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Videos y artículos sobre algunas versiones de la desaparición de Camilo Cienfuegos: Documental: ¿Asesinaron a Camilo?. Aldo Rosado-Tuero: DESMITIFICANDO UN MITO

El Matarrelatos

2025

La VERDAD OCULTA del Último Vuelo de Camilo Cienfuegos | Documental


Wenceslao Cruz

2014

Conversando con Hubert Matos - Sobre Camilo Cienfuegos (part. I)


Conversando con Hubert Matos - Sobre Camilo Cienfuegos (part. II)


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DE LOS ARCHIVOS DEL BLOG BARACUTEY CUBANO

Documental: ¿Asesinaron a Camilo?


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Tomado de http://nuevoaccion.com


DESMITIFICANDO UN MITO

Por Aldo Rosado-Tuero
28 de marzo de 2018


En estos días he observado atónito el resurgir en las redes sociales el mito de que Camilo Cienfuegos “el Comandante bueno, carismático y noble”—así lo calificó alguien en Facebook—era anticomunista y por eso Fidel lo mató o lo mandó a matar. En esa discusión se airearon las más increíbles y disparatadas tesis—sin que nadie aportara una sola prueba, sobre el apoyo de Camilo a Hubert Matos, sobre que Camilo y Raúl eran enemigos desde la Sierra, que si a Camilo lo mató Raúl o el “Comandante Pancho” y hasta—ríanse—que fue Vilma Espín quién le descerrajó un tiro.

Como periodista y como combatiente que he dedicado tres cuartas partes de mi vida a combatir la tiranía castrista y que además conocí a Camilo Cienfuegos, no puedo soportar en silencio tanta cháchara intrascendente que trata de dignificar al más fiel perrito faldero que ha tenido Fidel Castro, a un esbirro que veía por el culo de su amo Fidel y quién servilmente en un juego de béisbol entre revolucionarios se negó a integrar el equipo que enfrentaba al equipo en que jugaba Fidel Castro con la más abyecta y “chicharrona” frase que yo he escuchado jamás: “Contra Fidel, ni en la pelota”.

(Camilo Cienfuegos y Fidel Castro. Fidel fue el pitcher o lanzador y Camilo el cather o receptor del equipo ocasional de béisbol ¨Barbudos¨, Comentario añadido por el bloguista de Baracutey Cubano))


¿Por qué iba Fidel a desaparecer a su más fiel cachanchán?

El mito tiene su génesis en la idea de uno de los “cerebros” de la CIA, que cuando se fue a inaugurar la planta de radio que la agencia le financió a Hubert Matos, se le ocurrió que tal vez se pudieran ganar a algunos militares castristas lanzando el bulo de que Camilo estaba de acuerdo con Hubert Matos y que por eso Fidel lo hizo matar y lo desapareció.

Ese mito, sin ninguna prueba que lo legitime, apoyado por la propaganda de la CIA, ha aumentado entre las nuevas generaciones, a pesar de que los oficiales que acompañaron a Hubert Matos el 21 de octubre de 1959,  han negado rotundamente la versión de que Camilo se entrevistó con Hubert a solas.
 En Nuevo Acción hemos publicado las declaraciones de quién fuera capitán ayudante del regimiento Agramonte y por ende de Hubert Matos, Roberto Cruz Zamora (en EE.UU.=Roberto Cruzamora), que también fueron profusamente difundidas por el Miami Herald y 
por la radio, en que Roberto narra cómo fue la detención de Hubert por Camilo   y la despótica postura de quien en aquel momento era el Jefe del ejército castrista y el más fiel esbirro del tirano Fidel Castro.

(Hubert Matos al frente e inmediatamente detrás se encuentra el también detenido Roberto Cruz Zamora)

Olvidan los que propagan y defienden el mito la postura de Camilo antes y después del 21 de octubre de 1959. Su actitud despótica de ese día, su discurso en la terraza Norte del Palacio Presidencial solamente unos días después de meter a Hubert y sus oficiales en la cárcel (leer debajo el texto de ese discurso) otras pruebas que mostraré hoy que desmienten la falsa propaganda en favor de Camilo Cienfuegos, uno de los más fieles cancerberos del castrato.

Como una foto vale por mil palabras aquí les mostraré unas cuantas fotos que desconstruyen totalmente el mito del “Camilo bueno”.

La foto que encabeza este artículo fue tomada el 21 de octubre, después que Camilo había detenido y enviado para la prisión de La Cabaña a Hubert Matos y sus oficiales y en ella aparece Camilo junto a Fidel—que había mandado a su perro de presa adelante—y ambos denostaron y llamaron a Hubert TRAIDOR.


La foto de arriba de este párrafo es la copia de una nota manuscrita de Camilo Cienfuegos al periódico Castrista “Debate” dando las gracias al pueblo camagüeyano por “haber ayudado a desbaratar la nueva traición a la patria”

(En el mismo año 1959  la avioneta o helicoptero en que viajaban Raúl Castro y otras personas tuvo que hacer un aterrizaje forzoso en la Ciénaga de Zapata  y Raúl Castro estuvo perdido unas horas ; se inició la búsqueda y fue precisamente, si mal ni recuerdo pero  esto que escribo fue un reportaje de esa época en la revista Bohemia, Camilo Cienfuegos el que encontró a Raúl Castro. Comentario del Bloguista de Baracutey Cubano)

Y en esta otra foto (arriba) es la que desmiente gráficamente la “histórica enemistad de Raúl y Camilo que viene desde  la Sierra”. En ella están juntos disfrutando de unas vacaciones los dos comandantes más culpables después del tirano mayor por la destrucción de Cuba

Fue precisamente el ya difunto Roberto Cruzamora (ver foto de arriba  en la que aparece Roberto detrás de Hubert cuando iban presos para La Habana, y quién compartió celda con Hubert por  7 años, quién hablando del tema me dijo: “Para probar que Fidel es el diablo que es, no hay que inventarle nada. Basta con los horrores que ha hecho. Inventarle  mentiras, solo debilita nuestros argumentos ante los no cubanos, que al descubrir esas mentiras dudarán de las verdades de los crímenes reales del castrismo”

Texto del último discurso de Camilo Cienfuegos después de tomar prisionero a Hubert Matos y demás oficiales del Regimiento Agramonte, los tilda de traición y respalda la revolución:

““Tan altos y firmes como la Sierra Maestra son hoy la vergüenza, la dignidad y el valor del pueblo de Cuba en esta monstruosa concentración frente a este Palacio, hoy revolucionario, del pueblo de Cuba […] Tan alto como el Pico invencible del Turquino, es hoy y será siempre el apoyo de este pueblo cubano a la Revolución que se hizo para este pueblo cubano […] Se demuestra esta tarde que no importan las traiciones arteras y cobardes que puedan hacer a este pueblo y a esta Revolución, que no importa que vengan aviones mercenarios tripulados por criminales de guerra y amparados por intereses poderosos del gobierno norteamericano, porque aquí hay un pueblo que no se deja confundir por los traidores; aquí hay un pueblo que no le teme a la aviación mercenaria […]

Porque sabemos que este pueblo cubano no se dejará confundir por las campañas hechas por los enemigos de la Revolución, porque el pueblo cubano sabe que por cada traidor que surja habrá mil soldados rebeldes que estén dispuestos a morir defendiendo la libertad y la soberanía que conquistó este pueblo […]  Porque para detener esta Revolución cubanísima tiene que morir un pueblo entero, y si esto llegara a pasar serían una realidad los versos de Bonifacio Byrne: Si desecha en menudos pedazos se llega a ver mi bandera algún día… ¡nuestros muertos alzando los brazos la sabrán defender todavía! […] que no piensen los que envían los aviones, que no piensen los que tripulan los aviones que vamos a postrarnos de rodillas y que vamos a inclinar nuestras frentes. De rodillas nos pondremos una vez, y una vez inclinaremos nuestras frentes, y será el día que lleguemos a la tierra cubana, que guarda veinte mil cubanos para decirles: ¡Hermanos, la Revolución está hecha, vuestra sangre no cayó en balde!” (Fin de la cita)

¿Son estas las palabras de un tipo que estaba de acuerdo con Huber Matos? ¡Por Dios, tengan un poco más de seriedad!

Los hechos demuestran históricamente que Fidel no tenía por qué desaparecer a su más fiel esbirro que lo seguía como un perrito faldero, mientras disfrutaba de sus vicios más conocidos: “ron, mujeres y pelota”, como le dijera en su cara el 21 de octubre de 1959 uno de los oficiales que eligieron ir a la cárcel con Hubert Matos. La hechos históricos deben de prevalecer sobre la propaganda. Que Fidel—al igual que Raúl—era  capaz de asesinar a sus mejores amigos y colaboradores no cabe la menor duda, pero Camilo no le dio en vida nunca una sola muestra para que dudara de su absoluta y perruna lealtad.

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EL 21 DE OCTUBRE DE 1959 EN CAMAGÜEY

(Camilo Cienfuegos, Fidel Castro y Húber Matos  en la mal llamada Caravana de La Libertad en enero de 1959)

Por Roberto Cruzamora *

El 21 de octubre de 1959 pudo haberse evitado la tragedia que ha agobido al pueblo de Cuba durante más de 47 años. Aquel día, en Camagüey, estaban dadas todas las condiciones para liquidar el balbuciente castrismo. Huber Matos tenía el apoyo decicido de oficiales y tropa del Regimiento Agramonte y demás escuadrones de la provincia, así como de las federaciones obreras, campesinas y estudiantiles a nivel provincial.

