martes, enero 13, 2026

Video de ErnestoMiami: ¿Por qué el régimen culpa al arroz del hambre en Cuba? . ¿ Los cubanos debemos comer solamente casabe, caracoles, jutias, etc. siguiendo la dieta consumida por los aborigenes de la isla cuando el primer viaje de Cristobal Colon?



¿Por qué el régimen culpa al arroz del hambre en Cuba?





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Tomado de http://www.diariodecuba.com/


Fidel Castro, agravador de la sequía en Cuba

Por Roberto Álvarez Quiñones
Los Ángeles
16 de Marzo de 2018

Una represa en Cuba. (RADIO CADENA AGRAMONTE)

Una falta de respeto colosal a un pueblo entero ha sido la decisión que tomó la dictadura raulista de crear una institución para "preservar el pensamiento y la obra" de Fidel Castro.

Estamos hablando del tirano que convirtió a Cuba de uno de los países más prósperos de América Latina en uno de los más pobres y atrasados, que asesinó o envió a la muerte en guerras inútiles a miles de cubanos, que encarceló, torturó, que hizo emigrar a más de un millón de sus ciudadanos y privó al pueblo de las libertades conquistadas por la humanidad durante siglos. Y también del culpable de que hoy las sequías sean más severas y prolongadas.

Es una desgracia. Los cubanos fueron —y lo siguen siendo— víctimas del comunismo y de un psicópata "iluminado" que jamás rindió cuentas a nadie de sus abusos y disparates, y que gobernaba dando puñetazos en la mesa, a base de caprichos e ideas fijas desconectadas de la realidad.

Si en tiempos pretéritos fue nefasto que Calígula, Enrique VIII de Inglaterra, o Napoleón gobernaran sin freno para sus deseos, peor fue que este megalómano lo haya hecho en nuestros tiempos. Ahora su principal fanático, y heredero, Raúl Castro, como otra expresión de su complejo de inferioridad con respecto a su hermano, pretende imponer en Cuba el culto eterno a Castro I.

Es imposible abordar brevemente el inventario de barbaridades cometidas por Fidel. De memoria me asaltan el intento de desecar la Ciénaga de Zapata, cubrir de pangola toda la Isla, el pastoreo intensivo de André Voisin, las enfermizas vacas F-1 que ni leche ni carne daban, la Zafra de los Diez Millones, el Cordón de La Habana, el Cordón Lechero, el Triángulo de Ceba en Camagüey, la obsesión con Ubre Blanca o el toro semental Rosafé Signet, la Escuela en el Campo, el Plan Alimentario, la Opción Cero, el trabajo voluntario y los estímulos morales para construir el "hombre nuevo", el Plan Energético… y paro de contar.

Me enfocaré en un plan suyo del que no se conoce mucho, pero que fue uno de los que más daño causó y sigue causando al país: la deforestación de cientos de miles de hectáreas de tierra.

En octubre de 1967 el caudillo tuvo una "genial" idea para acabar con el hambre y la libreta de racionamiento: inventó la llamada Brigada Invasora Che Guevara. Como narré hace algunos años fui testigo presencial de aquello.

"¡Fuego a la carga!"

En la zona de Puente Guillén, a unos 50 kilómetros de Bayamo, Oriente, se nos dijo a los periodistas y estudiantes de Periodismo invitados a ser testigos presenciales, que Fidel quería desbrozar miles de caballerías de tierra para sembrar pangola, otros pastos, arroz y caña, para aumentar la producción de leche, carne y dicho cereal, cubrir el consumo nacional y exportar los excedentes. Por esos días Castro anunció en la TV que sobraría el arroz, la carne y la leche y que Cuba sería exportadora de alimentos.

Cientos de militares, a bordo de buldóceres y equipos con bolas de hierro macizo de demolición gigantes que parecían extraterrestres, comenzaron la mayor deforestación jamás conocida en la isla caribeña. Recuerdo que las palmas reales y los árboles maderables más robustos eran dinamitados por zapadores militares, y volaban antes de caer derrotados, al grito de los sargentos: "¡Fuego a la carga!".

