jueves, julio 18, 2024

Alberto Méndez Castelló desde Cuba: Cuba: Violencia política y monopolio de armas

 Tomado de https://www.cubanet.org/

Cuba: Violencia política y monopolio de armas

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Dos de las seis características generales de la dictadura totalitaria son el sistema de terror, físico o psíquico, y el control de todas las armas, limitando o negando su acceso a la población.

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Por Alberto Méndez Castelló

18 de julio, 2024 

PUERTO PADRE, Cuba.- Se sabe: violencia es intimidación, que conlleva el crimen o el terror y puede inmovilizar por miedo insuperable, no sólo a personas, familias o comunidades aisladas, sino también a una nación o, incluso, a una comunidad de naciones.

Reduccionismo aparte, traigo a los lectores este concepto –una de las tantas conceptualizaciones posibles de la palabra violencia– aplicado desde el punto de vista criminológico y de sociología política, pues, sin mencionar el suceso en sí mismo, a raíz de ocurrir la semana pasada la tentativa de magnicidio del expresidente Donald Trump, el jefe de Partido Comunista de Cuba (PCC) y gobernante impuesto y jamás electo por los cubanos Miguel Díaz-Canel, como quien tira piedras al vecino teniendo techo de vidrio, o hablando de sogas en casa del ahorcado, dijo: “El negocio de las armas y la escalada de violencia política en EEUU, propician incidentes como el que ha tenido lugar este sábado en ese país”.

Por supuesto, aunque desde la visión profesional tengo hipótesis del magnicidio en grado de tentativa, respecto al expresidente y actual candidato presidencial republicano Donald Trump, suceso que no deja de ser un crimen premeditado y consumado respecto a la persona fallecida y los lesionados y, en suma, un delito de terrorismo, ninguna opinión daré al respecto.

Esa es misión de los criminalistas estadounidenses: esclarecer el hecho desde su ideación hasta su realización. Y esa es misión de la prensa estadounidense y de la extranjera acreditada allí: informar objetivamente quién o quiénes, cuándo, cómo, dónde y por qué ocurrió ese hecho, que importa en sí mismo, sí, del mismo modo en que más que las cifras de armas en posesión de la población estadounidense, importa el motivo lícito o ilícito del uso de esas armas por parte de las personas.

El argumento de Díaz-Canel

Pero… Óiganme, según hizo Díaz-Canel, en el contexto del atentado a Donald Trump, diciendo jeroglíficamente sobre la violencia ejercida contra el régimen castrocomunista, y presentándose como víctima de terrorismo –siendo en realidad victimario de terrorismo de Estado contra su propia población–, es un supino despropósito más avieso que quimérico de quien pretenda presentar al Estado cubano como democrático, y a los cubanos, como una sociedad sin comercio de armas por falta de clientes, y no como en realidad somos, una sociedad a la fuerza desarmada, como consecuencia natural del régimen totalitario que sufrimos.

Hablar de ausencia de armas en la Isla porque los cubanos no somos dados a tener una pistola en la gaveta de la mesa de noche, o una escopeta en el closet, o que en Cuba no existe violencia política, aunque sí “manifestaciones de indisciplina social”, porque los cubanos están conformes con el régimen comunista, es sencillamente desvergonzado, sí, ¡cómo no!, es decir de cínicos.         

Dos de las seis características generales de la dictadura totalitaria, como ya hemos dicho en otras ocasiones, son el sistema de terror, físico o psíquico, y el control de todas las armas, limitando o negando su acceso a la población.

El terrorismo de Estado

El terror, que necesariamente no tiene que ser a golpes, patadas, o con estacas de marabú en manos de las “brigadas de respuesta rápida” contra manifestante u opositores pacíficos –aunque ninguna de esas acciones está excluida– es dirigido por el Partido Comunista, y un 11-J escuchamos a Díaz-Canel confirmar que la orden de combate “está dada”.

Ese sistema de terror físico o psíquico lo supervisa para los líderes comunistas la policía política, y está dirigido no sólo contra las personas públicamente señaladas como “contrarrevolucionarias”, sino también contra ciertas clases de la población, fundamentalmente con poder económico, a las que el régimen observa, vigila y controla como potencialmente “contrarrevolucionaria”, sin que fuera de esa 

Y este sistema de miedo, que constituyen los actos de terrorismo de Estado contra la población, ya sean realizados por la policía política, o por las presiones sociales ejercidas por los dirigentes comunistas de todos los niveles, no es un actuar de personas improvisadas ni de gente inepta. Contrario a lo que pudiera pensarse de que las acciones de terror son cometidas por meros rufianes –que lo son–, tras esas actuaciones conducentes al miedo existe la utilización de medios y métodos de la ciencia moderna, específicamente de la psicología científica y de la psicología operativa, ya sea para influenciar sobre individuos dispersos o sobre la nación toda.

¿Qué armas prohibirá Díaz-Canel?

Luego puede preguntarse: ¿Prohibirá Díaz-Canel el comercio de machetes, cuchillos o equipos de música, que son los medios empleados por los cubanos para agredirse entre sí o para alterar la tranquilidad ciudadana…?

Por supuesto que no. Díaz-Canel no prohibirá la venta de esos medios empleados por los cubanos para agredirse entre sí o para alterar la tranquilidad ciudadana, primero que todo, porque son herramientas de “trabajo” o de “distracción”, y principalísimamente, porque los ataques con esas armas blancas o acústicas se producen entre los mismos cubanos de la plebe; los dirigentes comunistas permanecen fuera del alcance de agresiones con machetes o cuchillos y están lejos de los agresivos ataques sónicos que empleando “música” sufrimos en Cuba, un país incivilizado a la medida de quienes lo diseñaron y construyeron de esa forma, los comunistas.

El monopolio de las armas

Pero los comunistas sí mantendrán el monopolio de las armas. En una región como Latinoamérica, supuestamente de paz, no existe un Estado en que, con respecto a su población, su Ejército posea tantas armas, fusiles, ametralladoras, cañones y tanques, como las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) de Cuba.

Mientras, a la población hambrienta le está prohibida para conseguir aves de caza, la posesión de una escopeta y hasta de un pequeño rifle calibre .22, municiones de las que carecen hasta los campeones olímpicos de tiro, y la razón es una, y no de “bloqueo”, sino de miedoadministrativos o político del Estado totalitario.

Los dirigentes del Estado totalitario castrocomunista han ejercido tanto miedo en los cubanos que, cual bumerán, el pánico se ha vuelto sobre ellos mismos, acostumbrados a mandar a una población indefensa, abroquelados con guardaespaldas armados.

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viernes, febrero 24, 2023

Dimas Castellanos desde Cuba: A 128 años de la guerra de 1895, más cerca de Vladimir Putin que de José Martí

 
Tomado de https://diariodecuba.com

A 128 años de la guerra de 1895, más cerca de Putin que de Martí

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Fracasado el modelo totalitario, en lugar de retomar la tesis martiana de la república, el régimen de Cuba copia el modelo oligárquico de Rusia.

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Por Dimas Castellanos

La Habana

24 febrero 2023

El 24 de febrero de 1895 se reinició la lucha por la independencia en Cuba. A pesar de los sacrificios y la sangre derramada, la guerra iniciada tres décadas antes no logró su objetivo: la república moderna.

Entre los cubanos que retomaron el inconcluso proceso descolló José Martí, su principal artífice en esta nueva etapa, y uno de los retoños de la labor educativa que tuvo su origen en el Seminario San Carlos y San Ambrosio. Esta institución fue el semillero de un puñado de hombres insignes, entre ellos Félix Varela, José de la Luz y Caballero, José Antonio Saco y Rafael María de Mendive, este último, el director de la Escuela de Varones de La Habana y mentor de Martí, a quien puso en contacto con lo más valioso de las corrientes políticas y culturales de la época.

De la obra martiana, en esta oportunidad, quiero destacar un aspecto crucial —para su época y para hoy—, a 128 años de aquel 24 de febrero su concepción de una república democrática. En el inicio de las luchas sociales en Cuba, sus protagonistas, en general, enarbolaron las banderas de la igualdad y la libertad desde, por y para el grupo o la clase social a la que pertenecían, sin tener en cuenta otros grupos, clases o sectores.

