Alberto Roteta Dorado: JOSÉ MARTÍ, SU VOZ POR EL MUNDO. Segunda parte
Nota:
Se trata de un trabajo de investigación que permite precisar la primera vez que Martí pronunció su palabra en público en cada país donde vivió,
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JOSÉ MARTÍ, SU VOZ POR EL MUNDO.
Dedicado al 173º aniversario de su nacimiento.
Segunda parte
Por Dr. Alberto Roteta Dorado
27 de enero, 2026
Santa Cruz de Tenerife. España. El dos de abril de 1877 José Martí llegó a la capital de Guatemala, procedente de Cuba, con breve escala en México. En Guatemala comenzó una intensa actividad intelectual. Es nombrado profesor de la escuela normal en la cátedra de literatura, catedrático de literatura francesa, inglesa, italiana y alemana, así como de historia de la filosofía en la universidad.
Precisar cuando habló por vez primera en este país resulta difícil por lo poco tratado que resulta el tema de la oratoria martiana en esta época. El dos de abril Martí llega a Guatemala. El 21 de abril de 1877, Toledo Sande refiere un primer discurso en saludo a Guatemala, durante un acto celebrado en la escuela normal. Otras fuentes afirman que pronunció un discurso en el mes de abril dedicado a Guatemala, dicho discurso debe ser el correspondiente al día 21 citado por Toledo Sande. Este es el discurso que debe considerarse como el primero de todos los ofrecidos en estos meses de intensa actividad; aunque, por su trascendencia, se comenta más acerca de otros.
El día 28 de abril es meritoria su participación como orador en la escuela normal, donde habló sobre poetas y escritores guatemaltecos, lo que puede confirmarse si consideramos la carta que Martí envió al director de El Progreso, donde dice haber hablado de unos “versos de Lainfiesta, medidos a la manera de Meléndez, el dulce poeta”, precisando además que fue en la escuela normal. El 26 de mayo pronunció un discurso en la velada literaria que la escuela normal dedicó a los jefes políticos de los departamentos del país donde abordó los temas de la agricultura y de la educación en nuestra América. El 25 de julio Martí pronunció un discurso en el Teatro Colón, de la capital guatemalteca en una velada solemne para celebrar el aniversario de la fundación de la ciudad.
Su éxito en esta última intervención le permitió el cargo de vicepresidente de la sociedad literaria El Porvenir. Jorge Mañach, sin mencionar la fecha, hace referencia a un discurso de Martí en el teatro Nacional, es decir, en el teatro más importante de Guatemala, que en esta época aún no se llamaba Colón y que Martí menciona en su libro Guatemala, ubicado al oriente de la plaza mayor; aunque no hace referencia a su nombre. Dicho discurso fue en ocasión de inaugurar sus actividades la sociedad El Porvenir y en el que Martí trata el tema de la oratoria. Pudiera tratarse del mismo discurso. El 16 de septiembre: participó como orador en el acto celebrado en la escuela normal para rendir homenaje a la independencia centroamericana, sin embargo, Mañach refiere un día antes su participación en uno de los actos públicos del aniversario de la patria, y no precisamente de Centroamérica, en esta ocasión el gobierno le pidió que escribiera un drama histórico.
De cualquier forma debe quedar bien precisado que, por su importancia, teniendo en cuenta el lugar, Teatro Nacional desde 1871 – desde 1892 con motivo de la celebración del cuarto centenario del descubrimiento de América pasa a ser conocido como Teatro Colón–, por la distinción hecha al apóstol de nombrarlo vicepresidente de una sociedad literaria, y por habérsele dado la oportunidad a él, siendo extranjero, de disertar en el día de la fundación de una ciudad, este discurso adquiere una mayor dimensión; pero este no fue su primer discurso en Guatemala. De su intervención en el Teatro Nacional podemos conocer los temas tratados gracias a una carta de Martí dirigida a Valero Pujol, director del Progreso, fechada el 27 de noviembre del propio año 1877, inédita hasta la edición de las obras completas de 1975, gracias a la cortesía de Néstor Carbonel, quien llegó a conocer al maestro. A continuación, cito las palabras de Martí:
“Ensalcé a la próspera Guatemala. Mi mano agradecida sabe que se sentía allí lo que yo decía. Los que la estrecharon no serán olvidados (…) yo había alentado a los jóvenes, encomiado la necesidad de la energía individual, censurado el respeto ciego, el continente sumiso, la mano floja, la mirada opaca, el habla humilde, todo eso que usted ha llamado circunstancias” (…) “Canté a la Guatemala laboriosa, alta de limpieza, virgen robustísima, pletórica de gérmenes, canté una estrofa del canto americano, que es preciso que se entone como gran canto patriótico, desde el brillante México hasta el activo Chile”(…) “Aquella noche, corrió a mi lado aire de amor”.
