martes, junio 22, 2021

Padre Alberto Reyes desde Cuba: Educar en tiempos de ideología de género.

 Nota del Bloguista de Baracutey Cubano




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Educar en tiempos de ideología de género.

(Las imágenes  fueron añadidas por el bloguista de Baracutey Cubano)

Por. Padre Alberto Reyes Pías

20 de junio, 2021

Ha vuelto a pasar.

Un día, una mañana, nos hemos levantado y, de repente, sin previo aviso ni consulta, nos hemos encontrado con la Resolución 16/2021 del Ministerio de Educación de la República de Cuba, donde se nos informa que se implementará un “Programa de educación integral en sexualidad con enfoque de género y derechos sexuales y reproductivos en el sistema nacional de educación”. Así porque sí, porque alguien “desde arriba” (más arriba que la Ministra, que es sólo un rostro) ha decidido que eso es lo mejor para nuestros niños y que, por tanto, se hará, nos guste o no, sin excepciones y sin alternativas.

A muchos nos ha irritado, pero no nos ha sorprendido. Vivimos bajo una dictadura, y las dictaduras no dicen dos palabras seguidas sin mencionar al “pueblo”, en un discurso oficial de amor y servicio y un trato práctico de desprecio y sometimiento. 

¿Qué le dirán a nuestros niños en las escuelas, entre otras cosas?

Les dirán que eso de ser “niño” o “niña” no es una condición determinada por la naturaleza sino algo construido por la sociedad, y que por tanto no importa lo que su cuerpo biológico sea sino lo que ellos quieran ser. 

Les dirán que son iguales y que el identificarse como hombres o mujeres es un criterio arcaico, excluyente y patriarcal. 

Les dirán que, como hombres y mujeres son iguales, las mujeres no tienen por qué asumir el “compromiso” de la maternidad y que el aborto es un derecho, como derecho es ejercer una sexualidad sin límites, con quien apetezca y cuando apetezca. 

Les ocultarán lo que significa disforia de género y les dirán, por el contrario, que tal vez ellos son hombres atrapados en un cuerpo de mujer o mujeres atrapadas en un cuerpo de hombre, y que el camino de la “liberación” no es otro que un cambio de sexo. 

Y al que se oponga a esto, lo estigmatizarán y lo declararán homofóbico e intolerante, y llegará el momento en el cual que una niña diga que quiere vestirse de rosa y ser madre será considerado escandaloso e intolerable.

Ante esto, ha surgido una avalancha de reacciones. Han escrito a la Sra. Ministra la Iglesia Evangélica Pentecostal de Cuba “Asamblea de Dios”, la Iglesia misionera en Cuba, la Convención Bautista de Cuba occidental, la Iglesia Metodista de Cuba, la Asociación Iglesia Evangélica Independiente, la Iglesia Menonita de Cuba, e incluso ha habido declaraciones de asociaciones de padres. 

Todas estas intervenciones van por la misma línea: pluralidad. Ninguna ataca a las personas ni a sus opciones concretas de vida, ninguna pide violencia o exclusión. Ninguna. Solamente piden una cosa: libertad de opción.

 Si una familia quiere que sus hijos sean educados en los presupuestos de la ideología de género, tienen derecho a que así sea. Pero si una familia no quiere que sus hijos sean educados en esos presupuestos, tiene derecho a que así sea. 

 Yo soy sacerdote católico y, por tanto, para mí, la verdad plena está en Jesucristo, pero si mañana este gobierno, o cualquier otro gobierno decretara una enseñanza cristiana general y obligatoria para todos, sería el primero en oponerme. 

Hay sitios fuera de Cuba donde, además de la pluralidad de opciones educativas, hay escuelas públicas que mantienen clases de religión y de educación cívica. 

Todos van a la misma clase de matemáticas, pero a la hora de estas materias, los padres deciden si sus hijos van a clases de religión o prefieren solamente educación cívica, sin contenidos religiosos.

 ¿Qué estamos pidiendo? Opciones, pluralidad, derecho a decidir la educación que queremos para nuestros hijos.

 Ahora, seamos realistas. Por muchas cartas que hagamos, por mucho que escribamos en las redes, por mucho que protestemos en todos los medios posibles, ¿nos escucharán y retirarán este proyecto? Lo más probable es que no. 

 No, porque a este gobierno no le importa lo que pida el pueblo, va tanteando el terreno, va dando largas, pero a la corta o a la larga impone lo que quiere. 

Este gobierno sabe que, muchas veces, sólo es cuestión de aguantar el tirón, que pase el primer gran malestar, porque luego las aguas siempre vuelven a su cauce. 

¿Qué ha pasado con los precios estratosféricos e injustos de la electricidad y el teléfono? 

Los precios subieron, nos molestamos, protestamos aquí y allá, pero ya pasó el momento, y aquí estamos todos, apretándonos los cinturones y pagando sumas abusivas, porque por otra parte, hemos aprendido a acomodarnos y a salir a flote, pero bajando la cabeza.

 No creo que nos escuchen, porque la ideología de género no es un invento cubano sino una red mundial muy bien organizada y muy bien financiada, y me pregunto si la ruina económica de este país no ha sido la oportunidad de oro para comprar un terreno más: yo te pago, tú me expandes.

 No, no creo que nos escuchen. De hecho, ya los medios de comunicación social han empezado la promoción de esta cruzada. 

