miércoles, agosto 21, 2024

Roberto Jesús Quiñones Haces: Las mañas de Chávez y la equivocación de Nicolás Maduro

 Tomado de https://www.cubanet.org

Las mañas de Chávez y la equivocación de Nicolás Maduro 

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Han tenido que transcurrir más de 20 años para que el pueblo venezolano recuperara su esperanza y potenciara su deseo de cambios.

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Por Roberto Jesús Quiñones Haces

Agosto 19, 2024

HARRISONBURG, Estados Unidos. – Este lunes 19 de agosto se cumplen 24 años de que Hugo Chávez Frías fuera juramentado como presidente de Venezuela, hecho que tiene estrecha vinculación con los actuales sucesos en el hermano país.

El 4 de febrero de 1992, Chávez y un grupo de oficiales del Ejército de Venezuela intentaron un golpe de Estado contra el presidente Carlos Andrés Pérez. El país sufría una crisis desde inicios de los años 80 debido al desplome de los precios del petróleo y al aumento progresivo de su deuda pública, hechos que provocaron un paulatino aumento del descontento popular que estalló en 1989 en la rebelión conocida como El Caracazo. 

Esa fue la justificación que enarbolaron Chávez y quienes lo acompañaron para intentar dar un golpe de Estado en 1992. El entonces militar rebelado dio a conocer sus ideas en el libro Cómo salir del laberinto. Si a alguien pudiera parecerle curiosa esta coincidencia con la historia de Fidel Castro, recuerdo que al igual que el cubano, Chávez estuvo poco tiempo en prisión y salió de ella gracias a una amnistía política decretada por el presidente Rafael Caldera a finales de 1994. A partir de entonces se dedicó a estructurar y fortalecer a su Movimiento V República.

Una de sus primeras actividades fue visitar Cuba, donde fue recibido con honores destinados a los jefes de Estado por Fidel Castro, siendo obvio que el dictador cubano, ante la debacle que sufría la Isla luego de la desaparición de la URSS ―y de la cual jamás se ha recuperado― vio al excoronel venezolano como una vía plausible para paliar los efectos de la probada ineficacia de su régimen.

La llegada de Chávez a la presidencia de Venezuela en 1998 y sus posteriores triunfos en comicios y referendos se presentó a los cubanos como éxitos arrolladores demostrativos del deseo de cambio de los venezolanos.

En las elecciones legislativas de noviembre de 1998 el Movimiento V República, liderado por Chávez, obtuvo el 22% de los votos y 35 diputados, lo que permitió al excoronel lanzarse a la lucha por la presidencia de Venezuela.

Cuando el 2 de febrero de 1999 Chávez asumió el poder, prometió cambiar la constitución. Dos meses después convocó a un referendo en el cual preguntó a los venezolanos si querían convocar a una Asamblea Nacional Constituyente. El referendo fue aprobado debido a que el 80% de los votos emitidos respaldó la convocatoria, pero lo que no dijo el castrismo fue que el 63% de los votantes se abstuvo de concurrir al referendo, algo que habría bastado para invalidarlo. Sin embargo, Chávez siguió adelante y un mes después, en diciembre de 1999, realizó el referendo constitucional en el cual el 71% de los votos emitidos se pronunciaban por una nueva Carta Magna. Pero en ese referendo la cifra de votantes que no emitió su opinión fue del 56%. Es decir, solo el 44% de los votantes acudió a las urnas y de ellos, un 71%, se pronunció a favor de una nueva constitución, lo cual demuestra el desgaste político que sufrió Hugo Chávez en menos de dos años de gestión presidencial.

En el año 2000, Chávez convocó a nuevas elecciones presidenciales y, si en 1998 había llegado a la presidencia con el 56,2% de los votos, ahora alcanzaba el 59,7%. Sin embargo, tal y como había ocurrido en los referendos, la participación popular estuvo marcada por el abstencionismo, pues en esas elecciones solo participó el 56% de todos los votantes, cifra alejada cinco puntos porcentuales del 63% que participó en las elecciones de 1998 y cuatro puntos porcentuales del 60% que eligió a Rafael Caldera en 1993.

Fue a partir de entonces cuando el chavismo entendió el coste que podía tener la gestión ejecutiva en las urnas. Por eso se dieron a la tarea de reestructurar el Tribunal Supremo de Justicia y el Consejo Nacional Electoral, colocando en esas instituciones a personas totalmente subordinadas al chavismo. Puede afirmarse sin temor a equivocación que el 19 de agosto del 2000 marcó el fin de la credibilidad institucional en Venezuela.

Han tenido que transcurrir más de 20 años para que el pueblo venezolano recuperara su esperanza y potenciara su deseo de cambios en la estructura política del país, para que asumiera que es él el soberano y que aun dentro de los estrechos marcos en los que el chavismo ha acorralado a la democracia se puede hacer valer su voluntad.