Para crear aquella brigada, Castro gastó unos 500 millones de dólares contantes y sonantes, según testimonios posteriores publicados fuera de Cuba. Una comisión del régimen, integrada por Victoriano Parra, el ingeniero Eduardo Luis y otros, viajó a Francia e Italia. Allí compraron 700 camiones de volteo y 800 equipos pesados de movimiento de tierra, incluyendo buldóceres, motoniveladoras, barrenadoras verticales y otros equipos pesados.

Los invasores fueron avanzando desde Oriente a Occidente y arrasando todo a su paso. Fue la mayor deforestación desde la llegada de los colonizadores a la Isla. El régimen ni siquiera fue capaz de aprovechar la madera cortada. En solo dos años desaparecieron 215.000 hectáreas de frutales, frondosos bosques, montes y también tierras ya en cultivo. Y dos generaciones de cubanos apenas han visto en su vida un níspero, una guanábana, un caimito, una chirimoya o un anón.

En 2007, 40 años después de aquel acto inaugural en Puente Guillén, los especialistas A. Alvarez, R. Baños, y Lázara Otero, del Instituto de Investigaciones de Pastos y Forrajes del Ministerio de Agricultura publicaron un estudio titulado "Salinidad y uso de aguas salinas para la irrigación de cultivos y forrajes en Cuba".

Los tres concluyeron que una de las principales causas de la actual salinidad de los suelos es la deforestación de tierras y la pérdida de vegetación por la tala indiscriminada de árboles y arbustos. Eso ha cambiado el régimen de lluvias, y las sequías son más intensas. Hay ya más de un millón de hectáreas de suelos salinizados y otro millón de tierras cultivables pueden salinizarse en el futuro.

Obviamente, los expertos ni insinuaron que esa deforestación fue cosa de Castro I. En las regiones sur y norte de las provincias orientales y centrales de la Isla cae menos agua de la que se evapora. Los cactus, vegetación típica en zonas muy áridas o desérticas ya pueden verse en abundancia en zonas de Guantánamo. Los vi personalmente a principio de los 90.

La deforestación disminuye o seca el caudal de ríos y arroyos, pues llueve menos. El ecologista cubano Eudel Cepero se escandalizó a fines de los 60 con un titular del diario Granma: "Desbrozado totalmente el espeso monte de Dormitorio en la región del Cauto''.

Según el periodista Rolando Cartaya, Cepero narró después que fue esa deforestación indiscriminada realizada por aquella brigada militar una de las principales causas de la actual catástrofe ecológica que existe en la cuenca del río Cauto. El bello mayor río de la Isla hoy parece un arroyo en algunas zonas.

¿Creció la producción de arroz?

Luego de la invasión desbrozadora, Cuba no produjo más arroz, sino menos. Pasó de cuarto productor latinoamericano que era en 1958, a la cola de los países arroceros del continente. A partir de 1967 tuvo que aumentar las importaciones de arroz y de alimentos en general.

Medio siglo después de aquel acto en Puente Guillén, en 2006, cuando Castro I le entregó la jefatura del gobierno a Castro II, el país produjo (según el diario Trabajadores) 130.000 toneladas (TM) de arroz, que cubrieron apenas el 16% del consumo nacional, de casi 800.000TM . Y representaron 37.864TM menos que las 167.864 producidas en 1956, cuando la "burguesía" lo producía para la mitad de la población actual.

En 2017, a 50 años de aquel proyecto para inundar a Cuba del alimento básico en la dieta cubana y acabar con la "libreta", se produjeron 256.000TM y se entregaron 195.000TM a Comercio Interior para distribuirlas a la población.

O sea, hoy Cuba produce el 32% del arroz que consume y tiene que gastar una fortuna, que tampoco tiene, para importar el otro 68%, sobre todo de Vietnam, una nación, por cierto, que fue destrozada por una guerra pero que se levantó porque liberó las fuerzas productivas.

