jueves, mayo 02, 2024

Sin pan, pero con circo. Jorge Ángel Pérez desde Cuba: Los cubanos hemos vivido desde hace más de 60 años bajo una carpa repleta de animales dóciles que sucumben a las ansias de depredadores vestidos de verde olivo.


Sin pan, pero con circo

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Los cubanos hemos vivido desde hace más de 60 años bajo una carpa repleta de animales dóciles que sucumben a las ansias de depredadores vestidos de verde olivo.

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Por Jorge Ángel Pérez

30 de abril, 2024 

LA HABANA, Cuba. – El pan se ha perdido, incluso ese ejemplar pequeñito y tosco que es parte de la “canasta básica” y de la historia más reciente de la nación cubana. Lo mismo sucede con la leche, esa que tan esencial resulta para el desarrollo de los infantes. La leche que provee el calcio, la leche que es básica para el crecimiento y la fortaleza de los huesos de los infantes está perdida. La leche se ha vuelto una de nuestras más grandes utopías.

La leche, esa que aporta un gran número de vitaminas y minerales está desaparecida en todo el archipiélago cubano, y quizá por eso se ha convertido en unas de las más grandes pesadillas de los padres y también una de las mayores añoranzas de padres y niños cubanos de la historia más reciente.

La leche podría ser algo así como el centro de todas nuestras añoranzas, la más grande “utopía” de Tomás Moro si es que reconociera la existencia del país, y más si tuviera hijos en Cuba; y en orden consecutivo podrían aparecer otras muchas añoranzas, entre ellas el pan, los huevos para la leve tortillita que iría a parar a ese espacio entre las dos minúsculas tapitas del pan.

La leche en Cuba es una utopía, tan utopía como la de Tomás Moro, pero también es utopía el plato de moros y cristianos que de seguro no conoció Tomás. Y es que nuestra vida se ha llenado de imaginaciones. Utopía es la ilusión de ser feliz con una mesa bien servida, una mesa rebosante de exquisiteces y ambrosías que no van mucho más allá del huevito frito

Nuestra utopía es mucho más leve que la de Tomás, es más discreta. Nuestra utopía, nuestros sueños, son irrisorios, casi grotescos. Nuestra utopía es el pan untado con mantequilla, es el pan untado con aceite o el pan untado con pan. Nuestras utopías son delirios, son desequilibrios, inadaptaciones a la realidad, como suele suceder en casi todas las utopías, lo mismo en la de Tomás Moro que en la de los comunistas cubanos.

La utopía no es un circo, la utopía no es esa una carpa de circo que podría ser semejante a un pirulí. La utopía no es un caramelo, la utopía no es esa lona levantada sobre columnas de aluminio que un viento leve podría deshacer y hacer volar por los cielos. La utopía es alucinación, y los niños precisan algo más que alucinaciones. Los niños necesitan concreciones que el Gobierno sustituye con un poco de pan y mucho de circo.

El circo ese que han armado en los terrenos de la Ciudad Deportiva, en El Cerro, es la felicidad de muchos niños, y hasta de los mayores, sobre todo cuando dejaron resueltas las más urgentes necesidades de la casa, pero para otros es recordar, es sufrir, es constatar los malabares que hacemos los cubanos en la casa. Esos malabares que visibilizamos en todas las horas que el día tiene. Un circo y una venta de rositas y confituras alrededor de la carpa no es, de ningún modo, la felicidad.

Nuestra utopía, incluida la de los niños, no es una carpa de circo y una venduta de rositas de maíz y caramelos. Nuestra mayor utopía de hoy es el plato de arroz con una breve cubierta de frijoles. La felicidad no puede conseguirse jamás bajo una carpa de circo, bajo ese mundo de “voluntades y representaciones”.

Nuestras utopías no son, ni de lejos, la venta de chocolates y rositas de maíz bajo la carpa de ese circo. El circo no es la felicidad, el circo ya lo tenemos en la casa y está repleto de malabares y malabaristas, que así decía mi madre. El circo no es la felicidad real. El circo no sustituye a la felicidad real ni a la vida.

Cuba es una gran carpa de circo en la que los domadores resultan ser muy crueles, mientras el resto de los cirqueros da pena. El circo, la carpa, no es la felicidad, y eso lo reconocemos muy bien los cubanos que vivimos bajo una gran carpa de circo. Los artistas de ese circo de averiada carpa bajo la que vivimos desde hace más de 60 años, no comulgamos con esos malabares, porque malabaristas somos en cada uno de los días, porque nuestras vidas son, por voluntad de otros, la vida de un triste circo. 

