lunes, enero 29, 2024

Dimas Castellanos sobre pedagogía de José Martí donde afirma que Cuba requiere de un nuevo proyecto nacional conformado con la participación de todos, lo que implica desarrollar en las nuevas condiciones el proyecto educativo de José Martí

 
Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

En la carta de José Martí a su gran amigo  Fermín Valdés Domínguez de mayo de 1894 (Tomo 3, p. 168)  Martí afirma:

José Martí, Obras Completas (Tomo 3, Editorial de Ciencias Sociales, Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1975

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Tomado de https://diariodecuba.com

La pedagogía de José Martí

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Cuba requiere de un nuevo proyecto nacional conformado con la participación de todos, lo que implica desarrollar en las nuevas condiciones el proyecto educativo de José Martí.'

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Por Dimas Castellanos

Lleida, España

28 enero 2024

Cubano de talante excepcional en su fecunda trayectoria, hondo pensamiento, penetrante sensibilidad e intensa vocación de servicio, José Julián Martí Pérez (1853-1895) fue, además de político, poeta periodista, traductor y diplomático de brillante desempeño, un gran pedagogo.

Reconocido por los cubanos como Apóstol, Héroe Nacional, Maestro, fue formado en las enseñanzas del primer ideólogo independentista de Cuba: el padre Félix Varela. El proceso educativo, según Varela, consistía en que el hombre llegara a comprender su época y se invistiera del dinamismo y la creatividad necesarios para no ser aplastado por las circunstancias ni quedar neutralizados por el medio social. Proceso que en José Martí acrisoló y cobró sustancia en su expresión más acabada, al convertirse en la figura cimera de nuestra cultura nacional, pero no únicamente: su proyecto emancipador y antihegemónico, de profunda eticidad, inauguró cauces en la historia y cultura americana y universal.

Iniciador, en la prosa y el verso, del movimiento modernista, sus textos han sido traducidos y publicados en el mundo entero. Hacedor de una nueva forma de periodismo y, finalmente, gestor de una revolución heredada del legado de nuestros padres fundadores y de las luchas que le precedieron —cuyos principios esenciales conservan hoy indiscutible validez–, Martí retomó el inconcluso proceso de conformación de la nación cubana para conducirla hasta una república moderna, concebida como igualdad de derecho de todo el nacido en Cuba, espacio de libertad para la expresión del pensamiento y de una economía diversificada en manos de muchos pequeños propietarios. Para que cada cubano fuera hombre político enteramente libre.

A su vez, percibía la patria como "dicha de todos, dolor de todos, y cielo para todos, y no feudo ni capellanía de nadie". Propósito y definiciones que remató en noviembre de 1891 en su discurso "Con todos y para el bien de todos", con aquel ideal tan lejano aún: "Yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre".

Con ese fin analizó las causas del fracaso de la Guerra de los Diez Años, que a pesar de los sacrificios y de la sangre derramada, no logró su objetivo. Del análisis extrajo un sistema de principios con los que amalgamó su teoría de la revolución: el concepto de guerra necesaria y el papel del partido como institución organizadora; eslabones mediadores para arribar a la república moderna: un magno proyecto que incluía la formación de un pueblo capaz de autogobernarse a través de cuerpos representativos electos democráticamente. Es decir, un propósito estrechamente vinculado a la enseñanza, que se resume en los siguientes seis puntos de su ideario pedagógico:

  • "Cerrémosle el paso a la república que no venga preparada por medios dignos del decoro del hombre, para el bien y la prosperidad de todos los cubanos"
  • "Quien quiera nación viva, ayude a establecer las cosas de su patria de manera que cada hombre pueda labrarse en un trabajo activo y aplicable una situación personal independiente"
  • "Educar es depositar en cada hombre el resumen del mundo viviente, hasta el día en que vive: es ponerlo a nivel de su tiempo, para que flote sobre él, y no dejarlo bajo de su tiempo, con lo que no podrá salir a flote; es preparar el hombre para la vida"
  • "La felicidad general de un pueblo descansa en la independencia individual de sus habitantes. Una nación libre es el resultado de sus pobladores libres"
  • "Un pueblo instruido será siempre fuerte y libre (…): toda nación será infeliz en tanto que no eduque a todos sus hijos. Un pueblo de hombres educados será siempre un pueblo de hombres libres"
  • "Si los pobres se habitúan a pedirlo todo al Estado, cesarán a poco de hacer esfuerzo alguno por su subsistencia (…) De ser siervo de sí mismo, pasaría el hombre a ser siervo del Estado. De ser esclavo de los capitalistas, como se llama ahora, irá a ser esclavo de los funcionarios"

Como vemos, Martí concibió la educación como función social transformadora de las condiciones socioculturales y económicas; como puente de oportunidades para el desarrollo integral del cubano, preparado a participar en la política de su país. De ahí lo antinatural del monopartidismo, cuya implantación implica la destrucción de los demás partidos políticos, tal como ha ocurrido en Cuba con la instauración del modelo más perfecto y terminado de régimen totalitario, que ha llevado a Cuba al estancamiento y el fracaso.

La pedagogía martiana aboga por la enseñanza para la vida y su carácter práctico. Son ideas humanistas relacionadas con la sensibilidad, el amor, el respeto y la dignidad humana. A partir de ellas como maestro, desarrolló una práctica pedagógica con cubanos y puertorriqueños, desde 1891 en La Liga, en Nueva York, donde todos los lunes reunía a familias para impartirle clases de distintas materias.

José Martí es una rara simbiosis de amor, intuición, pasión, magnetismo, armonía y profundidad, sin la cual habría sido imposible enfrentar, en las condiciones de Cuba, la obra de preparar un pueblo y organizar una guerra que condujera a una sociedad de paz, armonía y justicia.

La guerra necesaria organizada por Martí condujo a la República de 1902 con independencia incompleta y soberanía limitada. Aunque las constituciones de 1901 y 1940 sentaron las bases para el fomento de una sociedad democrática, nuestra carencia cívica desembocó en la ingobernabilidad que llevo al golpe militar de 1952, y seguidamente a la respuesta insurreccional que triunfó en 1959 y que nos ha retrotraído a una situación peor a la existente en la época colonial.

Fracasado el totalitarismo, ajeno a la naturaleza humana, ante la ineludible necesidad de cambiar, las autoridades cubanas han optado por copiar el modelo oligárquico de Rusia, impropio de nuestras necesidades e idiosincrasia. Pasado más de un siglo de la caída en combate de José Martí,  la república con todos y para el bien de todos, por la que vivió y murió el Maestro, continúa pendiente.

Cuba requiere de un nuevo proyecto nacional conformado con la participación de todos, lo que implica desarrollar en las nuevas condiciones el proyecto educativo de José Martí. Para que los cubanos puedan desempeñar el papel activo y determinante que les corresponde en los destinos nacionales, junto a la necesaria restitución de las libertades suprimidas, se impone retomar la labor formadora que inició el padre Varela y continuaron eminentes cubanos, entre ellos José Martí. 

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Martí, en una carta rimada del 21 de octubre de 1889 (Tomo 16, 354-358), dirigida a un antiguo compañero y colaborador, el anexionista Néstor Ponce de León, expuso sus convicciones antianexionistas pero a la vez el respeto a las ideas de los demás.

A mi Señor
Néstor Ponce de León:

Viene a decirme Capriles
Que alguien dijo en Broadway,
Que en mi discurso exclamé:
“¡Los anexionistas viles! ”

¡Bien y con mucha razón
Me mandó usted el recado
De tenerme preparado
El espinudo bastón!

Miente como un zascandil
El que diga que me oyó
Por no pensar como yo
Llamar a un cubano “vil”.
.....................................
Donde no nos puedan ver
Diré a mi hermano sincero:
“¿Quieres en lecho extranjero
A tu Patria, a tu mujer? ”

Pero enfrente del tirano
Y del extranjero enfrente,
Al que lo injurie: “Detente”
Le he de gritar: “¡Es mi hermano!”

En la Patria de mi amor
Quisiera yo ver nacer
El pueblo que puede ser,
Sin odios y sin color.

Quisiera, en el juego franco
Del pensamiento sin tasa,
Ver fabricando la casa
Rico y pobre; negro y blanco.

Y cuando todas las manos
Son pocas para el afán,
¡Oh, patria, las usarán
En herirse los hermanos!

Algo en el alma decide,
En su cólera indignada,
Que es más vil que el que degrada
A un pueblo, el que lo divide.

¿Quién con injurias convence?
¿Quién con epítetos labra?
Vence el amor. La palabra
Sólo cuando justa, vence.

Si es en uno el honor, los modos
Varios se habrán de juntar:
¡Con todos se ha de fundar,
para el bienestar de todos!

Su Martí
N.Y. 21 de octubre de 1889

El Mártir de Dos Ríos nunca sintió odio o rencor contra los anexionistas o contra cualquier otra persona. Es bueno aclarar que solamente en su pequeña obra ¨Abdala¨, escrita a los 16 años, es donde habla positivamente del odio o rencor al definir el amor a la patria como ¨…el odio invencible a quien la oprime; es el rencor eterno a quien la ataca¨ (Tomo 18, p. 19). Después de la experiencia del presidio político desterró a esas palabras de su corazón y cuando llamó a la Guerra Necesaria, no recurrió al odio al enemigo para hacer de los combatientes revolucionarios frías y eficientes máquinas de matar. En su obra sobre el presidio político en Cuba escribió:

«La venganza y el odio son dos fábulas que en horas malditas se esparcieron por la tierra»

Años más tarde y siendo coherente con su doctrina de amor, sentenció:

¨En pueblos, sólo edifican los que perdonan y aman. Se ha de amar al adversario mismo a quien se está derribando en tierra. Los odiadores debieran ser declarados traidores a la república. El odio no construye¨ (Tomo 14,  p. 496)


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miércoles, diciembre 20, 2023

Dimas Castellanos: Cuba, en deuda con José Antonio Saco. A 226 años de su nacimiento, Cuba ha sido retrotraída a la época del ilustre cubano, quien se empeñó en forjar las bases para la transición gradual de la sociedad colonial a una sociedad capitalista.'

