martes, enero 28, 2025

Sobre José Martí y Pérez, Apóstol de la Independencia de Cuba, por un nuevo aniversario de su nacimiento: 1853-1895

 Tomado de https://www.facebook.com

Por Dr. Antonio Manuel Padovani Cantón

27 de enero de 2023

Desde el 28 de enero de 1853 hasta el 19 de mayo de 1895 median apenas 42 años. ¿Es posible en tan corto espacio de tiempo encerrar una vida como la de José Martí?

Cada vez que pienso en ello me asombro.

Ser precursor del modernismo en poesía, ser un orador excepcional, periodista, escribir historias para niños (Y dirigir y editar una revista dedicada a los niños), escritor, traductor, autor teatral y tantas cosas más en el terreno literario. Poliglota.

Además, diplomático, político excepcional, crear un partido, organizar y dirigir una Revolución y morir por ella.

¿Es posible hacer todo eso en apenas 42 años?

Difícil, pero Martí lo logró.

Traicionado, tergiversado, utilizado para justificar conductas que el criticó.

Leído por pocos y citado por muchos.

Leer a Martí, directamente, sin interpretaciones de otros, sin aceptar las frases que el nunca dijo textualmente y que las “simplificaron” para meterlas en nuestro pensamiento.

Baste una, “Nuestro vino es agrio, pero es nuestro vino

No lo dijo de esa manera. Martí dijo:

… El vino, de plátano: y si sale agrio, ¡Es nuestro vino! Se entiende que las formas de gobierno de un país han de acomodarse a sus elementos naturales; que las ideas absolutas, para no caer por un yerro de forma, han de ponerse en formas relativas; que la libertad, para ser viable, tiene que ser sincera y plena, que si la republica no abre los brazos a todos y adelanta con todos, muere la republica…

(Obras Completas, volumen 6; Nuestra América, pp. 20 y 21)

No es lo mismo ¿Si o no?

El hombre que nació sin sol y fue un sol en sí mismo, el hombre que tomó el yugo en sus manos para subirse sobre él y que se viera mejor en su frente la estrella que ilumina y mata. El vivo que a vivir no tuvo miedo y cuyos pasos, aun hoy, se oyen subir en la sombra. El hombre que rechazó el pesebre que tiene rica y ancha avena porque el hombre que al buey imita, buey vuelve a ser y en apagado bruto la escala universal de nuevo empieza. (Inspirado en el poema “Yugo y Estrella”)

Martí señaló los errores en que puede caer una revolución y, sirvan de ejemplo los siguientes:

… ¿qué garantías puede haber de que las libertades públicas, único objeto digno de lanzar un país a la lucha, sean mejor respetadas mañana? ¿Qué somos, General?, los servidores heroicos y modestos de una idea que nos calienta el corazón, los amigos leales de un pueblo en desventura, o los caudillos valientes y afortunados que con el látigo en la mano y la espuela en el tacón se disponen a llevar la guerra a un pueblo, ¿para enseñorearse después de él? ¿La fama que ganaron Vds. en una empresa, la fama de valor, lealtad y prudencia, van a perderla en otra? ...

(Al General Máximo Gómez New York, 20 de octubre de 1884 Obras Completas. Volumen 1, Páginas 177-180)

… El Poder no es más que el respeto a todas las manifestaciones de la Justicia, la voluntad firme ante todos los consejos de la crueldad o el orgullo.

Y cuando el acatamiento a la Justicia desaparece y el cumplimiento del deber se desconoce, infamia envuelve el triunfo y la gloria, vida insensata y odiosa vive el poder. No ha de ser respetada voluntad que comprime otra voluntad …

(La República española ante la Revolución Cubana. Volumen 1, pp 88-99)

…de las clases todas que de la misma ignominia y angustia se han de lanzar, en la crisis purificadora, al mismo campo de rescate; por el himno de esperanza con que la isla entera, suplicante o imperante, saluda la aparición de la bandera apetecida en el sigilo, la bandera de una revolución de energía y concordia que proclama el bien de todo el país, y no el bien exclusivo de una sola clase de él …” (Patria Nueva York 11 de junio de 1892, Adelante, juntos. Página 13)

… Que la libertad de la patria no está en el nombre de libertad, sino en el trato afectuoso y el ajuste de intereses de todos sus hijos. Que no tenemos que heredar, acá en la América libre, los odios ni los términos de las monarquías europeas, sino conquistar, con el derecho del mérito igual, la igualdad apetecible entre los hombres. Que un pueblo no es un juguete heroico, para que un redentor poético juegue con él; sino nuestras mismas entrañas, que no se han de poner detrás del carro de nadie, ni de pie de la estatua de nadie, sino en lo más tierno de nuestro pecho a calentarles la vida …” (Los Clubs. Volumen 2, página 16)

28 de enero de 1853. Ciento sesenta años después de su nacimiento, Martí sigue vigente y lo seguirá en los ojos de los que lo leen, en el cerebro de los que lo entienden, en el corazón de los que lo sienten y aman.

Nunca en la boca de los que lo citan y no lo siguen.

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Tomado de https://www.facebook.com/

DE LA CALLE PAULA A NUESTROS CORAZONES

Por Esteban Fernandez

27 de enero 2023

No puede pasar un solo mes de enero sin esperar el día 28. No se puede predicar patriotismo sin acudir a él, cuatro letras tiene Cuba, cuatro las de su sagrado nombre. El hombre de los cuatro acentos.

Imposible lanzar una arenga patriótica sin evocar una de sus bellas estrofas, sus versos para los patriotas son como versículos de la Biblia para los religiosos.

Allá y aquí, en Cuba y en el destierro, morimos en las casas y en los hospitales, él murió en Dos Ríos encaramado en su corcel Baconao.

Les predicó a nuestros bisabuelos y abuelos, pero les escribió La Edad de Oro a los niños, vivió desterrado la mayoría de su vida, pero nunca dejó de amar y defender a su tierra natal.

Sus críticos dijeron que le gustaban las mujeres y la Ginebra. Y, pobrecitos, ese es el mayor de los defectos que le podían achacar. Siempre han existido y existen quienes les ven las manchas al Sol en lugar de su brillantez.

Le llamaron “Capitán araña” y se tuvieron que tragar sus palabras cuando valientemente entrega su vida y entra en la historia cubana como el principal, el más excelso, de nuestros mártires.


Nace en La Habana un 28 de Enero y muere un 19 de Mayo en Oriente. No hubo aspavientos, algarabías, pompas ni una ostentosa velada…

Seres malvados han tratado inútilmente, durante los últimos 64 años, de robárselo, de atribuirle contribución a la destrucción de Cuba. Esa gloriosa tierra que él enalteció. Se equivocaron soberanamente... Esa es una misión imposible.

Él no les pertenece, no me pertenece, no le pertenece a nadie, y nos pertenece a todos. Y ya ni a Cuba él le pertenece. Cuba le pertenece a él.

La hizo suya en Dos Ríos, y si Cuba es nuestra madre, él es nuestro padre. Producto de esa unión nació el patriotismo cubano. El nuestro y el que le tenemos que inculcar a nuestros herederos. Porque ellos también son herederos de él.

No, no es necesario poner su nombre, su nombre está grabado con letras de oro en los pechos de todos los cubanos de verdad. En nuestras mentes.

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 Realmente esas palabras las escribió en la carta personal a Fermín Valdés Domínguez de mayo de 1894
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MARTÍ: UN ACERCAMIENTO PUNTUAL
(fragmento)

Por Pedro Pablo Arencibia Cardoso
"El animal anda en manadas; el hombre con su pensamiento libre."
J. Martí (Tomo II, 52)

Martí, un hombre real

José Julián Martí y Pérez ha sido una de esas personalidades de la historia de las que muy pocas veces se ha hecho una valoración objetiva y real.

La persona de José Martí fue deshumanizada (sobre todo después de su muerte) por parte de sus adoradores, los cuales no deben confundirse con aquellas personas que lo veneran, o sea, que le ofrecen un culto de veneración: amor y respeto. José Martí fue una persona con muy admirables, altos y positivos principios éticos que acompañaba con su actuar, pero no fue un santo; no fue perfecto como tampoco lo somos ninguno de nosotros. Recordemos que, a los cristianos, la santidad nos la da Dios como gracia, pues ninguno de los seres humanos llegamos por nuestros méritos a ella; en nuestra vida a lo más que llegamos, con la ayuda de Dios, es a una santidad ¨aproximada¨ e imperfecta. No está demás señalar que los cristianos solamente debemos darle culto de adoración a Dios, el cual es un Dios único y trino que frecuentemente identificamos con Cristo: la Persona divina del Hijo hecho hombre; Verdad y Vida y el único Camino para llegar al Padre.

Martí y el socialismo

Pero si su persona ha sido manipulada y reducida en toda su riqueza y complejidad humana mediante sensibles silencios, su ideario ha sido aún más usado, manipulado y podado de incómodos señalamientos; aunque hay determinados períodos de nuestra historia patria donde esto se ha manifestado más que en otros. Algunos ejemplos los podemos ver en su carta del 29 de mayo de 1883. En dicha carta Martí habla positivamente del fundador del marxismo pero desecha los métodos propuestos por Marx basados en la lucha de clases.

¨ Ved esta gran sala. Karl Marx ha muerto. Como se puso del lado de los débiles, merece honor. Pero no hace bien el que señala el daño, y arde en ansias generosas de ponerle remedio, sino el que enseña remedio blando al daño. Espanta la tarea de echar a los hombres sobre los hombres. Indigna el forzoso abestiamiento de unos hombres en provecho de otros. Mas, se ha de hallar salida a la indignación, de modo que la bestia cese, sin que se desborde, y espante…¨ (Tomo 9, 388)

y escribe más adelante:

¨ …Karl Marx estudió los modos de asentar al mundo sobre nuevas bases, y despertó a los dormidos, y les enseñó el modo de echar a tierra los puntales rotos. Pero anduvo de prisa, y un tanto en la sombra, sin ver que no nacen viables, ni de seno de pueblo en la historia, ni de seno de mujer en el hogar, los hijos que no han tenido gestación natural y laboriosa ¨ (Tomo 9, 388)

advierte:

¨… Son los rusos el látigo de la reforma: mas ¡no!, no son aún estos hombres impacientes y generosos, manchados de ira, los que han de poner cimiento al mundo nuevo: ellos son la espuela, y vienen a punto, como la voz de la conciencia , que pudiera dormirse: pero el acero del acicate no sirve bien para martillo fundador¨ (Tomo 9, 388-389)

En su crítica sobre la obra ¨ La Futura Esclavitud¨ de Herbert Spencer, Martí también plantea sus objeciones sobre el socialismo; una de esas objeciones es:

¨…De ser siervo de sí mismo, pasará el hombre a ser siervo del Estado. De ser esclavo de los capitalistas, como se llama ahora, iría a ser esclavo de los funcionarios.¨(Tomo 15, 391)

En sus cartas públicas y personales nuestro Apóstol también hace fuertes críticas al socialismo; estas cartas han sido muy poco divulgadas en nuestro país. En la carta al Director de La Nación del 9 de enero de 1890 plantea:

¨…Cada pueblo se cura conforme a su naturaleza, que pide diversos grados de la medicina, según falte este u otro factor en el mal, o medicina diferente. Ni Saint-Simon, ni Karl Marx, ni Marlo, ni Bakunin. Las reformas que nos vengan al cuerpo. ¨ (Tomo 12, 378)

Y en la carta personal a Fermín Valdés Domínguez de mayo de 1894 señala:

¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168)

Martí: demócrata y liberal

José Martí fue un destacado liberal del siglo XIX, entendiendo como liberalismo a aquella corriente de pensamiento filosófico, económico y de acción política que propugna limitar al máximo el poder coactivo del Estado sobre los seres humanos y la sociedad civil. A continuación expondré algunos fragmentos de su ideario que muestran su carácter profundamente democrático y liberal.

¨ La independencia de un pueblo consiste en el respeto que los poderes públicos demuestren a cada uno de sus hijos.¨ (citado por Pichardo en 317)

Para Martí la independencia no solamente no existía cuando una Metrópoli no respetaba los derechos de los habitantes de la Colonia; tampoco se era independiente cuando los poderes públicos de una nación, desempeñados por nacionales o por extranjeros, no demostraban respeto hacia cada uno de sus hijos. Observemos que ese respeto, según Martí, debía ser para cada uno de sus hijos y no para una parte, pues el concepto de pueblo para Martí no era sectario:

¨ Un pueblo es composición de muchas voluntades, viles o puras, francas o torvas, impedidas por la timidez o precipitadas por la ignorancia. Hay que deponer mucho, que atar mucho, que sacrificar mucho, que apearse de la fantasía, que echar pie a tierra con la patria revuelta, alzando por el cuello a los pecadores .... hay que sacar de lo profundo las virtudes ..¨.

