viernes, enero 14, 2022

Francisco Almagro Domínguez: La crisis de la «baja» cultura en Cuba

 
Tomado de https://www.cubaencuentro.com

La crisis de la «baja» cultura en Cuba

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La liberalidad de las redes sociales impuso al mundo democrático un reto: lidiar con nuevos líderes de opinión

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Por Francisco Almagro Domínguez

Miami

14/01/2022

I

Durante una actividad de la Iglesia católica una monja me hizo un comentario que cambió, radicalmente, mi perspectiva de las causas de la llamada revolución cubana. La religiosa había estudiado en los mejores colegios de la Isla; y tras pasar por las también muy prestigiosas universidades de Europa, se le tenía como lo que era, una intelectual con ropa de ordenada. No puedo recordar por qué caímos en el tema de la génesis revolucionaria. Sus palabras fueron más o menos que la revolución se debió, más que todo, a una pujante clase media emergente en la Cuba de entonces; un proceso deseado por estudiantes, profesionales y pequeños y medianos propietarios quienes pretendían ampliar las libertades y extender el desarrollo económico alcanzado hasta entonces.

No dijo que no hubiera miseria, desempleo, corrupción. Desde su punto de vista, la revolución cubana no era hija de la pobreza y del atraso tecnológico, sino de élites y “clases vivas” que culturalmente estaban preparadas para dar el salto a otro nivel de desarrollo social y económico. Ahí habría que incluir, dijo, a la numerosa intelectualidad cristiana que tanto había aportado al desarrollo cultural de la república con cientos de colegios, universidades, y publicaciones.

Casualmente por aquellos días la Editorial Letras Cubanas publicó algunos ensayos de Jorge Mañach, entre ellos La crisis de la alta cultura en Cuba[i]. Con prólogo de Jorge Luis Arcos —vale la pena leerlo— fue conocida por las nuevas generaciones la obra de este gran intelectual sagüero. Mañach, figura imprescindible en la cultura insular, había sido silenciado por décadas debido, como es habitual, a sus ideas políticas y fuga exiliar.

Lo curioso es que muchas de las ideas de Mañach sobre la cultura cubana tendrían hoy asombrosa actualidad, un siglo después de impartida la conferencia en la venerable Sociedad Económica de Amigos del País[ii]. Para el ensayista y profesor la cultura insular se hallaba en un momento crítico. Crisis como idea de cambio. La “alta” cultura cubana estaba indecisa, apocada, en la encrucijada de no saber si los imprescindibles cambios sociales y económicos que la Isla necesitaba serían adversos o favorables.

Para Mañach las certezas de la crisis estaban en la ausencia casi total de producción intelectual desinteresada, entendiendo por esta la que se realiza al margen del hacer profesional y el ascenso político; el oportunismo partidista; la desaparición del artículo culto; una prensa plagada de arribistas, con la simulación y el choteo como características propias del “ser cubano”.

II

Los estudiosos se han preguntado si hubo o aún existe una cultura revolucionaria. El adjetivo, a propósito, pretende separar la producción intelectual posterior a 1959, ligada al proceso de cambios profundos en la sociedad cubana de la otra, aquella que fraguó en la era republicana. Jorge Mañach en el citado ensayo escribía que la cultura nacional es un agregado de aportes intelectuales numerosos, orientados hacia un mismo ideal y respaldado por un estado de ánimo popular que los reconoce, aprecia y estimula. Y agrega: Consta, por lo mismo, de tres elementos: los esfuerzos diversos, la conciencia y orientación comunes, la opinión social.[iii]

De ese modo podría afirmarse que, como todo proceso de cambios profundos, la revolución cubana creo su propia estética sobre una base de valores éticos cuya narrativa tenía una épica muy singular[iv]. En esos primeros meses del triunfo, y quizás en el primer lustro, existía un mismo ideal respaldado por un estado de ánimo popular. La creación hecha en la Isla en esa época posiblemente nunca más volvió a ser la misma en cantidad y calidad, algo que se extendió hasta mediados de los 70, a pesar del frenazo ideológico que fueron las Palabras a los intelectuales y el affaire Padilla a finales de los 60 con el consecuente y tristemente célebre “Decenio” Gris.

En la medida que el proceso se fue radicalizando, también la cultura, como expresión supra estructural, se fue tornando exclusivista. Una elite cultural fue tornándose parte del poder. Con todos los medios de comunicación en sus manos, el Estado totalitario decidía quien publicaba y quien no, si la obra era o no revolucionaria, cual filme o documental obedecía al canon marxista-castrista. A pesar de que nunca el realismo socialista dominó la escena cultural cubana no se puede decir que no lo haya intentado. Tal vez nunca lo lograron porque el choteo y la simulación fueron suficientes antídotos según nos descubriera Jorge Mañach.

