lunes, febrero 13, 2023

El amor de Catalina Lasa y Juan Pedro Baró: Ejemplo de amor anhelado por muchos que muy pocas parejas han logrado alcanzar en esta vida

 

José Mojica  canta Alma mía (de María Greever)




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Rosas ¨Catalina Lasa¨ que se cultivan y venden en Europa





José Feliciano - Madrigal







Observen como los cristales tenían sibujados  a relieve racimos  de rosas ¨Catalina Lasa¨



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Lasa y Baró: Una historia de amor

Publicado el 17 de mayo de 2013 

Estimado lector que rozas una vez más la suave y policromada pluma del Tocororo:

Hoxe, día 17 de maio celebramos na miña terra  o Día das Letras Galegas e quero dar a coñecer un dos amores máis notables da historia de Cuba. Notable pola sua intensidade e amplificado polo poder económico dos seus protagonistas.

Catalina Lasa fue una de las mujeres de La Habana que en la primera década del siglo XX, destacaba por su belleza en los salones de la alta sociedad.

Era conocida por “La Maga Halagadora”. Fue ganadora de concursos de belleza, muy admirada por sus grandes ojos azules, una piel de nácar y una hermosa figura. Pero su fama más grande se debe sin duda a que fue la protagonista de la escandalosa historia de amor con Juan Pedro Baró, que estremeció a la sociedad cubana de la época.

Nacida en la ciudad de Matanzas, se casó en 1898 en Tampa, Estados Unidos, con Luis Estévez Abreu, hijo de Luis Estévez Romero, primer vicepresidente de la República de Cuba y de la famosa patriota Marta Abreu. Al finalizar la Guerra de Independencia, el matrimonio se estableció en La Habana, aunque realizaban frecuentes viajes a París, donde tenían otra residencia. Catalina fue ganadora de concursos de belleza en La Habana entre los años 1902 y 1904.

En una de las fiestas a las que asistió con su marido, Catalina conoció al rico hacendado criollo Juan Pedro Baró, quien quedó prendado ante los ojos azules y la escultural belleza del cuerpo de Catalina. Así surgió entre ellos una irrefrenable pasión que no parecía tener límites, y que dio lugar a que comenzaran continuos encuentros a escondidas entre ambos.

Aunque Juan Pedro Baró tenía un carácter reservado y procuraban ser discretos, enseguida se produjeron comentarios que trascendieron  entre la alta sociedad. Catalina Lasa se atrevió entonces a pedir a su esposo la separación, pero éste no quiso aceptar ya que la ley del divorcio no había sido aprobada aún en Cuba. Entonces ella tomó la decisión de  irse a vivir con Baró, hecho que, si bien significó su realización sentimental, también les produjo momentos muy desagradables a la pareja.


A causa de los prejuicios de la época y presionado por miembros de su familia, Luis Estévez Abreu, que era su marido, ordenó abrir un expediente judicial contra Catalina, y se dictó su orden de captura por bigamia. Inmediatamente, ella y Baró salieron entonces secretamente de Cuba, aunque sabían que serían perseguidos en otros países. Así fue como llegaron a París, y disfrazados y por rutas diferentes se reencontraron en Marsella y finalmente marcharon juntos a Italia. Su objetivo al llegar a Roma era llegar hasta el Papa quien los recibió y escuchó su historia . La máxima autoridad de la Iglesia Católica los bendijo y anuló el matrimonio religioso de Catalina Lasa y Estévez Abreu. [Auro loquente, omnis sermo inanis est]

El presidente cubano Mario García Menocal aprobó en 1917 la Ley de Divorcio en la isla caribeña. Ese mismo año se registró la separación de Catalina de su primer esposo.

En 1917 volvieron a La Habana donde volvieron a ser admitidos en los salones de la alta sociedad. Baró no sabía qué hacer para hacer feliz a su esposa. Durante diez años mandó edificar un palacete en la Avenida Paseo, de la barriada de el Vedado, el cual se inauguró en 1926. En los jardines de la residencia ordenó sembrar una variedad de rosa única llamada Catalina Lasa, lograda de un injerto realizado por expertos floricultores.

Los célebres arquitectos de la época Evelio Govantes y Félix Cabarrocas proyectaron la obra con estilo renacentista italiano hacia los muros exteriores; mientras hacia el interior, prefirieron un claro acento art-decó. La ejecución corrió a cargo de la constructora estadounidense Purdi & Anderson; mientras la decoración, de los estucos en los salones principales estuvo a cargo de la parisina Casa Dominique. Los jardines fueron diseñados por Forrestier, uno de los artífices de los cambios operados en esa época en los Campos Elíseos. La casa fue calificada como la mansión más bella de La Habana y su inauguración tuvo lugar con una gran recepción en 1926.

La crónica social en el Diario de la Marina dijo que se empleó la más fina y moderna cristalería en sus ventanas, al estilo Art-Nouveau, aplicando la novedosa técnica del claro de luna, con la cual se conseguía un cristal de transparencia lechosa.

El mismo Presidente de la República asistió al acto. (Ya con anterioridad, la pareja le había ofrecido una cena en su honor, tras la promulgación de la Ley de Divorcio y la absolución del antiguo matrimonio).


Pero aquella pareja nacida del más puro y ardoroso amor no duró demasiado y estuvo maldecida desde que se hizo conocida por el público. Se dijo incluso que fue objeto de los más extraños maleficios y prácticas oscurantistas.

La feliz pareja disfrutó poco tiempo del espléndido nido de sus amores. Apenas dos años después de construida la grandiosa mansión, Catalina enfermó y Baró la llevó a París para ser tratada por los mejores especialistas. Poco después ella moría en la capital francesa, en brazos de su marido desesperado y asistida por Panchón Domínguez, reputado especialista cubano y médico personal de casi todos los cubanos pudientes que conformaban la colonia cubana en París. Junto a la agonizante se encontraban también sus hijos y algunos de sus hermanos.

Sobre la causa de su deceso se ha especulado muchísimo. Algunas versiones aseguran que Catalina arrastraba una larga y penosa enfermedad contraída durante los últimos tiempos que pasó en su nueva vivienda habanera, por lo cual ya no se mostraba en público, y ante los empleados y sirvientes sólo lo hacia con el rostro semicubierto por un velo negro. El certificado de su muerte, archivado entre los legajos del cementerio de Colón, habla de una intoxicación producida por ingesta de pescado. También se ha manejado la posibilidad de fallo del corazón causado por una cura de adelgazamiento llevada con exceso, hipótesis que se sostiene sólidamente por el hecho de encontrarse Catalina en Carlsbad (actual Karlovy Vary) famoso balneario del este de Europa, en el momento en que enfermó.