Para Martí si en la nueva república no se iba a respetar el carácter entero de cada uno de los hijos de la nación, no valía la pena ir a la supuesta lucha libertaria:

¨... O la república tiene por base el carácter entero de cada uno de sus hijos, el hábito de trabajar con sus manos y pensar por sí propio, el ejercicio íntegro de sí y el respeto, como de honor de familia, al ejercicio íntegro de los demás; la pasión, en fin, por el decoro del hombre; - o la república no vale una lágrima de nuestras mujeres ni una sola gota de sangre de nuestros bravos. Para verdades trabajamos, y no para sueños. Para libertar a los cubanos trabajamos, y no para acorralarlos. ¡ Para ajustar en la paz y en la equidad los intereses y los derechos de los habitantes leales de Cuba trabajamos, y no para erigir, a la boca del continente, de la república, la mayordomía espantada de Veintimilla, o la hacienda sangrienta de Rosas, o el Paraguay lúgubre de Francia !...¨ (Tomo 4, 270)

En el monumento al Apóstol que hay en la ciudad de Pinar del Río se lee un aforismo que también habla de su carácter profundamente liberal:

¨De la independencia de los individuos depende la grandeza de los pueblos¨

Para Martí no sólo la grandeza de un pueblo estaba supeditada a la independencia de los individuos; para el Mártir de Dos Ríos la soberanía de una nación radicaba en sus hijos y no en su gobierno. Es más, Martí asociaba el concepto de patria al de libertad:

¨ Y no constituye la tierra eso que llaman integridad de la patria. Patria es algo más que opresión, algo más que pedazo de terreno sin libertad y sin vida, algo más que derecho de posesión a la fuerza. Patria es comunidad de intereses, unidad de tradiciones, unidad de fines, fusión dulcísima y consoladora de amores y esperanzas.¨ (Tomo 1, 93)

Por eso en un artículo a raíz de la muerte del poeta Julián del Casals, Martí escribe que no tiene patria hasta que la conquiste.

Su característica liberal de estar opuesto a que las estructuras del poder coactaran la libertad de los individuos, hizo que Martí rechazara profundamente al caudillismo.

Martí en contra del caudillismo

La experiencia latinoamericana en lo relativo a las luchas intestinas y fratricidas que siguieron a la liberación del yugo español de ciertas naciones de América del Sur y la desconcertante experiencia de ver que varios de sus libertadores se convirtieron posteriormente en dictadores de sus pueblos, dejaron en Martí una impronta tal, que él prefería que Cuba siguiera siendo colonia española, antes de que cayera en manos de caudillos:

¨Y no quiero a mi patria ¡no! víctima de capataces. La prefiero esclava de los demás a verla esclava de sus hijos.¨ (* citada por Pichardo, 189). 

El 20 de octubre de 1884, y después de un incidente desagradable con Máximo Gómez, Martí le escribió al dominicano su determinación de:

¨no contribuir en un ápice por el amor ciego a una idea en que me está yendo la vida, a traer a mi tierra a un régimen de despotismo personal, que sería más vergonzoso y funesto que el despotismo político que ahora soporta y más grave y difícil de desarraigar, porque vendría excusado por algunas virtudes, establecido por la idea encarnada en él, y legitimado por el triunfo¨ (Tomo 1, 177)
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¨Y no quiero a mi patria ¡no! víctima de capataces. La prefiero esclava de los demás a verla esclava de sus hijos.¨, palabras citadas por la relevante historiadora Hortensia Pichardo en su libro José Martí-Lecturas para los niños, en su capítulo Mi Patria y en  la página 189 de la edición publicada en Cuba en 1990 por el Combinado Poligráfico de Guantánamo.

El artículo se puede leer íntegramente entre las páginas 43 y 53  de mi libro La historia de Cuba que te ocultaron y otros temas




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viernes, junio 02, 2023

Por: Dr. Alberto Roteta Dorado: KARL MARX, UN PERSONAJE INFLUYENTE, PERO JAMÁS EL FILÓSOFO MÁS INFLUYENTE DE TODOS LOS TIEMPOS (-I-)

KARL MARX, UN PERSONAJE INFLUYENTE, PERO JAMÁS EL FILÓSOFO MÁS INFLUYENTE DE TODOS LOS TIEMPOS (-I-) 

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"En el único lugar del mundo donde siguen venerando al delirante pensador del proletariado y de las luchas de clases es en Cuba, toda vez que las naciones del antiguo campo socialista decidieron olvidarlo y sepultarlo por la eternidad"

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(Bloguista de Baracutey Cubano: Karl Marx y Federico Engels son los iniciadores  del genocidio político moderno)

Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.

31 de mayo, 2023


Santa Cruz de Tenerife. España.- Un amigo del pasado publicó recientemente en las llamadas redes sociales algo relacionado con el pensador alemán Karl Marx. Tal vez se dejó arrastrar demasiado por la pasión. Con una fuerte dosis de fanatismo llegó a afirmar que Marx es el filósofo más influyente de todos los tiempos. Por suerte, solo había recibido 25 like y cuatro comentarios, incluyendo su propio alegato contra uno de los comentaristas que no coincidió con la hipótesis de nuestro amigo marxista, al menos, hasta la última vez que consulté su publicación hace más de tres semanas.

El admirador de Marx, a pesar de que es psicólogo de profesión  – se supone que tenga ciertos mecanismos para el control y atenuación de su lado emocional–, no se pudo contener. Este fallo de su lado emocional lo llevó a afirmar tan disparatado postulado respecto al famoso autor de “El Capital”. Confieso que durante los años que traté muy de cerca con el amigo marxista jamás hizo comentarios acerca del pensador alemán que nuestro José Martí (1853-1895) llamó el poderoso hombre del mundo del trabajo, aunque se afirma que jamás trabajó en su miserable vida.

Tal vez experimentó un viraje radical en su vida en el sentido inverso a las manecillas del reloj, o se trate de uno de los tantos casos de seres que ocultaron durante muchos años su verdadera forma de pensar. Confieso que no siento nada en contra del amigo marxista, que ya no es amigo, y no es por el hecho de ser marxista; sino porque desde que dejé la tierra donde nací no volví a tener comunicación con el. Entré accidentalmente a su muro – que es la forma tan rara de llamar ahora al sitio donde publicas y comentas ciertas cosas– y quedé petrificado ante la abrumadora exaltación hacia ciertos personajes de la historia de Cuba, o de otros sitios del mundo, los que para mi resultan muy indeseables por su perversidad y oscuridad de sus vidas.

Pero vamos al punto más interesante de la publicación del marxista, cuyo nombre me reservo. Si hubiera analizado con profundidad su hipótesis, sin duda, las cosas hubieran sido diferentes; aunque, con sinceridad, después de haber revisado varias de sus publicaciones dudo que cambiara de opinión. El fanatismo lo ha penetrado demasiado como para poder desprenderse de sus ideas marxistas, suponiendo que fueran verdaderas.

Karl Marx (1818-1883) en realidad es un personaje de la historia influyente; pero no es el filósofo más influyente de todos los tiempos. En el único lugar del mundo donde siguen venerando al delirante pensador del proletariado y de las luchas de clases es en Cuba, toda vez que las naciones del antiguo campo socialista decidieron olvidarlo y sepultarlo por la eternidad, amén de haber derribado numerosos monumentos escultóricos que hacían exaltación a dicho sistema – incluyendo las esculturas dedicadas al padre del materialismo dialéctico e histórico– como demostración de desacuerdo a las ideas impuestas durante décadas por sus correspondientes dictaduras.

La condición de Marx como filósofo es puesta en duda por algunos, entre los que me incluyo con firmeza. Los grandes tratados de Historia de la Filosofía solo le dedican un pequeño apéndice para hacer referencia a sus erróneos postulados respecto a las luchas clasistas, al proletariado mundial insatisfecho y encargado de aniquilar a la burguesía, entre otras tantas absurdas ideas, incluidas sus extensas divagaciones en el “Manifiesto Comunista”, obra que, por desgracia, se sigue editando en el mundo.

(Karl Marx para algunos especialista, fue un sociólogo de su tiempo y lugar, pero no un filósofo. Imágenes y comentarios del bloguista de Baracutey Cubano) 

En mi opinión, el alemán que, según José Martí, "anduvo de prisa y un tanto en la sombra", fue un intelectual, un pensador, o algo así, pero jamás lo incluiría dentro del mundo de la filosofía; aunque esto resulte atrevido y contradictorio para muchos. La antropología social le vendría mejor para no dejarlo fuera de algún contexto cercano a la filosofía. No todos los que opinan acerca de la vida, los misterios del universo y el comportamiento humano son en realidad filósofos. En nuestros días abundan los llamados filósofos modernos que no hacen otra cosa que repetir lo ya establecido desde antaño, esto es, llover sobre mojado. Sobre ciertas premisas se dedican a la especulación sociopolítica entre aciertos y desaciertos. La ecología y las tendencias medioambientalistas, el feminismo, la protección animal, la política y la sociología, etc., son temas de interés para muchos; pero de ahí a que se incluyan en el vasto campo de la filosofía va un buen trecho.

Me temo que el viejo amigo tomó al pie de la letra algún escrito de alguno de los tantos que permanecen aferrados a un pasado donde el marxismo fue impuesto a la fuerza. Si no eras marxista – lo que presuponía que tuvieras una concepción materialista del mundo– no podías estudiar una carrera universitaria. Todo el que no profesara las idioteces del "alemán de alma sedosa y mano férrea" estaba en riesgo de ser expulsado de su carrera, y en el mejor de los casos, marginado y obligado a cambiar su ideología mediante los métodos comunistas de lavado de cerebro. Si alguien está en desacuerdo que se atreva desmentirlo con un buen fundamento.

Hegel, el filósofo más grande de todos los tiempos.

   “Sólo lo espiritual es lo real; es la esencia o el ser en sí, lo que se mantiene y lo determinado –el ser otro y el ser para sí– (…).Pero este ser en y para sí (...) es la sustancia espiritual”.

Si yo me dejara arrastrar por la pasión, como hizo el amigo marxista, afirmaría que el filósofo más influyente de todos los tiempos es Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831), el genio del idealismo alemán, quien fuera capaz de crear el sistema más abarcador y completo que jamás ningún filósofo ha podido superar. El investigador y escritor Jacques D’Hondt (1920-2012), considerado el mayor especialista francés en Hegel, utiliza como título de su libro dedicado al autor de “Fenomenología del Espíritu” una frase o idea que resume su grandeza: Hegel, el último filósofo que explicó la totalidad. Las hipótesis hegelianas basadas en la Idea Absoluta en sí, como el concepto más extraordinario dentro del campo de la filosofía y de la religión, nos ofrecen la concepción más acabada del desarrollo de la espiritualidad y del intelecto. Hegel llegó a definir una de las más ejemplares abstracciones filosóficas de todos los tiempos: la espiritualización de la materia. He aquí su genialidad, su grandeza. Si fue más o menos influyente no importa. Lo que vale es su extraordinario aporte y el hecho de haber desarrollado una obra perfecta, donde expone el más acabado de los sistemas filosóficos, insuperable hasta el presente.

   En el pensamiento de Hegel, lo Absoluto es el devenir de la idea y, porque es sobre todo resultado y final, es espíritu Absoluto desarrollado a lo largo del tiempo: arte, religión y filosofía. Hegel parte de una primera intuición, la del espíritu. El espíritu está dotado de diferencias, o mejor dicho se diferencia en sí mismo. Se va desarrollando merced a una propia autoactividad en todas estas diferencias, y de esta manera produce toda la realidad. Solo al final de todo ese proceso llega a ser el espíritu Absoluto. Pero este espíritu es algo así como una hipóstasis, como un individuo universal en quien está englobada toda la diferenciación de la realidad. Las diversas manifestaciones de este espíritu son los fenómenos, de ahí el título de su genial obra, esto es, “Fenomenología del Espíritu”. 

Sin embargo, jamás me he atrevido a escribir semejantes cosas – si las he afirmado mediante la palabra no escrita, la que se desvanece y no perdura, o perdura menos que la escrita–. Esto entraría en contradicción directa con uno de los grandes del trascendentalismo estadounidense del siglo XIX, Ralph W. Emerson (1803-1882). Según Emerson la filosofía puede resumirse en Platón, a la vez que Platón la es síntesis de la filosofía; idea fascinante que siempre he respetado, toda vez que, si se trata de filósofos influyentes o trascendentes a través del tiempo, habría que colocar en un enorme pedestal a Platón y no a Marx. El gran filósofo creador de la teoría de las ideas arquetípicas sentó las bases de una nueva forma especulativa que ha perdurado a través de los siglos. Todos los que le sucedieron tuvieron que acudir, de una u otra forma, y en mayor o menor medida, a su colosal enseñanza.   