Lo que estuvo claro siempre para los ideólogos castristas más ilustrados era que la cultura debía ser un elemento esencial en dotar a la revolución de una mística salvadora; fuegos artificiosos que ocultaran la sangre de una guerra civil —Escambray—, la división familiar, el exilio masivo, las carencias materiales y espirituales que el proceso, por su inoperancia genética, iba produciendo. De cierta manera se confundían los papeles: ya no se sabía dónde terminaba el intelectual y comenzaba el policía cultural. Habíase alcanzado “alta” cultura en Cuba: la del poder absoluto. Como en un invernadero, el intelectual orgánico tuvo todo tipo de apoyo mefistofélico: sin las penurias para pagar sus propias ediciones, ni costear sus viajes, ni cazar concursos por su cuenta para ser conocido.

En tanto, la pregunta podría ser: y la cultura que se fue de la Isla, ¿esa no es cubana? ¿Solo es cultura cubana la que se genera en el archipiélago con la anuencia de los comisarios culturales? La cultura disidente dentro de Cuba, ¿es cultura?

III

La liberalidad de las redes sociales impuso al mundo democrático un reto: lidiar con nuevos líderes de opinión. Al dictatorial-totalitario asignó un desafío mayor: medirse en un terreno, el de las ideas y las alternativas, para lo cual nunca estará preparado. El discurso variopinto de los grandes medios de comunicación, galerías, museos, editoriales, compañías de radio, televisión y cine tuvo que adaptarse a la realidad de un espacio virtual donde desconocidos tenían voz. El ajuste de los poderosos capitalistas fue sumarse, incluso comprar ese nuevo hacer.

De la misma manera, porque Cuba no está en otra galaxia, aparece a finales del siglo XX un hacer distinto en la cultura, y sobre todo, peligrosamente incontrolable. Ya los escritores, músicos, pintores y cineastas no necesitan del Papa Estadopara realizar e incluso comercializar sus obras, —algunas fuertemente contestarias— en la literatura y el cine. El dilema para el mundo autoritario, incapaz de sostener diálogos con la Otredad pues desarmaría su rígida estructura ideológica, es no tener opción: más de lo mismo, atrincheramiento en el pasado. Como la llamada estética revolucionaria está ligada o es parte indisoluble de la ideología castrista-comunista, permitir espacios de disenso en las expresiones creativas —salvo en muy contadas excepciones— es poner en duda toda la épica trascendental, milenarista.

Ese nuevo hacer del arte en Cuba, no muy alejado de cómo se mueve el mundo democrático, hizo que surgiera lo que los ideólogos y comisarios culturales cubanos comenzaron a catalogar de baja cultura. Contra ella publicaron artículos y entrevistas. Fracasada la estrategia de la humillación y el ninguneo, el siguiente paso fue recordarle en persona a los blogueros, pintores, cineastas, revistas online e incluso instituciones religiosas que los medios de comunicación eran de los revolucionarios.

La baja cultura no se detuvo. No quiso entender. Hasta que llegó lo que tenía que llegar: las Palabras a no intelectuales: el Decreto 349. A partir de ese momento, el régimen judicializó, siempre fue así, pero nadie parecía, —no se trata de la revista lezamiana— quien sí y quien no era un creador. Aquellos polvos formaron el lodazal posterior. Cuando una idea no se combate con ideas sucede algo como el Movimiento San Isidro, y la protesta frente al Ministerio de Cultura.

El 11J podría verse en esa cadena de hechos que, si bien tiene una fuerte base económica en el agobio y la frustración por sesenta años de fracasos, se le sumó la rebeldía cultural de las generaciones más jóvenes, deseosas, como siempre, de ser protagonistas del cambio. La canción “Patria y Vida” la coreaban miles de compatriotas. Salía espontánea. Como un himno. Como en una época fue cantado el bodrio “La Marcha del Pueblo Combatiente”. Se había roto el mito de la unidad y el amanzanamiento del pueblo cubano.

Por primera vez uniformados cubanos maltrataban, abusaban de gente humilde como ellos, indefensos. Eso nunca se había visto en directo. Durante el Maleconazo los policías y sus adláteres tuvieron la decencia de ponerse camisetas de la Brigada Blas Roca para repartir golpes. Intelectuales de los llamados orgánicos —y por supuesto, los inorgánicos también— dijeron basta y no quisieron volver a andar. Se había creado lo que los ideólogos comunistas llamarían una situación revolucionaria; factores objetivos y subjetivos suficientes para hacer caer un gobierno. Era imprescindible hacer control de daños. Sobre todo, en el primero y más vital de los sectores, el de la cultura.

