jueves, febrero 15, 2024

Hoy Miércoles de Cemiza algunos de los Poemas sin Nombre de Dulce María Loynaz y por ser hoy también Día de San Valentín un breve apunte sobre su amor de telenovela con Pablo Álvarez de Caña



 Dulce María Loynaz

POEMA CVII

Ayúdame, Señor, a ser lo que Tú has querido que sea.

O déjame saber que no lo has querido…

POEMA LXXXIX

Para mí, Señor, no es necesario el Miércoles de Ceniza, porque ni un solo día de la semana me olvido de que fui barro en tu mano.

Y lo único que realmente necesito es que no lo olvides Tú…

POEMA LXXXXVII

Señor, no des a mis cantos el triste destino de Abisag…

Déjalos que se pierdan o se quemen en su propia llama, pero no los condenes sin fruto y sin amor a calentar huesos fríos de nadie.

POEMA XCVII

Señor mío: Tú me diste estos ojos; dime dónde he de volverlos en esta noche larga, que ha de durar más que mis ojos.

Rey jurado de mi primera fe: Tú me diste estas manos; dime qué han de tomar o dejar en un peregrinaje sin sentido para mis sentidos, donde todo me falta y todo me sobra.

Dulzura de mi ardua dulzura: Tú me diste esta voz en el desierto; dime cuál es la palabra digna de remontar el gran silencio.

Soplo de mi barro: Tú me diste estos pies… Dime por qué hiciste tantos caminos si Tú sólo eres el Camino, y la Verdad, y la Vida.

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Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

Dado qu  hoy es también el Día de San Valentín o Día de los Enamorados (no me gusta añadir:  y de la Amistad) varias fotos de un amor verdadero. En la primera foto aparece Dulce María Loynaz (se llamaba Mercedes,  igual que su madre, y ella  expresó en una ocasión que no sabía de dónde había salido tanta dulzura) donde se le ve pletórica de  felicidad porque, al fín !, se casaba con  el amor de toda su vida, ya que desde que era adolescente había estado enamorada del canario Pablo Álvarez de Caña, el cual era de una clase social muy diferente a la de ella, pues había sido hasta vendedor de carbón vegetal. Ya casados y años después, posterior a la imposición de la Revolución  secuestrada por el castrismo, Pablo Álvarez de Caña se va de Cuba pero  Dulce María se queda en Cuba porque, según expresó:  la hija de un General mambí (Enrique Loynaz del Castillo, autor del Himno Invasor)  no  se va de su patria.  Pasa el tiempo y Pablo en EE.UU. enferma de cáncer y desea ir a morir a Cuba  al lado de su amor, pero en aquellos años estaba casi totalmente prohibido que regresaran aquellos cubanos que habían partido de Cuba después de 1959 buscando libertad.  Un día Dulce María cuando va a buscar el normado litro de leche, que le correspondía como adulta mayor,  se encuentra con Nydia Sarabia y le empieza hablar  de la situación de Pablo; Nydia se  sensibiliza con la situación y habla con Celia Sánchez Manduley, la cual consigue la autorización para qie Pablo regrese a Cuba, el cual regresa y fallece  junto a su esposa, quien lo había ayudado  mucho  a redactar, antes de la Robolución, su  página de Crónica Social en el muy importante y conservador Diario de la Marina.







Dulce María y Pablo el día de su boda



Dulce María y Pablo

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lunes, mayo 23, 2022

Jorge Luis González Suárez desde Cuba: De Lydia Cabrera han borrado hasta el lugar donde vivió. Carta de Gastón Baquero a Lydia Cabrera

 
Nota del Bloguista de Baracutey Cubano para mostrar que cuando se es patriota  la Patria se lleva, al decir de José Martí, a cuesta; y que nos acompaña hasta el final de  nuestros días en este peregrinar hacia la Casa del Padre.

Tomado de https://digitalcommons.usf.edu/c

Para llegar a Lydia Cabrera

Conversación con Isabel Castellanos: las ceremonias del adios entre Lydia Cabrera y María Teresa de Rojas

Por Madeline Cámara 

3-30-2015

(Fragmento)

 Cámara: ¿Entonces fue corto ese periodo de la enfermedad final?

 Castellanos: Fue corto, yo diría que una semana, fue muy corto su sufrimiento. Yo estaba la noche en que ella murió en FIU, tenía una clase pero la había visto mal, yo había llamado a sus amistades más allegadas y les había dicho: Yo creo que esto es el final. Ella estuvo lúcida hasta el último momento, les dije: si ustedes quieren ver a Lydia, creo que ustedes tienen que venir y verla y efectivamente, mi tía me llamó antes de empezar mi clase, ella me dijo: Ven, no des la clase, ven para acá. Yo había llamado a Merceditas Muriedas, su secretaria; ella está aquí en Miami, va a cumplir 90 años en estos días, en mayo. Ella vino y vino Raquel La Villa. Raquel se fue a su casa a traerle una almohada y Lidia murió en el tránsito de ella irse, vino también Pepe de Armas. Esa noche ella se fue como apagando poquito a poco y dejando de hablar. Muy tranquila muy serena, nada de angustia al contrario con una sonrisa, muy tranquila

Muy serenita que estaba Lidia y, de momento me dijo... La Habana.

 Cámara: ¿Qué dijo?

 Castellanos: La Habana, muy bajito. La Habana, y yo le dije ¿qué cosa Lydia? La Habana. Le dije: ¿Usted está en La Habana? Y me dijo, sí, eso es lo último que dijo, ya de ahí duró un ratico y simplemente dejó de existir. Fue una cosa muy tranquila, muy serena. No sufrió absolutamente nada. Luego vinieron de la funeraria, ella había pedido que la cremaran.

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Dulce María  Loynaz habla  sobre La Habana:

"El que no la vio, no podra nunca imaginar lo que era La Habana en aquel momento: una pequeña Viena, un Paris en miniatura, un extracto de Buenos Aires, sin la sosera ni tanta calle ancha y descolorida.
Porque La Habana era todo eso, color, esplendor, refinamiento..."
"El Vedado era una esencia, un espiritu, un ser fundido en nuestro ser, que cuando lo perdimos. no fue sin sentir que ya dejabamos de ser un poco nosotros mismos, y aun prescindiendo de estas finuras de la sensibilidad... Como olvidar aquel trasunto de marmoles y jardines, de arboles umbrosos y verjas de hierro calado en filigranas! Y luego aquel olor a albahaca y a romero que era su olor y nunca mas he vuelto a percibir.
Mientras escribo me doy cuenta de que estoy escribiendo en el vacio. Como hacer creer a los que vendrian luego que aquel Vedado era un lujo que podia permitirse una ciudad y con la ciudad un pequeño pais donde no existian exodos en masa, ni asaltos a embajadas, ni gente perseguida ni persiguidores,,,!"
"Ya no existe El Vedado, como no existe Pompeya ni Palmira. Como no existe Macchu Picchu. Pero estas al menos debieron su destruccion al rodar de los siglos o a las tremendas fuerzas de la Naturaleza, aun imponentes y grandiosas en su potencia de aniquilamiento. La misma Cartago fue arrasada por los hombres que peleaban su guerra, extranjeros en ella.
En cambio, nuestro Vedado fue enterrado vivo por la estulticia y la avaricia de hombres nacidos bajo su mismo cielo."
 -PARRAFOS TOMADOS DEL LIBRO FE DE VIDA DE DULCE MARIA LOYNAZ.
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Tomado de https://www.cubanet.org