En fin, podría estar haciendo mención a filósofos influyentes durante largas jornadas. Imposible omitir a figuras tan trascendentes como: Sócrates y Pitágoras, quienes, lamentablemente no dejaron obra escrita; aunque se dice que sus discípulos fueron capaces de recopilar lo que verbalmente transmitieron en su tiempo. De ahí que parte de sus enseñanzas sean conocidas en la actualidad, aunque no en su sentido esencial. En el caso de Sócrates (470 a. C.-399 a. C.) por su polémico método conocido como la mayéutica, esto es, la pregunta que se le realizaba la convertía en otra interrogante que dirigía a quien la realizara para provocar el diálogo y la confrontación. En el caso de Pitágoras (570 a.C.- 490 a.C.) debemos recordar que fue el primero en tener una escuela de filosofía con una disciplina establecida y una sistematicidad en el estudio, amén de sus aportes acerca de la numerología y la geometría como ejes del conocimiento filosófico, lo que luego serviría de sustento a otros pensadores para establecer sus concepciones acerca de un orden y simetría insuperables en el universo.

Un tanto más cercano en el tiempo merece citarse a Aristóteles (384 a.C.-322 a.C.), otro de los que sentó las bases para una sistematización de la enseñanza, no solo filosófica, sino de las ciencias y las letras. Imposible omitir a figuras como Tales de Mileto, Demócrito, Parménides, Anaxímenes y Anaximandro, los que desarrollaron su saber en muy lejanos tiempos, y a otros como Descartes, Rousseau, Nietzsche, Leibniz, entre otros tantos, los que contribuyeron al desarrollo del pensamiento filosófico en etapas posteriores.

(Continuará)

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Antonio Escohotado habla sobre la figura de Karl Marx



La REALIDAD OCULTA de los COMUNISTAS | Antonio Escohotado | MERCADO o PLANIFICACIÓN



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Nota del Bloguista de Baracutey Cubano donde se muestra que Karl Marx se dió cuenta que se equivocó  al definir el concepto de clase social, pues la equipara a una casta en que no se puede salir o mover de una casta  a otra,  ya que entre las castas no existe la movilidad para ascender o descender entre ellas, algo que no sucede con las clases sociales  ya que, por ejemplo, una persona puede ser obrero y pasar a propietario de los medios de producción y viceversa.


El Capital Volumen III

CAPITULO LII (52)

LAS CLASES

Los propietarios de mera fuerza de trabajo, los propietarios de capital y los terratenientes, cuyas respectivas fuentes de ingreso son el salario, la ganancia y la renta de la tierra, esto es, asalariados, capitalistas y terratenientes, forman las tres grandes clases de la sociedad moderna, que se funda en el modo capitalista de producción.

Es en Inglaterra, sin disputa, donde la sociedad moderna está más amplia y clásicamente desarrollada en su articulación económica. Sin embargo, ni siquiera aquí se destaca con pureza esa articulación de las clases. También aquí grados intermedios y de transición (aunque incomparablemente menos en el campo que en las ciudades) encubren por doquier las líneas de demarcación. Pero esto resulta indiferente para nuestro análisis. Hemos visto que la tendencia constante y la ley de desarrollo del modo capitalista de producción es separar más y más del trabajo los medios de producción, así como concentrar más y más en grandes grupos los medios de producción dispersos, esto es, transformar el trabajo en trabajo asalariado y los medios de producción en capital. Y a esta tendencia corresponde por otro lado la separación autónoma de la propiedad de la tierra frente al capital y el trabajo [1] o la trasmutación de toda propiedad de la tierra correspondiente al modo capitalista de producción.

[1124] La próxima pregunta a responder es ésta: ¿qué forma una clase?, y por ciento que esto se desprende de suyo de la respuesta a la otra pregunta: ¿qué hace que trabajadores asalariados, capitalistas y terratenientes formen las tres grandes clases sociales?.

A primera vista, la identidad de los réditos y de las fuentes de rédito. Son tres grandes grupos sociales, cuyos componentes, los individuos que las forman, viven respectivamente de salario, ganancia y renta de la tierra, de la valorización de su fuerza de trabajo, su capital y su propiedad de la tierra.

Pero desde este punto de vista médicos y funcionarios, por ejemplo, también formarían dos clases, pues pertenecen a dos grupos sociales diferentes, en los cuales los réditos de los miembros de cada uno de ambos fluyen de la misma fuente. Lo mismo valdría para la infinita fragmentación de los intereses y posiciones en que la división del trabajo social desdobla a los obreros como a los capitalistas y terratenientes; a los últimos, por ejemplo, en viticultores, agricultores, dueños de bosques, poseedores de minas y poseedores de pesquerías.

{Aquí se interrumpe el manuscrito.}
[1]
58 Friedrich List observa con acierto: "El predominio del cultivo autosuficiente en grandes haciendas sólo demuestra la falta de civilización, de medios de comunicación, de industrias locales y de ciudades ricas. Por eso se lo halla por doquier en Rusia, Polonia, Hungría, Mecklemburgo. Antes también predominaba en Inglaterra, pero con el advenimiento del comercio y la industria lo reemplazó su partición en explotaciones medianas y el arrendamiento". ("Die Ackerverfassung, die Zwergwirthschaft und die Auswanderung", 1842, p. 10).

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viernes, mayo 19, 2023

Alberto Roteta Dorado: MARTÍ ANTIMARXISTA

 MARTÍ ANTIMARXISTA

Por: Dr. Alberto Roteta Dorado


Santa Cruz de Tenerife. España.- Se ha especulado demasiado sobre las posiciones políticas y filosóficas del gran héroe cubano José Martí, cuyo aniversario 128º estamos recordando hoy, 19 de mayo. Para no resultar reiterativo, toda vez que he escrito varios artículos y ensayos publicados en algunos medios, trataré de ser lo más objetivo posible, y también lo más breve que pueda, con la intensión de llevar a los lectores los elementos esenciales que demuestren la firme postura del Apóstol en relación con su antimarxismo y antisocialismo. De modo que lo especulativo, mediante la subjetividad, pueda dejar paso a lo objetivo a través de la propia palabra del Maestro.

Nada mejor que ir a la sabia enseñanza del colosal autor de “Versos Libres” para demostrar su verdadera postura en este sentido. Acudiré a unas pocas referencias de su extensa obra escrita para que los lectores puedan comprender, de una vez, que Martí jamás profesó el socialismo, y mucho menos el marxismo como, por desgracia, el régimen comunista de Cuba ha tratado de imponer mediante la tergiversación de su sagrada enseñanza. 

Cuando murió Ralph W. Emerson, en 1882, y Karl Marx, en 1883 y, José Martí, contemporáneo de ambos, hizo referencia a sus vidas y obras. Recordemos que Martí ejercía el periodismo y era publicado en varias revistas y diarios de su tiempo. Se encontraba en la cumbre de su carrera periodística, siendo publicado en más de una veintena de medios, ya fuera en los Estados Unidos de América, donde vivió la mayor parte de su vida, o en varias naciones de Centroamérica y Suramérica. 

Al filósofo trascendentalista Ralph W. Emerson le dedicó uno de los más colosales ensayos que se han escrito en las letras hispanoamericanas, escrito que se publicó por primera vez, justo un día como hoy, 19 de mayo, pero de 1882, en La Opinión Nacional, en Caracas, Venezuela, y que el propio Martí, en su testamento literario, recomendó a Gonzalo de Quesada y Aróstegui, que se incluyera en el tomo dedicado a los norteamericanos en el proyecto de edición de sus obras. Este ensayo, además de ser prefecto desde el punto de vista estilístico, es extenso y profundo, lo que demuestra sobremanera la admiración de nuestro apóstol por el gran pensador estadounidense, lamentablemente, demasiado olvidado en nuestros días. 

Sin embargo, al morir Karl Marx solo redacta unas brevísimas líneas que publicó en las páginas del diario “La Nación”, el 29 de marzo de 1883. En este escrito lo llamó "alemán de alma sedosa y mano férrea"; pero también afirmó que “anduvo de prisa, y un tanto en la sombra”, lo que demuestra el desacuerdo del héroe de Dos Ríos con los postulados socialistas marxistas.

Marx había muerto, y nos guste o no, fue un personaje con cierta trascendencia en la contextualidad del proletariado europeo de las últimas décadas del siglo XIX. Un periodista de la altura de Martí no podía pasar por alto este suceso, de ahí que se sintiera comprometido con los diarios para los que colaboraba ante la muerte de Marx. Las breves palabras dedicadas al autor de “La miseria de la filosofía” son una prueba irrefutable de lo que afirmo. La extrema brevedad y sencillez de este escrito – algo no habitual en José Martí– lo convierten en una simple nota necrológica de cumplido; pero jamás en un ensayo o escrito como el que dedicó un año antes al filósofo norteamericano Ralph W. Emerson. 

De esta nota necrológica dedicada a Marx al profundo y extenso ensayo dedicado a Emerson va un buen trecho. Para Emerson todos los elogios del mundo, amén de hacer una panorámica general sobre su obra, la cual Martí conocía sobremanera. Para Marx unas breves líneas, y entre sentencias y afirmaciones escuetas acerca de su labor, una constante confrontación con los postulados expuestos en sus doctrinas filosóficas y sociales. 

Martí afirma en el citado escrito dedicado a Marx: “Karl Marx ha muerto. Como se puso del lado de los débiles, merece honor. Pero no hace bien el que señala el daño, y arde en ansias generosas de ponerle remedio, sino el que enseña remedio blando al daño”. Estas primeras líneas de la nota periodística resultan interesantes y merecen ser comentadas. Primero le señala el lado aparentemente bueno: “se puso del lado de los débiles, merece honor”, frase que sacada de su contexto nos pudiera dar la idea de un Martí que admira a quien llamó “el pensador más poderoso del mundo del trabajo”.

Sin embargo, si analizamos la frase inicial de la nota necrológica en su totalidad encontraremos la verdadera pretensión de José Martí, esto es, refutar constantemente los postulados marxistas: “no hace bien el que señala el daño, y arde en ansias generosas de ponerle remedio, sino el que enseña remedio blando al daño”. El autor de “Versos Libres”, con su exquisita agudeza y visión futura, fue capaz de entrever lo que originaría la idea marxista del enfrentamiento entre el proletariado y la burguesía, las clases antagónicas que, según Marx, estaban llamadas a una tenaz lucha, siendo el proletariado el encargado de aniquilar a la burguesía; premisa que siguen sosteniendo los marxistas actuales a pesar de la demostración de lo ineficaz que resultan las propuestas de los regímenes socialistas inspirados en la propuesta marxista.  

Luego Martí expresa: “espanta la tarea de echar a los hombres sobre los hombres. Indigna el forzoso abestiamiento de unos hombres en provecho de otros. Mas se ha de hallar salida a la indignación, de modo que la bestia cese, sin que se desborde, y espante”, frase que no necesita comentarse, toda vez que resume la esencia del marxismo en su verdadero rostro: “echar a los hombres sobre los hombres”, esto es, la lucha armada de las masas proletarias – según Marx, las encargadas de abolir a la burguesía– con el objetivo de establecer un nuevo orden político y social: la instauración de la dictadura del proletariado, algo que Martí consideró uno de los más graves y grandes errores de su doctrina, lo que demuestro al citar las propias palabras del Maestro: 

“Todo el poder que iría adquiriendo la casta de funcionarios, ligados por la necesidad de mantenerse en una ocupación privilegiada y pingüe, lo iría perdiendo el pueblo, que no tiene las mismas razones de complicidad en esperanzas y provechos, para hacer frente a los funcionarios enlazados por intereses comunes. Como todas las necesidades públicas vendrían a ser satisfechas por el Estado, adquirirían los funcionarios entonces la influencia enorme que naturalmente viene a los que distribuyen algún derecho o beneficio. El hombre que quiere ahora que el Estado cuide de él para no tener que cuidar él de sí, tendría que trabajar entonces en la medida, por el tiempo y en la labor que plugiese al Estado asignarle, puesto que a éste, sobre quien caerían todos los deberes, se darían naturalmente todas las facultades necesarias para recabar los medios de cumplir aquéllos”.

Si continuamos analizando el mencionado escrito dedicado a la muerte de Marx nos encontraremos con una frase determinante para demostrar la postura de Martí en relación con el marxismo, y de manera particular con la visión de su fundador: “Karl Marx estudió los modos de asentar al mundo sobre nuevas bases, y despertó a los dormidos, y les enseñó el modo de echar a tierra los puntales rotos. Pero anduvo de prisa, y un tanto en la sombra, sin ver que no nacen viables, ni de seno de pueblo en la historia, ni de seno de mujer en el hogar, los hijos que no han tenido gestación natural y laboriosa”. 

Como en las palabras analizadas antes, Martí comienza con una frase que resulta ser un tanto halagadora: “estudió los modos de asentar al mundo sobre nuevas bases, y despertó a los dormidos”. Vale la pena cuestionarnos ahora a que se refiere el Apóstol cubano cuando expresa que despertó a los dormidos. No creo que esté haciendo referencia a un despertar que conduzca a una verdadera toma de conciencia, sino a la posibilidad de esos enfrentamientos que ya había comentado antes y que resumió brillantemente en la frase: “espanta la tarea de echar a los hombres sobre los hombres”, perteneciente al mismo escrito. 

