lunes, junio 29, 2026

Vicente Echerri: A las puertas de la intervención. Ahora, cuando Cuba está a punto de disolución, con un Estado represor y disfuncional y una nación envilecida por tantos años de tiranía, EEUU vuelve a convertirse en nuestra última esperanza

A las puertas de la intervención

********

Ahora, cuando Cuba está a punto de disolución, con un Estado represor y disfuncional y una nación envilecida por tantos años de tiranía, EEUU vuelve a convertirse en nuestra última esperanza.

********

Por Vicente Echerri

Madrid

28 junio 2026

Por estos días de junio —de 1898— las tropas de EEUU desembarcaban en el oriente cubano al inicio de las hostilidades terrestres de la Guerra Hispano-Americana. Contrario a ciertos relatos tendenciosos y tergiversadores, las fuerzas mambisas confraternizaron jubilosamente con los americanos a quienes tenían, con toda propiedad, por aliados en su enconada lucha contra España. Tras una devastadora campaña de poco más de tres años que dejaba arrasado al país y decenas de miles de muertos, EEUU respondía al fin al anhelo y los reclamos de los cubanos, especialmente de la población exiliada, que veían en la intervención del país vecino —el cual empezaba a emerger como una gran potencia— la única manera de ser libres.

La historia, divulgada por tantos años, de que la intervención de EEUU en nuestra última guerra de Independencia no fue más que un acto de rapacidad imperial yanqui para impedir que los cubanos derrotaran a España y de ese modo arrebatarnos la soberanía, es una falacia monumental. Ni los independentistas cubanos estaban ganando la guerra ni los americanos intervinieron movidos por la codicia. Es preciso —sobre todo en las actuales circunstancias que vive nuestro querido país— desmontar ese relato.

En febrero de 1896, el Gobierno conservador de Cánovas del Castillo envió como gobernador y capitán general de Cuba —entonces provincia de ultramar— a quien tal vez era el militar español más estricto y capaz: Valeriano Weyler, que ya antes se había destacado por combinar inteligencia y voluntad y quien, además, conocía el terreno por haber participado en nuestra llamada Guerra de los Diez Años, donde había alcanzado el grado de coronel. En su mando supremo en Cuba, Weyler llegó a contar con cerca de un cuarto de millón de soldados (el mayor ejército que España hubiera puesto jamás en suelo americano) que el experimentado general empleó a fondo para sofocar la rebelión, tarea en la cual estuvo a punto de tener éxito.    

Fue en medio de esta campaña en que el Ejército español iba "pacificando" el occidente de Cuba al tiempo que empujaba a los cubanos en armas hacia la región oriental, que el generalísimo Máximo Gómez le escribe al presidente Grover Cleveland (a punto de dejar el poder) para abogar abiertamente por la intervención de EEUU:

"El pueblo norteamericano, que con todo derecho marcha a la vanguardia del Hemisferio Occidental, no puede y no debe seguir tolerando el asesinato sistemático y a sangre fría de indefensos americanos, por temor de que la historia pueda acusarlos de complicidad con tales atrocidades. Imite el noble ejemplo que acabo de citarle. Su acción estaría, además, sólidamente fundada en la Doctrina Monroe, ya que esa doctrina no puede referirse meramente a la usurpación de territorio americano, y no puede descansar solamente en la defensa de las potencias constituidas en América contra la ambición europea. No puede proteger el territorio americano y, al mismo tiempo, entregar a sus habitantes desarmados a la crueldad de una potencia europea despótica y feroz. Debe extenderse también a la defensa de los principios que caracterizan la civilización moderna y que completan la vida y la cultura de la sociedad americana. Corone Ud. su honorable historial como estadista con la ejecución de este gran acto de caridad cristiana. Dígale a España que cese la matanza y le ponga fin a la crueldad, y emplee el peso de su autoridad para imponérselo. Miles de corazones agradecidos bendecirán por siempre su memoria, y Dios, el misericordiosísimo, lo contemplará como la obra más meritoria de vuestra noble vida. Su humilde servidor. M. Gómez" (Florencio García Cisneros, Máximo Gómez, ¿caudillo o dictador?, Universal, Miami, Universal, 1986. El subrayado es mío).

Esta petición estaba respaldada por una intensa campaña propagandística, orquestada por el comprometido exilio cubano que, a través de la prensa que le era simpática, había logrado ganarse el respaldo de la opinión pública norteamericana, hasta el punto de que en los puestos de periódicos de muchas de las principales ciudades de EEUU se vendían suvenires (banderas, postales, etc.) alusivos a la guerra de Cuba y el producto de las ventas iba a parar a las arcas del independentismo.

Fue pues la opinión popular, agitada por esos periódicos, la que empujó al Gobierno de William McKinley, luego del estallido del acorazado Maine en la bahía de La Habana, a declararle la guerra a España. Hasta entonces había prevalecido la política de neutralidad tras la que acaso se ocultaba la estrategia de dejar que la guerra desgastara a las partes contendientes para que EEUU pudiera adquirir más tarde la Isla a poco costo. El ánimo del pueblo estadounidense no consentiría en esa dilación.

Orestes Ferrara, que se encuentra en el campamento de Máximo Gómez cuando se sabe que EEUU le ha declarado la guerra a España, cuenta en sus memorias cómo es recibida la noticia en el Estado Mayor del hambreado y fatigado ejército mambí:

"En tal estado verdaderamente penoso, recibimos la noticia de la intervención americana. No puedo explicar el júbilo intenso, enloquecedor, que se apoderó de los cubanos. Corríamos por el campamento, nos abrazábamos y el grito común era: 'Al fin libres'… Nuestra bella bandera flotaba elegante y ligera al soplo de la fresca brisa. Reíamos, llorábamos. Cuba era verdaderamente libre. El viejo Gómez se había alejado de su tienda mezclado en todos y sonreía, sonreía quizás por primera vez después de tres años de constante tragedia. Vitoreado por sus soldados, seguía mirando a aquellos jóvenes ebrios de alegría y, de tiempo en tiempo, miraba a la bandera que estaba, por la fuerza del viento, tan alegre como todos nosotros. En un momento dado gritó: 'Eh, cuidado, que no se ha acabado todavía. Hay que pelear aún y hay que seguir muriendo'" (Orestes Ferrara, Memorias, una mirada sobre tres siglos, Playor, Madrid, 1975).

EEUU intervino en Cuba, en primer lugar, como un acto de solidaridad hacia el pueblo cubano y, en segundo lugar, en procura de garantizar la estabilidad y la prosperidad de un territorio donde ya tenía intereses, propiedades y relaciones mercantiles desde hacía mucho. El precio de esa intervención, sin embargo, sería muy costoso, en vidas (más de 2.000 bajas mortales norteamericanas en una brevísima campaña) y en recursos, ya que el estado de miseria, depauperación y abandono en que se encontraba el país le impuso a las fuerzas de ocupación una gigantesca tarea que incluyó desde la reestructuración de los servicios públicos (correos, aduana, policía) hasta una profunda reforma educativa (con la apertura de centenares de nuevas escuelas y la incorporación de otros tantos maestros, así como novedosos planes de estudio) pasando por campañas de salubridad (con la consiguiente erradicación de algunas enfermedades tropicales que habían sido el azote de Cuba desde siempre, tales como la fiebre amarilla y la malaria), intensas y eficaces labores de saneamiento, construcción de vías férreas y caminos, y ampliación de la red telefónica y de telégrafos. Nunca antes en la historia de nuestro país se hizo tanto en tan poco tiempo ni con igual honradez administrativa.