De Lydia Cabrera han borrado hasta el lugar donde vivió

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La Quinta San José fue arrasada hasta los cimientos en 1962, pocos meses después de que Lydia Cabrera se exiliara, para edificar allí el Centro Deportivo “Jesús Menéndez”

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Por Jorge Luis González Suárez

20 mayo, 2022

LA HABANA, Cuba. — El 20 de mayo es una fecha con doble significación para Cuba: el surgimiento de la República en 1902 y, tres años antes, en 1899, el nacimiento de una figura trascendental de la antropología y la etnología cubana, Lydia Cabrera.

Por los mismos motivos políticos que la República es denostada por el castrismo, Lydia Cabrera es prácticamente ignorada.

Ser hija de un prestigioso abogado y autor de varios libros, Raimundo Cabrera, y cuñada del famoso intelectual Fernando Ortiz, tuvo mucho que ver en el camino escogido por Lydia.

Gran conocedora de las prácticas religiosas, los rituales y los mitos afrocubanos, de los más de quince libros que escribió, los más importantes son Cuentos negros de Cuba (1936) y El Monte (1954), que es considerado la Biblia de las religiones afrocubanas.

La obra de Lydia Cabrera, pese a su importancia para la cultura nacional, fue proscrita luego de que partiera al exilio en 1961.

Al castrismo, furibundamente ateo en sus primeras décadas, no le importaba el estudio de las religiones afrocubanas, que consideraban “un atrasado rezago del pasado”.

Durante varias décadas El Monte no volvió a ser publicado en Cuba. No fue hasta finales de la década de 1980 que se reeditó por la Editorial Letras Cubanas, sin permiso ni pago de derecho de autor. El Monte se vende ahora en 350 pesos, el equivalente a 12,50 dólares.

Lydia Cabrera murió en Miami el 19 de septiembre de 1991.

Para la cultura oficial es casi como si no hubiese existido la más importante estudiosa de los cultos sincréticos y las tradiciones afrocubanas. En un intento por borrarla y hacer que sea olvidada, destruyeron hasta su casa, la Quinta San José, ubicada en la avenida 51 entre 92 y 94, en la barriada de Pogolotti, Marianao, donde escribió El Monte y otros de sus libros.

El área de la estancia, una de las construcciones más bellas de la zona, abarcaba unos 100 metros de frente por casi 250 metros de fondo y estaba rodeada por una alta verja.

El propietario de la quinta era el padre de María Teresa de Rojas (Titina), quien fuera la compañera sentimental de Lydia Cabrera.

La Quinta San José fue arrasada hasta los cimientos en 1962, pocos meses después de que Lydia Cabrera se exiliara, para edificar allí el Centro Deportivo “Jesús Menéndez”. Solo quedaron en pie las altas palmas que rodeaban el lugar.

Hoy, las áreas para la práctica del béisbol, el fútbol y la cancha de baloncesto están bastante deterioradas. Hay una piscina que no funciona desde hace muchos años, pues la bomba de agua del llenado está rota. Además, sería imposible usar tanta agua para la piscina, pues dejaría a los habitantes de la zona sin el preciado líquido.

El edificio de dos plantas, que cuenta con salones para la enseñanza de la danza, ensayos de grupos musicales, un pequeño teatro y una cafetería, fue reparado en parte, pues el deterioro sufrido por la falta de mantenimiento, acabó con la cristalería y la carpintería.

Ni una tarja que recuerde que allí estuvo la casa de Lydia Cabrera

Hasta hace unos años, cuando llevaban turistas extranjeros a visitar el centro deportivo, les informaban de las actividades allí desarrolladas con niños y ancianos, pero sin decirles quien fue su antigua residente ni la trascendencia que tiene su obra para la cultura nacional.

Según el historiador Fernando Inclán Lavastida, Marianao se fundó en los alrededores de este lugar, en un punto que tuvo el mismo nombre de la estancia. Es posible que la Quinta San José sea el núcleo originario del territorio, y por tanto su valor patrimonial está multiplicado. Además, muy cerca de allí se halla el paraje en el cual el científico Carlos Juan Finlay hiciera las investigaciones que dieron por resultado el descubrimiento del mosquito Aedes Aegypti como trasmisor de la fiebre amarilla.

Estuve internado durante más de cinco años en el Hogar San Rafael, dirigido por la Orden Hermanos de San Juan de Dios, y me consta que la mayoría de los habitantes de la zona desconocen la historia de la Quinta San José y  quien fue Lydia Cabrera, excepto los practicantes de los cultos religiosos de origen africano que viven en la barriada

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ICONOGRAFÍA DE LYDIA CABRERA





Lydia Cabrera y Wilfredo Lam

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Tomado de http://www.penultimosdias.com




Una carta de Gastón Baquero a Lydia Cabrera

Querida, querida Lidia:

La gente que habla swahili, gente de toda cortesía, abre su saludo diciendo: ¿jambo? ¿abari gani? que es la versión elegante de nuestro decir montuno y criollo ¿quíubo, qué pasa en el timbeque? Jambo, y quíubo, y holaquetál, te digo. Y como siempre, te escribo Lidia con i, porque en español eso es pelea, lucha, batalla. La y no le pega nada a una criolla rellolla. Con la i de Martí hay bautizo suficiente.

Florencio me dice que va a dedicarte un número de su admirable periódico de arte y patria, dos cosas que siempre están vivas y con ímpetu de carga al machete, de mambisería, en Florencio. Y como a él es inútil decirle no, porque hace mucho rebanó del diccionario esa palabra, como quien se saca la nigua del dedo gordo con una agujita de hacer canebá, yo acepto con gozo el participar de alguna manera en este “asaltico” que en el día de tu santo Florencio y muchos más quieren darte. Me arrebato y entro en la trulla guajira de tu alabanza, con sombrero de guano, con zapatos de baqueta, con filipina cruda, ¡y con bandurria! para cantarte el punto guajiro como una diana por el veinte de mayo, y por tu veinte de mayo.