También se ha especulado sobre la posibilidad de una neumonía, cáncer de pecho, envenenamiento por ingestión de setas venenosas y otras dolencias, sin que de cierto se sepa la verdad. En la biografía de Panchón Domínguez escrita por su hija, ésta solo narra que su padre fue llamado con suma urgencia en medio de la noche al petit hotel de los Baró-Lasa, donde encontró a Catalina agonizante en su lecho. El célebre médico nada pudo hacer por salvarla y ella expiró en los brazos de su marido, rodeada de algunos miembros de su familia.

Ocurrió en la noche del 3 de noviembre de 1930. Tenía cincuenta y cinco años. Por una de esas extrañas coincidencias de la vida, la fecha elegida por Catalina para abandonar este mundo fue la misma que vio partir en el último viaje a su sempiterna enemiga Rosalía Abreu.

Como era costumbre en aquellos tiempos entre las clases pudientes, Baró hizo embalsamar detalle vitralesel cuerpo de su mujer en la agencia parisina de St. Honoré de Eybaud y dispuso que el vapor francés Meñique trajera a La Habana el cadáver en capilla ardiente a través del Atlántico. Se ha dicho que pagó para que cada día, durante toda la travesía, un avión arrojara sobre el barco una lluvia de rosas amarillas.


El cadáver llegó a La Habana el 2 de enero de 1931, y tuvo su primer enterramiento en una finca particular, pues el panteón familiar que Baró había comenzado a construir un año antes al costo de medio millón de pesos oro, aún no había sido terminado. Dos años más tarde sus restos fueron definitivamente trasladados a la que es hoy una de las más bellas, valiosas y arquitectónicamente representativas capillas del cementerio de Colón.

La capilla de estilo Art Deco que guarda para la Eternidad los restos de Catalina Lasa, panteónPedro Baró y doña Concepción, madre de este último, fue construida en mármol blanco con puertas de ónix o de granito negro pero según el historiador Antonio Medina, especialista en monumentos fúnebres de la necrópolis de Colón, se trataría en realidad de un bastidor corredizo de bronce grumoso recubierto de un fino cristal negro trabajado en relieve por el propio René Lalique, y traído de Francia expresamente para la decoración de la tumba. (Lalique fabricaba ya entonces un cristal llamado Claro de Luna, con textura lechosa de gran belleza, cuya fórmula se llevó al silencio de la muerte).

La puerta tiene grabada en su mitad superior una cruz que se dice fue pedida por Catalina para que custodiara su última morada. La cruz está orlada por cenefa de rosas e irradia de sí muchos rayos, los cuales van a derramarse en la mitad inferior sobre los cuerpos de dos querubines arrodillados. Estos ángeles muestran un cierto sabor egipcio. Con su única mano bendicen hacia el suelo una columna vertical de rosas encadenadas. El ábside de la capilla es una media cúpula en forma de vaina decorada con cristales de Lalique, cada uno de los cuales ostentaba una rosa amarilla tipo Catalina Lasa sobre 
fondo púrpura, que al ser traspasada por los rayos del sol proyectaba la imagen colorida de la flor sobre las lápidas en el interior.

Cuando Catalina murió, Baró no quiso habitar más la casa, pero tampoco quiso venderla y se la alquiló a un canadiense. A su muerte, ocurrida diez años después, parece ser que la hija de éste, quien vivía en París, prestó o arrendó el inmueble al Consulado francés hasta 1957.

Después de la Revolución terminó convertida en la Casa de la Amistad Cubano-Soviética, y hoy es simplemente la Casa de La Amistad, donde cualquiera puede sentarse a disfrutar de los bellos jardines donde Catalina y Juan se amaron, y comprar un refrigerio o un almuerzo en divisas, tomando este último en el impresionante comedor que por lo general, permanece completamente vacío. El cadáver de Baró fue trasladado a La habana desde París en octubre de 1940 y sepultado junto a la que en vida fue su gran amor.

Pero como último detalle, es absolutamente falso que Baró se haya hecho enterrar de pie a la cabecera de Catalina para rendir eterno homenaje a quien fue para él la mujer más perfecta y más amada del planeta. Simplemente duerme junto a ella en la tradicional postura yacente del mundo occidental. Sin 
embargo, sí es un hecho real que cuando enterró a su esposa Juan ordenó fundir sobre el féretro varios metros de concreto, para impedir que futuros violadores y saqueadores de tumbas osaran profanar su belleza y perturbar su descanso eterno.

La leyenda de estos amores asegura que por deseo de su marido, el cuerpo embalsamado de Catalina fue enterrado con todas sus joyas, como una auténtica momia de faraón egipcio.

Hay otra versión que asegura que solo se trataba de un pectoral donde las piedras preciosas engastadas en oro conformaban un diseño de rosas. Los trabajadores del Cementerio creen que ese fue otro de los motivos que tuvo Baró para tomar la disposición de convertir la fosa en un bunker.

“Sic transit gloria mundi”

NOTA: Las imágenes que aparecen en esta entrada pertenecen a su propietario Javier Castromori que amablemente consiente que sean publicadas. Muchas gracias.
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El saqueo de la capilla donde reposaban los amantes más famosos de Cuba


Por Zunilda Mata
19 de febrero de 2016

Los amantes más famosos de la Cuba del siglo XX, Catalina Lasa y Juan Pedro Baró, ya no reposan en el hermoso mausoleo donde fueron enterrados en la Necrópolis de Colón de La Habana. En su lugar, unas tumbas vacías y unas lápidas rotas son el epílogo de un amor que alimentó los rumores e hizo palidecer de envidia a la alta sociedad cubana.

En la avenida que se extiende desde la puerta norte del cementerio hasta la Capilla Central, se ubica un panteón que atrae los lentes de los turistas y los suspiros de los arquitectos. La obra fue erigida para cobijar los restos de Catalina Lasa, quien murió en 1930, apenas 13 años después de conocer a Juan Pedro Baró en una fiesta a la que ella fue del brazo de su esposo, Pedro Estévez Abreu.

Hace algunos años una reparación ejecutada por la Oficina del Historiador de la capital alimentó la ilusión de devolver al mausoleo su antiguo esplendor. Así lo merecía todo el conjunto y en especial el majestuoso portón, que diseñó la Casa René Lalique de París y que fue presentado en el Salón de Artes Decorativas de la capital francesa en 1925.

