sábado, mayo 03, 2025

Roberto Álvarez Quiñones: La gobernanza del castrismo: caprichos y malgasto irresponsable

 Tomado de https://diariodecuba.com/

La gobernanza del castrismo: caprichos y malgasto irresponsable

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En julio de 1959 Fidel Castro ya tuvo su primer delirio millonario. Movilizó recursos del Gobierno, contrató expertos holandeses y franceses para desecar 61.000 hectáreas de la Ciénaga de Zapata.

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Por Roberto Álvarez  Quiñones

Miami 27 de abril,  2025

El malgasto irresponsable de recursos del Estado que no han sido robados es típico de regímenes autoritarios, pero difícilmente hay, al menos en Occidente, un caso peor que el de la "revolución cubana".

El sistema de gobernanza implantado por Fidel Castro, y que sigue vigente con Raúl "el Cruel", se caracteriza como norma por el malgasto irresponsable de recursos del Tesoro Público, caprichos, improvisación, ineptitud, soberbia, desprecio por el pueblo.

Veamos algunos ejemplos. En julio de 1959 el comandante en jefe ya tuvo su primer delirio millonario. Movilizó recursos del Gobierno, contrató expertos holandeses y franceses para desecar 61.000 hectáreas de la Ciénaga de Zapata y convertirla en "granero de las Américas y reserva arrocera de Cuba". Tras dos meses de trabajo los ingenieros concluyeron que no se podía desecar y que aquello era un atentado medioambiental de graves consecuencias.

Después a Castro I se le ocurrió cubrir con pangola media isla. Contrató al experto francés André Voisin para que con pastoreo intensivo las vacas dieran más leche. Fue un total fracaso.

Seguidamente se autoproclamó científico genetista y quiso inventar "nuevas razas" bovinas, con el cruce de toros Holstein canadienses, de clima frío, para inseminar las criollas vacas cebú, de clima cálido. A mediados de 1965 prometió: "En 1970 produciremos diez millones de litros diarios y nos bañaremos en leche", y dijo que Cuba produciría "tanto, o más queso que Holanda".

Creó el Centro de Inseminación Artificial Rosafé Signet, nombre de un toro canadiense que costó 27.000 dólares de entonces (285.660 dólares de hoy). Se construyó la empresa pecuaria Niña Bonita, con vacas Holstein importadas.

Vieron la luz las vacas híbridas F-1 y F-2, débiles, enfermizas, de poca producción de leche y carne. Y por su color negro no resistían las altas temperaturas cubanas y eran invadidas por parásitos tropicales. Muchas vaquerías contaban con aire acondicionado y música instrumental para "relajar a las vacas" al ordeñarlas. Fue un multimillonario desastre.

La deforestación, un desastre que costó 500 millones de dólares

En octubre de 1967 Castro I comenzó la mayor deforestación de Cuba desde la Conquista. Como narré en una ocasión, un grupo de periodistas y de estudiantes asistimos a la puesta en marcha de la Brigada Invasora Che Guevara en la zona de Puente Guillén, a unos 35 kilómetros de Bayamo.

Se nos dijo que se iban a desbrozar cientos de miles de hectáreas para sembrar básicamente arroz. Vimos cómo buldóceres y equipos pesados arrasaban con todo. A las palmeras y árboles más robustos los dinamitaban y al grito de "fuego a la carga" volaban en pedazos. En dos años desaparecieron 215.000 hectáreas de frutales, bosques y cultivos.

En ese desatino Castro I gastó 500 millones de dólares (el importe de una zafra azucarera completa), incluyendo la compra en Francia e Italia de 700 camiones de volteo y 800 equipos pesados (buldóceres, motoniveladoras, etc). Pues no se sembró el arroz y hubo que aumentar su importación. Encima, tan vasta deforestación agravó las sequías en la Isla.

La llamada Ofensiva Revolucionaria lanzada por Castro I en marzo de 1968 fue el puntillazo a lo que quedaba de economía de mercado. Fueron cerrados o expropiados los 57.280 negocios privados que aún subsistían.

La escuela en el campo (escuelas secundarias básicas construidas en zonas rurales) fue otro capricho multimillonario del dictador. En pleno campo se erigieron 535 gigantescas escuelas de cuatro pisos, para 600 estudiantes cada una, dotadas de su equipamiento técnico y docente, uniformes, un hospital y ambulancias.  

Se consumieron diez millones de toneladas de cemento, 16 millones de toneladas de productos agropecuarios, 15 millones de toneladas de combustible. Y se ensamblaron 2.000 ómnibus rusos. Agréguense laboratorios de biología, química, y física con instrumental científico comprado con divisas. Muchas escuelas tenían bandas de música con instrumentos comprados en Inglaterra y Austria.

Miles de alumnas salieron embarazadas y no pocas se convirtieron en madres solteras a los 15 años de edad. Al acabarse los subsidios soviéticos aquellos enormes inmuebles fueron abandonados e invadidos por el marabú. Hoy son cárceles, refugios de delincuentes, etc.

Los diez millones que hundieron a Cuba en una recesión prolongada  

Con la consigna "Los diez millones van" tuvo lugar en 1970 uno de los más costosos desastres fidelistas: producir diez millones de toneladas de azúcar. Fidel Castro destituyó al ministro de la Industria Azucarera, Orlando Borrego, cuando dos años antes dijera que eso no sería posible. Y movilizó todos los recursos del país para cumplir su capricho.

El economista cubano Julio Sanguinetty explicó en este mismo diario: "Poco antes de salir al exilio, yo estuve a cargo de la evaluación de los proyectos de inversión industrial y de transporte para la zafra de 1970 y puedo atestiguar que la inmensa mayoría de esos proyectos estaban mal concebidos y, en condiciones normales, no debían aprobarse, ni financiarse".

En esa zafra se produjeron 8,5 millones de toneladas de azúcar a un costo tan devastador que la economía entró en una recesión de varios años. Además, una gran producción cubana habría derrumbado el precio internacional del azúcar, pues Moscú compró 3,5 o cuatro millones de toneladas y el resto habría aumentado la sobreoferta de azúcar existente en el mundo.

Unos 30 años después Fidel tuvo otro arrebato, pero al revés. Calificó de disparate a la actividad azucarera y desmanteló 100 de las 156 fábricas de azúcar de la Isla. Hizo añicos la principal industria cubana.