No me gusta la palabra “homenaje” porque casi siempre rima con paliza y con uno de esos discursos que llaman algunos cubiches “arranque tribunicio”. ¡Solavaya! Decir “vamos a darle un homenaje a Fulanito”, o algo peor, vamos a darle un “homenajito” (en mi pueblo había una maestra linda y achocolatada como un cucurucho de Baracoa, que decía homenajecito y resoponcito), es como amenazar a un niño con leerle un artículo de E. R. de L. [se refiere a Emilio Roig de Leuchsenring] en Carteles, tortura prohibida expresamente en las partidas de Alfonsito el Sabichoso.

¡Los homenajes con discurso! ¿Te acuerdas de aquel amigo, bajito, melenudo, que parecía un león con cólico nefrítico nada más trepar a la tribuna, y perdía la noción del tiempo (no sin advertir modestamente al comenzar “voy a ser breve, muy breve”), y se arrojaba en la borrachera de las palabras, y traca, traca, traca, y fuácata, fuácata, fuácata, dejaba a los comensales hechos una cutarita, despeluzados como malatobos espoloneados por gallitos-giro de Manila rociados con sangre de cotunta?

No quiero imitar esto, ni aun por escrito que puede dejarse cuando uno quiera, porque sumarse a un homenaje por letra impresa no puede ser tampoco una ocasión para sacar el pavo real que llevamos dentro a pavonearse bajo el sol. Lo que quiero decirte, Lidia con i, es que me parece muy bien que gracias esta vez a Florencio podamos dejar regrabado en letras el sentimiento de gratitud hacia ti, que junto con el de cariño, tenemos muchos de los criollos que para ser completamente tales vivimos hoy como vivieron los mejores cubanos del siglo pasado, sin patria, pero sin amo.

Por muchas que sean las repeticiones escritas de estos sentimientos guajiros, criollos de raíz, ganados por Lidia en las almas de los cubanos-cubanos, siempre serán pocas en comparación con lo que te debemos. Lo escrito queda, y puede ser perenne, hasta donde cabe aspirar a perennidad para las acciones humanas. Lo que escribamos de ti, lo escribimos e imprimimos de la cubanía perfecta. (Iba a decir, no de ti, sino sobre ti, pero me avisé a tiempo de que escribir o imprimir sobre ti sería como anunciarte que vamos a hacerte un tatuaje, ¡y a no ser que se tratase de una palma real pintada por Botticelli, no veo cuál otro tatuaje sería propio de ti!). Por mucho que digamos en alabanza de quien como tú dedicó y dedica su vida a enseñarnos a identificar y a amar las raíces, no devolvemos ni la milésima parte de lo que nos tienes dado.

Lidia: hiciste muy bien en nacer un 20 de mayo. Eres lista prenatal. Naciste en el día del nacimiento de la República, y tú y yo sabemos a cuánta maravilla sabe la palabra República, la República. Lo que eso quiere decir para los cubanos con un poquitico de raíces criollas intactas, es difícil contarlo a los extraños. Ahora andan sueltos por ahí y por aquí, y por todas partes, algunos cubanitos comemierdas que dicen no sentir la patria, ni importarles nada su destrucción y su pena. Yo creo que adoptan esa pose, no por la cursilería de hacerse los europeos o los norteamericanos, sino porque les falta el valor de amar a Cuba, de querer a la patria, y estar lejos de ella. Para no sufrir, fingen no amar, no sentir nostalgia, ni echar de menos las raíces. Han hecho de la expatriación una despatriación, para que no les duela la diáspora, porque su egoísmo, su frivolidad y su hedonismo de quincallería les exige quitarse del corazón todo lo que pueda llevarlos al santo insomnio de Cuba.

Ahora que nos acercamos a la hora del bilan, del pasar balance, tú tienes que sentirte muy serena y contenta de tu fidelidad a la cubanía, a lo criollo rellollo. Habrá nacido contigo, dirás, para quitarle importancia a tu actitud y a tus aptitudes. Pero venga de donde venga, de volición o de destino, esa encarnación que hay en ti de lo criollo profundo, es cosa que fue, es y será una bendición para Cuba y para los cubanos.

El veinte de mayo nació una nueva manera —diseñada por Martí sobre la materia prima que venía borboteando entre las venas de la isla a lo largo de tres siglos— de ser entendida y cumplida la convivencia ideal de los cubanos. Las dificultades, las desobediencia a lo dictado por los Fundadores resumidos en el Fundador de la República, los incumplimientos y deslealtades con la patria, no dañan para nada al ser auténtico de la patria. Una de las características del bien es la resignación y la paciencia con que se espera que pasen los días del mal. La República, la Idea de la República del 20 de mayo, no ha muerto, ni puede morir.

Quienes, ciegos ante la historia y ante la verdad de esa República, han creído posible borrar las fechas, anular la manera martiana y pura de la convivencia, destruir todo el edificio de la República (dicen ellos que por tener grietas aquí y allá, goteras y defectos en la cumbrera exterior del tejado), no han podido hacer otra cosa que encadenar y retrotraer a Cuba a otra manera de colonia, cien veces más atroz que la anterior. No celebran el 20 de mayo, ni el 10 de octubre, ni el 24 de febrero, ni el 7 de diciembre, porque se han quedado sin raíces y sin libertad —¡el bien de los bienes, hasta para las bestias!— y pretenden que su patria está en Moscú, y que su Céspedes es Lenin, su Martí Fidel, y su Maceo el Ché. Decían “patria o muerte”, y la gente aplaudía; aplaudía hasta que descubrió que lo que querían decir estos cabritos era “patria muerta”. Decían traer la libertad, la paz y el bienestar para todos, y lo que trajeron fue la M del marxismo-leninismo, que en el vientre trae únicamente, y siembra en cuanto se apodera de un país, las cuatro emes terribles: muerte, miseria, maltratos y mierda. Y si al horror del marxismo-leninismo le agregas a Castrico y su morralla, ¡quiquiribú mandinga!

Frente a los que intentan borrar de la conciencia de los cubanos, hállense dentro o fuera de Cuba, y sea cual sea la edad de cada uno, la noción verdadera de patria, de la cubanía, de la criolledad (noción excluyente de la esclavitud y de la crueldad, los dos pilares del comunismo), frente a esos desdichados, ¿no tenemos que sentir multiplicada por mil la gratitud ante los que como tú aman a Cuba, y traen cada día un recuerdo, una lucecita más para que no se esfume la imagen, para que no se haga en nosotros la oscuridad de oscuridades que es no amar a una patria, no sentir una raíces, no recordar la enorme dicha de haber nacido en Cuba, la gloria de ser cubano.