El cínico, escandaloso y extremadamente burdo fraude electoral cometido por Nicolás Maduro el pasado 28 de julio ha recibido una contundente y muy inteligente respuesta por parte de la oposición venezolana. El descrédito político de la dictadura chavista no hace más que crecer ante la opinión pública nacional e internacional, como quedó demostrado en la multitudinaria manifestación realizada en Caracas el pasado sábado 17 de agosto y en las que se realizaron  ese mismo día en varias ciudades de América Latina y Europa en solidaridad con el pueblo venezolano, en reclamo de respeto por el resultado de las elecciones, hechos a los que se han sumado las declaraciones del Centro Carter, la ONU, la OEA y la comunidad europea.

Cuando parecía que una nueva farsa electoral iba a triunfar la oposición venezolana mostró pruebas fehacientes sobre el triunfo de Edmundo González Urrutia, el verdadero nuevo presidente de Venezuela. Lo previeron todo y se prepararon para reclamar ante el mundo el respeto a la voluntad del pueblo. 

María Corina Machado se ha erigido como símbolo de esta nueva Venezuela, una mujer que representa el valor y el patriotismo de todo su pueblo. Ella se ha encargado de recordarnos, como dice la letra de una hermosa canción, que no todo está perdido. María Corina, como todos los venezolanos que han muerto y los miles que están detenidos en lugares desconocidos por reclamar libertad, ha emergido entre tanto dolor y desesperanza como una nueva Manuela Sáenz, aunque ahora no se trata de salvar a un hombre sino a un país entero y, digo más, se trata de salvar a todo un continente de los tenebrosos tentáculos del castro-comunismo.

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VPItv

20 agosto, 2024

Enrique Márquez, acusa de afiliación política a Pdta del TSJ - 20Ago



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HASTA QUE CAIGA LA TIRANÍA 

20 de agosto 2024

JUECES DEL TSJ FILTRARON EL SET DE FILMACIÓN MONTADO JUNTO A ACTAS EN BLANCO



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jueves, junio 06, 2024

UN CASTIGO SIN DELITO. Alfredo M. Cepero sobre la sentencia a Donald Trump en el juicio de New York:

 
Tomado de http://www.lanuevanacion.com/

UN CASTIGO SIN DELITO

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Se le persigue y se le castiga sin haber cometido delito alguno.

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Por Alfredo M. Cepero

Director de La Nueva Nación

www.lanuevanacion.com/index.php

 03 Junio 2024

La condena de Donald Trump me traslada en tiempo y espacio a las satrapías del Oriente Medio y a las dictaduras de América Latina. No se le ha condenado por haber delinquido. Se le ha condenado por el simple hecho de existir. Por el simple hecho de representar una amenaza al poder fraudulento del gobernante de turno. Los padres de la patria americana—que fueron los primeros en crear una democracia para las edades—deben de estar revolviéndose en sus tumbas. Se le persigue y se le castiga sin haber cometido delito alguno.

Donald Trump fue condenado por supuestamente falsificar los archivos de sus negocios para aspirar en la campaña presidencial de 2016. Me pregunto entonces que pintaban la dama de “vida alegre” Stormy Daniels y el diletante irredimible de Michael Cohen en el banquillo de los testigos. Sé que el juez Juan Merchan—un furibundo aliado de Joe Biden y Barack Obama—manipuló a los 12 jurados con instrucciones parcializadas pero nunca identificó con claridad el delito o los delitos cometidos por Donald Trump. No los identificó porque no existían. Por eso no  tuvo otra alternativa que inventarlos.

Después de deliberar durante dos días un jurado de Nueva York lo declaró culpable de 34 acusaciones relacionadas con un pago de $130,000 a la actriz de películas pornográficas Stormy Daniels. La fiscalía argumentó que Daniels había recibido el pago para que no divulgara sus relaciones íntimas con Donald Trump con anterioridad a las elecciones de 2016.

El juez Merchan ha programado la sentencia de Trump para para el 11 de julio a las 10 de la mañana. Ese día el juez decidirá si el castigo del ex presidente incluirá pena de cárcel, multa, probatoria o una combinación de ellas. Por su parte, el abogado de Trump, Todd Blanche, ha dicho que apelará la sentencia tan pronto como le sea posible.

Ahora yo me preguntó: ¿Desde cuándo y en que legislación es un delito sostener relaciones sexuales con una mujer adulta que accede libremente  a ellas y cobra por sus servicios? La única respuesta que se me ocurre es en unos Estados Unidos presididos por un anciano delirante manipulado por un comunista que llegó a la Casa Blanca simulando ser un demócrata y se llama Barack Hussein Obama.  

Aunque se celebró en Nueva York, el juicio ha sido un circo en el pantano pestilente que es la ciudad de Washington. Dicho sea de paso, no pueden haber elementos más similares en las aspiraciones y en la conducta que un político y un artista de circo. Ambos se ganan la vida vendiéndonos la mentira y la fantasía. El mejor ejemplo lo tenemos en quien fuera el alcahueta de Trump que hace alardes de ser abogado y se llama Michael Cohen.