La Tarea de Ordenamiento que disparó el hambre y la pobreza

Con el Cordón de La Habana Castro I movilizó a cientos de miles de habaneros e hizo sembrar en los alrededores de la capital café caturra, y gandul, una leguminosa que a las vacas no les gustaba. Cultivado en Brasil, el dictador se encaprichó en sembrar café caturra en La Habana, con clima y suelos muy diferentes. Fue otro colosal fracaso. Hubo que desmontarlo todo.

Al morir Castro I todo siguió igual, o peor. Raúl "el Cruel" militarizó la economía, la mafia castrense nucleada en torno a GAESA devino Estado militarizado superior por encima del Estado constitucional, el Gobierno formal y el mismísimo Partido Comunista.

Castro II aumentó y perfeccionó con grandes gastos de divisas la maquinaria represiva. Ahora hay más esbirros en las calles. Siembran el terror y controlan hasta las colas. Se cometen las mismas estupideces hambreadoras de Castro I, o peores, pues el Gobierno que coordina Miguel Díaz-Canel es el más incapaz en la historia de Cuba.

Un ejemplo, de tantos, es la Tarea Ordenamiento. En 2021 el Estado socialista se quitó la careta. Abandonó a su suerte al pueblo y acabó con la ilusión-esperanza de ayuda o protección de "la revolución". Fue sepultada y sustituida con la consigna de "sálvese quien pueda". Se redujeron los subsidios, se devaluó el peso, los precios se dispararon, la escasez de todo empeoró. Se produjo una estanflación (recesión con inflación) que perdura hasta hoy. Y fue el disparo de salida del país de más de un millón de cubanos.

¿Qué se hizo con el dinero que le "tumbaron" al mundo?

Para finalizar va un revelador detalle contrastante. Se calcula que el castrismo en 66 años ha recibido gratuitamente, o a pagar "cuando las ranas críen pelos", unos 300.000 millones de dólares en cash, bienes de consumo, combustible, materias primas, maquinaria, tecnología, asesoría técnica, préstamos y créditos internacionales.

El Plan Marshall lanzado en 1948 por EEUU y que sacó a Europa Occidental de la devastación causada por la Segunda Guerra Mundial ascendió a 13.000 millones de dólares, equivalentes a 173. 203 millones de dólares de 2025. Benefició a 18 países y, al concluir en 1952, ya 17 naciones (todas excepto la República Federal Alemana) habían superado los niveles de desarrollo previos a la guerra.

Cuba, un país pequeño que ha recibido una ayuda muy superior a sumatoria de los 18 países contemplados en el Plan Marshall, no solo no se ha desarrollado, sino que perdió el que ya tenía antes de 1959 y retrocedió al nivel de Haití, pues junto con ese país integra la dupla de naciones más pobres de todo Occidente. Cuatro de cada cinco cubanos son hoy muy pobres, según el Banco Mundial.

¿Qué hizo, y sigue haciendo, la dirigencia castrista con tanta ayuda que le ha "tumbado" al mundo? 

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miércoles, noviembre 22, 2023

Juan Antonio Blanco sobre Cuba: De 'gusanos' a 'comunitarios', ¿y ahora a 'connacionales'? Según se vaticina, los 'connacionales' podrán invertir en aquellos renglones que convengan a la elite de poder de Cuba

 Tomado de https://diariodecuba.com/

De 'gusanos' a 'comunitarios', ¿y ahora a 'connacionales'?

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Según se vaticina, los 'connacionales' podrán invertir en aquellos renglones que convengan a la elite de poder de Cuba

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Por Juan Antonio Blanco

Miami 21 Nov 2023

A los llamados gusanos, que desde 1959 hasta 1979 se opusieron a la instauración de un régimen totalitario, creyeron haberlos liquidado con el paredón, la cárcel, el exilio y el despojo total de sus propiedades y capital financiero. Aquellos que pudieron escapar de la Isla se llevaron lo más valioso en sus cabezas y libretas telefónicas: capital humano y capital social. Con ellos reconstruyeron sus vidas y alcanzaron niveles de éxito insospechados por sus perseguidores. Con sus conocimientos y relaciones sociales previas a enero de 1959 erigieron una capital alternativa en Miami y se destacaron en las ciencias, artes, letras, empresas y política en muchos países.

Irónicamente, la prohibición de tener contactos con sus familiares en Cuba, enviarles dinero o paquetes e incluso de escribirles o visitarlos, a la larga permitió a aquellas primeras olas de exiliados poder concentrarse en su propia prosperidad, al ahorrar y emprender negocios en el país de acogida.  

Así, a mediados de los años 80 y sobre todo en la década de los 90, cuando ya había caído la URSS, se transformaron de gusanos en comunitarios. Los dólares ganados con su talento en libertad ahora eran codiciados por una clase burocrática improductiva que durante décadas se había mostrado incapaz de generarlos.

Los comunitarios podían por unas pocas semanas visitar la Isla —si recibían permiso para ello, porque miles siguieron hasta hoy en las listas negras de destierro permanente— a fin de que pudieran gastarse sus ahorros en Cuba. Después de la explosión social en el Malecón habanero se descriminalizó la tenencia de dólares y se abrió la puerta para que los recién estrenados comunitarios —antes gusanos— pudieran enviar remesas mientras los burócratas buscaban nuevos mecenas extranjeros. El ascenso del chavismo al poder en Venezuela les dio un respiro, pero la dependencia del capital financiero de la diáspora también creció.

Pero 30 años después de nombrarlos amablemente comunitarios, ni ellos —aunque ahora los llamen connacionales— ni los nuevos oligarcas rusos se apresuran a invertir en la Isla.

La apertura que le ofreció el presidente Obama a Raúl Castro para que pudiera reformar estructuralmente la economía cubana la ningunearon y así terminaron en un hoyo más profundo que el que ya habitaban antes. El presidente Trump no se dejó seducir por la verborrea procedente de La Habana, ni por las de sus amigos internacionales, ni por las canciones infantiles de La Colmenita. Las concesiones de la Administración Biden resultan insuficientes para salvar el Titanic del régimen cubano, que el 11 de julio de 2021 chocó con un curioso témpano tropical: la mayor rebelión popular de toda la historia de Cuba. Desde entonces la nave sigue hundiéndose cada vez con mayor rapidez.