Lidia, te dejo. No quiero darte la lata en vez de tocar la diana del 20 de mayo, el tararí de la alegría porque te tenemos, la diana por tu nacimiento, que era todo lo que quería decirte. Nosotros los tauros estamos orgullosos de que pertenezcas a la Casa Zodiacal que fue la cuna de Shakespeare, de Mahoma, de Ortega y Gasset, del Papa Woitila, y donde se nos coló Carlos Marx, que era el menos malo de los marxistas, y que se espantaría de ver lo que han hecho con él, como se espantarían Cristo y Martí, de lo que han hecho con el cristianismo y el martianismo muchos de sus presuntos seguidores.

He dicho más de una vez que las dos máximas desgracias históricas de la humanidad son las manos en que acabó por caer el cristianismo, y las manos en que cayó el socialismo. Los latinos teatralizaron y deformaron el cristianismo, por estatizarlo como los españoles, o por politizarlo y comercializarlo como los italianos; y los eslavos secuestraron el socialismo y lo monstruizaron en el molde tradicionalmente tiránico y esclavizador de aquella gente. Ni el latino concibe la humildad, ni el eslavo concibe la libertad, salvo rarísimas excepciones: San Francisco de Asís de un lado, Fedor Dostoievski de otro, y pocos, muy pocos más en ambas filas. ¡Un desastre que abarca veinte siglos de historia!

Perdóname por citarme a mí mismo, señal de que mi mala educación empeora por días. Estoy llegando, si no he llegado ya, a esa insoportable edad en que el hombre sólo habla de sí mismo, la edad del yo-yo-yo, que es también la de la vuelta al yoyo, pues por algo dijo Chateaubriand que un viejo es dos veces niño, y por algo dice un cuasi-poeta amigo tuyo llamado Gastonet que el viejo es un orinal donde mean los elefantes de los ángeles.

Te dejo al fin, que esto va pareciéndose a un discurso del caudaloso doctor Zayas. Yo aprendí a reconocerte el tesoro de la cubanía a raíz de lo que de ti pensaba y decía Lezama. Íbamos a verte a San José, a ti y a esa Dama Cubana pura que es Titina Rojas, como quien iba a una ceremonia de rebautizo bajo una ceiba. Cierto es que ni a él ni a mí nos faltó nunca el cordón umbilical bien ceñido a la tierra nuestra, pero de tiempo en tiempo sentíamos la necesidad de empaparnos más de lo cubano, como bajo un aguacero tremendo, de los que traen enterrado en los goterones de lluvia los frutos y la vida. Y fue Lezama quien nos confirmó la fiesta innumerable que es nacer donde nacimos.

Sé, Lidia, que no hace mucho bailaron un danzón Eugenio Florit y tú. Esa estampa criolla no me la perdí, porque yo vivo en el recuerdo, respiro por la memoria. Vi y reviví esa danza de ustedes, y me sentí muy feliz. Ya vendrán otros tiempos. Quizás no estaremos corpóreamente en ellos, ni tú, ni yo, ni ninguno de cuantos hoy estamos al lado tuyo duplicando el amor al 20 de mayo. Pero de algún modo sí estaremos allí, estaremos en los tiempos del otro renacimiento de Cuba, porque nunca hemos dejado de sentirnos extranjeros dondequiera hayamos vivido y vivamos fuera de Cuba. Albert Camus lo expresó a la perfección: Étranger, qui peut savoir ce que ce mot veut dire. Y el sol nuestro de cada día, el Martí de exilios infinitos, dijo: “Ya tarde a casa vuelvo [sic]: ¿Casa dije? no hay casa en tierra extraña!” [sic]. Somos extranjeros, a mucha honra, pero a mí en particular me duele que criollas como tú no puedan celebrar en Cuba el veinte de mayo de cada año y de todos los años, sea sobre o debajo de la tierra cubana, que es lo mismo.

Iba a despedirme con saludo africano-cubano, tomado, naturalmente, de un libro tuyo, pero recordé aquello que le dijo Nicolás Guillén a Stalin: “Capitán, a quien Changó proteja y a quien resguarde Ochún”, y luego de reírme abundantemente de esta comemierdería de Guillén, dí marcha atrás, por si acaso. Me despido sin más a la criolla, de ti, guajira profunda, capaz de hablar lo mismo con Rudyard Kipling que con Tata Cuñengue: ¡hasta pronto, hasta lueguito, hasta siempre, Lidia!

Un abrazo mío para Titina. Un recuerdo grande, de gratiud, para la buena gente que te quiere y te ayuda a seguir con la luz del alma encendida para iluminación de Cuba y de los cubanos. Pienso en Josefina Inclán, en Rosario Hiriart, en tantos nombres que, a la l no puedo poner aquí ahora. Tú eres algo tan especial, que has conseguido que hasta algunos mequetrefes del sub grupo Orígenes, que no respetan nada ni a nadie, se quiten ante ti el mugriento sombrero. Te pasa un poco lo que a Martí, que hasta los comunistas tienen que pretender apropiárselo. Tú eres demasiado buena. No te dejes entrevistar ni dar la lata por ninguna cagarruta con espejuelos, como esa que te entrevistó hace poco. Cuídate como un gallo fino, por dentro y por fuera. Huye de la gente con focú, de la que hay abundancia en Miami, capital del bembeteo, donde hay tantos que no pudiendo matar a Fidel de un bombazo quieren matarlo de un bembazo.

Te quiere, y pide bendiciones para ti a la luna, a la albahaca, a las nubes, a los montes, al mar, tu amigo, guajiro de Bijarú, de Remanganangua y de los Remates, de Bayatiquirí y de Baní, de Camagüey y de Camajuaní, del Cobre y de Jatibonico, tu amigo,

Gastón

PS: Para no iniciados, enumero algunas citas del original, no demasido precisas en un hombre de la edad del que escribió la carta. En primer lugar, la alusión al poema de Eliseo Diego, “El sitio en que tan bien se está”,

    Tendrá que ver
    cómo mi padre lo decía:
    la República.

dibuja el escenario de la amistad/enemistad entre Gastón y Eliseo que tiene varios episodios abundantemente comentados.

La cita martiana, de los Versos libres (“No música tenaz, me hables del cielo…”), reza en el original:

    Si del día penoso a casa vuelvo…
    ¿Casa dije? no hay casa en tierra ajena!…
    ¡Roto vuelvo en pedazos encendidos!
    Me recojo del suelo: alzo y amaso
    Los restos de mí mismo; ávido y triste,
    Como un estatuador un Cristo roto:

La cita de Nicolás Guillén (Stalin, Capitán,/ a quien Changó proteja y a quien resguarde Ochún”) procede de su poema “Una canción a Stalin”.

[Esta carta se publica por cortesía de Cuban Heritage Collection, University of Miami Libraries. El mecanuscrito digitalizado puede consultarse aquí  .]

