lunes, septiembre 02, 2024

Cuba 1959: Huber Matos, dos décadas de cárcel por su desencanto con la Revolución. Una carta donde renunciaba a su cargo le valió la ira de Fidel Castro y una larga sentencia.

Tomado de https://www.cubanet.org/

Huber Matos, dos décadas de cárcel por su desencanto con la Revolución

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Una carta donde renunciaba a su cargo le valió la ira de Fidel Castro y una larga sentencia.

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Camilo Cienfuegos, Fidel Castro y Huber Matos entran a La Habana, 8 de enero de 1959 (foto: hubermatos.org)

CUBANET

Septiembre 1, 2024

SAN LUIS POTOSÍ, México.- El caso del comandante Huber Matos, condenado por el régimen de Fidel Castro a 20 años de prisión por “actos de sedición y traición” supuso un momento de ruptura de la coalición revolucionaria.

Huber Matos, maestro de escuela del pueblo de Manzanillo, en la otrora provincia de Oriente, fue miembro del Partido Ortodoxo.

Pasó a formar parte del Movimiento 26 de Julio y más tarde se unió al ejército rebelde de Castro en la Sierra Maestra. En las montañas alcanzó el rango de comandante en 1958 y, en enero de 1959, entró a La Habana junto a Castro.

Sin embargo, ese mismo año, en octubre, escribió a Castro una carta personal renunciando a su mando, en la que expresaba su deseo de volver a trabajar como maestro y que estaría motivada, según ha apuntado Roberto Jesús Quiñones, por su preocupación por la creciente influencia de los comunistas en el gobierno revolucionario de  Cuba.

El 11 de enero de 1959, Matos había sido nombrado gobernador militar de la provincia de Camagüey.

(Huber Matos y Camilo Cienfuegos  en un acto político a favor de la Primera Ley de Reforma Agraria en 1959. Todas las fotos fueron añadidas por el Bloguista de Baracutey Cubao)

Pero meses después, habiendo visto que Castro había acusado al presidente Urrutia de acciones que “rayaban” en la traición, poniendo en su lugar a Osvaldo Dorticós, y con los signos de penetración comunista en las fuerzas armadas cubanas, el comandante Matos decidió renunciar. El gobierno que había apoyado no parecía estar en el futuro de Cuba.

Tras la carta de dimisión, Fidel Castro lo tachó públicamente de traidor, el 21 de octubre de 1959 y envió al comandante Camilo Cienfuegos, uno de los líderes más populares de Cuba, a detenerlo.

Castro convocó una reunión del gobierno para discutir el destino de Matos. Raúl Castro y el Che Guevara estaban a favor de la ejecución. Tres ministros clave, Manuel Ray, Faustino Pérez y Felipe Pazos, cuestionaron la versión castrista de los hechos y fueron sustituidos inmediatamente por hombres leales a Castro.

Según los testimonios de Huber Matos, Camilo Cienfuegos se presentó en Camagüey el 21 de octubre “con el rostro desencajado”, para informarle de su arresto. Ese día recibió una llamada de Fidel, y aunque Matos no pudo escuchar lo que este decía, sí la respuesta de Camilo: “Hemos metido la pata. Esto se debió haber manejado de otra manera. (…) Tú dirás lo que quieras, pero esto que se ha hecho es una metedura de pata”.

Una semana después, cuando debía regresar a La Habana, Cienfuegos desapareció. El 28 de octubre, presuntamente salió del aeropuerto de Camagüey a las seis de la tarde, en un Cessna 310 C, acompañado solo por el piloto y un ayudante. Debía llegar a la capital dos horas y media después, pero esto nunca ocurrió.

El dictador Castro, evitando convertir a Matos en un mártir, decidió no ya someterlo al paredón, sino, en cambio, condenarlo a la cárcel.

El 11 de diciembre de 1959 comenzó el juicio del comandante y duró cinco días, después de los cuales fue condenado a 20 años de prisión, una sentencia que cumplió en su mayoría en la Isla de Pinos.

(Huber Matos cuando era conducido preso junto a otros oficiales)

Matos salió de la cárcel el 21 de octubre de 1979 después de haber cumplido todos y cada uno de los días de su sentencia y se reunió con su familia en el exilio. Falleció en 2014 en Miami, tras su sufrir un ataque al corazón, a sus 95 años.

Conversando con Hubert Matos - Sobre Camilo Cienfuegos 
En dos de los videos  hacer click en la pantalla negra donde se lee  Watch on Youtube

(Parte I)


(Parte II)


(Parte III)



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Para oir el último discurso de Camilo Cienfurgo  hacer click AQUÍ
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Carta de Huber Matos  a Fidel Castro (19 de octubre de 1959)

Camagüey, octubre 19 de 1959
Dr. Fidel Castro Ruz Primer ministro
La Habana

Compañero Fidel:

En el día de hoy he enviado al jefe del Estado Mayor, por conducto reglamentario, un radiograma interesando mi licenciamiento del Ejército Rebelde. Por estar seguro que este asunto será elevado a ti para su solución y por estimar que es mi deber informarte de las razones que he tenido para solicitar mi baja del ejército, paso a exponerte las siguientes conclusiones:

Primera: no deseo convertirme en obstáculo de la Revolución y creo que teniendo que escoger entre adaptarme o arrinconarme para no hacer daño, lo honrado y lo revolucionario es irse.

Segunda: por un elemental pudor debo renunciar a toda responsabilidad dentro de las filas de la Revolución, después de conocer algunos comentarios tuyos de la conversación que tuviste con los compañeros Agramonte y Fernández Vila. Coordinadores Provinciales de Camagüey y La Habana, respectivamente: si bien en esta conversación no mencionaste mi nombre, me tuviste presente. Creo igualmente que después de la sustitución de Duque y de otros cambios más, todo el que haya tenido la franqueza de hablar contigo del problema comunista debe irse antes de que lo quiten.

Tercera: sólo concibo el triunfo de la Revolución contando con un pueblo unido, dispuesto a soportar los mayores sacrificios... porque vienen mil dificultades económicas y políticas..., y ese pueblo unido y combativo no se logra ni se sostiene si no es a base de un programa que satisfaga parejamente sus intereses y sentimientos, y de una dirigencia que capte la problemática cubana en su justa dimensión y no como cuestión de tendencia ni lucha de grupos.

Si se quiere que la Revolución triunfe, dígase adonde vamos y cómo vamos, óiganse menos los chismes y las intrigas, y no se tache de reaccionario ni de conjurado al que con criterio honrado plantee estas cosas. Por otro lado, recurrir a la insinuación para dejar en entredicho a figuras limpias y desinteresadas que no aparecieron en escena el primero de enero, sino que estuvieron presentes en la hora del sacrificio y están responsabilizados en esta obra por puro idealismo, es además de una deslealtad, una injusticia, y es bueno recordar que los grandes hombres comienzan a declinar cuando dejan de ser justos.