El circo no será, bajo ninguna circunstancia, un sustituto de la felicidad real. Los cubanos hemos vivido desde hace más de 60 años bajo una carpa repleta de animales dóciles que sucumben a las ansias de depredadores vestidos de verde olivo, que traban de una dentellada a los animales más dóciles. Una carpa de circo en la Ciudad Deportiva de la capital no hará otra cosa que ponernos frente a nuestras limitaciones, frente a nuestras realidades. El circo es una metáfora de nuestras vidas.

Una carpa hace que nos miremos como los suplentes de esos animales que traspasan, para sobrevivir, el arco de fuego, y también el león dócil que se pliega al látigo, a la fuerza del látigo que golpea y hace reclamos de obediencia. El circo es un espacio de dictados funestos, de reclamos de obediencia. El circo es algo de pan para callar a las multitudes.

El circo, al menos en Cuba, al menos en esos terrenos de la Ciudad Deportiva, es una muestra del mundo como “voluntad y representación”. El circo propicia la visibilidad de los animales dóciles, de esos que resultaron ser domados tras una vida en libertad y rebeldía. El circo es una metáfora de Cuba, y a los domadores póngales usted el nombre, y, si le parece bien, sus facciones, la cara toda.

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En las fotos el principal autor de las utopías alimenticias postrevolucionarias así  como  Destructor en Jefe  de los positivos logros de la República de Cuba, en lo que a bienestar se refiere, alcanzados en sus 57 años de existencia. 

ALGUNAS UTOPÍAS ALIMENTARIAS CUBANAS QUE FUERON REALIDAD ANTES DEL SUPUESTO TRIUNFO REVOLUCIONARIO DEL 1 DE ENERO DE 1959

Nota del bloguista de Baracutey Cubano


Según el economista y comunista Oscar Pino Santos en su  librito La penetración del Imperialismo norteamericano en la economía cubana, escrito en 1957, el 25 % de los alimentos que consumían los cubanos, siendo Cuba un país agrícola,  eran importados. Lo que no dice ese economista comunista que murió en el 2005 trabajando en el Consejo de Estado es que esa importación se debía en gran parte no por  ineficiencia económica del país, como ocurre desde hace casi 60 años,  sino por distintas razones; veamos algunas: 

1) Resultaba mucho más barato comprar, por ejemplo,  el arroz en los EE.UU., en los Estados de la cuenca del Mississipi, que cultivarlos en Cuba; con otros cultivos sucedía lo mismo. Era más barato comprar en EE.UU. la manteca de cerdo, la cual apenas se consume en los EE.UU.pero que era entonces de consumo tradicional en Cuba, que producirla en Cuba o producir aceites vegetales.

2)  En Cuba se intentó  por los años 20s y 30s cultivar trigo, sobre todo en las provincias centrales, pero no dió resultado, luego la harina de trigo, fundamental para hacer panes, galletas, confitería, etc., se tenía que comprar en el exterior cubano  y así otros productos que eran de consumo tradicional del cubano. 


3) Finalmente, los cubanos  estábamos acostumbrados a consumir bacalao de Noruega, tasajo uruguayo (en Cuba estaba prohibida la matanza de ganado caballar),  al igual que la mantequilla holandesa, quesos franceses y suizos, turrones, jamones y vinos  españoles, peras, manzanas, melocotones, albaricoques enlatados de EE.UU., calamares y sardinas españolas, etc. .En resumen:  Los cubanos éramos un poco sibaritas  dentro del alcanze que tenían nuestros bolsillos y nos gustaba darle gusto al paladar, aunque los alimentos y bebidas fueran exóticos. 

En el mencionado librito y en el  Cuadro No. 20 se muestra el consumo doméstico, producción nacional e importaciones de los principales productos alimenticios en el período 1954-1956 donde se observa que la cantidad y el valor (en porcientos) del consumo doméstico de producción nacional fueron el 81% y el 71% respectivamente, mientras que la cantidad y el valor del consumo doméstico de importación fueron 19% y 29% respectivamente. En ese cuadro, cuya relación de alimentos bien serviría como ejemplo objetivo de cual era la canasta básica del cubano promedio de aquellos tiempos, muestra datos interesantísimos como el hecho de que el 98% de la cantidad y el 92% del valor de los productos lácteos consumidos por la población cubana era de producción nacional. 