Por otra parte, la tragedia de Donald Trump ha producido resultados inesperados. Republicanos de la “vieja guardia” han cerrado filas para defenderlo. Ese es el caso del veterano Mitch McConnell líder de los republicanos en el Senado, quién nunca ha sido amigo del ex presidente. Uno que si es su amigo y se ha puesto a su lado es el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson.

Algo que sí era de esperar es el aumento de las donaciones a la campaña política de Trump. Los miembros de la campaña de Trump anunciaron en Tweeter que las páginas Win-Red—cuenta donde se depositan las donaciones—habían colapsado. Los americanos de los dos partidos, de todas las filosofías, todos los sexos y todas las razas se unieron a un Donald Trump convertido en víctima. Así es este pueblo: siempre solidario con las víctimas.

¿Piensan los lectores que las cosas son turbulentas en el Capitolio por estos días? Lo son en la actualidad y lo fueron en el pasado. Hace unos días tuvimos la confrontación entre dos gladiadoras irreconciliables de la política actual: la zurda Alexandra Ocasio-Cortés y la conservadora Marjorie Taylor Greene.

Ahora bien, el caso de Donald Trump no es nada nuevo en la política de los Estados Unidos. Desde la fundación de la república la política americana ha sido conflictiva, hasta el extremo de ser desagradable. En el año 1,800 se dijo a los electores que Thomas Jefferson, redactor de la Declaración de Independencia, destruiría al  país y promovería la prostitución, el incesto y el adulterio.

En 1804, un duelo le costó la vida a uno de los más ilustres padres de la patria, Alexander Hamilton. Pero no puso fin a los duelos. Los congresistas  iban al capitolio armados con chuchillos y revólveres. En 1838, el representante, William Graves, de Kentucky, dio muerte al representante, Jonathan Cilley, de Maine. El congreso puso fin a los duelos en 1839, pero la violencia siguió su “agitado curso.” En 1856, Preston “Bully” Brooks, un representante de Carolina del Sur, atacó al Senador por Massachusetts, Charles Sumner, con la punta de oro de su bastón.

En conclusión, Donald Trump es el primer presidente condenado por un delito mayor—felonía en inglés—pero este no es el último capítulo de esta novela. Ese capítulo lo escribirán los votantes americanos cuando lo devuelvan a la Casa Blanca el próximo 5 de noviembre. Entonces—como decía mi abuelo—van a “llover railes de punta”.

6-2-24

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Observen la reacción del público (que no está en un acto o rally electoral)  apoyando a Donald Trump  un par de días después de ser declarado culpable en el juicio de New York

TNT Sports

Donald Trump receives thunderous applause at UFC 302 🇺🇸


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UFC

Sean Strickland Octagon Interview | UFC 302

(ver hasta el final como califica de damn travesty (maldita farsa) lo que le está pasando a Trump)


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Tomado de https://patriademarti.com/

El derecho posmoderno y la persecución política estadounidense

Por Julio M. Shiling *

1 de junio, 2024

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Lavrentiy Beria, el jefe más antiguo de la policía secreta de Joseph Stalin es tristemente célebre por haber afirmado que podía probar la comisión de delitos, incluso entre los hombres más inocentes. El supervisor supremo del sistema penitenciario Gulag de la Unión Soviética y arquitecto clave de la represión política entre 1938 y 1953 se jactó en una ocasión: «Muéstrame al hombre y te mostraré el delito». El fiscal del distrito (DA) de Manhattan, Alvin Bragg, que fue elegido en 2021 para su cargo actual con la promesa de campaña de ir tras Donald Trump, afirmó misión cumplida con el veredicto de culpabilidad en los 34 cargos de delitos graves estatales que su oficina recibió el jueves 30 de mayo. El fiscal financiado por George Soros contó con la ayuda estructural en este ruin esquema legal del Departamento de Justicia de Biden (DOJ), el juez que supervisa el juicio y un grupo judicial geográficamente estratificado que está ideológicamente atrincherado. Washington, Jefferson y Lincoln habrían sido declarados «culpables» en un tribunal autoritario similar.

De los cuatro procesos judiciales contra el favorito del Partido Republicano desde que su candidatura se hizo tácitamente evidente, este es el más descarado. La intromisión desde el púlpito político en las elecciones presidenciales de 2024 para intentar asegurar una victoria del Partido Demócrata se está haciendo a cara descubierta. Los tribunales son uno de los caballos de Troya utilizados para enmascarar su ilegitimidad. La utilización del sistema judicial para silenciar a la oposición e influir en los resultados electorales no es nada nuevo. Los regímenes no democráticos siempre lo han hecho así. Cada persona enviada a los gulags de Rusia, China o Cuba lo fue bajo los auspicios de la «ley». Venezuela, Nicaragua y Bolivia eliminan a los líderes de la oposición mediante acusaciones criminales.