 Tomado de https://diariodecuba.com/

Cuba, en deuda con José Antonio Saco

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A 226 años de su nacimiento, Cuba ha sido retrotraída a la época del ilustre cubano, quien se empeñó en forjar las bases para la transición gradual de la sociedad colonial a una sociedad capitalista.'

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Por Dimas Castellanos

Lleida

20 diciembre 2023

La figura política de mayor alcance teórico y conceptual en los primeros 60 años del siglo XIX en Cuba fue José Antonio Saco y López Cisneros. Nacido en Bayamo el 7 de mayo de 1797, Saco se graduó de Derecho en el Seminario San Carlos y San Ambrosio, donde fue alumno eminente del sacerdote y filósofo Félix Varela, a quien sustituyó en la Cátedra de Filosofía. Al crearse la Academia Cubana de Literatura en 1833, fue nombrado director de la Revista Bimestre Cubana, cargo que utilizó para atacar al sistema esclavista en la Isla. La relación que estableció entre educación, economía y desarrollo, lo llevó a forjar las bases teóricas para una transición gradual de la sociedad colonial a la modernidad capitalista, labor a la cual se consagró. Murió en Barcelona en 1879, pobre y exiliado, y sus restos mortales fueron trasladados a La Habana, donde fue sepultado en la necrópolis de Colón.

Para Saco, a quien le correspondió vivir el periodo en que la naciente nacionalidad cubana  se manifestaba con fuerza en la economía y en la política, la independencia de España no estaba a la orden del día. En su lugar eligió el camino de las reformas y llegó a erigirse en la figura más destacada del movimiento liberal reformista. Su estrategia consistía en transformaciones políticas y económicas que condujeran a la autonomía y al poder de su clase.

De su abultada actividad académica me detendré —a vuelo de pájaro— en los ensayos relacionados con la transición de la esclavitud colonial a la modernidad capitalista.

De ellos, Memorias sobre los caminos de la Isla de Cuba (1829), que proponía adaptar las experiencias de Inglaterra y EEUU a las condiciones de la sociedad criolla, constituyó una pieza clave para las transformaciones técnicas del periodo. Cuando el ingeniero militar Félix Lemaur arribó a Cuba para estudiar la construcción del ferrocarril, utilizó este ensayo de Saco, que había sido premiada por la Sociedad Económica Amigos del País.

Otro texto en el que realizó un esbozo integral para la transformación capitalista de Cuba fue Memorias sobre la vagancia en la Isla de Cuba (1830), en el cual reflexionó sobre los rasgos psicosociales del cubano. Al decir del sabio Fernando Ortiz, este ensayo debiera ser texto popularizado, como código cubano de ética en un programa de nacionalismo serio.

En Análisis por José Antonio Saco de una obra sobre Brasil (1832), argumentó la razón por la que, desde su perspectiva, el comercio de esclavos debía desaparecer. Por esta obra, el capitán general Miguel Tacón y Rosique, entonces gobernador de la Isla, lo deportó en 1834. En ella planteaba la abolición del comercio de esclavos, la sustitución del esclavo por el obrero asalariado, la unión de capitales para fomentar el desarrollo industrial, la conversión de las plantaciones esclavistas en pequeñas propiedades agrícolas, la abolición de la esclavitud y el tránsito de un sistema a otro sin producir una crisis económica o social.  

Dos ensayos en los que José Antonio Saco puso de manifiesto la necesidad de la autonomía fueron Carta de un patriota o sea clamor de los cubanos dirigido a sus procuradores a Cortes (1835), y Paralelo entre la Isla de Cuba y algunas colonias inglesas (1837). En el primero expresó que el Gobierno de la Colonia debía ejercerlo una junta integrada por cubanos. Y en el segundo, llamó a crear los Consejos Coloniales, una institución para que fueran los cubanos quienes dictaran las leyes necesarias al país.

La firma del tratado de prohibición del comercio negrero en 1838, las insurrecciones de esclavos entre 1842 y 1843, y su disminución en 1845, junto a otros factores, hicieron que los dueños de ingenios y de esclavos se acercaran a Saco. El crítico literario, poeta y abogado Domingo del Monte le propuso volver a publicar Mi primera pregunta (1837) en una nueva versión, bajo el título de La supresión del tráfico de esclavos en la Isla de Cuba examinada con relación a su agricultura y a su seguridad (1845). El ensayo original argumentaba que la supresión de la trata clandestina podía realizarse sin abolir la esclavitud, y la presencia del esclavo. La edición de 1845, ampliada, reafirmó la necesidad de instaurar una sociedad capitalista en Cuba a partir de la realidad colonial.

La Historia de la esclavitud desde los tiempos más remotos hasta nuestros días fue la obra cumbre de José Antonio Saco. Estructurada en cinco volúmenes, su autor investigó a fondo la esclavitud, uno de los temas claves para comprender el proceso de formación de la nación cubana. El primer volumen se publicó en 1875 en París, y el último, anotado y completado por el jurista y biógrafo cubano Vidal Morales y Morales (1848-1904), vio la luz en 1893.

En 1865, el pensamiento de Saco parecía acercarse al triunfo. En la Junta de Información, a la que resultó electo por Santiago de Cuba, defendió su idea de los Consejos Coloniales para promover la participación de los cubanos en la administración de la Isla. En 1867, al ser disuelta la Junta por los cambios políticos ocurridos en la península, Cuba tomó el camino que el ilustre bayamés quería evitar: la solución violenta mediante la revolución.

Un documento que conserva su actualidad es la carta que Saco escribiera al ministro de Ultramar, Manuel Seijas Lozano, el 23 de marzo de 1865, en la que el cubano refutó los discursos pronunciados por aquel en las Cortes españolas en ese año. Un párrafo de dicha carta pudiera aplicarse perfectamente a los discursos del actual mandatario cubano: "Si V.E. reconoce que no entiende (…), ¿por qué aceptó ese ministerio? ¿No será responsable V.E. de cuantos males puedan sobrevenir a la nación con las desatinadas medidas que necesariamente ha de dictar en materias que no están a su alcance?".

José Antonio Saco fue partidario de las tesis reformistas, favorables a la autonomía, sin necesidad de movimientos revolucionarios. Se le considera el máximo exponente del reformismo en Cuba y la figura política de mayor alcance teórico y conceptual de esta corriente política en el siglo XIX. Su obra sirvió de fundamento a las corrientes autonomista, independentista y anexionista.

A 226 años de su nacimiento, Cuba ha sido retrotraída a la época del ilustre cubano, quien se empeñó en forjar las bases para la transición gradual de la sociedad colonial a una sociedad capitalista. Hoy Cuba se encuentra sumida en un estado inferior al que Saco se propuso transformar.

El absurdo del retroceso histórico sufrido en todos los ámbitos radica en que si fuera posible aplicar las reformas que él promovió, significaría un adelanto respecto al estado de ruina a que ha sido conducida la nación cubana. Estamos, pues, en deuda con José Antonio Saco.

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¿ GASPAR BETANCOURT CISNEROS Vs JOSE ANTONIO SACO ?


Por  Pedro Pablo Arencibia Cardoso

Con el anexionismo, y también con el reformismo, se esperaba que se le diera solución a toda una serie de problemas sociales, políticos y económicos existentes en el país sin tener que jugar la carta de una impredecible revolución.


Gaspar Betancourt Cisneros (1803-1866), patricio anexionista conocido por El Lugareño, en su polémica con José Antonio Saco (1797-1879), reformista, planteaba:



Cuba anexada adquiriría riquezas sólidas, sin escrúpulos, zozobras ni peligros. Los 500 000 advenedizos como te place llamarlos, no serían por cierto 500 000 salvajes africanos, malayos, e indios, que es la gente que los Cubanos pueden esperar que les permita traer el gobierno de España para cruzar y perfeccionar su noble raza; sino que será 500 000 yankees, Alemanes, Franceses, Suizos, Belgas, Diablos y Demonios, pero Diablos y Demonios blancos, inteligentes, industriosos y además con máquinas, instrumentos, industrias, métodos, capitales y cuanto más poseen y emplean los hombres libres en la producción de la riqueza.52

(Gaspar Betancourt Cisneros)

Para Saco la anexión era sinónima de asimilación; o sea, pérdida de la nacionalidad cubana. Sin embargo, y paradójicamente, para Saco la no independencia de un país no negaba la existencia de un pueblo que posee su nacionalidad:

¿ se afirmará que solo existen cuando tienen una condición independiente ? Ahí está la historia de los pueblos para desmentir error tan capital.53

Debo aclarar que para Saco, la nacionalidad cubana era solamente aquella que poseía el menos de medio millón de blancos que habitaba la isla en ese momento histórico.

No obstante para conocer la real posición de Saco frente al anexionismo, es necesario leer el siguiente fragmento extraído del tomo III de Papeles sobre Cuba , citado por Aguirre:

... Si Cuba contase hoy cuatro o cinco millones de blancos, ¡con cuanto gusto no la vería yo pasar a los brazos de nuestros vecinos ! Entonces, por grande que fuese su inmigración, nosotros nos los absorberíamos a ellos, y creciendo y prosperando con asombro de la tierra, Cuba seria siempre cubana.54

pues anteriormente había escrito:

Contemplando lo que Cuba es bajo el gobierno español, y lo que sería incorporada en Estados Unidos, parece que todo cubano debiera desear ardientemente la anexión...55

(José Antonio Saco)

Saco ponía como única objeción el que esta anexión se tuviera que producir por la vía bélica con España y la ya comentada pérdida de la nacionalidad cubana por la numerosa migración norteamericana que se establecería en el país.

