sábado, marzo 16, 2024

Jorge Luis González Suárez desde Cuba: Omnibús Santiago-Habana: Cuando el transporte interprovincial en Cuba no era un caos

 
Tomado de https://www.cubanet.org

Santiago-Habana: Cuando el transporte interprovincial en Cuba no era un caos

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Entre las múltiples compañías que prestaban este servicio con calidad antes de 1959 estuvo Santiago-Habana, que contaba con 117 ómnibus y tenía 35 salidas diarias.

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Jorge Luis González Suárez

15de marzo, 2024

LA HABANA, Cuba.- El transporte de pasajeros interprovincial antes de 1959 satisfacía con amplitud la demanda nacional. Entre las múltiples compañías que prestaban este servicio con calidad estuvo Santiago-Habana, propiedad conjunta de cinco personas: Ramón Martínez Echevarría, Juan Puentes Rodríguez, Ángel Hernández Fernández, Miguel A. Gómez de la Torre y Emilio Campos Lozano.

Con el lema publicitario “Santiago-Habana. La línea de mayor experiencia”, la compañía contaba en 1958 con 117 ómnibus, y tenía 35 salidas diarias en ambas direcciones. Los ómnibus que operaba eran todos norteamericanos, de la General Motors. Según creció, fue modernizando su parque. Así, fue la primera compañía en Cuba que importó los modelos Camberra con aire acondicionado, baño, amplios asientos muy confortables, además de prestar durante el trayecto almohadas para facilitar el descanso de los viajeros en los tramos largos, y crear un servicio de lujo.

Cada carro adquirido recibía una reparación capital en Estados Unidos. Traían un motor de reposición extra, pues cada seis meses de uso, se cambiaban para darles mantenimiento, y poner el otro reparado. De esta forma evitaban roturas, accidentes y molestias al usuario.

Su base central, con amplios talleres de reparación y equipamiento adecuado, se ubicó en 20 de Mayo y Línea del Ferrocarril, muy cerca del Estadio del Cerro. Allí, en lo que hoy es la Base Sandino, estaban las oficinas de la empresa, la cocina, el comedor y las habitaciones de descanso para los conductores cuando llegaban de viaje.

Los choferes eran escogidos por su pericia. Llegué a conocer a José Luis Obregón, quien era una estrella. Se mantuvo en su labor después de ser intervenida la compañía por el Estado. En más de 60 años de servicio no tuvo ningún tipo de accidente. Gozó del primer lugar en el escalafón de la actual empresa Ómnibus Nacionales hasta que se jubiló, poco antes de fallecer.   

Santiago-Habana poseía además la firma hotelera Santibana S.A, que era propietaria de hoteles en Colón, Santa Clara (el Gran Hotel), Ciego de Ávila y tenía proyectos de edificar otros. 

El hotel de Ciego de Ávila servía también para brindar desayuno, almuerzo o comida a los viajeros, o tomar refrigerios en su cafetería, durante su breve estancia. Cuando llegaban las guaguas a este punto, se cambiaba de carro mientras los pasajeros descansaban. Allí había otro vehículo, que esperaba con tripulación fresca para continuar el recorrido. Así se conservaban los equipos, y evitaban imprevistos en el camino. 

Otra variedad de servicios que ofertó Santiago-Habana fue los paquetes excursionistas a la Playa de Varadero. El viaje de ida y regreso en el día costaba 2.90 pesos, una facilidad indiscutible para el disfrute de cualquier capa social de la población.   

Después de ser intervenida la empresa por el Estado, aquellos ómnibus excelentes se fueron rompiendo por la falta de piezas de repuesto. Pero algunos se mantuvieron en funcionamiento hasta los primeros años de la década de 1970.  

Su calidad queda demostrada por una anécdota que escuché de un antiguo chofer. Decía que estaba un día en el taller y llegó otro compañero con su carro desde Guantánamo. Cuando el jefe de transporte le preguntó si tenía que reportar algún desperfecto, expresó: “A esto no le duelen ni los callos”.

Los sustitutos fueron primero los Skoda de Checoslovaquia. Vinieron después los Leyland ingleses, los Hino japoneses, los Ikarus de Hungría a través del CAME y hoy están los Yutong chinos, aunque del primer modelo de estos últimos, quedará una cuarta parte si acaso. Entre la falta de piezas de repuesto y los accidentes, el número de ómnibus inutilizados o destruido se calcula de forma conservadora en más de 4.000. La deuda contraída por la adquisición de estos ómnibus es astronómica.    

