Es un blog diario digital conformado con los artículos, opiniones, ensayos, etc. del Catedrático universitario Lic. Pedro Pablo Arencibia Cardoso sobre diferentes temáticas de la problemática cubana, actual e histórica, así como por noticias y artículos de otros autores que se consideran de gran interés para profundizar en la realidad cubana.
jueves, febrero 06, 2025
Luis Zúñiga Reyes: La criminalidad de los régimenes comunistas. En Cuba, el régimen comunista ha usado los abusos psiquiátricos contra opositores políticos desde la década de 1960.
En Cuba, el régimen comunista ha usado los abusos psiquiátricos contra opositores políticos desde la década de 1960
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Por Luis Zúñiga Reyes
Febrero 4, 2025
MIAMI.-Un impresionante artículo, publicado por la BBC de Londres, se refiere a una forma de represión que usa el régimen comunista en China para doblegar a sus opositores y, paralelamente, para causar terror a la población: los abusos psiquiátricos.
Esa pieza periodista tiene como base una investigación que realizó la BBC con ciudadanos chinos que han denunciado que, debido a sus protestas u opiniones adversas al régimen comunista, han sido enviados forzadamente a hospitales psiquiátricos y obligados a tomar medicamentos psicotrópicos o han sido sometidos a descargas eléctricas en el cerebro (electroshocks).
En la investigación destacan varios casos: El de Zhang Junjie, de 17 años, un estudiante que protestó contra el gobierno en las afueras de la universidad. Pocos días después la policía lo llevó a un hospital donde lo amarraron a la cama y lo obligaron a tomar drogas antipsicóticas. Posteriormente le aplicaron electroshocks.
Junjie le relató a la BBC que la droga que le obligaron a tomar era Aripiprazole, usada para tratar la esquizofrenia y los desórdenes bipolares.
Otro caso en la investigación es el activista Jie Lijian que fue arrestado por participar en una protesta donde los trabajadores de una fábrica demandaban mejor salario. Lo interrogaron durante tres días y lo llevaron a un hospital psiquiátrico. Lijian dijo que lo obligaron a tomar medicamentos antipsicóticos y cuando rechazó tomarlos porque le atrofiaban el pensamiento, lo golpearon y le aplicaron electroshocks.
Lijien describió los electroshocks como causantes de un dolor atroz desde la cabeza hasta los pies. Sentía que su cuerpo no era el suyo. Relató que se desmayaba varias veces y sentía como que iba a morir. Lo mantuvieron en ese hospital 52 días.
La Asociación de Doctores en Medicina de China dice que el protocolo (procedimiento) para aplicar electroshocks a pacientes psiquiátricos se debe realizar bajo anestesia general. Los investigadores de la BBC encontraron que ese protocolo no se aplica a los opositores políticos. El registro hospitalario de esos pacientes políticos los identifica como “creadores de problemas”.
Los periodistas de la BBC se comunicaron con un grupo de periodistas independientes en China dedicados a documentar casos de abusos psiquiátricos contra disidentes y el grupo les reveló que, entre 2013 y 2017, ellos encontraron 200 casos de personas internadas a la fuerza en esos hospitales y sometidos a abusos psiquiátricos. El líder del grupo fue arrestado y condenado a prisión en 2017.
La importancia de esta investigación y reportaje periodístico es que trae a la luz pública, documentadamente, una faceta más de la malvada represión que realizan los regímenes comunistas contra quienes se les oponen, aunque sea de forma pacífica.
Un patrón que se repite
Este tipo de crimen, en realidad una tortura que deja secuelas permanentes ha sido usado en todos los países donde han existido regímenes comunistas. En la extinta Unión Soviética lo denunció el destacado escritor y disidente Vladimir Bukovski que pasó doce años en las cárceles, Gulaq y hospitales psiquiátricos de su país. También lo han documentado numerosas instituciones profesionales y víctimas de esos abusos.
En Cuba, el régimen comunista ha usado los abusos psiquiátricos contra opositores políticos desde la década de 1960. El Dr. Carmelo Mesa Lago publicó, en 1991, una investigación sobre esos abusos: “The Politics of Psychiatry in Revolutionary Cuba” donde documentó por nombre decenas de casos. El Directorio Democrático Cubano también publicó un estudio sobre esos abusos en el 2008.Cuban cuisine recipes
Uno de los casos más horribles de abuso psiquiátrico por causas políticas en Cuba es el de Eugenio de Sosa Chabau, un abogado, exdirector de un importante periódico cubano y amigo personal de John F. Kennedy desde que fueron compañeros de habitación en una universidad de Estados Unidos en su adolescencia. Eugenio fue internado en 1967 en la sala Carbó Serbiá del hospital psiquiátrico de La Habana, conocido como “Mazorra”, y sometido a innumerables electroshocks. Unas veces se los aplicaban en la cabeza y otras en los testículos. Su testimonio sobre esos abusos es desgarrante por la descripción de los horribles dolores que sufrió. Perdía el conocimiento constantemente y a continuación le lanzaban cubos de agua para que se despertara y entonces continuar con los electroshocks. Eugenio pasó 5 meses bajo esos abusos.
