sábado, abril 26, 2025

Alberto Roteta Dorado: Francisco, el Papa que veneró a los líderes del Socialismo del siglo XXI.

Francisco, el Papa que veneró a los líderes del Socialismo del siglo XXI.



Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.

23 de abril de 2025

Santa Cruz de Tenerife. España. Ha muerto el Papa Francisco, quien, según los cánones de la Santa Iglesia Católica, fue el representante de Dios en la tierra. Para algunos este canon carece de sentido, toda vez que Dios en su omnipotencia no admite ninguna representación terrenal. Para otros no deja de ser un símbolo del poder de la más alta figura de la Iglesia Católica Apostólica y Romana. En cambio, muchos asumen de manera literal lo que se pierde entre el símbolo, la tradición y la realidad, o sea, la idea de la representación Divina en un mortal. 

Se podrá estar de acuerdo o no con dicho precepto; pero de lo que no hay dudas es de que, al menos, este Papa que acaba de desprenderse de sus vestiduras mortales no pudo ser un represente de la Divinidad; algo que quedará para la historia de la humanidad y de manera muy particular para la historia del cristianismo y de la Iglesia Católica.

Su liberalismo progresista excesivo, en contradicción con las tradiciones de Roma, fue más allá de lo concebible. Omito los múltiples ejemplos para evitar las susceptibilidades de unos y la ira de otros. Asumió las concepciones de lo inclusivo con una perspectiva bastante cercana a como lo hace la aberrada izquierda de estos tiempos, lo que no le convirtió necesariamente en un socialista radical; pero si en un ser muy cercano y afín a las tendencias progres. 


Pero no es precisamente ese liberalismo sinigual lo que más lo desacredita en relación con ese supuesto elemento divino de su naturaleza humana. Se trata de su posición política abiertamente a favor de todos los líderes de las más terribles dictaduras del mundo, lo que contradice su rol. Sus estrechos vínculos con Raúl Castro, a quien admiró sobremanera ― hay grabaciones televisivas con sus palabras de elogio al dictador comunista cubano ―, con Miguel Díaz Canel, a quien recibió con honores en el vaticano, con Nicolás Maduro, Evo Morales, Cristina Fernández, Dilma Rousseff, Rafael Correa, entre otros líderes del llamado Socialismo del siglo XXI, sin olvidar su estrecha relación con Luis Ignacio Lula da Silva, exprisionero y político brasileño con un historial delictivo comprobado y una pasión terrorífica por el socialismo, son pruebas irrefutables y más que convincentes que demuestran el lado oscuro de alguien que, se supone, fuera un ser inmaculado y bendecido espiritualmente. 

En una entrevista realizada el 7 de noviembre de 2016 por Eugenio Scalfari, fundador del diario italiano La República, aunque su contenido no se publicó hasta el viernes 11 de noviembre del propio año, Francisco hizo declaraciones muy distantes del verdadero sentido de la religiosidad cristiana. El propósito del diálogo no fue precisamente hablar sobre comunistas y cristianos, sino conocer la opinión del Papa sobre Donald Trump, algo que el líder religioso manejó de manera ética al afirmar que no hacía juicios sobre las personas o los políticos; sino que pretendía comprender “cuáles son los sufrimientos que sus modos de proceder causan a los pobres y a los excluidos”.

Al tratarse el tema de su posible comunión con las ideas marxistas fue que afirmó: “mi respuesta siempre ha sido que, en todo caso, son los comunistas los que piensan como los cristianos (…) Cristo habló de una sociedad donde los pobres, los débiles y los excluidos puedan decidir. El pueblo, los pobres que tienen fe en el Dios trascendente son los que tienen que ayudar a lograr la igualdad y la libertad”.

Tal vez el "Santo Padre" conoció algunos conceptos propuestos por los marxistas, los que desde el punto de vista teórico pudieran considerarse, hasta cierto punto, con alguna similitud a las ideas que se supone proclame la iglesia, toda vez que la igualdad entre los hombres, la justa repartición de bienes, y la supresión de las luchas antagónicas entre las clases sociales, son algunos de las propuestas socialistas, al menos desde el punto de vista teórico, lo que el Papa que acaba de morir asumió como posibles puntos de coincidencia entre comunistas y cristianos.

No obstante, en el orden práctico ―y esto el Papa debió saberlo muy bien―, ni los comunistas, ni todos los cristianos ponen en acción las ideas que teóricamente expusieron los precursores del socialismo contemporáneo, ni los que dicen seguir las enseñanzas que proclamara el noble redentor del mundo.

No les corresponde a los líderes comunistas ni a las personalidades religiosas del presente abordar los complejos temas de la justicia social, la equidad, la pobreza y la marginación, por cuanto ni los seguidores del socialismo, ni los que administran la fe cristiana sufren como consecuencia de estos males que azotan a gran parte de la humanidad.

El mensaje predicado por Cristo no tiene absolutamente nada que ver con las tendencias socialistas, ni con el cristianismo de estos tiempos. Hay mucha riqueza material acumulada para beneficio de los que están en el poder, que si se invirtiera en intentar atenuar la hambruna de millones de hombres del mundo sería un ejemplo de acto altruista; pero los comunistas no solo permanecen ajenos al sufrimiento y al dolor humanos, sino que lo proporcionan a través de su ambición de poderes y de su maldad desmedida.

Las palabras del Sermón de la Montaña, atribuidas al Cristo Redentor, según el evangelio de Mateo, demuestran la grandeza de aquel que, despojado de las trivialidades terrenales, supo ofrecer un mensaje edificante, muy distinto a los conceptos de los comunistas y muchos de los cristianos actuales: “Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos”.

