viernes, febrero 23, 2024

Francisco Almagro Domínguez: La Gran Culpa. La palabra culpa encierra una trampa filosófica y psicológica. Culpables fuimos todos: Supuesta carta del dueño de la revista Bohemia antes de suicidarse

 
Tomado de https://www.cubaencuentro.com

La Gran Culpa

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La palabra culpa encierra una trampa filosófica y psicológica

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Por Francisco Almagro Domínguez

Miami

22/02/2024

Todos los días hay noticias de un nuevo obituario de los “históricos”. Es la implacable biología. La única certeza cierta: vamos a morir. A una generación que muy joven tomó el poder absoluto, y se ha negado casi hasta el final de sus días a renunciar a las melazas de la Hacienda-Isla, la parca debe parecerle una cosa muy fea y peluda. La reacción de quienes no los quieren tanto es de fracaso: se van de este mundo sin pagar por el desastre económico, cultural, social y político de más de medio siglo en Cuba. Y ese público cada día mayor y diverso se pregunta si quedara alguien a quien culpar por todo; al menos un segundón que pague la deuda moral para que la historia no vuelva repetirse; para que un hombre o un grupo no pueda decidir la vida y la muerte de millones de seres humanos.

La palabra culpa encierra una trampa filosófica y psicológica. Filosófica porque remite, inexorable, a un castigo cuasi divino como única consecuencia. El culpable no tiene defensa posible. Solo si admite el error y se arrepiente puede que un dios u otros hombres lo perdonen. Desde la psicología, la culpa lleva a la tristeza, la desesperación, y finalmente a la parálisis. Es lo que sucede con la violencia en general y de género en particular. El abusado(a)r hace sentir al otro que merece el castigo, verbal y físico. Si el destinatario así lo cree, se genera un ciclo perverso de culpas y resentimientos cuya única salida es más violencia.

Una posible solución al entuerto tramposo es cambiar la palabra culpa por responsabilidad. Este cambio cognitivo redirige las consecuencias del acto en sí. Ya no se trata de una situación donde solo se aceptan los efectos de la falta y la promesa de no reincidir en el mismo error, sino que la palabra responsabilidad implica el grado de participación, consciente no, en el hecho. Los tribunales anglosajones se basan en el principio de la culpabilidad. De ese modo dejan escapar la participación pequeña pero esencial en la situación punible. Debería ser “Tanta culpa tiene el que mata la vaca…”. Se es o no culpable, lo cual no quiere decir que alguien sea totalmente inocente. En el terreno de la psicología la palabra responsabilidad permite la concientización del hecho y el grado de comprometimiento: los detalles importan. Mientras la culpa generaliza, la responsabilidad individualiza. Hace que la persona responda por sí misma. En tanto la culpa paraliza, la responsabilidad moviliza.

Por estos días en que “los héroes se despiden”, vamos sintiendo que la “caza” de culpables ante el inminente final de la Involución se amplía. Los obituarios están sirviendo, de este lado del Estrecho, para recordar cuanto sufrimiento cada personaje fue capaz de provocar a sus compatriotas. A menos que suceda un milagro —los comunistas no creen en eso a pesar de haber tenido ellos mismos tantas evidencias— este puede ser un año de definiciones biológicas y sociales. A la finitud existencial de quienes iniciaron el proceso, y aun sostienen simbólicamente el sistema, se añade el agotamiento de una forma de gobernar y hacer país que quedó en el siglo XX. El plan puede ser que la llamada Continuidad —y es para lo único que serviría— garantice el transito pacífico y sin ruidos a otra dimensión de la existencia de los que se resisten a los mandatos del tiempo. Después, veremos, como dice la canción.

Muchos compatriotas estarán esperando por un Nuremberg tropical. Imaginan el entarimado en 23 y 12, donde se proclamó el carácter socialista de la Involución hace 62 años; allí los jueces, hombres y mujeres impolutos, sin manchas, y en el banquillo de los acusados, los únicos y depositarios de toda la “culpa involucionaria”, quienes no pudieron escapar a Oriente ni envenenarse con una poción de moringa. Una prisión para los únicos responsables en el mismo penal donde otros juraron ser libres o mártires, pero juntos con presos y mosquitos comunes. El problema para el futuro será quienes tendrán la justicia en sus manos, y como se juzgará tanto daño por tanto tiempo. Es el mismo dilema que han enfrentado todas las dictaduras: cómo poner punto final a un régimen totalitario de responsabilidades compartidas de modo que no se repita nunca más.

Sin duda, necesitaremos un profundo análisis de conciencia sobre responsabilidades por acción, obra y omisión a lo largo de medio siglo. Casi nadie está exento de responsabilidad en diferentes grados de participación, así como también somos libres para rectificar cuando es necesario. De otra manera un régimen improductivo y totalitario como el cubano no hubiera durado más allá de sus primeros errores capitales.

Pudiéramos, por ejemplo, “culpar” a los ausentes, comenzando por aquellos que un día dieron armas y dinero para el terrorismo urbano, un factor en la derrota de la dictadura batistiana. O culpar a los compañeros y las compañeras que abandonaron las iglesias para ir los “domingos rojos” de forma masiva y voluntaria al sembrar café Caturra. Inculpar ad infinitun a los cederistas, los “ojos y oídos de la Revolución”, que por millones vigilaron, denunciaron, y agredieron al vecino por sus ideas políticas. A los veteranos de las guerras en Angola y Etiopia, ponerles demandas a pesar de que muchos aun padecen estrés postraumático —una entidad de la que no se habla en la Isla— por enseñar medallas herrumbrosas con inocultable frustración.

Un repaso de nuestras fortalezas y debilidades como país será imprescindible para reconstruir lo demolido hasta en sus valores morales. Donde la verdad, la belleza y el bien se soslayan en busca de un mendrugo acido para pasar el día. Donde, como en cualquier ambiente carcelario, lo que se piensa no se dice, y lo que se hace no se comparte con el compañero de celda. En tal ambiente enrarecido es habitual que la responsabilidad individual se diluya, carezca de sentido. Por esa razón, un primer paso es cambiar la culpa generalizadora y paralizante por la responsabilidad que hace al ser humano tomar una actitud positiva y creadora.

Viktor Frankl, a quien nunca dejaremos de citar, fue un psiquiatra judío internado en un campo de concentración nazi. Frankl fue uno de los pocos sobrevivientes de su familia. Su testimonio como médico y a la vez prisionero tiene un valor incalculable. De aquí que ideara una de las más fascinantes corrientes psicoterapéuticas del siglo pasado, la Logoterapia. Bastan estas notas de Frankl para comprender que la responsabilidad individual para procesar las desgracias y las culpas es lo que nos salva de morir en cuerpo y alma. Escribe así el psiquiatra: “Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento”.

© cubaencuentro.com

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Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

Agustín Tamargo militó en la izquierda y no supo  distinguir  entre ¨el mal menor¨  y ¨el mal mayor¨ al  preferir  en la lucha contra Batista  a Fidel Castro antes que el régimen de Batista que ya estaba ¨de salida¨ pues Batista  había prometido irse de Cuba después de  la entrega del poder al electo  Rivero Aguero, el cual para algunos políticos, era un buen político para encabezar  la transición a la plena democracia. Tengo entendido que Agustín Tamargo escribió en la revista Bohemia, revista que contribuyó grandemente al arribo al poder de la  peor y más larga   dictadura que ha padecido Cuba:  la tiranía Castrista. Agustín Tamargo, quizás por haber escrito en  esa Bohemia de Miguel Ángel Quevedo negaba la autenticidad de la supuesta carta de Miguel Ángel Quevedo antes de suicidarse pero nunca lo oí negar que el contenido de esa carta fuera verdad. Agustín Tamargo también tuvo parte de responsabilidad del arribo del Castrismo al Poder y en la consecuente tragedia cubana..

Un poco de agricultura y de conga chambelonera.

A los cubanos no nos encanta inculparnos de lo sucedido en nuestra nación; realmente la inmensa mayoría de los cubanos que hemos pasado en estos últimos 65 años por nuestra juventud, madurez, vejez, o hasta por la muerte, somos culpables de que el Castrismo haya nacido, echado raíces y crecido en nuestra Patria. Unos permitimos que se sembrara esa semilla o que hubiera tierra fértil para que germinara; otros no arrancamos o aplastamos a tiempo ese aparente insignificante arbusto en crecimiento, esperando que otros se ocuparan de hacerlo, ya que considerábamos que eso era tarea de otros y que quizás hasta nuestros vecinos más cercanos no permitirían que creciera de tal manera que con sus raíces y sombra los afectara; otros, le echamos abonos, agua y le limpiamos los alrededores de supuestas ¨malas yerbas¨ para que creciera frondosamente y diera los abundantes y dulcísimos frutos anunciados, cuando realmente esas yerbas estaban haciendo una tarea tal, que de haberlas dejado crecer hubieran ¨ahogado¨ a ese arbusto que se ha convertido en un viejo y espinoso árbol que nunca dió los frutos prometidos pese a la abundancia de abonos e injertos recibidos durante décadas; esas yerbas nunca más han aparecido. 