Otro caso indignante es el de Roberto Bahamonte Basot, un ingeniero que presentó su candidatura a la Asamblea del Poder Popular en Cuba (los disidentes políticos no pueden aspirar a ninguna posición en Cuba). Bahamonte pasó 40 días en Mazorra sometido a electroshocks y drogas psicotrópicas.
Leandro Hidalgo Pupo es un joven que estaba como fanático en el coliseo de la Ciudad Deportiva de La Habana donde se celebraba un campeonato mundial de boxeo amateur y tuvo la osadía de gritar ¡Abajo el comunismo! A Leandro lo llevaron a Mazorra y fue sometido también a esos monstruosos abusos.
El 1ro de mayo de 2018, Daniel Llorente, un taxista, se mezcló con un desfile del Día de los Trabajadores y levantando una bandera de Estados Unidos gritó: “Libertad para Todos”. La policía lo arrestó y golpeó violentamente. Llorente no era ningún disidente. Simplemente consideraba que Estados Unidos es el mayor defensor de los derechos humanos y por eso alzó esa bandera. Fue internado en Mazorra durante casi un año y abusado psiquiátricamente.
El abuso de poder en los regímenes comunistas es de tal magnitud que identifica a los que se le oponen como pacientes de “enajenación mental”.
Esta conducta criminal de los regímenes comunistas es necesario que la conozcan los pueblos inocentes que votan por comunistas en países democráticos para llevarlos al poder. Un criterio sorprendentemente generalizado entre las masas populares es “no me interesa la política”. Sin embargo, la política es la que rige la forma y calidad de vida que tendrán los ciudadanos en sus países.
Uno de los sistemas políticos que más tragedia le ha ocasionado al ser humano en la era moderna es el sistema comunista (en realidad, socialista o “socialismo real” como prefieren identificarlo los comunistas para no ser confundidos con los socialdemócratas que también se autocalifican de socialistas).
El sistema comunista se instauró por primera vez en Rusia en 1917 y su “política” resultó en la muerte de más de 21 millones de personas. Los campesinos y empresarios rusos que se opusieron a las confiscaciones de sus propiedades fueron ejecutados como lo fueron también los ciudadanos que rechazaron la eliminación de sus derechos y libertades fundamentales.
La historia de la Rusia comunista se repitió después en numerosos países con pérdidas de vidas proporcionales a su número de habitantes: China, 82 millones; Corea del Norte, 4.6 millones; Vietnam, 3.8 millones; Cambodia, 2.4 millones; Afganistán, 1.5 millones; Yugoslavia, 1.1 millones; y así sucesivamente hasta un total que el Libro Negro del Comunismo totaliza hasta el 2017 en unos 100 millones de víctimas.
La maldad intrínseca en la política del sistema comunista prioriza la eliminación física de quienes se les oponen confrontacionalmente. Pero al resto de los opositores les reservan otros métodos como: la expulsión de sus empleos o de sus escuelas, la marginalización social con acoso policial permanente, el encarcelamiento o el exilio forzoso.
La expulsión del empleo y la marginalización social condenan a esos opositores de conciencia a tener que vivir una vida de pobreza (más severa que la usual bajo ese sistema), pero los que son encarcelados tienen que vivir los horrores de las prisiones comunistas: golpizas frecuentes, insalubridad e insectos de todo tipo, hambre permanente, poca o ninguna atención médica y largos períodos aislamiento.
Pero un instrumento de destrucción contra los opositores de conciencia, que no es muy conocido, es el internamiento en hospitales psiquiátricos donde son sometidos a procedimientos que usan contra los desequilibrados mentales, pero que, aplicados a personas sanas, ocasionan trastornos que muchas veces son irreparables.
Dagoberto Valdés Hernández: Cuba 65 años después. Después del 11 de julio (11J) ya es insostenible afirmar que los discrepantes del régimen son unos «grupúsculos pagados por el Imperio»
Director del Centro de Estudios Convivencia (CEC-Cuba)
11 de Enero de 2024
Cuba ha vivido durante más de 60 años en un régimen totalitario que surgió de la revolución armada que tomó el poder el 1 de enero de 1959, hace ahora 65 años. La nación cubana vive hoy en medio de una profunda crisis sistémica que afecta a todos los campos y dimensiones de la vida del ciudadano y de la sociedad. A diferencia del tradicional inmovilismo, la situación de Cuba cambió, sustancial y significativamente, durante el año 2021; muy especialmente después de los acontecimientos del 11 y 12 de julio de 2021 cuando, por primera vez en décadas, ocurrió la mayor explosión social general a lo largo de todo el territorio de la isla. A consecuencia de estas protestas fueron sancionados, y hoy guardan prisión, más de 1.000 presos políticos.
Después del 11 de julio (11J) ya es insostenible afirmar que los discrepantes del régimen son unos «grupúsculos pagados por el Imperio». Los que se oponen a él ya venían siendo los 2,43 millones de cubanos que en el referéndum constitucional del 2018 votaron en contra, se abstuvieron o anularon la papeleta. A eso se suman las decenas de miles que se manifestaron el 11J clamando «patria y vida». El acceso limitado a internet y a las redes sociales, junto al 11J, han cambiado la percepción política dentro y fuera de Cuba.