Debió saber, además, el Papa Francisco que fue precisamente un comunista el que asumió la frase “la religión es el opio de los pueblos” para arremeter contra la religión. Karl Marx (1818-1883), el teórico alemán, utiliza la idea de Bruno Bauer (1809-1882), su amigo personal y maestro, miembro ―al igual que Marx― de la izquierda hegeliana; pero no es de Marx, como se cree, sino que este la utilizó en su Contribución a la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel, escrita en 1843 y publicada el año siguiente en el periódico Deutsch-Französischen Jahrbücher, editado por el propio Marx.

Según las interpretaciones del evangélico Antonio Cruz, el sentido de la frase es “manifestar que las religiones eran como sedantes o narcóticos que creaban una felicidad ilusoria en la sociedad; drogas que contribuían a evadir al hombre de su realidad cotidiana”. No obstante, tomar solo la célebre frase y sacarla de su contexto puede dar lugar a interpretaciones erróneas, por lo que cito textualmente el párrafo de donde se asume la polémica frase atribuida a Marx:

 “La miseria religiosa es a la vez la expresión de la miseria real y la protesta contra la miseria real. La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el sentimiento de un mundo sin corazón, así como el espíritu de una situación sin alma. La religión es el opio de los pueblos. Se necesita la abolición de la religión entendida como felicidad ilusoria del pueblo para que pueda darse su felicidad real”.

Al parecer el Papa Francisco prefirió otras interpretaciones y dejar a un lado la idea de la abolición de la religión, pues su defensa del comunismo ha sido reiterativa. Dos años antes, o sea, en 2014, el diario italiano Il Messagero, publicó una entrevista en la que se le asoció al comunismo, a lo que respondió: “Yo digo solo que los comunistas nos han robado la bandera. La bandera de los pobres es cristiana. La pobreza está en el centro del Evangelio. Los pobres están en el centro del Evangelio”.

Se supone que Don Francisco supiera que fueron los comunistas los que prohibieron la religión en la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS, y el resto del llamado campo socialista, amén de haber perseguido a los que profesaban la fe cristiana, entre ellos a Juan Pablo Segundo, que se formó escondido de los comunistas polacos, algo que luego asumió el dictador Fidel Castro al proclamar el sentido socialista de la revolución cubana, con lo que proscribía a los católicos de la isla.

Rectificar es de sabios. Ojalá el nuevo Sumo Pontífice, que será elegido en breve, no siga la línea de liberalismo progresista tan cercana al socialismo defendida por Francisco. Hay que esperar con reserva lo que en realidad ocurra, toda vez que el propio Papa se encargó de aglutinar a muchos cardenales afines a su línea (15 progresistas y 53 pastores bergoglianos, estos últimos, defensores de la inmigración, las políticas climáticas y relativamente progresistas en lo social) de la totalidad de 137. Ellos serán los encargados, junto a 39 llamados periféricos ― por su origen geográfico, mayoritariamente del Tercer Mundo, conservadores en lo social, pero socialistas en lo económico―, 25 conservadores y 5 tradicionalistas, de elegir al nuevo Sumo Pontífice. 

Los feligreses, y de manera general todos, esperamos que se pueda enmendar la descabellada idea de Francisco de que los comunistas piensan como los cristianos. Recordemos la Encíclica Divini Redemptoris, del Papa Pío XI, donde se encontrará sus sabios consejos: “no se puede admitir que colaboren con el comunismo, en terreno alguno, los que quieran salvar de la ruina a la civilización cristiana”. En dicho documento afirmó que el comunismo es “intrínsecamente perverso (…) pretende derrumbar radicalmente el orden social y socavar los fundamentos mismos de la civilización cristiana”.

El entusiasmo banal de los socialistas ha terminado. Nació como utopía en los ya lejanos tiempos de Thomas Moro, y como utopía quedará para la historia a pesar de los múltiples intentos por hacerlo renacer. Si el cristianismo pretende sobrevivir en el presente será mejor que se aparte del comunismo, que es el verdadero opio de los pueblos.

Por suerte para la cristiandad el ejemplo de otros pontífices aún sigue en pie. Recordemos a los dos más recientes, Juan Pablo II, el hombre sabio, humilde y bondadoso y Benedicto XVI, el gran erudito y profundo teólogo. Sin embargo, la imagen más cercana, por desgracia, es la de alguien no merecedor de un rol de tan magno significado.

Para muchos será siempre el Papa que veneró a todos los malvados líderes del Socialismo del siglo XXI.

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 DE LOS ARCHIVOS DEL BLOG BARACUTEY CUBANO

Editorial del Washington Post: El Papa Francisco apacigua a los Castro en la represiva Cuba

Nota del Bloguista de Baracutey Cubano


Para traducir el texto pueden copia y pegar en el Google Translate.

Críticas  al Papa Francisco por  su actitud  en Cuba y entrevista al Papa en el avión en su viaje a EE.UU. . Le llama bloqueo al embargo norteamericano a la tiranía y se hace hasta  el desentendido, en otro video,   cuando le preguntan sobre los disidentes detenidos  que lo abordaron en su papamovil cuando llegó a la Plaza Cívica o Plaza de la Revolución en la Habana para dar la misa.



Desidientes son detenidos por acercarse al Papa mientras iba en el Papamóvil


Observen que muy cerca del Papa Movil, del Papa y del disidente Zaqueo, de la UNPACU, se encuentra una cámara de televisión que debió filmar las palabras del opositor y las del Papa si este habló. Es muy probable que el Vaticano o la tiranía cubana, o ambos inclusives,  hayan encontrado los medios  para que esas imágenes  y el sonido  no  hayan sido emitidas en los medios televisivos y/o de Internet.