Es necesario profundizar en la figura de Saco y del reformismo para comprenderlos y calibrar mejor. Saco definía así su estrategia política cómo reformista:

No me avengo en política con la máxima todo o nada; guíome por la contraria, si no todo, algo; y cogiendo lo que me dan, sigo pidiendo para coger más.56

Samuel Huntington, destacado ensayista de nuestros tiempos, al comparar al reformista con el revolucionario plantea:

Los problemas del reformista son más complicados que los del revolucionario, en tres aspectos. En primer lugar, entabla por fuerza una guerra en dos frentes: contra los conservadores y contra los revolucionarios. Para triunfar es posible que tenga que luchar en muchos frentes con muchos participantes, y que sus enemigos en uno de tales frentes sean sus aliados en otro. El revolucionario tiene por objetivo polarizar la política, por lo cual intenta simplificar, dramatizar y amalgamar los problemas políticos en una sola dicotomía definida entre las fuerzas del ‘ progreso ‘ y las de la ‘ reacción ‘ . Trata de acumular divisiones, en tanto que el reformador tiene que diversificarlas y disociarlas. El revolucionario estimula la rigidez en política; el reformador, la fluidez y adaptabilidad. Aquél tiene que poder dicotomizar las fuerzas sociales, éste debe estar en condiciones de manipularlas. Necesita, pues, un tipo mucho más elevado de habilidad política que el revolucionario ... No sólo debe ser más diestro que el revolucionario en la manipulación de las fuerzas sociales, sino, además, poseer más refinamiento en lo referente al dominio del cambio social. Apunta hacia algún cambio, pero no un cambio total, sino gradual y no convulsivo ... Por consiguiente el reformador tiene que equilibrar los cambios de la estructura socioeconómica con los que realice en el sistema político, y hacerlos coincidir de tal manera, que ninguno de ellos resulte perjudicado.57

Nota del autor ¿GASPAR BETANCOURT CISNEROS Vs JOSE ANTONIO SACO?: las correspondientes  fuentes están dadas  explícitamente  en mi libro La Historia de Cuba que te ocultaron y otros temas:  

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Tomado de https://www.elcamaguey.org/

Carta de José Antonio Saco a Gaspar Betancourt Cisneros (19 de marzo de 1848)

París y Marzo 19 de 1848

Mi querido Narizotas:

No tengo que andar contigo con preámbulos. Conoces a fondo mi corazón y mis ideas, y por lo mismo, es inútil que te haga mi profesión de fe política. “Si los amigos de la Isla”, me preguntas, “te pusiesen aquí diez mil pesos, para que redactases un periódico, ¿aceptarías la honrosa responsabilidad?” Con la mano puesta sobre mi conciencia y con los ojos clavados en la patria, francamente respondo que no. Oye mis motivos pues tú y mis demás amigos tienen derecho a saberlos.

A los ojos del gobierno español y de casi todos los españoles soy insurgente, abolicionista y anexionista. Por consiguiente, un papel político redactado por mí, alarmaría desde el primer momento de su aparición a los opresores de Cuba. Por más templado que fuese el lenguaje, por más circunspectas que fuesen las formas, el fondo del papel irritaría a muchos, pues es imposible defender los intereses materiales, políticos y morales de Cuba, sin concitar el odio y la venganza de los gobernantes y del gran partido unido a ellos. Estas consideraciones se agravan con el hecho de redactarse el periódico en un país extranjero, en un país vecino, en un país republicano, en un país que, según dicen muchos, y según empiezan ya a creer España y los españoles, aspira a la posesión de Cuba. ¿Crees, pues, que las autoridades de esta Isla dejarían circular allí semejante periódico? Para eso sería menester o que ellas faltasen a su deber, es decir, a su misión española, o que el papel no fuese lo que debe ser; pero estemos ciertos de que ni las autoridades dejarían de ser fieles a su sistema opresor, ni yo tampoco me olvidaría de lo que he sido ni de lo que debo ser. Prohibida la entrada del periódico en Cuba, ¿no se perderían los $10 000? Y aun cuando no se perdiesen ¿no queda frustrado el gran objeto de la empresa? A mí personalmente me sería útil aceptar la proposición que me haces; pero ahora no se trata de mi persona, y yo sería infiel a mis amigos, y criminal con mi patria, si abrigase otras ideas. Mas, el papel podrá decirse, se introducirá furtivamente. Esto ocasionaría graves males. La persecución se alzaría, abriríase una nueva era de infames delaciones, y al son de que recibían o leían el papel, muchos inocentes serían sacrificados.

A menos inconvenientes está expuesta la redacción de un periódico en Madrid; porque al fin lleva el sello nacional, y aun en cierta manera podría contener algunas demasías de los mandarines de Cuba; porque denunciados los abusos en la misma capital del Reino, la oposición que allí hace un partido al gobierno, alguna que otra vez podría dejarse oír en las Cortes, no por amor a Cuba, sino como arma ofensiva y provechosa a sus intereses. A pesar de esto, yo no estoy tampoco por la redacción de un periódico cubano en Madrid, a lo menos por ahora; porque si es verdaderamente cubano, además del riesgo que hay en que prohíban su entrada en Cuba, el redactor estaría entre las garras del león, y podría ser despedazado.

En tu última carta me tocas una especie de grandísima importancia, y aprovecho esta ocasión para que tú y mis demás amigos sepan cómo pienso sobre este particular. ¿Conviene a Cuba reunirse a los Estados Unidos? Atendiendo a lo que hoy somos bajo España, no hay cubano que desee esa reunión. Pero esta cuestión, que parece tan sencilla en teoría, presenta dificultades y peligros cuando se viene a resolver prácticamente. La incorporación sólo puede conseguirse de dos modos: o pacíficamente o por la fuerza. Pacíficamente, es una ilusión, y menos en las actuales circunstancias, pues no es creíble que España se deshaga de la importantísima Cuba. Si esta ilusión fuera realizable, el cambio se haría tranquilo y sin riesgo de ninguna especie. En cuanto a mí, a pesar de que conozco las inmensas ventajas, que obtendría Cuba con esa incorporación pacífica, debo confesar con todo el candor de mi alma, que me quedaría un reparo, un sentimiento secreto por la pérdida de nuestra nacionalidad, de la nacionalidad cubana. Somos en Cuba algo más de 400 000 blancos. Nuestra Isla puede alimentar algunos millones de ellos. Reunidos a Norteamérica, la emigración de éste a Cuba sería muy abundante, y dentro de pocos años, los yankees serían más numerosos que nosotros, y en último resultado no habría reunión o anexión sino absorción de Cuba por los Estados Unidos. Verdad es que la isla siempre existiría; pero yo quiero que Cuba sea para los cubanos y no para una raza extranjera.

Nunca olvidemos que la raza anglo-sajona difiere mucho de la nuestra por su origen, lengua, religión, usos y costumbres, y que desde que se sienta con fuerza a balancear el número de cubanos, aspirará a la dirección política y general de todos los asuntos de Cuba; y la conseguirá no sólo por su fuerza numérica, sino porque se considerará como nuestra tutora o protectora, estando mucho más adelantada que nosotros en materia de gobierno, ciencias y artes. La conseguirá, repito; pero sin hacernos ninguna violencia, antes bien, usando de los mismos derechos que nosotros.

Ellos se presentarán ante las urnas electorales, nosotros también nos presentaremos: los norteamericanos votarán por los suyos, y nosotros por los nuestros; pero como ellos estarán ya en mayoría, los cubanos se verán excluidos, según la misma ley, de todos o casi todos los empleos y públicos destinos: y dolorosa situación es por cierto que los hijos, los verdaderos amos del país, se vean postergados en su propia tierra por una raza advenediza. Yo he visto esto en otras partes, y sé que en mi patria también lo vería. Muchos tacharán estas ideas de exageradas y aun las tendrán por delirio. Bien, podrán ser cuanto se quiera; pero yo desearía que Cuba no sólo fuese rica, ilustrada, moral y poderosa, sino que fuese también Cuba cubana y no anglo-sajona. La idea de la inmortalidad es sublime, porque prolonga la existencia de los individuos más allá del sepulcro, y la nacionalidad es la inmortalidad de los pueblos y el origen más puro del patriotismo. ¡Ah! Si Cuba tuviese hoy dos o más millones de blancos, ¡con cuánto gusto no la vería yo pasar a los brazos de nuestros vecinos! Entonces, por grande que fuese la inmigración de los norteamericanos, nosotros nos los absorberíamos a ellos, y creciendo y prosperando con asombro de los pueblos, Cuba sería siempre cubana.

A pesar de todo, si por uno de los más extraordinarios acontecimientos, la reunión pacífica de que he hablado, pudiese realizarse hoy, yo ahogaría mis sentimientos dentro del pecho y votaría por la anexión.