Impondrán la ideología de género, y destruirán a nuestros hijos, pero esta vez con una diferencia. Durante años este gobierno adoctrinó a miles y miles de niños, intentando lavarles el cerebro con el espejismo del paraíso marxista, pero la gente crece, y cuando uno se despierta del embrujo, todo cambia, y se elige una vida distinta, aquí o más allá de las aguas que nos rodean. Esta vez será diferente, porque cuando nuestros niños crezcan y despierten, ya sus vidas estarán tan torcidas que no habrá solución posible.

 ¿Qué hacer? Yo creo que hay que agotar todos los recursos, creo que hay que seguir reclamando la pluralidad y las opciones a las que tenemos derecho, pero pienso que es tiempo de plantearse la desobediencia civil y, llegado el caso, hacer realidad lo que nuestros hermanos han expresado en sus cartas: nuestros hijos no irán a la escuela, y será el momento de unirnos para defender a nuestros pequeños.

 Yo, por mi parte, haré lo que pueda desde donde puedo. Dios mediante a partir de la semana que viene, todos los martes, publicaré poco a poco la historia y los postulados de la ideología de género, porque me he dado cuenta de que incluso maestros que ya apoyan la decisión del gobierno, no tienen idea de aquello a lo que se enfrentan.

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miércoles, marzo 18, 2020

Cuba. Cierra la Escuela Internacional donde estudian los hijos de los diplomáticos en Cuba. El Gobierno cubano mantiene, sin embargo, sus centros abiertos.



Cierra la Escuela Internacional donde estudian los hijos de los diplomáticos en Cuba

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El Gobierno cubano mantiene, sin embargo, sus centros abiertos.
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Escuela Internacional de La Habana. 14YMEDIO

DDC
La Habana
18 Mar 2020

La Escuela Internacional de La Habana (ISH, por sus siglas en inglés), de propiedad británica y que sirve a los hijos de los diplomáticos en Cuba, cerró sus puertas a causa de la expansión del Covid-19, según un comunicado del director del colegio, Michael Lees.

"Los campus de ISH están cerrados hasta al menos el 30 de marzo y estamos implementando activamente nuestros planes de aprendizaje a distancia. El aprendizaje en línea comenzará el 18 de marzo. Volveremos a evaluar la fecha en que podemos reabrir cada semana y los mantendremos informados", dijo Lees en el semanario que publica la escuela

Recomendó comunicarse con el centro en caso de preguntas o inquietudes o unirse al grupo de WhatsApp de la comunidad del ISH.

En otro comunicado al respecto del Covid-19, la ISH solicitó a las familias datos sobre cualquier viaje que hayan realizado después del 28 de febrero.

"Esto nos ayudará a realizar un seguimiento del paradero de nuestros estudiantes y sus familias en caso de que entren en un país etiquetado en alto riesgo por la Organización Mundial de la Salud (OMS) u otros órganos rectores", indicó el centro.

En cambio, las escuelas del sistema de educación pública de la Isla siguen abiertas.

Ena Elsa Velázquez Cobiella, ministra de Educación de Cuba, dijo esta semana que no se ha orientado el cierre de las escuelas, a menos que sea una situación extrema, según informó la Agencia Cubana de Noticias.

"Educación ha orientado desde hace años la necesidad de cumplir las medidas higiénicas en los centros escolares, como el lavado de las manos y la limpieza general del centro, sobre todo en las cocinas-comedores, acciones que resultan necesarias en cualquier etapa", refirió la ministra.

El Ministerio de Salud Pública de Cuba confirmó recientemente un total de siete casos positivos.

Algunos padres cubanos se han manifestado en las redes sociales pidiendo el cierre de las escuelas cubanas  ante el avance del Covid-19 y la ausencia de condiciones higiénicas adecuadas dentro de las mismas.

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Alquimia Revolucionaria (II): el abusador de ayer, de hoy y de siempre. Francisco Almagro Domínguez sobre experiencias respecto a la educación Castrista en Cuba: A pesar de que algunos estudiantes comentaban con sus padres aquellos dislates, como en el documental de Almendros, nadie escuchaba



Alquimia Revolucionaria (II): el abusador de ayer, de hoy y de siempre

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A pesar de que algunos estudiantes comentaban con sus padres aquellos dislates, como en el documental de Almendros, nadie escuchaba
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Por Francisco Almagro Domínguez
Miami
18/03/2020
Las instituciones pasan por tres períodos:
el del servicio, el de los privilegios y el del abuso.
René de Chateaubriand

Debo admitir que para escribir sobre este tema se necesita un estado de paz especial; aquella que solo se alcanza con los años, ver muchas cosas, y la certeza de que se hace el bien cuando no se olvida, aunque se perdone, para que la historia no se repita. La memoria tiene una extraña tendencia a dejar de lado lo malo y preservar lo bueno, y a lo malo darle un disfraz, un color aceptable para continuar viviendo. Es en esa trampa que nos hace el inconsciente para salvarnos de la depresión y la tristeza perenne que se nos escapan detalles, algunos, esenciales para preservar la libertad y el derecho a ser felices —que muy pocas veces depende de otros.

En un trabajo anterior sobre las becas, incompleto por su complejidad, el elemento humano fue tocado de refilón, sorteando la importancia del entramado represivo y como los adolescentes se convertían en sus propios carceleros; seres humanos incapaces de exigir el respeto a sus derechos naturales. Aparentemente, bastaría al becario decir a sus padres que no quería estar más en la ESBEC, el INPUEC, o los Camilitos. Pero eso, que puede parecer muy sencillo, lo hacia una ínfima cantidad de estudiantes.