En fin, el régimen dictatorial constantemente se queja de que por causa de las sequías no puede cumplir los planes de producción agropecuaria o de azúcar. Y resulta que quien agravó brutalmente las sequías en Cuba fue Fidel Castro.

Y ello es solo un ejemplo dentro del legado devastador de Castro I, que hoy Castro II quiere que los cubanos preserven con amor. ¡Le zumba! .

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La tabla suiente fue   tomada del siguiente libro del comunista y castrista Oscar Pino Santos:

DEL CUADRO No. 20  DEL LIBRO DE OSCAR PINO SANTOS  SE INFIERE LA CANASTA BÁSICA DEL CUBANO Y LA PROCEDENCIA NACIONAL O EXTRANJERA DE ESOS PRODUCTOS ENTRE 1954 y 1958.


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jueves, mayo 02, 2024

Sin pan, pero con circo. Jorge Ángel Pérez desde Cuba: Los cubanos hemos vivido desde hace más de 60 años bajo una carpa repleta de animales dóciles que sucumben a las ansias de depredadores vestidos de verde olivo.


Sin pan, pero con circo

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Los cubanos hemos vivido desde hace más de 60 años bajo una carpa repleta de animales dóciles que sucumben a las ansias de depredadores vestidos de verde olivo.

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Por Jorge Ángel Pérez

30 de abril, 2024 

LA HABANA, Cuba. – El pan se ha perdido, incluso ese ejemplar pequeñito y tosco que es parte de la “canasta básica” y de la historia más reciente de la nación cubana. Lo mismo sucede con la leche, esa que tan esencial resulta para el desarrollo de los infantes. La leche que provee el calcio, la leche que es básica para el crecimiento y la fortaleza de los huesos de los infantes está perdida. La leche se ha vuelto una de nuestras más grandes utopías.

La leche, esa que aporta un gran número de vitaminas y minerales está desaparecida en todo el archipiélago cubano, y quizá por eso se ha convertido en unas de las más grandes pesadillas de los padres y también una de las mayores añoranzas de padres y niños cubanos de la historia más reciente.

La leche podría ser algo así como el centro de todas nuestras añoranzas, la más grande “utopía” de Tomás Moro si es que reconociera la existencia del país, y más si tuviera hijos en Cuba; y en orden consecutivo podrían aparecer otras muchas añoranzas, entre ellas el pan, los huevos para la leve tortillita que iría a parar a ese espacio entre las dos minúsculas tapitas del pan.

La leche en Cuba es una utopía, tan utopía como la de Tomás Moro, pero también es utopía el plato de moros y cristianos que de seguro no conoció Tomás. Y es que nuestra vida se ha llenado de imaginaciones. Utopía es la ilusión de ser feliz con una mesa bien servida, una mesa rebosante de exquisiteces y ambrosías que no van mucho más allá del huevito frito

Nuestra utopía es mucho más leve que la de Tomás, es más discreta. Nuestra utopía, nuestros sueños, son irrisorios, casi grotescos. Nuestra utopía es el pan untado con mantequilla, es el pan untado con aceite o el pan untado con pan. Nuestras utopías son delirios, son desequilibrios, inadaptaciones a la realidad, como suele suceder en casi todas las utopías, lo mismo en la de Tomás Moro que en la de los comunistas cubanos.

La utopía no es un circo, la utopía no es esa una carpa de circo que podría ser semejante a un pirulí. La utopía no es un caramelo, la utopía no es esa lona levantada sobre columnas de aluminio que un viento leve podría deshacer y hacer volar por los cielos. La utopía es alucinación, y los niños precisan algo más que alucinaciones. Los niños necesitan concreciones que el Gobierno sustituye con un poco de pan y mucho de circo.