El grado de pobreza, hambre, falta de medicamentos, transporte, agua y energía, junto a la desintegración moral, la violación de los derechos humanos y la falta de libertades, además del incremento de la violencia a todos los niveles, son las realidades sociales más significativas en Cuba hoy. A la ineficiencia constitutiva del modelo socialista centralizado que ha provocado una falta de liquidez sin solución actual, se han sumado el decrecimiento de la productividad y la disminución de dos fuentes principales de divisas: la contratación de profesionales cubanos en el extranjero y el turismo. Venezuela, Rusia, China y el resto de los acreedores y posibles mercados del mundo desconfían de Cuba porque no ha cumplido sus compromisos y deudas internacionales. Aunque el régimen habla del bloqueo de Estados Unidos existe, sobre todo, un bloqueo interno a la iniciativa privada y al emprendedor por la prohibición de acumular propiedades y capital. Las más importantes mipymes —micro, pequeñas y medianas empresas— están en manos de personas afines al régimen y controladas por este. La Tarea Ordenamiento, la reforma económica y del sistema de cambio monetario comenzada en 2021 para que las tiendas funcionen con moneda libremente convertible —divisas extranjeras—, ha sido un fracaso. Ha provocado una inflación galopante, una carestía de la vida y un aumento de la pobreza. La lucha por la supervivencia cotidiana anula los proyectos de vida personal, familiar o social. Esto, unido a la crisis económica estructural y a la decadencia política, han provocado un nuevo y enorme éxodo masivo.
Tres han sido las etapas de la vida de los creyentes en Cuba durante estos 65 años: una primera etapa martirial con cristianos fusilados, encarcelados y expulsados del país. Otra etapa de testimonio callado, supervivencia y Estado ateo. Hoy somos un Estado laico, pero la libertad religiosa está reducida a la participación en el culto, mientras se reprimen la expresión pública y la aplicación sociopolítica de la doctrina social de la Iglesia, especialmente por parte de los fieles laicos.
Para salir de esta crisis estructural, moral y espiritual, Cuba está llamada a una transición ordenada, pacífica y ágil. Tres son los principales obstáculos para esa transición. Primero, el daño antropológico que infligen los regímenes totalitarios y que entorpece los procesos de personalización y socialización del ciudadano. Para su sanación es necesario un proyecto de humanismo renovado personalista, comunitario y trascendente. Segundo, el analfabetismo ético y cívico, resultado de la excesiva ideologización y propaganda en los medios de comunicación y las escuelas. Para superar este obstáculo es necesario un proyecto de educación ética, cívica y religiosa que promueva valores y alimente la virtud. Tercero, la desarticulación de la sociedad civil, que provoca indefensión del ciudadano, el control directo del Estado, el miedo y la soledad moral.
Reconstruir el tejido de la sociedad civil es un proyecto esencial como escuela de ciudadanía y democracia. Previendo el futuro, el Centro de Estudios Convivencia, primer think tank independiente dentro del país y que construye consensos con la diáspora cubana, viene desarrollando un itinerario de pensamiento para Cuba cuyas visiones y propuestas son signos de que en esta isla del Caribe existe talento, trabajo sistemático, demandas de cambio y prospección estratégica que alimentan la esperanza de que el pueblo cubano, con sus raíces cristianas, no ha perdido su esencia ni la capacidad para labrarse su futuro en libertad, justicia y paz.
Video: Relevante discurso de Nayib Bukele (Presidente de El Salvador) en las Naciones Unidas 2023. Los impactantes resultados de Nayib Bukele en El Salvador
El milagro de Nayib Bukele: los impactantes resultados del presidente de El Salvador que se ha convertido en el mayor contradictor de Gustavo Petro
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La impresionante historia de Nayib Bukele, el presidente que rescató a El Salvador. El éxito de su guerra contra la criminalidad y los choques con Gustavo Petro han logrado captar la atención de los colombianos.
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11 de marzo de 2023
El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, es hoy el líder político más popular del continente. Su aprobación llega al 90 %, según Gallup, y los expertos lo catalogan como una figura de talla mundial. Tiene apenas 41 años y lo que ha hecho en su país es considerado casi milagroso. Llegó al poder el primero de junio de 2019. Ese mismo año anunció su llamado Plan de Control Territorial, puso en marcha un bloqueo de señal de celulares en los penales y declaró la emergencia carcelaria. En una segunda fase, reforzó el pie de fuerza militar y el 2 de septiembre de ese año se registró el primer día sin homicidios en la historia de ese pequeño país. A partir de ese momento, empezaron a llegar las buenas noticias. Un mes después, Estados Unidos revocó la alerta de viaje a sus ciudadanos a El Salvador por la caída de la inseguridad.
La estrategia de Bukele se siguió fortaleciendo con un jugoso aumento salarial a guardianes, policías y soldados, y continuó con nuevas incorporaciones. Vino la pandemia y logró consolidar a 2020 como el año más seguro. Inauguró el Centro de Investigación Forense en 2021 e impulsó la destitución del fiscal general y los magistrados de la sala de lo constitucional de la Corte Suprema de Justicia por parte de la Asamblea Legislativa.