PD: Es posible fechar esta carta en 1982, pues el homenaje a Lydia que se menciona aquí tuvo lugar en mayo de ese año, en “Noticias de arte. Gaceta de las artes visuales, escénicas, musicales y literarias”, cuyo director era Florencio García Cisneros. La portada anuncia la colaboración de Gastón, pero ésta no aparece incluida. A parecer, llegó demasiado tarde.

PD2: La foto de Florit y Lydia Cabrera bailando un danzón  .

PD3: La referencia a Rudyard Kipling no es arbitraria: en 1935 Lydia y Titina de Rojas se encontraron con el escritor inglés en el balneario de Marieband. Aquí   y aquí  fotos de ese encuentro.

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viernes, abril 29, 2022

Jorge Luis González Suárez desde Cuba: Dulce María Loynaz, una inadaptada al castrismo

 Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

Según Cleva Solís, su gran amiga, Dulce María Loynaz sufrió prisión domiciliaria en los primeros años de la Revolución porque al morir su padre, el General del Ejército Libertador Enrique Loynaz del Castillo, ella pasó por la casa familiar y tomó algunos objetos que eran de gran valor sentimental para la familia, ya que la casa quedaría en manos de la tiranía Castrista, pues la Revolución a los cubanos del pueblo no les permite tener más de una casa, salvo que una esté en la ciudad y la otra en una playa; Fidel Castro llegó a tener más de 50 fastuosas residencias por todo el país para su disfrute.

Enrique Loynaz del Castillo había formado parte de un gobierno de salvación nacional después que Fulgencio Batista y Zaldivar había abandonado el poder en la madrugada del 1 de enero de 1959 y eso no le había gustado nada al futuro tirano Fidel Castro Ruz; tampoco a Fidel Castro y cómplices le había gustado algunas cosas que escribía y decía la futura Premio Cervantes. Un ejemplo de lo que escribía Dulce María lo añadiré al final de este artículo de Jorge Luis González Suárez; como otro ejemplo de lo que decía, les diré que en los primero años de los años 90s o finales de los años 80s, Dulce María dio una conferencia en la Catedral de Pinar del Río y expresó que el pueblo al principio de la Revolución se fue detrás de un becerro que ni siquiera era de oro. No obstante, ella no hizo activismo de ningún tipo, pues vivió en un inxilio , voluntariamente encerrada en su casa hasta que fue sacada del ostracismo en los años 90s del pasado siglo por ganar en España el Premio Miguel de Cervantes en 1992. Muchas personas la creían muerta.

En la foto del artículo aparece Alejandro González Acosta, el cual desempeñó cierto papel para que se tuviera en cuenta a Dulce María Loynaz como una de las propuestas para  el Premio Cervantes; no fue el oficialismo castrista el que  propuso a Dulce María Loynaz. Alejandro González Acosta vive en México desde hace más de 30 años.

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Tomado de https://www.cubanet.org/

Dulce María Loynaz, una inadaptada al castrismo

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Este 27 de abril se cumplen 25 años de la muerte de  Dulce María Loynaz, la más grande escritora cubana del siglo XX, merecedora del Premio Miguel de Cervantes en 1992

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Por Jorge Luis González Suárez

27 de abril, 2022

LA HABANA, Cuba. — Este 27 de abril se cumplen 25 años de la muerte de  Dulce María Loynaz, la más grande escritora cubana del siglo XX, merecedora del Premio Miguel de Cervantes en 1992.

Nacida el 10 de diciembre de 1902, sus padres fueron el general del Ejército Libertador Enrique Loynaz del Castillo y María de las Mercedes Muñoz Sañudo, de estirpe aristocrática, cuya familia contaba con grandes riquezas y propiedades.

De la casa donde nació —ubicada en el Paseo del Prado # 5, en La Habana Vieja — Dulce María Loynaz, siendo una niña, se mudó después con sus familiares a San Rafael y Amistad, y luego con su madre para la casa de su abuela, en Línea y 14, en El Vedado, un lugar muy espacioso donde residió gran parte de su vida y que le sirvió de inspiración para su obra literaria.

Allí, en la casona de Línea y 14, recibió la visita de grandes personalidades de la literatura, como Federico García Lorca, Gabriela Mistral, Juan Ramón Jiménez, Alejo Carpentier y otros que acudían a las tertulias que ella llamó “juevinas”, por celebrarse siempre los jueves.

Visitó Estados Unidos, casi toda Europa, Siria, Turquía, Palestina, Egipto, varios países de América del Sur y la isla de Tenerife, de donde era oriundo el periodista Pablo Álvarez de Cañas, con el que contrajo segundas nupcias en 1946.

Desde 1946 hasta su muerte, Dulce María Loynaz residió en la mansión ubicada en 19 y E, en El Vedado. Ese lugar hoy es un centro cultural que lleva su nombre y que se restauró con la ayuda del gobierno de España.

En la casa de 19 y E, por su inconformidad con el régimen castrista, permanecería en enclaustramiento voluntario durante casi tres décadas.

A partir de 1960 se apartó de toda vida social y cultural, excepto de la Academia de la Lengua Cubana, de la cual llegó a ser su presidenta y cuyas funciones se realizarían dentro de su domicilio hasta su fallecimiento, a los 95 años.

Para entender un poco el comportamiento de Dulce María Loynaz es bueno remitirse a sus memorias, tituladas Fe de Vida y que pidió a su amigo Aldo Martínez Malo se publicaran cuando cumpliera los 90 años o después de su muerte.

En Fe de Vida, al hablar del Vedado de su juventud, escribió Dulce María Loynaz: “¡Cómo hacer creer a los que vendrían luego que aquel Vedado era un lujo que podía permitirse la ciudad y con la ciudad un pequeño país donde no existían éxodos en masa, ni asaltos a embajadas, ni gente perseguida ni perseguidores!”

Hay otro fragmento en el cual explica por qué se deshace de las cartas devueltas por Enrique de Quesada, su primo y primer esposo: “Lo hice —debo confesarlo — con mucha pena, pero no me quedó otra alternativa. Ya la policía, estúpidamente, buscando no sé qué, había registrado dos veces mi casa, la casa donde vivían nada más que dos ancianas solitarias. Era mi intimidad, y no podía arriesgarla a una tercera invasión de los bárbaros”.

Se conoce que en abril de 1961, cuando al producirse  la invasión de Playa Girón el régimen recogió a miles de personas consideradas desafectas, Dulce María Loynaz fue conducida a una estación de policía, donde, aunque no estuvo detenida, fue interrogada.

En la página final de sus memorias, explica cómo su madre, en sus postreros días, vendió una propiedad para hacer frente a gastos imposibles de cubrir por otros medios y dividió la importante suma de la venta entre seis miembros, incluido su esposo Pablo Álvarez de Cañas.  Y a continuación, cierra con estas elocuentes palabras: “Sí, al final se lo llevó todo el diablo —y no hablo ahora de dinero—, porque ya el diablo reinaba en este mundo”.