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BTN Noticias 

Hace dos años

El Papa Francisco dice tener buenas “relaciones humanas” con Raúl Castro



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Tomado de https://www.washingtonpost.com

Pope Francis appeases the Castros in repressive Cuba

 By Editorial Board

 September 21

 Pope Francis, left, and former Cuban president Fidel Castro exchange gifts at Castro's home in Havana on Sept. 20. (Alex Castro/www.cubadebate.cu/Agence France-Presse via Getty Images)

IN HIS visit to the United States beginning Tuesday, Pope Francis will meet not just President Obama and Congress but also those marginalized by our society: homeless people, immigrants, refugees and even the inmates of a jail. He’s expected to raise topics that many Americans will find challenging, such as his harsh critique of capitalism. His supporters say it’s all part of the role the pope has embraced as an advocate for the powerless, one that has earned him admiration from both Catholics and some outside the church.

How, then, to explain Pope Francis’s behavior in Cuba? The pope is spending four days in a country whose Communist dictatorship has remained unrelenting in its repression of free speech, political dissent and other human rights despite a warming of relations with the Vatican and the United States. Yet by the end of his third day, the pope had said or done absolutely nothing that might discomfit his official hosts.

Pope Francis met with 89-year-old Fidel Castro, who holds no office in Cuba, but not with any members of the dissident community — in or outside of prison. According to the Web site 14ymedio.com, two opposition activists were invited to greet the pope at Havana’s cathedral Sunday but were arrested on the way. Dozens of other dissidents were detained when they attempted to attend an open air Mass. They needn’t have bothered: The pope said nothing in his homily about their cause, or even political freedom more generally. Those hunting for a message had to settle for a cryptic declaration that “service is never ideological.”

Sadly, this appeasement of power is consistent with the Vatican’s approach to Cuba ever since Raúl Castro replaced his brother in 2006. Led by Cuban Cardinal Jaime Ortega, the church committed to a strategy of working with the regime in the hope of encouraging its gradual moderation. The results have been slight. Cardinal Ortega obtained Raúl Castro’s promise to release all political prisoners, but arrests have continued and dissident groups say the number of jailed is now above 70. One leading Christian dissident, Oswaldo Payá, was killed in a suspicious 2012 auto crash.
The Vatican’s greatest success has been the adoption of its strategy by the Obama administration, which has also restored relations with the Castros while excluding the political opposition. Here, too, there have been disappointing results. U.S. exports to Cuba, controlled by Havana, have declined this year, while arrests of opponents have increased, along with refu­gees. Many Cubans are trying to reach the United States ahead of what they fear will be a move by the Obama administration to placate the regime with a tightening of asylum rules.

Pope Francis may believe that merely by touring the country he will inspire Cubans to become more active and press the regime for change. But two previous papal visits, in 1998 and 2012, did not have that effect. By now it is clear that the Castros won’t be moved by quiet diplomacy or indirect hints. A direct campaign of words and acts, like that Pope Francis is planning for the United States, would surely have an impact. But then, it takes more fortitude to challenge a dictatorship than a democracy.

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 Read more about this topic:

The Post’s View: Obama gives the Castro regime in Cuba an undeserved bailout

Richard Cohen: After a visit from the pope, Mr. Castro has much to confess

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martes, septiembre 20, 2022

Texto íntegro de la Carta Abierta del sacerdote José Conrado Rodríguez Alegre al Papa Francisco donde afirma: "Santo Padre, los cubanos sentimos vergüenza ajena por Usted"

 Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

Salvo las imágenes que encabezan la Carta Abierta y el artículo, las demás las añadió el Bloguista de Baracutey Cubano

AmericaTeVeCanal41

Septiembre 21, 2022

Conversamos con el Padre Cubano José Conrado tras sus duras palabras al Papa Francisco



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Tomado de https://www.diariolasamericas.com/

Sacerdote al Papa: "Santo Padre, los cubanos sentimos vergüenza ajena por Usted"

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Carta abierta al santo padre Francisco de José Conrado Rodríguez Alegre, pbro. párroco de San Francisco de Paula en Trinidad, Cuba

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Por José Conrado Rodríguez Alegre

19 de septiembre de 2022

Querido Santo Padre:

¡Cómo describirle la alegría que nos embargó cuando supimos que un hermano nuestro, un hijo de Hispanoamérica, había sido elegido Pastor Supremo de la Santa Iglesia, sucesor del Apóstol Pedro en Roma! Alegría y admiración que fue creciendo con las primeras decisiones del nuevo Papa: dejar los departamentos apostólicos para mudarse al hotelito de Santa Marta. Hasta el detalle de no aceptar el lujoso calzado rojo para seguir usando los humildes zapatos que vinieron con Usted desde Buenos Aires. ¡Con qué entusiasmo escuchamos que el nuevo Papa quería sacerdotes “con olor a oveja “, sin afanes de lucro o de éxito mundano!

Cuando Su Santidad fue a Río de Janeiro para la Jornada Mundial de la Juventud, unos amigos me pagaron el pasaje y pude compartir aquella experiencia de alegría desbordante y de Fe viva. Después viajé a Buenos Aires para encontrarme con mis hermanos cubanos de Argentina y allí conocí al Padre Pepe, que iba a estar con Usted unos días más tarde. Él casi me obligó a escribirle mi primera carta, un saludo cariñoso de apoyo total. Se la entregó junto con el mate y los tantos regalitos que le enviaban de aquella Villa donde Pepe era “otro Cristo, al servicio de los más pobres y humildes”. En Buenos Aires me entrevistó un periodista de La Nación, para conocer mi opinión sobre el nuevo Papa y le dije: “Francisco muchas veces me ha sorprendido, pero nunca me ha defraudado”.