De inmediato Martí reflexiona a continuación de esta sentencia y expresa: “Pero anduvo de prisa, y un tanto en la sombra, sin ver que no nacen viables, ni de seno de pueblo en la historia, ni de seno de mujer en el hogar, los hijos que no han tenido gestación natural y laboriosa”. Idea esencial para comprender, de una vez y por todas, las serias discrepancias de Martí con el autor de “El Capital”. Andar en la sombra puede ser interpretado de múltiples formas. Desde la ingenuidad de una simple metáfora hasta la radical reafirmación de un Marx ajeno a la realidad de los proletarios, para los que, se supone, está hecha su doctrina de la lucha de clases y del establecimiento de la dictadura del proletariado. Como todos sabéis Marx jamás trabajó entre las masas proletarias; sino que observó y describió el fenómeno desde la sombra – utilizando la frase martiana–, esto es, completamente ajeno a la realidad del “mundo del trabajo”. El resto de la frase es bien explícita para comentarla. Solo recordar que es una reafirmación de la posición antimarxista del genial hombre que recordamos hoy, en el aniversario de su muerte. 

La brevedad del escrito dedicado a Marx no permite ahondar más en el asunto. Martí fue un precursor del antimarxismo; aunque el régimen cubano intente ocultarlo. Ya me he referido en otros escritos a las falsas hipótesis basadas en la idea de un desconocimiento de Martí acerca de la obra de Marx. Tal vez no profundizó en el estudio de las obras de Marx. No era de interés para Martí penetrar en los postulados que sustentan la doctrina marxista. No obstante afirmar que fue un desconocedor de su obra es un disparate. Sencillamente no simpatizó con el marxismo y basta. Estudió y profundizó en las enseñanzas de muchos filósofos como Hegel, Fichte, Schelling, Balmes, y de manera particular Krause, porque sus obras le resultaban convincentes – independientemente de que fue capaz de discrepar con autoridad y sapiencia en varios aspectos de ciertos puntos de sus propuestas–. 

La exclusión de Karl Marx demuestra que no era de su interés ahondar en algo que no compartía. Martí jamás podrá ser considerado como un admirador de la figura de Karl Marx y menos aún como un marxista. No hay derecho a situarlo junto al pensador alemán que tanto daño ha hecho, y que aún después de muerto y sepultada su enseñanza en gran parte del mundo, sigue haciendo a la humanidad del presente. 

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sábado, enero 28, 2023

Artículos sobre José Martí y Pérez, Apóstol de la Independencia de Cuba, por un nuevo aniversario de su nacimiento: 1853-1895

Tomado de https://www.facebook.com

Por Dr. Antonio Manuel Padovani Cantón

27 de enero de 2023

Desde el 28 de enero de 1853 hasta el 19 de mayo de 1895 median apenas 42 años. ¿Es posible en tan corto espacio de tiempo encerrar una vida como la de José Martí?

Cada vez que pienso en ello me asombro.

Ser precursor del modernismo en poesía, ser un orador excepcional, periodista, escribir historias para niños (Y dirigir y editar una revista dedicada a los niños), escritor, traductor, autor teatral y tantas cosas más en el terreno literario. Poliglota.

Además, diplomático, político excepcional, crear un partido, organizar y dirigir una Revolución y morir por ella.

¿Es posible hacer todo eso en apenas 42 años?

Difícil, pero Martí lo logró.

Traicionado, tergiversado, utilizado para justificar conductas que el criticó.

Leído por pocos y citado por muchos.

Leer a Martí, directamente, sin interpretaciones de otros, sin aceptar las frases que el nunca dijo textualmente y que las “simplificaron” para meterlas en nuestro pensamiento.

Baste una, “Nuestro vino es agrio, pero es nuestro vino

No lo dijo de esa manera. Martí dijo:

… El vino, de plátano: y si sale agrio, ¡Es nuestro vino! Se entiende que las formas de gobierno de un país han de acomodarse a sus elementos naturales; que las ideas absolutas, para no caer por un yerro de forma, han de ponerse en formas relativas; que la libertad, para ser viable, tiene que ser sincera y plena, que si la republica no abre los brazos a todos y adelanta con todos, muere la republica…

(Obras Completas, volumen 6; Nuestra América, pp. 20 y 21)

No es lo mismo ¿Si o no?

El hombre que nació sin sol y fue un sol en sí mismo, el hombre que tomó el yugo en sus manos para subirse sobre él y que se viera mejor en su frente la estrella que ilumina y mata. El vivo que a vivir no tuvo miedo y cuyos pasos, aun hoy, se oyen subir en la sombra. El hombre que rechazó el pesebre que tiene rica y ancha avena porque el hombre que al buey imita, buey vuelve a ser y en apagado bruto la escala universal de nuevo empieza. (Inspirado en el poema “Yugo y Estrella”)

Martí señaló los errores en que puede caer una revolución y, sirvan de ejemplo los siguientes:

… ¿qué garantías puede haber de que las libertades públicas, único objeto digno de lanzar un país a la lucha, sean mejor respetadas mañana? ¿Qué somos, General?, los servidores heroicos y modestos de una idea que nos calienta el corazón, los amigos leales de un pueblo en desventura, o los caudillos valientes y afortunados que con el látigo en la mano y la espuela en el tacón se disponen a llevar la guerra a un pueblo, ¿para enseñorearse después de él? ¿La fama que ganaron Vds. en una empresa, la fama de valor, lealtad y prudencia, van a perderla en otra? ...

(Al General Máximo Gómez New York, 20 de octubre de 1884 Obras Completas. Volumen 1, Páginas 177-180)

… El Poder no es más que el respeto a todas las manifestaciones de la Justicia, la voluntad firme ante todos los consejos de la crueldad o el orgullo.

Y cuando el acatamiento a la Justicia desaparece y el cumplimiento del deber se desconoce, infamia envuelve el triunfo y la gloria, vida insensata y odiosa vive el poder. No ha de ser respetada voluntad que comprime otra voluntad …

(La República española ante la Revolución Cubana. Volumen 1, pp 88-99)

…de las clases todas que de la misma ignominia y angustia se han de lanzar, en la crisis purificadora, al mismo campo de rescate; por el himno de esperanza con que la isla entera, suplicante o imperante, saluda la aparición de la bandera apetecida en el sigilo, la bandera de una revolución de energía y concordia que proclama el bien de todo el país, y no el bien exclusivo de una sola clase de él …” (Patria Nueva York 11 de junio de 1892, Adelante, juntos. Página 13)

… Que la libertad de la patria no está en el nombre de libertad, sino en el trato afectuoso y el ajuste de intereses de todos sus hijos. Que no tenemos que heredar, acá en la América libre, los odios ni los términos de las monarquías europeas, sino conquistar, con el derecho del mérito igual, la igualdad apetecible entre los hombres. Que un pueblo no es un juguete heroico, para que un redentor poético juegue con él; sino nuestras mismas entrañas, que no se han de poner detrás del carro de nadie, ni de pie de la estatua de nadie, sino en lo más tierno de nuestro pecho a calentarles la vida …” (Los Clubs. Volumen 2, página 16)

28 de enero de 1853. Ciento sesenta años después de su nacimiento, Martí sigue vigente y lo seguirá en los ojos de los que lo leen, en el cerebro de los que lo entienden, en el corazón de los que lo sienten y aman.

Nunca en la boca de los que lo citan y no lo siguen.

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Tomado de https://www.facebook.com/

DE LA CALLE PAULA A NUESTROS CORAZONES

Por Esteban Fernandez

27 de enero 2023

No puede pasar un solo mes de enero sin esperar el día 28. No se puede predicar patriotismo sin acudir a él, cuatro letras tiene Cuba, cuatro las de su sagrado nombre. El hombre de los cuatro acentos.

Imposible lanzar una arenga patriótica sin evocar una de sus bellas estrofas, sus versos para los patriotas son como versículos de la Biblia para los religiosos.

Allá y aquí, en Cuba y en el destierro, morimos en las casas y en los hospitales, él murió en Dos Ríos encaramado en su corcel Baconao.

Les predicó a nuestros bisabuelos y abuelos, pero les escribió La Edad de Oro a los niños, vivió desterrado la mayoría de su vida, pero nunca dejó de amar y defender a su tierra natal.

Sus críticos dijeron que le gustaban las mujeres y la Ginebra. Y, pobrecitos, ese es el mayor de los defectos que le podían achacar. Siempre han existido y existen quienes les ven las manchas al Sol en lugar de su brillantez.

Le llamaron “Capitán araña” y se tuvieron que tragar sus palabras cuando valientemente entrega su vida y entra en la historia cubana como el principal, el más excelso, de nuestros mártires.


Nace en La Habana un 28 de Enero y muere un 19 de Mayo en Oriente. No hubo aspavientos, algarabías, pompas ni una ostentosa velada…

Seres malvados han tratado inútilmente, durante los últimos 64 años, de robárselo, de atribuirle contribución a la destrucción de Cuba. Esa gloriosa tierra que él enalteció. Se equivocaron soberanamente... Esa es una misión imposible.

Él no les pertenece, no me pertenece, no le pertenece a nadie, y nos pertenece a todos. Y ya ni a Cuba él le pertenece. Cuba le pertenece a él.

La hizo suya en Dos Ríos, y si Cuba es nuestra madre, él es nuestro padre. Producto de esa unión nació el patriotismo cubano. El nuestro y el que le tenemos que inculcar a nuestros herederos. Porque ellos también son herederos de él.

No, no es necesario poner su nombre, su nombre está grabado con letras de oro en los pechos de todos los cubanos de verdad. En nuestras mentes.

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 Realmente esas palabras las escribió en la carta personal a Fermín Valdés Domínguez de mayo de 1894
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MARTÍ: UN ACERCAMIENTO PUNTUAL
(fragmento)

Por Pedro Pablo Arencibia Cardoso
"El animal anda en manadas; el hombre con su pensamiento libre."
J. Martí (Tomo II, 52)

Martí, un hombre real

José Julián Martí y Pérez ha sido una de esas personalidades de la historia de las que muy pocas veces se ha hecho una valoración objetiva y real.

La persona de José Martí fue deshumanizada (sobre todo después de su muerte) por parte de sus adoradores, los cuales no deben confundirse con aquellas personas que lo veneran, o sea, que le ofrecen un culto de veneración: amor y respeto. José Martí fue una persona con muy admirables, altos y positivos principios éticos que acompañaba con su actuar, pero no fue un santo; no fue perfecto como tampoco lo somos ninguno de nosotros. Recordemos que, a los cristianos, la santidad nos la da Dios como gracia, pues ninguno de los seres humanos llegamos por nuestros méritos a ella; en nuestra vida a lo más que llegamos, con la ayuda de Dios, es a una santidad ¨aproximada¨ e imperfecta. No está demás señalar que los cristianos solamente debemos darle culto de adoración a Dios, el cual es un Dios único y trino que frecuentemente identificamos con Cristo: la Persona divina del Hijo hecho hombre; Verdad y Vida y el único Camino para llegar al Padre.

Martí y el socialismo

Pero si su persona ha sido manipulada y reducida en toda su riqueza y complejidad humana mediante sensibles silencios, su ideario ha sido aún más usado, manipulado y podado de incómodos señalamientos; aunque hay determinados períodos de nuestra historia patria donde esto se ha manifestado más que en otros. Algunos ejemplos los podemos ver en su carta del 29 de mayo de 1883. En dicha carta Martí habla positivamente del fundador del marxismo pero desecha los métodos propuestos por Marx basados en la lucha de clases.

¨ Ved esta gran sala. Karl Marx ha muerto. Como se puso del lado de los débiles, merece honor. Pero no hace bien el que señala el daño, y arde en ansias generosas de ponerle remedio, sino el que enseña remedio blando al daño. Espanta la tarea de echar a los hombres sobre los hombres. Indigna el forzoso abestiamiento de unos hombres en provecho de otros. Mas, se ha de hallar salida a la indignación, de modo que la bestia cese, sin que se desborde, y espante…¨ (Tomo 9, 388)

y escribe más adelante:

¨ …Karl Marx estudió los modos de asentar al mundo sobre nuevas bases, y despertó a los dormidos, y les enseñó el modo de echar a tierra los puntales rotos. Pero anduvo de prisa, y un tanto en la sombra, sin ver que no nacen viables, ni de seno de pueblo en la historia, ni de seno de mujer en el hogar, los hijos que no han tenido gestación natural y laboriosa ¨ (Tomo 9, 388)

advierte:

¨… Son los rusos el látigo de la reforma: mas ¡no!, no son aún estos hombres impacientes y generosos, manchados de ira, los que han de poner cimiento al mundo nuevo: ellos son la espuela, y vienen a punto, como la voz de la conciencia , que pudiera dormirse: pero el acero del acicate no sirve bien para martillo fundador¨ (Tomo 9, 388-389)

En su crítica sobre la obra ¨ La Futura Esclavitud¨ de Herbert Spencer, Martí también plantea sus objeciones sobre el socialismo; una de esas objeciones es:

¨…De ser siervo de sí mismo, pasará el hombre a ser siervo del Estado. De ser esclavo de los capitalistas, como se llama ahora, iría a ser esclavo de los funcionarios.¨(Tomo 15, 391)

En sus cartas públicas y personales nuestro Apóstol también hace fuertes críticas al socialismo; estas cartas han sido muy poco divulgadas en nuestro país. En la carta al Director de La Nación del 9 de enero de 1890 plantea:

¨…Cada pueblo se cura conforme a su naturaleza, que pide diversos grados de la medicina, según falte este u otro factor en el mal, o medicina diferente. Ni Saint-Simon, ni Karl Marx, ni Marlo, ni Bakunin. Las reformas que nos vengan al cuerpo. ¨ (Tomo 12, 378)

Y en la carta personal a Fermín Valdés Domínguez de mayo de 1894 señala:

¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168)

Martí: demócrata y liberal

José Martí fue un destacado liberal del siglo XIX, entendiendo como liberalismo a aquella corriente de pensamiento filosófico, económico y de acción política que propugna limitar al máximo el poder coactivo del Estado sobre los seres humanos y la sociedad civil. A continuación expondré algunos fragmentos de su ideario que muestran su carácter profundamente democrático y liberal.