Para empezar, reconozcamos que la beca cubana era un ambiente cerrado, apenas en contacto con el exterior —no familia, sin los amigos del barrio, poca o nula relación con otras escuelas. El “pase” apenas duraba de 24 a 36 horas máximo. La clausura, como la que se produce en una secta, en una comunidad militante, condiciona que el intercambio de información permanezca a un nivel mínimo, ausente. Un ser humano sin información exterior es un individuo idóneo para la desinformación y reprogramación. En aquellos tiempos no había computadoras ni celulares. Los más curiosos discutíamos dos o tres órganos oficiales que llegaban a destiempo. ¿Qué noticia diferente podía leerse allí, donde todo era bueno, bonito y gratis?

Lograda, pues, la concentración, el aislamiento de la masa juvenil, el proceso de “domesticación” a pie de obra era conducido por los llamados instructores, alumnos mayores en edad, y de grados superiores. A principios de los años setenta, todavía muchos repetían el mismo grado dos o tres veces. Eso provocaba que en séptimo, u octavo grado, cuando el muchacho estaba entre once y trece años, compartiera aula y albergue con muchachones de quince y dieciséis.

(Escuela en el campo cubana semiderruida)

Un dato interesante es que la mayoría de esos repitentes y futuros instructores eran de raza negra y de origen campesino, de pueblos cercanos a las becas, al provenir de familias poco favorecidas en la época pre-revolucionaria. Las becas, para ellos y sus familias, fueron un sueño hecho realidad. Lástima que las convirtieron en pesadillas para otros estudiantes a quienes llamaban bitongos, burgueses, hijos de papá. Las direcciones de la mayoría de las becas, ante la falta de profesores para controlar quinientos adolescentes, recurrieron a la fórmula de poner al frente de los albergues, en las tareas en el campo, el comedor y otras —Vida Interna— a aquellos chicos que sentían desprecio por sus pares; sobre ellos vertían las frustraciones y las carencias con castigos que hoy calificarían como torturas en un tribunal secular.

Está bien documentado por la ciencia el proceso de “reordenamiento cognitivo”, y la cooperación con el abusador en el llamado Síndrome de Estocolmo[i]. El abusador-instructor era un alumno resentido, acomplejado, cuya meta primera era ser bien visto por los profesores u otros instructores-abusadores. Para eso debía sobresalir en su nivel de crueldad y de amaestramiento de los estudiantes. Podía tener a chicos impúberes formados en atención por horas bajo el sol, bajarlos después del silencio a hacer guardia vieja, o ponerlos a limpiar los pasillos del albergue varias veces: cuando el piso ya estaba seco, el instructor vertía otra vez varios cubos de agua. Lo peor de esto era que ciertos estudiantes, quienes habían sufrido los abusos, al llegar a grados superiores se convertían en abusadores-instructores[ii].

Cuentan que las instructoras eran mucho peores. La humillación llegaba a tener a niñas semidesnudas limpiando hasta la medianoche —se podían ver las luces encendidas en sus albergues. Las instructoras retaban el pudor de las adolescentes: nada de intimidad del cuerpo. En ocasiones, ni cuando se bañaban. Instructoras-abusadoras de rasgos lésbicos no les quitaban la vista de encima en las duchas. Tampoco solían las instructoras ser muy consideradas con los dolores y los sangramientos menstruales profusos de las alumnas bajo su mando, tan comunes y estresantes a esa edad.

El abusador–instructor tenia privilegios que en un ambiente tan asfixiante como el de una beca nos pudieran parecer increíbles. Sus horas y sus vidas eran distintas a las de los demás. Se bañaban solos mientras contaban al resto de los alumnos hasta diez para quitarse la tierra colorada de las uñas y de los pies. Se turnaban para dirigir los ejercicios a las seis menos cuarto, y dormían hasta la hora de bajar a formación, porque ningún maestro los regañaba, les aprobaban los exámenes, jamás doblaban el lomo en un surco. Dueños de cuartos para guardar útiles de limpieza en el edificio docente y en los bajos de los albergues, mientras la fila de los bitongos estaba formada por horas para comer, ellos tenían relaciones sexuales con chicas menores de edad entre colchas de trapear y libros olvidados[iii].

El abusador-instructor usaba la fuerza para dar el ejemplo a los demás. Cuando alguien se revelaba, lo citaba al baño después del silencio y la golpiza no tenía para cuando acabar. Con una paliza cada cierto tiempo el resto de los alumnos entraba por el aro. No solo porque eran más fuertes y viejos siempre ganaban. Eran mañosos: desde pequeños estaban peleando con sus hermanos y vecinos para sobrevivir a un medio sumamente hostil. Sus padres también los habían molido a golpes toda la vida. Solo en una ocasión vi a uno de los burguesitos derrotar humillantemente a un abusador-instructor: entonces lo hicieron “instructor de emulación” del albergue[iv].

Podría suponerse que la arbitrariedad y la tortura eran desconocidas por los profesores y la dirección de las escuelas. A pesar de que algunos estudiantes comentaban con sus padres aquellos dislates, como en el documental de Almendros, nadie escuchaba, no quería escuchar, o escuchaba mal[v]. La hipótesis de que no sabían, padres y maestros, dirigentes y amigos lo que sucedía en las becas, no solo es una presunción absurda. Es bochornosa. Cómplices eran los maestros y los instructores en una mancuerna represiva bien engrasada: uno resguardaba al otro de quejas y rebeldías.