El circo ese que han armado en los terrenos de la Ciudad Deportiva, en El Cerro, es la felicidad de muchos niños, y hasta de los mayores, sobre todo cuando dejaron resueltas las más urgentes necesidades de la casa, pero para otros es recordar, es sufrir, es constatar los malabares que hacemos los cubanos en la casa. Esos malabares que visibilizamos en todas las horas que el día tiene. Un circo y una venta de rositas y confituras alrededor de la carpa no es, de ningún modo, la felicidad.

Nuestra utopía, incluida la de los niños, no es una carpa de circo y una venduta de rositas de maíz y caramelos. Nuestra mayor utopía de hoy es el plato de arroz con una breve cubierta de frijoles. La felicidad no puede conseguirse jamás bajo una carpa de circo, bajo ese mundo de “voluntades y representaciones”.

Nuestras utopías no son, ni de lejos, la venta de chocolates y rositas de maíz bajo la carpa de ese circo. El circo no es la felicidad, el circo ya lo tenemos en la casa y está repleto de malabares y malabaristas, que así decía mi madre. El circo no es la felicidad real. El circo no sustituye a la felicidad real ni a la vida.

Cuba es una gran carpa de circo en la que los domadores resultan ser muy crueles, mientras el resto de los cirqueros da pena. El circo, la carpa, no es la felicidad, y eso lo reconocemos muy bien los cubanos que vivimos bajo una gran carpa de circo. Los artistas de ese circo de averiada carpa bajo la que vivimos desde hace más de 60 años, no comulgamos con esos malabares, porque malabaristas somos en cada uno de los días, porque nuestras vidas son, por voluntad de otros, la vida de un triste circo. 

El circo no será, bajo ninguna circunstancia, un sustituto de la felicidad real. Los cubanos hemos vivido desde hace más de 60 años bajo una carpa repleta de animales dóciles que sucumben a las ansias de depredadores vestidos de verde olivo, que traban de una dentellada a los animales más dóciles. Una carpa de circo en la Ciudad Deportiva de la capital no hará otra cosa que ponernos frente a nuestras limitaciones, frente a nuestras realidades. El circo es una metáfora de nuestras vidas.

Una carpa hace que nos miremos como los suplentes de esos animales que traspasan, para sobrevivir, el arco de fuego, y también el león dócil que se pliega al látigo, a la fuerza del látigo que golpea y hace reclamos de obediencia. El circo es un espacio de dictados funestos, de reclamos de obediencia. El circo es algo de pan para callar a las multitudes.

El circo, al menos en Cuba, al menos en esos terrenos de la Ciudad Deportiva, es una muestra del mundo como “voluntad y representación”. El circo propicia la visibilidad de los animales dóciles, de esos que resultaron ser domados tras una vida en libertad y rebeldía. El circo es una metáfora de Cuba, y a los domadores póngales usted el nombre, y, si le parece bien, sus facciones, la cara toda.

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En las fotos el principal autor de las utopías alimenticias postrevolucionarias así  como  Destructor en Jefe  de los positivos logros de la República de Cuba, en lo que a bienestar se refiere, alcanzados en sus 57 años de existencia. 

ALGUNAS UTOPÍAS ALIMENTARIAS CUBANAS QUE FUERON REALIDAD ANTES DEL SUPUESTO TRIUNFO REVOLUCIONARIO DEL 1 DE ENERO DE 1959

Nota del bloguista de Baracutey Cubano


Según el economista y comunista Oscar Pino Santos en su  librito La penetración del Imperialismo norteamericano en la economía cubana, escrito en 1957, el 25 % de los alimentos que consumían los cubanos, siendo Cuba un país agrícola,  eran importados. Lo que no dice ese economista comunista que murió en el 2005 trabajando en el Consejo de Estado es que esa importación se debía en gran parte no por  ineficiencia económica del país, como ocurre desde hace casi 60 años,  sino por distintas razones; veamos algunas: 

1) Resultaba mucho más barato comprar, por ejemplo,  el arroz en los EE.UU., en los Estados de la cuenca del Mississipi, que cultivarlos en Cuba; con otros cultivos sucedía lo mismo. Era más barato comprar en EE.UU. la manteca de cerdo, la cual apenas se consume en los EE.UU.pero que era entonces de consumo tradicional en Cuba, que producirla en Cuba o producir aceites vegetales.