El régimen de Biden-Obama está siguiendo a sabiendas los guiones establecidos y practicados por dictaduras experimentadas, adaptados al modelo estadounidense. El camino de Estados Unidos hacia un régimen no democrático es más accidentado y requiere consideraciones especiales, dadas las complejidades de su sistema federal de gobierno. Por eso, los enclaves acogedores para los socialistas, como Nueva York y Washington D.C. (entre otros), son los lugares legales preferidos para fabricar delitos con los que alcanzar los fines que persiguen. Cuando existe un sistema legal de dos niveles que está predeterminado política e ideológicamente, entonces el imperio de la ley se convierte en un elemento caprichoso de estructura basado en dónde vives o si caes dentro del alcance federal del DOJ de Biden. 

Así es como la izquierda logró esta condena tipo Beria en el «juicio de comprar el silencio» de Nueva York. Todo el procedimiento judicial careció del debido proceso elemental y siguió un patrón de estirar la ley y establecer precedentes más allá del alcance de las normas aceptadas. Verdaderamente, este es el sueño marxista del derecho posmoderno. Los treinta y cuatro cargos se refieren todos a un único hecho: una infracción contable, en el mejor de los casos, relativa a un pago de 130.000 dólares en virtud de un Acuerdo de No Divulgación (NDA) (perfectamente legal) pagado a una actriz de cine porno por servicios sexuales (Stormy Daniels) en una supuesta aventura de una noche que supuestamente ocurrió en 2006. El testigo clave de la acusación era un perjuro convicto (Michael Cohen) que, además, admitió haber robado 60.000 dólares al conglomerado inmobiliario de Trump.

El juez que instruyó el caso, Juan Merchán, fue el facilitador de la acusación. Medularmente atado al Partido Demócrata, Merchán ha hecho donaciones al mismo y a causas anti-Trump. Además, la hija del juez es una empleada totalmente comprometida con el establishment demócrata, que se gana la vida recaudando fondos para candidatos políticos demócratas. El juicio que preside su padre ha generado enormes sumas de dinero, de las que ella se ha beneficiado económicamente. Al trabajar como directora ejecutiva en una firma demócrata de primera categoría que está conectada directamente con Adam Schiff, el Comité Nacional Demócrata, el PAC de la Mayoría Demócrata del Senado, e incluso Biden, el empleo de la hija de Merchan es motivo suficiente para que él se haya recusado por motivos de conflicto de intereses.

Tal vez la entidad más influyente en el equipo acusador fue Matthew Colangelo, el funcionario número tres en el DOJ de Biden, antes de pasar a la oficina del fiscal de Manhattan. Actuando como fiscal principal, Colangelo sentó las bases de las teorías jurídicas inventadas que se exploraron para criminalizar las acciones legales de Trump. Sirvió de puente natural entre Nueva York y la Casa Blanca, es decir, entre la fiscalía de Manhattan y el DOJ. Además, ha sido consultor político a sueldo del Comité Nacional Demócrata. Fundamental para la estrategia de la fiscalía era convertir los cargos contra Trump en un delito grave, ya que las cuestiones de contabilidad son un delito menor.

Colangelo y Bragg introdujeron teorías jurídicas novatas y desconocidas al argumentar que los votantes de Nueva York habían sido «defraudados» en las elecciones de 2016 por las acciones de Trump. Lógicamente, esto situaría la jurisdicción en terreno federal, puesto que la acusación implicaba supuestas violaciones de la financiación de la campaña. Para neutralizar la onerosa tarea de superar los desafíos logísticos que presentaría esta hipótesis judicial, la cooperación del juez presidente sería un requisito previo.  

Para asegurarse de que el resultado sería, en última instancia, el que fue, el juez Merchan impidió efectivamente que testigos clave para el equipo legal de Trump testificaran microgestionando lo que la defensa podía preguntar y lo que el testigo podía responder. Un ejemplo de ello fue el experto en derecho electoral Brad Smith, antiguo miembro de la Comisión Federal Electoral. Este testigo era muy importante para el caso del expresidente. Sin embargo, las draconianas limitaciones de Merchan harían mudo su testimonio. El juez exigió ver previamente por escrito cuál sería el testimonio probable.

El golpe final y fatal al debido proceso y a la posibilidad de que Trump tuviera un juicio justo fueron las instrucciones sin precedentes que Merchan dio a los 12 miembros del jurado. Uno de los sellos distintivos de la jurisprudencia estadounidense en los casos penales es la carga del fiscal de tener que demostrar la culpabilidad más allá de toda duda razonable. En otras palabras, para emitir un veredicto de culpabilidad, el jurado debe estar prácticamente seguro de la culpabilidad del acusado. En este caso, el juez no dejó nada al azar. Un veredicto de culpabilidad requería que los jurados determinaran, por unanimidad, que Trump falsificó registros comerciales con «intención» de defraudar. Además, el pago realizado para comprar el silencio por los supuestos favores sexuales formaba parte de una «conspiración» por «medios ilícitos» para elegir a Trump en 2016.   