¨ La independencia de un pueblo consiste en el respeto que los poderes públicos demuestren a cada uno de sus hijos.¨ (citado por Pichardo en 317)

Para Martí la independencia no solamente no existía cuando una Metrópoli no respetaba los derechos de los habitantes de la Colonia; tampoco se era independiente cuando los poderes públicos de una nación, desempeñados por nacionales o por extranjeros, no demostraban respeto hacia cada uno de sus hijos. Observemos que ese respeto, según Martí, debía ser para cada uno de sus hijos y no para una parte, pues el concepto de pueblo para Martí no era sectario:

¨ Un pueblo es composición de muchas voluntades, viles o puras, francas o torvas, impedidas por la timidez o precipitadas por la ignorancia. Hay que deponer mucho, que atar mucho, que sacrificar mucho, que apearse de la fantasía, que echar pie a tierra con la patria revuelta, alzando por el cuello a los pecadores .... hay que sacar de lo profundo las virtudes ..¨.

Para Martí si en la nueva república no se iba a respetar el carácter entero de cada uno de los hijos de la nación, no valía la pena ir a la supuesta lucha libertaria:

¨... O la república tiene por base el carácter entero de cada uno de sus hijos, el hábito de trabajar con sus manos y pensar por sí propio, el ejercicio íntegro de sí y el respeto, como de honor de familia, al ejercicio íntegro de los demás; la pasión, en fin, por el decoro del hombre; - o la república no vale una lágrima de nuestras mujeres ni una sola gota de sangre de nuestros bravos. Para verdades trabajamos, y no para sueños. Para libertar a los cubanos trabajamos, y no para acorralarlos. ¡ Para ajustar en la paz y en la equidad los intereses y los derechos de los habitantes leales de Cuba trabajamos, y no para erigir, a la boca del continente, de la república, la mayordomía espantada de Veintimilla, o la hacienda sangrienta de Rosas, o el Paraguay lúgubre de Francia !...¨ (Tomo 4, 270)

En el monumento al Apóstol que hay en la ciudad de Pinar del Río se lee un aforismo que también habla de su carácter profundamente liberal:

¨De la independencia de los individuos depende la grandeza de los pueblos¨

Para Martí no sólo la grandeza de un pueblo estaba supeditada a la independencia de los individuos; para el Mártir de Dos Ríos la soberanía de una nación radicaba en sus hijos y no en su gobierno. Es más, Martí asociaba el concepto de patria al de libertad:

¨ Y no constituye la tierra eso que llaman integridad de la patria. Patria es algo más que opresión, algo más que pedazo de terreno sin libertad y sin vida, algo más que derecho de posesión a la fuerza. Patria es comunidad de intereses, unidad de tradiciones, unidad de fines, fusión dulcísima y consoladora de amores y esperanzas.¨ (Tomo 1, 93)

Por eso en un artículo a raíz de la muerte del poeta Julián del Casals, Martí escribe que no tiene patria hasta que la conquiste.

Su característica liberal de estar opuesto a que las estructuras del poder coactaran la libertad de los individuos, hizo que Martí rechazara profundamente al caudillismo.

Martí en contra del caudillismo

La experiencia latinoamericana en lo relativo a las luchas intestinas y fratricidas que siguieron a la liberación del yugo español de ciertas naciones de América del Sur y la desconcertante experiencia de ver que varios de sus libertadores se convirtieron posteriormente en dictadores de sus pueblos, dejaron en Martí una impronta tal, que él prefería que Cuba siguiera siendo colonia española, antes de que cayera en manos de caudillos:

¨Y no quiero a mi patria ¡no! víctima de capataces. La prefiero esclava de los demás a verla esclava de sus hijos.¨ (* citada por Pichardo, 189)

El 20 de octubre de 1884, y después de un incidente desagradable con Máximo Gómez, Martí le escribió al dominicano su determinación de:

¨no contribuir en un ápice por el amor ciego a una idea en que me está yendo la vida, a traer a mi tierra a un régimen de despotismo personal, que sería más vergonzoso y funesto que el despotismo político que ahora soporta y más grave y difícil de desarraigar, porque vendría excusado por algunas virtudes, establecido por la idea encarnada en él, y legitimado por el triunfo¨ (Tomo 1, 177)
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El artículo se puede leer íntegramente entre las páginas 43 y 53  de mi libro La historia de Cuba que te ocultaron y otros temas




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jueves, agosto 11, 2022

Zoé Valdés sobre Felipe VI y Simón Bolivar ante el hecho que el Rey Felipe VI fue abucheado durante la toma de posesión de Gustavo Petro como Presidente de Colombia. La opinión del comunista Carlos Marx sobre Simón Bolivar

 Tomado de https://zoepost.com/mi-rey/

Mi  Rey

Rey Felipe VI de España, Jefe del Estado Español

Por Zoé Valdés.

09/08/2022

Leo lo siguiente “durante la toma de posesión de Gustavo Petro como mandatario, el monarca español fue abucheado“… Seguramente fue abucheado por la masa de ignorantes allí presentes.

“El rey Felipe VI de España ha quedado en el centro de la polémica por protagonizar lo que ha sido considerado como un gesto irrespetuoso durante los actos protocolares de la toma de posesión del nuevo presidente de Colombia, Gustavo Petro.” Continúa la nota de Agencias.

Bien, debo aclarar lo siguiente, tal como lo escribe Carmen Postigo Silva en su Facebook, a lo que adhiero:

“El 15 de junio de 1813 Simón Bolivar firmó el “Decreto de la Guerra a Muerte, Españoles y canarios, contad con la muerte…”

Ordenó el asesinato de miles de prisioneros nacidos en España, entre los que más de un tercio eran canarios. Sacaron a los presos de las prisiones, a los enfermos de sus camas y los llevaron al paredón.

En la Guaira, Caracas y Valencia los presos estuvieron durante un año y medio hacinados entre sus propias heces. Los que no murieron, fueron asesinados en las plazas de estas ciudades y fueron matados a machetazos y a pedradas. (D. Madrid).

Como para que el rey de España se levante al paso de la espada de este asesino…”

“El domingo pasado, en el masivo acto realizado en Bogotá, el monarca no se levantó de su silla cuando los efectivos de Casa Militar y custodios de la espada de Simón Bolívar, símbolo de la independencia de Colombia y otros países latinoamericanos, pasaron frente a él para colocarla en un espacio de la tarima donde Petro ofreció su primer discurso como mandatario.” No puede ser símbolo de independencia quien se negó a independizar a Haití y a Cuba, por racista.

El episodio se hubiera ahorrado si el Rey de España, Felipe VI, no hubiera asistido a esa toma de posesión, que es la toma de posesión de un narcoguerrillero terrorista; pero desdichadamente allá fue, como no quedaba otro remedio, a cumplir con su misión de Rey de España. Mi Rey. Gracias, Su Majestad, por haberse dignado a no erguirse ni a postrarse frente a un símbolo del crimen.

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Intereconomiatube
Marzo 17, 2017

En el espacio  Tiempos Modernos el empresario e investigador de origen colombiano, Pol Victoria, nos acompaña para hablar sobre la negra verdad sobre Simón Bolívar




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Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

 Carlos Marx en su carta a Federico Engels de fecha 14 de febrero de 1858 se refirió a Simón Bolívar como el "canalla más cobarde, brutal y miserable. Bolívar es el verdadero Soulouque", . En esa misma carta, Marx afirmó que Bolívar era un mito de la fantasía popular: "La fuerza creadora de los mitos, característica de la fantasía popular, en todas las épocas ha probado su eficacia inventando grandes hombres. El ejemplo más notable de este tipo es, sin duda, el de Simón Bolívar".

En el extenso artículo de Carlos Marx titulado ´Bolivar y Ponte¨, publicado en el tomo III de The New American Cyclopedia y escrito en enero de 1858, aparecen sustentadas esas opiniones del socialista alemán sobre Simón Bolivar.

Hago la importante observación de que al independizarse de sus respectivas Metrópolis, las repúblicas sudamericanas eran más ricas que las Trece Colonias de Norteamérica. Al independizarse las repúblicas sudamericanas fueron escenarios de guerras civiles más sangrientas y destructoras que sus guerras de independencias. No pocos de sus antiguos libertadores se convirtieron en dictaduras, enseñoreándose sobre sus pueblos. Recordemos una de  las críticas de José Martí sobre el caudillismo.

¨... O la república tiene por base el carácter entero de cada uno de sus hijos, el hábito de trabajar con sus manos y pensar por sí propio, el ejercicio íntegro de sí y el respeto, como de honor de familia, al ejercicio íntegro de los demás; la pasión, en fin, por el decoro del hombre, - o la república no vale una lágrima de nuestras mujeres ni una sola gota de sangre de nuestros bravos. Para verdades trabajamos, y no para sueños. Para libertar a los cubanos trabajamos, y no para acorralarlos. ¡ Para ajustar en la paz y en la equidad los intereses y derechos de los habitantes leales de Cuba trabajamos, y no para erigir, a la boca del continente, de la república, la mayordomía espantada de Veintimilla, o la hacienda sangrienta de Rosas, o el Paraguay lúgubre de Francia !¨
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BOLÍVAR Y PONTE

Por Carlos Marx
( escrito en 1858)

BOLÍVAR Y PONTE, Simón, el "Libertador" de Colombia, nació el 24 de julio de 1783 en Caracas y murió en San Pedro, cerca de Santa Marta, el 17 de diciembre de 1830. Descendía de una de las familias mantuanas, que en la época de la dominación española constituían la nobleza criolla en Venezuela. Con arreglo a la costumbre de los americanos acaudalados de la época, se le envió Europa a la temprana edad de 14 años. De España pasó Francia y residió por espacio de algunos años en París. En 1802 se casó en Madrid y regresó a Venezuela, donde su esposa falleció repentinamente de fiebre amarilla. Luego de este suceso se trasladó por segunda vez a Europa y asistió en 1804 a la coronación de Napoleón como emperador, hallándose presente, asimismo, cuando Bonaparte se ciñó la corona de hierro de Lombardía. En 1809 volvió a su patria y, pese a las instancias de su primo José Félix Ribas, rehusó adherirse a la revolución que estalló en Caracas el 19 de abril de 1810. Pero, con posterioridad a ese acontecimiento, aceptó la misión de ir a Londres para comprar armas y gestionar la protección del gobierno británico. El marqués de Wellesley, a la sazón ministro de relaciones exteriores, en apariencia le dio buena acogida. pero Bolívar no obtuvo más que la autorización de exportar armas abonándolas al contado y pagando fuertes derechos. A su regreso de Londres se retiró a la vida privada, nuevarnente, hasta que en setiembre de 1811 el general Miranda, por entonces comandante en jefe de las fuerzas rectas de mar y tierra, lo persuadió de que aceptara el rango de teniente coronel en el estado mayor y el mando de Puerto Cabello, la principal plaza fuerte de Venezuela.

Cuando los prisioneros de guerra españoles, que Miranda enviaba regularmente a Puerto Cabello para mantenerlos encerrados en la ciudadela, lograron atacar por sorpresa la guardia y la dominaron, apoderándose de la ciudadela, Bolívar, aunque los españoles estaban desarmados, mientras que él disponía de una fuerte guarnición y de un gran arsenal, se embarcó precipitadamente por la noche con ocho de sus oficiales, sin poner al tanto de lo ocurría ni a sus propias tropas, arribó al amanecer a Guaira y se retiró a su hacienda de San Mateo. Cuando la guarnición se enteró de la huida de su comandante, abandonó en buen orden la plaza, a la que ocupa de inmediato los españoles al mando de Monteverde. Este acontecimiento inclinó la balanza a favor de España y forzó a Miranda a suscribir, el 26 de julio de 1812, por encargo del congreso, el tratado de La Victoria, que sometió nuevamente a Venezuela al dominio español. El 30 de julio llegó Miranda a La Guaira, con la intención embarcarse en una nave inglesa. Mientras visitaba al coronel Manuel María Casas, comandante de la plaza, se encontró con un grupo numeroso, en el que se contaban don Miguel Peña y Simón Bolívar, que lo convencieron de que se quedara, por lo menos úna noche, en la residencia de Casas. A las dos de la madrugada, encontrándose Miranda profundamente dormido, Casas, Peña y Bolívar se introdujeron en su habitación con cuatro soldados armados, se apoderaron precavidamente de su espada y su pistola, lo despertaron y con rudeza le ordenaron que se levantara y vistiera, tras lo cual lo engrillaron y entregaron a Monteverde. El jefe español lo remitió a Cádiz, donde Miranda, encadenado, murió después de varios años de cautiverio. Ese acto, para cuya justificación se recurrió al pretexto de que Miranda había traicionado a su país la capitulación de La Victoria, valió a Bolívar el especial favor de Monteverde, a tal punto que cuando el primero le solicitó su pasaporte, el jefe español declaró: "Debe satisfacerse el pedido del coronel Bolívar, como recompensa al servicio prestado al rey de España con laentrega de Miranda".

