martes, abril 13, 2021

Alberto Roteta Dorado: EL TRIUNFO DEFINITIVO DE GUILLERMO LASSO Y EL ADIÓS AL CORREATO EN ECUADOR.

 

Revista Semana

12 de abril 2021

#ElControl #SemanaTV #NoticiasdeColombia

Guillermo Lasso y su triunfo en Ecuador, “un pueblo que recapacitó”


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EL TRIUNFO DEFINITIVO DE GUILLERMO LASSO Y EL ADIÓS AL CORREATO EN ECUADOR.

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Lasso podrá dormir muy tranquilo porque no intentará fomentar la persecución, ni alentará a la división y polarización política de un país que atraviesa la peor crisis de su historia: una pésima situación económica engrandecida por los terribles estragos de una pandemia incontrolable que ha causado más de 17.000 muertos en los últimos meses. 

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Por Dr. Alberto Roteta Dorado.

12 de abril de 2021

Santa Cruz de Tenerife. España.- ¡Lasso vencedor! Es lo que miles de ecuatorianos exclaman por doquier. Guillermo Lasso, por la alianza de centroderecha CREO-Partido Social Cristiano, merece esta oportunidad. Es la tercera vez que se presenta como candidato a la presidencia de Ecuador, algo que ayer, domingo 11 de abril, logró conseguir al obtener el 52.51% de los sufragios frente al 47.49% de su oponente, Andrés Arauz, representante del Movimiento Unión por la Esperanza (Unes), de tendencia izquierdista y de definida postura procorreísta.   

Vale recordar que este no es su primer triunfo. Hace cuatro años el correísmo le arrebató su victoria, hecho que tal vez muchos no recuerden; pero para los que seguimos muy de cerca el acontecer político de Latinoamérica no nos resulta para nada un lejano acontecimiento, sino una paradigmática muestra de lo que es capaz de hacer la extrema izquierda en sus ansias por mantenerse en el poder. El megafraude de abril de 2017 es imposible sepultarlo en el olvido, algo que el nuevo presidente de la nación andina sabe muy bien, toda vez que lo vivió muy de cerca. Eran los tiempos de Rafael Correa con su proyecto de Revolución Ciudadana. Un puñado de votos escondidos o falseados era poco al lado de tantas trampas e intrigas, de terribles persecuciones, del aislamiento y el ostracismo y de la corrupción al por mayor. 

Pero dejando a un lado las cosas del pasado – aunque un hecho como este es imposible obviar–  analicemos algunos aspectos de interés en relación con las actuales circunstancias que llevaron a Lasso a su merecido triunfo. 

Ecuador se ha mantenido demasiado polarizado. Por un lado los correístas, que no acaban de aceptar que el Socialismo del siglo XXI no es más que un remanente carente de sentido en el ámbito político ecuatoriano, y por otro lado los opositores de la maléfica tendencia izquierdista, cuyo representante máximo durante una década fue el bandido Rafael Correa, actualmente prófugo de la justicia de esta nación. Los enfrentamientos constantes entre estas dos tendencias han estado presentes desde los infaustos tiempos de la llamada Revolución Ciudadana – al estilo de la Revolución Bolivariana Chavista– hasta el presente, y dudo que se puedan disipar en los próximos años. 

La influencia de Rafael Correa con su estilo tan sui generis, mezcla de populismo barato con impregnación de aires de narcisismo y delirio de grandeza, con una fuerte persecución hacia todo lo que se apartara de su controversial versión del socialismo de nuevo tipo, ha sido demasiado fuerte como para poder dejarla a un lado para siempre: la sombra espectral del Socialismo del siglo XXI seguirá entre los ecuatorianos por mucho tiempo. 

No obstante, en la nación andina no todos pudieron ser manipulados y adoctrinados, amén de aquellos que saben y pueden pensar. De ahí que siempre hubo, a diferencia de otros países de la región, un fuerte movimiento opositor que salía a las calles enfrentándose a las drásticas órdenes de Rafael Correa, que incluían la desmedida persecución a los medios de prensa, los secuestros a opositores, y hasta la agresión armada contra comunidades indígenas de la amazonia ecuatoriana. 

Esta oposición que jamás se ha debilitado ha garantizado la victoria de Guillermo Lasso, una victoria épica, como acaba de afirmarse en un prestigioso diario español, y también una victoria para la historia de América Latina, como considera quien redacta este comentario, algo que no hago desde la distancia, toda vez que viví en Ecuador, recorrí todo el país y conocí in situ las peculiaridades de la política de este país.   