Merchan rompió con el protocolo y la tradición judicial y estableció reglas especiales para que el jurado deliberara. El juez de izquierdas permitió que el jurado decidiera libremente por sí mismo, según sus propias normas personales, cuáles eran esos «medios ilícitos». En otras palabras, eran libres de imaginar cualquier camino posible para llegar a la caracterización de «ilícito». Claramente, esta maldición judicial personifica la injusticia y es una burla del Estado de derecho. Teniendo en cuenta la amplia manipulación del juicio a favor del fiscal y el hecho de que el jurado estaba compuesto por uno de los grupos de población más demócratas de Estados Unidos, no cabía esperar un resultado diferente.

La utilización del sistema judicial estadounidense para perseguir, silenciar e impedir que un candidato compita en unas elecciones es un acto de despotismo. La izquierda radical utilizará todos sus recursos para impedir que Trump gane las elecciones de 2024. Cabe señalar, sin embargo, que si el candidato republicano fuera cualquier otra persona no globalista, conservadora y anticomunista, también se enfrentaría a una ira antisistema y antiliberal similar. Los republicanos, los independientes y los demócratas centristas deben darse cuenta de que la República estadounidense está sufriendo una amenaza existencial. Si Dios quiere, Trump debería ganar en noviembre. Se necesitará un valiente curso de justicia restaurativa para devolver la normalidad a los EE. UU. Los responsables de esta toma de poder autoritaria deben rendir cuentas. Todos sabemos quiénes son los sospechosos. Nadie está por encima de la ley. 

© Patria de Martí. Todos los derechos reservados.

* Julio M. Shiling es politólogo, escritor, conferenciante, comentarista y director de los foros políticos y las publicaciones digitales, Patria de Martí y The CubanAmerican Voice y columnista. Tiene una Maestría en Ciencias Políticas de la Universidad Internacional de la Florida (FIU) de Miami, Florida. Es miembro de The American Political Science Association (“La Asociación Estadounidense de Ciencias Políticas”) y el PEN Club de Escritores Cubanos en el Exilio


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lunes, abril 03, 2023

Zoé Valdés: Cuba: 64 años de fraude electoral. En Cuba no hay democracia, como es archi-sabido, y ningún otro partido tiene permitido ser declarado de manera oficial, aparte del Partido Comunista

 Tomado de https://www.eldebate.com

Cuba: 64 años de fraude electoral

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En Cuba no hay democracia, como es archi-sabido, y ningún otro partido tiene permitido ser declarado de manera oficial, aparte del Partido Comunista

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Por Zoé Valdés *

02/04/2023

Recién se havvuelto a celebrar ese paripé que el régimen castro-comunista de La Habana se empecina en llamar «elecciones», burlándose así una y otra vez, durante más de 64 años, de todo un pueblo y, de paso, del mundo. Varias personas se me han acercado para preguntarme qué creo de este esperpento amañado, y yo ya por inercia, reitero lo mismo, tal como responderían los colombianos (en remojo ahora): ¡Qué pereza!

No sé si se advierten que llevo todos los años de mi vida desde que nací en 1959 observando exactamente el mismo proceso cada vez que se inicia el período «electorero» en aquella isla, que es cuando a las autoridades militares de aquel régimen militar comunista se les antoja, de modo que mi copa no sólo se colmó hace rato, sino que llevo una colección de copas colmadas por idénticas razones: la abulia, el aburrimiento.

Nada es lo que parece

En Cuba nada es lo que parece, y lo que parece es absolutamente de una falsedad y desvergüenza insoportables. Cuba ya traspasó hace varias décadas el grado de dictadura para convertirse en tiranía, si vous voyez bien c’est que je veux dire, que en esta ocasión dirían los franceses, y todo, no sólo está absolutamente controlado, sino que además el amarre ha contado invariablemente con la aprobación de Estados Unidos, con la complicidad planetaria, y también habría que añadirle ahora: con el buen hacer de la oposición leal del cambio-fraude.

Cuba es una tiranía, y bajo tiranía NO se vota; fue el argumento que esgrimimos desde el exilio digno y radical en el año 2018, en las supuestas elecciones anteriores. Pero, entonces, la oposición leal recibió la orden del más allá castrista y del más acá norteamericano que había que llamar a votar NO.

Los irredentos del exilio insistimos en que NO se debía ir a votar. Algo bien diferente. Pero, los de la oposición del cambio-fraude, todos socialistas y altamente creyentes en que un socialismo mejor es posible (se atreven a rebautizarlo como «humano»), sobre todo en Cuba, donde ya tuvieron tiempo de hacer cualquier tipo de socialismo y nunca les ha salido más que espanto y horror, volvieron a empeñarse en que se debía ir a las urnas a votar NO. Bien, votaron NO, y nada ocurrió, lo que sabíamos de antemano que iba a suceder. Dediqué un breve capítulo de mi último libro editado en España La intensa vida para comentar los resultados, con sorna, claro.

«Cuba es una democracia de partido único», afirmó hace algunos años la comunista italiana del Partido Demócrata italiano, Federica Mogherini, Alta Representante para Asuntos Extranjeros y Política de Seguridad de la Unión Europea (2014-2019), en la que fue una de sus declaraciones más cínicas y más polémica. Debió acortar la frase: Cuba es… partido único. O mejor: Cuba es una tiranía de partido único, que sería más exacto. Pero ella prosiguió con su cantaleta la que, sepan, muchos aplaudieron. Bueno, aplaudieron los de siempre.