La oligarquía, angustiada con la crisis sistémica y multisectorial que enfrenta, así como con la volatilidad de la sociedad cubana, pivoteó hacia sus exitosos desterrados. Había llegado de nuevo la hora de vender a los gusanos/comunitarios una nueva "concesión". Podrían pasar de su categoría de comunitarios a otra supuestamente mejor: la de connacionales. Todo por un precio, claro está

El nuevo modelo de explotación de los "connacionales"

Los connacionales, según vaticinan, podrán invertir en aquellos renglones que convengan a la elite de poder siempre que sean autorizados, caso a caso, por el Gobierno. En nombre de las buenas costumbres humanitarias también se facilitarán las cosas para que puedan hacerse cargo de sus familiares en Cuba de manera más amplia y estable que hasta hoy.

En lo adelante, con ahorros y salarios ganados duramente en el exterior, tendrán que garantizar alimentos e incluso asistencia médica por medio de ofertas de las recién creadas MIPYMES cercanas y/o leales al nuevo régimen oligárquico. Al final, todo el dinero gastado en tiendas de GAESA y MIPYMES o enviado como remesas irá a parar a la misma caja contadora de la oligarquía cubana.

El mercado cubano es singular. Tiene en Cuba su demanda, pero los compradores están fuera y es según el nivel de ingresos de estos (no de los que están en la Isla) que se ajustan los precios. Precios de Nueva York y Madrid impuestos en Mayabeque y Cacarajícara a productos de primera necesidad ofertados directamente por GAESA o indirectamente por medio de algunas de las nuevas MIPYMES conectadas a esa oligarquía. Para garantizar el éxito de semejante abuso cuentan con el escudo humano de una población rehén que gana menos que el nivel de ingresos que define la pobreza según el Banco Mundial, pero que tiene muchos "connacionales" que La Habana manipula sentimentalmente para que la mantenga después de darles la espalda a sus necesidades básicas.

Mientras tanto, la llave de entrada al país sigue en las manos de las autoridades que a su capricho y antojo destierran y excluyen a miles de personas (que siguen clasificando como gusanos). Las mismas que también "regulan" (bloquean) la salida al exterior de cualquier ciudadano que se les antoje peligroso.

Con esas limitaciones al Artículo 13 de la Declaración de DDHH es que seleccionaron a los invitados a la recién celebrada Conferencia de la Nación y la Emigración, y bajo esas condiciones es que aquellos aceptaron acudir al cónclave con los mismos verdugos que nunca han pedido perdón.  Los mismos que siguen presentando cada paso atrás que se han visto obligados a dar en su política anticubana como una generosa dádiva a sus víctimas. 

En las circunstancias actuales hay otro problema adicional. La nueva modalidad de someter a cada vez mayor penuria a los rehenes de la Isla y obligar a sus familiares a sostenerlos obstaculiza y ralentiza el progreso en el exterior de las más recientes olas migratorias cubanas, al dificultarse el que puedan ahorrar lo suficiente para poder invertir en sus propios negocios en el nuevo país de acogida.  

Se les impone de facto la obligación de sostener simultáneamente a sus familiares en el exterior y a las familias que quedaron atrás de rehenes de la oligarquía cubana con salarios de miseria y precios del Primer Mundo. Y a ellas, por otra parte, se les bloquea la posibilidad de prosperar por sus propios medios para no depender de sus familiares en el exterior.

Aplicando ese modelo de explotación, las remesas y paquetes de los excluidos ayudan a financiar la estabilidad política interna porque con ello permiten a una parte considerable de la población subsistir, aunque no vivir, sin que el régimen de gobernanza tenga que ser realmente cambiado.

Los salarios de los recién llegados a duras penas alcanzan para sostener dos familias e invertir en el progreso del núcleo familiar en el nuevo país de acogida. La oligarquía cubana los nombra ahora connacionales para vampirizar sus salarios e impedir su progreso fuera de Cuba. De esa manera también procuran que no puedan incrementar su influencia política en los países de acogida.  No habrá prosperidad sino solo supervivencia para los familiares que están en Cuba y no pueden valerse por sí mismos por continuar negándoseles derechos y libertades económicas, civiles y políticas.

La única manera de liberar y hacer progresar a los cubanos dentro y fuera

A menos que se dé un vuelco radical a esa situación las nuevas generaciones de cubanos en el exterior seguirán estando irónicamente bajo el control de un Estado que los ha excluido y desterrado a su antojo. Los exprimirá a distancia y ralentizará su progreso en los países de acogida al echarles encima el fardo de sostener, casi íntegramente, a sus familiares dentro de Cuba.

Bajar la cabeza y adaptarse a las nuevas regulaciones presentadas ahora a los flamantes "connacionales" es una opción, pero no la única. Es también posible decir basta. Hoy eso es factible porque la rueda ha dado una vuelta completa. Ahora, como explicara el economista Emilio Morales "sin gusanos no hay país".

El exilio creció y se esparció por todo el mundo hasta transformarse en una genuina diáspora. Su creciente entramado de relaciones y la interdependencia entre ellas han hecho de las dos partes de la nación una sola entidad transnacional. Hoy somos un solo pueblo transnacional cuyo constante quehacer multidimensional (económico, político y cultural) sobrepasa de facto, día a día, las fronteras territoriales de jure cubanas. La nación es una sola y sus verdugos siguen siendo los mismos que la esparcieron por todo el planeta.

En el siglo XXI este pueblo sin fronteras tiene todo el capital humano, social y financiero necesarios para emprender con éxito un proyecto común de prosperidad en libertad. Solo en libertad se logrará de forma acelerada y estable un proceso de prosperidad que, en muy breve tiempo, de un vuelco a la vida cotidiana en la Isla.

La nueva Cuba del siglo XXI ha tardado en hacerse presente, pero, quizás por primera vez en más de seis décadas, su materialización no es solo una posibilidad real, sino una probabilidad creciente.