Otro punto importante a considerar en un análisis del reciente triunfo de Lasso es el relacionado con la existencia de un balotaje o segunda vuelta electoral para estos comicios. Andrés Arauz, el correísta, fue el vencedor en una primera vuelta, y aunque no me gusta reafirmarlo, he de reconocer que su ventaja fue amplia respecto a Guillermo Lasso, aunque no lo suficiente para poder alzarse con la victoria en primera vuelta. De modo que la existencia de una segunda vuelta, según lo exige la ley ecuatoriana cuando alguno de los candidatos a la presidencia no logra obtener más del 50% de los votos escrutados, contribuyó al debilitamiento de los simpatizantes y defensores del correísmo. 

La gran campaña de Guillermo Lasso, muy bien asesorado, amén de sus excelentes propuestas para su futuro gobierno fueron elementos cruciales que facilitaron su triunfo; mientras que la siempre presente sombra del correísmo en la campaña de Andrés Arauz lo debilitó sobremanera, aún cuando trató de apartarse de esta influencia en su campaña para el balotaje.   

La proximidad porcentual de votos entre Guillermo Lasso y Yaku Pérez, representante de los movimientos indígenas, propició fuertes y contradictorios debates para definir cuál de los dos candidatos a la presidencia – Arauz no admitía discusión por su ventaja sobre sus rivales–  pasaría a la segunda vuelta electoral. Las desatinadas determinaciones del encolerizado Yaku Pérez, aferrado a la idea de un fraude que jamás pudo demostrar, respecto al voto nulo como muestra de la inconformidad por su derrota frente a Lasso, lejos de contribuir a perjudicar a este último, lo beneficiaron. 

Los indígenas, que en el caso de Ecuador constituyen varias comunidades con gran fuerza política, tuvieron la oportunidad de seguir a Pérez con su disparatada idea del voto nulo o pronunciarse a favor de Lasso, aún cuando su líder es su rival. El voto de los indígenas no ha sido en sí por Lasso, sino contra el correísmo, por cuanto siempre definieron su radical distanciamiento con Arauz ante el peligro inminente de lo que representaría para su patria el restablecimiento del Socialismo del siglo XXI. 

Otro elemento a considerar en la victoria de Lasso es lo acertado de su programa de propuesta durante su campaña, según el político Jaime Nebot, muy preciso, certero y aplicable en el orden práctico, esto es, sin divagaciones enajenadas que luego quedarán en el plano ideal. Propuestas de trabajo, como la generación de, al menos, un millón de empleos productivos; la reducción de tasas de intereses mediante el ingreso de la banca internacional al Ecuador; eliminación de impuestos al 2% a las ventas de los pequeños negocios y del impuesto de salida de divisas; así como otras tantas relacionadas con la educación, los servicios sociales, la contratación, la calidad de la enseñanza superior, etc., resultan atractivas para un país que sufre las consecuencias de una gran crisis económica. 

Finalmente, y no por esto de menor importancia, es el apoyo de Jaime Nebot, exalcalde de Guayaquil, la segunda ciudad de importancia del país, después de Quito, quien determinó entrar en alianza junto a CREO (Creando oportunidades) con el Partido Social Cristiano. Nebot, de sobrada reputación en la vida social y política de Ecuador, es un firme anticorreísta que logró sobrevivir en medio de la terrible persecución de la etapa anterior a Lenín Moreno. Su firmeza y su simpatía popular contribuyeron de manera decisiva a la victoria de Lasso, para quien pidió una oportunidad de servir al Ecuador. 

Y es justamente el servicio lo que caracterizará esta nueva etapa presidencial de la nación andina. Según Lasso podrá dormir muy tranquilo porque no intentará fomentar la persecución, ni alentará a la división y polarización política de un país que atraviesa la peor crisis de su historia: una pésima situación económica engrandecida por los terribles estragos de una pandemia incontrolable que ha causado más de 17.000 muertos en los últimos meses.  

Este domingo los 13 millones de ecuatorianos que acudieron a las urnas tuvieron la oportunidad de elegir no solo a Guillermo Lasso o a Andrés Arauz, sino de definir el retorno del Socialismo del siglo XXI impulsado por el correato con su proyecto de Revolución Ciudadana o de impedirlo, al menos por un buen tiempo. 

Por suerte, el 52.51% de los participantes quiso detener la maléfica influencia de las tendencias comunistas en la tierra de Eloy Alfaro, lo que beneficia directamente a Ecuador, y también a Latinoamérica, región donde ha reemergido el “socialismo” en naciones como Argentina, y recientemente en Bolivia.  

Suerte a Guillermo Lasso, amén de una merecida felicitación por el don de la paciencia y por su triunfo definitivo que lo conduce a la presidencia del país. 