No oíamos a aquellos que nos aconsejaban, por anteriormente haber dormido bajo sus ramas, que no dejáramos crecer a ese árbol, pues en otras lejanas tierras ya había aparecido ese tipo de árbol y había acabado con los demás árboles, sembradios y con la fertilidad de la tierra; les respondíamos ingenua, ignorante o testaduramente que este árbol no era como aquellos a los que se parecía, hasta que un día, cada quien a su tiempo, nos dimos cuenta por su tronco, raíces, espinas y míseros y agrios frutos que era de la misma especie que aquellos, pero ya en ese momento el árbol había alcanzado un tamaño y una fortaleza tal, que otros decidimos (cómo y cuándo pudimos) mudarnos por un tiempo, tiempo que aún hoy no ha concluido, para fincas más cercanas mientras tratábamos de encontrar sustancias defoliadoras para secarlo, pero la cantidad que conseguiamos de esas sustancias era muy poca, de mala calidad y hasta tan mal aplicadas que hasta el árbol se fortalecía con ellas.

 Finalmente llegó el momento en que nos negaron la posibilidad de adquirir y utilizar esas sustancias. Como sucede con las circunstancias y eventos muy largos en  el tiempo, muchos nos cansamos de seguir tratando de acabar con el árbol y nos dedicamos a otros menesteres tratando de olvidarnos de ese maldito árbol y hasta de la finca en que nació. Solamente unos pocos porfiados seguimos insistiendo denunciar la maldad de ese árbol y la necesidad de arrancar de raíz al carcomido árbol que aún así, sigue arruinando la tierra en que un día lo dejamos crecer y esparciendo su mala semilla por otras tierras.

Como en la conga ¨La Chambelona¨: ¨unos tienen la culpita y otros tienen la culpona¨, pero ahora es el momento de arrancar e incinerar al árbol ¿ tarde? ¡ es cierto!, pero en las tareas de erradicar lo dañino, es mejor tarde que nunca, pero teniendo en cuenta lo que dijo nuestro José Martí: ¨En pueblos, sólo edifican los que perdonan y aman. Se ha de amar al adversario mismo a quien se está derribando en tierra. Los odiadores debieran ser declarados traidores a la república. El odio no construye¨ (Tomo 14, p. 496) . Pero perdonar y amar no exime de reparar las faltas y de hacer Justicia; hasta en el sacramento cristiano de la Reconciliación eso se cumple. De no ser así, entonces los Castro habrán ganado aunque ya hace rato se hayan ¨ido del parque¨(1).

(1) Para los no cubanos o los que no son entendidos en la jerga cubana actual: ¨irse del parque ¨ significa morirse.

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LOS TRÁNSFUGAS

Por Agustín Tamargo


Los tránsfugas que hasta ayer medraron con el sacrificio ajeno son una mala ralea. No huyen de la tiranía sino del hambre. Mientras hubo comida y gasolina, mientras hubo becas y viajecitos, mientras hubo puestos de privilegio en que medrar, no se fueron. Se van ahora como buenos camaleones que son, dejando atrás el viejo pellejo fidelista. ¡Caras de cemento! Los tránsfugas son una superchería, un asco.

Ver a los esbirros intelectuales y políticos del fidelismo arrodillarse, ante el exilio, ver como repiten dientes afueras los mismos ataques a la dictadura, que hasta ayer ellos calificaban de “infamias“, no puede provocar más que eso, puro asco. Si tuvieran pudor por lo menos se callarían. Afirman que puesto que todo el pueblo se equivocó y hay que perdonarlo, el mal que ellos hicieron debe ser también perdonado, por que ellos forman parte de ese pueblo. Culpa de todos, culpa de nadie. Pero esa patraña no pasará. Ellos siguieron allí, al lado del felón. Ellos le aplaudieron las fechorías. Ellos disfrutaron de los periódicos robados y de los puestos diplomáticos, ellos obtuvieron medallas por disparar contra el pueblo en Bahía de Cochinos y en el Escambray, ellos mataron africanos por órdenes de Castro y bajo la bandera rusa.

¿Se les puede respetar ahora, cuando se arrastran y llegan hasta a elogiar la dictadura de Batista? ¿Se les puede considerar en el mismo nivel de aquellos que prefirieron la cárcel, la muerte o el destierro antes que la ignominia de la complicidad? Yo creo sinceramente que no.

“Somos un solo pueblo”, dicen en Miami. ¿Un solo pueblo ahora, cuando hasta ayer nos llamaban “la gusanera”? Hay que perdonar y olvidar, repiten ahora. ¿Perdonar y olvidar a los que causaron tanto daño y nunca se han arrepentido de él? Docenas de libros hay, millares de hojas de periódicos hay, donde muchos de estos que están hoy aquí, nos cubrieron de oprobio ayer por negarnos a hacer lo que ellos hacían, que era doblar el espinazo. Muchos de los que ahora se entreveran con nosotros fueron los que esgrimieron el hacha, o azuzaron al que la esgrimía. Recuerdo particularmente al periódico “Revolución”, biblia de la mediocridad, agujero del resintimiento.

En 1959 ese periódico se consagró de manera sistemática a destruir cuanta reputación limpia había en Cuba. Fueron los hombres de “Revolución” quienes se dedicaron a la degollina de todo el que nos los había tomado en cuenta, de todo el que les hacía sombra. Se quieren abrigar con el olvido. Pero hay muchos que viven, que todavías no han olvidado. Son los testigos, las víctimas de aquella época de cacería, cuya pieza mayor era una cabeza independiente.

Hace más de 30 años escribí en la Bohemia Libre de Nueva York, un artículo titulado “Los Descarados” en que describía a esta fauna que conocí y que padecí. Muchas grandes figuras intelectuales de Cuba morirán antes de que volvamos. Lo que no morirá  nunca es la náusea que produce ver cara a cara a estos cambiacasacas. La misma que nos produce una rata muerta en la habitación.

(Artículo de Agustín Tamargo, publicado en “El Nuevo Herald” el 7 de marzo de 1993 y en Nuevo Acción en la edición del jueves 18 de junio del 2009)
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Artículo de Agustín Tamargo  que se encuentra en la revista Bohemia de la semana del 18 al 25 de enero de 1959:

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Tomado de https://www.cubanet.org/

Carta póstuma de Miguel Angel Quevedo

Sr. Ernesto Montaner
Miami, Florida
12 de agosto de 1969.

Querido Ernesto:

Cuando recibas esta carta ya te habrás enterado por la radio de la noticia de mi muerte. Ya me habré suicidado ¡al fin! sin que nadie pudiera impedírmelo, como me lo impidieron tú y Agustín Alles el 21 de enero de 1965.

Sé que después de muerto llevarán sobre mi tumba montañas de inculpaciones. Que querrán presentarme como "el único culpable" de la desgracia de Cuba. Y no niego mis errores ni mi culpabilidad; lo que sí niego es que fuera "el único culpable".

Culpables fuimos todos, en mayor o menor grado de responsabilidad.

Culpables fuimos todos. Los periodistas que llenaban mi mesa de artículos demoledores, arremetiendo contra todos los gobernantes. Buscadores de aplausos que, por satisfacer el morbo infecundo y brutal de la multitud, por sentirse halagados por la aprobación de la plebe. Vestían el odioso uniforme que no se quitaban nunca.

No importa quien fuera el presidente. Ni las cosas buenas que estuviese realizando a favor de Cuba. Había que atacarlos, y había que destruirlos. El mismo pueblo que los elegía, pedía a gritos sus cabezas en la plaza pública.

(Miguel Ángel Quevedo y Fidel Castro Ruz en los primeros días de enero de 1959)

El pueblo también fue culpable. El pueblo que quería a Guiteras. El pueblo que quería a Chibás. El pueblo que aplaudía a Pardo Llada. El pueblo que compraba Bohemia, porque Bohemia era vocero de ese pueblo. El pueblo que acompañó a Fidel desde Oriente hasta el campamento de Columbia.