Le confieso que cada vez se me fue haciendo más difícil afirmar lo mismo. Me resultó simpático que Usted mantuviera una distancia con el presidente Donald Trump —en aquel momento el hombre más poderoso de la tierra—, pero se me hizo muy difícil observar las sonrisas prodigadas a dictadores de izquierda: Nicolás Maduro, Daniel Ortega, Evo Morales, entre otros.

Como le expresé en una carta del 2018, comprendo que Usted vivió la traumática experiencia de las dictaduras de derecha: esos generales que se autoproclamaban cristianos, pero perseguían, encarcelaban, hacían desaparecer y mataban lo mismo a jóvenes que ancianos, a catequistas y activistas misioneros de las comunidades, a sacerdotes, religiosos, religiosas e incluso obispos, como el caso del Monseñor Enrique Ángel Angeleli.


Durante su visita a Cuba en el 2015, fue una sorpresa muy desagradable que se impidiera a disidentes saludar al Papa en la Nunciatura de la Habana, como estaba previsto. Al día siguiente, aunque se repitió la situación en la Catedral habanera, la Santa Sede guardó silencio y no presentó una protesta formal y pública ante el comportamiento del gobierno cubano, cuando menos, descortés con el Papa y abusivo con los disidentes a quienes el Papa quería saludar. Poco después, en el marco del encuentro habanero entre el Patriarca Kiril y su Santidad, Usted afirmó que la Habana estaba en camino de convertirse en la Capital de la reconciliación y la paz, haciendo alusión no sólo al encuentro de los dos líderes religiosos de la cristiandad, sino a las conversaciones de paz entre el gobierno colombiano y las guerrillas marxistas, reunidas en la Habana por ese entonces.


En mi carta a Fidel Castro, leída el 8 de septiembre de 1994 en mi Parroquia de Palma Soriano, en la Fiesta de La Señora de la Caridad, señalé que “Cuba ha estado en el vórtice de la violencia planetaria”. Los acontecimientos recientes en Nicaragua, con el encarcelamiento del Obispo Rolando Álvarez y un grupo de sus colaboradores más cercanos, sacerdotes y laicos, en Matagalpa, ha vuelto a poner sobre el tapete el tema del silencio frente a los abusos de las dictaduras de izquierda. Son sumamente preocupantes el encarcelamiento de los principales candidatos opositores a la presidencia, el acoso brutal de toda la disidencia política y social y la declarada persecución religiosa desatada por el dictador Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo. Me viene a la memoria aquella tonada chilena de tiempos de Pinochet: “¿Qué dirá el Santo Padre que vive en Roma, que le están degollando ya sus palomas?

Los amigos que me han ayudado con sus consejos y sugerencias a escribir esta carta me han alertado que no toque el tema de los católicos en China y, en especial, de la martirizada Iglesia confesante de ese país. Sin embargo, la reciente visita de Michelle Bachelet, Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, y la publicación de sus conclusiones acerca de la persecución de los pueblos musulmanes en China ha actualizado el tema de las relaciones de la Sede Apostólica con nuestros hermanos chinos. El informe de la Sra. Bachelet ha quedado en evidencia el brutal acoso que el gobierno comunista de China ejerce sobre los pueblos uigures en la región de Sinkiang y nos alerta sobre la persecución religiosa que han padecido nuestros hermanos de la iglesia subterránea. Para un Papa que viene de la Compañía de Jesús, la conversión de China no es, ni puede ser, tema marginal. La labor de Mateo Ricci y tantos misioneros jesuitas, empezando por San Francisco Javier, que supuso un hito en los esfuerzos inculturadores de la fe, entre los más creativos y fecundos de todos los tiempos, pero que fueron torpedeados desde dentro de la iglesia de aquel tiempo, en parte debido a pequeños y mezquinos intereses entre órdenes religiosas en pugna, y en parte por miopía y estrecheces mentales de la época (siglos XVI al XVIII). El triunfo del comunismo en China inauguró una nueva época de dificultades para los católicos chinos. Una parte de la iglesia China aceptó la intromisión del estado comunista y colaboró con este, convirtiéndose en la Iglesia patriótica. Otra parte, escogió el camino del martirio y el peligro que su fidelidad le representaba, y comenzó a actuar en la clandestinidad. La Iglesia patriótica escogió vivir al margen de Roma, y la iglesia confesante, al margen de la ley impuesta por el poder del Estado comunista. Solo Dios puede juzgar la conciencia y no sabemos a cuanta presión fueron sometidos los católicos de uno y otro bando. Por eso, la decisión de la Santa Sede de regularizar la situación de ambas comunidades (que viene caminando desde antes de Su Pontificado), es tan delicada como importante. En la historia de la Iglesia tenemos, entre otros, un ejemplo precedente: la regularización en Francia de la iglesia nacional y la iglesia tradicional a raíz de la Revolución Francesa. Ambas Iglesias fueron homologadas por el Papa Pio VII que constituyó la nueva jerarquía eclesial con representantes de ambos grupos. Esta fue una auténtica solución salomónica a un espinoso y complejo problema intraeclesial. No estoy al tanto de los protocolos firmados con el gobierno chino (por demás, secretos) pero la impresión de analistas y entendidos es que se ha sacrificado la parte más sufrida la de los católicos confesantes. El tratamiento dado al Cardenal Joseph Zen, arzobispo emérito de Hong Kong, llevado a la cárcel y luego a los tribunales, es un ejemplo de ello.