No existe ninguna democracia de partido único. Con lo cual en Cuba no hay democracia, como es archi-sabido, y ningún otro partido tiene permitido ser declarado de manera oficial, aparte del Partido Comunista.

De modo que, en este horizonte, según el medio oficialista Cubadebate, votó el 75, 92 por ciento del padrón electoral, o sea:

• Del total de boletas depositadas en urnas, el 90.28% fueron válidas.

• En blanco fueron un 6.22% del total, y anuladas, un 3.50%

• Del total de los votos válidos emitidos, el 72.10% fueron votos por todos, y el 27.90%, votos selectivos.

El número de candidatos nominados fue de 470 de un sólo partido, el PCC (Partido Comunista Cubano), y de los 470 todos fueron elegidos diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular, máximo órgano legislativo del país, o lo que es lo mismo: dictadura del proletariado bajo tiranía militar comunista. ¿Qué podría salir mal entonces? Me pregunto no sin ironía.

A mi juicio, la única novedad se dio al percatarme de que la oposición leal socialista reclamó en esta ocasión desde dentro y desde el exterior, que no exilio (el exilio hay que saber ganárselo), en lugar de votar NO, entonces que NO se asistiera a las urnas. O sea, lo que ya habíamos pedido en el 2018, y que probamos que tampoco funcionó, no sólo porque ellos mismos se pusieron en contra, sino porque además le ofreció un alto grado de credibilidad y de publicidad a la disfunción electoral de la tiranía, para hacer creer en el mundo que en Cuba existe, pues eso de la Mogherini: una «democracia de partido único».

Esta vez, en marzo del 2023, los radicales exigíamos no mencionar el fraudulento proceso antidemocrático en Cuba, para no brindarle ni siquiera ese beneficio publicitario de credibilidad; pero los «leales» socialistas al parecer fueron ahora autorizados, viendo el poco interés que despierta en el mundo, no sólo lo que sucede en la isla, sino la isla misma, a crear un zumbido publicitario alrededor del «NO Ir a Votar».

De manera que, obviamente ahí tienen los resultados: más de lo mismo. Espumita y de la baja, y la tiranía sigue igual. La vida no, porque no se trata ya de que exista vida tal como la concebimos, sino sólo supervivencia, mínima conservación de los signos vitales.

*Zoé Valdés es escritora y artista cubana e hispano-francesa

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Tomado de https://diariodecuba.com

La prueba del fraude electoral en Cuba en una sencilla operación matemática

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'Es matemáticamente imposible que 12 horas alcanzasen para que 6.164.876 personas votaran en la cantidad de colegios electorales habilitados.'

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Por Rafaela Cruz

La Habana

29 marzo 2023

Imagine que usted es parte del padrón electoral y decidió asistir a las urnas el pasado 26 de marzo. Imagine que al igual que usted, los otros 8.120.071 electores convocados hubiesen decidido también acudir a los 23.648 colegios electorales habilitados para el balotaje.

Ahora, imagine que esos millones de cubanos fueron tan consecuentes que, para optimizar el tiempo de votación, antes de las 7:00AM estaban ya todos en fila frente a cada colegio electoral para, en cuanto este abriese, comenzar a pasar por las mesas electorales uno por uno como mecanismo habilitante antes de pasar a urnas.

 Además, imagine que todos se comportaron disciplinadamente, que no se pusieron a "dar muela" o a saludar y bromear con el vecino que vieron en la cola, o con el que estaba trabajando en la mesa electoral.

Supongamos también que todos llevaban su carné en la mano para ahorrarle tiempo a los oficiales electorales, quienes mantuvieron una concentración perfecta durante las 12 horas que estuvieron trabajando, con lo que, en cuanto recibían la identificación, diligentemente encontraban al votante en el registro electoral. Como última condición, descarte cualquier tipo de error humano o demora de cualquier índole.

En esas circunstancias ideales, para que en cada colegio electoral votasen los 343 electores que de media tenían asignados, se requeriría que durante las 12 horas que duró la actividad cada elector tardara solamente dos minutos en su paso por la mesa… solo dos minutos.

Parece ilógico organizar unas elecciones donde, para que pueda participar el padrón electoral al completo, se necesita un flujo continuo de un votante cada dos minutos durante 12 horas. Esa falta de lógica levanta dudas razonables sobre la cantidad de votantes que en realidad esperaba el organizador, es decir, el Gobierno cubano, que es el único que conoce las cifras reales de asistencia en elecciones pasadas.

Un votante cada dos minutos en cada colegio electoral durante 12 horas no parece una organización que deje el más mínimo margen al error.

Pero ahora veamos bajo esta óptica lo que dice el Gobierno que sucedió el pasado 26 de marzo.

