sábado, junio 03, 2023

Alberto Roteta Dorado: NO ES UNA GUERRA CULTURAL, ES LA REACCIÓN LÓGICA Y COHERENTE DE LA OPOSICIÓN CONTRA LOS REPRESENTANTES DEL CASTRISMO

 
NO ES UNA GUERRA CULTURAL, ES LA REACCIÓN LÓGICA Y COHERENTE DE LA OPOSICIÓN CONTRA LOS REPRESENTANTES DEL CASTRISMO.

Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.

2 dejunio,2023

Santa Cruz de Tenerife. España.- No se trata de agredir a la cultura cubana, ni a sus artistas. La llamada guerra cultural no es más que otra de las tantas rabietas del castrismo en sus múltiples intentos por sobrevivir. En realidad se trata de no permitir que aquellos que son cómplices de la más longeva y sanguinaria dictadura del continente americano aparezcan por doquier como representantes del oficialismo castrista. 

Son acciones de carácter espontáneo que tienen lugar por parte de cubanos emigrados en cualquier parte del mundo. Es hora de dejar de culpar al Gobierno de Estados Unidos o a las múltiples organizaciones democráticas que luchan por el restablecimiento de la libertad en Cuba. Ya los tiempos del viejo comandante con sus eternos delirios, viendo a la CIA y al "Imperialismo Yanqui" por doquier, han pasado. 

Da igual que se trate de Buena fe con todo el show mediático que han armado de ambas partes  – ya es demasiado y no creo que merezca la pena seguir lloviendo sobre mojado, entre la tontería y la vulgaridad de lo mediático–, o ahora con la retirada de la presidencia de honor de un evento literario a la poetisa Nancy Morejón, buena perla del comunismo caribeño, firmante de la famosa carta de respaldo al fusilamiento de tres jóvenes cubanos que intentaron escapar del país secuestrando una lancha en La Habana, por orden del fallecido dictador Fidel Castro, amén de sus recientes declaraciones negando la represión en Cuba. 

Espero que se tenga en cuenta a ciertos personajes como Pancho Amat, el tresero que viene mucho por Canarias, o la actriz Corina Mestre (a esta no la invitan a ningún lugar) o la trovadora Martha Campos, alguien que jamás ha tenido seguidores en ninguna parte; aunque ha dicho que regresaba de España – no se quienes estarían en sus presentaciones, ni en qué lugar actuaría–. Todos han hecho declaraciones en defensa de los integrantes de Buena fe. 

Lo peor no es que defendieran o no a los "artistas" del momento, refiriéndome al dúo Buena Fe; sino que lo han hecho de manera no espontánea, esto es, organizado por el oficialismo de la isla, ya sea a través de la UNEAC, la UPEC, el Instituto de la Música o sus setecientas y tantas organizaciones gubernamentales de apoyo al régimen.  

Por estos días otros artistas como los trovadores Carlos Varela, libre de pecado, toda vez que, lejos de solidarizarse con la dictadura, se ha pronunciado enérgicamente, mediante su música, en su contra y Liuba María Hevia, muy discreta y con una postura muy conservadora, también han estado haciendo presentaciones por España. Sin embargo, no han sido "atacados" por nadie, por lo que no se trata de una guerra cultural contra los artistas que permanecen en Cuba; sino contra aquellos que son fervientes adoradores del castrismo, los que, en su mayoría, deberían estar prisioneros por sus actos delictivos. 

Apoyar a un sistema político como el comunismo, con una infausta historia con cifras descomunales de muertes bajo sus garras – mucho más que el fascismo–, es delinquir igual o peor que si hubieran cometido los actos propiamente dichos. 

Muchos artistas cubanos, lamentablemente, han estado involucrados, de una u otra manera, y en mayor o menor medida, en las más crueles acciones propuestas, de manera deliberada y con alevosía, por el régimen comunista de Cuba. Esta es la causa real del rechazo que se le les hace, algo que no es nuevo; aunque antes de la era del internet y de las redes sociales todo quedaba limitado a lo que la prensa escrita u otros pocos medios difundían. 