El mármol de la construcción vino de Bérgamo en Italia y el reconocido arquitecto, escultor y conferencista Luis Bay Sevilla escribió en El Diario de la Marina que aquel panteón, “el de Catalina Lasa, de un gran arquitecto francés, dentro de las normas que señalan el arte nuevo, es único en el mundo”.

Sin embargo, los prolongados retrasos sufridos por las obras de restauración han provocado que el interior de la capilla, construida en mármol blanco y con una media cúpula en forma de vaina, muestre un paisaje desolador, donde una vez todo fue lujo y oropel.

Antes de que las obras reforzaran esa imagen de abandono, ya los vándalos habían hecho su parte, atraídos por la codicia que despiertan los rumores sobre un lujoso enterramiento. Una práctica común en los cementerios cubanos, donde en los últimos años más de un difunto ha sido desenterrado para extraerle desde un anillo hasta un diente de oro.

Un acicate para los saqueadores cotidianos debieron ser las crónicas de la época que aseguraban que el cuerpo de Catalina fue sepultado con un pectoral de piedras preciosas engastadas en oro formando un diseño de rosas. La posible desaparición de estos objetos debido a la rapacidad que sufrió el panteón podría ser el robo de mayor cuantía llevado a cabo en el camposanto habanero donde abundan las tumbas de personalidades y aristócratas.

Un pariente exiliado de los Baró-Lasa aseguró a 14ymedio que las joyas en el ataúd eran sólo “cuentos de novelistas”. Sin embargo, la versión que rueda por las calles habaneras es que detrás de las espectaculares puertas del panteón se hallaba uno de los mayores tesoros sepultados en la Isla.

Guiado por esa historia y con el olfato de un experimentado profanador de tumbas, Angelito, un antiguo sepulturero de la necrópolis, desbarató el año pasado con una barreta y a golpe de mandarria las losas que cubrían los ataúdes de Catalina Lasa, Juan Pedro Baró y la madre de este.

La acción de este saqueador de tumbas se sumó a los pequeños robos anteriores ocurrido en el mausoleo, en los que se sustrajeron otras piezas, como varios de los cristales que daban una luz lechosa hacia el interior y proyectaban la figura de una rosa. Los vecinos de la barriada aseguran que después del atraco, Angelito dejó tras de sí un rastro de gastos excesivos y noches de locura.

La investigación policial apuntó hacia el depredador funerario, quien fue apresado y recluido siete meses en el centro penitenciario de Valle Grande, según confirmaron a este diario varios custodios del cementerio. En la redada policial también quedaron bajo investigación otros trabajadores del lugar, pero todos resultaron absueltos por falta de pruebas.

Mientras esa trama criminal transcurría, los turistas enfocaban su lente hacia aquella joya del art déco cubano. Hasta hace pocos meses allí estuvieron los restos de Catalina, quien en la pacata época que le tocó vivir escandalizó a muchos al pedir la separación a Estévez Abreu, hijo del vicepresidente de la República y la conocida como “benefactora de Santa Clara”, Marta Abreu.

La noticia prendió cual pólvora en una Cuba donde aún no se había aprobado la ley de divorcio, y la bella matancera huyó junto a su amante. Los enamorados regresaron a La Habana en 1917, donde vivieron juntos hasta que ella falleció, en Francia.

Sin acostumbrarse a su viudez, Baró quiso darle a Catalina en la muerte aquello que su fugaz vida no le había permitido y costeó un panteón de medio millón de pesos en el cementerio habanero. Hoy, un bloque de concreto colocado de manera improvisada por la parte trasera sirve como escalón para asomarse a la que fue proyectada como una vivienda eterna.

Desde esa indiscreta posición y auxiliado por una cámara, es posible captar el deterioro de toda la capilla. Los cristales que cubrían las ranuras traseras ya no están y la cruz diseñada por Lalique corrió igual suerte, como las mamparas de cristal colocadas entre las puertas y el recinto más íntimo de las tumbas.

Una fuente cercana al Historiador de La Habana comenta que la complejidad patrimonial del panteón exige un estudio “para su reparación”, aunque un empleado del cementerio confirma que las obras de restauración están detenidas desde hace meses porque “los recursos de la Oficina del Historiador tuvieron que ser destinados a algo aparentemente más urgente y no han regresado”.

Los restos mortales de Catalina Lasa, de Juan Pedro Baró y su madre descansan provisionalmente, y hasta que terminen las obras, en el panteón de los Emigrados Cubanos, el mismo lugar donde reposa Leonor Pérez, madre de José Martí. Mientras, Angelito, el saqueador de tumbas, fue finalmente condenado a 30 años de privación de libertad por daño al patrimonio y profanación.

A pesar de la devastación, algo del brillo de la mirada de quien fuera conocida como La Maga Halagadora queda en el lugar. Una triste presencia, de quien no logró en vida ser aceptada por una sociedad llena de prejuicios y después de muerta ha sido víctima de la expoliación y la indolencia.


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Nota del Bloguista de Baracutey Cubano
El doctor Luis Estévez y Romero, abogado matancero,  fue el esposo de  Marta Abreu Arencibia desde 1874 hasta que ella falleció en 1909; luis Estévez y Romero  fue vicepresidente de la República durante el gobierno de Don Tomás Estrada Palma.  Luis Estévez Abreu, el primer esposo de Catalina, era el hijo de   Luis Estévez y Romero y  Marta Abreu Arencibia.

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El panteón de Catalina Lasa en el cementerio de Colón sigue en ruinas y va a peor

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La Oficina del Historiador comenzó a restaurarla hace al menos tres años y la ha dejado a medias. Los vándalos han desvalijado la tumba.
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Redacción de CiberCuba
10/05/2018

La historia de Catalina Lasa, una de las mujeres más bellas de La Habana de primeros del siglo XX, va unida a la de la aprobación del divorcio en Cuba por el presidente Mario García Menocal, en 1917. La suya es una de las grandes historias de amor de la burguesía cubana, que empezó mal y mal acabó. Como si no hubiera sufrido suficientemente en vida, ahora comprobamos que el famoso panteón donde están enterrados ella y su segundo esposo, Juan Pedro Baró, está destrozado: lleva tiempo así y va a peor.


La Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana comenzó hace al menos tres años la restauración del panteón de Catalina Lasa. Los vándalos aprovecharon para llevarse de él todo lo que era susceptible de ser robado. Buscaban los tesoros que la leyenda urbana atribuía al enterramiento de una de las mujeres más famosas de La Habana. Las obras se quedaron a medias y ahora pueden verse las tumbas abiertas y el interior del panteón lleno de andamios.