Quiero aclararte que nada de esto lleva el propósito de herirte, ni de herir a otras personas: digo lo que siento y lo que pienso con el derecho que me asiste en mi condición de cubano sacrificado por una Cuba mejor. Porque aunque tú silencies mi nombre cuando hablas de los que han luchado y luchan junto a ti, lo cierto es que he hecho por Cuba todo lo que he podido ahora y siempre. Yo no organicé la expedición de Cieneguilla, que fue tan útil en la resistencia de la ofensiva de primavera para que tú me lo agradecieras, sino por defender los derechos de mi pueblo, y estoy muy contento de haber cumplido la misión que me encomendaste al frente de una de las columnas del Ejército Rebelde que más combates libró. Como estoy muy contento de haber organizado una provincia tal como me mandaste. Creo que he trabajado bastante y esto me satisface porque independientemente del respeto conquistado en los que me han visto de cerca, los hombres que saben dedicar su esfuerzo en la consecución del bien colectivo, disfrutan de la fatiga que proporciona el estar consagrado al servicio del interés común. Y esta obra que he enumerado no es mía en particular, sino producto del esfuerzo de unos cuantos que, como yo, han sabido cumplir con su deber. Pues bien, si después de todo esto se me tiene por un ambicioso o se insinúa que estoy conspirando, hay razones para irse, si no para lamentarse de no haber sido uno de los tantos compañeros que cayeron en el esfuerzo.

También quiero que entiendas que esta determinación, por meditada, es irrevocable, por lo que te pido no como el comandante Huber Matos, sino sencillamente como uno cualquiera de tus compañeros de la Sierra —¿te acuerdas? De los que salían dispuestos a morir cumpliendo tus órdenes—, que accedas a mi solicitud cuanto antes, permitiéndome regresar a mi casa en condición de civil sin que mis hijos tengan que enterarse después, en la calle, que su padre es un desertor o un traidor.

Deseándote todo género de éxitos para ti en tus proyectos y afanes revolucionarios, y para la patria —agonía y deber de todos— queda como siempre tu compañero,

Huber Matos


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sábado, enero 13, 2024

Vicente Morín Aguado desde Cuba sobre el pago de haberes al Ejército Libertador cubano, tema abordado con anterioridad y más profundamente en el libro titulado La Historia de Cuba que te ocultaron y otros temas

 Nota del Bloguista de Baracutey Cubano 

Es importante resaltar que  en el licenciamiento del Ejército LIbertador  (no confundir con el pago de los haberes del Ejército Libertador) las armas entregadas  a cambio de los 75 dólares siempre estuvieron bajo almacenamiento y control de armeros  nombrados por el General en Jefe del Ejército Libertador con el compromiso, en caso necesario,  de ser retomadas nuevamente. ES DECIR: las fuerzas norteamericanas no ocuparon las armas del Ejército LIbertador. 

Al pago por el licenciamiento a los miembros del Ejército Libertador, le siguió, siendo ya Presidente Don Tomás Estrada Palma, el pago de los haberes o salarios por haber participado en la guerra de Independencia. Años después se instituyó, durante el gobierno de Mario García Menocal y Deop, la pensión de por vida de veterano de la  Guerra de Independencia.

A continuación las reglas para el Licenciamiento del Ejército LIbertador, las cuales fueron tomadas del tomo II del libro  Documentos para la historia de Cuba, de la Dra. Hortensia Pichardo.





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El pago de haberes al Ejército Libertador cubano

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Una página soslayada de la historia

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(Fotos añadidas al artículo original por el Bloguista de Baracutey Cubano)

Por Vicente Morín Aguado

La Habana

12/01/2024 6:39 pm

El sistema de enseñanza en Cuba ha inculcado a través de décadas el hecho cierto de que el Ejército Libertador fue licenciado en 1899, a instancias del gobierno interventor norteamericano, pagándole a cada integrante 75 dólares.

Los llamados mambises cubanos recibieron mucho más que 75 dólares, por lo que la mencionada cifra es solo una verdad a medias, en extremo perniciosa, puesto que lo cierto favorece el ocultamiento de hechos que intencionalmente escapan al conocimiento de la mayoría, deformando la opinión pública sobre un momento crucial de nuestra historia, convirtiéndose en un asunto político.

La generalidad de nuestra historiografía reconoce que el Ejército Libertador estaba en una situación extrema de desamparo al terminar la guerra e iniciarse la ocupación militar norteamericana, el 1ro de enero de 1899. Su razón de existir había cesado, mientras que, en un país devastado por años de guerra total, obtener recursos por cuenta propia para mantener en pie a tantos hombres armados era imposible.

El historiador Torres Cuevas ha descrito la situación, citando a un soldado mambí:

“Yo, que he servido a mi país, que todo lo he sacrificado, no puedo ni siquiera tener a mi lado a mi familia por carecer de recursos para ello. No puedo emprender ningún negocio ni reconstruir mi finca por carecer de recursos…” (Cubadebate, Los días en que se nublaron los sueños… Julio de 2023)

La jefatura militar cubana se debatía entre un préstamo mayor para pagar debidamente a la tropa al licenciarla o aceptar un donativo menor de 3 millones de dólares, ofrecido por el presidente McKinley.

Resumiendo acertadamente el problema, sigue explicando el también Dr. en Ciencias Históricas, Académico y miembro del Consejo de Estado:

“Algunos especulaban con un suculento préstamo de Estados Unidos, lo que endeudaría a la república antes de nacer. Lo cierto es que parte de los miembros de las fuerzas libertadoras abandonaban sus filas por creer que, con el fin de la guerra, se había terminado su deber patriótico; otros, por la perentoria necesidad de ocuparse de sus familias hambrientas y desarrapadas.”

El Libro de texto vigente para la enseñanza media general en Cuba, elaborado bajo la tutoría del Dr. Torres Cuevas, ofrece a los alumnos esta conclusión:

“Los norteamericanos conveniaron con Gómez la entrega del donativo y el licenciamiento del Ejército Libertador. La revolución quedó acéfala.” (Historia de Cuba, Tomo II, año 2016. Texto firmado por la Dra. Francisca López Civeira)

Las últimas palabras, sobre qué se entendía en 1899 por revolución y su condición de descabezada, ha sido tema abordado en anteriores artículos de quien escribe, publicados en esta web. Nos limitamos a confirmar que los 3 millones, repartidos entre la totalidad de miembros del Ejército Libertador, arrojaron la consabida cifra histórica de 75 dólares por cabeza.