No hay tal guerra contra la cultura cubana, ni se trata de acciones "orquestadas" por la llamada mafia anticubana – forma despectiva que utiliza el oficialismo para referirse a los millones de opositores emigrados, especialmente los de la comunidad de Miami, en Estados Unidos–. 

Es la reacción lógica y coherente de la oposición contra aquellos que durante décadas han respaldado al régimen comunista de Cuba.

************

Pepe Forte

¿Palabras A los intelectuales? ¡No, palabras CONTRA los intelectuales! Esta directa de EL ATICO DE PEPE, con su conductor PEPE FORTE, hace una nueva inmersión en uno de los episodios políticos de la entonces naciente revolución maledictiana, cuando Fidel Castro se reúne en la Biblioteca Nacional con escritores, pintores y artistas cubanos en general, y habla de "libertad de creación", mas en realidad lo que entroniza y establece es la censura, al pronunciar la lapidaria sentencia de "CON LA REVOLUCIÓN TODO, CONTRA LA REVOLUCIÓN, NADA". Este Atico de Pepe, en la cuenta personal de PEPE FORTE en YouTube, explica cómo aquel discurso es la consecuencia de una ola de protesta de artistas cubanos que se quejaron por la censura de un documental titulado "PM", que reflejó la vida nocturna de La Habana, en un modo que no se avenía a los presupuestos ideológicos de la Revolución. Otro abordaje de la historia, necesario sobre todo para las más jóvenes generaciones de cubanos, tanto exiliados, como dentro de Cuba.

 PALABRAS a los INTELECTUALES 






Etiquetas: , , , , , , , , , , ,


Para seguir leyendo hacer click aqui­ ...

jueves, febrero 24, 2022

Alejandro Armengol: La guerra contra las ideas en Cuba. Cambios se han visto, pero la naturaleza del sistema no ha cambiado

 
Tomado de https://www.cubaencuentro.com/

La guerra contra las ideas en Cuba

*******

Cambios se han visto, pero la naturaleza del sistema no ha cambiado

*******

Por Alejandro Armengol

Miami

23/02/2022

Controlar a los intelectuales siempre ha sido uno de los mayores esfuerzos del régimen cubano. También uno de sus fracasos más manifiestos.

El gobierno de La Habana siembre se ha mostrado preocupado frente a quienes piensan y crean. Una y otra vez resurge el temor de que escritores, pintores, periodistas, economistas, ingenieros, profesores y hasta bibliotecarios, en algún momento cuestionen el sistema.

Bajo su punto de vista, no le falta razón. La oposición en Cuba, en estos momentos, no se define en la lucha armada, sino en la confrontación política. No hay simplemente una batalla ideológica: hay una lucha contra las ideas.

Esta confrontación no se limita a no perder el control de la calle. Va mucho más allá: se dirige al control de las ideas. No importa que no se compartan, basta que se acaten.

Por décadas esta premisa ha sido uno de los pocos dogmas mantenidos sin variación, mientras se ha ido desarrollando un ajiaco ideológico que permite asimilarlo todo, siempre y tanto esté previamente autorizado.

Este dogma siempre se ejemplificó en manifestaciones burdas, como las famosas reuniones laborales y estudiantiles para “discutir el último discurso de Fidel”, pero también tuvo momentos canónicos, como las tristemente célebres “Palabras a los intelectuales”:

“¿Sentimos el temor de la existencia de un organismo nacional, que es un deber de la Revolución y del Gobierno Revolucionario contar con un órgano altamente calificado que estimule, fomente, desarrolle y oriente, sí, oriente ese espíritu creador? ¡Lo consideramos un deber!”, escribió Fidel Castro en dicho folleto.

“Si nosotros impugnamos ese derecho del Gobierno Revolucionario estaríamos incurriendo en un problema de principios, porque negar esa facultad al Gobierno Revolucionario sería negarle al gobierno su función y su responsabilidad, sobre todo en medio de una lucha revolucionaria, de dirigir al pueblo y de dirigir a la Revolución”, añade.

El entonces gobernante estableció muy claro lo que consideraba los derechos de la revolución. Es decir, sus derechos. Y por supuesto, no todos los derechos eran iguales: unos estaban apoyados con cañones, policías y cárceles y otros dependían simplemente del individuo.