El rico hacendado cubano Juan Pedro Baró mandó a construir un panteón para su mujer, Catalina Lasa, fallecida en París el 30 de noviembre de 1930, a donde la habían trasladado desde La Habana en busca de mejores médicos. Todo hace indicar que murió intoxicada con un pescado: formaba parte de la dieta que hacía para perder peso.

La obra del panteón le costó medio millón de pesos de la época a Baró. En un primer momento, el cuerpo de Catalina yació embalsamado en una tumba provisional. Dos años después, en 1932, fue trasladada al panteón del cementerio de Colón, donde su marido supuestamente le obsequió con un ramo de rosas "Catalina Laza", hecho con piedras preciosas. Se trata de una variedad de flores única, conseguida por floricultores con injertos y sembrada en el jardín de la famosa mansión que la pareja inauguró en el Vedado en 1926. Sin embargo, los pocos familiares que han sobrevivido a la pareja aseguran que se trata de una leyenda urbana.


Catalina Lasa apenas pudo disfrutar de la casona que le construyó su adorado esposo en Paseo y 17. Murió cuatro años después. Su marido la sobrevivió una década. Antes de fallecer éste, dio orden de que lo enterraran de pie para velar, desde el más allá, por su amada.


Las tumbas de Catalina Lasa y su esposo Juan Pedro Baró fueron selladas con losas de hormigón fundido para evitar que fueran profanadas. Sin embargo, CiberCuba ha comprobado que ambas han sido abiertas y desvalijadas.


Cuenta la leyenda, que la pareja formada por Catalina Lasa y Juan Pedro Baró, fue víctima de brujerías y maleficios. No les perdonaban que se hubieran enamorado estando ella casada con el primer vicepresidente cubano, Luis Estévez Romero, hijo de la patriota cubana Marta Abreu, que da nombre a la Universidad Central de Villa Clara.

La primera vez que Juan Pedro Baró vio a Catalina Lasa quedó prendado de la bella matancera, que había ganado dos concursos de belleza en La Habana en 1902 y 1904. La joven disfrutaba de todos los lujos, pero decidió huir con Juan Pedro Baró a París, porque tras pedirle la separación a su marido, éste la acusó de bigamia: el divorcio no era legal en Cuba. La alta sociedad dio la espalda a los adúlteros.

Catalina Lasa y Juan Pedro Baró viajaron por Europa hasta llegar a plantear su caso al Papa, en Roma, que accedió a anular el matrimonio católico con Luis Estevéz y la pareja pudo regresar a Cuba.

Juan Pedro Baró se esforzó en darle todos los placeres del mundo a su esposa. Fue por eso que en 1926 inauguraron en Paseo y 17 uno de los palacetes más lujosos del Vedado, hoy ocupado por el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos. A la cena acudió el mismísimo presidente de la República, Gerardo Machado.

La casa es considerada una precursora de la modernidad en Cuba. Estrenó el estilo Art Decó, de moda, sólo dos años antes, desde que se exhibió en la Exposición de Artes Decorativas e Industriales Modernas de París.


La Habana de la época lloró la muerte de Catalina. A su entierro acudieron los hombres vestidos de frac y las mujeres luciendo largos vestidos. Ochenta y ocho años después, poco queda del lujoso enterramiento.

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El Taj Mahal habanero

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Una gran residencia y un sepulcro creados en homenaje a una bella mujer cubana, necesitados ambos de restauración.
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Por Yaneli Leal
Madrid
12 febrero 2023

Así como el amor inspiró en el siglo XVII la construcción del mausoleo más famoso de la India, también guió el diseño del más bello sepulcro Art Déco que tiene la Necrópolis de Colón de La Habana; y que bajo su nívea fachada de mármol de Carrara esconde una cautivante historia de amor del siglo XX cubano. En él descansan Catalina Lasa (1875-1930) y Juan Pedro Baró (1861-1939), dos amantes que desafiaron las convenciones sociales de su época y personificaron en el Caribe parte del drama inmortalizado por León Tolstoi en su Ana Karénina.

Juan Pedro Baró había estado casado entre 1882 y 1895 con Rosa de Varona, con quien tuvo dos hijos. Se dice que este rico y apuesto hacendado cubano le había sido infiel en múltiples ocasiones y que, harta su esposa, formalizó una demanda en EEUU, disolviendo la pareja. Alrededor de 1913, Juan Pedro Baró conoció en París a la matancera Catalina Lasa. Esta joven de legendaria belleza estaba casada desde 1898 con Pedro Estévez Abreu, con quien tenía tres hijos. Catalina y Juan comenzaron un idilio, que terminó con el matrimonio de esta y la separación forzada de sus hijos, desatando un gran escándalo en la sociedad cubana y el eterno resentimiento de los Varona, los Estévez y los Abreu.

En esa época, el divorcio no estaba permitido en Cuba, por lo que, para formalizar la relación, primero acudieron ante el mismísimo Papa Benedicto XV, que anuló sus enlaces previos. En 1915 se casaron en la Iglesia de Nôtre Dame de París; y en 1918, pudieron formalizar legalmente su unión en Cuba, luego de que en 1917, su amigo el presidente Mario García Menocal aprobara la Ley del Divorcio. De esta forma, fueron los segundos en hacer uso de la misma, ya que a Fausto Menocal le corría más prisa.

Para Catalina mandó crear Juan Pedro una rosa, surgida del cruce de una especie húngara con una cubana. Según Mario Coyula, la rosa Catalina, antes muy conocida, ahora solo se conserva en un jardín botánico de Roma y en el parque Bagatelle de París. También la casa Molinard creó en su honor, en 1926, el perfume "Habanita", que todavía se comercializa. Pero las dos obras de mayor significación que su segundo esposo hizo construir para ella fueron su residencia de la calle Paseo entre 17 y 19, en El Vedado, y su mausoleo ubicado en la avenida norte del Cementerio de Colón.

La residencia, construida entre 1922 y 1927, y que ocupa media manzana, es considerada uno de los más importantes palacetes de la capital cubana. Es obra de los arquitectos cubanos Evelio Govantes y Félix Cabarrocas, autores de otras notables residencias de la época como la mansión Xanadú (1926) en Varadero, y la Dolce Dimora (1928) de Orestes Ferrara, hoy Museo Napoleónico.