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Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

A Cuba antes de 1959 se le llamaba la azucarera del mundo por su gran capacidad de exportar azúcar de caña dada su pequeña población; me explico:  otros paíse producían más azúcar, ya fuera de remolacha o de la caña de azúcar,  pero eran países poseían una  población de muchos  millones de habitantes y tenían que satisfacer al mercado interno con esa produción.  En ese período la agricultura cañera no era de las mejores del mundo pero sí la industria azucarera pues se llegaron a alcanzar hasta 13 de recobrado, que es el porciento (%) de azúcar que se le saca a 100 partes de la caña que llega al central.

 La caña de azúcar es un recurso renovable (el petróleo nolo es) del cual, además de azúcar, se extrae: ¨miel de purga¨ para la alimentación animal;  madera (del bagazo) para muebles;  alcohol para bebidas de consumo humano (el ingreso de la marca Bacardí es superior al PIB de la Cuba Castrista);  etanol para combustible de automóviles. El azúcar es un ingrediente fundamental para la fabricación de confituras (bombones, caramelos, africanas, galletas finas, dulces finos, etc.) y  dulces en conservas ya que el azúcar es un gran conservante. No olvidar que los centrales azucareros  contribuían a la generación de electricidad  y la aportaban  a la red nacional. Ya sabemos lo que ocurrió (por la voluntad de Fidel Castro Ruz y la sumisa cúpula Castrista)  con la mitad o la mitad del número de centrales en Cuba.

Observemos, en la siguiente slide show, por años cómo los países incrementaeon su producción de azúcar nientras que en Cuba  se reducía  alegando que los precios del mercado mundial  hacían de la industria azucarera una industria no rentable. Tomado de https://www.facebook.com

Los Países que Más Azúcar Producen en el Mundo

 

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Tomado de http://www.diariodecuba.com/

Sin azúcar y sin país



Por Roberto Álvarez Quiñones
Los Ángeles
29 de Noviembre de 2016

"Sin azúcar no hay país", decía una muy popular frase en Cuba,  atribuida al hacendado cubano José Manuel Casanova. Siempre pensé que era una exageración, un decir. Pero estaba equivocado, Fidel Castro demostró que era verdad.

Hoy en la Isla no hay azúcar, y tampoco país, pues, ya en ruinas, suelta los pedazos y es el fantasma de la otrora próspera nación que llevamos en la memoria quienes vimos al barbudo comandante entrar en La Habana en 1959.

Pretender abarcar en un solo trabajo periodístico  el devastador legado económico del Führer cubano, ya definitivamente fuera del escenario político, no es viable. Me limitaré a la industria azucarera, la espina dorsal de la economía cubana desde fines del siglo XVIII.

De entrada, Castro convirtió a nuestro país en importador de azúcar, luego de haber sido el mayor productor y exportador mundial durante más de un siglo y medio. La producción azucarera cayó al mismo nivel de 1894, cuando la Isla era colonia de España.

En 2002 Fidel tuvo una "perreta" debido a la ineficiencia azucarera y, sin convocar al Consejo de Ministros o al Buró Político del Partido, ordenó desmantelar 95 de los 156 centrales azucareros del país y reducir la superficie cañera de dos millones de hectáreas a 750.000. Luego se desmantelaron otras cinco fábricas. Quedaron en pie 56.

Y  él declaró por la televisión: "el azúcar es la ruina del país". Calificó de "disparate" la actividad azucarera. Todo ello cuando el precio mundial del azúcar comenzaba a repuntar por la escasez de oferta. Desde el 2000, antes de la rabieta de Fidel,  el precio aumentó en un 8,8% anual, y de seis centavos la libra llegó a 31 centavos en 2010, récord en 32 años. Luego ha oscilado en torno a los 20 centavos. Hace unos días, el 28 de noviembre, el azúcar se cotizó a 19,98 centavos en el mercado de Nueva York.

Parte de la cultura nacional

El azúcar se enraizó en la cultura y el paisaje cubanos por casi  200 años. Recuerdo que de niño cuando yo dibujaba un bohío de guano, alguna vaca pastando y palmeras, siempre incluía una espigada chimenea a lo lejos echando humo. Los centrales azucareros eran una constante en la imaginería infantil isleña.

El azúcar comenzó a obtenerse en forma  sólida hace 2.500 años en la India y en Persia. La caña de azúcar ya se conocía en Nueva Guinea hace 8.000 años. La palabra azúcar viene del vocablo árabe hispano "assukkar", que se origina del árabe clásico "sukkar", a su vez tomada del griego  "sakjar", derivada de la palabra persa "sakar".

(Directiva del Central Chaparra en la primera década del siglo XX. En la fila sentado y al centro  Mario García  Menocal Deop, posteriormente  Presidente de la República de Cuba (1913-1921). Fotos y comentarios añadidos por el bloguista de Baracutey Cubano)

A España la caña la llevaron los árabes, Cristóbal Colón la introdujo en La Española en su tercer viaje, en 1498, y Diego Velázquez la llevó a Cuba en 1523. Haití, con mano de obra esclava  era ya en 1750 el mayor productor y exportador mundial de azúcar. Pero en 1791, aprovechando el caos resultante de la Revolución Francesa, estalló la insurrección liderada por Toussaint L'Ouverture y  los esclavos haitianos destruyeron los ingenios en los que eran explotados.

Ello propició una colosal expansión en Cuba, convertida en la azucarera del planeta.

Este auge lo aceleró la llegada de la Revolución Industrial a la Isla. En 1819 se introdujo en el ingenio Cambre, de Pedro Diago, en Güines, la primera máquina de vapor en el mundo que sustituyó a los bueyes para mover los molinos. En 1850 se instaló por primera vez a nivel mundial, en el ingenio Amistad, de Joaquín Ayestarán, también en Güines, la  primera centrífuga, que sustituyó el sistema de purgar el azúcar con barro.

Ya con el más alto nivel  tecnológico en materia azucarera, el 19 de noviembre de 1837 Cuba se convirtió en el primer país de Latinoamérica con ferrocarril, segundo del continente luego de EEUU (Albany, 1831),  y el séptimo en el mundo, 11 años antes que en España  (aún hay quienes dicen que el primer ferrocarril en territorio español fue el de Barcelona a Mataró, en 1848), y sólo 12 años después de estrenarse el primer tren de la historia entre Stockton y Darlington, Inglaterra.