¡Esta es su gran oportunidad!   

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martes, junio 09, 2020

El terrible vídeo del exPresidente del Gobierno Español José Luis Zapatero animando a sumir a Estados Unidos en el caos



El terrible vídeo de Zapatero animando a sumir a Estados Unidos en el caos


Por El Retuitero
07 de junio de 2020


Zapatero contra Estados Unidos



La "conspiración" mundial de Soros y del Grupo de Puebla encuentra un hilo conductor en el expresidente español, autor de estas controvertidas y extrañas declaraciones que ahora resucitan.

¿Quién no ha oído que, detrás de todos los grandes conflictos mundiales, está la guerra latente entre Estados Unidos y China? ¿O que el magnate George Soros es la mano que mece la cuna de todo? ¿O qué el llamado Grupo de Puebla/Sao Paulo, de raíces latinoamericanas, se ha convertido en un looby para inducir en el mundo ideas que tienen en España un laboratorio de ensayo prioritario?

Y ahí se citan los (evidentes) lazos de Podemos con Venezuela; la sintonía entre José Luis Rodríguez Zapatero y Nicolás Maduro y episodios, tan bochornosos como faltos de aclaración, como el de Barajas entre el ministro Ábalos y la enviada chavista Delcy Rodríguez.

En todo ello, la figura del expresidente Zapatero aparece, en un papel que nadie aclara del todo pero es bien activo en esos frentes. Y prueba de ello es su presencia en los debates de hace unas semanas del Grupo de la Puebla, antes de que se desataran los dos fenómenos del momento: la epidemia de coronavirus y las tensiones contra Donald Trump en Estados Unidos.

De aquella intervención resurge ahora un vídeo, difundido por la delegación de VOX en Florida y ampliado por su eurodiputado y periodista Hermann Tertsch, ciertamente llamativo. En él se escucha a Zapatero haciendo una clara apuesta por el desequilibrio de Estados Unidos y de su presidente:
¿Qué hace todo un expresidente español defendiendo en público la necesidad de poner a Estados Unidos en una "situación imposible" y animando a China y a la Unión Europea a provocarlo? Ciertamente, es una frase controvertida, con varias explicaciones que él mismo intenta dar, pero ninguna de ellas demasiado edificante. Y claro, ha abierto una caja de Pandora repleta de mensajes inquietantes, en los que se mezclan la crítica con el simple rumor:


Y un tuit más, que termina por cerrar el círculo relacionando ese discurso con lo que ocurre en la propia España. A partir de ahí, que cada uno saque sus propias conclusiones. El Retuitero solo expone lo más candente del momento en las redes sociales:


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domingo, mayo 24, 2020

Carlos Alberto Montaner: El yeyo o soponcio que hubiera tenido Fidel Castro por Cuba, Venezuela y Nicaragua no ser bienvenidas a la “Primera Internacional Progresista” llevada a cabo en este año 2020


Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

Si es verdad que le hubiera dado un mortal soponcio a Fidel Castro,  entonces  me hubiera alegrado que la “Primera Internacional Progresista” la hubieran hecho hace 61 años ...
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El yeyo de Fidel Castro

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Si Fidel llega a saber que Cuba, Venezuela y Nicaragua no eran bienvenidas a la “Primera Internacional Progresista”, le da un “soponcio”, como dicen los españoles. Los cubanos le llaman un “yeyo”.
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Por Carlos Alberto Montaner
23 de mato de 2020

Leo en RT (Russia Today) un largo reportaje sobre la creación de una “Primera Internacional Progresista” para combatir las ideas liberales en los difíciles tiempos del Covid-19. Me envía el link desde Suiza mi amiga Tania Quintero, una exiliada cubana, de familia comunista, que perteneció al Partido en su juventud, pero, como persona inteligente, se desencantó y se pasó a la oposición. Su hijo, Iván García, es el extraordinario corresponsal del Diario las Américas en Cuba. RT es la voz oficiosa de la Rusia de Vladimir Putin. Se trata de un conjunto mediático que Moscú utiliza para tirar la piedra y esconder la mano.

Para entendernos, la “Primera Internacional Progresista” es una amalgama de personalidades e instituciones que suscriben tres supersticiones fundamentales: que el gasto público es magnífico, especialmente lo que llaman “gasto social”, que  deben subirse los impuestos, y que el Estado es un buen gestor de esos ingresos. (Sospecho que Bernie Sanders es el ángel de la guarda de esa formación). Curiosamente, Cuba, Venezuela y Nicaragua no participaron del aquelarre.