Así que a partir de ese momento todo el mundo debía saber a qué atenerse. Y el principio no ha cambiado hasta hoy. Podrá haber desaparecido físicamente su autor, pero su obra continúa.

Lo que nunca admitirá el régimen es una renuncia a sus “derechos”. Lo que nunca estará dispuesto a ceder es en poder de decisión.

Cambios se han visto. Por años estuvo prohibida la exhibición de la mayor parte del cine norteamericano y perseguidos los homosexuales, para citar dos ejemplos siempre repetidos. Ya no, pero la naturaleza del sistema no ha cambiado.

Lo anterior lleva a reconocer —aunque nunca a compadecer— el triste papel de los represores de todo tipo, que por miedo llevan a cabo tareas que pueden resultarles desagradables —o gustosas, porque para todo siempre hay alguien dispuesto— y que saben, ya que a estas alturas no queda la posibilidad de duda al respecto, que en el futuro enfrentan la posibilidad de ser criticados, separados o incluso sancionados.

Los escritores y artistas de la isla no deben olvidar que, a los ojos del régimen, es igualmente sospechoso un disidente que se cuestiona el curso del proceso social que un creador interesado en difundir su punto de vista.

La única diferencia aceptada es el grado de encubrimiento a la hora de exponer una opinión.

En ambos casos, el grado de distanciamiento del punto de vista oficial lo establece el sistema. No son solo las circunstancias las que hacen más o menos permisible una crítica. El régimen se reserva el derecho de dictaminar sobre qué protestar, cómo y cuándo hacerlo.

Todo escritor y artista honesto que vive en la isla está ante una situación sumamente difícil. Guardar un silencio culpable ante cualquier acción represiva compromete la dignidad intelectual. Manifestarse abiertamente implica no solo un peligro personal, sino también la posibilidad de ver interrumpida la labor creativa. Queda a cada cual determinar qué es más importante.

Como nación, Cuba atraviesa una crisis cultural sin salida. Por décadas el país se ha caracterizado por la existencia de un gran número de intelectuales silenciados o silenciosos. No se puede arengar desde el exterior el asumir un compromiso que se negó al abandonar el país. Sí se puede sugerir que, al menos, se practique un retraimiento decente.

© cubaencuentro.com

***********

Fidel Castro: ¨Dentro de la Revolución todo, contra la Revolución nada¨


La reportera Bernadette Pardo le dice las verdades a Fidel Castro en su cara



En el número 43 de la relevante revista  Encuentro de la Cultura Cubana se pueden leer los siguientes  interesantes artículos sobre las palabras del tirano Fidel Castro Ruz a los intelectuales en 1961, Ese número 43 de la revista puede leerse completamente haciendo click AQUÍ. 

1961: Palabras de los intelectuales

Introducción

Página de inicio: 146

Descargar PDF [106,61 kB]

********

La pistola sobre la mesa

Manuel Díaz Martínez

Página de inicio: 147

Descargar PDF [170,92 kB]

********

Encuentro de los intelectuales cubanos con Fidel Castro

Página de inicio: 157

Descargar PDF [113,01 kB]

********

Testimonios

Página de inicio: 176

Descargar PDF [106,61 kB]

********

Confesión de timidez

Rafael Rojas

Página de inicio: 186

Descargar PDF [130,26 kB]

********

Una reunión de miedo

Antonio José Ponte

Página de inicio: 190

Descargar PDF [63,64 kB]



Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , ,


Para seguir leyendo hacer click aqui­ ...

miércoles, diciembre 02, 2020

Mensaje del Comandante en Jefe, recibido el 30/11/2020: Palabras a los artistas, cineastas, tuiteros y escribidores, intelectuales todos.


Palabras a los artistas, cineastas, tuiteros y escribidores, intelectuales todos.