2)  En Cuba se intentó  por los años 20s y 30s cultivar trigo, sobre todo en las provincias centrales, pero no dió resultado, luego la harina de trigo, fundamental para hacer panes, galletas, confitería, etc., se tenía que comprar en el exterior cubano  y así otros productos que eran de consumo tradicional del cubano. 


3) Finalmente, los cubanos  estábamos acostumbrados a consumir bacalao de Noruega, tasajo uruguayo (en Cuba estaba prohibida la matanza de ganado caballar),  al igual que la mantequilla holandesa, quesos franceses y suizos, turrones, jamones y vinos  españoles, peras, manzanas, melocotones, albaricoques enlatados de EE.UU., calamares y sardinas españolas, etc. .En resumen:  Los cubanos éramos un poco sibaritas  dentro del alcanze que tenían nuestros bolsillos y nos gustaba darle gusto al paladar, aunque los alimentos y bebidas fueran exóticos. 

En el mencionado librito y en el  Cuadro No. 20 se muestra el consumo doméstico, producción nacional e importaciones de los principales productos alimenticios en el período 1954-1956 donde se observa que la cantidad y el valor (en porcientos) del consumo doméstico de producción nacional fueron el 81% y el 71% respectivamente, mientras que la cantidad y el valor del consumo doméstico de importación fueron 19% y 29% respectivamente. En ese cuadro, cuya relación de alimentos bien serviría como ejemplo objetivo de cual era la canasta básica del cubano promedio de aquellos tiempos, muestra datos interesantísimos como el hecho de que el 98% de la cantidad y el 92% del valor de los productos lácteos consumidos por la población cubana era de producción nacional. 

Cafetería de un Ten Cents y los precios de sus ofertas:



Cafeterias donde al café con leche lo acompañaba el pan con mantequilla y otros acompañantes; las fotos son de cafeterias de ¨pùeblo de a pié¨ ; no son fotos de las dos  cafeterías El Carmelo (El de Calzada y el de 23 en El Vedado), Potín, la del Hotel Hilton, la del Hotel Capri, etc. y ni siquiera las de los varios  Ten Cents que habían en La Habana  

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Fiambres:

Un fritero en plena labor

Una fonda 

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Pancon lechón

Chicharrones

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ALGUNAS COMIDAS TÍPICAS  EN CUBA  ANTES DE LA LLEGADA  DEL CASTRISMO


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SUPERMERCADOS O MINIMAX


Minimáx en una calle de La Habana; quizás  uno entonces localizado en la calle  San Lázaro

Parqueo del  Supermercado de 17 y K en El Vedado en dos épocas

Supermercado de 17 y K en El Vedado




Supermercado de Carlos III construido en 1957
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BODEGAS DE BARRIO













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martes, marzo 05, 2024

Roberto Jesús Quiñones Haces sobre Cuba: No se trata de cambiar funcionarios y leyes, sino el sistema

 Tomado de https://www.cubanet.org

No se trata de cambiar funcionarios y leyes, sino el sistema 

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Sabemos que Félix Duarte Ortega, quien ahora va a dirigir a los campesinos cubanos, no ha sido enviado a la ANAP para que los escuche, sino para que trate de imponer los ucases del PCC.

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Por Roberto Jesús Quiñones Haces

4 de marzo, 2024

HARRISONBURG, Estados Unidos. – Mijaíl Gorbachov tenía fe en las ideas socialistas, pero también suficiente inteligencia para aceptar que el modelo creado por Vladimir Lenin y continuado por otros líderes de la antigua URSS era desacertado porque se afianzaba en la imposición.

