El ruso Aleksandr Solzhenitsyn Premio Nobel de Literatura no estaba de acuerdo en llamarle DICTADURA al régimen impuesto por Francisco Franco en España
Tomado de https://www.facebook.com/
PERO NO ERAN LOS SOCIALISTAS Y COMUNISTAS LOS AMANTES DE LAS LIBERTADES???
El 20 de marzo de 1976, cuatro meses después de la muerte de Franco, el periodista José María Íñigo, entrevistó para el programa «Directísimo» en TVE al premio Nobel ruso Aleksandr Solzhenitsyn.
Según contó el mítico presentador, el escritor ruso no cobró por su intervención, únicamente pidió ir a una corrida de toros.
En la entrevista se sorprendió de que la izquierda española colocara a la dictadura de Franco en el mismo lugar que el régimen de terror que se vivía en la URSS. He aquí algunas de sus declaraciones.
- "Vuestros círculos progresistas se complacen en llamar al régimen existente de Franco «dictadura». Yo, en cambio, llevo diez días viajando por España, desplazándome de riguroso incógnito. Observo cómo vive la gente, lo miro con mis propios ojos asombrados y pregunto: ¿saben ustedes lo que quiere decir esta palabra, conocen ustedes lo que se esconde tras este término?
Voy a proponerles algunos ejemplos.
Un español cualquiera no está vinculado a un lugar determinado, a una ciudad o a un pueblo donde tiene forzosamente que residir. Puede desplazarse de un lugar a otro según le plazca. Nuestro ciudadano soviético, en cambio, no lo puede hacer: estamos encadenados a nuestro lugar de residencia por la famosa propiska, el visado de la policía.
Las autoridades locales deciden si puedo cambiar de residencia o no. Estoy totalmente en sus manos, pueden hacer conmigo lo que quieran.
Luego me entero de que los españoles pueden salir libremente de su país. En la Unión Soviética esto no existe. Desde hace poco, bajo la presión de la opinión pública mundial, y especialmente de los Estados Unidos, se está dejando salir a una pequeña parte de los judíos. Pero la otra parte y todos los demás pueblos que habitan la URSS están privados de este derecho.
Nos encontramos en nuestro propio país como en una cárcel.
Paseo por Madrid, o por otras ciudades españolas, de las cuales he visitado doce, y veo que en los quioscos se venden los principales periódicos europeos. En cambio, si en mi país apareciera un periódico extranjero a la venta, se alargarían diez manos para agarrarlo.
Veo, otro ejemplo, que aquí funcionan libremente las fotocopiadoras, cualquiera por cinco pesetas puede sacar libremente una fotocopia. En nuestro país tal cosa no sólo está prohibida, sino que es delito: toda persona que utilice una copiadora para fines particulares y no para el Estado, para la Administración, será condenado por actividades contrarrevolucionarias.
En su país, puede que con algunas limitaciones, están autorizadas y tienen lugar algunas huelgas. En nuestro país, en sesenta años jamás fue autorizada una sola huelga. En los primeros años del régimen, los huelguistas cayeron bajo ráfagas de ametralladora, o fueron encarcelados como contrarrevolucionarios, aunque sólo exigían mejoras de carácter económico.
Hoy día, ya a nadie se le pasa por la cabeza, la idea de organizar una huelga. Más todavía: publiqué un día en la revista Novi Mir una narración, Por el bien de la causa. En ella, un personaje, un estudiante, pronunciaba la frase «Vamos a hacer huelga». Pues bien, antes de que la narración pasara la censura, ya la propia mesa de redacción de la revista eliminó la palabra «huelga». La palabra «huelga» está prohibida en mi país
No, vuestros progresistas pueden usar la palabra que quieran, pero «dictadura» no. ¡Si nosotros tuviéramos las libertades que tienen ustedes, nos quedaríamos boquiabiertos, exclamaríamos que es algo nunca visto!
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DE LOS ARCHIVOS DEL BLOG BARACUTEY CUBANO
El fraude electoral de 1936 que hace que el Consejo Popular se apropie del Poder y con sus sangrientas acciones provocara la Guerra Civil Española:
Especial Tiempos Modernos | El Terror Rojo en la Guerra Civil
¿REALMENTE ERAN LUCHADORES POR LA LIBERTAD LOS FUSILADOS EN LA ESPAÑA DE LA POSGUERRA? ¿O ERAN VULGARES ASESINOS?