Hasta 1959 existían numerosas empresas de ómnibus con frecuencias constantes de salida desde sus agencias en la Terminal de Ómnibus u otros sitios en el país, con ida y regreso. Se podía llegar y adquirir un boleto casi al momento y salir en una hora o menos como promedio, aunque quien lo quisiera reservaba con antelación.  

En estos momentos nada más hay entre 48 y 49 salidas al día de La Habana para las demás provincias. Los pasajes se adquieren por una aplicación del celular, y son muy difíciles de conseguir, pues la demanda es insuficiente para cubrir las necesidades. Además, este sistema, para muchas personas, especialmente los ancianos y las personas que no disponen de un móvil, es bien engorroso.

El precio de los pasajes de los transportistas particulares llega ahora hasta cerca de los 5.000 pesos, cantidad imposible de sufragar por amplias capas poblacionales.

La alternativa de la lista de espera en la agencia de Villanueva puede que obligue a permanecer varios días haciendo cola hasta que aparezca alguna capacidad libre.

Ante la escasez de ómnibus, la aguda crisis energética, los problemas administrativos y los precios de los pasajes, es fácil comprender el actual caos del transporte interprovincial en Cuba. Ahora se viaja al interior del país solamente por una necesidad imperiosa.

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Pepe Forte

Septiembre 2, 2021

La Estación TERMINAL de Ómnibus de La Habana

Pepe Forte

2 años atrás

Las guaguas CANBERRA en CUBA



 Las guaguas CANBERRA en CUBA

https://youtu.be/vt_Bas9gdsIPepe Forte

un año atrás

 La Historia de OMNIBUS NACIONALES



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martes, julio 18, 2023

España: Elecciones 23 de julio 2023. ¿Prepara el castrismo un megafraude en España con la embajada de España como mediadora?

 Una pequeña muestra de las mentiras de Pedro Sánchez  actual Presidente del Gobierno español y del PSOE


Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

DADAS  ESAS ACCIONES DEL PSOE (PARTIDO SOCIALEISTA OBRERO ESPAÑOL),  SUGERIMOS VOTOS PARA LOS PARTIDOS VOX Y PP POR EL BIEN DE ESPAÑA, DE LA INMENSA MAYORÍA DE LOS ESPAÑOLES Y DE LOS CUBANOS:

11 de julio 2023

Los cubanos le agradecerán siempre, Presidente del partido VOX  #santiagoabascal


Tomado de https://zoepost.com/latinos-por-abascal/

Latinos por Abascal


VOX España

Discurso Giorgia Meloni en Valencia junto a Santiago Abascal #votaloqueimporta


Por COPE/RZP.
16/07/2023 20:55

Tomás Gómez ha pasado este domingo por los micrófonos de COPE para analizar la campaña electoral y el papel de Pedro Sánchez al frente del PSOE.

Tomás Gómez, miembro del PSOE, sobre Pedro Sánchez y las elecciones


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Tomado de https://zoepost.com

¿Prepara el castrismo un megafraude en España con la embajada de España como mediadora?

Por Redacción ZoePost.

16/07/2023

Mensajes recibidos desde Cuba enviados a Zoé Valdés:

[23:20, 16/7/2023] ######: En Cuba la embajada española está dando nacionalidades a trote y mocha y poniendo autobuses para ir a votar por el PSOE.

[23:21, 16/7/2023] Zoé Valdés: Me mandaron esto ahora mismo

*Acabo de hablar con un socio de la víbora.

Lo llamaron x la mañana de la Asociación Canaria a la cual NO PERTENECE y a la cual NUNCA le ha dado sus datos.

El motivo fue Citarlo (esa palabra) para ir a votar mañana por el PSOE “En defensa de la Ley de Memoria Histórica y del progreso en España” (Textual).

Van a poner transporte gratis. Las guaguas salen del parque Córdoba, Sevillano y van a ir recogiendo gente como si fuera un trompo: Plaza Roja, Juan Delgado etc. En otros municipios lo mismo.Parece casi una movilización del 1ro de mayo. Horario, desde las 9 am días 17 y 18. Dicho explícitamente es pa votar por el PSOE*

[23:21, 16/7/2023] Zoé Valdés: Megafraude.