Fidel no es más que el resultado del estallido de la demagogia y de la insensatez. Todos contribuimos a crearlo. Y todos, por resentidos, por demagogos, por estúpidos o por malvados, somos culpables de que llegara al poder. Los periodistas que conociendo la hoja de Fidel, su participación en el Bogotazo Comunista, el asesinato de Manolo Castro y su conducta gansteril en la Universidad de la Habana, pedíamos una amnistía para él y sus cómplices en el asalto al Cuartel Moncada, cuando se encontraba en prisión.

Fue culpable el Congreso que aprobó la Ley de Amnistía. Los comentaristas de radio y televisión que la colmaron de elogios. Y la chusma que la aplaudió delirantemente en las graderías del Congreso de la República.

Bohemia no era más que un eco de la calle. Aquella calle contaminada por el odio que aplaudió a Bohemia cuando inventó "los veinte mil muertos". Invención diabólica del dipsómano Enriquito de la Osa, que sabía que Bohemia era un eco de la calle, pero que también la calle se hacía eco de lo que publicaba Bohemia.

Fueron culpables los millonarios que llenaron de dinero a Fidel para que derribara al régimen. Los miles de traidores que se vendieron al barbudo criminal. Y los que se ocuparon más del contrabando y del robo que de las acciones de la Sierra Maestra. Fueron culpables los curas de sotanas rojas que mandaban a los jóvenes para la Sierra a servir a Castro y sus guerrilleros. Y el clero, oficialmente, que respaldaba a la revolución comunista con aquellas pastorales encendidas, conminando al Gobierno a entregar el poder.

Fue culpable Estados Unidos de América, que incautó las armas destinadas a las fuerzas armadas de Cuba en su lucha contra los guerrilleros.

Y fue culpable el State Department, que respaldó la conjura internacional dirigida por los comunistas para adueñarse de Cuba.

Fueron culpables el Gobierno y su oposición, cuando el diálogo cívico, por no ceder y llegar a un acuerdo decoroso, pacífico y patriótico. Los infiltrados por Fidel en aquella gestión para sabotearla y hacerla fracasar como lo hicieron.

Fueron culpables los políticos abstencionistas, que cerraron las puertas a todos los cambios electoralistas. Y los periódicos que como Bohemia, le hicieron el juego a los abstencionistas, negándose a publicar nada relacionado con aquellas elecciones.

Todos fuimos culpables. Todos. Por acción u omisión. Viejos y jóvenes.Ricos y pobres. Blancos y negros. Honrados y ladrones. Virtuosos y pecadores. Claro, que nos faltaba por aprender la lección increíble y amarga: que los más "virtuosos" y los más "honrados" eran los pobres.

Muero asqueado. Solo. Proscrito. Desterrado. Y traicionado y abandonado por amigos a quienes brindé generosamente mi apoyo moral y económico en días muy difíciles. Como Rómulo Betancourt, Figueres, Muñoz Marín. Los titanes de esa "Izquierda Democrática" que tan poco tiene de "democrática" y tanto de "izquierda".

Todos deshumanizados y fríos me abandonaron en la caída. Cuando se convencieron de que yo era anticomunista, me demostraron que ellos eran antiquevedistas. Son los presuntos fundadores del Tercer Mundo. El mundo de Mao Tse Tung.

Ojalá mi muerte sea fecunda. Y obligue a la meditación. Para que los que pueden aprendan la lección. Y los periódicos y los periodistas no vuelvan a decir jamás lo que las turbas incultas y desenfrenadas quieran que ellos digan. Para que la prensa no sea más un eco de la calle, sino un faro de orientación para esa propia calle. Para que los millonarios no den más sus dineros a quienes después los despojan de todo. Para que los anunciantes no llenen de poderío con sus anuncios a publicaciones tendenciosas, sembradoras de odio y de infamia, capaces de destruir hasta la integridad física y moral de una nación, o de un destierro. Y para que el pueblo recapacite y repudie esos voceros de odio, cuyas frutas hemos visto que no podían ser más amargas.

Fuimos un pueblo cegado por el odio. Y todos éramos víctimas de esa ceguera.

Nuestros pecados pesaron más que nuestras virtudes. Nos olvidamos de Nuñez de Arce cuando dijo: Cuando un pueblo olvida sus virtudes, lleva en sus propios vicios su tirano.

Adiós. Éste es mi último adiós. Y dile a todos mis compatriotas que yo perdono con los brazos en cruz sobre mi pecho, para que me perdonen todo el mal que he hecho.

Miguel Ángel Quevedo 

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lunes, febrero 05, 2024

Javier Prada: Patria sin justicia: ¿una alternativa aceptable?. Patria sin justicia: ¿una alternativa aceptable? Pedro Corzo: Perdón y Justicia

 Tomado de https://www.cubanet.org/

Patria sin justicia: ¿una alternativa aceptable?

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Me pregunto si los cubanos, que hemos sufrido tanto, tendremos estómago y corazón para renunciar a la justicia después de haber perdido hasta la dignidad

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Por Javier Prada

31 de enero, 2024

LA HABANA, Cuba. – Dice el refrán que a grandes males, grandes remedios. Tal vez bajo esta premisa, y en un momento tan desesperado como el que estamos viviendo, ha surgido la idea, planteada más bien desde un punto de vista hipotético, de comprarle el país al régimen neocastrista para, de una buena vez, sacudirnos de encima esa lacra.

Los compradores serían los más de dos millones de cubanos que conforman nuestra sufrida diáspora, quienes tendrían la difícil tarea de levantar la economía prácticamente desde cero. A cambio, la recua de delincuentes que ha desbaratado el país obtendría miles de millones de dólares y la garantía de poder salir ilesos de la Isla.

Considerando que el pueblo cubano se niega a tomar las calles ―por el motivo que sea― para sacar a esta gentuza del poder, y que la gentuza no desea sacar el país adelante ni abriga la intención de permitir elecciones libres, buscar una negociación para darles lo que más les gusta ―dinero― y lo que más necesitan ―luz verde para huir a gastarlo en cualquier cubil que les abra las puertas― no suena del todo descabellado.

Si, además, se toma en cuenta que la emigración cubana lleva años pagando hasta los pampers que usa Raúl Castro, la proposición luce razonable. Según explica la articulista Rafaela Cruz en un interesante texto publicado en Diario de Cuba, bastaría con que la diáspora quisiera representar a la nación y eligiera un comité de personas facultadas para negociar con el régimen. Luego se conformaría un fondo a partir de donaciones, aportes de organismos internacionales y de la compra de acciones sobre la riqueza del país que pueda ser privatizada una vez logrado el cambio a la democracia.

Dejando a un lado los entresijos del proyecto y suponiendo que la emigración se ponga de acuerdo para hacerlo viable, me pregunto si sería posible abrazar el nuevo comienzo sabiendo que quienes hicieron tanto daño andan por este mundo con impunidad, los bolsillos llenos, cero remordimientos y ni sombra de miedo, viviendo en una celebración perenne.

Me pregunto si los cubanos, que hemos sufrido tanto, tendremos estómago y corazón para renunciar a la justicia después de haber perdido hasta la dignidad. Sería el colmo permitir que esta gente se vaya sin haber pagado por sus delitos. A estas alturas resulta bastante improbable que Raúl Castro, Ramiro Valdés y demás viejitos cabrones comparezcan ante un tribunal. No estarán vivos para cuando llegue el ajuste de cuentas; pero sí lo estarán sus hijos y nietos, jueces, fiscales, altos oficiales de las Fuerzas Armadas y el Ministerio del Interior, los diputados del Parlamento ―tan inútiles como cómplices―, periodistas cuyo servilismo ha contribuido a lavar la imagen del tirano y miles de cuadros que han servido de brazo largo a la represión al frente de instituciones culturales, centros educacionales y de salud.

¿Cuánta de esa gente escapará a la justicia gracias a la venta del país salvoconducto mediante? A menudo me pregunto si los cubanos están conscientes de la cantidad de muertos que ha provocado este gobierno con su incapacidad y crueldad. Todavía son demasiados los que creen que una dictadura es una maquinaria salvaje que va lanzando cadáveres al medio de la calle, a la vista de todos; pero hay dictaduras que matan de forma subrepticia y encima culpan de sus crímenes a factores externos.

¿Quiénes creen los cubanos que son responsables por los muertos durante la pandemia y los que ahora mismo están muriendo en los hospitales porque no hay medicinas, recursos ni personal sanitario? ¿Quiénes responderán por la aplicación de medidas económicas que han empobrecido a un país entero, obligando a sus hijos a emigrar en masa? ¿Quiénes, con sus decisiones, han aumentado exponencialmente el número de personas que pasan hambre, viven de la basura, enloquecen y/o se suicidan ante la imposibilidad de superar una situación en la que apenas sobreviven los que reciben divisas desde el exterior?