Si las naciones emergen de complejos procesos de acercamiento —mediante los cuales comunidades de diferentes orígenes adquieren conciencia de pertenencia e identidad común–, era lógico que la reproducción de la igualdad entre los de arriba y las desigualdades de estos con los de abajo, condujera a una historia preñada de violencia que no arrojó los resultados previstos.

Un ejemplo de ese obstáculo en la conformación nacional lo escenificó una figura tan destacada como José Antonio Saco, quien imbuido en las ideas de la modernidad, elevó el limitado concepto territorial de las primeras villas cubanas, hasta el de patria-nación. Sin embargo, en su percepción los oriundos de África, que constituían aproximadamente la mitad de la población, no calificaban como nacionales.

La exclusión de aquellos se extendía a campesinos blancos, artesanos y a colonos chinos. Tal diferenciación social recibió un fuerte golpe con la guerra iniciada en 1868. Los que lucharon por la independencia, desde los negros esclavos con su agenda abolicionista, hasta los hacendados blancos con su agenda independentista, todos coincidían en un propósito común: libertad, derechos e igualdad de participación, pero la guerra resultó insuficiente para forjar la nación sin exclusiones.

José Martí, dotado de una sólida formación humanista y sólidos conocimientos sobre la política y los partidos —adquiridos durante su estancia en España y América—, en 1880 analizó las causas del fracaso de la Guerra de los Diez Años, de las cuales dedujo un sistema de principios entre los que aquilató el valor del tiempo en la política, el papel de esta y su carácter democrático y participativo, junto a la necesidad de aglutinar todos los factores como fundamento de la unidad. Con ellos amalgamó su teoría de la revolución: el concepto de guerra necesaria y el papel del partido como institución organizadora.

Desde ese fundamento, teniendo en cuenta el papel nocivo de las exclusiones, Martí proyectó la fundación de la república moderna, entendida en su acepción original (res-pública: la cosa pública) del pueblo capaz de autogobernarse a través de cuerpos representativos electos por ese mismo pueblo. "La república —expresaba el editorial de la revista Vitral, núm. 49, 2002, a tono con aquel concepto— es más que el Gobierno y que el Estado, más que las propias leyes y que sus relaciones con otros estados. Es el pueblo cuando siente que él es el que decide la verdad y no un pueblo que siempre está esperando por las decisiones de otro".

En el ideario martiano esa república era la estación de destino; a diferencia de la guerra, como medio indeseado pero necesario y la fundación de un partido como institución organizadora, controladora y creadora de una conciencia encaminada a sustituir la espontaneidad y la inmediatez. Ambos, guerra y partido, concebidos como eslabones mediadores para arribar a ella, no como fin en sí mismos.

A diferencia de la guerra como medio indeseado pero necesario, y el partido como institución organizadora, controladora y creadora de una conciencia encaminada a sustituir la espontaneidad y la inmediatez, en el ideario martiano la república es la estación de destino. Concebidos como eslabones mediadores para arribar a ella, la guerra y el partido no constituyen un fin en sí mismos.

En las resoluciones de noviembre de 1891, consideradas como el prólogo a las Bases del Partido Revolucionario Cubano (PRC), Martí planteó que la organización revolucionaria no ha de trabajar por el predominio, actual o venidero, de clase alguna, sino por la agrupación —conforme métodos democráticos—, de todas las fuerzas vivas de la patria, por la hermandad y acción común de los cubanos residentes en el extranjero, y por la creación de una república justa y abierta (…) para el bien de todos.

El concepto de patria, que Saco elevó de la villa a la patria-nación excluyente, Martí lo amplió a "comunidad de intereses, unidad de tradiciones, unidad de fines, fusión dulcísima y consoladora de amores y esperanzas"; mientras que la república la concibió como el estado de igualdad de derecho de todo el que hubiera nacido en Cuba, el espacio de libertad para la expresión del pensamiento de muchos pequeños propietarios, de justicia social ganada por el amor y el perdón mutuo de una y otra raza, edificada sin mano ajena ni tiranía, para que cada cubano fuera hombre político enteramente libre. Definiciones que remató con un sublime ideal devenido puro formalismo en la Constitución vigente: "yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre".

En 1892 expresó: "Y no es el caso preguntarse si la guerra es apetecible o no, puesto que ninguna alma piadosa la puede apetecer, sino ordenarla de modo que con ella venga la paz republicana, y después de ella no sean justificables ni necesarios los trastornos a que han tenido que acudir (…)".

De la Asamblea Constituyente de Jimaguayú (1895) —como expresara en una oportunidad Emilio Roig de Leuchsenring—, salió en plena guerra una república civil democrática y fueron repudiados todo gobierno militar y toda dictadura. De forma similar, en la Asamblea Constituyente de La Yaya (1897) se impuso la tendencia democrática y civilista. En la Constitución de 1901 se refrendaron las libertades fundamentales, y en 1940 se aprobó una de las constituciones más avanzadas en el mundo para su época. Pasados más de un siglo, sin embargo, la república con todos y para el bien de todos continúa pendiente de realización.

La revolución de 1959, en lugar de fortalecer la formación cívica para la participación ciudadana, desmanteló la institucionalidad existente, disolvió la sociedad civil, estatizó la economía e impuso un solo partido político, lo que generó un retroceso desde la economía hasta la espiritualidad, refrendando constitucionalmente ese resultado como irrevocable.

Fracasado el modelo totalitario, excluyente por naturaleza, ante la ineludible necesidad de cambiar, en lugar de retomar la tesis martiana "con todos y para el bien de todos", se ha conocido recientemente el intento de copiar el modelo oligárquico de Rusia, ajeno en lo absoluto a nuestras necesidades e idiosincrasia. Así arribamos los cubanos este año a la gloriosa fecha del 24 de febrero.

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miércoles, diciembre 14, 2022

¿Qué 'se cayó' en Cuba en 2022?. Juan Antonio Blanco: Este año colapsó ("se cayó") el régimen de gobernanza en Cuba (el sistema de leyes, normas e instituciones vigentes en el país). El Gobierno solo se sostiene a golpe de bayonetas.

 
Tomado de https://diariodecuba.com/

¿Qué 'se cayó' en Cuba en 2022?

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El Ministerio del Interior es ahora, de hecho, un ejército privado para proteger el poder y los intereses de la nueva clase.'

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Por Juan Antonio Blanco

Miami

13 Dic 2022 

No es posible saber adónde vamos ahora si primero no entendemos dónde estamos. Este año colapsó ("se cayó") el régimen de gobernanza en Cuba (el sistema de leyes, normas e instituciones vigentes en el país). El Gobierno solo se sostiene a golpe de bayonetas.

En 2022 se desplomó en Cuba el modelo mafioso-totalitario de Estado que estaba vigente desde hace dos décadas. El colapso energético fue el empujón letal a un sistema totalitario que habiéndose desentendido de sus anteriores mecanismos de cooptación social, acumuló una ingobernabilidad creciente. Fue el modelo totalitario de Estado mafioso el que colapsó, no el país. Tampoco colapsaron el Gobierno totalitario y el poder de la nueva oligarquía mafiosa, que todavía es renuente a iniciar reformas reales e intenta sostener el estatus quo por la fuerza.

El balance de 2022 refleja la crisis terminal de un régimen de gobernanza fallido con un Estado frágil, administrado por un Gobierno mediocre, que a su vez está dirigido por una oligarquía voraz y delincuencial.

Lo que ha colapsado es un modelo totalitario de régimen mafioso donde el poder real descansa en una oscura y minúscula elite de poder, integrada mayoritariamente por militares y exmilitares, que se han apropiado del 70% de las riquezas nacionales por medio de GAESA (un oligopolio con empresas no auditables, la mayoría registradas en Panamá), han roto todo compromiso social con la población y han entrado a formar parte, junto a Venezuela, de una empresa criminal transnacional para actividades ilícitas.