Para lograr la desinformación, el engaño, ningún profesor o directivo se implicaba directamente en actividades represivas por las consecuencias que pudieran traer con los padres. Ellos, los maestros, eran testigos-instigadores de la represión. No solo eso. Los especímenes de estudiantes verdugos eran seleccionados por ellos mismos, y el aval de represor consistía en una edad superior al resto de los alumnos, malas calificaciones, y provenir de familias disfuncionales, violentas. Eran precisamente estas familias, las que ya no esperaban nada de sus vástagos, quienes estaban muy agradecidas a la dirección de la beca y a los maestros, por hacer que sus hijos aprobaran, por lo menos, la secundaria básica[vi]

Si algo bueno debemos los exbecarios a semejantes correccionales, es reconocer a la legua un “instructor-abusador” donde quiera que aparezca y con el discurso que tenga. Le debemos a la beca saber dónde está la confusión, la mentira, la artimaña. Aprendimos para siempre quien es amigo, y quien, enemigo. Hacemos uso de la libertad de palabra sin la hipócrita sentencia de que la verdad debe ser dicha en lugar, tiempo y forma, porque suele ser un ardid para desgraciarnos la vida. Podemos reconocer a distancia, además, a quienes pidiendo sacrificios ajenos, viven como aquellos instructores, con otros “horarios” y en otra “beca”, rodeados de privilegios, y se proclaman salvadores de los demás cuando son incapaces de salvarse ellos mismos de la soberbia del poder absoluto, siempre delictivo. Otros exbecarios, antiguos hermanos de sufrimientos, hoy no son otra cosa que instructores-abusadores reciclados, tardíos. Sabemos, y ellos lo saben, de qué lado de la historia han terminado quedando.

Hace muchos años un amigo se tropezó con uno de ellos en una tienda en La Habana. Era custodio, policía civil. Pero policía, al fin. Su tarea era revisarles el bolso a los clientes para que no se llevaran nada. No lo reconoció: ahora mi amigo era más alto que él, pesada el doble, y hacia ejercicios físicos. La buena alimentación y el ganarse el pan con su propio esfuerzo le daba un aire de autosuficiencia que lo hacía irreconocible a la vista del exinstructor, empequeñecido en todos los órdenes. Mi amigo le dijo quién era y entonces el abusador cayó. Le contó que otro abusador-instructor era un importante líder sindical. “Tremendo dirigente que se ha vuelto fulano”, dijo con orgullo.

Cuando terminó la compra, y mi amigo fue a enseñarle la jaba, le dijo que no era necesario. Y como para que se sintiera inferior, a pesar de haber pagado en CUC y vivir fuera de Cuba, el antiguo instructor de albergue agregó con una sonrisa: “Aquí me la busco fácil, mi hermano. Aquí resuelvo de todo”. Cuenta mi amigo que salió de la tienda con una extraña sensación de recompensa; algo de su dolor había quedado en ese mercado para siempre. Miró hacia atrás. En la puerta de la tienda, el abusador-instructor revisaba bolsa por bolsa a cada cliente para evitar que pudieran robarle a la Revolución.

[i] Dos procesos parecidos pero diferentes. En el reordenamiento cognitivo —que es lo que sucede en las sectas y en la reeducación de prisioneros—, el individuo pasa por varias fases donde cambian sus emociones, pensamientos y conductas, de manera que al final se obtiene un ser humano cuyas ideas-emociones-valores son distintos a los iniciales. El Síndrome de Estocolmo, si bien es un reordenamiento cognitivo, opera en tiempos más breves, y circunstancias donde peligra la vida, la integridad física del sujeto.
[ii] Aquellos muchachos instructores quizás pudieran calificar como psicópatas en potencia, cuyo desarrollo solo podía ser bien visto en ambientes cerrados —también tendientes al abuso— como el ejército y la policía. Ellos no sentían el menor remordimiento al hacer daño, y poseían una falta de empatía hacia sus iguales que permitía el abuso sin justificación alguna. Como bien señalara un colega en estas páginas, El señor de las moscas, de William Golding, es un excelente muestrario de psicópatas empoderados por las circunstancias.
[iii] También los instructores se diferenciaban del resto de los estudiantes por su forma de vestir el mismo uniforme: pantalones por encima de la cintura, zapatos —casi nunca kikos plásticos— relucientes, pañuelo en el bolsillo posterior del pantalón, y este con “filo”, que sus amantes planchaban en el albergue de las hembras. La guapería en el vestir y el hablar, y el caminao, eran sus signos de distinción, caprichoso paralelismo sociológico como los antiguos negros curros cubanos. Ver: Los negros curros, de Don Fernando Ortiz.
[iv] El castigo ejemplarizante era una golpiza. Como un fusilamiento, bastaba que el albergue supiera que el instructor le había inflamado la cara —sentían preferencia por los ojos— a un alumno rebelde. La socialización del terror es un mecanismo aprendido en los hogares de aquellos muchachos, en los cuales la paliza a un hermano acallaba al resto.
[v]Nadie escuchaba, 1987, de Néstor Almendros. Puede verse en YouTube.
[vi] Es curioso que las edades entre once y quince años, en Cuba el tiempo de Secundaria Básica, sea el tiempo donde los chicos son más agresivos, más crueles. Una explicación es su inmadurez y al mismito tiempo, su incapacidad para manejar sus complejos y frustraciones de semi-niños.