La aparición de Archipiélago y su líder Yunior García —el actor y su obra— pudo ser la respuesta pensada —o aprovechada— por los listos operadores de la inteligencia para ponerse una suerte de vacuna contra toda protesta ulterior y el movimiento disidente en Cuba. Los resultados de la obra yuriniana no pueden ser más claros: Luis Manuel Otero y otros disidentes al fin pudieron ser apresados y condenados. La obra tuvo varios actos y escenas al mejor estilo Ionesco: pedir permiso sabiendo que lo iban a negar; insistir en salir, cambiar la fecha de la marcha; anuncio del régimen de movilización militar; recogida de firmas por todo el país para comprometer decenas de personas con la marcha; movilización cederista y por centros de trabajo para bloquear la marcha; caminar con una flor por la despejada Calle 23 —ojo, Yunior probable blanco en movimiento; casa bloqueada por el pueblo sin paloma acéfala en la puerta; actor parado en la ventana con una rosa blanca en el pecho— actor en escena, blanco inmóvil; actor desaparecido, elenco sobrecogido; actor aterriza en Madrid, elenco preso o deportado; fin de la obra… y del actor.

IV

Lo que sucederá en Cuba durante 2022 con una crisis económica insoluble y una bancarrota ideológica y moral como nunca antes, ni los sacerdotes Ifa, quienes hacen la Letra del Año, lo saben con certeza. Un par de refranes asociados al Signo —Baba Eyiogbe— resultan curiosos: ningún gorro puede ser más famoso que una corona y el Elefante es muy fuerte pero no lo suficiente para derrotar el viento. Cada cual que lo interprete a su manera, o como suelen decir, lo que se sabe no se pregunta. La quiebra ideológico-cultural del proceso castrista es tan evidente que bastaría repasar en la prensa oficiosa el espacio dado a la Tarea Reordenamiento… de las Ideas.

Hay todavía algo peor: las carencias culturales de quienes hoy, supuestamente, gobiernan la Isla. Se podría criticar a Raúl Roa por sus desplantes en Naciones Unidas, quien por cierto nunca fue comunista, pero tenía una obra hecha antes de 1959; Carlos Rafael Rodríguez, exministro batistiano en 1940, de quien los adversarios envidiaban talento y fino humor; Osvaldo Dorticós, alias cuchara, abogado cienfueguero exitoso y exdecano del Colegio de Abogados en 1958. Y más acá, en la época de la llamada institucionalización, cuando en cada ministerio o comité estatal dirigían los mejores cerebros que aún permanecían en Cuba[v]. La generación del Continuismo está culturalmente castrada en su origen: formada en las becas, en los Camilitos, en la Lenin, los déficits de saberes, el pensar fuera de la caja —¡cuidaito compay gallo!— explican sus improvisaciones e incapacidad para de entender el complejo mundo en que vivimos.

Todo el movimiento Hip-Hop, los festivales de rock, la música urbana, el llamado cine pobre, el realismo sucio en la literatura y el arte minimalista son expresiones que la nueva era cubana está pariendo y no hay fuerza humana que la pueda abortar. Quiéralo o no, la elite cultural que ha medrado durante decenas de años del poder absoluto, nada nuevo tiene para decir. Por eso “Patria y Vida”, un himno de combate como algunos lo han calificado, rompe con lo simbólico-cultural y es tan peligrosa. La respuesta dada por el régimen a “Patria y Vida” evidencia la desnudez cultural del régimen. Las contra-canciones no solo carecen de valores musicales o estéticos, sino que se le ven las costuras de la urgencia.

¿Qué podemos esperar para 2022 —respetando la Letra del Año— ante la crisis cultural-ideológica del régimen? Pues lo que estamos comenzando a ver: una coreanización de la cultura como nunca se ha visto; quizás una neo-parametración en todos los ambientes creativos donde la fidelidad estará primero que todas las cosas; la infancia, protagonista de cosas de adultos como marchas, mítines de repudio, loas al pasado y al Máximo Líder al peor estilo Colmenita; los adultos sometidos cuentos para niños donde solo hay malos y buenos —sabemos quién es cada uno.

Para los comisarios habrá trabajo de sobra. La alta cultura revolucionaria se irá apagando no porque carezca de valores estéticos, que son innegables, sino porque pertenecen a una época muy concreta, pasada, y sus valores éticos, morales, prácticamente han desaparecido en un mundo donde también la subjetividad y la gratificación inmediata hacen lo suyo. La baja cultura, como la quisieran llamar, se irá imponiendo en la Isla y fuera de ella. Y cuando como en una indigestión el régimen expulse a los creadores, los escupirá sin mediar palabras, llegarán a la Isla sus creaciones como frescos alisios, disfrutables en el Malecón mientras se sueña con caminar sobre las aguas en dirección al Norte resuelto y frutal.