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viernes, enero 21, 2022

Roberto Álvarez Quiñones: La Habana: diez veces menos guaguas que 'antes'. '¿Podemos imaginarnos a una multitud enfurecida en La Habana de 1958, esperando 40 minutos o dos horas una guagua?'

 

Tomado de https://diariodecuba.com/

La Habana: diez veces menos guaguas que 'antes'

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'¿Podemos imaginarnos a una multitud enfurecida en La Habana de 1958, esperando 40 minutos o dos horas una guagua?'

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Por Roberto Álvarez Quiñones

Los Ángeles

16 enero 2022

En 1958 La Habana, con 1,5 millones de habitantes, tenía 2.400 autobuses. En enero de 2022 hay 400 guaguas en servicio para 2,2 millones de habaneros.

Estadísticas como esas enfurecen a Raúl Castro y a la pandilla militar-civil que usurpa el poder, y asombran a los cubanos que hoy no llegan a los 67 o 70 años de edad.

Enfurecen a los jerarcas castristas porque se sienten apabullados por ellas. No tienen cómo refutar tan abrumadoras evidencias del desastre que ha ocasionado el comunismo en la Isla. Y asombran a quienes no peinan canas porque descubren lo que han perdido, o les impiden tener, desde que Cuba fue "liberada de la explotación capitalista".

Por algo el régimen prohíbe publicarlas. Nunca se han visto ni se verán tan elocuentes cifras pretéritas en Granma, Juventud Rebelde, Cubadebate, Trabajadores, etc. Al silenciarlas la cúpula gobernante aprovecha la ventaja de que con la inaudita longevidad del castrismo los ciudadanos pierden el contacto con el pasado capitalista. No lo vivieron.

Eso facilita los cuentos de camino. La elite castrista habla de "logros de la revolución" con datos que son ridículos al contrastarlos con ese pasado ignoto para muchos. De ahí la necesidad de refrescar la memoria histórica y desinflar las mentiras oficiales.

Hay 700.000 habaneros más y 2.000 guaguas menos que en 1958

Antes del castrismo La Habana era una de las ciudades más bellas, modernas y "mágicas" del mundo. Y contaba con uno de los mejores servicios de transporte por ómnibus a nivel mundial, con una guagua por cada 625 habitantes. Hoy hay un autobús por cada 5.500 habaneros, y ese autobús está que suelta los pedazos lastimosamente.

De aplicarse hoy la relación guagua-habanero de 1958 la ciudad debiera tener 3.500 guaguas en funcionamiento, pero tiene solo 400, el 11% de las que circulaban hace 64 años. ¡Casi diez veces menos!  O sea, con 700.000 habaneros más la populosa urbe cuenta con 2.000 guaguas menos que a mediados del siglo XX.  Y le faltan 3.100 guaguas para dar el mismo servicio de aquellos tiempos.

Semejante déficit de ómnibus solo se justificaría si se hubiese construido un sistema de trenes, subterráneos o no, como los hay en las principales ciudades de Latinoamérica. Sin "revolución" La Habana lo tendría hace décadas.

Pero ni guaguas, ni metro. Fue el director de Transporte en La Habana, Leandro Méndez, quien hace unos días informó que de 878 guaguas que posee la capital, solo 435 están funcionando. Pero luego su subalterno Henry Aldama aclaró a Juventud Rebelde que esas eran las que estaban "de alta", pero que en verdad a mediados de diciembre solo estaban en servicios 400 guaguas. Y eso, si Aldama no infló la cifra de las que funcionan realmente.

De pionera en transporte urbano, a indigente que pide limosnas

Y estamos hablando de una ciudad con un formidable pedigree en transporte urbano. La Habana en 1900 fue una de las primeras ciudades del mundo en tener en tranvías eléctricos, antes que muchas ciudades de Europa (incluida Madrid) y de la inmensa mayoría de las urbes latinoamericanas.

Ya en 1862 había sido la segunda ciudad de América Latina en tener tranvías tirados por caballos, luego de Ciudad de México (1858). También en La Habana circuló el primer automóvil en toda Latinoamérica, en 1900.  Antes, en 1837, fue la primera ciudad de Iberoamérica, y tercera en el mundo, en tener trenes de pasajeros y carga (La Habana-Güines, y luego hasta Bejucal).