Cafetería de un Ten Cents y los precios de sus ofertas:



Cafeterias donde al café con leche lo acompañaba el pan con mantequilla y otros acompañantes; las fotos son de cafeterias de ¨pùeblo de a pié¨ ; no son fotos de las dos  cafeterías El Carmelo (El de Calzada y el de 23 en El Vedado), Potín, la del Hotel Hilton, la del Hotel Capri, etc. y ni siquiera las de los varios  Ten Cents que habían en La Habana  

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Fiambres:

Un fritero en plena labor

Una fonda 

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Pancon lechón

Chicharrones

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ALGUNAS COMIDAS TÍPICAS  EN CUBA  ANTES DE LA LLEGADA  DEL CASTRISMO


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SUPERMERCADOS O MINIMAX


Minimáx en una calle de La Habana; quizás  uno entonces localizado en la calle  San Lázaro

Parqueo del  Supermercado de 17 y K en El Vedado en dos épocas

Supermercado de 17 y K en El Vedado




Supermercado de Carlos III construido en 1957
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BODEGAS DE BARRIO













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martes, junio 14, 2022

El circo de los desesperados. Alfredo M. Cepero sobre EE.UU.: Ante la incapacidad de mencionar éxitos que no han logrado, los demócratas han decidido darle fuego a la casa con Donald Trump dentro.

 Tomado de http://www.lanuevanacion.com

EL CIRCO DE LOS DESESPERADOS

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 Ante la incapacidad de mencionar éxitos que no han logrado, los demócratas han decidido darle fuego a la casa con Donald Trump dentro.

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Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

Sígame en: http://twitter.com/@AlfredoCepero

14 junio 2022

En los últimos 18 meses, desde los acontecimientos del 6 de enero de 2021en el capitolio nacional, se ha duplicado el precio de la gasolina, las muertes por drogadicción han alcanzado los niveles más altos en la historia americana, los alimentos de primera necesidad están diezmando el presupuesto familiar y los Estados Unidos se han convertido en una puerta sin llave por la que entran “como pedro por su casa” delincuentes y enfermos de Covid de los más lejanos rincones del mundo.

Pero eso no es todo. Para complicar las cosas la economía americana se está desplazando hacia  una recesión devastadora como aquella que una vez bautizó el consultor demócrata James Carville con la frase lapidaria: “It is the  economy stupid”. Según la Oficina Nacional de Investigación Económica, las recesiones son técnicamente definidas como dos trimestres consecutivos de crecimiento negativo y se caracterizan por un alto nivel de desempleo, bajo o negativo crecimiento del Producto Interno Doméstico, reducción del ingreso y lentitud de las ventas al detalle. Esa es la situación a la que se encamina vertiginosamente la economía americana.

Y esos son precisamente los factores—no el odio a Donald Trump—que tendrán en mente los americanos a la hora de votar en la parciales de 2022 y, muy probablemente, las generales de 2024. Todo eso, sin contar que, con la retirada cobarde de Afganistán y la invasión de Ucrania por los rusos, los Estados Unidos jamás han estado tan desprestigiados ni más cerca de un conflicto nuclear.

Esos son los factores que tienen desesperados a los miembros del Partido Demócrata. Ante la incapacidad de mencionar éxitos que no han logrado, los demócratas han decidido darle fuego a la casa con Donald Trump dentro. Su estrategia de campaña en todas las elecciones que se avecinan es destruir al odiado Donald Trump. El comienzo de esta estrategia ha sido calificar de insurrección, los acontecimientos del 6 de enero de 2021 en el capitolio.

Yo no creo que fue una insurrección porque no fue una insurrección. No fue siquiera algo cercano a una insurrección. Nadie entre los que entraron al capitolio portaba armas. De hecho, la única personas que fue herida de muerte fue una mujer que protestaba contra el resultado de las elecciones. Su nombre Ashli Babbitt. Una mujer desarmada y de cinco pies de estatura que no representaba peligro para nadie. La mató un miembro de la policía del capitolio que, irónicamente, ha sido exonerado de toda responsabilidad.

El circo llevado a cabo por los demócratas en el capitolio la semana pasada no fue un proceso parlamentario para asignar responsabilidades sino una descarada “cacería de brujas” por unos politiqueros aterrados de perder el poder. De hecho, días antes del 6 de enero, el entonces Presidente Trump contactó al Departamento de Defensa para que asignara 10,000 soldados de la Guardia Nacional a la protección del capitolio. El Sargento de Armas, después de consultar con la Presidenta de la Cámara, Nancy Pelosi, rechazó la oferta. La Pelosi no estaba interesada en proteger a los congresistas sino en crear un escándalo político para usarlo en futuras elecciones.