Para que las carretas de caña tiradas por bueyes no se atascaran (muchas no llegaban al ingenio) con las lluvias, se construyó un primer "camino de hierro" de 50 kilómetros entre Güines y La Habana, cuando muchas naciones europeas aún lo no tenían, y antes que los mayores países latinoamericanos: México (en 1850), Brasil (1854) y Argentina (1857).

También los habaneros viajaban en cómodos coches "con ventanillas corredizas, el techo cubierto con cuero muy fuerte, cojines de paño en los asientos, molduras y manijas de bronce",segúnlas crónicas de la época.

(obreros del central Cunagua, Camaguey, antes de  1959)

Cuba fue la azucarera del mundo durante más de 160 años. En 1894 la Isla alcanzó el millón de toneladas métricas  (1,1 millones), un tercio de toda el azúcar producida globalmente. Con la guerra de independencia la producción cayó, pero en 1905 se produjeron 1,3 millones de toneladas métricas en 174 ingenios. Y en 1925 la zafra llegó a 5,1 millones de toneladas métricas. Una de cada cuatro libras de azúcar producidas en el mundo era cubana.

En  1940 Cuba devino el productor de azúcar de caña más eficiente mundialmente al registrar un 13,17% de rendimiento industrial: por cada 100 partes de peso verde de la caña se extrajo más de 13 partes de azúcar. Algo nunca visto. En los años 50 la Isla exportaba la mitad de toda el azúcar mundial, con una producción entre 5,3 y 7,1 millones de toneladas métricas, en 161 fábricas y un rendimiento industrial promedio de 12,7%, el mayor del planeta.

Desde 1934 hasta 1959  las exportaciones cubanas de azúcar hacia EEUU se rigieron por un sistema de cuotas de importación fijadas por Washington, que pagaba un precio superior al del mercado mundial. Era ese el Mercado Preferencial Azucarero de EEUU para Cuba y otros  países azucareros. Por entonces la Isla exportaba a EEUU más de tres millones de toneladas métricas anuales.

La plaga Castro-Guevara

Algo que la propaganda fidelista  distorsionó es que si bien en la primera mitad del siglo XX el grueso del capital invertido en la industria azucarera era estadounidense, para mediados de la centuria eso había cambiado con el avance de lo que Manuel Moreno Fraginals llamó la "sacarocracia criolla".

En 1939 eran propiedad de hacendados cubanos 56 centrales, que producían el 22% del azúcar. Pero en 1958, con 121 de los 161 centrales (36 eran de capital norteamericano y otros cuatro de otras naciones), los industriales cubanos producían el 67% del azúcar. Ese porcentaje habría seguido subiendo en los años sucesivos.

Pero llegó Castro y, asesorado por el Che Guevara, a fines de 1960 estatizó toda la industria azucarera. En solo dos años la producción se derrumbó de 6,8 millones de toneladas métricas a  3,8 millones en la zafra 1962-1963.

El "genial" dueto Castro-Guevara consideró que Cuba no podía depender más del azúcar y que había que industrializar el país. El 23 de febrero de 1961 el dictador creó el Ministerio de Industrias y puso de ministro al Che —hasta entonces presidente del Banco Nacional de Cuba—,  a cargo de  las industrias del país nacionalizadas cuatro meses antes.

Mostrando su ignorancia  olímpica en economía, Castro y el Che no advirtieron que solo exportando azúcar podrían obtener las divisas para instalar  fábricas. El ministro argentino  viajó por el mundo y  gastó cientos de millones de dólares en la compra de plantas completas , casi todas obsoletas tecnológicamente. Y se desmantelaron 130.000 hectáreas de caña.

La plaga Castro-Guevara  se propuso  realizar buena parte de la cosecha cañera con trabajo voluntario  para forjar la "conciencia revolucionaria" y crear el "hombre nuevo" comunista.

Con la consigna "Que no quede una caña en pie", desde 1961  los cañaverales fueron invadidos por  oficinistas, médicos, ingenieros, obreros, profesores, artistas, y otros profesionales  que machete en mano cortaban la gramínea cómo podían en jornadas extenuantes.

Fue implantada la "emulación socialista".  Las brigadas de macheteros —habituales o "voluntarios"—, compulsadas a ganar la banderita  de la emulación (los estímulos monetarios estaban prohibidos), arrojaban resultados desastrosos. Al cortar las cañas dejaban unos tronquitos de hasta tres pulgadas en la parte baja, que es la más rica en sacarosa. Esa azúcar se perdía y obligaba a emplear equipos pesados para arrasar los campos y sembrar caña nueva para la siguiente cosecha, lo cual elevaba los costos.

También el corte inadecuado arriba dejaba caña en el cogollo (parte verde de donde salen las hojas y que no contiene azúcar), o quedaba cogollo en la caña que iba para el central. Eso bajaba el rendimiento industrial.

Costaba más transportar, albergar, avituallar y alimentar a aquellos improvisados macheteros citadinos  —que seguían cobrando su salario normal— que el dinero que generaban con su trabajo. Los costos por libra de azúcar superaban el precio en el mercado mundial.

"Los diez millones van"

La zafra solo se recuperó a fines de los años 60 cuando la Unión Soviética, interesada en tener en Cuba una "cabeza de playa" político-ideológica para expandirse hacia Latinoamérica, comenzó a subsidiar las zafras, incluyendo los camiones, equipos, fertilizantes, pesticidas, etc.

La URSS enviaba el algodón que en Ariguanabo y otras textileras se transformaba en tela dura para ropa de trabajo. Las camisas y pantalones "de salir" casi desaparecieron y la industria del calzado casi solo producía botas y zapatos "de trabajo". De paso, Castro prohibió celebrar la Nochebuena, Navidad, Fin de Año, Año Nuevo y el Día de Reyes, porque interferían con la zafra.

En el delirium tremens de su megalomanía, el caudillo quiso realizar en 1970 la mayor producción azucarera lograda jamás en la historia universal: 10 millones de toneladas métricas.  Fueron virtualmente paralizadas las restantes industrias al compás de la febril  consigna "Los diez millones van". El músico Juan Formell se lo creyó y creó la orquesta de Los Van Van.

Ni había caña suficiente, ni capacidad industrial para ello. El ministro del ramo, Orlando Borrego, se lo dijo a Fidel  y fue destituido al instante. Además, una gran producción derrumbaría el precio del azúcar, pues Moscú  compraría solo 3,5 o cuatro millones de toneladas métricas y el resto aumentaría la sobreoferta que ya había internacionalmente. Se produjeron 8,5 millones de toneladas métricas a un costo tan alto que el país entró en una recesión de varios años.

