viernes, diciembre 16, 2022

Dimas Castellanos desde Cuba: Guillén Landrián, Lechuga y Otero Alcántara: una muestra de la represión en la cultura

 
Tomado de https://diariodecuba.com

Guillén Landrián, Lechuga y Otero Alcántara: una muestra de la represión en la cultura

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La censura política hizo acto de presencia en la 43 edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana.

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Por Dimas Castellanos

La Habana

15 diciembre 2022 


Nicolás Guillén Landrián

En la 43 edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, celebrado del 1 al 11 de diciembre del presente año, la represión en el campo de la cultura nuevamente hizo acto de presencia.

Una mirada antes y después de la censura a la obra del tan destacado como desconocido documentalista Nicolás Guillén Landrián (Nicolasito), confirma que la exclusión del pensamiento diferente en Cuba no ha cambiado desde que se creó el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográfica (ICAIC).

Gracias a Landrián, una cinta de 77 minutos de duración, de Ernesto Daranas —director y guionista de las afamadas cintas Los dioses rotos (2008), Conducta (2014) y Sergio y Serguei (2017)—, los cubanos hemos descubierto una excelente obra que nos devuelve a una personalidad imprescindible del séptimo arte que estuvo secuestrada durante décadas por razones ideológicas; un rescate que requiere de una reflexión crítica colectiva acerca del daño ocasionado al cine, a la cultura, a los artistas y al pueblo cubano con la criminalización del disenso.

Daranas, a través de Gretel Alfonso (viuda de Landrián) y de Livio Delgado (director de fotografía de varios documentales de Nicolasito), devela la historia de un cineasta, pintor y poeta que "sufrió por hacer un cine irreverente, distinto e incomprendido", quien como muchos excluidos marchó al exilio en 1989, donde falleció de cáncer en el año 2003.

Nicolasito, antes de ser expulsado del ICAIC, donde laboró entre 1962 y 1972, aportó unos 17 documentales, entre ellos cuatro de los que conformaron la muestra exhibida durante el 43 Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana: En un barrio viejo (1963), premiado en los festival de cine de Cracovia y Toulouse; Los del baile (1965); Ociel del Toa (1965), Premio Espiga de Oro de la SMINCI de Valladolid; y Coffea Arábiga (1968). Landrián no solamente fue censurado, sino acusado de "desviación ideológica", castigado en una granja avícola, encarcelado e internado en hospitales psiquiátricos donde le aplicaron la terapia de electroshock.  

Lo más grave, contradictorio y preocupante es que después de la muerte de Landrián, que en vida fue víctima de la represión, el victimario ha accedido a financiar la restauración de algunos de sus documentales, como si después de muerto lo necesitaran, como si el daño antropológico causado se pudiera tratar con un simple borrón y cuenta nueva, a la vez que el modus operandi empleado contra él se ha mantenido y se mantiene, como política establecida para el campo de las manifestaciones artísticas, desde que en marzo de 1959 fuera creado el ICAIC como organismo rector para la producción, distribución y exhibición del séptimo arte. Tal institución sustituyó al vasto y plural sistema de empresas distribuidoras existentes que existió hasta ese momento. Su antecedente fue el Instituto Nacional para el Fomento de la Industria Cinematográfica Cubana (INFICC), fundado en 1955, con la diferencia de que este no tenía por objetivo monopolizar todo lo relacionado con el cine.

Una de las funciones del ICAIC —la censura— se puso en marcha en noviembre de 1960 con la prohibición de 87 filmes extranjeros, y con posterioridad de cintas cubanas, comenzando en 1961 por PM, el documental cubano sobre la noche habanera, dirigido por Orlando Jiménez Leal y Sabá Cabrera Infante, que mostró a los cubanos ajenos a la lucha de clases y a las amenazas del imperialismo, festejando con música y alcohol, un contexto que —luego de haberse declarado el carácter socialista de la Revolución— negaba el estereotipo impuesto del pueblo imbuido en la construcción del socialismo. El debate generado por esta cinta, entre artistas e intelectuales cubanos con el Gobierno,  fue sellado con las conocidas "Palabras a los Intelectuales", pronunciadas por el líder de la Revolución para establecer los límites del arte y del pensamiento: "Con la Revolución con todo, contra la Revolución nada".