A pesar de que por su extracción social jamás comulgó con las ideas socialistas y no disimulaba su rechazo al régimen, las autoridades culturales intentaron reivindicar a Dulce María Loynaz en los últimos años de su existencia. Así, en 1987, le confirieron el Premio Nacional de Literatura.

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Dulce María Loynaz junto a otros intelectuales cubanos

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omado de http://www.vitral/edvitral/dulcem/dulcem.htm

CARTA DE CUBA A SAN MARTÍN
( Fragmento )


La Habana mayo 9 de 1962

Sr. San Martín de Loynaz y Amunabarro

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Vuelve aunque sea a rescatar las almas ya que ese fue tu oficio. Y no te arredre el ver que en este siglo es más difícil cristianizar cristianos que en el tuyo moriscos y judíos.

Estos cristianos de hoy clavan a Dios todos los días en una cruz que nadie vela ya, en donde Dios está solo.

Hay que evangelizar a los que vosotros dabais por evangelizados, San Martín; hay que enseñarles otra vez a rezar de verdad el Padre Nuestro.

Tú pensarás que es mucho lo que pido, y yo también lo pienso. El diálogo es posible con salvajes inocentes y crueles; al menos muchas veces es posible. Pero nunca lo es con estos hombres civilizados, llenos de ciencia y de orgullo, llenos hasta de filosofía. No lo es, no lo es con estos hombres, aunque por conseguirlo estuvieses dispuesto, como entonces, a pagar con el precio de tu vida.

Nunca te escucharían porque ellos son siempre los que hablan. Y ciertamente no habrán sino más ponzoñosas las flechas de los indios o las lanzas de los idólatras. Ni más ponzoñosas ni más certeras.

Los pecados de las gentes que fuiste a convertir, eran pecados de ignorancia: los que por esta banda nos dejaste, son ya pecados de sabiduría. Triste es desconocer el Divino Mensaje, pero más triste es todavía haberlo conocido y olvidarlo.

Ahora no es allá donde tenéis que ir vosotros; es aquí donde tenéis que quedaros. Es aquí, en el mundo que llaman civilizado, donde está vuestro puesto, vuestra misión, y sí lo quiere Dios, vuestro martirio.

No tengo tras de mi una gran causa que defender, una luz que difundir, no soy valiente como tú, como tus compañeros, como tantos que hubo y hay todavía; el miedo muchas veces se me ha enroscado a la garganta y si no me avergüenzo de decirlo es porque en cierto modo tengo derecho al miedo ya que yo nada sirvo, nada valgo. Pero aún siendo así, aquí me tienes escribiendo una carta…

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Habana de Jana Bokova
(fragmento)



Esther Barroso Sosa
Sep 6, 2020


DULCE MARÍA LOYNAZ EN CUBANÍA
 (documental hecho en la Cuba castrista)




Documental - Dulce María Loynaz sobre Federico García Lorca



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sábado, octubre 24, 2020

José Rafael Lantigua: Dominicanos en la independencia de Cuba

 
Tomado de https://www.diariolibre.com

Dominicanos en la independencia de Cuba

Máximo Gómez y parte de su familia en 1904

Por José Rafael Lantigua

República Dominicana

23/10/2020, 12:00 AM

Siempre hubo dominicanos en Cuba y cubanos en Santo Domingo. Ambas islas se han nutrido de la presencia de sus connacionales en los dos espacios de la antillanía mayor, y desde allá, o desde aquí, en diferentes ángulos, resultaron visibles y ejemplares los aportes de unos y de otros.

Cuando José Martí recorría el territorio dominicano, en las tres ocasiones en que viajó a nuestros predios, siempre encontró en su trayecto a coterráneos suyos a los cuales organizaba en grupos de apoyo para su proyecto independentista. Los encontró en Santo Domingo, Santiago, La Vega, Cotuí, Dajabón, Montecristi, y con algunos de ellos incluso llegó al Santo Cerro cuando decidió visitar el santuario de la Virgen de las Mercedes. Pero, por igual, el país dominicano estuvo representado en las principales gestas por la independencia de Cuba del dominio español, un proceso que produjo varias conjuras fallidas, hasta que Carlos Manuel de Céspedes desde el ingenio La Demajagua, de su propiedad, liberó a sus esclavos, produjo el Grito de Yara el 10 de octubre de 1868 y dio inicio a la Guerra de los Diez Años. La República Dominicana tenía ya 24 años de haber sido fundada. El apóstol del proceso liderado por Céspedes, padre de la patria cubana, fue el sacerdote Félix Varela que, por años, pregonó la igualdad humana, en un tiempo donde los negros eran víctimas de la explotación y la supremacía blanca era notoria. El padre Varela es considerado el fundador de la nacionalidad cubana. Este aspecto de la primera proclamación de independencia de Cuba es muy particular. En La Demajagua se produce el levantamiento armado contra los españoles y se da a conocer el manifiesto de los revolucionarios, pero es en Manzanillo donde se firma este manifiesto y hacia donde marchan los insurrectos, de tal modo que el primer himno cubano lleva su nombre. Y Yara es la ciudad donde se produce el primer encuentro entre los revolucionarios y las tropas españolas, donde estas últimas vencen a los primeros que tenían una escasa, casi nula, formación militar. En España pues se difunde el nombre de Yara como el lugar donde se lleva a cabo la sublevación, desconociendo que había ocurrido en La Demajagua, la hacienda azucarera de Céspedes. De este modo pasó a la historia como el Grito de Yara, hoy un municipio de la provincia Granma en el oriente cubano. Como dato tal vez desconocido para muchos, y que también incumbe a la patria dominicana, anotemos que se cree que fue en Yara donde los españoles quemaron vivo al cacique Hatuey en 1512, cuando huyó de Quisqueya a Cuba huyendo de la crueldad de los ibéricos. Tanto aquí como en Cuba, Hatuey se enfrentó a los españoles y esa presencia del cacique quisqueyano en la isla cubana es recordada en Yara con un monumento a su memoria.