Las madres que perdieron a sus bebés por “violaciones en los protocolos de higiene” en el Hospital Gineco-Obstétrico “Hijas de Galicia”, los familiares de los pacientes psiquiátricos que murieron de hambre y bronconeumonía en un hospital de Holguín, los padres que han esperado sin éxito a que la “potencia médica” salve a sus hijos necesitados de trasplantes o intervenciones quirúrgicas complejas, ¿van a permitir que José Ángel Portal Miranda ―actual Ministro de Salud― y sus predecesores abandonen Cuba sin pasar por el banquillo de los acusados, dejando atrás la responsabilidad por tantas muertes y tanto dolor?

Me pregunto si ese es el pueblo que somos y si podremos vivir sabiendo que mientras lamentamos nuestros muertos, sus asesinos directos o indirectos brindan por lo bien que les salió la jugada gracias a nuestra cobardía. Me pregunto si los exiliados los dejarán vivir en paz donde logren instalarse, si aceptarán sus justificaciones al estilo de “imagínate, yo solo cumplía órdenes, tenía que proteger a mi familia”, y lindezas semejantes.

Comprar Cuba, bienvenido sea. Pero dejar escapar a esta gente, saber que Díaz-Canel y su repugnante esposa, Mariela Castro, Manuel Marrero, Alejandro Gil, Ulises Guilarte, Remigio Ferro y otras alimañas que han echado barriga y papada a costa del sufrimiento de 11 millones, viven tranquilamente lejos de la angustia que sembraron, habla tan mal de nosotros que sería mejor desaparecer de la faz de la tierra.

Patria sin justicia no debería ser una alternativa aceptable. Aunque las condiciones objetivas sugieren que el pueblo cubano está demasiado cansado para expulsar del poder y ajusticiar a la claque gobernante, quiero pensar que sí podría ocurrir, y que si algunos logran escapar los emigrados les darán caza, obligándolos a gastar en seguridad hasta el último centavo de esos millones mal habidos.

Quiero pensar que no tendrán paz, que vivirán con el temor a que un día irrumpan en sus casas para arrestarlos y devolverlos a Cuba, donde enfrentarán la justicia y conocerán las cárceles inmundas a las cuales han enviado, sin que les tiemble la mano ni la conciencia, a tantos inocentes.

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Nota del Blogguista de Baracutey Cubano 

Pedir perdón por las culpas cometidas es espiritualmente beneficioso y hasta necesario para las personas que las cometió y para el futuro de la Patria. Ahora bien, se debe pedir perdón de las maneras, en los lugares y las situaciones más beneficiosas para la Patria. Una vulgar concentración y un mea culpa a coro en la Plaza Cívica sería la forma más facilista, hipócrita y ridícula que se me ocurre; además, no sería justo que ese coro estuviera nada más compuesto por militares. Muchos millones de cubanos ( unos con armas, otros con la pluma, otros levantando la mano, otros con elsilencio, otros marchando, etc.. ) hemos contribuido a sostener esa tiranía durante 65 años de esos millones hay muchos regados por innumerables países y ciudades y donde más hay, y desde épocas muy tempranas, es en Miami.

Nuestra culpa mayor como pueblo ha sido el pecado de omisión. Nos cruzamos de brazos cuando miles de cubanos se sacrificaban salvando el decoro de todos.

Por otra parte, en la nueva República todos tendremos el derecho, y el deber, de hablar; bastante hemos callado o dicho lo que no queríamos decir.

La Justicia no puede dejar de estar presente en el futuro cubano, pero Justicia no es venganza. Todos los crímenes, quien sea la persona que lo haya cometido e independientemente de su posición política en el momento de cometerlo, deben ser juzgados y condenados si aún no se ha pagado por dicho crimen. Tampoco deseo una Justicia de ¨ojo por ojo y diente por diente ¨; deseo una Justicia con Misericordia, que no quiere decir que sea exenta de condena.

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Tomado de http://www.martinoticias.com 

y 

de http://baracuteycubano.blogspot.com

Perdón y Justicia

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Todo conflicto, individual o social, genera víctimas y victimarios, abusos y hasta crímenes, por eso es válido preguntarse, ¿es posible el perdón, pueden sinceramente la víctima y el abusador tolerarse, construir un futuro juntos?

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Por Pedro Corzo

Diciembre 12, 2013

Los regímenes depredadores generan víctimas y victimarios. El odio se vuelve un oficio y el miedo una enfermedad de la que no se escapan ni los mismos abusadores.

Vivir en una sociedad donde odiar y temer es parte fundamental de la existencia, traumatiza a los ciudadanos. Superar esa realidad cuando concluye la opresión, demanda mucha tolerancia y capacidad de comprensión, aunque la víctima nunca pueda perdonar a su victimario.

No obstante la mayoría de las personas considera sabio y prudente ser indulgente. Valoran más una relación armónica y  un concilio de voluntades, que una acción de venganza,  porque consideran que odiar y actuar en consecuencia, menoscaba su dignidad.

El perdón, es la consecuencia de la ruptura de los acuerdos de convivencia asumidos previamente.  Es la búsqueda de un nuevo concilio. Es aceptar la igualdad ante la ley y el compromiso  de acatar las reglas que rigen la comunidad. La aprobación de un compromiso de mutuo respeto,  tolerancia y también de colaboración.

Todo conflicto, individual o social, genera víctimas y victimarios, abusos y hasta crímenes, por eso es válido preguntarse, ¿es posible el perdón, pueden sinceramente la víctima y el abusador tolerarse, construir un futuro juntos?

¿La víctima tendrá capacidad de perdón? Y en el victimario se habrá extinguido su inclinación al abuso, a despreciar a los derechos del prójimo.

La víctima no responde a un patrón físico ni moral pero sí de conducta. Víctima puede ser cualquiera. Los derechos y la existencia misma de la víctima pueden ser anulados o extinguidos, pero la víctima puede ser un vencedor moral, a pesar de los vejámenes que sufra, si enfrenta con dignidad la injusticia e intenta restaurar su derecho.

El victimario puede ser un inadaptado social. En esos casos sus crímenes por brutales que sean, afectarán a una persona o a un sector de la comunidad,  pero cuando el victimario es consecuencia de un sistema político que le otorga inmunidad como ocurre en Cuba, su maldad se extiende a toda la comunidad.

El torturador debe aceptar sus crímenes. El sectario admitir que persiguió, acosó y discriminó a los que no pensaban y actuaban como él.

El victimario debe tener conciencia que sus crímenes estaban más allá de la idea que decía defender. Admitir sus excesos puede ser una garantía de que en el futuro no incurra en pasados abusos,  aunque las circunstancias para cometerlos le fueran nuevamente favorables.

El perdón a un victimario es una decisión personal. No puede decretarse ni imponerse. El perdón trasciende los conceptos de victoria o derrota, pero la acción de absolver aunque implica renunciar a la venganza, no significa faltar a la justicia.

La absolución transita por una avenencia ético-moral, un sincero acto de contrición en el que pueda fundamentarse la nueva sociedad, ya que las víctimas y victimarios harían dejación de sus rencores los primeros, y de sus crueldades y odios,  los últimos.

La reconciliación no puede provenir solo de la víctima. No es un deseo unilateral del que fue sacrificado y que de nuevo, en virtud de su conciencia cívica, controla sus pasiones y prefiere la aplicación de la justicia.

Una sociedad que no sancione el crimen se encuentra cimentada en la arbitrariedad y por lo tanto propensa a nuevas crisis sociales o políticas.

La condescendencia no exime de responsabilidad legal al criminal. La absolución no implica impunidad. El crimen no puede ser premiado con el olvido del mismo.Debe existir una sanción legal o moral que advierta a los potenciales violadores que el crimen no paga.

Sin embargo hay quienes defienden los conceptos de “Borrón y Cuenta Nueva”. Creen que se hace suficiente justicia con la aceptación de la culpa. Consideran que la mejor opción para la sociedad es dejar saldados todos los débitos para evitar cacerías humanas que puedan provocar la aparición de nuevo violadores,  de otros individuos que en un supuesto afán de justicia,  cometan nuevas arbitrariedades.

Por otra parte hay quienes consideran que el perdón debe anteceder a la Justicia, porque no se puede juzgar a ninguna persona, a la vez que se le odia. Entienden el perdón como una decisión de profunda religiosidad, un acto de contrición en el que se aprecian los propios errores y los del prójimo.

Arribar a lo que se puede definir como la justa justicia demanda que comulguen las realidades de las víctimas y de sus victimarios,  junto a la sanción legal y moral que demanden los crímenes, solo así se pueden establecer los fundamentos para crear una sociedad en que los derechos y deberes ciudadanos,  sean asumidos con plena responsabilidad.