(Mensaje del Comandante en Jefe, recibido el 30/11/2020. Versión taquigráfica del Departamento de Comunicaciones Espíritas y Telepáticas del Comité Central del Partido Comunista de Cuba. Manos amigas le hicieron llegar  a Miguel Sales Figueroa este mensaje) 

Compañeras y compañeros:

En las últimas jornadas han ocurrido algunos sucesos que he venido observando atentamente desde mi monolito santiaguero. 

Como ustedes saben, yo no ejerzo ya funciones ejecutivas en la Revolución. Pero todavía tengo el deber de vigilar, supervisar, aconsejar y orientar desde el más acá a los compañeros dirigentes sobre los desafíos principales a los que se enfrenta nuestro pueblo en la lucha contra el imperialismo yanqui.

En cumplimiento de ese deber, quiero decirles hoy que los jóvenes artistas e intelectuales que han protestado recientemente en La Habana están desorientados por la propaganda imperialista. Pero también debo decir que los compañeros funcionarios que los atienden han cometido errores de juicio que perjudican el prestigio de la Revolución. Sin duda, algunos de esos cuadros del gobierno y el partido han disfrutado en exceso de las mieles del poder y se han vuelto obesos y diabéticos. Esas dolencias les han nublado el juicio y los han llevado por razonamientos tortuosos a decisiones equivocadas. 

Lo primero que tanto los artistas e intelectuales como los compañeros dirigentes deberían plantearse es si su manera de proceder beneficia o perjudica al pueblo y la Revolución.

Porque lo fundamental es eso. En Cuba, la Revolución lo es todo. La Revolución es el Estado y el Gobierno, el Partido y el pueblo, los obreros y los campesinos, las fuerzas armadas y la federación de mujeres, los policías y los delincuentes, los hospitales, las escuelas y los CDR, los deportistas y los filatélicos, la prensa y la libreta de abastecimiento. Ese conjunto dialéctico, en unidad y lucha de contrarios, ha permitido que nuestro pueblo alcance, gracias a la Revolución, niveles de dignidad y desarrollo jamás conocidos en ninguna parte del mundo. Nada ni nadie está por encima de la Revolución.   

Por lo tanto, lo esencial aquí es que ustedes, compañeros intelectuales, puedan continuar con su aportación al proceso revolucionario que nuestro pueblo puso en marcha en 1868 y que prosiguió, tras superar incontables obstáculos y reveses, hasta alcanzar esta sociedad próspera y libre que ahora tenemos en Cuba y que es faro y ejemplo para todos los pueblos del mundo. 

A pesar del bloqueo imperialista hemos logrado que dos millones de cubanos se instalen en Estados Unidos y desde allí puedan ayudar a sus familiares con remesas y medicamentos. Hemos enviado brigadas médicas a docenas de países, donde realizan una labor internacionalista abnegada y desinteresada, que muestra la generosidad de nuestro pueblo y la clarividencia revolucionaria de nuestro gobierno. Hay miles de compatriotas combatientes en Nicaragua, Venezuela y otros países para ayudar a esos pueblos hermanos en la lucha contra el imperialismo. Tenemos una potente industria turística, que cada año atrae ya a tantos visitantes como Disneylandia, la Torre Eiffel o cualquier otro sitio de prestigio internacional. Ganamos muchas medallas en los Juegos Olímpicos. Es cierto que desde Barcelona ’92 esa cosecha ha venido disminuyendo, pero eso se debió al desmerengamiento de la Unión Soviética, que nos dejó sin dinero y sin entrenadores. Somos una potencia mundial en educación, porque aquí cualquier chófer de taxi o cualquier jinetera o cualquier camarero de bar tiene un doctorado en química o en astronomía.     

 Esa es, compañeros, la obra de la Revolución que ustedes tienen el deber de defender. Y al igual que hicimos en la Biblioteca Nacional hace casi 60 años, hoy debemos preguntarnos si lo que ocurre ahora beneficia o perjudica esos logros de la Revolución, si los refuerza o los menoscaba.