Forman parte de ella Evo Morales, Lula da Silva y Rafael Correa (los tres acusados o condenados en sus países por corrupción), junto a otros ex jefes de Estado o de Gobierno, como la brasileña Dilma Rousseff, el colombiano Ernesto Samper, el paraguayo Fernando Lugo, el uruguayo José Mujica, la argentina Cristina Fernández de Kirchner o Rodríguez Zapatero de España.

Junto a esos personajes, casi todos perseguidos o perseguibles de oficio, está el pelotón de los escuderos de esa izquierda gastadora y deshonesta: Celso Amorim, ex canciller brasileño, el filólogo Noam Chomsky, la escritora canadiense Naomi Klein, el abogado Baltasar Garzón, los cineastas Danny Glover, Sean Penn y Oliver Stone, los tres vinculados a Hugo Chávez y a Nicolás Maduro, a los que se agrega, entre otros, casi imperceptiblemente, el actor mexicano Gael García Bernal.

Los convocó y presidió el chileno Marco Enríquez-Ominami, ex diputado socialista, que piensa lanzarse otra vez a la lucha presidencial, pese a que en el 2017 obtuvo menos del 6% de los votos en primera vuelta. Para ello ha creado el Grupo de Puebla. Por ahora no pone demasiados reparos a la democracia liberal que predica la separación de poderes, las libertades civiles, la alternabilidad electoral y el resto de los rasgos de los Estados creados como consecuencia de la Ilustración a partir de 1776, cuando se independizó Estados Unidos (o, si se hila muy fino, desde la “Revolución Gloriosa” de 1688 acaecida en Inglaterra).

El “Grupo de Puebla” es un descendiente directo del “Socialismo del siglo XXI”. Según la doctora Hilda Molina, científica cubana de gran relevancia, hoy exiliada en Argentina, Fidel Castro se enamoró de la denominación y le pidió a Hugo Chávez que adquiriera el nombre para su engendro imperial, pero no las teorías del alemán-mexicano Heinz Dieterich, que al Comandante le parecía un idiota. Finalmente, en el 2005 Chávez mencionó en un discurso el “Socialismo del siglo XXI” y se apoderó de la “marca” política.

Al contrario de la evolución ideológica del siglo XIX, que se fue radicalizando paulatinamente (pasó de la “Liga de los proscritos”, a la de los “Justos”, a la de los “Comunistas”), la de los siglos XX y XXI va perdiendo estridencia en la medida en que el comunismo pierde fuelle como consecuencia de su evidente fracaso. Había que ser un imbécil redomado o un obtuso dogmático para no advertir el contraste entre las dos Alemanias o las dos Coreas.

En 1989, primero se vinieron abajo los regímenes comunistas de “Europa del Este”. Al año siguiente (1990-91) Mijail Gorbachov tiró la toalla y le dio paso a la década de Boris Yeltsin, periodo en que se privatizaron las grandes empresas exportadoras con los amiguetes del poder. Como continuaban vigentes las categorías marxistas, a esos robos los calificaron como la “etapa de acumulación original del capital”.

El 31 de diciembre de 1999, al comenzar el siglo XXI, Vladimir Putin hereda la jefatura del gobierno. Al inicio de su gestión, para hacer evidente que ha dejado atrás su pasado de oficial del KGB, Putin desmantela la base de escuchas telefónicas “Lourdes”, en las afueras de La Habana, sin darles previo aviso a sus anfitriones cubanos, y deja de pagarles los 200 millones de dólares que le abonaba anualmente al ex satélite caribeño.

Fidel Castro tragó en seco. Ya aprenderían los traidores soviéticos el precio de su felonía. En esa época, en el 2005, un año antes de enfermar gravemente, y una década antes de morir, todo lo había dispuesto: poseía el discípulo tonto, rico e insoportable (Hugo Chávez), se disponía a conquistar, primero, América Latina, pero ése sólo era el preludio para el resto del planeta. No en balde, al llegar a la mayoría de edad derogó oficialmente su segundo nombre, Hipólito, y se puso Alejandro.

En noviembre de 2016, cuando Fidel optó por morirse, sentía una gran amargura. Sabía que todo había sido inútil. Chávez se había muerto de cáncer. Fracasaron sus sueños de doblegar al imperialismo yanqui y de demostrarles a los rusos que se habían equivocado. Raúl era un tipo mediocre. Maduro, impuesto por él mismo, no servía para nada. Era un tipo enorme, pero vacío. Si Fidel llega a saber que Cuba, Venezuela y Nicaragua no eran bienvenidas a la “Primera Internacional Progresista”, le da un “soponcio”, como dicen los españoles. Los cubanos le llaman un “yeyo”.

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