Durante 30 años, hasta su desintegración en 1991, la URSS gastó miles de millones de dólares para mantener y ampliar la producción azucarera cubana (que alcanzó nuevamente ocho millones en 1990), y  construyó seis grandes fábricas. Y pagaba a Castro 45 centavos por libra de azúcar cubana, mientras en el mercado mundial estaba a cinco centavos o menos. Un subsidio fabuloso que se multiplicaba con la reexportación de parte del petróleo soviético gratis  "asignado" por Moscú. Al desintegrarse la URSS la zafra se hundió, hasta el día de hoy.

Logro fidelista: importar azúcar

Si a Julio Lobo, Pepe Gómez Mena, los Falla Gutiérrez o los Fanjul (los productores cubanos de azúcar más poderosos en los años 50) les hubiesen dicho que Cuba tendría que importar azúcar para cubrir el consumo y cumplir sus compromisos de exportación (que ahora prácticamente se reducen a 400.000 toneladas métricas destinadas a China), se habrían desternillado de la risa.

Pero lo absurdo devino realidad. A fines de 2001 los cubanos vieron sorprendidos que procedían de Brasil las cinco libras mensuales de azúcar sin refinar que les entregaban mediante la "libreta".  Según el Gobierno brasileño, entre 2001 y 2006 esa nación exportó a Cuba 384.204 toneladas métricas de azúcar. Y Colombia le exportó 425.609 toneladas métricas de azúcar refino entre 2002 y 2006. En 2005 Bielorrusia exportó a Cuba 50.000 toneladas métricas de azúcar de remolacha. Y también de República Dominicana y hasta de EEUU (el colmo) Cuba ha importado azúcar.

Por otra parte, desde 1967 los rendimientos cubanos de caña por hectárea son los más bajos de las Américas y probablemente del mundo.  Luego de 1960 nunca los cañaverales cubanos han llegado siquiera a las 69-72 toneladas de caña por hectárea del promedio mundial. Según la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), desde 2002 el promedio cubano ha oscilado entre 24 y 41 toneladas por hectárea.

En Perú, Guatemala y Colombia obtienen entre 93 y 120 toneladas; Brasil entre 80 y 90; El Salvador, 82; Honduras, 70; México 75-85 toneladas. Antes del castrismo  ninguna nación latinoamericana superaba a Cuba en rendimientos cañeros. Y en la industria, la dictadura  admite que la eficiencia  hoy apenas supera el 10% de obtención de azúcar por cada 100 partes de caña verde.

Sin azúcar, ni etanol

En la última zafra, la de 2015-2016,  la producción azucarera no llegó a los 1,6 millones de toneladas métricas, de las cuales unas 700.000 corresponden al consumo nacional. O sea este año se produjo tres veces menos que en 1925.

Y ello ocurre cuando  el precio mundial del  azúcar ha subido a su mayor nivel en los últimos cuatro años. La Organización Internacional del Azúcar (OIA) prevé un déficit de azúcar de 6,7 millones de toneladas métricas y que no habrá azúcar suficiente para cubrir la demanda global a corto plazo. Y cualquier precio superior a los 20 centavos la libra supera los costos de producción y da ganancia,  según los expertos.

Si Fidel no hubiese destruido la industria azucarera y Cuba en 2016 hubiese producido seis millones de toneladas, la Isla habría podido exportar 5,3 millones de toneladas, por valor de 2.332 millones de dólares, tres veces más que los ingresos netos por el turismo.

Además, Cuba podría ser un importante exportador de biocombustibles. Con un millón de hectáreas de caña (la mitad de las que había en 2002) destinadas a producir solamente etanol, con un rendimiento como el de Brasil, de 7.500 litros por hectárea, la Isla podría producir 7.500 millones de litros de etanol, que a 1,60 dólares el litro habrían significado probablemente unos 12.000 millones de dólares, seis veces el ingreso por turismo.

Pero el comandante calificó de "monstruosidad" producir biocombustibles con alimentos como la caña y el maíz.

Cuba  podría también desarrollar una gran industria de derivados de la caña para producir y exportar papel, madera de bagazo para la construcción y  muebles, electricidad, fertilizantes, medicamentos y alimento animal. Una sólida industria de la caña podría generar hasta 13.000 millones de dólares anuales.

Hoy los cubanos que viven en la Isla no tienen idea de que los hermanos Fanjul, industriales azucareros cubanos despojados de todos sus bienes por Fidel Castro, producen actualmente más de siete millones de toneladas de azúcar en sus fábricas de EEUU, México, República Dominicana, Canadá, Gran Bretaña y Portugal.

La  catástrofe azucarera es solo un capítulo dentro del cataclismo causado a Cuba por el dictador que más tiempo ha gobernado en la historia moderna. Pero solo por haber destrozado el ancestral "sueldo" de Cuba, lejos de ser absuelto por la historia el dictador mayor fue ya condenado y enviado por los cubanos al noveno círculo del infierno, ese que Dante Alighieri reservó para los peores tiranos.

Para expresar el cataclismo económico causado por Fidel Castro  le doy la palabra, con tristeza,  a Luis de Góngora: "ayer maravilla fui/ y hoy sombra de mí  no soy".



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miércoles, diciembre 14, 2022

¿Qué 'se cayó' en Cuba en 2022?. Juan Antonio Blanco: Este año colapsó ("se cayó") el régimen de gobernanza en Cuba (el sistema de leyes, normas e instituciones vigentes en el país). El Gobierno solo se sostiene a golpe de bayonetas.

 
Tomado de https://diariodecuba.com/

¿Qué 'se cayó' en Cuba en 2022?

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El Ministerio del Interior es ahora, de hecho, un ejército privado para proteger el poder y los intereses de la nueva clase.'

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Por Juan Antonio Blanco

Miami

13 Dic 2022 

No es posible saber adónde vamos ahora si primero no entendemos dónde estamos. Este año colapsó ("se cayó") el régimen de gobernanza en Cuba (el sistema de leyes, normas e instituciones vigentes en el país). El Gobierno solo se sostiene a golpe de bayonetas.