Hasta marzo de 1959, en que Fidel Castro las estatizó, operaban en la capital dos compañías privadas de autobuses urbanos: 1) la Cooperativa de Omnibus Aliados (COA), integrada por pequeños propietarios que adquirían una o dos guaguas y las ponían en rutas escogidas por ellos; y 2) Autobuses Modernos (AMSA).   

La COA tenía 1.600 ómnibus General Motors, que eran iguales que los que prestaban servicio en EEUU. Y AMSA contaba con 800 ómnibus británicos Leyland, llamados popularmente "enfermeras" por su color blanco.

Agreguemos a eso que de los casi 144.000 automóviles que había en Cuba en 1958, según datos oficiales, la inmensa mayoría circulaban en La Habana, incluyendo 3.500 taxis, y no destartalados con 65 años de uso o sin combustible suficiente como los almendrones de hoy, y cuya cifra no la sabe nadie.

Claro, la crisis del transporte público se debe al "bloqueo", según Méndez, quien dijo que lo que más golpea son las roturas por falta de piezas, la falta de neumáticos, de baterías, material para coger ponches y de filtros de aceite. También informó que de 1,2 millones de pasajeros diarios que se transportaban hace tres o cuatro años, (hasta que se desplomaron los subsidios venezolanos), ahora son 500.000 pasajeros. Menos de la mitad.

Pero en vez de privatizar el transporte urbano para solucionar de una vez el problema la dictadura pide limosnas extranjeras. La última se la imploró a Japón y próximamente llegará a La Habana una donación de 84 autobuses nipones. Los habaneros transportados amentarán a 592.000 diarios. A los vividores gubernamentales no les importa la suerte de los otros 608.000 habaneros de los 1,2 millones mencionados, ni del otro millón de habitantes que completan la población total de la capital.

Antes de 1959, COA y AMSA ofrecían un muy eficiente servicio, con una frecuencia de entre cuatro y nueve minutos entre un ómnibus y el siguiente en las horas pico. Basta ver las fotos y películas de la época en que se ven siempre muchas guaguas en las calles.

Hoy los expertos del MITRANS dicen que se necesitan 700 autobuses, 20 rutas diferentes con 30 guaguas cada una para dar buen servicio en la capital. Falso, hacen falta 3.500 y no menos de 40 rutas. Pero hay solo 16 rutas con muy pocos ómnibus, algunas con uno solo carro en servicio, según Aldama. Y la frecuencia promedio oscila entre 40 minutos y dos horas entre una y otra. O no pasa nunca.

¿Podemos imaginarnos a una multitud enfurecida en 1958 esperando 40 minutos o dos horas una guagua en Infanta y San Lázaro, en La Virgen del Camino, o en Galiano y San Rafael? ¿De qué magnitud habrían sido las protestas callejeras?

El Gobierno, primero con dinero del Kremlin, y luego de Venezuela, gastó cientos de millones de dólares, quizás miles, en la importación de ómnibus de Checoslovaquia (Skoda), Gran Bretaña (Leyland), Hungría (Ikarus), Japón (Hino), China (Yutong), Rusia (PAZ).

Pero, por no ser propiedad privada, por ser de nadie, aquellos vehículos duraron muy poco, destrozados por falta de mantenimiento, de piezas de repuesto, desorganización, maltrato, baches en las calles, exceso de pasajeros, salarios miserables, y por las pocas ganas de trabajar que tienen los trabajadores en el socialismo. Se hicieron inventos disparatados como los célebres "camellos", armados artesanalmente, sin ventilación. Los pasajeros se asfixiaban de calor.

"Hombres nuevos" asaltan las guaguas y roban a los pasajeros

El colmo es que, encima de todo ese desastre, hoy grupos de "hombres nuevos" están asaltando ómnibus y desvalijando a los pasajeros, según reportes independientes. En el Parque de la Fraternidad, dos sujetos pistola en mano se subieron a una guagua de la ruta A-5, cerraron las puertas y despojaron a todas las personas del dinero y sus objetos de valor.

También en La Cuevita (San Miguel del Padrón) asaltaron un ómnibus y le quitaron el dinero y los teléfonos celulares a todos los pasajeros. Y a un chofer de una guagua en Alamar lo asaltaron, lo golpearon y lo dejaron desnudo en la calle. Jamás hubo en La Habana precastrista asaltos armados a guaguas para robar a todos sus pasajeros.