Por Pío Moa
El Correo de Madrid
17 de swptiembre de 2018
A través de los medios basura, el gobiernos de D. Pedro Saunas Tesis, hombre de honor y dignidad, según nos informa él mismo, está montando una gran campaña sobre las “víctimas del franquismo”, en especial los fusilados después de la guerra. Pero ¿por qué fueron fusilados? Según ellos, por ser honrados republicanos que se limitaban a “pensar diferente” de Franco. Así que vamos por partes. ¿Qué pensaban aquellas víctimas? Como seguidores del Frente Popular “pensaban” que en España debía imponerse un régimen totalitario, y que si en el proceso la nación se dividía en varios estados, pues tampoco pasaba nada o era incluso deseable. Pero tampoco es cierto que fueran fusilados por eso. Casi todos lo fueron después de juicios, en los que no se alegaban sus “modos de pensar”, sino crímenes concretos y a menudo espeluznantes, torturas, etc. Todo lo cual sabemos que se produjo con mucha abundancia en la zona del Frente popular. Por eso los actuales totalitarios de la “memoria histórica” quieren invalidar todos los juicios. Así, todos son simplemente “víctimas del franquismo”, con los cuales se identifican y solidarizan evidentemente los políticos del PSOE . Los políticos de los ERE, las cajas de ahorros, el rescate de la ETA, el apoyo a los separatistas, los másteres, las saunas y demás. Y más en general los este tercer frente popular que amenaza al país.El número de fusilados de posguerra va a resultar finalmente que ascendió a unos 12.000, conmutándose otras tantas sentencias a cadena perpetua… que no solía pasar de los seis años. Sin duda cayeron algunos inocentes entre los capturados, dada la emocionalidad de los tiempos, pero lo normal fue lo contrario. Ahora bien, ¿por qué cayeron en manos de los vencedores tantos criminales? Aquí está la clave de todo. Cuando la derrota se hizo inminente, en Cataluña y luego en el centro, los jefes del PSOE, que habían organizado las chekas y una represión realmente sádica, huyeron al exterior sin preocuparse de los sicarios que dejaban atrás. En Cataluña, obligaron a marchar con ellos a una masa de población que en cuanto pudo se volvió de Francia a España (en el mismo año 1939 habían vuelto más de dos tercios de los 400.000-500.000 que pasaron la frontera), pero muchos complicados en crímenes fueron dejados atrás en la apresurada fuga. Y en el centro ocurrió lo mismo en mayor medida. Cualquier dirigente responsable se preocupar de salvar en primer lugar, o al menos en segundo lugar, a los que han cumplido sus órdenes criminales y que se exponen a lo peor si los captura el enemigo.
Pero los dirigentes del PSOE pensaban de otro modo. No solo se habían preocupado de organizar aquellas terroríficas chekas, sino además de organizar el robo sistemático de todo tipo de bienes, particulares de los bancos, alhajas de los montes de piedad, pertenecientes al patrimonio histórico-artístico, etc. Este gigantesco expolio, acompañado de destrucciones, no lo organizaron en el último momento, sino desde poco después de recomenzada la guerra. Negrín, su principal organizador y uno de los grandes líderes históricos del PSOE, se jactaba abiertamente de aquellas medidas. Todo esto lo he explicado de modo suficiente en Los mitos de la Guerra Civil, con datos procedentes del propio PSOE y nunca rebatidos. Por lo tanto, si hemos de hablar de víctimas, hay que adjudicar la autoría, en primer lugar, a los jefes del PSOE, que se fueron con sus tesoros sin preocuparse de sus sicarios. Y a los jefes del resto del Frente Popular, pero muy especialmente de este partido y gobierno actual, que no han aprendido nada de la historia y no cesan de instrumentar y subvencionar campañas de odio y mentiras, al paso que pretenden ultrajar los restos del hombre que libró al país de ellos.
Y digamos, para concluir, que el PSOE, tan activo durante la guerra y antes en organizar terrorismo, violencias diversas y golpes de estado, no hizo durante el franquismo oposición alguna significativa al régimen. Los comunistas sí la hicieron, arriesgándose seriamente a menudo. El valor que le faltó entonces a los socialistas lo “demuestran” cuarenta años después tratando de profanar la tumba de Franco y aplastar las libertades básicas de la democracia. He dicho en tuíter que alguien que hace política en ese partido o es un completo cínico con rasgos de delincuente o es un completo ignorante de su historia. Y la ignorancia a estas alturas no es de recibo. Y ya está bien. Hay que parar estas canalladas que amenazan la convivencia social y la estabilidad de la propia nación.
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«Hace 80 años, trece mujeres fueron fusiladas en Madrid por defender la democracia y la libertad. Que los nombres de las 13 Rosas nunca se borren de la Historia» , escribió el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, el lunes en su perfil de Twitter. Un homenaje al que se sumaron la vicepresidenta Carmen Calvo y Josep Borrell. «Olvidarlas sería su segunda muerte», añadió el ministro de Exteriores.