El ICAIC, la Imprenta Nacional, la Editora Nacional de Cuba, el Instituto Cubano de Radiodifusión y el Instituto del Libro, conformaron el sistema de instituciones culturales subordinadas a un poder totalitario y a una ideología, que —parafraseando al cantautor Pedro Luis Ferrer—, representan una sola verdad y un único pensamiento.

Carlos Lechuga

Carlos Lechuga (La Habana, 1983), guionista y director de cine, conocido por sus películas Melaza y Santa y Andrés, y director de Vicenta B., actualmente radicado en España, hizo declaraciones que el régimen totalitario considera intolerables: "Estoy mirando hacia el futuro. ¿Qué película se puede hacer hoy en Cuba? Es un país que se acabó. Llegar aquí es un aliciente para contar historias. Es como un nuevo empezar". Acerca de los directores cubanos responsables de un cine que no molesta a las autoridades, expresó que prefería "vender pizzas a hacer una película sobre Raúl Castro en un momento en donde el país se está desmoronando".

La cinta Vicenta B. se presentó en el Festival de San Sebastián. Interpretada por Linnett Hernández Valdés, la protagonista, poseedora de un don para leer las cartas, entra en una crisis de fe al irse de Cuba su hijo, y pierde la cualidad de adivinar, al tiempo que ve cómo su mundo se desmorona. El personaje representa a muchos cubanos que viven "sin saber qué van a hacer", porque no pueden sobrevivir con el salario que reciben, y les falta “el alimento del alma”. Esta cinta que acaba de ser galardonada con dos premios en el Cine Ceará-Festival Iberoamericano de Cinema, Brasil —Mejor Actriz para Linnet Hernández Valdés y Mejor Dirección para Carlos Lechuga— relata una realidad, pero sobre todo es un homenaje poco común, por no decir inexistente, a la mujer negra y santera en el cine cubano. A pesar de sus valores fue retirada arbitrariamente de la selección oficial del festival habanero.  

Luis Manuel Alcántara

La represión contra el pensamiento diferente no se circunscribe al cine. Un ejemplo, entre muchos, es el de Luis Manuel Otero Alcántara (1987), artista de performance, líder del Movimiento San Isidro —un colectivo de artistas promotores y defensores de los derechos civiles y culturales—, desde 2017 fue víctima de amenazas y arrestos en múltiples oportunidades, hasta que el 11 de julio de 2021, cuando se proponía participar en las protestas populares fue encerrado en una prisión de alta seguridad, y después de nueve meses sin juicio, condenado a cinco años de prisión por su labor continuada a favor de la libertad de expresión.

Entre otros premios, Alcántara ha sido galardonado con Oxi Coraje de la Oxi Day Foundation (octubre de 2021); la revista Time lo incluyó en la lista de las personas más influyentes del año 2021, y en 2022 recibió el premio de la fundación neerlandesa Impacto Príncipe Claus.

Los acontecimientos político-sociales recientes —el Movimiento San Isidro, la protesta del 27N frente al Ministerio de Cultura, la protesta cívica del 11J, el llamado de la Plataforma Archipiélago del 15N y el voto de castigo, manifestado en las elecciones municipales del pasado 27 de noviembre—, están relacionados con la falta de libertades.

Las censuras y represiones en Cuba no se circunscriben al cine, a las demás manifestaciones artísticas y a la cultura en general. Su denominador común es la prohibición del derecho no solo de los artistas e intelectuales, sino de todo cubano a pensar y disentir.

Por esa razón, un aplauso para la cinta Landrián, que nos impele a restablecer tan elemental, pero imprescindible derecho de pensar y actuar con cabeza propia, es decir, con independencia y dignidad.