Antes de que se cumplieran cuatro años de la intervención armada, los norteamericanos se marcharon y, al irse, nos dejaron un Estado (con una Constitución redactada por nacionales, un Congreso en funciones y una judicatura competente). Cierto que en esa flamante república habrían de sobrevivir taras coloniales, como no podía ser de otro modo y, en previsión de desastres, los norteamericanos nos dejaron también un apéndice constitucional (la llamada Enmienda Platt) cuya necesidad no tardó en demostrarse.

Muchos cubanos tomaron esa enmienda como una afrenta a la soberanía nacional, cuando en verdad fue un anclaje que garantizó la estabilidad institucional, aunque precaria, y la prosperidad inherente mientras la economía del mundo marchó bien. Por su parte, EEUU solo recurrió a la Enmienda Platt una vez y a petición del Gobierno de Cuba. Este denostado apéndice constitucional debe leerse como una carta de crédito que nos extendieron nuestros vecinos y que nosotros terminamos por rechazar movidos por un prurito de adultez, por entender que nos infantilizaba como nación, lo cual en alguna medida era cierto. Quisimos emanciparnos, como hacen algunos adolescentes de la tutela de sus padres, antes de tiempo. Abrogar la Enmienda Platt fue un acto de inmadurez política que cancelaba nuestra excepcionalidad frente al resto de América Latina (afanada desde el primer día de la independencia entre guerras civiles y largas tiranías) y así nos fue.

Ahora, cuando nuestro país está al punto de la disolución, con un Estado represor y disfuncional a un tiempo y una nación envilecida por tantos años de tiranía y corrupción, los "americanos" vuelven a convertirse, como en 1898, en nuestra última esperanza. Con diversos énfasis y propuestas, cubanos de dentro y fuera expresan abiertamente su deseo de que acudan lo antes posible a librarnos de una situación insoportable. Ciertamente, este deseo, se hizo presente desde el primer día del triunfo revolucionario, si bien al principio era solo anhelo de unos pocos y casi siete décadas después se ha convertido en clamor nacional.

Sin embargo, a pesar de todas las acusaciones de injerencia, los americanos —independientemente del partido que se encuentre en el poder— no han mostrado ningún interés en apelar a la acción militar —la única efectiva— para librarnos de nuestros opresores. Las recientes medidas y amenazas de Donald Trump no pasan —en mi opinión— de meros alardes para alegrar a un grupo específico de votantes del sur de la Florida, cuyo respaldo es crucial en las próximas elecciones parciales de noviembre. Si el Partido Republicano perdiera los tres representantes cubanoamericanos en esos comicios, perdería la mayoría en la Cámara Baja y los últimos dos años del Gobierno de Trump serían un infierno.

Que al presidente, tan dado en hacer tratos, le interese llegar a un acuerdo con la cúpula del Gobierno cubano por debajo de Raúl Castro, por corrupta que sea, trato que mejore un poco la situación del pueblo y permita el ingreso de capitales estadounidenses en Cuba, estoy seguro de que lo tendría por un triunfo para presumir, aunque la tiranía se mantuviera intacta.

Ahora bien, la remoción del régimen a que aspiramos la mayoría de los cubanos y el establecimiento de un Estado de derecho, que solo puede derivarse de una intervención militar y de un nuevo gobierno interventor, no está en los planes de la Casa Blanca, como no lo ha estado en los últimos 65 años, si contamos desde el fiasco de Bahía de Cochinos.

¿Por qué? Si el castrismo ha sembrado la enemistad a EEUU en todo el continente americano y más allá, si ha sido un incordio permanente, si ha contribuido a disminuir la influencia norteamericana en medio mundo, ¿por qué Washington no ha barrido ese régimen?

Se barajan unas cuantas respuestas, ninguna de las cuales contempla la imposibilidad de derrocar a un régimen que cada vez se torna más endeble. Una intervención militar en Cuba no demoraría más de 24 horas en tener éxito. ¿Qué se ha opuesto, a lo largo de tantos años, a esta operación de salvamento? Señalaré varias razones, sin pretender establecer un orden jerárquico:

  • La incapacidad de nuestro actual exilio —a diferencia del que tuvimos en el siglo XIX— de hacer simpática nuestra causa y vendérsela al pueblo norteamericano a través de todos los medios posibles (algo que el lobby judío y el Estado de Israel, por ejemplo, han sabido hacer muy bien).
  • La pulsión subjetiva a castigar al pueblo cubano por su ostensible deslealtad e ingratitud hacia quienes fueran sus mejores amigos,  valedores de su independencia nacional y promotores directos de la prosperidad que Cuba disfrutó antes del triunfo castrista.
  • El deseo tal vez de mostrar a Cuba como una vitrina del desastre político, económico y moral que es la esencia de un régimen comunista. El relato del "bloqueo" criminal cada vez lo cree menos gente. Aducen esta razón muchos analistas de lo cubano.
  • El temor que infunde la propagación del comunismo en América Latina que ha llevado a inducir una constante fuga de capitales de la región hacia EEUU. Este punto precisaría de una demostración con cifras.
  • Finalmente, lo que a mí me parece más convincente: la certeza de que el derrocamiento del régimen cubano mediante una acción militar de EEUU conllevaría que este último país se haga cargo —tal como en 1898— de la reconstrucción material y moral de la nación cubana por el tiempo que sea menester, y esa tarea excedería cualquier presupuesto imaginable. EEUU —no importa cuán sinceras sean las intenciones de Trump— no está en condiciones de asumir en este momento semejante empresa.

No obstante, todas estas razones, por válidas que sean, no lograrán impedir que un pueblo por tanto tiempo menesteroso y reprimido siga esperando la redención del único actor que objetivamente podría llevarla a cabo. En consecuencia, los marines siguen estando "a las puertas" aunque hayan tardado tanto en arribar.

***************

Notas del Bloguista del blog Baracutey Cubano

La explosión del acorazado  Maine no fue usada por el Presidente William McKinley en su discurso ante el Cpngreso de los EE.UU. para llamar a la guerra contra España; veamos: 

1) El historiador Manuel Moreno Frajinals, poco tiempo antes de su fallecimiento, investigó en EE.UU. que de los 5 acorazos tipo Maine que se construyeron, tres de ellos tuvieron accidentes. Se estima que esos accidentes fueron consecuencia del diseño de las naves,  al estar las calderas y la  bodega de los explosivos muy cercanas.

2) La gran mayoría de la oficialidad del Maine estaba en tierra cuando se produjo la explosión del Maine, pero en Cuba no  se escribe y publica  de que el comandante del Maine estaba escribiendo  en su camarote  cuando se produjo la descomunal explosión; se salvó por puro milagro.