Existe una situación revolucionaria. Cuba puede estar a las puertas de un proceso de cambios, y no porque quienes parecen gobernar lo desean. Las evidencias son, como señalaba Jorge Mañach hace un siglo, la ausencia de producción intelectual verdadera, novedosa, creativa; una elite cultural atada a un poder que cada día es menos representativo de las necesidades del pueblo; la urgencia de “enseñar la historia patria” como si no hubieran estado sesenta años desconociéndola; la impostura evangélica de un Martí-Juan Bautista anunciando la venida del salvador Fidel-cristo a quien, como un santo, acaban de construir un templo con sus reliquias para propagar su palabra de vida eterna.

La crisis que ha provocado la “baja” cultura es insondable. No es un aldabonazo suicida. Y no será el último. Es una pena que quienes pueden, no quieran oírlo. No quieran abrir la puerta. El reloj de la historia no se detiene. París y San Petersburgo fueron lo mismo.

[i] Mañach, Jorge. La crisis de la alta cultura en Cuba, (3-41) en: Ensayos, Selección y prólogo de Jorge Luis Arcos. Editorial Letras Cubanas del Instituto Cubano del Libro, La Habana, Cuba.

[ii] Conferencia impartida en la Sociedad Económica Amigos del País, y publicada en La Habana, 1925 con prólogo de Fernando Ortiz.

[iii] Mañach, Jorge. Ob. cit: pág. 9.

[iv] Como toda revolución, suele acompañarse de una lectura de la historia donde los vencedores se posesionan de “verdades irrefutables”. La revolución cubana escribió la historia de manera que la revolución de 1959 encajara y fuera el final de la lucha anticolonial y fratricida de la república. Refiriéndose a los mambises: “entonces ellos hubieran sido como nosotros, y nosotros como ellos”.

[v] Los ministros y presidentes de las instituciones del Estado fueron escogidos con “pinzas”. A la cabeza de cada ministerio se pusieron individuos que no solo tenían experiencia en sus campos. La mayoría tenia un amplio bagaje cultural, adquirido antes y después de 1959.

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sábado, agosto 21, 2021

Yoandy Izquierdo Toledo desde Cuba: Que la verdad nos haga libres

 
Tomado de https://www.facebook.com/

Que la verdad nos haga libres

Por  Yoandy Izquierdo Toledo

19 agosto, 2021

Decía Ortega y Gasset que “El porvenir representa en la vida humana el constante y absoluto peligro”. Dice un amigo mío, en un lenguaje más coloquial, que lo bueno que tiene “esto” es lo malo que se está poniendo. Aún sin saber hacia dónde podría moverse la situación del país, muchos analistas políticos consideran que las acciones que se vienen desarrollando como estrategia para paliar la crisis acelerada por la incidencia de la COVID-19, pero acumulada desde antaño, solo podrían conducir al cambio que Cuba necesita en materia económica y en cuanto a derechos y libertades. 

El estallido social del 11J, quiera o no reconocerlo el gobierno, no tiene un responsable único y absoluto. Internet y las redes sociales hoy convocan más que una pancarta o una marcha por las calles organizada desde la oficialidad, como sucedía en los tiempos en que yo era niño y no se usaba en Cuba ni el correo electrónico. Con el creciente uso de las tecnologías de la informática y las comunicaciones, tan ampliamente mencionadas por el gobierno, a la vez que se empodera una parte de él, el ciudadano de a pie también ha podido visibilizar su cotidianidad, y ello implica todas las facetas de la vida económica, política y social del país. Publicar una noticia verdadera, una opinión muy personal, o compartir una experiencia de vida, llega a alcanzar cientos de personas que se identifican, que comparten pensamiento, y se generan comunidades de intercambio de ideas, publicación de contenidos, y la dinámica de posts y seguidores. 

Cuando surgieron en Cuba las primeras plataformas digitales, las primeras revistas online (como fueron Vitral (1994-2007) y Convivencia (2008)), los blogs personales, algunos proyectos audiovisuales, sabíamos que éramos pioneros de algo más grande que luego se podría extender a cada persona que tuviera un dispositivo móvil o una computadora en sus manos, una conexión a internet -aunque fuera inestable- y el deseo y valor de contar historias verdaderas, ejercer periodismo de investigación, trabajar en el mundo de la cultura, generar foros de debate, trabajar en la formación ciudadana a través de cursos y espacios virtuales, entre otras múltiples iniciativas que ha propiciado el uso de la red de redes. La llama prendió, la difícil siembra (recuerdo la censura de siempre, las “presillas” a páginas para el acceso desde Cuba, el mecanismo de tuitear a ciegas a través de sms, etc.) rindió frutos, y tal parece que el cubano ha vivido siempre con internet, porque hoy constituye una potente herramienta para hacer perdurar la verdad que a veces se pretende ocultar. 