Lejos del pragmatismo de Gorbachov, Fidel Castro fue renuente a reconocer con acciones concretas esa verdad histórica, demostrada por el más abultado expediente de crímenes que haya registrado la humanidad. Al “Comandante” lo que le importó siempre fue el poder, y aunque varios años después reconociera ante el periodista estadounidense Jeffrey Golddberg que el modelo cubano ya no funcionaba, ese fue el refrendado por su hermano al sustituirlo en el poder y es el mismo que defienden los líderes de la llamada “continuidad”, que no es otra que la prolongación de la falta de libertades y del fracaso económico.

Con la desaparición de la URSS, Cuba inició la crisis más prolongada de su historia. Apagones, sostenida inflación, devaluación de la moneda nacional, deterioro de los servicios de educación, salud y transporte, carencia de alimentos y medicinas y una ostensible declinación de los éxitos deportivos y de la credibilidad del pueblo en quienes lo dirigen sin su consentimiento, unidos al aumento sostenido de la pobreza y de la represión, son algunas de las características de esa crisis, agravada por la pandemia de COVID-19.

La expresión más contundente del rechazo popular a la “política de la continuidad” que proclama el gobernante Miguel Díaz-Canel Bermúdez fueron las multitudinarias protestas ocurridas en julio de 2021 y las que han continuado produciéndose en diversas partes del país.

En vez de apostar por una posición realista y escuchar los reclamos del pueblo, los comunistas cubanos aplican sistemáticamente su política de terrorismo de Estado contra todo disenso, algo que ha convertido a Cuba en el segundo país con mayor tasa carcelaria a nivel mundial, según un informe del sitio World Prison Brief

Aunque desde hace más de una década se incumplen anualmente los planes de construcción de viviendas, de producción de arroz, las zafras azucareras, tabacaleras y cafetaleras, los planes de producción de carne de res y de cerdo y los de viandas, frutas y vegetales, los líderes de la “continuidad” siguen pidiéndole resistencia al pueblo y culpando al embargo estadounidense de la situación económica del país, eslóganes infaltables en su discurso.

La reciente solicitud de ayuda al Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas ―algo que no se había hecho en 65 años― demuestra cuán hondos son los efectos de esta crisis.

La dictadura no dedica suficiente dinero para las necesidades de los cubanos y por eso ya no puede garantizar siquiera el pésimo pancito que vende al pueblo, ni la leche para los niños de hasta siete años. A esto se suman los atrasos en la distribución de los productos cuya venta es controlada por la libreta de racionamiento.

En vez de decidirse a “cambiar todo lo que debe ser cambiado”, los comunistas cubanos continúan defendiendo lo ineficaz y apostando por los cambios… de funcionarios y leyes.

Hace algún tiempo fue defenestrado Marino Murillo Jorge, quien creó la fracasada “Tarea Ordenamiento” y estuvo al frente de la política económica del país por más de 10 años. Hace pocos días la dictadura destituyó a los ministros de Economía e Industria Alimentaria y el domingo 3 de marzo sustituyó a Rafael Ramón Santiesteban Pozo al frente de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP).

Es opinión de la alta dirección del país que los campesinos cubanos no están trabajando bien. Recientemente Manuel Marrero Cruz, primer ministro del régimen, reconoció el fracaso de una ley diseñada para “garantizar producciones de alimentos, fomentar sistemas alimentarios locales, soberanos y sostenibles y movilizar los recursos financieros, tecnológicos y alianzas que posibiliten la implementación de sistemas alimentarios soberanos y sostenibles”. El dirigente se refería a la Ley No.148 de 2022, “Ley de Soberanía Alimentaria y Seguridad Alimentaria y Nutricional”, un nombre muy largo para resultados muy cortos.