Sabemos bien que cuando la Santa Sede no defiende explícita y firmemente a las víctimas, los gobiernos totalitarios se sienten con las manos libres para obrar a su antojo, en contra de sus víctimas. Hace muchos anos, cuando yo estaba en el seminario, vi una película cuyo nombre nunca olvidé: “El Negro y el Escarlata”. Estaba inspirada en la historia de Hugh O’Flaherty, sacerdote irlandés que trabajó en la curia romana durante la Segunda Guerra Mundial. Monseñor O’Flaherty salvó la vida de jóvenes judíos, de partisanos antifascistas, perseguidos por la Gestapo y de toda clase de gente que necesitaba o pedía su ayuda. La Gestapo estaba al tanto de su peligrosa labor hasta el punto de prohibirle salir del Vaticano. Pero O’Flaherty se pasaba la vida burlando a la Gestapo, entrando subrepticiamente en Roma y realizando su encomiable labor. Hasta el Papa sabía de esta labor y en varias ocasiones le conminó a que fuera prudente. En el transcurso de la Guerra y ante el peligro inminente de una invasión al Vaticano por las tropas alemanas, Pio XII se ocupó de tomar medidas para salvaguardar los tesoros artísticos de los museos de la Iglesia. Casi al finalizar la película, se nos muestra a un Pio XII meditabundo que llega a decir: “Me he percatado que los verdaderos tesoros de la Iglesia no son estos maravillosos cuadros de Miguel Ángel y de Da Vinchi. El verdadero tesoro de la Iglesia lo constituyen hombres como Hugh O’Flaherty que arriesgan su vida para salvar a los demás y se enfrentan a la maldad y la injusticia, sin miedo, como nos enseñó el Señor Jesús”.

En mi carta abierta a Fidel Castro, a la que ya hice referencia, indiqué que “utilizar dentro y fuera de nuestro país el odio, la división y la violencia, la sospecha y la enemistad, han sido la causa principal de nuestras pasadas y presentes desgracias. Ahora es cuando lo vemos más claro. La hipertrofia del estado, cada vez más poderoso, dejó a nuestro pueblo en la indefensión y el silencio. La ausencia e inexistencia de espacios de libertad para que surgieran criticas sanas y criterios alternativos nos hizo rodar por la riesgosa cuesta del monolitismo político y la intolerancia social. Sus frutos fueron la hipocresía y el disimulo, la insinceridad y la mentira. Y un estado general de amedrentamiento que afectaba a todos en la isla. Este tipo de política dio al traste con nuestra economía, perdimos el sentido de lo que valen las cosas y lo que es peor, las personas. El deprecio por la vida humana es el resultado de la violencia y la represión. Nos acostumbramos a no ganar el pan con el sudor de nuestra frente y a vivir con la mayor dependencia respecto de la ayuda que nos daban los demás. Hemos vivido en la mentira engañando y engañándonos. Hemos hecho el mal y ese mal se ha volcado contra nosotros, sobre nosotros”.

En el último de mis libros, “Resistencia y sumisión en Cuba”, cito al prestigioso reportero irlandés Fergal Keane, a raíz del genocidio entre Hutus y Tutsis ocurridos en Ruanda y Burundi. “Ahora después de haber pasado revista sobre todas las emociones y los pensamientos que Ruanda me ha inspirado, la respuesta me parece terriblemente simple. Me interesará siempre lo que acontece en los más remotos países africanos, porque Ruanda me enseñó a dar a la vida un valor que no le atribuía. Los campesinos vestidos con trapos que morían, y los que los mataban, pertenecen a la misma especie a la cual pertenezco: la especie humana. Quizás sea un parentesco incomodo, pero no puedo renegar de él. Ser testigo de un genocidio significa confrontarse no solo con el terror de la muerte que nos espera, sino también con la degradación de cada valor humano. Si ignoramos el mal, nos volvemos autores de un silencio cómplice”.

No podemos pasar de largo frente al hombre tirado a la orilla del camino, como hicieron el Sacerdote y el levita en la parábola del Buen Samaritano. Hay que descender de la cabalgadura, hay que lavar y vendar las heridas. Hay que “levantar la voz y advertir el peligro.” Si no, nos hacemos cómplices de un silencio culpable. Santidad, su entrevista en la cadena Univisión con motivo del primer aniversario del levantamiento popular del 11 de julio de 2021 en Cuba, sorprendió a muchos en la Isla y fuera de ella. Santo Padre, los cubanos sentimos vergüenza ajena por Usted.


Testimonios gráficos de la Protesta 11J 2021 por La Libertad de Cuba. Transmisión Oficial. Alain Paparazzi Cubano