Se autorizó así a Bolívar a que se embarcara con destino a Curazao, donde permaneció seis semanas. En compañía de su primo Ribas se trasladó luego a la pequeña república de Cartagena. Ya antes de su arribo habían huido a Cartagena gran cantidad de soldados, ex combatientes a las órdenes del general Miranda. Ribas les propuso emprender una expedición contra los españoles en Venezuela y reconocer a Bolívar como comandante en jefe. La primera propuesta recibió una acogida entusiasta; la segunda fue resistida, aunque finalmente accedieron, a condición de que Ribas fuera el lugarteniente de Bolívar. Manuel Rodríguez Torices, el presidente de la república de Cartagena, agregó a los 300 soldados así reclutados para Bolívar otros 500 hombres al mando de su primo Manuel Castillo. La expedición partió a comienzos de enero de 1813. Habiéndose producido rozamientos entre Bolívar y Castillo respecto a quién tenía el mando supremo, el segundo se retiró súbitamente con sus granaderos. Bolívar, por su parte, propuso seguir el ejemplo de Castillo y regresar a Cartagena, pero al final Ribas pudo persuadirlo de que al menos prosiguiera en su ruta hasta Bogotá, en donde a la sazón tenía su sede el Congreso de Nueva Granada. Fueron allí muy bien acogidos, se les apoyó de mil maneras y el congreso los ascendió al rango de generales. Luego de dividir su pequeño ejército en dos columnas, marcharon por distintos caminos hacia Caracas. Cuanto más avanzaban, tanto más refuerzos recibían; los crueles excesos de los españoles hacían las veces, en todas partes, de reclutadores para el ejército independentista. La capacidad de resistencia de los españoles estaba quebrantada, de un lado porque las tres cuartas partes de su ejército se componían de nativos, que en cada encuentro se pasaban al enemigo; del otro debido a la cobardía de generales tales como Tízcar, Cajigal y Fierro, que a la menor oportunidad abandonaban a sus propias tropas. De tal suerte ocurrió que Santiago Mariño, un joven sin formación, logró expulsar de las provincias de Cumaná y Barcelona a los españoles, al mismo tiempo que Bolívar ganaba terreno en las provincias occidentales. La única resistencia seria la opusieron los españoles a la columna de Ribas, quien no obstante derrotó al general Monteverde en Los Taguanes y lo obligó a encerrarse en Puerto Cabello el resto de sus tropas.

Cuando el gobernador de Caracas, general Fierro, tuvo noticias de que se acercaba Bolívar, le envió parlamentarios para ofrecerle una capitulación, la que se firmó en La Victoria. Pero Fierro, invadido por un pánico repentino y sin aguardar el regreso de sus propios emisarios, huyó secretamente por la noche y dejó a más de 1.500 españoles librados a la merced del enemigo. A Bolívar se le tributó entonces una entrada apoteótica. De pie, en un carro de triunfo, al que arrastraban doce damiselas vestidas de blanco y ataviadas con los colores nacionales, elegidas todas ellas entre las mejores familias caraqueñas, Bolívar, la cabeza descubierta y agitando un bastoncillo en la mano, fue llevado en una media hora desde la entrada la ciudad hasta su residencia. Se proclamó "Dictador y Libertador de las Provincias Occidentales de Venezuela" --Mariño había adoptado el título de "Dictador de las Provincias Orientales"--, creó la "Orden del Libertador", formó un cuerpo de tropas escogidas a las que denominó guardia de corps y se rodeó de la pompa propia de una corte. Pero, como la mayoría de sus compatriotas, era incapaz de todo esfuerzo de largo aliento y su dictadura degeneró pronto en una anarquía militar, en la cual asuntos más importantes quedaban en manos de favoritos que arruinaban las finanzas públicas y luego recurrían a medios odiosos para reorganizarlas. De este modo el novel entusiasmo popular se transformó en descontento, y las dispersas fuerzas del enemigo dispusieron de tiempo para rehacerse. Mientras que a comienzos de agosto de 1813 Monteverde estaba encerrado en la fortalede Puerto Cabello y al ejército español sólo le quedaba una angosta faja de tierra en el noroeste de Venezuela, apenas tres meses después el Libertador había perdido su prestigio y Caracas se hallaba amenazada por la súbita aparición en sus cercanías de los españoles victoriosos, al mando de Boves. Para fortalecer su poder tambaleante Bolívar reunió, el 1de enero de 1814, una junta constituida por los vecinos caraqueños más influyentes y les manifestó que no deseaba soportar más tiempo el fardo de la dictadura. Hurtado de Mendoza, por su parte, fundamentó en un prolongado discurso "la necesidad de que el poder supremo se mantuviese en las manos del general Bolívar hasta que el Congreso de Nueva Granada pudiera reunirse y Venezuela unificarse bajo un solo gobierno". Se aprobó esta propuesta y, de tal modo, la dictadura recibió una sanción legal.

Durante algún tiempo se prosiguió la guerra contra los españoles, bajo la forma de escaramuzas, sin que ninguno de los contrincantes obtuviera ventajas decisivas. En junio de 1814 Boves, tras concentrar sus tropas, marchó de Calabozo hasta La Puerta, donde los dos dictadores, Bolívar y Mariño, habían combinado sus fuerzas. Boves las encontró allí y ordenó a sus unidades que las atacaran sin dilación. Tras una breve resistencia, Bolívar huyó a Caracas, mientras que Mariño se escabullía hacia Cumaná. Puerto Cabello y Valencia cayeron en las manos de Boves, que destacó dos columnas (una de ellas al mando del coronel González) rumbo a Caracas, por distintas rutas. Ribas intentó en vano contener el avance de González. Luego de la rendición de Caracas a este jefe, Bolívar evacuó a La Guaira, ordenó a los barcos surtos en el puerto que zarparan para Cumaná y se retiró con el resto de sus tropas hacia Barcelona. Tras la derrota que Boves infligió a los insurrectos en Arguita, el 8 de agosto de 1814, Bolívar abandonó furtivamente a sus tropas, esa misma noche, para dirigirse apresuradamente y por atajos hacia Cumaná, donde pese a las airadas protestas de Ribas se embarcó de inmediato en el "Bianchi", junto con Mariño y otros oficiales. Si Ribas, Páez y los demás generales hubieran seguido a los dictadores en su fuga, todo se habría perdido. Tratados como desertores a su arribo a Juan Griego, isla Margarita, por el general Arismendi, quien les exigió que partieran, levaron anclas nuevamente hacia Carúpano, donde, habiéndolos recibido de manera análoga el coronel Bermúdez, se hicieron a la mar rumbo a Cartagena. Allí a fin de cohonestar su huida, publicaron una memoria de justificación, henchida de frases altisonantes.

Habiéndose sumado Bolívar a una conspiración para derrocar al gobierno de Cartagena, tuvo que abandonar esa pequeña república y seguir viaje hacia Tunja, donde etaba reunido el Congreso de la República Federal de Nueva Granada. La provincia de Cundinamarca, en ese entonces, estaba a la cabeza de las provincias independientes que se negaban a suscribir el acuerdo federal neogranadino, mientras que Quito, Pasto, Santa Marta y otras provincias todavía se hallaban en manos de los españoles. Bolívar, que llegó el 22 de noviembre de 1814 a Tunja, designado por el congreso comandante en jefe de las fuerzas armadas federales y recibió la doble misión de obligar al presidente de la provincia de Cundinamarca a reconociera la autoridad del congreso y de marchar luego sobre Santa Marta, el único puerto de mar fortificado granadino aún en manos de los españoles. No presentó dificultades el cumplimiento del primer cometido, puesto que Bogotá, la capital de la provincia desafecta, carecía de fortificaciones. Aunque la ciudad había capitulado, Bolívar permitió a sus soldados que durante 48 horas la saquearan. En Santa Marta el general español Montalvo, disponía tan sólo de una débil guarnición de 200 hombres y de una plaza fuerte en pésimas condiciones defensivas, tenía apalabrado ya un barco francés para asegurar su propia huida; los vecinos, por su parte, enviaron un mensaje a Bolívar participándole que, no bien apareciera, abrirían las puertas de la ciudad y expulsarían a la guarnición. Pero en vez de marchar contra los españoles de Santa Marta, tal como se lo había ordenado el congreso, Bolívar se dejó arrastrar por su encono contra Castillo, el comandante de Cartagena, y actuando por su propia cuenta condujo sus tropas contra esta última ciudad, parte integral de la República Federal. Rechazado, acampó en Popa, un cerro situado aproximadamente a tiro de cañon de Cartagena. Por toda batería emplazó un pequeño cañón, contra una fortaleza artillada con unas 80 piezas. Pasó luego del asedio al bloqueo, que duró hasta comienzos de mayo, sin más resultado que la disminución de sus efectivos, por deserción o enfermedad, de 2.400 a 700 hombres. En el ínterin una gran expedición española comandada por el general Morillo y procedente de Cádiz había arribado a la isla Margarita, el 25 de marzo de 1815. Morillo destacó de inmediato poderosos refuerzos a Santa Marta y poco después sus fuerzas se adueñaron de Cartagena. Previamente, empero, el 10 de mayo 1815, Bolívar se había embarcado con una docena de oficiales en un bergantín artillado, de bandera británica, rumbo a Jamaica. Una vez llegado a este punto de refugio publicó una nueva proclama, en la que se presentaba como la víctima de alguna facción o enemigo secreto y defendía su fuga ante los españoles como si se tratara una renuncia al mando, efectuada en aras de la paz pública.