El otro modo de incorporación podrá ser por la fuerza. ¿Pero es asequible? Tenemos en Cuba 700 000 negros. Los blancos somos criollos y españoles; y aunque aquéllos son más numerosos, éstos son más fuertes; porque casi todos son hombres en estado de tomar las armas, tienen el poder, el ejército, la marina, la posesión de todos los puntos fortificados de la Isla, y las ventajas que da un gobierno organizado. Quiero conceder lo que no es, quiero conceder que todos los criollos desean y estén pronto a pelear por la anexión, ¿sucederá lo mismo respecto de los españoles? Habrá quizás un cortísimo número entre los ricos, que creyendo en el gran aumento que tendrán sus bienes con la anexión, pensarán como los criollos; pero de seguro que la inmensa mayoría no la quiere, porque de amos del país que son hoy, no pasarán gustosos a la dominación de un pueblo extranjero. En este estado, ¿cómo se llegará a la incorporación forzada? ¿Quién inicia el movimiento? ¿Los norte-americanos, o nosotros? Si los norte-americanos, con sólo el hecho de invadir a Cuba, ya declaran la guerra a España. Si nosotros, y no contamos más que con nuestros propios recursos, es el mayor desatino que se puede cometer, pues no lograríamos nuestro intento, y aun cuando lo lográsemos, esto probaría que habiéndonos bastado a nosotros mismos para sacudir el yugo español, que es entre nosotros la empresa más difícil, deberíamos constituirnos en pueblo independiente, sin agregarnos a nadie después de la victoria. ¿Contamos con los auxilios del Norte-América? Estos auxilios, para que sean eficaces, deben ser francos, públicos; en una palabra, tirar el guante por nosotros y pelear con todo el mundo. Resulta, pues, que ora el movimiento sea iniciado por los Estados Unidos, ora por nosotros con su auxilio franco y declarado, la guerra con España es inevitable, y esta guerra va a tener a Cuba por teatro. ¿Pero hay hombre que conociendo nuestra situación, no prevea que esa guerra, aun cuando sólo durase poco tiempo, puede ser la ruina de Cuba para los cubanos? ¿Está tan destituido de recursos el gobierno de Cuba, que no pueda hacer frente por algún tiempo a un ejército invasor? ¿No llamaría, si se sintiese débil, no llamaría a su apoyo a los negros, armándolos y dándoles la libertad? Y llegado este caso tremendo, dónde está la ventura de los cubanos que piensan encontrar su dicha uniéndose al pabellón americano? ¿No habría alguna nación poderosa que solapada o abiertamente sostuviese a España en la lucha? ¿No le daría Inglaterra recursos y soldados, pero soldados negros que simpatizarían de todo corazón con los nuestros? Inglaterra tendría en Cuba un partido poderoso a su favor. Contaría con los españoles, porque defendería los intereses de su metrópoli; y con los negros, porque éstos saben que ella les da libertad, mientras los Estados Unidos tienen a los suyos en dura esclavitud. ¡No, Gaspar, no, por Dios! Apartemos del pensamiento ideas tan destructoras. No seamos el juguete desgraciado de hombres que con sacrificio nuestro quisieran apoderarse de nuestra tierra, no para nuestra felicidad, sino para su provecho. Ni guerra, ni conspiraciones de ningún género en cuba. En nuestra crítica situación, lo uno o lo otro es la desolación de la patria. Suframos con heroica resignación el azote de España; pero sufrámoslo, procurando legar a nuestros hijos, si no un país de libertad, al menos tranquilo y de porvenir. Tratemos con todas nuestras fuerzas de extirpar el infame contrabando de negros; disminuyamos sin violencia ni injusticia el número de éstos; hagamos lo posible por fomentar la población blanca; derramemos las luces; construyamos muchas vías de comunicación; hagamos en fin, todo lo que tú has hecho, dando tan glorioso ejemplo a nuestros compatriotas, y Cuba nuestra Cuba adorada, será Cuba algún día. Éstos son mis ardientes votos y estos deben ser los tuyos y los de todos nuestros amigos.

Tuyo

Saco

Tomado de José Antonio Saco: Obras. Ensayo introductorio, compilación y notas de Eduardo Torres-Cuevas. Biblioteca de Clásicos Cubanos. La Habana, Imagen Contemporánea, 2001, Vol.V, pp.252-256.

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Página del libro Jose Antonio Saco y sus ideas cubanas, de la autoría de Fernándo Ortiz, donde se muestra una esclarecedora valoración de Manuel Márquez-Sterling sobre el anexionismo cubano y sus partidarios..

Un anexionista poco conocido: 


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Algunos versos de José Martí sobre el anexionismo y los anexionistas:

Martí, en una carta rimada del 21 de octubre de 1889 (Tomo 16, 354-358), dirigida a un antiguo compañero y colaborador, el anexionista Néstor Ponce de León, expuso sus convicciones antianexionistas pero a la vez el respeto a las ideas de los demás.

A mi Señor Néstor Ponce de León:
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Viene a decirme Capriles
Que alguien dijo en Broadway,
Que en mi discurso exclamé:
“¡Los anexionistas viles!
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¡Bien y con mucha razón
Me mandó usted el recado
De tenerme preparado
El espinudo bastón!
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Miente como un zascandil
El que diga que me oyó
Por no pensar como yo
Llamar a un cubano “vil”
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Donde no nos puedan ver
Diré a mi hermano sincero:
“¿Quieres en lecho extranjero
A tu Patria, a tu mujer? ”
*
Pero enfrente del tirano
Y del extranjero enfrente,
Al que lo injurie: “Detente”
Le he de gritar: “¡Es mi hermano!”
*
En la Patria de mi amor
Quisiera yo ver nacer
El pueblo que puede ser,
Sin odios y sin color.
*
Quisiera, en el juego franco
Del pensamiento sin tasa,
Ver fabricando la casa
Rico y pobre; negro y blanco.
*
Y cuando todas las manos
Son pocas para el afán,
¡Oh, patria, las usarán
En herirse los hermanos!
*
Algo en el alma decide,
En su cólera indignada,
Que es más vil que el que degrada
A un pueblo, el que lo divide.
**
¿Quién con injurias convence?
¿Quién con epítetos labra?
Vence el amor. La palabra
Sólo cuando justa, vence.
*
Si es en uno el honor, los modos
Varios se habrán de juntar:
¡Con todos se ha de fundar,
para el bienestar de todos!
*
Su Martí, N.Y. 21 de octubre de 1889
*

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viernes, noviembre 10, 2023

Algunos apuntes necesarios sobre la persona de Don Tomás Estrada Palma, su petición de intervención norteamericana y mostrar qué gobierno cubano verdaderamente participó en la derogación de la Enmienda Platt

Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

Don Tomás Estrada Palma  no quería ser Presidente de la República de Cuba en 1902; Máximo Gómez fue una de las personas que más influyó para que aceptara ser candidato .

Realmente la frase ¨Loco es aquel que sigue cometiendo los mismos errores tratando de obtener un resultado diferente¨,  y otras frases similares,  se le atribuye erróneamente a Albert Einstein.  La frase original es: ¨Insanity: Doing the same thing over and over again and expecting different results.¨ y la expresión es de la autoría de la  novelista  Rita Mae Brown; una novela  autobiográfica  suya es Rubyfruit Jungle. Tengo la opinión que para que la frase sea cierta, le falta puntualizar:   siempre que las condiciones bajo las cuales  se está haciendo la repetición .sean las mismas.  

Don Tomás Estrada Palma no fue el único que votó por la destitución de Carlos Manuel de Céspedes y López del Castillo  como Presidente  de la República en Armas; hasta Fornaris, un primo de  Céspedes, votó en contra. Ignacio Agramonte y Loynaz (primo de Ana de Quesada y Loynaz, la esposa de Carlos Manuel)  fue uno de los que pedía la destitución de Carlos Manuel:


Quizás la más notoria de todas las reacciones en contra de Céspedes, la hizo el General Ignacio Agramonte, primo de Ana de Quesada, quien se declaró abiertamente enemigo de Céspedes, escribiéndole una carta a la Cámara el día 26 de Abril de 1870 en la que incitaba a deponer al Presidente.

(Ignacio Agramonte y Loynaz)

A continuación fragmentos de esa carta:

«… ¿Hasta dónde nos llevarán las contemplaciones y la falta de energía de la Cámara de Representantes? ¿Hasta cuándo aparecerá impasible ante tantos abusos? ¿Esperará que Carlos Manuel y sus Secuaces arruinen el país, para proceder con energía?

No parece sino que se quiere acabar con el Camagüey para poder decir luego neciamente, cuando se le haya reducido a la impotencia, que no hace nada, que el enemigo se pasea impunemente en su territorio; y en tanto sus Representantes que conocen el mal, que lo palpan como yo, y como todos, sufren y callan por contemplaciones que se avienen mal con la marcha firme y enérgica que exige toda revolución y la conciencia de todo buen patriota.

Piensen, amigos míos, que contraen responsabilidades ante los hermanos cuya confianza tienen, ante su conciencia y ante la Historia, los Representantes del Camagüey que permiten se les sacrifique en aras de celos mezquinos y de un encono injustificable; y de una vez pongan coto á esa explotación y á esa devastación inmotivada que amenazan hundir el país y la Revolución»

De V. V. de corazón. — Ignacio Agramonte y Loynaz.
Quemado de Cubilas, Mayo 21 de 1870

En ese mismo enlace de El Veraz se lee, entre otras, la petición de Estrada Palma que se destituyera a Céspedes: 

Hizo entonces uso de la palabra Tomás Estrada Palma quien se convertiría en el cuarto Presidente de la Republica en Armas y el primer Presidente en la historia de Cuba como República. Aquí presentamos fragmentos de sus palabras:

«…por desgracia, eran los hechos tan notorios, tan públicos y entrañaban tan grave trascendencia, que sería un crimen de lesa nación pasarlos desapercibidos, y más criminal aún la conducta de la Cámara de Representantes, si impuesta y convencida de aquellos, no dictase la única medida que cabía: la deposición de Carlos Manuel de Céspedes del cargo de Presidente de la República. Añadió entonces que no se detendría en el sistema de favoritismo observado por Céspedes y tantas veces puesto en práctica, ya confiriendo grados militares á deudos y amigos suyos, ajenos á todo mérito, ya colocándolos en los más elevados destinos contra la opinión pública y contra el interés y conveniencia de la patria ; que sólo se concretaría á las infracciones de la Constitución en que más resaltaba su marcado propósito de erigirse en único poder»

Más adelante se lee lo siguiente respecto a la opinión del  mando militar y el resultado de la votación de los diputados: a la Cámara:

No hubo un solo General de renombre que alzara su voz a favor de Céspedes. Por el contrario se sospecha que los Generales increparon a la Cámara por la lentitud en la destitución de Céspedes.
ncluso el mismo 24 de Diciembre, el General Vicente García le escribe una carta a Gómez, en la cual manifestaba que en virtud de la aparente pasividad de la Cámara, tocaba a los jefes militares tomar la iniciativa para la deposición de Céspedes.
La destitucion de Céspedes como Presidente de la Republica en Armas, fue por amplia mayoria de los Diputados, de 9 Diputados 8 lo hicieron a favor de la destitucion.