Entonces, en esa reunión del verano de 1961, llegamos a la conclusión de que lo más importante era el derecho de la Revolución a sobrevivir y a seguir mejorando las condiciones de vida del pueblo: más dignidad, más igualdad, más educación, mejor atención sanitaria, más medallas olímpicas, más planificación, más libertad. Eso nos llevó a resumir nuestro pensamiento en la frase que ha presidido la política cultural de nuestro gobierno durante todos estos años: Dentro de la Revolución, todo; fuera de la Revolución, nada. Esa idea ha brillado, incrustada en el cerebro de sus abuelos y sus padres a lo largo de seis décadas. Sin embargo, parece que su luz se está debilitando en los últimos años.

Porque más libertad no significa no significa más libertinaje. Últimamente se ha venido produciendo una deriva ideológica muy preocupante. Una parte de nuestra juventud ha estado otorgando cada vez más importancia a caprichos materiales como los teléfonos móviles y las pantallas informáticas, los jueguecitos de vídeo y las modas imperialistas. Quieren viajar al extranjero, estar todo el tiempo conectados a Internet, escribir lo que les dé la gana y comer tres veces al día. Esas tendencias han recibido el apoyo de las partes blandas de nuestra sociedad, de tortilleras y mariconzones, de merolicos transformados en nuevos burgueses, de la gusanera que creíamos haber erradicado pero que ha brotado de nuevo, como el marabú en los campos antes de la Revolución.  Esos caprichitos superficiales perjudican mucho la moral de las revolucionarias y los revolucionarios. Nuestro pueblo que lucha, combate, batalla y guerrea contra el imperialismo en todos los frentes, no puede tolerar esas desviaciones, ese despilfarro de tiempo y energía que nos aparta de nuestro objetivo principal. 

Pero la confrontación con esas tendencias negativas no debe realizarse de manera brusca y violenta, porque ese enfoque podría aportar agua al molino del imperialismo y la contrarrevolución.  De ahí que las orientaciones bajadas el viernes por los compañeros Jorge y Fernando ante las cámaras de la televisión sean las correctas. El camino adecuado pasa por el diálogo. Tenemos que crear comisiones, cuatro o cinco si fuera necesario; tenemos que estudiar incansablemente los planteamientos de los compañeros intelectuales el tiempo que sea necesario -varios años, si creemos que la cuestión lo exige-, y volver a reunirnos en múltiples ocasiones y luego llegar a conclusiones, sin prisa pero sin pausa. Incluso pienso que esas reuniones podrían institucionalizarse. Podríamos destinar uno o dos salones del Ministerio de Cultura a esas reuniones, en las que todos los creadores podrían exponer sus ideas y sus inquietudes, y recibirían las respuestas pertinentes de los compañeros funcionarios.  

Vamos a examinar, auscultar, diseccionar y analizar los problemas hasta encontrar la fórmula adecuada, -siempre en el marco de la Revolución- para satisfacer en la medida de lo posible las necesidades de los compañeros y las compañeras artistas e intelectuales. Hasta creo que deberíamos retomar la idea de 1961 de crear una casa de reposo para escritores y artistas. Entonces sugerimos que se instalara en Isla de Pinos, pero los conflictos posteriores nos obligaron a desistir de aquel proyecto, porque las instalaciones previstas tuvieron que usarse para otros fines. Hoy podríamos actualizarlo y construir esa casa de reposo, por ejemplo, en la Sierra Maestra. Allí los intelectuales podrían realizar tranquilamente una parte de su obra, inspirándose en las luchas heroicas de nuestro glorioso Ejército Rebelde, que en dos años derrotó a los 60.000 soldados de la dictadura de Batista.

Pero todo esto ha de hacerse con discreción. Ya lo dijo el Apóstol: algunas cosas han de hacerse en silencio. Lo que no podemos es permitir que el enemigo imperialista se aproveche de estas legítimas peticiones de nuestros compañeros intelectuales para fomentar la contrarrevolución. Si hay que tronar a algunos burócratas que han sido insensibles a las necesidades de las masas --porque ustedes también son masas, o más bien, masitas, porque no son muchos, aunque aquí se erradicaron hace mucho tiempo las pretensiones elitistas y las veleidades minoristas que padecieron algunos durante la pseudo República - ¡Qué República era aquélla, donde solo comíamos y podíamos ir a la escuela los hijos de los ricos como Raúl y yo!--; si hay que tronarlos, repito, pues los tronaremos, sin que nos tiemble el pulso.   