El tema de la oratoria no fue tratado en este discurso, como asegura Mañach, este gran discurso que impactó a sus oyentes y que mereció el elogio del director del Progreso, señor Valero Pujol, trata el tema de Latinoamérica, de la necesidad de la unidad de sus pueblos para crecerse ante el mundo. El tema de la oratoria fue tratado, según refiere el propio Martí a Valero Pujol, en la citada carta antes de esta intervención; aunque no precisa fecha, pero si podemos vislumbrar el lugar, posiblemente la escuela normal que dirigía su amigo cubano José María Izaguirre. El siguiente fragmento nos ubica en el tema tratado por Martí en su intervención del día 16 de septiembre, en un acto de la escuela normal dedicado a la independencia centroamericana, lo que el propio Martí refiere en la citada carta:
“La manera de celebrar la independencia no es, a mi juicio, engañarse sobre su significación, sino completarla”. Les hablo de lo que hablo siempre: de ese gigante desconocido, de estas tierras que balbucean, de nuestra América fabulosa”.
Un comentario publicado en el periódico El Proceso, que cita David Vela en su libro Martí en Guatemala, nos permite conocer la trascendencia de la oratoria martiana en esta nación desde sus primeras alocuciones:
“Martí con su riqueza de imaginación y sus erupciones de ideas. Este joven ya conocido entre nosotros es un alma de fuego que lleva en la cabeza todo el calor de los pensamientos más grandes, y en el corazón todos los destellos de las más hermosas flores, la energía de los sentimientos más dulces; palabra fácil, expresión poética, pero con esa poesía que combina la fluidez, la galanura, la música de la tribuna, con los ideales más puros de la verdad y del derecho.”
La Habana, Cuba
A finales de julio de 1878 Martí y su esposa se marchan de Guatemala rumbo a Cuba, con brevísima escala en Honduras. Su llegada a Cuba fue el 31 de agosto de 1878. En Cuba alternó su intensa labor política clandestina con sus múltiples presentaciones en tertulias, veladas y sesiones en casas o en instituciones como el Liceo de Guanabacoa y el naciente Liceo Artístico y Literario de Regla. La mayoría de los biógrafos coinciden en citar el discurso dedicado al poeta Alfredo Torroella como la primera presentación pública de Martí en enero de 1879. Sin embargo, la imprecisión está en relación con el momento en el que Martí se refiere al poeta cubano, es decir, en su sepelio el día 22 de enero de 1879, en el Liceo de Guanabacoa o en la velada que un mes más tarde se le dedicara, en dicho Liceo, el día 28 de febrero de 1879. Toledo Sande comenta el discurso de Martí del 27 de abril en el homenaje al violinista Rafael Díaz Albertini y luego insiste en su intervención en el banquete ofrecido en los altos del Louvre al periodista Adolfo Márquez Sterling. No creo que se trate de una omisión por olvido o imprecisión, sino que Toledo Sande decidió resaltar, por su connotación política, estos dos discursos.
Por su parte, Cintio Vitier, en la cronología que hace en su Vida y obra del apóstol menciona como primer discurso de Martí, el que dedicara al poeta Alfredo Torroella el día 22 de enero; pero dice que se trata de un homenaje póstumo y omite el del día 28 de febrero, que es el que en realidad se le dedica de forma póstuma al poeta cubano, ya que el del día precisado por Vitier en su biografía es durante su sepelio y no como homenaje posterior. Sin embargo en su capítulo dedicado a la Oratoria del Apóstol en sus Temas Martianos, este autor menciona los dos discursos: “La calidad de su palabra, en efecto, se revela en el sepelio del poeta Alfredo Torroella, consagrándose en la velada que el Liceo de Guanabacoa dedica unos días después – el 28 de febrero de 1879– a la memoria del infortunado poeta”, y luego, al referirse al contenido del segundo discurso, el que realmente lo consagra en su patria, sostiene que es el único que se conserva. Es cierto que se conserva solo este de forma íntegra; pero insisto en afirmar que existen, al menos, cuatro párrafos de la primera intervención martiana en Cuba, o sea, durante el sepelio del poeta Alfredo Torroella.