Tengamos en cuenta al leer las siguientes palabras de Don Tomás en una carta que le envió  a su gran amigo Teodoro Pérez Tamayo  fechada en Matanzas el 10 de octubre de 1906:

"... que es preferible cien veces para nuestra amada Cuba una dependencia política que nos asegure los dones fecundos de la libertad, antes que la República independiente y soberana, pero desacreditada y miserable por la acción funesta de periódicas guerras civiles ..."

Que José Martí escribió:

¨Y no quiero a mi patria ¡no! víctima de capataces. La prefiero esclava de los demás a verla esclava de sus hijos.¨ ( citada por Pichardo, p. 189). Esta cita fue tomada del capítulo Mi Patria del libro José Martí. Lecturas para niños, de la notable historiadora cubana, fallecida en Cuba, Hortesia Pichardo   en  la edición publicada en Cuba en 1990 por el Combinado Poligráfico de Guantánamo. 

Finalmente: Don Tomás Estrada Palma disuelve el Partido Revolucionario Cubano (PRC)  porque:

1)  Se había cumplido el Artículo 1 de  las bases  de dicho partido :  El Partido Revolucionario Cubano se constituye para lograr, con los esfuerzos reunidos de todos los hombres de buena voluntad, la independencia absoluta de la Isla de Cuba, y fomentar y auxiliar la de Puerto Rico.  Ya que, en papeles, en el Congreso de los Estados Unidos de América se había logrado asegurar la independencia  de Cuba mediante  la Resolución Conjunta (Joint Resolution) y, por medio de  la Enmienda Teller, la renuncia  de EE.UU. a cualquier intención de anexarse a Cuba.

2) Dado que para pertenecer  al  Partido Revolucionario Cubano (PRC)   lo que se pedía básicamente era que la persona deseara la Independencia de Cuba,  éste  agrupaba a personas de muy variadas tendencias políticas e ideológicas,  por lo cual,  concluida la Guera Hispano Cubana Norteamericana,  era necesaria su disolución para  conformar durante el período del gobierno interventor norteamericano,  los diferentes partidos políticos que participarían en la vida política de la  República de Cuba.

Mucho más en mi libro:


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Tomado de https://ebetania.wordpress.com

Libro sobre Don Tomás Estrada Palma

Por  ebetania (Editorial Betania)
noviembre 16, 2015 

 Antes de “Cuba Libre”. El surgimiento del primer presidente de Cuba: Tomás Estrada Palma (Betania, 2015) de la profesora  Emérita cubana Margarita García (Universidad de Montclair) y residente en New Jersey, EE.UU.

En este ensayo se investiga la trayectoria política y humana del primer presidente de la República de Cuba (1902-1906): desde su inmediata incorporación a la Guerra Grande (1868) a su presidio político en España y su destierro en Nueva York, donde fundó su famosa escuela reseñada por Martí en Patria. Llegó a ser el Delegado del Partido Revolucionario Cubano (PRC) tras la muerte de El Apóstol hasta su final designio como mandatario del naciente Estado cubano.

(Tomás Estrada Palma (1835-1908) )

La doctora García, con esta documentada entrega,  ha creado un retrato del hombre antes de que éste encontrara el “océano de dificultades” de la presidencia (como dijo George Washington al ser elegido) que finalmente le abrumaron.  En esta investigación se relata los antecedentes poco conocidos de Tomás Estrada Palma (Bayamo, 1835- Santiago de Cuba, 1908), desarrollando su historia a través de tres continentes: desde su paso por celdas de la prisión colonial hasta la preparación de expediciones insurgentes para desembarcar en la Isla e ingeniosos esquemas de recaudación de fondos para la lucha independentista cubana. Esta obra, con fotos nunca vistas e ilustraciones difíciles de encontrar, recuenta la historia íntima de alguien que fue algo más que un patriota, porque Don Tomás fue, sobre todo, un maestro de vocación y profesión, un hombre culto y refinado; además de un revolucionario idealista, un hombre escrupulosamente honesto y un presidente testarudo.

Estas 200 páginas son el resultado de más de diez años de investigación, estudio y viajes donde la doctora García logra trazar, con mano certera,  la brillante trayectoria de unos de los cubanos más ilustres pero también más olvidado y ninguneado de finales del siglo XIX y comienzos del XX. Lectura que recomendamos encarecidamente, pues este magnífico trabajo nos brinda una realidad histórica que precisamente el castrismo quiso ocultar y hasta negar desde  que se instauró el régimen de1959.

El libro se cierra con una extensa bibliografía y un índice onomástico que ayuda a su lectura. La portada fue especialmente creada por Paul Caicedo para esta edición.
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Margarita García. Nació en La Habana, donde estudió en el Colegio Trelles y en Ruston Academy.

En Estados Unidos de América, obtuvo un PhD en Psicología Experimental en la Universidad de Columbia en Nueva York.  Trabajó 38 años de profesora en el Departamento de Psicología de la Universidad de Montclair  (New Jersey), de donde se retiró con el grado de Profesora Emérita.

Antes de “Cuba Libre”. El surgimiento del primer presidente de Cuba: Tomás Estrada Palma, de Margarita García.
200 pp., 2015. Colección ENSAYO.
ISBN: 978-84-8017-359-9.
PV:   20.00 euros ($25.00).
Pedidos directamente a Betania:  ebetania@terra.com o editorialbetania@gmail.com
Este libro se puede adquirir en AMAZON: https://www.amazon.com

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Artículo publicado inicialmente  en la sección Centenario de la República  de la revista Vitral de la Diócesis de Pinar del Río en el año 2001 ó 2002 cuando el autor aún vivía en Cuba.

P
or Pedro Pablo Arencibia 

El contenido de la Constitución de 1901 está muy asociado con las circunstancias existentes en esos momentos de nuestra historia patria; no obstante este hecho, sus antecedentes ideológicos se encuentran en la Revolución Americana de 1776 y la Revolución Francesa de 1789. Esta Constitución puso su atención en los derechos individuales de los cubanos y en un régimen democrático presidencialista con ciertas características autoritarias que se vería interrumpido por el régimen semiparlamentario aprobado por la Constitución de 1940 ( el cual fue propuesto por José Manuel Cortina) y llevado a la práctica por el gobierno de Fulgencio Batista y Zaldívar en el período 1940-1944.

Sobre la base de la Constitución aprobada, el derecho al voto en las elecciones de 1902 se ejerció sin tener en cuenta limitaciones alguna (en el sentido de aquellos tiempos, pues por ejemplo, las mujeres no votaron) y el presidente cubano no fue elegido por votación directa de la población votante, pues la elección del presidente se llevó a cabo a través de los compromisarios o miembros de un colegio especial, siguiendo el modelo electoral norteamericano. El 31 de diciembre de 1901 fueron elegidos los compromisarios que en febrero de 1902 tuvieron la tarea de elegir la presidencia de la República de Cuba.

Las primeras elecciones celebradas en nuestro país no fueron ejemplares: la coalición de partidarios de Bartolomé Masó concertó irse al retraimiento y producto de ello triunfaron fácilmente los partidarios de Estrada Palma, cual si fuera una carrera de un solo caballo. Este retraimiento se produjo, según la versión más difundida y pública en aquel entonces, porque los partidarios de Estrada Palma obtuvieron todas las posiciones en la Junta Electoral con el consentimiento de Leonardo Wood, gobernador militar de Cuba en esos momentos.

El futuro primer presidente cubano, Don Tomás Estrada Palma llegó al país en el propio mes de mayo. Estrada Palma era una figura vista con beneplácito por el gobierno interventor, y que por los méritos revolucionarios y por las virtudes ciudadanas que había manifestado hasta ese momento, era digno de tan alta responsabilidad, aunque después se vio, que no era el hombre para gobernar en un país con esa situación política.

La candidatura de Don Tomás Estrada Palma fue apoyada por prestigiosas personalidades de nuestras guerras independentistas: Máximo Gómez, Manuel Sanguily, Gonzalo de Quesada, José Miró Argenter, Alfredo Zayas, Martín Morúa Delgado, etc. Es justo y necesario decir que Estrada Palma en un primer momento, había rechazado la proposición que le había hecho Máximo Gómez para que fuera candidato presidencial. Como una disgresión diré, que el Marqués de Santa Lucía, Enrique Collazo y García Vélez acusaron públicamente a Estrada Palma en la campaña electoral de 1901 de ser un "americanizado", pero no pudieron probarlo.

