituciones de la vida civil del país, pero no se dice en la Cuba de los Castro, que la inmensa mayoría de los maestros graduados de las escuelas normales en Cuba, no querían enseñar en el campo por las difíciles condiciones de vida que había en el área rural; razón esta por la cual se crearon los sargentos-maestros  que eran personas que se convertían en maestros,  aunque ellos no fueran normalistas; o sea, graduados en las Escuelas Normales del país, que eran aquellas escuelas  que formaban a los futuros maestros. El grado militar de sargento, era en parte para que los campesinos cubanos  se vieran compulsados a enviar sus hijos a la escuela, pues muchos campesinos preferían, nada más que el niño cCuando el maestro era civil, el campesino
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Tomado de http://cubanuestra1.wordpress.com/

Reevaluando las prácticas pedagógicas cubanas: el caso del Instituto Cívico Militar III

Por Carlos M. Estefanía
Maestro de origen cubano

http://www.guije.com/public/carteles/2506/marti/f4.jpg
Estudiantes del Instituto Cívico MIlitar desfilan en La Habana, febrero de 1944, en una marcha recordando el natalicio de José Martí.

He leído en el periódico digital El Habanero, un artículo del año 2001, según el cual, el famoso pedagogo y exiliado republicano español, Herminio Almendros, llegado a Cuba en el año 1939, no encontró verdadero reconocimiento a su talento hasta que se le nombra, a principio de los años cuarenta y en plena luna del miel de Batista con el partido comunista, asesor pedagógico del Instituto Cívico Militar de Ceiba del Agua.

Sé que Almendros fue en España un promotor de la pedagogía anticapitalista de Freinet. Esto abre en mí la inquietante sobre hasta que punto habría podido influir con tales ideas en aquella Institución que le tocó asesorar en Cuba. Resolver el problema no es fácil, dadas las dificultades  con el acceso a unas fuentes que en su mayor parte deben  encontrarse en la isla.

http://api.ning.com/
Herminio Almendros

Referencia al ICM de un paisano de Batista

Ya que por razones obvias, nos resulta difícil consultar documentaciones estatales cubanas e investigaciones en la isla que traten sobre el Instituto Cívico Militar; tendremos que acudir a publicaciones del exilio.

Para ello comenzaremos por las memorias de un líder juvenil del Partido Acción Unitaria, fundado por Batista, se trata del difunto Rafael Díaz Balart, quien antes de ocupar un alto puesto en el último gobierno batistiano fuera un gran amigo de Fidel Castro, al punto de presentarle su propia hermana y convertirse en su cuñado. Díaz Balart y Castro, casi contemporáneos estudiaron juntos en la Universidad, allí serán aliados políticos y miembros del grupo armado Unión Insurreccional Revolucionaria.

Más adelante, cuando se crea el PAU, Rafael tratará de captar para la organización a Fidel, propiciando una reunión entre Castro y Batista, la cual no dió resultado, según él, porque Batista le había hecho creer a Fidel que no daría un golpe de estado, lo que hacía que la opción del partido ortodoxo, como mas probabilidades de llegar al poder, le apeteciesen mas al futuro Comandante en Jefe.

Con el tiempo los dos amigos y parientes se transformarán en férreos contrincantes, al punto de que será Rafael Díaz Balart, quien se oponga firmemente a que el gobierno de Batista, bajo presión del congreso, concediera una amnistía a los asaltantes del Moncada, ataque que, según me contó Ofelia Castro, adicionó unos cuantos huérfanos al Instituto Cívico Militar.

Mas tarde, en tiempos de la lucha guerrillera en la Sierra, sera también este quien se ofrece a crear y encabezar una tropa militar de cinco mil hombres para subir al Pico Turquino, hacer un acto político en su cima, y si se tercia; combatir allí al ejercito rebelde encabezado por el padre de su sobrino Fidelito. Luego, ya en el exilio, Díaz Balart creará la decana de las organizaciones anticastristas la Rosa Blanca.

Por supuesto Diaz Balart no se ha dedicado solo a combatir a Fidel Castro, sino a redimir en lo posible a Batista compatriota de su pequeña tierra, Banes, poblado en que por cierto, nació Orlando Zapata, el famoso preso cubano muerto en huelga de hambre.