Internet y las redes sociales han devenido en el más grande espacio de libertad en un país totalitario, porque es una ventana al mundo, una puerta que se abre en medio de la oscuridad interior, un sitio donde puedes ser tú mismo al menos hasta que los policías cibernéticos comiencen su labor. La guerra en las redes sociales se ha desatado desde hace años, pero quizá se ha visto incrementada en los últimos tiempos porque ha ocurrido igual incremento del descontento social, ha aumentado la crisis y disminuido el miedo, cada vez es mayor el número de usuarios y se ha tomado conciencia de que el activismo digital o el protagonismo de las redes puede servir para sacar a flote la verdad, que es también una forma de sentirse libre, o con el deber cumplido de no mentir jamás. 

Estas verdades también las conoce el gobierno cubano. Es difícil ocultar millones de publicaciones, algunas en tiempo real, grabaciones de eventos de los más espeluznantes que podamos ver, publicaciones de gente seria que hace análisis y propone sin ataques ni descalificación. Entonces, ¿de qué forma intenta limitar el gobierno la libre expresión de sus ciudadanos? Por un lado, la Constitución de la República de Cuba, aprobada en 2019, en su Título V, sobre “Derechos, deberes y garantías”, Capítulo II de “Derechos” establece en sus artículos 54, 55 y 56 el derecho a la libertad de expresión, a la libertad de prensa, y a la libertad de reunión, manifestación y asociación, respectivamente. Por otro, el gobierno se blinda con leyes complementarias que contradicen a la ley de leyes, como el ya bastante criticado Decreto-Ley 35. Es la ambigüedad que caracteriza ciertas decisiones y procesos en Cuba, es la supuesta apertura que “atempera” la Constitución a los tiempos actuales, con el previo diseño de mecanismos de cierre posterior a través de decretos-leyes que tipifican delitos de varios niveles de peligrosidad. 

Como siempre, estamos hablando de un decreto-ley que sería aplicado bajo el libre arbitrio de un tribunal para vigilar el ciberespacio, un ejército de censores que deberán clasificar los contenidos, encasillar el “delito” y proponer las sanciones. Cuba no posee contratos de servicio con ninguna plataforma de redes sociales, más bien algunas redes sociales han censurado también las cuentas de personalidades del gobierno por, supuestamente, infringir las normas de seguridad y propiciar mensajes de odio. Entonces ahora se trata de un decreto-ley basado en la subjetividad, que sabemos que ya tiene blancos fijos y delitos predefinidos. 

Bajo la situación que vive el país por la crisis sanitaria, y de todo tipo, dedicarse a la ciberseguridad es alejarse de temas más cruciales como la salud y la alimentación con problemas reales agudizados. Pero a la vez, dedicarse a la ciberseguridad, es reconocer que las famosas TICs constituyen una herramienta útil y necesaria en los sistemas totalitarios, donde la persona es anulada para convertirla en masa, y donde una voz aislada, desprotegida y poco visibilizada resulta más fácil de silenciar y desaparecer. 

Por solo referirme al Anexo II del Decreto-Ley 35 que tipifica los incidentes de ciberseguridad y su nivel de peligrosidad, tenemos que se define como difusión dañina “la difusión a través de las infraestructuras, plataformas o servicios de telecomunicaciones/TIC, de contenidos que atentan contra los preceptos constitucionales, sociales y económicos del estado, incite a movilizaciones u otros actos que alteren el orden público; difundan mensajes que hacen apología a la violencia, accidentes de cualquier tipo que afecten la intimidad y dignidad de las personas”. Este delito está considerado de alto nivel de peligrosidad, y entra dentro de la categoría de daños éticos y sociales. 

Ahora me pregunto: 

1️⃣ ¿Contenidos que atentan contra los preceptos constitucionales? ¿Dónde queda la libertad de expresión contemplada en el Artículo 54 de la Constitución? Bien sabemos que en materia de censura cualquier texto, incluida la crítica propositiva, si no es del mismo y único color predominante, ha sido considerado por los censores como disenso abierto y explícito. 