Recientemente el periódico oficial Tribuna de La Habana informó que el pasado año las empresas agropecuarias estatales funcionaron apenas al 30% de su capacidad y cumplieron solo el 66% de la entrega de carne en el 2023. “No podemos venir a repetir lo mismo, que no se avanzó, no se hizo… Hay un pueblo que está esperando por nosotros”, dijo Luis Antonio Torres Iribar, primer secretario del PCC en La Habana, quien también afirmó que un número considerable de tierras de cultivo están subutilizadas y otras completamente inactivas y que, en 2023, en La Habana, murieron más vacas que las que nacieron principalmente por hambre. 

Desde hace más de 10 años los campesinos reclaman cambios profundos en la agricultura cubana. Libertad para la producción y distribución de sus productos, para fijar los precios de acuerdo con el mercado, para importar y exportar directamente, así como la eliminación de los impuestos por 10 años a productores y procesadores de alimentos y que se entreguen títulos de propiedad a todos los productores agrícolas son algunos de esos reclamos.

¿Y a quién ha puesto ahora la dictadura al frente de la ANAP? ¡Pues nada más y nada menos que a Félix Duarte Ortega, quien hasta el pasado domingo era el jefe del Departamento Agroalimentario del PCC! El individuo se graduó como ingeniero en Mecanización de la Producción Agropecuaria pero no ha ejercido la carrera pues ha sido siempre dirigente político. Es, además, máster en Cultura Económica y Política, al igual que el defenestrado Santiesteban Pozo, lo que pudiera sintetizarse en esta frase: “Algunos estudios, ningún resultado”.

Sabemos que Félix Duarte Ortega, quien ahora va a dirigir a los campesinos cubanos sin haber trabajado jamás en el campo, no ha sido enviado a la ANAP para que los escuche, sino para que, desde allí, trate de imponer los ucases del Partido. También sabemos que cosechará como respuesta el mismo desinterés de los productores y el continuo desabastecimiento de los mercados.

No hay peor ciego que aquel que no quiere ver.

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Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

Según el economista y comunista Oscar Pino Santos en su  librito La penetración del Imperialismo norteamericano en la economía cubana, escrito en 1957, el 25 % de los alimentos que consumían los cubanos, siendo Cuba un país agrícola,  eran importados. Lo que no dice ese economista comunista que murió en el 2005 trabajando en el Consejo de Estado es que esa importación se debía en gran parte no por  ineficiencia económica del país, como ocurre desde hace casi 65 años,  sino por distintas razones; veamos algunas: 

1) Resultaba mucho más barato comprar, por ejemplo,  el arroz en los EE.UU., en los Estados de la cuenca del Mississipi, que cultivarlos en Cuba; con otros cultivos sucedía lo mismo. Por cierto: Cuba en el año  1958 fue el  tercer productor de arroz de America Latina y produjo 256,000 toneladas métricas de arroz ya molinado. El arroz  representó  en ese año el 6.6%  de la riqueza nacional  y tenía 162,000 hectáreas dedicadas a este cultivo . El consumo de arroz per cápita del cubano era de 110 libras/año.  Esas cifras se obtuvieron después del plan de diversificación de la economía cubana  comenzada por el Presidente Carlos Prío Socarrás y continuada e impulsada por el gobierno de Fulgencio Batista y Zaldivar, la cual se llevó a cabo pese a las medidas  que tomó el gobierno norteamericano en contra del gobierno de Batista como consecuencia  de la labor de los lobbystas o cabilderos de las industrias norteamericanas afectadas que residían en territorio norteamericano, entre las que se encontraban  los productores de arroz  de la cuenca del Mississippi. Para profundizar  sobre estas medidas adjunto un artículo de mi autoría y para conocer más logros de la economía cubana preCastrista pueden hacer click AQUÍ.