La verdad silenciada vino a continuación. Los cubanos no se conformaron con la cantidad recibida. Una vez establecido el gobierno nacional, su presidente, Tomás Estrada Palma, decidió gestionar y aceptar el referido préstamo bancario, nombrando una comisión presidida por el propio Máximo Gómez, antes opuesto a legarle una deuda al estado independiente próximo a proclamarse, encargado ahora de ejecutar lo que se llamó Pago de Haberes al Ejército Libertador.

Hemos utilizado como fuente principal de cuanto sigue el valioso estudio firmado por Elizabeth López Mir, titulado EL EJÉRCITO LIBERTADOR CUBANO: NI TAN POBRES, NI TAN OLVIDADOS. SU LICENCIAMIENTO Y PAGO DE HABERES ENTRE 1899 Y 1903. (Ver Trocadero, nº 32 (2020), e-ISSN 2445-267X, pp. 135-151. PDF Copiado de la internet)

Un préstamo de 35 millones de dólares fue conveniado con la casa Speyer & Co, pagadero con el 10 % de las rentas de la aduana de la república durante 10 años, convenio que fue cumplido integralmente.

Tomando como base un cuadro estadístico publicado por el historiador Jorge Ibarra, tenemos que esta vez, al paso de 4 años desde los mínimos 75 dólares, los soldados en número de 41492, recibieron como promedio 231 dólares oro, en tanto otros 4 mil militares, desde clases hasta generales, obtuvieron entre 1063 y 12 mil dólares promedio, aunque las cifras individuales difieren al consultar los registros que escrupulosamente se crearon, bajo la firma del Mayor General Carlos Roloff, contador jefe del cuerpo armado antes licenciado.

Por ejemplo, López Mir reproduce un cuadro elaborado al consultar los pagos efectuados al 2do Cuerpo de Ejército, radicado en la zona oriental, cuya cabecera era la ciudad de Holguín. Algunas sumas fueron:

Cuatro mayores generales, $1.7941.66 cada uno. —35 coroneles, $8.416,26 por persona. En igual condición, 128 Comandantes $4.736,97 y 228 tenientes $2.399,05.

La magnitud real de estos ingresos se valora al considerar algunas referencias de precios y salarios, tomadas de fuentes confiables, para los años iniciales del siglo XX.

En Cuba, un tabaquero experto ganaba 3 dólares al día, en tanto los obreros simples eran pagados como promedio a un dólar la jornada.

Consultando información de Estados Unidos para igual fecha, el sitio web FRASER, derivado de Discovery Economic History, cuya fuente es la Federal Reserve, arroja un salario medio semanal para trabajadores de poca calificación en la costa atlántica, entre 10 y 12 dólares a la semana.

De especial interés para Cuba, la caballería de tierra (1 Ca = 33 acres), oscilaba entonces entre 75 y 150 dólares según lugar y calidad relativa del terreno.

Las consecuencias directas del pago de haberes, soslayado de nuestras aulas, medios de comunicación y hasta de los discursos políticos, es que unos 4 mil militares del ejército libertador dispusieron de inmediato, en 1903, del dinero suficiente para convertirse en propietarios inmuebles, iniciar negocios de una magnitud considerable, en tanto los soldados ganaron en un día el salario de medio año laboral como mínimo, equivalente a un obrero simple de la época.

Ninguna cantidad de dinero es comparable al sacrificio patriótico de un soldado, sin importar su grado militar, considerando además que la mayoría de ellos ascendieron por méritos alcanzados en el campo de batalla, sobreviviendo a una larga contienda frente a un enemigo implacable que le superaba ampliamente en número y armamentos.

Pero los hechos son testarudos. La profesora Elizabeth antes citada, nos ofrece este caso:

“Un ejemplo de ellos fue el Teniente Coronel Francisco Franco Ortiz, de Banes, quien era negro y analfabeto, pero pudo comprar haciendas y ejercer dentro del comercio en la zona, convirtiéndose de esta forma en un hombre acaudalado gracias a los $7.970,66 que recibió.”

La consecuencia directa del pago de haberes al ejército libertador fue el surgimiento del caciquismo, una suerte de jefes locales dominantes en la política nacional, posicionados como propietarios a partir del dinero recibido en un momento excepcional de la historia. Las figuras prominentes de entre tales engendros políticos acapararon los cargos públicos hasta el congreso y la presidencia nacionales.

Aquel montón de dólares oro actuó en combinación con las penurias de un país asolado por la guerra, donde la democracia era un recién nacido tras cuatro siglos de monarquía despótica aplicada a una colonia. Los caciques contaron además con las ventajas inherentes al prestigio de su biografía independista y su autoridad militar, aceptada por los subalternos.

No hay dudas de que para los inversionistas extranjeros que acudieron en masa sobre terreno fértil a bajo precio, mayoría norteamericanos, los nuevos jefes serían el mejor instrumento para asegurar en cada sitio la eficacia de los negocios.

El resultado del caciquismo quedó expresado en la república que fue modelándose bajo tales presupuestos, tutelada por la conocida Enmienda Platt, cuyo artículo tercero se acostumbraron a invocar en sus disputas internas los líderes políticos cubanos, aun cuando desde Washington se manifestara, particularmente en el caso cubano, la voluntad reiterada de evitar la intervención refrendada en la tristemente célebre enmienda.

Carlos Loveira retrató aquel estado de cosas al publicar en 1920 una novela antológica de la literatura cubana: Generales y Doctores.

© cubaencuentro.com

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Nota de Pedro Pablo Arencibia, Bloguista de Baracutey Cubano.para profundizar un poco más sobre el licenciamiento del Ejército LIbertador y el pago de los haberes  de aquellos que participaron en la Guerra de Independencia:

Del parágrafo 3.25, el cual comienza en la página 121 de mi libro La Historia de Cuba que te ocultaron  y otros temas, tomé SOLAMENTE algunas páginas. 

En la última de esas páginas se muestra  que  en ese parágrafo consulté, y posteriormente cité en varias ocasiones en dicho parágrafo, el relevante artículo de la Dra Elizabeth López Mir..


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Otra nota del Bloguista de Baracutey Cubano pero ahora sobre la Enmienda Platt

ENMIENDA PLATT Y REPÚBLICA

(Fragmento)

Sabiduría vs imposición

La República nació con su independencia y soberanía limitadas en cuanto a principios se refiere; eso es un hecho innegable en nuestra historia. Los cubanos más preclaros se decidieron por la opción de aceptar por el momento la mencionada enmienda ante la alternativa de la ocupación indefinida de Cuba por las tropas norteamericanas y que la misma pudiera desencadenar una inútil guerra de guerrillas contra el Gobierno Interventor norteamericano que destruyera, más aun, al ya devastado país. El Mayor General Calixto García después de concluida la Guerra Hispano Cubana Norteamericana había dicho:

"Yo creo que los Estados Unidos no faltarán a su palabra empeñada; pero si así fuera siempre habría tiempo para morir, ya que no para vencer" ( Rodríguez, 44 y 45)

La sabia estrategia planteada desde los mismos inicios de la República por Don Juan Gualberto Gómez, y otros patriotas, y que está expuesta en las siguientes palabras, demostró ser la más adecuada para la joven república.