Hacia agosto de 2021, Bukele promovió una reforma para que jueces, fiscales y policías pudieran jubilarse a los 60 años. El Salvador cerró 2021 con el año más seguro en toda su historia. Pero hubo un hecho que marcó al Gobierno. Entre el 25 y el 27 de marzo de 2022, el país se vio sacudido por una ola de 87 homicidios. En ese momento, el presidente les declaró la guerra a las pandillas. Decretó el estado de excepción, hizo una nueva incorporación de efectivos a las fuerzas y reformó el Código Penal en la Asamblea Legislativa, donde se prohibió la simbología relacionada con las pandillas, y aprobó el uso de los bienes incautados a las mismas para combatirlas.
En junio de ese año anunció la construcción de la cárcel más grande de América Latina, el Centro de Confinamiento del Terrorismo (Cecot), y lanzó el Plan de Transporte Seguro. Mientras hacía capturas masivas, el 3 de diciembre de 2022 inició los cercos de seguridad para la “extracción” de pandilleros. Al terminar ese año, El Salvador volvió a batir récord en seguridad.
Solo seis meses después de haberla anunciado, Bukele hizo realidad la megacárcel y la inauguró el 31 de enero de 2023. Las imágenes del penal le dieron la vuelta al mundo. En febrero pasado completó 300 días sin ningún homicidio en su gobierno y realizó el traslado de los primeros 2.000 pandilleros presos al Cecot. Un video que publicó en su cuenta en Twitter mostrando el ingreso de los delincuentes a la cárcel, en manada, generó polémica en algunos sectores del continente, pero mayoritariamente aplausos en una región donde la impunidad y la mano débil contra el hampa indignan a los ciudadanos.
Quienes conocen a Bukele aseguran que el llamado presidente millennial es un hombre autodidacta porque, aunque empezó a estudiar Derecho, no se graduó. Luego cursó algunos estudios en Estados Unidos. Está casado con Gabriela Rodríguez y tiene una hija llamada Layla, de 3 años. Primero fue alcalde de Nuevo Cuscatlán (2012-2015) y luego de San Salvador (2015-2018).
Las cifras de su éxito son impactantes. En 2018, antes de que Bukele fuera presidente, El Salvador encabezaba el listado de los 20 países más peligrosos del mundo, con una tasa de homicidios de 61,59 asesinatos por cada 100.000 habitantes. En 2021, con Bukele en el poder, El Salvador salió por completo de esa lista negra y se proyecta que la tasa de homicidios por 100.000 habitantes en 2023 sea de apenas 2,31 casos. Es decir, que de 3.346 asesinatos en 2018, El Salvador podría tener solo 150 en este año, según las proyecciones.
Colombia, en cambio, sigue apareciendo en esa deshonrosa lista y quedó en el tercer lugar en 2022, por debajo de Venezuela y Honduras, con una tasa de homicidios de 26,1 por cada 100.000 habitantes.
Desde marzo de 2022, cuando se fue de frente contra las pandillas, hasta la fecha, Bukele ha logrado la captura de 63.512 terroristas. Semejante operación no ha implicado un baño de sangre. “Eran un poder paralelo al poder institucional del Estado, el cual estaba prácticamente de rodillas ante este poder de los grupos criminales”, le dijo a SEMANA el vicepresidente de El Salvador, Félix Ulloa.
La mano dura ha tenido resultados notables: la tasa de impunidad en homicidios pasó del 95 por ciento en 2019 al 25 por ciento en 2022, lo que indica que cometer un delito en ese país tiene un castigo prácticamente asegurado.
El equipo de Gobierno de Bukele sostiene que, constantemente, el presidente hace referencia a que su “límite es Dios”, mientras que su relación con los partidos tradicionales es casi nula y enfrenta una oposición mínima. Su aprobación entre los salvadoreños en materia de seguridad llega al 96 %; en educación, al 91 %; en salud, al 87 %; en empleo, al 73 % y en costo de vida, al 63 %.
Estos indicadores son su mejor carta de presentación para aspirar a la reelección, que hasta ahora había sido prohibida en su país. Pocos dudan de que será reelegido de manera aplastante en las elecciones convocadas para 2024. Asimismo, ha surgido una especie de ‘bukelemanía’ en toda América Latina, liderada hoy mayoritariamente por gobiernos de izquierda. ¿Si Bukele pudo someter a la delincuencia en El Salvador, por qué en otros países las políticas de seguridad son menos efectivas? Esa es la pregunta que se hacen millones de personas al ver las imágenes que llegan de ese país. Gracias a su baja criminalidad, El Salvador albergará el concurso de Miss Universo, algo impensable en un país aislado y perdido hace menos de una década por la incesante violencia.
Bukele se ha caracterizado por mantener una disputa permanente con los organismos internacionales defensores de los derechos humanos como la CIDH e incluso la ONU. A esas instituciones les ha cantado la tabla y les ha dicho en la cara: “¿Cuántas décadas más, llenas de decenas de miles de muertos, deberíamos de haber aguantado los salvadoreños para que las recetas de las ONG y de la ‘comunidad internacional’ comenzaran a funcionar?”. Bukele ha dicho que por años han importado más los derechos humanos de los criminales que los de la gente honrada. Él se empeñó a fondo para invertir por completo esa ecuación.