3) En el discurso del Presidente McKinley ante el Congreso norteamericano, no se mencionó  la explosión del acorazado Maine  para llamar a la guerra contra Espana; se llamó a la guerra por el peligro de vidas y haciendas norteamericanas en Cuba, sobre la base de hechos ya consumados en la Isla. Si mal no recuerdo,  hasta el comunista Raúl Valdés Vivó en  un número del año 1997 de  la revista Cuba Socialista,  ha tenido que escribir esa verdad  

Sobre los EE.UU. y la reconstrucción de Cuba  en el pasado siglo XX

 Manuel Sanguily como Ministro de Estado (responsabilidad que corresponde a la de Canciller o Ministro de Relaciones Exteriores en nuestros días) del gobierno de José Miguel Gómez, en su discurso ante el cuerpo diplomático  en el teatro Politeama, a poco más de una década de la imposición de la Enmienda Platt:

"Mantendrá el Gobierno las relaciones más cordiales en el orden diplomático y de los negocios, con las naciones amigas entre nosotros dignamente representadas, y sobre todo cultivará los grandes y vitales intereses que en franca y afectuosa correspondencia nos ligan a los Estados Unidos, no ya solo en consideración a las ventajas que deriva de ellos nuestra economía, sino por los incomparables servicios que el pueblo y el Gobierno americanos han prestado a la causa de la justicia, de la civilización y de nuestra nacional soberanía.

<--- Manuel Sanguily

Y no os sorprenda esta sincera manifestación de quien siempre ha vivido inquieto y receloso en el temor de los grandes y los fuertes. Dos veces -una, por la ceguedad de nuestra vieja y orgullosa Metrópoli; otra por la ceguedad de enconos fratricidas-, vinieron aquí los americanos traídos por su fortuna
 o llamados por nuestras discordias, y siempre se retiraron de nuestro territorio, haciéndonos el doble beneficio de construir dos veces la república, y dejándonos en el corazón atribulado, desengaños y escarmientos; más en ambas ocasiones, motivos superiores de admiración y de gratitud por esa magnánima conducta que jamás en la historia habían observado los pueblos fuertes y triunfantes con los débiles, conturbados y decaídos" (Jorge Ibarra; pag 312 del libro Cuba 1898-1921 Partidos Políticos y Clases Sociales)

He escogido esas palabras de Manuel Sanguily en el teatro Polyteama, y no las de otrocualquier patriota o ciudadano, por la posición vertical que siempre mantuvo Sanguily en su quehacer político: Sanguily se opuso en un primer momento a la imposición de la Enmienda Platt. Posteriormente, y ya en la República como miembro del Senado cubano, se opuso a la venta de tierras cubanas a capital norteamericano. En ese cargo de Secretario de Estado del Gobierno de José Miguel Gómez, se opuso de palabra y de hecho a la injerencia norteamericana en Méjico cuando el derrocamiento del presidente Francisco I. Madero y su sustitución por Victoriano Huerta, actitud que suscitó desavenencias con el gobierno norteamericano. Sanguily fue en su momento, él más fuerte y decidido opositor en el Senado cubano a la aprobación en 1903 del Tratado de Reciprocidad Comercial con los Estados Unidos (TRC). La verticalidad de Sanguily llegó hasta el punto de acusar públicamente de corrupto al gobierno de José Miguel Gómez (1909-1913), pese a pertenecer a su gabinete como Secretario de Estado.

Sobre la vilipendiada Enmienda Platt le dire lo siguiente:

En general, en el caso cubano, los gobiernos norteamericanos no se inclinaron en hacer un uso indiscriminado o exagerado de la prerrogativa que les daba la Enmienda Platt. El proceder del Presidente Teodoro Roosevelt durante "la guerrita de agosto" de 1906 así lo atestigua, pues tanto el presidente Estrada Palma como los alzados contra él, pidieron la intervención norteamericana y fue el presidente Roosevelt el que trató de que la misma no se produjera. La carta de Roosevelt al embajador cubano Gonzalo de Quesada del 14 de septiembre de 1906 y su telegrama a Estrada Palma del 25 de septiembre de ese mismo año así lo muestran. Algunos fragmentos de la mencionada carta son:

" Solemnemente conjuro a todos los patriotas cubanos a unirse estrechamente para que olviden sus diferencias, todas sus ambiciones personales, y recuerden que el único medio de conservar la independencia de su república es evitar, a todo trance, que surja la necesidad de una intervención exterior para salvarla de la anarquía y de la guerra civil.
Espero ardientemente que estas palabras de apelación, pronunciadas en nombre del pueblo americano, por el amigo más firme de Cuba y el mejor intencionado hacia ella que pueda existir en el Mundo, serán interpretadas rectamente, meditadas seriamente y que se procederá de acuerdo con ellas, en la seguridad de que, si así se hiciere, la independencia permanente de Cuba y su éxito como República se asegurarán." (Pichardo, 283)

En el telegrama de Teodoro Roosevelt a Estrada Palma del 25 de septiembre, éste le escribe en un tono invocatorio y suplicante:

" Bajo su gobierno y durante cuatro años, ha sido Cuba República independiente. Yo le conjuro, en bien de su propia fama de justo, a que no se conduzca de tal suerte que la responsabilidad por la muerte de la República, si tal cosa sucediere, pueda ser arrojada sobre su nombre. Le suplico proceda de manera tal, que aparezca que Ud. por lo menos, se ha sacrificado por su país y que lo deja aún libre cuando abandone su cargo." (Pichardo, 285)

Estrada Palma permaneció intransigente y convocó al Congreso para renunciar pese a que los sublevados no pedían su renuncia. Se creó una comisión para convencerlo que retirara la renuncia pero el resultado fue negativo. No pudieron obtener arreglo alguno con Estrada Palma, el cual, para colmo, le pidió al Vicepresidente que también renunciara, dejando así acéfala a la República.

El país quedó sin presidente y con una sublevación en sus entrañas que deseaba también la intervención extranjera. La intervención se produjo y como la anterior intervención militar, no hubo oposición armada a la misma.
El Subsecretario de Estado Bacon, según el historiador Howard Hill, citado por Ibarra, le dijo contrito a Taft:

" Me avergonzaré de mirar a mister Root a la cara. Esta intervención es contraria a su política y a todo lo que él ha estado predicando en América del Sur" ( Idem. Ibarra, 294)

Elihu Root, el verdadero padre de la Enmienda Platt y Premio Nobel de la Paz en 1912, era en ese momento Secretario de Estado.

***********


Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , ,


Para seguir leyendo hacer click aqui­ ...

Sobre Cuba el historiador y relevante analista político Juan Antonio Blanco: Autonomistas vs. independentistas: ¿regresa el debate?

Autonomistas vs. independentistas: ¿regresa el debate?

*******

'Algunos reformistas actuales confían en que la liberalización económica pueda producirse sin una transformación sustancial del sistema político en Cuba'.

*******

Por Juan Antonio Blanco

Miami

24  de junio, 2029

Mientras Cuba atraviesa la peor crisis económica de su historia, crece el debate sobre cuál debe ser el camino hacia la recuperación nacional. Para algunos, la prioridad consiste en reformar el modelo económico: ampliar los espacios para la empresa privada, liberalizar mercados, atraer inversiones y reducir el peso del Estado sobre la actividad productiva. Para otros, ninguna reforma económica podrá desplegar plenamente sus beneficios mientras permanezcan intactas las estructuras políticas que concentran el poder y limitan la capacidad de los ciudadanos para influir sobre las decisiones fundamentales del país.

Aunque las circunstancias son diferentes, este debate recuerda una de las grandes discusiones de la historia cubana. La historia no se repite exactamente, pero con frecuencia rima.