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jueves, marzo 09, 2023

Francisco Almagro Domínguez: En Miami… ¿vale el perdón y el arrepentimiento? ¿Cómo Miami ha podido sobrevivir a tanto dolor y odios encontrados?

 Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

Nada ilusión de una mayoría; veamos sólo algunos factores que influyeron e influyen en el comportamiento dócil de la mayoría del pueblo cubano:

1) El terror y miedo a la represión  de la dictadura que se ha manifestado fehacientemente  mediante fusilamientos, cárcel, asesinatos, hostigamientos, acosos, etc. contra aquellas personas que se manifiesten en contra  de la dictadura, represión que llega hasta a los familiares de esas personas.

2) El Estado es el mayor  empleador  del país y llegó a tener en sus plantillas  más del 95 de la fuerza del país. Ese hecho  de que ¨los frijoles¨  del trabajador y de su familia dependiera del Estado era un factor en la docilidad del trabajador para asistir y cumplir con las tareas que el Estado le indicara. 

3) El adoctrinamiento en todos los niveles escolares (desde el Círculo Infantil y la Universidad)  los cuales pertenecen al Estado castro comunista y las represalias que pueden tener los estudiantes si no cumplen  con las tareas revolucionarios pueden influir grandemente en su futuro. Todosconocemos la consigna  que ¨la Universidad es sólo para los revolucionarios¨

4) La falta de formación cívica y de valores humanos. Una consecuencia de ello es la ¨doble moral¨,  que realmente es no tener ninguna. Esa falta de formación en valores provoca que una gran parte  del pueblo cubano  use la simulación  y el fingir para no buscarse problemas con el Estado y más si se están cometiendo ¨ilegalidades¨para sobrevivir.

5) La saluda del país depende totalmente del Estado luego hay que fingir o portarse bien para poder salir de Cuba. 

6) La desinformación que tiene aún parte del pueblo cubano; un ejemplo es que la dictadura  dice que la falta de alimentos, medicinas, aparatos médicos, etc. es por culpa del Embargo (que ellos falsamente llaman Bloqueo)  cuando desde los años 90s del pasado siglo  se pueden comprar  al contado o cash  en los EE.UU.; además Cuba puede comerciar con más de 180 países si Cuba  tuviera solvencia y mercancias para ello.

7) etc.,etc.,etc.

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Tomado https://www.cubaencuentro.com/

En Miami… ¿vale el perdón y el arrepentimiento?

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¿Cómo Miami ha podido sobrevivir a tanto dolor y odios encontrados?

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Por Francisco Almagro Domínguez

Miami

07/03/2023 

En un cuento del malogrado y gran escritor cubano Guillermo Rosales, suerte de kafkiano insular por su original y desgarradora narrativa y vida privada, un ex torturador batistiano se sienta en el sillón del mismo barbero que ha prometido encontrarle en Miami y ajustarle cuentas. La historia corta como el filo de la navaja, que pasa una y otra vez por la garganta del esbirro. Cuando parece que será degollado por el barbero mientras lo afeita, el torturador se levanta del sillón, y antes de irse, le dice más o menos: no es fácil matar a un hombre a sangre fría, ¿verdad?

¿Cuántas veces se habrá repetido esa escena en Miami? Quizás no con tanto dramatismo, aunque sabemos que la realidad suele ser más dura que la ficción debido a sus matices. El “molde” del encuentro entre dos enemigos, la venganza y el honor con la Ciudad Mágica de trasfondo, se adapta perfectamente a la tragedia clásica, no sin el halo de comedia que siempre aporta la idiosincrasia caribeña.

Hace apenas sesenta años, tras la huida de los batistianos —un anciano me confesó sin tapujos que moriría devoto de Fulgencio— en esta misma ciudad se mesclaban militantes del 26 de julio, el Directorio y otros tantos que habían combatido al “Indio”. Después vino una segunda ola: Camarioca. Los llamados siquitrillados y los siquitralladores. Ex funcionarios del Ministerio de Recuperación de Bienes Malversados caminando en la floreciente Calle 8 al lado de quienes ellos mismos habían despojado de obras de arte, joyas y casas regias.

Fue así desde entonces. Cuando ya no quedaron “ricos” en la Isla, los bodegueros, carniceros, limpiabotas y vendedores de maní en el Prado, intervenidos en la Ofensiva Revolucionaria del 68, convivían en el mismo edificio con el miliciano interventor, recién llegado en los Vuelos de la Libertad. En un capítulo inolvidable de Informe contra mí mismo, Eliseo Alberto Diego narra cómo algunos personajes de la política y la cultura, en franca discordia ideológica, terminaron viviendo en la misma ciudad, condenados a similar exilio o expatriación.

La historia se está repitiendo en nuestros días con el Patrocinato. Imaginemos —no hace falta mucho esfuerzo— que el patrocinado es el mismo que, en la Isla y en pleno Continuismo-Canelismo, era chivato cederista, sicario sindicalero, emprendedor complaciente, policía o militar descartado después del 11J. Como el Patrocinio no exige pasado alguno, y abre sus brazos a quien pueda pagar por una emigración expedita… ¿cuántas víctimas y victimarios harán la misma fila en aeropuertos y organizaciones caritativas?

¿Cómo Miami ha podido sobrevivir a tanto dolor y odios encontrados? ¿Somos en el fondo un pueblo misericordioso, con tendencia al olvido, el perdón, la reconciliación? Los fusilamientos y largas penas de cárcel en el Castrismo solo han sido momentos trágicos, condenables, expiaciones de culpas… pero ¿fácilmente olvidados? ¿Dónde comienza la justicia —a cada cual lo que corresponde— y donde el perdón, el arrepentimiento? Porque hay crímenes que no prescriben, y los culpables lo saben. Una vez con las manos llenas de sangre, a veces no se busca otra forma de lavarlas que no sea con más sangre.

Con cierta frecuencia se oye decir en esta ciudad “yo no fui comunista, nunca lo he sido”. Es, sin duda una declaración funesta y en la mayoría de los casos, poco creíble. O sea, hay que creerse que en este pueblo casi ningún cubano fue pionero, alumno ejemplar, militante de la Juventud, obrero de avanzada, dirigente sindical, jefe de área, director de empresa, militar… Sin tantos millones de personas apoyando al régimen por seis décadas —razones de cualquier tipo; lo que importa es el resultado final— el Proceso Involucionario hubiera terminado en los primeros años.

El terror más espantoso no conquista corazones. En Cuba hubo una ilusión, un sueño compartido, y por una mayoría, sin duda. Si esa mayoría estaba equivocada o no, fascinada, encandilada por el Líder Máximo, es otra discusión. En la Isla, cientos de miles desfilaban en los primeros tiempos del Difunto a pie, iban por sus propios medios y conciencias, sin listas ni presiones sindicaleras. Quien lo niegue no conoce la historia; no entiende y nunca entenderá la sobrevivencia de la Involución por tanto tiempo. No comprenderá por qué ahora va en caída libre.

En Miami habitan oleadas del desencanto, cada una con su propio dolor, su resentimiento. En Miami, junto a los cubanos, también viven los escuálidos, los boliburgueses, los ex enchufados chavistas. En la Ciudad Mágica conviven los somocistas con los sandinistas arrepentidos… por segunda vez. Aquí también están los antiguos haitianos duvalieristas, y sus opositores, en tercera generación. Parece que hay tanto por lo que luchar y trabajar para recuperar una vida digna personal y en familia que los ecos de los desagravios y los desquites quedan para políticos, esmerados en conservar los sillones camerales.

El fantasma del odio y el no perdón también se agita en la otra orilla. Es imprescindible para el Castro-Continuismo. La estampida hacia el Norte, con prisa y sin pausa, debe tener un precio psicológico para el emigrante insular: en Miami encontrará a su enemigo, ese que no olvida ni perdona.

El arrepentimiento es muy humano. Y nos hace bien, de vez en cuando, saber que estuvimos equivocados, y que podemos volver a hacer las cosas de otra manera si admitimos el error. Otra cosa es la justicia. No hay perdón sin ella. Y no hay reconciliación sin arrepentimiento. Cada cual debe asumir las responsabilidades de su pasado.

José Samarago, el Nobel portugués, tuvo la osadía de decirle al régimen que “hasta allí había llegado” al saber del fusilamiento de los jóvenes que secuestraron la lancha de Regla en 1994. Saramago, comunista vertical, ha dicho: “Para qué sirve el arrepentimiento, si eso no borra nada de lo que ha pasado. El arrepentimiento mejor es, sencillamente, cambiar”.