Aunque tuvo una muy buena relación con Estados Unidos durante el Gobierno Trump, con Joe Biden las relaciones han tenido nubarrones. Si bien Bukele es pro Estados Unidos, desde que hizo campaña anunció que quería que El Salvador fuera independiente, que no recibiera órdenes de Washington y que fuera autónomo, incluso económicamente. Tal vez por ello, en varias oportunidades, ha marcado distancias con el país del norte. “El Gobierno de Estados Unidos decide quién es el malo y quién es el bueno y también cuándo el malo se vuelve bueno y el bueno se vuelve malo”, dijo Bukele en Twitter.
Mientras algunos lo ven como un verdadero mesías, otros lo califican como un dictador de derecha y lo señalan de ser un violador de los derechos humanos. Fuentes salvadoreñas le aseguraron a SEMANA que ninguna de esas críticas, para él “infundadas”, le quitan el sueño.
El vicepresidente Ulloa señaló: “El simplismo de algunos analistas o de opositores políticos habla de que hay populismo, autoritarismo y hacen explicaciones que no corresponden a la realidad. Esta consiste en un Gobierno que decidió abordar frontalmente los principales problemas que agobiaban a nuestra sociedad, que eran la inseguridad, la explotación, la extorsión, el asesinato, el secuestro, la desaparición y muchos otros delitos que cometían los grupos criminales”.
“La Policía estaba penetrada por estos grupos criminales, estaba mal equipada, había policías que andaban con tres balas en su pistola, vehículos que no funcionaban, sin chalecos de protección, sin medios de comunicación. Entonces una de las tareas era proveer a las fuerzas del orden del equipamiento necesario, de los recursos para dar una batalla y ganarla”, dijo Ulloa. “Se cambiaron también jueces que estaban al servicio de las pandillas, sea porque los compraban, porque los sobornaban o porque los amenazaban”, agregó el vicepresidente de El Salvador.
Salvó a la gente
La receta de Bukele ha sido sencilla: firmeza y negociación cero. Él mismo se definió hace unos meses, en tono irónico, como “el dictador más cool del mundo mundial”. Su tesis es simple: “El que perdona al lobo, sacrifica a la oveja”.
SEMANA recorrió la imponente cárcel desde la cual los villanos de los salvadoreños han sido expuestos al mundo semidesnudos y amarrados de pies y manos. Las imágenes son impresionantes. Centenares de hombres, uno tras otro, totalmente sometidos, en una cárcel organizada e impecable. Se sabe que las condiciones son extremas; las celdas de castigo, miedosas y las posibilidades de escapar, nulas.
Se trata de una construcción de película. Muros de concreto de 11 metros de altura y dos de profundidad. En celdas de 100 metros duermen 80 pandilleros, con apenas dos sanitarios. No hay privacidad de ningún tipo y tampoco visitas, ni siquiera las conyugales. Las familias de los reos, además, pagan por las comidas que les dan en prisión. Si se portan mal, el lugar de reclusión es de apenas dos metros en completa oscuridad con una cama de cemento.
Un reportero de SEMANA caminó por las colonias antes inaccesibles de El Salvador. “Antes vivíamos con miedo. No sabíamos si íbamos a entrar o a salir. Era una zozobra permanente. Ahora estamos tranquilos”, dijo Jorge Rosales, habitante de La Campanera, uno de esos barrios que tenían fronteras mortales e invisibles, dominado totalmente por los pandilleros de Barrio 18.
Allí cuentan que el horror cesó en menos de un año. Anteriormente, tenían que estar carnetizados por las pandillas para poder incluso salir o entrar de sus casas. Era tal el control de las maras que ni siquiera se salvaban los muertos. En el cementerio de Santa Tecla, por ejemplo, quienes no eran de la pandilla no podían visitar a sus seres queridos. Si por suerte los dejaban pasar, les cobraban dos dólares por cinco minutos. “Es parte de lo que queremos borrar de nuestra historia, esos hechos de violencia lamentable. Queremos mostrar, como país, que tenemos esa capacidad de comenzar de nuevo”, aseguró Francisco Martínez, gerente del camposanto.
En El Salvador el cambio es aplaudido, porque el pasado pesa y duele. De Bukele venden camisetas estampadas con su cara en todas las esquinas. El excanciller colombiano Julio Londoño Paredes, que fue mediador del conflicto salvadoreño cuando se firmó la paz en 1992 y lo visitó por años, recuerda con dolor una escena: un grupo de mamás enviando a sus hijos de 8 o 9 años solos a Estados Unidos. “Es la única forma de salvarlos de las maras”, le contaban a Londoño en esa época.
Entre lágrimas, Roberto Moral, otro habitante de La Campanera que habló con SEMANA, mostró a sus dos hijos jóvenes y resumió la situación así: “Uno no podía salir sin temor, más cuando tenía hijos varones. A los más jovencitos yo no los podía sacar”. En otras palabras, los más pobres eran quienes se sentían viviendo en su propia casa por cárcel. Bukele les dio la libertad en apenas un año.