En 2022 se desplomó en Cuba el modelo mafioso-totalitario de Estado que estaba vigente desde hace dos décadas. El colapso energético fue el empujón letal a un sistema totalitario que habiéndose desentendido de sus anteriores mecanismos de cooptación social, acumuló una ingobernabilidad creciente. Fue el modelo totalitario de Estado mafioso el que colapsó, no el país. Tampoco colapsaron el Gobierno totalitario y el poder de la nueva oligarquía mafiosa, que todavía es renuente a iniciar reformas reales e intenta sostener el estatus quo por la fuerza.

El balance de 2022 refleja la crisis terminal de un régimen de gobernanza fallido con un Estado frágil, administrado por un Gobierno mediocre, que a su vez está dirigido por una oligarquía voraz y delincuencial.

Lo que ha colapsado es un modelo totalitario de régimen mafioso donde el poder real descansa en una oscura y minúscula elite de poder, integrada mayoritariamente por militares y exmilitares, que se han apropiado del 70% de las riquezas nacionales por medio de GAESA (un oligopolio con empresas no auditables, la mayoría registradas en Panamá), han roto todo compromiso social con la población y han entrado a formar parte, junto a Venezuela, de una empresa criminal transnacional para actividades ilícitas.

Del mismo modo que en la nueva economía política del Estado mafioso cubano el poder real de un individuo no se corresponde con su cargo burocrático o partidista, tampoco el poder de decisión sobre el rumbo nacional descansa formal o informalmente en las instituciones del antiguo Estado burocrático. El Buró Político, el Comité Central, el Consejo de Estado o la Asamblea Nacional son escenografías donde se legitiman las decisiones de los oligarcas, así como la forma de ocultar su existencia y poder.

Mientras tanto, el nivel de vida de la población se ha depauperado y más de la mitad vive hoy bajo índices de pobreza.

La nueva clase oligárquica no pretende ganarse a la población con servicios y mejoras en la vida cotidiana, sino someterla. El ejercicio del poder ha dejado a un lado la cooptación de la población al estilo de los viejos estados comunistas para descansar ahora exclusivamente en su sometimiento.

Perdido el control sobre la información, y con ello el control ideológico sobre los ciudadanos, sin interés por ocuparse de sus necesidades básicas, los oligarcas confían su supervivencia en la fuerza del aparato represivo del Ministerio del Interior (MININT), los grupos paramilitares y, en especial, de la Contrainteligencia Militar que supervisa la lealtad al interior de las fuerzas armadas con la misma minuciosidad que la Santa Inquisición.

La misión de los cuerpos militares ha evolucionado hacia una nueva doctrina de seguridad nacional interna más cercana a las que ejercían las dictaduras militares argentina y chilena. El MININT es ahora, de hecho, un ejército privado para proteger el poder y los intereses de la nueva clase. La vieja doctrina de "guerra de todo el pueblo" contra un invasor extranjero, ha sido transformada en una "guerra contra todo el pueblo" que hoy protesta su creciente pobreza y abandono. El entrenamiento militar prioritario no es para derrotar una invasión de marines ni detectar teams de infiltración de la CIA, sino para aplastar rebeliones de simples ciudadanos, estén o no organizadas, que expresen sus descontento. La inversión en equipamiento prioriza a los cuerpos antimotines del MININT sobre las brigadas de la Defensa Antiaérea de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (DAAFAR). Es lógico: para enfrentar a ciudadanos desarmados no hace falta adquirir SU-57 ni tanques T-90, sino carros jaulas.

La crisis abarca todas las esferas de la vida nacional

El colapso ha sido el resultado de una crisis generalizada, estructural y sistémica. A diferencia de lo ocurrido en los años 90, no se trata solo de una crisis de capital (financiero), sino también de capital político y simbólico.

Los de "arriba" ya no pueden gobernar como antes y los de "abajo" no soportan más esos métodos de dominación.  Las casi 5.000 protestas contabilizadas en 2022 por el Observatorio Cubano de Conflictos así lo demuestran.

A fines de 2022 la inflación, según datos oficiales, era del 23% en el mercado regular (otros economistas la estiman en un 70%) y de más de 500% en el mercado negro. Un experto internacional considera, sin embargo, que es la séptima en todo el mundo.  La comida escasea y cuesta más adquirirla, se agudiza la crisis hospitalaria y la escasez de medicinas, la salubridad brilla por su ausencia, plagas de mosquitos propagan una nueva pandemia de dengue hemorrágico. El Estado mafioso ha externalizado a la diáspora el costo de la salud y manutención de sus familiares y amigos. Sin remesas, en Cuba se pasa a ser un ciudadano de segunda clase al que afectan, muchos más que a quienes las reciben, la desnutrición y las enfermedades.  

El nuevo Estado mafioso se distanció del pretendido pacto social del comunismo según el cual el Estado suprimía derechos políticos y civiles a cambio de aportar empleos, servicios y un mínimo de bienestar material. La modalidad totalitaria de Estado mafioso implantada en Cuba no se responsabiliza con el bienestar colectivo, ni libera la iniciativa privada para procurarlo en forma individual. Es un Estado mafioso totalitario que en dos décadas se demostró insostenible.

La crisis fue pésimamente gestionada por el Gobierno y agravada por la egoísta explotación de GAESA, cuya lógica corporativa de inversiones no está en función de las necesidades de desarrollo nacional, sino de expandir las utilidades de sus desconocidos accionistas.

Nunca fue eso más palpable que cuando GAESA invertía miles de millones de dólares en construir hoteles que permanecerán vacíos, mientras que Salud Pública apenas contaba con 56 millones para hacer frente a una pandemia desconocida y letal. GAESA agregó nuevas habitaciones ociosas al inventario de propiedades de la oligarquía —junto a las ganancias obtenidas del correspondiente lavado de dinero por sobrefacturación— mientras decenas de miles de cubanos morían por falta de balones de oxígeno, medicinas y ambulancias.

La crisis que se venía incubando afectó la legitimidad del Estado, la credibilidad de las instituciones y de sus funcionarios, la capacidad de la economía de satisfacer la reproducción y mejora de la vida cotidiana, el uso de la ideología como mecanismo de dominación y el funcionamiento general de la sociedad cuyas instituciones se tornan disfuncionales.