Es Jorge Mañach el biógrafo más preciso en este aspecto al afirmar en su estudio biográfico que esta “era la primera vez que Martí hablaba en Cuba frente a un público numeroso”, refiriéndose al discurso del día 22 de enero en el sepelio del poeta. Revisando en su extensa obra pude encontrar hace algunos años, en el tomo decimonoveno, dedicado a viajes, diarios, crónicas y juicios, unos fragmentos de este discurso, solo cuatro párrafos, en una breve sección titulada Notas. Sobre este primer discurso señala Mañach: “Cuando, al fin, terminó Martí con una invocación magnífica a la muerte, el público estaba electrizado. El doloroso silencio estalló en una ovación tenaz, y Martí fue arrebatado de la tribuna entre abrazos. Estaba consagrado”.
A pesar de ser el autor, al menos de los varios consultados, que resulta más preciso en este sentido, al destacar la importancia de esta primera intervención en Cuba, Mañach confunde los discursos y comenta el pronunciado por Martí un mes después en el propio Liceo, dedicado al propio Alfredo Torroella, que es el que según Vitier lo consagra en la oratoria en su patria. En los pocos fragmentos conservados de este discurso no se hace referencia a una invocación a la muerte, y si en el segundo discurso, el que se conserva completo, cuando Martí dice: “¡Muerte, muerte generosa, muerte amiga! ¡ay nunca vengas!”
A continuación, cito un fragmento del primer discurso pronunciado por nuestro apóstol en Cuba, en el sepelio del poeta Alfredo Torroella, el 22 de enero de 1879, Liceo de Guanabacoa, que es realmente su primera intervención en público como orador, si excluimos la fugaz lectura de Adúltera en una tertulia habanera en 1877.
“El pudor del dolor es el silencio. Ante la tumba de los poetas, no deben bautizarse los oradores, pero lo que no sabe mi pobre voz de peregrino levantar dignamente hasta la tumba, te lo dicen en tono solemnísimo ese rumor del pueblo agradecido, esos niños que miran medrosos tu cadáver, esos ojos de mujeres cubanas que te lloran” (…) “Si aún vive en ti algo de aquella alma pura de paloma que supo trocarse en alma de águila para cantar los males de la patria”. (…) “Si aún queda en ti algo de aquella anima amantísima que te hizo buscar con mano trémula en tu hora de agonía las manos de tus hijos y la cabeza honrada de tu padre, conmueve tu humana vestidura, surge de tu flaca carne, asoma a tus ojos algo de aquella vívida mirada que tantas veces te hizo resplandecer radiante de entusiasmo, hermoso de pasión, bello de cólera, mira a tu alrededor esos niños que aprenderán mañana tus versos, esas mujeres que los guardan en el corazón, esos hombres que no los olvidarán jamás”.
El siguiente fragmento corresponde al discurso que pronunció Martí el 28 de febrero de 1879, en el Liceo de Guanabacoa, dedicado a la memoria del poeta Alfredo Torroella, el cual se suele confundir e interpretarse como el primero, durante su sepelio:
“¡Muerte!¡Muerte generosa!¡Muerte amiga! Seno colosal donde todos los sublimes misterios se elaboran; miedo de los débiles, placer de los valerosos, satisfacción de mis deseos, paso oscuro a los restantes lances de la vida; madre inmensa, a cuyas plantas nos tendemos a cobrar fuerzas nuevas para la vía desconocida donde el cielo es más ancho, vasto el límite, polvo los pies innobles, verdad al fin, las alas; simpático misterio, quebrantador de hierros poderosos, nuncio de libertad … te hemos robado un hijo…¡Digno era de ti; pero nos hace falta…¡Caliéntanos su fuego, anímanos sus cantos, suavízanos su amor, fuerza nos da su indómita energía. Búscalo si lo quieres, en el hogar de los desnudos, junto al lecho de los enfermos, en el corazón de los honrados, en la grave memoria de los hombres, en las pálidas almas de las vírgenes. ¡Pero si tanto has de arrancarnos para llevarlo a tu hondo seno, ¡ay! Nunca vengas que las vírgenes y los honrados nos hacen mucha falta¡¡Muerte, muerte generosa, muerte amiga!¡ay!¡nunca vengas!”