2️⃣ ¿Incitación a movilizaciones u otros actos que alteren el orden público? Una manifestación pacífica fue reprimida con el ejército en las calles. Unos revolucionarios “confundidos” fueron aclarados con la orden de combate. Es cierto, es de alto nivel de peligrosidad hacer un llamamiento a la violencia, convocar al enfrentamiento entre hermanos, llamar “malnacidos” a otros compatriotas por pensar diferente. Eso sí constituye una verdadera apología a la violencia. Eso también altera la paz social, la convivencia pacífica, la amistad cívica y el orden ciudadano. 

3️⃣ ¿Accidentes de cualquier tipo que afecten la intimidad y dignidad de las personas? Pienso que si este Decreto-Ley tuviera carácter retroactivo, los responsables de todos los actos de repudio, de los fusilamientos mediáticos de las Razones de Cuba, los programas de la Mesa Redonda, los espacios policiales en el Noticiero Nacional de la Televisión Cubana, deberían ser analizados por atentar contra la dignidad de ciudadanos en pleno ejercicio de sus libertades fundamentales. ¿Significa que en lo adelante nunca más tendremos un cibernauta “asignado” para violar la intimidad, ni troles pagados para intentar dañar la dignidad humana? 

Me temo cuáles podrían ser las respuestas a estas preguntas, porque en el mismo código de ambigüedades cubanas parece que se habla de dos bandos siempre, como un eterno juego de niños: el hombre y el lobo, lo blanco y lo negro, la espina y la flor, los buenos y los malos. Y ya sabemos que, en nombre de los buenos, para atacar a los malos, no importa si se cometen las mismas acciones tipificadas como incidentes de alta peligrosidad. En esos casos pareciera que no constan como un daño ético; pero la moral no puede ser relativa, y un día no muy lejano, se cumplirán las palabras de mi amigo, que, traducidas a otro lenguaje, significan que no hay parto sin dolor, y que esta terrible hora de Cuba tendrá que dar a luz, irremediablemente, una criatura nueva llamada Patria en libertad. ¡Que la verdad nos siga haciendo cada vez más libres!

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viernes, mayo 07, 2021

Video: DEMANDA OFICIAL de Black Lives Matter: "Trump DEBE SER cancelado de por vida". de todas las redes sociales de Internet


Jota DBS

May 6, 2021

#BLM #ColectivismoRacial #Facebook

DEMANDA OFICIAL de Black Lives Matter: "Trump DEBE SER cancelado de por vida".-


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#BLM #ColectivismoRacial #TomiLahren

La verdad de BLM en 1 minuto, con Tomi Lahren.-


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Tomado de https://elamerican.com/

La nueva demanda de Black Lives Matter: prohibir a Trump en todas las plataformas

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Es muy importante entender la simetría de la cosmovisión que subyace a la restricción de los derechos de la Primera Enmienda, por parte de corporaciones privadas, así como de un importante partido político (DNC) y movimientos políticos como BLM

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Por Julio M. Shiling

05.05.21

[Read in English]

Añadiendo vapor al tren del despotismo, Black Lives Matter (BLM) emitió una nueva demanda en su sitio web. El grupo marxista ahora también pide la prohibición permanente, de todas las plataformas de medios sociales, del expresidente Donald J. Trump. Esto se produce mientras el veto de Facebook al 45º presidente fue ratificado el miércoles 5 de mayo por su propio Consejo de Supervisión, una entidad inventada por el gigante de las redes sociales para opinar sobre sus decisiones y ofrecer una imagen de auditoría independiente.  

Las fuerzas de Big Tech parecen estar en perfecta connivencia para intentar silenciar a los conservadores en general, pero a Trump en particular. A Twitter, Snapchat y YouTube se les suma ahora Facebook en este esquema de censura permanente. A los oligarcas de Silicon Valley se les ha unido a este peligroso movimiento para suprimir la libertad de expresión, el Comité Nacional Demócrata (DNC), el órgano de gobierno del Partido Demócrata.

La nueva demanda crece y toma impulso

El mayor partido político de la nación emitió un tuit en el que pedía la extinción de Trump de la mayor red social del mundo. El DNC tuiteó “Facebook debería prohibir permanentemente a Donald Trump”. Este tipo de connivencia ideológica ha sido bien interpretada en los regímenes totalitarios. Después de todo, esta es precisamente la noción de lo que constituye un “régimen”, instituciones no gubernamentales que son, a efectos prácticos, extensiones de facto del poder político gobernante.