El Palacio Lasa-Baró constituye uno de los más elegantes ejemplos del neorrenacimiento italiano que tan de moda estuvo en la arquitectura de la primera mitad del siglo XX. Cuenta además con detalles que aluden directamente a inmuebles históricos europeos, como la cornisa que reproduce la del Palacio Strozzi; o las ventanas de la planta alta, copias de las del Palacio de la Cancillería de Roma. Tiene también en la fachada de la Calle 19, un tondo del famoso taller ceramista del renacimiento italiano Della Robbia, y en los jardines una copia de la Venus de Antonio Cánova.

La casa destaca por el diseño integral del inmueble, así como por los materiales empleados, que con tanto acierto supieron vestir interiores y exteriores con la justa combinación de colores y texturas. Es el caso de la arena roja del Nilo empleada en el estuco de los muros exteriores, que le confirió su distintivo tono rosa a las fachadas; de las columnas de terracota de la entrada y de la galería lateral; de las puertas interiores de caoba de una sola tabla; de la herrería forjada y el pasamanos de plata de la escalera principal realizado por la casa Baguez de París; del vitral de la escalera con los escudos familiares realizado en Billacourt; de los múltiples mármoles importados en varios colores (blanco de Carrara, rojo de Langueloc, amarillo de Siena y Port-Oro, etc.), que combinaban con los tonos de las paredes estucadas en caliente siguiendo la tradición veneciana; y de las líneas de nácar incrustadas entre las teselas venecianas de color aguamarina que conformaban el suelo del Palm Room.

Subraya su singularidad la incorporación del lenguaje Art Déco en el diseño interior de las estancias, siendo el primer ejemplo documentado de este estilo en Cuba. Tanto el mobiliario como la luminaria y las lucetas fueron diseñadas por René Lalique, uno de los más grandes artistas de este estilo en Francia. De este modo, el palacio Lasa-Baró atesora un número considerable de piezas originales diseñadas por Lalique para cada lugar preciso, en muchas de las cuales reprodujo la imagen de la rosa Catalina, convertida en símbolo de amor de esta pareja. Asimismo, en algunos de los estucos en caliente realizados por la casa Dominique, se puso todo el empeño por reproducir el hermoso azul cerúleo de los ojos de Catalina.

Los jardines que rodeaban esta magnífica vivienda, fueron diseñados por Jean Claude Nicolás Forestier, reconocido paisajista y director de Parques y Paseos de París, y realizados por la casa Lemon Legriñá y Compañía, la mejor de La Habana. Lamentablemente, ya no se conservan, así como gran parte del mobiliario de la vivienda, ni el nácar del Palm Room, ni la arena roja del Nilo sepultada bajo las capas de pinturas que inconsecuentemente se han aplicado en las últimas décadas a la fachada y a las columnas de terracota, cuando con una correcta limpieza de los muros hubiera bastado para devolverles su belleza.  

Del palacete de Paseo solo pudo disfrutar Catalina tres años, ya que murió en 1930, y su esposo en  1939. La casa perteneció a la familia hasta 1962, cuando la nieta de Juan Pedro Baró, Nina Pedro, salió de Cuba y el Gobierno confiscó la propiedad, convirtiéndola en la Casa de la Amistad Cuba-URSS. Sin la referencia soviética ni el cuadro de Lenin que anacrónicamente redecoró la vivienda, hoy se utilizan sus maltrechos jardines para fiestas y lentamente se destruye la magnificencia de este icónico palacio capitalino.

Suerte similar ha corrido el hermoso mausoleo de Catalina (1933), también saqueado. Este singular sepulcro Art Déco, realizado en mármol de Carrara con monumentales puertas de granito negro y lucernario de vidrio malva de Murano, fue también obra de René Lalique. En el granito y en las piezas de vidrio reprodujo una vez más la rosa Catalina, así como en el biombo de vidrio ámbar que originalmente formaba parte de la entrada, hoy desaparecido. Allí descansan Catalina, su suegra, y Juan, del cual se dice pidió ser enterrado de pie a los pies de su amada para contemplarla eternamente.

Este inmueble se encuentra hoy en proceso de restauración por parte de la Oficina del Historiador, como parte del gran proyecto de conservación que desarrolla hace unos años en la Necrópolis de Colón.

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Tom Jones - Without Love (Sin amor) español


Gloria Estefan - Con Los Años Que Me Quedan

Jose Luis Rodriguez con los Panchos-Celoso

 

Rod Stewart "Have I told you lately?" SUBTITULADO AL ESPAÑOL



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viernes, abril 22, 2022

La primera Ley del Agujero. Julio Aleaga Pesant desde Cuba: La invasión rusa a Ucrania cambió en 24 horas la percepción de una serie de creencias que se consideraban inmutables

 
Tomado de https://www.cubaencuentro.com

La primera Ley del Agujero.

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La invasión rusa a Ucrania cambió en 24 horas la percepción de una serie de creencias que se consideraban inmutables

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Por Julio Aleaga Pesant

Manzanillo

22/04/2022

 Mi hijo acaba de cumplir tres años. Su inocencia le impide dilucidar. Su memoria tampoco ayuda más allá de la repetición por osmosis. No es mi caso. A mis sesenta y algo, veo las imágenes de la invasión a Ucrania, como si releyera los libros de Anna Politóvskaya, sobre la masacre de chechenos por las hordas rusas[1].

Digo hordas intencionalmente. El ejército ruso se comporta como una banda de forajidos, corsarios, o filibusteros. Violan mujeres y niñas. Asesinan civiles. Saquean comercios y hogares. Violentan las convenciones sobre el comportamiento de los ejércitos en zonas ocupadas, y el trato a prisioneros.

Nada es nuevo. Antes que Politóvskaya fuera asesinada, Sandor Marai, narra en Tierra, Tierra, la invasión soviética a Hungría en 1944, y Ryszard Kapuściński, en El Imperio la invasión a Polonia en 1939. Los países euro orientales, fueron víctimas de los Acuerdos de Yalta (1945). Chechenia, fue sacrificada en la guerra contra el terrorismo (2009). Pero ¿qué pasará con Ucrania?