La lección de 1897

A finales del siglo XIX, los cubanos se dividían entre dos grandes corrientes políticas. Por un lado, estaban los autonomistas, quienes aspiraban a obtener mayores libertades económicas y políticas dentro de la soberanía española. Por otro, los independentistas, convencidos de que ninguna reforma sería suficiente mientras la soberanía última permaneciera en Madrid.

La Carta Autonómica, promulgada el 25 de noviembre de 1897, constituyó el mayor paquete de reformas jamás concedido por España a Cuba. Otorgó Parlamento propio, amplias facultades administrativas, mayor control presupuestario y una participación significativa en los asuntos económicos de la Isla. Sin embargo, la soberanía continuó residiendo en España. La defensa, la política exterior y la autoridad suprema permanecieron fuera del alcance de los cubanos.

Para los autonomistas, aquello representaba un avance histórico. Sin duda lo era. Para los independentistas, era insuficiente después de tantos años de lucha y sacrificios. Su argumento era sencillo: mientras el poder último permaneciera en manos de otro centro de decisión que no fuese el pueblo soberano de Cuba, cualquier concesión podía ser limitada, modificada o revertida.

El nuevo reformismo

Más de un siglo después, el debate cubano ante la actual crisis humanitaria —igual o peor que la de 1898— presenta ciertas similitudes.

Hoy existen quienes consideran que la solución a la crisis nacional pasa fundamentalmente por reformas económicas. Su aspiración es ampliar los espacios para la iniciativa privada, reconocer plenamente la pequeña y mediana empresa, liberalizar mercados, atraer inversiones y reducir la intervención estatal en la economía. En esencia, buscan en primera instancia un cambio del modelo económico que pudiera ser tolerado por el poder de la oligarquía y su Estado mafioso.

Sin embargo, otros sostienen que esas reformas nunca podrán alcanzar su potencial mientras subsista el sistema político actual. Según esta visión, el problema no es únicamente económico, sino esencialmente político e institucional. La ausencia de pluralismo político, la inexistencia de contrapesos al poder, la falta de independencia judicial y la concentración de todas las decisiones fundamentales en una sola estructura partidista constituyen obstáculos insalvables para cualquier transformación económica profunda. A ello se suma el peso económico de GAESA —verdadera "fuerza superior" de la sociedad cubana actual— que controla el 70% de los recursos y el 95% de las transacciones en moneda convertible.

La economía necesita instituciones políticas y jurídicas

La experiencia internacional ha demostrado que la prosperidad sostenible no suele descansar únicamente sobre mercados más libres, sino también sobre instituciones capaces de proteger derechos, garantizar reglas estables y limitar el poder arbitrario.

Los inversionistas buscan seguridad jurídica. Los emprendedores necesitan protección de la propiedad privada. Los ciudadanos requieren mecanismos para fiscalizar a quienes gobiernan. Ninguno de esos elementos depende exclusivamente de medidas económicas.

La analogía histórica resulta entonces evidente. Así como los autonomistas de finales del siglo XIX aspiraban a mayores libertades dentro de un marco político que permanecía esencialmente intacto, algunos reformistas actuales confían en que la liberalización económica pueda producirse sin una transformación sustancial del sistema político. Y así como los independentistas consideraban que la soberanía era la cuestión fundamental, muchos opositores contemporáneos creen que la clave reside en quién ejerce realmente el poder y bajo qué límites institucionales. 

En el siglo XIX la Carta Autonómica fue jugada en el último momento por España para evitar la intervención de EEUU —usada incluso por el papa León XIII para mediar con Washington y evitarla—, mientras que hoy el "reformismo autonómico" persigue un objetivo similar. Para colmo de ironías se dice que el presidente Donald Trump es un admirador del presidente William McKinley.  

La cuestión del poder

La diferencia, por supuesto, es que hoy no se debate la soberanía frente a una potencia colonial extranjera. El debate gira alrededor de la soberanía efectiva de los ciudadanos frente a un sistema político que concentra el poder en un único partido y carece de mecanismos competitivos para la alternancia, la soberanía ciudadana, esa que hoy el poder despótico de GAESA niega.

La pregunta de fondo sigue siendo la misma que dividió a los cubanos hace más de un siglo: ¿es posible alcanzar una transformación económica profunda sin modificar previamente la estructura política que determina las reglas del juego?

La historia de 1897 ofrece una advertencia. Las reformas pueden aliviar tensiones y abrir oportunidades. Sin embargo, cuando el problema según lo percibe una parte significativa de la sociedad es la concentración del poder mismo, las reformas económicas terminan siendo vistas como insuficientes.

Quizás esa sea la principal lección que nos deja el viejo debate entre autonomistas e independentistas: los modelos económicos importan, pero detrás de cada modelo económico siempre existe una pregunta política fundamental: ¿quién decide, bajo qué límites y en nombre de quién?

La soberanía del siglo XXI

La comparación entre autonomistas e independentistas no es ni puede ser perfecta, porque las circunstancias históricas son siempre distintas. Sin embargo, sí existe una semejanza fundamental: ambos debates giran alrededor de una misma pregunta: ¿Basta con reformar la administración y la economía, o es necesario transformar también la estructura política donde reside el poder?

Los autonomistas cubanos del siglo XIX creían que era posible alcanzar prosperidad, libertades y desarrollo dentro del marco político existente. Los independentistas respondían que mientras la soberanía permaneciera en manos ajenas, cualquier avance sería limitado, condicionado y potencialmente reversible. La historia terminó dándoles la razón a quienes consideraban que el problema fundamental era político antes que administrativo.

En la Cuba actual, el debate reaparece bajo nuevas formas. Unos apuestan por reformas económicas graduales dentro del sistema vigente. Otros sostienen que ningún cambio económico podrá consolidarse mientras persistan el monopolio político, la ausencia de contrapesos institucionales y la concentración del poder en un único partido, institución (GAESA) o grupo oligárquico. Para estos últimos, el verdadero problema no es quién administra la economía (por lo que Miguel Díaz-Canel aparece como un ser descartable e intrascendente), sino quién tiene la facultad exclusiva de decidir las reglas del juego.

Estos nuevos autonomistas-reformistas suponen que la ciudadanía no tiene fuerzas para imponerse al poder y que sería inmoral que acudiera a un actor externo para forjar una alianza con la cual derrotarlo (como tuvieron que hacer al final nuestros independentistas del siglo XIX). También están convencidos de que la nación —que dicen querer preservar frente a la posibilidad de una intervención extranjera— olvidará sus aspiraciones de libertad cuando, apremiada por el hambre, vea un camino más corto para salir de la crisis.

La "pacificación" de la población, suponen, no será tan amarga a los ciudadanos de a pie si se logra a cambio de nuevas alianzas entre los déspotas cubanos con inversionistas extranjeros. Aunque estos sean alérgicos a la democracia y a los derechos de los trabajadores, nuestros oligarcas apuestan a que una población desesperada y sumisa aceptará cualquier cosa siempre que a corto plazo se creen nuevas fuentes de trabajo y se arregle la crisis de la infraestructura de los servicios públicos. Al igual que nuestros autonomistas del siglo XIX, menosprecian al pueblo cubano y sus aspiraciones libertarias. Quizás esa lectura tenga su raíz en un marxismo economicista y dogmático mal aprendido.    