© cubaencuentro.com

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martes, septiembre 10, 2019

Vicente Echerri: Asignatura pendiente en Cuba. Humor serio: LA FAMILIA PEREZ En Cuba la educacion ademas de ser gratuita es ...mala








Asignatura pendiente en Cuba

Por Vicente Echerri
Nueva York
10 de Septiembre de 2019


Al inicio del curso escolar, en la primera semana de septiembre, se difundió en las redes sociales la foto de una maestra cubana que le daba a sus alumnos la "bienbenida" con grandes letras escritas en el pizarrón de su aula http://www.diariodecuba.com/cuba/1567507669_48473.html. ¿Sería posible? ¿A estos niveles de analfabetismo e incultura ha descendido la enseñanza elemental http://www.diariodecuba.com/etiquetas/educacion.html en un país que tanto ha alardeado de sus progresos en ese terreno?

Lo cierto es que la educación en Cuba viene hundiéndose, desde hace muchos años, hasta lo inconcebible, especialmente para los que, por razones de edad, somos capaces de recordar otras capacidades y otras fisonomías. La escuela pública —por cuyas aulas muchos nos sentimos orgullosos de haber pasado— hace décadas que sobrevive en nuestro país como  una maltrecha caricatura, huérfana de criterios normativos, carente de maestros competentes, institución que induce a los educandos —desde el primer día de clases— a la abyecta repetición de consignas y a la deformación del carácter, lo cual solo contribuye a crear dóciles conciencias  al servicio de un Estado crapuloso.

Una de las primeras víctimas del asalto totalitario fue la Educación Moral y Cívica, asignatura que se impartía en todas las escuelas cubanas, tanto públicas como privadas, y cuyas lecciones —que describían con detalles el papel de los poderes del Estado y de la intervención ciudadana— muchas veces servían  para cuestionar la legitimidad del propio gobierno que publicaba y divulgaba ese texto. Muchos jóvenes revolucionarios que se opusieron —a veces violentamente— al Gobierno de Fulgencio Batista, encontraron inspiración en aquel volumen elemental.

(Y el 'Che' al fondo. (CCNNEWS))

La asignatura en cuestión incluía también lecciones sobre modales y costumbres, sobre moral. Incursionaba en el terreno de la ética e impartía reglas sobre cómo debían fluir las relaciones entre personas, ya fuesen iguales, como los alumnos de una escuela, o los que, por edad, posición social o autoridad, estaban por encima. Poniendo en práctica esas enseñanzas, era lindo ver a un  cediéndole el paso a un adulto o a toda una clase poniéndose de pie —sin que el maestro tuviera que indicarlo— cuando una persona mayor llegaba a la puerta del aula.

Me acuerdo de haber acompañado algunas veces a mi madre —en días de vacaciones— a la oficina donde trabajaba a mediado de los años 50. Más de una vez ocurrió que, al pasar frente a la estación de correos, en torno a las ocho de la mañana, coincidíamos con el momento en que izaban la bandera. De manera automática, todos nos deteníamos y los hombres que llevaban sombrero se descubrían en lo que duraba la sencilla ceremonia. Esto no se hacía en obediencia a un decreto, sino como un acto espontáneo de cortesía ciudadana hacia la enseña que nos representaba a todos. No es menester decir que, en estos tiempos de nacionalismo hipertrofiado y machacón, de esa noble costumbre no se conserva ni la memoria.

Las lecciones sobre conducta, ética y responsabilidad ciudadanas, que enseñen, además, cómo se eligen las autoridades en un régimen democrático, son imprescindibles para el funcionamiento de una sociedad libre. Este año, el recién estrenado gobierno de Andrés Manuel López Obrador en México creyó oportuno reimprimir millones de ejemplares de la Cartilla moral de Alfonso Reyes —publicada por primera vez en 1944 en apoyo a una campaña de alfabetización— para que se repartieran en todas las escuelas del país como fundamento esencial de cualquier proyecto serio de regeneración cívica.

En el mundo entero —no solo en Cuba, si bien en nuestro país el derrumbe es mayor— ha habido un notable quiebre de valores a lo largo del último medio siglo, el cual es necesario abordar con seriedad. Frente a la corriente de permisividad que se fue imponiendo en el mundo occidental a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial, es preciso volver a hablar — por reaccionario que esto pueda sonar— de modales, normas, jerarquías, derechos y deberes, sin los cuales  el buen funcionamiento y la salud de una sociedad libre y vigorosa son impracticables.

En Cuba ha habido un colapso de la educación, que es secuela directa de la gestión totalitaria, responsable del envilecimiento colectivo que ha privado a los nuestros —maliciosamente— de su condición de ciudadanos, reduciéndolos, para beneficio de los que mandan, a una tribu menesterosa que no tiene otro horizonte que el de una precaria supervivencia. Es muy improbable que el Estado intente remediar esta carencia que lo beneficia, pero corresponde a las iglesias y a las familias, así como a las agrupaciones disidentes, divulgar e inculcar los valores y principios perdidos como paso imprescindible para que los que ahora crecen y aprenden conozcan la medida de su despojo y tengan en qué afincarse  a la hora de empezar a exigir. La dignidad y el decoro, virtudes tan caras para José Martí, también pueden tener su cartilla.