En un país con solo seis millones de habitantes (menos que Bogotá), había cerca de 100.000 miembros de estas bandas. En Colombia, las Farc habían aterrorizado a un país de 48 millones de personas y al integrarse al proceso de paz, se desmovilizaron 13.000 combatientes. Por eso, la cifra salvadoreña es escalofriante.
La estrategia era el terror cotidiano y su lema: robar, matar y violar. “Y matar espectacularmente: degollando, apuñalando, decapitando”, explica el biógrafo del presidente Bukele, el periodista y exguerrillero Geovani Galeas. Con esas tesis, se calcula que alcanzaron a tener el control en más del 80 por ciento del territorio.
Como recuerda la revista The Economist, “desde el final de la guerra civil en 1992, la política estuvo dominada por el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), un partido de izquierda que surgió de grupos guerrilleros y la Alianza Republicana Nacionalista (Arena), un partido conservador que fue fundado por un exsoldado para oponerse a esas guerrillas”.
Semejante irrupción en el poder produjo un movimiento de todos contra Bukele. Los primeros dos años, el presidente tuvo al Congreso en contra y al pueblo a su favor. Su manera de gobernar encantaba en las encuestas, pero no en la clase dirigente, que tuvo la batuta del Parlamento hasta el 28 de febrero de 2021, cuando Bukele arrasó en esas elecciones. En más de 200 años de historia nunca un presidente había tenido mayorías y él las tenía de sobra al haber coronado dos tercios del Capitolio.
La lucha contra las pandillas fue implacable. “Desde el primer día, el éxito de la operación fue que se hizo de manera intensa, incesantemente, de noche y de día. Fue una guerra relámpago y a las maras no les dio tiempo de nada”, agrega el biógrafo Galeas. Por día, el Gobierno capturaba de 500 a 1.000 hombres. Fueron tan gigantescos los operativos que los criminales ni siquiera opusieron resistencia. Un día, por ejemplo, 14.000 soldados hicieron un cerco en un pueblo para que no tuvieran salida.
Gustavo Villatoro, ministro de Justicia y de Seguridad Pública de El Salvador, le dijo a SEMANA: “Logramos tener los perfiles de cada uno de los 76.600 pandilleros registrados hasta el 27 de marzo del año pasado. Partimos siempre del conocimiento pleno del enemigo al que nos estábamos enfrentando. Para ser miembro de la estructura, dentro del ritual ellos tenían que haber matado”.
El ascenso
El presidente Bukele es un adicto al celular, como muchos de su edad. Llegó a la presidencia a los 37 años, como el más joven de América Latina en el cargo. Cuentan que ni siquiera en las más importantes reuniones se despega de la pantalla.
Twitter es su principal arma política. Es verdaderamente lo que llaman un outsider y este estilo se evidencia en todos los frentes. En la economía, por ejemplo, dice que no cree en el PIB ni en los estándares que impone el Banco Mundial o el FMI, pues lo que verdaderamente vale es estar seguro en las calles y tener empleo.
Quizás por esa razón es el mayor creyente de las criptomonedas y considera que comprar millones con fondos públicos, al final, garantizará la independencia financiera de su país. “El Salvador es el epicentro de la adopción del bitcoin y, por lo tanto, de la libertad económica, la soberanía financiera, la resistencia a la censura y la riqueza inconfiscable”, ha dicho.
Hoy es considerado un líder de la derecha, pero pocos se imaginarían que cuando comenzó su carrera política, era el candidato impulsado por el izquierdista Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).
Bukele es hijo de un empresario que fue muy conocido y querido en el país, Armando Bukele Kattán, y de Olga Ortez. El primer mandatario ha contado que se siente orgulloso de su pasado árabe, que sus abuelos paternos emigraron de Palestina hace 90 años y se conocieron y se casaron en El Salvador.
Allí, la familia hizo una vida muy próspera. Nayib Bukele creció como un joven adinerado de la capital, lleno de lecciones que pocas veces tienen los niños ricos.
Fue su viaje a la provincia el que lo hizo célebre. Su esposa era una joven bailarina de ballet que estudió psicología. Se vieron por primera vez cuando él tenía 18 años y se casaron en 2014; ella ha decidido mantener un perfil político bajo. Nunca genera controversia.
Bukele convirtió a Nuevo Cuscatlán en un pueblo de clase mundial. Comenzó a hacerse conocido por un lema: “El dinero alcanza cuando nadie roba”. Hizo obras e implementó muchos programas, y esa buena gestión lo convirtió en el más firme candidato a la Alcaldía de San Salvador, también por el FMLN.
Su carrera en ascenso comenzó a llamar la atención del mundo. “Un tomador de decisiones entre grandes, como Angela Merkel y Justin Trudeau”, lo llamó la revista Foreign Policy. “Un líder de la próxima generación”, lo calificó Time. Se lanzó a la presidencia y rompió el esquema político del momento. Fue el primero, en más de 30 años, que no ganó por los partidos tradicionales. Ganó en primera vuelta con el 53,8 por ciento de los votos. “Dijimos que haríamos historia y lo hicimos”, dijo en la noche de su triunfo.