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Nicolás: El fin pero no es el fin (2005, USA)


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domingo, junio 05, 2022

Ni Santa, ni Andrés. Carlos Lechuga y Adriana Normand sobre lo que le ocurrió con Seguridad del Estado y la censura en Cuba.

 
Tomado de https://diariodecuba.com/

Ni Santa, ni Andrés

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Carlos Lechuga, director de 'Santa y Andrés', cuenta en un libro escrito junto a Adriana Normand lo que le ocurrió con Seguridad del Estado y la censura en Cuba. DIARIO DE CUBA publica un fragmento.

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Por Carlos Lechuga y Adriana Normand

Madrid

05 Jun 2022

Tras varios días sin tener una respuesta del ministro de Cultura, o al menos un acuse de recibo de su parte, el director de Santa y Andrés recibe una llamada telefónica matutina. Lo llamaban del Ministerio del Interior, sin especificar quién, para hacerle una visita y tratar el tema de la película. Lechuga aceptó y pasó a darles su dirección particular porque los agentes del MININT conocían su teléfono, pero no su lugar de residencia. Evidentemente del ICAIC o del MINCULT, al no tener como contener lo que se avecinaba, tuvieron que llamar a la policía política para contener las posibles repercusiones negativas de la censura y las chapucerías de ellos mismos. Mientras Lechuga y Calviño jugaban limpio, los dirigentes culturales los lanzaban al foso de los leones.

El director pidió a su esposa y productora (Claudia Calviño) que lo dejase solo con los entrevistadores. En un rato llegaron dos hombres en sus respectivas motocicletas. En Cuba cualquier persona conoce cómo son los ciclos de los agentes del MININT, pero aun así los oficiales preguntaron si sería seguro dejar las motos sin candado en la parte de abajo del departamento, tenían temor de que fueran robadas por alguien.

Alentrar a la casa, los dos interrogadores manifestaron asombro de ver las condiciones en que vivían el director y su esposa. Según ellos, habían mejorado mucho en muy poco tiempo. Uno de ellos había aparecido hacía poco en un video de Youtube dándoles golpes a unos disidentes. Se sentaron todos en la terraza y Lechuga encendió un tabaco. Curiosamente, el puro de esa mañana no era el que prefería fumar, sin embargo, en lo adelante y por varias ocasiones los oficiales del MININT le obsequiarían esa marca de tabaco en sus reuniones.

Uno de los dos hombres comenzó a hablar. Este, que se mantendrá en el caso todo el tiempo y que Carlos llamaba "El Rubio"; se refirió en primer lugar a la madre del director en su condición de jubilada, y le recordó que ya él lo había visitado con anterioridad en su otro domicilio, a raíz de un asunto diferente. En aquella oportunidad la policía política exigía explicaciones por una llamada telefónica recibida por Claudia Calviño de parte de la artista Tania Bruguera, quien desde hacía un tiempo era considerada una disidente del sistema cubano. "El Rubio" se quejaba de haber sido agraviado por Lechuga en la visita pasada.

Comenzaron en ese momento las preguntas acerca de Santa y Andrés, ya que, según ellos, "el enemigo" quería utilizarla para dañar a la Revolución. El director les comentó que su inspiración provenía, entre otras fuentes, de los documentales Conducta impropia y Seres extravagantes, que les recomendaba ver. Los oficiales pidieron una copia del filme y el director se negó, les dijo que al parecer había habido un muy mal trabajo por parte de la presidencia del ICAIC que nunca se había interesado en supervisar el trabajo de producción ni post producción de la película, a pesar de conocer con anterioridad el tema que trataba.

El interrogatorio se extendió un tiempo más y luego los policías preguntaron sobre una vecina a la que investigaban. Querían saber, según parece, si estaba dispuesto a cooperar en este otro caso. Lechuga se negó y terminó la entrevista con el estómago destrozado a causa del miedo.