Repito: Las orientaciones que los compañeros Jorge y Fernando les bajaron ante las cámaras el día de la manifestación ante al ministerio de Cultura son apropiadas a este fin. El espíritu de esas ideas ya estaba en el diálogo que sostuve con los intelectuales en la Biblioteca Nacional. Dentro de la revolución, la vía es siempre el diálogo pacífico, inteligente, multifacético y generoso entre los intelectuales y los cuadros dirigentes. Fuera de la revolución, no hay nada, es como el vacío del espacio exterior, o peor aún, es la huida a Miami para malvivir con la mafia, la gusanera, los blandengues, los traidores y los lacayos del imperialismo que tratan de anexar a este heroico país, para imponernos los McDonalds y los televisores de plasma.  

Ya le sugerí al compañero presidente que esas comisiones deberían estar coordinadas por algunos cuadros que han acumulado mucha experiencia en luchas revolucionarias y antiimperialistas, y que han tenido actuaciones ejemplares en cuestiones de diálogo y negociación, como el compañero Ramirito y el compañero Machado Ventura, al que cariñosamente llamamos Pedrusquito. Quiero aclarar aquí que también propuse para esas comisiones a otros compañeros competentes en asuntos culturales, como el compañero Armando Hart y el compañero Luis Pavón, pero desde el Comité Central del Partido me informaron de que el estado de salud de esos compañeros no les permitirá participar en esta tarea.

Ya sé que algunos envidiosos y vendepatrias criticaron entonces la fórmula de 1961 y hasta dijeron que un político italiano la había propuesto antes que yo. Pero ese político dijo “todo dentro del Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado”. La Revolución es más que el Estado, porque lo contiene y lo determina. Por eso dije entonces y repito ahora: “¿Cuáles son los derechos de los escritores y de los artistas, revolucionarios o no revolucionarios?  Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, ningún derecho”. 

Socialismo o muerte. Venceremos.

*****************



Etiquetas: , , , , , , , , , ,


Para seguir leyendo hacer click aqui­ ...

lunes, junio 10, 2019

Luis Cino Álvarez: ¿Hubo alguna vez una luna de miel entre los intelectuales y la revolución? A inicios de los 60, artistas e intelectuales se vieron compelidos por las normativas oficiales a poner su creación en función de los propósitos del régimen


¿Hubo alguna vez  una luna de miel entre los intelectuales y la revolución?

*********
A inicios de los 60, artistas e intelectuales se vieron compelidos por las normativas oficiales a poner su creación en función de los propósitos del régimen
*********

Por Luis Cino Álvarez
31 de mayo 2019

LA HABANA, Cuba. – Algunos autores  han querido ver  como una luna de miel entre los intelectuales y la Revolución Cubana al periodo  de dos años y medio  transcurridos entre el triunfo de los rebeldes, en enero de 1959, y el discurso de Fidel Castro en la última de las tres reuniones con  un grupo de escritores y artistas que tuvieron lugar  en la Biblioteca Nacional, en junio de 1961, y donde el Máximo Líder, con su Browning de 9 mm sobre la mesa -y parafraseando una frase del discurso de  Mussolini en La Scala de Milán, el 28 de octubre de 1925-, sentenció: “Dentro de la Revolución todo, contra la Revolución, nada”.

¡Vaya modo de terminar, a cajas destempladas,  una luna de miel ilusoria  y aterrizar, de golpe y porrazo, en la realidad de un régimen que enrumbaba veloz hacia el totalitarismo al modo soviético!

Se pudiera considerar una luna de miel los años 1959 y 1960, pero  no la primera mitad de 1961, cuando ya se atisbaba lo que vendría. Y la tal luna de miel sería solo si se compara con el diluvio doctrinario y de prohibiciones, normativas, censura y represalias para los intelectuales que desembozadamente se impuso a partir de 1968 y que alcanzaría  su clímax en la década de los 70, partir del infausto  Congreso de Educación y Cultura de 1971.