Galeas puede ser el hombre que más lo conoce. Lo ha acompañado por años y escribió un libro sobre él. “Nayib ni es muy guapo, ni canta tan bonito las rancheras como Pedro Infante, ni cuenta buenos chistes. Lo que tiene es una inteligencia excepcional”, explica. El hombre fue miembro de la extinta guerrilla salvadoreña. Cuando se desencantó de la guerra, se volvió periodista.
“Hace un par de años, concluí que Nayib es el líder más importante de nuestros 220 años de historia. Es más inteligente, más valiente que Joaquín Villalobos. Nosotros hicimos casi 20 años de guerra. Fue muy duro, muy sacrificado, pero no logramos nada. No cambiamos el país. Al contrario, el país empeoró. Hoy, en cambio, vamos a completar 318 días a lo largo de su gestión en cuatro años con cero homicidios”, sostiene.
Hasta los más firmes opositores de Bukele, por ejemplo los periodistas de El Faro, le reconocen sus logros en seguridad. Ellos fueron a territorios antes vedados y concluyeron que “el esquema del presidente Nayib Bukele ha conseguido desestructurar a las pandillas en El Salvador, desbaratando su control territorial, su principal vía de financiamiento y su estructura interna”.
Por su parte, Estados Unidos ha sancionado a algunos funcionarios del Gobierno Bukele por estar involucrados en posibles hechos de corrupción, violación a los derechos humanos y por negociaciones encubiertas con las pandillas.
La pelea con Petro
En el último mes, Bukele se metió de lleno en el debate público en Colombia y no se ha quedado callado frente a las críticas que le ha hecho el presidente Gustavo Petro. Por ese motivo, han chocado en redes sociales por las grandes diferencias que ambos tienen, especialmente en materia de seguridad. Mientras Bukele defiende la guerra sin tregua contra las pandillas, Petro impulsa la paz total, tendiéndoles la mano a los grupos armados ilegales y narcotraficantes.
La última confrontación, esta semana, escaló de nivel. Petro le reclamó a Bukele por un supuesto pacto con los pandilleros para poder gobernar. “Mejor que hacer pactos del Gobierno por debajo de la mesa es que la justicia pueda hacerlos encima de la mesa sin engaños y en búsqueda de la paz”, dijo Petro en Twitter. El presidente de El Salvador respondió y le enrostró todo el escándalo en torno a Nicolás, su primogénito: “¿No es su hijo el que hace pactos bajo la mesa y además por dinero? ¿Todo bien en casa?”.
Algo que ha llamado la atención es que, teniendo en cuenta que en Colombia aún no hay una figura fuerte de oposición a Petro, antipetristas han visto en Bukele una voz que los representa.
El presidente de El Salvador ya tiene una invitación para visitar Colombia, en octubre próximo, justo cuando el país irá a las urnas para elegir alcaldes, gobernadores, concejales y diputados. Es muy posible que, para hacerles contrapeso a los candidatos del Pacto Histórico, muchos enarbolen las banderas de Bukele como unas políticas necesarias y eficaces para recuperar la seguridad en todo el territorio nacional.
Petro y Bukele tienen en la mira a América Latina: mientras el salvadoreño ha conquistado seguidores con sus políticas contundentes contra la delincuencia, el colombiano, con su política del amor, busca dirigir un bloque de izquierda conformado por Lula da Silva, Nicolás Maduro, Gabriel Boric y Andrés Manuel López Obrador, entre otros. Con seguridad, vendrán más enfrentamientos entre Petro y Bukele, pues son como el agua y el aceite.
Aunque el acceso a la información nos permite conocer sobre una mayor cantidad de delitos, Cuba siempre ha sido un país con notable historial de crímenes violentos
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Por Alberto Méndez Castelló
11 febrero 2023
LAS TUNAS, Cuba. — Mi editor me ha sugerido abordar la “violencia en Cuba, dígase asesinatos, desapariciones, robos a mano armada”, una apreciación jurídica, pero de una manera “aterrizada para los lectores”, me ha dicho, y no es poco lo que me pide el joven, con el que concuerdo en una hipótesis, criminológica y sociológicamente hablando: la crisis en la economía cubana empujó la ola migratoria, y la migración la necesidad urgente de hacer dinero en muchas personas, dineros que unos hicieron de buena fe, vendiendo casas, autos, todas sus propiedades, o mediante préstamos de familiares o amigos, pero otros, carentes de esas relaciones afectivas y sin poseer bienes que vender, el capital lo han “luchado”.
El eufemismo “luchar” es muy utilizado en la jerga callejera de la Isla para enmascarar una prolongada lista de delitos, que van desde malversaciones millonarias cometidas por directores, administradores o jefes de almacenes, tiendas y empresas estatales, o circunspectos gerentes de negocios que manejan divisas, hasta algunos miles de pesos obtenidos por ladrones de ganado, revendedores de mercancías, o estafadores, sin faltar algún cuidador devenido ejecutor del “asesinato perfecto”, que, para quedarse lo antes posible con la casa y los bienes de la persona a su cargo, mata al anciano a su cuidado, sin dejar rastros.