La opinión pública de Camagüey ya estaba recelosa de Castro y algo parecido ocurría en el resto de la isla,  incluyendo a altos dirigentes del Movimiento 26 de Julio, el gobierno y jefe militares de otras provincias, con las que conversábamos abiertamente del rechazo al cáncer del comunismo que hacía metástasis más y más en el cuerpo sano de la revoluciónn
nacionalista.

Liquidado Castro, ¿ qué habría pasado? Cierta confusión en los primeros momentos. pero ¿habría podido el a la sazón impopular sustituto Raúl Castro, resistir con éxito la sublevación del Ejército Rebelde y el estado de conciencia nacional contra la instauración del comunismo? ¡No! Muerto y denunciado el plan “melón” de Fidel, habría muerto al nacer ese monstruo híbrido estratégico de los Castro y la revolución habría vuelto  a los cauces que la originaron.

Esa fue una ocasión digna de mejor suerte protagónica. Hubo, sin embargo, ausencia total de liderazgo por parte de Huber Matos, a quién apoyé entonces sin mirar consecuencias y de lo cual aún 
hoy no me arrepiento, a sabiendas de que Matos fue una bandera que se deshizo entre las manos de los que la sosteníamos, estrujada y raída por el efecto erosivo del tiempo.

(Foto histórica del traslado de los detenidos en Camagüey el 21 de octubre de 1959. En primer plano a la derecha, Hubert Matos, inmediatamente detrás  de él Roberto Cruzamora. Ambos ya fallecidos)

No se puede hablar de la coyuntura histórica que analizamos sin hablar de la conducta de su principal fugura, Matos. Las coyunturas históricas marcan a sus protagonistas. Matos lleva sobre sus hombros y su conciencia la terrible carga de su actitud vacilante e irresoluta. Su carta a Fidel y la declaración grabada en su voz el 21 de octubre en horas de la mañana, leídas ambas retrospectivamente, nos hacen exclamar: ¡Ojalá que nunca las hubiera hecho! Son un largo dedo índice que lo inculpa y explica sicológicamente por qué nos ordenó a los oficiales y a la tropa que nos disparáramos “bajo ningún concepto” para evitar “derramamientos de sangre”. Esa actitud era propia de un Ghandi, no de un comandante militar defenestrado en público por Castro, quién entró en el Regimiento Agramonte rodeado de una turba que movilizó en las calles de Camagüey y con sólo unos pocos escoltas que trajo de La Habana.

El trabajo sucio de perfecto sicario lo realizó Camilo Cienfuegos. Arrestó a un Matos inerme-que intentó ser conciliador- con actitud descompuesta y peyorativa. No tuvo en cuenta siquiera que lo hacía  en la casa y delante de la familia de quien se rendía sin oponer la menor resistencia.

(Huber Matos en un acto  conmemorando el nacimiento de la República de Cuba el 20 de mayo de 1902. Foto de dos o tres años antes de fallecer)

Ahora Matos, dice que Camilo tuvo una conversación privada con él en su dormitorio. Como testigo que permaneció todo el tiempo junto a Matos, puedo jurar que esta conversación no tuvo lugar, pues Camilo nunca estuvo a solas con Matos. Dice Matos que Camilo le envió dos notas a la prisión. Como  único compañero de celda de Matos que nunca se separó de él, puedo jurar que esas notas jamás se recibieron en prisión. Hay que tener en cuenta  que en aquellos años la confianza recíproca entre Matos y y yo era notoria.

La triste realidad es que Camilo-ya en la oficina central de la Jefatura del Regimiento-llegó tan lejos en calificativos de la peor especie contra Huber Matos que no se detuvo en su ensañamiento ni siquiera después  de haberlo quebrado emocionalmente. Como si todo eso no bastara, el ataque de Camilo a Matos desde el balcón del Palacio Presidencial el 26 de octubre de 1959 puede refrescar memorias olvidadizas sobre el mito de Camilo “El Bueno”.

La memoria de José Manuel Hernández, capitán del escuadron de Florida, y el sargento José García, nos exigen moralmente desde sus tumbas que digamos la verdad, por la que ellos se inmolaron de su propia mano el 21 de octubre, en gesto de protesta digna de recordación y encomio.

*  Roberto Cruzamora era el  capitán ayudante del Regimiento Ignacio Agramonte, cuando ocurrieron los hechos narrados el 21 de octubre de 1959. Recibió la condena  más larga después de la impuesta  a Huber Matos por aquellos hechos.

(Publicado en la edición del sábado 21 de octubre del 2006)
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Habla un allegado a Camilo Cienfuegos

(Testimonio de Carlos Fariña Vargas,)

       
 (Osvaldo Sánchez, uno de los agentes de la KGB o del GRU en Cuba y uno de los jefes del brazo armado del Partido Socialista Popular ( uno de los nombres que tuvo el partido comunista de Cuba)   al lado de Camilo Cienfuegos. Una de las versiones de la desaparición de Camilo Cienfuegos  apuntan a Osvaldo Sánchez como ejecutor del asesinato de Camilo. Osvaldo Sánchez  muere acidentalmente por ¨fuego amigo¨ cuando derribaron su avioneta cerca de Varadero. Nota del bloguista de baracutey Cubano)

Carlos Fariña Vargas, fotógrafo argentino, trabajaba en el diario La Prensa, de Lima, desde 1957. Un buen día se encontró con Agustín Tamargo, entonces subdirector de la revista cubana Bohemia, quien viajaba por algunos países de América Latina tratando de publicar trabajos que dieran a conocer la rebelión que tenía lugar en Cuba. Fariña supo así de las acciones contra el dictador Batista, del asalto al cuartel Moncada, y del alegato conocido como “La historia me absolverá”.

    Al igual que otros, simpatizó con aquella joven revolución, y llegó a cooperar en algunas actividades que lo conectaron con el exilio cubano en Lima. Aquí conoció a Hilda Gadea, entonces esposa de Ernesto Guevara, y le tomó fotos a la hija de ambos. Una de esas fotos se la obsequiaría después al Ché.

    A los pocos días de su llegada a La Habana en el año 1959, el jefe de la Revolución envió aviones de las fuerzas armadas a casi todos los países latinoamericanos para repatriar a los exiliados. Algunos presidentes de otros países también prestaron aviones con ese fin, como fue el caso de Honduras, de donde regresaron unos 200 cubanos. Perú fue el último país adonde se envió por exiliados cubanos, debido a presiones del Ché, quien vivía en Cuba con Aleida March y no deseaba un reencuentro con Hilda. Pero antes de terminarse enero llegó el vuelo desde Lima con los exiliados cubanos, y con dos latinoamericanos simpatizantes de la nueva revolución: Carlos Fariña y el periodista chileno Orlando Contreras.

    La acogida en el aeropuerto de la fuerza aérea, en Marianao, al fondo del campamento de Columbia, fue muy efusiva y emocionante. Uno de los repatriados del mismo vuelo, con la espontaneidad característica de los cubanos, se llevó a los dos extranjeros a comer a su casa; allí durmieron y, al día siguiente, Carlos y Orlando se fueron caminando hasta el hotel Hilton, en el Vedado: un foco de ebullición desde donde el Comandante por esos días dirigía el país. Al llegar al hotel fueron directo al baño, para encontrarse nada menos que con Tamargo, que entonces dirigía el noticiero del canal 11. En esa primera visita al todavía hotel Habana Hilton, Orlando y Carlos quedaron muy impresionados al ver que en fecha tan temprana ya se transmitía televisión a colores en Cuba .

    Se dirigieron los tres a buscar un hotel en la calle Prado, donde Agustín los presentó con Riera, un dirigente de la Asociación de Cafetaleros. Fue este señor quien, al saber que eran periodistas, decidió llevarlos con Camilo Cienfuegos, el Jefe del Estado Mayor del Ejército Rebelde. Así que a las pocas horas de estar en Cuba conocieron al legendario guerrillero y le ofrecieron sus servicios. Cuando le presentaron al fotógrafo, Camilo soltó enseguida una de las suyas: ¡Coño, otro argentino más! ¡Si ya tenemos bastante con el Ché Güevara! (así decía, pronunciando la u). Y después de pocas palabras más, les dijo algo que nunca supieron si fue orden o ruego: ¡Encárguense del Negociado de Prensa y Radio!

    Para ocupar esa responsabilidad se requería que fueran oficiales del ejército rebelde, y Camilo los propuso a ambos como Segundos Tenientes ante el presidente Urrutia, quien estaba encargado entonces de tales nombramientos; por supuesto Urrutia los nombró de inmediato. Orlando Contreras se iría después para la Voz del INRA, una estación de radio dedicada a informar sobre los logros de la Reforma Agraria, y con el tiempo llegó a ser un periodista muy conocido en la Isla.

    Por su parte, Fariña en lo adelante estuvo siempre al lado de Camilo; andaba con él todo el día y todos los días, para arriba y para abajo, inspeccionando regimientos o simples puestos de soldados, en misiones y en transgresiones, y pudo conocer muy bien y admirar profundamente al hombre cuya valentía sólo era comparable a su simpatía. Casi se convirtió en su guardaespaldas.

    Realizaron juntos un sinfín de correrías y trabajos por toda la isla. ¡Deja la cámara y agarra el fusil! —solía decirle Camilo. En broma, porque él también valoraba el trabajo del fotógrafo. Una vez, en Las Villas, llegaron a un puesto militar y Camilo, siguiendo lo que ya era su costumbre, entró por el fondo saltando la cerca de alambre de púas. A Carlos no le quedó otro remedio que seguirlo, aunque eso podía significar que las postas les dispararan. El único soldado presente, de guardia en la entrada principal, los reconoció enseguida. El jefe del puesto no estaba cumpliendo sus funciones, se había ido nada menos que para la playa. Camilo pidió el libro de partes, y escribió que aquel soldado que estaba cumpliendo su deber era ascendido a Teniente y por lo tanto quedaba al mando de la unidad, mientras que el Jefe de la Unidad era degradado. El teniente así castigado había peleado en la Sierra, y después, en La Habana, el Comandante le buscó un trabajo bien remunerado fuera del ejército. Camilo tenía unos principios de justicia firmes y transparentes —me decía Carlos, pensativo.