Nueva York. Estados Unidos de América
El 20 de diciembre Martí embarca desde Francia para Nueva York, llegando el 3 de enero de 1880. El día 24 del propio mes, a solo veintiún días de su llegada, ofrece su Lectura en Steck Hall, que días después apareció como Asuntos cubanos, siendo este su primer discurso en este territorio, aunque en realidad se trata de la lectura de un documento. Los biógrafos consultados coinciden todos en declarar que esta es su primera intervención pública y por tanto la primera vez que se escuchaba su voz en los Estados Unidos. Un público cubano muy heterogéneo llenó Steck Hall para escuchar al ya orador consagrado. Para algunos estudiosos, se trata de un ensayo meditado. Martí hace un balance de la guerra de los diez años y el proyecto de diseño de la próxima gesta. Este documento que, a diferencia de lo habitual en Martí, que era pronunciar un discurso propiamente dicho, constituye su primera intervención relevante, al menos, desde el punto de vista político. Se trata de una primera configuración política con un enfoque filosófico y analítico del hecho revolucionario martiano, algo que se materializaría de manera más objetiva en el Manifiesto de Montecristi. De este primer documento leído por Martí públicamente en los Estados Unidos cito a continuación el siguiente fragmento:
“No a hacer destemplada gala de entusiasmo y consecuencia personales vengo, sino a animar con la buena nueva la fe de los creyentes, a exaltar con el seguro raciocinio la vacilante energía de los que dudan, a despertar con voces de amor a los que – perezosos o cansados– duermen, a llamar al honor severamente a los que han desertado su bandera. Y no cuido del aliño de mi obra, breve y raquítica muestra de la que intento en beneficio de la patria. Porque no tiene derecho a los refinamientos de la calma un lenguaje que no ha sabido conquistar aún para su pueblo la calma honrada y libre; ni debe el buen guerrero, en la hora del combate, curar de su belleza sino de ofrecer el pecho ancho, como escudo del patrio pabellón, a las espadas enemigas. Por más que este enemigo a quien ahora combatimos, luche, más que con espadas, con puñales”.
Caracas. Venezuela.
En enero de 1881 llega a Caracas, y el 21 de marzo del mismo año da un discurso en el Club del Comercio, donde trata el tema de Venezuela y América. En su Martí: el Apóstol, Mañach precisa que el discurso en el Club del Comercio tuvo repercusión en el ámbito literario y Sande comenta acerca de la acogida que tuvo por la intelectualidad y el ambiente social caraqueños. La voz del apóstol se dejó escuchar en Venezuela con este discurso, del que se conservan fragmentos, casi el documento íntegro, que podemos encontrar en el tomo séptimo de sus obras completas, y del que cito a continuación, un fragmento que nos ofrece la medida de la espiritualidad del intérprete de América:
“Días de fiesta me parecieron, aunque eran días de trabajo los primeros que pasé en Caracas, a bien que para mí los días de trabajo son los verdaderos días de fiesta. No sabía yo, a poco andar cuales eran más claros, si los cielos o las almas. Ni sabía al irme por las perfumadas noches a verter mi alma, – el alma sola de un desconocido– en el alma universal que en todas partes flota, besa y corona, ni sabía que estrellas brillaban más, si las del cielo o las de la tierra”.
Así las cosas, la voz del Apóstol y Maestro, el más simbólico y universal de los cubanos, se dejó escuchar en el mundo, siendo estas intervenciones, citadas en este trabajo, las primeras que hiciera en público en varias naciones en las que vivió temporalmente. Su grandeza y trascendencia están dadas por su enorme labor política, pero también, por su extraordinaria labor intelectual, siendo la oratoria impecable su mayor atributo. En un día como hoy, 28 de enero, donde evocamos su nacimiento, acudir al mensaje martiano a través de su palabra, elocuente y precisa, es la mejor manera de honrarlo.
Etiquetas: cuba, discurso, discursos, EE.UU., Guatemala, José Martí. La Habana, Latinoamérica, México, New York, oratoria. Martí, segunda parte, voz por el mundo
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