Vayamos por un momento a esta “comisión de la mentira”. Cuando el presidente de la minoría republicana en la Cámara de Representantes, Kevin McCarthy, sugirió los nombres de Jim Jordan y Jim Banks—dos partidarios de Trump—para formar parte de la comisión, la Pelosi los rechazó. Nombró en su lugar a Liz Cheney y a Adam Kissinger, dos RINOS (republicanos solo en el nombre) que odian a Donald Trump. Con ello, la Pelosi se convirtió en juez, jurado y verdugo.

No hay que darle más “vueltas a la noria”. Un proceso donde existen varios fiscales acusadores sin un abogado defensor que interrogue a los testigos no puede llamarse legal y de acuerdo con las normas procesales que garantizan la justicia. Es una réplica de la Inquisición española de Torquemada o de las purgas soviéticas de Stalin donde el acusado no es considerado inocente sino es un presunto culpable que tiene que demostrar su inocencia. ¡Buena suerte con tan descabellada encomienda que tiene que demostrar una condición  negativa!

Ahora bien, no puedo cerrar este trabajo sin formularme algunas preguntas elementales. Por ejemplo, esta comisión no me dice cuántos miembros de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) se encontraban infiltrados en la multitud. Tampoco explica la razón por la cual los policías del capitolio  abrieron las puertas a los amotinados. ¿Por qué Kamala Harris dijo estar ese día en el capitolio cuando, en realidad, no lo estaba?

Al mismo tiempo, el país entero fue testigo del hecho de que Joe Biden  obtuvo 10 millones de votos más que Barack Obama y que una gran parte de ellos llegaron después del día de las elecciones. ¿Por qué la votación fue interrumpida en muchos lugares en medio de la noche? ¿Por qué las tarjetas de identificación fueron opcionales en los estados más grandes del país? Todas estas interrogantes estaban en las mentes de los amotinados el 6 de enero pero la comisión no ha dado explicaciones sobre ellas. Se ha limitado a acusarlos de perpetrar una insurrección de la “Supremacía Blanca”. ¡Dónde está la armonía prometida por Biden durante la campaña electoral!

Ahora bien, ¿saben ustedes lo que sí podría crear una insurrección de proporciones galácticas? Si los políticos ignoran las preocupaciones legítimas de la población, si las echan a un lado cuando la gasolina llega a 5 dólares el galón y nos dicen que “compren un automóvil eléctrico”. Cuando las ciudades se transforman en basureros y son controladas por los criminales, cuando la economía se deteriora al punto de que nuestros hijos no pueden contraer matrimonio y darnos nietos, cuando ya no estas interesado en las cosas que te rodean y no cesas de hablarte a ti mismo de insurrección. Entonces que Dios te ampare porque estarás en medio de una verdadera insurrección, no la inventada por estos demócratas de orillas.

Antes de concluir quiero compartir con ustedes un momento definitorio de la sesión del Comité de 6 enero de la semana pasada. Me refiero a los 28 minutos del suicidio político de Liz Cheney. Con semblante visiblemente descompuesto y leyendo en un telepromter el obituario de Donald Trump, la Cheney tuvo la osadía de predecir que éste desaparecería algún día del escenario político y que el Partido Republicano volvería a ser lo que fue antes de su presidencia. Quizás se refería a los 75 años de edad de Trump, pero a los 57 años la Cheney no es ningún “tití”.

Por otra parte, los movimientos políticos y sus líderes en muy contadas ocasiones resucitan. El MAGA (Make America Great Again) ha llegado aquí para quedarse aunque no se hayan enterado George W. Bush, Mitt Romney, Dick Cheney y su “niña” Liz.  Si un día cambiara sería para dar marcha hacia adelante, jamás para dar marcha atrás. Además, en la peregrina circunstancia de que Donald Trump no se postulara, el Partido Republicano cuenta con candidatos como Ron DeSantis, Ted Cruz y Mike Pompeo, hombres con estilos distintos al de Trump pero que comparten sus mismos principios y metas.

Al mismo tiempo, no temo equivocarme cuando digo que el Partido Demócrata correrá la misma suerte. No es concebible que gane elecciones un partido controlado por los comunistas Bernie Sanders y sus lobeznas Alexandria Ocasio-Cortez, Ilhan Omar, Ayanna Pressley y Rashida Tlaib. Esa gente tendrá seguidores en los medios sociales y votos en sus distritos electorales pero no suficientes votos para ganar elecciones a nivel nacional. Y el político que no gane elecciones debe de cambiar de profesión. Los moderados tienen ahora la oportunidad de llevar al Partido Demócrata hacia el centro ideológico.