Es en esta guerra de independencia donde por primera vez aparece la figura de Máximo Gómez, quien se incorpora a la lucha seis días después de iniciada la misma. Pero, igualmente tomarían parte en la acción guerrera Modesto Díaz Álvarez, a quien los españoles llamarían “El Jabalí de la Sierra”. Fue éste quien comparó por primera vez a Máximo Gómez con Napoleón Bonaparte, que Juan Bosch consagró en un libro titulado El Napoleón de las Guerrillas (1976). Además, estuvieron en ese proceso revolucionario cubano Luis Gerónimo Marcano Álvarez, quien junto a su hermano Félix comandó a un grupo de 300 hombres en la toma de Bayamo y venció a una columna española en las lomas de El Cobre. Otro participante en esa gesta cubana, aunque poco se conoce de esa otra faceta de su vida, es el santiaguero Manuel de Jesús Peña y Reinoso quien llegó a ser secretario de Céspedes y de Máximo Gómez y alcanzó el grado de general. Nativo de Arenoso, Santiago, regresó posteriormente a su ciudad nativa donde fundó el Ateneo Amantes de la Luz, y dirigió importantes centros educativos en Montecristi, Puerto Plata, Santiago y Santo Domingo. Peña y Reinoso volvió a Cuba donde murió en 1915.

En el siguiente proceso liberador de Cuba, que encabeza José Martí y Máximo Gómez (“la guerra necesaria”), hermanados en el propósito luego que ambos firmaran el histórico Manifiesto de Montecristi, viajará con ambos hacia Cuba, venciendo numerosos obstáculos, Marcos del Rosario Mendoza, un “bravo dominicano negro” que combatió en todos los frentes de la guerra, a quien Martí en su Diario lo menciona: “Marcos, el dominicano. ¡Hasta sus huellas!”. Y Gómez anota en su diario de él lo siguiente: “Es compañero inseparable y hombre en toda la extensión de la palabra; es el tipo verdadero de la pureza, la lealtad y el valor probados”. Se agrega a este grupo de dominicanos que lucharon junto a Martí y Gómez, el vegano Lorenzo Despradel (Muley), quien tuvo sangre heroica pues se destacó además combatiendo la dictadura de Lilís, la primera intervención norteamericana en 1916 y la dictadura de Machado en Cuba. Fue secretario de campaña de Gómez. Otro dominicano insigne, cuyo padre había luchado en la Guerra de los Diez Años llevando expedicionarios a Cuba en medio de los combates, fue el puertoplateño Enrique Loynaz del Castillo. Estuvo siempre a las órdenes de Martí y fue secretario de Antonio Maceo. Se afirma que intervino en más de 60 combates. Es el padre de la gran poeta cubana Dulce María Loynaz, quien por esa razón es mitad dominicana, y fue padrino de la boda de Juan Bosch con doña Carmen Quidiello, teniendo como madrina a la escritora española María Zambrano, entonces exiliada en La Habana.

El General Enrique Loynaz y del Castillo al finalizar la Guerra de Independencia de Cuba (1895-1898) con su Estado Mayor )fotos y comentarios añadidos por el Bloguista de Baracutey Cubano)

Enrique Loynaz y del Castillo con su hija Dulce María Loynaz

La presencia dominicana en la independencia cubana se manifiesta de otras maneras. Antonio Maceo, el otro gran héroe del proceso revolucionario, conocido como el “Titán de Bronce”, y su hermano José, combatiente de la guerra dirigida por Máximo Gómez, eran hijos de Mariana Grajales, dominicana por los dos costados (su madre Teresa Cuello y su padre José Grajales). Antonio Maceo muere en combate y su principal lugarteniente era Panchito Gómez Toro, hijo de Máximo Gómez, de apenas 20 años de edad, quien al conocer que su jefe en la guerra había sido herido intentó salvarlo, muriendo él también. Y, entre los hombres clave en la vida de Martí, está Federico Henríquez y Carvajal, su entrañable amigo y a quien el apóstol llamara “hermano”. Es a Federico a quien Martí le entrega lo que ha sido considerado como su testamento político, memorable carta escrita “en el pórtico de un gran deber”, donde Martí unifica la cubanía con la dominicanidad (“Esto es aquello y va con aquello”).

Hay otro detalle poco reconocido. El nombre mambí tiene su origen dominicano, como lo aprueban los escritores cubanos Regino Botti y Nancy Morejón, entre otros. Los españoles llamaron mambises a los dominicanos que lucharon en la guerra de la Restauración, como los norteamericanos calificaron de gavilleros a los que se enfrentaron a sus tropas, términos peyorativos que significaban bandidos o maleantes. Del mismo modo volvieron a llamar los españoles a los cubanos en la Guerra de los Diez Años. Mambí terminó siendo símbolo de patriota. Al reutilizarse en Cuba el término, los españoles recordaban las cargas al machete de los dominicanos, en el que se había destacado Eutimio Mambi, un negro que desertó de las filas españolas para pelear en la guerra de la Restauración dominicana.

(Mario Rivadulla)

Mario Rivadulla, a sus 90 años de edad, ha dado a la luz del lector que ha de valorar toda esta gran historia dominico-cubana, un libro que ofrece las semblanzas del apóstol y del héroe, que recoge esta presencia dominicana, incluso las de hombres de otras nacionalidades que estuvieron en la campaña liberadora de Cuba –con reseñas y fotografías incluidas- y reconstruye todo ese gran tejido humano, ético, patriótico y político que dio origen a la independencia de la isla hermana, bajo las ideas y el apostolado de José Martí y con la estrategia y la fiereza en el campo de batalla de Máximo Gómez. El banilejo instalado en Montecristi, desde donde partió su gran historia, no sólo fue el héroe de la lucha martiana, sino que, como afirma Rivadulla, “sin la decisiva presencia dominicana en las primeras y bisoñas filas rebeldes, es probable que la Guerra de los Diez Años hubiese abortado en sus mismos comienzos”. El libro de Rivadulla se convierte en un homenaje –desde su pluma precisa, formal y de hermosos matices- de un cubano que arribó a Santo Domingo hace justamente medio siglo y que aquí plantó raíces, terminando por ser un dominicano más, con un amplio sentido de contribución efectiva al desarrollo de las ideas en nuestro país. “Esto es aquello y va con aquello”.


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martes, enero 28, 2020

Los dos últimos generales mambises. Alejandro González Acosta sobre el hecho que la tiranía castro comunista de Cuba no les tributó los honores correspondientes a su trayectoria patriótica y jerarquía militar.



Los dos últimos generales mambises

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Fallecidos en 1963, el Gobierno de Fidel Castro no les tributó los honores correspondientes a su trayectoria patriótica y jerarquía militar.
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Enrique Loynaz y del Castillo

'Carga al machete', boceto. ARMANDO GARCÍA MENOCAL MUSEO DE BELLAS ARTES DE CUBA

Por Alejandro González Acosta
Ciudad de México
26 Ene 2020

Con poco más de un mes de diferencia, ya en tiempos de Fidel Castro, murieron en La Habana los dos últimos generales mambises, y ninguno recibió los honores militares que le correspondían.