(La motorizada de Indalecio Prieto. Uno de los cuerpos represivos que sembraban el terror. Fotos y comentarios añadidos por el Bloguista de Baracutey Cubano)Pero vayamos un poco antes de ese descomunal fraude
Según sl manifiesto fundacional de la Agrupación al Servicio de la República (ASR), el cual fue publicado en el periódico madrileño El Sol el 10 de febrero de 1931, dicha asociación fue un movimiento político español creado por José Ortega y Gasset, Gregorio Marañón y Ramón Pérez de Ayala con vistas a «movilizar a todos los españoles de oficio intelectual para que formen un copioso contingente de propagandistas y defensores de la República española»
En el artículo de Francisco Cuaresma, publicado el 9 de mayo de 2023, titulado La decepción de los padres de la II República: Ortega y Gasset, Pérez de Ayala y Gregorio Marañón se aborda con detalles la decepción que esos padres de la II República tuvieron al ver en lo que se había convertido su soñada II República, A continuación dicho artículo:
El pasado 14 de abril la izquierda española no perdió la oportunidad para ensalzar las bondades de la Segunda República. Alberto Garzón, por ejemplo, aseguró que el periodo republicano fue un intento de construir un régimen democrático y social, siendo abortado por una oligarquía golpista.
Dejando a un lado el relato tan simplón y pueril, no está de más en insistir en que aquella etapa tuvo poco de democrática, pues habrá mucha gente bienintencionada que todavía lo crea a estas alturas. Prueba inequívoca de ello es que los principales alentadores de los vientos de cambio republicano en 1931 acabaron decepcionados una vez la maquinaria del nuevo régimen comenzó a girar. Este desencanto se cristaliza en tres nombres: Ortega y Gasset, Pérez de Ayala y Gregorio Marañón.
Los tres intelectuales contribuyeron con sus plumas a la llegada del régimen republicano. Probablemente más que Queipo de Llano, los fusilados Galán y García Hernández y todos los firmantes del Pacto de San Sebastián. Años más tarde aquel triunvirato acabaría lamentando con inmensa amargura su nefasta contribución.
Probablemente de los tres el más entusiasta republicano fue Ortega y Gasset. El filósofo, radicalmente contrario a la dictadura de Primo de Rivera, publicó el 30 de noviembre de 1930 un mítico artículo en el diario El Sol llamado El error Berenguer. En opinión del intelectual, Alfonso XIII había unido su destino al de Miguel Primo de Rivera al aceptar la dictadura del militar. Tras la caída del dictador jerezano, Gasset consideraba que no podía hacerse como si nada hubiese pasado. Sus críticas a Alfonso XIII le convirtieron en generador de corrientes de opinión en favor de la República. Con sus columnas terminó por atraer a su trinchera a otros dos intelectuales de renombre: Gregorio Marañón y Ramón Pérez de Ayala. Aquel famoso trío terminaría fundando el 10 de febrero de 1931 la Asociación al Servicio de la República, siendo conocidos como Los padres de la República.
No tardó demasiado tiempo Ortega y Gasset en arrepentirse de haber contribuido a la llegada del nuevo régimen. Conocidísimo es su artículo titulado No es esto, no es esto, publicado en septiembre de 1931, sólo unos meses después del nacimiento. En el mencionado artículo advertía lo siguiente: «La República es una cosa. El radicalismo es otra. Si no, al tiempo». Gasset, representante de una derecha moderada y liberal, no podía permanecer impasible ante los signos revolucionarios y de autoritarismo que desde bien temprano empezaba a mostrar la neonata república.
Con el paso de los meses, el descontento no hizo sino aumentar. Hastiado con la arbitrariedad y sectarismo de las autoridades republicanas, decidió disolver la Asociación al Servicio de la República, en septiembre de 1932.
El inicio de la Guerra Civil le sorprendió en Madrid, donde pasaría los primeros meses del conflicto. Allí tuvo que soportar la continua presión de milicianos frentepopulistas para que firmara manifiestos en favor de la República. En una de aquellas visitas lo amenazaron con la muerte si se negaba a firmar el manifiesto que los milicianos llevaron consigo. Sintiendo el aliento de los milicianos en la nuca, y viendo el clima de represión generalizada que se había desatado en el Madrid republicano contra todo aquel considerado desafecto al régimen, consideró que era mejor hacer las maletas y poner tierra de por medio. Así, emprendió viaje a París en agosto de 1936. Instalado en el país galo, vio como sus dos hijos se alistaron en el ejército nacional.