La imagen pública y la trayectoria de Don Tomás eran la de un patriota que había luchado durante 30 años por la independencia de Cuba. En la Guerra de los Diez Años había sido Vicepresidente de la Cámara de Representantes, Secretario de Relaciones Exteriores y Presidente de la República en Armas. Fue la segunda figura del Partido Revolucionario Cubano (PRC) al ser éste fundado por José Martí. Después de la muerte del Apóstol de la Independencia cubana, Don Tomás ocupó la primera posición, o sea, la de Delegado, la cual fue desempeñada con honestidad y dedicación según se puede leer en " Apuntes de la Guerra" del General Enrique Loynaz del Castillo, y tal es así, que pese a que existieron ciertos roces entre él y Manuel Sanguily cuando Don Tomás era Delegado del PRC, Sanguily supo distinguir entre la persona y el cargo y como ya mencionamos, lo propuso como Presidente.

El pueblo cubano también conocía los grandes esfuerzos de cabildeo que había realizado para obtener del gobierno norteamericano el reconocimiento de la independencia cubana en la Resolución Conjunta. Tal es así que en el segmento de la población al que la revista El Fígaro le hizo una encuesta1 para conocer la opinión de quién debía ser el presidente de la república que se instauraría, los resultados fueron: Máximo Gómez (798 votos), Tomás Estrada Palma (234 votos) y Bartolomé Masó (156 votos). Máximo Gómez, como muchos sabemos, declinó la proposición como aspirante a esa alta responsabilidad, alegando su condición de dominicano. No está de más enfatizar, sobre la base de estas cifras, en el gran espaldarazo que significó para Estrada Palma el apoyo que Máximo Gómez le dio a su candidatura; además del hecho, que Máximo Gómez al apoyar a Estrada Palma, apoyaba en esas elecciones al adversario de Bartolomé Masó, Presidente del Consejo de Gobierno con el cual Gómez tuvo serias desavenencias en el transcurso de la Guerra de Independencia de 1895 y el cual se había adherido con la decisión de la Asamblea del Cerro (decisión tomada después de concluida la Guerra Hispano Cubana Norteamericana) de destituir a Máximo Gómez como Generalísimo del Ejército Libertador, y eso, el pueblo admirador del Generalísimo que había producido ante aquella decisión multitudinarias y espontáneas manifestaciones en contra de esa decisión, no lo había olvidado.

Algunos historiadores le dan, a mi entender, una desmedida valoración histórica a la figura de Masó y consideran que hubiera sido muy diferente la historia de esa etapa si él hubiera triunfado, pues Bartolomé Masó era portador de una notable actitud antiplattista. Esos historiadores se olvidan que el futuro presidente de la República iba a gobernar un país regido en cierto grado por instituciones, y sobre todo, por una Constitución a la cual se debía; además, Bartolomé Masó fue el último presidente del Consejo de Gobierno; su elección había sido el 29 de octubre de 1897 y bajo su gobierno en armas se había aprobado la proposición del delegado plenipotenciario de ese gobierno en el extranjero, Don Tomás Estrada Palma, de supeditar las fuerzas cubanas al mando norteamericano; dicha aprobación se efectuó el 10 de mayo de 1898, cuando aún no habían desembarcado las tropas norteamericanas. Esa decisión fue tomada sobre la base que los insurgentes cubanos debían hacer causa común con Estados Unidos, país valorado como...nación justa, poderosa y fuerte, dispuesta a coadyuvar con nosotros2. Deseo señalar también, que el mando militar cubano, representado por el Generalísimo Máximo Gómez, aprobó también la intervención norteamericana; la mencionada aprobación se encuentra en el último párrafo de una carta de respuesta (de fecha discutida: 20 de marzo de 1898 o principios de mayo de ese año) al gobernante español en Cuba, Capitán General Ramón Blanco:

"Así son para mí las naciones, y hasta el presente, sólo he tenido motivos de admiración hacia los Estados Unidos. He escrito al Presidente Mc Kinley y al general Miles, dándoles gracias por la intervención americana en Cuba. No veo el peligro de nuestro exterminio por los Estados Unidos, a que usted se refiere en su carta. Si así fuese, la historia los juzgará."3

Después de esta carta vendrían los fundados recelos del Generalísimo por la dilatada permanencia de las tropas norteamericanas en el país después de concluida la guerra.

Un argumento que en más de una ocasión se ha utilizado en contra de Estrada Palma es que en su exilio se acogió a la ciudadanía americana; argumento utilizado para demostrar su pro-norteamericanismo, ese argumento no tiene realmente ningún valor, pues, realmente a lo que había renunciado Don Tomás con esa ciudadanía, era a ser ciudadano español, pues en esos momentos no existía la ciudadanía cubana. Muchos otros patriotas cubanos que vivían en los E.U. se hicieron también ciudadanos americanos. La ciudadanía norteamericana era un privilegio que le proporcionaba ventajas personales a la persona en particular; pero, esas ventajas en no pocas ocasiones fueron usadas para beneficio de la causa cubana.

Otro de los argumentos4 en contra de Estrada Palma (pero usado menos frecuentemente que el anterior) fue la participación que tuvo en la Guerra de los Diez Años en la destitución, justa o no, de Carlos Manuel de Céspedes como Presidente de la República en Armas, su vecino de Bayamo, cuando realmente la figura clave en ese hecho fue Calixto García Íñiguez al poner sus tropas a disposición de los impugnadores de Céspedes, entre los que se encontraba hasta un primo del Padre de la Patria. Deseo señalar que después de concluida la Guerra Cubano Hispano Norteamericana, la figura de Calixto García era la que más frecuentemente se manejaba con aprobatorio interés por parte de militares y políticos norteamericanos para el manejo de los futuros destinos de Cuba, pero Calixto García murió repentinamente en un viaje a E.U. como integrante de una importante delegación cubana.

El programa de gobierno de Estrada Palma aparece, por primera vez y de manera extraoficial (según expone el Dr. Ibarra en su libro citado), en una carta de éste al general Rius Rivera de fecha 7 de septiembre de 1901. Ese plan consistía fundamentalmente en:

1) La necesidad de pagar al Ejército Libertador los haberes que la nueva República le adeudaba.
2) La conveniencia de establecer relaciones estables entre los Estados Unidos y Cuba desde los puntos de vista político y comercial.
3) El empleo honesto y eficaz de los exiguos fondos que Cuba podría allegar para compensar el gran desastre producido por la guerra.

Este elemental plan de gobierno se cumplió en la primera etapa de su gobierno, la cual se caracterizó por la prudencia y la austeridad, El gobierno de esta etapa fue desempeñado con una concepción paternalista.

Para cumplir la primera tarea de ese plan, Estrada Palma solicitó, y le fue otorgado, un empréstito de 35 millones que se hizo con la casa Speyer y Cia. de Nueva York al interés del 5% para el pago del Ejército Libertador y para impulsar la industria y la agricultura del país. En la tabla de la página 466 del libro de Ibarra aparece el resumen de la Comisión Liquidadora de Haberes del Ejército Libertador.

En la segunda mitad de su primer mandato, Don Tomás dio muestras de un carácter obstinado y terco, pero a la vez, fácil al halago. Esto último lo llevó a creerse una persona indispensable para el bien de la patria (el mesianismo de tantos políticos), llegando incluso a darle un matiz autoritario a su gobierno. Don Tomás no se acordaba de ese viejo refrán español: "el cementerio esta lleno de indispensables".

El presidente norteamericano Teodoro Roosevelt en su carta a Gonzalo de Quesada del 14 de septiembre de 1906 - en la que le muestra su preocupación por la posibilidad de tener que tomar la decisión, como presidente de los E.U., de intervenir en Cuba - hace indirectamente una evaluación del período de gobierno de Estrada Palma:

" Durante siete años Cuba ha disfrutado de un estado de paz absoluta y su prosperidad se ha desarrollado de una manera lenta, pero segura. Cuatro años también han transcurrido durante los cuales esa paz y esa prosperidad se consolidaban bajo su gobierno propio e independiente."5

Esa paz se vio rota por los deseos de reelección de Estrada Palma en 1906 y la acusación de fraude en esas elecciones. Los sublevados no acusaban de fraude en la reelección particular del presidente sino en la elección de cargos intermedios. El general Freyre de Andrade posteriormente le confesó a una comisión norteamericana que efectivamene se había cometido fraude en esas elecciones.

El 20 de mayo de 1906 comenzó Estrada Palma su segundo período y en agosto estalló "la guerrita de agosto" en las que estuvieron implicados José Miguel Gómez, general de nuestra última guerra, y otros antiguos y destacados luchadores independentistas.

Estrada Palma insistió en que los norteamericanos intervinieran pese a que el embajador norteamericano Steinhard le había dado a conocer la renuencia del Presidente Teodoro Roosevelt a intervenir. Los alzados, en particular el mayor contingente de alzados: el comandado por Pino Guerra en Pinar del Río, deseaban también la intervención norteamericana. El embajador cubano en Washington, Gonzalo de Quesada, se dirigió en una misiva a Teodoro Roosevelt describiendo la situación y solicitando la ayuda norteamericana al gobierno de Estrada Palma. En este escenario es cuando se escribe la ya citada carta de Roosevelt a Quesada del 14 de septiembre. Esa importante carta así como un esclarecedor telegrama de Roosevelt a Estrada Palma, se encuentran de manera íntegra en las páginas que van desde la 282 hasta la 285 del segundo tomo de "Documentos para la Historia de Cuba" de la doctora Hortensia Pichardo y en ambos se pueden observar los esfuerzos que hizo el Presidente Teodoro Roosevelt para no intervenir en Cuba.

Fernando Ortiz escribió el 6 de enero de 1919 en El Heraldo de Cuba y a raíz del deceso de Roosevelt: " Encarnó como ningún otro, el espíritu generoso de la Unión por la prosperidad de Cuba libre". En ese mismo diario, pero al día siguiente, Enrique José Varona expresó sobre Roosevelt: "Nos dio su consejo sano y desapasionado en momentos de prueba para la nación".