Históricamente, los tiranos fallan sus cálculos políticos-militares, pues como en la novela de García Márquez, “ellos no tienen quien le escriba”. Ahí tienen a Napoleón, derrotado en Rusia (1812), Hitler cercado en Berlín (1945), Hussein, ahorcado en Bagdad (2003). Todos ellos libraron guerras atroces. ¿Por qué Putin, no aprendió la lección? ¿Creyó a sus generales sobre las guerras en Chechenia, Georgia, o Crimea? ¿Conoce de la corrupción dentro del ejército, la baja calificación de sus oficiales, el mal estado de su técnica de combate, o la dedovshchina?[2] ¿Sabía que su ejército es un “Ídolo con pies de barro”?, como reza en el Antiguo Testamento, Libro de Daniel (pasaje 2:26-45).

Todos contra Putin

Esta invasión rusa a Ucrania, cambió en 24 horas cosas impensables. Reafirmó la percepción global de que las dictaduras, son un callejón sin salida. Cambio el paradigma de defensa europeo, agotado luego de años de “Pax Americana”, la neutralidad de algunos estados paso a mejor vida, y el sistema económico y cultural mundial, se alineó como nunca tras las banderas de la libertad y la democracia.

No es Putin el único perdedor.[3] Xi Jinping y sus pretensiones hegemónicas sobre Taiwán y el Asia Sur Oriental, también encaja el desmadre. Potencias subregionales como Vietnam, Tailandia, Indonesia y Filipinas, además de Australia y Nueva Zelandia, se rearman, tras comprender que hay “potencias adolescentes”, y no se puede confiar en ellas para el equilibrio de la paz.[4] En Latinoamérica, las tiranías bananeras de Díaz- Canel, Maduro, y Ortega, ponen sus barbas en remojo.

Hagamos leña del árbol caído

Marcado por la teoría de la paz democrática (las democracias nunca entran en guerra entre ellas), o la interdependencia, (todos estamos vinculados), Estados Unidos, Europa y hasta las naciones exsoviéticas, ayudaron a Rusia a salir de la crisis que significó la muerte de la tiranía comunista. Todos intentaron ayudarle. Concibieron una Rusia fuerte y democrática, como ejemplo y motor para confirmar la tesis de Francis Fukuyama.

Se pensó en un Moscú dentro en la OTAN, el G-7, se le dio trato económico preferencial y… hasta se negoció que Ucrania le entregara sus armas nucleares, a cambio del compromiso de respetar su soberanía.[5] Pensaban en la interdependencia como conductor a la estabilidad. No fue el caso. La interdependencia puede implicar graves riesgos, si un gobierno es irresponsable…

Vladimir Putin, permitió la muerte de los marinos del Kursk (2000), se ensañó contra chechenos (2000- 09), georgianos (2008). Aprovechó que las democracias estaban en sus particulares guerras contra el terrorismo. No contento con la prooccidentalidad del Maidan, invadió el Dombás y Crimea (2014), además de inmiscuirse en Siria (2015).

Mientras el “Carnicero de Moscú” se empeñaba en su geofagia, estallan bombas en Bruselas (2016), asesinan periodistas en París (2015), norteamericanos e ingleses intentan salir de Irak y Afganistán y el Estado Islámico proclama el Califato, que atrajo a yihadistas árabes y magrebíes residentes en Europa.

A mediados de 2021, las tropas norteamericanas se retiraron de Afganistán, y el yihadismo en Europa fue controlado. Invadir Ucrania en 2022 fue un error de cálculo político militar colosal. El escenario, no era el mismo. Dos meses después de la eufemística Operación Militar Especial, cuando se reafirmó la esencia criminal y genocida del gobierno ruso, Estados Unidos y sus Aliados en todo el mundo, comenzaron a planificar un mundo diferente, en el cual ya no intentan coexistir y cooperar con Moscú. Buscan aislar y debilitar a largo plazo, a la potencia nuclear, que ha puesto en vilo a la humanidad. La expulsión de Rusia de la Comisión de Derechos humanos, solo es el primer paso. La creación de un Comité Penal Internacional (CPI) especial, por sus crímenes, será un segundo. El tercero, será el reajuste del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, sin su presencia.

Y ahora el mundo sabe que el “Ídolo tiene pies de barro”.

“Queremos ver una Ucrania libre e independiente, una Rusia debilitada y aislada y un Occidente fuerte, unificado y decidido”, dijo el asesor de seguridad nacional Jake Sullivan, “Esos tres objetivos están a la vista”. “En todo caso”, argumentó el historiador Stephen Wertheim, “la guerra ha fortalecido la disciplina estratégica, al ofrecer la oportunidad de alentar a Europa a equilibrarse con Rusia mientras Estados Unidos se concentra en la seguridad en Asia…”

El primer beneficiado en ese plan, será China. Ante una Rusia debilitada y marginada, Beijing extenderá su influencia sobre el Asia Central, y hasta el Mar Caspio (su relación con el Afgani-Talibán lo demuestra), en competencia con India y Pakistán. Además, también girará sobre el Extremo Oriente ruso, y Mongolia. Japón, no quedará atrás y zanjará el tema de las Kuriles.

Se lanzarán como perros hambrientos a desmembrar al imperio, los pueblos atropellados por el “rusismo”. El primero será el checheno Kadirov. Le acompañan los caucásicos y los turcomanos. Abjasia deberá volver al redil georgiano, y Armenia ya no contará con el apoyo ruso contra Azerbaiyán.

El mundo cambiará en los próximos meses. Volodimir Zelenski (profeta en su tierra), le dijo en los primeros días de guerra a Vladimir Putin. Es el momento de salir con tu pequeña derrota, porque más adelante, saldrás con una derrota mayor. Algo así como la primera Ley de Agujero: Cuando te des cuenta que estas en un agujero: ¡deja de cavar!

[1] Libros de la Politovskaya sobre los crímenes rusos en Chechenia: Chechenia. La deshonra rusa (2003), Una guerra sucia: Una reportera rusa en Chechenia(2003), Terror en Chechenia (2003).

[2] Dedovshchina es la práctica de humillación y acoso a novatos en las Fuerzas Armadas rusas y Soviéticas. La consideran cuna de la baja moral de las tropas.

[3] Ver Los tontos y el gobierno, publicado en Cubaencuentro el 17 de abril de 2022.

[4] Ver Adolescencia imperialista, publicado en Cubaencuentro el 28 de enero de 2022.

[5] Memorando de Budapest (1994).

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miércoles, febrero 16, 2022

¿Ya te dieron el café?. Alexis Jardines Chacón: ¿Cómo es posible que seas tú el que trabaja y mal vive mientras ellos siguen disfrutando todo lo que te han venido arrebatando desde el día mismo en que triunfó la Robolución?

 
Tomado de https://www.cubanet.org/

¿Ya te dieron el café?