"Declaración solemne del propósito de que mientras ese tratado esté vigente, será escrupulosa y lealmente observado por el pueblo cubano y por su gobierno; sin perjuicio de que el Gobierno de la República de Cuba aproveche cualquier oportunidad favorable que pueda presentarse en el porvenir para influir cerca del Gobierno de los Estados Unidos, a fin de obtener por mutuo acuerdo, la modificación de aquellas cláusulas del Tratado en que el pueblo cubano encuentra limitada su independencia y mermada su soberanía." (Ibarra, 245)

Los contenidos más lesivos de la Enmienda Platt en contra de la plena soberanía cubana fueron abrogados en 1934.

Balance controversial de la Enmienda Platt

El balance de la Enmienda Platt es muy controversial. Considero que sus consecuencias deben analizarse desde al menos dos perspectivas o ángulos diferentes. Una primera perspectiva nos dice que la mencionada enmienda:

1)
 Propició el aumento significativo de las inversiones extranjeras en un país totalmente destruido necesitado de las mismas. La mencionada enmienda garantizaba, en cierto medida, el ambiente de paz necesario para el desarrollo de las inversiones en el país.

2) Contribuyó grandemente para que no sucedieran en Cuba, largas y sangrientas guerras fratricidas similares a la ocurrida durante y después de la independencia en muchas repúblicas hispanoamericanas y en Haití, o como la ocurrida en los propios Estados Unidos con la guerra de Secesión.

3) Limitó significativamente la posibilidad de una agresión extracontinental por parte de las potencias europeas como la efectuada por Alemania, con la ayuda de Inglaterra, a Venezuela en 1901 mediante los bombardeos a La Guaira, Maracaibo y Puerto Cabello, por ésta no pagar las deudas adquiridas con un poderoso consorcio alemán. Anteriormente, en 1897, la marina alemana ya había realizado demostraciones de fuerza en Haití.

Una segunda perspectiva de la Enmienda Platt nos dice que:

1) 
Limitó en cierta medida, en cuanto a principios se refiere, la soberanía de Cuba, otorgándole a la república desde un punto de vista formal, una independencia restringida.

2) Creó una mentalidad de Patronato en ciertos segmentos del pueblo cubano mediante la cual, se esperaba que los norteamericanos fueran los que resolvieran nuestros problemas políticos. En otros segmentos de la población cubana, creó o acentuó un sentimiento nacionalista antinorteamericano.

La enmienda Platt nos privó de gozar de una independencia y soberanía total, pero también nos evitó grandes desastres y sufrimientos.

Manuel Sanguily como Ministro de Estado (responsabilidad que corresponde a la de Canciller o Ministro de Relaciones Exteriores en nuestros días) del gobierno de José Miguel Gómez, en su discurso en el teatro Polyteama, a poco más de una década de la imposición de la Enmienda Platt, expresó:

"Mantendrá el Gobierno las relaciones más cordiales en el orden diplomático y de los negocios, con las naciones amigas entre nosotros dignamente representadas, y sobre todo cultivará los grandes y vitales intereses que en franca y afectuosa correspondencia nos ligan a los Estados Unidos, no ya solo en consideración a las ventajas que deriva de ellos nuestra economía, sino por los incomparables servicios que el pueblo y el Gobierno americanos han prestado a la causa de la justicia, de la civilización y de nuestra nacional soberanía.
Y no os sorprenda esta sincera manifestación de quien siempre ha vivido inquieto y receloso en el temor de los grandes y los fuertes. Dos veces -una, por la ceguedad de nuestra vieja y orgullosa Metrópoli; otra por la ceguedad de enconos fratricidas-, vinieron aquí los americanos traídos por su fortuna o llamados por nuestras discordias, y siempre se retiraron de nuestro territorio, haciéndonos el doble beneficio de construir dos veces la república, y dejándonos en el corazón atribulado, desengaños y escarmientos; más en ambas ocasiones, motivos superiores de admiración y de gratitud por esa magnánima conducta que jamás en la historia habían observado los pueblos fuertes y triunfantes con los débiles, conturbados y decaídos" (
Ibarra, 312)

He escogido esas palabras de Manuel Sanguily en el teatro Polyteama, y no las de otro cualquier patriota o ciudadano, por la posición vertical que siempre mantuvo Sanguily en su quehacer político:

Sanguily se opuso en un primer momento, como ya expresamos, a la imposición de la Enmienda Platt. Posteriormente, y ya en la República como miembro del Senado cubano, se opuso a la venta de tierras cubanas a capital norteamericano. En ese cargo de Secretario de Estado del Gobierno de José Miguel Gómez, se opuso de palabra y de hecho a la injerencia norteamericana en Méjico cuando el derrocamiento del presidente Francisco I. Madero y su sustitución por Victoriano Huerta, actitud que suscitó desavenencias con el gobierno norteamericano. Sanguily fue en su momento, él más fuerte y decidido opositor en el Senado cubano a la aprobación en 1903 del Tratado de Reciprocidad Comercial con los Estados Unidos (TRC). La verticalidad de Sanguily llegó hasta el punto de acusar públicamente de corrupto al gobierno de José Miguel Gómez (1909-1913), pese a pertenecer a su gabinete como Secretario de Estado.

El fundamento de la preocupación norteamericana por nuestra estabilidad republicana iba desde los más excelsos y enaltecedores sentimientos humanos de solidaridad, hasta la más fría y calculada preocupación por sus inversiones económicas y su seguridad nacional. En ese amplio espectro, es donde debemos situar los móviles que tuvieron las numerosas personalidades norteamericanas que intervinieron en la confección, aprobación y aplicación de la Enmienda Platt.



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sábado, octubre 21, 2023

Video sobre la carta del Comandante Huber Matos a Fidel Castro donde le explica las razones de su petición de baja del Ejército Rebelde que motivó su posterior arresto por mandato de Fidel Castro Ruz y sufrir una dura prisión durante 20 años

Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

El Comandante Huber Matos  no era un Comandante más: 

  • En la lucha contra el gobierno del Presidente Fulgencio Batista estuvo al frente de una de las pocas columnas  del Ejército Rebelde.
  • En la llamada Caravana de la LIbertad  estaba en el transporte al lado de Fidel Castro y Camilo Cienfuegos 
  • Después del también mal llamado triunfo de la Revolución, fue el jefe militar de una de ls 6 provincias que tenía Cuba en aquel entonces: Camagüey.

Al Comandante Huber Matos Benítez se le asocia merecidamente con los  fusilamientos en la provincia de  Camagüey.