    Fariña conoció a muchos de los hombres más allegados a Camilo. Por ejemplo, al jefe de su escolta, llamado Manolo. Había peleado al mando del héroe, y al parecer era tan arrojado como su jefe. Cuentan que en medio del fragor de la batalla solía pararse y gritarles a los soldados de Batista: ¡Casquitos, me van a coger la cabeza de la pinga!, llevándose la mano al sitio correspondiente. Tanto repitió eso, que le decían “Manolo Cabeza de Pinga”. Supo también Fariña que gran parte de la columna de Camilo fue enviada por Fidel en junio de 1959 a invadir Santo Domingo e iniciar la lucha guerrillera contra Trujillo (con la oposición, entonces todavía posible, de varios de los principales jefes revolucionarios). Buena parte de la columna desapareció, unos hombres muertos en combate y otros asesinados después de caer prisioneros.

    Un día se encontraban en Bayamo, en una cantina, y Camilo le preguntó: Oye, Ché, ¿tú eres comunista? Carlos le respondió que no, y Camilo prosiguió: ¡Yo tampoco, y si esto se jode, agarro mis escopeteros y cojo p´al monte otra vez! No viviría lo suficiente para hacerlo. Ese día estaban en un grupo, y además es de suponer que frases como esa las dijo también Camilo en otros lugares, con otra gente. No estaba en su naturaleza ocultarse para hablar nada, menos ocupando la posición que tenía. Un artículo suyo que había salido en Bohemia era muy claro en cuanto a sus opiniones, radicalmente contrarias al comunismo y a lo que llamaba el imperialismo soviético.

    En una oportunidad, avanzado ya el año 59, se encontraban en Varadero y recibieron la orden de presentarse en Santa Clara para participar en un acto en el Parque Central de esa ciudad. Camilo era de Yagüajay, un pueblo de esa provincia, donde además había alcanzado una de sus victorias más resonantes con el Ejército Rebelde; si era querido y admirado en toda Cuba, más lo era todavía en Santa Clara. Aunque salieron rápidamente, en un DC3 pilotado por quien entonces era conocido como El Casquito Lozano (ex piloto de Cubana de Aviación que en esos días manejaba el helicóptero de Camilo y después sería director de Aeronáutica Civil), llegaron tarde, porque se habían demorado en localizarlos. Eso no hubiese tenido mayor importancia, pero resulta que llegaron al acto en pleno discurso de Fidel, y cuando el pueblo reconoció a Camilo se volvió hacia él y corrió hacia el grupo que llegaba para vitorearlo, mientras Fidel seguía hablando para gente de espaldas que sólo se fue volteando a medida que Camilo se acercaba a la tribuna . El Gran Líder disimuló de momento el enojo. Pero después, reunidos en una casa de la ciudad (también estaba el Ché, que había hablado antes que Fidel), Camilo tuvo que aguantarle no sólo una fuerte reprimenda, sino toda una perorata sobre la importancia de que en una Revolución hubiera un solo líder para mantener la unidad de todo el pueblo, y el gran cuidado que debería tenerse en esos asuntos. Eso, a pesar de que era obvio que no había sido intención de Camilo quitarle público. Aquella situación, con Camilo, guarda cierta similitud con otra de muchos años después: cuando Gorbachov viajó a Cuba, El General Arnaldo Ochoa habló con él en ruso, frente a Fidel, que por unos momentos dejó igualmente de ser el centro de la atención. Fue un lapso breve, pero ese es el tipo de cosas que ciertas personalidades no perdonan.

    Doce días antes de la desaparición de Camilo, Fidel suprimió el Ministerio de Defensa y creó el de las Fuerzas Armadas. El resultado de esta decisión fue que tanto el Ejército Rebelde, como la Marina de Guerra y la Aviación, quedaron supeditados al nuevo ministerio, y por lo tanto Camilo se convirtió en subalterno de Raúl Castro. Ni corto ni perezoso, Raúl comenzó a “depurar” el ejército y ordenó dar de baja a centenares de guerrilleros, entre ellos buena parte de lo que quedaba de los soldados que habían combatido con Camilo, y a todos los miembros de su escolta, a los que mandó de regreso a sus lugares de procedencia.

    Camilo en esos días se movía prácticamente sin protección, aunque, confiado como era, el asunto no le preocupaba. Por eso, cuando partió de Camagüey por última vez, Manolo no iba con él. Los comunistas seguían tomando con rapidez todas las posiciones clave en el país, hasta que Huber Matos protestó por ello y le escribió la conocida carta a Fidel. Camilo estaba ajeno a estos acontecimientos; acompañado por Carlos Fariña, había estado quince días recorriendo la provincia de Oriente. Regresaron a la capital para el fin de semana.

    Carlos se encontraba hablando con Lozano cuando el comandante le dijo que se fuera a descansar, que se verían el lunes. Pero por algún presentimiento el fotógrafo fue al Estado Mayor al día siguiente. Como tenía los uniformes sucios, iba vestido de civil, y en un transporte militar, cosa prohibida desde hacía poco por una orden de Fidel. No obstante, no sólo lo dejaron pasar, sino que le pidieron darse prisa: tenía una citación de Camilo para presentarse lo antes posible en el Regimiento Agramonte (el que estaba bajo el mando de Huber Matos en Camagüey), y un recado de que el Capitán Teruel, ayudante de Raúl Castro, lo estaba buscando. Encontró a Teruel y se dirigieron al aeropuerto militar, al fondo de Columbia, donde había varios aviones preparados en disposición combativa. En uno de ellos partieron para el regimiento camagüeyano.     Carlos fue de inmediato a la oficina de Huber Matos, y allí estaba Camilo, sin camisa, sentado sobre el escritorio en forma de media luna de Huber Matos. A su lado había un arma queCamilo le había regalado a Huber, y que mucha gente conocía: un calibre 38 pequeño. En la cacha externa tenía grabada una bandera cubana, y en la interna una palabra que Camilo solía usar en broma con algunos de sus allegados: “Comevaca”. Era un regalo afectuoso, que aludía a la época guerrillera. Huber había agregado a su cartuchera un aditamento y usaba esta pistolita encima de la suya.

    Carlos le preguntó a Camilo qué sucedía. Eso bastó para que el comandante, siempre alegre y sonriente, manifestando una cólera inexplicable, le gritara: ¡Quién eres tú para preguntarme! Carlos lo miró serio y extrañado sin decir nada. Ante el silencio respetuoso de su ayudante, Camilo se calmó y le dijo que fuera a comer algo. Al lado de la oficina de Matos había un pequeño cuarto con un catre donde echarse a dormir un poco, cuando el natural exceso de trabajo y preocupaciones de un oficial de su rango en esos tiempos lo mantenía demasiadas horas en su oficina. Fariña iba retirándose, pero pudo escuchar cómo Camilo, asomado a la puerta de ese cuarto, decía: No te preocupes, Huber, yo voy a ser testigo de descargo a tu favor.

    Muchos piensan que si Fidel hubiera ido en persona a aprehenderlo, Huber Matos se hubiese defendido. Era un verdadero ídolo en su regimiento y todos sus soldados lo habrían apoyado. Pero el Máximo Líder envió a uno de los dos comandantes más prestigiosos (el otro era
el Ché), que era jefe de Huber por ser Jefe del Estado Mayor, y además su amigo. Ambos confiaban, confiaron, en la justicia revolucionaria que no era otra cosa que el arbitrio de Fidel: Camilo accedió a cumplir la orden de aprehensión y Huber a dejar que lo tomaran preso.

    Al fin Fariña supo por qué Camilo lo había mandado llamar: le solicitó que fuera a todas las emisoras provinciales de radio y grabara los programas transmitidos en los últimos diez días que habían contado con la participación de Matos. Era una orden de Fidel, quien pretendía rebuscar en las palabras del acusado cualquier cosa que le sirviera como prueba de la “traición” por la que ya había decidido condenarlo. Después de darle esta orden a Fariña, Camilo regresó a La Habana. Ramiro Valdés partía con el Comandante Matos y más de 40 de sus oficiales, en calidad de presos, al campamento de Columbia.

    Pero ocurrió un problema técnico: todavía las emisoras camagüeyanas transmitían en 50 ciclos y todos los aparatos con que contaba Fariña funcionaban en 60; de modo que no se podía grabar; tuvo que regresar a La Habana a buscar grabadoras apropiadas, en un automóvil de los que tenían decomisados en el regimiento de Huber.

    Obtenidos los equipos, Carlos se reportó en el Estado Mayor antes de volver a Camagüey, y se encontró con que Camilo se dirigía de nuevo a esa ciudad. El comandante le pidió que fuese en el avión con él, pero Carlos le explicó que tenía que devolver el automóvil, pues había dejado su firma por él en Camagüey, de modo que viajaron separados. Ese detalle quizás le salvó la vida al fotógrafo, pues de haber viajado con Camilo en el avión, probablemente hubieran regresado también juntos, en el vuelo del desenlace trágico.