Durante su estadía de ocho meses en Kingston, los genrales que había dejado en Venezuela y el general Arismendi en la isla Margarita presentaron una tenaz resistencia las armas españolas. Pero después que Ribas, a quién Bolívar debía su renombre, cayera fusilado por los españoles tras la toma de Maturín, ocupó su lugar un hombre de condiciones militares aun más relevantes. No pudiendo desempeñar, por su calidad de extranjero, un papel autónomo en la revolución sudamericana, este hombre decidió entrar al servicio de Bolívar. Se trataba de Luis Brion. Para prestar auxilios a los revolucionarios se había hecho a la mar en Londres, rumbo a Cartagena, con una corbeta de 24 cañones, equipada en gran parte a sus propias expensas y cargada con 14.000 fusiles y una gran cantidad de otros pertrechos. Habiendo llegado demasiado tarde y no pudiendo ser útil a los rebeldes, puso proa hacia Cayos, en Haití, adonde muchos emigrados patriotas habían huido tras la capitulación de Cartagena. Entretanto Bolívar se había trasladado también a Puerto Príncipe donde, a cambio de su promesa de liberar a los esclavos, el presidente haitiano Pétion le ofreció un cuantioso apoyo material para una nueva expedición contra los españoles de Venezuela. En Los Cayos se encontró con Brion y los otros emigrados y en una junta general se propuso a sí mismo como jefe de la nueva expedición, bajo la condición de que, hasta la convocatoria de un cóngreso general, él reuniría en sus manos los poderes civil y militar. Habiendo aceptado la mayoría esa condición, los expedicionarios se hicieron a la mar el 16 de abril de 1816 con Bolívar como comandante y Brion en calidad de almirante. En Margarita, Bolívar logró ganar para su causa a Arismendi, el comandante de la isla, quien había rechazado a los españoles a tal punto que a éstos sólo les restaba un único punto de apoyo, Pampatar. Con la formal promesa de Bolívar de convocar un congreso nacional en Venezuela no bien se hubiera hecho dueño del país, Arismendi hizo reunir una junta en la catedral de Villa del Norte y proclamó públicamente a Bolívar jefe supremo de las repúblicas de Venezuela y Nueva Granada. El 31 de mayo de 1816 desembarcó Bolívar en Carúpano, pero no se atrevió a impedir que Mariño y Piar se apartaran de él y efectuaran, por su propia cuenta, una campaña contra Cumaná. Debilitado por esta separación y siguiendo los consejos de Brion se hizo a la vela rumbo a Ocumare [de la Costa], adonde arribó el 3 de julio de 1816 con 13 barcos, de los cuales sólo 7 estaban artillados. Su ejército se componía tan sólo de 650 hombres, que aumentaron a 800 por el reclutamiento de negros, cuya liberación había proclamado. En Ocumare difundió un nuevo manifiesto, en el que prometía "exterminar a los tiranos" y "convocar al pueblo para que designe sus diputados al congreso. Al avanzar en dirección a Valencia, se topó, no lejos de Ocumare, con el general español Morales, a la cabeza de unos 200 soldados y 100 milicianos. Cuando los cazadores de Morales dispersaron la vanguardia de Bolívar, éste, según un testigo ocular, perdió "toda presencia de ánimo y sin pronunciar palabra, en un santiamén volvió grupas y huyó a rienda suelta hacia Ocumare, atravesó el pueblo a toda carrera, llegó a la bahía cercana, saltó del caballo, se introdujo en un bote y subió a bordo del « Diana», dando orden a toda la escuadra de que lo siguiera a la pequeña isla de Bonaire y dejando a todos sus compañeros privados del menor auxilio". Los reproches y exhortaciones de Brion lo indujeron a reunirse a los demás jefes en la costa de Cumaná; no obstante, como lo recibieron inamistosamente y Piar lo amenazó con someterlo a un consejo de guerra por deserción y cobardía, sin tardanza volvió a partir rumbo a Los Cayos. Tras meses y meses de esfuerzos, Brion logró finalmente persuadir a la mayoría de los jefes militares venezolanos -que sentían la necesidad de que hubiera un centro, aunque simplemente fuese nominal- de que llamaran una vez más a Bolívar como comandante en jefe, bajo la condición expresa de que convocaría al congreso y no se inmiscuiría en la administración civil. El 31 de diciembre de 1816 Bolívar arribó a Barcelona con las armas, municiones y pertrechos proporcionados por Pétion. El 2 de enero de 1817 se le sumó Arismendi, y el día 4 Bolívar proclamó la ley marcial y anunció que todos los poderes estaban en sus manos. Pero 5 días después Arismendi sufrió un descalabro en una emboscada que le tendieran los españoles, y el dictador huyó a Barcelona. Las tropas se concentraron nuevamente en esa localidad, adonde Brion le envió tanto armas como nuevos refuerzos, de tal suerte que pronto Bolívar dispuso de una nueva fuerza de 1.100 hombres. El 5 de abril los españoles tomaron la ciudad de Barcelona, y las tropas de los patriotas se replegaron hacia la Casa de la Misericordia, un edificio sito en las afueras. Por orden de Bolívar se cavaron algunas trincheras, pero de manera inapropiada para defender contra un ataque serio una guarnición de 1.000 hombres. Bolívar abandonó la posición en la noche del 5 de abril, tras comunicar al coronel Freites, en quien delegó el mando, que buscaría tropas de refresco y volvería a la brevedad. Freites rechazó un ofrecimiento de capitulación, confiado en la promesa, y después del asalto fue degollado por los españoles, al igual que toda la guarnición.

Piar, un hombre de color, originario de Curazao, concibió y puso en práctica la conquista de la Guayana, a cuyo efecto el almirante Brion lo apoyó con sus cañoneras. El 20 de julio, ya liberado de los españoles todo el territorio, Piar, Brion, Zea, Mariño, Arismendi y otros convocaron en Angostura un congreso de las provincias y pusieron al frente del Ejecutivo un triunvirato; Brion, que detestaba a Piar y se interesaba profundamente por Bolívar, ya que en el éxito del mismo había puesto en juego su gran fortuna personal, logró que se designase al último como miembro del triunvirato, pese a que no se hallaba presente. Al enterarse de ello Bolívar, abandonó su refugio y se presentó en Angostura, donde, alentado por Brion, disolvió el congreso y el triunvirato y los remplazó por un "Consejo Supremo de la Nación", del que se nombró jefe, mientras que Brion y Francisco Antonio Zea quedaron al frente, el primero de la sección militar y el segundo de la sección política. Sin embargo Piar, el conquistador de Guayana, que otrora había amenazado con someter a Bolívar ante un consejo de guerra por deserción, no escatimaba sarcasmos contra el "Napoleón de las retiradas", y Bolívar aprobó por ello un plan para eliminarlo. Bajo las falsas imputaciones de haber conspirado contra los blancos, atentado contra la vida de Bolívar y aspirado al poder supremo, Piar fue llevado ante un consejo de guerra presidido por Brion y, condenado a muerte, se le fusiló el 16 de octubre de 1817. Su muerte llenó a Mariño de pavor. Plenamente consciente de su propia insignificancia al hallarse privado del concurso de Piar, Mariño, en una carta abyectísima, calumnió públicamente a su amigo victimado, se dolió de su propia rivalidad con el Libertador y apeló a la inagotable magnanimidad de Bolívar.

La conquista de la Guayana por Piar había dado un vuelco total a la situación, en favor de los patriotas, pues esta provincia sola les proporcionaba más recursos que las otras siete provincias venezolanas juntas. De ahí que todo el mundo confiara en que la nueva campaña anunciada por Bolívar en una flamante proclama conduciría a la expulsión définitiva de los españoles. Ese primer boletín, según el cual unas pequeñas partidas españolas que forrajeaban al retirarse de Calabozo eran "ejércitos que huían ante núestras tropas victoriosas", no tenía por objetivo disipar tales esperanzas. Para hacer frente a 4.000 españoles, que Morillo aún no había podido concentrar, disponía Bolívar de más de 9.000 hombres, bien armados y equipados, abundantemente provistos con todo lo necesario para la guerra. No obstante, a fines de mayo de 1818 Bolívar había perdido unas doce batallas y todas las provincias situadas al norte del Orinoco. Como dispersaba sus fuerzas, numéricamente superiores, éstas siempre eran batidas por separado. Bolívar dejó la dirección de la guerra en manos de Páez y sus demás subordinados y se retiró a Angostura. A una defección seguía la otra, y todo parecía encaminarse a un descalabro total. En ese momento extremadamente crítico, una conjunción de sucesos afortunados modificó nuevamente el curso de las cosas. En Angostura Bolívar encontró a Santander, natural de Nueva Granada, quien le solicitó elementos para una invasión a ese territorio, ya que la población local estaba pronta para alzarse en masa contra los españoles. Bolívar satisfizo hasta cierto punto esa petición. En el ínterin, llegó de Inglaterra una fuerte ayuda bajo la forma de hombres, buques y municiones, y oficiales ingleses, franceses, alemanes y polacos afluyeron de todas partes a Angostura. Finalmente, el doctor [Juan] Germán Roscio, consternado por la estrella declinante de la revolución sudamericana, hizo su entrada en escena, logró el valimiento de Bolívar y lo indujo a convocar, para el 15 de febrero de 1819, un congreso nacional, cuya sola mención demostró ser suficientemente poderosa para poner en pie un nuevo ejército de aproxi madamente 14.000 hombres, con lo cual Bolívar pudo pasar nuevamente a la ofensiva.

Los oficiales extranjeros le aconsejaron diera a entender que proyectaba un ataque contra Caracas para liberar a Venezuela del yugo español, induciendo así a Morillo a retirar sus fuerzas de Nueva Granada y concentrarlas para la defensa de aquel país, tras lo cual Bolívar debía volverse súbitamente hacia el oeste, unirse a las guerrillas de Santander y marchar sobre Bogotá. Para ejecutar ese plan, Bolívar salió el 24 de febrero de 1819 de Angostura, después de designar a Zea presidente del congreso y vicepresidente de la república durante su ausencia. Gracias a las maniobras de Páez, los revolucionarios batieron a Morillo y La Torre en Achaguas, y los habrían aniquilado completamente si Bolívar hubiese sumado sus tropas a las de Páez y Mariño. De todos modos, las victorias de Páez dieron por resultado la ocupación de la provincia de Barinas, quedando expedita así la ruta hacia Nueva Granada. Como aquí todo estaba preparado por Santander, las tropas extranjeras, compuestas fundamentalmente por ingleses, decidieron el destino de Nueva Granada merced a las victorias sucesivas alcanzadas el 1 y 23 de julio y el 7 de agosto en la provincia de Tunja. El 12 de agosto Bolívar entró triunfalmente a Bogotá, mientras que los españoles, contra los cuales se habían sublevado todas las provincias de Nueva Granada, se atrincheraban en la ciudad fortificada de Mompós.

Luego de dejar en funciones al congreso granadino y al general Santander como comandante en jefe Bolívar marchó hacia Pamplona, donde paso mas de dos meses en festejos y saraos. El 3 de noviembre llego a Mantecal, Venezuela, punto que había fijado a los jefes patriotas para que se le reunieran con sus tropas Con un tesoro de unos 2.000.000 de dólares, obtenidos de los habitantes de Nueva Granada mediante contribuciones forzosas, y disponiendo de una fuerza de aproximadamente 9.000 hombres, un tercio de los cuales eran ingleses, irlandeses, hanoverianos y otros extranjeros bien disciplinados, Bolívar debía hacer frente a un enemigo privado de toda clase de recursos, cuyos efectivos se reducían a 4.500 hombres, las dos terceras partes de los cuales, además, eran nativos y mal podían, por ende, inspirar confianza a los españoles. Habiéndose retirado Morillo de San Fernando de Apure en dirección a San Carlos, Bolívar lo persiguió hasta Calabozo, de modo que ambos estados mayores, enemigos se encontraban apenas a dos días de marcha el uno del otro. Si Bolívar hubiese avanzado con resolución, sus solas tropas europeas habrían bastado para aniquilar a los españoles. Pero prefirió prolongar la guerra cinco años más.

En octubre de 1819 el congreso de Angostura había forzado a renunciar a Zea, designado por Bolívar, y elegido en su lugar a Arismendi. No bien recibió esta noticia, Bolívar marchó con su legión extranjera sobre Angostura, tomó desprevenido a Arismendi, cuya fuerza se reducia a 600 nativos, lo deportó a la isla Margarita e invistió nuevamente a Zea en su cargo y dignidades. El doctor Roscio, que había fascinado a Bolívar con las perspectivas de un poder central, lo persuadió de que proclamara a Nueva Granada y Venezuela como "República de Colombia", promulgase una constitución para el nuevo estado --redactada por Roscio-- y permitiera la instalación de un congreso común para ambos países. El 20 de enero de 1820 Bolívar se encontraba de regreso en San Fernando de Apure. El súbito retiro de su legión extranjera, más temida por los españoles que un número diez veces mayor de colombianos, brindó a Morillo una nueva oportunidad de concentrar refuerzos. Por otra parte, la noticia de que una poderosa expedición a las órdenes de O'Donnell estaba a punto de partir de la Península, levantó los decaídos ánimos del partido español. A pesar de que disponía de fuerzas holgadamente superiores, Bolívar se las arregló para no conseguir nada durante la campaña de 1820. Entretanto llegó de Europa la noticia de que la revolución en la isla de León había puesto violento fin a la programada expedición de O'Donnell. En Nueva Granada, 15 de las 22 provincias se habían adherido al gobierno de Colombia, y a los españoles sólo les restaban la fortaleza de Cartagena y el istmo de Panamá. En Venezuela, 6 de las 8 provincias se sometieron a las leyes colombianas. Tal era el estado de cosas cuando Bolívar se dejó seducir por Morillo y entró con él en tratativas que tuvieron por resultado, el 25 de noviembre de 1820, la concertación del convenio de Trujillo, por el que se establecía una tregua de seis meses. En el acuerdo de armisticio no figuraba una sola mención siquiera a la Republica de Colombia, pese a que el congreso había prohibido, a texto expreso, la conclusión de ningún acuerdo con el jefe español si éste no reconocía previamente la independencia de la república.

El 17 de diciembre, Morillo, ansioso de desempeñar un papel en España, se embarcó en Puerto Cabello y delegó el mando supremo en Miguel de Latorre; el 10 de marzo de 1821 Bolívar escribió a Latorre participándole que las hostilidades se reiniciarían al término de un plazo de 30 días. Los españoles ocupaban una sólida posición en Carabobo, una aldea situada aproximadamente a mitad de camino entre San Carlos y Valencia; pero en vez de reunir allí todas sus fuerzas, Latorre sólo había concentrado su primera división, 2.500 infantes y unos 1.500 jinetes, mientras que Bolívar disponía aproximadamente de 6.000 infantes, entre ellos la legión británica, integrada por 1.100 hombres, y 3.000 llaneros a caballo bajo el mando de Páez. La posición del enemigo le pareció tan imponente a Bolívar, que propuso a su consejo de guerra la concertación de una nueva tregua, idea que, sin embargo, rechazaron sus subalternos. A la cabeza de una columna constituida fundamentalmente por la legión británica, Páez, siguiendo un atajo, envolvió el ala derecha del enemigo; ante la airosa ejecución de esa maniobra, Latorre fúe el primero de los españoles en huir a rienda suelta, no deteniéndose hasta llegar a Puerto Cabello, donde se encerró con el resto de sus tropas. Un rápido avance del ejército victorioso hubiera producido, inevitablemente, la rendición de Puerto Cabello, pero Bolívar perdió su tiempo haciéndose homenajear en Valencia y Caracas. El 21 de setiembre de 1821 la gran fortaleza de Cartagena capituló ante Santander. Los últimos hechos de armas en Venezuela --el combate naval de Maracaibo en agosto de 1823 y la forzada rendición de Puerto Cabello en julio de 1824-- fueron ambos la obra de Padilla. La revolución en la isla de León, que volvió imposible la partida de la expediúión de O'Donnell, y el concurso de la legión británica, habían volcado, evidentemente, la situación a favor de los colombianos.