Wenceslao Cruz

Feb 27, 2014

Conversatorio con el comandante Huber Matos organizado por el InterAmerican Institute for Democracy el 2 de septiembre de 2010. Fragmentos del coloquio donde el Dr Virgilio Beato le pregunta a Huber Matos sobre la ideología de Fidel Castro. También Matos habló sobre Venezuela, dió consejos a la administración de Obama y relató anécdotas y experiencias que tuvo junto a Fidel Castro, "Che" Guevara, Camilo Cienfuegos y otros guerrilleros.

Conversando con Huber Matos - ¿Fue o es Fidel Castro comunista?


Antes de participar  en hechos tan relevantes para nuestras vidas, hay que primero informarse; en  su Manzanillo , cuna de muchos comunistas, le hubieran informado a Huber Matos quienes  eran Osvaldo Sánchez Cabrera  y Ñico López, este último asaltante  al cuartel de Bayamo el 26 de julio de 1953 y sobre la disciplina dentro de los partidos comunistas.

En el artículo 26 de julio de 1953: Memoria histórica de un hecho publicado en el diario Granma (Órgano Oficial del Comité Central del  PCC), se lee  lo siguiente: 

Fidel con Ñico López, Abel Santamaría y José Luis Tassende en la Finca Santa Elena, en Los Palos, donde hacían prácticas de tiro antes de ir al asalto al Cuartel Moncada. En cuclillas de izquierda a derecha: Ernesto Tizol y Billy Gascón. Esta histórica foto se encuentra en el museo Casa Abel Santamaría de La Habana. Foto: Archivo

 

En mi libro La Historia de Cuba que te ocultaron y otros temas se muestra como en Cuba  ya se hace pública  la conexión entre Fidel Castro con los comunistas  antes de la partida del yate Granma hacia Cuba. La reunión de Fidel Castro  con Flavio Bravo  de la que se habla en el siguiente fragmento de mi libro  se llevó a cabo el 10 de noviembre de 1956.


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Fragmento de: Zoé Valdés entrevista a Huber Matos: “Fidel es un matón y Raúl un radical que mata de noche”


Tomado de http://comandantehubermatos.blogspot.com

ZV: -Hace un tiempo lo entrevisté en su casa y me hizo una descripción de Raúl Castro como un tipo muy miedoso frente a su hermano Castro I, ¿podría repetirme la descripción que hizo? Y quizá contar algunas anécdotas, recuerdo una en particular en la que Castro I lo avergonzaba delante de otros compañeros…

HM: -En un encuentro a fines del marzo del 59 en el edificio del Tribunal de Cuentas Fidel reunió el pleno de la revolución.   Allí estaban los dirigentes del 26 de julio, los comandantes principales,  los ministros y algunas personalidades más. Éramos como cincuenta personas.

Fidel era el único orador y habló como tres o cuatro horas sin concretar nada. Entonces empezó a criticar a Raúl Castro como Ministro de las Fuerza Armadas porque había demorado el traslado de los cuarteles al campo.  Raúl trató de justificar la demora y entonces lo mandó a callar con malas palabras.  Raúl  trató de defenderse y lo aplastó con insultos. Raúl salió llorando a lágrima viva por la humillación, iba llorando con la cabeza baja.

Yo me di cuenta que aquello era muy serio.  Allí estaba toda la dirigencia revolucionaria.  Me puse de pie y dije “nosotros en la Sierra éramos una sola voluntad, ahora que estamos con la responsabilidades del poder esto nos obliga a actuar de forma que sigamos siendo una sola voluntad.”

Fidel se quedó como un minuto en silencio.  Entonces dijo “continuemos”.

Carlos Franqui estaba allí y cuando yo estaba preso se atribuyó la aclaración, pero cuando salí de prisión me dijo “Huber había que contar lo que pasó y yo no creí que sobrevivirías.  Espero que me entiendas y me perdones”.  Por supuesto que lo entendí.

En realidad Fidel aprovechó la ocasión para aplastar a Raúl y que todo el mundo le cogiera miedo.

Cuando terminó la reunión, Fidel me llamó y  me dijo “Huber, voy a hacer un recorrido por Latinoamérica, confío en tí, vigílame a Raúl”.  Era otra forma de hacerme creer que yo era importante, pero ese juego no iba conmigo.

En cuanto al temor de Raúl, eso era conocido. Raúl tenía fama de cobarde entre todos sus oficiales.  Raúl nunca iba a un combate. Una vez cuando le dijeron que venía el Ejercito le dijo a su chofer (Maro): “Óye, vámonos de aquí, arriba, vámonos”.  Maro contaba que como a la hora de huir de la Maya, le dijo a Raúl: “¿Qué hacemos? Aquí no van a llegar los guardias”.

Pero a Raúl le gusta ser radical y mandar a matar a la gente de noche.   Fidel Castro es un matón y Raúl un radical que mata de noche

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Wenceslao Cruz

21 de octubre, 2023

Esta conferencia conmemora el 64 aniversario de la protesta del comandante Huber Matos Benítez en contra de la dictadura castrista. Este caso representa la primera protesta nacional cívica contra el castrismo y marcó el comienzo de un largo presidio de dos décadas para Huber Matos.

Expositores: Ángel de Fana, Rogelio Matos Araluce, Pedro Corzo y Julio M. Shiling

Conferencia «Protesta Cívica y Arresto de Huber Matos» 64 Aniversario


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Tomado de https://www.martinoticias.com

Carta de Renuncia de Huber Matos

Camagüey, octubre 19 de 1959

Dr. Fidel Castro Ruz

Primer ministro

La Habana

Compañero Fidel:

En el día de hoy he enviado al jefe del Estado Mayor, por conducto reglamentario, un radiograma interesando mi licenciamiento del Ejército Rebelde. Por estar seguro que este asunto será elevado a ti para su solución y por estimar que es mi deber informarte de las razones que he tenido para solicitar mi baja del ejército, paso a exponerte las siguientes conclusiones:

Primera: no deseo convertirme en obstáculo de la Revolución y creo que teniendo que escoger entre adaptarme o arrinconarme para no hacer daño, lo honrado y lo revolucionario es irse.

Segunda: por un elemental pudor debo renunciar a toda responsabilidad dentro de las filas de la Revolución, después de conocer algunos comentarios tuyos de la conversación que tuviste con los compañeros Agramonte y Fernández Vilá. Coordinadores Provinciales de Camagüey y La Habana, respectivamente: si bien en esta conversación no mencionaste mi nombre, me tuviste presente. Creo igualmente que después de la sustitución de Duque y otros cambios más, todo el que haya tenido la franqueza de hablar contigo del problema comunista debe irse antes de que lo quiten.