El hecho de que BLM haya añadido otra “demanda” de demolición sistémica en el sitio web de su organización, no debería sorprender a nadie. Estas son sus siete “demandas” actuales: 1. Condenar y prohibir a Trump de futuros cargos políticos; 2. Expulsar a los miembros republicanos del Congreso que intentaron anular las elecciones e incitaron a un ataque de supremacía blanca; 3. Lanzar una investigación completa sobre los vínculos entre la supremacía blanca y la Policía del Capitolio, las fuerzas del orden y el ejército; 4. Prohibir la plataforma de medios sociales de Trump; 5. Desfinanciar a la policía; 6. No dejar que el golpe de estado se utilice como excusa para reprimir nuestro movimiento; y 7. Aprobar la Ley BREATHE. Aprobar la Ley BREATHE.

Es muy importante entender la simetría de la cosmovisión que subyace a la restricción de los derechos de la Primera Enmienda, por parte de corporaciones privadas, así como de un importante partido político (DNC) y movimientos políticos como BLM. El denominador de pensamiento común que fusiona la racionalización de estos actores es la falsedad presupuesta se encuentra en la Teoría Crítica de la Raza (TCR) del neomarxismo.

La necesidad de reprimir el discurso y la actividad que va en contra de la cosmovisión de la izquierda sobre las relaciones sociales y el orden existente, está directamente sacada del ensayo de la Escuela de Frankfurt “Tolerancia Represiva” de 1965 (de Una Crítica de la Tolerancia Pura) escrito por Herbert Marcuse. Esta propuesta seminal del dogma marxista cultural argumenta vehementemente a favor de obstaculizar las opiniones contrarias por cualquier medio necesario, incluso la violencia. 

La teoría de conspiración de la izquierda que sostiene la narrativa de que existe un modelo hegemónico de supremacía blanca y que la violación del Capitolio del 6 de enero fue un intento de “golpe”, como BLM lo llama en su página web, es fundamentalmente una visión CRT del mundo y de los acontecimientos.

Desafortunadamente, las grandes empresas de la tecnología, los medios de comunicación industriales, el capital woke y el Partido Demócrata diseñado por Obama, se han suscrito a esta farsa socialista. La noción de que una entidad como BLM, que ha ejercido descaradamente el terrorismo doméstico en más de 600 disturbios en 2020, causando un número de muertos, heridos y destrucción, mucho mayor que cualquier cosa que el lamentable asalto del 6 de enero causó, puede llamar a ese incidente un “golpe”, nos muestra lo peligroso que Estados Unidos está tendiendo.

Estamos ahora en un coliseo romano del siglo XXI y las características inherentes de la República Americana están siendo sacrificadas a los leones. La prohibición de Trump es una prohibición de la libertad de expresión de todos los americanos.  


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domingo, marzo 07, 2021

Video sobre la censura en las Redes Sociales: La excelente periodista Marian de la Fuente entrevista al actor Gilberto Reyes y a Yunior Santana

 Wenceslao Cruz

Febrero 28, 2021


La excelente periodista Marian de la Fuente invitó a su programa "El Espejo" de América Tv, al actor GILBERTO REYES para hablar de la censura en las redes sociales. Tras una fantástica introducción la periodista debatió con los invitados: el analista político YUNIOR SANTANA, el creador de la red social "apretaste", SALVI PASCUAL y el propio GILBERTO REYES sobre el futuro de la "libertad de expresión" tras la censura que se está viendo últimamente en las redes sociales.

¡¡¡CENSURA EN LAS REDES SOCIALES!!!😡▶ MARIAN DE LA FUENTE entrevista al actor cubano GILBERTO REYES



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jueves, diciembre 05, 2019

Video. Alex Ota Ola: Alexis Valdés dice que PCC pidió a comediantes “criticar al gobierno de Cuba, pero no tanto”. Alex Otaola sobre la canción de Alexis Valdés "Todo será feliz un día"


Alex Ota Ola: Alexis Valdés dice que PCC pidió a comediantes “criticar al gobierno de Cuba, pero no tanto”


“Cuba” autor e intérprete Alexis Valdés. Guitarra Lázaro Rodríguez
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Una reflexión sobre la reciente guerra  de  los cubanos en las redes sociales

Alexis Valdes
25 de noviembre a las 16:35 · 

Hace algunos días que sigo, sin tampoco sumarme, a un intenso debate en las redes sociales de los cubanos , entre artistas, periodistas influencers y usuarios de la red.

El debate parece tratar de este artista “si” o “no” o este influencer “si” o “no”. Pero si vemos un poco más allá de lo evidente, si intentamos rascar un poco, podríamos darnos cuenta que el tema que subyace es “la libertad de expresión”.

Más allá de las peleas personales y de los egos heridos de lo que se está hablando en la redes de los cubanos apasionadamente y hasta enloquecidamnte, lo que ocurre ahí, en mi opinión, es un debate sobre la libertad de expresión en la isla.