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martes, agosto 20, 2019

Alberto Roteta Dorado: La enseñanza en Cuba. ¿Instrucción o adoctrinamiento?


La enseñanza en Cuba. ¿Instrucción o adoctrinamiento?


Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.-
20 de agosto de 2019


Santa Cruz de Tenerife. España.- La lucha por la supervivencia es una condición inherente a todas las criaturas vivientes. El hombre es capaz de extrapolar esta cualidad a las instituciones, entidades, edificaciones e instancias fruto de su creación, a las que intenta salvar de la destrucción y del olvido cuando estas pasan a su fase decadente. Para esto se auxilia de formas muy inverosímiles, y aunque parezca increíble, con frecuencia acude a métodos cuasi inhumanos para salvaguardar lo que considera una reliquia. 

Es por esto que no debe sorprendernos cualquier disparate en los sendos titulares de algunos medios oficialistas cubanos, o en las llamadas redes sociales – tan de moda por estos tiempos–, los que movidos por cierto ímpetu en pos de hacer algo por su perdida revolución se empeñan en realzar aquellos elementos que aun siguen considerando dentro de sus “triunfos”, cual paradigmas intocables.  

Cuando creía haber visto todo alguien comparte lo que tal vez considera sea lo último en materia de “hazañas” de la revolución cubana. “Unesco: La educación cubana es un ejemplo para el mundo”, es el titular de un medio conocido como Actualidad, y que comparte en las redes uno de los que se empeña en hacer sobrevivir lo que resulta demasiado decadente y carcomido como para poder hacer algo por su supervivencia. 


Dicho artículo en realidad fue publicado en febrero de 2014. No obstante, el encargado de promoverlo ahora, a pesar de haber pasado más de cinco años, lo hace cumpliendo lo que le han “orientado” desde “niveles superiores” (tratando de emplear el obsoleto y ridículo lenguaje de los comunistas de la isla), esto es, tratar de demostrar al mundo las “proezas” de la llamada revolución cubana, justamente ahora que está en su peor momento, no solo desde el punto de vista económico con las grandes penurias y escaseces que ya todos conocemos, sino desde el punto de vista social, ético y moral.

(Martha del Carmen Mesa, Viceministra primera del Ministerio de Educación Superior (MES))

Recordemos que esa educación gratuita y para todos que tanto se han encargado de pregonar los defensores del castrismo no es más que una apariencia a modo de imagen estereotipada. Detrás de esa imagen, que al parecer la UNESCO se creyó, se esconde la verdadera historia de un sistema educativo fundamentado en el más cruel adoctrinamiento de nuestros tiempos. 

En los primeros años de la década del sesenta tuvieron lugar una serie de transformaciones capaces de invadir todos los espacios del territorio cubano. Nada ni nadie quedaron exentos a la terrorífica influencia de los radicales cambios que se gestaron de manera gradual, pero siempre aniquilando todo aquello que el régimen consideró “rezago del pasado” o residuos “pequeño-burgueses”, acudiendo a su terminología oficial.  

El llamado gobierno revolucionario se encargó de marginar a los profesores de una trayectoria destacada en los años precedentes al 1959 que no mantuvieran una conducta acorde a los nuevos cánones que estableció el comunismo. Esto determinó un gran éxodo de docentes, en su mayoría doctores en pedagogía, y en filosofía y letras por la Universidad de La Habana, y de otros que sin tener esta honorable categoría – actualmente corresponde a una licenciatura en ciencias pedagógicas– eran personas de una cultura extraordinaria y con vocación por el magisterio, lo que unido a la marginación que ejerció el régimen con los que se quedaron, originó el primer gran caos educacional.

A partir de entonces comenzaron los maestros y profesores improvisados que sin tener conocimientos  pedagogía – una verdadera ciencia y todo un arte en su sentido esencial y fundamental– tuvieron que dar “su paso al frente” ante el llamado que les hizo la naciente revolución cubana. 

(Jorge Mañach)

Atrás quedaron los tiempos de Jorge Mañach y de Medardo Vitier – por solo citar a dos insignes pedagogos y filósofos cubanos–, colosales pilares de la docencia en la etapa anterior a la usurpación del poder por Fidel Castro. Aquellos que no tenían una línea de formación, y ante todo de praxis, de carácter marxista no pudieron continuar sus investigaciones y sus labores en la docencia de un país que de la noche a la mañana se convirtió al socialismo, y en el que se declaró al engendro monstruoso de la filosofía marxista-leninista como forma oficial de filosofía.  

Con la campaña de alfabetización, promovida entre el 1 de enero de 1961 y el 22 de diciembre de 1962, comenzó el proceso de adoctrinamiento más grande de la historia de la nación cubana. Bajo la óptica de enseñar a leer y escribir a las multitudes se intentó – y por desgracia se logró– transformar el pensamiento de los hombres

Este fue el verdadero objetivo de la masiva campaña que tuvo como autor intelectual nada menos que al Che Guevara, personaje que ya por aquel entonces había dirigido los fusilamientos masivos de miles de cubanos y estaba a punto de declarar en la ONU que seguirían fusilando, amén de haber inculcado el odio entre los hombres, aunque actualmente los niños cubanos han de repetir, cual sagrado mantra, cada mañana antes de comenzar sus clases: “Pioneros por el comunismo, seremos como el Che”. 