Es lo que sucede en Miami. Suele cambiarse un poco.

© cubaencuentro.com

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martes, diciembre 20, 2022

Alfredo M. Cepero: Cristo es perdón pero un perdón condicionado al arrepentimiento, la reparación y la voluntad de enmienda.

 Tomado de http://www.lanuevanacion.com/

EL NIÑO DE BELEN

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Cristo es perdón pero un perdón condicionado al arrepentimiento, la reparación y la voluntad de enmienda.

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Por Alfredo M. Cepero

Director de La Nueva Nacion

alfredocepero@bellsouth.net

Sígame en: http://twitter.com/@AlfredoCepero

Este 25 de diciembre el mundo cristiano celebrará el nacimiento de un niño que hace dos milenios y veinte dos años vino al mundo de los mortales a cambiar no sólo el curso de la historia sino los parámetros en que esa historia es narrada y contabilizada. A partir de aquella noche de misterio, fantasía y esperanza en el polvoriento y remoto pueblecito de Belén el perdón por los agravios no sería síntoma de debilidad sino de fortaleza, de cobardía sino de amor.

Y los acontecimientos originados por el tránsito del hombre sobre la Tierra tendrían como punto de referencia aquel momento en que lo divino y lo terreno, lo eterno y lo temporal se fundieron en el llanto del hijo de José y María. Aquel niño de Belén nos dio con su nacimiento, su prédica, su calvario y su muerte, además de un nuevo calendario, la opción de hacer de cada fecha un día de salvación o de condena.

Su Padre Celestial pudo haber hecho que su hijo único naciera en el seno de una familia acaudalada, en un suntuoso palacio o en un centro de poder o riquezas como Roma, Grecia o Egipto. Sin embargo, este Rey de reyes nació en un pueblucho miserable, en el seno de una familia humilde donde se ganaba el pan con sudor y trabajo, en un pesebre donde mitigó el frío sobre el heno calentado por unas vacas y como hijo de un pueblo perseguido y esclavizado.

Todo ello porque tanto su nacimiento como su vida y su muerte fueron parte del plan divino con el cual Dios quiso impartir una lección imperecedera a los hijos descarriados de Adán. Para aquellos dispuestos a aprenderla y aplicarla, esa lección nos muestra el camino de la felicidad en la Tierra y de la salvación eterna.

Ahora bien, su aprendizaje y aplicación no son tareas de flojos ni de egoístas sino de hombres y mujeres con voluntad de acero y capacidad de disfrutar la satisfacción del servicio y el amor al prójimo. A quienes discrepen los refiero a las vidas de aquellos que, a fuerza de renunciar a sí mismos, alcanzaron la santidad.

De ahí que, para salir exitosos, sea imprescindible vencer los instintos y pasiones que los humanos compartimos con especímenes del reino animal y que han sido la causa de tanta sangre, miseria y muerte desde el principio de nuestra residencia en  la Tierra. 

Cristo, por otra parte, no es privilegio ni posesión de nadie. No vino a salvar a unos pocos sino a todo el género humano, sin importar raza, sexo o condición económica. Cristo no es una garantía de salvación sino la brújula que nos indica el camino a la vida eterna siempre que tengamos la voluntad de andar por nuestras propias fuerzas.

Su reino está al alcance de todo el que renuncie al odio y opte por el amor, renuncie a la venganza y opte por el perdón, renuncie a la violencia y opte por la paz, renuncie a la mentira y opte por la verdad, renuncie al derroche y opte por la austeridad, renuncie al egoísmo y opte por la generosidad. Pero todo, absolutamente todo, dentro del contexto de la justicia divina y de la preferencia por aquellos a quienes dedicó su conmovedor y compasivo Sermón de la Montaña.

Porque, para mí, Cristo no es un personaje blandengue y edulcorado dispuesto a ignorar agravios y transgresiones de todo villano que implore su perdón sin un verdadero arrepentimiento. Lo confirma con elocuencia  la paliza soberana y ejemplarizante que propinó a los mercaderes que invadieron el templo sagrado de su padre. La misma que probablemente recibirán en su día los tiranos, torturadores, proxenetas, violadores y practicantes del aborto que hacen de nuestro mundo una antesala del infierno.

Cristo es perdón pero un perdón condicionado al arrepentimiento, la reparación y la voluntad de enmienda. Su perdón jamás estará en conflicto con la justicia. Y con esta afirmación quizás me expongo a ser cuestionado por alguno que otro doctor en teología. Pero en esta etapa de mi peregrinaje terrestre son pocas las cosas que me quitan el sueño.

En cuanto a su predilección por los presos, los enfermos y los desamparados no tenemos la menor duda de que en estas festividades que se avecinan, y acorde con su conducta desde que murió en la cruz para traernos la buena nueva, Cristo no estará con los Castro, los Maduro o los Ortega como no estuvo con los Herodes, los Nerón o los Calígula.

Por el contrario, hará sentir su presencia salvadora y sanadora en hospitales y cárceles como una vez lo hizo entre los mártires del Circo Romano. Tampoco se limitará a bendecir mesas repletas de golosinas sino hará despliegue de caridad compartiendo su pan de fe y su vino de esperanza con los opositores que se juegan la vida luchando contra las tiranías, con los héroes que han caído en esa lucha y con los presos confinados a las celdas inmundas  donde, a la manera de aquellos mártires del Circo Romano, un grupo de iluminados son depositarios de la dignidad de las patrias de Martí y Bolívar.

12-14-21

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EWTNespanol

Junio 6, 2018

¿Que podemos hacer a la hora de la muerte si no tenemos un sacerdote al lado? El Padre Loring nos va a enseñar lo que podemos hacer y decir para que Dios nos perdone si no contamos con el sacramento de la confesión al momento de morir. 

PARA SALVARTE—Confesión en la Hora de la Muerte [Ep. 9 T1] 



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viernes, octubre 21, 2022

Raúl Castro debe pedir perdón a los cubanos por la Crisis de Octubre. Roberto Álvarez Quiñones: En 1962, Moscú tenía en Cuba todo un ejército de más de 44.000 efectivos, 24 plataformas para lanzamiento de misiles; 45 ojivas nucleares, 42 bombarderos Ilyushin IL-28 y 40 aviones MiG-21

 
Tomado de https://diariodecuba.com/

Raúl Castro debe pedir perdón a los cubanos por la Crisis de Octubre

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En 1962, Moscú tenía en Cuba todo un ejército de más de 44.000 efectivos, 24 plataformas para lanzamiento de misiles; 45 ojivas nucleares, 42 bombarderos Ilyushin IL-28 y 40 aviones MiG-21.

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Por Roberto Álvarez Quiñones

Miami

20 octubre 2022

Exactamente 60 años después de la Crisis de los Misiles en Cuba, en octubre de 1962, el mundo podría tropezar de nuevo con la misma piedra rusa, en aquel entonces comunista, y hoy sin colores ideológicos, pero tan imperialista y expansionista como a mediados del siglo XX.

La Crisis de Octubre, como se le conoce en Cuba, que puso al mundo al borde de un infierno atómico, humilló a Fidel Castro, que fue ignorado olímpicamente en la negociación entre el presidente John F. Kennedy y el dictador soviético Nikita Jruschov para poner fin a la crisis. Y ambos hicieron el caso del perro a las "condiciones" que puso el dictador cubano para que se pudieran retirar los misiles nucleares de Cuba, que pomposamente denominó "Los Cinco Puntos de la Dignidad".

Sin embargo, la crisis terminó apuntalando a Castro, pues se pudo atornillar más en el poder al amparo de la promesa del presidente John F. Kennedy a Moscú de que no habría invasión a Cuba. Con aquella sombrilla nuclear soviética, abierta desde 7.539 kilómetros de distancia (la más corta entre Rusia y Cuba) el dueto Fidel Castro-Che Guevara llevó impunemente al extremo máximo el montaje del modelo soviético estalinista de los años 30. No obstante, con propósitos políticos se continuaron haciendo constantes movilizaciones militares ante el peligro inminente de una "invasión yanqui".

La solución de la crisis también favoreció a la URSS. La maniobra de colocar misiles nucleares en las narices mismas de EEUU formalmente fracasó, pues los tuvo que retirar, pero a cambio logró que Washington retirara sus armas nucleares del territorio turco, bastante cercano a las fronteras soviéticas. Y, encima, se fortaleció el régimen castrista, su cabeza de playa cubana en América para expandir la influencia geopolítica de la URSS.

Ahora Vladimir Putin pretende hacer lo mismo. Chantajea a Washington con el empleo de armas nucleares en Ucrania para que EEUU deje de apoyar a las fuerzas militares ucranianas con armamento de alta tecnología. Si los generales rusos cumplirán o no la orden de semejante ataque, o si antes sacan del poder al nuevo Iván el Terrible, es cosa que está por verse.