    Jorge Enrique Mendoza, con algunos ayudantes, fue el encargado por Fidel de fabricar la supuesta conspiración de Huber. Camilo fue a Camagüey con la intención de interrogar a los hombres de Mendoza, de lo cual Raúl Castro tuvo conocimiento. ¿Qué información llevaba Camilo Cienfuegos para La Habana como resultado de su investigación? Nunca se sabrá; lo que sí se sabe bien es que Camilo no creía en la supuesta conspiración de Huber.

    En el último viaje Habana-Camagüey Camilo iba a volar con uno de sus ayudantes, el capitán Lázaro Soltura, pero Raúl Castro dispuso que Camilo viajara con Senén Casas Regueiro, que seguiría hasta Santiago después. ¿Por qué impidió Raúl que viajara el ayudante de Camilo, si sobraban plazas en el avión? Es uno de los detalles que se han convertido en incógnita. El avión en que regresaba Camilo para La Habana era un Cessna 310, bimotor. Salió con un soldado de escolta y el piloto, llamado Luciano Fariñas (el mismo apellido de Carlos pero con ese al final).

    Hay distintas versiones sobre el aparato de radio del avión; algunos afirman que no tenía o estaba defectuoso, y otros que funcionaba bien. El hecho es que, como dice Carlos, Camilo se montaba en cualquier cosa. El piloto Fariñas, entonces teniente, tenía alguna experiencia; en una ocasión Carlos y Camilo cayeron con él en las inmediaciones de Cayo Largo, accidente sin consecuencias debido a fallas del avión, en que Fariñas demostró habilidad y sangre fría. El vuelo, aquel 28 de Octubre, iba a durar unas dos horas. Nunca más fue visto el héroe popular, el Señor de la Vanguardia, el comandante rebelde más querido y más representativo de la idiosincrasia del cubano.

    A los 20 minutos de salir el avioncito de Camilo, despegó del mismo aeropuerto un Sea Fure, avión de fabricación inglesa que era el caza de hélice más rápido en la época. Salió con las armas descubiertas, y al regresar, se vio que el piloto había disparado los cañones y las ametralladoras; informó que lo había hecho para probar las armas. La posibilidad, el sentimiento de que le hubiera disparado a Camilo era tan fuerte, que Manolo “Cabeza de Pinga” lo obligó a ir con él en una lancha hasta donde decía haber disparado, y le exigía, encabronado y encañonándolo, que encontrara los cartuchos vacíos, cosa desde luego imposible en el mar. Al regreso Manolo estuvo a punto de matarlo, y al parecer lo hubiera hecho si no le quitan al piloto de enfrente y lo apaciguan. El nombre de este piloto no se recuerda, pero se comentó entonces que Raúl Castro le había dado de alta en la fuerza aérea. Nunca se tuvo otra noticia de él. Fidel mencionó en su explicación posterior lo del despegue del Sea fure, sin decir el nombre del piloto y sin que nunca se le llamara a hacer declaración alguna. Es más, el capitán Fortuño, miembro de la Fuerza Aérea de Camagüey, dijo a la prensa el 31 de octubre que había notado en el avión de Camilo que “un motor estaba fallando”. Fortuño tampoco fue llamado a declarar. En realidad no podía ser llamado a declarar, porque no se realizó investigación alguna sobre el supuesto accidente.

    El gobierno, por su parte, demoró solamente treinta horas en dar por perdido al comandante. El parte oficial fue publicado en Revolución la mañana del 30 de octubre, a 36 horas del despegue del Cessna.

    Después de la desaparición del héroe, el jefe de la torre de control de Camagüey fue encontrado muerto de un disparo en la sien. La sangre y la masa encefálica mezcladas en un amasijo pegajoso le dejaron la cabeza pegada a la pared. Quedó de pie, extrañamente recostado al muro; Carlos estaba presente cuando algunos compañeros lo despegaron de la pared y lo acostaron. Oficialmente, el controlador fue declarado suicida.

    Fariña participó en la búsqueda de su jefe y amigo, volando 10 horas diarias durante 6 días, hasta que se perdió toda esperanza de encontrarlo. Un total de 130 aviones, según se informó, se dedicaron a buscar a Camilo. El gobierno de Cuba hasta le pidió ayuda al de los Estados Unidos para localizarlo, pero le marcó unos límites tan al norte, que no había la menor posibilidad de que fuera encontrado por los americanos. Otro detalle interesante que Fariña recuerda es que Fidel compareció por televisión junto al padre de Camilo y le dijo que tenía que resignarse, pero se lo dijo ¡antes de que se diera por concluida la búsqueda!

    Como suele suceder en estos casos, surgieron varias versiones de aparición: en Pinar del Río, en Yagüajay, incluso que andaba con una enfermera. El 4 de Noviembre una noticia aseguraba que había aparecido vivo. Todo el pueblo se entusiasmó; lo ubicaban en una embarcación pequeña llamada “Recuje” u “Ocuje”, que tocaría costa de un momento a otro. Pronto se supo que era falso.

    Almeida ya había sido nombrado sustituto de Camilo como Jefe del Estado Mayor cuando Carlos Fariña regresó de la búsqueda. Entonces se enteró de que estaban desarmando a todos los ayudantes de Camilo. Él llegó con Almeida a entregarle también su arma, pero el nuevo jefe le dijo que la conservara. A los pocos días uno de los militares allegados a Camilo, el comandante Cristino Naranjo, ayudante del héroe hasta su desaparición, fue muerto por el capitán Manuel Beatón en una de las entradas al campamento de Columbia, a la que Naranjo llegaba en automóvil con dos de sus hombres. Según la versión oficial, se le pidió identificación y, al buscarla, la posta creyó que se trataba de un arma y los balearon, matando a los tres. No es algo imposible pero sí difícil de creer, ya que Beatón conocía perfectamente a Naranjo . Otro de los allegados a Camilo fue encontrado muerto en un automóvil, y varios más fueron encarcelados por diversos motivos. Gran parte de los ayudantes del Estado Mayor de Camilo murieron o desaparecieron en poco tiempo. Lo que quedaba de la columna de Camilo fue dispersada, enviados algunos hombres a Isla de Pinos y otros a Pinar del Río, para la base de San Julián. Entre estos estaba un grupo que después fue llamado a participar en la guerrilla del Ché en Bolivia.

    Fariña presenció también la farsa del juicio contra Huber Matos. Fue una excepción, pues sólo permitieron la presencia de altos oficiales. El fiscal fue Papito Serguera, quien tenía sobre su mesa una pila de documentos como de un pie de alto, las supuestas pruebas no se sabe de qué. Fariña me contó que cuando llegó Fidel a la sala del juicio, Huber le gritó un par de verdades, al punto de que los escoltas de Fidel rastrillaron las armas y lo apuntaron. Después no pudo decir nada más. Fidel como siempre habló todo lo que quiso, desviando el problema principal, que era la renuncia de Matos a su cargo porque los comunistas se estaban infiltrando en el ejército, a otros asuntos de poca importancia, además tergiversándolos. Terminó con una frase dirigida a los jueces, parafraseando el final de su defensa cuando el ataque al Moncada. Alguna vez tuve en mis manos un folleto con este discurso, cito de memoria: Si ustedes quieren absolverlo, ¡absolvedlo, no importa, la historia lo condenará!

    Para aquellos jueces, en cuya designación desde luego Fidel mismo había intervenido, era muy difícil llevarle la contraria a un acusador que era también su jefe. El Comandante Huber Matos fue condenado a 20 años de cárcel por haber escrito aquella carta, sin dudas la renuncia más duramente castigada de la historia. Es obvio que los oficiales fueron invitados a presenciar aquellos hechos con una intención disuasiva.

    A Carlos Fariña los sucesos relacionados con la muerte de Camilo, el juicio de Huber Matos, algunos fusilamientos que presenció, muchos otros de los cuales supo, presumiendo que no eran justos, le significaron lo que en Cuba se llama una cura de caballo de ese virus que es la simpatía hacia la revolución cubana. Hizo que un amigo le enviara del extranjero una carta diciéndole que su padre estaba enfermo, y aunque Almeida se negó a autorizarlo a salir del país, después Raúl accedió a ello. Ojos que te vieron ir, nunca más regresó a la Isla; vivió y trabajó hasta su muerte en mi misma ciudad, donde el azar nos hizo encontrarnos y me contó sus experiencias.




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Artículo y video sobre el IMPACTANTE CHOQUE entre EE. UU. y los representantes de la dictdura de Cuba en la ONU en sesión sobre el Embargo. EE.UU. expulsa a diplomático cubano


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 NTN24

27 de octubre, 2026

GRITOS Y TENSIÓN | Así fue el IMPACTANTE CHOQUE entre EE. UU. y Cuba en la ONU: AGRESIÓN DEL RÉGIMEN


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Tomado de https://www.cibercuba.com

EE.UU. expulsa a diplomático cubano acusado de agredir a un funcionario americano en la ONU: «Estará en un avión a La Habana en las próximas 24 horas»

Por Redacción de CiberCuba

28 de octubre, 2027

El secretario de Estado Marco Rubio firmó este martes la documentación oficial para expulsar de Estados Unidos a un diplomático cubano que agredió físicamente a un funcionario de la delegación estadounidense en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, según anunció el embajador de EE.UU. ante la ONU, Mike Waltz, en el programa "Hannity" de Fox News.

El funcionario expulsado fue identificado por una investigación de elTOQUE como Richard Tur de la Concepción, primer secretario de la Misión Permanente de Cuba ante la ONU y responsable de asuntos de la Quinta Comisión, encargada del presupuesto y la administración del organismo internacional.

«Justo antes de salir al aire esta noche, el secretario Rubio firmó la documentación para expulsar al diplomático que creyó que podía —el diplomático cubano, el primer secretario de su delegación— que empujó e intentó agredir a uno de nuestros diplomáticos estadounidenses», declaró Waltz ante las cámaras.