Del mismo modo que en la nueva economía política del Estado mafioso cubano el poder real de un individuo no se corresponde con su cargo burocrático o partidista, tampoco el poder de decisión sobre el rumbo nacional descansa formal o informalmente en las instituciones del antiguo Estado burocrático. El Buró Político, el Comité Central, el Consejo de Estado o la Asamblea Nacional son escenografías donde se legitiman las decisiones de los oligarcas, así como la forma de ocultar su existencia y poder.

Mientras tanto, el nivel de vida de la población se ha depauperado y más de la mitad vive hoy bajo índices de pobreza.

La nueva clase oligárquica no pretende ganarse a la población con servicios y mejoras en la vida cotidiana, sino someterla. El ejercicio del poder ha dejado a un lado la cooptación de la población al estilo de los viejos estados comunistas para descansar ahora exclusivamente en su sometimiento.

Perdido el control sobre la información, y con ello el control ideológico sobre los ciudadanos, sin interés por ocuparse de sus necesidades básicas, los oligarcas confían su supervivencia en la fuerza del aparato represivo del Ministerio del Interior (MININT), los grupos paramilitares y, en especial, de la Contrainteligencia Militar que supervisa la lealtad al interior de las fuerzas armadas con la misma minuciosidad que la Santa Inquisición.

La misión de los cuerpos militares ha evolucionado hacia una nueva doctrina de seguridad nacional interna más cercana a las que ejercían las dictaduras militares argentina y chilena. El MININT es ahora, de hecho, un ejército privado para proteger el poder y los intereses de la nueva clase. La vieja doctrina de "guerra de todo el pueblo" contra un invasor extranjero, ha sido transformada en una "guerra contra todo el pueblo" que hoy protesta su creciente pobreza y abandono. El entrenamiento militar prioritario no es para derrotar una invasión de marines ni detectar teams de infiltración de la CIA, sino para aplastar rebeliones de simples ciudadanos, estén o no organizadas, que expresen sus descontento. La inversión en equipamiento prioriza a los cuerpos antimotines del MININT sobre las brigadas de la Defensa Antiaérea de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (DAAFAR). Es lógico: para enfrentar a ciudadanos desarmados no hace falta adquirir SU-57 ni tanques T-90, sino carros jaulas.

La crisis abarca todas las esferas de la vida nacional

El colapso ha sido el resultado de una crisis generalizada, estructural y sistémica. A diferencia de lo ocurrido en los años 90, no se trata solo de una crisis de capital (financiero), sino también de capital político y simbólico.

Los de "arriba" ya no pueden gobernar como antes y los de "abajo" no soportan más esos métodos de dominación.  Las casi 5.000 protestas contabilizadas en 2022 por el Observatorio Cubano de Conflictos así lo demuestran.

A fines de 2022 la inflación, según datos oficiales, era del 23% en el mercado regular (otros economistas la estiman en un 70%) y de más de 500% en el mercado negro. Un experto internacional considera, sin embargo, que es la séptima en todo el mundo.  La comida escasea y cuesta más adquirirla, se agudiza la crisis hospitalaria y la escasez de medicinas, la salubridad brilla por su ausencia, plagas de mosquitos propagan una nueva pandemia de dengue hemorrágico. El Estado mafioso ha externalizado a la diáspora el costo de la salud y manutención de sus familiares y amigos. Sin remesas, en Cuba se pasa a ser un ciudadano de segunda clase al que afectan, muchos más que a quienes las reciben, la desnutrición y las enfermedades.  

El nuevo Estado mafioso se distanció del pretendido pacto social del comunismo según el cual el Estado suprimía derechos políticos y civiles a cambio de aportar empleos, servicios y un mínimo de bienestar material. La modalidad totalitaria de Estado mafioso implantada en Cuba no se responsabiliza con el bienestar colectivo, ni libera la iniciativa privada para procurarlo en forma individual. Es un Estado mafioso totalitario que en dos décadas se demostró insostenible.

La crisis fue pésimamente gestionada por el Gobierno y agravada por la egoísta explotación de GAESA, cuya lógica corporativa de inversiones no está en función de las necesidades de desarrollo nacional, sino de expandir las utilidades de sus desconocidos accionistas.

Nunca fue eso más palpable que cuando GAESA invertía miles de millones de dólares en construir hoteles que permanecerán vacíos, mientras que Salud Pública apenas contaba con 56 millones para hacer frente a una pandemia desconocida y letal. GAESA agregó nuevas habitaciones ociosas al inventario de propiedades de la oligarquía —junto a las ganancias obtenidas del correspondiente lavado de dinero por sobrefacturación— mientras decenas de miles de cubanos morían por falta de balones de oxígeno, medicinas y ambulancias.

La crisis que se venía incubando afectó la legitimidad del Estado, la credibilidad de las instituciones y de sus funcionarios, la capacidad de la economía de satisfacer la reproducción y mejora de la vida cotidiana, el uso de la ideología como mecanismo de dominación y el funcionamiento general de la sociedad cuyas instituciones se tornan disfuncionales.

En 2022 el sistema en su conjunto finalmente ha caído en una profunda anomia. El apagón total de la Isla alumbró el problema: la vida como se había conocido hasta entonces, había terminado. En el siglo XXI la sociedad no puede funcionar con "alumbrones" esporádicos.

Después de 40 años de explotación, los equipos energéticos, diseñados para ser explotados por solo tres décadas y que recibieron muy deficientes mantenimientos, también colapsaron. Se requieren inversiones por más de 10.000 millones de dólares y no menos de cuatro años para ser reemplazados. Las plantas flotantes turcas son una distracción para apaciguar a quienes ignoran sus límites.

El año 2023 arranca con un país en plena bancarrota energética, financiera, política, económica y social, administrada por una burocracia mediocre, dirigida por una oligarquía egoísta y delincuencial cuyo poder reside en la fuerza no en el consentimiento, y con una sociedad de crecientes índices de ingobernabilidad.

En ese contexto, los agentes de influencia, los amigos externos de la oligarquía cubana y los tontos útiles no podrán hacer mucho. En medio de una crisis estructural y sistémica generalizada, volcar recursos de ayuda internacional e inversiones en un sistema colapsado equivale a recoger agua del pozo con una canasta de mimbre. El sistema está en bancarrota, como ha demostrado Havana Consulting Group. Cualquiera que sea la magnitud de las concesiones que obtengan no van resolver el problema sin que, como mínimo, ocurra una transición radical a otro modelo económico. Los recursos serán objetos de despilfarro y robos sin que tengan un resultado estabilizador.

Sin libertad no hay progreso

Cuba en 2022 ha sido el país del que escapó más de un cuarto de millón de ciudadanos. Cifra que sobrepasa el 2% de éxodo de su población total en un año, lo cual según el Banco Mundial es uno de los indicadores de un Estado frágil (antes denominados fallidos). ¿De qué escapan? Del impacto en su vida cotidiana de un sistema inoperante, de un régimen de gobernanza fallido, de un Gobierno irresponsable y mediocre, una oligarquía voraz y carente de talento. Escapan de las promesas de utopía que se transformaron en pesadilla. Escapan de la certidumbre del infierno a la siempre preferible incertidumbre de la libertad.

Sin conocer su obra, los  cubanos han comprendido a Amartya Sen cuando afirmó que sin libertad no hay desarrollo. No es de los apagones de lo que huyen o de lo que protestan. Cuando el pueblo estalló en las calles de todo el país el 11 de julio de 2021 (11J) no había apagones. Exigen libertad. Sin libertad, sin reemplazar el actual sistema fallido, el Gobierno que lo administra y la oligarquía que los reprime, no hay futuro.

Al cubano de a pie no le alcanza el salario que gana en pesos cuando el costo de la vida se ha disparado; los alimentos subsidiados por la libreta de alimentos le duran diez días; el resto, al igual que las medicinas de padecimientos crónicos, tiene que adquirirlos en dólares, sea en tiendas estatales o el mercado negro; no sabe cuántas horas de electricidad podrá tener cada mes; carece de vivienda digna y servicios de salud adecuados. La cubana es una población a la que ronda el espectro de la hambruna por la incapacidad de garantizar seguridad alimentaria con un sistema fracasado de producción estatizada, sin capacidad de importación suficiente para cubrir el déficit.