Tercera: sólo concibo el triunfo de la Revolución contando con un pueblo unido, dispuesto a soportar los mayores sacrificios... porque vienen mil dificultades económicas y políticas... y ese pueblo unido y combativo no se logra ni se sostiene si no es a base de un programa que satisfaga parejamente sus intereses y sentimientos, y de una dirigencia que capte la problemática cubana en su justa dimensión y no como cuestión de tendencia ni lucha de grupos.

Si se quiere que la Revolución triunfe, dígase adónde vamos y cómo vamos, óiganse menos los chismes y las intrigas, y no se tache de reaccionario ni de conjurado al que con criterio honrado plantee estas cosas.

Por otro lado, recurrir a la insinuación para dejar en entredicho a figuras limpias y desinteresadas que no aparecieron en escena el primero de enero, sino que estuvieron presentes en la hora del sacrificio y están responsabilizados en esta obra por puro idealismo, es además de una deslealtad, una injusticia, y es bueno recordar que los grandes hombres comienzan a declinar cuando dejan de ser justos.

Quiero aclararte que nada de esto lleva el propósito de herirte, ni de herir a otras personas: digo lo que siento y lo que pienso con el derecho que me asiste en mi condición de cubano sacrificado por una Cuba mejor. Porque aunque tú silencies mi nombre cuando hablas de los que han luchado y luchan junto a ti, lo cierto es que he hecho por Cuba todo lo que he podido ahora y siempre.

Yo no organicé la expedición de Cieneguilla, que fue tan útil en la resistencia de la ofensiva de primavera para que tú me lo agradecieras, sino por defender los derechos de mi pueblo, y estoy muy contento de haber cumplido la misión que me encomendaste al frente de una de las columnas del Ejército Rebelde que más combates libró. Como estoy muy contento de haber organizado una provincia tal como me mandaste.

Creo que he trabajado bastante y esto me satisface porque independientemente del respeto conquistado en los que me han visto de cerca, los hombres que saben dedicar su esfuerzo en la consecución del bien colectivo, disfrutan de la fatiga que proporciona el estar consagrado al servicio del interés común. Y esta obra que he enumerado no es mía en particular, sino producto del esfuerzo de unos cuantos que, como yo, han sabido cumplir con su deber.

Pues bien, si después de todo esto se me tiene por un ambicioso o se insinúa que estoy conspirando, hay razones para irse, si no para lamentarse de no haber sido uno de los tantos compañeros que cayeron en el esfuerzo.

También quiero que entiendas que esta determinación, por meditada, es irrevocable, por lo que te pido no como el comandante Huber Matos, sino sencillamente como uno cualquiera de tus compañeros de la Sierra -¿te acuerdas? De los que salían dispuestos a morir cumpliendo tus órdenes--, que accedas a mi solicitud cuanto antes, permitiéndome regresar a mi casa en condición de civil sin que mis hijos tengan que enterarse después, en la calle, que su padre es un desertor o un traidor.

Deseándote todo género de éxitos para ti en tus proyectos y afanes revolucionarios, y para la patria -agonía y deber de todos- queda como siempre tu compañero,

Huber Matos

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De los archivos del blog Baracutey Cubano

Roberto Cruzamora era el  capitán ayudante del Regimiento Ignacio Agramonte, cuando ocurrieron los hechos narrados el 21 de octubre de 1959. Recibió la condena  más larga después de la impuesta  a Huber Matos por aquellos hechos. Roberto Cruzamora compartió celda con Hubert por  7 años. 



EL 21 DE OCTUBRE DE 1959 EN CAMAGÜEY

(Camilo Cienfuegos, Fidel Castro y Húber Matos  en la mal llamada Caravana de La Libertad en enero de 1959)

Por Roberto Cruzamora *

El 21 de octubre de 1959 pudo haberse evitado la tragedia que ha agobido al pueblo de Cuba durante más de 47 años. Aquel día, en Camagüey, estaban dadas todas las condiciones para liquidar el balbuciente castrismo. Huber Matos tenía el apoyo decicido de oficiales y tropa del Regimiento Agramonte y demás escuadrones de la provincia, así como de las federaciones obreras, campesinas y estudiantiles a nivel provincial.

La opinión pública de Camagüey ya estaba recelosa de Castro y algo parecido ocurría en el resto de la isla,  incluyendo a altos dirigentes del Movimiento 26 de Julio, el gobierno y jefe militares de otras provincias, con las que conversábamos abiertamente del rechazo al cáncer del comunismo que hacía metástasis más y más en el cuerpo sano de la revoluciónn
nacionalista.

Liquidado Castro, ¿ qué habría pasado? Cierta confusión en los primeros momentos. pero ¿habría podido el a la sazón impopular sustituto Raúl Castro, resistir con éxito la sublevación del Ejército Rebelde y el estado de conciencia nacional contra la instauración del comunismo? ¡No! Muerto y denunciado el plan “melón” de Fidel, habría muerto al nacer ese monstruo híbrido estratégico de los Castro y la revolución habría vuelto  a los cauces que la originaron.

Esa fue una ocasión digna de mejor suerte protagónica. Hubo, sin embargo, ausencia total de liderazgo por parte de Huber Matos, a quién apoyé entonces sin mirar consecuencias y de lo cual aún hoy no me arrepiento, a sabiendas de que Matos fue una bandera que se deshizo entre las manos de los que la sosteníamos, estrujada y raída por el efecto erosivo del tiempo.

(Foto histórica del traslado de los detenidos en Camagüey el 21 de octubre de 1959. En primer plano a la derecha, Hubert Matos, inmediatamente detrás  de él Roberto Cruzamora. Ambos ya fallecidos)

No se puede hablar de la coyuntura histórica que analizamos sin hablar de la conducta de su principal fugura, Matos. Las coyunturas históricas marcan a sus protagonistas. Matos lleva sobre sus hombros y su conciencia la terrible carga de su actitud vacilante e irresoluta. Su carta a Fidel y la declaración grabada en su voz el 21 de octubre en horas de la mañana, leídas ambas retrospectivamente, nos hacen exclamar: ¡Ojalá que nunca las hubiera hecho! Son un largo dedo índice que lo inculpa y explica sicológicamente por qué nos ordenó a los oficiales y a la tropa que nos disparáramos “bajo ningún concepto” para evitar “derramamientos de sangre”. Esa actitud era propia de un Ghandi, no de un comandante militar defenestrado en público por Castro, quién entró en el Regimiento Agramonte rodeado de una turba que movilizó en las calles de Camagüey y con sólo unos pocos escoltas que trajo de La Habana.

El trabajo sucio de perfecto sicario lo realizó Camilo Cienfuegos. Arrestó a un Matos inerme-que intentó ser conciliador- con actitud descompuesta y peyorativa. No tuvo en cuenta siquiera que lo hacía  en la casa y delante de la familia de quien se rendía sin oponer la menor resistencia.