Al día de hoy, (finales del 2021), Lechuga sabe que a la policía de civil no se le abre la puerta si no viene con una citación. Durante todo el año 2020, por las amistades con que se reunía y por la gente que se quedaba en su casa, Lechuga y su madre sufrieron el tener una patrulla de policía afuera de la casa, teléfonos pinchados y preguntas de la policía secreta en todo el barrio con respecto al realizador y sus amistades. Hoy, Lechuga sabe que a la Seguridad del Estado no se le habla, no se le convence, no se le cuenta nada. En una relación con policías entrenados para reprimir, que ni siquiera tienen un nombre real, el ciudadano tiene todas las de perder. Pero tuvo que pasar varios años para que el creador entendiera eso.

El 4 de noviembre el matrimonio recibe noticias indirectas de Abel Prieto (ministro de Cultura) a través de un correo electrónico remitido desde la presidencia del ICAIC. En este texto se le explica que el ministro se halla muy ocupado con el ejercicio militar Bastión y que cuando se desocupe los recibirá en algún lugar designado para ver el filme y decidir si se podrá o no ver la obra en Cuba.

El 7 de noviembre "El Rubio" telefonea al director para volver a solicitar la película. Otra vez Lechuga se niega, pero se ofrece para ir con él a donde se requiera para mostrarla a quien lo solicite siempre que eso pueda ser beneficioso para ayudar a que el filme se exhiba en Cuba.

En unas horas el agente repite la llamada y anuncia que alguien lo recogerá durante el día para llevarlo a mostrar la copia. Remarca su intención de colaborar con el artista a favor de la obra. Carlos Lechuga espera con ansiedad todo el día y no aparece nadie. Tampoco el 8 o el 9 de noviembre. El 10 el director fue finalmente citado en una calle cualquiera de El Vedado, con la condición de que fuera solo y llevara la película.

Antes de irse, Lechuga discutió con su esposa. Se encontraban solos en esa situación comprometida porque no habían querido comentarlo con la madre de él ni con los padres de ella para no preocuparlos. Estaban en un escenario oscuro, sin poder ni saber a quién pedir ayuda, eran dos creadores con su obra "problemática", con temor, pero convencidos de no haber hecho más que una película basada en la realidad, la censura vivida por los artistas en la Isla, circunstancia que de pronto se volvía cada vez más real para ellos.

Un par de horas antes de la cita, el director agarró su copia y se fue solo al lugar acordado. Sospechaba de todos los que le pasaban por al lado, de una mujer hermosa que lo observó de arriba abajo, de un hombre que cojeaba, hasta de un anciano con periódico que se sentó cerca de donde estaba parado. Había llegado a ese punto donde todo resulta sospechoso e intrigante: el miedo ya lo poseía.

Finalmente, llegó el oficial "Rubio" y lo condujo hasta una casa fastuosa de El Vedado. En la residencia radica una institución estatal llena de aulas para cursos de postgrados, cada una con un televisor y una computadora. El lugar estaba vacío excepto por un custodio muy nervioso. Llegaron entonces dos motocicletas con personas y un coronel vestido de civil (él mismo se presentó con ese grado militar) acompañado por dos muchachas.

Comienza el juego del policía bueno y malo. Esta vez el malo es "El Rubio" que interrogaba a Lechuga acerca de su abuelo —el embajador ya fallecido—, del origen de la idea de la película y otras cuestiones que ya conocían. Luego intentaron relajar el ambiente al afirmar que iban a colaborar para convencer al ministro de que el filme se viera en Cuba. Carlos estaba aterrado y creyó ver a las muchachas reírse abiertamente de él.

El custodio de la institución era el encargado de poner el filme en uno de los salones. No pudo hacerlo porque le temblaban las manos, así que el mismo director lo hizo. Alguien le puso el brazo por encima y lo sacó del local del visionaje, y desde afuera el joven podía escuchar los intentos fallidos de copiar el filme en la computadora, pero sintió temor de enfrentarlos por eso.