https://youtu.be/Lt71nxkJWfg

¿Cómo es posible que el Papa calle frente a una represión brutal contra ciudadanos pacíficos que gritaban “Patria y Vida” y expresaban su enorme anhelo de libertad y de justicia frente a un gobierno que lleva 63 años en el poder conculcando derechos y aplastando a todo un pueblo? Los cerca de mil presos, en su mayoría jóvenes, algunos incluso menores de edad, que llenan desde entonces nuestras cárceles, son un clamor que llega al cielo y que debería conmover los corazones de los dirigentes del mundo, y de los pueblos y naciones de la tierra. Pero, sobre todo, de la Iglesia y del supremo Pastor de la misma, el servidor de los servidores de Dios. Con tristeza le trasmito lo que me dijo un joven y excelente sacerdote: “A veces el Papa me suena más como un ideólogo que como un profeta o un pastor”. Algo más, y terrible, sucedió ese día: El presidente de la nación y primer secretario del Partido Comunista de Cuba, hizo un llamado no a la moderación y la concordia sino a la represión y la violencia contra los reclamantes, a manos de aquellos que contaban con el uso y posesión de las armas, representantes del poder y apoyados por este. Santidad, la palabra del Apóstol de nuestra independencia, José Martí, sigue siendo un paradigma de justicia y equidad para los cubanos de todas las tendencias. Quiero citar a Martí en un texto lapidario: “Asesino alevoso, ingrato a Dios y enemigo de los hombres, es el que, so pretexto de dirigir a las generaciones nuevas, les ensena un cumulo aislado y absoluto de doctrinas, y les predica al oído, antes que la dulce platica de amor, el evangelio bárbaro del odio. ¡Reo es de traición a la naturaleza el que impide, en una vía u otra, y en cualquier vía, el libre uso, la aplicación directa y el espontaneo empleo de las facultades magníficas del hombre!” “...Ni la originalidad literaria cabe, ni la libertad política subsiste, mientras no se asegure la libertad espiritual”. En la semblanza que escribió a la muerte de ese gran venezolano que fue Cecilio Acosta, jurista, intelectual y político de gran calibre, Martí apuntó: “Quien se da a los hombres, es devorado por ellos, y él se dio entero; pero es ley maravillosa de la naturaleza que solo esté completo el que se da; y no se empieza a poseer la vida hasta que no vaciamos sin reparo y sin tasa, en bien de los demás, la nuestra. Negó muchas veces su defensa a los poderosos; no a los tristes. A sus ojos, el más débil era el más amable. Y el necesitado, era su dueño”. Santidad, si queremos tener un norte claro ante los problemas de este mundo, debemos optar por los más pobres, por los más débiles, por los oprimidos. Como nos dijo el Señor: “los poderosos de la tierra los oprimen, pero quieren que se les llame benefactores de la humanidad y padres de la patria. Pero entre ustedes que no sea así: el que quiera mandar que se ponga a servir y el que quiera ser primero que vaya y tome el último lugar. Porque yo mismo no he venido para ser servido sino para servir y para dar mi vida en rescate de todos”.

Somos servidores de la Verdad, que nos hace libres. El profeta Jeremías nos recuerda cómo el Señor le dijo: “No les tengas miedo, que si no, yo te meteré miedo de ellos”. En nombre de la Verdad, le pido, Santidad, no se deje envolver en componendas guiadas e inspiradas por los principios del poder o de la “Razón de Estado”. No se deje engatusar y engañar por los grandes de este mundo. Su lugar no está entre ellos, sino al lado del pueblo. Su lógica debe ser la de Jesucristo: despojado de todo rango y categoría, para servir desde la pequeñez y la pobreza. Hay que defender a las ovejas: en Cuba, Nicaragua, Venezuela, China. Siempre con los oprimidos, nunca con los opresores: “no se puede servir a dos señores”. Ambos somos humildes servidores del Señor y de su Pueblo: Usted como Papa y yo como párroco de una pequeña porción del rebaño. Solo cuando los fieles vean que los anteponemos a cualquier otra consideración o interés, encontrarán fuerzas para vencer la indefensión y la desesperanza. Apoyo totalmente la postura del cardenal Gerhard Müller, exprefecto para la Doctrina de la Fe: “Quizás la Iglesia debería ser más libre y menos atada a las lógicas mundanas del poder, en consecuencia, más libre para intervenir y, si es necesario, para criticar a aquellos políticos que acaban suprimiendo los derechos humanos”.

Santidad, no quiero terminar esta carta sin felicitarlo y darle todo mi apoyo en sus esfuerzos para lograr en Ucrania una paz con justicia, una paz con libertad para ese sufrido y valiente pueblo. Que la Virgen Santísima de la Caridad alivie los corazones de los hombres y de los pueblos con el Don del Amor, único remedio para todos nuestros males, como intuyó aquel ermitaño que cuidaba de la pequeña imagen e insistía en llamarla “Virgen de la Caridad y Remedios. Al final de sus días se le oyó decir: “Señora mía, ya no te llamaré más de los Remedios, pues en tu Caridad lo tengo todo”.

José Conrado Rodríguez Alegre, pbro. párroco de San Francisco de Paula en Trinidad.

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Tomado de https://diariodecuba.com/cuba/1663629055_42342.html

Un sacerdote de la Isla al papa Francisco: 'Los cubanos sentimos vergüenza ajena por usted'

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El padre José Conrado Rodríguez reprocha al sumo pontífice de la Iglesia Católica su silencio ante los regímenes de izquierda.

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DDC

La Habana

20 septiembre 2022

El sacerdote cubano José Conrado Rodríguez Alegre envió una carta abierta al papa Francisco en la que le reprochó su silencio ante lo atropellos que cometen diversos regímenes totalitarios, en especial el de Cuba.

De acuerdo con el párroco católico de la Iglesia San Francisco de Paula, en Trinidad, Sancti Spíritus, "sabemos bien que cuando la Santa Sede no defiende explícita y firmemente a las víctimas, los gobiernos totalitarios se sienten con las manos libres para obrar a su antojo, en contra de sus víctimas".

"Le confieso que cada vez se me fue haciendo más difícil afirmar sinceramente que 'el papa muchas veces me sorprende, pero nunca me defrauda'. Me resultó bastante simpático que usted mantuviera una distancia 'seria' con el presidente Trump, en aquel momento el hombre más poderoso de la tierra. Pero se me hizo muy difícil observar las sonrisas demasiado explícitas con los dictadores de izquierda: Maduro, Ortega, Evo Morales, y algunos más", subrayó.

Rodríguez Alegre hizo referencia a una epístola que en 2018 dirigiera al máximo representante de la Iglesia Católica, donde la indicó que comprende "que usted vivió la traumática experiencia de las dictaduras de derechas".

Pero admitió que, por esa misma razón, le resultó paradójico el silencio del Vaticano cuando, a raíz de la visita que en 2015 hiciera Francisco a Cuba, "se les impidiera a los disidentes saludar al Papa en la Nunciatura de la Habana, como estaba previsto. Y al día siguiente se repitió la situación en la Catedral habanera: la Santa Sede guardó silencio y no hizo una protesta formal y pública ante el comportamiento del Gobierno cubano, cuando menos descortés con el papa y abusivo con los disidentes y opositores a quienes el papa quería saludar, aunque fuera brevemente".