Nos encontramos, por lo tanto, ante un panorama político muy distinto al de hace 5 o 6 años. El pueblo americano—cansado de mentiras y de promesas incumplidas—ha decidido enterrar las versiones tradicionales de los dos partidos. La opción para ambos está entre la renovación y la desaparición. No puede haber la menor duda de que el que no se renueve desaparece.

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martes, agosto 24, 2021

El circo cubano de Joe Biden. Julio M. Shiling: Biden-Harris y Obama no son amigos de la libertad de Cuba. Sólo hay que preguntar a los afganos

 
Tomado de https://elamerican.com/

El circo cubano de Biden

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Biden-Harris y Obama no son amigos de la libertad de Cuba. Sólo hay que preguntar a los afganos

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Por Julio M. Shiling

08.22.21

Alejandro Mayorkas, secretario de Seguridad Nacional, visitó Miami el jueves 19 de agosto y se reunió con un grupo de cubanoamericanos. El propósito concreto era seguir dando animación al circo cubano de Joe Biden. Uno pensaría que Afganistán habría, al menos por un breve período, avergonzado a cualquier Gobierno americano responsable de uno de los mayores actos de deshonra en la historia registrada, de hacer propuestas públicas de atención a las naciones cautivas.

“La Administración Biden se solidariza con el pueblo cubano y su reclamo de libertad”, tuiteó Mayorkas. El co-arquitecto de origen cubano del esquema de acercamiento Castro-Obama, añadió: “Me uno a @POTUS en nuestro compromiso de hacer responsable al régimen cubano, apoyar al pueblo cubano y asegurar que los cubanoamericanos sigan siendo un socio vital en nuestros esfuerzos”. Si bien uno puede entender por qué Biden tiene interés de pedigüeñería electoral en el tercer estado más grande y el más clave del país, ¿por qué cualquier cubano-americano que dice preocuparse genuinamente por la libertad de Cuba, se dejaría utilizar por una administración que claramente está haciendo las paces para permitir que la dictadura castrocomunista sobreviva a su mayor amenaza en décadas?

Los que apostaron por una ampliación de la distensión Castro-Obama con el ascenso de la candidatura del Partido Demócrata Biden-Harris, están viendo sus probabilidades muy mejoradas. Los tres diplomáticos más influyentes de Obama que negociaron el acuerdo secreto para restablecer los lazos con Cuba comunista, fueron Ben Rhodes, Ricardo Zúñiga y Mayorkas. El 3 de agosto, Julie Chung fue sustituida por Zúñiga como subsecretaria de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental. La liberación de la red convicta de espionaje castrista, un requisito del régimen marxista, que cumplía condena, entre otras cosas, por el asesinato de ciudadanos americanos y de un ciudadano extranjero.  

La noción de una “Internet libre” patrocinada por Estados Unidos para todos los cubanos sin que el régimen castrista se beneficie, uno de los alabados objetivos de los grupos de estudio de Biden para formular la política reactiva de Estados Unidos ante el levantamiento cubano del 11 de julio y la brutal represión en curso, parece haber chocado con el muro totalitario del comunismo cubano y la falta de voluntad del gobierno de Estados Unidos. ETECSA, el monopolio estatal de comunicaciones de Cuba, que forma parte del emporio comercial militar GAESA, seguirá siendo el mecanismo de distribución de Internet en la Isla. No se trata sólo de la entrada de divisas. Para el régimen castrista, también se trata de control.

La dictadura comunista de La Habana no deja nada al azar. Además de dejar claro que el sistema ETECSA, de origen chino, seguirá siendo el proveedor monopólico de internet en Cuba, codificó en su legalismo socialista el 17 de agosto la criminalización expresa de transmitir e informar noticias desde el interior de Cuba con el Decreto-Ley 35. El régimen tiránico cubano pretende castigar con penas de cárcel cualquier publicación de noticias que la dictadura socialista considere que puede amenazar su existencia e “incitar a movilizaciones u otros actos que alteren el orden público.”

Así como Obama mantuvo negociaciones secretas con el castrocomunismo durante meses antes del anuncio formal de la nueva política de distensión en 2014, el Gobierno de Biden-Harris está trabajando en su marca de un curso de “acercamiento”. Esa será su respuesta al heroico levantamiento cubano. Esto no debería sorprender a nadie. Sentarse con los representantes americanos de este vergonzoso curso de coexistencia, que sólo retrasará el curso de liberación de Cuba, es algo de lo que los cubanoamericanos no deberían formar parte. Biden-Harris y Obama no son amigos de la libertad de Cuba. Sólo hay que preguntar a los afganos.

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