En las 12 horas transcurridas desde las 7:00AM a las 7:00PM de ese domingo, según las autoridades electorales, ejercieron el voto 6.164.876 personas en 23.648 colegios electorales, lo que da un promedio de 261 votantes efectivos por cada centro de balotaje. Traduciendo eso a tiempo tenemos que, durante esas 12 horas, habría habido un flujo ininterrumpido de un votante cada 2,8 minutos en todos los colegios electorales del país.

En otras palabras, según el Gobierno cubano, por cada colegio electoral habilitado estuvo pasando un votante cada 2,8 minutos desde el instante en que abrieron a las 7:00AM y hasta que cerraron a las 7:00PM.

Cualquiera que haya votado en Cuba sabe que 2,8 minutos es muy poco tiempo de media ( ¿media = promedio o media aritmética?. Observación del  bloguista de Baracutey Cubano) para pasar por la mesa electoral. Entre aproximarse, saludar, entregar la identificación, localizar el nombre en unas hojas habitualmente estampadas con viejas impresoras de cinta apenas legibles, despedirse y pasar a votar para que otra persona que está fuera entre y reinicie el proceso, se consumen más de tres minutos por votante, eso asumiendo que todo fue bien y nadie perdió tiempo.

Pero pongamos que sí, que todos los colegios electorales abrieron a su hora, que en ninguno hubo el más mínimo contratiempo, que los oficiales electorales fueron perfectamente diligentes y encontraban el nombre rápido, con lo que sí eran capaces de atender y efectivamente atendieron un elector cada 2,8 minutos durante todo el día… ¿y las colas?

Para que el flujo de votantes fuese constante en todos los colegios electorales del país, necesariamente, tendrían que haber habido colas de personas en las afueras de cada colegio para garantizar esa ininterrumpida votación ¿alguien vio esas colas —repetimos— en todos y cada uno de los colegios electorales del país desde las 7:00AM y hasta las 7:00PM?

Es matemáticamente imposible que 12 horas alcanzasen para que 6.164.876 personas votaran en la cantidad de colegios electorales habilitados, y de haber sido así, habríamos visto colas durante las 12 horas que duró el proceso en cada uno de esos centros. Lo que tienen los números es que cuadran o no, y aquí no cuadran. Esto es fraude.

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Tomado de https://diariodecuba.com/

Observadores independientes denuncian irregularidades en las 'elecciones' cubanas

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Baja asistencia a las urnas, falta de condiciones materiales y represión de fuerzas de seguridad, son algunos de los problemas denunciados por los observadores.

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DDC

La Habana

02 abril 2023 

Tres organizaciones independientes cubanas vinculadas a la observación de procesos electorales, emitieron una declaración conjunta para denunciar una serie de irregularidades detectadas durante las 'elecciones' generales del pasado domingo 26 de marzo.

DIARIO DE CUBA tuvo acceso al documento firmado en La Habana el 31 de marzo de 2023 por Marthadela Tamayo González (Observadores de Derechos Electorales), Zelandia de la Caridad Pérez Abreu (Comisión Cubana de Defensa Electoral), y María Mercedes Benítez Rodríguez (Ciudadanos Observadores de Procesos Electorales).

Dichas organizaciones avalan su criterio en la "amplia experiencia en el monitoreo de elecciones en un contexto sumamente restringido como el cubano". En los últimos 'comicios' convocados por el régimen, estas entidades desplegaron "un operativo para documentar las incidencias más relevantes del proceso".

El 26 de marzo, según esta declaración, se notó que "las mesas electorales estaban constituidas principalmente por autoridades con promedio de edad de 45 a 59 años, indicando la poca participación de jóvenes en esas posiciones".

Las organizaciones observadoras señalaron que "en más de la mitad de los colegios electorales no fue posible identificar la cantidad de electores habilitados para votar. Los observadores reportaron que en los colegios visitados hubo casos en los que estaban los datos, pero que no eran correctos, o que no tenían una letra legible o, incluso, que contenían a electores ajenos a la circunscripción electoral".

"Los electores se tomaron en general entre cinco y seis minutos en las cabinas de votación, indicando posibles dificultades a la hora de efectuar su voto —continúa la declaración—. Los centros no contaban con adecuadas instalaciones que fueran capaces de garantizar la accesibilidad de personas con algún tipo de movilidad reducida. Eso pasó aproximadamente en el 65% de los centros visitados."

El texto llamó la atención sobre la posible emisión de varios votos por una misma persona: "En el 64% de los centros visitados se le permitió votar a personas que no estaban inscritas en el registro electoral. Esto es especialmente preocupante sobre todo porque no hay información sobre el mecanismo para cruzar las listas de electores y garantizar el principio de un elector–un voto. Es decir, que no hay garantías de que las mismas personas no hayan votado en múltiples centros de votación".

En la labor que realizaron, los observadores sufrieron "restricciones a la tarea de monitoreo ciudadano en casi la mitad de los centros observados, incluso, con fuerte presencia de las fuerzas de seguridad, que limitaron el acceso a esos espacios por parte de los observadores".