En su libro Cuba: Intrahistoria. Una lucha sin Treguas (Ediciones Universal, Miami, Florida, 2006) de donde tomé algunos de los datos anteriores,  Rafael Díaz-Balart, no sólo cuenta su historia personal como político y exiliado, sino que también intenta reivindicar obra social de su paisano, es en la página 24 de este libro donde encontramos referencias al aporte batistiano en el terreno educativo. Aquí se recuerda que en los tiempos de Miguel Mariano Gómez como presidente, se aprobó una ley creando un impuesto de nueve centavos por cada saco de azúcar, con el fin de financiar el proyecto de escuelas y maestros rurales impulsado por Batista, así como los Centros Cívicos Militares, concebidos como centros donde se formaban obreros calificados, técnicos y profesionales.

http://www.elateje.com/images/Cuba,-intrahistoria.gif

Según Díaz Balart la ley de financiamiento de la educación rural había sido aprobada en diciembre de 1936, con 106 votos a favor y 43 en contra. Sin embargo Miguel Mariano vetó la ley bajo las presiones de sectores de quienes se oponían a ese tipo de enseñanza. Según el político exiliado fue esta la razón por la que el Congreso, con mayoría de partidarios de Batista destituyó al presidente.

El tema de los Institutos Cívicos Militares reaparece en la página 33, en referencia al enfrentamiento que tuvieron el autor junto e su entonces amigo Fidel Castro, contra los representantes de los auténticos, entonces en el poder en la FEU y el Ministerio de Educación:

”Fidel y yo nos enfrentamos desde el primer instante a ese grupo. Entre otras cosas nos motivaba el hecho de que el presidente Grau, desde el inicio mismo de su gobierno, comenzó a destruir la obra social que había hecho Batista, en una impropia actitud revanchista. Así, por ejemplo, el Balneario Cívico Militar para muchachos pobres, huérfanos de obreros y soldados, Grau se lo cedió graciosamente a la FEU”

La visión de los de los propios estudiantes

Si de utilidad nos es la opinión de un personaje comprometido políticamente como Díaz Balart, mucho mas importante a la hora de aquilatar el significado, dentro de la historia de la Educación Cubana del Instituto Cívico Militar , es lo que puedan contarnos las personas que estudiaron y trabajaron allí.

Para esto nada mejor que revisar una publicación que muy gentilmente me ha facilitado la antigua alumna Ofelia Castro, se trata de la revista Remembranzas, órgano oficial de la Asociación de Antiguos Alumnos y Empleados del Instituto Cívico Militar y Escuelas Politécnicas, cuyo primer número, publicado en Miami, Estados Unidos lleva por fecha el 15 de enero de 1989.

Lo primero que salta a la vista es el enorme amor de los editores por la escuela a la que pertenecieron, ya eso es un logro, sobretodo ante los ojos de una persona como yo, que tras haber pasado por innumerables escuelas, buenas, malas y regulares, así como enfrentado diversos maestros y directores, buenos, malos y regulares, no siento, frente a ninguna de mis antiguas instituciones, la necesidad de crear un grupo de recordación, como tiene los editores de Remembranza,o- para que no se crea que el fenómeno es totalmente ajeno al socialismo cubano-como ocurre con los editores de la página digital, dedicada a esa escuela de la élite cubana, conocida como La Lenin (www.lalenin.com).

Tengo en mis manos siete ejemplares de la revista, cargados de fotografías que me recuerdan mucho las de los catálogos publicitarios de las escuelas suecas donde he trabajado, aunque naturalmente marcando la diferencia de lo que se consideran un joven de su tiempo en aquel entonces y en este presente, allí donde las publicaciones suecas me muestran jóvenes de carácter informal, pelo largo y ropa civil, aquí, en la publicación cubana veo una juventud, uniformada, con cierto aire marcial, aunque no menos alegre.

Niños del Instituto Cívico Militar con uniforme de gala

En la revista encuentro interesantes testimonios como el de Juvenal E Blanco (primer número) quien a los 11 años conformó, junto a su hermana el primer contingente de alumnos que ingresó en el Instituto Cívico Militar de Ceiba del Agua, un niño que a esa edad no sabía escribir pues se escapaba de la escuela pública cuando su madre lo dejaba en ella, y que al paso de un año ya había alcanzado el nivel de tercer grados.

Encontramos en ese número alusiones cargadas de cariño a personal que dirigió el centro, en particular al doctor en medicina por la Universidad de La Habana Gustavo Adolfo Bock, quien llegará a ocupar el puesto de Ministro de la Salubridad en junio de 1942, y al Doctor en Pedagogía, Adolfo López Isa.