1963 empezó mal: el 6 de enero fallecía el general de brigada Carlos Gabriel García Luna y Vélez Cabrera (nacido el 29 de abril de 1867 en el Tejar de Santa Rita, Jiguaní, Oriente), hijo del mayor general Calixto Ramón García Íñiguez, a los 95 años. Poco después, el 10 de febrero, moría el también general de brigada del Ejército Libertador Enrique Loynaz del Castillo (quien vino al mundo el 5 de junio de 1871, en Puerto Plata, República Dominicana), con 91 años. Con ellos se iba todo un tiempo de heroísmo y valentía ciudadana.

A ninguno de ellos se le tributaron los honores correspondientes a su trayectoria patriótica y su alta jerarquía militar. El nuevo "Gobierno revolucionario" pasaba cuenta así a dos viejos luchadores que no aplaudieron los "nuevos tiempos", y de esta forma infringía además un agravio no solo a sus familiares, sino a sus compatriotas.

(Carlos García Vélez,  nombre con el que era y es  más conocido en la historia  Carlos Gabriel García Luna y Vélez Cabrera)

Cinco años después, nada menos que en La Demajagua, con gran cinismo, el dictador insular se autonombraría "heredero directo de los mambises": "Ellos hoy serían como nosotros; nosotros, ayer, seríamos como ellos". Y remachó diciendo que aquella gesta independentista iniciada en ese mismo sitio el 10 de octubre hacía un siglo, culminaba con la suya propia: él había alcanzado lo que aquellos no pudieron. Cien años de lucha por la libertad, que se coronaban con una dictadura comunista unipersonal: hicieron bien los dos generales en morirse antes de escuchar esto.

García Vélez había alcanzado el rango de general de brigada por méritos propios, no por ser "hijo de su padre", muy distinto a los militarotes de hoy en la Isla. Cuando casi al final de la guerra Calixto García le presentó la lista de ascensos al generalísimo Máximo Gómez, este advirtió que en la relación no estaba su hijo y se lo reclamó. La respuesta de Calixto fue directa y rotunda: "Yo no asciendo a mi hijo". Entonces, de su propia mano, Gómez agregó el nombre del oficial y este fue promovido.

(Calixto Ramón García Íñiguez en 1898)

En su larga y azarosa vida, García Vélez fue mensajero de la Western Union Telegraph Company, pianista profesional y, sobre todo, un gran dentista: fundó en Madrid la segunda revista especializada en odontología más antigua de Europa. Fue el primer ministro plenipotenciario de la República de Cuba ante el Gobierno de México, de 1902 a 1906 (ya como embajador lo sería más tarde), en correspondencia con el envío del representante azteca, Gilberto Crespo Martínez.

Ocupó también las embajadas cubanas en Londres y Washington, con brillante y honroso desempeño. Fue además el líder del Movimiento de Veteranos y Patriotas que demandó el adecentamiento de la vida republicana en oposición a los gobiernos republicanos corrompidos, y una figura de ejemplar conducta ciudadana hasta su último suspiro. Todavía se encuentra inédito su Diario, depositado en su Casa Museo de Holguín, donde es consultado por algunos investigadores: este debe editarse, así como se hizo con el Diario de campaña de Carlos Manuel de Céspedes.

Murió solo, pues su hijo que lo cuidaba tuvo que huir de Cuba perseguido por el nuevo Gobierno. (No he encontrado mucha información sobre él, pero según he podido indagar, Carlos García Vélez Martínez Ybor fue más tarde un prominente miembro de la comunidad cubana en EEUU y vicepresidente del First Federal Savings & Loan Association of Miami, ciudad donde falleció en 10 de marzo de 2004 a los 97 años de edad. Agradeceré cualquier otro dato sobre este personaje.) El anciano venerable, quien poco antes había perdido a su esposa, ya no pudo resistir este último golpe en su muy larga vida. Calladamente y en la sombra del olvido, se iba del mundo el hijo del "León de Holguín", quien ocupara el cargo de lugarteniente general del Ejército Libertador a la muerte de Antonio Maceo.

El general de brigada Loynaz del Castillo no murió solo, pero sí apartado, no por su avanzada edad —pues conservó lucidez y energías hasta su último suspiro— sino por no haber prestado su nombre y prestigio a las nuevas autoridades impuestas. Tenía varios hijos que le sobrevivieron: Dulce María, Enrique, Carlos Manuel y Flor, de su primer matrimonio con María de las Mercedes Muñoz Sañudo, una rica heredera criolla, y otros de sus matrimonios y uniones siguientes.

Loynaz del Castillo también escribió un Diario de campaña que después de muchas e ingratas gestiones, gracias al empeño de su hija Dulce María quien lo transcribió amorosa y cuidadosamente, y al apoyo decisivo de la entonces funcionaria Lucía Sardiñas, pudo por fin publicarse, cumpliendo así el anhelo supremo de la Premio Miguel de Cervantes: "Ese es el mayor triunfo y la alegría más grande de mi vida", me escribió en una carta.
(Todas las fotos y comentarios fueron añadid0s por el Bloguista de Baracutey Cubano. En esta foto  se ve al joven  Alejandro, autor de este artículo,  conversando con Dulce María (Mercedes) Loynaz; probablementemente en una  actividad de la Academia de la Lengua)

 Loynaz fue el autor del "Himno de la Invasión a Occidente", que fuera considerado como el otro canto republicano junto con el "Himno de Bayamo", de Perucho Figueredo. Este sirvió como aliento musical en la Guerra de los Diez Años, y aquel en la Guerra de Independencia. De hecho, se consideraba el himno de Loynaz como la tonada oficial del Ejército Nacional de Cuba.

(Dulce María Loynaz y su padre  Enrique Loynaz del Castillo, quien le salvó la vida a Antonio de la Caridad Maceo y Grajales cuando atentaron en contra  de la vida del Titán de Bronce en tierras de Centroamérica)

Dos robles gloriosos de la lucha por la independencia cubana, no tuvieron al partir de este mundo siquiera el reconocimiento debido a sus ejecutorias, pues los incluyeron en el proceso de reescritura de la historia que hoy continúa desarrollándose desde el Gobierno y a través de sus amanuenses, que necesitaba y reclamaba suprimir la difusión de la verdadera trayectoria de un país joven, a través de las vicisitudes de su búsqueda de la libertad. A ellos se agregarían pronto muchos más, sobre todo con la progresiva adulteración del pensamiento martiano y su amoldamiento a las necesidades del régimen, lo cual se extendería a otros patriotas insulares.

Algún día, en una futura Cuba democrática con ejercicio pleno de las libertades ciudadanas, habrá que reparar esa injuria cometida contra esos dos grandes patricios, los últimos generales mambises, para que reciban finalmente, aunque a destiempo, el homenaje debido a sus vidas ejemplares al servicio de la patria. A ellos y a muchos más.

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Himno invasor 1895  (Su historia y su letra)

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