"Los acontecimientos recientes en la hermana nación de Nicaragua, con el encarcelamiento del obispo Rolando Álvarez y un grupo de sus colaboradores más cercanos, sacerdotes y laicos, en Matagalpa, han vuelto a poner sobre el tapete el tema del silencio frente a los abusos de las dictaduras de izquierda. El encarcelamiento en ese país de los principales candidatos opositores a la presidencia, el acoso brutal de toda la disidencia política y social y la declarada persecución religiosa desatada por el dictador Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo son sumamente preocupantes. Me viene a la memoria aquella tonada chilena de tiempos de Pinochet: 'Díganle al papa que vive en Roma, cómo le matan a sus palomas'".

El sacerdote cubano recordó al papa las declaraciones que hizo en julio pasado, a raíz del primer aniversario de las históricas protestas del 11J en Cuba, y en las que reconoció tener "una relación humana" con Raúl Castro.

Sobre ello, Rodríguez Alegre sentenció: "Santo Padre, los cubanos sentimos vergüenza ajena por usted. Cómo es posible que el papa callara frente a una represión brutal contra ciudadanos pacíficos que gritaban 'Patria y Vida' y que expresaban su enorme anhelo de libertad y de justicia frente a un Gobierno que lleva 63 años en el poder conculcando derechos y aplastando a todo un pueblo".

"Con tristeza le trasmito lo que me dijo un joven y excelente sacerdote: 'a veces el Papa me suena más como un ideólogo que como un profeta o un pastor'", citó.

 Conrado recordó además que, durante esa jornada, Miguel Díaz-Canel llamó a sus seguidores desde la televisión a ejercer la violencia contra quienes se manifestaban pacíficamente.

"Santidad, si queremos tener un norte claro ante los problemas de este mundo, debemos optar por los más pobres, por los más débiles, por los oprimidos. No se deje engatusar y engañar por los grandes de este mundo. Su lugar no está entre ellos, sino al lado del pueblo. Su lógica es la de Jesucristo: despojado de todo rango y categoría, para servir desde la pequeñez y la pobreza. Hay que defender a las ovejas: en Cuba, en Nicaragua, en Venezuela, en China. Siempre con los oprimidos, nunca con los opresores: 'no se puede servir a dos señores'", finalizó. 

El padre José Conrado ha sido un constante crítico del régimen cubano. En cartas abiertas dirigidas a Fidel y Raúl Castro les había señalado como responsables de la deriva autoritaria de Cuba y enfatizado cómo sus políticas dañan a los cubanos.

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Carta del  año 2015

Tomado de https://www.facebook.com/

UNA CARTA AL PAPA FRANCISCO.

Padre Alberto Cutié.

Su Santidad:

Por mucho tiempo pertenecí a la misma rama de su ejército. Aunque ahora soy parte de una rama más pequeña y menos influyente, ciertamente seguimos en el mismo ejército del Señor y con el mismo deseo de ver que el Reino de Dios se haga presente “aquí en la tierra, como en el cielo”.

También soy parte de un grupo cultural único y con una experiencia peculiar. Aunque muchos no hemos nacido en Cuba, por accidentes de la historia, en muchas partes del mundo nos dicen, “esos cubanos de Miami”. Y tienen razón, llevamos la cubanía en la sangre.

Damos gracias a Dios por su visita a Cuba, pero al escuchar las opiniones de cubanoamericanos como yo, tengo solo tres preguntas que casi todos nos hacemos a diario, pero que se quedan sin contestar:

¿Por qué usted y otros líderes religiosos condenan tan fuertemente el capitalismo, y nos ofrecen una lista de todos los desastres que surgen como resultado del mismo, pero nunca vemos una condena igualmente fuerte del comunismo ateo, que tanto daño sigue haciendo en el mundo? Esa desigualdad a la hora de condenar nos parece injusta.

Si realmente nos interesa tanto ayudar a los pobres, ¿por qué ignoramos a los que sufren la gran pobreza de la falta de libertad y que, solo por expresar su desesperación y por reclamar que se respeten los más básicos derechos humanos, son detenidos, hostigados y golpeados? Todos los días llegan jóvenes cubanos a nuestras costas –y un sinfín nunca llega– buscando esa libertad.

¿Es más importante tener relaciones diplomáticas con un país que no tiene elecciones libres hace más de 50 años, que maltrata a su pueblo, que tiene un historial bien documentado de oprimir y robar a la misma iglesia, que buscar la justicia, el bien común y la libertad de todos los cubanos? Considero que la iglesia de Cristo tiene que estar más vinculada y preocupada por el pueblo y no tan cercana al opresor. La excusa que se presenta es que esta es una “visita pastoral” y no “política”, pero ese argumento ya no es válido, porque hemos visto muchísimos ejemplos en los cuales la Santa Sede y su cuerpo diplomático se involucran extensamente en situaciones políticas. ¿Por qué en el caso de Cuba esto se trata de forma diferente?

Ya sé. La gran mayoría de las personas que leen estas preguntas dicen que “esos cubanos de Miami” no entendemos aquello. He llegado a la conclusión que tienen razón. La verdad es que no entendemos.

No entiendo, ni creo que pueda empezar a entender, por qué un hombre de Dios se puede reunir con los opresores, pero no con los oprimidos; por qué a las instituciones religiosas se les ha olvidado que el cristianismo nació de los mártires, no de quienes se quedaron callados antes las injusticias. Tampoco entiendo cómo no podemos aprender de la historia, cuando durante la Segunda Guerra Mundial, la gran mayoría de los cristianos nos quedamos callados ante el asesinato de más de seis millones de seres humanos –mayormente hermanos judíos– que fueron víctimas de otro dictador asesino. Son hechos de la historia que no podemos ignorar.