El anuncio fue tajante: «Se va. Estará en un avión rumbo a La Habana dentro de las próximas 24 horas. Si pones una mano encima de un estadounidense aquí en Estados Unidos, el presidente Trump, el secretario Rubio y yo mismo no lo vamos a tolerar».

El incidente ocurrió el martes durante el debate anual de la Asamblea General sobre el embargo estadounidense a Cuba. Mientras Waltz pronunciaba su discurso, el canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla abandonó su asiento y avanzó hacia el estrado, lo que obligó al presidente de la Asamblea General, Khalilur Rahman, a suspender brevemente la sesión y ordenar a los delegados regresar a sus lugares.

En paralelo, Tur de la Concepción intentó arrebatar el teléfono al portavoz de Waltz, J.P. Freire, quien grababa el enfrentamiento, y le lanzó un manotazo. El episodio quedó documentado en video y fue difundido por el propio Waltz en sus redes sociales.

El embajador estadounidense calificó lo ocurrido como el comportamiento típico de los diplomáticos cubanos que representan a una dictadura, y acusó al régimen de valerse de la propaganda y la intimidación para encubrir «verdades incómodas» sobre su propia corrupción.

Rodríguez Parrilla, por su parte, calificó el discurso de Waltz de «circo mediático» y difundió su propia versión del incidente en redes sociales, presentándolo como una respuesta a las «mentiras» de Washington.

El episodio se enmarca en una escalada de tensiones entre ambas delegaciones a lo largo de octubre. El 19 de ese mes, diplomáticos cubanos encabezados por el representante permanente Ernesto Soberón Guzmán protagonizaron un acto de repudio en la propia sede de la ONU contra los ex presos políticos José Daniel Ferrer y Luis Manuel Otero Alcántara, a quienes gritaron «terroristas», «mentirosos» y «fuera de la ONU» durante un foro organizado por la misión estadounidense.

La posición de Tur de la Concepción en la Quinta Comisión fue señalada por fuentes cubanas en el exilio como un intento del régimen de infiltrar ese órgano para perpetuar prácticas irregulares desde dentro del organismo internacional.

La votación anual de la Asamblea General sobre la resolución cubana contra el embargo —no vinculante y presentada cada año desde 1992— estaba programada para este miércoles. En 2025 obtuvo apenas 165 votos a favor, su resultado más débil en dos décadas, frente a 187 en 2024. Waltz cerró su intervención en Fox News con una advertencia al régimen: «De una forma u otra, el pueblo cubano verá la libertad».

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Daniel Benitez News

28 de octubre, 2026

¡MARCO RUBIO EXPULSA A DIPLOMÁTICO CUBANO DE LA ONUE QUE AGREDIÓ A FUNCIONARIO DE USA!



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lunes, octubre 26, 2026

Videoa sobre el regreso de la líder y patriota María Corina Machado a Venezuela. Wall Street Journal reveló este domingo los detalles del regreso de la líder opositora venezolana

 


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NTN24
25 de octubre, 2026

Flavio Bolsonaro solicitará la anulación de los comicios en  ººBrasil por controversia en el cierre



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NTN24

25 de octubre, 2026

"El país está dando lección a todos. ESTO ES VENEZUELA": María Corina a NTN24 a su LLEGADA A CARACAS


NTN24

25 de octubre, 2026

“¡Fuera Delcy!”, gritan los venezolanos que salieron a las calles a recibir a María Corina Machado

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El diario norteamericano Wall Street Journal reveló este domingo los detalles del regreso de la líder opositora venezolana María Corina Machado a su país, tras 320 días de ausencia. Según la publicación, Machado habría ingresado a Venezuela a través de la frontera con Colombia, acompañada por un equipo de seguridad privada proveniente de Estados Unidos.

NTN24
25 de octubre, 2026
Se conocen NUEVOS DETALLES de la llegada de María Corina a Venezuela: partió el jueves desde Panamá





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Video actual y muy detallado sobre la Crisis de Octubre de 1962 o Crisis de los Cohetes. La Operación Cobra de la CIA en la que Esteban Márquez Novo (¨Comandante Valle¨ o ¨Plácido¨) fotografió una base de cohetes soviéticos en Cuba

 La Union Silenciosa

21 de octubre, 2026

Los soldados soviéticos llegaron a Cuba vestidos de civil. Les dijeron que iban a un lugar frío.

Aviación Legendaria

20 de octubre, 2026

El U-2 de EE. UU. cayó en Cuba: ¿por qué no hubo represalia?


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DE LOS ARCHIVOS DEL BLOG BARACUTEY CUBANO 

La Operación Cobra de la CIA, la Crisis de Octubre y cómo Esteban Márquez Novo (¨Comandante Valle¨ o ¨Plácido¨) se infiltró con otro cubano y fotografió una base de cohetes soviéticos

Operación Cobra: La historia desconocida de cómo un oficial de la CIA entrenó a la red de agentes que encontró los misiles soviéticos en Cuba


24 de enero de 2019


El presidente John F. Kennedy, el agente de la CIA Thomas Hewitt, el presidente de Cuba Fidel Castro y el primer ministro de la Unión Soviética Nikita Khrushchev. Pie de foto y créditos en la parte inferior de la página. * (Foto ilustrada: Yahoo Noticias)

La noche del 11 de marzo de 1962, un barco de pesca deportiva se aproximaba a la costa cubana mientras un fuerte viento del sureste azotaba las aguas del Caribe. El Forest Johnson Prowler de casi 30 pies de largo era uno de los barcos de madera disponibles más fuertes y rápidos y su motor era lo suficientemente silencioso como para permitir que los tres miembros de su tripulación se acercaran a una milla de la costa. Aquellos marineros eran algunos de los más experimentados de la pequeña fuerza naval de cubanos expatriados de la CIA, pero ni siquiera ellos pudieron ver los rostros de los dos agentes encapuchados que subieron a bordo por el costado del barco en una canoa de fibra de vidrio de casi 16 pies llena de suministros.

El fuerte oleaje estuvo a punto de dar por concluida la misión de los agentes antes de que empezase, ya que la canoa se volcó tan pronto como subieron y su preciado cargamento de hombres y equipos terminó en el agitado océano. La tripulación se apresuró en recuperar los paquetes, que eran latas impermeabilizadas envueltas en plástico. Con la canoa lista y los equipos recuperados, los dos agentes volvieron a subir y consiguieron mantenerse en equilibrio. Pusieron rumbo hacia la costa y remaron hacia la boca abierta del río San Diego.

La idea de la canoa fue de Tom Hewitt, el oficial a cargo de los agentes en la enorme central de la CIA en Miami, donde esperaba noticias de la misión. Las reglas de la agencia le prohibieron participar en la infiltración del equipo, pero sentía una gran responsabilidad por la pareja, compuesta por un agente principal que había entrenado para dirigir a una red de subagentes y su operador de radio. Dado que regresaban a su país de origen, a partir de ese momento el trabajo de Hewitt consistía en dirigir sus acciones desde la distancia. Hewitt, un veterano que llevaba 10 años en la CIA, había pasado los últimos seis meses enseñándole al agente principal todo lo que sabía sobre cómo dirigir una red de espionaje eficaz, haciendo todo lo posible por mitigar los riesgos sustanciales que el agente tendría que asumir con Fidel Castro en Cuba.
 (En el artículo no se dice,  pero la persona de esta foto se parece  mucho a Esteban Márquez Novo ¨Plácido¨, quien fue  el gran organizador y Jefe de una de las mayores conspiraciones en contra del Castrismo: el FUO (Frente Unido Occidental) que  se extendía por Pinar del Río, La Habana y Isla de Pinos y tenía 517 integrantes, según el libro 30 años . Historia de la Seguridad del Estado. Las reglas del Juego.  ¨Plácido ¨ fue  localizado por la tiranía Castrista en 1964 por indiscreciones  y la poca experiencia de algunos integrantes de esa red a la hora de reclutar a nuevos agentes  lo cual propició la infiltración  de agentes del Departamento de Seguridad del Estado. Mucha más información sobre el FUO puede leerse en el libro Cuba: Las Garras de los Cuervos Verdes de la expresa política Emelina Núñez Gil, quien una noche estando presa fuera violada a los 16 años por  5 oficiales de la Seguridad del Estado (entre ellos el entonces Capitán Orlando) cuando dicho departamento radicaba en la calle Máximo Gómez donde se ubicaría años después  la Delegación Provincial del Ministerio de la Construcción. ¨Plácido¨ al ser cercado por por las fuerzas del DSE se suicidó pero antes destruyó la documentación que tenía en su poder. Comentario del Bloguista de Baracutey Cubano).

(Emelina Núñez Gil  cuando tenñia 15 ó 16 años)

 La misión del equipo era establecer una red que se pudiera usar para recopilar información y, si fuese necesario, fomentar la contrarrevolución contra el régimen de Castro. Deshacerse de Castro era una gran prioridad para la administración del presidente John F. Kennedy y la CIA. Hewitt sabía que esta era una misión importante, pero no podía imaginar que su equipo pronto desempeñaría un papel vital en la prevención del Armagedón nuclear.