La actitud terca y egoísta de algunos cubanos y la posible afectación de los intereses económicos norteamericanos en Cuba fueron, entre otras, las causas fundamentales que dieron lugar a que los norteamericanos, amparados por la Enmienda Platt, intervinieran en nuestro país por segunda ocasión.

Para valorar justamente el desempeño y la persona de Estrada Palma debemos hablar de la gran honestidad que siempre mostró en todas sus responsabilidades; de su honradez, de su austeridad; del noble propósito de darle cierta remuneración a los veteranos mambises mediante la solicitud de un empréstito de varias decenas de millones (la mencionada remuneración había sido prometida por varios altos jefes de la Guerra en el transcurso de la misma); de la ley del 9 de enero de 1904 que ordenaba distribuir las tierras baldías entre los veteranos, iniciando así, el proceso de protección al campesinado; del aumento extraordinario del número de escuelas públicas; del incremento que tuvo bajo su gobierno la emigración española; debemos hablar de la expulsión como persona non grata del Ministro Plenipotenciario de Estados Unidos en La Habana, Mr. Hebert G. Squiers, por hacer declaraciones a favor de los norteamericanos residentes en Isla de Pinos que en 1903 iniciaron un movimiento con el objetivo que la mencionada isla fuera anexada a los Estados Unidos (leer página 257 de la obra citada de H. Pichardo), lo cual nos habla claramente en contra de la adjudicación a Estrada Palma de un papel de hombre fácilmente manipulable, el cual nunca tuvo; también debemos hablar sobre sus discusiones con respecto al número de bases carboneras norteamericanas en Cuba y con respecto a las gestiones que realizó, a inicios de 1904, para concertar un Tratado de Reciprocidad con Inglaterra. Hortensia Pichardo opina lo siguiente sobre las negociaciones que se llevaron a cabo con los E.U. con relación a las carboneras o estaciones navales:

"Un triunfo diplomático se anotó Cuba al conseguir que las bases fueran arrendadas, no vendidas o concedidas y que La Habana de ningún modo figurara entre ellas.

Otro triunfo se anotó Cuba con respecto al número de las bases, pues los Estados Unidos pretendían cuatro, incluidas en ellas algunas de las mejores bahías de Cuba, Guantánamo, Nipe, Bahía Honda y Cienfuegos, pero al fin quedaron reducidas a dos: Guantánamo y Bahía Honda, y más tarde a Guantánamo solamente.

De acuerdo con el Tratado, los Estados Unidos ejercerían jurisdicción sobre las tierras arrendadas mientras las ocuparan, pero reconocían la soberanía de Cuba sobre dichas tierras."

Es importante señalar que esas negociaciones con relación a las carboneras así como las gestiones que se llevaron a cabo para concertar el Tratado de Reciprocidad con Inglaterra hicieron posible el Tratado Hay-Quesada del 2 de marzo de 1904 por el cual los Estados Unidos renunciaban a favor de la República de Cuba toda reclamación del derecho a Isla de Pinos, hoy Isla de la Juventud.

Cuando valoramos la persona de Don Tomás no debemos de quedarnos en su ciudadanía norteamericana, en el ofrecimiento de la plaza de cartero, o portero, al general Quintín Banderas, y en la solicitud de la intervención norteamericana.

A Don Tomás Estrada Palma le correspondió ser el primero en dirigir según sus palabras: "una república sin ciudadanos". La herencia española de una política antiliberal, en la que los derechos y libertades de la persona humana eran cedidos frecuentemente a un caudillo, o arrebatados por éste, y la también frecuente manipulación de apelar a ciertos "supremos" ideales, a los cuales el pueblo le debe su total e inobjetable subordinación no eran una buena base para edificar la ciudadanía de un pueblo.

Podemos decir que Estrada Palma no era el hombre adecuado para llevar a cabo la tarea de dirigir la naciente república en esos tiempos difíciles; que era un idealista al querer dirigir una república como un profesor su aula (esa era su profesión) o un director su escuela. Podemos discrepar de su política de austeridad, al no gastar más de lo que ingresaba a las arcas de la república, envés de aumentar los gastos (mediante empréstitos) en construcciones y servicios para que la población trabajadora se viera remunerada en esos tiempos difíciles. Podemos criticarle el haber dado oído y consentimiento a las lisonjas y adulonerías de aquellos que le proponían que se reeligiera para indirectamente verse ellos reelegidos en sus cargos y funciones, y como esas, podemos señalarle otras cosas más. Pero más negativo que todo lo anterior, fue la falta de fe en las capacidades del pueblo cubano para salir adelante por sí mismo en la tarea de gobernarse; falta de fe que se lee en estas palabras de desahogo íntimo, escritas a su amigo Teodoro Pérez Tamayo en una carta fechada en Matanzas el 10 de octubre de 1906:

"... Ha sido siempre mi sentir, desde que tomé parte activa en la guerra de los diez años, que no era el término final de nuestras nobles y patrióticas aspiraciones de Independencia, sino el propósito firme de poseer un gobierno estable, capaz de proteger vidas y haciendas y de garantizar el ejercicio de los derechos naturales y civiles de cuantos residieran en la Isla ..."

"... que es preferible cien veces para nuestra amada Cuba una dependencia política que nos asegure los dones fecundos de la libertad, antes que la República independiente y soberana, pero desacreditada y miserable por la acción funesta de periódicas guerras civiles ..."

¿ Qué es lo que más le debemos agradecer los cubanos a Don Tomás con respecto a su actuar como Presidente de la República instaurada en 1902?. Mi criterio es que le debemos agradecer el haber dejado a un lado su tardío mesianismo y no haber arrastrado al pueblo cubano a una larga y sangrienta guerra civil para mantenerse en el poder; pero considero, que debió tomar otros caminos para ello y no el de solicitar la intervención extranjera.

Al hacer el balance de la figura de Don Tomás, considero que todo lo negativo que le hemos señalado no es suficiente para que sea arrancado del libro de los cubanos buenos que lucharon por fundar y hacer realidad una patria mejor. La personalidad y la labor de Estrada Palma esperan todavía por una evaluación histórica coherente con la verdad y la justicia. 


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Otra nota del Bloguista de Baracutey Cubano

 Es muy poco frecuente oir o leer que el  Presidente Gerardo Machado y Morales estaba en contra de la Enmienda  Platt;  tal es así,  que en su visita a Estados Unidos le PIDIÓ personalmente la derogación de la Enmienda Platt al Presidente Calvin Coolidge; petición que no fue mal recibida por  Coolidge. Sin embargo hay personas   que plantean que la Enmienda Platt no la derogó el Presidente Carlos Mendieta, sino que ya la había derogado el Presidente Ramón Grau San Martín en  la Séptima Conferencia Internacional de la Unión Panamericana,  celebrada en Montevideo, Uruguay, del 3 al 26 de diciembre de 1933 porque en dicha reunión el Dr. Herminio Portell Vilá expuso la posteriormente llamada Doctrina Portell Vilá que contenía, entre otras cosas, la PETICIÓN de  derogación de la Enmienda Platt; como vemos esas personas no  le dan la misma connotación  a esas DOS PETICIONES. Por otra parte,  esas personas no tienen en cuenta que:

1)  La Enmienda Platt formaba parte del Tratado Permanente de 1903 entre Cuba y Estados Unidos  y que NINGÚN funcionario norteamericano, incluyendo al Presidente de los Estados Unidos de América, puede derogar ningún tratado, pues los proyectos de tratados y ´la derogación de tratados  tienen que forzosamente   pasar por el Congreso de los EE.UU.. Puntualizo que no es lo mismo un tratado que un convenio, etc. creados, por ejemplo, por órdenes ejecutivas del Presidente de los EE.UU., los cuales si pueden ser derogados sin la imtervención del Congreso.

2) Cordell Hull, el  Secretario de Estado de los Estados Unidos  que participó en dicha conferencia, sólo expresó en dicha conferencia que su gobierno entablaría  negociaciones para  revisar conjuntamente con el de Cuba dicho tratado. 

En el libro La Verdadera República de Cuba  del Dr. Andrés Cao Mendiguren  se plantea que  Cordell Hull pedia, para eliminar la Enmienda Platt,  que en Cuba hubiera un gobierno que garantizara la estabilidad del país. En el post del blog Baracutey Cubano titulado  Primera Presidencia de Cuba del Dr. Ramón Grau San Martín con un gobierno de 127 días inconstitucional, no democraticamente elegido por el pueblo, que no aseguró paz y estabilidad, muestro que el gobierno de Grau-Guiteras  no garantizaba la estabilidad del país.

  El gobierno de  Carlos Mendieta Montefur  fue más estable que el gobierno ¨ de los 127 días del Presidente Ramón Grau San Martín, pese a la labor terrorista y de atentados (incluyendo dos atentados al Presidente Mendieta) de algunas organizaciones como, por ejemplo, la de Antonio Guiteras Holmes. Ninguno de esos dos Presidentes fueron elegidos en elecciones  por el pueblo cubano mediante el voto. El ¨hombre fuerte¨ detrás del gobierno de Carlos Mendieta era Fulgencio Batista y Zaldivar. Deseo enfatizar que ni Carlos Mendieta ni Federico Laredo Brú fueron títeres de Batista como plantea la historia oficialista Castrista de Cuba; sólo hay que mirar  los  curriculum patrióticos de ambos, los cuales  comenzaban  con sus participaciones en la  lucha por la independencia de Cuba de España, llegando ambos a Coroneles del Ejército Libertador; tal es así que  Orestes Ferrara  en su libro Una mirada sobre tres siglos. Memorias.  escribe ¨... A Carlos Mendieta lo califica de ¨mula dócil del campamento de Columbia¨,  sin recordar que Mendieta  esgrimió, yendo a la cabeza en los asaltos, el machete más sangriento  de la guerra de la Independencia, y que era considerado como el joven más valiente en los campos de la batalla de Cuba.  Yo lo recuerdo  en la ¨crisis¨ del combate cuando sonriente nos mostraba su sombrero perforado   por las balas. A Batista lo presentan ¨como la Estatua del oportunismo político¨. Pero era de un oportunismo vigoroso, decisivo, y en todos los casos un hombre que supo avanzar en la vida, llegando a ser más capaz y más firme  que los revolucionarios todos de ese agitado período.... ¨ (Ferrara, 2009, pp. 419-420).  El valor personal de Carlos Mendieta no menguó con los años, pues  se opuso al gobierno de  Gerardo Machado y Morales y hasta  participó en una expedición  armada junto al  ex Mayor General y ex Presidente Mario  García Menocal  y Deop.