Esa población no puede expresarse, protestar o demandar derechos para sí, so pena de correr el riesgo de ser apaleado y encarcelado por mucho tiempo. Cuba es un país en bancarrota que exige nuevas concesiones sin pagar nunca sus deudas; donde sus gobernantes no asumen responsabilidad por ese desastre y culpan a otros países por la situación; donde una casta pasea en BMW y Mercedes Benz y cubre sus inflados vientres con ropa de importación, mientras el pueblo va en harapos cada día a un centro laboral, sin transportación segura y sin siquiera  saber si los apagones permitirán que se labore. El tercer país en desarrollo regional, La Joya de la Corona, La Perla del Caribe, La Azucarera del Mundo, ha sido destruido. Ahora se compara con la miseria endémica de Haití.

Los futuros posibles

En la década de los 90, muchos incurrieron en el error de creer junto a Francis Fukuyama que al terminarse la Guerra Fría con la caída de la URSS y su imperio en Europa oriental, la democracia liberal y el mercado se impondrían en todas partes. Si se trataba de Cuba —que dependía completamente de la URSS— el aserto de Fukuyama sonaba a verdad de Perogrullo. Pero no lo fue. Sería lamentable que las fuerzas democráticas cubanas apostasen de nuevo a la inevitabilidad histórica de su triunfo ahora que ha colapsado el Estado mafioso-totalitario. El desplome obliga a su reemplazo en el corto plazo (12-24 meses). Pero, ¿qué vendrá?

El futuro que aguarda al país no es un destino predeterminado sino será el resultado de la puja entre las fuerzas que promueven proyectos opuestos.

Del viejo Estado comunista, burocrático y totalitario, aún se mantiene la escenografía, y el control estatal totalitario por medio de la represión. Pero sin políticas de cooptación social y económica eso es insuficiente.

Esta situación abre al corto plazo una crisis al interior del poder oligárquico que puede acelerarse por la cada vez más cercana muerte de Raúl Castro, que como toda crisis, también encierra más de un desenlace y futuro posibles.

Uno de esos futuros es una reforma oligárquica del fracasado régimen de gobernabilidad que dejase a un lado el control totalitario de la economía para implantar un Estado mafioso con mercado (aunque sea corrupto) parecido al impuesto por Putin en Rusia.

Otro futuro posible que se anida en la actual crisis es el que se desencadene a partir de una rebelión popular con apoyo de una parte de los militares, y de inicio a una transformación hacia una sociedad abierta, democrática, de libre mercado y Estado de derecho.

Cuando se aproxima el 64 aniversario del secuestro de la República, la principal noticia extraviada entre otros titulares, es el colapso del Estado mafioso-totalitario cubano. Ahora hay, al menos, dos futuros posibles o más esperando por la nación. ¿Hacia cuál marcharemos?

Este artículo adelanta algunas ideas de una investigación más amplia que desarrollan de forma conjunta el presidente del Havana Consulting Group, Emilio Morales, y el autor.


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lunes, agosto 08, 2022

Julio M. Shiling: La Descomposición Del Castrocomunismo.La píldora de la emigración está resultando inútil

 Tomado de https://elamerican.com

La Descomposición Del Castrocomunismo

Por Julio M. Shiling

08.07.22

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LOS REGÍMENES no democráticos basan su capacidad en el mantenimiento de la conformidad de la sociedad, sustentada principalmente en una de las dos premisas. La primera es la legitimación derivada del rendimiento y los resultados. La otra es la fuerza represiva, pura y dura. Los modelos totalitarios son especialmente proclives a necesitar esquemas exhaustivos de control social, ineficacia de la oposición y acuerdos de poder que sirvan a esos fines. Cuba comunista nunca obtuvo la legitimidad para gobernar basada en el apoyo de las masas generado por los resultados. La autoridad ha llegado, desde 1959, a través del leviatán del terror. La consistente cadena de manifestaciones públicas en la isla, desde el pasado verano, son signos palpables de que el castro-comunismo se está descomponiendo.

El pueblo cubano ha desafiado enérgicamente la tiranía marxista desde el inicio del giro totalitario del país. Históricamente, esta guerra de liberación ha sido tanto violenta como no violenta. Estados Unidos ha sido, en ocasiones, un aliado en esa lucha. Sin embargo, la penetración comunista en las instituciones americanas, especialmente en las sedes del poder político, ha resultado perjudicial para ambas naciones. Los espías y los compañeros de viaje han presentado con bastante frecuencia una imagen inexacta de la naturaleza del castrismo y de su amenaza para el hemisferio occidental. En consecuencia, Estados Unidos no ha sido moralmente coherente ni logísticamente fiable en la causa por la libertad de Cuba.

Durante las últimas cuatro décadas, el monopolio de la violencia ha pertenecido al castrocomunismo. Las manifestaciones públicas masivas de descontento político y social no son nuevas en Cuba. El asalto a la embajada de Perú en La Habana en 1980, donde más de diez mil personas se agolparon en sus limitadas dependencias en menos de veinticuatro horas, fue un gran desafío para la dictadura marxista. La válvula de la inmigración se abrió de nuevo. La Flotilla del Mariel, una escotilla de escape marítima hacia Estados Unidos, fue la solución de Castro para sofocar una posible insurrección.

El “Maleconazo”, un levantamiento popular espontáneo en La Habana, hace 28 años, este 5 de agosto, fue estructuralmente alarmante para el comunismo cubano. La mayoría de los miles de cubanos que salieron a la calle eran jóvenes y habían nacido bajo la dominación marxista. Los cánticos de “libertad” eran generalizados. La pérdida de los subsidios soviéticos dio paso al eufemísticamente llamado “Período Especial”. El régimen castrista recurrió a su ya probada y exitosa estrategia de políticas de éxodo facilitadas por el Estado. El éxodo de los balseros cubanos y, posteriormente, el acuerdo de inmigración de la administración Clinton que facilitó más de 20,000 visados anuales para que los cubanos abandonaran la isla fue lo que siguió.

En ambas crisis, la estampida de la Embajada de Perú y el “Maleconazo”, el malestar social que se produjo, que en un régimen totalitario significa agitación política, una estratagema de inmigración de puertas abiertas coordinada por el Estado mitigó la emergencia. Hay que tener en cuenta que el precedente histórico establecido por el régimen castrocomunista, hizo que salir del país sin la aprobación del régimen fuera un acto “ilegal” castigado con varios años de prisión.

La combinación de fusilamientos por encargo y penas de cárcel de varias décadas fue la norma durante las décadas de 1960 y 1970, aunque la opción de la inmigración también se utilizó en la Operación Peter Pan (1960-1962), la Flotilla de Camarioca (1965) y los Vuelos de la Libertad (1965-1973). El terror y el exilio fueron los métodos más eficaces de los que disponía el comunismo cubano que sirvieron para la pacificación. El levantamiento del 11 de julio de 2021 (11J) y sus consecuencias han cambiado el plan de juego. El 11J ha colocado al régimen castrista en posición de jaque mate.

Las protestas y exhibiciones públicas de descontento con la tiranía socialista se han convertido en un pilar en cualquier ciudad cubana. El grado de participación popular y la duración de estos actos de confrontación con las autoridades dictatoriales ha variado. Sin embargo, los reclamos de libertad se han convertido en permanentes, constantes y parte de la vida cotidiana en la Cuba posterior al 11J. Las manifestaciones se han elevado a niveles que tienen preocupado al régimen marxista.

Entre el 14 de julio y el 2 de agosto, 42 protestas han sido constatadas   por testigos independientes de primera mano. Esto ha ocurrido en más de 30 localidades cubanas de toda la isla. El denominador común son los llamamientos a la “Libertad”, “Abajo la dictadura” y “Díaz-Canel s*****“ . No parece haber un final a la vista. Los planes para un paro nacional, fijados para una fecha no revelada, producen escalofríos en el castrismo.