Sin haber tenido el tiempo para haber visto Santa y Andrés hasta el final, el coronel salió del aula para decirle a Carlos Lechuga que le diera la copia del filme. Él se había negado ya en tres oportunidades, pero esta vez dijo que se quedaran con ella. El coronel lo llevó hasta su auto para trasladarlo hasta su casa. En el camino habló de la juventud de Lechuga, de "la vida por delante", mencionó a diversos artistas reconocidos que colaboraban, según él, con la Seguridad del Estado. Luego se quejó largamente de que en la actualidad todas las películas eran "de maricones" y lo dejó en la misma puerta de su casa.

A su esposa no le agradó nada que hubiera cedido respecto a la copia del filme. Carlos no sabía qué decir. A la media hora el auto rojo del coronel parqueó frente a la casa después de realizar con el timón una maniobra aparatosa. En el asiento de al lado del chofer estaba una de las muchachas risueñas con la película en la mano. Ya había sido duplicada. Para Lechuga más que un acto consensuado aquello resultaba una violación. Se sentía utilizado.

Por varios días el director de Santa y Andrés vio pasar por su casa ese auto del coronel. La primera vez que lo había visto le había parecido un hombre alto y fuerte. Con el tiempo se dio cuenta de que era en realidad bastante bajito. El miedo lo había sobredimensionado en su cabeza.

Para Lechuga algo claro estaba pasando: mientras él y su esposa, dos jóvenes, solos se enfrentaban a la peor cara de la represión cultural de la isla, los funcionarios del ICAIC en vez de apoyarlos los habían dejados en manos de los carcelarios, como si fueran dos enemigos y no dos creadores. Los artistas que les estaban apoyando creaban encuentros en salones estatales y seguían sus vidas como si nada. La doble moral de la cultura cubana estaba en evidencia una vez más.

El cineasta Kiki Álvarez y el guionista Arturo Arango contactan a Carlos Lechuga con el interés de ver la película en su casa. Desde ese momento, y por muchos meses, desfilaron decenas de personas en grupos de dos y tres por la habitación matrimonial de Carlos y Claudia para ver el filme. Los espectadores se acostaban en la cama de la pareja y veían la película. Entre esa gente hubo quien defendió con pasión la película y hubo también quien la atacó.

Muchas noches, asomados al balcón, fumando, la pareja esperaba a que los amigos, cercanos, vecinos y curiosos, acabaran de ver la película acostados en su cama, para poder volver a descansar. El único lugar libre para ver la obra era una cama matrimonial frente a un televisor.

El día que Kiki Álvarez visitó a la pareja para ver el filme llegó también sin avisar una prima de Lechuga. Claudia Calviño, que estaba fuera de la casa, entró y contó aterrorizada que fuera de la casa había un agente encubierto, como en Santa y Andrés. El pánico los dominó a todos que salieron del lugar, se montaron en diferentes autos y se fueron, para tratar de despistar.

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Este texto es un fragmento de Ni Santa, ni Andrés (Verbum, Madrid, 2022), de Carlos Lechuga y Adriana Normand.

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viernes, julio 31, 2020

Haydeé Milanés, hija del famoso cantautor Pablo Milanés: '¿Por qué no quieren escuchar a los jóvenes cubanos, por qué se empeñan en acallar sus voces?'



Haydeé Milanés: '¿Por qué no quieren escuchar a los jóvenes cubanos, por qué se empeñan en acallar sus voces?'

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Otros artistas como el humorista Ulises Toirac, el actor Luis Alberto García y el cineasta Juan Carlos Sáenz de Calahorra se sumaron a las críticas.
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DDC
La Habana
31 julio, 2020

La cantante cubana Haydeé Milanés denunció en sus redes sociales  las constantes violaciones de los derechos humanos que sufren los periodistas y artistas cubanos que cuestionan públicamente al régimen, a raíz de los arrestos domiciliarios que tuvieron lugar este jueves en Cuba.