Las experiencias internacionales demuestran que la prosperidad duradera no depende únicamente de mercados más abiertos, sino también de instituciones que protejan derechos, garanticen seguridad jurídica, permitan la fiscalización ciudadana y limiten el poder arbitrario. Sin esos elementos, las reformas económicas suelen quedar a merced de decisiones políticas que pueden modificarlas o revertirlas en cualquier momento.

Por eso, la discusión esencial no es entre estatismo y mercado. La cuestión de fondo es si los ciudadanos poseen mecanismos efectivos para controlar a quienes gobiernan y para decidir pacíficamente el rumbo de su nación. En otras palabras, si la soberanía reside realmente en el pueblo o en una elite que ejerce el poder sin competencia ni rendición de cuentas.

Tal vez la lección vigente que nos deja el enfrentamiento entre autonomistas e independentistas sea precisamente esa: ningún modelo económico puede sustituir indefinidamente la necesidad de instituciones libres. Porque, al final, detrás de toda prosperidad sostenible existe siempre una condición previa: que el poder responda a los ciudadanos y no los ciudadanos al poder.

************

HIGH BEAM / LUZ LARGA

Junio 23, 2026

Los cambios fraude en Cuba. Juan Antonio Blanco


America Noticias USA

🚨EXCLUSIVA: "EL CANGREJO” UNA VIDA LLENA DE ADICCIONES Y PROBLEMAS MENTALES.





Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , ,


Para seguir leyendo hacer click aqui­ ...

miércoles, junio 24, 2026

Roberto Álvarez Quiñones: Fidel Castro, más asesino que Batista y Pinochet juntos. Batista mató a 896 personas, Pinochet a 3.216 y Fidel a 8.611

 Nota del Bloguista del blog Baracutey Cubano

Se conoce  como  "Comisión Rettig" a la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación de Chile—que documentó las víctimas de la dictadura de Augusto Pinochet entre 1973 y 1990. Esa comisión redactó un informe  conocido como INFORME RETTIG, el cual se ha ido actualizando con los años,  pues se ha verificado en no pocos casos  aquello  que ¨muchos de los ¨muertos¨ gozaban de buena salud¨ ya fuera para que familiares cobraran pensiones  o porque estaban en otros países llevando una vida ¨a su aire¨ o por otras razones; veamos: 

La Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación fue creada en 1990 (mediante Decreto Supremo 355 del Ministerio de Interior) con el objetivo de contribuir al esclarecimiento de las principales violaciones de los derechos humanos cometidas entre el 11 de septiembre de 1973 y el 11 de marzo de 1990.

En el Informe de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación, entregado al ex Presidente de Chile Patricio Alwyn el 8 de febrero de 1991, constan 3.550 denuncias, de las cuales 2.296 se consideraron casos calificados

ES DECIR:  1254 DENUNCIAS  NO CORRESPONDÍAN A CASOS CALIFICADOS; EN OTRAS PALABRAS: SE INFLARON CONSIDERABLEMENTE LA CIFRAS DE DESAPARECIDOS EN CHILE DURANTE  EL RÉGIMEN DE AUGUSTO PINOCHET.

************

Tomado de https://diariodecuba.com/

Fidel Castro, más asesino que Batista y Pinochet juntos

*********

A sus asesinatos políticos hay que sumar los miles de cubanos muertos en África, Medio Oriente, Asia y América Latina. Ningún otro tirano latinoamericano hizo algo parecido.

*********

Por Roberto Álvarez Quiñones

Miami

21 Junio 2026 

Se acerca la fecha del centenario de un bebé nacido en un bohío que su padre hizo construir lejos de la casa familiar en su hacienda "Las Manacas", en Birán, para que su esposa María Luisa no se enterase, y que fue inscrito como Fidel Hipólito Ruz González.

No sabemos si el 13 de agosto próximo el régimen devastador que él ya de mayorcito impuso seguirá intacto o no. Lo que sí sabemos es que increíblemente él sigue siendo el profeta y un icono continental de la izquierda latinoamericana, e internacional en general.

Por eso es necesario sacar a la luz facetas del verdadero Fidel Castro (recibió el apellido Castro a los 17 años) que ha ocultado siempre la maquinaria de propaganda que él mismo montó. Hoy nos enfocaremos en su condición de asesino compulsivo y de algunas de las artimañas de que se valió para llegar al poder.

Uno de los argumentos principales de Hipólito para alzarse contra Batista fue el de los asesinatos de su dictadura por motivos políticos. En el juicio por el ataque al Moncada calificó al batistato de ser "una tiranía sangrienta", un "régimen criminal y tiránico" y después hablaba del "asesinato de miles de jóvenes cubanos", etc.

Batista mató a 896 personas, Pinochet a 3.216 y Fidel a 8.611

Archivo Cuba (AC) ha documentado que entre el 10 marzo 1952 y el 1 de enero de 1959 las fuerzas represivas batistianas asesinaron a 896 personas, incluyendo 864 ejecuciones extrajudiciales (570 de ellos en 1958) y 32 desaparecidos, que se asume también murieron.

Pues bien, esa misma prestigiosa entidad del exilio cubano ha documentado que, por motivos políticos, Fidel Castro ejecutó ante un paredón o sin juicio previo, o le causó directa o indirectamente la muerte o hizo desaparecer, a 8.611 cubanos. O sea, asesinó a casi diez veces más (9,6 veces) personas que Fulgencio Batista.

No solo eso, mató a 5.395 opositores políticos más que Augusto Pinochet aproximadamente en igual período de tiempo que su homólogo chileno. Pero la izquierda chilena y latinoamericana en general repite machaconamente como un horror incalificable la cifra documentada de 3.216 muertos o desaparecidos durante la dictadura de Pinochet, quien sí era mundialmente repudiado por asesino.

Porque el déspota cubano, pese a matar tres veces más que su par chileno siempre fue venerado y tratado respetuosamente como "presidente" de Cuba. Y hoy es el "expresidente cubano" para casi el mundo entero, y sobre todo para la izquierda recalcitrante que en buena medida domina los medios de prensa y las universidades en Occidente.

Batista no tenía chance de ser electo, Fidel Castro tampoco

Echemos ahora un vistazo al oportunismo camaleónico del binarense para llegar al poder y asesinar a tanta gente. Hace poco vimos que en 1951 le "sugirió" a Fulgencio Batista que diera un golpe de Estado al presidente Carlos Prío.

Las elecciones presidenciales estaban programadas para el 1 de junio de 1952. Batista era candidato, pero en las encuestas publicadas por la revista Bohemia era ampliamente superado por Roberto Agramonte (Partido Ortodoxo) con 29,3%, y por Carlos Hevia (Partido Auténtico) con 17,5%, mientras el sargento-general tenía un 14,2%.

Fidel ya desde fines de 1951 tenía lista su candidatura por el Partido Ortodoxo para optar por un escaño en la Cámara de Representantes. Pero también sabía que no tenía chance debido a su fama como violento pandillero que baleaba a sus rivales políticos hasta por la espalda. Él conocía de su propia fama porque la leía en la prensa.

Por algo cuando Fidel quiso ingresar en el Partido Ortodoxo, su líder, Eddy Chibás, lo rechazó y exclamó: "No quiero gángster en el partido". Solo por la insistencia de José Pardo Llada, amigo de Fidel, al fin fue admitido.