En fin, tal y cómo van las cosas, los carretones, volantas y quitrines de los tiempos de Arango y Parreño o Félix Varela regresarán al paisaje habanero. Pero de hechura más primitiva y tosca, y con sus cocheros armados con machetes y palos. ¡Gracias Fidel y Raúl!

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Pepe Forte: La Parada de la guagua


Pepe Forte: La historia de la Estación Terminal de Omnibus de La Habana


Pepe Forte: Las supuestas guaguas Canberra en Cuba



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viernes, septiembre 13, 2019

Boris González Arenas desde Cuba escribe sobre Miguel Díaz-Canel, Presidente, marioneta de los Castro y secuaces, , quien pasa veloz y blindado ante las paradas repletas de cubanos



Díaz-Canel pasa veloz y blindado ante las paradas repletas de cubanos

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'No nos vamos a amargar la vida ni vamos a perder el sueño', ha dicho el gobernante ante la actual crisis del combustible.
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Paradas abarrotadas en La Habana. J. E. RODRÍGUEZ DDC

Por Boris González Arenas
La Habana 13 Sep 2019 

Acabo de escuchar a Miguel Díaz-Canel anunciar en la Mesa Redonda de la televisión cubana un período "coyuntural" en el que el país no tendrá petróleo. Lo ha dicho como si se tratara de falta de papel de colores o boinas de miliciano. Ha llamado al altruismo, al ahorro y a la solidaridad. Además, ha asegurado: "no nos vamos a amargar la vida ni vamos a perder el sueño, y nuestro pueblo seguirá siendo feliz, laborioso, alegre y bromista".

Su alocución me ha hecho pensar en mi primer encuentro con él, el pasado lunes, y el sabor amargo que me dejó el evento.

Pasó por delante de mí por la avenida Paseo en un vehículo nuevo de color negro cuya marca y modelo no puedo conocer porque en nuestro país hace muchas décadas no se comercializan vehículos como para que los cubanos tengamos semejante cultura. Lo acompañaban otros tres carros iguales, mismo color, marca, modelo, e infiero que blindados todos. Las ventanillas de esos tres vehículos iban bajadas, y por ellas se asomaban una serie de sujetos de camisas claras. Las puntas de sus fusiles eran visibles.

No vi su rostro, sino que a través del cristal trasero de su vehículo pude definir un peinado y color de cabello semejantes a los suyos, que difieren de la otra persona que puede trasladarse con semejante pompa: Raúl Castro.

La visión me hizo recordar encuentros semejantes con los autócratas que le antecedieron. Fidel Castro hasta 2006, Raúl Castro desde entonces y hasta la llegada del sujeto que ocupa este artículo.

Hasta los 20 años viví a cien metros del teatro Carlos Marx, donde se celebraban los eventos nacionales que siempre concluía el caudillo con sus discursos interminables, y bien informados gracias a diarios internacionales prohibidos para su audiencia.

Durante mi infancia, la llegada de Castro I al Carlos Marx era siempre un evento. La cuadra era tomada por sujetos de guayabera de color azul claro desde horas antes. El tráfico cesaba en la Calle 10, la más ancha de las avenidas cuya extensión concluía precisamente frente al teatro. Para entrar o salir de sus casas, los vecinos con vehículos tenían que pedir permiso. Los niños jugábamos y los guardias se entretenían con nosotros, dadas las horas que debían aguardar la llegada de Fidel.

Al pasar sus tres vehículos, Mercedes Benz negros, podían hacerlo uno tras otro o moviéndose en una forma semicircular al parecer para cambiar su orden en la caravana.

Eso era en la infancia. Algunos de los peores años del llamado "Periodo Especial" coincidieron con mis años de preuniversitario en el Instituto Rubén Martínez Villena, a unos seis kilómetros de mi casa, y hacia el oeste de La Habana, cerca de donde se encontraba el complejo de residencias del dictador cubano conocido como Punto Cero.

No había guaguas y mi transporte habitual era una bicicleta china que le dieron a mi abuela en la empresa de teléfonos cuando casi tenía 70 años. Una parte del camino se hacía por la Quinta Avenida, la más lujosa de La Habana, y no por gusto también la de Castro I. Su seguridad era atendida por una unidad especial de la Policía, llamada "Vía Expedita", y el conjunto de viviendas que la circunvalaban tenían un régimen exclusivo de utilización por sus propietarios bajo el título de "Zona Congelada".