Moscú sabía que Fidel no tenía principios y era usable

Regresemos en el tiempo a los días convulsos de la peor crisis internacional de la historia moderna. Para empezar, detengámonos en la irresponsabilidad anticubana de Fidel Castro.

El Archivo de Seguridad Nacional de EEUU publicó el 14 de octubre de 2022 una traducción de una reunión en el Kremlin el 18 de julio de 1960 entre Nikita Jruschov y Raúl Castro para "tantear la relación de Cuba con EEUU", previendo la situación que se crearía cuando Fidel Castro proclamara el carácter comunista de la "revolución tan cubana como las palmas", lo que ocurrió nueve meses después, en abril de 1961.

Es decir, desde mediados de 1960 ya Moscú sabía que Fidel Castro carecía de los principios patrióticos y humanísticos que aparentaba poseer, y era capaz de cualquier cosa con tal de mantenerse el poder ad infinitum, y que para ello necesitaría subsidios que solo la URSS podía darle. Y que, por tanto, el tirano cubano estaba dispuesto a permitir armas nucleares en suelo cubano y convertir a Cuba en pieza clave de la Guerra Fría. De manera que Jruschov usó a Castro, y este se dejó usar a gusto.

La conversación Nikita-Raúl en el verano de 1960 explica mejor cómo dos años después, con Cuba ya sovietizada y recibiendo subsidios desde Moscú, Jruschov estableció una "base militar soviética masiva" en la Isla, junto con el "despliegue de armas nucleares", según los documentos secretos ahora dados a conocer en Washington.

En octubre de 1962 el Kremlin instaló en Pinar del Río 42 misiles balísticos de medio alcance (hasta 3.000 kilómetros de distancia) con ojivas nucleares. Y apuntando hacia Washington y Nueva York, como admitió el Che Guevara el 29 de noviembre de 1962, en La Habana, al diario británico Daily Worker (comunista, desde 1966 se llama Morning Star).

En la entrevista el comandante argentino fue más lejos: "Si los misiles hubiesen permanecido en Cuba nosotros los habríamos usado contra el propio corazón de EEUU, incluyendo la ciudad de Nueva York (…) nosotros marcharemos hacia la victoria aun si ello cuesta millones de víctimas en una guerra".

Castro ocultaba el peligro atómico para evitar el rechazo cubano

Fidel Castro estuvo negando todo el tiempo la existencia de armas nucleares en Cuba. Y también Moscú. En la Asamblea General de la ONU el embajador cubano, Mario García Incháustegui, lo negaba "indignado". Insistía en que eran "rumores malintencionados para descreditar a la revolución". El dictador Castro I juraba que los barcos soviéticos no descargaban cohetes en la Isla, sino alimentos.

Fue el 22 de octubre de 1962, cuando el presidente John F. Kennedy presentó al mundo las fotos de los misiles y las rampas de lanzamiento, que los cubanos se enteraron de que sí había armas nucleares en la Isla, y que quien había mentido hasta en la ONU era Cuba y no EEUU.

Pero, una vez descubierta la falacia, Castro hizo creer a los cubanos que aquellos cohetes eran "defensivos", que solo tenían la función de evitar una invasión a la Isla.

También por documentos secretos desclasificados en 1996 se conoció que el Comité Ejecutivo del Consejo de Seguridad Nacional le hizo dos propuestas al presidente Kennedy: un bloqueo naval o un ataque inmediato a Cuba.

El mandatario eligió el bloqueo naval, llamado "cuarentena", iniciado el 24 de octubre con 16 destructores, tres cruceros, un portaviones y 150 navíos que cerraron el acceso a Cuba, hacia donde se dirigían 25 navíos soviéticos escoltados por submarinos nucleares. Y uno de aquellos submarinos soviéticos estuvo a punto de lanzar un misil nuclear por problemas de comunicación que confundieron al capitán del submarino.

Nadie sospechaba que Moscú tenía en Cuba todo un ejército de ocupación con más de 44.000 efectivos, incluyendo generales y coroneles; 24 plataformas para lanzamiento de misiles; 45 ojivas nucleares; 42 bombarderos Ilyushin IL-28; 40 aviones MiG-21, dos divisiones soviéticas de defensa antiaérea, cuatro regimientos de infantería mecanizada y otras unidades militares.

Fui testigo de todo aquello, y de lo desconectados de la realidad que estábamos, incluyendo las decenas de miles de milicianos movilizados, como este articulista.  

Puedo asegurar que ninguno de mis colegas, que atrincherados en el este de La Habana esperábamos a los "invasores", tenía idea del peligro real en que nos encontrábamos. No había motivos para pensar en una guerra atómica. Viendo la TV y leyendo la prensa castrista nadie podía imaginarse que "sin comerla ni beberla" en cualquier momento todos podíamos desaparecer incinerados en un infierno peor el de La Divina Comedia.

¿Se imaginó alguien a una Cuba hambrienta 60 años después?

Aquel silencio irresponsable del dictador tenía el propósito que la ciudadanía no fuese consciente del peligro inimaginable que él mismo había causado, pues muchos no habrían estado dispuestos a apoyarlo y exigirían el retiro de los cohetes lo antes posible.

Tampoco pudo nadie saber en la Isla que Fidel Castro le propuso a Nikita Jruschov dar el primer golpe nuclear a EEUU si se producía una invasión con tropas terrestres a Cuba. Y no fue una "bola", pues así lo reveló días después el propio líder soviético en el Kremlin a una delegación gubernamental de Checoslovaquia.

Para concluir este breve repaso de aquella crisis mundial nada mejor que en forma de pregunta: ¿Se imaginaron quienes fueron a las trincheras entonces y aún viven, que 60 años después, en octubre de 2022, sus hijos, nietos, y ellos mismos, estarían sumidos en la pobreza extrema, con "hambre vieja", sin medicinas, con apagones de hasta 12 horas, emulando en nivel de vida con ugandeses, etíopes o sudaneses?

Lo menos que debiera hacer hoy Raúl "El Cruel", a propósito de este aniversario sexagésimo, sería pedir perdón al pueblo cubano por la Crisis de Octubre.

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Tomado de https://www.wsj.com

La crisis de los misiles del Vaticano

(Traducción automática usando Google Translate; para leer el original: hacer click encima de donde fue tomado))

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El enfrentamiento entre Estados Unidos y la Unión Soviética de octubre de 1962 todavía da forma a la política exterior de la Santa Sede.

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Composición fotográfica del Concilio Vaticano II con las fotos de Juan XXIII a la derecha y la de  su sucesor Pablo VI a la izquierda.

Por George Weigel

13 de octubre de 2022

El Papa Juan XXIII inauguró el Concilio Vaticano II el 11 de octubre de 1962. Tres años de trabajo preparatorio sentaron las bases para un desfile extraordinario de cinco horas, cuando 2.500 obispos católicos, cada uno vestido con capa blanca y mitra, entraron en procesión a la basílica del Vaticano. . Se sentaron en gradas tapizadas en gradas que llenaban la vasta nave de San Pedro desde el baldaquino de Bernini sobre el altar mayor hasta el disco de pórfido rojo cerca del nártex en el que el Papa León III coronó a Carlomagno como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.

El cuerpo legislativo más grande en la historia de la humanidad comenzaría su trabajo formal el 13 de octubre, después de un día de reflexión sobre el discurso de apertura del magistrado de Juan XXIII. En ese discurso en latín de 37 minutos, el Papa desafió a la iglesia a sanar las heridas de un mundo que casi se había destruido a sí mismo en dos guerras mundiales, y a hacerlo proclamando a Jesucristo como la respuesta a la búsqueda de la modernidad por un humanismo auténtico.

Al comenzar el evento de mayor trascendencia en 500 años de la historia católica, otro drama histórico captó la atención del mundo. El 14 de octubre, un día después de que los obispos del Vaticano II frustraran los planes de la Curia romana de controlar los comités de trabajo del consejo, un avión espía U-2 de la Fuerza Aérea de los EE. UU. fotografió nuevas instalaciones militares en toda Cuba. Ocho días después, el presidente John F. Kennedy informó al mundo que la Unión Soviética había instalado misiles balísticos de alcance medio e intermedio a 90 millas de la costa estadounidense, armas capaces de devastar Washington, Nueva York y Chicago. El presidente exigió su remoción e impuso una cuarentena naval a Cuba. Durante los siguientes seis días, el mundo estuvo al borde de la guerra nuclear. El 28 de octubre, el líder soviético Nikita Khrushchev, a quien Fidel Castro había instado a lanzar un ataque nuclear preventivo, acordó retirar los misiles de la isla.