En 2022 el sistema en su conjunto finalmente ha caído en una profunda anomia. El apagón total de la Isla alumbró el problema: la vida como se había conocido hasta entonces, había terminado. En el siglo XXI la sociedad no puede funcionar con "alumbrones" esporádicos.

Después de 40 años de explotación, los equipos energéticos, diseñados para ser explotados por solo tres décadas y que recibieron muy deficientes mantenimientos, también colapsaron. Se requieren inversiones por más de 10.000 millones de dólares y no menos de cuatro años para ser reemplazados. Las plantas flotantes turcas son una distracción para apaciguar a quienes ignoran sus límites.

El año 2023 arranca con un país en plena bancarrota energética, financiera, política, económica y social, administrada por una burocracia mediocre, dirigida por una oligarquía egoísta y delincuencial cuyo poder reside en la fuerza no en el consentimiento, y con una sociedad de crecientes índices de ingobernabilidad.

En ese contexto, los agentes de influencia, los amigos externos de la oligarquía cubana y los tontos útiles no podrán hacer mucho. En medio de una crisis estructural y sistémica generalizada, volcar recursos de ayuda internacional e inversiones en un sistema colapsado equivale a recoger agua del pozo con una canasta de mimbre. El sistema está en bancarrota, como ha demostrado Havana Consulting Group. Cualquiera que sea la magnitud de las concesiones que obtengan no van resolver el problema sin que, como mínimo, ocurra una transición radical a otro modelo económico. Los recursos serán objetos de despilfarro y robos sin que tengan un resultado estabilizador.

Sin libertad no hay progreso

Cuba en 2022 ha sido el país del que escapó más de un cuarto de millón de ciudadanos. Cifra que sobrepasa el 2% de éxodo de su población total en un año, lo cual según el Banco Mundial es uno de los indicadores de un Estado frágil (antes denominados fallidos). ¿De qué escapan? Del impacto en su vida cotidiana de un sistema inoperante, de un régimen de gobernanza fallido, de un Gobierno irresponsable y mediocre, una oligarquía voraz y carente de talento. Escapan de las promesas de utopía que se transformaron en pesadilla. Escapan de la certidumbre del infierno a la siempre preferible incertidumbre de la libertad.

Sin conocer su obra, los  cubanos han comprendido a Amartya Sen cuando afirmó que sin libertad no hay desarrollo. No es de los apagones de lo que huyen o de lo que protestan. Cuando el pueblo estalló en las calles de todo el país el 11 de julio de 2021 (11J) no había apagones. Exigen libertad. Sin libertad, sin reemplazar el actual sistema fallido, el Gobierno que lo administra y la oligarquía que los reprime, no hay futuro.

Al cubano de a pie no le alcanza el salario que gana en pesos cuando el costo de la vida se ha disparado; los alimentos subsidiados por la libreta de alimentos le duran diez días; el resto, al igual que las medicinas de padecimientos crónicos, tiene que adquirirlos en dólares, sea en tiendas estatales o el mercado negro; no sabe cuántas horas de electricidad podrá tener cada mes; carece de vivienda digna y servicios de salud adecuados. La cubana es una población a la que ronda el espectro de la hambruna por la incapacidad de garantizar seguridad alimentaria con un sistema fracasado de producción estatizada, sin capacidad de importación suficiente para cubrir el déficit.

Esa población no puede expresarse, protestar o demandar derechos para sí, so pena de correr el riesgo de ser apaleado y encarcelado por mucho tiempo. Cuba es un país en bancarrota que exige nuevas concesiones sin pagar nunca sus deudas; donde sus gobernantes no asumen responsabilidad por ese desastre y culpan a otros países por la situación; donde una casta pasea en BMW y Mercedes Benz y cubre sus inflados vientres con ropa de importación, mientras el pueblo va en harapos cada día a un centro laboral, sin transportación segura y sin siquiera  saber si los apagones permitirán que se labore. El tercer país en desarrollo regional, La Joya de la Corona, La Perla del Caribe, La Azucarera del Mundo, ha sido destruido. Ahora se compara con la miseria endémica de Haití.

Los futuros posibles

En la década de los 90, muchos incurrieron en el error de creer junto a Francis Fukuyama que al terminarse la Guerra Fría con la caída de la URSS y su imperio en Europa oriental, la democracia liberal y el mercado se impondrían en todas partes. Si se trataba de Cuba —que dependía completamente de la URSS— el aserto de Fukuyama sonaba a verdad de Perogrullo. Pero no lo fue. Sería lamentable que las fuerzas democráticas cubanas apostasen de nuevo a la inevitabilidad histórica de su triunfo ahora que ha colapsado el Estado mafioso-totalitario. El desplome obliga a su reemplazo en el corto plazo (12-24 meses). Pero, ¿qué vendrá?

El futuro que aguarda al país no es un destino predeterminado sino será el resultado de la puja entre las fuerzas que promueven proyectos opuestos.

Del viejo Estado comunista, burocrático y totalitario, aún se mantiene la escenografía, y el control estatal totalitario por medio de la represión. Pero sin políticas de cooptación social y económica eso es insuficiente.

Esta situación abre al corto plazo una crisis al interior del poder oligárquico que puede acelerarse por la cada vez más cercana muerte de Raúl Castro, que como toda crisis, también encierra más de un desenlace y futuro posibles.

Uno de esos futuros es una reforma oligárquica del fracasado régimen de gobernabilidad que dejase a un lado el control totalitario de la economía para implantar un Estado mafioso con mercado (aunque sea corrupto) parecido al impuesto por Putin en Rusia.

Otro futuro posible que se anida en la actual crisis es el que se desencadene a partir de una rebelión popular con apoyo de una parte de los militares, y de inicio a una transformación hacia una sociedad abierta, democrática, de libre mercado y Estado de derecho.

Cuando se aproxima el 64 aniversario del secuestro de la República, la principal noticia extraviada entre otros titulares, es el colapso del Estado mafioso-totalitario cubano. Ahora hay, al menos, dos futuros posibles o más esperando por la nación. ¿Hacia cuál marcharemos?

Este artículo adelanta algunas ideas de una investigación más amplia que desarrollan de forma conjunta el presidente del Havana Consulting Group, Emilio Morales, y el autor.


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