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¿Cómo es posible que seas tú el que trabaja y mal vive mientras ellos siguen disfrutando todo lo que te han venido arrebatando desde el día mismo en que triunfó la Robolución?

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Por Alexis Jardines Chacón

15 de febrero, 2022

MIAMI, Estados Unidos.- Aquellos que hoy te mandan hicieron una revolución violenta y terrorista. ¿Edulcorada? ¿cool? ¿tropical? ¿humanista? ¿comunista? ¿justiciera?, todo ello es materia de opinión. Pero, lo que no se puede negar es que hubo terror, crímenes, asesinatos y sangre a borbotones por ambas partes contendientes. Los revolucionarios extendieron las ejecuciones sumarias incluso a la época de paz. También las purgas internas, que se habían originado durante el período de guerra, se sistematizaron con la toma del poder por parte del Movimiento 26 de Julio.

El mismo 9 de enero de 1959, entrando a La Habana, Fidel Castro declaró públicamente su intención de desarmar al Ejército Rebelde y, por extensión, a todo el pueblo. A partir de ahí el cubano quedaría privado no solo de armas, sino de muchos alimentos, medicinas, productos de todo tipo. Y esta privación se extendió también a sus propiedades, a sus derechos todos y a las libertades individuales de que gozaba aun en época de Batista. Paralelamente, se fueron constituyendo y equipando las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Estas llamadas FAR no fueron más que el resultado del golpe de Estado que Raúl le dio a Camilo, hasta ese momento líder indiscutible del Ejército Rebelde.

Lo primero que tuvo lugar tras la llegada de los mau mau a La Habana fue el reparto del botín. Lo que sigue a continuación es un hecho hasta ahora no recogido en la historia de la Revolución y pudo haber sido su final apenas comenzando, según las propias palabras de quien me narró este interesante episodio.

Camilo Cienfuegos había establecido su Estado Mayor en el Cuartel Columbia, el más importante enclave del ejército derrotado. Los oficiales rebeldes se asentaron en las antiguas casas de los oficiales de Batista, ubicadas dentro del perímetro de dicho cuartel. Sin embargo, no tardaron en salir a incursionar por los más lujosos repartos de la capital con el propósito de apoderarse de las viviendas vacías. De ese modo muchos se instalaron en la zona conocida como El Laguito y sus paradisiacos alrededores. Como se sabe, Fidel Castro, tras su tardía entrada a La Habana, se había ido directamente a vivir al hotel Havana Hilton, en la esquina de 23 y L. Asumo que, guajiro al fin, pensó que el hoy Habana Libre era lo más codiciado de la capital cubana en términos de vivienda. Pero al enterarse de que buena parte de los rebeldes se habían apropiado ya de muchas buenas casas su pesquisa lo llevó a la zona de El Laguito y ordenó un desalojo inmediato de aquellos intrépidos rebeldes. Asumo también que con el propósito ya de establecerse él mismo en la codiciada zona. Y es entonces cuando viene la parte buena de esta narración inédita: los rebeldes —todavía armados hasta los dientes— llegaron al punto de empotrar ametralladoras en las ventanas de las residencias y le dijeron al mismísimo Fidel Castro que únicamente muertos saldrían de allí. La tensión no podía ser mayor. Entiéndase que parte de la oficialidad del Ejército Rebelde (probablemente también sargentos y hasta soldados) se le había insubordinado al Comandante en Jefe.

Los ocupantes argumentaban que era su derecho, ya que habían luchado a tiro limpio por conquistar el triunfo y que su sacrificio no podía ser en vano. Fidel, entre tanto, se veía ante el inminente fracaso de la Revolución: una guerra entre los propios rebeldes podía dar al traste con ella. Fidel se lo pensó y abortó la idea de sacarlos por la fuerza. Fue entonces que acudió a su alter ego: la indispensable Celia Sánchez Manduley. Así las cosas, los insubordinados solo cedieron ante la mediación de Celia. Fue ella quien logró convencerlos con una oferta nada despreciable: serían reubicados como propietarios en excelentes casas, pero fuera de El Laguito y sus alrededores. De ese modo, se esparcieron por Miramar, Nuevo Vedado y Altahabana, principalmente. Hay que decir que los rebeldes tuvieron oportunidad de elegir la residencia de su preferencia entre el montón de casas abandonadas por sus legítimos dueños. Zanjado el asunto y ya desalojado el lugar, el Comandante en Jefe se lo apropió y estableció su residencia en lo que hoy conocemos por Punto Cero.

Esto de apropiarse las casas sin más —pero ya con la anuencia del apellido Castro— se convirtió en una rutina de la cúpula militar cubana. A medida que sus familias crecían y se multiplicaban, el generalato y otros altos oficiales expandían sus conquistas. Y, obviamente, dado que el número de buenas residencias es finito, se vieron obligados a ordenar la construcción de nuevas viviendas para sus hijos, parientes y amantes. Claro, que los terrenos en buenas zonas también son limitados. De modo que llegaron al punto de levantar un enorme y suntuoso edificio en el reparto Kohly y que se dio a conocer como El edificio de los generales. ¿Generales viviendo en edificios? A ver, que tampoco no era un edificio cualquiera. Y, a decir verdad, lo que más abundaba allí eran familiares y amantes no solo de generales, sino de altos dirigentes del Partido. Sin embargo, estos piratas revolucionarios dieron un paso más, puesto que no solo emergían nuevos generales, sino que a los oficiales de menor graduación también había que beneficiarlos. De esta suerte, pusieron sus miras en las casas del pueblo, del cubano de a pie, en tu casa. Como muchos recordarán, durante un tiempo los militares controlaron las viviendas en Cuba incluso hasta niveles de modestos apartamentos en cualquier barrio de La Habana. Es de todos conocido que quien abandonaba el país era desalojado de su propiedad una semana antes del viaje para garantizar la toma de posesión del militar de turno.

La continuación del saqueo

Como resultado de aquella peligrosa disputa inicial entre rebeldes sobre el tema de las viviendas, los Castro establecieron una burocracia militar que se ocupó de administrar las zonas residenciales más exquisitas de la capital, las cuales fueron declaradas de este modo “zonas congeladas”.

Cualquier movimiento de permuta dentro del perímetro de las zonas congeladas como Miramar o Nuevo Vedado, por ejemplo, estaba sujeto a la autorización del militar jefe de la zona congelada. Ese era el auténtico administrador en cada uno de los repartos más selectos, cuyo trabajo consistía en asegurar que todas las residencias bajo su jurisdicción fueran a parar a manos de los combatientes y de los revolucionarios de rango, incluyendo a la parentela.