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Cuando los soviéticos introdujeron de forma secreta misiles balísticos de alcance medio e intermedio en Cuba en el verano de 1962, se desencadenó una cadena de eventos que casi llevaron a una guerra nuclear. Se han escrito muchos libros y miles de artículos sobre la crisis de los misiles en Cuba, pero el nombre de Tom Hewitt no aparece en ninguno de ellos. Las fotos de las bases donde se encontraban los misiles que tomó el avión espía U-2 en octubre de ese año casi siempre se presentan como el avance clave de la inteligencia que dio a los Estados Unidos una ventaja inestimable durante el enfrentamiento nuclear. Si buscas en Google “Tom Hewitt, la CIA y la crisis de los misiles cubanos” encontrarás solo una referencia en un libro de uno de sus antiguos jefes de la CIA que menciona su papel en el equipo de “vigilancia vial” durante la guerra secreta de Estados Unidos en Laos, un trabajo que desempeñó después.





 

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De los archivos:

Las armas nucleares que los soviéticos dejaron en Cuba





Castro presionó a Moscú para que en la isla permanecieran casi 100 cabezas nucleares tácticas sobre las que EEUU no tenía conocimiento
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Por Juan O. Tamayo
jtamayo@elnuevoherald.com

La Crisis de los Misiles finalizó el 28 de octubre de 1962, con la promesa del líder soviético Nikita Kruschov de retirar sus armas nucleares estratégicas de la isla. Pero, sin que Washington lo supiera, casi 100 cabezas nucleares soviéticas más pequeñas estaban también en Cuba. Y Fidel Castro luchó desesperadamente por mantenerlas en su poder.

En caso de que Castro hubiera logrado su cometido, Cuba se hubiera convertido en una potencia nuclear. Y si el presidente John F. Kennedy hubiera sabido que Kruschov le mintió el 28 de octubre, posiblemente hubiera ordenado una invasión estadounidense a la isla.

Pero el viceprimer ministro soviético Anastas Mikoyan, al sentir que al “impulsivo” Castro no podía confiársele arma nuclear alguna, las sacó de Cuba después de decirle que la ley soviética no permitía la transferencia de armas nucleares a otros países.

“Es una pena. ¿Y cuándo van a revocar esa ley?” le preguntó Castro a Mikoyan durante una tensa reunión celebrada el 22 de noviembre de 1962, de acuerdo con un nuevo libro por Sergo Mikoyan, hijo del diplomático soviético, y la investigadora Svetlana Savranskaya.

En total en Cuba había 80 cabezas nucleares para misiles cruceros FKR-1 y 12 más para misiles Luna, ambos de corto alcance, más seis bombas nucleares para los bombarderos de alcance intermedio IL-28.

Han pasado 50 años desde la crisis de los misiles, del 16 al 28 de octubre de 1962, cuando el mundo estuvo más cerca que nunca de una guerra nuclear y casi se volvieron realidad términos escalofriantes como “Armagedón nuclear” y “destrucción mutua asegurada”.

Las investigaciones en años recientes han mostrado que la crisis tuvo un mayor impacto alrededor del mundo de lo que se sabía anteriormente, afirmó James Hershberg, editor de la serie de libros publicados por el Proyecto de Historia Internacional de la Guerra Fría del Centro Woodrow Wilson, en Washington D.C.

Por ejemplo, las concesiones de Moscú a Kennedy empujaron a Corea del Norte a buscar sus propias armas nucleares, según mostró un estudio. Otro alegó que hizo que Vietnam del Norte acelerara su campaña armada contra el Sur.

Pero el libro de Sergo Mikoyan, La crisis soviético cubana de los misiles se enfoca en la crisis en La Habana en noviembre de 1962, cuando su padre se las veía con Castro para terminar de limpiar los cabos sueltos de la llamada Crisis de los Misiles, también conocida como Crisis de Octubre.

“El titular aquí es lo cerca que estuvo Cuba de convertirse en una potencia nuclear”, declaró Hershberg, cuya serie de libros incluye la obra de Mikoyan.

El libro contiene 50 documentos de los archivos del gobierno soviético y la familia Mikoyan, incluyendo transcripciones de las conversaciones entre Mikoyan y Castro. Sergo Mikoyan murió en el 2010 y Savranskaya, una investigadora del Archivo de Seguridad Nacional de la Universidad George Washington, completó la publicación.

La historia esencialmente comienza después de que Kruschov le dijo a Kennedy el 28 de octubre que retiraría de Cuba las “armas que usted llama ofensivas”, refiriéndose a los misiles soviéticos R-14 y R-12 con cabezas nucleares y rangos de hasta 1,550 millas, y los aviones IL-28.

Lo que Kruschov no reveló fue que 98 cabezas nucleares tácticas también habían sido desplegadas en Cuba para los misiles FKR-1 y Luna, ambos destinados a la defensa costera y desplegados esencialmente para defender a la isla de una posible invasión armada estadounidense.

Más aún, el acuerdo oral soviético-cubano del verano de 1962 para el despliegue de las armas nucleares en la isla caribeña incluyó una promesa de que las tropas cubanas tomarían el control de las armas nucleares tácticas después de recibir entrenamiento.

Así que en los primeros días de noviembre, Kruschov envió a Mikoyan —el número dos en la jerarquía soviética, su principal mediador en el extranjero y un amigo de Castro desde 1960— a La Habana para una misión de varias facetas que duraría tres semanas:

Por un lado, Mikoyan debía asegurarle a Castro que Kennedy había prometido que no invadiría Cuba y calmar su enojo debido a que Moscú no lo consultó en sus negociaciones con Washington. Pero, además, el diplomático debía presionarlo para que aceptara inspecciones para confirmar la retirada de las armas estratégicas; urgirlo a no disparar a los aviones espías de Estados Unidos que sobrevolaban la isla y arreglar el tema de las cabezas tácticas.

Castro realmente echaba chispas. La retirada de los misiles lo iba a dejar sin ninguna verdadera arma de disuasión contra un ataque estadounidense, justo 18 meses después de la fracasada invasión de Bahía de Cochinos y en medio de al menos un complot confirmado de la CIA para asesinarlo.

El embajador soviético en La Habana informó que nunca había visto al líder cubano “tan consternado y furioso”. Y cuando Mikoyan presionó demasiado en un punto, Castro replicó: “¿Qué creen que somos? ¿Un cero a la izquierda? ¿Un trapo sucio?”

Inicialmente, Mikoyan y las fuerzas armadas soviéticas estaban a favor de permitir que Castro quedase en control de las armas nucleares tácticas para defenderse en caso de ataque, según su hijo.

Pero el 27 de octubre, Castro le envió un telegrama a Kruschov prácticamente urgiéndolo a un ataque nuclear preventivo sobre objetivos estadounidenses. El 19 de noviembre, le ordenó a su embajador en la ONU, Carlos Lechuga, que anunciara que las cabezas nucleares tácticas estaban en Cuba. A esa orden se le dio pronto marcha atrás.

“Mikoyan comprendió entonces que la cola cubana era totalmente capaz de menear al perro soviético”, escribió Savranskaya en un epílogo al libro. “Lo que le quedó claro a Mikoyan … es que los soviéticos no podían realmente controlar a su aliado cubano”.

El tema de las cabezas nucleares tácticas fue tratado en la noche del 22 de noviembre, cuando Mikoyan se reunió por más de tres horas con Castro, Ernesto “Che” Guevara y otros tres altos funcionarios del gobierno cubano en La Habana.

“¿Es verdad que todas las armas nucleares tácticas ya se sacaron?”, le preguntó Castro a Mikoyan según las notas de la reunión tomadas por la delegación soviética. Mikoyan respondió que Moscú “no ha hecho ninguna promesa con respecto a sacar” las armas tácticas. “Los estadounidenses no tienen información alguna de que están en Cuba”.

Castro presionó. “¿Entonces las armas están aquí? ¿Y no se dieron seguridades con respecto a su retirada?”. Mikoyan replicó: “No sobre las armas”. Castro agregó: “Por lo tanto, entonces las armas están aquí”.

Posteriormente, de acuerdo con las notas, Castro volvió al tema de las armas tácticas al preguntar “¿Transfiere la Unión Soviética armas nucleares a otros países?”

Mikoyan replicó que hay “una ley que prohíbe la transferencia de cualquier arma nuclear, incluyendo las tácticas, a cualquiera. Nunca las hemos transferido a nadie, y no pretendemos transferirlas”.

Castro insistió: “¿Sería posible dejar las armas nucleares tácticas en Cuba en manos soviéticas, sin transferirlas a los cubanos? Mikoyan respondió que no, porque las 42,000 tropas soviéticas en Cuba son técnicamente sólo “asesores”.

Minutos después Castro regresó otra vez a las armas nucleares tácticas: “¿Así que ustedes tienen una ley que prohíbe la transferencia de armas nucleares tácticas a otros países? Es una pena. ¿Y cuándo van a revocar la ley”, preguntó Castro de acuerdo con las notas.

Mikoyan esquivó la pregunta. “Veremos”, afirmó.

Sergo Mikoyan, quien acompañó a su padre durante los primeros días de la misión a Cuba, escribió en el libro que no está claro si tal ley en realidad existía. Quizás era una política secreta del liderazgo soviético, quizás una mentira conveniente.

El libro también alega que Kruschov y los otros “viejos” que gobernaban en el Kremlin a comienzos de la década de 1960 vieron en Cuba esencialmente a una revolución socialista joven y viril que necesitaba el apoyo de Moscú.

El también “romántico” Kruschov envió armas nucleares para defender a La Habana de los ataques de Washington y no se dio cuenta por completo de los riesgos, según el libro. Las fuerzas armadas de Moscú fueron más pragmáticas, y el despliegue en Cuba duplicó el número de misiles soviéticos que podían llegar a territorio de Estados Unidos.

Pero en el momento en que Mikoyan terminó su misión en La Habana, destaca el libro, Moscú veía a los dirigentes cubanos como “personas impetuosas que preparaban a su país a morir en el fuego de un enfrentamiento nuclear con Estados Unidos en nombre del socialismo mundial”.