Hace unos días me encontré con un amigo comediante que vive en Cuba, y me contó algo increíble.

Me dijo que a él y a otros comediantes populares les habían llamado a una reunión en el comité central del partido para decirles entre otras cosas “compañero necesitamos que nos critiquen”. Sin pasarse, pero critíquennos.

Se imaginan ? Esto que a primera vista parece un atisbo de libertad , es la mayor de las censuras. Es como si el secuestrador le dijera el secuestrado necesitamos que te fugues pero un poco, vaya, tampoco te fue del todo. Fúgate un poquito y déjate coger otra vez.

Por supuesto que esto es una estrategia que siempre ha usado el poder total. Quiero tener un crítico pero que sea un crítico controlado. Quiero dar la impresión al pueblo de que existe la posibilidad de una crítica ( una válvula de descompresión) pero al final una crítica que dirijo yo.

Y como yo soy quien pone los límites siempre tengo a mis propios críticos a mi merced y con miedo a saltar la barrera prohibida.

Y así, para sobrevivir, muchos artistas de Cuba, tienen que medir muy bien hasta donde se atreven. Aún peor tienen que intuir donde está la raya amarilla, porque no está ni siquiera pintada. Está en su imaginación. Perfectamente colocada por el censor con láser.

Esto lo conozco porque lo viví. Yo fui un joven comediante de éxito en Cuba y como joven inquieto me atrevía a decir ciertas cositas pero yo intuía muy bien donde decía peligro.

Una vez me pasé un poco de la raya y en la puerta de la televisión cubana se me acercó un hombre que yo no conocía de nada y me dijo “te vamos a llenar la boca de hormigas”. Y yo no supe si reírme o defecarme .

El problema de la censura extrema es que obliga a todos a mentir y cuando todos mentimos nadie sabe lo que piensa el otro y por tanto todos sospechamos de todos. Esto crea una sociedad paranoica que sin capaz de mirarse a si misma con objetividad .

La pregunta es: Es este el país que quiero para mi? Es es del país que quiero para mis hijos y para mis nietos?

Creo que más allá del egoísmo, muy justificado, de querer proteger tu integridad física y las pocas o muchas cosas que hemos conseguido con arduo trabajo, También hay que pensar como país, como sociedad, porque no puedes vivir en una urna de cristal. Por mucho éxito o dinero que tengas lo que pasa a tu alrededor te afecta.

Cuando ves lo que pasó en el mercado de Cuatro Caminos, no puedes dejar de sentirte mal por tu país.

Cuando vez que alguien es golpeado o encarcelado por manifestar una idea o reclamar un derecho universal, no puedes dejar de sentirte mal por tu país.

Y que haces para cambiar eso? Cual es tu contribución a mejorar tu país ? Ponerte una venda en los ojos y tapones en los oídos ?

Decir “yo no puedo cambiar eso “ “ cuando yo nací ya era así “ ?? Si Jose Martí y Antonio Maceo hubieran hecho eso aún seríamos colonia de España.

Todos tenemos una responsabilidad con nuestro país, aunque queramos olvidarlo a veces. Es algo que te toca el corazón.

Y que hacemos? Apagamos el corazón y nos compramos un auto nuevo? Nos anestesiamos bebiendo y bailando ? O intentamos de corazón mejorar nuestra sociedad ?

Quiero creer que debajo de las peleas en las redes, lo que subyace es una fuerte preocupación de los cubanos por el destino de su país. Un país que necesita urgentemente libertad de expresión para que los cubanos sin miedo y sin censura puedan expresarse y cambiar su país. El país de todos.

Alexis Valdés.

Ah por cierto. No digo el nombre del comediante que me contó la anécdota porque el aún vive bajo la censura.
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Alex Otaola sobre la canción de Alexis Valdés "Todo será feliz un día"


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Emigrar.

Tengo una pena ya larga
que Cuba tiene por nombre
mi pena es dulce y amarga
como el llanto de los hombres

Una pena anestesiada
en un dolor tan añejo
que voy haciéndome viejo
y me va quedando nada.

Porque la Cuba adorada
que un día dejé, no existe.
Como una esperanza triste
en una imagen borrada.

Más mi memoria obstinada
me la recuerda cuál fue
y vuelvo con mi niñez
a pisar mi patria amada.

Y llego a mi casa vieja
con mi abuela en la ventana
como esperando un mañana
que cada vez, más se aleja.

Le cuento mil aventuras.
Tanta vida transitada.
Ella dice con ternura.
“Aquí no ha pasado nada”.

La tarde anochece en gris
Un ave perdida pasa
Le digo “he sido feliz,
pero nunca estuve en casa”.

Alexis Valdés.
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