En la calle 112, acercándome a mi casa y Fidel alejándose de la suya, los bicicleteros debíamos desviarnos pues teníamos el paso vedado en lo adelante.

En el tramo donde el déspota y el alumno podíamos coincidir fue que uno de sus autos pasó muy cerca de mi pierna cuando iba pedaleando en una ocasión. Tan cerca que me asustó. No recuerdo hoy si me sorprendió por el silencio de sus Mercedes o porque el bullicio callejero era enorme a la hora de salida de los colegios.

Ya entonces la diferencia entre la pompa del déspota y la precariedad de una población mal alimentada y que tenía por único transporte una bicicleta o sus propios pies era antinatural. Fueron los años de la llamada neuritis óptica, una afección rara llena de síntomas, entre ellos la ceguera de quienes la padecían. Todavía es un misterio de las investigaciones neurológicas que la mayoría de los especialistas asocian, sin embargo, al hambre.

Entre los muchos chistes que rodearon el padecimiento estaba el que aseguraba que había sido encontrado el germen que lo causaba, que era un bichito chiquitico, verde y con barba, cuyo nombre científico era el estaelfifoloco. Chiste que ya hay que explicar a una generación joven que tiene la suerte de desconocer que Fidel Castro tenía, entre sus muchos motes, el de "Fifo".

A Castro I le sucedió Castro II en 2006. Parte de su leyenda había sido siempre una honradez sustentada, entre otras razones, por los vehículos de fabricación soviética en que se movía todavía en el momento de arribar al puesto de su hermano. Un volga gris claro que, según se decía, le habían regalado en la Unión Soviética, y un segundo auto que le seguía con unas potentes luces traseras, supongo que para disuadir el acercamiento de cualquier curioso. Me crucé pocas veces con Raúl Castro, pero las suficientes como para recordar aquellos vehículos.

La fantasía alrededor de su modestia palidece hoy en el olvido como Modesto, su segundo nombre. Al asumir el poder, Raúl Castro recubrió su osamenta con cuatro autos azules nuevos, cuya marca y modelo, a la manera de los autos de Miguel Díaz-Canel, no pude definir 13 años atrás y tampoco ahora.

Junto a la remoción bochornosa que Castro II hizo de altos cargos que acompañaron a su hermano —el más rutilante de los cuales fue Carlos Lage Dávila, así como de sus cúmbilas del empresariado extranjero, donde son nombres prominentes el chileno Max Marambio y el canadiense Cy Tokmakjian—, el cambio de la humilde flotilla vehicular por un parque de autos de lujo demuestra que Castro II convivía, de mal gusto, lo mismo con personajes que despreciaba que con vehículos atrasados y humillantes.

Una convivencia desagradable que la prolijidad de testimonios, emitidos en las últimas décadas, permite asociar al placer que sintió en vida Castro I por entumir las ambiciones de su hermano.

No es extraño por tanto que el pasado lunes repudiara la visión de los autos impecables en que se movía Miguel Díaz-Canel, acompañado de una cohorte de guardaespaldas de miradas amenazadoras y fusiles visibles.

Igual de desagradable resultó escucharlo en la Mesa Redonda decir "nosotros tenemos que lograr que todo el mundo sea sensible con la situación de la población, necesitamos que entre todos nosotros se multiplique la solidaridad esa que tenemos como pueblo y, por ejemplo, en un aspecto concreto, yo digo 'todos los carros estatales deben parar en las paradas', si están vacíos, recoger personas, entre todos nos podemos apoyar más".

Desconozco si este sujeto tiene pensado parar su caravana para dar asiento a una mujer embarazada o un anciano minusválido como nunca vi que hicieran sus antecesores. Quizás pueda argumentar —con razón— que él dijo "si están vacíos", y sus carros van llenos de hombres entrenados para matar, armas visibles y toda la inmundicia que ocupa un hombre que se desplaza con semejante lujo entre una población famélica.

El ejemplo lo tiene bien cercano Miguel Díaz-Canel: Castro I y II lo hacían, y él fue el elegido por ellos para sucederlos.
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CORRUPCIÓN, TERRORISMO Y MISERIA. SUS CAUSANTES EN CUBA




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