Con este precedente qué se podía esperar de la educación cubana de la era castrista, considerada por los seguidores del régimen como etapa revolucionaria. La mala-suerte estaba echada. En lo adelante un fracaso tras otro ha caracterizado a la educación cubana, a pesar de que algunos se aferran a creer lo contrario, y lo peor, que sabiendo de sus derrotas se encargan de convertir cada revés en una “victoria”.  

Ya las multitudes estaban listas, cartilla y manual en mano, para reproducir las consignas comunistas devenidas luego en célebres frases del peor régimen del hemisferio occidental de nuestro tiempo. Luego las aspiraciones fueron otras. Había que hacer una campaña por alcanzar el sexto grado de escolaridad, después las Facultades Obrero-Campesinas, las pretensiones de un noveno grado, y con el tiempo la masividad de la educación superior, aunque algunos universitarios cubanos sean semianalfabetos.     

No importa que se tenga o no los conocimientos y las habilidades que se sobreentiende exijan los planes de estudios y las normas curriculares de la enseñanza. Hay que aprobarlos a todos; esa es la premisa del corrupto régimen que intenta afianzarse mostrando al mundo cifras numéricas y  sin importar la calidad, algo que la UNESCO en 2014, y posteriormente otras instituciones internacionales, al parecer desconocen o prefieren desconocer. 

Si se realizara un sondeo mediante una muestra aleatoria estratificada a estudiantes de diversos niveles de la enseñanza podrá comprobarse el grado de desconocimiento generalizado de los educandos cubanos, incluidos los universitarios de cualquier carrera.

Se perfectamente que esto no es un fenómeno exclusivo de la educación cubana, sino que de manera general en el mundo existen serios problemas con la calidad del aprendizaje y la enseñanza. Solo que no siempre nos encontramos con un disparate tan grande como el que se comparte en las redes sociales, aún cuando es noticia algo caducada, acerca de que “La educación cubana es un ejemplo para el mundo”. 

Este escueto escrito que se publicó en el medio Actualidad está basado en informaciones de aspecto cuantitativo como: calidad, primera infancia, la primaria, los jóvenes, la alfabetización de los adultos y la paridad entre los sexos; dejando a un lado los aspectos cualitativos, donde se debió incluir la  de la enseñanza siempre que esta se hubiera medido en realidad por observadores mediante la aplicación de métodos cualitativos y no reafirmada según los datos ofrecidos por las autoridades del castrismo.  

Debe distinguirse bien lo que es instrucción, educación y en primer lugar lo que es adoctrinamiento. Es justamente esta última categoría la que ha prevalecido en el sistema educativo cubano, esto es, su verdadera razón de ser para lograr el servilismo masivo que se requiere para sostener a un sistema dictatorial y totalitario. 

¿Cómo pueden instituciones y organizaciones creerse semejante disparate cuando en realidad cada inicio de un curso escolar representa una odisea ante la carencia de maestros y profesores, sin contar que la calidad de dichos maestros es la peor?

Justamente al inicio del curso escolar 2014-2015, coincidiendo con el año en que la UNESCO declaró de manera pública la idea de que el sistema de enseñanza cubano constituye un ejemplo para el mundo, había un déficit de 10. 800 maestros y profesores, lo que significa que solo se contaba con el 93% de la plantilla requerida para poder ofrecer instrucción a casi dos millones de educandos de diversos niveles de la enseñanza.   

Esta deficiencia se ha mantenido cada curso toda vez que al inicio del curso 2016-2017 se repetía la historia, esta vez con el 94,2% de los docentes requeridos; aunque en este curso se reporta que 390 centros escolares se encontraban en estado crítico en cuanto a infraestructura, lo que determinó que se tuvieran que reubicar miles de estudiantes en otros centros ante el cierre de dichos colegios a punto de derrumbarse. En el 2017-2018 hubo un déficit de 16.000 maestros y para el curso 2018-2019 una carencia de 10.000, lo que demuestra que resulta imposible el slogan de que la educación cubana sea un modelo ante el mundo.

No obstante, los dirigentes comunistas de la isla se mantienen aferrados a un “proceso de perfeccionamiento de la educación” que jamás termina – como tampoco culmina la disparatada idea de esa sociedad que hace seis décadas dicen estar edificando mediante la permanencia de un modelo socioeconómico de tipo socialista–, y que sin importar las consecuencias pretenden sostener. 

Dentro de las llamadas “estrategias” que el régimen ha adoptado en sus intentos de hacer sobrevivir la “educación” en medio del caos se encuentran ideas tan disparatadas como la utilización de adolescentes de 15 años, los que recién han concluido sus estudios de secundaria básica, para “formarlos” como profesores de dicho nivel de enseñanza. 

Ya se podrán imaginar los lectores que podrá salir de este nuevo engendro propuesto en el 2017, toda vez que dichos educandos al no haber recibido una formación con un mínimo de calidad no podrá esperarse que puedan aportar absolutamente nada a los estudiantes, excepto la reiteración de las consignas socialistas y alguna que otra reseña de elogio –aprendida de memoria unas horas antes se presentarse al aula– al considerado líder histórico de la llamada revolución cubana, con lo que incentivarán el culto a la personalidad, la adoración y el servilismo que tanto promueven los sistemas totalitarios. 