(Huber Matos en un acto  conmemorando el nacimiento de la República de Cuba el 20 de mayo de 1902. Foto de dos o tres años antes de fallecer)

Ahora Matos, dice que Camilo tuvo una conversación privada con él en su dormitorio. Como testigo que permaneció todo el tiempo junto a Matos, puedo jurar que esta conversación no tuvo lugar, pues Camilo nunca estuvo a solas con Matos. Dice Matos que Camilo le envió dos notas a la prisión. Como  único compañero de celda de Matos que nunca se separó de él, puedo jurar que esas notas jamás se recibieron en prisión. Hay que tener en cuenta  que en aquellos años la confianza recíproca entre Matos y y yo era notoria.

La triste realidad es que Camilo-ya en la oficina central de la Jefatura del Regimiento-llegó tan lejos en calificativos de la peor especie contra Huber Matos que no se detuvo en su ensañamiento ni siquiera después  de haberlo quebrado emocionalmente. Como si todo eso no bastara, el ataque de Camilo a Matos desde el balcón del Palacio Presidencial el 26 de octubre de 1959 puede refrescar memorias olvidadizas sobre el mito de Camilo “El Bueno”.

La memoria de José Manuel Hernández, capitán del escuadron de Florida, y el sargento José García, nos exigen moralmente desde sus tumbas que digamos la verdad, por la que ellos se inmolaron de su propia mano el 21 de octubre, en gesto de protesta digna de recordación y encomio.

*  Roberto Cruzamora era el  capitán ayudante del Regimiento Ignacio Agramonte, cuando ocurrieron los hechos narrados el 21 de octubre de 1959. Recibió la condena  más larga después de la impuesta  a Huber Matos por aquellos hechos.

(Publicado en la edición del blog Nuevo Acción, de Aldo Rosado-Tuero,  del sábado 21 de octubre del 2006)
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Otra versión de los comportamientos de   Huber Matos y de Camilo Cienfuegos  diferentes a la narrada por  por Roberto Cruzamora.
Conversando con Hubert Matos - Sobre Camilo Cienfuegos 

Parte I


Parte II


Parte III




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Nota del Bloguista de Baracutey Cubano sobre un hecho muy poco conocido relacionado con Huber Matos

Según me relató Elba Pera, nacida en España, pero cubana de corazón y de crianza, la negativa de incluir a Huber  Matos  la dió su esposa  temiendo que fuera una trampa  de la tiranía Castrista para aplicarle la ¨Ley de fuga¨ a su esposo.

Elba Pera, quien informaba a la embajada española en La Habana, es una de las protagonista  de esa espectacular fuga que puso en ridículo al incipiente G-2, Seguridad del Estado, En Cuba solamente oí hablar de esa fuga de Sotús con la complicidad de Padilla,  Jefe de la Prisión,   a una persona que tuvo responsabilidades en el  Presidio de Isla de Pinos  en esa época y  que fue la misma persona que me dijo que un preso común, apodado ¨Segueta¨ era el encargado de  hacer detonar los explosivos para  explotar las circulares con presos políticos,  si el poder de la Revolución estaba en peligro.

La tiranía se cuida mucho de que no se conozcan sus fracasos en Inteligencia y Contrainteligencia.
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Tomado de http://www.nuevoaccion.com

LA VERDAD SOBRE LA FUGA DEL CAPITÁN JORGE SOTÚS


Por Calixto Campos Corona
Revista Lux
10dediciembre 2012


Transcurrían los finales del año sesenta y en la capital habanera se respiraba un ambiente tenso, que presagiaba los últimos combates que se llevarían a cabo por el control entre los seguidores incondicionales de Castro y quienes se oponían a la unidad con los comunistas.

A raíz de la voladura de los registros de la compañía de electricidad, el 30 de noviembre del año sesenta, la dictadura enseñaba sus feroces colmillos, amenazantes, contra el conglomerado de anticomunistas y fue precisamente en ese momento, cuando yo estaba más atareado en los trajines sindicalistas, que me llegó a las manos la preparación de un grupo de acción, en conjunto con un grupo de amigos, entre ellos Carlos Conde, Hilda Barrios y la Sra. Elba Pera. Recuerdo que la contraseña que utilizábamos era un anillo de compromiso, enviado al inolvidable hermano, ya fallecido, René Pérez, uno de los hombres más valerosos que he conocido en mí ya largo camino en estas luchas

El plan que debíamos ejecutar consistía en lograr una espectacular fuga de la prisión de Isla de Pinos, la del comandante Huber Matos, el capitán Jorge Sotús y varios prisioneros políticos más. En principio, René Pérez y yo deberíamos llegar a la Isla en un barco grande, en el cual embarcarían los fugitivos, después que estos lograsen huir del penal en una acción previamente combinada con el jefe del mismo, capitán Ramón Padilla, ya fallecido, quien fuera uno de los asaltantes del cuartel Goicuría, al igual que mi hermano de luchas René L. Díaz, lo que valió para sellar nuestra amistad.

Quisiera aprovechar la oportunidad para aclarar algunos aspectos sobre la negativa del comandante Huber Matos a participar en la fuga. Su posición fue de una abnegada justicia, ya que para poder llevar a cabo su fuga, el capitán Padilla habría tenido que eliminar a dos escoltas de guardia en la enfermería donde estaba confinado el comandante Matos, pues estos no respondían a su mando, sino que estaban situados allí por órdenes directas y bajo la inspección de Raúl Castro. Matos se negó a aceptar estas muertes como paso imprescindible a su liberación y así esos cubanos probablemente ignoren hasta hoy que deben la vida a la hidalguía de su prisionero.

Una noche, el capitán Padilla vino a vernos a René Pérez y a mí para informarnos que había que cambiar los planes, pues ante la negativa de Matos, el único de los comprometidos que saldría era el capitán Jorge Sotús(En la foto).

Para obtener la salida de este se efectuaría una llamada desde el despacho del entonces ministro de Gobernación, Pepín Naranjo, solicitando el traslado de Sotús para visitar a un familiar enfermo. Sotús, junto al sargento que supuestamente le custodiaba, pero que estaba comprometido en la operación, llegaron a La Habana y se instalaron en un café cerca de la Fuente Luminosa. A recogerlos allí partieron varios compañeros, entre ellos Hilda. Con ella fue hasta nuestro escondite. Su llegada fue uno de los momentos más emocionantes y cargados de tensión que recuerdo. Éramos amigos y no era difícil estar orgulloso de la amistad con un hombre que, en el grave peligro en que se encontraba, no cesaba de preocuparse por sus compañeros y la situación imperante en el país

La ola represiva que se desató tras la fuga de Sotús fue impresionante. Casi todo el departamento del G-2 de Santiago se trasladó a La Habana para participar en ella. Sin embargo, no lograron dar con nuestro escondite, que se encontraba en un pent-house al costado del hotel Capri. Allí permanecimos hasta que llegó un equipo encargado de transportarnos al exterior, pero el capitán Sotús partió solo, ya que Padilla, el sargento y yo, decidimos permanecer

En aquellos momentos la lucha hacía imprescindible mi permanencia en Oriente, pues se planeaban alzamientos y sabotajes en la provincia, siendo yo parte del M.R.R., por lo que dejé a Padilla, a quien no volvería a ver, en La Habana y me trasladé a Santiago, donde se comenzaban a barajar las posibilidades de efectuar algunos alzamientos en distintas partes de la provincia oriental.