Publicado conjuntamente por Woodrow Wilson Press y Stanford University Press, el libro se basa parcialmente en la obra en ruso de Sergo Mikoyan, Anatomía de la Crisis Cubana de los Misiles, publicada en el 2006.

Ashkhen Lazaranova, la esposa de Mikoyan durante 43 años, murió durante los primeros días de su misión de tres semanas a La Habana, pero el diplomático se quedó en la isla caribeña hasta que completó su tarea y partió el 26 de noviembre. Mikoyan murió en 1978 a la edad de 82 años de causas naturales.

Sergo Mikoyan, quien sirvió como secretario personal de su padre, fue uno de los principales especialistas de Moscú en América Latina y sirvió como editor de la revista América Latina, publicada por la Academia Soviética de Ciencias.

El gobierno estadounidense sabía de la presencia de los misiles Luna en Cuba y sospechaba de la presencia de cabezas nucleares, pero no sabía de las muchas otras armas nucleares tácticas hasta una conferencia realizada en La Habana en 1992, en el 30 aniversario de la Crisis de los Misiles, a la que asistieron delegaciones de Estados Unidos, Cuba y la ex Unión Soviética.

Sergo Mikoyan afirmó en el libro que todas las cabezas nucleares tácticas salieron de Cuba el 1ro. de diciembre de 1962 en el barco de carga Arkhangelsk y llegaron el 20 de diciembre al puerto soviético de Severomorsk.
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 Fotos y comentarios agregados  por el Bloguista de Baracutey Cubano

Fotos del libro One Hell of a Gamble,   de Aleksandr Fursenko y Timothy Naftali


¨Moscú es nuestro cerebro y nuestro Gran Líder¨

Palabras de Fidel Castro escritas en carta de Noviembre de 1960; carta encontrada por los autores del libro en los archivos del Buró Político del PCUS en la extinta URSS

Ningún  Presidente de  Cuba del período republicano entre 1902-1958, dió tanta muestra de sumisión y falta de independencia. En el prólogo a la Constitución  Socialista de la República de  Cuba de 1976 se muestran elementos compatibles con esa declaración, pero  al ser la Constitución un documento público, se fue más discreto.

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Bases Militares soviéticas en Cuba vinculadas a la Crisis de los Misiles


Lugar cerca de la población de Bejucal donde se almacenaron ojivas nucleares

Mayor General Igor D. Statsenko, jefe de una de las base de cohetes balísticos de mediano alcance. Foto en Cuba, Octubre 1962

Cuba. Oficiales soviéticos en una base militar de cohetes 

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Tomado de http://www.latinamericanstudies.org/

Junio 22, 2002

CARTA DE FIDEL CASTRO A NIKITA S. KHRUSHCHEV PIDIENDO QUE LA URSS DIERA EL PRIMER GOLPE NUCLEAR 

La Habana
Octubre 25, 1962
University of Massachusetts at Boston
PBS
George Washington University
Texto Integro
La Nueva Cuba


La Habana, Octubre 25, 1962

Querido Camarada Krushchev:

Partiendo de un análisis de la situación y de los reportes en nuestra posesión considero que la agresión es casi inminente dentro de las próximas 24 a 72 horas.

Existen dos posibles escenarios: el primero y más probable es un ataque contra ciertos puntos con el limitado objetivo de eliminarlos; el segundo, menos probable aunque posible, es el de una invasión. Yo entiendo que esta variante demandaría el tener que involucrar un gran contingente de fuerzas y es en adición la más repulsiva forma de agresión, lo que podría ser razón que se abstuviesen de hacerlo.

Puede usted estar seguro de que de una manera firme y resoluta resistiremos el ataque no importa su naturaleza.

La moral del pueblo cubano está muy alta y el agresor será confrontado heroicamente.

En este momento quiero hacerle partícipe de mi opinión personal.

Si el segundo escenario es implementado y los imperialistas invaden a Cuba con el objetivo de ocuparla, el peligro que esa política agresiva representa para la humanidad es tan grande que tras tener lugar ese hecho la Unión Soviética no debe nunca permitir circunstancia alguna en que los imperialistas puedan ser los primeros en lanzar un ataque nuclear contra ella.

Le manifiesto lo anterior porque yo creo que la agresividad de los imperialistas es extremadamente peligrosa y que si ellos de hecho llevan a cabo el acto brutal de invadir a Cuba en violación de la ley y la moral internacional, ese sería el momento para eliminar tal peligro de una vez y para siempre a través de un acto de legítima defensa, y aunque se trataría de una solución dura y terrible no hay otra alternativa.

Ha influenciado en mi opinión el ver con cuánta agresividad esta política se está desarrollando. En ver como los imperialistas sin guardar consideración alguna por la opinión pública e ignorando los principios y la ley bloquean los mares, violan nuestro espacio aéreo y prepara una invasión mientras que al mismo tiempo frustran cada posibilidad de conversaciones aun cuando están bien conscientes de la seriedad del problema.

Usted ha sido y continúa siendo un incansable defensor de la paz y comprendo cuán amarga esta hora debe ser cuando el resultado de sus esfuerzos sobrehumanos es tan seriamente amenazado. Sin embargo, hasta el último momento mantendremos la esperanza de que la paz sea salvaguardada y estamos en la disposición de contribuir a ello tanto como podamos. Pero al mismo tiempo estamos listos para confrontar con serenidad una situación que consideramos bien real y bien inminente.

Una vez más le participo la infinita gratitud y reconocimiento de nuestro pueblo al pueblo soviético que ha sido tan generoso y fraternal con nosotros, así com nuestra profunda gratitud y admiración por ustedes en esta gigantesca tarea y la seria responsabilidad delante de ustedes.

Fraternalmente


Fidel Castro

***********De los archivos:

Las armas nucleares que los soviéticos dejaron en Cuba





Castro presionó a Moscú para que en la isla permanecieran casi 100 cabezas nucleares tácticas sobre las que EEUU no tenía conocimiento
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Por Juan O. Tamayo
jtamayo@elnuevoherald.com

La Crisis de los Misiles finalizó el 28 de octubre de 1962, con la promesa del líder soviético Nikita Kruschov de retirar sus armas nucleares estratégicas de la isla. Pero, sin que Washington lo supiera, casi 100 cabezas nucleares soviéticas más pequeñas estaban también en Cuba. Y Fidel Castro luchó desesperadamente por mantenerlas en su poder.

En caso de que Castro hubiera logrado su cometido, Cuba se hubiera convertido en una potencia nuclear. Y si el presidente John F. Kennedy hubiera sabido que Kruschov le mintió el 28 de octubre, posiblemente hubiera ordenado una invasión estadounidense a la isla.

Pero el viceprimer ministro soviético Anastas Mikoyan, al sentir que al “impulsivo” Castro no podía confiársele arma nuclear alguna, las sacó de Cuba después de decirle que la ley soviética no permitía la transferencia de armas nucleares a otros países.

“Es una pena. ¿Y cuándo van a revocar esa ley?” le preguntó Castro a Mikoyan durante una tensa reunión celebrada el 22 de noviembre de 1962, de acuerdo con un nuevo libro por Sergo Mikoyan, hijo del diplomático soviético, y la investigadora Svetlana Savranskaya.

En total en Cuba había 80 cabezas nucleares para misiles cruceros FKR-1 y 12 más para misiles Luna, ambos de corto alcance, más seis bombas nucleares para los bombarderos de alcance intermedio IL-28.

Han pasado 50 años desde la crisis de los misiles, del 16 al 28 de octubre de 1962, cuando el mundo estuvo más cerca que nunca de una guerra nuclear y casi se volvieron realidad términos escalofriantes como “Armagedón nuclear” y “destrucción mutua asegurada”.

Las investigaciones en años recientes han mostrado que la crisis tuvo un mayor impacto alrededor del mundo de lo que se sabía anteriormente, afirmó James Hershberg, editor de la serie de libros publicados por el Proyecto de Historia Internacional de la Guerra Fría del Centro Woodrow Wilson, en Washington D.C.

Por ejemplo, las concesiones de Moscú a Kennedy empujaron a Corea del Norte a buscar sus propias armas nucleares, según mostró un estudio. Otro alegó que hizo que Vietnam del Norte acelerara su campaña armada contra el Sur.

Pero el libro de Sergo Mikoyan, La crisis soviético cubana de los misiles se enfoca en la crisis en La Habana en noviembre de 1962, cuando su padre se las veía con Castro para terminar de limpiar los cabos sueltos de la llamada Crisis de los Misiles, también conocida como Crisis de Octubre.

“El titular aquí es lo cerca que estuvo Cuba de convertirse en una potencia nuclear”, declaró Hershberg, cuya serie de libros incluye la obra de Mikoyan.

El libro contiene 50 documentos de los archivos del gobierno soviético y la familia Mikoyan, incluyendo transcripciones de las conversaciones entre Mikoyan y Castro. Sergo Mikoyan murió en el 2010 y Savranskaya, una investigadora del Archivo de Seguridad Nacional de la Universidad George Washington, completó la publicación.

La historia esencialmente comienza después de que Kruschov le dijo a Kennedy el 28 de octubre que retiraría de Cuba las “armas que usted llama ofensivas”, refiriéndose a los misiles soviéticos R-14 y R-12 con cabezas nucleares y rangos de hasta 1,550 millas, y los aviones IL-28.

Lo que Kruschov no reveló fue que 98 cabezas nucleares tácticas también habían sido desplegadas en Cuba para los misiles FKR-1 y Luna, ambos destinados a la defensa costera y desplegados esencialmente para defender a la isla de una posible invasión armada estadounidense.