También Gregorio Marañón experimentó el mismo proceso interno —a nivel político— que Gasset. Tanto se implicó Marañón en conseguir el éxito de la causa republicana que prestó su casa para que los líderes republicanos negociasen la transición con los monárquicos el mediodía del 14 de abril. Una vez estallado el conflicto, también sufrió la presión de los milicianos. Viendo peligrar su vida, se refugió con su familia en la embajada de Polonia, desde donde consiguió escapar hacia París. Volvería a España en 1945. Durante la guerra, su hijo Gregorio dejó la comodidad parisina para alistarse en el ejército de Franco. El vástago del ilustre médico terminaría siendo procurador en las Cortes franquistas. En marzo de 1939 escribiría Marañón en una carta a Pérez de Ayala: «Horroriza pensar que esta cuadrilla hubiera podido hacerse dueña de España. Sin quererlo siento que estoy lleno de resquicios por donde me entra el odio, que nunca conocí. Y aun es mayor mi dolor por haber sido amigo de tales escarabajos».
El mismo recorrido vital de Ortega y Marañón fue el que realizó Pérez de Ayala. De ser un acendrado republicano pasó a mostrar su apoyo al ejército de Franco una vez estallada la guerra. El que fuese Premio Nacional de Literatura había sido el tercer firmante de del manifiesto de la Agrupación al Servicio de la República. Fue diputado hasta 1933, director del Museo del Prado y embajador en de España en Londres. De su último cargo dimitió en junio de 1936, viendo la deriva revolucionaria en la que España se había imbuido tras la victoria del Frente Popular. En el año 1938 publicó un artículo para el diario The Times en el que mostraba su apoyo a la causa franquista: «Desde el comienzo del movimiento nacionalista, he asentido a él explícitamente y he profesado al general Franco mi adhesión».
Desde el exilio francés los tres ilustres españoles intentaron quitar la venda de los ojos a aquellos intelectuales extranjeros que, probablemente bienintencionado pero equivocados, hacían campaña en favor de la causa republicana.
Aquellos tres intelectuales soñaron con una República civilizada que significara un soplo de aire fresco. Aire que trajera consigo las reformas que la España de 1931 pedía por los cuatro costados. No pudo ser. Y por ello repitieron en numerosas ocasiones su arrepentimiento por haber colaborado en el advenimiento de la República. Cierto es que después de la guerra no fueron fervorosos franquistas, pues el régimen nacido en Burgos en el año 1936 los miraba con cierta distancia. Pero es innegable que el testimonio de aquellos tres hombres libres sirve para dar buena cuenta de que la Segunda República no fue un paraíso terrenal.
Una vez más la realidad histórica, gélida e inalterable, escapa de las garras de los políticos manipuladores que únicamente pretenden sembrar discordia. La Segunda República no fue aquel oasis de paz, prosperidad y libertad que nos intenta vender la izquierda política con la colaboración de sus distintos satélites. Y no hay mayor prueba de ello que la enorme decepción y sentimiento de amargura que invadió a aquellos intelectuales que hicieron posible el nacimiento de aquel régimen.
La guerra civil de 1936 marcó el punto de inflexión en la historia contemporánea de España y, durante su curso, José Ortega y Gasset subrayó la importancia de "estar bien informado" al término de su "primer y más sustancial capítulo", que definió como "su origen, las causas que la han producido". Por lo general, la sección sobre las causas y los orígenes inmediatos es la parte más débil de las historias de esta guerra, un asunto que con frecuencia es soslayado o en gran parte ignorado. El objetivo de esta conferencia es aceptar el desafío de Ortega, enfocando los orígenes inmediatos del conflicto, que pueden estar entre los siete meses de diciembre de 1935 y julio de 1936.*******************
Nota
La renuencia de Francisco Franco a participar en la conspiración no era por falta de valor personal:
¿Quién era Realmente FRANCO antes de la Guerra Civil?
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LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA NO COMENZÓ EL 18 DE JULIO DE 1936 CON EL LEVANTAMIENTO MILITAR ¿CUÁNDO REALMENTE COMENZÓ Y QUIÉNES LA PROVOCARON?
VICENTE GIL | "Valencia, Franco y Notre Dame: Sectarismo, cobardía y odio"
Etiquetas: Aleksandr Solzhenitsyn, causas, cuba, dictadura, ejemplifica, electoral, España, Francisco Franco, franco, fraude, frente popular, Guerra Civil, literatura, mitos, origen, Premio Nobel, República Española, TVE
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