Y ya siendo miembro de dicho partido, lo traicionó. Violó su plataforma política de lucha civil liberal democrática, y se fue a Kuquine a insinuarle a Batista que diera un golpe de Estado.

Tres meses antes de los comicios, y no porque nadie se lo insinuara, sino porque sabía no sería electo presidente de la República, "el hombre" (como a sugerencia de Blas Roca llamaban a Batista los comunistas cubanos, sus más fieles aliados políticos años atrás) dio el cuartelazo. Con el Ejército Nacional de su lado y el decisivo apoyo del presidente estadounidense, Harry Truman.

El cuartelazo de Batista le abrió el camino a Fidel Castro

Rápidamente Fidel rompió entonces con el Partido Ortodoxo para hacerle la guerra a la dictadura y llevar a cabo su sueño de tener "fama y gloria", como le confesó a "El Chino" Esquivel, colega suyo cuando estudiaban Derecho en la Universidad de La Habana.

Creó su propio movimiento político-terrorista que llamó "Generación del Centenario" (por el centenario de José Martí), en su inmensa mayoría jóvenes que, con su talento como encantador de serpientes, él le sustrajo al Partido Ortodoxo.

Seguramente inspirado en el ataque de Hitler (de quien era admirador) en 1923 al Ministerio de Guerra en Baviera (Munich) para iniciar la revolución nazi, en 16 meses reunió a cientos de jóvenes, los armó y atacó el cuartel Moncada para apoderarse de las armas, formar un ejército rebelde, derrocar a Batista y hacer su "revolución".

El ataque, como el de Hitler, fracasó. Pero 22 meses después Batista lo amnistió, y en diciembre de 1956 Fidel Castro se alzó en armas en Oriente. Y con su "Movimiento 26 de Julio" comenzó a sembrar el terror en las ciudades.

Y entonces fue él quien le dio un golpe de Estado a Batista, y tomó el poder. Del fidelato Archivo Cuba ha documentado 3.116 fusilamientos ante un paredón y otras 1.200 ejecuciones extrajudiciales por motivos políticos, la mayoría de ellas en la campaña militar que Fidel llamó "Limpia de Bandidos del Escambray", hasta 1966. Esas dos cifras suman 4.316 asesinatos políticos.

A eso hay que agregar los miles de cubanos que durante su mandato superior a medio siglo murieron acribillados a balazos por los esbirros guardafronteras del MININT cuando intentaban huir del país, o ahogados por tormentas en el Estrecho de la Florida, o perdidos en alta mar y fallecidos por sed, hambre e insolación.

Mención muy especial merece el hundimiento del remolcador "13 de marzo", ordenado por Fidel Castro, repleto de hombres, mujeres y niños que intentaban huir del país. En aquella salvajada estilo nazi murieron ahogadas 41 personas, incluyendo diez niños.

Igualmente hay que agregar los muertos bajo custodia del Estado cubano, por palizas de los esbirros carceleros, por falta de atención médica, o en huelgas de hambre, o ejecuciones extrajudiciales.

Miles de cubanos muertos en Angola solo por el ego de Fidel

Pero hay más. A todos esos asesinatos políticos directos hay que sumar los miles de cubanos muertos en África, Medio Oriente, Asia y América Latina. Ningún otro tirano latinoamericano hizo nunca nada parecido.

O sea, al inventario fidelista de crímenes políticos hay que añadir a los miles de cubanos muertos en Angola y en otras naciones africanas y asiáticas, en guerras que nada tenían que ver con los cubanos, sino para nutrir la egolatría narcisista de ese a quien ahora pretenden homenajear sus herederos en el poder.

En Angola, según las cifras oficiales del régimen, manipuladas a conveniencia, murieron 2.655 cubanos en 16 años de guerra (1975-1991), de los casi 400.000 cubanos que fueron enviados a ese conflicto ajeno al pueblo cubano. Pero historiadores y analistas estiman que la cifra verdadera no baja de 10.000 muertos o más.

Un detalle importante: el régimen castrista incluye en los asesinatos políticos del batistato a los guerrilleros rebeldes muertos en combate, y revolucionarios armados caídos en enfrentamientos con los esbirros batistianos.

En total esos suman 692 víctimas mortales. Pero no fueron asesinados a sangre fría ante un paredón o extrajudicialmente de otras maneras. Estaban armados, combatieron y mataron efectivos batistianos.

Por otra parte, los antibatistianos combatientes en Cuba eran todos voluntarios, y los caídos específicamente en Angola fueron obligados, o compulsados por el régimen a irse a jugar la vida en una guerra que nada tenía que ver con Cuba y los cubanos.

Algunas otras facetas "delicadas" del Fidel Castro verdadero seguiremos ventilando aquí, en su centenario.  

***********

DE LOS ARCHIVOS DEL BLOG BARACUTEY CUBANO

 Sobre los muertos de Fulgencio Batista y los muertos de los Castro en Cuba


Por Pedro Pablo Arencibia
1 de enero de 2019

Durante la lucha contra el régimen de Fulgencio Batista el Ejército Rebelde, comandado por Fidel Castro en la Sierra Maestra y por Raúl Castro en la Sierra Cristal, fusiló a campesinos y presuntos chivatos en parodias de juicios que no tenían las mínimas garantía procesales y en las que las sentencias ya estaban dictadas antes de comenzar. El Che Guevara llegó a decir que ante la duda de la inocencia o la culpabilidad, se tenía que aplicar el fusilamiento. Esas parodias o mascaradas de juicios siguieron al triunfo de la Revolución el 1 de enero de 1959.

El Castrismo no sólo ha fusilado a personas inocentes sino también ha fusilado a personas que al ver cerrados por el Castrismo todos los espacios de la lucha política pacífica utilizaron los mismos métodos violentos que uso el Castrismo para hacerse del poder por la violencia y por los que los revolucionarios del M-26-7, y de otras oorganizaciones, recibieron por los Tribunales de Justicia cortas condenas o, previa solicitud del recurso de Habeas Corpus, el pago de una fianza para su excarcelación, después de lo cual pasaban a la clandestinidad, iban para las montañas o para el Exillio. El caso de los hermanos Castro y los Moncadistas es el ejemplo más elocuente, ya que después de usar la premeditación y la nocturnidad para vestidos con uniformes militares de la República (cuando la invasión de Playa Girón, Fidel Castro tuvo la desvergüenza de criticar que los aviones de la Brigada 2506 estuvieran pintados como los aviones de la Fuerza Aérea de los Castro ) atacar y matar a soldados. Fidel tuvo la más larga condena: 15 años, pero él y todos los Moncadistas no llegaron a cumplir los 2 años en una cómoda prisión política que hasta el propio Fidel calificó en sus cartas, escritas desde el presidio, de centro vacacional o algo similar.