El pueblo cubano parece haberse vuelto inmune a las trampas tóxicas comunistas para aplastar la rebelión. Se han dictado penas de prisión de entre 5 y más de 20 años para los participantes en el 11J. Sin embargo, se está emulando hoy a los encarcelados que protestaron en aquella histórica jornada del verano de 2021. Los veredictos injustos y brutales del legalismo socialista no están disminuyendo la determinación popular de ser libres. La píldora de la inmigración también está resultando inútil. El pasaje de Cuba-Nicaragua-México a Estados Unidos, urdido por el régimen, no está mermando la decisión del pueblo cubano de quedarse y luchar. Su posición es firme. Son los marxistas en el poder, insisten los cubanos, los que deben irse.

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lunes, marzo 14, 2022

Julio M. Shiling: Biden tiene una oportunidad única para acabar con los regímenes totalitarios. El régimen de Putin, tras su consolidación, buscó inmediatamente restablecer su presencia en el hemisferio occidental

 
Tomado de https://elamerican.com

Biden tiene una oportunidad única para acabar con los regímenes totalitarios

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El régimen de Putin, tras su consolidación, buscó inmediatamente restablecer su presencia en el hemisferio occidental

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Por Julio M. Shiling

03.09.22

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La determinación de Occidente de desafiar la guerra leninista de Vladimir Putin contra Ucrania y, en consecuencia, el orden democrático, parece estar ganando impulso. La voluntad y la determinación del presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, y de su valiente pueblo para seguir siendo libres e independientes, ha empujado al mundo libre a ser más proactivo en su solidaridad con la nación asediada, aunque ha sido dolorosamente lento.

Los resultados de este cambio épico en el posicionamiento moral y el compromiso estratégico de las democracias del mundo han sido durante años indiferentes y apáticos. Ahora existen atractivas oportunidades para que se desarrollen procesos de liberación en los regímenes socialistas dictatoriales de las Américas.  

El martes 8 de marzo, el presidente Joe Biden anunció que Estados Unidos iba a “prohibir todas las importaciones de petróleo y gas ruso”. El secretario de Negocios del Reino Unido, Kwasi Kwarteng, también declaró el mismo día que su país “eliminaría gradualmente las importaciones de petróleo ruso en respuesta a la invasión ilegal de Ucrania por parte de Vladímir Putin para finales de año.” Polonia se sumó a las grandes noticias del día cuando dio marcha atrás y aceptó suministrar a Ucrania aviones de combate M-29 de la era soviética. El Ministerio de Asuntos Exteriores polaco declaró que podrían ser suministrados “inmediatamente y sin coste alguno”.

El ascenso de Putin al poder fue significativo no solo por enterrar la naciente democracia rusa. Significó una lenta vuelta a las andanzas imperialistas de la antigua Unión Soviética. Este ha sido específicamente el caso de América Latina. El comunismo cubano, formidable agente y base de operaciones del socialismo internacional al servicio de la URSS desde sus inicios, desarrolló una dependencia parasitaria de los subsidios soviéticos por valor de 2,000 millones de dólares anuales. Cuando los 6,000 soldados de combate del Kremlin estacionados en Cuba se marcharon en 1991, la relación entró en una fase comatosa. Todo empezó a cambiar con Putin a partir del año 2000. 

El régimen comunista de los Castro y sus satélites socialistas, especialmente Venezuela y Nicaragua, mantienen una relación simbiótica. La caída del comunismo soviético produjo un nuevo modelo dictatorial continental que se desarrolló en 1990 en el Foro de São Paulo, del que La Habana es su arquitecto y supervisor, y Venezuela su principal financiador.

La reconstrucción autocrática de la Rusia post-soviética por parte de Putin comparte muchas características con el prototipo despótico del Foro de São Paulo inventado por Castro: esquemas de votación amañados que incluyen una “oposición” irrelevante e impotente; una economía mixta con socios capitalistas concesionarios y de Estado, represión brutal y terror de Estado como política, ausencia de Estado de derecho, y un discurso político menos ideologizado. Venezuela, Nicaragua y Bolivia son claros ejemplos en América Latina de este modelo despótico.

El régimen de Putin, tras su consolidación, buscó inmediatamente restablecer su presencia en el hemisferio occidental. El papel preeminente que la dictadura castrista ha jugado en la mutación del comunismo post-soviético, aseguró a La Habana que Rusia estaría interesada en colaborar con su histórico socio subversivo en el continente. La colaboración de inteligencia entre los dos regímenes tiránicos y los protegidos del castrismo, era un hecho. La inauguración en 2017 de una gigantesca instalación rusa de recopilación de inteligencia electrónica cerca de Managua, parte de la red de espionaje GPS Glonass de Putin, era coherente con la alianza que se había reforzado. 

La Rusia de Putin ha sido especialmente diligente en sus operaciones de ciber-espionaje. El Síndrome de La Habana, presunto efecto secundario de la radiación de microondas de alta intensidad utilizada para el espionaje a distancia, y que ha infligido a cientos de diplomáticos americanos y sus familias, tiene las huellas del régimen del antiguo jefe de espionaje del KGB. 

La presencia del barco espía ruso Viktor Leonov CCB-175, anclado a unas manzanas de donde se alojaba la delegación americana mientras se desarrollaban las conversaciones de restablecimiento diplomático de 2015 entre la administración Obama y el régimen castrista, puso de manifiesto que el putinismo era una versión filtrada del modo de funcionamiento hegemónico soviético.

En 2014, Putin “perdonó” al comunismo castrista la deuda de 30,000 millones de dólares de la era soviética. Sin inmutarse por el historial de morosidad de la dictadura marxista cubana, Rusia concedió a la isla préstamos por un total de 2,300 millones de dólares, entre 2009 y 2019. El órgano legislativo títere de Putin, la Duma, aplazó recientemente el pago de dicha deuda por parte del régimen castrista hasta el año 2027, dada su declarada incapacidad de pago. En otras palabras, Rusia ha continuado financiando el socialismo continental de las Américas.

El sistema financiero ruso sirve a la Cuba comunista, a Venezuela y a Nicaragua como mecanismo para evitar las sanciones americanas. Los bancos de Putin han sido utilizados para realizar pagos en el extranjero, por ejemplo, por parte de las empresas del régimen de Maduro a empresas europeas, después de que la administración Trump impusiera sanciones a la dictadura venezolana. También es probable, adicionalmente, que sean usados para el lavado de dinero proveniente del narcotráfico, un negocio rentable para los regímenes y movimientos marxistas en el hemisferio occidental. 

La decisión americana de prohibir a 13 de los principales bancos rusos el acceso a la red SWIFT, empleada habitualmente entre las instituciones financieras para las transacciones internacionales, repercutirá negativamente en los regímenes socialistas del continente.

Juan González, director senior del Consejo de Seguridad Nacional para Asuntos del Hemisferio Occidental (NSC) de la administración Biden, declaró: “Las sanciones a Rusia son tan fuertes que tendrán un impacto en aquellos gobiernos que tienen afiliaciones económicas con Rusia”. El funcionario del NSC nacido en Colombia y que anteriormente trabajó para la administración de Obama, añadió: “Así que Venezuela va a empezar a sentir esa presión, Nicaragua va a empezar a sentir esa presión, al igual que Cuba.”  

Estados Unidos y el mundo libre tienen una oportunidad de oro para “matar dos (o más) pájaros de un tiro”. Teniendo en cuenta que los “pájaros” en cuestión son los despiadados regímenes tiránicos de Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia (potencialmente).

La guerra para ayudar a Ucrania, también puede ayudar a fomentar la libertad aquí en las Américas. La administración Biden tiene la oportunidad única de hacer lo correcto. Detener a Putin en Europa podría producir algunos dividendos maravillosos para los pueblos esclavizados del hemisferio occidental.   

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jueves, septiembre 23, 2021

Dimas Castellanos desde Cuba: Ante el actual escenario, el Gobierno no tendrá más remedio que enfrentar la guerra civil latente o un proceso de diálogo-negociación.


Nota del Bloguista de Baracutey Cubano 

El diálogo con tramposos es casi siempre una ingenuidad condenada al fracaso a favor dedel tramposo.

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Tomado de https://diariodecuba.com/

La crisis de Cuba y la importancia del diálogo

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Ante el actual escenario, el Gobierno no tendrá más remedio que enfrentar la guerra civil latente o un proceso de diálogo-negociación.