Sí, la crisis económica y migratoria que hoy vive la población cubana está influyendo en la criminalidad, y por criminalidad, en este caso, compréndase la incidencia de delitos en un período determinado, digamos, después de la llamada Tarea Ordenamiento, que detonó la espiral inflacionaria. Pero de ningún modo podemos imputar el alza del delito en Cuba solamente a esas dos causas que son la crisis económica y la estampida migratoria, porque pensar así sería ser reduccionistas, o, dicho de otro modo, estaríamos reduciendo las causas y condiciones propiciadoras del crimen a las épocas de bonanza o penuria económica y a los corredores migratorios, cuando bien sabemos que no es así.
También es una miopía, políticamente hablando, afirmar que hoy tenemos “muchos más”, o “muchos menos”, o “igual cantidad” de delitos que el año anterior, o el otro año, o cualquier otro año, por una sencillísima razón: no hay estadísticas fiables. Las cifras de criminalidad —como todas las cifras volitivas, esas que impulsan la voluntad de las personas — son “secretos de Estado”, manejadas por la clase dirigente mediante estrategias, por lo que no hay que estar dando órdenes día a día para no divulgar lo que deben callar.
Sí, hoy sabemos de más delitos ocurridos en el territorio nacional porque tenemos más información. La que publican las redes sociales o este diario y otros medios independientes. Pero sabido es que la prensa oficial no publica los delitos ocurridos en el país, o acaso dice de los que fueron operados “exitosamente”, del resto, de los que están impunes, nada se dice. Así, que yo recuerde, hace algún tiempo conocimos del asesinato de un profesor, para robar su moto, y más recientemente, de un asalto a mano armada cometido sobre personas que pretendían comprar divisas, luego, de una muchacha asesinada frente a una estación de policía, como también se conoció por medios independientes de otros casos de feminicidio, y de la desaparición y posterior hallazgo de sus cadáveres, de dos trabajadores del transporte público, un conductor de bicitaxis y un taxista.
Sin embargo, con anterioridad a estas publicaciones, Internet y los teléfonos móviles, ¿Qué sucedía? Déjenme decirles con conocimiento de causa, no de oídas, que delitos, así como los ahora relatados, se producían en los años sesenta, setenta, ochenta, noventa y bien avanzado el siglo XXI, pero la ciudadanía no se enteraba más allá de su área de residencia. Y muchos de esos crímenes, que incluyen robos y asesinatos, todavía hoy permanecen impunes, sin esclarecerse quiénes lo cometieron ni dónde se encuentran hoy esos criminales, por lo que, si no conocemos bien sus orígenes, no resultaría raro que, por buen vecino, tengamos un criminal, y no importa si vivimos en Puerto Padre, en Miami o en Minnesota.
Tal impunidad se puso de manifiesto en el año ochenta de una forma curiosa, risible. Como bien es conocido, durante la oleada migratoria de Mariel, las cárceles cubanas fueron abiertas para que cientos de presos emigraran a Estados Unidos, y a alguien de la dirección del Ministerio del Interior se le ocurrió —realmente no sé de quien fue la peregrina idea— entrevistar a los excarcelados para conocer si alguno de ellos había cometido algún delito por el que no estuviera cumpliendo sanción, o poseía información de que alguna persona hubiera cometido cualquier delito no esclarecido, no a los efectos de enjuiciarlo penalmente, sino para fines estadísticos, los de aumentar las cifras de operatividad y disminuir las de impunidad.
Aunque todos los presos comunes que quisieron irse de Cuba se declararon fervientes “revolucionarios”, no conozco de casos pendientes, resueltos mediante declaraciones de presos liberados con la condición de emigrar.
Tales eran los delitos contra la vida cometidos en todo el territorio nacional desde aquella época, que poco antes de ser destituido y enjuiciado él mismo en 1989, allá por 1987 o poco antes, el entonces ministro del Interior, general de división José Abrantes, ordenó actualizar la investigación de todos los casos de asesinatos pendientes mediante planes de trabajo operativo que debía aprobar él mismo, personalmente, y no los jefes provinciales, como hasta entonces se venía haciendo, lo que da una idea de la magnitud de los delitos graves producidos desde 1959 hasta 1989, durante las tres primeras décadas de la “revolución”, crímenes —algunos relevantes por su ensañamiento— que estaremos abordando en el próximo artículo.
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Licenciado en Matemática Pura en la Universidad de La Habana (UH) y Catedrático universitario con 24 años de experiencia en la docencia universitaria cubana; posee la Categoría Docente Principal de Profesor Titular universitario. Fue expulsado el 29 de enero de 1997 del Instituto Superior Pedagógico de Pinar del Río ( universidad de perfil formativo o pedagógico) por motivos políticos. Activo colaborador desde su fundación de la revista VITRAL y del Centro Católico de Formación Cívica y Religiosa (CFCR) de la Diócesis de Pinar del Río. Colaboró en Cuba con las organizaciones opositoras: Todos Unidos, Asamblea para Promover la Sociedad Civil en Cuba y con el Consejo Unitario de Trabajadores Cubanos (CUTC).
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COLABORADORES:
Paul Echániz