"También se registraron detenciones a personas que querían participar en la observación electoral —denuncia la declaración—. Incluso se hizo uso de la fuerza contra una observadora, que no solo fue detenida sino también golpeada. Otros casos de presunto uso de la violencia, de amenazas y detenciones arbitrarias están siendo verificados y contrastados por nuestras organizaciones."

Otro aspecto escrutado fue el nivel de participación: "Preliminarmente, el flujo de votantes durante la primera hora observada fue aproximadamente de entre diez y 20 personas por centro de votación. En algunos centros durante la primera hora el número fue incluso más bajo, lo que contrasta con la cifra de participación del 75,92% anunciada".

La extensión del horario de apertura de los colegios electorales también fue cuestionada por estas organizaciones. Estas concluyeron que el por ciento de abstención fue mucho mayor que el anunciado por el Gobierno cubano (25%), y reiteraron que "se ponen a disposición de acompañar a la ciudadanía" durante una eventual auditoría que pudieran realizar al proceso electoral del pasado domingo.

"Estamos listos también para recibir el acompañamiento de organizaciones internacionales expertas, en los límites del respeto a nuestra soberanía", concluí la declaración.

DIARIO DE CUBA comprobó, matemáticamente, que era prácticamente imposible que las cifras de las 'elecciones' ofrecidas por el régimen cubano fuesen reales.

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viernes, febrero 28, 2020

José Daniel Ferrer acusa al régimen cubano de mentir durante su juicio de 13 horas



José Daniel Ferrer acusa al régimen cubano de mentir durante su juicio de 13 horas

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La hermana del opositor relata a ABC cómo se desarrolló el proceso, cuya sentencia conocerá el disidente el 12 de marzo
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José Daniel Ferrer, en una imagen de 2016 - AFP

Por Susana Gaviña
28/02/2020

Desmejorado y «muy delgado», así pudieron ver a José Daniel Ferrer algunos de los testigos que fueron citados para testificar en su juicio, que tuvo lugar el miércoles y que duró algo más de 13 horas, según explicó a ABC la hermana del opositor cubano, Ana Belkis.

Según relata, cinco fueron los testigos citados a declarar en favor de Ferrer, y los otros tres activistas detenidos –Fernando González Vaillant, Roilán Zárraga Ferrer y José Pupo Pacheco–. Entre ellos, se encontraba Ebert Hidalgo Cruz, que el domingo fue detenido junto a su hijo y amenazado por agentes de la Seguridad del Estado con ser encarcelado si declaraba en favor de Ferrer. A pesar de ello, lo hizo ayer, aunque «apenas lo dejaron hablar porque dijo que la esposa de Sergio [el hombre que acusa a Ferrer de haberle retenido y causado lesiones] dio testimonio de que se cayó de una moto y fue presionado por agentes de la Seguridad del Estado para decir que había sido mi hermano», explica Ana Belkis.

A pesar de la duración del juicio, que comenzó a las nueve de la mañana en el Tribunal Municipal de Santiago de Cuba y concluyó pasadas las 10 de la noche, José Daniel «apenas pudo hablar», ya que «no dejaban de interrumpirle». Eso no le impidió, según la información que ha obtenido Ana Belkis de familiares cercanos a Ebert Hidalgo, encararse contra el juez al que recriminó «porque no estaba prestando la debida atención a los testigos y estaba tergiversando lo que declaraban». Cuando tuvo oportunidad, Ferrer también acusó a la dictadura «por mentir, calumniar, asaltar el lugar donde vive y saquearlo constantemente». Y «por torturas y golpizas» que ha sufrido desde que fue detenido el pasado 1 octubre.

Aunque se trataba de un juicio público, ningún observador internacional tuvo acceso para garantizar la transparencia de un proceso lleno de irregularidades –pruebas fabricadas y testimonios falsos–, que el régimen ha sentenciado ya, como demostró un tuit colgado ayer –y posteriormente borrado– por el Ministerio de Justicia de Cuba, En él afirmaba que Ferrer iba a tener «un juicio justo en el cual se le garantizaría su debido proceso, más de lo que tuvo el hombre que secuestró propinándole una severa golpiza. Es un delicuente común, no un preso político».

Sentenciado antes del juicio

Este tuit, acompañado por el hashtag #FerrerPresoPorDelicuente, se enmarca dentro de la campaña de desprestigio que el régimen ha urdido durante los últimos meses en las redes sociales y en medios públicos contra Ferrer, con el fin de desvirtuar la imagen exterior que se tiene del disidente como defensor de los DD.HH. en Cuba. Y condenarlo en el tribunal por un delito común, con el único fin de que la comunidad internacional, que ha reclamado su liberación durante los últimos meses, le dé la espalda.

La sentencia –la Fiscalía pide una pena de 9 años por los delitos de lesiones, privación de libertad y atentado contra Sergio García– será dada a conocer el próximo 12 de marzo a Ferrer, que no podrá comunicársela a su familia, por no tener derecho a llamadas. Está irá a la cárcel el 14 de marzo, cuando les será entregado el documento.
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Noticiero Televisión Martí Feb 28, 2020



Juicio de José Daniel Ferrer y activistas de UNPACU duró más de 13 horas



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