Padilla logró asilarse en la embajada de Uruguay, desde donde le envió una carta a René L. Díaz, en la que me pasaba una nota en la que hacia jocosa mención al hecho de que la escribía con una pluma Parker de mi propiedad. Ya en esos momentos yo me encontraba en el exilio, pues Girón había fracasado y yo había tenido que escapar de Cuba a través de la Base de Guantánamo. Meses después nos llegó la noticia de su extraña muerte en los jardines de la embajada, la que ha quedado sin aclarar, al igual que varias otras relacionadas todas con el "caso Sotús".

Para quienes no conozcan la historia del capitán Jorge Sotús, podemos decirle que, junto a Frank País, fue uno de los creadores del movimiento revolucionario en Oriente. Cuando se efectuó el alzamiento del 30 de noviembre, fue el único capitán que cumplió sus metas, tornando la policía marítima y la aduana del puerto de Santiago de Cuba. Posteriormente fue él quien dirigiera las tropas de refuerzo que, desde Santiago, se dirigieran a rescatar a los expedicionarios del Granma tras su desastroso desembarco. Fue precisamente al llegar a la Sierra, que se produjo un incidente que marcaría la relación de Sotús con Castro y su lugarteniente Guevara, pues el argentino, enviado por Fidel, le pidió a Sotús que le entregara el mando de la tropa y las armas que portaban, a lo que este se negó, suscitándose un altercado entre ambos y retirándose apresuradamente el llamado "Che" quien, como descargo por no haber cumplido sus órdenes, le planteó a Fidel que no se había hecho cargo de las tropas "porque Sotús lo quería matar".

Sotús participó en el primer gran combate que se efectuó en la Sierra, "El Uvero". Según la historia escrita bajo la orientación de Castro, el héroe de esa jornada fue Almeida, pero quienes participaron en ella saben que fue realmente Sotús, quien obrando solo, eliminó el nido de ametralladoras que por su ubicación y efectividad impedía el avance de las tropas revolucionarias, acción que posteriormente se atribuiría al favorito de los hermanos Castro.(En la foto de la izquierda, el capitán Jorge Sotús y Juan Almeida en la Sierra Maestra)

La estancia de Sotús en la Sierra era fastidiosa para Fidel, pues el compromiso de aquel era con los revolucionarios de Santiago y no con los Castro. Pero como no podía eliminarlo sin crear una ruptura con Frank País, hombre imprescindible en sus planes del rnomento, tuvo que mantenerlo allí hasta que, en la primera oportunidad, se las ingenió para enviarlo al exilio, a "coordinar las operaciones de envíos de armas y abastecimientos, en las que la presencia de un hombre de acción corno él, era sumamente valiosa"

Así partió Sotús de la Sierra y su posterior relación con Castro estuvo matizada por la arremetida del comandante contra él y el capitán Lester Rodríguez, cuando ambos solicitaron autorización para firmar el unitario "Pacto de Montreal".

Al triunfo de la Revolución fue nombrado a la jefatura táctica de Oriente, junto al comandante Pena, quien desaparecería algún tiempo después, en circunstancias nunca aclaradas.

También Sotús murió en circunstancias extrañas, ya en el exilio, cuando fue electrocutado de una manera no explicada, mientras trabajaba en la reparación de barcos. Su entierro fue una muestra de dolor, acudiendo a él representaciones de todos los sectores.

Al recordar merecidamente a Sotús y a quienes participaron en su huida de las ergástulas de la tiranía, hemos querido destacar la memoria de un grupo de aguerridos combatientes anticomunistas, todos muertos en extrañas circunstancias, y la explicación de cuyas muertes obra quizás en los archivos secretos de la seguridad estatal del régimen castrista.
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Nota de Aldo Rosado-Tuero:
 Unos días antes de la trágica muerte de Jorge Sotús, me lo encontré, precisamente al lado del astillero en que trabajaba calafateando barcos. Manolo Ray, después de su fracasado intento de cumplir lo que había prometido de desembarcar en Cuba, ante una fecha dada, le pasó el barco Venus al Comandante Nino Díaz, quien por aquellos días firmó un pacto con el Movimiento Nacionalista Cristiano que yo dirigía. Con tal motivo un buen grupo de militantes y yo participábamos en la reparación del Venus, que estaba fondeado en el río Miami cerca del lugar donde trabajaba Sotús. Un día al salir del Venus para ir a almorzar, me encontré en la acera con Sotús. Conociendo de su larga historia de lucha, no solo dentro de Cuba antes y después de 1959 y de su fuga, sino de sus misiones cumplidas desde el exilio en contra del castrismo, entusiasmado le hablé de los planes que teníamos una vez estuviese El Venus reparado y listo para volver a navegar. Jorge me felicitó por el entusiasmo que yo mostraba, pero me dijo que por ahora permanecería tranquilo trabajando, pues ya tenía una hija de quien cuidar y quería preservar la vida hasta que se hija creciera un poco más.

Unos pocos días después, al ir a ayudar en las reparaciones del Venus, me sorprendió ver el área de río acordonada con varios carros policíacos y cintas amarillas. Al preguntar me dijeron que alguien se había electrocutado en el muelle de al lado. Al poco rato me enteré que el fallecido era Jorge quien, según se afirmó, había resultado electrocutado al estar calafateando un barco con un martillo eléctrico, que al parecer tenía uno de los cordones pelados y como había llovido bastante, el cordón hizo contacto con un charco de agua, matando a Jorge.

Para mí, esa muerte fue muy sospechosa, pues Sotús era una persona muy cuidadosa como para no ver ese peligro y a todos nos constaba que Fidel le temía en grado sumo y que él estaba marcado por los asesinos de la tiranía castrista.
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Wenceslao Cruz
Feb 27, 2014
Conversatorio con el comandante Huber Matos organizado por el InterAmerican Institute for Democracy el 2 de septiembre de 2010. Huber Matos relató anécdotas y experiencias que tuvo junto a Fidel Castro, "Che" Guevara, Camilo Cienfuegos y otros guerrilleros.

Conversando con Huber Matos 

Parte I




Parte II


Parte III (cobardía de Fidel y de Raúl Castro)


Parte IV





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