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Por Dimas Castellanos

La Habana

22 septiembre 2021

La tesis de que los grandes problemas no se resuelven hasta que no hacen crisis parece desmentida por Cuba, donde en lugar de solucionarse, se profundizan. Solo que la apariencia no es la realidad. La prolongación de la crisis cubana tiene su raíz en el giro del proceso revolucionario hacia el totalitarismo, el cual ha retardado, pero puede detener indefinidamente su solución. La protesta masiva del 11J lo demuestra. De ella emanan dos enseñanzas: una, que la crisis cubana —la más profunda y prolongada de su historia— es inherente al modelo totalitario; dos, que sin libertades, las soluciones demoran pero no se evitan.

Los factores internos y externos que permitieron al Gobierno cubano eludir los cambios hoy no existen. La combinación entre ineficiencia del modelo, el conflicto con Estados Unidos, la pandemia del Covid-19, y la incapacidad e imposibilidad de pagar la deuda externa, de adquirir nuevos préstamos y atraer inversión de capital, imposibilitan mantener la misma conducta sin provocar una catástrofe social de consecuencias incalculables.

Ante el actual escenario, caracterizado por la irrupción de los cubanos en las redes sociales, el descontento popular creciente y el renacimiento de la conciencia cívica, el Gobierno, aunque continué maniobrando en busca de un nuevo padrino en la arena internacional o de una salida que no implique la pérdida del poder —parece que esta es la razón de la visita oficial del presidente cubano a México—, ante el empeoramiento no tendrá más remedio que enfrentar la guerra civil latente o un proceso de diálogo-negociación.

Si la guerra es la continuación de la política por otros medios —como la definió Klausewitz—, la política es el arte de solución de conflictos mediante el diálogo y la negociación. Más allá de "victorias" efímeras y coyunturales, si las causas de los conflictos no se atienden, éstos resurgen con mayor violencia, lo que indica que el diálogo es ineludible.

Tan evidente es la necesidad del diálogo, que el Gobierno cubano intenta sustituirlo con las reuniones que frente a la prensa oficial viene celebrando con grupos de trabajadores, campesinos, estudiantes, artistas y periodistas, en las que los participantes, el lugar y el tema los decide el poder.

Ese pseudo diálogo, encasillado en límites preestablecidos como "dentro de la revolución todo, fuera de la revolución nada", no pasa de ser un intento de cambiar la forma para conservar el contenido y emitir señales falsas. Se trata de un esfuerzo dilatorio, pero inútil, porque ni los encuentros califican como diálogo, ni representan lo que los cubanos necesitan con urgencia: el restablecimiento de las libertades que fueron suprimidas desde 1959, cuando el Gobierno, convertido en fuente de derecho, sustituyó la Constitución de 1940 por los estatutos constitucionales conocidos como Ley Fundamental del Estado Cubano, desde los cuales procedió a eliminar la propiedad privada, sustituir la sociedad civil y monopolizar la enseñanza, los medios de comunicación y las instituciones culturales.

En dirección contraria, el intento de cambiar, al margen del diálogo, implica el empleo de la fuerza, para lo cual se requiere de un poder al menos similar a la que posee el Gobierno. En mi opinión, si esa fuerza existiera, su empleo conduciría a nuevos fracasos, porque en la violencia se imponen los más violentos, los que luego, convertidos en poder, tienden a resultar peores que los vencidos.

La pérdida de las libertades en Cuba —oxígeno del organismo social— condujo al desinterés por los resultados de la producción y los servicios, donde está la raíz de la crisis sostenida. La lección es clara: con una sociedad monopolizada por un Partido, que a la vez es Estado y Gobierno, y un pueblo reducido a la condición de súbdito, es imposible la paz, el bienestar y el progreso social, y por tanto la salida de la crisis. En la protesta masiva del 11J, a diferencia de sucesos anteriores, como fue el "Maleconazo" de agosto de 1994, donde la motivación principal era abandonar el país, ahora los participantes reclamaban cambios y libertades.

La solución de cualquier problema tiene por premisa la determinación de sus causas. Si la crisis cubana persiste, es precisamente porque se han soslayado sus verdaderas causas; por tanto, cualquier salida tiene que transitar por el restablecimiento de los puentes destruidos: las libertades ciudadanas.

El diálogo —arte de conciliar intereses— implica el reconocimiento mutuo de las partes en condiciones de igualdad, donde los participantes se alternan en el papel de emisor y receptor. Su aceptación, como esencia de las relaciones humanas, exige renunciar al mantenimiento de la supremacía excluyente y la disposición a ceder en algo. Hasta hoy, el Gobierno cubano se niega a dar ese paso. Pero eso no significa que tal conducta sea sostenible. Considerarse en posición ventajosa y desde ella designar a los participantes, la agenda, el lugar y las condiciones, es cualquier cosa menos lo que Cuba necesita.

Dialogar no es renunciar ni rendirse, sino una oportunidad de comunicación directa para aclarar posturas y realizar propuestas de cambios. Y como los cambios son permanentes, el diálogo constituye una necesidad del presente y del futuro, lo que obliga a potenciarlo como punto de partida, como concepto esencial, como principio rector y como estrategia permanente.

La fuerza se emplea para vencer, la negociación para solucionar; por tanto, no existen métodos para la solución de conflictos, sino un método: el diálogo y la negociación, que comprende la creación de climas de confianza, el respeto a la otra parte, flexibilidad, ponderación y objetividad en las demandas, como único camino viable, seguro y positivo para la solución de conflictos.

En el caso cubano, con el antecedente de seis décadas de totalitarismo, el diálogo requiere de un esfuerzo inmenso, dentro y fuera del territorio nacional. Es difícil, pero no hay otras opciones. Partir de la convicción de que la solución de la crisis pasa por el diálogo, constituye un paso importante.

El diálogo en Cuba tiene un objetivo: cambiar. Y ese cambio comienza por la restauración de los derechos y libertades, para que los cubanos, reconvertidos en ciudadanos, puedan participar como protagonistas.

Para el fin propuesto se requieren acciones conjuntas y simultáneas. El Partido-Estado-Gobierno tiene, definitivamente, que profundizar las medidas implementadas hasta admitir la existencia de la empresa privada, sin subordinación alguna a la fallida empresa estatal; con derechos como la libertad para producir o brindar servicios, comprar y vender, al interior y al exterior, sin la intermediación del Estado. Ese paso tiene que acompañarse del derecho a la libertad de expresión, de la división de los poderes públicos para que el judicial sea independiente y, por último, del derecho de los cubanos a elegir libremente a sus dirigentes.


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martes, abril 20, 2021

Dimas Castellanos desde y sobre Cuba: La conceptualización del modelo: una camisa de fuerza

 








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Tomado de https://diariodecuba.com/

La conceptualización del modelo: una camisa de fuerza

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Ninguna conceptualización que no parta del reconocimiento del fracaso y de los cambios que requiere la sociedad en Cuba podrá obtener resultados positivos.

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Por Dimas Castellanos

La Habana

19 Abr 2021

Aún conservo fresca en mi mente aquella declaración que aseguraba: "ahora sí vamos a construir el socialismo", y aquella otra acerca de que: "nadie sabía cómo se construía el socialismo".

Después de una secuencia sostenida de fracasos durante décadas, el VIII Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) aprobó en el día de ayer la resolución que actualiza las bases teóricas y conceptuales del Modelo Económico y Social Cubano de Desarrollo Socialista.

Esta resolución modifica una parte sustancial de los 342 párrafos del documento anterior, expone las pautas en que se sustentan las principales relaciones económicas y sociales de la construcción del socialismo, y plantea la elevación del nivel y calidad de vida como un objetivo prioritario permanente, con énfasis en la seguridad alimentaria y energética, la educación y la salud, entre otros.

Lo contradictorio con el objetivo declarado consiste en aspirar a esos propósitos con los mismos principios que condujeron a la actual crisis. Me refiero a la existencia de un solo partido político, el PCC; la consolidación de la propiedad estatal, con el apellido de "todo el pueblo" como forma principal; el perfeccionamiento del Sistema de Dirección Planificada del Desarrollo Económico y Social para la dirección de la economía nacional; y la prohibición de no permitir "la concentración de la propiedad y la riqueza en personas naturales o jurídicas no estatales" —olvidando aquella máxima martiana de que una nación rica es imposible si sus habitantes no pueden ser ricos también.