(Revolucionarios asesinados por esbirros del régimen de Batista)

Los crímenes o asesinatos de las fuerzas batistianas (durante el régimen de Batista se admitía la lucha política pacífica y hasta estaba representada en el Congreso de la República) no fueron contra personas que querían escapar del país como los que fueron asesinados, por ejemplo, por fuerzas paramilitares Castristas con el hundimiento del remolcador 13 de Marzo el 13 de julio de 1994 ni contra pacíficos opositores como Orlando Zapata Tamayo quien murió de daño renal en febrero de 2010, pues se le había negado el agua durante 16 días en su huelga de hambre; en esa huelga, Zapata Tamayo pedía que se le tratara como un ser humano a él y a todos los presos y que cesaran las brutales golpizas. El fusilamiento en el año 2003 de tres jóvenes que delinquieron al secuestrar una lancha y a sus pasajeros con el objetivo de escapar a los Estados Unidos, sin haber derramado una sola gota de sangre, es uno de los ejemplos más elocuentes de la vesanía del Castrismo. Los esbirros batistianos por lo general asesinaban a revolucionarios que ponían petardos en lugares públicos que causaban la muerte y el terror en la población civil, incendiaban comercios y propiedades privadas, asesinaban a militares para hacerse de sus armas, etc.. El caso de Pelayo Cuervo Navarro, líder de la Oposición en el Congreso de la República, después del asalto al Palacio Presidencial el 13 de marzo de 1957 fue una de las excepciones; se dice que fue el policía apodado ¨El Macagüero¨ el que verdaderamente mató a Pelayo Cuervo y no el policia que fue fusilado en Cuba en 1959 que sólo había volteado con su zapato el cuerpo del legislador para reconocerlo cuando el cuerpo fue encontrado en la zona conocida como el Country Club, cerca del entonces Reparto Biltmore, posteriormente nombrado Reparto Siboney. El verdadero asesino murió en Miami hace ya algunos años.

(Luchadores antiCastristas fusilados en Santa Clara por el Castrato)

La diferencia entre ambas dictaduras también es elocuente en lo siguiente: según se lee en el libro oficialista En el último año de aquella República, del autor Ramiro J. Abreu (ex oficial del MININT y funcionario del Departamento América del Comité Central del Partido Comunista de Cuba en los años ochenta del pasado siglo XX, años en que fue publicado dicho libro en Cuba), Batista hizo ciertos cambios en su gabinete, compulsado por ciertas fuerzas políticas nacionales y extranjeras y hasta por el propio Nuncio, Monseñor Luigi Centoz, que conllevó a una nueva imagen de su régimen y a una posible solución no violenta a la situación política del país. Leemos en sus páginas 81 y 82:

¨… Ya, desde antes, permitió la reestructuración de los partidos políticos de ´oposición´, restableció ´la libertad de prensa ´ y las garantías constitucionales´, y el 10 de marzo dio el indulto a 40 personas. Con el mismo propósito, Batista se deshizo de su Premier, Jorge García Montes, y nombró en ese cargo a su Embajador en Estados Unidos, Emilio Núñez Portuondo, De esta forma, dio paso al llamado gabinete de la concordia, con el cual procuró tener una apariencia de Gobierno flexible con ribetes liberales …¨

En ese libro también se lee, en sus páginas 99 y 100, que Batista en marzo de 1958 le propuso al Movimiento 26 de Julio que participara como un partido político en las próximas elecciones junto a los otros partidos. Fidel Castro se negó alegando que esa proposición era una trampa de Batista. Los que hemos padecido la tiranía Castrista este medio siglo, sabemos que la verdadera razón de la negativa de Fidel Castro era que no quería Poder, sino todo el Poder; solamente dejó oficialmente el Poder, a regañadientes y poco a poco, cuando estaba al borde de la muerte, designando a su hermano y cómplice Raúl Castro como su sucesor.

En la Guerra de Independencia de 1895 hubo aproximadamente 11 000 muertos del Ejército Libertador y ya en 1901 sus nombres y apellidos, ordenados alfabéticamente con sus grados militares y otros datos, estaban publicados; esta labor fue dirigida por el Mayor General Carlos Roloff. El Castrismo NUNCA ha publicado la lista de los mártires de la Revolución en la lucha contra Batista para que no se le descubran las mentiras. En los años 90s del pasado siglo XX oí decir que el Instituto de Historia de la Revolución Cubana había llevado a cabo años antes, la investigación sobre las víctimas del Batistato, pero Jorge Enrique Mendoza entonces Director de ese instituto (ex director de Radio Rebelde en la Sierra Maestra y durante muchos años Director de del diario Granma, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba), no permitió que se diera a conocer públicamente los resultados de esa investigación. Al Castrismo no se le pueden creer las cifras sin pedirle más información ya que la mentira es para el Castrismo una política de Estado. Por cierto, la última mentira histórica del Castrismo de la que me he enterado fue al conocer que las cuatro bombas de 500 libras que fueron lanzadas sobre el poblado de Playa Girón durante el desembarco de la Brigada Expedicionaria de Asalto 2506 en abril de 1961, fueron lanzadas por la aviación Castrista y no por la aviación de la Brigada.

Dr. Armando Lago ( E.P.D. )

Fulgencio Batista en su período como Presidente constitucional de 1940 a 1944 no accedió a que tropas de las Fuerzas Armadas cubanas participaran en la II Guerra Mundial (Carlos Prío Socarrás posteriormente tampoco permitió que participaran en la Guerra de Corea); sin embargo, los Castro han enviado tropas regulares e irregulares cubanas a muchos países de varios continentes provocando la muerte de miles de cubanos; esas cifras no se incluyen en la actualización del 31 de diciembre del año 2015 de Archivo Cuba o Cuba Archive; organización no lucrativa fundada por el ya fallecido Dr. Armando Lago; tampoco aparecen las víctimas de los nativos de esos países que murieron por acciones de las tropas del Castrismo en esos países y que también deben ser atribuidas al Castrismo. En esta actualización tampoco aparecen los miles de ¨balseros¨cubanos que han muerto al tratar de escapar de esa isla-cárcel que es Cuba y que en determinada época eran tiroteados o se les lanzaban sacos llenosde arena desde helicopteros para hundir sus balsas o frágiles embarcaciones.

Sobre la oposición al gobierno de Fulgencio Batista (el cual fue  elegido en las elecciones pluripartidistas del 1 de noviembre de 1954 según los códigos electorales por el que fue elegido constitucionalmente en 1940; para mí fue un gran error de Batista postularse) hay que tener el conocimiento y en cuenta que los líderes del Partido Ortodoxo y del Partido Auténtico (los dos partidos políticos mayoritarios en Cuba en ese momento) se había reunido y unido  en Montreal  para darle una salida  política al régimen de facto de Fulgencio Batista después de dicho golpe de Estado. El Pacto de Montreal era un peligro para las aspiraciones de Fidel Castro, el cual tenía tristes experiencias en los  procesos electorales estudiantiles y dentro del Partido Ortodoxo. Esa situación  compulsó a  Castro a hacer el ataque al Cuartel Moncada y así salir  a la palestra política nacional  como una figura significativa y descollante aunque  eso se llevara a cabo mediante   un gran número de mártires por lo descabellado del plan de ataque a la segunda fortaleza militar del país.