Siguiendo esta misma tónica surgió por aquella etapa temprana de la Revolución otra entidad que dio en llamarse “Recuperación de valores”. En dos palabras la describo como el censo y apropiación por parte del Ministerio del Interior de cuanta cosa de valor dejaron los ricos y no tan ricos que abandonaron el país tras el triunfo revolucionario. Yo mismo, siendo niño, los vi en acción con el tema de los carros que quedaron en los garajes de algunas viviendas de Nuevo Vedado. No importa si en ellas permanecían familiares de los dueños o la antigua servidumbre. Simplemente, tras un censo previo (seguramente producto de un chivatazo) llegaban un buen día y expropiaban los carros. Posteriormente, surgirían instituciones como Cubalse y el Fondo de Bienes Culturales que conservarían aquel instinto corsario de “Recuperación de Valores”.

También merecen mención las archiconocidas “casas del Oro y la Plata”. Es un fenómeno más reciente, pero bastante distante de la juventud cubana de hoy. En un extraño frenesí alimentado por largos años de interminables carencias la gente trocó su oro y su plata en plástico, aluminio y tela, fundamentalmente. Mediante el ardid (estafa sería la palabra correcta) de aquellas casas de cambio Fidel Castro le sacó al cubano lo poco que le quedaba de algún valor. De ese modo el pueblo, ya indefenso, quedó en la más absoluta penuria.

¿Cómo seguir esquilmando al cubano después de aquella colosal estafa de La Casa del Oro y la Plata? Los que permanecían en la Isla ya no tenían nada, ni de valor ni sin valor: nada. En esas condiciones Fidel Castro los dejó, no sin antes poner la mira en la creciente cantidad de cubanos emigrados. Hoy las tiendas en MLC vinieron a sustituir aquellas colonizadoras recaudaciones de oro y plata. Hoy, como ayer, la Revolución —vale decir, la cúpula revolucionaria y sus estructuras de poder— sigue viviendo a expensas de los cubanos que no la quieren ni la necesitan, para usar una expresión del estafador en jefe.

Y esa cúpula que te gobierna, ¿cómo vive?

No solo en las mansiones de los burgueses más ricos de la Cuba pre revolucionaria, sino amasando fortunas que engordan insaciablemente mediante sus hoteles, la venta de tu sangre y de tus órganos, de tu trabajo en el exterior como profesional de la salud y de otras áreas. Pero también expoliando a los emigrantes y exiliados, estableciendo negocios con fachadas dentro de los propios Estados Unidos y un sin fin de cosas más dentro de las que pudieran caber incluso los propios Grants que el gobierno de los Estados Unidos destina al empoderamiento del anticastrismo. Aquellos que te mandan saben que se trata de varios millones al año y cada vez es mayor la sospecha de que la dictadura viene accediendo a esas subvenciones. Tan bajos y despreciables son tus dueños.

En su labor de rapiña no conocen límites. Y mientras te esquilman donde quiera que estés (dentro y fuera de Cuba) te entretienen con la narrativa del bloqueo norteamericano. Esos que te mandan también ruedan los mejores carros, pasean en lujosos yates, tienen propiedades en el exterior, viajan constantemente alrededor del mundo en misiones de recreo y esparcimiento, visten ropa y zapatos de las mejores marcas, comen y beben como reyes, se atienden en clínicas especiales equipadas igual que las del primer mundo y envían a sus hijos a estudiar al extranjero.

Pero eso lo sabes tú, cubano, y lo sabe el resto del planeta. Lo que tú al parecer no alcanzas a ver claramente es que ellos no trabajan y nada producen. Eres tú el que mal o bien trabajas. Por lo tanto, eres tú quien los mantiene a ellos. Y lamentablemente no solo con tu trabajo, sino también con tu sometimiento, tu docilidad y tu silencio cómplice. La pregunta es, entonces: ¿Cómo es posible que seas tú el que trabaja y mal vive mientras ellos siguen disfrutando todo lo que te han venido arrebatando desde el día mismo en que triunfó la Robolución? ¿Cómo —tú que los mantienes— te puedes preguntar todavía si ya cogiste el café o ya te dieron el pollo? 

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viernes, junio 25, 2021

El plan de saqueo de dólares del régimen castrista de Cuba. Julio M. Shiling: Una cosa es segura: el pueblo cubano pagará la factura como lo ha hecho durante más de 62 años

 
Tomado de https://elamerican.com/

El plan de saqueo de dólares del régimen castrista

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Una cosa es segura: el pueblo cubano pagará la factura como lo ha hecho durante más de 62 años

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Por Julio M. Shiling

06.22.21

[Read in English]

La dictadura comunista cubana anunció el 10 de junio que suspendía “temporalmente” la aceptación de depósitos bancarios en dólares americanos, a partir del 21 de junio. Esencialmente, todas las personas y empresas, cubanas y extranjeras, no podrán realizar transacciones, llevar o depositar en los bancos cubanos dólares americanos, hasta nuevo aviso ¿Por qué hace esto el Gobierno marxista? ¿Es una decisión económica estatal racionalmente justificada, o un plan de saqueo de dólares del régimen castrista?

La justificación expresada oficialmente por el Gobierno totalitario de la Isla sigue su patrón histórico de señalar a los Estados Unidos por sus males. La amplificación de las sanciones colocadas por la administración Trump y su dificultad para transar en billetes verdes fue la razón más citada. Es cierto que la focalización específica de las empresas estatales militares del castrocomunismo como el mega emporio comercial GAESA (Grupo de Administración Empresarial SA), por parte del expresidente republicano, ha frustrado los negocios y las entradas de divisas. Sin embargo, esto no explica en su totalidad este paso (o paso en falso) de La Habana.

Desde hace tiempo, el comunismo cubano realiza la mayor parte de sus transacciones comerciales internacionales en euros u otras monedas. El grueso del comercio exterior del régimen castrista, en otras palabras, se despliega en otras monedas. El único sector importante que se transaccionaba casi exclusivamente (hasta el 21 de junio) en dólares americanos han sido las remesas de los exiliados cubanos en Estados Unidos. Otros sectores menos importantes que también empleaban billetes verdes eran las compras en efectivo del gobierno comunista a los agricultores americanos, los operadores turísticos en Estados Unidos y las transacciones comerciales con base en Panamá. El dólar americano, en otras palabras, no tenía la hegemonía sobre las actividades comerciales de La Habana.


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