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Arriba el texto del nuevo tratado sobre las relaciones entre la República de Cuba y los EE:UU., con el cual se derogaba la Enmienda Platt.

Manuel Márques - Sterling, Embajador de Cuba en EE.UU., firma el nuevo tratado de las relaciones entre Cuba y EE.UU.  y con ello la derogación de la Enmienda Platt. En la foto se ve  detrás  a Cordell Hull, Secretario de Estado de los EE.UU.; por la parte norteamericana el nuevo tratado lo firmó el Embajador Sumner Welles.























Fragmento del artículo Enmienda Platt y República, escrito por Pedro Pablo Arencibia, Bloguista del blog  Baracutey Cubano,  y publicado en Cuba en el año 2002 en  el número 48 de la revista Vitral del Centro de Formación Cívica y Religiosa de  la Diócesis de  Pinar del Río cuando el autor aún vivía en Cuba:


Balance controversial de la Enmienda Platt

El balance de la Enmienda Platt es muy controversial. Considero que sus consecuencias deben analizarse desde al menos dos perspectivas o ángulos diferentes. Una primera perspectiva nos dice que la mencionada enmienda:

1)
 Propició el aumento significativo de las inversiones extranjeras en un país totalmente destruido necesitado de las mismas. La mencionada enmienda garantizaba, en cierto medida, el ambiente de paz necesario para el desarrollo de las inversiones en el país.

2) Contribuyó grandemente para que no sucedieran en Cuba, largas y sangrientas guerras fratricidas similares a la ocurrida durante y después de la independencia en muchas repúblicas hispanoamericanas y en Haití, o como la ocurrida en los propios Estados Unidos con la guerra de Secesión.

3) Limitó significativamente la posibilidad de una agresión extracontinental por parte de las potencias europeas como la efectuada por Alemania, con la ayuda de Inglaterra, a Venezuela en 1901 mediante los bombardeos a La Guaira, Maracaibo y Puerto Cabello, por ésta no pagar las deudas adquiridas con un poderoso consorcio alemán. Anteriormente, en 1897, la marina alemana ya había realizado demostraciones de fuerza en Haití.

Una segunda perspectiva de la Enmienda Platt nos dice que:

1) 
Limitó en cierta medida, en cuanto a principios se refiere, la soberanía de Cuba, otorgándole a la república desde un punto de vista formal, una independencia restringida.

2) Creó una mentalidad de Patronato en ciertos segmentos del pueblo cubano mediante la cual, se esperaba que los norteamericanos fueran los que resolvieran nuestros problemas políticos. En otros segmentos de la población cubana, creó o acentuó un sentimiento nacionalista antinorteamericano.

La enmienda Platt nos privó de gozar de una independencia y soberanía total, pero también nos evitó grandes desastres y sufrimientos.

Manuel Sanguily como Ministro de Estado (responsabilidad que corresponde a la de Canciller o Ministro de Relaciones Exteriores en nuestros días) del gobierno de José Miguel Gómez, en su discurso en el teatro Polyteama, a poco más de una década de la imposición de la Enmienda Platt, expresó:
"Mantendrá el Gobierno las relaciones más cordiales en el orden diplomático y de los negocios, con las naciones amigas entre nosotros dignamente representadas, y sobre todo cultivará los grandes y vitales intereses que en franca y afectuosa correspondencia nos ligan a los Estados Unidos, no ya solo en consideración a las ventajas que deriva de ellos nuestra economía, sino por los incomparables servicios que el pueblo y el Gobierno americanos han prestado a la causa de la justicia, de la civilización y de nuestra nacional soberanía.
Y no os sorprenda esta sincera manifestación de quien siempre ha vivido inquieto y receloso en el temor de los grandes y los fuertes. Dos veces -una, por la ceguedad de nuestra vieja y orgullosa Metrópoli; otra por la ceguedad de enconos fratricidas-, vinieron aquí los americanos traídos por su fortuna o llamados por nuestras discordias, y siempre se retiraron de nuestro territorio, haciéndonos el doble beneficio de construir dos veces la república, y dejándonos en el corazón atribulado, desengaños y escarmientos; más en ambas ocasiones, motivos superiores de admiración y de gratitud por esa magnánima conducta que jamás en la historia habían observado los pueblos fuertes y triunfantes con los débiles, conturbados y decaídos" (
Ibarra, 312)

He escogido esas palabras de Manuel Sanguily en el teatro Polyteama, y no las de otro cualquier patriota o ciudadano, por la posición vertical que siempre mantuvo Sanguily en su quehacer político:

Sanguily se opuso en un primer momento, como ya expresamos, a la imposición de la Enmienda Platt. Posteriormente, y ya en la República como miembro del Senado cubano, se opuso a la venta de tierras cubanas a capital norteamericano. En ese cargo de Secretario de Estado del Gobierno de José Miguel Gómez, se opuso de palabra y de hecho a la injerencia norteamericana en Méjico cuando el derrocamiento del presidente Francisco I. Madero y su sustitución por Victoriano Huerta, actitud que suscitó desavenencias con el gobierno norteamericano. Sanguily fue en su momento, él más fuerte y decidido opositor en el Senado cubano a la aprobación en 1903 del Tratado de Reciprocidad Comercial con los Estados Unidos (TRC). La verticalidad de Sanguily llegó hasta el punto de acusar públicamente de corrupto al gobierno de José Miguel Gómez (1909-1913), pese a pertenecer a su gabinete como Secretario de Estado.

El fundamento de la preocupación norteamericana por nuestra estabilidad republicana iba desde los más excelsos y enaltecedores sentimientos humanos de solidaridad, hasta la más fría y calculada preocupación por sus inversiones económicas y su seguridad nacional. En ese amplio espectro, es donde debemos situar los móviles que tuvieron las numerosas personalidades norteamericanas que intervinieron en la confección, aprobación y aplicación de la Enmienda Platt.

Un caso concreto de la aplicación de la Enmienda Platt

Por otra parte, debemos admitir que en general, en el caso cubano, los gobiernos norteamericanos no se inclinaron en hacer un uso indiscriminado o exagerado de la prerrogativa que les daba la Enmienda Platt. El proceder del presidente Teodoro Roosevelt durante "la guerrita de agosto" de 1906 así lo atestigua, pues tanto el presidente Estrada Palma como los alzados contra él, pidieron la intervención norteamericana y fue el presidente Roosevelt el que trató de que la misma no se produjera. La carta de Roosevelt al embajador cubano Gonzalo de Quesada del 14 de septiembre de 1906 y su telegrama a Estrada Palma del 25 de septiembre de ese mismo año así lo muestran. Algunos fragmentos de la mencionada carta son:

" Solemnemente conjuro a todos los patriotas cubanos a unirse estrechamente para que olviden sus diferencias, todas sus ambiciones personales, y recuerden que el único medio de conservar la independencia de su república es evitar, a todo trance, que surja la necesidad de una intervención exterior para salvarla de la anarquía y de la guerra civil.
Espero ardientemente que estas palabras de apelación, pronunciadas en nombre del pueblo americano, por el amigo más firme de Cuba y el mejor intencionado hacia ella que pueda existir en el Mundo, serán interpretadas rectamente, meditadas seriamente y que se procederá de acuerdo con ellas, en la seguridad de que, si así se hiciere, la independencia permanente de Cuba y su éxito como República se asegurarán.
" (Pichardo, 283)

En el telegrama de Roosevelt a Estrada Palma del 25 de septiembre, éste le escribe en un tono invocatorio y suplicante:

" Bajo su gobierno y durante cuatro años, ha sido Cuba República independiente. Yo le conjuro, en bien de su propia fama de justo, a que no se conduzca de tal suerte que la responsabilidad por la muerte de la República, si tal cosa sucediere, pueda ser arrojada sobre su nombre. Le suplico proceda de manera tal, que aparezca que Ud. por lo menos, se ha sacrificado por su país y que lo deja aún libre cuando abandone su cargo." (Pichardo, 285)

Estrada Palma permaneció intransigente y convocó al Congreso para renunciar pese a que los sublevados no pedían su renuncia. Se creó una comisión para convencerlo que retirara la renuncia pero el resultado fue negativo. No pudieron obtener arreglo alguno con Estrada Palma, el cual, para colmo, le pidió al Vicepresidente que también renunciara, dejando así acéfala a la república.

El país quedó sin presidente y con una sublevación en sus entrañas que deseaba también la intervención extranjera. La intervención se produjo y como la anterior intervención militar, no hubo oposición armada a la misma.
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En  el  siguiente  video la opinión  sobre Don Tomás Estrada Palma  del anticastrista y anticomunista Dr. Gustavo León es muy distinta y diferente a la que hay plasmada en el resto de este post del blog  Baracutey Cubano.

Carlos Calvo Canal

8 de noviembre de 2023

Dictadura autoriza protestas de Masones frente a monumento de Estrada Palma | Carlos Calvo




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