Más aún, el acuerdo oral soviético-cubano del verano de 1962 para el despliegue de las armas nucleares en la isla caribeña incluyó una promesa de que las tropas cubanas tomarían el control de las armas nucleares tácticas después de recibir entrenamiento.

Así que en los primeros días de noviembre, Kruschov envió a Mikoyan —el número dos en la jerarquía soviética, su principal mediador en el extranjero y un amigo de Castro desde 1960— a La Habana para una misión de varias facetas que duraría tres semanas:

Por un lado, Mikoyan debía asegurarle a Castro que Kennedy había prometido que no invadiría Cuba y calmar su enojo debido a que Moscú no lo consultó en sus negociaciones con Washington. Pero, además, el diplomático debía presionarlo para que aceptara inspecciones para confirmar la retirada de las armas estratégicas; urgirlo a no disparar a los aviones espías de Estados Unidos que sobrevolaban la isla y arreglar el tema de las cabezas tácticas.

Castro realmente echaba chispas. La retirada de los misiles lo iba a dejar sin ninguna verdadera arma de disuasión contra un ataque estadounidense, justo 18 meses después de la fracasada invasión de Bahía de Cochinos y en medio de al menos un complot confirmado de la CIA para asesinarlo.

El embajador soviético en La Habana informó que nunca había visto al líder cubano “tan consternado y furioso”. Y cuando Mikoyan presionó demasiado en un punto, Castro replicó: “¿Qué creen que somos? ¿Un cero a la izquierda? ¿Un trapo sucio?”

Inicialmente, Mikoyan y las fuerzas armadas soviéticas estaban a favor de permitir que Castro quedase en control de las armas nucleares tácticas para defenderse en caso de ataque, según su hijo.

Pero el 27 de octubre, Castro le envió un telegrama a Kruschov prácticamente urgiéndolo a un ataque nuclear preventivo sobre objetivos estadounidenses. El 19 de noviembre, le ordenó a su embajador en la ONU, Carlos Lechuga, que anunciara que las cabezas nucleares tácticas estaban en Cuba. A esa orden se le dio pronto marcha atrás.

“Mikoyan comprendió entonces que la cola cubana era totalmente capaz de menear al perro soviético”, escribió Savranskaya en un epílogo al libro. “Lo que le quedó claro a Mikoyan … es que los soviéticos no podían realmente controlar a su aliado cubano”.

El tema de las cabezas nucleares tácticas fue tratado en la noche del 22 de noviembre, cuando Mikoyan se reunió por más de tres horas con Castro, Ernesto “Che” Guevara y otros tres altos funcionarios del gobierno cubano en La Habana.

“¿Es verdad que todas las armas nucleares tácticas ya se sacaron?”, le preguntó Castro a Mikoyan según las notas de la reunión tomadas por la delegación soviética. Mikoyan respondió que Moscú “no ha hecho ninguna promesa con respecto a sacar” las armas tácticas. “Los estadounidenses no tienen información alguna de que están en Cuba”.

Castro presionó. “¿Entonces las armas están aquí? ¿Y no se dieron seguridades con respecto a su retirada?”. Mikoyan replicó: “No sobre las armas”. Castro agregó: “Por lo tanto, entonces las armas están aquí”.

Posteriormente, de acuerdo con las notas, Castro volvió al tema de las armas tácticas al preguntar “¿Transfiere la Unión Soviética armas nucleares a otros países?”

Mikoyan replicó que hay “una ley que prohíbe la transferencia de cualquier arma nuclear, incluyendo las tácticas, a cualquiera. Nunca las hemos transferido a nadie, y no pretendemos transferirlas”.

Castro insistió: “¿Sería posible dejar las armas nucleares tácticas en Cuba en manos soviéticas, sin transferirlas a los cubanos? Mikoyan respondió que no, porque las 42,000 tropas soviéticas en Cuba son técnicamente sólo “asesores”.

Minutos después Castro regresó otra vez a las armas nucleares tácticas: “¿Así que ustedes tienen una ley que prohíbe la transferencia de armas nucleares tácticas a otros países? Es una pena. ¿Y cuándo van a revocar la ley”, preguntó Castro de acuerdo con las notas.

Mikoyan esquivó la pregunta. “Veremos”, afirmó.

Sergo Mikoyan, quien acompañó a su padre durante los primeros días de la misión a Cuba, escribió en el libro que no está claro si tal ley en realidad existía. Quizás era una política secreta del liderazgo soviético, quizás una mentira conveniente.

El libro también alega que Kruschov y los otros “viejos” que gobernaban en el Kremlin a comienzos de la década de 1960 vieron en Cuba esencialmente a una revolución socialista joven y viril que necesitaba el apoyo de Moscú.

El también “romántico” Kruschov envió armas nucleares para defender a La Habana de los ataques de Washington y no se dio cuenta por completo de los riesgos, según el libro. Las fuerzas armadas de Moscú fueron más pragmáticas, y el despliegue en Cuba duplicó el número de misiles soviéticos que podían llegar a territorio de Estados Unidos.

Pero en el momento en que Mikoyan terminó su misión en La Habana, destaca el libro, Moscú veía a los dirigentes cubanos como “personas impetuosas que preparaban a su país a morir en el fuego de un enfrentamiento nuclear con Estados Unidos en nombre del socialismo mundial”.

Publicado conjuntamente por Woodrow Wilson Press y Stanford University Press, el libro se basa parcialmente en la obra en ruso de Sergo Mikoyan, Anatomía de la Crisis Cubana de los Misiles, publicada en el 2006.

Ashkhen Lazaranova, la esposa de Mikoyan durante 43 años, murió durante los primeros días de su misión de tres semanas a La Habana, pero el diplomático se quedó en la isla caribeña hasta que completó su tarea y partió el 26 de noviembre. Mikoyan murió en 1978 a la edad de 82 años de causas naturales.

Sergo Mikoyan, quien sirvió como secretario personal de su padre, fue uno de los principales especialistas de Moscú en América Latina y sirvió como editor de la revista América Latina, publicada por la Academia Soviética de Ciencias.

El gobierno estadounidense sabía de la presencia de los misiles Luna en Cuba y sospechaba de la presencia de cabezas nucleares, pero no sabía de las muchas otras armas nucleares tácticas hasta una conferencia realizada en La Habana en 1992, en el 30 aniversario de la Crisis de los Misiles, a la que asistieron delegaciones de Estados Unidos, Cuba y la ex Unión Soviética.

Sergo Mikoyan afirmó en el libro que todas las cabezas nucleares tácticas salieron de Cuba el 1ro. de diciembre de 1962 en el barco de carga Arkhangelsk y llegaron el 20 de diciembre al puerto soviético de Severomorsk.
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 Fotos y comentarios agregados  por el Bloguista de Baracutey Cubano

Fotos del libro One Hell of a Gamble,   de Aleksandr Fursenko y Timothy Naftali


¨Moscú es nuestro cerebro y nuestro Gran Líder¨

Palabras de Fidel Castro escritas en carta de Noviembre de 1960; carta encontrada por los autores del libro en los archivos del Buró Político del PCUS en la extinta URSS

Ningún  Presidente de  Cuba del período republicano entre 1902-1958, dió tanta muestra de sumisión y falta de independencia. En el prólogo a la Constitución  Socialista de la República de  Cuba de 1976 se muestran elementos compatibles con esa declaración, pero  al ser la Constitución un documento público, se fue más discreto.

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Bases Militares soviéticas en Cuba vinculadas a la Crisis de los Misiles


Lugar cerca de la población de Bejucal donde se almacenaron ojivas nucleares

Mayor General Igor D. Statsenko, jefe de una de las base de cohetes balísticos de mediano alcance. Foto en Cuba, Octubre 1962

Cuba. Oficiales soviéticos en una base militar de cohetes 

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En el artículo no se dice,  pero la persona de esta foto se parece  mucho a Esteban Márquez Novo ¨Plácido¨, quien fue  el gran organizador y Jefe de una de las mayores conspiraciones en contra del Castrismo: el FUO (Frente Unido Occidental) que  se extendía por Pinar del Río, La Habana y Isla de Pinos y tenía 517 integrantes, según el libro 30 años . Historia de la Seguridad del Estado. Las reglas del Juego. 

(Emelina Núñez Gil  cuando tenía 15 ó 16 años)

Plácido fue  localizado por la tiranía Castrista en 1964 por indiscreciones  y la poca experiencia de algunos integrantes de esa red a la hora de reclutar a nuevos agentes  lo cual propició la infiltración  de agentes del Departamento de Seguridad del Estado.

Mucha más  información sobre el FUO puede leerse en el libro Cuba: Las Garras de los Cuervos Verdes de la expresa política Emelina Núñez Gil, quien una noche estando presa fuera violada a los 16 años por  5 oficiales de la Seguridad del Estado (entre ellos el entonces Capitán Orlando) cuando dicho departamento radicaba en la calle Máximo Gómez donde se ubicaría años después  la Delegación Provincial del Ministerio de la Construcción. 

¨Plácido¨ al ser cercado por por las fuerzas del DSE se suicidó pero antes destruyó la documentación que tenía en su poder. Comentario del Bloguista de Baracutey Cubano).

La misión del equipo era establecer una red que se pudiera usar para recopilar información y, si fuese necesario, fomentar la contrarrevolución contra el régimen de Castro. Deshacerse de Castro era una gran prioridad para la administración del presidente John F. Kennedy y la CIA. Hewitt sabía que esta era una misión importante, pero no podía imaginar que su equipo pronto desempeñaría un papel vital en la prevención del Armagedón nuclear.



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