Santidad, qué le vaya bien en su viaje, pero “estos cubanos de Miami” seguimos sin entender. Ver menos

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jueves, junio 02, 2022

Marlene Azor Hernández: La izquierda latinoamericana debe reconciliarse con los derechos humanos

 
Tomado de https://www.cubanet.org

La izquierda latinoamericana debe reconciliarse con los derechos humanos

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La vieja escuela del “enemigo está fuera de las fronteras” debe sustituirse por la reconciliación de la izquierda latinoamericana con los derechos humanos.

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Por Marlene Azor Hernández

1 de junio, 2022

CIUDAD DE MÉXICO. – La Cumbre del ALBA-TCP, celebrada en La Habana con Miguel Díaz-Canel, Daniel Ortega y Nicolás Maduro, llamó a la inclusión regional, aunque esos dictadores de izquierda están divorciados de los intereses de sus pueblos desde hace décadas.

La reacción ante la exclusión de las tres dictaduras de la Cumbre de las Américas ha revelado una vez más la nula importancia que le concede la izquierda latinoamericana a las violaciones de derechos humanos y a la violencia desatada por los tres regímenes contra las vidas de millones de ciudadanos latinoamericanos desplazados, desterrados, encarcelados, torturados y asesinados.

Los gobiernos de México, Bolivia, Honduras, Argentina y Chile confirman que sus agendas nacionales e internacionales no incluyen el tema de la democracia, los derechos humanos y los Estados de derecho, por los cual seguramente no van a plantearse políticas públicas ni cambios institucionales que favorezcan el control de la corrupción, la fiscalización de las violaciones de derechos humanos en sus países y tampoco la estricta separación de poderes y la prensa libre que garantiza instituciones fuertes y no cambiantes.

Para estos gobiernos, los millones de vidas violentadas por las dictaduras de Venezuela, Cuba y Nicaragua no son de interés prioritario; lo es el partidismo ideológico y la lucha por hacerse hegemónicos cada uno en su zona. El eje central de la eficacia institucional, la transparencia, los contrapesos y la violación de los derechos humanos, endeblez que explica los problemas acumulados de las sociedades latinoamericanas, siguen engavetados para la izquierda latinoamericana.

Lejos de avergonzarse con estas ausencias de sus agendas, nos proponen que nos ocupemos de otros temas.

Por ejemplo, el periodista Matías Bianchi, director del Proyecto Asuntos del Sur, en su artículo reciente en El País critica la exclusión de las tres dictaduras de la Cumbre de las Américas. Para este periodista, los asuntos prioritarios a tratar en la reunión hemisférica son el narcotráfico, las migraciones, el capitalismo financiero desregulado y el cambio climático.

Priorizar otros temas y no los que producen inestabilidad regional con respecto a los derechos humanos es lo que ha mantenido en el poder a Daniel Ortega desde hace 15 años, a Chávez y Maduro por 23 años hasta ahora, y a Fidel Castro, Raúl Castro y Miguel Díaz-Canel por más de seis décadas, en detrimento de la democracia y los derechos humanos.

En cada ocasión, la izquierda latinoamericana se ha desentendido de los derechos humanos para centrarse en la agenda antiyanqui y eliminar su responsabilidad en las situaciones internas de sus países, o trasladar la responsabilidad de sus problemas internos a las políticas de EE. UU. Un mecanismo tan burdo y falso que se puede constatar en las denuncias y los análisis de la prensa latinoamericana en los últimos 30 años. 

¿Por qué el respeto a los derechos humanos es la solución central de todos los problemas acumulados en la región latinoamericana durante décadas?

El respeto a los derechos civiles y políticos, económicos, culturales, sociales, laborales y jurídicos necesita una institucionalidad transparente y enemiga de la corrupción, que no dependa del partido político que gane una elección, y que pueda funcionar al margen y con ayuda de todos los partidos políticos en cada país.

Culpar del narcotráfico a la falta de recursos y no a una política deficiente para eliminarlo es una de las falacias de la izquierda latinoamericana. En el caso de México, EE. UU. ha proporcionado cuantiosa ayuda y colaboración directa para tratar de controlar dicha violencia cotidiana. En cambio, la política del presidente Andrés Manuel López Obrador ha obviado o “normalizado” el narco, lo que hace endémica la muerte de decenas de miles de mexicanos cada año en su propio país.

Culpar a EE. UU. de la migración masiva de Centroamérica y el Caribe es otra oportunidad de los gobiernos latinoamericanos para evitar plantearse políticas públicas que permitan vivir a sus pueblos con sus proyectos de vida en condiciones de seguridad y prosperidad. Los gobiernos latinoamericanos de izquierda, frente al tema de la emigración masiva lo que proponen es endurecer la política interna y violar aún más los derechos humanos, mediante pactos con EE. UU. En el caso de Cuba, la política es expulsar a sus ciudadanos mediante la represión y el terror. Lo mismo hacen las dictaduras nicaragüense y venezolana para aniquilar la oposición.

Además, culpar a EE. UU. de las consecuencias del cambio climático, por falta de recursos en sus países para combatirlo, es otra falacia. ¿Cuáles políticas públicas internas en los países atenúan el cambio climático y qué recursos pone cada gobierno para ello?

Culpar a los EE. UU. de las políticas internas con relación al capitalismo financiero desregulado es otra falacia. Aquí, la izquierda latinoamericana en el poder quiere hacerse invisible y no responsable de sus propias políticas económicas internas.


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