Se trata de figuras totalmente olvidadas en la historia de nuestra enseñanza, quizás por sus vínculos políticos de entonces, y quienes sospecho resultaría interesante re descubrir, en particular López Isa , quien además de Embajador llegó a ocupar el puesto de Director General de Cultura en el Ministerio de Educación, y que ademas de desempeñarse como Director y Profesor del Instituto Cívico Militar de Ceiba del Agua, ocupó la plazas similares en la prestigiosa, escuela Anexa a la Facultad de Educación de la Universidad de La Habana.

http://i88.servimg.com/u/f88/12/48/87/55/ninas_11.jpg
Alumnas y alumos de Instituto

En la página dos de la segunda edición de Remembranzas, correspondiente al 20 de mayo de 1989 encuentro datos interesantes como por ejemplo, que la escuela de Ceiba del Agua fue construida en una finca de 210 acres cedida por su propietario, el entonces Senador Alfredo Hornedo, que los obreros laboraron año y medio antes de tener listo el centro, abierto en enero del 1938. para aquellos primeros 250 niños reclutados entre los huérfanos de padres campesinos, obreros o alistados en el ejército constitucional; que la escuela contaba con un museo de historia natural que llevaba por nombre el de nuestro gran naturalista Carlos de la Torre y Huerta, quien les había donado una importante colección de moluscos nativos y exóticos.

Datos interesantes que se continúan en la revista, número cinco correspondiente al 28 de enero de 1991, en cuya séptima página se expone la distribución del cuerpo de instructores, que eran las personas adultas que se mantenían en contacto permanente con los chicos, los cuales a su vez estaban separados en cuatro batallones en ese momento, a saber el batallón José Martí, el batallón de la Luz y Caballero, el Batallón Felizela, así como el batallón Enrique Jose Varona, lográndose interesante combinación de organización militar con nombres de nuestros mas famosos educadores.

Ente las historias y memorias, así como informaciones sobre las actividades de la organización que publica la revista, lo que mas llama mi atención, recalco es el aspecto gráfico, en particular las fotos que aparecen en Remembranza número 7, correspondiente al 28 de enero de 1992.

Ella describen, mejor que mil palabras las magnificas condiciones con que contaron alumnos y maestros para dedicarse a las actividades educativas, para las que había sido destinada aquella gigantesca institución como se ven las en las fotos aéreas que se reproducen.

http://www.cardcow.com/images/set311/card00393_fr.jpg

Postal del Antiguo Instituto cívico Militar, hoy Instituto Superior Militar Antonio Maceo,

Es aquí donde podemos disfrutar del majestuoso auditorio modernísimo para su época, tanto como lo eran, las aulas de dibujo y mecanografía, la cocina de repostería, de zapatería, de hojalatería, de bromatología, la herrería, sus canchas de handball, piscina, clínica y los instrumentos con los que ensayaban los alumnos,

Foto propiedad de Herencia Latina

El músico cubano Jesús Caunedo, a sus 9 años en el Instituto Cívico Militar de Ceiba del Agua, año 1943.

ya hasta la imágen de una imprenta  de la que han salido algunos libros con los que ya me he topado, por ejemplo la reimpresión, bajo la iniciativa del doctro Bock, en 1941 del Diario de José Martí, de Cabo haitiano a Dos Ríos (9 de abril a mayo 17 de 1895)


http://bks6.books.google.com

No creo que todo fuese de maravillas, sé que también hubo robos de recursos, aunque me temo qie no tantos como los que tenía lugares en los internados de mi infancia, que de alguna manera los institutos estuvieron sometidos a los vaivenes de la política, pero como decía anteriormente el saldo fue positivo, incluso los enemigos de Batista, terminaron por reconocer la obra, adicionándo al viejo proyecto batistiano, bajo el segundo gobierno de Ramón Grau y con el respaldo generalizado del Congreso, la llamada escuelas politécnicas, centros de enseñanza cuya hermandad con el Instituto Cívico Militar justifica la pertenencia de sus graduados y empleados a la misma sociedad que publica Remembranzas.

Echo una última mirada a la publicación y concluyo lo que que habrá de confirmarse con investigaciones mas profundas; que los niños que pasaron por aquellas escuelas, quedaron preparados para triunfar en la vida, además de llevarse para siempre en sus corazones algo tan bello como es el recuerdo amoroso por los viejos maestros.

¡Ojalá en la escuela cubana del futuro se repita esta experiencia!

Por Carlos M. Estefanía
Maestro de origen cubano

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