A lo anterior se une el daño antropológico ocasionado por el modelo totalitario, que constituye hoy como mecanismo de freno. El deterioro ético sufrido por los cubanos sumidos en la sobrevivencia en tan largo período de tiempo, se refleja en indisciplinas, incumplimientos, deficiente control interno, ilegalidades y desinterés por los resultados productivos.

Para salir de ese estado, una vez más se omite lo determinante: la liberación de la economía de las trabas burocráticas e ideológicas dirigidas a impedir la formación de una clase media y la implementación de los derechos y libertades para que los cubanos puedan desarrollar su iniciativa creadora y asociarse libremente.

En las sociedades modernas, desarrolladas económicamente, las empresas pequeñas y medianas han mostrado ser más eficientes y satisfactorias y son un antídoto contra la excesiva centralización y concentración de los grandes monopolios. En Cuba, por el contrario, en lugar de permitir que coexistan las diversas formas de propiedad en condiciones de igualdad para que se imponga la más eficiente, se insiste en el fortalecimiento del papel de la empresa estatal y la conservación del sistema de planificación socialista como vías principales para la dirección de la economía; y a la vez, limita al sector privado nacional y al cooperativo a actividades secundarias. Por ello la conceptualización pasará a engrosar la abultada lista de fracasos.

El resto de las medidas contenidas en la resolución aprobada, como la descentralización de facultades a los niveles territoriales con énfasis en el municipio; la regulación para lograr un adecuado funcionamiento del mercado; impedir que los productores o comercializadores impongan la especulación y condiciones contrarias a los intereses y principios de la sociedad; y asegurar que el trabajo y la laboriosidad constituyan valores morales cardinales, resultan imposibles sin la implementación de la economía de mercado y los derechos y libertades citados.

La subordinación de la sociedad al Estado es contraproducente con el desarrollo, con la experiencia histórica y con los cambios en la arena internacional. Ninguna conceptualización que no parta del reconocimiento del fracaso y de los cambios que la sociedad cubana requiere, podrá obtener resultados positivos.

Países con regímenes similares de partido único, como son los casos de China y Vietnam, hasta tanto no rompieron con el predominio de la propiedad estatal y permitieron a los nacionales participar como agentes activos de la economía, no pudieron salir de las hambrunas. En Cuba caminamos en dirección contraria: hacia la hambruna.

Lo que podría haber hecho del VIII Congreso del PCC un evento trascendente para el país era reconocer el camino errado que se inició con la estatización de la economía desde 1959 y que no se detuvo hasta que en 1968, con la llamada Ofensiva Revolucionaria, barrió las más de 55.000 pequeñas empresas en manos cubanas que habían logrado sobrevivir. Y en consecuencia, implementar las libertades suprimidas para que los cubanos se conviertan en empresarios y trabajadores libres en su país. Y no lo que ha ocurrido: convertir la Conceptualización del Modelo en una nueva camisa de fuerza.


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domingo, enero 03, 2021

Morirse de la risa . Documental sobre humor cubano - capitulo 1


Guillermo Álvares Guedes

Enrique Arredondo

Alexis Valdés en Cristinito

Tomado de https://www.youtube.com/

Radio Televisión Martí

•Premiered Dec 24, 2020

"Morirse de la risa" es un modesto tributo de Radio Televisión Martí al humor cubano en un año tan difícil, marcado por la pandemia de coronavirus, el aumento de la represión y el agravamiento de las dificultades económicas en la isla. Con este especial queremos llevar un poco de alegría a la familia cubana, porque el humor es medicina para el alma.

Morirse de la risa - capitulo 1



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martes, septiembre 01, 2020

La disyuntiva de Cuba: economía de mercado o hambruna. Dimas Castellanos desde Cuba: El resultado del modelo totalitario ha sido la destrucción de las principales fuentes de recursos, y su sustitución por rubros frágiles e incontrolables.

Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

Una de las pocas promesas que cumplió:


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Tomado de https://diariodecuba.com

La disyuntiva de Cuba: economía de mercado o hambruna

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El resultado del modelo totalitario ha sido la destrucción de las principales fuentes de recursos, y su sustitución por rubros frágiles e incontrolables.

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Por Dimas Castellanos

La Habana

31 Ago 2020 

Según el anuario azucarero de 1958, un año antes de la toma del poder por los revolucionarios Cuba producía el 72% de todo lo que se consumía en el país, e importaba el otro 28%. Hoy produce aproximadamente el 20% e importa el 80%. Había desigualdades por reparar, pero la economía crecía. El secreto: solo se puede distribuir lo que se produce.

Para solucionar las desigualdades, Fidel Castro aseguró en 1959 que "aumentaría la producción agrícola, duplicaría la capacidad de consumo de la población campesina y lograría para el pueblo un nivel de vida superior al de cualquier otra nación". Con ese supuesto fin eliminó la economía de mercado, sustituyó la propiedad privada por la estatal, implantó la planificación centralizada, limitó las libertades ciudadanas y en consecuencia se esfumó el concepto de ciudadano.

En agosto de 2020, 61 años después, el segundo secretario del Partido Comunista, José Ramón Machado Ventura, llamó a "aprovechar cada oportunidad de producir alimentos, porque el país no puede seguir con esa elevada importación de comida y pienso animal, que podemos producir internamente".

¿Qué ocurrió entre la promesa de 1959 y el actual desabastecimiento?

La economía tiene sus propias leyes. Si la misma se subordina a la ideología, se estanca; si el estancamiento se prolonga, involuciona; si la involución se sostiene, conduce a la hambruna.

En julio de 2007, después de múltiples fracasos, Raúl Castro criticó las ineficiencias en la agricultura, enfatizó la importancia vital de producir en Cuba lo que se compra en el exterior y reconoció la existencia de enormes extensiones de tierra infectadas de marabú.

En febrero de 2008, al ser designado presidente del Consejo de Estado, Raúl Castro reconoció el error de haber estatizado casi toda la propiedad económica del país, y anunció la introducción de un plan mínimo de reformas, dirigido a lograr una agricultura fuerte y eficiente, que las personas sintieran la necesidad de trabajar para vivir, rechazar las ilegalidades y otras manifestaciones de corrupción, desinflar las plantillas laborales e impulsar el trabajo por cuenta propia. Luego, el 18 de diciembre de 2010, en la Asamblea Nacional del Poder Popular expresó enfáticamente: "O rectificamos o ya se acaba el tiempo de seguir bordeando el precipicio, nos hundimos, y hundiremos el esfuerzo de generaciones enteras".

En el Sexto Congreso del Partido, celebrado en 2011, el plan de reformas fue asumido como acuerdo y desglosado en los Lineamientos de la Política Económica y Social. La inconsecuencia radicó en que, en lugar de restituir la economía de mercado, se conservó la causa del fracaso: la planificación socialista y la empresa estatal como vías principales.

Una prueba de lo anterior es que unos días después del Sexto Congreso, en las 15 conferencias provinciales del Partido, celebradas entre mayo y junio de 2011, Machado Ventura abogó reiteradamente por mantener la economía subordinada a la ideología. Algunos de sus planteamientos fueron: el Partido tiene que ver en cada lugar qué le toca a cada quien, con nombres y apellidos; tenemos que conocer de antemano qué va a sembrar y cosechar cada productor; hay que exigirle a los que no hacen producir la tierra; etcétera.

En el cruce del año 2015 al 2016 la agudización de la crisis se recogió en el informe central al Séptimo Congreso del Partido: "la existencia de una actitud de inercia o de ausencia de confianza en el futuro; dilatación en la implementación de las políticas aprobadas; improvisación, superficialidad y falta de integralidad a causa de una incorrecta preparación de las obras; falta de previsión y agilidad en la implementación de los Lineamientos."