Tengo la opinión que el no haber comprado arroz  durante una década a EE.UU.  fue  una estrategia  de la tiranía Castrista para que los productores de arroz de EE.UU.  cabildearan en el Congreso de los EE.UU. para que se levantara, sin las condiciones presentes en la Ley Helms-Burton,  el Embargo norteamericano contra la tiranía Castrista  y  con ello ciertos  círculos financieros norteamericanos le hiciera préstamos financieros a la dictadura Castrista, parte de los cuales se utilizarían para ampliar y modernizar sus organismos de represión política; préstamos que finalmente el pueblo norteamericano  pagaría, pues la tiranía es un relevante no pagador de sus deudas  y eso lo saben el Club de París, la extinta Unión Soviética y los demás países de Europa del este, Japón, etc.  Veamos como fue el comercio entre Cuba y EE.UU. .

2) Era más barato comprar en EE.UU. la manteca de cerdo, la cual apenas se consume en los EE.UU.pero que era entonces de consumo tradicional en Cuba, que producirla en Cuba o producir aceites vegetales.

3)  En Cuba se intentó  por los años 20s y 30s cultivar trigo, sobre todo en las provincias centrales, pero no dió resultado, luego la harina de trigo, fundamental para hacer panes, galletas, confitería, etc., se tenía que comprar en el exterior cubano  y así otros productos que eran de consumo tradicional del cubano. 

4) Finalmente, los cubanos  estábamos acostumbrados a consumir bacalao de Noruega, tasajo uruguayo (en Cuba estaba prohibida la matanza de ganado caballar),  al igual que la mantequilla holandesa, quesos franceses y suizos, turrones, jamones y vinos  españoles, peras, manzanas, melocotones, albaricoques enlatados de EE.UU., calamares y sardinas españolas, etc. .En resumen:  Los cubanos éramos un poco sibaritas  dentro del alcanze que tenían nuestros bolsillos y nos gustaba darle gusto al paladar, aunque los alimentos y bebidas fueran exóticos. 

En el mencionado librito y en el  Cuadro No. 20 se muestra el consumo doméstico, producción nacional e importaciones de los principales productos alimenticios en el período 1954-1956 donde se observa que la cantidad y el valor (en porcientos) del consumo doméstico de producción nacional fueron el 81% y el 71% respectivamente, mientras que la cantidad y el valor del consumo doméstico de importación fueron 19% y 29% respectivamente. En ese cuadro, cuya relación de alimentos bien serviría como ejemplo objetivo de cual era la canasta básica del cubano promedio de aquellos tiempos, muestra datos interesantísimos como el hecho de que el 98% de la cantidad y el 92% del valor de los productos lácteos consumidos por la población cubana era de producción nacional.

Por cierto, Oscar Pino Santos pese a la gran ineficiencia  económica que él ayudo a crear después del 1 de enero de 1959, no tengo conocimiento de  que hubiera escrito o dicho públicamente críticas a la ineficiencia endémica y sistémica del período revolucionario. Quizás por eso, poco antes de morir, se le otorgó el Premio Anual  correspondiente a las Ciencias Sociales. Aclaro que en Cuba antes de que muriera Oscar Pino Santos, yo entregué a la revista Vitral de la Diócesis de Pinar del Río, un artículo donde tocaba estos temas relacionados con Pino Santos y su librito La penetración del Imperialismo norteamericano en la economía cubana. No se publicó ¿?.

En la tabla No. 23 se puede observar  como los porcientos de las importaciones de  los Bienes  de consumo  No Duraderos  van disminuyendo entre 1912 y 1957, lo cual se explica  por el incremento  en los porcientos de las importaciones  de Materias primas y envases;  sobre todo a partir del año 1927 en que el Presidente Gerardo Machado y Morales  introdujo una  nueva Ley  Arancelaria que   de manera significativa impulsó la creación y desarrollo de  industrias nacionales; en particular  aquellas industrias relativas al aseo personal y de  la higiene en general.


Las tablas anteriores fueron  tomadas del libro del comunista y castrista Oscar Pino Santos:


BODEGAS Y FRUTERIAS EN CUBA ANTES DEL TRIUNFO DE LA ROBOLUCIÓN
















Vendiendo viandas cubanas

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