"El pasado 30 de junio  no fue un día bueno para mí. Amanecí con la noticia de que mis amigos, la periodista independiente Mónica Baró  y el cineasta, también independiente, Carlos Lechuga , fueron sometidos a una vigilancia por parte de la Seguridad del Estado cubana, fuera de sus casas, para impedir que salieran a lo largo del día", escribió la hija del reconocido compositor Pablo Milanés.

"Luego me enteré de que había muchos jóvenes en esta misma situación. Se había organizado una manifestación https://diariodecuba.com/derechos-humanos/1593522430_23463.html, a la que mis amigos ni siquiera tenían pensado asistir", añadió.

"Qué sensación tan penosa, tan vergonzosa y absurda, saber que le están haciendo esto a los jóvenes más brillantes que conozco. Qué pena saber todo lo que se está perdiendo Cuba; todo el talento, la frescura y la inteligencia. Muy duro entender cómo tan fácilmente deciden no dejarte salir de tu casa, porque ellos creen que eres una amenaza", continuó.

Este jueves, exactamente un mes después del 30 de junio, la artista dijo amanecer con las mismas noticias. "Esta vez no dejaron salir a mis amigas, las periodistas independientes Mónica Baró y Luzbelis Escobar, entre otros", comentó.

Luego se preguntó: "¿Por qué no quieren escuchar a los jóvenes cubanos, por qué se empeñan en acallar sus voces? ¿Por qué nos ven como enemigos? ¿Por qué se muestran tan susceptibles a las críticas? ¿No sería interesante, inteligente, abrirse un poco, y escuchar lo que piensan y sienten los jóvenes de Cuba, los profesionales que el propio país ha formado?".

"Creo que se están perdiendo una gran oportunidad. Y por supuesto, y sobre todo, nos la estamos perdiendo nosotros, que amamos Cuba, y soñamos lo mejor para ella", concluyó.

En la publicación, que en menos de 12 horas recibió más de 3.000 reacciones y fue compartida unas 600 veces, comentó el actor Luis Alberto García que también se debería incluir "a los que no somos tan jóvenes y amamos a Cuba igual que ustedes, pero desde hace más tiempo".

El cineasta Juan Carlos Sáenz de Calahorra añadió que "si esos que vigilan tuviesen el valor de escuchar por una vez las propuestas de esos jóvenes vigilados, brillantes muchos de ellos, seríamos un mejor país y no una triste copia de otros tiempos, un experimento fallido e inconsulto, el eslogan de un triste papel".

"Lo digo sobre todo pensando en tantos jóvenes cineastas vigilados, ninguneados por años. ¿Cómo se puede pedir confianza si no se confía en ellos?", finalizó.

El humorista Ulises Toirac escribió, por su parte, que "no hay solución cercana a la perfección que no nazca del parto de quienes no piensan igual. Y la patria no es de nadie en particular. Es de todos el deber de servirla desde nuestros credos particulares aunque ello suponga el más doloroso de los partos".

En la mañana del jueves, agentes de la Seguridad del Estado se presentaron en las viviendas de numerosos periodistas independientes como Mónica Baró, Yoani Sánchez, Reinaldo Escobar, Luz Escobar y Héctor Luis Valdés Cocho, con el objetivo de impedirles salir a la calle.

También artistas y activistas como Tania Bruguera, Ariel Maceo Téllez, Omara Ruiz Urquiola e Iliana Hernández, entre otros, denunciaron haber sido impedidos de salir de sus casas por agentes policiales cubanos.

Mientras tanto, funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores amenazaron a Lorena Cantó, corresponsal de la agencia de prensa EFE en Cuba, por denunciar los mencionados atropellos.

En esta ocasión, a diferencia del pasado 30 de junio, ni siquiera los propios activistas y periodistas conocían los motivos por los cuales fueron impedidos de salir a la calle.

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