Esta sorprendente coincidencia suele pasar desapercibida. Pero tuvo consecuencias duraderas que son evidentes hoy. Si, por ejemplo, uno quiere entender por qué el cardenal Pietro Parolin, el secretario de Estado del Vaticano, se dejó someter a una mentira después de la escandalosa mentira del ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergei Lavrov, sobre la guerra en Ucrania durante su reunión en la Asamblea General de las Naciones Unidas. el mes pasado, los inicios de la respuesta datan de octubre de 1962.

Juan XXIII y los diplomáticos del Vaticano se vieron muy afectados por la crisis de los misiles en Cuba, sobre todo por la amenaza que representaba para el consejo. Entonces, el Vaticano desarrolló un nuevo enfoque hacia Moscú y sus satélites. La iglesia cesó toda condena pública de la persecución comunista. Intensificó las propuestas ecuménicas a la Iglesia Ortodoxa Rusa, aunque su liderazgo estaba estrechamente controlado por la KGB. Y un veterano diplomático del Vaticano, Agostino Casaroli, comenzó a viajar detrás de la Cortina de Hierro, buscando acomodaciones con los regímenes comunistas.

La Ostpolitik de Casaroli, como se denominó esta nueva política, se intensificó bajo el sucesor de Juan XXIII, el Papa Pablo VI. Y mientras a los estudiantes de la Academia Eclesiástica Pontificia, la escuela de posgrado romana para los futuros diplomáticos del Vaticano, se les enseña hoy que la Ostpolitik fue un gran éxito que ayudó a sentar las bases para el colapso no violento del comunismo en Europa Central y Oriental en 1989, esa afirmación es imposible de sostener dada la evidencia documental de los archivos de inteligencia del Pacto de Varsovia.

El clero católico disidente y los activistas católicos de derechos humanos fueron desmoralizados por la Ostpolitik. Algunas jerarquías católicas locales se convirtieron en subsidiarias de facto del Partido Comunista local. Las organizaciones falsamente católicas, aparentemente dedicadas a la paz mundial, se convirtieron en instrumentos de la propaganda soviética. Y aunque la Ostpolitik hizo poco por mejorar la situación de la iglesia perseguida, los servicios de inteligencia del Pacto de Varsovia penetraron tan profundamente en el Vaticano que los diplomáticos y burócratas comunistas sabían exactamente cuál sería la estrategia de negociación de sus interlocutores del Vaticano con respecto a Hungría, Checoslovaquia y Polonia. Al mismo tiempo, los topos y colaboradores del Pacto de Varsovia en Roma difundieron desinformación en el Vaticano II sobre líderes católicos influyentes que los comunistas detestaban, como József Mindszenty de Hungría y Stefan Wyszyński de Polonia.

No fue la Ostpolitik, el hijo desleal de la crisis de los misiles cubanos, lo que empoderó al catolicismo en Europa Central y Oriental para desempeñar un papel importante en la revolución de 1989. Fue la audaz defensa del Papa Juan Pablo II de los derechos humanos y la libertad religiosa. Sin embargo, Ostpolitik 2.0 respalda el enfoque complaciente del Vaticano con los regímenes autoritarios de hoy, como se ve al dar voz al Partido Comunista Chino en el nombramiento de obispos.

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Operación Cobra: La historia desconocida de cómo un oficial de la CIA entrenó a la red de agentes que encontró los misiles soviéticos en Cuba


24 de enero de 2019


El presidente John F. Kennedy, el agente de la CIA Thomas Hewitt, el presidente de Cuba Fidel Castro y el primer ministro de la Unión Soviética Nikita Khrushchev. Pie de foto y créditos en la parte inferior de la página. * (Foto ilustrada: Yahoo Noticias)

La noche del 11 de marzo de 1962, un barco de pesca deportiva se aproximaba a la costa cubana mientras un fuerte viento del sureste azotaba las aguas del Caribe. El Forest Johnson Prowler de casi 30 pies de largo era uno de los barcos de madera disponibles más fuertes y rápidos y su motor era lo suficientemente silencioso como para permitir que los tres miembros de su tripulación se acercaran a una milla de la costa. Aquellos marineros eran algunos de los más experimentados de la pequeña fuerza naval de cubanos expatriados de la CIA, pero ni siquiera ellos pudieron ver los rostros de los dos agentes encapuchados que subieron a bordo por el costado del barco en una canoa de fibra de vidrio de casi 16 pies llena de suministros.

El fuerte oleaje estuvo a punto de dar por concluida la misión de los agentes antes de que empezase, ya que la canoa se volcó tan pronto como subieron y su preciado cargamento de hombres y equipos terminó en el agitado océano. La tripulación se apresuró en recuperar los paquetes, que eran latas impermeabilizadas envueltas en plástico. Con la canoa lista y los equipos recuperados, los dos agentes volvieron a subir y consiguieron mantenerse en equilibrio. Pusieron rumbo hacia la costa y remaron hacia la boca abierta del río San Diego.
La idea de la canoa fue de Tom Hewitt, el oficial a cargo de los agentes en la enorme central de la CIA en Miami, donde esperaba noticias de la misión. Las reglas de la agencia le prohibieron participar en la infiltración del equipo, pero sentía una gran responsabilidad por la pareja, compuesta por un agente principal que había entrenado para dirigir a una red de subagentes y su operador de radio. Dado que regresaban a su país de origen, a partir de ese momento el trabajo de Hewitt consistía en dirigir sus acciones desde la distancia. Hewitt, un veterano que llevaba 10 años en la CIA, había pasado los últimos seis meses enseñándole al agente principal todo lo que sabía sobre cómo dirigir una red de espionaje eficaz, haciendo todo lo posible por mitigar los riesgos sustanciales que el agente tendría que asumir con Fidel Castro en Cuba.

 
(En el artículo no se dice,  pero la persona de esta foto se parece  mucho a Esteban Márquez Novo ¨Plácido¨, quien fue  el gran organizador y Jefe de una de las mayores conspiraciones en contra del Castrismo: el FUO (Frente Unido Occidental) que  se extendía por Pinar del Río, La Habana y Isla de Pinos y tenía 517 integrantes, según el libro 30 años . Historia de la Seguridad del Estado. Las reglas del Juego.  ¨Plácido ¨ fue  localizado por la tiranía Castrista en 1964 por indiscreciones  y la poca experiencia de algunos integrantes de esa red a la hora de reclutar a nuevos agentes  lo cual propició la infiltración  de agentes del Departamento de Seguridad del Estado. Mucha más información sobre el FUO puede leerse en el libro Cuba: Las Garras de los Cuervos Verdes de la expresa política Emelina Núñez Gil, quien una noche estando presa fuera violada a los 16 años por  5 oficiales de la Seguridad del Estado (entre ellos el entonces Capitán Orlando) cuando dicho departamento radicaba en la calle Máximo Gómez donde se ubicaría años después  la Delegación Provincial del Ministerio de la Construcción. ¨Plácido¨ al ser cercado por por las fuerzas del DSE se suicidó pero antes destruyó la documentación que tenía en su poder. Comentario del Bloguista de Baracutey Cubano).

(Emelina Núñez Gil  cuando tenñia 15 ó 16 años)

 La misión del equipo era establecer una red que se pudiera usar para recopilar información y, si fuese necesario, fomentar la contrarrevolución contra el régimen de Castro. Deshacerse de Castro era una gran prioridad para la administración del presidente John F. Kennedy y la CIA. Hewitt sabía que esta era una misión importante, pero no podía imaginar que su equipo pronto desempeñaría un papel vital en la prevención del Armagedón nuclear.

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Cuando los soviéticos introdujeron de forma secreta misiles balísticos de alcance medio e intermedio en Cuba en el verano de 1962, se desencadenó una cadena de eventos que casi llevaron a una guerra nuclear. Se han escrito muchos libros y miles de artículos sobre la crisis de los misiles en Cuba, pero el nombre de Tom Hewitt no aparece en ninguno de ellos. Las fotos de las bases donde se encontraban los misiles que tomó el avión espía U-2 en octubre de ese año casi siempre se presentan como el avance clave de la inteligencia que dio a los Estados Unidos una ventaja inestimable durante el enfrentamiento nuclear. Si buscas en Google “Tom Hewitt, la CIA y la crisis de los misiles cubanos” encontrarás solo una referencia en un libro de uno de sus antiguos jefes de la CIA que menciona su papel en el equipo de “vigilancia vial” durante la guerra secreta de Estados Unidos en Laos, un trabajo que desempeñó después.





 

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