Otra de las opciones a las que ha tenido que acudir la dictadura castrista consiste en utilizar a estudiantes de la enseñanza universitaria entre el tercer y quinto años de estudios para dar clases en las secundarias básicas, nivel del mayor déficit de maestros; otro desacierto, por cuanto, se sobreentiende que dichos estudiantes no tengan motivaciones de carácter pedagógico y solo asumirán su rol por cumplir lo establecido sin ser señalados luego como una negación ante una “tarea designada por la revolución”.   
     
En fin, que si alguna vez alguien dudó de las historias que se cuentan acerca de que durante los exámenes de ingreso a la universidad los aspirantes no saben escribir correctamente la letra del himno nacional cubano, o no tienen la menor idea de los aspectos más elementales de la historia patria, o de la pésima ortografía de aquellos que salen de las universidades cubanas, que no quepa la menor duda, todo es real, aunque para muchos resulte increíble. 

A estas alturas ¿qué más da? Al fin de cuentas  –como suele ponerse en sendos carteles en la isla– “la universidad es para los revolucionarios”, y algunos seguirán creyendo la utopía de que “la educación cubana es un modelo para el mundo”; solo que dicho modelo es el del adoctrinamiento y no el de la instrucción. 
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Nota del Bloguista de Baracutey Cubano
Cuba en 1958 tenía uno de los índices de analfabetismo más bajos del continente americano; diferentes autores los sitúan entre el 18% y el 23%. Una frase de Fidel Castro fue  ¨yo no te digo cree, yo te digo lee¨. Lo que no dijo el Manipulador en Jefe es que se iba a apropiar de todos los medios masivos de comunicación de Cuba, en particular de la prensa escrita y de todas las imprentas, y que sólo se publicaría lo que la tiranía quería que el pueblo cubano leyera, a la vez que prohibía la entrada al país de diarios, libros, revistas, etc. que tuvieran un mensaje en contradicción con el adoctrinamiento  que le imponía el naciente Castrismo  al pueblo cubano con su bloqueo cultural e informativo.
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Alfabetizadoras cubanas en el antiguo Cinódromoal cual se le llamó posteriormente Estadium Eduardo Saborit, el autor de  la canción Cuba, qué linda es Cuba y del himno de la alfabetización; foto de archivo.

Muchos brigadistas fueron enviados zonas de conflicto armado  con una cartilla Castrista  para adoctrinar  enseñando la letra F con el nombre Fidel, la letra R con la palabra Revolución, etc. y cantando el himno  de la alfabetización  cuya letra  muestro a continuación. La perversidad del Castrismo buscando mártires de vidas ajenas  es inigualable en la historia cubana,  pues saben que en los conflictos armados se hace presente el heroismo pero también en algunas personas,  independientemente de la causa  por la que estén luchandom,  los peores y más bajos sentimientos del ser humano .

Himno de la Alfabetización. Eduardo Saborit

Somos la Brigada Conrado Benítez,
somos la vanguardia de la Revolución,
con el libro en alto cumplimos una meta:
llevar a toda Cuba la alfabetización.
Por llanos y montañas el brigadista va,
cumpliendo con la Patria, luchando por la paz.
¡Abajo  imperialismo!, ¡Arriba  libertad!
Llevamos con las letras la luz de la verdad.
Cuba, Cuba, estudio, trabajo, fusil,
lápiz, cartilla, manual,
 alfabetizar, aalfabetizar.

 Ah!, El adolescente de 16 años Manuel Ascunce Domenech  fue situado en un momento álgido de la lucha  en casa de Pedro Lantigua, un campesino de la zona que era guía (práctico) de las tropas Castristas que combatían a los alzados antiCastristas y que les mostraba a la tropa  los lugares donde  los alzados podían refugiarse, según testimonió (a principios de los años 90s del pasado siglo XX en unos supuestos juicios sobre el daño del Imperialismo norteamericano al pueblo de Cuba) el General Anibal Velaz  quién era un alto jefe del MINFAR en toda la provincia de Las Villas en esos años.. Los alzados ya le habían enviado amenazas a Pedro Lantigua. El jefe de la tenientura que llevó a cabo el asesinato de Manuel Ascunce Domenech y la muerte de Pedro Lantigua fue Braulio Amador sin que se tenga conocimiento, hasta ahora,  que alguna capitanía o comandancia de los alzados tuviera conocimiento o hubiera dado la orden de asesinar al adolescente brigadista, aunque Fidel Castro  en un discurso culpó a los jefes insurgentes de las montañas del Escambray..

Guillermo Fariñas, quién, según él,  tuvo un tío  en el selecto grupo El Molino  de la Seguridad del Estado, en la provincia de Las Villas y su padre combatió en El Congo junto a Che Guevara, escribió en  su artículo TOTAL FALTA DE CONSIDERACIÓN

Luís Felipe Denis Díaz, un difunto General, en una conferencia en los Camilitos de la desaparecida provincia de Las Villas expresó: “Nosotros como Seguridad del Estado contábamos con la colaboración de los maestros voluntarios en las zonas de guerra”. Así que serán los historiadores quienes dirán si Ascunce era  colaborador o no de la Seguridad del Estado o quizás  hasta agente pues hubo reclutamientos  por parte del DSE hasta de adolescentes de 13 años.

Luís Felipe Denis Díaz fue el jefe de la Seguridad del Estado en todo El Escambray cuando la lucha contra las guerrillas antiCastristas y anticomunistas.

Manuel Ascunce Domenech no fue el único brigadista asesinado. El Castrismo obtuvo sus mártires para sostener su régimen ¨de difuntos y flores¨.

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