En los primeros  años del nuevo régimen hubo una avalancha de escritores, sobre todos los más jóvenes o los que aún no habían encontrado suficiente  reconocimiento, pero también  algunos reconocidos,  como Alejo Carpentier y un inicialmente deslumbrado Virgilio Piñera, que se entusiasmaron con la Revolución y, exaltados, mostraron su disposición de ponerse al servicio de ella. A cambio, gracias a la inclusión de sus trabajos en periódicos y revistas y a las tiradas masivas -y a precio muy barato- de libros por la Imprenta Nacional (la editorial del Estado) y Ediciones R, obtuvieron visibilidad y reconocimiento.

Embriagados de entusiasmo, algunos escritores, como los  que participaron en Lunes de Revolución, llegaron a creer que sus criterios eran respetados y tenidos en cuenta por el poder revolucionario. No debieron ser tan ilusos, y pensar que su destino sería mucho mejor que el de los Origenistas, a los que atacaban por su hermeticismo y falta de compromiso -el  torremarfilismo, como le llamaban.

(Fidel Castro y Virgilio Piñera (Foto habanaelegante.com))

Pronto los escritores y artistas se verían compelidos por las normativas oficiales, forzados, con un muy estrecho margen –los que imponía el “dentro de la revolución-  a poner su creación en función de los propósitos del régimen, que concebía el arte como “un arma de la revolución”. Sus obras fueron juzgadas por los muy suspicaces comisarios no solo por lo que decían y el modo en que lo hacían, sino también por lo que no decían.

En los 60 se escribieron las más grandes novelas cubanas del siglo XX (El siglo de las luces, Paradiso y Tres tristes tigres), pero sus autores, con la excepción de Alejo Carpentier, tuvieron que exiliarse (Cabrera Infante) o fueron condenados al ostracismo.

El régimen se había encargado de crear desde bien temprano las instituciones culturales destinadas al control de los intelectuales y artistas.

Acaban de cumplirse  60 años de la creación de las dos primeras de estas instituciones: el Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográfica (ICAIC) y la Casa de las Américas. Ambas fueron fundadas a solo unos meses de la instauración del régimen revolucionario: el ICAIC en marzo de 1959  y Casa de las Américas, un mes después, en abril.

El director del ICAIC, Alfredo Guevara, que era amigo personal de Fidel Castro desde los años 40 (lo acompañó en el Bogotazo), se encargó de aupar a jóvenes cineastas que como él  provenían del Partido Socialista Popular (PSP) y de la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo, todos permeados  por la ortodoxia marxista-leninista. Lo demostraron pronto,  en 1961, cuando el ICAIC embistió contra Lunes de Revolución, a propósito del cortometraje PM, solo porque mostraba, en vez de milicianos, una Habana de bailadores y borrachos.

Fidel Castro y Alfredo Guevara, teniendo muy en cuenta las experiencias de la cinematografía nazi y soviética,  no ocultaron su intención de que el cine cubano   sirviera a los propósitos propagandísticos del régimen. No llegaría a producir algo como  Potemkin, se conformó con los documentales y el Noticiero ICAIC Latinoamericano de Santiago Álvarez, el equivalente castrista de Lenni Riefenstahl.

La misión de Casa de las Américas, dirigida por Haydée Santamaría, fue propagandizar la Revolución Cubana en América Latina. A través de sus señuelos (un concurso, una revista, una editorial, invitaciones a Cuba) captó a numerosos intelectuales prestigiosos del continente, que terminarían convertidos (como Gabriel García Márquez)  en agentes de influencia del régimen castrista.

Para completar el cuadro, el 22 de agosto de 1961, a menos de dos meses de las Palabras a los Intelectuales de Fidel Castro, fue creada la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Su lastimoso papel al servicio incondicional  del régimen daría la razón al poeta Heberto Padilla, que la definió como “un cascarón de figurones”.

Conviene recordar todo esto hoy, cuando la creación artística amenaza oscurecerse aún más con el ominoso decreto 349 y burócratas sin obra conocida, como el viceministro Fernando Rojas, abogan por poner  “la cultura en buenas manos”.


Etiquetas: , , , ,


Para seguir leyendo hacer click aqui­ ...