Hay que tener claro que una muy pequeña minoría del pueblo cubano se enfrentó decididamente al régimen de Batista y una muypequeña minoría defendió  decididamente  al régimen de Batista. La gran mayoría del pueblo cubano  se cruzó de brazos y al triunfar se fue con los vencedores, como lo han hecho muchos pueblos en la Historia,  ya que el derrotado no era peligroso.  La alegría  de gran parte del pueblo cubano al triunfar la Revolución  fue porque erróneamente creyeron (en parte por la falsa propaganda de Fidel Castro) que se acabarían los atentados terroristas revolucionarios  en tiendas, cines, cabarets, establecimientos comerciales,  tiroteos y las consecuentes  víctimas mortales,  así como los muertos producto de la represión policial  a ese terrorismo revolucionario que por  la independencia que siempre tuvo el Poder Judicial durante el régimen de Fulgencio Batista ya que  muchos autores de ese terror revolucionario  era presentados a los tribunales civiles mediante el recurso de habeas corpus,  y posteriormente  salián mediante fianza a la calle y de ahí a la clandestinidad urbana, al aeropuerto o a las guerrillas en el campo cubano.


CIFRAS PROPORCIONADAS POR ARCHIVO CUBA





 Ponencia de Richard Denis, Master en Estudios Latinoamericanos, y analista político independiente en el Panel La Justicia Transicional Perspectivas para Cuba, de La Undécima Conferencia de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos, organizado por el Instituto de Investigaciones Cubanas (CRI, por sus siglas en inglés) de la Universidad Internacional de la Florida (FIU).

La justicia transicional Los muertos de Batista: Mito y realidad por Richard Denis



 

 

************

Tomado  de http://baracuteycubano.blogspot.com/

El Comandante  Higinio “Nino” Díaz, testimonia sobre algunos de los asesinatos de Raúl Castro Ruz en el II Frente Oriental Frank País durante la lucha contra el gobierno de Fulgencio Batista..


Páginas 66 y 67 del libro  Memorias de un Combatiente Nacionalista Cubano



Páginas 147 a la 151





Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , ,


Para seguir leyendo hacer click aqui­ ...

Dimas Castellanos: Las reformas de Díaz-Canel: la autonomía municipal sin libertades ciudadanas

Las reformas de Díaz-Canel: la autonomía municipal sin libertades ciudadanas

********

Devolver a los municipios la autonomía que le fue arrebatada y desmontar el sistema totalitario devenido mafioso-capitalista son pasos imprescindibles para salir de la crisis.

********

Por Dimas Castellanos

Lleida

22 de junio de 2026

Después de supeditar los  derechos y libertades a la construcción del socialismo, convertir a los ciudadanos en masa, arruinar la economía con planes voluntaristas, sostenerse con subvenciones extranjeras y préstamos capitalistas que no se honraron, concentrar las mayores riquezas y fuentes de divisas del país por un conglomerado militar sin ninguna supervisión, provocar el éxodo de millones de cubanos, declarar irreversible un modelo que no emergió de las urnas y culpar a otros del fracaso, el presidente y secretario del único partido permitido en Cuba anuncia un paquete de medidas para "reanimar" una economía en estado de coma.

El fracaso está garantizado de antemano por una sencilla razón: para sostenerse en el poder, el Partido-Estado-Gobierno insiste en "cambiar", sin tener en cuenta las causas del desastre, sin reconocer su responsabilidad y sin pedir perdón al pueblo cubano. Para demostrar la culpabilidad del régimen basta limitarse un solo aspecto: a la autonomía municipal.

Según el presidente cubano, a partir de ahora —sin explicar por qué no antes—  los municipios tendrán todas las posibilidades de decidir cuáles son sus empresas, cuáles son sus actores económicos, de importar y exportar sin depender de planes centrales, de gestionar ingresos en divisas y la inversión extranjera directa con intereses propios, etc. Es decir, todo o parte de lo que se prohibió durante 67 años.

Una mirada retrospectiva

De las Ordenanzas de Alonso Cáceres en 1574 (primer reglamento sobre la estructura político-administrativa de Cuba) hasta la Ley de Municipios en 1878 que dividió a la Isla en seis provincias: Pinar del Río, La Habana, Matanzas, Santa Clara, Puerto Príncipe y Santiago de Cuba, y definió al municipio como una "asociación legal de todas las personas que residían en un término territorial, representadas por un Ayuntamiento", pero subordinados al gobernador general, como único autorizado para transmitir las disposiciones del Gobierno que los municipios debían cumplir.

En la República, la Constitución de 1901 dio un paso hacia delante. Estableció que los ayuntamientos estarían integrados por un alcalde y varios concejales elegidos por sufragio de primer grado. La Ley Orgánica de los Municipios de 1908 otorgó personalidad jurídica con autonomía municipal para gestionar los intereses de la localidad. La Constitución de 1940 definió al municipio como "sociedad local organizada políticamente por autorización del Poder Legislativo […], sobre una base de capacidad económica para satisfacer los gastos del gobierno propio, y con personalidad jurídica a todos los efectos legales".

Para garantizar lo establecido, esta Ley refrendó que "Ningún gobernante local podrá ser suspendido ni destituido por el presidente de la República, por el gobernador de la provincia, ni por ninguna otra autoridad gubernativa", y que "Ninguna ley podrá recabar para el Estado, las provincias u otros organismos o instituciones toda o parte de las cantidades que recauden los municipios por concepto de contribuciones, impuestos y demás medios de obtención de los ingresos municipales".

La autonomía municipal y la Revolución

Después de 17 años de inconstitucionalidad, periodo en el cual la economía y la sociedad fueron estatizadas y las libertades suprimidas, la Constitución de 1976 —copiada de la Unión Soviética— definió al municipio como "sociedad local, con personalidad jurídica propia a todos los efectos legales organizada políticamente por la ley", pero sin las garantías que otorgó la Constitución de 1940, lo cual representó un retroceso.

La Constitución de 2019 limitó la autonomía municipal a la elección o designación de sus autoridades, a la facultad para decidir sobre la utilización de los recursos del correspondiente territorio y dictar acuerdos y disposiciones necesarias para el ejercicio de sus facultades. Y la Ley 139 de Organización y Funcionamiento del Consejo de la Administración Municipal (diciembre de 2020), estableció que: "las disposiciones de los órganos estatales superiores son obligatorias para los inferiores" y que "el Consejo de la Administración Municipal cumple las orientaciones del gobernador y del Consejo Provincial".

Como resultado de ese proceso involutivo, los municipios, que en 1878 estaban subordinados al gobernador general y en 1908 adquirieron personalidad jurídica con autonomía municipal para gestionar los intereses de la localidad, con la Revolución fueron subordinados nuevamente. Ahora al poder totalitario, lo cual explica su actual incapacidad e ineficiencia. Por tanto, cualquier medida que no parta de reconocer la causa del retroceso sufrido y la responsabilidad gubernamental en el mismo, lo único que hará es conservar el poder y empeorar la insostenible situación actual.

El "intento" de mejorar la situación del país, evadiendo la contradicción entre autonomía de palabra y totalitarismo de hecho, ha fracasado una y otra vez. Las pruebas más recientes están en la cantidad de planes incumplidos y en el fracaso de las visitas a todos los municipios del país encabezadas por el propio presidente y el primer ministro.

La única salida a tan profunda crisis estructural tiene que pasar ahora, no solo por devolver a los municipios la autonomía que le fue arrebatada, sino por desmontar el sistema totalitario devenido mafioso-capitalista y recuperar las libertades y derechos conculcados a los cubanos.

Esto empieza por la liberación de los encarcelados por razones políticas, la celebración de elecciones libres, la restauración del papel de la propiedad privada y el renacimiento del ciudadano.

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , ,


Para seguir leyendo hacer click aqui­ ...