El ejemplo más contundente del retroceso es el azúcar. En 1905 se produjeron 1.230.349 toneladas; en 1925 se sobrepasaron los cinco millones y en 1952 se alcanzó la cifra de 7,1 millones de toneladas. Sin embargo, con un esfuerzo voluntarista que dislocó toda la economía en 1970, se produjeron algo más de 8,5 millones. A partir de 1990 comenzó el declive. En el año 2001 se produjeron 3,5millones de toneladas. Para revertir el descenso se cerraron 71 de los 156 ingenios, con lo cual la producción descendió en 2003 hasta 2,10 millones de toneladas. En 2005 se cerraron otros 40 de los 85 ingenios sobrevivientes y la producción bajó hasta 1,3 millones de toneladas. Entonces, el Ministerio del Azúcar fue reemplazado por el Grupo Empresarial AZCUBA, que desde entonces incumplió todos los planes, hasta que en 2020 la caída ha sido tan brusca que por vez primera no se ha dado a conocer la cantidad producida.

De forma similar ocurrió con otras dos producciones claves entre 1958 y 2020: el ganado vacuno descendió de unos seis millones de cabezas hasta algo más de tres millones; mientras el café se redujo de una 60.000 toneladas hasta unas 6.000, cuando ahora la población es casi el doble de la de entonces.

A pesar de los "recorridos orientadores" por provincias y municipios realizados por Machado Ventura y otros dirigentes partidistas, ha sido imposible detener el decrecimiento. Ello indica que la economía estatizada, combinada con las orientaciones ideológicas, es inversamente proporcional al crecimiento. El resultado: Cuba, que era el mayor complejo azucarero del mundo, se encuentra entre los países con menor producción y productividad azucarera y agrícola en general.

La pérdida de la autonomía —que es a la economía lo que el oxígeno a los cuerpos vivos— conjuntamente con el voluntarismo, los métodos de ordeno y mando, la planificación centralizada, la incapacidad de jefes y administradores y la merma del interés de los productores, han conformado la ineficiencia agrícola que caracteriza la producción azucarera y toda la agricultura cubana.

Gustavo Pittaluga, en su libro Diálogos sobre el Destino, decía que el destino de un país no puede ser vender azúcar para comprar automóviles. Y añadía: "en nuestra economía y en nuestra política social debe favorecerse el auge de la industria azucarera; y mientras tanto, fomentar al máximo la diversificación agrícola colateral y el crecimiento de las pequeñas industrias".

El resultado del modelo totalitario ha sido la destrucción de las principales fuentes de recursos, y su sustitución por rubros frágiles e incontrolables, como son el alquiler de profesionales en condiciones de esclavitud moderna, el turismo y las remesas familiares.

Sencillamente el modelo totalitario resultó inviable y el tiempo de prueba se agotó. El Gobierno enfrenta una contradicción insoluble: la incompatibilidad de los cambios con la conservación del modelo, lo que ha colocado a Cuba en una disyuntiva: se reincorpora a la economía de mercado para superar el desabastecimiento o la hambruna será inevitable.

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OTRAS PROMESAS-MENTIRAS DE PRINCIPIOS DE LA REVOLUCIÓN


Discurso pronunciado por el Comandante en jefe Fidel Castro Ruz en el Parque de la Ciudad de Camagüey, el 4 de enero de 1959
Fecha: 04/01/1959

Libertad de prensa hay ahora, porque sabe todo el mundo que mientras quede un revolucionario en pie habrá libertad de prensa en Cuba (APLAUSOS).  Quien dice libertad de prensa, dice libertad de reunión; quien dice libertad de reunión, dice libertad de elegir sus propios gobernantes libremente (APLAUSOS).  Cuando se habla del derecho de elegir libremente, no se refiere solo al presidente o a los demás funcionarios, sino también a los dirigentes; el derecho de los trabajadores a elegir sus propios dirigentes (APLAUSOS).  Cuando se habla de un derecho después de la Revolución triunfante, se habla de todos los derechos; derechos que son derechos porque no se pueden arrebatar, porque el pueblo los tiene asegurados de antemano.

Cuando un gobernante actúa honradamente, cuando un gobernante está inspirado en buenas intenciones, no tiene por qué temer a ninguna libertad (APLAUSOS).  Si un gobierno no roba, si un gobierno no asesina, si un gobierno no traiciona a su pueblo, no tiene por qué temer a la libertad de prensa, por ejemplo (APLAUSOS), porque nadie podrá llamarlo ladrón, porque nadie podrá llamarlo asesino, porque nadie podrá llamarlo traidor.  Cuando se roba, cuando se mata, cuando se asesina, entonces el gobernante tiene mucho interés en que no se le diga la verdad.  Cuando un gobierno es bueno, no tiene por qué temer a la libertad de reunión, porque los pueblos no se reúnen para combatirlo, sino para apoyarlo.  Quienes, como nosotros, tienen hoy el privilegio de ver a la masa del pueblo reunirse para brindarnos su respaldo, pueden comprender perfectamente, que solo cuando los gobernantes se han granjeado la enemistad de su pueblo, pueden concebir la estupidez, la injusticia, de negarles a los ciudadanos el derecho a reunirse (APLAUSOS).

Fidel Castro admitiendo que el comunismo NO PERMITE la libertad de prensa

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Cómo vamos a decir: ésta es nuestra patria, si de la patria no tenemos nada?

Mi patria, pero mi patria no me da nada, mi patria no me sostiene, en mi patria me muero de hambre.

¡Eso no es patria! Será patria para unos cuantos, pero no será patria para el pueblo (aplausos).

Patria no solo quiere decir un lugar donde uno pueda gritar, hablar y caminar sin que lo maten; patria es un lugar donde se puede vivir, patria es un lugar donde se puede trabajar y ganar el sustento honradamente y, además, ganar lo que es justo que se gane por su trabajo (aplausos).

(Castro barks at an aide who forgot papers he wanted. This is during the stopover in Camaguey. From Life magazine - Castro in Triumphant Advance to Havana - January 19, 1959 )

Patria es el lugar donde no se explota al ciudadano, porque si explotan al ciudadano, si le quitan lo que le pertenece, si le roban lo que tiene, no es patria.

Precisamente la tragedia de nuestro pueblo ha sido no tener patria. Y la mejor prueba, la mejor prueba de que no tenemos patria es que decenas de miles y miles de hijos de esta tierra se van de Cuba para otro país, para poder vivir, pero no tienen patria. Y no se van todos los que quieren, sino los pocos que pueden. Y eso es verdad y ustedes lo saben (exclamaciones).

La Esperanza de un Pueblo 1994


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Carta  de Fidel Castro Ruz a Melba Hernández  cuando Fidel estaba en la prisión de Isla de Pinos  por el ataque al Cuartel Moncada de Santiago de Cuba el 26 de julio de 1953.

Abril 17 de 1954.
A Melba Hernández:

Primero: no podemos abandonar la propaganda ni por un instante, porque es el alma de nuestra lucha. La nuestra debe tener su propio estilo y estar a la altura de nuestras circunstancias...

Segundo: debemos coordinar el trabajo entre nuestra gente aquí y la del exterior. Con este propósito, organiza un viaje a México lo antes posible... Tenemos que reflexionar con cuidado acerca de cualquier proyecto de cooperación con otros, pues de lo contrario simplemente tratarán de aprovecharse de nuestro nombre. “Saber esperar, decía Martí, es el gran secreto del éxito”.

Tercero: mantengamos hacia todos un trato engañosamente suave y una sonrisa. Sigamos la misma estrategia que adoptamos durante el juicio; es decir, defender nuestros puntos de vista sin provocar resentimientos. Ya habrá tiempo más tarde para aplastar las cucarachas todas juntas. No se descompongan ante nada ni ante nadie; después de todo no perdimos el ánimo en los momentos más difíciles.

Un último consejo: cuidado con la envidia. Cuando alguien cuenta con gloria y prestigio como ustedes ahora, los mediocres encontrarán fácilmente motivos o pretextos para sembrar sospechas. Acepten ayuda de todos; pero recuerden que no se puede confiar en nadie.

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Fidel Castro dice no ser ni Comunista ni Marxista cuando estaba en la Sierra Maestra



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