El Congreso de Colombia inauguró sus sesiones en enero de 1821 en Cúcuta; el 30 de agosto promulgó la nueva constitución y, habiendo amenazado Bolívar una vez mas con renunciar, prorrogó los plenos poderes del Libertador. Una vez que éste hubo firmado la nueva carta constitucional, el congreso lo autorizó a emprender la campaña de Quito (1822), adonde se habían retirado los españoles tras ser desalojados del istmo de Panamá por un levantamiento general de la población. Esta campaña, que finalizó con la incorporación de Quito, Pasto y Guayaquil a Colombia, se efectuó bajo la dirección nominal de Bolívar y el general Sucre, pero los pocos éxitos alcanzados por el cuerpo de ejército se debieron íntegramente a los oficiales británicos, y en particular al coronel Sands. Durante las campañas contra los españoles en el Bajo y el Alto Peru --1823-1824-- Bolívar ya no consideró necesario representar el papel de comandante en jefe, sino que delegó en el general Sucre la conducción de la cosa militar y restringio sus actividades a las entradas triunfales, los manifiestos y la proclamación de constituciones. Mediante su guardia de corps colombiana manipuló las decisiones del Congreso de Lima, que el 10 de febrero de 1823 le encomendó la dictadura; gracias a un nuevo simulacro de renuncia, Bolívar se aseguró la reelección como presidente de Colombia. Mientras tanto su posición se había fortalecido, en parte con el reconocimiento oficial del nuevo estado por Inglaterra, en parte por la conquista de las provincias altoperuanas por Sucre, quién unificó a las últimas en una república independiente, la de Bolivia. En este país, sometido a las bayonetas de Sucre, Bolívar dio curso libre a sus tendencias al despotismo y proclamó el Código Boliviano, remedo del Code Napoleón. Proyectaba trasplantar ese código de Bolivia al Perú, y de éste a Colombia, y mantener a raya a los dos primeros estados por medio de tropas colombianas, y al último mediante la legión extranjera y soldados peruanos. Valiéndose de la violencia, pero también de la intriga, de hecho logró imponer, aunque tan sólo por unas pocas semanas, su código al Perú. Como presidente y libertador de Colombia, protector y dictador del Perú y padrino de Bolivia, había alcanzado la cúspide de su gloria. Pero en Colombia había surgido un serio antagonismo entre los centralistas, o bolivistas, y los federalistas, denominación esta última bajo la cual los enemigos de la anarquía militar se habían asociado a los rivales militares de Bolívar. Cuando el Congreso dé Colombia, a instancias de Bolívar, formuló una acusación contra Páez, vicepresidente de Venezuela, el último respondió con una revuelta abierta, la que contaba secretamente con el apoyo y aliento del propio Bolívar; éste, en efecto, necesitaba sublevaciones como pretexto para abolir la constitución y reimplantar la dictadura. A su regreso del Perú, Bolívar trajo además de su guardia de corps 1.800 soldados peruanos, presuntamente para combatir a los federalistas alzados. Pero al encontrarse con Páez en Puerto Cabello no sólo lo confirmó como máxima autoridad en Venezuela, no sólo proclamó la amnistía para los rebeldes, sino que tomó partido abiertamente por ellos y vituperó a los defensores de la constitución; el decreto del 23 de noviembre de 1826, promulgado en Bogotá, le concedió poderes dictatoriales.

En el año 1826, cuando su poder comenzaba a declinar, logro reunir un congreso en Panamá, con el objeto aparente de aprobar un nuevo código democrático internacional. Llegaron plenipotenciarios de Colombia, Brasil, La Plata, Bolivia, México, Guatemala, etc. La intención real de Bolívar era unificar a toda América del Sur en una república federal, cuyo dictador quería ser él mismo. Mientras daba así amplio vuelo a sus sueños de ligar medio mundo a su nombre, el poder efectivo se le escurría rápidamente de las manos. Las tropas colombiams destacadas en el Perú, al tener noticia de los preparativos que efectuaba Bolívar para introducir el Código Boliviano, desencadenaron una violenta insurrección. Los pruanos eligieron al general Lamar presidente de su república, ayudaron a los bolivianos a expulsar del país las tropas colombianas y emprendieron incluso una victoriosa guerra contra Colombia, finalizada por un tratado que redujo a este país a sus límites primitivos, estableció la igualdad de ambos países y separó las deudas públicas de uno y otro. La Convención de Ocaña, convocada por Bolívar para reformar la constitución de modo que su poder no encontrara trabas, se inauguró el 2 de marzo de 1828 con la lectura de un mensaje cuidadosamente redactado, en el que se realzaba la necesidad de otorgar nuevos poderes al ejecutivo. Habiéndose evidenciado, sin embargo, que el proyecto de reforma constitucional diferiría esencialmente del previsto en un principio, los amigos de Bolívar abandonaron la convención dejándola sin quórum, con lo cual las actividades de la asamblea tocaron a su fin. Bolívar, desde una casa de campo situada a algunas millas de Ocaña, publicó un nuevo manifiesto en el que pretendía estar irritado con los pasos dados por sus partidarios, pero al mismo tiempo atacaba al congreso, exhortaba a las provincias a que adoptaran medidas extraordinarias y se declaraba dispuesto a tomar sobre sí la carga del poder si ésta recaía en sus hombros. Bajo la presión de sus bayonetas, cabildos abiertos reunidos en Caracas, Cartagena y Bogotá, adonde se había trasladado Bolívar, lo invisteron nuevamente con los poderes dictatoriales. Una intentona de asesinarlo en su propio dormitorio en Bogotá, de la cual se salvó sólo porque saltó de un balcón en plena noche y permaneció agazapado bajo un puente, le permitió ejercer durante algún tiempo una especie de terror militar. Bolívar, sin embargo, se guardó de poner la mano sobre Santander, pese a que éste había participado en la conjura, mientras que hizo matar al general Padilla, cuya culpabilidad no había sido demostrada en absoluto, pero que por ser hombre de color no podía ofrecer resistencia alguna.

En 1829, la encarnizada lucha de las facciones desgarra ba a la república y Bolívar, en un nuevo llamado a la ciudadanía, la exhortó a expresar sin cortapisas sus deseos en lo tocante a posibles modificaciones de la constitución. Como respuesta a ese manifiesto, una asamblea de notables reunida en Caracas le reprochó públicamente su ambiciones, puso al descubierto las deficiencias de gobierno, proclamó la separación de Venezuela con respecto a Colombia y colocó al frente de la primera al general Páez. El Senado de Colombia respaldó a Bolivar, pero nuevas insurrecciones estallaron en diversos lugares. Tra haber dimitido por quinta vez, en enero de 1830 Bolívar aceptó de nuevo la presidencia y abandonó a Bogotá para guerrear contra Páez en nombre del congreso colombiano. A fines de marzo de 1830 avanzó a la cabeza de 8.000 hombres, tomó Caracuta, que se había sublevado, y se dirigió hacia la provincia de Maracaibo, donde Páez lo esperaba con 12.000 hombres en una fuerte posición. No bien Bolívar se enteró de que Páez proyectaba combatir seriamente, flaqueó su valor. Por un instante, incluso, pensó someterse a Páez y pronunciarse contra el congreso. Pero decreció el ascendiente de sus partidarios en ese cuerpo y Bolívar se vio obligado a presentar su dimision ya que se le dio a entender que esta vez tendría que atenerse a su palabra y que, a condición de que se retirara al extranjero, se le concedería una pensión anual. El 27 de abril de 1830, por consiguiente, presentó su renuncia ante el congreso. Con la esperanza, sin embargo, de recuperar el poder gracias a la influencia de sus adeptos, y debido a que se había iniciado un movimiento de reacción contra Joaquín. Mosquera, el nuevo presidente de Colombia, Bolívar fue postergando su partida de Bogotá y se las ingenió para prolongar su estada en San Pedro hasta fines de 1830, momento en que falleció repentinamente.

Ducoudray-Holstein nos ha dejado de Bolívar el siguiente retrato: "Simón Bolívar mide cinco pies y cuatro pulgadas de estatura, su rostro es enjunto, de mejilla hundidas, y su tez pardusca y lívida; los ojos, ni grandes ni pequeños, se hunden profundamente en las órbitas; su cabello es ralo. El bigote le da un aspecto sombrío y feroz, particularmente cuando se irrita. Todo su cuerpo es flaco y descarnado. Su aspecto es el de un hombre de 65 años Al caminar agita incesantemente los brazos. No puede andar mucho a pie y se fatiga pronto. Le agrada tenderse o sentarse en la hamaca. Tiene frecuentes y súbitos arrebatos de ira, y entonces se pone como loco, se arroja en la hamaca y se desata en improperios y maldiciones contra cuantos le rodean. Le gusta proferir sarcasmos contra los ausentes, no lee más que literatura francesa de carácter liviano, es un jinete consumado y baila valses con pasión. Le agrada oírse hablar, y pronunciar brindis le deleita. En la adversidad, y cuando está privado de ayuda exterior, resulta completamente exento de pasioness y arranques temperamentales. Entonces se vuelve apacible, paciente, afable y hasta humilde. Oculta magistralmente sus defectos bajo la urbanidad de un hombre educado en el llamado beau monde, posee un talento casi asiatico para el disimulo y conoce mucho mejor a los hombres que la mayor parte de sus compatriotas."

Por un decreto del Congreso de Nueva Granada los restos mortales de Bolívar fueron trasladados en 1842 a Caracas, donde se erigió un monumento a su memoria.

Véase: Histoire de Bolivar par Gén. Ducoudray-Holstein, continuée jusqu'á sa mort par Alphonse Viollet (Paris, 1831); Memoirs of Gen. John Miller (in the service of the Republic of Peru; Col. Hippisley's Account of his Journey to the Orinoco (London, 1819).

Artículo publicado en el tomo III de The New American Cyclopedia. Escrito en enero de 1858. Apareció en la edición alemana de MEW, t. XIV, pp. 217-231. Digitalizado para MIA-Sección en Español por Juan R. Fajardo, y transcrito a HTML por Juan R. Fajardo, febrero de 1999.
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En mi  libro, publicado en marzo del 2022, titulado  La Historia de Cuba que te ocultaron  y otros temas se pueden leer otros aspectos de la personalidad de Simón Bolivar:
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La actitud de Bolívar sobre la petición del presidente haitiano Alexandre Pétion durante su refugio en Haití es muy elocuente: Pétion le envió un pedido solicitándole a Bolívar la abolición de la esclavitud en todos los territorios que independizara, Bolívar atendió el pedido, pero nunca lo cumplió. (Barcia, 1999, p.37)   

Foner,  historiador norteamericano marxista, escribió:

«En 1830, la década de esfuerzos intensos por la independencia de Cuba se había cerrado. Las autoridades españolas seguían acusando a Colombia y México de proseguir su plan de invadir la isla, pero tal acusación tenía muy poca base real: la oposición de Estados Unidos había resuelto definitivamente la cuestión. Además, con la caída del reaccionario gobierno borbónico en Francia y el ascenso de Luis Felipe al trono de 1830, Fernando VII había perdido toda posibilidad de ayuda francesa para reconquistar sus antiguas colonias. México y Colombia, libres ya de la amenaza de España, dejaron de prestar ayuda a las actividades independentistas en Cuba, y el reconocimiento formal, por parte de España, de las repúblicas hispanoamericanas, que ocurrió en 1836, acabó con todas las esperanzas cubanas de auxilio procedente de aquellos países». (Foner, 1988, p.185)

Pero mi opinión es que las verdaderas razones del cese de las promesas de ayuda hacia Cuba por parte de las repúblicas hispanoamericanas podemos encontrarlas en el siguiente fragmento de una carta personal (es decir, sin la finalidad que su contenido se  conociera públicamente) de Bolívar del 20 de diciembre de 1824 al general Santander:

«Me parece bien que el gobierno de Colombia, por los medios que juzgase a propósito, intimase a España que si en tanto tiempo no reconocía la independencia de Colombia y hacía la paz, estas mismas tropas irían inmediatamente a La Habana y Puerto Rico.
Más cuenta nos tiene la paz que libertar esas dos islas: J’ai ma politique a moi. La Habana independiente nos daría mucho que hacer, la amenaza nos valdría más que la insurrección. Yo tengo mi política. Este negocio bien conducido puede producir un gran efecto. Si los españoles se obstinaren, Sucre puede ir a una parte, y Páez a otra, porque ambos están animados del mismo deseo... ». (Foner, 1988, p.166)

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